Se llama copla democrático

MI BLOC, QUE NO BLOG

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Re: MI BLOC, QUE NO BLOG

Mensaje  achl el Jue Jul 28, 2016 7:22 pm




Aquel culo

Antes de nada me presento:


Me llamo Antonio: un chico de 34 años, alto, moreno, bien parecido y soltero. Estudié la carrera de ingeniero agrónomo y en la actualidad tengo la enorme suerte de tener un buen puesto de trabajo y bien remunerado.


Y ahora mi relato. Corría el verano del 2013...

Entré un viernes noche, sobre las diez y media, a mi disco favorita con la mejor pinta que podía presentar. Me fui directamente al salón de música rock, y allí fue donde lo divisé; era un culo sencillamente espectacular. Su dueña miraba cómo muchos clientes y clientas de la disco bailaban al ritmo de una música estridente.

Ella era una mujer que rondaría en los treinta y pocos; rubia, guapa, atractiva, buen cuerpo, elegante, y sobre todo con un culo fuera de serie, con redondeces hermosamente marcadas, imantadas para la vista de los lobos que rondábamos en círculo por la pista.

Ningún macho ni ninguna hembra de aquella sala osaba a acercase a aquel culo pero no dejaban de mirarlo. Demasiado culo para gente tan indecisa. Pero yo, tan kamikaze de ordinario, y con ganas de que esa clienta, nunca antes vista en aquella disco, supiese que había al menos un hombre capaz de invitar a una copa a una señora con un culo sensacional, me aproximé a ella.

Casi toda la clientela de la barra y algunos bailones fijaban sus ojos en nosotros dos, cuando aquel bombón rubio aceptó encantado mi compañía. Yo, como podréis suponer, estaba triunfante.

Tengo que decir que lo mío no es bailar. Pero... ¡qué diablos!, con un culo así a tu vera había que bailar lo que fuera.

Aquella desconocida diva se llamaba Lidia.

Enseguida me percaté de que esperaba a alguien, porque miraba y miraba su reloj mientras bailábamos, y yo imaginaba que más tarde o más temprano se iría, seguro que con algún/a amigo/a. Así que, concienciado, me dediqué a disfrutar de mi momentánea conquista todo el rato que pudiese, acercándome al máximo a su culo.

Con una picarona sonrisa en los labios, retrocedía, como dándome a entender que quería liberarse de mi impetuoso actuar 'disimulado', al menos en público. Pero yo, de pronto, y sin pensarlo, le di un beso en la boca, al mismo tiempo que le cogí el culo con ambas manos, y así tantear su nivel de resistencia.

Y no me dejó espacio para la duda: sus deliciosos y carnosos labios parecían explotar, y su lengua era víbora que se entrelazaba con la mía, como dos boas constrictoras. Dando un paso más, una de mis manos se fue hasta donde la caricia se vuelve pecado. Ella apartó la mano, pero se acercó más a mí.

Con voz dominante, pero insinuante, al oído me dijo que no quería marcharse sola, y que no era una prostituta, sino una mujer soltera, deseosa de sexo, con posibilidades económicas y recién divorciada de un marido muy aventurero que no le echaba cuenta. Así que me estaba invitando a irnos juntos de la pista y de la disco, para llegar hasta donde yo quisiera llevarla...

_______________________________________________


Después de cenar y de tomar unas copas, y algunas de más, me la llevé a mi apartamento. Al día siguiente, cuando nos despertamos, sobre mediodía, nos fuimos a mi casa de la playa. Nos bañamos en esas aguas azuladas verdosas del Mediterráneo, comimos paella y bebimos cervecitas en el chiringuito de mi amigo y paisano Pepe Luis, y más tarde, luego de 'una buena siesta', de nuevo al mar.

Y he aquí una fotografía de Lidia, tomada de espaldas con mi móvil. Juzguen ustedes, por si yo me he excedido en exaltar a 'aquel culo'.




achl

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Re: MI BLOC, QUE NO BLOG

Mensaje  achl el Dom Jul 31, 2016 12:12 am




Me gusta ser su esclava

Dormía yo plácidamente cuando sentí una mano decidida pero cálida acariciando mi espalda.

Él había entrado sigilosamente a nuestro dormitorio para despertarme, como cada mañana desde que vivíamos juntos. Pero la mañana de ese día era un despertar diferente. Me daba un suave masaje en las nalgas, mientras yo rehusaba a despertarme.

____Despierta ya, esclava mía, es hora de levantarse- un suave susurro en mi oreja, antes de recibir un mordisco, me hizo gemir.
____Te ruego cinco minutos más, por favor- respondí, haciéndome de nuevo ovillo en la cama.
____Ningún minuto más. ¡Levántate, es una orden!

La caricia cesó y sentí cómo se alejaba de la cama. Entonces abrí los ojos y me tumbé boca arriba mientras me los frotaba, como de niña.

Sabía que eso le gustaba, y más aún cuando venía encendido y deseoso de mí. Le observé buscando en el cajón de un mueble del cuarto: sí, ese cajón donde guardo los objetos para nuestros 'juegos'.

Me miró y sonrió mostrando en las manos las esposas de acero, para las muñecas, y el antifaz negro, para cubrir los ojos.

Decididamente se acercó a mí y me destapó dando un tirón de la sábana que me cubría. Mi cuerpo, completamente desnudo, quedó a su total disposición.

____Me gusta que seas obediente y que hayas cumplido mis órdenes de dormir sin ropa interior -añadió mientras acariciaba mi vientre, bajando muy despacio hasta el monte de venus con un delicado masaje durante el recorrido
____Siempre cumplo tus órdenes -le respondí.
____Y así tiene que ser -se irguió.

Golpeó suavemente con la palma de la mano el interior de uno de mis muslos y me indicó con un gesto que me levantase. Me puse de pie ante él. Me sentía muy pequeña a su lado. Me rodeó y, sin dejar de mirarme, cogió mis manos por las muñecas llevándolas a la espalda para después unirlas con las esposas que antes me había enseñado.

Cuando acabó de atarme, cubrió mis ojos con el antifaz, privándome del sentido de la vista. Con sumo cuidado, me guió de nuevo a la cama y me hizo ponerme encima de ella boca abajo. No podía verle, pero sentía que estaba disfrutando de lo lindo con la hermosa visión que esa habitual postura ordenada por él le proporcionaba.

De nuevo su mano paseando por mi espalda, esta vez hacia abajo. La caricia me resultaba más placentera al no poder ver lo que estaba haciendo. De pronto, un fuerte gemido se escapó de mi boca cuando llegó a mis partes íntimas.

____Todavía no hemos empezado y ya estás mojada -me susurró.
____Aunque quisiera, no lo podría evitar. Sólo con tenerte cerca me mojo -respondí entre jadeos.

Un dedo se deslizó con dificultad. Un gemido más fuerte todavía que el anterior se liberó y pude oír sus risas de satisfacción, mientras lo movía con firme destreza por mi interior.

____Sabes que te tengo dicho que no hagas mucho ruido o te oirá todo el vecindario.
____Tampoco lo puedo evitar, pero lo intentaré.

Tenerlo detrás de mí, tocándome, acariciándome era terriblemente excitante, y más aún porque no podía verle ni tocarle, ni abrazarle, ni besarle...

Consecuentemente, no tardé en llegar a mi primer orgasmo. Pero un leve sonido de desaprobación salía de su boca.

____¿A quién le has pedido permiso para tener un orgasmo tan pronto?- me dijo con esa pregunta, acercándose a mi oído.
____Lo siento- respondí entre jadeos, tratando de recuperarme del brutal orgasmo que acababa de experimentar- Lo siento de verás -añadí.
____Bueno, estás de buena suerte porque hoy estoy de muy buen humor, así que seré más benévolo con tu castigo y solamente te atizaré cinco azotes.

Oí cómo deslizaba el cinturón que llevaba puesto para soltarlo y usarlo en mi castigo. Fueron esos cinco azotes los que me elevaron a lo más alto del cielo, a punto de caer en un abismo sin fin del placer. Una estocada, una simple estocada le sirvió para entrar.

____¡Ahora sí! -ordenó, a la vez que se hundía en mí.

Un nuevo orgasmo sacudió todo mi cuerpo con más fuerza, haciéndome estallar en un torbellino de sensaciones. Una vez terminados mis espasmos, se retiró, todavía con una pronunciada erección. Acto seguido, me quitó el antifaz y me miró con una sonrisa en los labios, cogiendo mi barbilla entre sus fuertes dedos.

____Tú tuviste ya dos deliciosas salidas provocadas sin duda por mí, y yo todavía no he acabada ni la primera, así que ya sabes de sobra qué es lo que tienes qué hacer.

Se puso en pie delante mía y se dispuso a repetir la misma escena, tantas veces practicada. Me relamía pícaramente mientras succionaba con fuerza.

Él gemía repetidamente, mientras cogía con fuerzas mi cabello y me iba marcando el ritmo.

Y así, invariablemente, sucedía siempre; y eso me volvía loca.


Después, nos levantamos y nos vestimos, y luego cada uno volvimos a nuestra rutina cotidiana




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Re: MI BLOC, QUE NO BLOG

Mensaje  achl el Miér Ago 24, 2016 11:23 am



Mirta

Mirta llegó a Sevilla una tarde de mayo. Se fue directamente de Santa Justa a una suite del Alfonso XIII, junto a la antigua Universidad.

Aún estaba acomodando su equipaje en el espacioso ropero, cuando los rumores de su presencia recorrían la ciudad. Amenazadas se sentían las mujeres por su espectacular cuerpo, y los hombres se alborotaban por la presencia de una hembra de tantos kilates.

Apenas salió del hotel, para ir a cenar, miles de ojos miraban sus curvas corporales. Era bellísima y siempre vestía a la última moda en boutiques exclusivas. Ropa que lucía sus bien puestos senos y sus suaves caderas, que excitaban a hombres y ofendían a mujeres de Sevilla.

Las lenguas comidillas no tardaron en aparecer.

Con ese extraño nombre debe ser una mujer lagarto, una devoradora de hombres incautos -decían unas.

Dicen que cuando lleva un hombre a su cama, fríamente se despoja de su ropa, dejando ver sus desnudos, llenos de escamas y cola de reptil, y antes de que su ingenuo acompañante pueda reaccionar, se lanza sobre él para devorarle -comentaban otras.


Pero decenas de caballeros, riéndose de los rumores, cogían la vez para conocerla, como parte primera de intenciones más elaboradas.

El primero que logró salir con ella fue Don Luis Peris, casado, guapo, rico y divertido. Fueron vistos juntos en restaurantes 5 tenedores, antes que él desapareciese misteriosamente. Hecho que incrementó los rumores femeninos locales sobre la guapísima Mirta.

El segundo fue Don Lucio Díaz, un casado que osó pasear con ella por el parque de María Luisa, sin importarle las secuelas maritales de su hecho.

El teniente De Paula admiraba a la dama y se asomaba por la ventana de comisaría cada vez que paseaba por allí, para deleitarse la vista. Se reía de los rumores que la relacionaban con la desaparición de Don Luis, y a la vez sentía envidia de Don Lucio, que ahora disfrutaba de Mirta.

