Se llama copla democrático

MI BLOC, QUE NO BLOG

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Re: MI BLOC, QUE NO BLOG

Mensaje  achl el Lun Jul 18, 2016 1:01 am




A las 10 en punto de la noche

Por fin llegué a mi casa. Presuroso, me fui a mi dormitorio, y de dos rápidos movimientos lancé mis zapatos contra la pared. Mientras me desvestía, saludé a mi querido piano con una caricia. No estaba de humor para hacerlo sonar, y con éste eran ya varios los días que no me sentía eufórico. Me precipité sobre la cama. Había sido un largo y duro día de palmaditas en las espaldas y de ‘ya le llamaremos’. Harto estaba ya de la misma canción y quería dormirme para evitar pensar que al otro día me esperaba un jornada de más de lo mismo.

Cuando el sopor estaba venciéndome, me espabiló una música, que venía de detrás de alguna de las cuatro paredes de mi dormitorio. El sonido era de un clarinete, y el dueño o dueña que lo tocaba, aun en mi estado, me producía un efecto sedante.

Mientras me debatía entre el sueño y la realidad, y siempre con la melodía de fondo, pensé que llevaba algunos meses viviendo en mi pequeño piso y desde que me trasladé nunca había oído nada igual, por lo que supuse que tendría algún vecino nuevo.

Cuando desperté, muy temprano, me sentí relajado. Aquel anónimo músico, sin saberlo, me había ayudado a descansar y esto me animó a tocar el piano. Me desperecé un poco y me fui hacia mi preciado instrumento; aparté el banco y me senté, puse mis dedos sobre sus teclas marfiles y comencé a tocar. De mi inconsciente surgieron las notas que me habían ayudado a conciliar tan reparador sueño. Poco a poco, fui animándome a tocar diferentes melodías.

Después de media hora tocando, me entró hambre, así que comí algo ligero, preparé nuevos currículum y de nuevo me acosté. En un par de horas sería un nuevo día, y duro como siempre.

Cuando el jodido despertador sonó, me levanté, me duché, me afeité, me vestí y bajé las escaleras. Esa mañana no quería ascensor, quería saber si el nuevo inquilino era de mi edificio. Llegué al portal, pero no vi movimiento de mudanza en ningún descansillo. Desilusionado, me lancé a la calle en busca de trabajo.

Transcurrían los días y parecía que quien tocaba aquel clarinete había escogido las 10 de la noche como su hora favorita de ensayo, ya que siempre que yo llegaba a casa sobre esa hora y justo cuando el reloj marcaba las 10, el clarinete empezaba a sonar. Con el tiempo llegué a acostumbrarme, pero quien lo tocaba, siempre manejaba la misma música.

Una noche a las diez menos diez mientras subía en el ascensor pensé: ‘¿y por qué no le acompaño con mi piano? Igual que yo le oigo, el que sea me oirá' Y así lo hice. Cuando a las 10 en punto comenzó a sonar la habitual musica, emprendí acompañamiento a mí ignoto intérprete.

Al contrario de cómo había imaginado, el oculto músico comenzó a tocar suavemente, y yo, entusiasmado, le seguí. No recuerdo cuánto tiempo estuvimos tocando la misma pieza, pero recuerdo que no me cansaba de tocar, y tuvo que ser unas súbitas ganas por dormir las que interrumpiesen aquel éxtasis. Sin darnos cuenta, nos habíamos metido en la madrugada, y al otro día tenía que madrugar.

Cuando desperté, estaba interesado por lo acontecido. Así que decidí no ir a buscar trabajo y me quedé en casa esperando hasta oír si mi vecino tocaba a otras horas. Pero pasaba el tiempo y la melodía no sonaba, sólo a las 10 en punto volvía a sonar, tan escrupulosamente puntual como mi puto despertador por las mañanas.

Automáticamente, volví a acompañarle en su entrenamiento nocturno y en días sucesivos también. Y siempre a la misma hora.

Una de aquellas noches llegó nuestra furtiva hora, pero mi confidente musical no apareció. Lo esperé durante horas y acabé por acostarme, sin escucharle. Al día siguiente, tampoco hizo acto de presencia, y así pasaron los días, y mi piano sin el clarinete parecía huérfano.

Un día por la mañana me decidí a preguntar a mi vecina de puerta por el inquietante músico. Esa mujer conocía a todos los residentes, al llevar veinte años viviendo allí, y pensé que si ella no sabía quién era, nadie más podría saberlo, por lo que fui a su puerta y, nervioso, pulsé el timbre. A los pocos segundos, advertí que alguien se apoyaba en la puerta, a la vez que miraba por la rejilla. Al fin, abrió.

___¿Desea usted algo? –dijo, con voz sorprendida, ya que pocas veces coincidíamos.
___Perdone las molestias. Quería preguntarle por el nuevo vecino. Me gustaría saber dónde vive el dueño o dueña de ese clarinete que cada noche a las 10 en punto podemos oír. Quisiera hablar con él o ella –le dije, ansioso por saber su identidad.

La mujer se pasó la mano por la cabeza, como pensando, y luego me miró. Al fin, respondió:

____Perdone, pero no sé de nadie nuevo en este edificio.
____Verá señora, parece que las 10 de la noche es la hora que emplea para entrenarse, pero hace unos días que… -me interrumpió.
___Ah, sí, siempre tocaba a esa hora y la misma música, llegaba hasta a cansar. ¡Pobre chica! -en su casa se dibujó un gesto de pena.
___¿Pobre? ¿Qué sucede? –pregunté, como angustiado.
___¿No lo sabía? ¿La propietaria de su piso no se lo dijo? La persona a la que se refiere era una chica que vivía en su piso, antes que usted. Esa infeliz se suicidó. ¡La pobre! Su madre vendió su piso porque...

...una noche de frío y lluvia, a las 10 en punto, la encontraron ahorcada en su dormitorio...



achl

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Re: MI BLOC, QUE NO BLOG

Mensaje  achl el Lun Jul 18, 2016 9:03 pm




Aquel regalo

Ya sólo faltaban treinta minutos para que arribase aquel tren, y ella deambulaba, nerviosa, entre las tiendas de la principal estación de ferrocarril de la capital. Iba pensando en las mil y una cosas que contarle, tan pronto se bajase del tren; en cómo se abrazarían y se besarían allí mismo, entre la gente que esperaba; en proclamar su amor a los cuatro vientos y, tal vez, ocasionando algunas envidias. También pensaba en si le iba a gustar su nueva minifalda blanca ibicenca, que tanto dejaba lucir sus bronceadas piernas, así como su generoso escote. Todo ello lucía más acompañado de unos tacones rojos de tacón alto.

Tan absorta estaba en sus pensamientos que no reparaba en la hora. De modo que cuando le dio por mirar el reloj, ya sólo faltaban quince minutos para que llegase aquel tren, en el que él venía desde el Sur, para pasar un fin de semana con ella, sólo para amarla durante esos días y después regresaría a su ciudad.

Ilusionada y feliz, decidió comprarle algún regalo personalizado para su dormitorio, y así la recordaría en todo instante, ‘como a ella más le gustaba que la recordase’. Comenzó a ver con atención cada una de las tiendas. Había prácticamente de todo: joyas, bisuterías, vestidos, trajes de señora y de caballero, zapatos, perfumes, ropa de buena y regular calidad, cientos de trastos inútiles que serían abandonados al rato de haberlos comprado… Pero nada de aquello la convencía. ‘En estas tiendas no hay nada a propósito para ti, cariño’, pensó.

Miró de nuevo el reloj. Sólo quedaban diez minutos y todavía no había hallado un regalo apropiado. Aquel tren, lento iba acercándose hasta el andén número diez.

De pronto… ‘¡esto sí!’, se dijo para sí, mientras cogía una pequeña lámpara de bronce con la caperuza, también de bronce, en forma de punta. ‘Esto le gustará’, se dijo de nuevo. A su amor siempre le atraía el efecto que hacía una pequeña luz, y el ambiente tan acogedor que proporcionaba. Más de una vez habían disfrutado en la cama, en la casa de ella, mientras el dormitorio sólo estaba iluminado por una lámpara similar.

De repente, por megafonía se podía escuchar una voz aflautada que anunciaba la llegada del tren, procedente del Sur, en el andén diez. Empezó a correr con su regalo recién adquirido, sin envolver, pues no quedaba papel de regalo en la tienda, además de que ella no podía entretenerse más.

Decenas de gente comenzó a bajar de los vagones, y la expectación crecía en sus adentros. Los nervios eran ya incontrolables. Sus manos temblaban de excitación y un escalofrío le recorría todo el cuerpo. Y más aún cuando miraba con feliz ansiedad la escalera mecánica que portaba a los viajeros de aquel tren.

‘¡Ahí está!’ Lo vio, y a no más de diez metros su hombre la buscaba con la vista entre la multitud, que estaba en espera conversadora, sin lograr visualizarla. Ella levantó la mano, y por fin una sonrisa en los labios de él decía que acababa de reconocerla. Cuando la escalera mecánica llegó a su fin, a la carrera se fue hacia él y, al llegar, lo abrazó y lo besó con amor y pasión, hasta que ambos caían al suelo, debido a la efusión de ella. Pero, sin preocuparle nada la caída, seguía besándole, hasta que se percató de que él no respondía a sus besos y sus abrazos, y sus brazos, que al principio la atenazaban, ya no lo hacían. Apoyándose, se arrodilló y separó su cara de la suya. Lo vio pálido y con la mirada fija en el infinito. Le cogió la cabeza, para que reaccionase, pero vio sus propias manos ensangrentadas. Aterrada, se limpió las manos en la minifalda e intentó, inútilmente, que su amor reaccionase…

En uno de esos inservibles intentos, se fijó y vio con horror cómo la afilada caperuza de la lámpara, que portaba en la mano derecha, estaba ahora clavada fuertemente en la base del cráneo del que era su amor





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Re: MI BLOC, QUE NO BLOG

Mensaje  achl el Lun Jul 18, 2016 9:20 pm




Eutanasia

Hablaban de la eutanasia, de si era justa o no, de si la gente tenía derecho a suicidarse, en forma indolora y segura. Hablaban de las implicaciones legales, del doble filo de la práctica médica. Eutanasia indirecta, medio suicidio, y de nuevo el vacío legal sobre el asunto, porque es algo complicado. Se hace, pero sin que sea evidente, o se hace legal y el médico se lava las manos.

Nuevamente la cuestión de la responsabilidad, hoy tan huidiza; del sufrimiento del moribundo, los efectos colaterales de los sedantes, el suicidio encubierto. ¿Cuál es el precio de la vida? ¿Podemos vivir todo el tiempo que sea posible?

La cátedra habla de virulencia terapéutica, porque la dignidad de la vida depende, más bien, de las condiciones y no del tiempo. A veces los familiares y el médico, de manera clandestina, deciden la muerte del paciente. Los médicos están dispuestos a colaborar, pero sólo si tienen la garantía de salir libres de toda culpa. 

Hoy mi dálmata se ha puesto enfermo y me ha llenado el balcón de mierda, pero no puedo hacer nada, no sé cómo contener al animal, cómo estar a la altura de mi responsabilidad y mantener el tipo.

Ahora estoy contra la espada y la pared, porque por un lado me da igual, y ¿debo hacer cómo los médicos, sin que se note y de forma encubierta irme suicidando a base de calmantes que me quiten este sufrimiento? Porque tengo derecho a vivir dignamente, o como me venga en ganas, esté la casa y el perro como estén.

Me aburre soberanamente hacer lo correcto, aunque me critiquen y me miren mal desde el otro lado, porque el otro lado es pobre, está empequeñecido por esas minucias cotidianas, por esos placeres asequibles y controlados, por el problema de cómo hacer lo que se debe hacer, pero sin renunciar a disfrutar a tope la vida.

Odio los deportes de riesgo, las matemáticas, y, en general, todo lo que se supone que es bueno para la salud, o la mente. Odio lo que hace todo el mundo, aunque cada uno haga una cosa distinta.

Las cosas cambian poco, y cuanto más lo hacen, cuanto más empeño ponen en diferenciarse, más yerran y se hunden en la inmundicia suprema, que es como vivir con los ojos cerrados, siendo asnos que se creen halcones. La batalla de cada cual contra el resto. Esa es la única verdad, y a ella me atengo. No hay de otra…



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Re: MI BLOC, QUE NO BLOG

Mensaje  achl el Lun Jul 18, 2016 10:24 pm




Cabezas gritando

Me desperté. Era aún de noche. Estaba tendido sobre la hierba, en la caída del valle. La luna brillaba con un fulgor blanco en la oscuridad. Las estrellas eran ojos que, extrañamente, se desplazaban en línea recta, parpadeando. Me incorporé. Un olor a podredumbre, arrastrado por el viento, me golpeó en la cara. Bajé la vista hacia la hondonada: miles de cabezas empaladas en estacas, que surgían del suelo como colmillos de madera, se extendían hasta donde mi vista alcanzaba. En el centro del valle, se alzaba una casa antigua, solitaria. Su tejado, a dos aguas, estaba a gran altura, altura casi imposible de coronar. En el piso de arriba, una de sus ventanas estaba iluminada con una luz amarillenta. Tras los cristales, se podía distinguir una gruesa sombra, que no sabría justificar con nada concreto, pero me sentía observado desde allí arriba.

Una inmensa nube de moscas, como olas de un mar negro, se agitaba entre las cabezas. Su zumbido era desagradable, repugnante. Sentía un impulso ciego, inexplicable, que me conminaba a llegar a la casa, aunque ello supusiera adentrarme en tan nauseabundo lugar.

Mis pies avanzaban hacia la casa. Me cubría la nariz y la boca con la mano, para que las moscas y el hedor no me asfixiasen. Sorteaba las cabezas, procurando no fijar la vista en ellas, pero era imposible de evitar. Algunas miraban con ojos lechosos, mostrando sus dientes, su carne en jirones colgantes; otras, exhibían negras cuencas, de las que entraban y salían incesantemente moscas y gusanos. A mi paso oía lamentos, casi inaudibles, quejidos ahogados, palabras sin sentido. El espanto de verme rodeado me dominó, pero no me paré. Una de las cabezas, que parecía de mujer, gorjeó algo que sí entendí:

____¿Dónde está mi cuerpo?

Me estremecí, haciendo mía su pregunta.

