Se llama copla democrático

MI BLOC, QUE NO BLOG

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Re: MI BLOC, QUE NO BLOG

Mensaje  achl el Miér Dic 21, 2016 6:48 pm



Cobardía

El rectangular espejo con luces del cuarto de baño le devolvía la imagen de un hombre pálido y envejecido

Estaba cansado, muy cansado. Tras toda la noche escribiendo, sentía que las piernas flojeaban. Por primera vez en mucho tiempo sentía necesidad de irse a la cama. Cerró la puerta del baño y caminó a través del pasillo, tratando de no hacer ruido. Al pasar por delante del cuarto de los niños, entreabrió la puerta y se asomó. Una sonrisa apareció en su rostro. Esa típica sonrisa de un padre orgulloso de sus hijos.

Despacio cerró la puerta y se dirigió hacia el salón y se sentó en su sillón. Los pensamientos bullían por su mente de forma incontrolable, y tan sólo un nombre permanecía quieto: Críspulo. Críspulo en su juventud, Críspulo el día que fue por primera vez a su casa, Críspulo cuando se marchó… y Críspulo ayer...

Le había vuelto a ver, luego de casi veinte años sin tener noticias suyas, sin saber si estaba casado o soltero, sin saber si trabajaba o estaba en el paro, sin tan siquiera saber si estaba vivo o muerto. Pero ahora el pasado volvía cual fantasma, como una sombra que vuelve para llevarlo.

Entonces, pensando y pensando, se dio cuenta de que el tiempo te hace ver las cosas de forma muy distinta.

Cuando tenía veinte años, la idea de casarse y de formar una familia le parecía ideal, aquello con lo que todo hombre sueña o por lo menos soñó alguna vez en su vida. Empero, ahora daría lo que fuera por no haberse casado. Sabía que no la quería, sabía que no la quería y, a pesar de ello, se casó.

¿Por qué? Él lo sabía, pero aún hoy no se atrevía a decirlo. Muchas veces soñó con gritarlo fuerte a los cuatro vientos, pero siempre había algo que le frenaba. Tal vez eran sus adorados hijos, tal vez la familia que ya había formado, o tal vez fuera miedo. Miedo a sentirse rechazado, a ser disímil, miedo al qué dirán...

La cabeza le iba a estallar. No podía seguir lamentándose por lo mismo tanto tiempo, tanta vida. Eran más de las tres de la madrugada y todavía no había terminado.

Debía terminar la carta que había empezado antes de que su familia se despertase. Se levantó de su sillón lo más rápido que sus ya endebles y casi atrofiados músculos le permitieron y entró de nuevo en la cocina.

Todo seguía como lo había dejado hacía cerca de una hora para ir al baño a refrescarse la cara. El agua le había sentado maravillosamente bien. Ya no se sentía tan somnoliento. Se sentó de nuevo ante la carta y releyó lo que ya había escrito:

Querido Críspulo:

Sí, has leído bien, he dicho querido. Lo he dicho y no me arrepiento. Lo volvería a hacer una y mil veces, porque eso es lo que siempre has sido para mí. Siempre he querido estar contigo, y cuando te vi ayer creí que me iba a desmayar. Quería correr y darte un beso, uno como aquel que tú me robaste hace ya más de veinte años. ¿Lo recuerdas? Sí, tienes que hacerlo. Te aseguro que yo no lo he olvidado. No he besado a nadie más desde aquel día, te aseguro que no con el corazón. Mis boca se ha unido infinitas veces a la de mi esposa, pero los besos de mi alma siempre han estado reservados para ti. No sabes cuánto he lamentado no montarme contigo en aquel bus. Millones y millones de veces maldije mi cobardía por haberte dejado marchar. Por eso te voy a decir ahora una cosa que siempre quise decirte, pero que nunca me atreví a hacerlo: 'te quiero, te quiero, te quiero...'

¿Cómo seguir a partir de este punto? La última línea lo decía todo, pero… ¿estaba haciendo lo correcto?


Por primera vez en su vida sabía que no, que lo correcto sería envejecer junto a su mujer y vivir con su familia, pero a pesar de eso, estaba dispuesto a entregarse


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Re: MI BLOC, QUE NO BLOG

Mensaje  achl el Jue Dic 22, 2016 2:16 pm



Onanismo

Por la rendija de la ventana entraba aquel rayito de luz. La habitación, en furtiva penumbra, era asesinada por aquel débil puñal de oro. El rayo, indiscreto y sucio, iba a dar de golpe sobre una escupidera de loza llena de orines ámbares y rebotaba formando un espejismo marino en el techo sombrío.

Un coletazo del pez solar acariciaba el acero de una lámpara, fulgiendo diamantino e irascible, con astillas de cristal. El olor a meado surgía de la escupidera untuoso y lascivo, poco atractivo, grandemente desagradable como incienso corrupto.

El adolescente, recostado sobre el colchón sudaba transido; acababa de masturbarse y, cansado de un éxtasis lúbrico, reposaba como un ángel yacente de cabello moreno y adolescente y contrahechas proporciones. Parecía extenuado de una gran carrera, de una lasciva carrera en la que fue potro y jinete de sí mismo unos minutos, hasta que el narciso caballo desbocado dio de golpe con un resplandor azul.

Junto a la cama, el escupidera recogía también la semilla desparramada del jovencísimo onanista. Ahí moría la gloria de cinco minutos y surgía un leve instinto de culpa, como un gusano en la manzana conciencia de un santo. Ascendía por toda la habitación el olor de una rosa seca, podrida en el agua podrida de un jarroncito de cristal, y el olor de orina ámbar de toda la noche anterior. Por la rendija de la ventana entraba aquel rayito de luz.

