Se llama copla democrático

MI BLOC, QUE NO BLOG

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Re: MI BLOC, QUE NO BLOG

Mensaje  achl el Jue Oct 20, 2016 11:40 pm





FERIA DE ABRIL (SEVILLA) EN BARCELONA









































































PORTADA DE LA ORIGINAL (SEVILLA)


achl

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Re: MI BLOC, QUE NO BLOG

Mensaje  achl el Vie Oct 21, 2016 7:09 pm



El juego de la vida

La vida es un juego. El amor es un juego. Si pudiésemos volver a la niñez, diríamos que todo es un juego, a veces complejo y a veces simple.

Pero este juego que hoy expongo es un pasaje de lo infinito desconocido, un recordatorio de que lo desconocido existe y que por lo tanto, todos aquellos que creen en ello, también existen.

Ese dicho... 'pienso, luego existo', pronunciado por dijo una eminente celebridad de la filosofía, no puede ser mas acertado. El pensar, pensar como humano, nos brinda la horrible habilidad de cuestionar nuestra existencia. Y es realmente alucinante las miles de conclusiones a las que uno puede llegar. Y es también asombroso cómo puede afectar las conclusiones a tanta gente en su comportamiento diario en la vida.

Este juego es una forma divertida de asomarse a un abismo infinito de abstracciones, infinito de enredos entre palabras y conceptos. Y ahora, tú está formalmente invitado a jugar. Ahí llevas, para empezar, 5 reglas.

Regla número 1

Una vez leídas las reglas número uno y dos, tú ya eres inevitablemente un jugador. Ojo, si no quieres seguir jugando es aconsejable que dejes de leer.

Regla número 2

¿Estuviste alguna vez en las garras de un amor prohibido? Si afirmas que sí, entonces sabes que no se puede olvidar; más bien, uno aprende a vivir con el recuerdo. El juego funciona igual. Cada vez que recuerdes el juego, no sólo recuerdas lo pequeño que eres en relación a lo que existe y lo que no, sino que automáticamente pierdes el juego. Este es el único momento en que te puedes tomar un descanso de media hora. Después continuarás jugando. Sucede lo mismo al olvidar un ser amado.

Regla número 3

Cuando pierdes el juego es importante anunciarlo en voz alta, sin importar el lugar en el que te encuentres. Recuerda que el juego se reinicia 30 minutos, luego de haber dejado de pensar en el juego. ¿Y cómo contamos el tiempo sin olvidar? Eso es algo que debes arreglártelas tú solo.

Regla número 4

No olvidar hacer el ridículo entre un grupo de amigos intentando explicar el por qué dijo entre las risas una frase tan fuera de lugar como: 'perdí el juego'. Mientras mas místico consiga sonar, mejor.

Regla numero 5

Si consigues un buen número de amigos, participantes al juego, olvídalos, busca otros, así cuando haya pasado un tiempo hasta reencontrarte con ellos de nuevo, será mas divertido, aunque exasperante será también por perder el juego después de un tiempo de no perderlo.

A esta clase de juego se puede añadir muchas reglas más, pero, para no agobiar, las dejaremos para otra ocasión. Si rumias y digieres bien ésas 5 reglas, estarás más absorbido de lo que piensas.


¡Buena suerte jugando!



achl

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Re: MI BLOC, QUE NO BLOG

Mensaje  achl el Lun Nov 07, 2016 5:05 pm

Buscando Humanidad


Érase un incansable un buen hombre transitando en un lugar cualquiera por alcanzar un mundo mejor... Hasta que topó con un Control Robotizado y tuvo que desistir


La bondadosa figura del viajero, extremadamente fatigada, emergió por encima de la duna apoyándose en un grueso y largo bastón desgastado, que se hundía en la arena, una y otra vez, a cada paso.

Ya estaba acercándose. Ya podía ver la puerta a través de la calima, y en esta ocasión no era un espejismo. No había tañido, pues, la campana de su muerte. No aún, como pensase horas antes.

Los dos guardianes vieron su penosa llegada con estática indiferencia, sin siquiera despegar un solo músculo del soportal de piedra donde posaban sus espaldas. Cuando aquel viajero llegó, al fin, al umbral, dos afiladas y gruesas lanzas se cruzaron ante su rostro, visiblemente agotado.

____¿Vienes a participar? –preguntó la voz seca de uno de ellos.
____Sí –mintió, pero sólo por encontrar lo que andaba buscando.

Las lanzas se apartaron y entró en la ciudad. Con el incontable paso del tiempo, aquélla pregunta había quedado reducida a una vacua fórmula protocolaria de recepción, sin ningún contenido. Sin embargo, respuesta inadecuada en aquel lugar, significaba morir.

El trazado de la ciudad, desde el montículo de la entrada, no podía ser de mayor simplicidad y sentido pragmático: seis calles estrechas, formadas por hileras discontinuas de casas bajas de un blanco cegador en paralelo y en torno a una avenida, en cuyo centro se erigía, a modo de plazoleta, una altísima estructura, tan extraña como discordante, con respecto a la estética del resto del lugar. Diríase que habría surgido de las entrañas de un profundo infierno interior en otra época ya olvidada, o clavada allí por  desvarío de un dios iracundo, del que nadie tuvo jamás conocimiento. Y, en todo caso, no era posible ni siquiera imaginable que obra semejante fuese obra de los humanos.

Durante algunos minutos, el viajero quedó fascinado ante la visión de la surrealista escena que había ante él, mientras los ciudadanos pasaban a su lado, sin prestar atención. Las orillas de aquélla avenida, hasta donde le alcanzaba la vista, estaban rebosantes de tenderetes, donde bullía el movimiento de gente diversa que se afanaba en la búsqueda de curiosos objetos y artilugios sorprendentes.

El viajero sufrió un escalofrío que le hizo pararse. Cuando descubrió qué era lo que se lo había causado, un niño le tendía una esquelética mano, de quebradizas ramas, esperando la voluntad del viajero, que lo miró y vio la profundidad de unos hundidos ojos entre unas arrugas innaturales. Cientos de años parecían pesar sobre su anómala niñez.

El viajero sacó de uno de sus bolsillos tres monedas de plata, y se las dio acompañadas de una tierna sonrisa. El niño las sopesó con indisimulada expresión de extrañeza que al instante se tornó en desprecio, y las arrojó de vuelta a sus pies; y, sin mediar palabra alguna, se giró para perderse de nuevo entre la multitud, como si aquello jamás hubiese ocurrido.

Al agacharse el viajero para recoger su altruista y repudiada fortuna, vio, estupefacto, que las arrugas del niño se encontraban también en muchas otras caras, pero en todas ellas y en cada una de ellas.

Superada esta fuerte impresión inicial, el viajero se puso en marcha con renovada determinación, pues nada podía hacerle olvidar el objetivo que le había llevado hasta aquel lugar; una búsqueda que comenzó desde aquel nefasto punto negro en el que el desentendimiento y la descomunicación mundial eran tan evidentes en el presente que ahora se encuentran grabadas con tinta negra en las memorias de todos lo humanos de paz con terribles pesadillas, y sin posibilidad alguna de apartarlas.

Se acercó a uno de los puestos para ver todo lo que allí ofrecían: sedas estampadas con hilos de oro, talismanes crípticos, nimias bagatelas de confusa utilidad, espadas con incrustaciones rúnicas, ídolos deformes, tallados en jade; piedras elaboradas con ciertas técnicas irrecuperables, collares traídos desde lugares sagrados, e infinidad de artefactos únicos, cuyo valor resultaba difícil de tasar.

____¿Qué puedo ofrecerte, amigo viajero? –le preguntó el afable tendero, con la invitación del entendimiento en su voz.
____No creo que tengas lo que busco. El algo difícil de encontrar.
____¡Prueba! –replicó entusiasmado-. ¿Ya ves todo lo que tengo por aquí? Tesoros que creen perdidos para siempre, artilugios encantados, por cuya posesión irían al infierno reyes y príncipes; joyas sacadas de los infiernos abismales, que costaron la vida de héroes y heroínas a cuyos aún cantan las leyendas... y todo ello a tu alcance por precios ridículos. Los otros, no pueden ofrecerte ni la mitad de la riqueza que estás contemplado. Pero, dime, ¿qué es exactamente lo que buscas?
____Busco... busco... Humanidad -titubeó, pero, al fin, lo largó.

El tendero no logró evitar que la perplejidad dominase la expresión de su cara antes de recobrar su habitual compostura de hombre sabedor de los secretos y prodigios de la tierra.

____Me temo que no lo conocemos por el mismo nombre, amigo viajero. ¿Podrías describirme cómo es su forma, sus dimensiones, alguna muesca distintiva de su ser, los materiales que orquestan sus elementos, el linaje del artesano que la ideó? Te aseguro que la tendrás en tu poder en tres o cuatro días, si la encuentro en la región.

El hombre que llegó del desierto, el viajero, guardó silencio durante un fragmento de eternidad. Después respondió:

____Olvídalo, mercader. Aprecio tu interés aunque haya sido en vano. Me quedaré sin embargo con ese fino colgante de ónice. Aquí tienes.

Y le entregó una de sus monedas de plata.

El mercader, escéptico, escrutó la moneda por sus dos caras. Después de revisarla a fondo, se la devolvió cogiéndola entre las yemas del pulgar y el índice de su mano izquierda, como quien desecha una broma pesada. Se pasó la palma de la mano por su desaseada y canosa barba, y le dijo:

____No entiendo por qué me querías pagar con eso. Sólo soy un humilde mercader. Los talentos creadores quedan reservados a las genialidades de nuestros maestros artesanos.
____¿Quieres decirme con eso que esta moneda, una fortuna en cualquier lugar de países no muy civilizados, no tiene valor aquí?
____Así es. ¿De qué puede servirme ese metal resplandeciente, si el don del arte me ha sido vedado? Debes ir primero al Control Robotizado, y así poder pagarme este magnífico colgante que has elegido –dijo, señalando un imponente edificio que se alzaba en el centro de la ciudad y que casi se perdía entre las nubes altas.
____Entonces, iré allí y regresaré. Pero no tengas prisa en venderlo.
____¡Confía, extranjero, confía...!

La avenida principal era un hervidero de figuras avejentadas, escuálidas dentro de sus amplias túnicas y vestimentas a cual más extravagante; de miradas perdidas en algún lugar distante tras ese horizonte inalcanzable del firmamento, que visitaban un puesto tras otro, sin mostrar cansancio, pero tampoco energía, o el menor atisbo de interés, sumidos de un modo inalterable en sus acciones con un opresivo silencio, absoluto casi.

Cuidando de no topar con nadie y con nada, se encaminó hacia el colosal edificio, cuya fachada estaba recubierta de una especie de nauseabundo limo reptante, y de cuyo surgían pináculos horizontales dispuestos en un extraño orden. Antes de llegar hasta el umbral de aquella monstruosidad arquitectónica, distinguió unos caracteres tipográficos que daban nombre al edificio.... Control Robotizado, cuyos pasillos poseían una extensión, en apariencia ilimitada. Desde dentro, merced a un enigmático efecto visual sus recias estructuras triplicaban las dimensiones exteriores, dándose la confusa impresión de poder albergar en su interior varias ciudades; algo lógicamente imposible. Además, resultaba innegable una analogía entre la avenida, auténtico corazón de la vida civil, y los pasillos, por los cuales paseaban los nativos sus autómatas actitudes. Cabe matizar que sólo se detenían para entrar unos momentos en cualesquiera de los numerosos cubículos, cromados en acero, que estaban dispuestos simétricamente a lo largo del corredor principal. Empujado más por la curiosidad que por otra cosa, decidido entró en uno de ellos, eligiéndolo por azar.

Siéntese, y por favor sea conciso y concreto

En el centro del claustrofóbico cubículo flotaba un disco de aluminio. Se sentó sobre él, y el mensaje en la pared cambió instantáneamente.

Indique usted la cuantía temporal deseada, por favor

Ante sí apareció un panel numérico con un pequeño cajón abierto en uno de sus costados.

'¿Cuantía temporal? ¿Qué significa eso?' –pensó.

Tecleó unos dígitos por teclear, y la pared se transmutó de nuevo.

76 Horas / 37 Minutos / 33 Segundos. ¿Es correcto?

Pulsó un botón con su confirmación y, automáticamente, el interior del cubículo implosionó en una esfera de muy intensa radiación blanca, que pareció borrar el universo entero.

Antes de que pudiese tomar consciencia de lo ocurrido, esa blancura se desvaneció, dejando intacto su entorno. Se sintió terriblemente agotado, como si hubiese recorrido cientos de kilómetros sin detenerse bajo un sol de sentencia. Casi chocó de bruces contra la pared al intentar ponerse en pie. Su tono muscular era igual al de un niño, y su energía la de un pobre anciano moribundo.

Gracias. Tenga usted buen día, si puede y le dejamos...

El cajetín de aquel panel resonó con un tintineo metálico. En su interior brillaba un buen puñado de joyas cristalinas, de variado color y tamaño. Las cogió con delicadeza, como si no fuesen del todo reales y el menor movimiento brusco pudiese hacerlas desaparecer. Fue entonces, justo en ese preciso instante, cuando fue impactado por una certeza: aquello que sostenía en sus manos era su tiempo vital hecho materia.

Desandar los pasos hasta el puesto del comerciante no fue tarea fácil. Le costaba respirar el aire, que parecía haber entrado en combustión; cada paso suponía arrastrar los pies penosamente y sentía el riesgo inminente de la pérdida de consciencia planeando sobre su cabeza.

Los ciudadanos eran gente encapotada, sombras difusas que se movían a su alrededor, esquivándole. Eran fantasmas vivientes a cámara lenta. Tuvo que esforzarse para llamar la atención del comerciante y que éste escuchase la pregunta que contenía su patético hilo de voz.

____¿Cuánto me pides por el colgante?
____¡Ah, viajero, no sabes cuánto lo siento! –exclamó el mercader puesto en jarras-. Acabo de venderlo hace poco minutos -añadió.
____¡Prometiste reservarlo hasta que volviese! -le recordó, contrariado.
____No creo que fuesen esas mis palabras. Además, su precio te hubiese sido prohibitivo. Pero tranquilízate, tienes aquí colgantes casi idénticos al que me pediste y por precios sensiblemente inferiores.

Clavó su mirada en el vendedor, y cogió al azar uno de los colgantes.

____¿Cuánto por este? –preguntó con deliberada frialdad.
____¡Oh, esa preciosidad! –te lo dejo en 37 Horas y 11 Minutos,[/i] sólo por ser tú quien eres. Una ganga, resignado viajero.
____Me lo quedo –dijo dándole todas las joyas obtenidas en aquel Control Robotizado.
____¡Buena elección! Permíteme que te ponga esta joya de orfebrería -le dijo mientras se la colgaba del cuello-. No te arrepentirás, te lo aseguro. Pero me has dado más de lo debido –añadió, seleccionando algunas de las joyas y devolviéndole el resto.

El viajero cogió todas las joyas sobrantes, y se fue alejando del tenderete sin pronunciar más palabra.

Fue por casualidad, al echar la vista atrás, que viese el momento en que el mercader engullía vorazmente las joyas que acababan de darle, como pago del colgante que le compró.

Estaba deseando irse de aquel siniestro lugar, al que sus pasos nómadas le habían llevado, sin previamente acordarlo consigo mismo.

Fatal casualidad o inextricable causalidad -quién sabe eso-, cuando sus ojos vieron a alguien disímil a los mercaderes. En la esquina de una calle paralela, un anciano, completamente desnudo, cuidaba de una enorme y singular fuente, de la que manaba un líquido cristalino que bien podía ser agua. Se aproximó hasta ella, bajo los curiosos ojos del viejo, con boca de dientes desiguales y podridos. Bebió hasta saciarse de aquel buen chorro de agua cristalina y fresca.