____Ya vuelves…–dijo otra, con voz de dolor.

Seguía caminando, tratando de no pisar ninguna cabeza al paso. Las moscas zumbaban rabiosas, chocaban contra mi rostro, como furiosa y repulsiva marea. Y al igual que ellas, el olor a descomposición iba y venía, intensificándose por momentos, en los que iba conteniendo, a duras penas, las arcadas. Y todo ello por no detenerme ni un segundo en la blasfemia que suponía aquel campo de pesadilla.

Al fin, conseguí alcanzar el umbral de la casa. A sus pies –y digo a sus pies porque sentía estar más ante la presencia de un ser vivo que de un edificio- miré hacia arriba, y desde allí, ya no me parecía una casa, sino una torre infinita que se alzaba hacia los ojos del cielo nocturno. La luna blanca había engordado como un globo enfermo e innatural. La luz de la ventana, según podía ver, estaba encendida.

El sentimiento de angustia indeterminada que me acompañaba desde que me desperté, se agudizó más. Era la percepción de que un terror incomprensible, desconocido por la mente, me acechaba sin cesar y que estaba a punto de aparecer una alerta de mi cuerpo, a la que no había forma de responder, o acallar. El instinto me conducía hacia la entrada de la casa, pero cada uno de mis pasos flotaba, como en un sueño, en una creciente atmósfera de irrealidad, sin sentido ni lógica.

La puerta de la casa era la tapa de un ataúd ¿Y si eso era una visión admonitoria de mi destino, un aviso para no internarme entre esas paredes? Mi temor era todavía mayor, sólo de pensar que tenía que quedarme allí fuera, a merced de una amenaza invisible que estaba seguro que enseguida me daría caza, si no hacía algo por evitarlo. A mis espaldas dejaba el rumor del campo de cabezas y me dispuse a tirar del asa cubierta de herrumbre que servía de picaporte. Pero mi mano temblaba cada vez más, no bien me acercaba. Al abrirse hacia adentro observé que la puerta estaba cubierta de diminutas palabras cinceladas, en un idioma desconocido por mí.

Sentía cómo si entrase dentro de un enorme animal. Una corriente de aire, templado y sucio, me recibía en la cara y creía volver a respirar por primera vez en siglos, como siglos llevaba acumulándose moho, suciedad y polvo en aquel recibidor de paredes verdosas mugrientas que pulsaban levemente, como si algo hubiera quedado atrapado en ellas. Un angosto pasillo se internaba en la oscuridad y a mi izquierda, una escalera de altos peldaños de piedra llevaba al piso superior Eso era todo lo que iluminaba la titilante llama del candil, incrustado en la pared, a mi derecha.

El horrible miedo y la sensación irreal de estar viviendo una pesadilla, colapsaban mi mente, pero mis sentidos se encontraban ajustados y precisos, obedientes a mi voluntad, y firmes en la definición de todo cuanto me rodeaba. La voz de la intuición me decía que quizá hallase una salida en el piso de arriba, donde vi el cuarto iluminado, así que empecé a subir los escalones, cuando distinguí una forma en la pared, bajo la luz del candil.

___¡Cielo santo! -susurré.

Medio enterrado, bajo la inmundicia que cubría la pared, estaba el cuerpo de Mario, y a su lado, un poco más abajo, la cara de Dani; dos amigos de la infancia que hacía años que no veía. Se hallaban como los recordaba, aunque sus expresiones eran raras. Dani clavó en mí su mirada durante unos segundos, que eran para mí como esos años que habían pasado, antes de bajarla hacia el suelo. Creo que dejó un mensaje plantado en mi cerebro, que no supe interpretar en esos momentos.

Seguía subiendo las escaleras de piedra podrida. Y según subía, con trabajo, y aun el deseo irracional de llegar arriba y mi esfuerzo, sentía que apenas avanzaba. La pálida luz del recibidor iluminaba el trecho que pisaba, aunque enseguida la dejé atrás, sumergiéndome en una total oscuridad. Tanteaba cada escalón antes de apoyar el pie con una mano siempre sobre el muro, y de cuando en cuando echaba la vista atrás para tener al menos la referencia de la luz, que era ya como un quinqué en el fondo de un pozo ‘¿Cómo puede ser tan innaturalmente alta esta casa?’, me pregunte para mis adentros.

Con prudencia avanzaba por esa absurda escalera infinita. De pronto, vi algo delante de mí en los escalones que habría de alcanzar. Era una luz y sobre ella se recortaba una silueta humana, que empezó a bajar, al igual que yo, apoyándose en la pared. Quedé parado a medida que la claridad que acompañaba a aquella efigie, que pensaba de mujer, iluminaba los escalones, acercándose a mí. Sus pasos eran inseguros, como a saltos, y enseguida descubrí el por qué. Quedé boquiabierto al reconocer sus rasgos, estando ya a mi lado: era mi abuela, la única que reconocí, y en su mirar había reproche amargo, desgastado por el tiempo. Pero lo que más me horrorizó fue el ver que no tenía manos, como si hubieran sido cortadas, al igual que los pies. Bajaba sobre sus muñones planos, diría que todavía sangrantes.

Y no se detuvo ni un segundo mientras me atravesaba con su mirada. Pegué mi espalda contra la pared, sobrecogido.

____¿Por qué vienes a verme? Será porque ya no me quieres.
____Ab…abuela, es que yo no pue…-intenté explicarme.
____¡No… no… ya no me quieres…! -dijo para sí, pero audible, y en su voz había dolor, tristeza y amargura.

El corazón se me encogió mientras la miraba en su descenso, bajando a trompicones, acompañada de luz. Entonces pensé que no volvería a verla nunca más. Trastornado, emprendí la marcha, sintiendo como si la oscuridad de la escalera fuese una cascada etérea con agua negra, que inundaba mi ser, mi razón, mis sentidos... Ignoro durante cuánto tiempo continué subiendo con la mente perdida en aquel torbellino de confusión, donde el presente y el pasado se alternaban por segundo y los recuerdos de la niñez se hilvanaban con los sueños de una noche ancestral, fragmentos de memoria y pesadilla, imágenes de luctuosos momentos que ya creía olvidados en un caótico telar de angustia que me envolvía.

El telar se difuminó levemente, dejando comprobar que había llegado a lo alto de la escalera. Me encontraba en mitad de una sucia sala en penumbra. El techo, pude ver, estaba oculto bajo una repulsiva masa de telarañas. Algo se movía dificultosamente por dentro, de un lado a otro. Escalofríos me recorrieron la espalda intentando imaginar qué podría ser. En cada pared de la sala –y eran cinco- había dos puertas. Sólo por una de ellas se derramaba una luz amarillenta. La misma luz que había visto desde el exterior. Entré sin saber lo acertado o no de mi elección.

Era un cuarto pequeño, que enseguida me transmitió una inexplicable sensación de familiaridad, pues nunca había estado allí. No encontré ninguna fuente de luz, sólo una lámpara, como esperaba, había en el lugar. Vi el objeto que proyectaba su sombra, junto a la ventana: era un sillón grande de respaldo alto, tapizado con lo que parecía una piel estirada. Sentí que había alguien sentado mirando al exterior, pero no podía verle desde donde me hallaba. En la otra parte había una mesa-camilla, con sus faldones verdes. Me acerqué un poco más, sin poder creer lo que veía: allí sentada estaba mi madre; mi pobre y encogida madre parecía un ovillo concentrado de hondas arrugas que habían desdibujado cruelmente todas sus facciones. La reconocí enseguida, gracias a que sus ojos despedían amor.

Me acerqué a ella con total veneración, temeroso también de que mi abrazo pudiera romper algo en su cuerpo, tan frágil, y cuando ya casi estaba a su lado, oí algo tras el respaldo del sillón, como un susurro. Intenté rodearlo para ver quién estaba allí sentado. Pero mi madre me habló:

____No, déjalo, que está ocupado –dijo, con voz triste y cansada.

La volví a mirar, conmocionado por su aspecto, por lo que el tiempo había hecho con ella.

____Ya tienes la comida en la mesa. Y la ropa limpia en tu armario –me dijo, con voz trémula.

De pronto, comenzó a llorar, cubriéndose los ojos con las manos.

___¿Por qué lloras, mamá? –la congoja me oprimía la garganta. Añadí-: ¡no llores, mamá, por favor te lo pido!

Pero seguía llorando, inconsolable. La veía a través del velo de mis propias lágrimas. Pero, de repente, un rumor llegó desde el exterior, acompañado de un temblor leve y continuo que recorrió toda la casa. Fui a apoyarme en el respaldo del sillón, intentando ver qué ocurría a través de la ventana. A pesar del cristal, oí perfectamente los gritos de las cabezas, que gritaban con desespero. Algo inconmensurable se aproximaba tras las montañas rocosas, precedido de una luz rojiza, hipnótica. Quien se sentaba en aquel sillón unió sus gritos a los de las cabezas. Entonces, con los ojos abiertos como platos, empecé a comprender…

Desperté. Estaba sentado en un sillón, junto a la ventana, con un libro en las manos. Sentí que alguien se había apoyado en el respaldo pero lo que estaba pasando fuera impidió girarme; la visión de lo que se desarrollaba más allá del horizonte, su magnitud, su significado…

Las piezas absurdas que retenía mi mente empezaban a ensamblarse. Las incontables cabezas empaladas, allí abajo, gritaban en un frenesí de locura. Al principio sólo oí su clamor inconexo, pero, poco a poco, entendí lo que todas chillaban:

___¡Ha llegado! ¡Ha llegado! –cientos de tonos desgarrados, horrenda cacofonía...



Entonces terminé de comprenderlo todo. Y mis gritos se sumaron por y para siempre a los suyos



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Re: MI BLOC, QUE NO BLOG

Mensaje  achl el Mar Jul 19, 2016 8:15 am




Diabólico ataúd

Allí estaban, postrados frente al lúgubre ataúd de Luis, quien había muerto días atrás. Querían mantenerlo en secreto. Eran cinco los que habían estado con él hasta el final. No querían ceremonia. Apenas murió, lo llevaron a una funeraria. Compraron un ataúd suntuoso, que llevaron hasta la casa, y ya en ella metieron el cadáver. Era una grande y estrafalaria mansión gótica, pero afable en cierto sentido. Dejaron el ataúd en su dormitorio y luego se fueron a indagar por todos los lados de aquel inhóspito palacete.

Encontraron una cocina, repleta de manjares exquisitos, y, sin andarse con ningún miramiento, se prepararon una cena, digna del mejor restaurante. Engulleron hasta saciar. Luego fueron al garaje: había dos costosos coches: un Ferrari y un Volvo. Sin pensarlo, dieron un paseo en ambos coches, como demostración de rebeldía y falta de respeto hacia su difunto propietario.

Regresaron a la mansión a altas horas de la madrugada, ebrios. Una vez que entraron, vieron el ataúd destapado. Les invadió un horror súbito. Querían gritar y así liberar sus miedos, pero no podían porque estaban enmudecidos, como petrificados.

Luis no estaba adentro de aquel ataúd, que, de alguna manera, incitaba a acercarse, para luego tragar. Los devoró corroyendo sus esencias. Primero se tragó a Sixto, y luego a todos los demás. El último de ellos, Siro, sintió una presión producida por el ataúd. Dio algunos pasos, y un ensordecedor ruido, como un rugido fantasmal, brotaba del ataúd. Aunque tenía miedo y lloraba, no podía evitar acercarse; como una obligada succión, como por el efecto de la gravedad. De pronto, el ataúd lo cogió y lo metió dentro de sí. Siro pudo ver los líquidos verdosos y nauseabundos que manaban de su interior; sintió su hambre; olió sus gases intestinales; sufrió el dolor de que se clavasen sus dientes en su carne; palideció y, finalmente, devorado fue.


Aquel ataúd lo ingería todo, sin dejar ningún vestigio



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Re: MI BLOC, QUE NO BLOG

Mensaje  achl el Mar Jul 19, 2016 5:11 pm





Funesta expedición

El aire susurraba palabras de muerte entre aquellos árboles el día en que todo ocurrió. La oscuridad cabalgaba inmutable entre el bosque. Aquel horrible ser había vuelto a atacar: sus labios, manchados de sangre estaban, sus garras clavadas en un delicioso e inerte hígado, y sus oídos saboreaban aún sus gritos de dolor.

Se hizo un nuevo día y la noche fue sustituida por un sol esplendido. Ese era el gran día. Por fin podían asistir a la excursión tan esperada, pero ninguno de ellos sabía que en esa expedición se había iniciado el principio del fin de sus cortas vidas.

Silbaban una canción, pasada de moda. Cuando iban por la segunda estrofa, divisaron a lo lejos el bosque acechante, bajo el sol.

Acababan de montar sus tiendas de campaña y decidieron descansar. Los cantos de los pájaros resonaban en sus tímpanos y adquirían una sensación de falsa tranquilidad. El río, en armonioso ruido, dejaba ver los peces que se movían inquietos por su fondo. De pronto, se hizo la noche. Encendieron una fogata.

___¿Pero a quién están matando ahí?- gritó ella a un invisible receptor en el frío de la noche.

Armándose de mucho valor, acertó a ponerse sus zapatillas y a salir a la espesura de la noche. El impacto fue brutal. Cayó de bruces contra el suelo, sin poder ver al emisor de ese ataque. Aquello no podía estar sucediendo. Horas antes, sus amigos habían montado el campamento a su lado, pero ahora ya no estaban allí sus tiendas de campaña.

Mirando a sus alrededores, salió corriendo en la oscuridad de la luna, intentando apagar su voz interna, así como encontrar el camino de su salvación. Miró hacia una imponente haya y deseó no haberlo hecho nunca. Aquel horrible ser, mezcla de bestia y hombre exorcizado, la miró con ojos de sed de sangre.