Días después, la esposa de Don Luis acudió a comisaría para denunciar a Mirta de haber devorado a su marido. Sabiendo que esto era absurdo, De Paula envió una cita para que ella se presentase a declarar.

Decía públicamente el teniente De Paula:

Esto no es más que un trámite para calmar a su celosa esposa

Pero Mirta jamás se presentó. La policía revisó la suite y la halló vacía. La inquilina había desaparecido sin dejar huella.

Ante estos hechos, De Paula tuvo, obligatoriamente, que responder a la demanda de la mujer del desaparecido, emitiendo este informe oficial:

Es obvio que la señorita Mirta y Don Luis Peris se fugaron de la ciudad. Pero no hay elementos suficientes para concluir formalmente acusación alguna contra ellos

Y así fue, efectivamente, se habían fugado. Pero hubo en el anterior informe una grave omisión que nadie percibió...

...don Luis Peris, en efecto, había huido con Mirta, la mujer lagarto, pero dentro de su aparato digestivo



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Re: MI BLOC, QUE NO BLOG

Mensaje  achl el Vie Ago 26, 2016 2:45 pm




Poderoso Don Carmín Rojo

Dudaba en el color del carmín. Finalmente optó por el rojo. A sus ojos le gustaba lo que veían. El negro transparente de su blusa, guardaba lo justo. Su olor era su sello de identidad, que dejaba un rastro fácil de seguir. Una mezcla de seducción, deseo y belleza.

Salió de su casa, segura de sí. Firme en sus tacones que, fieles a los latidos de su corazón, marcaban el paso que la llevarían a ese lugar. Jamás había estado allí. La luz no permitía dibujar su cara, pero había algo que la atraía poderosamente: él.

Los segundos pasaban como minutos; las palabras sobraban, sólo sus ojos podían hablar. Una leve sonrisa detuvo su deseo. La mirada de él se clavó en sus labios rojos, que le cautivaron.

Era el momento preciso en el que ambos tenían que olvidar. Sólo tenían que recordar cuánto habían deseado ese momento. Las delicadas manos de él apretaban su cuerpo. El rojo carmín de ella alimentaba la lujuria de él, que su lengua recorría toda su boca y descansaba en sus carnosos labios rojos, para mayor deleite.

Su transparente blusa se abría despacio dejando al aire sus senos, que se apretaban contra él. La ropa caía entre besos y abrazos, que sólo se interrumpían para desnudarse más. Alzó su cuerpo desnudo, subió sus piernas, abrazada a su cintura, los roces continuos la llevaron a la fría pared, en la que sus cuerpos se encontraron.

Su temblorosa voz le exigía que entrase dentro de ella, mientras sus manos se volvían adictivas a él, a sus fuertes brazos, a sus espaldas, a su apretado trasero, empujándole hacia su pelvis...

No paraba de invitarle a que entrase y no saliese


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Re: MI BLOC, QUE NO BLOG

Mensaje  achl el Vie Ago 26, 2016 3:15 pm




Sólo vine por un libro

Acabé de bañarme. Sequé mi cuerpo. Me perfumé entera, pero mi sexo seguía teniendo olor a sexo. Metí mis senos en un generoso sostén. Me puse un traje corto negro. Salí de casa. Crucé la calle. Llegué a la librería. Mi mejor amiga cumplía años y quería regalarle un libro sugerente. La campanilla de la puerta sonó, pero, al igual que otras veces, Pepe, el maduro dueño de la librería, ¡qué estaba buenísimo!, ni siquiera me miró...

Entre pasillos miraba los títulos, sin idea de cuál escoger. Se me ocurrió preguntar a alguien, pero no había nadie, excepto Pepe, que leía un libro cerca de mí, en el pasillo. Al fin, vi uno sobre relaciones íntimas, que sobresalía en lo alto de un estante. Pepe me miró y me dijo que cogiese la escalerilla. La cogí e inicié a subir. Mis caderas se movían de un lado a otro. Mis senos daban saltos, y el olor de mi sexo viajó hasta Pepe. Su miembro se llenó de deseo. ¿Pensaría en mis duras nalgas y en mis senos queriendo salirse de la prisión del sujetador? Me daba que sí, porque...

Subiendo peldaños, mis ojos en el libro, una mano tibia tocó uno de mis muslos, erizándolo. Otra mano me cogió un pecho. Me giré. Y allí estaba Pepe. Nuestros olores se entremezclaron. El temor a caernos hacía que nos sostuviésemos el uno al otro. Yo no podía más...

Un jadeo liberador rompió el silencio. El macizo hombre maduro me hizo mujer


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Re: MI BLOC, QUE NO BLOG

Mensaje  achl el Vie Ago 26, 2016 3:24 pm




¡Tesquillá con las utopías!


Quien sea capaz de tener una esposa y dos amantes, que a su vez sean segundas esposas y amantes, con hijos de las tres; que sea capaz de cumplir con sus tres familias, que sea capaz de satisfacer plenamente a sus tres mujeres, 'en todos los sentidos'; que sea capaz de estar presente en todos los acontecimientos de las vidas de todos sus hijos (nacimientos, bautizos, Reyes, onomásticas, comuniones, cumpleaños, reuniones en el colegio, fiestas escolares…), además de ser el rara avis por excelencia, está permanentemente bendecido y conducido por la Mano de Dios



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Re: MI BLOC, QUE NO BLOG

Mensaje  achl el Lun Ago 29, 2016 5:20 pm




Mi amor se llama Soledad

Al fin me enamoré. Sí, de ti, mi querida Soledad. Juntos hemos recorrido muchos caminos. No empezamos con buen pie, pero lo importante era comenzar. Poco a poco, y golpe tras golpe, hemos aprendido a caminar con paso firme y la cabeza bien alta, ignorando esos pensamientos que nos juzgaban. ¡Qué le importa a nadie lo que se siente al ser libre! Libre para levantarte cada mañana y decirte a ti mismo: ¿qué toca hoy? Libre para decirte: hago esto, simplemente, porque me da la gana.

Me has enseñado, mi querida Soledad, que la felicidad no es cosa de dos, que no necesito a nadie a mi lado para sonreír, que puedo construirme mis propios sueños, marcarme mis propias metas, recorrer mis propios caminos, dedicarme mis halagos; entregarme, sin dar cuenta a nadie, a mis aficiones favoritas... En definitiva, disfrutar de los pequeños placeres de la vida, sin necesidad de estar acompañado.

Tú, mi querida Soledad, de un tiempo a esta parte, te has convertido en mi mejor amiga, mi salvadora, mi confidente... Mi todo. Al contrario de lo que la gente pueda pensar, me has oído y me has escuchado, soportado y limpiado cada una de mis lágrimas, y aun así no me has dejado caer en ese pozo profundo de la oscuridad del que tanto cuesta salir, si es que se consigue.

En determinados momentos, Juntos hemos caminado; tú en silencio de mi mano; y yo, a ciegas, escuchándote.

Gracias por ser lo que precisaba en el momento justo. Para mí eres más que ese estado emocional que todos temen.

En realidad, eres mi mejor medicina



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Re: MI BLOC, QUE NO BLOG

Mensaje  achl el Mar Ago 30, 2016 9:20 pm



Me enviaron a la guerra

Odio a los Altos Mandos del Ejército Español, y odio a la OTAN. Por una simple repercusión internacional, no quisieron salvarle la vida a una persona, un niño de tres años

Y allí olía como huelen las mejores carnicerías, a sangre y a carne fresca. Pero no estaba en una de esas carnicería, sino en la primera planta de un medio destruido edificio de Bagdad, la capital de Irak.

Yo pertenecía a Infantería Ligera bajo el mando de la OTAN. Más exactamente a 'su fuerza de choque', vulgarmente llamados 'los barredores'.

No estaba allí por gusto. Me habían enviado a Irak como castigo, o como perdón, por haber tenido una fuerte pelea con un alférez de academia, niñito de papá, que acosaba a una soldado, compañera mía de filas, que el alférez sabía que mantenía relaciones sentimentales conmigo.

En vez de un juicio militar, en el que me hubiera caído más de un año de prisión por haberle roto la boca a aquel pedazo de cabrón, un jurado me dio la opción de ir seis meses voluntario a la guerra de Irak; cosa que, sin saber dónde me iba a meter, acepté.

Cuando llegué nos dieron la orden de que todos los barredores, divididos en grupos de diez, nos desplegásemos en una zona recién bombardeada, en busca de los llamados, de forma eufemística 'puntos sucios'. Lugares donde aún pudiera haber resistencia armada.

Todo iba bien hasta que empezaron a caernos balas, que parecían venir de todos lados, por lo que corríamos a refugiarnos. Cuando descubrimos de dónde nos disparaban, desde la primera planta de un edificio cercano empezamos a abrir fuego.

Mientras disparaba, vaciando cargadores, animaba a un compañero que estaba a mi lado, el más joven, al que llamábamos 'Joven', y del que no recuerdo su verdadero nombre. Le decía cosas como que de regreso iba a darle por el culo a su novia delante de él, o que me cagaba en toda su casta, con la idea de que la ira hirviese su sangre, dejase ya de temblar y empezase de una puta vez a disparar.

Pero, de repente, sentí un líquido cálido en mi cara. Pensé que 'Joven' me había escupido, harto de mis ofensas. Me giré hacia él sonriendo. Pero no era su saliva, era su sangre. Una bala malvada había entrado justo por el espacio que quedaba entre su chaleco antibalas y su casco matándole en el acto. Me miraba, tirado en el suelo, con desorbitados ojos y espumosa sangre que salía por su boca.
Me quedé unos minutos llorando, como no comprendiendo por qué tenía que morir un chico tan joven. Hasta que me volví, con rabia y con odio, y cogí sus cargadores para seguir disparando, sin piedad.

Nos superaban en capacidad de fuego y posición. Nosotros usábamos de parapeto cualquier cosa, pero ellos estaban tras el muro de un edificio de mayor altura, por lo que nuestro sargento, a gritos, mientras comunicaba nuestra situación por radio, nos hizo desplegarnos, en previsión de lo que inevitablemente iba a ocurrir más tarde.

Desde aquel edificio alguien disparó un lanzagranadas contra nosotros y, aunque el impacto se produjo a más de veinte metros de mi posición, a todos nos envolvió la nube de tierra y polvo que levantó, dejándonos sin visibilidad. Pero seguimos disparando, sin saber todavía que habían caído cuatro de los nuestros, además de 'Joven'.

Cuando estalló la granada, instintivamente puse una de mis manos en la cara del cadáver de 'Joven', como si esto pudiera protegerle. Lo cierto es que las cosas se nos complicaron. Ellos no dejaban de disparar. Sonaban constantemente disparos y rebotes de balas. Pero esto era algo que no nos preocupase demasiado. Lo que realmente nos preocupaba era que el enemigo tuviese más proyectiles para el lanzagranadas y, de unos pocos disparos, nos mandasen a todos a la mierda.

Estábamos jodidos, hasta que llegaron otros dos grupos de barredores, e instalaron tres BrowningM2, unas ametralladoras anti-infantería y carros protegidos. Y los barredores que quedamos, continuamos disparando sin parar contra los terrorista que habían en aquel edificio irakí.