El muchacho abandonaba el cansancio, sin pensamiento de la atlética carrera, y miraba las evoluciones del polvo de la habitación en el rayo solar. Como paramecios en un vaso de agua con perejil, las moléculas de polvo se agitaban doradas y vivísimas en el fondo de aquella espada de diamantes. Mortífero significado

El muchacho palmoteó el colchón desprendiendo más polvo para ver las oscilaciones de los geniecillos dorados. Bailaron frenéticos los geniecillos bajo los acordes de un chorreo de chispas. El débil arcángel puso mano bajo el chorro de oro y llenó su extremidad de sangre de sol.

Era verano, y además furioso de calor, y sobre su cabeza el techo de uralita comenzaba a calentarse impetuoso. ¿Cuánto tiempo había pasado del orgasmo? ¿Media hora acaso? Volvía a sentirse fuerte de nuevo, las ansias de lapislázulis le conminaban a una nueva carrera contra la luna.

El rayito se cubría de geniecillos brillantes, y él estaba allí, desnudo, sin cómplices, sin testigos, sin policías, para volver a cometer un asesinato contra sí mismo. Pronto la sangre acudía a su escorpiónida naturaleza, ángel yuxtapuesto contra penumbra y luz, caballo de pura sangre con el cuello lleno de venas, aceitoso y sublime como una clepsidra de plata.

No le acompañaba ninguna Eva a aquel Adán en la primera mañana del Génesis, recién surgido de la fuente furiosa del Caos, en plena naturaleza sombría, perfumado de miasmas insalubres y rosas muertas.

En el techo, un mosquito cargado de sangre reposaba tranquilo tras su leve humanicidio. El nacarado Apolo comenzó a correr de nuevo, lento y rápido, como temiendo ser sorprendido por alguien, era una lucha en la que mostraba sus flancos a soldados inexistentes, furiosa y sublime lid sin heridas, y respiraba entrecortado en las estribaciones de un acantilado sin caída. Estaba asesinando a todos sus antepasados, que clamaban fecundación desde la otra orilla del Aqueronte, pero el adánico Narciso no interrumpía su laxo suicidio, transido y bellísimo como una rama de azucenas.

En sus ojos, quizás lilas moribundas; a sus pies, una simple escupidera llena de orina y semen. Volvió a eyacular. Y casi instantáneamente, sin descanso, se elevó sobre el colchón para matar al anófeles que le había profanado horas antes. Dejando un rastro de sangre en el techo.

En el rayito de luz, las tortuguitas azules, nunca vistas, dieron con sus caparazones de carey en un cubo de ámbares sucios


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Re: MI BLOC, QUE NO BLOG

Mensaje  achl el Jue Dic 22, 2016 3:38 pm






Inesperado enchufe carnal en el aire

'¿Es ella? ¡No, no puede ser, seguro que no...! ¿O sí?' -pensé.

Y es que se parecía mucho a la chica de las noticias deportivas de la tele del Real Madrid. Demasiado se parecía para ser verdad.

____¿Desea usted tomar algo? -me dijo, de pronto, la azafata.

'A ti, te quiero tomar a ti', pensé y sonreí. Me devolvió la sonrisa. No traía nada, ni bandeja, ni carrito con bebidas o aperitivos, y sin embargo me ofrecía tanto con su uniforme ceñido, que dibujaba perfectamente las curvas de su cuerpo.

____Pues... No sé..., no, de momento no. Creo... -mi portátil me temblaba entre las piernas, pero con el movimiento del avión no se notaba.

Sus ojos, tan cristalinos como esas aguas paradisíacas, seguían sobre mí, invitándome a sumergirme en ellos.

____¿Qué crees que no, o que sí?

Ya me tuteaba. Me sonreía con unos labios tan rojos como la sangre que bombeaba en mi miembro. Y su sonrisa, más que de cortesía, la vi insinuante, por como enarcaba las cejas, por como me miraba y movía la cabeza. Quizá le resultaba yo divertido, o quizá me viese atractivo.

____No... no..., perdona... -titubeé, también tuteándola-. Quiero decir que no me apetece nada en este momento, o sea, ahora...

Su melena pelirroja se deslizaba blusa entreabierta abajo, señalando los botones. Lampando estaba yo por comérmerlos todos a bocados.

____No te ofrecí la carta, pero ya veo que tienes claro lo que no quieres, y lo que sí quieres...

Uno de los jugadores del equipo de fútbol del Real Madrid alzó la mano por ahí delante, y ella hizo ademán de marcharse.

____Sí... No... Quiero decir que no voy a tomar nada. Gracias... Pero sí que quería preguntarte...

'¡Dios! ¿Cómo se llama la de las noticias?', pensé. No lograba acordarme, y hubiese podido buscarlo en mi portátil, pero se habría dado cuenta. Es que no me quitaba la vista de encima, sin pestañear...

____...no, nada, perdona. Cuando consiga acordarme, te llamo y te lo digo, ¿vale? -añadí.

No pude ni quise evitar fijarme en cómo se le marcaban los pezones en la fina blusa. Mis ojos se salían de órbita.

____Pues vale -dijo, y seguidamente se fue contonánse hacia el asiento del futbolista que la llamaba, sin dejar de mirarme, incluso volviendo la cabeza.