Volvió a caer al suelo otra vez, pero logró apartarse de la trayectoria de sus firmes garras, que se clavaron en el húmedo suelo. El miedo la había dejado paralizada. Segundos después, allí estaba el mónstruo, listo ya para otro férreo ataque. La elevó del suelo cogiéndola por el cuello, y ella atinó a darle una patada con las pocas fuerzas que aún le quedaban. La figura atacante reprimió unos segundos el dolor, los que ella aprovechó para librarse de sus horripilantes garras. Pasó horas, muy fatigada, corriendo. Lo último que notó fue un punzante dolor en el vientre.

Semanas más tarde, uno de los guardabosques encontró el cadáver de una niña, de unos 16 años, colgado de un árbol....


A su cara le faltaban los globos oculares, y su vagina presentaba signos de violación



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Re: MI BLOC, QUE NO BLOG

Mensaje  achl el Miér Jul 20, 2016 12:21 am




Carne encebollada

El caníbal guardó la lengua de aquel hombre en su nevera, envuelta en papel plata. El alargado músculo diseccionado esperaba el cuchillo y el diente caníbal. El enorme frío del congelador le daba pequeños y punzantes pellizcos a su mineral persona. Tras guardar la lengua del asesinado, se fue a dar una vuelta en las calles sevillanas. Vestido de forma informal, salió de la casa. Le extrañaba que usase por primera vez pantalones vaqueros.

En el patio, a la salida de su casa, una fuente en oscuro rimaba una melodía de seducción a un limonero. Un rayo de sol que, con curvas y semirrectas, podía cruzar el cuadrado del tejado, ponía en sus ramas colores dorados y amarillos.

El caníbal salió despreocupado a la calle y caminaba, a la vez que iba mirando las tascas y los escaparates. Quería que pasasen dos cosas: no parecer un turista y pasar desapercibido.

Sevilla, ardiendo en julio, podía someter a cualquiera a un ataque de calor y llevarlo del tirón a la urgencia de un hospital. El asesino, luego de andar un largo trecho, comprobó el silencio aplastante de la Plaza de la Pila del Pato. Sacó un pañuelo del bolsillo y se secó el sudor; le costó esfuerzo esa simple operación, manco como estaba después de la orgía de cerebros fagocitados que había lucido.

Esa bella Plaza correspondía con la sombra de un magnifico ombú a los ciudadanos que se acercaban; y la fuente, de la que un chorro de agua salía del pico de un pato de bronce, administraba una suave y fresca caricia en esos días asfixiantes.

El psicópata admiró la estática y fugitiva belleza del contorno, a la vez que deploró el estado semi ruinoso de los edificios colindantes, que parecían caerse a un ritmo acelerado y a desplomarse sobre la calle, a la vez que aplastar en su ruina a algún transeúnte.

Llegó un niño, vestido con calzón y camiseta del Betis, que pegó una patada a su balón verdiblanco y obsequió al loco con un beso lascivo de cuero. Otro niño, equipado con vestimenta de sevillista, ignoró al loco, pero conversó con su amigo bético, con esas voces que los niños tienen cuando son niños.

El caníbal continuó su paseo. El sudor le mojaba nalgas y espalda; se las empapaba con aversión. Ya se veía a sí mismo dándose aceite en la piel irritada. En la calle, algunas niñas jugaban al Teje.

Entró por fin a una tasca. El local olía a peleón y a carne asada; pidió una tapa y un vino; le dieron carne encebollada, lengua realmente, y el aristócrata del crimen la saboreó y la devoró, acompañada de un magnífico baco latino

Salió, dichoso, de la tasca. Le había gustado el vino, y más la carne, y también unos azulejos árabes sobre una pared de la tasca. Regresó a su casa, y, nada má entrar, puso música clásica en la gramola.

Se asomó al balcón y vio en la calle a algunos niños con una pequeña cofradía de Semana Santa, que llevaba un diminuto Cristo de plástico sobre un lecho con claveles reventones.

Pero luego de eso, enseguida se ocupó en descuartizar el cadáver que había dejado en la alfombra, manchada de sangre, quedando un rojo en todos lados, por lo que tuvo que deshacerse de su decoración tan preciada de suelos, made in Irán.

El esquizoide lloró desconsoladamente por la pérdida de una alfombra tan exclusiva y tan valiosa.

Hacer desaparecer el crimen, lo liberaba del resto. Tenía que limpiar toda la casa con meticulosidad. Y después de todo, tanto trabajo para saborear y después comer una lengua que ya antes había saboreado y comido.



Sonrió mirándose en un espejo del salón. Después se cabreó y se enfureció consigo mismo



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Re: MI BLOC, QUE NO BLOG

Mensaje  achl el Miér Jul 20, 2016 12:33 am




Horrible autorretrato

Sólo merezco el aire que inflama mis pulmones, hasta que éste cuerpo sin pulso pare de robarlo de tan nefasta forma. Perdido en el laberinto de los problemas, deambulo cubierto en penumbras. Busco la ruta certera, sin la mínima idea de cómo distinguir la salida de otros intrincados pasadizos.

Tras años de perseguir la luz de la coherencia, he pensado no refugiarme más en las abstractas y vívidas pesadillas del mundo de los sueños, donde me es fácil caer tan frágil, ni permitir que la ancestral herencia nebulosa secuestre la frescura de mi piel y encanezca mis deseos. He de estar alerta, con los ojos bien abiertos, aun bajo los rayos del sol, dispuesto a lidiar con los espejismos sociales, y así, tal vez, algún día posea el centro de mi mar interior, la gran salida de mi laberinto.

¿Y cómo he de desvelar el fluido cristalino de mi mente, si en la cúspide de una mirada vertical se pierde la dimensión de los laberínticos muros entre la ciega luz de una conciencia? En mis venas ladra rabiosa y celosa la sangre de una raza trágica de animal, obsesionado en buscar algunas razones para justificar su existencia. La herencia nebulosa de mi estirpe es maldita.

Siempre quiero ser necesitado. Adoro y me avergüenzo del sexo, volviéndolo en el conflicto prisionero de mi vida, la razón de mis desgracias. Soy un auto destructivo, narcisista, ególatra, contradictorio, santo, mártir. Lo inmaculado lo admiro porque, como muchos otros hombres, he ocupado años de mi vida en adiestrarme en la mentira, arma contra el canibalismo de los míos; y aun así, me estoy comiendo por dentro. Estoy agotado. A la salida del laberinto de los problemas, no hay más problemas. El centro de mi mar interior es el cinismo.

No fui tuyo, porque nunca he sido mío. Soy una búsqueda, el accidente de una sociedad en donde las mayorías siguen a las minorías, y viceversa, sin atender sus propias inquietudes, que son imparables, incansables.


Mi amo es la vida



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Re: MI BLOC, QUE NO BLOG

Mensaje  achl el Miér Jul 20, 2016 12:50 am




Desde mi tumba

¿Cuánto tiempo llevábamos encerrados? Lo mismo podían ser cinco días que quince. O veinte, o más. Ya había perdido la cuenta.

Desde aquella mañana, velada por la neblina, que el miedo nos obligó a refugiarnos en la casa, todo me resultaba tan irreal como un sueño. El constante y silencioso latido de la sangre, galopando en mis oídos, la figura borrosa de Eli, parada en la puerta, mirándome con los ojos sombríos, perturbados, temblando de pies a cabeza. La tan absurda muerte de Marco y la cercanía ineludible de una atrocidad sin nombre acechante en el exterior, detrás de las paredes de la casa que apenas otorgaban una ilusión de resguardo inexistente.

Desde entonces fui víctima de pensamientos turbulentos y de feroces fuerzas inmateriales. Como si las bahosas fotografías de mis sueños más espeluznantes quisieran ascender a la realidad empírica de mi conciencia, elevándose con un siniestro aleteo de murciélagos.

El tiempo se había detenido en una eternidad bostezante. No había días o noches en aquella vida intramuros. Sólo revoque, cielo raso y una espera sin cambios, ni esperanzas. Casi no hablábamos. Apenas racionábamos las palabras con el mismo sentido de austeridad con el que sobrellevábamos aquella prisión involuntaria. Solamente nos unía la comunión de un terror compartido. La expectativa de una muerte, cercana e inevitable, había deteriorado nuestros caracteres, hasta reducirnos a meros rasgos que parecían habitar cuerpos extraños, perdidos en ese reducido mundo de encierro.

Oíamos el rumor lejano de voces, cuyo sonido discordante no podía ser de ningún ser conocido de este mundo. Voces ultra terrenales que articulaban aberraciones ininteligibles, como una hipnótica invocación de cultos ominosos. Caprichosamente, su tono subía y bajaba; iba y venía como un viento inconstante, y luego percibíamos el vaivén de ‘algo’ deslizándose sobre las hojas secas, una abominable presencia rodeando la casa como un animal feroz que examina a su presa desde todos los ángulos antes de dar el zarpazo final. En ese momento un horror indescriptible se apoderaba de mi mortificada existencia.

¿Qué habría pasado ahí afuera? ¿Estarían todos muertos? ¿Finalmente cómo lo habían profetizado los oráculos seculares, habría llegado el Apocalipsis? ¿O sólo nosotros éramos víctimas de esa monstruosidad desconocida?

____¿Qué crees realmente? -me había preguntado Eli, ya recobrada la conciencia, después del espanto inicial.
____¿Qué creo sobre qué?— respondí, secamente.
____Sobre lo que nos espera.
____¿De verdad quieres saberlo?
____Sí.
____Ya estamos muertos.

‘Estábamos muertos’. Empero, aún respirábamos y nos movíamos. Pero eso sólo se debía a la pereza de la muerte, que no tardaría en saciar su apetito antropófago con nuestras trémulas vidas. Cualquier cosa que hiciéramos era inútil. Parecía que todo estaba ya decidido desde siempre. La espera, el miedo, la muerte de Marco...

____¡No lo soporto más! –había dicho Marco parándose ante la puerta. Y añadió-: ¡voy a salir!

Ninguno de los dos lo detuvo. Daba ya igual, después de todo. En su mano derecha brillaba el acero bruñido de un revólver que habíamos encontrado en una de las habitaciones.

____¿Qué vas a hacer con él? –le pregunté.
____Voy a utilizarlo –respondió.

Y salió cerrando la puerta tras sí, y nosotros nos quedamos callados, tratando de oír algo. Pero al no oír disparos ni gritos, sólo un silencio tenso, como las cuerdas de un arpa, pensé que tal vez todo había terminado.

Mi cabeza no acababa de discurrir ese pensamiento, cuando Marco volvió a entrar en la casa. Su cara había cambiado completamente; los signos del miedo estaban marcados en cada una de sus facciones. Pero lo más inquietante era su mirada; extraviada. Su expresión de ausencia era aterradora. Quedó quieto junto a la puerta y permaneció así y allí durante unos instantes, o siglos, según se mire.

____¿Qué ocurrió, Marco? –le preguntó Eli, finalmente.

____Hay... algo... –balbuceó como si le doliese la mandíbula–. Sí, hay algo ahí afuera... -añadió.

Dicho esto caminó tres pasos hacia el centro de la sala. Pasos graves, lentos, definitivos. Al ver sus movimientos me pareció estar viendo un cadáver, astutamente animado por los hilos macabros de la muerte.

____Algo ahí afuera.

Repitió Marco mientras se llevaba el revólver a la sien y apretaba el gatillo. El disparo sonó como estampido en toda la casa, salpicando de sangre mi camisa y la cabeza de Eli. Se desplomó el cuerpo de Marco, como un títere sin dueño.

Los despojos del pobre Marco, desparramados en un charco de sangre que empezaba a secarse, pasaron a formar parte del paisaje natural de la casa. Hasta que, finalmente, las campanas de la muerte tañeron la hora del juicio.

Cuando Eli gritó, me encontraba atrás solo, sentado en aquel sillón desvencijado del estudio, cobijado en la oscuridad del rincón más alejado de la puerta. Soñaba con paisaje agreste, de verdes llanuras onduladas que se extendían bajo un cielo de un infinito azul, donde colgaban nubes esponjosas, y una brisa tenue acariciaba la tierra. El chillido agudo de Eli me devolvió a la realidad de la casa, al ambiente pesado y húmedo de los estudios, a ese olor a encierro que flotaba en la penumbra verdosa, como una nube de insecticida.

Eli estaba echada en el quicio de la puerta, temblando entera y con los ojos desencajados, que ya había visto en Marco. Con el resto de juicio que le quedaba, musitó algo de lo que sólo comprendí la última palabra: ‘sálvate’. De pronto, todo se apagó y la casa quedó envuelta en una sombra. Lo último que pude ver era cómo el cuerpo de Eli era arrastrado hacia afuera por una fuerza inhumana.

La oscuridad era total. Un sentido extra táctil me advirtió la presencia de algo cercano, oculto en el silencio, pero casi tangible. Cuando un pasajero estallido de la conciencia me permitió recapacitar sobre la situación, sólo atiné a salir corriendo de la casa. Atravesé la puerta y, ya en el exterior, lo que vieron mis ojos entonces fue el espectáculo más horrible que jamás haya visto. Extendiéndose por todo el terreno aparecían desde la oscuridad criaturas deformes y repugnantes. Seres viscosos que se contorsionaban, iluminados por el reflejo de una luna evanescente.

Retrocedí espantado, y aun el temor y el asco que me producían, miré detenidamente a un grupo de ellos y advertí, con sorpresa, una vaga pero inconfundible forma de antropoide. Eran hombres, sin duda, o lo habían sido siglos atrás. De hombre tenían la cabeza y el cuerpo, pero los rasgos habían desaparecido por completo. Sus cuerpos, cubiertos de llagas y restos abominables erosionados por eternidades tortuosas eran ahora carne mancillada y sangrienta. Todos tenían las cuencas de los ojos vacías, y emitían un gruñido que sólo el sonido agredía a toda razón.