____¿Cuánto te debo por el agua, buen anciano?

El viejo tardó en responder. Al fin lo hizo con voz grave, pero risueña:

____¿Por qué habría de cobrarte por algo que es de todos?

Sorprendido, el extranjero miró con mayor detenimiento al pronunciador de esas palabras, mientras volvía a guardar sus joyas. Había algo disímil en el interior de aquella mirada, un brillo distintivo, especial. Malicia, tal vez, inteligencia, tal ves, sabiduría, tal vez...

____Tú no eres como el resto de tus conciudadanos.
____¿Qué te hace pensar eso, hombre de fuera?
____Para empezar... no llevas ropa mientras los otros se ocultan bajo ella, como si se avergonzasen de sí mismos.
____Bueno... -dudó un instante-, aún son jóvenes. Yo aprendí ya a separar lo esencial de lo superfluo.
____Y sin embargo, ellos parecen más viejos que tú.
____Pero no toda la culpa es de ellos. Son víctimas de la circunstancias, y la circunstancia es que en este lugar no hay nada obvio que hacer, salvo lo que ya hacen. Pero para todo lo demás está el Control Robotizado.

El anciano entornó los ojos tras pronunciar ese nombre, como si su visión fuera a cegarle, o quizás por comprobar que aún seguía allí, bien clavado en el corazón de la tierra.

____¿Qué puedes contarme de ese edificio? Nunca he visto nada igual a ese enorme engendro en mi largo peregrinar por el mundo.
____No mucho, nómada. Ya estaba aquí cuando yo llegué, y juraría que antes de que llegase la ciudad. Quizá nació con el sol, o quizá haya sido un regalo de las estrellas.
____¿Qué quieres decir con eso? Las estrellas no hacen regalos. Hasta los hombres están olvidando estas costumbres de reconocimientos. Además, ¿qué clase de regalos busca la desgracia del halagado?
____Pareces ciego para haber viajado tanto. ¿Acaso no has caminado bajo el  abismal espectáculo de las danzas de las estrellas? ¿Acaso crees que toda esa inmensidad pudo crearse con una simple finalidad estética? Si una estrella puede caer, sin más testamento que su estela, ¿qué horrores no desechará la inconmensurable oscuridad que la rodea?

El viajero meditó durante unos instantes. Las palabras del viejo sugerían ideas lunáticas, poco probables; lo cual no impidió que un hormigueo de inquietud le recorriese el cuerpo y los recovecos del alma por igual. Miró con renovada curiosidad al anciano, antes de responderle:

____Hay algo diferenciador en ti que no llego a percibir con claridad; algo marcado por un contraste radical con respecto a quienes te acompañan con sus aparentes presencias. Puede que mi búsqueda haya concluido en esta charla contigo, pero no estaré seguro de ello hasta que el tiempo no desgaste las máscaras. ¿Por qué no dejas este lugar y me acompañas de vuelta hacia donde me esperan con fe? -acabó con esa pregunta.
____¿Y qué es lo que buscas con tanta fe y que crees haber hallado en mi persona? –preguntó el viejo, entre divertido e intrigado.
____Humanidad.

Una negra sonrisa volvió a dibujarse en la cara del anciano. Pero, con un estremecimiento reflejo de la boca, dio paso a risotada, primero, y luego a carcajada incontrolable, atronando los oídos del pasmado viajero, cuyo no entendía el motivo de tan absurda reacción.

Aquella carcajada crecía, impulsada por espasmos convulsos del cuerpo marchito. El viajero, asustado, le miró con ojos muy abiertos en perfecta circunferencia entre las arrugas de piel tostada. Implacables, reveladores se clavaron en los suyos, aunque los de él ya habían huidos.

____¡Estás loco, nómada! ¡Buscas lo que no existe, lo que nunca existió! ¡Jajajaja! ¡Te han engañado! ¡Te han engañado como a un crío! ¡Jajajaja! ¡Tú sí que estás solo y perdido en el mundo!

El forastero corrió, esquivando, pero chocando con un bosque de túnicas fantasmales vacías, sin dejar de mirar con horror al viejo, que bailaba en círculo cual marioneta. Y corría porque el miedo se había desencadenado en su interior por causas conocidas o desconocidas.

____¡¡Corre, corre, pobre loco!! -empezó el viejo a gritar.

Empero, no era la voz de la auto conservación lo que instaba a sus pies.

____¡¡Corre y busca lo que jamás encontrarás!! –oía en las palabras.

Un nuevo instinto acababa de entrar en juego. Como un niño idiota siguió oyendo en mitad del silencio y las quemaduras de aquellos ojos. Instinto muy despierto por un tono inaudito, sobrenatural, en el que volaban las palabras del viejo.

____¡¡¡Nuuuncaaa huuubooo huuumaniiiidaaad, idiiiootaaa!!! -gritó al aire el viejo, con toda la fuerza que pudieron expeler sus pulmones.

Pero cuando aquel viajero logró, al fin, llegar el desierto y liberarse de la cuadrícula tras la espantada travesía de sufrimiento, cayó entre lágrimas que apenas recordaba con anterioridad.

Hasta el silencio audible de ese desierto llegaba, no las frases, palabras o sílabas, que articulaba el viejo en sus voces, sino únicamente el tono que había sobrecogido al viajero.



El mismo tono con el que con voz repetitiva, desesperante  pero compasiva y agradable se expresa diariamente y palmariamente el universo entero



HUMANIDAD




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Re: MI BLOC, QUE NO BLOG

Mensaje  achl el Lun Nov 07, 2016 8:50 pm




El acojonado lujo del capo

La noche era calurosa, apenas traía brisa para alejar los fantasmas que nacían de su habano. Jorge, don Jorge, sentado en el salón del ático de su solitaria mansión junto a la cala privada rodeada de tierras innecesarias, herencia de crímenes a la fuerza olvidados y verjas de acero todavía más innecesarias por ser antes las del miedo que entre la sociedad llamaban respeto, contemplaba el negro mar invertido del cielo.

Murmullo incesante resucitaba recuerdos a la lejanía que la vacía esponja de su presente se encargaba de enjugar. Alguien debió decir al aspirante a capo, Jorge, luego Don Jorge, que ni los zapatos de cemento, copiados de películas; ni los hilos de acero, ni las blancas rayas de polvo y agua de fuego, ni el dinero a toneladas, ni las noches orgiásticas de sexo catártico podían acallar esa eterna voz susurrante de los muertos. Y no es que no pudiese gozar de sus típicos placeres, pero ahora debía compartirlos con ellos, sus miradas, su constante presencia... A veces se preguntaba si el camino hacia su ambicionada cumbre, mereció la pena. La respuesta era siempre un amargo trago de whisky.

El mar, la vida, la muerte. ¡Qué pequeño era todo junto a la inmensidad! Su contemplación era lo único que en esta vida no le provocaba hastío, con su ir y venir clamoroso e idéntico de olas, días y espuma. Volvieron a él aquellas travesías en el interior de los barcos que eran juguetes en sus caprichosas manos de gigante pueril. Inconsciente de su inmenso poder, todas las emociones se sucedían entre gemidos de los aceros, embrujos que se desvanecían al pisar tierra, dejando en su lugar un anhelo, una llamada que, tarde o temprano, obtenía su respuesta. Y su regreso.

Nada se movía ya en la noche, salvo el mar, inquieto. A través del vapor de sus ojos, el tal Don Jorge hipnotizado veía las olas limpiando la arena, brazos de una gigantesca ameba, tímida aun su monstruosidad.

A pocos metros de la playa, donde el agua aún no llegaba hasta el cuello, apareció un bulto negro. El bulto, lentamente, como si hubiese de vencer una resistencia, avanzó hacia la playa, y según iba avanzando el bulto se adivinaba como la cabeza de una emergente figura encorvada. Don Jorge se restregó los ojos, pero la imagen persistió. Ahora el agua le lamía las rodillas y, sin duda, era un hombre, cubierto de harapos y algas o alguna suerte de camuflaje para poder pasar inadvertido, como un comando de las fuerzas especiales del ejército.

Al fin ocurrió. Don Jorge sabía que tarde o temprano los sobornos y otros resortes oscuros dejarían de proporcionarle esa burbuja de protección en que vivía, pero nunca imaginó el modo que tenderían la trampa; tal vez, por verlo como algo improbable e impreciso. O era eso, o el despistado buzo había elegido el peor lugar para perderse.

No era un comando, desde luego. Ahora veía, con ojos bien abiertos, los movimientos innaturales con los que ese hombre arrastraba su cuerpo tambaleante playa adentro, dejando dos surcos paralelos en la arena tras sí. Él no era hombre miedoso, nunca lo fue. Las contadas ocasiones que tuvo el pánico, para recorrer sus venas hubiesen detonado el corazón de cualquier otra persona, incluso entre los más habituados al espectáculo de sangre puesta en libertad. Y sin embargo, la visión de aquel deforme, enajenado, o quién diablos fuese, empezaba a inquietarle, razón sobrada para disparar su inestabilidad, su orgullo homicida.

Los de su confianza habían ido al pueblo a divertirse, por orden expresa. Quería soledad esa noche, y ya había un intruso, con dos huevos, eso sí, distorsionando sus planes; así que personalmente tendrían que ocuparse del asunto.

Echó una última ojeada por encima de la balaustrada hacia aquel loco penetrando en sus propiedades, que estaba mucho más cerca, aunque no lo suficiente para que la luna iluminase su cara.

Llegaba entonando un mecánico murmullo, tan grave como el rumor del agua, pero no pudo distinguir palabras desde la altura que los separaba. Don Jorge dio media vuelta y corrió hacia su despacho. Allí destrabó del armario su viejo Kalashnikov, obsequio de su contacto moscovita Nicolai, muerto en un aciago mal negocio día atrás. Cogió dos cargadores y salió al ático. Preparó el arma para abrir fuego y, acomodando la culata a su hombro, buscó la cabeza de aquel desconocido con la boca del cañón de acero. Pero éste, ya estaba fuera de su alcance.

Los surcos gemelos en la arena, conectaban el mar con el pórtico de su mansión. No pudo localizarle hasta que dos golpes de una fuerza brutal, impactaron contra la pesada puerta principal, reventándola en cientos de astillas y esquirlas de vidrio que repiquetearon como llantos de tormenta en el hall. Acababan de invadir su casa. Don Jorge, aplastando su temor, bajo la estampida de rabia incontrolable, atravesó corriendo su despacho y comenzó a descender por una de las escaleras de suave curvatura que conducía hasta la planta baja, a la altura del inmenso recibidor. Escalón a escalón, la correa del arma anudada al antebrazo; pie tras otro, don Jorge salió al encuentro del invasor, mientras el murmullo balbuceante de su cántico de palabras sin aire penetraba, ahora sí, con abrasadora claridad por sus oídos.

En la noche serena, por encima de la ensoñación sonora de la espuma y la sal, se oyeron treinta disparos ininterrumpidos. Y un solo grito.
____¡Se encuentra en la segunda planta, subiendo por la derecha! –indicó su mayordomo.

El inspector García entró en la estancia. Un fortísimo olor a whisky inundó en el acto sus fosas nasales. Y aun viendo la escena, modo curioso el que emplea el cerebro al operar, el primer pensamiento que esbozó su mente fue que el cuarto de baño era más grande que su casa. Luego se percató de la presencia del comisario Sánchez, tras su desgastado bigote.

____Le estaba esperando, García. Empezaba a retrasarse.
____Parece un ajuste de cuentas.
____¡No me diga! Su sagacidad no deja de sorprenderme. Y yo pensando que era un desafortunado accidente doméstico.

De un borde de la bañera colgaban los pies de Don Jorge, sumergido por completo en líquido ambarino. Las manos aparecían crispadas, y los ojos conservaban una mirada, particularmente horrible de terror cristalizado en el tiempo. La mandíbula, desencajada o rota por descontado, permitía que un manojo de selectos habanos permaneciese obstruyendo la boca, en cruel angulación.

____Bueno, pues ya podemos empezar a recorrer la lista de los doce mil sospechosos que deseaban la muerte de este angelito.
____¿Alguna pista o indicio revelador, en primera instancia?
____A ver que le parece a usted este. Aún no sé bien cómo interpretarlo
–dijo el comisario, tendiéndole una caja de habanos vacía, cogida con las enguantadas puntas de dos dedos.

Sobre la fina tapa de la caja de madera, en una inscripción grabada se podía leer: “felicidades, papá”


el verdadero y único poder de los narcotraficantes


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Re: MI BLOC, QUE NO BLOG

Mensaje  achl el Lun Nov 07, 2016 9:22 pm




Voy a encontrar una mujer mejor. O tal vez no...

Todos hemos escuchado algún consejo de amigos o conocidos... 'no tienes por qué soportar eso. Eres joven, guapo, inteligente, con buen trabajo. No te metas en esa clase de problemas. Mujeres hay a mantas'. 'Tú vales mucho, no llores por esa cabrona, hay muchos peces en el mar'.

Estaba convencido de esas afirmaciones. Para bien o para mal, cada que salía de una relación con una mujer, no pasaba mucho tiempo sin encontrar otra mujer que ocupase el lugar de la anterior.

Soy un chico afortunado, de esto no tengo ninguna duda. Mi última novia es un tipazo. Pero con un triple defecto: tiene ex marido, un hijo parido cuando recién entraba a sus veinte años, y un hombre que supo sacarle provecho a la situación.

Siempre lo dije: el niño no es el problema, el niño es un amor, es un pequeño que no tiene ni la más mínima culpa de las estupideces que cometieron sus padres. El problema es que ese niño tiene un papá.

En fin, no ahondaré en detalles. Esto es un tema para otro tipo de opiniones. La cuestión es que era la mujer perfecta para mí: compaginábamos en todo, teníamos gustos parecidos, costumbres parecidas, buen sentido del humor, sumamente comprensiva, sensible y me ofrecía cierta estabilidad. Aunque me resistí al principio, terminé enamorándome de ella, e incluso le preparaba el desayuno y se lo llevaba a la cama. Y cuando no tenía demasiado trabajo en la oficina, por lo que podía llegar más tarde, dejaba la casa lista.

Me pesó bastante y cuando terminamos pasó mucho tiempo en encontrar otra mujer con la que me llevase tan bien. Sería difícil. Pero, ¡hay muchos peces en el mar!

Al cabo de unas semanas, mientras estaba en sesión con mi psicóloga, ella me preguntó que cómo me sentía con todo esto (qué extrañó que te pregunten eso, ¿no?) Le dije que, aunque estaba triste, sabía que iba a pasar, que era cuestión de tiempo, y que encontraría a alguien mejor al final.

____O tal vez no... -respondió con cierta intriga.
____¿De qué hablas? ¡Claro que voy a encontrar a alguien mejor!
____O tal vez no... -insistió con cierta cizaña.

Me hizo enfadarme. Juro que me hizo enfadarme.

¿Qué insinúa esta imbécil? ¿Qué no puedo conseguir a nadie más en la vida? ¿Qué me quedaré solo para siempre? ¡Qué hija de puta!' -pensé.

Salí de mi terapia, y entonces fue cuando entendí perfectamente bien de qué hablaba mi psicóloga. Tenía que seguir con mi vida, disfrutarla al máximo y tratar de ser feliz, aunque no encontrase a ninguna mujer mejor.

Porque hay que saber entender que no se trata de andar por la vida buscando a alguien que nos complemente, que nos haga sentir de lujo, todo el rato, que nos quite la soledad...

Sonreí. Mi psicóloga no es ninguna imbécil. Ella sabía bien que comprendería su mensaje de inmediato y por eso se animó a soltarlo.


Algunas veces me pregunto por qué le sigo pagando tan buena minuta a esa pedazo de cabrona. Pero reacciono enseguida y me respondo a mí mismo diciéndome que es de lo mejor que me ha pasado en la vida


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Re: MI BLOC, QUE NO BLOG

Mensaje  achl el Mar Nov 08, 2016 7:56 am




Plausible es que te critiques
y que admitas ser criticado

¿A quién le molesta una mala crítica?
¿A quién le agrada una crítica constructiva?