Disparamos más de veinte minutos seguidos. La paredes del edificio, que eran blancas, parecían mutar por si mismas por momento, por los trozos que estallaban y por las balas que la atravesaban.

Tras esa escasa media hora, nos ordenaron alto el fuego. Pero yo seguí apuntando, y fue en ese momento, en mitad de un extraño silencio, que una mujer, ataviada con burka, se asomó por una ventana gritando algo. No pensé. ¿Es qué podía pensar? Apreté el gatillo, y le volé la cabeza de un balazo. Tras los gritos de la mujer volvimos a disparar contra balcones y ventanas, hasta que nuestro mando nos ordenó que parásemos.

En vista del silencio que se hizo después, en cuyo estuvimos media hora sin recibir disparos, a tres compañeros y a mí nos mandaron entrar en la planta. Fui el primero en entrar y fui el primero en verlos. A mi izquierda, hombres; a mi derecha, niños y mujeres, y todos ellos arrodillados sobre haraposas alfombras, cubiertas de vísceras y sangre, en las que estarían rezando. Un grupo de civiles que, o bien habían sido secuestrados por los guerrilleros que nos habían atacado y que ya se hallaban muertos, o bien creían en su causa y se defendían de nosotros.

Cuando dije a mi cabo lo ocurrido, informó por radio a la base. Tardaron poco en dar la orden: 'poner bombas incendiarias en toda la planta'. Fui uno de los que escoltó a los artificieros. Mientras ponían las cargas, no pude dejar de mirar a un niño, de unos tres años, abrazado a su madre. Algo me impulsó a moverle, y pude ver que aún respiraba; sólo uno de sus hombros había sido herido por la misma bala que a su madre, quien, tratando de protegerle, le había atravesado el cuerpo.

Taponando su herida con las dos manos, tras arrancarle un pedazo de su raída camisa, pedí a un compañero de auxilio gasas, desinfectante y que comunicase que había un superviviente, un niño. Hizo todo lo que le pedí Pero recuerdo la expresión de su cara cuando oyó lo qué le respondieron por radio. Como si yo no estuviera presente, como si él no quisiera estar en ese momento y así no ser él quién repitiese aquellas palabras, me dijo que el médico le había dicho que el niño no sobreviviría, así que no había supervivientes. Lo cierto fue que aquel capitán médico no vio al niño, por lo que no sabía que podíamos haberse salvado la vida. Simplemente, no querían testigos de nuestra carnicería.

Las bombas estallaron, formando una explosión que arrasó todo lo que cogió. Y yo, mientras corría con el niño en los brazos hacia el punto en el que nos recogió un helicóptero, llegué a la conclusión de que yo sí era testigo directo y que contaría al mundo entero todo lo ocurrido.

Creo que al pobre 'Joven', y a la infeliz mujer irakí, que por error asesiné, les hubiera gustado la decisión que tomé. Y también a aquel angelito de tres años, que finalmente murió en el helicóptero por falta de asistencia médica


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Re: MI BLOC, QUE NO BLOG

Mensaje  achl el Mar Ago 30, 2016 10:00 pm



Mis casi tres cuartos de siglo

Despierto como despiertan los viejos. Todas las mañanas, acostándome tarde o temprano, a la misma hora, aunque después siga en la cama un rato más. Es como si quisiera aprovechar cada segundo del tiempo que me queda.

En mi ciudad, el calor húmedo del verano es como un efusivo abrazo, como hacer el amor sobre una cama de plástico. Entrando por las ventanas el sol, tampoco ayuda. Pero es impensable poder dormir con las persianas cerradas. A todo esto, hay que sumarle una tremenda erección que casi duele. ¡Jo, me urge orinar!

Ubico el baño mentalmente, mis ojos aún no enfocan. Sin querer, hago un ruido de la hostia. ¡Pero qué se jodan mis vecinos, esos vecinos que, al loro, siempre critican todo! Yo ya estoy despierto y levantado, y a ellos les quedan por lo menos tres horas más durmiendo. ¡Pero, claro, después les lloran a la vida...!

Acaricio eufórico a mi cánido. Una catarata de imágenes cruza mi mente, como en un cinexin. Hacía mucho tiempo ya que no me acordaba de mis sueños. Sería que entonces dormiría mejor.

Mientras busco sentido y orden a las imágenes, acordándome de mi sueño de anoche, me cojo fuertemente mi miembro. Me gusta apretármelo cuando está duro. Le cuesta salir, pero al final largo una buena meada.

Recreo en un collage a una chica. Había varias, pero especialmente me acuerdo de ella, aunque no defino bien sus rasgos. Esa sensación de que conoces a alguien, pero no le pones cara. El escenario es un tanto extraño: un bar al estilo americano y, al fondo, un consultorio médico. Cruzar la puerta que separa el bar del consultorio es como cruzar un portal entre dimensiones.

El antro tiene un ambiente cargado, lúgubre y oscuro. Está hecho con maderas viejas y chirriantes. Terroríficamente acogedor. Pero el consultorio es lo antónimo: suelos limpios de colores grises o blancos, y mucha luz natural. A un lado de mi habitación, una camilla, y encima de ella, enrollado y sin arrugas, ese rollo de papel blanco y suave.

Y allí estoy yo, tumbado sobre la camilla boca abajo, apoyándome en los codos. Tapado con sábana hasta el pecho, ignoro si desnudo. Ella, que es mi enfermera, habla conmigo. Lleva bata blanca y pelo recogido. Trato de recordar de qué hablamos, pero no lo consigo. Eso sí, nos sonreímos y nos reímos. Hay química, buen rollo entre los dos. Es una mujer muy guapa, aunque ya madurita y, por la tensión con la que ciño mi cintura a la camilla, está como un queso

De pronto, se abre la puerta y aparecen otras mujeres, todas enfermeras. Parece que entran buscando a su compañera para ir a desayunar o algo por el estilo. Al ver y escuchar nuestras risas, cacarean como gallinas. Mi enfermera se apresura a cerrar la puerta, como avergonzada, como si nos hubieran pillado metiéndonos mano el uno al otro a tutiplén. Pero yo me la quiero tirar. A cada suspiro, mi pecho se llena de perversión e impaciencia, de saber que el ambiente huele a lo que debería estar pasando, pero aún no ha pasado nada de eso.

Y como si de una película se tratara, un súbito cambio de plano. Un camino de tierra e inmundicias en una barriada con muchas chabolas. Una valla de metal trenzado, rota y parcheada. Y al fondo, un polígono industrial.

De nuevo tendré que persuadir a mi enfermera para 'llevármela al huerto', y eso que esta vez escribo yo el guión. ¡Imbécil que es uno!

Camino hasta una chabola, no más grande ni bonita que un corral, hecha en chapa y uralita. Una ajada cortina de tela roja en la puerta de entrada. Cruzo el umbral. En el interior, la decoración es vulgar. Un enorme sofá de piel vuelta con una mugrienta funda de pana, y sobre él, mi enfermera y todas sus compañeras.

Ahora van vestidas de calle. Las saludo y me siento, como si fuera mi casa. Parece que han, o hemos, quedado allí para beber algo y para 'divertirnos un poco'. Con este cambio de secuencia me siento cómodo en ese lugar, rodeado de hembras que no conozco y que no quiero conocer, en un plan que yo no recuerdo haber hecho. Pero lo que en realidad quiero es estar a solas con mi enfermera.

De nuevo, un salto dimensional. Ahora estoy en el bar-consultorio. Bailo con ella. El lugar ha cambiado. Sigue siendo un antro, pero ahora tiene un olor cupido, con pista de baile y más color. No bailo bien, y debe ser por eso que cierro los ojos. Sólo recreo sensaciones, nada visual. Ese frenesí sonoro, esa saliva densa por el azúcar del ron-cola, ese buscar de labios eternos...

Me la llevo al consultorio, que, como attrezzo de teatro, ha cambiado en dos segundos de oscuridad. Un sucedáneo de sala. Veo a la gente bailar. Mi mente decora la escena con los mismos que podrían estar esperando en el consultorio o en el bar: hombres y mujeres de la tercera edad y enfermeras.

Mi mente insiste en las sensaciones, pero las que tengo me hacen dudar si de lo que estoy hablando es un sueño o es mi vida real.

Deseaba fervorosamente que esa noche la enfermera fuese mía, pero no era esa la sensación que percibía en ella. Dudas, las de siempre; un recorrido de cuarenta centímetros, del punto 'A' al punto 'B', de mi boca a la suya. Y nada. Rebusco el coraje, los motivos, un por qué...

Como casi siempre, me canso de esperar y esperar... Se encienden las luces. ¿O son quizá los primeros rayos del sol?

Me quedan ya pocos minutos para la recogida. Podría intentar dormirme, a ver si vuelvo a soñar con ella. Y en mi sueño, ahora sí, hacérmelo con ella a la primera oportunidad, sin pensarlo.

Pero en ese momento me doy cuenta de lo que me he estado perdiendo hasta ahora. Y la realidad es que me encuentro solo en el cuarto de baño, con una erección monumental, sabiendo de antemano que se bajará después de la meada.

Y ahora, en mi triste cama, no hay nadie más que yo; y en mis sueños, no le pongo cara


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Re: MI BLOC, QUE NO BLOG

Mensaje  achl el Miér Ago 31, 2016 8:37 pm





Tu boca a mi imaginación vuelve loca


Tu boca me enamora, delicada,
tu boca realmente deliciosa,
siempre me sabe sabrosa,
y a veces preocupada.

Tu boca que me besa de pasada,
tu boca que me lame y no reposa,
desnudando mi lengua deseosa
y mis labios en forma descarada.

Si me besas despacio, sin premura,
si me besas ahora demasiado,
tendré que cogerte por la cintura
y ocurrirá lo por los dos deseado.

Y con los besos más enamorados,
encendidas tu boca y comisura
gozan de los labios que han probado,
con mucho amor y más ternura.



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Re: MI BLOC, QUE NO BLOG

Mensaje  achl el Miér Ago 31, 2016 8:43 pm



Tus labios

Son los únicos magos, capaces de deshacer 
este álgido hechizo, eterna maldición,
inconsciente elíxir de descontrol

Cada luna, mis labios gritan al cielo 
encontrarse de nuevo con los tuyos,
tan ardientes como lava de volcán,
y tan tiernos como la brisa matinal
de gélida y sosegada mañana,
de excelso invierno, trovador de celestas
y viridias melodías emergentes de alta lira...



achl

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Re: MI BLOC, QUE NO BLOG

Mensaje  achl el Miér Ago 31, 2016 8:52 pm





Urgencia de ti

No es que me canse de conversar contigo,
es que ya me repito mucho en lo que te digo.
No queremos sólo mensajes, no te veo, no me ves.
¿Qué es lo que hacemos viviendo la vida al revés?
Sé que no eres mía, ni yo soy tuyo, pero mi suerte
únicamente depende de querer satisfacerte

Sé que siempre estás ahí, sé que no me mientes,
pero no me conformo con soñar contigo sin verte. 
Espero que un día a mi lado feliz pueda hacerte,
y que mis sueños no se conviertan en pesadilla,
porque maldita pesadilla es ya no tenerte



achl

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Re: MI BLOC, QUE NO BLOG

Mensaje  achl el Miér Ago 31, 2016 9:09 pm



Con el deseo de que seas mía


Cómo olvidar aquélla vez primera
en que bajé hasta el epicentro de tu cuerpo,
con la misma ansiedad del terco,
mientras tu mano jugaba con mi cabellera
y me enviaba locura y deseo despierto.