Me volví como poseso para buscar a mi amigo. Tenía que preguntárselo, tirarle de la manga y decirle cuánto se parecía la azafata a..., a... a la tía esa de la información deportiva, como quiera que se llamase. Pero mi amigo estaba muy ocupado bebiendo un whisky y riéndose con sus estrellas del fútbol. Y no podía culparle. No todos los días se gana un viaje en el avión privado del Real Madrid.

A mí no me apasiona el fútbol. Pero cuando mi amigo ganó el sorteo de un viaje para dos personas, se le presentó un problema: no tenía mujer o novia que le acompañase, ni hermanos o parientes a la mano. Así que me pidió que me fuese con él. No me apetecía mucho ver el partido, que su equipo iba a jugar al día siguiente, ni el viaje a Sevilla, por bonita que era la ciudad y agradable su clima, ya que era un sábado de primavera. Pero desde que vi a aquel bonbonazo pelirrojo, me entraron unas ganas locas por disfrutar yo también de ese premio.

¡Y míralo; jo, qué tío!, lo bien que se desenvuelve con la plantilla, y hasta con el entrenador, el ayudante del entrenador, el psicólogo, el masajista, el utillero e incluso el médico...

Estaba muy claro que con mi amigo no podía contar, lo veía demasiado ocupado tratando de que uno de los nuevos fichajes del Madrid (no el de los abdominales como tabletas de chocolate, sino otro; soy terrible para recordar los nombres) le enseñase los movimientos de piernas de uno de sus famosos regates.

Así que busqué el nombre de la chica en el Google. Al principio no tenía claro cómo hacerlo, pero recordé que mi amigo me había pasado, vía e-mail, el enlace de uno de sus vídeos, y me había dicho que era un trozo de los noticiarios deportivos de un canal del Real Madrid. Error por su parte, porque en su momento estuve a punto de no abrirlo, y a él le habría bastado con decirme: 'oye, Manolo, mira lo buena que está la tía de los deportes de la televisión de los merenguesl'.

'¡Ya, Manolo! ¡Rocío! ¡Se llama Rocío!' -lo recordé, súbitamente.

Pero el vídeo no cargaba bien y tampoco había tomas en las que pudiera verle con detalle la cara. Ahora que para saber que tenía un cuerpazo no hacía falta la alta definición. 'Hostia, qué tía! De todas formas, seguía sin tener claro si la azafata y ese pedazo de mujer de las noticias deportivas eran la misma persona. Se parecían horrores, eso sí.

Podría preguntárselo a ella. Pero, ¿qué le iba a decir?... 'perdona, azafata, ¿tú eres Rocío, esa chica que presenta las noticias deportivas en la tele del Madrid enseñando buena parte de tus tetas?'. Y esto sonaba chungo y podría recibir una hostia de ella. Me veía ya como una quinceañera abordando a uno de los afamados peloteros: '¿tú eres...? ¡Sííí... eres tú, eres tú! ¡Eres fulano de tal del Real Madrid, ¿me firmas un autógrafo en mi muslo?!'.

Pero tenía que hacerlo. Por nada del mundo deseaba quedarme con esa duda. ¡De eso nada!

Apagué mi portátil, lo dejé en mi asiento y me levanté discretamente. No veía a 'mi azafata' por ningún lado, y como no quería pulsar el botón de asistencia y que viniese otra azafata, me fui directamente hacia el aseo, sorteando a varios futbolistas que estaban en medio del pasillo. No había bebido demasiado antes de embarcar, pero en los viajes en avión nunca se sabe cuándo a uno le van a entrar ganas de mear. Y si no meaba, me remojaría la cara o algo, a ver si con eso se me aclaraban las...

Y allí estaba ella. En el aseo, frente al espejo.

____Perdón -me disculpé e hice ademán de cerrar otra vez la puerta, pero tanto la había abierto que se hallaba fuera del alcance de mi mano. Y ya no me atreví a dar ni un paso más.

La azafata se giró y me sonrió, con la misma insinuación de antes.

____¡Ah, otra vez tú...! No te preocupes -me mostró un pintalabios-. Sólo me estaba retocando los labios, que no veas cómo les gusta a los futbolistas que les dé un par de besos con carmín.

Se mordió el labio inferior. No sé por qué hizo eso. Tampoco sé cómo me atreví a preguntarle tranquilamente lo que sigue a continuación, después de haber invadido su intimidad:

____ Bueno, como veo que eres una chica simpática y agradable, ¿puedo hacerte una pregunta?
____Por supuesto. Dispara.
____¿Cómo te llamas?

Noté cierta picardía en su sonrisa. En realidad, su rostro en sí era pícaro y risueño, y seductor a la vez. Me encantó cómo arqueó el brazo y lo apoyó en su cintura. Se volvió hacia mí y me preguntó a su vez:

____¿Y por qué quieres saberlo?
____En realidad, me parece que ya lo sé. Sólo quería confirmarlo.
____Tú crees saber muchas cosas sobre mí, ¿no?
____Tal vez... pero...
____En ese caso, te propongo un juego -me interrumpió y cerró la puerta del aseo, conmigo dentro-. ¿Qué tal si nos apostamos algo? -añadió.
____¿Apostarnos algo?
____Sí, tú te quedas fuera y me dices todo eso que sabes sobre mí, y por cada cosa que aciertes me quito una prenda de mi cuerpo, pero cada vez que falles, serás tú quien se la quite, y además con todos esos jugadores de ahí afuera mirándonos.

Abrió de nuevo la puerta y la cerró en mis narices, dejándome pasmado. No me lo podía creer, y cada vez podía pensar menos con la cabeza, y menos aún con la erección tan monumental que tenía...