He querido traer este tema para todos los no quedamos satisfechos con un simple 'qué bello tema, sigue así', que inundan a menudo nuestros escritos. Y he dicho 'he querido' porque fue una genial idea de un ilustre pensador, del que reconozco y aplaudo su pluma. Pero voy a esa idea, con la certeza de que tengo menos sabiduría que él.

En este asunto podemos aportar todos los aspectos importantes que siempre tenemos presentes en el momento de leer, criticar u opinar sobre un texto. No es necesario que lo escribamos en un folio o lo imprimamos, pero sí sería muy constructivo tener presentes algunos de los puntos que vayamos agregando. Esto también será muy útil para los piensan que los críticos no valoran lo que escribimos o que simplemente lo alaban hasta ahogarlos entre flores. No son imposiciones, son consejos que cada uno de nosotros puede aportar para que nos enriquezcamos e incluso practiquemos.

Tarea de todos.
Consulten y Aporten. Mientras más puntos se agreguen a este baúl de consejos, más enriquecedoras serán las críticas que demos a nuestras lecturas.

Sección para críticos

No te sientas menos.
Por algo se empieza: aquí ya no se vale decir 'es que no sé cómo criticar', 'es que no soy bueno en esto', 'es que...' 'es que...' Nada de eso. Escribe lo que te parezca, lo que sientas que se puede comentar, pero no te debes limitar a esos... 'bonito, regular, malo, feo, entretenido, soso...'Ni muy muy, ni tan tan', segúndice un dicho mexicano.

No le temas al texto. Haz que tus ojos se muevan por todo el escrito como si fuera una jungla llena de novedades y aspectos desconocidos, y si ves leones (aspectos notables y 'salvables') o hiedras (detalles que, preferentemente, se corten de una vez), entonces no dudes en señalarlos para que el viajero que te acompaña (el creador del tema) procure no tropezar o intente utilizarlos en otra ocasión

'El de arriba' no lo dice todo. Éste es uno de los puntos que quizá resulte más limitador a la hora de escribir un comentario. Resulta repetir lo mismo que ya dijo otro en un mismo tema, pero lo que cuenta en realidad es cómo lo dices. Esto quizá no aplique en detalles técnicos como 'faltan acentos' o 'esta palabra está mal escrita', pero sí es muy necesario que en el caso de que cualquier otro te gane el comentario, confirmes y fijes tus reales posiciones. Cambiemos el 'ya lo dijo el de arriba' por un 'estoy de acuerdo porque sentí X cosa o pensé en I idea'.

Que los fantasmas no te distraigan. Trata de concentrarte lo más que puedas en tus lecturas. Si sientes que no vas a acabar o que no puedes fijarte en los detalles del texto, déjalo para después. Las limpias de temas viejos se hacen despues de determinados plazos largos, no te preocupes. No pasa nada. Más vale un comentario tarde y bien hecho que uno apresurado sin aportes para los que vamos a leer o para el que escribió.

Cómprate una libreta de bolsillo.
Las anotaciones son muy importantes a la hora de comentar un texto: detalles rescatables, puntos que no te gustaron, faltas ortográficas o alguna duda que tengas, son válidas para un comentario. Recomiendo las libretas porque es más fácil consultar las acotaciones de ahí para después profundizar en la escritura de las opiniones. Ahora, si no hay recursos para una de ésas, abre el bloc de notas y anota lo que te parezca más conveniente. Una servilleta también funciona.

No digas nunca que 'el paciente sufre de colecistitis aguda con cuadros de pancreatitis en el hígado'. No importa si tienes un estilo sencillo mientras comentas, lo importante es que seas claro. Usa términos con los que te sientas familiarizado para que puedas defender tus puntos de vista si llegase a ser necesario.

Leer y ser leído. Revisa los comentarios de los otros: puedes aprender mucho de ellos. Esto es casi una máxima.


No te dejes llevar por el apoyo moral.
Si uno de tus amigos te dice 'oye, ¿me comentas, plis?', no te quedes en el 'amigo, sigue así, escribes bien'. Existen reglas en la amistad, una de ellas es la sinceridad. Si te pareció bien todo lo que leíste, dale tus razones para que el creador del tema se sienta atendido y sepa que en verdad leíste su texto.


No te dejes llevar por el apoyo moral.
No des latigazos sin indemnización por daños a terceros. A este punto le llamé así para que llamara la atención: no te limites a mostrar aluna falla y restregársela al individuo en cuestión, tampoco te restrinjas a lanzarle flores mientras va desfilando por las avenidas principales. Las sugerencias, por pequeñas que parezcan,  importantes para todos: dar y recibir conocimiento, experiencias, gustos...


Antes de comenzar la masacre, concientízate.
Sé que muchos adoramos las críticas tipo 'no cuidaste la ortografía, no te esmeraste, no me ofreces nada nuevo, tu escrito me parece asqueroso, mátate'. Bien, antes de hacerlas así, piensa que el que está al otro lado del monitor es un ser humano. No les digo que no sean bruscos, ni mucho menos que se traguen el coraje de no leer algo que les agrade; pero piensa que, en determinadas ocasiones, las palabras que podrían utilizar no son las correctas.

Procura ser amable con el cocinero y díle de la forma más razonablemente posible que la sopa es un asco.

[/b]

Y seguiremos con las aportaciones. Ciao, bambinos




achl

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Re: MI BLOC, QUE NO BLOG

Mensaje  achl el Miér Nov 09, 2016 8:20 pm




Enamorado despechado

El millonario cliente de la prostituta llegó al apartamento, que él había comprado para ella, y pasó directamente al dormitorio; miró la cama revuelta -como de haber habido sexo con alguna otra persona-, y la vio dormida. Salió furioso de allí, se fue al salón, sacó un folio y un bolígrafo de su portafolios, y escribió...


Una noche más te encuentro sumergida en la serenidad de mis sábanas. Desnuda yaces en la guarida que mi pasión ha ido forjando. Un punto de encuentro para caminos divergentes. Una manera de acallar a la rutina y dar voz al placer. Ahí mis pesares desaparecían hasta el momento en el que era consciente de que no volvería a verte. Hoy he llegado más tarde de lo acostumbrado, y es por eso que el sueño y 'algo más' se me ha adelantado en tu conquista.

Bruscamente me he puesto a tu lado y he observado cómo rincones de tu espectacular anatomía se asoman para disfrute de estos mis ojos de tonalidades lascivas. El destello de una lampara del salón hace brillar tus muslos que la penumbra hace esconder tu fruto prohibido, que era mi único alimento. Tu espalda, manoseada por tus chulos, reposa curvada a la espera del frenesí de mis dedos. Aunque te haces la dormida, no puedes borrar de tu cara la ansiedad con la que anhelas dejarte llevar por el más feroz de mis instintos, ése que ahogaba mi angustia y desataba tu placer. Tu boca entreabierta confiaba en encender la yesca que envolvía mis entrañas, avivando el calor que fervientemente corría por mis desatadas venas. Aunque callada, tu actitud desafiante pide a gritos morir arrollada por el tren que mi billetera puede impulsar; sí, ese que silba al entrar y al salir del túnel, ese que espira blanca niebla al llegar a tu estación.

A diferencia de otras noches, no he enloquecido mientras me quitaba la ropa. Enjaulé al animal que deseaba devorarte y liberé a ese otro animal desconocido para ti, cargado de ira. Quería conquistar los paraísos que todavía desconocía del mapa de tu cuerpo; surcarte sin que pudieras notar el balanceo de mis olas; encontrar reposo sobre tu vientre. Quería enredarme entre el pelirrojo de tus cabellos, escalar tus senos, sin temor a caerme, divisarte desde tus pezones, barrer tus muslos con mi saliva y después saciar mi sed en tus labios, los de arriba y los de abajo. Quería perderme entre tus nalgas, bañarme en el agua que emana de tu poza, cubrir tu cuello y tus senos con los impulsos de mi lengua, hacer de tu ombligo mi nido y abrigarme con el fuego que habita en su piel.

Quería vaciarme por desvanecer a tus sentidos, desvivirme por exprimir, uno a uno, tus deseos; desangrarme para que el hacerte el amor fuese pura poesía. Sé que lo habrías sentido. Sé que en algún momento ibas a saltar de tu sueño a mi delirio. Tu flor empezaría a temblar con el vaivén de mi miembro impetuoso. Tus ojos se nublarían al son de mis respiraciones aceleradas, una capa de sudor nos fundiría en un mismo ser. El silencio se teñiría de dulces gemidos y de un relinchar de aquel viejo somier. La pared proyectaría una película de sombras que pelearían enzarzadas en un movimiento salvaje. La explosión semántica no tardaría en llegar, pero tú seguirías pensando en que aquello no era del mundo real.

Empapado de placer y embriagado de sublimes sensaciones, alojaría mis huesos cerca de los tuyos, clavaría mi boca en la tuya y dejaría caer por ella un beso hondo que distraería a las agujas del reloj por un momento que parecería infinito.

Cuando la prostituta despertó, se levantó de la cama y después leyó lo que interpretó como un ataque de cuernos. Al final del mismo folio y con el mismo bolígrafo escribió lo siguiente...

Me he puesto mi bata verde. En la mesilla he encontrado un cheque que reza a mi nombre con la firma de ése viejo amante celoso y la suma de.. ¡10 míseros euros!, como pago a no sé qué. Cabreada, he contemplado mi cuerpo desnudo en el espejo alargado del cuarto de baño, y he decidido que nunca más quiero ver a ese tío. Mi interés por su dinero se ha convertido en ira y odio. Así que he cogido el cheque y lo he partido en mil pedazos, tirándolos con fuerza al suelo. Pero al mirar hacia el suelo, he visto en él una nota que decía:


Los sueños de los ilusos deben despertar de su letargo, pues nunca se hacen realidad


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Re: MI BLOC, QUE NO BLOG

Mensaje  achl el Vie Nov 11, 2016 12:17 pm




De pánico a chasco en el parking

Bajaba al aparcamiento subterráneo esa noche con una aprensión que se iba convirtiendo en miedo cuando descendía por aquellos escalones mal iluminados y desiertos. El miedo iba creciendo a medida que iba hacia el lugar en que estaba aparcado mi coche.

Y no era para menos, porque desde que una banda de cultos satánicos merodeaba por el barrio y que en un auto aparcado habían encontrado restos humanos, poca gente bajaba por allí de noche, y si lo hacían de día, procuraba ir acompañada.

Un intento de violación a una chica, que se libró de él merced a su ágiles piernas, hizo de aquel parking temido por mujeres e incluso por hombres que a diario teníamos que acudir.

Y la verdad era que aquello estaba desierto. Tres plantas bajo tierra, con capacidad para cientos de coches, ninguna vigilancia, y poca o casi nula iluminación, hacían del lugar un agujero siniestro.

Los coches dormidos como cuerpos alineados en una formación lúgubre, se sucedían a mi paso, y mí sombra distorsionada y reflejada en paredes se movía ajena a mis movimientos, formando extrañas y amenazantes siluetas.

De pronto, un ruido sordo atronó en el intenso silencio del lugar. Quedé helada, firme y rígida, a la expectativa de alguna inesperada aparición. Pero no. Esta vez era un gato negro y tuerto que se había subido de un salto al capó de una furgoneta y que me miraba al pasar con su único ojo brillante y amenazador.

Llegado al fondo del local, frente a mi coche, y sin ganas ni de limpiar el parabrisas, me di la vuelta deseando salir de aquella ratonera, cuando un ruido me llegó de lejos, que se hacía más intenso y sonoro a medida que me acercaba a los coches del otro extremo.

'¿Qué será eso?', me pregunté. El ruido provenía del interior de uno de los coches aparcados en la semi oscuridad. Me aproximé con sigilo y con miedo, y con espanto vi una cabeza que se movía y unos brazos que parecían agredir a un cuerpo oculto a mi visión.

Gemidos femeninos y respiración agitada, palmariamente me llegaban. Estaban agrediendo a una mujer. Si era un ataque de un violador había que salvarla como fuera. Con un valor desconocido y sin dudar aporreé varias veces la puerta del conductor e hice intento de abrirla. Gritando amenacé. Había que salvar a la chica de aquel malvado.

Se resistía la puerta y el tumulto del interior parecía haber desparecido. '¿La habrá matado?', me pregunté, nuevo.

De pronto, el cristal de la ventanilla del conductor se bajó y apareció una cabeza despeinada de hombre que me dijo con cara de cachondeo:


¡Qué pasa tía! ¿Es que no se puede echar aquí un kiki con tranquilidad o qué? -me di la media vuelta y, cambiando el pánico por una risa nerviosa y persistente, me fui despacio hacia donde estaba aparcado mi coche



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Re: MI BLOC, QUE NO BLOG

Mensaje  achl el Sáb Nov 12, 2016 12:16 am




Berta y sus lolas

Berta estaba muy muy feliz con sus nuevas lolas.

Lo primero que pensó, después de la costosa y laboriosa operación, fue en irse a Brasil de vacaciones, y ya allí haría top-less.

Se veía tan bien, tan perfecta, tan orgullosa, tan despampanante, tan de aquella manera, tan... tan... que deseaba compartir con todo el mundo la belleza de sus espectaculares lolas.

Su mejor amiga, Rosa, le hizo un comentario:

____¿Vas a Brasil en avión? ¡Cuidadín, cuidadín con lo que vas a hacer...! Las prótesis pueden explotar en pleno vuelo.

Cada una de sus restantes amigas le contó una historia diferente sobre el tema de las prótesis y los aviones...

____Acuérdate lo que le pasó a la Obregón... -una.
____Lo mismo que a muchas actrices norteamericanas... -otra.
____¿Te acuerdas de Pepa? Pues ella tuvo problemas... -otra.
____No sé de ningún cirujano plástico que asegure algo así... -otra.
____Es que llevar ahí algo que no es tuyo y tan grande... -otra.
____Yo que tú me iba en barco... -otra.
____Bueno, a lo mejor tienes suerte y sólo explota una... -otra.
____Arriesgarse a algo chungo por una bobada... -otra.
____A muchos tíos no les gustan las tetas de silicona... -otra.

¡Basta ya, basta ya! ¡¡Baaaastaaaaaaaaaa yaaaaaaaaaaaaaaa!!

Tan confusa la habían dejado las opiniones de sus amigas que habló con su cirujano, y éste afirmó categóricamente que viajase en avión a Brasil y adonde le apeteciese completamente tranquila, que no tendría ningún problema.

Y Berta se fue al aeropuerto, acompañada de sus amigas.

Antes de subir a la aeronave, Rosa le preguntó:

____¿Qué harás si explotan tus lolas en pleno vuelo?

Una vez ya a bordo, aquellas palabras de sus amigas le daban vueltas y vueltas en la cabeza; tantas vueltas eran que ni siquiera las palabras de su cirujano le proporcionaban sosiego.

En el asiento contiguo al suyo, un niño se movía inquieto.

Berta se durmió.

Y soñó que caminaba por una playa de arena muy blanca. De pronto, se cruzaba con el niño del avión, que la seguía y la adelantaba. Luego, con un dardo le apuntó a sus pechos y... ¡¡puuuuuum!!

Se despertó sobresaltada agarrándose sus tetas con desesperación.


Mientras aquel mocoso que estaba a su lado se quitaba los restos del chicle globo de la cara



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Re: MI BLOC, QUE NO BLOG

Mensaje  achl el Lun Nov 14, 2016 3:22 pm






Todo todito mi amor para la rubia de mi vida

Dichoso, muy dichoso, el día que te conocí. Tú estabas ahí, a mi alcance, a pocos metros de mí, esperando a que me acercase. Contigo estoy feliz, me sonrío, me río y siempre estoy alegre. Imposible me resulta no reírme y estar triste a tu lado.

Mucho sentimiento siento al comprobar cómo me llenas cada vez que te cojo. Nunca, jamás de los jamases, me podría enfadar contigo, eres tan perfecta, tan linda conmigo, tan llena de vida... que me contagias.