Y cuando te bebí entera pausadamente,
sintiendo para siempre aquel sabor que lamía,
¡ay mi emperadora, mi mujer valiente
mi ardiente y cálida, pero principalmente mía!

Como no revolcar mis pensamientos
sobre aquéllas sabanas celestiales,
blancas y bellas y de olor a tus sales
y en mí, fiebre sexual en mis adentros. 

Pusiste tu mano en mi esencia,
mientras yo contigo no alimentaba 
mi calendario de experiencias, 
porque ya te quería y te necesitaba
de una forma que no necesita evidencia.

No sabes cuánto anhelo siempre
aquel rocío de hembra noble
con el que inundaste mi alma,
con el que me enviabas orgullo,
para enmarcarme como tuyo,
para marcarme como hombre.

Haremos nuevos juegos sexuales
con los que en este momento sueño.
En mis dulces sueños a raudales
eres mi más soñado empeño,
ahora y por siempre y en mis cabales.



achl

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Re: MI BLOC, QUE NO BLOG

Mensaje  achl el Miér Ago 31, 2016 9:23 pm




Dudas por quedarte
Dudas por venirte


¿Por qué?


¿Por qué ese pugilato permanente en tu interior?
¿Por qué tienes que renunciar a irte con quien quieres?


¿Y por qué no?


¿Y por qué no huyes de todas tus ataduras y me das sin miedo la mano?
¿Y por qué no dejas tu localidad y vuelas conmigo?
¿Y por qué no vives a gusto en un rincón que sea de tu agrado?
¿Y por qué  no te vas de un lugar, visto por ti misma descolorido?


¿Miedo a qué?


Miedo yo: de buscarte y no encontrarte, de no saber si volveré a verte, de que puedan zaherirte algunas opiniones familiares o alguna decisión personal tuya, de que no me vuelva a derretir con esa tu sonrisa porque no la vea nunca más.

¿Pánico?

Pánico el mio: de que tus pasos sigan un camino que no sea el mío, de que tus labios dejen de nombrarme, aunque sólo sea para decirme que no te apetece hablar.

Y en ese intento desesperado de buscarte en la lejanía, me doy cuenta de que sólo puedo hablar conmigo mismo, porque no te tengo en mis manos, en mis brazos, en mis labios, en cualquier parte de mi cuerpo... Eres mis sueños, mis días, mis noches, mis ganas de comerme el mundo, pero contigo a mi lado. Porque el mundo sabe que nos tiene, sabe que puede hacer con nosotros lo que quiera; pero yo, mientras te pienso, el mundo no existe.

¿Mi tortura?

Bendita tortura que se apodera de mi mente. Bendita tortura que me persigue y se multiplica con sólo recordarte, pues me arrastra a un sin fin de sentimientos y sensaciones, y me atormenta con los recuerdos de tu piel. Bendita memoria y bendita cordura que cuando consigo salir del éxtasis de tus recuerdos, me susurra que eres real, que existes, que sientes, que padeces, que me quieres, que TQ...

Y en esta espiral de circunnavegación, acabo por encontrarte. Me miras fijamente, casi  desafiante, y veo cómo tus dudas se van apoderando de tus sueños. Y a medida que me voy acercando a ti, te revelas contigo misma, te ensañas contigo misma, y, sin fuerzas ya, me preguntas: '¿por qué?' Y yo te respondo:


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Re: MI BLOC, QUE NO BLOG

Mensaje  achl el Miér Ago 31, 2016 9:36 pm




Enamorada pero realista

El amor y el odio mueven los engranajes del mundo

Hay varias formas de amor: maternal, fraternal, sexual, a sí mismo y el amor a Dios. Amar no es bidireccional, sino que proyectamos ese sentimiento hacia alguien o algo, por lo que ese amor puede o no ser correspondido.
______________________
__________________________________________________________

Mis palabras lejanas se volcaban sobre una fotografía, empapada de lágrimas, en cuya nuestro casual encuentro quedaba grabado a fuego en mi alma. Ojalá esa perla del tiempo se materialice, que entonces será cuando mi retina halle la tuya y tu voz acaricie mis sentidos.

Desde el primer momento sabía que tenías que ser para mí. Pero en la vida hay misiones imposibles aunque buscaba por todos los medios tu cercanía o que el destino me otorgase otro mágico momento. Pero algo se interponía entre los dos. Creo que no percibiste mis miradas, ni mi afán de llegar a ti.

Esos dardos emponzoñados de amor, con los cuales Cupido sangró mi corazón, no llegaban al tuyo, resbalando en una invisible coraza que se interponía.

Luego de aquel verano, la añoranza acompañaba mis días, sin el calor de tu cuerpo, sin que tocase la humedad de tus labios, sin que te los besase, y tu añorada presencia acompañaba mis noches.

Pero me convencía a mí misma, a pesar de mi dolor, de que no podía cuajar nada, siendo que pertenecías a otra mujer.

Entendidos en la materia aconsejan no poner la mano en las heridas incurables, ya que no es necesario pulverizar el ídolo, simplemente no adorarlo; y él, al faltarle la base que lo mantenía en pie, por su propio peso se desplomaría convirtiéndose en polvo.

¿Será verdad eso de que el amor no correspondido es la única clase de amor que permanece?


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Re: MI BLOC, QUE NO BLOG

Mensaje  achl el Miér Ago 31, 2016 9:47 pm



center]La lluvia y las sombras[/center]

Cuando la lluvia esté soplando en tu cara y el mundo esté pendiente de ti, te ofrezco un cálido abrazo para hacerte sentir.

Cuando las sombras de la noche y las estrellas aparezcan y no haya nadie allí para secar tus lágrimas, te podría abrazar durante un millón de años para hacerte sentir.

Sé que todavía tú no te has hecho a la idea, pero yo nunca te haría daño por amor, y esto lo sé desde el mismo momento en que te conocí




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Re: MI BLOC, QUE NO BLOG

Mensaje  achl el Miér Ago 31, 2016 10:26 pm



center]Tú has dejado de quererme...

...o nunca me has querido. Únicamente querías de mí mi dinero, mi solvencia y la protección que hasta ahora te vengo dispensando[/center]


Pero hoy me gustaría que hubiera un algo de sorpresa, una sutil novedad en el aire quieto de este cuarto. Pero tú no puedes evitar ser tú misma. Te gusta pisar fuerte, con autoridad. Tu llave siempre encaja en todas las cerraduras, como si tuviese ese don de la infalibilidad.

Sigo leyendo mi libro mientras airada caminas sobre el suelo de este cuarto grande. Me maldices porque crees que aún no te compré ese Rolex de oro, tan ansiado por ti. Tu presencia define la avaricia. Escapas a toda lógica.

Me fastidia que, con malos modos, empujes hacia el suelo la pierna que mantengo cruzada sobre la otra y que sirve para sostener el libro que leo y releo desde años. Podrías ser un poco más amable. Pero como sé cómo sigue esta historia, paso ya de reprochártelo. Te miro cuando tus dedos, 'obligados por tu alta minuta', abren la cremallera de mi bragueta y se introducen más adentro, explorando mis secretos. Y ahora me pregunto si alguna vez te he gustado. Suspiras falsamente, enciendes un cigarrillo y continúas con tu comedia, como si lo que tienes entre tus indiferentes dedos no tuviera nada que ver con mi anatomía.

El aroma del cigarrillo invade la estancia mientras aposentas tu hermoso culo en la cama, después de retirar el cenicero, atiborrado de colillas. Es excitante ver cómo tu respiración se acelera, aunque teatralmente, al tiempo que 'esa' que toqueteas aumenta de volumen. Debo reconocer que al menos tienes la delicadeza de sacarla antes que estallen mis calzoncillos. Me gustaría saber el por qué la miras con esa asqueada mirada mientras tus dedos desplazan con rudeza la piel caliente.

Abandono el libro sobre el suelo, descuidadamente. No me preocupa saber por dónde he dejado la lectura. Creo que podría recitar capítulos enteros. Pero eso me da lo mismo. Ahora lo que me importa es recostarme y separar las piernas para contemplar el espectáculo de tu boca trabajándose ese bulto que verterá pronto una parte de mi alma: grumos que empezarán a descender desde lo más alto de mi cumbre, buscando un lugar cálido.

Jamás dejará de asombrarme el contraste entre tu naturaleza burda e incontenida y el brillo de tu piel blanca, casi transparente; el aparente absurdo que existe entre tu vocación indecente y el color delicado de la gema que adorabas.

No sé qué haces aquí, ni quién te trajo. Espero el día que sea capaz de negarme a coger lo que me ofrece tu cuerpo, cuando, al fin, te quitas tus elegantes indumentarias y tu abrigo de pieles y exhibes una completa desnudez en el cuarto frío, y no porque no haya calefacción.

Me resulta Imposible olvidar aquellos escalofríos que me recorrían cuando te inclinabas y besabas mi pecho. Pero ahora no es a mí a quien se lo haces, aunque tus ojos pretendan ofuscarme. Sólo piensas en algún otro gilipollas como yo. Ahora calculas el tiempo; más tiempo, más dinero. Por eso desaceleras tu lengua con un movimiento estudiado y con la avaricia de conseguir de mí más euros.

Espero ansiosamente el día en que pueda negarme, pero no será hoy. Conozco bien ese segundo que me invadía la mujer que conocí cuando el surco de su geografía se apoderaba de mí. Entonces, se establecía un placentero ritmo entre mis estímulos y sus reacciones, una corriente de retroalimentación en donde todo tendía al infinito, Cada gemido, anunciaba otro más hondo, mientras su boca lamía con desenfrenada pasión, pero con el sosiego de quien no imaginaba que estaba cerca un calamitoso final. Entonces no habían silencios desgarradores; habían amor y deseo.

Me gustaba el tono urgente con que entonces me ordenabas: ¡hazme el amor! No se te podía contrariar, y tampoco quería. Adoraba obtener una corriente de sollozos cautivos, como única muestra de debilidad que podía lograr de ti. Estabas siempre tan mojada, que parecías una prolífica fuente, y yo sabía lo que había qué hacer, pero no lo hacía hasta que no lo leía en la expresión de tu cara.

La rotundidad de tu respuesta se asociaban con las suaves y continuas caricias que mis manos aplicaban a tus ingles, como queriendo alargar el placer. Tu sabiduría en este campo no tenía límites. Trasladabas tu ansiedad de lugar, como anticipando tu siguiente y conocida orden y pensando cuánto campo se podría regar. Pero ahora con ningún intento doy en la diana. Claro, esto no es algo que deba hacerse urgente. Es mejor que corra el tiempo y el dinero y así sentir segundos como siglos mientras mi dedo penetra lúbrico en tu oscura depresión, no prestando tú ninguna atención al estertor que ruge en mi pecho.