Bien, el caso es que la azafata no llevaba pulseras, ni pañuelo, ni reloj, e incluso me había parecido que iba descalza allí dentro. Si jugaba limpio, con pocas preguntas la dejaría sin esa minifalda, sin esa blusa ajustada con el escudo del equipo, y sin todo lo demás. ¡En pelotas, vaya!

____¡Venga, empieza ya! -me dijo, alzando un poco la voz.

Tuve que pegar mucho mi oreja a la puerta para poder escucharla con el escándalo que había dentro del avión y con el ruido de los motores.

____¡Vale! ¡Te llamas Rocío! -comencé fuerte.

Tardó en responder. Tragué saliva.

____¡Bien! -dijo-. ¡Veo que en este juego llevo las de perder, pero aún me quedan prendas! ¡Continúa!
____¡Ahí va! ¡Presentas los noticieros deportivos en el canal del Real Madrid!

Seguro que empezará a vacilar conmigo. En realidad, no se parece tanto a la chica de las noticias deportivas. Y ahora me dirá que he fallado, que me quite yo una prenda y...

____¡Bien! ¡¿Pero cómo sabes tantas cosas sobre mí?
____¡Por Internet, pero... -el corazón me latía con fuerza-, ¿puedo entrar y preguntarte otras cosas que no estoy tan seguro?!

Creía que se iba a rajar, y que a su vez le estaba siguiendo el juego. Pero la puerta se abrió lo suficiente como para que yo pudiese entrar.

No dijo nada. Cerré la puerta y me vi arrinconado por aquel pibonazo. El aseo era tan chico que no tenía por dónde escapar, ni yo quería escapar. Sólo llevaba puesta la minifalda. Sus piernas eran tan largas como la cola del avión. Empecé a recorrerlas con la mano. De repente, volcó sus pechos sobre mi cara, a la vez que su mano derecha se iba hacia mi bragueta.

____¿Te gusto? -le susurré mientras le bajaba la minifalda.
____Has ganado, ¿no? -dijo por respuesta, ayudándome con la ropa-, así que ya me he desvestido entera y puedes hacerme lo que quieras...

Me dejé envolver por su fragancia, por su mano cálida que se deshacía con destreza de la cremallera y de los botones, para después buscar mis calzoncillos con idéntica habilidad.

Vigilé la puerta. Las prendas de azafata esparcidas por el suelo. Sus ojos azules, sus miradas de deseo irrefrenable. No pude contenerme más y la abracé fuerte, casi la ataqué. Soltó un suspiro y se echó en un rincón, de espaldas a mí. La sujeté por las caderas y besé su cuello. Se estremecía. Y no sé cómo, pero acabamos 'haciéndolo' a cuatro patas.

'No me reconozco a mí mismo; debo parar esta locura, o al menos ir más despacio, seguir haciéndole preguntas', pensé. Pero ella sólo quería que no parase y que siguiese. Me ponía a cien al oír cómo gemía, suplicándome ¡más, más, más, más...! 'Nos van a oír, nos van a pillar de esta manera en este cuchitril', pensé de nuevo.

Pero si todo esto era ensoñación tórrida, o fantasía erótica duermevela, o un desvarío mental, todavía no había acabado de desvariar.

Olvidé echar el seguro del aseo, y de pronto se abrió la puerta y apareció ese jugador mulato del Madrid; sí, ese de pelo largo y nariz chata. Nunca consigo recordar los nombres de ningún futbolista. Y bueno, me ahorraré explicar cómo se hizo el despistado, cómo no preguntó qué hacíamos, en lugar de salir corriendo, aunque fuera para contárselo a sus colegas.

Si me lo hubiesen dicho, no lo habría creído. Todo era tan absurdo como el guión de una película porno, en la que se ponen a 'toma tela' sin ton ni son, con cualquier excusa.

Tampoco explicaré cómo ni por qué dejé que ese melenudo me hiciera lo que me hizo. Sólo diré que de repente me acometió por detrás. Sí, justo cuando estaba a punto de gritar de placer; y al final grité, ¡vaya si grité!: una explosión de goce que se dividió en varias explosiones, y estas a su vez en varias más, y así hasta el infinito. Sentí una extraña sensación al verme invadido de repente en mi trasero...

No sé describir de otra forma las estrellas que vi, y no precisamente de fútbol. Me incliné sobre la espalda de Rocío, si es que ese era su nombre, cogí su melena, que bailaba y se me escurría entre los dedos al ritmo de una danza frenética a tres bandas. No le pregunté a aquel jugador si era gay, ni cuál era su nombre, ni qué me estaba haciendo. No sabía si el avión se había detenido en el aire o si éramos nosotros tres los únicos que imprimíamos movimiento.

Pero ya me importaba un carajo si estaban oyendo nuestros gemidos. Yo sólo quería cerrar los ojos y fundirme entre esos dos cuerpos sudorosos, hasta que las fuerzas nos abandonasen y cesasen las risas y las voces de afuera, y los ruidos de los motores, y los pensamientos... ¡Todo!

Cuando regresábamos a casa, recuerdo que mi amigo me dijo que había disfrutado muchísimo de su experiencia con el equipo del Real Madrid, a la vez me preguntó que tal lo había pasado yo.