Todo el mundo siente envidia mientras nos ven juntos. ¡Claro!, quieren lo mismo que yo. Y no saben que eres inalcanzable para todos aquellos que te rodean, que no sepan valorarte. No sé qué es lo que tienes, no sé qué es lo que mantiene tu esencia, ni siquiera tú me lo podrías explicar, pero lo cierto y verdad es que por segundo necesito más de ti.

Satisfacciones a raudales salen de mi cara siempre que estás junto a mí, ¿Qué haría yo sin ti? ¿Qué harías tú si no te mimase yo?

Todas las noches cuando me acuesto pienso: '¿estará ella mañana en el mismo lugar? ¿Me podrá deleitar de nuevo con su belleza?' Y por fortuna, siempre estás, esperándome. A diferencia de los otras, tú nunca me has fallado, y sé que nunca me fallarás. Confío en ti. Y empecé a confiar justo desde el mismo momento que te conocí

Pesadilla, una tras otra, tengo el día que no te veo. Como toda la gente quiere quitarte de mis manos, y no sé cómo lo hago ni cómo lo hacemos que acabo, que acabamos, teniéndonos más el uno al otro.

Da igual quién te haya traído, quién te haya acercado a mí, la cuestión es que estás destinada a permanecer de por vida conmigo... Son tantas las cosas que siento y tan pocas las palabras para expresarlo. Pero sé que tú me entiendes, ¿verdad, rubia de mis entretelas?

Un mundo de alegría gira entorno a mí los días que quedamos. Da igual lo que ocurra entonces a mi alrededor, porque estaré siempre feliz. Llego a pensar, llegamos a pensar, que hemos nacido el uno para el otro.

Contigo no quiero que se encapriche nadie, sólo quiero encapricharme yo por más empeño que pongan los que quieran encapricharse contigo. Eres mía y sólo mía. Los que les gusten las rubias que se busquen otras rubias que seguro no serán tan exquisitas, tan sabrosas, tan despampanantes y tan RUBIAS como tú...


¡Te quiero, cerveza mía!



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Re: MI BLOC, QUE NO BLOG

Mensaje  achl el Lun Nov 14, 2016 3:42 pm




Un hombre casado luchando
contra una máquina

Y allí estaba él. Otra vez solo ante ella. Se escondía en el pasillo, le daba pánico estar a solas con ella. Se asomaba un poquitín por la puerta, solo la cabeza, lo suficiente para verla, y justo cuando su vista alcanzaba a la máquina, volvía a esconderse.

Vueltas, vueltas y más vueltas daba por el pasillo pensando cómo podría hacerlo, cómo podría reducir a la máquina.

'¡Ahora o nunca!' -gritó al aire, a la vez que cogió todo lo que necesitaba para llegar hasta la máquina.

Se acercó muy cuidadosamente y muy despacio y en silencio hasta ella. No quería que la máquina pudiese pensar que tenía miedo, así que puso cara de total conocedor en la materia.

Justo cuando se encontraron, frente a frente, la abrió decidido y metió las cosas que llevaba en las manos. Luego la cerró fuertemente y saltó hacia el suelo, acurrucándose así durante un buen rato y echándose las manos a la cabeza.

No escuchaba nada, ni un solo ruido...

'¿Qué pasa con esta puta máquina?', se preguntaba, una y otra vez, a la vez que se apartaba las manos de la cara y miraba de reojo a la máquina cuya no se inmutaba, no hacía nada.

Pero como muy inteligente y muy astuto que era, se dirigió al trastero y cogió un palo y otros artilugios que creía útiles para la máquina.

'Jejeje, esta vez no me engañarás. Me venciste en el pasado, pero ahora la victoria será mía' -se hablaba y se hablaba a sí mismo.

Sudando a ríos, sabía que tenía que darlo todo, la situación lo requería, y debía demostrarse y demostrarle a aquella máquina quien era superior. Así que se aproximó corriendo y saltó encima de ella.

'¡¡Jajajaja!! ¡¡Ya eres mía!!', gritó.

Buscó repetidamente otro sitio de la máquina para abrirla. Pero buscó y buscó y no encontró nada.

'¡Malditas sea!', se dijo para sus adentros.

Por fin encontró un lugar donde meter los utensilios, y evidentemente los metió. Acto seguido, volvió a saltar hacia el suelo, exactamente de igual manera que la vez anterior.

'¡¿Quéééé?!' -se extrañó otra vez. La máquina pasaba de él.

Se volvió a levantar y se fue corriendo hacia el pasillo, para allí pensar en otras estrategias contra la máquina.

¡Joder! ¡Claro! ¡Ya está! -se iluminó.

Parecía que ese astuto hombre había encontrado una solución: 'botones', todas las máquinas tienen botones en alguna parte de su cuerpo.

'Los encontraré, juro por Dios que los encontraré', se dijo.

Siguiendo en el pasillo, empezó a contar hasta tres.

'¡Uno, dos y… tres!'.

Corrió hacia la máquina y volvió a saltar encima de ella.

¡¿Dónde están los malditos botones?! ¡Deben estar en alguna parte!

¡Hurra...! ¡Aleluya...! ¡Eureka...!

Los encontró, al fin y los pulsó en el orden que le pareció más adecuado. Verdaderamente era un hombre muy listo. Pocos habían como él.

La máquina comenzó a reaccionar por fin.

'¡¡Jajajajajajaja!!' -no pudo evitar soltar una carcajada de loco.

Esa carcajada le invadió, pues, por fin, llamó la atención a la máquina.

Ésta empezó a vibrar con intensidad, y su interior comenzó a revolcarse, cosa que al hombre asustó y salió corriendo hasta el comedor, pero sin saber por qué no dejaba de reírse de esa forma tan inquietante.

El hombre, muy muy, pero que muy muy orgulloso de sí mismo, cogió su móvil, buscó en la agenda y marcó un número:

____¡Dime, cariño! -contestó una voz femenina.


¡Jajajajajajaja, cariño! ¡Jajajajajajaja! ¡¿Sabía o no sabía poner una lavadora?! ¡Jajajajajajajaja...!



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Re: MI BLOC, QUE NO BLOG

Mensaje  achl el Lun Nov 14, 2016 4:35 pm




Casi muertos en la bañera

¡Inolvidable noche, aquella: tan larga como completa, tan emotiva como sorprendente! Lo cierto y verdad es que hubo de todo. Quiso el buen y el bien educado Antonio ir a la habitación del hotel para asearse un poco y para confirmar la habitación; y Lola, tan metida en su papel de relaciones púbicas (perdón, me comí la 'L') le acompañó en todo momento.

____Lola, por favor, ¿te importaría esperarme mientras me ducho? -y Lola, con esa caída de ojos cual persiana de grandes almacenes a las ocho de la tarde, sonreía mientras, sentada en la cama, encendía un cigarrillo en paciente espera.

¡Ah! La tranquilidad junto a aquel hombre dura lo que la luz cegadora de un rayo de amor en los ojos de un púber. Primero, un sorprendente grtiito, seguido del correspondiente golpe, el sonido de unas cortinas al rasgarse y... tranquilidad de nuevo.

Lola, tan poco acostumbrada aún al cambio en el orden universal, de un salto se puso en pie y en dos o tres pasos se acercó a la puerta blanca del cuarto de baño.

____¡Antonio, Antonio! ¿Estás bien?

____¡Estoy, estoy, aunque aún no sé si bien, pero... ni se te ocurra entrar! Acabamos de conocernos y no quisiera que me vieses así.

Silencio, tan absoluto silencio que Lola aproximó su oreja a la puerta y la presionó con fuerza para intentar escuchar del interior.

En su recién creada empatía era tan perfecta la acopladura, que Antonio eligió justo ese momento para abrir la puerta. Y la abrió, pero no necesitó tirar de ella, porque era tanta la ansiedad de oír de Lola que había puesto que, al desbloquearse el pestillo, Lola, cigarrillo incluido, puerta, Antonio y toalla acabaron en la bañera, cuya, inocente y completamente ajena a la impetuosa escena de amor que se desarrollaba, ocupaba en el baño un alejado rincón de una habitación de hotel de una ciudad cualquiera

En su intento de evitar ser atropelladamente acometido por la amorosa impetuosidad de Lola, Antonio intentó esquivarla, girándose, pero no lo suficiente como para evitar que se le echase encima, quedando atrapado en un abrazo tal que lo arrastró con ella hasta la bañera.

Aquel gesto hizo que su cabeza golpease contra el grifo, evitando así que fuese la cara de ella la que agrediese, de una forma tan imprevista y tan desaforada, al pobre y metálico vierteaguas. Pero a quien agredió fue a su cara. Frente contra frente, nariz contra nariz, ojos contra persianas de grandes almacenes, labios sellando un beso de amor que en esa misma mañana había empezado a florecer en aquellos dos corazones puros en el aeropuerto de una ciudad cualquiera. Pecho contra dos esperanzadas protuberancias, envidia de profesores y alumnos de la universidad; tripa contra tripa, que ya empezaban a gatear; pelvis contra pelvis (la situación y el imprevisto no daban para mas), rodillas contra rodillas. Acoplamiento tan perfecto que nunca nadie podría asegurar que aquellos dos seres no fueron siempre dos en uno. Una perfecta exaltación del signo de cáncer, al cual ambos pertenecen, pero que pueden dejar de pertenecer porque, muy graves, han sido ingresados en un hospital.


Lo único que la Policía pudo determinar, a instancias del Rector de la Universidad, fue que el semen encontrado pudo ser motivado por el numerito del Kamasutra que estaban intentando practicar aquellos dos amantes enamorados


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Re: MI BLOC, QUE NO BLOG

Mensaje  achl el Lun Nov 14, 2016 9:40 pm




Hola a todos los lectores, animados para leer esta pequeña historia. Estoy intentando escribir un cuento y a ver si os gusta como empieza y como, jajajajaja, termina....


Extrema timidez en un ascensor


Y para ello, divagando divagando, imagino a una pareja (chico y chica) en un ascensor. No es pareja formal, no duermen juntos, no comparten nada, excepto un ascensor. Y no saben el uno del otro; de hecho, nunca se hablaron. Pero, al menos, son personas, y hace como unos dos años que se ven todos los días en esos cuarenta segundos eternos que tarda en llegar ese ascensor hasta la planta baja.

Pero ahora, silencio. Que vamos a escuchar lo que dicen

'Dile algo', se dice él. Ella, en cambio, está pensando que tiene que pasar por la pelu de su amiga Mónica cuando salga de su trabajo.

El ascensor baja dos plantas más. No pasa nada... ¿Se van a quedar ahí calladitos? Planta baja. Se abren las puertas. Ella sale. Tiene unas piernas espectaculares. Él se queda mirando, hipnotizado, desde el ascensor.

____¿Por qué no le hablaste? -le pregunto.
____No sabía qué decirle -me responde.
____Cualquier cosa: hola, qué tal, algún comentario gracioso. No hables del clima, no caigas en charlas de taxistas tampoco. Algo ingenioso, no sé, tú eres el protagonista del cuento. Ingéniate lo que sea.
____Sí, pero tú eres el escritor -me responde.
____Bueno, hagamos algo. Voy a pensar qué puedes decir y mañana lo intentamos de nuevo, ¿ok?
____Ok.
____Y ahora sal ya del ascensor, que hace rato que estas ahí parado.

Al otro día, están ahí de nuevo, mi pareja del ascensor. Ella tiene el pelo recogido y las gafas de siempre, que tan perfectas le quedan. Él no lleva corbata, porque no sabe hacerse el nudo. Un compañero de su trabajo se lo hace cada día antes de entrar en la oficina.

____Prueba decirle ¡hola! Empezaremos fácil.

Silencio de él.

____¡Ponle coraje, chiquillo, y dile al menos un hola! Sólo eso.
____No me animo.
____¿Cómo que no te animas? No te pido más por hoy, un simple hola y listo, y eso para empezar un vínculo.

Me dice que seguro que se atraganta, o se le va la voz, o le vienen ganas de estornudar. O... ¡pamplina!

____Aunque mira por dónde no es pamplina. Estornudar, aunque forzado, es lo mejor que te puede pasar. Por lo menos te va a decir... '¡Jesús!'.
____Pero pensará que soy un tonto.
____Ya eres un tonto porque no te animas a hablarle a esa chica bellísima que ves todos los días en el ascensor. Venga te quedan seis segundos, es tarde para decir hola, pero aún estás a tiempo. Se va a percatar que eres muy tímido y sentirá ternura. Cuatro segundos, dale... ¡hola, hola!

Ella se baja sin mirar atrás, y otra vez la misma historia.

____Hola.

Dice, cuando ella se había alejado y en la planta baja no había ya nadie. Así la viese en trescientas plantas que siempre haría lo mismo: silencio.

____¡Eres un cagón! -le miro, airado.

Le tranquilizo y le digo que probemos mañana, que hoy practique en el trabajo, o a la noche en su casa. Que haga incluso viajes de prueba, que se meta en el ascensor con una muñeca hinchable y pruebe decirle hola, y así se va cogiendo práctica. ¡Ánimo que todavía se puede!

Es miércoles, y mi pareja ya está en el ascensor. Casi me quedo dormido y me los pierdo. Ahí está de nuevo ella, hoy está muy repeinada y con un traje muy muy atrevido. Está pensando en cosas de chicos. No entiendo mucho de eso. Él lleva su corbata en una mano. Ahí está, puede contarle que no sabe hacerse el nudo de la corbata y a ella le va a dar ternura y le va a comprender.

____Otra planta que te mantienes en silencio total.
____¡Cállate! -me dice, que no se puede concentrar.

Los dejo bajar tres plantas más. Le toco a él en el hombro, sin decir nada. Otra planta. Toso un poco. Planta baja. ¿Otra vez lo mismo? Y ahí va ella con su caminar llamativo y plena de confianza. Y ahí queda él, haciendo una excelente imitación del potus que está en la entrada del edificio.

A la otra mañana está ella sola en el ascensor. A él no le veo por ninguna parte. Me asusto un poco; lo busco en su casa y lo veo tirado en la cama. Le pregunto qué hace ahí y por qué no está en el ascensor con esa chica. Me responde que lo tengo agobiado, que no quiere hablarle, que es feliz así, y que lo deje en paz. Le vuelvo a decir que no puedo, que tengo que escribir mi cuento, y necesito que pase algo entre ellos dos para que esto sea un cuento, que haya un diálogo, que se conozcan hasta alcanzar una bonita relación. Se queja de que nunca me pidió estar en ningún cuento, que es tímido y que no quiere hablarle en un ascensor a una chica que, aunque está buenísima, no es motivo suficiente para que yo le obligue a conquistarla. Le digo que confíe en mí, que soy el escritor y que me voy a ocupar de que se fije en él, haga lo que haga.

Finalmente logro sacarle de la cama, y hasta le ayudo a hacer el nudo de la corbata. Ahora está seguro de hablarle, puedo sentirlo. Mañana será el gran día. Le dejo con sus cosas y le propongo vernos antes para repasar ese ansiado encuentro que yo tengo pensado.

Al otro día se queda dormido, lo que hace que le espere directamente en el ascensor. Estoy nervioso. Quiero ver qué pasa. Ella ya está adentro y el ascensor se acerca a su planta. Se abren las puertas, es el momento... Ella lo ve y sonríe. ¡Uy, uy!

____Tienes un moco -le dice señalándolo.

Y ahí estaba ese colgante verdoso debajo de su nariz, amenazando todo mi cuento. Con lo que me había costado arrastrarlo hasta aquí... ¡y ahora este puto moco! Él se quedó mirando perplejo con la boca abierta, pero sin pronunciar palabra hasta que las puertas se cerraron, con él afuera y ella adentro.

'¿Y este es el fin de mi cuento? ¡No!', pensé mientras vi que el ascensor seguía hasta la planta baja. Ahora no voy a poder recuperarle nunca, y mi cuento se va a terminar por culpa de un asquerosito moco, cuyo no podía aparecer en otro momento. ¡Me cachisssss!