No voy a decir que todavía no te quiera, sólo que en estos momentos no me acuerdo. Es como una borrachera de todos los sentidos, como si mi cuerpo fuese un mar de locura, un pozo del deseo donde no cabe el pensamiento.

No sabría decir quién eres o quien soy cuando apoyas tus manos en mi cuerpo y empalan sobre todo yo. Controlas tus vaivenes, pero mientras yo me bebo el sudor de tu cuerpo, loco por la ansia de recibirte plenamente. Cada embate mío, amenaza con hacerme arder en las calderas de Pedro Botero, pero es tan sufrible este calor de infierno... esas libres gotas de sal corriendo por tu cuello mojado... esos olores a hembra rebelde... esta puta locura mía...

El sol va ya más alto cuando me entierro definitivamente en tus entrañas. Corre el sudor entre mi pecho como fina lluvia cuando suspiro con una contención apenas lograda, y un chorro de líquido avanza incontenible dejando su huella sobre las sábanas.

Podría decirse que nos amamos mientras descansan nuestros cuerpos exhaustos. Pero nada más lejos de la realidad. Te vas hacia el cuarto de baño y creo ver un espejismo. ¿De quién es ese esbelto cuerpo que se aleja y me abandona? ¿De quién ese aroma que quedará dando vueltas por mi casa? ¿Qué haces aquí, tú que ya no te conozco? Tú has dejado de quererme, o nunca me has querido....

Antes de marcharte me ordenas más dinero, siempre sin mirarme. Pero ya te dejé un fajo de billetes pulcramente doblados sobre la mesita de la entrada, junto a un Rolex de oro.

Se pueden oír pasos decididos sobre un parqué derrotado. Una puerta se cierra de un fuerte portazo. Ni siquiera se ha molestado en cerrarme la bragueta y en darme un beso, aunque en la mejilla.

Recupero el libro del suelo y, pensativo y un poco triste, comienzo a leer de nuevo por cualquier página. Irónicamente, aparece esta lectura...


Los hombres se rigen por las curvas del placer.  Las mujeres se rigen por las líneas del interés



achl

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Re: MI BLOC, QUE NO BLOG

Mensaje  achl el Vie Sep 02, 2016 8:41 pm





Terror y muertes en cadena
en aquel inhóspito bosque

El frío empezaba a asolar el bosque. El sol se ocultaba, a la vez que teñía de rojo sangre las nubes. Parecía que el cielo se hubiese incendiado con el fuego del infierno. El silencio advertía y el frío iba a más por momento. La noche caía, y la ropa, pegajosa por sudor, sangre y vómito, empezaba a emitir un olor agrio e insoportable.

Aquel joven seguía tan perdido como antes. Deambulando sin fuerza por el bosque, sin rumbo ni dirección, sin saber cómo llegó hasta allí, perdido en la nada y con un loco asesino suelto que le buscaba y que, con entera probabilidad, se conociera todos aquellos parajes mucho mejor que él. Y aquel cuerpo muerto en el coche, una horrible imagen que no se le iba a borrar de la cabeza en la vida. Increíble podría ser que la carne humana no se distinguiese de esas otras carnes que se compran en carnicerías, en supermercados.

Si después de aquella horrible visión sobrevivía a todo aquello, se haría vegetariano. Sólo con recordarlo le hacía sentir náuseas. La violencia de las mutilaciones, la carne desperdigada, la desfiguración total de rostros y los trozos que faltaban, Dios sabrá qué hicieron con ellos. Empezaron los llantos al recordarlo.

A lo lejos escuchó el ruido de un motor de vehículo. ¿Sería el asesino que cogido el coche y tirado el cuerpo? Ese vehículo, a gran velocidad, se iba acercando. Por un momento no sabía qué hacer, si pararlo y pedir ayuda o huir. Sin detenerse en las dudas, decidió esconderse. Finalmente, aquel vehículo hizo su aparición al final del camino donde él se encontraba, y se aproximaba velozmente, derrapando al tomar varias curvas sobre las gravas y las arenas del camino.

Estando ya el vehículo a unos doscientos metros de la posición del joven, vio que no era el mismo que el que había visto con anterioridad. Además este provenía de una dirección contraria de la que había dejado el otro.

Inquieto y tambaleante, salió de su escondite y levantó los brazos, con la idea de llamar su atención. Sus piernas flaqueaban y se movía perdiendo el equilibrio, como borracho. De pronto, los faros del vehículo iluminaron sus temblorosas piernas y su ropa mugrienta de sangre y vómito.

Se puso en mitad del camino, pero el vehículo no aminoró la marcha; de hecho, aceleró. Trató de esquivarlo saltando a un lado, pero ya era tarde y fue lanzado por encima del capó. Con gran crujido, cayó sobre la tierra y, quedando oscuro y terriblemente dolorido, aulló hasta casi romperse las cuerdas vocales.

La angustia era indescriptible. Sus piernas le ardían. Un dolor punzante le subía por la columna. Al retorcerse de dolor, éste se intensificó. A pesar del frío, empezó a sudar, tanteando en la oscuridad sus piernas. Se clavó algo en los dedos, a la vez que el dolor le dio otra punzada. Iba a vomitar de nuevo y a desmayarse, pero trató de reponerse El sudor le empapaba. El fémur de la pierna, partido en dos, había pinchado el dedo y sólo unida por la fina piel. Al partirse el fémur se abrió paso entre los músculos y los tejidos con su filo hasta salir por la piel.

Quien conducía el vehículo era una mujer, cuya se hallaba en estado de histeria. Lloraba desconsolada mientras sujetaba el volante y pisaba el acelerador. Reía entre sus lágrimas, pero sus risas se transformaban en gritos de angustia y terror. Una niña, que iba en los asientos de atrás, se despertó asustada.

____¿Qué ha sido ese ruido, mami?
____Nada, cariño -trató de disimular.
____Vuelve a dormirte, cariño -añadió.
____¿Qué te pasa, mami?
____Nada, hijita. Todo está bien, todo está bien...
____No, no está bien. A ti te pasa algo, mami.
____¡No me pasa nada!
____¿Por qué entonces estás llorando, mami?
____¡No es nada, mi vida!
____¿Es quizás por mí?
____¡Por favor, cállate ya y duérmete!

Pero como percibió que la niña no quedó conforme con sus explicaciones, se giró y, muy alterada, le dijo a la pequeña.

____¡Deja a mami conducir!

En ese momento se oyó un estruendo y el vehículo se detuvo en seco. La mujer pegó un tirón a su cinturón de seguridad, y la niña... bueno, estaba tumbada sin cinturón en el asiento trasero y acababa de incorporarse al ser despertada en el instante que su madre atropelló a aquel joven. Voló milésimas de segundo entre los asientos de la parte delantera. Cuando la mujer separó la cabeza del airbag, vio a su hija, inerte e incrustada en la luna del coche.

Aterrorizada y angustiada, preguntó con un hilito de voz...

____¿Susanita? ¿Susanita?

La niña movió débilmente su brazo y sus dedos, sin contestar. Su madre no estaba segura de si la había oído, o era un acto reflejo de los últimos impulsos nerviosos del cerebro que terminaba de estamparse contra el cristal del coche. El suave pelo rubio de la niña se tornaba ahora caoba. La sangre manaba bajo su cuerpo retorcido, con la cabeza arqueada y la espalda quebrada.

No, no la había oído, y mejor así. Porque ya no quedaba consciencia ni vida en aquel pequeño cuerpo.

La madre empezó a reírse a carcajada, completamente enloquecida. ¿A cuántas personas había matado en cuestión de minutos?

Desde que se desvió de la autopista, muchas vidas por delante se había llevado. Algunas de ellas en defensa propia ¿pero y su pobre hijita de tan sólo cuatro añitos?

Se bajó del coche en medio de la oscuridad y vio que había chocado con un coche en cuyo interior había el cadáver ensangrentado de un hombre. Lloraba y reía, y gritaba histérica perdida mientras miraba entre el humo del hundido capó el cuerpo de la pequeña, inmóvil sobre el salpicadero, y la sangre y la sustancia gris goteando.

El humo salía y salía. El depósito de combustible se había destrozado. Un reguero corría por la arena bajo el coche. La mujer lo vio y, riendo con el rímel corriendo por las mejillas, cogió su bolso del suelo del asiento del copiloto. Al hacerlo, movió el cuerpo de la niña, cuya cayó hacia atrás al resbalar y dejando un rastro de sangre y sesos que brillaban relucientes bajo la luz del interior del coche.

Seguía riendo y llorando mientras, temblando, encendía un cigarrillo en el asiento del conductor y le daba varias caladas seguidas. Luego bajó la mano izquierda con el cigarrillo en la misma y lo soltó, cayendo justo en el reguero de combustible. Y... ¡horror! No hace falta meterse en detalles de lo que pasó poco después.

El joven agonizante había perdido el conocimiento, cuando le sobresaltó una llamarada inmensa y un rugido que resonó estruendosamente por todo el bosque.

Una bola de fuego se alzó en el aire por encima de los árboles y un humo negro y tóxico empezó a formar una columna hacia las estrellas cuando el fuego disminuyó. Había sido una enorme explosión.

Aquella oleada de muerte irracional no cesaba, y el joven iba a terminar muerto también si no conseguía ayuda médica pronto. El frío era intenso y empeoraba el dolor de las heridas. La sangre estaba caliente. Había un gusto enfermizo en tocar la sangre que al menos le hacía más soportable la helada. Le castañeaban los dientes y le dolían mucho las piernas. Con cada tiritón, se movía la herida y el dolor volvía más intenso y punzante, produciéndole un estremecimiento que originaba más dolor.

Lo mejor era aguantar el dolor y mantenerse lo más quieto posible. Pero aquello era una tortura. Era imposible permanecer quieto. Era imposible ignorar las heridas. Era imposible calmarse... Creía que iba a desfallecer de un momento a otro. También sentía el calor en los muslos y la cintura, pero el líquido y el sólido que le proporcionaban ese calor no era sangre, eran orín y excremento, que no había podido evitar que se les escapase. Al menos, aunque repugnantes, les daban algo de calor.

Las estrellas brillaban poco en la negra noche. Sólo la luna iluminaba con su luz plateada todos los alrededores, y la blancura del terreno se llenaba de miles y miles de puntitos brillantes de hielo y escarcha. Y como hielo, el líquido del que estaba bañado el joven, también se empezó a congelar en su cuerpo.