Me encontraba en un estado de semi consciencia, paralizado por las formas degeneradas del hombre, más allá de la vida; contemplando cómo se retorcían convulsionados y la sola imagen amenazaba con destruir el poco juicio que me quedaba, cuando desde la profundidad de la tierra brotó aquello. Un aborto de la naturaleza. El monstruo era una especie de larva gigante, un gusano del tamaño de un vagón de tren. Su carne era de color gris y parecía una roca, dotada de vida. No tenía cabeza, ni ojos, ni extremidades, pero en su parte anterior, sin embargo, se abría una enorme boca, provista de dos filosas hileras de colmillos. El gusano arremetía contra los hombres bestias y con placer ominoso, los devoraba. Los que iban quedando en pie, se disputaban los restos que el gusano iba dejando a su paso.
El gusano se percató de mi presencia, y en un momento determinado se dirigió hacia donde me encontraba y se paró a pocos centímetros de mí. Por una rara intuición supe que el gusano no iba a engullirme. Abrió exageradamente sus fauces dejando al descubierto el interior de su execrable cuerpo, y de la oquedad de su garganta comenzó a emerger un enorme ojo amarillo facetado sobre un fondo de tinieblas. El ojo, horadado por una negra pupila vertical. como de un reptil, se acercó hasta mí.

Durante un segundo infinito pude ver a través de ese ojo y caí en el terror abismal. Antes de desvanecerme, mi cerebro fue víctima de unas revelaciones atroces y unas imágenes que pasaron, elusivas, a una velocidad vertiginosa, y que son irreproducibles por el lenguaje humano. Cuando me desperté, la bruma matinal ya cubría todo el bosque y no había rastro de las criaturas, aunque una repugnante pestilencia flotaba en el aire.

Ahora que esas imágenes de pesadilla se fueron, puedo reflexionar sobre los hechos y es cuando comprendo la muerte de Marco y la desaparición de Eli. Comprendo también que todo lo que la mente humana percibe y que llamamos mundo, no es más que un atisbo de las fuerzas anteriores, a la vez que se retuercen en el universo como serpientes en inframundos, apenas sospechados, y que agazapados aguardan más allá de la muerte.


Todo lo que presencié lo puedo decir ahora, ahora que aquellas horrorosas imágenes sólo forman parte de la complejidad de mis recuerdos; ahora, cómodamente recostado en un agujero profundo y arenoso y lleno de gusanos: mi tumba



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Re: MI BLOC, QUE NO BLOG

Mensaje  achl el Miér Jul 20, 2016 11:51 am




La casa de enfrente de mi casa

En la oscuridad de la noche, andaba tranquila y sola por las estrechas calles que llevaban a mi casa. Acababa de salir de la academia, y aún me quedaba más de veinte minutos para llegar.

Justo enfrente de mi casa había otra, antigua y semi destruida. Decían que se podía oír lamentos de noche. Nunca había creído esa historia, pero desde niña me había invadido la curiosidad, y esa noche estaba deseosa de llegar a mi calle, para comprobarlo. Fumaba un cigarrillo mientras subía las pronunciadas cuestas, pero intentando que nadie me viese, ya que no quería que mi madre se enterase de que con tan sólo quince años había entrado en el vicio del tabaco.

Minutos antes de llegar, apagué el cigarrillo y, para que mi madre no me oliese a tabaco, metí un chicle en mi boca. De pronto, algo en mi interior me hizo pararme a la puerta de la casa de la que antes hablé. ’¿Qué estoy haciendo aquí parada? ¿De verdad me voy a creer estos cuentos? Sólo lo dicen para asustar’, me dije. Pero pensé en mi amigo Mario, que fue el que me contó la historia de una mujer asesinada allí, cuando un cristal rompiéndose me sacó del trance. Miré las ventanas de la casa; una sombra parecía recorrerlas, velozmente. ‘Vale, Eva, te estás imaginando cosas’, de nuevo me dije.

Me fui corriendo hacia mi casa, pero con el corazón en un puño. Tenía miedo, aunque trataba de justificar aquello con que Mario me había gastado una broma de mal gusto. Mi madre me vio entrar. Yo estaba pálida, blanca como la leche.

___Eva, hija, ¿estás bien?- me preguntó, extrañada
___Eh… cómo… sí, mamá, sólo que algún animal me asustó
___¿Algún animal?
___Sí, un animal que salió de la casa de enfrente –empalideció mi madre. Parecía más asustada que yo.
___¡No te pares en esa casa nunca más, me oyes! –me dijo.
___¿Por qué? –le pregunté, empezando a sentir más curiosidad aún.
___¡Porque te lo digo yo! ¡Y punto!

Tras gritarme, se metió en la cocina y cerró la puerta. Y yo me dirigí a mi cuarto para hacer mis deberes. Conecté los cascos a mi portátil, lo encendí y busqué mi música preferida. ‘Creo que un poco de rock es lo mejor para concentrarme en mi tarea’, me dije.

Me conocía todos los compases de ese rock, y los tarareaba a la vez que escribía. Pero esa noche noté algo raro en él. De fondo se oía un gemido. Puse otro, y... lo mismo. ¿Qué estaba pasando? No lo sabía, pero tenía miedo, por lo que decidí meterme en la cama para tratar de dormirme. Era muy tarde ya y seguro que el cansancio me estaba
jugando una mala pasada. En toda esa noche, un terrible sueño se apoderó de mí. Parecía tan real...


Estaba a la puerta de la casa antigua en pie, inmóvil. Pronto, mis pies empezaban a caminar solos hacia el interior. Los gemidos que había oído en el rock se oían en mi sueño; eran de mujer. Sin saber cómo, estaba parada en medio del salón. Para estar la casa tan en ruina, el salón estaba en perfecto estado. Un ruido detrás de mí me hizo dar la vuelta, pero no había nadie...

Seguí explorando. Hallé un cuarto de matrimonio y otro que parecía de niño. Era una casa normal. El lamento no venía de ningún lugar de allí. Bajé al sótano. No parecía haber nada raro, hasta que hallé algo; en el mismo lugar donde me hallaba había pasado una cosa terrible. Una baldosa que se movía lo ocultaba.... ¡Ocultaba un cadáver!

Traté de despertarme, pero el sueño no quería acabar ahí. ¡Mamá!, intenté gritar, pero no tenía voz. Lo único que mi boca emitía era un susurro, apenas audible. Empecé a correr por la casa, buscando una salida, pero entrase donde entrase acababa en el sótano de vuelta. ‘¿Qué ocurre aquí?', me dije, al borde del llanto.

Jamás antes había pasado tanto miedo. De quien fuesen los huesos, no lo había matado un animal, o un humano. Un horrible ser era el culpable, sus ojos rojos como fuego una y calvicie en todo el cuerpo, lo hacían terrible. Su estatura era de más de dos metros y sus afilados dientes dejaban ver no muy buenas intenciones. Traté de correr y de gritar, pero aquel repugnante mónstruo no tardaba en darme caza y matarme



Todavía está dentro de mí ese horrible sueño



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Re: MI BLOC, QUE NO BLOG

Mensaje  achl el Miér Jul 20, 2016 12:08 pm




La última pregunta

___Mamá, si Dios existe y es tan bueno, ¿por qué permite que ese señor que se ha cruzado con nosotras no tenga un brazo?

La niña se detuvo ante el escaparate de una tienda de juguetes de aquel centro comercial. La madre la miraba. En los grandes ojos de la cría se podía advertir una sensación de alegría, por los juguetes, y de tristeza, por ver a aquel hombre con el brazo cortado.

___Hija, a veces Dios no puede ocuparse de todo –respondió, al fin.

No pudo decir más que eso. No sabía qué responder a lo que le había formulado una inocente criatura de seis años.

___Venga, vamos ya, hija. Llevemos la compra al coche antes de que se descongelen los productos congelados.

Obedecía y comenzaba a empujar el carro, y su madre la ayudaba. A pocos metros de las puertas automáticas, que se comunicaban con el parking, gritos profundos y desesperados provocaban que la madre y la hija se detuvieran a pocos metros de la salida a la calle. Otras más personas, que también habían ido al supermercado, dirigían sus ojos y su atención hacia aquellos gritos.

En uno de los pasillos había un tipo muy alto, con gabardina blanca, y por su aspecto parecía árabe. Gritaba levantando las manos. Varios vigilantes del centro corrían hacia él, que parecía sufrir algún trance. Cada vez se congregaban más personas alrededor; las que salían de las cajas y las que acababan de entrar en el local. Cuando uno de los vigilantes se acercó a aquel tipo, éste gritó con fuerza, estremeciendo a todos los espectadores de tan improvisado espectáculo.

Pero, de pronto, el vigilante salió corriendo despavorido. Todos los que estábamos cerca, pudimos ver cómo el ‘árabe’ sostenía en una de sus manos un dispositivo, parecido a un detonador. Se quitó la gabardina: más de una decena de cartuchos explosivos tapizaba todo su pecho, y él seguía mascullando palabras incomprensibles.

Uno de los otros vigilantes, apuntó con su arma reglamentaria, desde unos diez metros. Apretó el gatillo. La bala salió, pero el estruendo de la brutal explosión hizo que el disparo no se oyese ni a un metro.

Poco después, medio centro comercial estaba en ruinas. La madre de la niña de este relato tuvo suerte. Cuando salió de la inconsciencia, que le provocó un fuerte impacto en la cabeza, el ulular de infinidad de sirenas le recordó el infierno que acababa de vivir. Pero su hija no estaba a su lado. Se puso en pie con dificultad. Numerosos restos humanos y cascotes, poblaban el suelo de aquel centro comercial. La madre gritó. El pánico recorrió todo su cuerpo.

Pronto encontró a su hija. Yacía en el suelo con la cabeza aplastada por un mazacote de malaquita ornamental, que antes formaba un pedestal. Su antes impoluto vestidito rosa, estaba ahora teñido del rojo más doloroso. Un brazo de mujer había sido amputado por la onda expansiva y posaba al lado del resto del cadáver de su hija.

La madre se desmayó y no volvió a despertar hasta treinta horas después. Y el resto de sus días los pasó en un estado catatónico.


La última pregunta que le formuló su hija la persiguió, con un tormento inusitado, hasta el dia de su muerte



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Re: MI BLOC, QUE NO BLOG

Mensaje  achl el Miér Jul 20, 2016 12:54 pm





Llantos todos los días 16


Aquel duplex era bastante grande y tenía en su historial una leyenda que hablaba de mundos paralelos y de dimensiones desconocidas. El chico rubio de la inmobiliaria me miraba con una expresión incrédula al contarme la historia, como diciéndome:

___ Usted no se creerá esos cuentos, ¿verdad?

Pero sí. Los creía. No obstante, compré la casa y el sábado siguiente, día 31, durante todo el día me mudé. Mi hermana me ayudó con lo de la mudanza. Esa noche, mi hermana se quedó a dormir conmigo. Todo transcurrió con tranquilidad.

Habían pasado diecinueve días de mi estancia en la casa, cuando una noche oí un llanto. Era un llanto de mujer, y lloraba con pena infinita, pero no sabía ubicar de dónde llegaba. De pronto, se hizo el silencio. Me hallaba de pie, abajo, en la cocina, sin saber qué hacer. No se veía nada, por lo que entonces decidí irme a dormir.

Con el paso del tiempo, observé que los llantos se oían los días 16 de cada mes. Nadie supo explicarme cuál era el motivo de por qué sólo ese día se oía la doliente queja. Hasta que me acerqué a una antigua vecina, y en su casa hablamos. Así me enteré de que un 16, de hacía 20 años, la esposa del dueño desapareció de la casa.

La historia, según la vecina, era esta...


Juan y Ana vivían en ese duplex desde que se casaron y tuvieron sus tres hijos, que al cumplir la mayoría de edad, se emanciparon. Ana era una mujer dulce, y Juan, lo contrario; grosero, violento... Y no ya sólo con su familia, con los vecinos y con todo el mundo. Ana un día 16 desapareció. Juan comentaba que le había abandonado.

Todos, incluida la policía, sospechaban que él la había matado. Pero, por más investigaciones que se hicieron, no se hallaron pruebas, ni el cuerpo. Después, el tiempo y el olvido sepultaron la historia.

Juan se suicidó poco después de aquel suceso. Los remordimientos y los comentarios de los vecinos y de personas de la calle, ayudaron a tomar tan terrible decisión.

Para algunos, se quitó la vida porque añoraba a su esposa. Para otros, entre los que me incluyo, se mató por sentimientos de culpa. Pero los los llantos siguen en la casa. Han hecho conjuros, exorcismos, pero ni caso: alguien llora en esa casa todos los días 16.



Después de aquella información regresé a mi casa, más confundida que antes. El día de los llantos llegó nuevamente. Preparé algunas velas bendecidas, las encendí y me fui a dormir.

Eran las 2 de la mañana del día señalado cuando el llanto comenzó. Vela en mano, recorrí la casa y entonces descubrí que el llanto venía de un cuarto pequeño, para los trastos viejos, ubicado al final de un pasillo de la planta baja.

Entré en el cuarto y no encontré nada extraño, sólo que allí el gemir era más fuerte. Al revisarlo entero, oí que la voz salía de un armario. Lo abrí; todo estaba en perfecto orden; vacío, limpio. Pero en uno de sus ángulos hallé pequeños restos de material. Empecé a temblar. Mi sospecha se estaba haciendo realidad: la madera del fondo estaba hueca. Con un cuchillo de pico empecé a golpear el fondo del armario, cual posesa. Apareció el vacío, tiré fuerte de la madera y al golpear contra la pared de cal, vi que no había ladrillos, seguí tirando hasta que un huesecito saltó y con él mi histeria salió a la luz. Grité y lloré, hasta que me calmé. Después llamé a la policía.

La cal había evitado el mal olor por la descomposición del cuerpo, y el tiempo había conseguido que todo quedase oculto.

La pobre Ana me guió hasta ella. Quería descansar en paz.


Nunca más, desde entonces, en aquella casa, que ahora es mía, se oyeron llantos



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Re: MI BLOC, QUE NO BLOG

Mensaje  achl el Miér Jul 20, 2016 5:09 pm




[center][size=24][color=#000066][b]Lo trajo la noche[/b][/color][/size][/center]

Era una noche cerrada. La lluvia llevaba horas cubriendo todo con su incansable insistencia, pero pocas personas eran conscientes de ello. Vivir solo en un caserón, en medio de algún lugar entre montañas, es algo para lo que no todo el mundo está preparado. Y yo creía estarlo... Hasta aquella noche. Nunca me había ocurrido nada igual.