Lo busqué y lo encontré, pero no me quiso atender. Esperaba algo banal para bajar corriendo por las escaleras las veinte plantas. Algunas veces se disfrazaba para que yo no lo reconociera, se ponía pelucas y bigotes falsos. Ella, en cambio, seguía cogiendo el ascensor como todos los días, con el mismo silencio de siempre. Un día la oí decir: 'el pobre, se habrá asustado', y supe que, de haberle hablado, tendría una oportunidad.

Pasó un año así. Y no se volvieron a cruzar. Me enteré por otros vecinos que él cambió de trabajo, y ahora estaba trabajando en su casa haciendo paginas web, lo que le permitía no tener que salir a trabajar en la calle, y así podía evitarme a mí, a la chica de la planta de arriba, y al cuento.

Un día, finalmente, lo encontré, le hablé y me habló. Estaba disfrazado comprando un paquete de cigarrillos. Le reconocí y lo acorralé contra uno de los pasillos de aquella galería.

____Necesito un final. Necesito el final de este cuento, y no puede acabar contigo yendo a comprar cigarrillos. La gente me va a putear.

De nuevo me pide que lo deje en paz, que no quiere seguir viviendo mi cuento, y que lo acabe como se me dé la gana. Le pido que se lo piense, que se lo plantee, que ya pasó mucho tiempo y ahora eso del moco va a ser una anécdota graciosa. Le di la idea de que mañana apareciese en el ascensor con enorme sonrisa en los labios y cuando se vean se van a reír a carcajadas. Luego podrían hablar sobre ese momento, y listo. Ya estaba plantada la semilla de la relación. No quedaba más que regarla todos los días un poquito y crecería. Después de una discusión, acepta si yo acabo el cuento y lo dejo tranquilo. Trato hecho, le dije tendiendo mi mano que, de malas ganas, estrechó.

Al otro día, todo ya preparado. Él había cambiado radicalmente: bañado, peinado y perfumado. No iba a ningún lado pero igual cogería el ascensor para cruzarse con ella nuevamente. Le ayudo con el nudo de la corbata. Sale al pasillo, cierra la puerta y toca el botón verde que lo iba a llevar al reencuentro. Se oyen movimientos y ahí está él con los brazos abiertos y con una sonrisa de oreja a oreja. Llega el ascensor y finalmente se abren las puertas. Está vacío. Ella no está. Se había mudado el día anterior. Vi por última vez su cara de desconcierto. Le dije que, al fin, ya tenía el final de mi cuento.


Se lo agradecí a través de un fuerte apretón de manos, y luego lo dejé solo y me pareció que estaba pensando en cuál sería ese final que yo le anuncié...


achl

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Re: MI BLOC, QUE NO BLOG

Mensaje  achl el Mar Nov 15, 2016 12:27 pm




Elección de regalos

¿Qué puedo regalarle a esa chica?


Ésta era una pregunta que se hacía recurrente en mi adolescencia, y no sólo por mi inseguridad innata, también porque el interrogante requería de un intenso análisis y algunos puntos a tener en cuenta.

Paso a exponer la tesis desarrollada al respecto:

1- Elegir un objeto que le agrade…

(a) Cuestión que se hace casi azarosa en los casos en que uno, no hace demasiado tiempo que conoce a la chica.

(b) En el caso de conocerla bastante, se corre con dos desventajas; la primera es que de ser quien consulta una persona más o menos atenta, ya ha regalado variopintos objetos, acortando la lista de cachivaches. La segunda complicación, y aunque suene desalentador para los que no han llegado aún a esta categoría, es que de haberse extendido la duración de una relación, también se agrega el problemas de una potencial falta de estímulo en la elección del presente. Entonces uno, sin nada en la mente, se zambulle en la ciudad en busca de una tienda que nos elija a nosotros como compradores.

PELUCHE… Una de las primeras opciones, válida si no se es un hombre hecho y derecho. Puede ser ésta también buena elección, sin importar la edad, si se quiere agasajar a una señora anémica de neuronas y entrada en edad. Suponiendo que nuestros requisitos son suficientes y pensamos en el típico osito, aquí surge otra cuestión…

2-La inscripción Si el muñequito, válido también para otras chucherías, no tiene nada escrito puede que se nos reproche falta de sensibilidad. Si tiene una leyenda, he aquí otro inconveniente.

(a) TE AMO… Si no se ha pronunciado aún esta frase, puede que sea un camino de ida sin regreso. Prestar mucha atención si uno no pretende en algún momento amar a la agasajada (hay que diferenciar el amor de un impulso). Tener en cuenta que si se está seguro que a uno lo aman, que ya se ha dicho esta oración cortita pero problemática, lo más probable es que uno ya regaló un osito.

(b) TE QUIERO… Puede que desilusione a quien esperaba el TE AMO (ver y repasar el punto 2º). Y así descartaba el maldito Winnie Pooh, y volvía a la desnudez como al principio.

ROPA… Si no se sabe con certeza la talla, es un motivo de discusión y lo paso a exponer con citas alusivas:

(a) - Estoy hecha una vaca, no me entra en un dedo esto que me trajiste, parece que me lo hicieses adrede. Y después me preguntas por qué hago dieta…

(b) - Estoy hecha una vaca, ¿no? Así es cómo me ves, por eso me trajiste esto que es para elefante. Y después me preguntas por qué hago dieta…
(Luego de los puntos suspensivos, quienes me facilitaron los testimonios, declararon haber apagado sus oídos)

La Tesis, como lo llama el tarado de mi marido, termina aquí. A mí no me va a hacer quedar como una loca ante cualquiera que le dé por leer esta porquería que él escribe en el ordenador. Y mejor será que no me entere de quién se alimenta el ego mi marido. Lo único que falta es que se crea escritor. ¿Y encima da clases de regalos?

Después de todo, parece que el partirle los dedos de un planchazo no fue más que corroborar su poca imaginación a la hora de saber escogerme el regalo más adecuado para el momento más adecuado.


Y cuando me dice que permanece enamorado de mí, algo que conlleva, entre otras cosas, estar pendiente de todo lo que me guste, aquí no vale que yo diga... 'a caballo regalado...'


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Re: MI BLOC, QUE NO BLOG

Mensaje  achl el Mar Nov 15, 2016 3:03 pm




Mi querida gorda

Arrastraban con notable viveza la diligencia, bajo un sol de sentencia, los cuatro caballos exhaustos, tras largo viaje por el paraje árido y pedregoso por el anhelo de cruzar cuanto antes aquel infierno. El sol parecía regurgitar sobre la tierra cual sopa calurosa de bilis que inundaba toda la planicie con su asfixiante hervor. Cada piedra era brasa que formaba parte de la parrilla que irradiaba un sofocante calor, por lo que nada podría sobrevivir, salvo un esqueleto moribundo de un burro disecado, que al pasar por su lado nos sorprendió con un mugido en demanda de agua.

En el interior de la diligencia la temperatura era la idónea para la cocción de alimentos, y yo, rendido ante mi previsible muerte, recostado en el asiento agonizaba en un estado febril. El sudor corría por todo mi cuerpo cual catarata. Mi cabeza hervía, como en una cacerola, y por mis oídos salían los vapores de la ebullición. (Temí no volver a verte).

Sentada frente a mí, una mujer gorda vestía vistosas prendas y un sombrero negro, cuya mujer sufría inconvenientemente de problemas gástricos, y en todo el trayecto no dejó de largar disculpas por las ruidosas ventosidades que se le escapaban, según ella por las incomodidades en el viaje. Su talante jocoso no podía negar su turbación, sin dar lugar a una profusión de risas, que se alternaba con tóxicas emisiones favoreciéndose el mutuo desarrollo. Pensé que no sería cierta tal exagerada tempestad de truenos y risas, y creí estar sufriendo una alucinación, una pesadilla onírica provocada por la fiebre. (El recuerdo de tus jadeos me animaba a seguir viviendo).

El insidioso traqueteo que agitó la diligencia en todo el trayecto se volvió trepidante al descender la loma que en sus alturas permitía divisar, en la lejanía, el poblado al que nos dirigíamos. Al llegar el llano, en tan sólo un segundo, se desató un oleaje de pulverulenta sequedad arremolinándose sobre la diligencia zarandeándola como barco en mar furioso, viéndonos obligados a cerrar las ventanillas. Los relinchar de los caballos anticipó desaforada carrera, y a galope tendido surcamos la tempestad de arena al ritmo de caballos desbocados, fustigados por el cochero, al que oímos disparar sucesivas veces con su rifle. Pensé que se había vuelto loco. A los caballos azuzaba desquiciado vociferando blasfemias.

Ni el ritmo de locomotora, ni el estado eufórico del cochero permitían la precaución de evitar los disímiles exabruptos del terreno, produciéndose un descompasado traqueteo, por momentos vertiginoso, que lanzaba por los aires a la diligencia en un vuelo rasante, camino al infierno. Los tremendos pedruscos que por allí había provocaron grandes saltos de la diligencia, haciéndonos rebotar en los asientos y propiciando que, en uno de esos rebotes, se catapultase la señora gorda sobre mí, llevándome uno de los peores sustos de mi vida y un fuerte manotazo en la cara por la que me estuvo sangrando la nariz el resto del viaje. Aplastado como cucaracha, sentí el descoyuntar de todos mis huesos y el apretón de mis órganos en fatal exhalación de mi aliento, entonando un gemido moribundo. (Pensé en tus llantos sobre mi tumba y me sobrecogí por esa añoranza).

Disipada la tormenta, maltrecho y resentido, arrastrándome con el resto de mi fuerza, me asomé por la ventanilla y con espanto pude comprobar que los espeluznantes alaridos que me llegaban provenían de una jauría de indios en actitud belicosa, que cabalgando frenéticos nos perseguía a tiro de piedra. En ese instante un indio de horrible catadura se asomó por la ventanilla con cuchillo entre dientes, pintado hasta las orejas, como un demonio de pesadilla, y con esa cresta de pelo cepillo color rojo parecía invadido por un espíritu maléfico. Convulsionándose cual cola de lagartija, rompió el cristal con la cabeza e introdujo la mano para acceder a la manilla, pero la recogió enseguida para taparse la nariz tras prorrumpir una acusada arcada. Quedó mareado colgando de la diligencia, agarrándose con una mano. Aun su trance se me quedó mirando con perpleja expresión, como si estuviera viendo un monstruo con el desconcierto y temor de ver algo inconcebible para él. Luego se cayó, y se alejó rodando por el pedregal. Yo estaba petrificado, sometido a un agarrotamiento y en un estado de polaridad que percibía el erizamiento de mis cabellos. La gorda me miró con gesto de satisfacción y alegría, que consideré inadecuado para aquel momento de máxima tensión.

Muchos indios al galope nos rodeaban por todos los flancos, coreando un desgañitado ulular mientras lanzaban un enjambre de flechas, machetes y cuchillos sobre la diligencia. El cochero les lanzó cartuchos de dinamita, provocando mortandad entre nuestros perseguidores; pero, de pronto, una explosión sobre nuestras cabezas dejó el cielo descubierto y pudimos ver cómo brotaba la sangre del cuerpo sin cabeza del cochero, como si fuese una fuente. Saltaron a la diligencia los indios enfurecidos, encontrando la firme resistencia de la gorda, que a base de manotazos limpios, como a avispas, les iba dando tal terrible castigo que espantados huían los pocos supervivientes.

Cuando todo aquello terminó, abracé y besé a la gorda, y desde entonces mi corazón es reo de sus deseos


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Re: MI BLOC, QUE NO BLOG

Mensaje  achl el Jue Nov 17, 2016 4:35 pm





Amores que no se estilan


Hacía muchos años ya que vivían juntos, pero nunca habían salido de vacaciones, fue una de sus compañeras del trabajo la que la animó para salir unos cuantos días de viaje

A la hora de la partida, las dos mujeres se acomodaron en los asientos delanteros del coche, y él, como sabía que el conducir no era lo suyo, se puso en medio del asiento corrido de detrás.

Durante el viaje, las amigas hablaban y hablaban... de sus cosas, y cada ciertos kilómetros, sin premeditar nada, se intercambiaban el puesto de conductora mientras que él con un ojo en el paisaje que corría por detrás de la ventanilla, con el otro contemplaba embobado las variadas formas y el revoltijo de pelos que la traviesa brisa que entraba por algún hueco del exterior formaba en el pelo de su eternamente amada.

Luego de un breve descanso en un área de servicio de la autopista, ella se puso detrás; estaba cansada y se echó a lo largo del asiento, y pareció que se quedaba dormida, cuando él estirándose todo lo que pudo y con el cinturón casi ahogándole, se acercó a su cara y suavemente la besó en los labios, y ante la bella quietud de aquel rostro venerado su reprimido amor animal, se desató y siguió besándole en el cuello, hasta que ella se removió con los ojos cerrados para decirle:

____¡Estate quieto ya, Boby! ¡Déjame dormir un poco!


Seguidamente, él volvió a su sitio, se sentó sobre sus patas traseras y, con la cara triste y baja dejó que la brisa que le daba en la cara secase unas lágrimas que le caían por su enorme hocico


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Re: MI BLOC, QUE NO BLOG

Mensaje  achl el Jue Nov 17, 2016 7:49 pm




La rutina carcome


¡¡Riiing… Riiing... Riiing...!! Ese maldito pero obediente despertador anunciaba el comienzo de un nuevo día

Me atormenta levantarme de la cama, mirar el espejo y descubrir que la mamarracho, con los pelos revueltos y algunos de punta que fijamente me mira, soy yo. Tal vez sea una pesadilla. Me refriego un poco los ojos, pero nada, la mamarracho sigue ahí.

Me meto en la ducha, me cepillo los dientes y luego esbozo la mejor de mis sonrisas; me vuelvo a asomar al espejo, para ver si me veo mejor, pero nada, la mamarracho se consolida definitivamente.

Preparo el desayuno para dos y después...

____¡Buenos días, cariño! -sin respuesta, como de costumbre.

Todo sucede así, invariablemente, todos los días. Antes de salir, luego de un beso, agrego:

____¿Cómo me ves? -sin despegar los ojos del periódico, lacónicamente responde:
____Como siempre.

A medio maquillar, aligero el paso. Mi manida suerte de siempre me lleva a mi parada del bus. Siempre pero siempre se encuentra una señorita de buen cuerpo, que luce divinamente. Transeúntes van y vienen, hasta que uno, lanzado y picarón acerca un: '¡si fuera artista, te pintaría un lienzo y lo llamaría perfección!', con omisa respuesta por parte de la obsequiada. Yo, sin ser físicamente demasiado afortunada ensayo sonrisas, a pesar de que el elogio no es dirigido a mí.

Deduzco que dos personas conviven dentro de mí; una, que, muy sufrida e insaciable, busca permanentemente ofrecer todo lo bueno que poseo, sin enojos, sin medida, que casi todo se perdona; y la otra, deprimida, de oscura conciencia, que se rebela opacando mis escasas virtudes. Es una pugna difícil, pero debo luchar por ser fuerte.

Mi ego, aún aturdido por la rutina, no se altera drásticamente. Pero toca fondo cuando alguna insidiosa en la oficina dice al aire pero mirando mis michelines: ¿saben que abrieron un gimnasio cerca de aquí?

Finalmente la jornada laboral llega a su fin. Como de costumbre, apurada vuelvo a mi casa. En el camino saldo unas cuentas y adquiero unas cosas que faltan en la nevera.
Después de preparar la cena, de cenar, casi siempre sola, de recoger la vajilla sucia, de meterla en el lavaplatos, de limpiar la cocina y ordenar todo; finalmente me dejo caer, cansada, con una taza de humeante te, frente al televisor.

Pronto me doy cuenta de que mi cónyuge se ha ido ya a la cama. Para yo entonarme y entonarle a él, me coloco mi más sexy camisón, me deslizo debajo de las sábanas. Un beso en la oreja y casi suspirando le pregunto: '¿cariño, estas aún despierto?'. Recibiendo un resonante ronquido, como respuesta.