Sin ninguna posibilidad de salvación por falta de auxilio y después de ayuda médica, poco a poco su vida se iba apagando, consciente hasta el final



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Re: MI BLOC, QUE NO BLOG

Mensaje  achl el Vie Sep 02, 2016 9:05 pm



Necesito hablar contigo

____Necesito hablar contigo.
____¿Ah, sí? ¿Y de qué?
____De ti.
____¿Y qué me vas a contar de mí que yo no sepa?
____Que eres una chica especial.
____¡Vaya, hombre, muy amable! ¿Y cómo te has dado cuenta?
____Porque te llevo observando desde hace mucho tiempo.
____¿Nos conocemos?
____Yo te conozco desde siempre. Como sonríes, los gestos con que acompañas tus palabras, las expresiones que se leen en tus ojos, el ritmo de tus movimientos... y todo lo que he visto en ti es como en mis sueños.
____¿Entonces soy la mujer de tus sueños?
____Lo eres.
____Jajajajajajaja. ¡A saber a cuántas le habrás dicho eso mismo!
____No es algo que se vaya diciendo por ahí. Sabes que eres especial, lo que no sabes es que yo haya sabido adivinarlo.
____¡Pero, si ni siquiera me conoces...!
____En mis sueños te descubro todas las noches. Me dedico a aprenderte: cada línea de tu cuerpo, las marcas de tu piel, las posturas de tus senos, la tentación de tu espalda, la redondez de tu trasero, el torneado de tus muslos…
____¿No me estarás confundiendo con otra?
____Nunca te confundiría. Te he hecho el amor mil veces y de mil maneras distintas. Conozco tu modo de gemir y de pedirme más. Sé exactamente cuándo llegas a climax y lo que debo hacer para que lo consigas más veces...
____Si hemos intimado tanto, al menos debería saber tu nombre, ¿no?
____Si te digo mi nombre me robarías el alma. ¿Estarías dispuesta a asumir esa carga de por vida?
____Bueno..., igual si me gustas lo suficiente…
____Te lo diré al oído y cuando me hagas feliz, pronúncialo. Pero si vas a romperme el corazón, por favor, no te lleves también mi alma.
____¿Y cómo puedo hacerte feliz?
____Dejando que rodee así tu cintura y pose mis manos en la curva de tu espalda. Deseando que me acerque tanto a ti que mis palabras resbalen por tu cuello y bajen por tu escote para hacerles cosquillas a tus senos...
____Ese hacerte feliz me está gustando. ¡No te separes, sigue!
____Moviendo tu cabeza de placer apenas la punta de mi lengua dibuje el borde de tu boca y tus dientes tintineen con los míos. Acelerando mis manos cuando mi cuerpo se pegue al tuyo, tanto que mis secretos dejen de serlos, y notemos nuestros corazones latiendo a la vez…
____¡Ahhhh…!
____¡Así, así! gimiendo de aprobación al sentir mi calor. Ofreciendo tu cuerpo a mi mano, deslizándose bajo tus intimidades, mientras la otra mano posea tu trasero y mi boca se pose en la tuya, besándonos... devorándonos...

____¡Eh, chicos, perdonad que os interrumpa! ¡Nos vamos ya! ¡¿Tú qué vas a hacer, Manuela, te quedas o te vienes?!
____¡Dios, no sé qué hacer...!
____Tú decides, mi chica especial
____¿Y si me quedo qué haríamos?
____Te llevaría a mi casa e intentaría enamorarte.
____¡Estás loco!
____¡Quédate!
____¡Sí… me quedo!


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Re: MI BLOC, QUE NO BLOG

Mensaje  achl el Vie Sep 02, 2016 9:21 pm




Monólogo de una mujer sobre el porno

No me gusta escribir sobre porno, me gusta ver porno. Admito que no veo el punto de escribir sobre ello; bueno, no es que no lo vea, es que no se me ocurre el enfoque que podía darle. Para mí no ha sido tema que requiera mayor atención en mi vida o en el que repare para tratar de reflexionar.

Soy mujer y me gusta el porno. Supongo que esto es algo que puede llamar la atención, aunque no veo el por qué. Desde hace tiempo las mujeres han sido absolutamente responsables de sus gustos sexuales y el porno, para mí, es el más simple de todos, porque ¿qué es lo que se necesita para hacer porno? Simple: dos personas enfrascadas en hacer el amor frente a una cámara.

Creo que el porno puede ser una herramienta para la auto exploración de las personas, no sólo para masturbarse, sino para conocer estilos, formas, lugares y sonidos que puedan dar más placer. Origina algo de curiosidad y expectativa y se debe tener cuidado con ello. Pornostars hay que simulan bien los orgasmos (aunque en el porno convencional no se repare en el orgasmo femenino) en situaciones que no pueden ser placenteras para toda mujer, teniendo en cuenta eso y una pareja sexual lo mismo de curiosa, se pueden fabricar divertidos y gustosos momentos.

Para mí, el porno debe tener audio, y soy más fan del casero que del profesional, aunque hay Pornográficas que les gustan producir porno menos pegajoso y más sensual. Pero soy mujer y no haría honor a mi sexo si de vez en cuando no se me antojase 'un algo especial': cera caliente, caricias con mucha fantasía… o lo que quiera que sea.

No me va ver porno con mi pareja. Cuando en la televisión ponemos algún canal con este contenido, es porque nosotros ya hemos empezado antes con nuestra actividad. Imagino que el día que nos dedicásemos a verlo sería acompañado de palomitas y refrescos y toda esa actitud para burlarnos, admirarnos, asquearnos... Lo que sí hacemos es hablar sobre nuestros hallazgos: vídeos, fotos, posturas… Dialogamos de lo que se nos antoja en cada momento y que son detalles que después tenemos presentes a la hora de hacerlos nosotros.

Pero entre mujeres, con ninguna de mis amigas he hablado de porno. Nunca. Sé y me consta que todas lo hemos visto, pero ni siquiera sé qué tanto lo frecuentan. Sólo con una amiga, con la que no he tenido contacto físico, porque vive en otra ciudad, he hablado de este tema, y creo que es por eso que las mujeres guardamos un cierto decoro en cuanto a algunos puntos de nuestra intimidad. Con esta amiga nunca intercambiaría vídeos favoritos, y supongo que porque demostrarle a cualquiera lo que te excita es información gratuita, y aunque el porno sea la cosa más simple del mundo, como un fontanero desatascando una cañería, o un mecánico reparando un motor, o un electricista arreglando una avería de luz, te deja demasiado vulnerable y te roba un poco de ti.


¡Bah, pamplinas! ¿Por qué y para qué hablar de porno? Mejor verlo, y todavía mejor, hacerlo


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Re: MI BLOC, QUE NO BLOG

Mensaje  achl el Vie Sep 02, 2016 10:06 pm




Mujer para la eternidad


Luchaba por no recordarla, luchaba por no traerla a su memoria, pero se obstinaba en visualizar su ramera cara, su puta imagen y hasta su indecente ropa, siempre tan corta. Pero todo escapaba a su memoria. Estaba desesperado, aunque satisfecho por la ausencia de su esposa. En sus infelices sueños aparecían imágenes de la mujer que quería que fuera, que dictaba mucho de lo que realmente era.

Se echó sobre la cama, se cubrió la cabeza con la almohada y procuró desinhibirse. No lo lograba. Le apretaba una presión en su miembro viril, que cada vez se endurecía más contra el colchón, dándole, además de su desconcierto, alivios puntuales. En su mente sólo había una figura de una mujer incompleta, no porque le faltase algo para ser mujer, sino porque no sabía que fuese la indicada. Estaba atormentándose, pero su miembro seguía impertérrito...

Dejando de martirizarse, se levantó y se fue al salón, cogió unos folios y un lápiz. Se le daba bastante  bien el dibujo, sobre todo de mujeres. Pero todo lo que dibujaba ese día le parecía una pura mierda. Rompió los folios y los tiró al cubo de la basura.

Decidió fumar yerba marihuana y dejarse llevar por las impredecibles sendas del delirio. Y funcionó. Inconexas ideas se ligaban a su merced y eso hacía sentirle poderoso. La presión en la bragueta había cedido. Reía ante ocurrencias ridículas.

Se cansó de olvidar y optó por no recordar más. Dilapidó todo intento de rogar de nuevo. Se fue a dormir bajo el efecto del porro, todavía en su cabeza y en su cuerpo. Y en su miembro.

Al otro día se despertó iluminado. Se levantó y se fue al barrio chino de su ciudad a visitar tiendas de ropa de 'mujer fatal', para reconocer la ropa que su esposa vestía. Rememorar podría ser arduo; identificar no lo era tanto.

Le resultaba embarazoso comprar ropa de mujer, sobre todo cuando le tocó el turno a la ropa interior. Salvó ese escollo, y volvió a su casa con dos bolsas. Pero se dio cuenta de que faltaba algo: un cuerpo. De nuevo se encaminó al barrio chino, a algunas de esas tiendas que venden juguetes para practicar sexo. Le ofrecieron una muñeca asiática hinchable, con cara de ramera, por 150 euros. La compró y se la llevó a su casa.

Ya en casa, vistió a la muñeca: blusa blanca, bufanda azul, sudadera roja, ropa interior con tiras de colores (su preferida, la preferida de él, claro) y suecos con plataforma de madera y cuero negro.

La tenía frente a sus ojos, vestida e inerte, pero faltaba algo más: el maquillaje. ¿Cómo pudo ser tan tonto y olvidar el maquillaje? Salió de nuevo y fue a una perfumería que había cerca de su casa. Compró un carmín rojo intenso, como el que  su esposa usaba. Pero no sabía cómo pedir que le vendiesen esa cosa que se ponen las mujeres en los ojos. Pero, con gestos, lo consiguió.

Regresó de nuevo a su casa, maquilló a su muñeca y puso una música de cabaré. La besó en la boca y en los senos. La desvistió de la ropa que traía y la vistió con la nueva comprada. La insultó, le recriminó cosas, y la escupió mil veces, y esa saliva en la cara de goma, la recogió y la repartió entre la boca, la vagina y el trasero de plástico.

Después, la amordazó con una bufanda suya. Volvió a quitarle la ropa de calle y la dejó en tangas y sujetados. Acto seguido, la penetró, a la vez que besaba una boca inerte y guarreada de saliva. Le decía, enojado, que la amaba y que la odiaba con todas sus fuerzas, que estaba decidido y a la vez arrepentido de hacer el amor con ella, pero que desde ese momento no la iba a dejar nunca.

Pasada poco más de una hora, le hizo el amor dos veces más, soltando su semen sobre la boca de goma. Pero de pronto, se quejó de un punzante dolor en el miembro. Le dolía, pero cogió en brazos a su muñeca hasta llevarla al dormitorio. Ya allí, la besó infinidad de veces por todos los lados de su cuerpo y, cuando ya se vio agotado por completo, ingirió Bupropón (veneno) y media botella de whisky puro...

Y se quedó dormido, junto a su 'mujer', en un sueño eterno



achl

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Re: MI BLOC, QUE NO BLOG

Mensaje  achl el Dom Sep 11, 2016 8:01 pm



Forzado a emigrar

Desde la España del dictador, en la que adultos y jóvenes, de ambos sesos, forzosamente tuvieron que emigrar para sobrevivir, para buscarse la vida, no se había vuelto a ver tanta emigración como la que se está produciendo en la España de hoy en día

Esta es la historia de un muchacho pescador de la era franquista


Se vio empujado a irse. Como muchos otros, hacía tiempo que sabía que llegaría el día en que perdería de vista, por lo menos durante un montón de años, aquellos paisajes; que llegaría el momento en que pasease por aquella playa y por aquel puerto, sintiendo que podía ser la última vez.