El repicar de la lluvia provocaba ecos en toda la casa, reverberando en los pasillos, en cada rincón. Afuera, la lluvia se convirtió en furiosa tormenta, mientras adentro, un silencio expectante se imponía sobre cualquier otro sonido. Tres golpes secos hicieron retumbar la ventana, contundentes como verdades, rajando la seguridad de lo cotidiano.

No habían sido producto de mi imaginación, a pesar de que la razón y las circunstancias apuntasen a ello. Tres nuevos golpes, pausados, y más vigorosos que los anteriores, confirmaron la angustiosa realidad. Era una llamada, pero, ¿de quién? ¿De qué? La segunda planta donde me hallaba se eleva cinco metros sobre el suelo y la ventana apenas tiene alféizar sobre el que apoyarse.

Aún aterrorizado, una curiosidad morbosa arrastraba mis pies de la cama y los llevó en aquella dirección, orientados por la intermitente luminosidad de los relámpagos, que la atravesaban para inundar el cuarto. La vieja madera del suelo crujía bajo mi peso, mientras me acercaba despacio hasta ponerme frente a la ventana. Y allí estaba, ocupando todo el vano con su cuerpo, aquella irrealidad imposible, error de la Naturaleza. Su bulbosa figura recordaba a la de un pájaro deforme, creado según parámetros absurdos, cubierto su cuerpo por agudas varillas oxidadas, como las de paraguas, que entrechocaban produciendo sonidos angustiosos al ritmo de su agitada respiración.

La cara de aquel ser era lo peor. Toda cordura quedaba destruida con su visión, ya que poseía dos ojos humanos asimétricos, sin párpados, circunferencias perfectas que marcaban un odio fanático y una furia infinita, congeladas así sobre su víctima. Mostraba una dentadura de colmillos irregulares, comprimida en un mordisco atroz. Mi cabeza luchaba por volver a atar los cabos que permitiesen unirme de nuevo al mundo real, mientras mi cuerpo quedada medio congelado ante tal aparición. No hacía nada, no decía nada, sólo me miraba con fijeza y con rabia ancestral, lógica sólo dentro de su conocimiento. La lluvia seguía cayendo...

Lo primero que veía al despertar era la habitación blanca en que me hallaba y de donde no volvería a salir jamás. Ellos me dicen que estoy loco, que la soledad destruyó mi mente, pero ellos no lo vieron, no saben que convive en nuestro mundo, quién sabe con cuántos entes más. Su mensaje era su presencia, dar a conocer su existencia real, traspasando el plano onírico. Sin embargo, mi verdad no será nunca escuchada.

[center][color=#000066][size=18][b]A veces, cuando la tormenta ruge y todos duermen, puedo escuchar entre truenos lejanos un débil tintineo de varillas herrumbrosas, como de paraguas viejos[/b][/size][/color][/center]

[center]
[img]http://img.desmotivaciones.es/201203/ogro.jpg[/img][/center]

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Re: MI BLOC, QUE NO BLOG

Mensaje  achl el Miér Jul 20, 2016 5:13 pm




Lo trajo la noche

Era una noche cerrada. La lluvia llevaba horas cubriendo todo con su incansable insistencia, pero pocas personas eran conscientes de ello. Vivir solo en un caserón, en medio de algún lugar entre montañas, es algo para lo que no todo el mundo está preparado. Y yo creía estarlo... Hasta aquella noche. Nunca me había ocurrido nada igual.

El repicar de la lluvia provocaba ecos en toda la casa, reverberando en los pasillos, en cada rincón. Afuera, la lluvia se convirtió en furiosa tormenta, mientras adentro, un silencio expectante se imponía sobre cualquier otro sonido. Tres golpes secos hicieron retumbar la ventana, contundentes como verdades, rajando la seguridad de lo cotidiano.

No habían sido producto de mi imaginación, a pesar de que la razón y las circunstancias apuntasen a ello. Tres nuevos golpes, pausados, y más vigorosos que los anteriores, confirmaron la angustiosa realidad. Era una llamada, pero, ¿de quién? ¿De qué? La segunda planta donde me hallaba se eleva cinco metros sobre el suelo y la ventana apenas tiene alféizar sobre el que apoyarse.

Aún aterrorizado, una curiosidad morbosa arrastraba mis pies de la cama y los llevó en aquella dirección, orientados por la intermitente luminosidad de los relámpagos, que la atravesaban para inundar el cuarto. La vieja madera del suelo crujía bajo mi peso, mientras me acercaba despacio hasta ponerme frente a la ventana. Y allí estaba, ocupando todo el vano con su cuerpo, aquella irrealidad imposible, error de la Naturaleza. Su bulbosa figura recordaba a la de un pájaro deforme, creado según parámetros absurdos, cubierto su cuerpo por agudas varillas oxidadas, como las de paraguas, que entrechocaban produciendo sonidos angustiosos al ritmo de su agitada respiración.

La cara de aquel ser era lo peor. Toda cordura quedaba destruida con su visión, ya que poseía dos ojos humanos asimétricos, sin párpados, circunferencias perfectas que marcaban un odio fanático y una furia infinita, congeladas así sobre su víctima. Mostraba una dentadura de colmillos irregulares, comprimida en un mordisco atroz. Mi cabeza luchaba por volver a atar los cabos que permitiesen unirme de nuevo al mundo real, mientras mi cuerpo quedada medio congelado ante tal  aparición. No hacía nada, no decía nada, sólo me miraba con fijeza y con rabia ancestral, lógica sólo dentro de su conocimiento. La lluvia seguía cayendo...

Lo primero que veía al despertar era la habitación blanca en que me hallaba y de donde no volvería a salir jamás. Ellos me dicen que estoy loco, que la soledad destruyó mi mente, pero ellos no lo vieron, no saben que convive en nuestro mundo, quién sabe con cuántos entes más. Su mensaje era su presencia, dar a conocer su existencia real, traspasando el plano onírico. Sin embargo, mi verdad no será nunca escuchada.


A veces, cuando la tormenta ruge y todos duermen, puedo escuchar entre truenos lejanos un débil tintineo de varillas herrumbrosas, como de paraguas viejos



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Re: MI BLOC, QUE NO BLOG

Mensaje  achl el Miér Jul 20, 2016 5:21 pm






Misterio en el cementerio

La pareja se palpaba y se manoseaba apasionadamente, amparada por la oscuridad de la noche, oculta entre las sombras.

En aquel cementerio viejo y mohoso, el único sonido que se oía era el de unos besos y una respiración acelerada.

Pero, de pronto, también se pudo oír un crujido seco.

____¡¿Qué ha sido eso?! -gritó la chica, sobresaltada.
____Nada. Habrá sido el viento o algún animal -le dijo el chico.

El joven seguía sobando a la chica mientras le besaba el cuello.

____¡He visto algo! -gritó de nuevo, apartándole de un empujón.
____¿Pero qué haces?
____¡Ahí, entre las lápidas, algo se ha movido! ¡Una sombra se ha movido!

El chico miró tratando de enfocar su visión a las tumbas donde ella decía haber visto algo. Pero ni allí ni por las inmediaciones se veía nada, ni se oía nada. Se levantó y se abrochó el pantalón, se arregló un poco la ropa y avanzó unos pasos.

____¡No vayas!
____Tranquilízate. No pasará nada. Será algún animal, algún chucho callejero.
____¡Tengo miedo, siento escalofríos! ¡Vámonos ya de aquí!
____¿Te dan miedo los muertos? -soltó una carcajada.
____¡No hagas bromas con eso!
____No te asustes, voy a echar un vistazo. Espera.

El chico avanzó, aunque quería hacerse el valiente y vacilar un poco ante su chica, pero también sentía un escalofrío inquietante que iba más allá del frío húmedo de aquel viejo cementerio. No veía nada ni oía nada. Era un silencio sepulcral, casi sobrenatural.

Anduvo entre lápidas de granito pulido. Las cruces y las imágenes religiosas miraban a aquel intruso con manchas negras de moho que caían por las mejillas de las estatuas y que simulaban lágrimas. Pasó por delante de unos nichos, de los que colgaban flores muertas.

El corazón se le disparó y, aunque no veía ni oía nada, sentía como si alguien lo observase, y no sabía quién podía ser.

____¡¿Hola?! ¡¿Hola?! -gritó al aire.

Pero su voz se perdió en la oscura noche, y todo volvió a quedar en el más absoluto silencio. Su imaginación le estaba jugando una mala pasada y los asesinos aparecían tras las tumbas, y los fantasmas se lamentaban por osar pecar en un lugar sagrado. Comenzó a sentir pavor al caminar solo en la noche por esos parajes. Un remolino de viento gélido apareció de la nada bufando, y con la misma rapidez desapareció. El joven se santiguó y decidió ir en busca de su chica, a la que había dejado sola. En su camino de regreso, temió haberse perdido entre las tumbas, pero enseguida halló el camino. Su chica no estaba donde la había dejado, sólo su chaquetilla vaquera, que él la recogió.

____¡Andrenaaaa! ¡Andrenaaaa! -comenzó a llamarla.

No hubo respuesta. Lo que faltaba. Andrea se habría escondido para asustarle, como solía hacer.

____¡Andrea, déjate ya de bromas! ¿Dónde estás? -insistía.

Ni un susurro, ni una respiración, sólo el sonido de su propio corazón latiendo cada vez con más fuerza. Metió su mano en el bolsillo de la camisa y sacó el móvil. Marcó a Andrea y esperó. Pero el de Andrea no sonaba por ningún lado; sin embargo, daba señales de llamada. Aguardó y agudizó el oído por si ella lo hubiese puesto en vibrador, para así continuar con la broma. Nada.

____¡Bien, Andrea, sal ya, hostia! -su miedo se iba enfureciendo.

Silencio. Empezó a caminar de nuevo entre las tumbas, buscándola; ni rastro. Se asomó por la verja para ver su coche aparcado en la entrada; el coche estaba vacío. ¡Qué tontería! Si había cerrado con llave y él tenía la llave, no hubiese podido subir al vehículo. Miró por debajo de la valla por si veía las piernas, por si estuviese escondida detrás. Nada. Por fuera del cementerio no estaba, ni a uno ni a otro lado de la valla. Entró de nuevo, cada vez más nervioso, y dio otra vuelta entre las tumbas.

____¡¡Andrea, leche puta, déjate ya de cachondeo!! -gritó de nuevo, más enfurecido.

Volvió a llamarla por teléfono. Nada. Daba señal, pero no lo cogía ni se oía por allí cerca. Estaba empezando a perder la paciencia, mitad cabreado, mitad asustado por si aquello no era precisamente una broma, aunque de ello intentase auto convencerse.

____¡¡Ya está bien por hoy este jueguecito, ¿no, Andrea?!! -no había ya mitades, estaba al cien por cien asustado.

Miró lápida por lápida la zona de los nichos, la entrada, el perímetro, el tanatorio contiguo... ni rastro de la chica ni el más mínimo sonido. No tenía sentido. ¿Dónde se había metido para no verla ni oírla? ¿A dónde había ido? La carretera se adentraba hacia las lejanas luces del pueblo, pero dudaba que hubiese ido andando por allí. '¿Por qué coño la habré dejado sola?', pensó.

Comenzaba a estar terriblemente asustado. Volvió a recorrerse el cementerio por dentro y por fuera, llamándola a gritos y al móvil, y los resultados eran idénticos. No sabía qué hacer. ¿Debería coger el coche y marchase solo, dejando a su chica allí sola? ¿Debería seguir buscándola por si le hubiese ocurrido algo malo? ¿Debería recorrer el camino hasta el pueblo? ¿Debería esperarla allí?


Lo cierto y verdad es que de la chica nunca más se supo



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Re: MI BLOC, QUE NO BLOG

Mensaje  achl el Miér Jul 20, 2016 7:47 pm




Mi tumba

Mi tumba es un lugar cambiante; a veces, cálida, mullida; refugio a prueba de todas las inclemencia del exterior; otras veces, las más, se convierte en un pozo frío, lúgubre, oscuridad sin fondo que roba el aliento. Dentro de este abismo, los ojos no sirven de nada, y los oídos sueñan voces azules. Una de esas veces, la mía, trata de destacarse, servirme de guía, pero confieso que me resulta difícil poder distinguirla.

Entre ecos, susurros, ensoñaciones y recuerdos que cruzan esta oscuridad, el tiempo se desgasta, y olvido, por momentos, cómo mi tumba se corroe en su fricción hostil con todos. ¿No es esta negritud interna un mundo aparte? ¿No nacen estrellas y mueren mundos? ¿No es un reflejo del cielo nocturno? Solo, siempre solo, en medio del eterno infinito.

El infinito de uno, espacio para toda la soledad, sin ninguna compañía. No puedo moverme, pese a que nada me lo impide. En este espacio cerrado no hay distancias, ni metas. En su lugar, flota una espera, que con todo y con nada se llena. Aquí encerrado construyo la realidad. Enterrado en la tierra roja de mi cuerpo, mi voz es como el rumor de un río subterráneo que fluye sin pausa. Sobre la misma sangre se hunden palabras extrañas. ¿Es esta la vida de un muerto? ¿El sueño de un vivo? Mi mente es río de mil estrellas en esta helada noche de ataúd. Cada idea, un fulgor estéril; cada emoción, un lamento. Todo es frío. No hay consuelo.

Miro fuera de mi tumba por esos agujeros que me sirven de ojos. La veo en el espejo y me pregunto: ‘¿dónde iré cuando los gusanos me devoren?’.

Afeito las mejillas de mi tumba. ¿Sabían que los muertos andan? Listo, una vez más, para vagar por el inmenso cementerio del mundo. Veo, observo, hablo y trato con muertos, que con sus ataúdes caminan...