Trato de relajarme pensando que es muy necesario para mí conservar lo mío y no desear lo ajeno, y menos aún forzado, ya que si tal cosa la llevo a cabo, nada puede impedirme ser feliz en la medida que yo misma me proponga y las circunstancias me lo permitan. Me doy media vuelta en el colchón con la esperanza de un nuevo día y cierro los ojos



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Re: MI BLOC, QUE NO BLOG

Mensaje  achl el Jue Nov 17, 2016 9:56 pm





Las paredes murmuran


Ya sé que suena extraño, ya sé que puede ser increíble, pero la primera noche que pasé en mi nueva casa del pueblo fue inolvidable. Y sí, tenía que ser de noche, cuando los ruidos se silencian, cuando se desvanecen las luces y la vigilia deja paso a los ensueños.

Apenas llevaba unos minutos en la cama, con el deseo de descansar del trajín de la mudanza, cuando mi imaginación comenzó a proyectar una película tras otra, y ya no podía dormirme. Permanecía consciente.

Era privilegiada testigo de los recuerdos que murmuran las paredes. Oía ladridos lastimosos, y vi un cachorro pastor alemán de unos cinco o seis meses; estaba en esta misma casa solo, nadie se hacía cargo de él; con paso cansino y mirada triste, iba de un lado para otro: ahora un gemido, ahora un ladrido, como quejas; ahora corría hacia la puerta, con poca fe. Así pasaban las horas y en la cabeza de aquel perrito entraban dudas y más dudas. Entonces, se puso nervioso, primero un poco, luego mucho, tanto que precisaba descargarse por lo que la emprendió contra la toalla del baño: la mordió y la mordió, como si con esta acción acabase con su situación de soledad, con su sentimiento de can abandonado. Al poco, ya había destrozado la toalla, ya era trapo inservible. De pronto, su corazón de cachorro empezó a palpitar con fuerza, dio un vuelco de alegría. ¡Oyó un abrir de puerta! Lo dejó todo y salió corriendo a recibir a su salvador, a alguien que le sacase del vacío de la nada. Una sonrisa de felicidad me sustrajo de tanta pena. En aquella casa vivió alguna persona que quería a los animales. ¡Bien!

Cerré nuevamente los ojos y me di la vuelta en un intento por conciliar el sueño, pero las paredes estaban parlanchinas aquella noche. Entonces oí música, eran arpegios de una guitarra que sonaba melancólica. No pude ver la cara del músico, pero sí sus manos, manos de persona mayor, su piel seca con venas marcándose sobre el dorso no dejaba lugar a dudas. ¿Qué lejanos recuerdos evocaban con sus notas?

Hice un gran esfuerzo por penetrar el significado de aquella melodía, por traducir a imágenes aquellas emociones, sentimientos. No fue fácil, pero pronto vi que aquel hombre no tenía a nadie, su corazón rebosaba amor, pero sin embargo era un alma solitaria, entendí que en toda su vida sólo había amado una vez pero no supo/no pudo ser correspondido; que trató de olvidar bebiéndose la vida a tragos largos, equivocándose de persona una y otra vez, no encontrando lo que una vez encontró. Pero, al poco, la música cambió y se hizo alegre, entonces supe que en aquella casa vivió un hombre que fue feliz, que no le pedía cuenta al destino, que al final de su vida halló su mejor y más feliz recuerdo, y eso me consoló.

Me levanté de la cama y fui a tomar un vaso de agua a la cocina, con la esperanza de cortar aquella situación Pero nada. Me senté en una silla y cuando menos me lo esperaba, de nuevo las paredes con su monólogo, y esta vez oí ruidos de platos rotos y cubiertos chocando contra el suelo y las paredes.

Entonces vi a una mujer, como asustada, arrojando objetos a un hombre, tristemente desaliñado, hasta me pareció oler el asqueroso tufo del vino barato de su aliento y su ropa. Él quería avanzar hacia ella pronunciando palabras soeces, pero ella no le dejaba, no era una mosquita muerta, le hacía frente y le decía que se fuera y que no volviese nunca más; añadía que no volvería a ponerle una mano encima y que ya tendría noticias de sus abogados. Dicho lo cual, le arrojó un vaso de cristal que se estampó contra la pared, a pocos centímetros del rostro de aquel, ahora asustado hombre, que se dio cuenta de la situación, se arrodilló llorando, le pidió perdón, le hizo no sé cuantas promesas de enmienda, pero debió leer la inapelable decisión de su mujer de tramitar el divorcio porque se levantó y sin mediar más palabras se marchó dando un sonoro portazo.


Me fui hacia mi cama y, rebobinando, rememoré un cachorro pastor alemán, alegre y feliz por haber abandonado su soledad; un hombre mayor que buscó y rebuscó su felicidad hasta encontrarla en su música; y una mujer, pero una mujer valiente, que luchó por no ser maltratada nunca más; y entonces me alegré por todo ello. Me acosté y, por fin, pude conciliar el sueño



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Re: MI BLOC, QUE NO BLOG

Mensaje  achl el Vie Nov 18, 2016 9:24 pm





En busca de la Inspiración

A mi vecino el loco, que se llama Primitivo, el otro día le vi. Ahora está en su casa porque está enfermo. Una gripe contagiosa y rebelde lo tiene en cama, pero él se escapa al sol de un parque cercano y, una vez allí, se lía como no lo hace nadie, sus cigarrillos.

Primitivo es un tipo de unos 68 años, con pelo largo canoso, barba larga canosa y enormes mostachos canosos. Su apariencia no es la de un loco, pero sí es la de una persona con problemas de nervios.

Con tranquilidad, como rito antiguo, se saca del bolsillo una vieja petaca de cuero oscuro y agrietado, vierte un poco de picadura en un papelillo y, pensando en sus cosas, afina los dedos y enrolla el papelillo de tal forma que en un segundos, un fino cilindro está listo para ser encendido. Desde la lejanía, esa escena me recuerda a cuando mi padre hacía lo mismo.

Pero para saber más de Primitivo..., porque la realidad es que los vecinos somos grandes desconocidos: nos ocupamos de cuidar nuestros perros, nuestros jardines, nuestros coches, nuestros... en fin, de todo menos de interesarnos por nuestros vecinos que, después de todo, son gentes con iguales problemas y felicidades que nosotros. Pero Primitivo no, siempre está pendiente de todos sus vecinos. Es un hombre educado, respetuoso y complaciente.

Así que me acerco a él con recelo, con un poco de desconfianza, más por su gripe que por él, que parece una muy buena persona, maltratada por la vida, como luego él mismo me contó.

____Buenos días -le saludo.

Mi vecino me mira desde la lejanía de su cordura como pensando que me conoce de algo, seguro que sus fantasías se mezclan con sus pesadillas y realidades y tiene que hacer un gran esfuerzo para coordinar y saber en cuál de ellas se encuentra. Al fin, como saliendo de una concentración, o recuperando un poco de cordura, me responde.

____Hola vecino. ¿Tú eres el vecino del 4º 3º, el que escribe que el tiempo nunca se para porque el reloj nunca para y que el mar te llama cuando te acercas y que tú le saludas con un hola, ola?

____Bueno...

Le dije encogiéndome de hombros, pero sorprendido escuchándole esas cosas, que en lo que decía del tiempo no andaba muy desencaminado. Y también pensando que, al fin y al cabo, nada conseguía con desmentirle, si él pensaba que había dicho eso, me daba igual, tampoco era cuestión de ponerse a porfiar con un enfermo mental. De toda la vida se sabe que a los locos y a los borrachos hay que darles siempre la razón.

____¿Cómo que no está usted en su casa, vecino? ¿Acaso ha mejorado de la gripe?

Le pregunté, pero aparentando naturalidad y con ganas de sacarle de su estado de semi shock.

____¡Qué va qué va, señor vecino! Si usted supiera. Ahora me paso todos los días y todas las noches escribiendo sin ningún descanso. Quiero decir al mundo entero la verdad que no conoce.
____Bueno, mejor dicho, escribía, porque usted sabe que para esto hace falta inspiración. Y mire usted por dónde que ahora esta buena señora no me visita como antes solía hacerlo -se apresuró en añadir.
____¿Y cómo es eso?

Seguía yo demostrando un falso interés, pues estaba claro que mi vecino y también mi amigo, contaba un episodio de sus delirios.

____¿Pero sabe usted qué hice para que me visitase de nuevo, para que otra vez me iluminase con sus clarividencias?
____¿Qué hizo?
____¿Qué hizo para que le visitase? -repetí, matizando.
____Que me quedé una semana sin comer y, me debilité tanto, que tuve una especie de sopor, en cuyo viajé por el mundo de los Sueños y de las Estaciones. Hice afecto con el Otoño y la Primavera, pero me quemé con el Verano, enfriándome con el Invierno, hasta que hallé a un payaso loco, que daba vueltas en redondo sin parar, que me indicó con gestos y voces donde estaba la Inspiración. La encontré en una vieja estación de tren de madera, que tenía infinidades de vías hacia direcciones inimaginables, y cuando la vi me di cuenta de por qué no había venido a visitarme, como siempre; estaba tan atareada, tan cansada y tan anciana, que apenas si podía estudiar y resolver las ideas, los proyectos y las realidades de las personalidades de nuestro Planeta: iluminados, inventores, soñadores, y todos esos sabios poseedores de Células Grises que pululan por todo el Universo.

Y seguía....

____A su alrededor, y en un maremágnum de nuevos inventos, pinturas y creaciones, proliferaban todas clases de sueños e iniciativas y proyectos, que ella, tan anciana y tan decrepita no podía hacer nada por ordenarlos. Así que cuando me vio llegar entendió mi sorpresa. Pero yo la imaginaba como una soberbia mujer con esplendorosa y brillante hermosura y con majestuosidad de reina. Pero lo que vi fue a una vieja achacosa, llena de arrugas y de trabajo, un trabajo tan enorme que la superaba, la rodeaba y la agobiaba. Así que, mirándome y sin hablar, me dijo que le ayudase y que si aprendía pronto, yo la relevaría en su agotador trabajo.

____¿Y qué hizo usted entonces?
____¿Que qué hice? Pues creo que está claro: irme de allí a toda prisa. No quería ese trabajo ni tan alta responsabilidad.
____Ya. Entonces despertó usted de su letargo.

____Si, pero los médicos, esos sabelotodo, esos que se hacen normas de cordura a su capricho y te tratan de loco cuando no cumples sus normas establecidas de antemano, me dijeron que mi estado de postración era debido a la fiebre de la gripe.
____Pero algo influiría, ¿no cree?
____¡De ninguna de las maneras, señor vecino! Yo conocí a la Inspiración y estoy muy orgulloso de ello.

Le miré a lo ojos, y viéndole con aquellos ojos brillantes y llorosos por la fiebre, los labios trémulos y el pulso tembloroso, pensé, y no estaba muy equivocado, que su enfermedad de nervios se había agravado con aquel enorme convencimiento de la irrealidad.


Pero, admitiendo y reconociendo las circunstancias que le rodeaban, si él mismo se creía sus propios sueños, ¿quién podía desengañarlo?


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Re: MI BLOC, QUE NO BLOG

Mensaje  achl el Lun Nov 21, 2016 8:43 pm




Lilí y Papá Noel

Sólo le quedaban dos caramelos de café. Había cogido un buen puñado de la bandeja de mantecados, figuritas de mazapán, dulces de frutas, peladillas... Y aun habiéndose comidos ese puñado de caramelos, los párpados se hacían cada vez más pesados, sus deseos de abandonarse al sueño se ampliaban por segundo, pero tenía que aguantar. Este año aguantaría hasta el final. No como años anteriores. Pensaba que no quería volver a sentir esa decepción consigo misma al despertar. Esta vez lo vería. Vería entrar a Papá Noel y le vería dejar los regalos junto al árbol de Navidad. Aunque tuviese que morirse de sueño.

Si sus padres se enterasen de que en este momento, las cuatro y cuarto de la mañana, su pequeña Lilí, de tan sólo cinco años de edad, estaba en el sofá del salón arropada con la manta, la sábana y el cobertor arrancados a su cama, la bronca que le caería sería de órdago. Pero eso a ella no le importaba, pues sería un aceptable precio a pagar con tal de ser testigo directa, al fin, de la llegada de Papá Noel.

Hacía bastante frío, aunque sentirlo en la cara la ayudaba a mantenerse despierta. Ya no podía faltar mucho tiempo, tenía que estar a punto de aparecer. Desde su trinchera de algodón, adivinaba las formas del árbol de Navidad, junto al rincón, débilmente iluminado por la luz lunar que atravesaba, fría, silenciosa, el cristal de la puerta del balcón. Y por allí, no sabía muy bien cómo -porque la puerta sólo se abría desde dentro-, pero por allí debía entrar su querido Papá Noel. ¿Se acordaría de todo lo que le había pedido? ¿Cómo sería aquel momento mágico que estaba a punto de ocurrir? La emoción la embargaba.

Sin pestañear, atenta a cualquier movimiento en la puerta del balcón, Lilí sentía el paso del tiempo. Nada ocurría escuchando el silencio, luchando por no caer bajo el sueño. De repente, su corazón se contrajo dentro del pecho. Justo detrás de ella, dos enormes ojos azules la miraban desde lo más alto con respecto a ella, desde arriba.

____¿Me esperabas, Lilí?

Sólo acertó a asentir débilmente aferrada a las mantas, sin poder separar la mirada de aquellos ojos, magnéticos, profundos, que parecían brillar en la oscuridad con luz propia. Temblaba de miedo y de emoción. Ahora que lo tenía delante, no podía creérselo. ¡Era él! ¡¡Era Papá Noel!!

Sin dejar de mirarla, Papá Noel rodeó la mesa camilla dirigiéndose hacia el árbol con su voluminoso saco a las espaldas, sin hacer ruido. Lilí lo vio enorme, gigantesco; tanto a él, con su traje rojo y blanco, como su saco. No le recordaba así de las tardes que lo encontró en el centro comercial. No era el mismo . Aquel parecería un niño a su lado. La barba se parecía a la de su abuelo aunque ésta era como nieve. Y sus ojos eran increíbles, y cambiaban a cada paso que daba: verdes, púrpuras, grises, plateados, otra vez azules, y tenían una expresión, que nunca había visto en nadie, entre bonachona, alucinada y divertida: imposible no mirarle.

____¿Te ha comido la lengua el gato? –le preguntó Papá Noel, tierno, sin borrar su gran sonrisa tras la barba.

Lilí escuchó la pregunta dentro de su cabeza, pero ningún sonido.

____¿Por... por dónde has entrado? –se atrevió, al fin, a decir.

Papá Noel hizo un gesto con su mano libre. Y la puerta del salón se cerró con un susurro.

____Por la chimenea.

Lilí dudó unos segundos.

____¡Pero si no tenemos chimenea! –replicó alegre, por descubrir el truco-juego de Papá Noel.

____Por la chimenea de tus sueños –contestó, matizando, levantando una pícara ceja de algodón.

Lilí no supo qué decir, pero le sonó bonito. Su sonrisa se amplió aún más entre los mofletes.

Papá Noel dejó su enorme saco cerca del árbol de Navidad. Parecía pesar una tonelada, por lo menos.

____¿Tú no deberías llevar ya varias horas durmiendo? –ahora sus ojos eran de un verde amarillento.

En el salón ya no hacía ni pizca de frío. Lilí se deshizo de su refugio de mantas (hasta empezaba a sentir calor con ellas encima) para apoyarse en el reposabrazos del sillón más cercano a Papá Noel.

____Es que… tenía muchas ganas de verte.

____¡HO HO HO! –la grave carcajada resonó en la cabecita de Lilí como un leve trueno-: ¡pero si nos hemos visto esta misma tarde en el centro comercial! -añadió.

Lilí titubeó. Ambos sabían que él no podía ser el mismo que estaba en el centro, pero no quiso contradecirle, pues corría el riesgo de quedarse sin sus juguetes. Y puede que se tratara de otro de sus truco-juegos, como el de la chimenea.