Y yo no supe qué responderle. Así que opté por reírme a carcajadas, sin parar. Y mi amigo me miraba pasmado, como pensando que me había vuelto loco


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Re: MI BLOC, QUE NO BLOG

Mensaje  achl el Jue Dic 22, 2016 3:41 pm




Imagen de la azafata del escrito anterior


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Re: MI BLOC, QUE NO BLOG

Mensaje  achl el Jue Dic 22, 2016 3:56 pm



31 datos sobre el criminal Arnaldo Otegi


El exportavoz de Batasuna, Arnaldo Otegi, ha salido de la cárcel de Logroño tras permanecer desde el 13/10/09 por el caso Bateragune -intento de reconstrucción de la ilegalizada formación ligada a ETA-.


Su libertad coincide con un año especial para el País Vasco, que va a celebrar elecciones autonómicas. Una vuelta que puede ser determinante en estos comicios y en el futuro de Euskadi.

1- Nació en Elgóibar (Guipúzcoa) el 6 de julio de 1958 (57 años).
2- Es Licenciado en Filosofía y Letras.
3- En 1977 entró a formar parte de ETA político-militar y se refugió en Francia.
4- En 1981 pasó a ETA militar tras la disolución de ETA político-militar.
5- En julio de 1987 fue entregado por Francia a España como miembro de ETA.
6 - Participó en los secuestros del Javier Rupérez, Gabriel Cisneros.
7- Su primer ingreso en prisión fue en julio de 1987 y duró hasta octubre de 1990.
8- Fue condenado a seis años de cárcel en 1989 por secuestro de Luis Abaitua.
9- En 1991 ingresó en prisión para terminar la condena por este secuestro y salió en libertad en 1993.
10- Formó parte de la lista de HB en las elecciones vascas de 1994.
11- Llegó al Parlamento vasco en 1995 al dejar su escaño Begoña Arrondo -condenada por ser ETA-.
12- En 1997 entró a formar parte de la dirección de HB y como portavoz cuando la Mesa Nacional.
13- Popular en la Cámara vasca por sus enfrentamientos con, Juan Mari Atutxa.
14- En la izquierda abertzale lo empezaron a llamar el Gerry Adams vasco.
15- El Tribunal Supremo le condenó en 2005 a un año de cárcel por injurias al Rey.
16- Mantuvo conversaciones con PSE-EE y PNV para intentar buscar una solución al conflicto vasco
17- En 2004 fue condenado a 15 meses de prisión por “enaltecimiento del terrorismo.
18- En 2005 el juez Grande-Marlaska ordenó su ingreso en prisión financiación de herrikotabernas. Pagó la fianza de 400.000 euros y abandonó a los dos días la cárcel.
19- También este juez ordenó su prisión en marzo de 2006 por considerarle “inductor” de los actos de huelga convocados en el País Vasco por la muerte de dos presos de ETA. Abonó la fianza y salió a los pocos días.
20- En abril de 2006 la Audiencia Nacional le condenó a 15 meses de prisión por “enaltecimiento del terrorismo” durante el homenaje al etarra ‘Argala’.
21- Cumplió la condena por este caso en prisión entre junio de 2007 y agosto de 2008.
22- Ingresó de nuevo en prisión el 13 de octubre de 2009 por orden del juez Baltasar Garzón por el intento de reconstrucción de la dirección de Batasuna -caso Bateragune-. Sigue encerrado desde entonces.
23- La Audiencia Nacional le condenó en el marco de este caso a diez años de prisión en 2011 por integración en ETA en calidad de dirigente al intentar reconstruir Batasuna. El Supremo le rebajó en 2012 esta pena a seis años y medio.
24- Está inhabilitado para ocupar un cargo público hasta el 28 de febrero de 2021.
25- Entre los firmantes del manifiesto Free Otegi están José Mújica, Fernando Lugo, Gerry Adams, Desmond Tutu, Alberto Garzón, Gaspar Llamazares, Almudena Grandes y Juan Diego Botto.
26- En el libro-entrevista El tiempo de las luces (2012) pidió su “más sinceras disculpas” a las víctimas de ETA y afirmó que sentía “de corazón” si desde su posición política había añadido "un ápice de dolor, sufrimiento o humillación a sus familias".
27- Se encuentra preso en la cárcel de Logroño.
28- Es secretario general de Sortu.
29- Es forofo de la Real Sociedad.
30- Está casado con Julia Arregi y tiene dos hijos.
31- Uno de sus hijos lleva su cuenta de Twitter, según reveló.


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Re: MI BLOC, QUE NO BLOG

Mensaje  achl el Jue Dic 22, 2016 9:57 pm






Las alas de la mente


Una noche en la que el frío le es ajeno dentro de su habitación, el calor la invade cada poro de su piel, mojándose ante una foto que tiene entre sus manos, intentando ser parte de ella y de su entorno. Era él, allí de nuevo entre los pliegues de su memoria, cabalgando entre sus deseos como un forastero errante, pero a la vez tremendamente familiar.

Sabía que le era imposible, que no podía tenerle, pero no no podía evitar reconocer que se había enamorado. Su mente le decía que él notaría que se había enamorado de él, pero no quería contestarse. Solamente quería limitarse a sentir, a olvidar su cruel existencia por un día, una sola noche, y volcar todas sus pasiones de nuevo, como antaño, cuando nada temía por entregarse por completo a ese hombre.

Se desvistió lentamente, no queriendo evitar pensar en ese hombre que ahora invadía su mente. Desnuda, contemplando su cuerpo, cada tramo de piel, caminaba lentamente hasta el baño.