El sueño de la existencia se torna en pesadilla de sangre oscura. Sí, ya no me cabe ninguna duda: mi cuerpo es mi tumba



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Re: MI BLOC, QUE NO BLOG

Mensaje  achl el Miér Jul 20, 2016 8:00 pm




Nadie recogió aquella cabeza

La plaza era como una turba enajenada, sucia y vociferante, un mar embravecido por corrientes de odio. Y en su centro, como una isla de madera, se levantaba el cadalso. La guillotina ya estaba lista para la siguiente ejecución.

___¡Cortadle la cabeza! ¡Cortadle la cabeza! –gritaban, como eco que iba y venía, entre otros de inhumana ferocidad.

La muchedumbre apenas se abría para dar paso a un carro tirado por mulas, que entraba en la plaza. Con las manos atadas a la espalda y recostado en un lateral, el criminal mantenía sus ojos en la distancia, indiferente a la ventisca de insultos y huevos podridos que arreciaba contra él. Los guardias, sometían con lanzas a los exaltados que se acercaban para escupirle en la cara, aunque algunos lo lograban.

El criminal vio en lo alto al verdugo limpiarse las manos con un trapo, como un carnicero. Tenía el honor de ser el último ejecutado ese día. Por el suplicio, ya habían pasado su familia, amigos... a lo largo de las horas previas. Y a él le habían obligado a ver todo.

Lento fue llevado por la escalera hasta la plataforma de la guillotina, que era un lodazal de sangre, y el hedor le producía grandes arcadas que no podía contener. Desvió la vista del montón de cadáveres amontonados a un lado, donde pronto caería él. La afilada hoja de acero le pareció suspendida a increíble altura. Desde la lejanía, se le había antojado más baja. La negra capucha del verdugo le preguntó:

___¿Últimas palabras?

El criminal negó con un fugaz movimiento de cabeza. Entonces fue cuando el experimentado verdugo lo recostó, sin la menor ceremonia, sobre el tablón, para después ajustar las piezas de la máquina que aprisionaba su cuello. Cerró los ojos y el griterío inundó sus oídos, su oscuridad…

Una atmósfera de silencio expectante crecía, acallando toda voz por encima del rumor. Quedaban segundos. Y él lo sabía. Se imaginaba al corpulento verdugo dirigiendo sus ojos invisibles a la masa, a un lado y después a el otro, esperando el respeto de la mínima dignidad para el condenado y su muerte. El fin había llegado.

Captó el segundo justo; un crujido en la madera al accionar el mando, una vibración grave y un clamor de júbilo reventaban en la plaza. La cabeza había caído en el cesto ensangrentado, junto a las demás.

Hombres, mujeres y niños mostraban su obscena alegría. Había sido un día grande para ellos y, ahora que todo había acabado, se resistían a abandonar el lugar. Durante horas, celebraron esa muerte y otras que estaban por llegar. De pronto, entre la algarabía general, se alzó un coro de gritos aterrorizados que desde la zona más cercana al cadalso cruzó la plaza, como un cuchillo.

El bullicio cesó, y la atención se centró en el arco de plebe temblorosa que se iba formando en torno a la guillotina. Por el borde del cesto de cabezas, habían surgido tres descomunales patas de tarántula. Otras dos salieron para agarrarse por el otro extremo. La gente retrocedió, chillando, y la masa se desplazó, como campo de trigo azotado por el aire. Al poco, la cabeza sangrienta del criminal emergió erguida sobre aquellas patas que nacían en su cuello seccionado.

El terror trastornó a los presentes de mil formas, iniciando oleadas de pánico. Muchos corrieron, desencajados, implorando al Misericordioso; otros cayeron desmayados, a la vez que pisoteados por los que huían, mientras algunos quedaron quietos, movidos sólo por los empujones, observando lívidos como la cabeza descendía sobre la plataforma con un balanceo espasmódico en su cara.

___Os espero ahí abajo –dijo uno, entre espumajos sanguinolentos. Su voz era un fuelle rasgado. Y añadió-:
___¡Todos tenéis vuestro sitio ahí abajo...! ¡Todos! El caos inundó la plaza entera.


Y nadie recogió aquella cabeza, de sonrisa grotesca




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Re: MI BLOC, QUE NO BLOG

Mensaje  achl el Jue Jul 21, 2016 11:38 am




Los trolls

Troll es quien siente placer en sembrar discordia. Provoca discusiones y ofende a los demás. Considera los servicios de comunicación y ocio como los adecuados para sus extravagantes juegos. Por alguna razón (probablemente por continuación de una desastrosa vida personal y/o familiar), no le importa herir a la gente real. Para él, los otros usuarios no son del todo humanos, sino, más bien, una especie de abstracción digital, por eso los cosifica. Como resultado, no siente remordimiento por el dolor que inflige. De hecho, cuanto mayor dolor, mayor es su satisfacción. Está claro, pues, que el anonimato en las redes permite que florezcan estos funestos personajes: los troll.

Es totalmente insensible a todas las críticas, constructivas o no. No se puede negociar con él, no se puede hacerle sentir vergüenza alguna o compasión; no se puede razonar con él. No se le puede hacer sentir remordimientos. Por razones que sólo él sabe, no se siente obligado a seguir normas de cortesía o responsabilidad social. Quizás esto suene a inconcebible. A lo mejor pensamos: ‘sin duda, habrá algo que pueda escribir que le haga cambiar’. Pero no; un auténtico troll no cambia a través de las palabras, ya que está cerca de ser un esquizoide.

¿Por qué importan?

A algunas personas --especialmente las que permanecen conectadas durante años— no les afectan los troll; los ve como inevitable riesgo. Como dice el dicho: ‘no puedes tener un picnic sin hormigas’. Estaría bien si todo el mundo se lo tomara con calma, pero la triste realidad es que los troll desaniman al resto. Los foreros asiduos pueden dejar un foro por las discusiones que encienden los troll, y el lurker (lector, no escritor) a veces decide que no quiere exponerse a los abusos y no participa. Otro problema es que las emociones negativas despertadas por los troll, se filtran a discusiones. Gentes normalmente afables se pueden volver agrias luego de leer un agrio intercambio entre un troll y sus víctimas. Y esto puede envenenar las interacciones, amigables hasta entonces entre asiduos usuarios.

Un troll se divierte por crear un entorno paranoico; de modo que una crítica tranquila, de algún recién llegado forero, puede provocar réplicas feroces e inapropiadas. Internet es un gran invento que está derribando barreras y eliminando prejuicios, pero los troll amenazan que siga el disfrute en los foros de intercambio de ideas, opiniones, comentarios...


¿Qué se puede hacer con los troll?

Cuando sospeches que alguien es un troll, puedes intentar responder con mensajes educados y suaves, para ver si simplemente es alguien que está de mal humor ese día. Los usuarios de foros dejan, a veces, que sus pasiones se liberen al sentirse seguros sentados delante del teclado. Si ignoras su elevado tono de voz y le respondes de manera educada, normalmente se calman, pero también puede encenderlos más. Es decir, son desconcertantes hasta para algo que les puede favorecer. Pero si las personas se empeñan es ser brutas, y parecen disfrutar con sus modos despectivos, la única postura efectiva se resume en lo siguiente: ‘limitar su reacción a recordar a los otros que no les respondan’ Si intentamois razonar con un troll, él gana; si se insulta a un troll, él gana; si se le chilla a un troll, él gana. Lo único que no puede soportar es que se le ignore.

¿Qué no hacer ante un troll?

Como ya dije, es inútil intentar ‘curar’ a un troll de su obsesión. Pero quizás, simplemente, no pueda soportar el clima hostil que origina el troll y quiera irse durante un tiempo. Si se hace por el bien de los otros usuarios, no debe enviar un dramático mensaje de despedida, ya que esto confirma al troll de que ha ganado la batalla. El mensaje más dañino que puedes escribir en un foro es anunciar que lo dejas por la hostilidad que los trolls has creado. Si sientes que debes decir algo, un discreto mensaje al moderador o a algún usuario, si tienes su correo electrónico es lo mejor que puedes hacer. Por cierto si escribes en un estado de agitación, es bueno esperar y después dar un último repaso antes de enviarlo. Eso puede ahorrar el dolor de decir cosas que no piensas realmente.

Suplantación

Una técnica que usan los troll, para generar el caos, es hacerse pasar por alguien bien considerado. En foros, no hay nada que impida que alguien firme con tu nombre un mensaje de mal gusto. Pero puede que el troll tienda a ser más astuto, cambiando un carácter por otro.

Si reaccionas con enfado, el troll gana. Así que si alguien ve en algún foro un mensaje suplantándote, sólo debes escribir una respuesta a él titulando: ‘ése no soy yo’. Y se debe escribir sólo esto: ‘yo no escribí ese mensaje; es una falsificación’.

Por supuesto, en algunas ocasiones encontrarás que la gente que te conoce y ya haya identificado el mensaje como una falsificación y lo haya etiquetado como tal. Después de todo, uno de los objetivos del troll es darte una mala imagen. Si tienes buena reputación, la gente tendrá indicios claros si un mensaje aparentemente escrito por ti está totalmente fuera de tono.

Al troll le jode sobremanera el comprobar que sus falsificaciones han sido identificadas, aunque haya copiado el estilo de alguien. Puede acabar escribiendo un mensaje inteligente que sea indistinguible de sus propias palabras. Si pasase eso, siempre puede dejar el mensaje y atribuírselo a sí mismo.
Un troll también escribirá alguna vez un ‘ése no era yo’, después de un mensaje genuino, intentando obtener un desmentido. Realmente no hay razón para darle lo que quiere, puesto que la advertencia ‘ese no era yo’, le recuerda a la gente que sea escéptica. Es decir, no tiene transcendencia real si alguien no está seguro de que tú hayas escrito un mensaje normal, dado que a corto y largo plazo las ideas son las importantes.

El reto de un moderador de un foro

Si un troll es ignorado, insiste en ataques buscando con desespero la atención que ansía; sus mensajes son más groseros, y los envía más que nunca. Otra alternativa es que haga constancia pública de que se le está privando de su libertad de expresión.

El moderador podría no ser capaz de borrar enseguida los mensajes de un troll, pero su trabajo se hace más duro si a la vez tiene que leer numerosas respuestas de troll. También se ve en la tesitura de decidir si borra o no los mensajes de gente bien intencionada que tengan el efecto no pretendido de animar al troll.

El moderador tiene que soportar que usuarios decentes le digan que ‘está actuando como un dictador y que no debería borrar mensajes'. Esos usuarios pueden estar mal informados y puede haber llegado a su opinión sobre un troll basándose en los mensajes que ven, sin percatarse de que el moderador ya ha borrado su material horrendo.

Los troll tienen de hecho una alternativa, si tienen algo de valor que decir: hay servicios en las redes que facilitan sistemas de mensajes gratuitos. De modo que un troll puede crear su propio foro, en el que puede tomar sus propias decisiones acerca del tipo de contenido que va a tolerar, al mismo tiempo de lo que a él le apetezca publicar libremente.

¿Exactamente cuánto podemos esperar del moderador si se trata de preservar la libertad de expresión? Los trolls se toman como hobby averiguar cuál es el límite de resistencia del moderador. Puede enviar infindad de mensajes, y que cada uno de ellos contenga, por ejemplo, 100 líneas de la letra 'J' Eso es una forma de expresión, sin duda, pero ¿considerarías tú que es su obligación soportar a alguien así?

El reto más duro y complicado para un moderador es decidir si tomar medidas contra un troll, al que algunos usuarios ven entretenido. Hay trols que tienen chispa creativa pero la desperdician perturbando. Hay placer perverso en observar a algunos de ellos. En última instancia, sin embargo, el moderador debe decidir si el troll se ocupa de montar un espectáculo para los foreros usuales, o si simplemente actúa para la audiencia de una sola persona: él mismo.

¿Qué ocurre con la libertad de expresión?

Cuando un troll observa que sus esfuerzos están siendo resistidos con éxito, a menudo se queja de que se está infringiendo su derecho a la libertad de expresión. Examinemos esa alegación. Si bien la mayoría de la gente en Internet es defensora de la libertad de expresión, ésta no es un derecho absoluto; hay limitaciones prácticas. Por ejemplo, no se puede gritar ‘¡fuego!’ en un teatro abarrotado de personas, y no se puede bromear sobre bombas mientras se espera para embarcar en un avión. Aceptamos estas limitaciones porque admitimos que sirven para un bien mayor.

Cuando un troll ataca un foro, suele enviar mogollón de mensajes. Y si sus mensajes no son particularmente incendiarios, son tan numerosos que ahogan las charlas normales (conocido como inundación). Huelga decir que no se puede permitir que las opiniones de una sola persona monopolicen el foro.

La respuesta definitiva al argumento de la libertad de expresión es ésta: aunque tenemos derecho a decir lo que queramos, no tenemos derecho a decirlo dónde nos dé la gana. Quizá sientas emoción sobre el hecho de que tu vecino no haya cortado el césped desde hace dos meses, pero eso no te da derecho a reprenderlo en su propia casa. De modo similar, si un webmaster (autor de un sitio digital) le dice a un troll que no es bienvenido, el troll no tiene derecho a quedarse. Esto ocurre en los servicios de comunicaciones gratuitos que ofrecen en la red. Y en los sistemas de pago, el troll puede estar en el derecho de solicitar un reembolso.

¿Por qué lo hacen?

Los usuarios habituales de la red saben lo gratificante que es el que alguien responda a algo que han escrito. Es un encuentro de mentes, lo que es un impronta intelectual, pero también es un reconocimiento del valor de uno, y eso es una recompensa emocional satisfactoria.

Los troll ansían atención, y no les preocupa si es positiva o negativa. Ven Internet como un espejo en el que pueden mirarse en un éxtasis narcisista. Si queremos un análisis más profundo, un psicólogo puede emitir algo más de luz sobre el asunto.

La próxima vez que estés en un foro y leas un mensaje de alguien que tú creas que es un troll, y sientas que debes intervenir, responde sólo esto: ‘alerta troll’. Y nada más. La única manera de tratar con un troll es indicar a los otros que no le contesten. Al enviar un mensaje como éste, le haces saber al troll que tú sabes lo que él es, y que no vas a ser arrastrado hacia su retorcida afición.