____Bueno… verás... –dijo mirándole, con esquiva timidez a los ojos, que eran inmensos, circulares, hipnóticos-: …es que… es... que... algunas de mis amigas dicen –y al llegar aquí tragó saliva-
____¿Qué dicen tus amigas?

____…que tú no existes, que es todo un invento de los padres para engañar a los niños pequeños. Dicen ellas que cómo un solo hombre va a repartir millones y millones de juguetes por el mundo entero en una sola noche –levantó la mirada, temiendo la reacción de Papá Noel.

____¿Y tú que crees, Lilí?–sus ojos eran pozos sin fondo.
____¿Yo?, ¡que te quiero mucho! –dijo saltando a su lado- ¡Y ellas son tontas del culo! –se llevó una mano a la boca. Se le había escapado un pequeño insulto delante de Papá Noel.

Comprensivo, Papá Noel se inclinó para poder mirarla a la altura de los ojos, apoyando una mano, que parecía descomunal por contraste, sobre su hombro.

____Tus amigas no son tontas. Pero yo no puedo existir para ellas si no creen en mí. Por eso tú me ves ahora en tu casa, justo antes de dejar tus regalos; y por eso ellas nunca me verán; serán sus papás los que tendrán que suplir mi labor, dejando sus regalos en mi nombre.

Lilí se había perdido por completo en los ojos de aquel ente maravilloso, mientras flotaba en sus dulces palabras sin sonido, que impregnaban de regocijo su alma, su corazón. Eran como lagos con agua etérea, mágica, cálida e infinita. Y nadaba en ellos, plena de felicidad, como si hubiese alcanzado las playas de un paraíso interminable.

____Ahora debes irte a la cama, o tus padres se enfadarán con razón si descubren que aún no estás dormida –Papá Noel se incorporó, diluyendo parte del hechizo.
____¡Pero yo quiero ver cómo dejas mis regalos! ¿Me los has traído todos? –los nervios la recorrían de pies a cabeza.
____¿Sabes que muchos niños en el mundo, niños como tú, ni siquiera tienen agua para beber? –su expresión se tornó algo distante.
____Sí, ya lo sé, en África y en otras partes del mundo. Pero yo sola no puedo hacer nada por evitar esas injusticias.
____Lilí, debes tener en cuenta lo que muchos han sacrificado para que tú puedas disfrutar de tus juguetes –Papá Noel la miraba, paciente.

Lilí notó el cambio. Con Papá Noel no valían las formas que usaba con su padre y con sus abuelos. Había en él algo disímil, no sabía si superior, que lo hacía muy distinto al más entrañable de sus familiares.

____Ya sé que tengo mucha suerte por todo lo que tengo, Papá Noel –Lilí intentó parecer menos excitada, sin lograrlo-: sólo quería preguntarte... ¿llevas ahí todos los juguetes para todos los niños del mundo?

Papá Noel colocó el saco para que no se vertiese hacia un lado; después la miró por debajo de sus blancas cejas.

____En este saco están todas las ilusiones, deseos, promesas y oraciones que los niños me demandan, junto con lo necesario para poderlas hacer realidad. Y como ves, es un saco muy grande –le guiñó un ojo.

____¿Puedo ver cómo lo haces? –Lilí estaba fuera de sí-. ¡¡Porfi porfi porfi porfi porfi!!
____¡Ssschhh! ¡Vas a despertar a tus padres! –le dijo con un grueso dedo sobre la barba, mientras agarraba con fuerza el saco-. Tus juguetes ya se están haciendo. Los verás mañana por la mañana, y ahora…
____¡Noooo! ¡Enséñame uno! ¡Sólo uno! ¡La casita y me voy!

Papá Noel la inundó con su extraña mirada cambiante.

____Entonces no tendrás todos tus regalos, Lilí. Aún no están preparados.
____¡Me da igual! –tenía los mofletes colorados- ¡Es mi mayor deseo! ¿No lo ves? ¡Y es lo que quiero, lo que te pido!

Papá Noel fijó en ella sus ojos circulares.

____Acércate pues.

El saco se abrió para ella como la inmensa boca de un túnel. Un fuerte olor desconocido pero agradable la golpeó en la cara; una vaharada difícil descifrar.

Y allí, de todos los tamaños y colores, entremezclados con los juguetes a medio hacer, fundiéndose con ellos en un inmenso bullir, Lilí contempló el interior del saco....


Y en él había infinidad de cosas variopintas, todas ellas clasificadas por orden de gustos, deseos, necesidades, edades... y por el buen o el mal comportamiento de la chiquillería que iba a recibirlas



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Re: MI BLOC, QUE NO BLOG

Mensaje  achl el Vie Nov 25, 2016 12:39 pm




No se asustó, se alegró

La luna brillaba. Ella paseaba por el jardín mientras su cuerpo se dejaba llevar por la tranquilidad de esos momentos. La fragancia del jazmín se extendía por todo aquel lugar. Aspiraba fuertemente el aroma, mientras paseaba y pensaba en su situación.

¿Qué podía hacer?

Se sentía sola, sus poderes eran imposibles de ser controlados. A veces ni siquiera el sello funcionaba. Tenía que buscar algo.

Llegó hasta una fuente, y se sentó para tocar el agua con sus dedos. El palacio de verano estaba no sólo aislado de todo, sino que se perdía en la inmensidad de los montes y los bosques. Solía refugiarse allí, ya que nadie más acudía. Ella sola era la guardiana. No había tenido noticias de nadie en algunos meses. Y eso la alegraba. Por primera vez se sentía en calma bajo la influencia del jazmín.

Una sombra ocultó la luna llena, brillante. Detestaba aquellas noches. La necesidad de satisfacer sus deseos más oscuros se tornaban peligrosos e incluso más que el de sus poderes. Al aislarse se sentía a salvo.

Miró confusa hacia el cielo. La luna brillaba en lo más alto, pero el jardín estaba en sombra. Eso sólo significaba algo: intruso. Se levantó y miró en la penumbra. Nada. Dio unos pasos. Nada. Agudizó el oído. Nada. Intentó sentir alguna presencia. Nada. Sólo oía el rumor del viento rozándose con las hojas de los árboles. Vio o creyó ver una silueta en la oscuridad, cuya, desapareció enseguida.

Pensó en dejar que sus poderes se descontrolasen. Podría construir otro palacio más adelante, y la Naturaleza la perdonaría por quemar algunos montes. Se llevó la mano a la muñeca para quitarse el sello. Giró sobre sus talones, y oyó un murmullo a su alrededor.

____Por fin te he encontrado -dijo una voz conocida.

Tenue caricia en la mano la retuvo, y dejó el sello donde estaba.

____Y qué… -contestó aspirando su miedo y empujándole hacia dentro.
____Tienes miedo. Me temes -dijo con orgullo la voz desconocida.
____No es cierto -respondió, enfadada.
____Lo tienes, y no sólo eso… -algo le rozó la mejilla.

Se quedó muy quieta. No esperaba aquello. Entonces temió lo peor. Una imagen le vino a la mente.

____¿Vas a matarme? -preguntó, a la vez que la sombra rió.
____Podría, pero no. Hoy quiero algo diferente de ti.
____¿Quién eres?

La figura apareció detrás. Le inmovilizó cintura y pecho. La mordisqueó salvajemente en el cuello, permaneciendo con los dientes clavados en su piel. La mente de ella se quedó en blanco, su cuerpo se estremeció por completo y rígida como palo estaba. Notó que su cuerpo se caía, empero, la figura desconocida la sujetaba.

____¿Qué quieres de mí? -consiguió articular débilmente, deseando que aquellos colmillos desgarrasen de nuevo su carne dolorida.
____Te quiero a ti… -dijo la figura, volviéndola hacia sí.

No podía abrir los ojos. Su aura, su presencia la habían absorbido. Sintió brazos fuertes agarrándola. La mordió de nuevo. Tras sacudida de placer, se relajó en sus brazos. Quería que aquella sensación no acabase. Sintió que el tiempo se detenía. Se atrevió a devolverle el abrazo y su ansia de apetito regresó de nuevo. Mordió con delicadeza.

____Sssshhh… -le escucho decir.

Ella fue ascendiendo hacia arriba y llegó a su barbilla, pero permaneció indecisa. ¿Besar a un desconocido? ¿Cómo podía responder así? Nunca había respondido de aquel modo a caricia, beso o mordisco. ¿Quién era? Vagos recuerdo acudieron a ella; los ignoró cuando se topó de pronto con sus labios. Él debía haber descendido y besado. De todos los besos del mundo y de sus experiencias, aquel era sin duda el más sensual, el más deseado. Un beso que no esperaba.

El desconocido la llevó a la fuente termal mientras luchaban por unir sus cuerpos. No fue trayecto largo, al menos para ella, se metió allí aunque su túnica se empapase. El agua ardió. Sintió sus poderes emerger de ella sin control.

____No puedo controlar… -empezó a decir.
____Deja que yo lo controle -su cuerpo se calmó bajo su abrazo.

Parecía haberla hechizado con aquel beso. La sumergió con él, y el fuego de sus poderes se apagó. Sintió como el agua o quizás las suaves manos del desconocido, siempre en la sombra, la desnudaban lentamente. De pronto, notó que su cuerpo al igual que el suyo, estaban completamente desnudos. Sintió vergüenza.

____Tranquilízate. Todo va bien -dijo mientras recorría cada rincón de su cuerpo con sus manos. Su apetito se avivó entonces. Le besó con pasión atrayéndole más hacia sí.

Sumergidos ambos en la profundidad del agua, ella quedó de espaldas al suelo, caliente y suave, como el contacto del barro. La estrechó de nuevo en sus brazos mientras buscaba hacerla suya.

Ella susurró su nombre, sin saber si era él.

____Me has reconocido -susurró en su oído.

Lo mordisqueó y llegó de nuevo al cuello. Volvió a besarla. Ella no podía distinguir entre el roce del agua o el contacto de la piel de aquel extraño. Sólo notó y vio que su cuerpo se entregaba sin oponer resistencia. Deseo y placer aumentaban cuando una parte de él se integraba a la suya. Fue entonces que salieron a la superficie.

Allí la noche continuaba cálida, y ella recordó de golpe el olor del jazmín. Seguía allí. Empero el olor que emanaba del desconocido era mucho más atrayente y fuerte que el de aquella blanca flor. Por única vez no quería llegar al clímax, no quería que aquello acabase, y por alguna razón supo que él tampoco. Los dos formaban parte de un todo, algo que ella nunca había sentido, y aún teniéndole, sentía que aquello sólo duraría mientras la amase. Después desaparecería.

____No me iré. No tengas miedo de lo que vendrá. Ahora y siempre serás mía –le dijo entre susurros mientras la estrechaba y la mordía de nuevo-: preciosa mi chica, te quiero -añadió perdiéndose en sus propias palabras.
____Soy tuya -le dijo ella.

Ya dentro de un placer efímero del clímax, ella le mordió y le arañó los hombros. Escuchó los gemidos apagados de aquel que la había poseído, escuchó cada rumor de la noche. La oscuridad la había tragado, la había hecho suya, pero aun así sentía que era luz. Como una cálida y pequeña llama. Rió sin poder evitarlo. Él casi le arrancó los labios en respuesta y ella abrazó su torso después de haberla asido de los muslos. Cuando el fuego se apagaba comprobó que él seguía allí, dándole placer mientras que despacio se apartaba de ella, cuya asustada le abrazó para que no se fuera. Luego descendió acariciando su espalda.

Él la cogió en los brazos mientras salían del agua. La llevó a un rincón y la tumbó, tapándola después con su mojada túnica. Sintió adormecerse mientras la respiración de ambos se hacia tenue e invisible. Sintió que él dormía sumergido en ella, confiando en ella, como nunca lo había hecho en nadie. Se sintió aliviada por un instante, y cerró los ojos. Entonces se vio a sí misma como pequeña llama que era envuelta por la inmensidad de la noche.

Estuvo un rato a su lado. Después se vistió despacio y anduvo sin rumbo, perdida en sus pensamientos. El amanecer despuntó de repente como un fogonazo de luz. Había salido del bosque y estaba en pleno descampado.

____Así que la dueña siempre mantiene la casa sumergida en la noche. A pesar de que afuera haya luz.

La luz del sol dio de lleno en la cara, secando definitivamente su ropa. Se sintió fuerte y que su poder, que la llama de su alma, se fundía con aquel cálido destello. Entonces escuchó un murmullo a su espalda.

____No me dejes en la oscuridad. Eres la única luz que puedo seguir -era aquella envolvente voz que la confundía y arrastraba a lo más profundo de lo sombrío.

Ella se dio la vuelta y le miró a los ojos con una expresión casi angelical, Él parecía ruborizado, pudo sentirlo, sin ver.

____Te necesito. No te vayas -dijo abriendo los brazos intentando llegar a ella desde el límite.
____Soy tuya, ahora y siempre.

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Se fue hasta él, retornando el regreso a la profunda oscuridad. Y decidió quedarse allí para siempre[/size
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Re: MI BLOC, QUE NO BLOG

Mensaje  achl el Vie Nov 25, 2016 12:48 pm




Nuestra discoteca

Me llamo Alfonso, tengo 31 años, alta estatura, moreno y agraciado de cara y cuerpo. Después de enviudar, casi cuatro años ya, sólo salía de mi casa para acudir a mi trabajo, al súper y a resolver algunas cosas que tenía que ser en persona, por lo que prácticamente estaba enclaustrado. Hasta que un viernes noche decidí salir a tomar unas copas

Estaba siendo una noche animada en la discoteca 'El Loro Alegre', de los pocos sitios donde aún se podía disfrutar de merengue y salsa. El local no era grande, pero el buen ojo de sus dueños hizo que el poco espacio fuera distribuido de forma que los beodos y los bailones pudieran gozar de sus vicios sin estorbarse. A un lado la barra, atestada de gente joven, donde dos guapas camareras, de cuerpos ¡uffff!, ponían sin parar copas. Justo enfrente, la puerta de entrada/salida, la cabina del pinchadiscos y el acceso a los aseos. En el centro, en forma circular, rodeada por focos y luces de colores, la pista de baile, que no estaba muy concurrida.

Tras una muy empalagosa canción de merengue y un breve silencio, el DJ puso una de salsa. El tempo y el ritmo cambiaron. Era atrevida, incitante, e invitaba a bailar aunque no se tuviera mucha idea de llevar en armonía los pies. Al minuto, la pista rebosaba; decenas de gente, aceleradamente movían sus esqueletos. Quizá por ello nadie advirtió una pareja bailando cerca de la barra.

Ella llevaba minifalda y sandalias con tacón; tenía el pelo oscuro y liso, el cual le colgaba hasta el coxis. Era delgada, no muy alta. Lucía una figura muy femenina. Mostraba sonrisa pícara, y sus ojos estaban fijos en los de él; se entregaba totalmente al juego de la seducción, y lo gozaba. Él lucía pantalón rojo, a juego con la corbata, y botas negras . Ancho de espaldas y medio metro más alto que ella, pero con complexión más próxima a lo delgado. La miraba embelesado con deseo, como el primer día que la vio aparecer en la oficina; se mordía el labio inferior viendo su contoneo. Su mano derecha sujetaba con firmeza la cintura de avispa de ella.

En todo momento jugaron con la mirada, sincronizados en los vaivenes. Se sentía afortunado. No dejaba de pensar en aquella noche en la que se besaron tras una agradable cena de empresa. Después, le propuso otra noche, y ella aceptó. Era la primera vez que rozaban sus cuerpos al son de la música, y como ella sospechó, su pareja de baile era la ideal para tal placer. Media vuelta, y la cogió entre sus brazos. Después la volvió a alzar, y se estiraron en un ejercicio que fue aplaudido por las camareras que, con sonrisas forzadas, no hacían sino ocultar envidia, pero por no saber bailar como ella, que no por las hechuras de cuerpo y cara

Ella se arrimó a su pecho, y él giró completamente luego un paso atrás, dos adelante y un giro de 360 grados, quedando espalda contra espalda. Justo en ese instante la canción terminó, y volvieron a enfrentarse con un vaivén relajado. Ella le acarició la cara, y él besó la suya.