Entró a la ducha y abrió el grifo sintiendo cómo el agua tibia recorría su rostro, bajando por su cuello, tocando sus pechos, rozando sus pezones, endureciéndolos al paso, siguiendo su recorrido mas allá de ese espacio que se encuentra deseosa de poder ser tocada y amada por aquel que sigue en su mente y le provoca adrenalina. Simplemente se limita a dejar sus brazos a un lado, con su cara hacia el chorro de agua que con fuerza cae, disfrutando de esa lluvia segundo a segundo.

Disfruta de la ducha, pero su recuerdo es más fuerte cada vez, evocando su mirada, su sonrisa. Cierra los ojos, viéndole ante ella. Sus labios, sin poder aguantar las ganas de besarlos, los siente latentes dentro de ella. Sus manos se cerraron al contacto de la esponja, recordando su cabello, húmedo con el agua, húmedo como su cuerpo.

Enjabona entonces sus manos, pasando la esponja con gel aromatizado de jazmín y rosas, refregándosela por su cuerpo. El contacto suave con el agua tibia sobre su piel no impide pensar que él es el que la está tocando su cuerpo de joven amante, que tanto placer le había regalado que hacía que perdiese los sentidos, sin poder controlar sus primitivos instintos de mujer.

Después de unos minutos, se quitó el jabón del cuerpo, cerró la ducha y salió de ella, cogiendo de camino una toalla larga, secándose. Se escurrió un poco el pelo, aún goteando de cristalina agua, y salió del baño.

Con nueva lentitud camina hacia su habitación, sus delicados pies dejan huellas húmedas a medida que anda. Al llegar a su cuarto, se recuesta en la cama, mirando de nuevo su foto. Allí está él, sonriente, vestido de traje, sentado cómodamente en el patio de su casa con su portátil sobre las piernas. Pasa a la siguiente foto, y de nuevo está, y esta vez saliendo de la ducha, con el pelo húmedo por los hombros y con el torso desnudo, húmedo, como se siente ella. Con la yema de un dedo acaricia su pecho, y sin poder evitar un suspiro, escapa de su ser.

Dando media vuelta se pone boca arriba, a todo lo largo, y cierra los ojos con una sonrisa. Sus manos se posan en su rostro y siguen a sus labios, acariciándolos con los dedos; dos de ellos entran en su boca para luego salir lentamente de ella.

Siguen así bajando por su cuello, acariciándolo en ambos lados un buen rato, y bajan luego hasta la linea de sus senos. Se detienen un momento, y después giran, acariciándolos en todo su contorno, hasta llegar a sus pezones. Una exhalación de placer escapa de ella, que aún sigue con los ojos cerrados.

Los acaricia unos minutos en todas las direcciones. De vez en cuando, los dedos índice y medio de una mano se apartan para entrar en su boca y luego bajar, húmedos, hasta sus pezones, y fortalecerlos así con nuevas pasiones, que por ese entonces, su cuerpo ya había traspasado el umbral del éxtasis dos veces.

Sigue acariciando un pecho, pero una de sus manos acaricia su ombligo, su estomago y su vientre, con suma lentitud. Sabía que sus manos eran las suyas, pero el pensamiento era de él, y sólo gozaba con la ansiedad de llegar hasta lo mas profundo de sí.

Finalmente, su mano derecha acaricia primero sus piernas, y luego sus pantorrillas, hasta llegar definitivamente al calor de la pasión, a lo más mojado y deseado de sí. Sus piernas se separan levemente para mayor libertad. Dos dedos de su mano abren los labios vaginales, empapados, calientes y suaves de intimidad perfecta, hasta llegar al clítoris, erecto, sensible y sutil, como las caricias que él le proporcionaría en persona algún día.

Su respiración se agita, su boca no resiste y deja libres los gemidos que sólo oyen, pero que él siente, y deja que su mano cobre vida metiendo primero un dedo, pasando a dos, y finalmente tres, que entran y salen, arrancándole aullidos de placer y felicidad.

Y allí está, su mente con él, y él con su cuerpo. Incontenible hasta que pierde el control de su cuerpo, separa aún más sus piernas y levanta un poco las rodillas. Contracciones rítmicas de un potente y salvaje orgasmo invaden su cuerpo, su garganta y su manos empapadas en deseo puro y perfecto.

Siente un ligero mareo de felicidad, pero el orgasmo sigue, interminable. Y cuando cesa, solamente se limita a abrir lentamente los ojos: esas dos esferas azules cristalinas que él tanto ama....


Finalmente, mira y remira su fotografía de nuevo, pero ahora con una jadeante sonrisa


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Re: MI BLOC, QUE NO BLOG

Mensaje  achl el Sáb Dic 24, 2016 4:34 pm



Me busco la vida

Policía. Ese sería mi papel representativo a la hora de ir a trabajar. Por lo general, no cambiaba la rutina, siempre se decidían por policía, bombero, militar o boxeador.

Me vestí con el clásico uniforme, cogí las llaves de mi coche y salí de mi apartamento. Cerré la puerta, bajé a la calle, subí al coche, lo encendí, y avancé por aquella concurrida avenida.

Trabajaba como striper para fiestas nocturnas hacía poco más de un año. El trabajo no era gran cosa, pero se pagaba bastante bien, incluso mucho mejor que cualquier otro. La primera y única regla de un striper era la de ser lo más profesional posible, en cuanto a no tocar ni propasarse con las clientas.

Llegué a la dirección indicada. Estaba claro que allí era la fiesta, pues la música se oía desde lejos. Estacioné mi coche, apagué el motor, le quité la llave y salí de él, cerrando después la puerta del conductor. Ya frente al piso, pulsé el timbre y esperé.