Comenzó a aferrarse a los recuerdos antes de perderlos, a grabar en su mente cada olor, cada objeto... Caminaba despacio entre las estrechas calles, rozando las piedras de las casas con las yemas de los dedos. Se embadurnaba las piernas de arena y se lavaba sus mejillas con el agua clara del mar. No quería perderse nada. Percibía en las miradas de sus vecinos el calor del hasta siempre y la camaradería, que solamente los que llevan viviendo esto desde hace muchas generaciones son capaces de sentir y transmitir.

Hacía meses que el pueblo había ido cerrando poco a poco. Primero fue la fábrica de sal la que bajó sus verjas, llenando de oscuridad los puestos de trabajo de unas pocas decenas de obreros. Luego la pesca dejó de ser rentable y cesaron los arreglos de redes viejas. Habían dejados escapar tantas cosas que cuando se dieron cuenta se les había escurrido el futuro entre las manos.

Y comenzaron los funerales en vida, las familias rotas, las mentiras de los políticos, los orfanatos, los llantos de una sociedad, callados y secos, que vivían sus únicas esperanzas disueltas en el humo de los barcos de vapor que cruzaban el océano y que comenzaban a diseminar sus semillas por medio mundo.

Él se resistió, aferrado al olor a pan casero, a emparedadas, a remiendos en las redes y en las nasas y al zumo de limoneros, hasta que el destino le dejó un claro recado en forma de nudo en el estómago y sabañones en el corazón.

Aparecieron goteras en el tejado de su casa que acababan por inundarlo todo, y el hambre no entendía de proyectos ni de tiempos mejores. Así que un día, después de tantos otros sentado frente al mar viendo cómo las olas se llevaban la vida, se subió a un carromato y se encontró en un puerto que, por cercano, le parecía casi extranjero, preguntando el precio de un pasaje hacia la ilusión.

Al volver a su casa, esperó hasta después de que acabase la pobre cena para informar a su familia su decisión. No hubo escenas, no hubo gritos, ni gestos acelerados. Sólo el tic-tac de un viejo reloj de cuerda del pasillo distorsionaba el silencio.

Su madre dejó caer lágrimas como ríos, Se levantó y sacó de un mueble viejo una maleta grande de cartón, que puso sobre la mesa del comedor. Se secó como pudo las lágrimas en las mangas de su ajado chaleco, se lo quitó y la introdujo en la maleta.

Supongo que ese terrible miedo al olvido es el mayor de los temores que puede sufrir una madre.

Sólo faltaban tres días. No, no hubiera podido estar más tiempo con esa sensación. Se sorprendía al emocionarse, al ver un cuadro que nunca le había gustado o al sentarse en un banco de la iglesia.

Sabía que ya nadie miraba igual a los suyos. El tendero metía una patata más en el saco, y el lechero llenaba hasta rebosar botellas, compartiendo el duelo. Nunca tuvo muchas cosas, pero cuando las metió en la maleta, su cuarto le pareció un descampado.

El día antes de partir, su padre le despertó temprano. No había dicho ni una palabra desde la noticia, puede que avergonzado por no haberse ido él en su día. Cogieron el único cerdo de la cochinera y fueron al mercado a venderlo para obtener algún dinero y con él pagar el pasaje.

La gente los observaba con el respeto que se merecen los intrépidos, con el reconocimiento de la dignidad hecha viaje. No intercambiaron más que gestos; sólo, cuando ya estaban llegando, le pasó la mano por el hombro y, apesadumbrado, le dijo:

____No olvides escribirnos. Ya buscaremos a alguien que nos pueda leer tus cartas. Alguien habrá, seguro.

Pasó toda la tarde sentado en el banco de piedra de debajo del limonero, con su mente intentando llevarse consigo cada mirada, cada gesto de su madre, su padre, sus hermanos, cada arruga de su abuela.

No durmió esa noche, y eso que le esperaba un larguísimo viaje hacinado en un camarote.

Únicamente su padre lo acompañaría a coger el barco. Se despidió del resto de la familia y echó un último vistazo a todo. Luego cogió su maleta y empezó a bajar la cuesta hasta la plaza, de donde salía el carro, tirado por una mula, que los llevaría hasta el barco.

El barco era enorme. Nunca había visto uno así. La cola de personas que esperaban, para embarcar, era un conjunto de gestos, de escalofríos, de miradas perdidas. Mucha gente no tenía siquiera quien le acompañase, y en vez de agarrarse a su familia, se aferraba al paisaje. Empujaba fuerte con los pies hacia abajo, como queriendo echar raíces, como queriendo vivir del agua que caía a mares.

El primer pitido del barco de vapor retumbó en el pueblo hasta perderse en el horizonte, y los cuerpos iniciaron la procesión de las almas a través de la escalerilla del barco; no todos, algunos dejaban su alma en tierra.

Cuando el muchacho subió seis o siete peldaños, se giró para ver a su padre, quizá por última vez. Su madre llegó corriendo hasta la barandilla y ya, sin poder contener sus emociones, retorciéndose de dolor, grito:

____¡Hijo, hijo mío, no nos olvides nunca!

Pasaron seis meses antes de que pudiese mandar la primera carta. Una eternidad para los que allí esperaban; un instante para quien el mundo comenzaba a girar vertiginosamente.

Nada más llegar, se encontró con un lugar donde cientos de personas se apretujaban esperando su oportunidad. Se pedían cocineros y aparecían más de mil. ¿Peones para la construcción? Un millón. Allí la competencia era tan feroz que, finalmente, decidió coger un tren antes que el mundo lo devorase.

Y encontró un trabajo cuidando animales en una inmensa finca. No era gran cosa, pero le permitía vivir y, de cuando en cuando, mandar algo de dinero a casa, acompañado de una carta. Pero el paraíso no estaba tan bien asfaltado como él había imaginado, y demasiado pronto se vio de nuevo deambulando por el interior de un lugar desconocido.

Empezó a mandar cartas más a menudo, a convertir aquello en su forma de aferrarse a la cordura. Hablaba de un mar que le llevaba el olor de la cocina de su casa; de una playa, a la que llegaban flotando las hojas de limonero. Decía oír el repicar de las iglesias, retumbando en las casas de piedra, y les interrogaba sobre si aquella lluvia de esa mañana de mayo caería, acaso, de una nube que ellos hubieran visto primero.

Y entre carta y carta, vio montañas más altas de lo que nunca hubiese pensado que existían, y ríos con una anchura tal que dudó si no hubiese llegado a otro mar. Y entre párrafos, entre tintas secas y mendrugos de gloria, fue luchando por sobrevivir.

Contaban con la ayuda de una vecina. No hubiesen podido hacerlo si no, porque ninguno de ellos sabía leer; también se llevó eso consigo. En un lugar donde todo lo cotidiano era un lujo, no habían tenido tiempo para pararse con algo que no quitaba el hambre. Así, según oían el timbre de la bicicleta del cartero subir la cuesta, luchando contra los empedrados, alguien salía disparado en busca de la lectora, que se sentaban junto al fuego a escuchar sus relatos. Cada carta les descubría un poco más de aquel lugar lejano del que habían oído hablar tantas veces.

Siempre hablaban del mar. Y los olores. Y lo cerca que en realidad estaba de ellos, como si de golpe una feroz resaca lo pudiese dejar el día menos pensado a este lado del charco. Era tan fuerte esa sensación que nadie se atrevía a tocar su dormitorio, ni a ocupar su sitio en la mesa, por si él volviese en cualquier momento a llenar el sitio con su sonrisa.

Cuando terminaba la lectura, y su vecina se retiraba, sin querer deshacer el hechizo de sus pensamientos, la abuela se levantaba y, sigilosa, salía detrás de ella con el sobre en la mano.

Frente el asombro de la vecina lectora, la abuela le pedía siempre que le leyese la procedencia del matasellos. Era la única de todos que sabía que aquellos relatos eran mentira.

Matasellos tras matasellos lo confirmaba: donde su nieto se encontraba, no había mar



achl

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Re: MI BLOC, QUE NO BLOG

Mensaje  achl el Dom Sep 11, 2016 8:09 pm



Forzado a emigrar

Desde la España del dictador, en la que adultos y jóvenes, de ambos sesos, forzosamente tuvieron que emigrar para sobrevivir, para buscarse la vida, no se había vuelto a ver tanta emigración como la que se está produciendo en la España de hoy en día

Esta es la historia de un muchacho pescador de la era franquista


Se vio empujado a irse. Como muchos otros, hacía tiempo que sabía que llegaría el día en que perdería de vista, por lo menos durante un montón de años, aquellos paisajes; que llegaría el momento en que pasease por aquella playa y por aquel puerto, sintiendo que podía ser la última vez.

Comenzó a aferrarse a los recuerdos antes de perderlos, a grabar en su mente cada olor, cada objeto... Caminaba despacio entre las estrechas calles, rozando las piedras de las casas con las yemas de los dedos. Se embadurnaba las piernas de arena y se lavaba sus mejillas con el agua clara del mar. No quería perderse nada. Percibía en las miradas de sus vecinos el calor del hasta siempre y la camaradería, que solamente los que llevan viviendo esto desde hace muchas generaciones son capaces de sentir y transmitir.

Hacía meses que el pueblo había ido cerrando poco a poco. Primero fue la fábrica de sal la que bajó sus verjas, llenando de oscuridad los puestos de trabajo de unas pocas decenas de obreros. Luego la pesca dejó de ser rentable y cesaron los arreglos de redes viejas. Habían dejados escapar tantas cosas que cuando se dieron cuenta se les había escurrido el futuro entre las manos.

Y comenzaron los funerales en vida, las familias rotas, las mentiras de los políticos, los orfanatos, los llantos de una sociedad, callados y secos, que vivían sus únicas esperanzas disueltas en el humo de los barcos de vapor que cruzaban el océano y que comenzaban a diseminar sus semillas por medio mundo.

Él se resistió, aferrado al olor a pan casero, a emparedadas, a remiendos en las redes y en las nasas y al zumo de limoneros, hasta que el destino le dejó un claro recado en forma de nudo en el estómago y sabañones en el corazón.

Aparecieron goteras en el tejado de su casa que acababan por inundarlo todo, y el hambre no entendía de proyectos ni de tiempos mejores. Así que un día, después de tantos otros sentado frente al mar viendo cómo las olas se llevaban la vida, se subió a un carromato y se encontró en un puerto que, por cercano, le parecía casi extranjero, preguntando el precio de un pasaje hacia la ilusión.

Al volver a su casa, esperó hasta después de que acabase la pobre cena para informar a su familia su decisión. No hubo escenas, no hubo gritos, ni gestos acelerados. Sólo el tic-tac de un viejo reloj de cuerda del pasillo distorsionaba el silencio.

Su madre dejó caer lágrimas como ríos, Se levantó y sacó de un mueble viejo una maleta grande de cartón, que puso sobre la mesa del comedor. Se secó como pudo las lágrimas en las mangas de su ajado chaleco, se lo quitó y la introdujo en la maleta.

Supongo que ese terrible miedo al olvido es el mayor de los temores que puede sufrir una madre.

Sólo faltaban tres días. No, no hubiera podido estar más tiempo con esa sensación. Se sorprendía al emocionarse, al ver un cuadro que nunca le había gustado o al sentarse en un banco de la iglesia.