Internet es una colección espléndidamente caótica de material, tanto serio como estúpido. Al ser libre, está obligada a tener problemas. Pienso que podemos disfrutar mejor Internet si tratamos con todo lo que pasa en la red con una irónica sonrisa abierta y un encogimiento de hombros.

Antes de responder a un troll, acuérdate siempre de las siguientes frases:


'No debo alimentar a un troll'
'Mejor que se canse y pase de largo'



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Re: MI BLOC, QUE NO BLOG

Mensaje  achl el Jue Jul 21, 2016 12:28 pm




Peor que pesadilla

Desperté repentinamente girándome en una búsqueda instintiva por verificar mis alrededores. Era diario el despertarme en medio de una locura, y definitivamente ésta no era la excepción.

Me encontraba dentro de una habitación, decorada al estilo gótico, aparentemente antigua, en ruina. Por su estructura, supuse que era parte de una mansión. Estaba tan bien iluminada, por los enormes vitrales de la pared norte, que podía ver con detalle las partículas de polvo sobrevolando al son de una corriente de aire que entraba por un hueco del techo. Aunque el lugar era viejo, no era aterrador, más bien, tenia un aspecto abandonado y maltratado, irónicamente por falta de humanidad.

Me levanté para buscar una salida, dando un par de estornudos que me llevaron las manos a la nariz, sin expulsar ni gota de mucosidad, una simple alergia pasajera en un mal momento.

En la pared sur había una puerta vitral que llevaba a un muy amplio balcón. Atravesé la habitación dirigiéndome a ella. Al caminar sentí el peso de la humedad en el ambiente. Había algo surrealista, como si de pronto la estabilidad del lugar empezase a moverse, a torcerse a alargarse, y hasta a hablar. Todo lo que la luz iluminaba se volvía en penumbra. Sólo podía ver la puerta vitral, que de un estruendo, sonoro, se abrió de par en par dejando pasar lluvia, tormenta, aire, oscuridad y cánticos en un idioma, desconocido por mí.

Ni me inmuté. Estaba ya acostumbrada de vivir aquello, una y otra vez. Dejé que pasase sobre mí, hasta cubrirme por completo, que jugase con mi cabello, que me acariciase el cuerpo y mi sexo, cual perversa manifestación sexual. Sentí como me tomaba. Dejé que me susurrase terribles palabras y maldiciones en mis oídos. Me sentía abusada. Quería llorar, quería correr y gritar, como lo hubiese hecho en alguna otra de estas malditas pesadillas, pero me obligué a ser fuerte, a pensar en él y sólo en él.

De un parpadeo, todo lo que había perpetrado por la puerta salió tan rápidamente como entró, y la penumbra de mis alrededores escapó y se escondió, cual ratón temeroso por los rincones de la habitación. Cuando creí que todo sería diferente, en esa ocasión sonreí para mí, victoriosa, pero no fue hasta que me giré que lo vi, colgado en una esquina de un viejo ropero; una bestia verdosa de rostro humanoide blanquecino, que lucía ensangrentada dentadura con prominentes colmillos amarillentos, y anémicos ojos saltones. Tenía el cuerpo de un gorila, o de un humano con deformidades en las extremidades. Partes de su cuerpo peludo mostraban zonas calvas, con sarpullidos, casi putrefactas. No era la primera ni única vez que miraba aquella monstruosidad; me seguía siempre, a dondequiera que iba estaba, amenazándome con dientes horripilantes y lanzándome chillidos sobrehumanos.

Antes que se abalanzase sobre mí, corrí hacia la puerta vitral y pude sentir cómo una de sus garras me tocaba los pies. Cuando la cerré, tras de mí con fuerza, dejé escapar un profundo suspiro y me senté de golpe en el suelo. Pero de pronto aquella bestia destruía la puerta vitral de un zarpazo y se aproximaba a violentos pasos cojos hacia mí. En ese momento pensé que era mi fin.

¡Sálvame, por favor…! -lancé al aire ésa súplica, pero dirigida a él.

De otro parpadeo, la bestia había desaparecido de mis ojos, y en su lugar dejó una estela de delgados cabellos rojos que danzaron al son del aire. Cuando entendí lo que había pasado, me levanté del suelo y me giré a mi alrededor.

Me encontraba en el amplio balcón, que pude ver desde los vitrales de la habitación. El suelo era de piedra negra seca que raspaba mis pies, que hasta ese momento no me había percatado que estaban descalzos. Las nubes reinaban los cielos y pude percibir una extraña calma en el ambiente. Parecía que el panorama estaba petrificado: las ramas de los arboles, que sobresalían de una esquina del balcón, no se movían, aun pudiendo sentir el aire acariciándome la cara.

Justo en medio del lugar, sobresalía una mesita del suelo. Encima de ella posaba una vela roja encendida, cuya teñía de sepia lo poco que su luz alcanzaba a tocar destacando del gris del ambiente. A ella me acerqué, curiosa, y me encontré con que también había un libro con hojas amarillentas; no era muy grande, pero tenía pesadas hebillas de hierro que decoraban la oscura piel que cubría la tapa sin título.

Jamás me hubiese imaginado que al abrirlo me encararía con la más terrible de las verdades; la primera página contenía una radiografía de un feto humano. Cuando pasé la página, me encontré con otra, parecida a la anterior, pero el feto era más grande.

Conforme pasaba páginas, el feto iba creciendo y empezaba a notar deformaciones en sus miembros; la mandíbula se alargaba, como la de un animal, y de sus manos se encorvaban largas garras. Tenía de pronto al feto mirándome con unos enormes ojos rojos, que abría y cerraba repentinamente.

Del susto me aparté de la mesita, y fue entonces cuando oí el llanto de un bebé, mezclado con el grito desgarrador de un animal.

Estaba empapada de sudor y con la mirada aterrada, fija en el libro, cuando me llevé las manos al estómago y lo sentí moviéndose, cada vez más rápido hasta llegar a lastimarme. Cuando bajé los ojos, ¡ahí estaba esa horripilante bestia asomándose por debajo de mi propia piel con la carne pegada al rostro! ¡Lo llevaba conmigo, estaba en mi vientre!


¡No, no, esto no es real, necesito mantenerme cuerda, necesito hacerlo por él!



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Re: MI BLOC, QUE NO BLOG

Mensaje  achl el Jue Jul 21, 2016 12:44 pm





Perfume y pólvora

Repetitivos estruendos de disparos llegaron hasta él, a la vez que se hacía consciente del perfume que inundaba el ambiente. El mismo perfume de mujer que sus deseos de tantas noches de amor había encendido. El mismo perfume que no podía apartar de su memoria de olores.

Poco antes de sentir los impactos de acero en su pecho se había arrepentido de haber permitido que le vendasen los ojos. Quizá, si hubiera podido mirar de frente a ella, su amada le entendería, tenía que entenderle. No había pensado en ningún momento en que fuese lo contrario, que le entendería...

Toda aquella tranquilidad que había mostrado antes, durante y después de su detención, sus enjuiciamientos y su condena, se esfumaba en ese instante, dejándole tembloroso y desencajado. Toda aquella sangre fría de la que había hecho gala, en tantos y tantos actos oficiales, charlas oficiales y charlas privadas, eran ya cosa del pasado.

De repente, tímidamente pero sin temor alguno, giró la cabeza hacia el lugar en que sabía que se encontraba el estrado para los testigos oficiales y particulares de la ejecución. Ella, también estaría allí, sentada junto a su padre, el teniente general de la región.

Una fuerza impresionante pero inesperada lo empujó, hasta que su espalda golpeó contra el muro de ladrillos. No sintió ningún dolor por esa brusca reacción, pero veía sin ver que de todos los orificios de su pecho escapaban la sangre y la vida. De manera ta inexorable como esperada.

Entonces, débilmente, dibujó con sus secos labios un silencioso 'te quiero', y poco después cayó de rodillas, totalmente incapaz ya de mantener medio en alto la cabeza. El mentón se apoyó en el pecho. Muy próximo estaba ya el desenlace final.

El fuerte y bastante desagradable olor de pólvora le ganó al fino, suave y delicado del perfume, y cuando el silencio se posó sobre la plaza de armas del cuartel agudizó sus oídos, pero más por un  instinto natural que por otra cosa.

No esperaba ni le importaba escuchar llantos, ni lamentos, ni un simple perdón, ni siquiera una palabra de conmiseración, pero tampoco esperaba aquel rabioso grito de los labios de su amada con aquella palabra que llevaría consigo hasta la tumba, como un último y desgarrador recuerdo...


¡¡Traidor!!



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Re: MI BLOC, QUE NO BLOG

Mensaje  achl el Jue Jul 21, 2016 12:56 pm




¿Quién estaba más loco de los dos?

López fue al camposanto de su ciudad. Visitaba todos los días a su esposa y cuidaba su tumba. Pero ese día, mirando detenidamente, se dio cuenta de un movimiento de tierra y de que el ataúd no estaba. 'Se lo ha llevado un joven', le informó el sepulturero.

____¿Por qué y para qué?’ –le preguntó.

Sin esperar respuesta, perdió los nervios y cogió del cuello al sepulturero, de quien logró le dijera la dirección del joven. Ya informado, le dijo:

____Nadie sabe el valor sagrado de un amor hasta que lo pierde.

Presuroso se dirigió hacia la dirección indicada. Al llegar, tocó varias veces el timbre, y alarmado abrió la puerta un joven, portando en una mano un grueso libro de siquiatría. Estaba repasando su examen final. No dijo nada Pero López, lloroso y airado, derramó unas lágrimas y le preguntó:

____¡¿Dónde está mi esposa?!

El joven sabía a quién se refería. Lo condujo a su estudio, y ya allí, López puso los ojos en un esqueleto que sobresalía en un rincón, donde había una mesa, en cuya depositaba el estudiante sus libros y apuntes. López se arrodilló frente al esqueleto y pronunció las siguientes palabras:

____Amor, si elegiste este lugar para tu eternidad, lo respeto. Pero déjame que venga a visitarte todos los días.

El estudiante de medicina no se opuso, así que todos los días limpiaba su estudio porque sabía que vendría López. Los días en cuyos fue visitado el esqueleto eran vividos con intensidad por los dos. Intensidad, empero, era un sentimiento demasiado pequeño para el viudo López.

Y llegó el día siguiente...

____Amor, te traje tu vestido de novia y tu peluca pelirroja. Yo te los voy a poner. Seguro que los vas a lucir como aquel maravilloso día.

Y seguidamente, ceremonioso y con sumo cuidado, le puso el vestido y la peluca al cadáver de su esposa.

____¿Ves? Estás muy guapa, amor.

Y llegó el tercer día...

López llevaba en la mano un vaso de leche caliente con Cola Cao.

____Amor. Te gustaba tu desayuno. Yo te doy la leche. No pude traer tus galletas favoritas porque no las había de nata, como te gustan a ti.

Acercó el vaso y le dio la dulce bebida, no percatándose de que se filtraba por las costillas, goteando en los libros y en los apuntes del estudiante.

Y llegó el cuarto día...

____Amor. Te traje tu carmín y tu espejito, y así te miras. Yo te maquillo.

Pero el estudiante se disgustó al ver manchado de rojo ‘su’ esqueleto.

Y así, día tras día, transcurría el tiempo con la misma rutina de un amor delirante. Hasta que al joven le llegó el momento de entregar su tesis en la Facultad. Basó todo el texto en las impresiones recogidas del viudo. En la tesis se contemplaba incluso los delirios de López. Y el resultado final de todo esto fue un sobresaliente alto.

Antes de los preparativos de la fiesta de graduación, el jefe de la sección de psicología le preguntó al estudiante:

____¿Quién te va a entregar el título?
____El esqueleto de mi estudio –respondió.

Ese mismo día internaron a López en un manicomio. Y el Decano de la Universidad se lamentó de haber entregado el título de Medicina y Psiquiatría a un enfermo mental



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Re: MI BLOC, QUE NO BLOG

Mensaje  achl el Jue Jul 21, 2016 1:03 pm




Soliloquio terrible bajo tierra

El infierno está en este mundo, quizás más cerca de lo que podamos pensar. Puede que algún día las almas despierten de su letargo y nos muestren la vía hacia sus sufrimientos. El mío, está ahí abajo, en las entrañas de la oscuridad, en las penurias de los seres que me llevan hasta el abismo. Siento que estoy próxima, la caída será inevitable, improrrogable, catastrófica…

No cojas mi mano porque la soltaré. No me pidas ayuda porque no te auxiliaré. Luego de todo, soy una de ellos. Quédate a mi lado, quiero verte trepar por la pared húmeda del cementerio profundo, quiero ver como clavas tus uñas en la piedra tosca y cruel, que se desprenderá del cemento, para verte caer, conmigo, ahí abajo...

Mientras, te esperaré. Si soporto el dolor es porque sé que no cesará el tuyo, porque sé que no te librarás de las cadenas que envuelven tu espíritu. Guárdate de dar pasos en falso, porque estoy al acecho...

Sé que tarde o temprano irás a mi encuentro y entonces, al final serás juzgado, condenado a vivir entre sombras... Como yo...

La oscuridad me acompaña, y tú enseguida también te verás así; mientras, abajo te espero



achl

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Re: MI BLOC, QUE NO BLOG

Mensaje  achl el Jue Jul 21, 2016 9:49 pm




¡Qué hambre tan atroz!

Esta historia ocurrió en el XIX, en Irlanda. En el Condado de Fermanagh nació el protagonista, Pears, un joven campesino, de baja extracción, que para ganarse la vida compaginaba su trabajo en el campo con pequeños robos. Hasta que un día todo cambió para él. Corría el 1886 cuando… ¡Un momento, por favor! Antes os voy a poner en situación.


El Imperio Británico era dueño y señor del mar, y entre los más recónditos rincones de ese Imperio, Australia, y entre los más recónditos rincones de Australia, Tasmania, por decirlo de alguna forma la cloaca del Imperio. Pero el Imperio necesitaba colonizar incluso las cloacas, y sus colonos eran los presos, borrachos, ladrones, asesinos, violadores, estafadores, traidores, y toda esa gente de mal vivir. Muchos de ellos, luego de cumplir condena, se quedaban allí con un trozo de terreno, donde poder construir una pequeña granja, o una huerta en medio de una inmensa zona despoblada.