La propia cumpleañera me abrió la puerta. No imagine jamás que me iba a encontrar con aquello tan espectacular.

Era una hermosa madura, de aspecto agraciado, pero ojos lujuriosos. Llevaba el pelo en media cola. Tenía un cuerpo verdaderamente colorista: guapa, senos grandes y firmes y culo redondo. Un escote me golpeó en el rostro, como incitando a que lo mirase.

La dueña de ese escote me miró y sonrió, y a su mirada y su sonrisa se le unieron dos de sus amigas, que, bailando con un vaso de whisky en la mano, me miraron de arriba a abajo.

____¡Pero entra ya! -exclamó en tono autoritario la madura. Parecía muy alegre, quizás por el alcohol.
____Veo que es una hermosa fiesta, pero no tanto como ustedes. ¿Podría unirme a su baile? -pregunté con una sonrisa, desabrochando uno de los botones de mi camisa y moviéndome al ritmo de la música.
____¡Claro, oficial! -dijo con un hablar nervioso y sonriendo una de las chicas.

Del tirón arranqué la camisa, dejando mi torso al aire. Las chicas dieron gritos de exclamación, y con palmas acompañaban mis movimientos al ritmo de la música.

Con lentos movimientos, me quité luego el cinturón de balas, y dejé que mi pantalón se escurriera por mis piernas quitándomelo a la altura de los zapatos, quedándome tan sólo en tangas. Las chicas dieron unas cuantas exclamaciones más, y dos de ellas se acercaron más a mí, acariciándome pecho, brazos, muslos y cara. Y una tercera, tal vez demasiado atrevida, puso una de sus manos sobre mi paquete.

Mis ojos se fueron a la cumpleañera; aquella madura que me había atrapado. Reía y miraba a la concurrencia, sirviéndose un nuevo whisky. Por alguna razón, yo podía adivinar que estaba empezando a mojarse por ahí abajo.

Luego de una hora de show, comencé a vestirme de nuevo, ayudado por una chica que permaneció junto a mí durante todo el baile. Fue entonces cuando la madura se me acercó de nuevo.

____Ven conmigo. Te voy a pagar lo que acordamos -me dijo.

La seguí por el pasillo de aquel piso, hasta que llegamos a su habitación. Cerró la puerta detrás de mí, y un nerviosismo me llegó, a la vez que una erección repentina e inoportuna se apoderaba de mi ser.

Cogió una billetera que había sobre un mueble, frente a la cama, contra la pared, y sacó unos cuantos billetes.

____Aquí tienes los 1.500 que acordamos. Cuéntalos si quieres -dijo, con una sonrisa nerviosa en los labios.
____No hace falta -respondí-: -por cierto, ¿cuál es su nombre?
____¿Para qué quieres saberlo? -sonrió y añadió-: mi nombre no importa. El tuyo es el que importa.
____Me llamo Alejandro -respondí.
____Bonito nombre -dijo mirándome a los ojos y acercándose más a mí. La sonrisa en su cara permanecía inalterable.
____¿Como empezaste en este trabajo?
____Como muchos otros chicos. Estaba sin trabajo, y la idea me la dio un buen amigo que me acompañaba al gimnasio.
____Espero que te guste tu trabajo -dijo mirándome con deseo.

Sin pudor y con desparpajo, me cogió el paquete con su mano derecha.

____¡Oh! Si quieres ganar una buena pasta, nunca busques un trabajo.

Su mano izquierda levantó torpemente su vaso de whisky, cayéndose y haciéndose añicos contra el suelo. Sin prestar atención a eso, apartó el escote de sus senos, dejando verlos, sin dejar de mirarme a los ojos. Mi respiración se aceleró. Deseaba hacerle el amor desde el primer momento que había entrado a aquel piso, pero tampoco quería dejar de ser el mismo profesional de siempre.

De un golpe apartó la mano de mi paquete, y poniéndome la mano en el pecho me dio un empujón, haciendo que cayera de espalda a la cama. Se puso encima mía, besándome el cuello. Noté una mezcla de olor a alcohol y a perfume caro de mujer.

Intenté apartarme, pero no pude, como si hubiera perdido todo el poder de decisión; ella me lo había arrebatado. La cogí de la cintura, deslizando las manos hacia sus nalgas firmes, cubiertas por una falda corta que dejaba ver muslos tersos y torneados.

Besó entonces mis labios, mordisqueándolos, acariciando mi lengua con la suya en suaves movimientos circulares y constantes. Luego me abrió la camisa, besando mi pecho. Mis manos alzaron su falda, y dos dedos se colaron por su entrepierna. No llevaba bragas, y 'ese' de ahí abajo estaba muy mojado.

De pronto, se echó a mi lado sobre la cama, mirándome, provocándome y pidiéndome con los ojos que hiciera lo que quisiera con ella.

Me quité la camisa y luego el pantalón, quedándome en tangas de baile. Ella se quitó el sujetador, dejando sus pechos desnudos al aire, y luego yo le quité la falda corta, terminando así de desnudarla por completo.

Mis manos recorrieron su vientre, subiendo hacia sus senos, y, luego de besarlos, succioné fuertemente sus botones erguidos, mientras le acariciaba todo el cuerpo con las yemas de mis dedos. Gemía sin parar...

Me aparté de aquella¡os sensuales y adictos pechos, acariciándolos una vez más, y mi lengua siguió hasta llegar a sus muslos. Besé uno, luego besé el otro, sin tocar su entrepierna, tentándola. Ardía de deseo.