Fue en ese momento en que decidí ir a pedir una copa a la barra.

____¿Qué tomas, guapo? -preguntó melosa una de las camareras.
____Un JB con Cola.

Pedí y pagué y, una vez calmado el fuego de mi entrepierna que rostro, muslos y pechos de la camarera me provocó, me di media vuelta para seguir contemplando a la pareja de baile que tan buenos recuerdos, y tan malos a la vez, me hicieron rememorar

Pensé en ti, y en nosotros dos por lo bien que nos movíamos en la pista cuando nos marcábamos unos pasos y todo el público de entonces de aquí se deleitaba con nuestros movimientos y sincronización. Descansa en paz, amor mío.

No dejé de mirar a aquella pareja en todo el tiempo que duró la canción, incapaz de abandonar la nostalgia.


Y hasta aquel loro alegre, pintado sobre la pared del fondo de la pista, se contagió de mi súbita nostalgia. Así que, como ya no pintaba nada allí, me levanté de la silla y salí de la discoteca donde tú y yo nos conocimos, hace ahora exactamente tres años, diez meses, diecisiete días, once horas y seis minutos



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Re: MI BLOC, QUE NO BLOG

Mensaje  achl el Vie Nov 25, 2016 12:55 pm




Descansa en paz, papá

Mi padre falleció. Yacía sobre su lecho de la eternidad. Parecía dormido como en recuerdos de lejanas noches de verano pasadas en la infancia. Pero ahora su semblante estaba cubierto por un frío halo de palidez, y su corazón sobre su pecho inerte había renunciado ya a su pulso vital.

No siempre resulta fácil asimilar los fenómenos que llegan ocultos bajo la irreal impresión de cotidianidad inmutable donde creemos existir. Orden lógica es que el hijo vele en silencio el cuerpo de su padre, como mutua obediencia de la ley que no puede ser ignorada ni transgredida en forma alguna. Su cara serena ausente de maldad por sí misma, admirable en su serenidad, ante la triste mirada del hijo frente a la despedida que nunca termina en la memoria de los vivos, que deviene en reencuentros con el paso de los años.

Contemplé al hombre que me había dado la vida sintiendo que una parte de mí había muerto, y un algo de él seguía viviendo en mí. Sentí que así hubiera sido yo de haber vivido en su era, y que las arrugas de mi rostro estarían ahora en el suyo si hubiese conocido aquello que mi experiencia alcanzó en sensibilidad y razón.

Si tuviese que destacar la cualidad más característica de mi padre, creo que ésta sería, sin lugar a dudas, su intensa e inagotable vitalidad, que hacía extensible a las personas que se hallaban a su alrededor. Siempre activo, incansable, ocupando sus horas en las más diversas actividades que puedan imaginar. Pero sus actos carecían de la necesaria dosis de reflexión, suministrada por su aguda e inquieta inteligencia.

Demostró que los sabios no tienen por qué ser exclusivamente hombres de pensamiento y actitud contemplativa. Decía no tenerle miedo a nada en este mundo, y así lo reflejó constantemente en su conducta hasta el último día, el último aliento, sin derrumbarse moralmente ni por un solo segundo. Se despidió de nosotros con una solemne sonrisa, serenamente expirando como héroe. Jamás conocí, y seguro de que jamás conoceré a una persona más firmemente arraigada a la dura realidad.

Cuando yo era niño, y aún más en mi adultez, su valor y entusiasmo ante las cosas me impresionaba, era un ejemplo viviente para mí. Siempre me preguntaba cómo era posible poseer semejante valentía inquebrantable conociendo las múltiples formas que adopta el horror para manifestarse en nuestro mundo. Era sencillamente increíble. A él debo la solidez de mi carácter y una personalidad sin fisuras. Cuánto le iba a echar en falta.

El velatorio tocaba a su fin. Estaba amaneciendo. Pronto vería el cuerpo de mi padre por última vez antes de que la tierra le acogiese en su seno maternal para proporcionarle el eterno reposo.

Repentinamente, ante mi espanto, papá se incorporó furiosamente de su ataúd, abriendo sus ojos vidriosos donde brillaba la inconfundible huella de la locura y la desesperación absolutas; clavó sus ojos ensangrentados sobre los míos, mientras mi corazón golpeaba los orgánicos muros de su encierro y mi mente pugnaba por evadirse de aquella evidencia que era incapaz de asimilar.

Me cogió por los hombros, con sus rígidas manos de hielo, y comenzó a gritarme guturalmente palabras impronunciables para un pecho privado de aire:

____¡La vida nunca acaba! ¡¿Me oyes, hijo mío?! ¡Nunca termina! –chilló monstruosamente-: ¡en la muerte se cumple el más hondo de nuestros miedos! ¡Perdóname por haberte traído al mundo, hijo mío!

Y así fue como descubrí, antes de perder el sentido, que lo que impulsó la vida de mi padre fue su deseo de encontrarse con la muerte.


De todas formas, mi padre no debía de haber muerto tan pronto. Dios podía haber retrasado su muerte algunos años más. Como a tantas otras personas llenas de saber. Al menos, hasta no haber impregnado al mundo el aroma de su sabiduría


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Re: MI BLOC, QUE NO BLOG

Mensaje  achl el Vie Nov 25, 2016 1:34 pm



Mi agridulce destino

Luego de seis semanas de no saber nada de ella, decidí ir a verla de nuevo. En realidad, no quería hacerlo porque era una especie de agonía de cuya no quería ser partícipe ni un segundo más. ¿Acaso no se daba cuenta? Evidentemente no. Para ella sólo era sexo, para mí no, para mí era amor. Lo podría definir de muchas maneras, pero creo que la más acertada era esa: amor. La amaba y en absoluto me importaba la diferencia de edad entre nosotros

El cielo estaba plomizo, encapotado, gris, como mis ojos, como mi ánimo. Para evadirme un poco, encendí el móvil y me puse los auriculares en los oídos para oír música. 'Lágrimas negras', versionada a violín por un joven e ilustre cordobés, Paco Montalvo, sonaba. Un tema acorde con mi actual situación. Aquel violín me hablaba, y sus cuerdas me estaban ahogando.

Busqué entre mis cosas una foto de ella y la besé. Supliqué mentalmente que estuviera en su casa y, sobre todo, que me escuchase o me gritase, pero que hiciese algo, que no me fuese indiferente.

Cerré la puerta de mi casa, y metí las llaves en mi bolsillo con tanta fuerza que creí que se iba a romper el forro. Cogí mi bici y empecé a pedalear hacia su casa, hacia mi salvación o mi perdición. No lo sabía aún...

No tenía por qué apresurarme, pero tampoco tenía por qué demorarme. Avanzaba a una velocidad constante, tan constante y rutinaria como se había convertido mi vida. Durante el trayecto recordaba sus abrazos, sus besos, sus gemidos, sus rugidos de placer, y también su indiferencia, su rechazo a mis abrazos, a mis besos, a mis palabras...

Las primeras gotas empezaban a caer mojando mi cabeza, mis desnudos brazos y mi bici. Al poco, desembocó en chaparrón, por lo que me estaba empapando. Mi móvil se apagó de pronto. Ya estaba herido, pero el agua torrencial acabó por matarlo. Y precisamente cuando me encuentro solo. Mis lágrimas brotaban inconclusas, confundiéndose con las frías de lluvia que fluían por mis mejillas.

Recorridos, a duras penas, los kilómetros que separan su casa de la mía, llegué con la convicción de que era la casa de mi amiga, aquella que me dobla la edad y los sentimientos. Pulsé el timbre y, luego de impaciente espera, miré por una rendija y la vi... guapa y tremendamente sexual

Venía con paraguas hacia el portón. Vestía blusa roja, ceñida, pantalones vaqueros -exhibiendo la perfección de un cuerpo de 44 años- y zapatillas transparentes calzaba. Sus delicados pies, que tanto me gustan, estaban decorados con uñas de color rojo. Iba saltando de puntillas esquivando los charcos acumulados en el trecho hasta el portón. Me abrió y me miró largamente con sus cejas enarcadas, como si yo fuera un extraño, una aparición...

____¡¿Qué haces aquí?! -me preguntó, airada.
____Necesitaba verte. Y no me niegues entrar, que vengo chorreando.
____Pasa, pero eres un tonto. Vas a coger una pulmonía -me dijo.

Entré con mi bici y, una vez protegido de la lluvia, me sacudí la cabeza, rociando agua a mis alrededores.

____Te traeré una toalla -dijo y caminó hacia la vivienda, y yo detrás.

El interior de su vivienda tenía ese color rojo picante de pasiones ocultas de una cuarentona y un veinteañero.

Volvió con la toalla. La cogí de su mano y me sequé. Esa toalla olía a su perfume. Cerré los ojos y aspiré con fuerza.

____¡Sólo a un loco como tú se le ocurre venir hasta aquí en bici con este tiempo! ¡Y no me digas que no sabías que iba a llover! -me recriminó.

A su modo, seguía cuidándome. Le sonreí, como agradecimiento.

____¿No te gusta verme? Aún estoy a tiempo de irme -dije, a la vez que le devolvía la toalla y me iba hacia la puerta de salida.

Me detuvo, poniéndose delante de mí.

____Ya que estás aquí no te vayas, al menos hasta que escampe un poco -me pidió, acercándose más a mí, sonriendo seductora.
____Anoche soñé contigo -añadió, súbitamente, más calmada ya.
____Y yo todas las noches -respondí y añadí-: pero no de esa manera que estás pensando. Hoy sólo vine porque quiero hablar contigo.

Por un instante, una estela de temor asomó en sus ojos. No creo que eso fuese miedo a que la dejase. Era una mujer fuerte, o al menos me había demostrado más de una vez que lo era. Y no tenía por qué tener miedo; se hallaba en excelente situación financiera y tenía una cara y un cuerpo espectaculares, así que podía conquistar fácilmente a cualquier hombre. Pero si realmente tenía miedo, jamás me lo iba a hacer ver.

____¿Y de qué quieres hablarme? -me preguntó, pasados unos segundos.
____De algo que tú ya no sepas. Te amo. Te amo con todo mi ser.
____Ya estás otra vez con tu cantinela -protestó, apartándose de mí.

Pero alargué el brazo y la paré en seco. Enmudeció mientras la estreché contra mi cuerpo, aún mojada mi ropa. La miré y le dije:

____No lo entiendes o no quieres entenderlo. No es suficiente para mí con tenerte en tu cama, siempre que te apetezca. Quiero tenerte en todos los sitios. Lo que siento por ti, es más que el mejor polvo. Por favor, tómame en serio -le dije.

Se soltó bruscamente de mis brazos, y yo empecé a sentir un agobiante dolor en el pecho. Mirándome preocupada me dijo, en una pregunta:

____¿No ves que lo que me pides es imposible? -y se apresuró en añadir-: tengo 44 años y tú 22. En siete más, habré sobrepasado la barrera de los cincuenta y posiblemente mis ansias sexuales no estarán a tu altura, por lo que buscarás otra mujer para tus desahogos. Ya fui engañada una vez, y puedo jurarte que no lo seré de nuevo. Que te quede claro.
____¡No buscaré a ninguna! ¡Seguiré enamorado de ti! -me sulfuré.
____¡Vete ahora mismo de mi casa! -me ordenó, como respuesta.

Sin embargo su orden, me aproximé más a ella, llevé mi cara a la suya y la miré a los ojos, color de miel. Le dije:

____Tú sabes muy bien que no quieres que me vaya. ¡Por favor, no me lo hagas mas difícil!
____¡Lárgate ya de aquí! ¡No piensas! ¡Eres un inconsciente!
____Me ordenas impetuosa, pero sin convencimiento. Lo sé porque te conozco más de lo que crees. Conozco cada detalle de ti. ¿Obligarme a que me vaya...? Intenta echarme si puedes y eres capaz.

Dicho esto, besé su cuello, suave y terso para su edad. Movió la cabeza y cerró los ojos. Sus manos hacían presión sobre mi pecho, para tratar que me apartarse, pero poco a poco se iba aflojando la presión.

____No me hagas esto, por favor -se calmó.  
____Tú sientes lo mismo que yo, pasa que no te atreves a reconocerlo -le dije, como si mi corazón contraatacase.

Entonces, en un furioso arrebato, besé su boca; suave primero, y salvaje después, acariciando su lengua con la mía. Me aparté de ella, porque su respiración empezaba a agitarse fuertemente.

Traté de calmarla haciéndole suaves caricias. Los auriculares me estaban incordiando, así que violentamente me los quité de los oídos y los arrojé con fuerza al suelo, junto con el móvil.

____¿Por qué lo tiras?-me preguntó, recuperando su respiración normal.
____No funciona. Se lo cargó la lluvia. Pero esto no importa ahora.

Súbitamente y con desesperación, sus manos se aferraron a mi espalda, intentando arañarme por encima de la camisa; la cual, rápidamente, me quité. Mis manos se posaron en su cuerpo, recorriendo con lentitud cada curva, como si quisieran memorizarlo. Todos sus sentidos se aflojaron, y un suspiro embriagó mi oído izquierdo, cálidamente...

Entre suave sonrisa mía y leves lágrimas suyas, en mis brazos la llevé hasta la mullida alfombra del salón, situada en medio de dos modernos y cómodos sillones reclinables, con fundas rojas.

Una vez en la alfombra y ya con mas libertad de movimientos, profundicé mis besos en su cuello mientras que una de mis manos transitaba por la parte más alta de sus muslos...

Dejó salir un gemido cuando, accidentalmente, mi mano rozó sus pechos por encima de la ropa. Y ahí pude corroborar que me sentía, que me quería, que me deseaba, pero que luchaba desesperadamente contra sus sentimientos por no sentirme, por no quererme, por no desearme...

Sin embargo su aparente oposición, con ternura y delicadeza me quitó la ropa y a su vez le quité la suya, contemplando una vez más la perfección de su desnudez. No me dio tiempo para ser el primero en empezar lo que ambos ansiábamos, porque separó sus muslos provocando en mí unas terribles ansias por hacerla mía, una vez más...

Y seguidamente --los dos gozando a más no poder-- vino todo lo que dos amante enamorados son capaces de inventar, saliendo de nuestras bocas los rugidos más grandes y prolongados de todas las veces que antes habíamos hecho el amor. Y en medio de tanto placer variopinto, ella, con los ojos bañados en lágrimas, me dijo que su voluntad le pedía a voces que no nos viésemos nunca mas, pero que su corazón y su carne  estaban completamente sordos...



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Re: MI BLOC, QUE NO BLOG

Mensaje  achl el Sáb Nov 26, 2016 2:33 pm





Trenes iban y venían

Te reconocí viendo pasar trenes. Estabas sentado al otro lado del andén Aquel día pasaron muchos trenes delante de ti. Cuando algunos de ellos paraban cerraba los ojos con la esperanza de que al abrirlos siguieras ahí sentado mirándome e intentando averiguar desde la distancia, marcada por unas cuantas vías del mismo color de mis ojos, el título del libro que tenía entre mis manos.

Contigo, tus anhelos; y sobre tus espaldas, cientos de kilómetros hasta llegar a mí. Llegó tu tren y se fue sin ti…

Una de tus brazos en mis hombros, y la sombra de tus anhelos sobre mi cabeza. Me alegré y a la vez me entristecí.

Juntos los dos recorrimos la estación caminando despacio, mientras nos contábamos las últimas novedades de nuestras vidas.

A nuestro alrededor, el tiempo marcado por el ruido de las ruedas de las maletas en el andén, anuncios de nuevos destinos y un libro olvidado en un banco de la estación.

La estación quedó muy atrás y el atardecer me sorprendió encima de tu chaqueta, viendo el sol anaranjado y violeta agolparse por debajo de tu bragueta.


Cuando volví a la estación, el libro ya no estaba. Subiste a mi tren y pensé que acabaríamos leyendo un nuevo libro



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Re: MI BLOC, QUE NO BLOG

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