Sabía que ya nadie miraba igual a los suyos. El tendero metía una patata más en el saco, y el lechero llenaba hasta rebosar botellas, compartiendo el duelo. Nunca tuvo muchas cosas, pero cuando las metió en la maleta, su cuarto le pareció un descampado.

El día antes de partir, su padre le despertó temprano. No había dicho ni una palabra desde la noticia, puede que avergonzado por no haberse ido él en su día. Cogieron el único cerdo de la cochinera y fueron al mercado a venderlo para obtener algún dinero y con él pagar el pasaje.

La gente los observaba con el respeto que se merecen los intrépidos, con el reconocimiento de la dignidad hecha viaje. No intercambiaron más que gestos; sólo, cuando ya estaban llegando, le pasó la mano por el hombro y, apesadumbrado, le dijo:

____No olvides escribirnos. Ya buscaremos a alguien que nos pueda leer tus cartas. Alguien habrá, seguro.

Pasó toda la tarde sentado en el banco de piedra de debajo del limonero, con su mente intentando llevarse consigo cada mirada, cada gesto de su  madre, su padre, sus hermanos, cada arruga de su abuela.

No durmió esa noche, y eso que le esperaba un larguísimo viaje hacinado en un camarote.

Únicamente su padre lo acompañaría a coger el barco. Se despidió del resto de la familia y echó un último vistazo a todo. Luego cogió su maleta y empezó a bajar la cuesta hasta la plaza, de donde salía el carro, tirado por una mula, que los llevaría hasta el barco.

El barco era enorme. Nunca había visto uno así. La cola de personas que esperaban, para embarcar, era un conjunto de gestos, de escalofríos, de miradas perdidas. Mucha gente no tenía siquiera quien le acompañase, y en vez de agarrarse a su familia, se aferraba al paisaje. Empujaba fuerte con los pies hacia abajo, como queriendo echar raíces, como queriendo vivir del agua que caía a mares.

El primer pitido del barco de vapor retumbó en el pueblo hasta perderse en el horizonte, y los cuerpos iniciaron la procesión de las almas a través de la escalerilla del barco; no todos, algunos dejaban su alma en tierra.

Cuando el muchacho subió seis o siete peldaños, se giró para ver a su padre, quizá por última vez. Su madre llegó corriendo hasta la barandilla y ya, sin poder contener sus emociones, retorciéndose de dolor, grito:

____¡Hijo, hijo mío, no nos olvides nunca!

Pasaron seis meses antes de que pudiese mandar la primera carta. Una eternidad para los que allí esperaban; un instante para quien el mundo comenzaba a girar vertiginosamente.

Nada más llegar, se encontró con un lugar donde cientos de personas se apretujaban esperando su oportunidad. Se pedían cocineros y aparecían más de mil. ¿Peones para la construcción? Un millón. Allí la competencia era tan feroz que, finalmente, decidió coger un tren antes que el mundo lo devorase.

Y encontró un trabajo cuidando animales en una inmensa finca. No era gran cosa, pero le permitía vivir y, de cuando en cuando, mandar algo de dinero a casa, acompañado de una carta. Pero el paraíso no estaba tan bien asfaltado como él había imaginado, y demasiado pronto se vio de nuevo deambulando por el interior de un lugar desconocido.

Empezó a mandar cartas más a menudo, a convertir aquello en su forma de aferrarse a la cordura. Hablaba de un mar que le llevaba el olor de la cocina de su casa; de una playa, a la que llegaban flotando las hojas de limonero. Decía oír el repicar de las iglesias, retumbando en las casas de piedra, y les interrogaba sobre si aquella lluvia de esa mañana de mayo caería, acaso, de una nube que ellos hubieran visto primero.

Y entre carta y carta, vio montañas más altas de lo que nunca hubiese pensado que existían, y ríos con una anchura tal que dudó si no hubiese llegado a otro mar. Y entre párrafos, entre tintas secas y mendrugos de gloria, fue luchando por sobrevivir.

Contaban con la ayuda de una vecina. No hubiesen podido hacerlo si no, porque ninguno de ellos sabía leer; también se llevó eso consigo. En un lugar donde todo lo cotidiano era un lujo, no habían tenido tiempo para pararse con algo que no quitaba el hambre. Así, según oían el timbre de la bicicleta del cartero subir la cuesta, luchando contra los empedrados, alguien salía disparado en busca de la lectora, que se sentaban junto al fuego a escuchar sus relatos. Cada carta les descubría un poco más de aquel lugar lejano del que habían oído hablar tantas veces.

Siempre hablaban del mar. Y los olores. Y lo cerca que en realidad estaba de ellos, como si de golpe una feroz resaca lo pudiese dejar el día menos pensado a este lado del charco. Era tan fuerte esa sensación que nadie se atrevía a tocar su dormitorio, ni a ocupar su sitio en la mesa, por si él volviese en cualquier momento a llenar el sitio con su sonrisa.

Cuando terminaba la lectura, y su vecina se retiraba, sin querer deshacer el hechizo de sus pensamientos, la abuela se levantaba y, sigilosa, salía detrás de ella con el sobre en la mano.

Frente el asombro de la vecina lectora, la abuela le pedía siempre que le leyese la procedencia del matasellos. Era la única de todos que sabía que aquellos relatos eran mentira.

Matasellos tras matasellos lo confirmaba: donde su nieto se encontraba, no había mar



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Re: MI BLOC, QUE NO BLOG

Mensaje  achl el Dom Sep 11, 2016 9:26 pm



Osomadroño

Pasaba por la misma calle de Madrid todos los días camino de la oficina, y siempre le veía recostado sobre cartones contra la pared en el llano de una escalera, arrebujado en una manta, con su botella de coñac, que le ayudaba a sobrellevar el rigor del crudo invierno; ajeno al ajetreo de las calles. Junto a él, su fiel amigo, su perro, y sus escasas pertenencias; un carrito en el que cargaba periódicos, cartones, chatarras y que vendía en su chatarrería de siempre, y una pequeña mochila verde.

Me resultaba difícil calcular su edad por la barba que le comía la cara, y no quería dejarme engañar por las arrugas que le surcaban la frente por la pétrea vida a la intemperie. Le llamaban 'Osomadroño', según me dijo el camarero de la cafetería en la que yo desayunaba por casualidad una mañana de enero, cuando él entró a recoger un montón de periódicos, pasados de fechas, que le tenía reservado.

____¿Un carajillo, 'Osomadroño'? –le preguntó el camarero.
____Antes el negocio que el ocio –le respondió, rechazando la invitación.

Y acto seguido salió del local con pasos presurosos para tratar de vencer el frío acumulado en el cuerpo por tantas noches sometido a las severas inclemencias del tiempo. Tenía trabajo, esto era algo más que evidente, y disciplina también.

Aún no sé por qué desde aquel día me hice asiduo de esa cafetería. Y las apariciones esporádicas de 'Osomadroño', en vez de bajar mi interés por conocerle, subieron. A toda invitación del camarero, siempre soltaba una ocurrente máxima:

____Si dejé el fornicio, igual hago con el vicio –dijo a sovoz para que sólo le oyera el camarero.

Después, inició su siempre presurosa marcha y, tropezando conmigo, me pidió un cigarrillo

Me asombraba el empaque y la enjundia que mostraba aquel personaje. Cara a cara los dos, pude ver unos ojos marrones y vivaces, y unos labios agrietados del color y el calor del coñac.

Acabó ese invierno y con él las ocasionales visitas de 'Osomadroño' a la cafetería. Le echaba en falta, Habría ampliado su ruta, manteniendo ese método que imaginaba que seguiría: una vez al mes recogería periódicos y cartones, y con esta periodicidad aparecía por la cafetería sin días fijos. Y a diario, con su carrito, chatarras hacia su habitual comprador.
La amabilidad con que me trataba el camarero me permitió preguntarle
qué sabía él de 'Osomadroño', más por curiosidad que por pensar que, como yo, a las puertas de la jubilación. Es que la calle come tanto...

Desayuno a desayuno, me contó lo que él sabía de 'Osomadroño': una aciaga suerte concatenada a otra: una súbita viudez con rescoldos de un amor aún latente; sin hijos a su cargo; el figurar en la lista de regulación de plantilla al cerrar la empresa donde había trabajado durante más de treinta años, bien entrado en canas; un desahucio por no tener recursos económicos, y un refugio en la bebida, cuya le apartó de su familia.

Enterado ya de la aciaga vida de aquel, para mí, buen hombre, salí de la cafetería consternado, cavilando qué hubiera hecho yo de dárseme, no todas esas circunstancias, sino alguna de ellas. No quise pensar más en eso, y dejé de frecuentar aquella cafetería.

Me jubilé. Nueva vida y nuevas rutinas me hacían pasear por 'el Retiro', disfrutando de la compañía de mi esposa.

Olvidada la oficina, olvidé también a 'Osomadroño'. Hasta que una tarde le vi echado sobre un banco del 'Retiro'. Me pareció de pésima educación pasar de largo sin saludarle para que mi esposa no se percatase de ello. Seguro que no se acordaría de mí. Pero me equivoqué. A cinco metros de nosotros soltó una de sus típicas ocurrencias tras pedirme un cigarrillo:

____Es de buena condición, por lo que veo, gozar de la jubilación.

Le di el cigarrillo ante la atónita mirada de mi mujer, que me preguntó de qué conocía a aquel mendigo, mirándole de soslayo. Me aproximé a él y le pregunté si había dejado de chatarrear. Sonriendo me respondió: 'no señor, sigo con mi negocio, pero ahora estoy de vacaciones'.

Luego de despedirnos, abrazo afectuoso incluido, hablé con mi mujer, que rebullía por sacar de mis labios de qué conocía yo a aquel mendigo. ¡Mujeres, siempre tan curiosas!



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Re: MI BLOC, QUE NO BLOG

Mensaje  achl el Miér Sep 14, 2016 12:11 am



La escoba justiciera

La vocación de aquella escoba no era la limpieza, por lo menos no esa limpieza en la que se especializan las escobas.

La compró una mujer, pero al no servir para su propósito original -barrer- la tiró a un contenedor de basuras, sin haber sido usada.

El camión de recogida de basura la llevó a un vertedero de basura, cerca de un bosque maldito: el bosque de las brujas.

Como era nueva, fue recogida por una bruja, que pepenaba desperdicios. Le pareció un excelente vehículo para realizar sus fechorías; así que se la llevó a su pocilga, e, Ilusionada, le enseñó a volar.

Volando la escoba se giró e hizo caer a la bruja al vacío. Su cuerpo quedó fracturado, además de haber muerto de un infarto durante la caída.

Nadie vio el accidente, así que la escoba voló de nuevo al vertedero, a la espera de que apareciera otra malvada inquilina.

Y la recogió otra bruja. Y se repitió la misma historia una y otra vez hasta que aquel bosque maldito quedó libre de brujas.

La escoba de esta leyenda reposa ahora feliz en el vertedero, pensando en que su vocación era la limpieza.

Pero no precisamente para esa limpieza que desde que era nueva había estado practicando



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Re: MI BLOC, QUE NO BLOG

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