Ahora sí, retomo la historia del Pears.

Corría el año de 1886 cuando Pears cometió el error de robar una gallina, y no fue el único error que cometió, ya que lo pillaron. La pena por ese hurto fue cinco años de trabajos forzados en Australia.
Bueno, si habéis visto la película Papillón podéis haceros una idea. El penal Macquarie, lugar al que fue enviado el pobre Pears, no era precisamente un lugar de recreo. A un lado, el océano y al otro, miles y miles de hectáreas de selva despoblada, con zonas pantanosas y ciénagas, en donde los guardias eran aún más canallas que los propios presidiarios, que fallecían víctimas de trabajos forzados, malos tratos, hambre o enfermedad.

¡Qué horror! ¿Qué le esperaba a Pears? No era de sorprender que los presos tuvieran permanentemente en su cabeza fugarse, aunque de aquel lugar se decía que los carceleros no se molestaban en perseguir a los fugados, que el propio terreno se encargaba de ellos, ya que nadie era capaz de sobrevivir allí. No obstante, Pears pensaba que su condena era desproporcionada y no estaba dispuesto a cumplirla, si es que podía evitarlo. Pasó tres largos años encerrado, hasta que llegó el momento de la fuga. La planeó junto con otros siete reclusos y 'amigos': Dalton, Boe, Ken, Trav, Brown, Green y Mother. De modo que los ocho compañeros se fugaron.

Las provisiones que consiguieron reunir duraron apenas tres días y cuando se terminaron, aquellos ocho amigos ya no lo eran tanto. Un día, a Green se le ocurrió decir: ‘como siga esto así tendremos que comernos unos a otros’. Nadie le hizo caso, pero con el paso del tiempo... ¡qué hambre tan atroz!
Llegó un momento en el que Green y Trav se fijaron en Dalton. El delito que había cometido, para acabar allí, era la traición; era un chivato de cuidado, así que qué mejor candidato, siendo la víctima, seguro que no podrá contar lo que pretendían hacer. De modo que, sin mediar palabra, Green cogió su hacha y… ¡zas! Le cortó la cabeza.

Cuando Green y Trav contaron lo sucedido a los otros se horrorizaron. Pero… ¡qué hambre tan atroz! ‘Si ya está muerto, por lo menos que su cuerpo sirva para que los demás podamos sobrevivir’, dijeron. Dicho y hecho. Green lo abrió en canal y… bueno, me ahorraré los detalles. Su cadáver fue repartido entre los otros. Ese fue el final de Dalton, el final de uno de ellos pero, claro, aún... quedaban siete...

Seguían pasando los días y no encontraban granjas, ni asomo de civilización ni, por supuesto, alimentos. El hambre volvió a aparecer. Entonces se fijaron en Brown y Ken, parecían muy débiles y seguro que no aguantarían. ¿Y si…? ¿Cómo debieron ser las miradas de las que fueron objeto Brown y Ken, que se les encendieran las alarmas? No lo dudaron un segundo. Ambos echaron a correr como locos. Entonces se produjo una situación dantesca: Brown y Ken corrían desesperadamente por salvar sus vidas, en medio de aquellos pantanos, mientras que los demás cinco los perseguían en alocada carrera, con la idea de darles caza para comérselos. Esta persecución duró un día. Finalmente, consiguieron escapar, pero al poco murieron por desnutrición. Al menos, salvaron sus cuerpos... quedaban cinco...

Green, con su hacha afilada, no volvería a perder una ocasión. El hambre les atenazaba. Y la oportunidad no tardó en llegar. Boe se separó un momento del grupo, situación que aprovechaba Green para seguirle; sigilosamente se acercó por detrás y… ¡zas! Le cortó la cabeza. Esta vez el resto del grupo no tuvo tantos escrúpulos. Del tirón los cuatro se abalanzaron sobre el cuerpo de Boe, aún caliente, cual manada de lobos salvajes, y dieron cuenta de él... quedaban cuatro...

Dos días después, se hallaban en la misma situación. El siguiente en el punto de mira era Mother; de los cuatro era el más callado, el más sumiso, el más gregario y esto fue su final. Green se acercó a él por la espalda, pero esta vez no fue tan sigiloso. Mother se dio cuenta e intentó evitar el golpe, aunque no lo consiguió del todo, quedó malherido, con un tajo en el cuello, tirado en el suelo. Los otros tres se acercaron lentamente a él mirándole. No retrasaron su agonía, Green se acercó y… ¡zas! ¡Ahora sí!... quedaban tres...

Claro, como era natural, Trav ya no se fiaba de ninguno de los dos que lo acompañaban. Discutieron fuertemente y… ¡zas!... quedaban dos...

Habían pasado casi un mes del canibalismo y sólo quedaban dos. ¿Imagináis la situación? Ni que decir que Green y Pears no se quitaban ojo. Pasaron tres días de absoluta tensión hasta que en la noche del tercer día Green no pudo aguantar más; le pudo el sueño y dio una cabezada: su última cabezada, ya que Pears aprovechó ese instante para arrebatarle el hacha de las manos y… ¡zas!... quedaba uno...

Pears secó al sol un brazo y una pierna de Green y se echó a la aventura, y así estuvo un tiempo hasta que la policía dio con él y volvió de regreso al penal. Aunque corrían rumores de canibalismo, no se pudo demostrar, de modo que, antes de cumplirse un año de su captura, volvió a escaparse Pears, y esta vez acompañado de un joven preso llamado Cox.

Diez días más tarde, las autoridades volvieron a cazar a Pears. Y esta vez sí, fue acusado del asesinato de Cox y de haber practicado canibalismo con sus restos. Lo más curioso del caso es que cuando lo capturaron, no sólo llevaba lo que quedaba de Cox, ¡también embutidos de cerdo y ternera! Esta vez no mató y devoró por hambre... ¡le había cogido gusto a comer carne humana!

Ante tal situación, Pears confesó todo: se había comido a seis personas. Lo declararon culpable y lo condenaron a morir en la horca. Sentencia que se llevó a cabo en el patio de la misma cárcel de donde se fugó.

Sus últimas palabras antes de ser ahorcado fueron...


La carne humana es deliciosa. Su sabor es mejor que el del pescado o el de las carnes de cerdo o ternera



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Re: MI BLOC, QUE NO BLOG

Mensaje  achl el Mar Jul 26, 2016 10:25 pm




Necesito hablar contigo

____Necesito hablar contigo.
____¿Ah, sí? ¿Y de qué?
____De ti.
____¿De mí? ¿Y qué me vas a contar de mí que yo no sepa?
____Que eres una chica especial.
____¡Vaya, hombre, muy amable de tu parte! ¿Y cómo te has dado cuenta?
____Porque te llevo observando desde hace mucho tiempo.
____¿Nos conocemos?
____Yo te conozco de siempre. Cómo sonríes, los gestos con que acompañas tus palabras, las expresiones que se leen en tus ojos, el ritmo de tus movimientos... y todo lo que he visto en ti es como en mis sueños.
____¿Entonces soy la mujer de tus sueños?
____Lo eres.
____Jajajajajaja. ¡A saber a cuántas le habrás dicho eso mismo!
____No es algo que se vaya diciendo por ahí. Sabes que eres especial, lo que no sabes es que yo haya sabido verlo.
____¡Pero, si ni siquiera me conoces...!
____En mis sueños te descubro todas las noches. Me dedico a aprenderte; cada línea de tu cuerpo, las marcas de tu piel, las posturas de tus pechos, la tentación de tu boca, la redondez de tu trasero, el torneado de tus largos muslos…
____¿No me estarás confundiendo con otra?
____Nunca te confundiría. Te he hecho el amor mil veces y de mil maneras distintas. Conozco tu modo de gemir y de pedirme más. Sé exactamente cuándo llegas al éxtasis y lo que debo hacer para que lo consigas más veces...
____Si hemos intimado tanto, al menos debería saber tu nombre, ¿no?
____Si te digo mi nombre me robarías el alma. ¿Estarías dispuesta a asumir esa carga?
____Bueno..., igual si me gustas lo suficiente…
____Te lo diré al oído y cuando me hagas feliz, pronúncialo. Pero si vas a romperme el corazón, por favor, no te lleves también mi alma.
____¿Y cómo puedo hacerte feliz?
____Dejando que rodee así tu cintura y pose mis manos en la curva de tu espalda. Deseando que me acerque tanto a ti que mis palabras resbalen por tu cuello y bajen por tu escote para hacerles cosquillas a tus pechos...
____Ese hacerte feliz me está gustando. ¡No te separes, sigue... sigue...!
____Moviendo tu cabeza de placer apenas la punta de mi lengua dibuje el borde de tu boca y tus dientes tintineen con los míos. Acelerando tus deseos cuando mi cuerpo se pegue al tuyo, tanto que mis secretos dejen de serlos, y notemos nuestros corazones latiendo a un mismo ritmo…
____¡Ahhhh…!
____¡Así, así! gimiendo de aprobación al sentir mi calor. Ofreciendo tu cuerpo a mi mano, deslizándose bajo tus bragas y llevándote a nuevas sensaciones, mientras la otra mano posea tu trasero y mi boca se pose en la tuya, besándonos, devorándonos...

____¡Eh, chicos, perdonad que os interrumpa! ¡Nosotros nos vamos ya! ¡¿Tú qué vas a hacer, Sonia, te quedas o te vienes?!
____¡Dios, no sé qué hacer...!
____Tú decides, mi chica especial
____¿Y si me quedo qué haríamos?
____Te llevaría a mi casa e intentaría enamorarte.
____¡Tú estás loco!
____¡Quédate!
____¡Sí… me quedo!



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Re: MI BLOC, QUE NO BLOG

Mensaje  achl el Mar Jul 26, 2016 11:16 pm




La mantenida se enamoró

Llegó él al apartamento de ella y se dijo para sí...

Una noche más te encuentro sumergida en la serenidad de las sábanas. Desnuda duermes en la guarida que nuestra pasión ha ido forjando. Un punto de encuentro para rutas divergentes. Una forma de callar la rutina y dar voz al placer. Aquí los pesares desaparecen hasta el momento en que yo sea consciente de que volveremos a separarnos. Esta noche he llegado más tarde de lo acostumbrado, y para entonces el sueño se me ha adelantado en tu conquista.

Silencioso me he puesto a tu lado, viendo cómo rincones de tu increíble cuerpo se asoman para disfrute de estos ojos de tonalidades lascivas. El destello de una vieja farola hace brillar tus muslos, que con su penumbra esconde tu fruto prohibido, mi único alimento. Tu espalda, esa pradera de suave tacto, reposa curvada esperando el frenesí de mis dedos. Aunque dormida, no puedes borrar de tu rostro la ansiedad con la que anhelabas dejarte llevar por el más feroz de mis instintos, que ahoga mis angustias y desata tu bienestar. Tu boca entreabierta confía en encender la yesca que envuelve mis entrañas, avivando el calor que ferviente correría por mis venas. Aunque callada, tu actitud desafiante me pide morir arrollada por el tren que tus caderas deben impulsar, ese que silba al entrar y al salir de tu túnel, ese que espira blanca niebla al llegar a tu estación.

A diferencia de otras veces, no enloquecí mientras me quitaba la ropa. Enjaulé al animal que desea devorarte sin compasión y liberé a ese otro desconocido por ti que sobrevuela tus carnes desplegando un batir majestuoso

Quería conquistar los paraísos que todavía desconocía del mapa de tu cuerpo; quería surcarte, sin que apenas pudieras notar el balanceo de las olas; quería encontrar el reposo real sobre tu vientre liso; quería enredarme entre el pelirrojo de tus cabellos; quería escalar tus pechos tiernos, sin temor a caerme; quería divisarte sedosa desde tus afilados pezones; quería barrer tus muslos con mi saliva y después saciar mi sed en tus labios, los de arriba y los de abajo; quería perderme entre tus nalgas firmes; quería bailar sobre las plantas de tus pies; quería bañarme en la humedad que emana de tu poza; quería cubrir tu cuello con los impulsos de mi lengua; quería hacer de tu ombligo mi nido y quería abrigarme con el fuego que habita en tu piel.

Esta noche no me he vaciado por desvanecer a tus sentidos, ni desvivido por exprimir, uno a uno, tus deseos; ni me he desangrado ara que hacerte el amor fuese pura poesía. Pero, aun eso, sé que me sentiste. Sé que en algún momento saltaste de tu sueño a mi delirio. Tus piernas empezaron a temblar con el deslizar de mi miembro impetuoso, tus ojos se nublaron al son de mis respiraciones aceleradas, una capa de sudor nos fundió en un mismo ser. El silencio se teñía de dulces gemidos y del relinchar de aquel viejo somier. La pared proyectaba una película de sombras que batallaban enzarzadas en un movimiento salvaje. La explosión estaba a punto de llegar, pero seguías aparentando que aquello no era del mundo real.

Empapado de placer y embriagado de sublimes sensaciones, alojé mis huesos cerca de los tuyos. Clavé mis ojos en tu cara reparadora y dejé caer por ella un beso profundo que distrajo a las agujas del reloj por unos momentos que parecían infinitos.


Y él se fue y ahora dice ella en voz alta...

Me incorporo y me levanto para vestir mi desnudez. Encima de la mesilla encuentro el sobre que sueles darme en mano. Adentro hay un cheque que reza mi nombre, con tu rúbrica y una suculenta suma de dinero que fijas como regalo a los servicios prestados. Me voy al cuarto de baño para verme en el espejo mi cuerpo desnudo. Definitivamente, siento que mi amor por ti es un imposible. Mi interés por mi seguridad, tu dinero, se ha convertido en lágrimas. Cojo el cheque y lo rompo en mil pedazos. En el dorso del sobre escribo con torpe caligrafía...



En ocasiones, los sueños no deben despertar de su letargo, pues sólo allí se hacen realidad



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Re: MI BLOC, QUE NO BLOG

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