Me concentré en su puesta en marcha de abajo. Mi lengua se paseó de un lado a otro por ella, arrancando aullidos a aquella infartante madura. La succioné con fuerza, metí tres dedos en su aparatito para hacer pis y seguí con mis juegos de lengua.

Su vientre subía y bajaba al ritmo de los gemidos de sus movimientos en mi boca. Borracha de deseo, me pidió que la hiciera mía de una vez. Suponía que ya habría tenido dos climax por lo menos.

Me quité el tangas y con lentitud acaricié sus intimidades más íntimas. Ella alzó su pelvis y le metí lo que tenía que meterle, cuyo fue recibido sin pagar aduana y con las piernas completamente abiertas.

Comencé a moverme, mientras que, inclinado sobre su pecho, besaba y acariciaba con mi lengua todo su cuerpo. Me tiraba del pelo y se aferraba a mi espalda, arañándome y provocándome varias vías de sangre.

Una sucesión de gemidos animalescos brotaron de su garganta a medida que los espasmos de un nuevo climax invadían su entrepierna y su cuerpo, contorsionándose a su antojo. Sentía que me venía a mí también, de modo que saqué mi aparato, masturbándolo ella con una de sus manos. Dejándome llevar por la pasión y por mi experiencia sexual, eyaculé bestialmente en su boca.

Mientras me recuperaba, ella se acariciaba sus botones ergyudos, dispersando mi líquido viscoso de su boca. Con el líquido que quedaba en sus manos, se relamió los dedos. Después, me miro, sonrió y me dijo:

____Espero volver a verte de nuevo.

A lo que le respondí:


Puedes apostar, sin riego a perder, al 'SÍ'. Y después de decir eso, hice un gesto como indicándole que mi cuerpo era sólo para ella...


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Re: MI BLOC, QUE NO BLOG

Mensaje  achl el Dom Dic 25, 2016 7:10 pm





Momentos suculentos

Una lujosa mesa redonda y un amplio ventanal, desde donde se divisa la blancura de la espuma del mar, iluminada por las farolas del puerto, como telón de fondo. Era una fiesta de dos familias: una, adinerada; la otra, de la clase media-baja

Éstos parecen ser, en aquella noche, los únicos testigos de sus pasiones ahogadas durante tanto tiempo en las diferencias de la familia de ella, al no admitirle a él como esposo para su hija.

La desvanecida luz tintineante de la vela que decora el centro de la mesa proyecta brillo especial a sus caras, hoy más que nunca enardecidas por la intensidad de ese tan efímero momento, que ambos saben bien que es lo único que les queda.

Frente a frente, los dos. Ella, dentro de un vestido largo negro con escote generoso. El, impecable, con esmoquin burdeos, a juego con su pasión.

Cualquiera podría percibir la atracción que sienten el uno por el otro. No hay más que ver cómo cada vez que se rozan bajo el mantel notan cómo intentan detener que salga la lava de sus volcanes, subiéndoles por sus entrañas. Ese deseo tan intenso que desdibuja y desintegra todo lo que les rodea, hasta el punto de hacerles sentirse completamente solos… si no fuera porque un camarero se ha aproximado a servirles una copa de vino, algo que ha pasado imperceptible, dada la enajenación bajo la que se encuentran.

Él levanta su copa para sorber el líquido, que ella contempla como se va deslizando por su garganta. Siente cómo el caldo se va mezclando con su saliva y con su cálido aliento. Imagina su lengua allí, fundida con la suya. Tose discreto para apartar ese pensamiento pecaminoso, pero la mirada de él clavada en la de ella elevando la copa en un brindis, casi la obliga a bajar la mirada hacia sus manos que ahora cree jugando con sus pechos, ávidos de ser acariciados.

Asustada por esa estrepitosa intensidad de las sensaciones y emociones de aquella cita familiar tan esperada desea que no se desperdicie ni gota de ese instante.

¿A qué estarían dispuestos?

Estarían dispuestos a devorarse. Darían esquinazo a todo lo que pudiese entorpecer su camino para lanzarse el uno sobre el otro allí mismo, sobre la mesa; dispuestos a arrancarse el vestido y el esmoquin; a saborearse, sin importarles el enorme estruendo que causaría la destrucción de toda la porcelana y el cristal al estamparse contra el suelo.

A todo eso y a más estarían dispuestos. A echarse sobre la mesa y gemir ante la luz de farolas del puerto de a lo lejos del ventanal en cabalgadura desbocada que los llevase al climax de estrepitosa sonoridad, a fundirse en un abrazo eterno, a mecer la locura del alma de ella y la cordura de la de él, a arropar en el mantel manchado la condena de su secreto.

Y a otras muchas más cosas estarían dispuestos, si no fuera porque dado el ceremonial que el lugar requiere. No están solos; están acompañados de familiares ante platos suculentos, que tienen la intención de degustar. Sólo es capaz de articular dos palabras: 'buen provecho'.

Pero en un arrebato, él sacó a ella del boatoso de la indumentaria, de la suntuosidad del marco, de la pomposidad de la cena y de todo lo que les rodeaba...

Le guiñó un ojo, y los dos se levantaron de sus lujosas sillas y corriendo se fueron a la playa, desparramando la ropa en el trayecto.


Ya en la orilla, el uno al otro se sirvieron platos más suculentos, cambiando las diferencias familiares por el amor más puro, y el boato por la lujuria de la pasión


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Re: MI BLOC, QUE NO BLOG

Mensaje  achl el Lun Dic 26, 2016 11:21 am



Orgía salvaje variopinta
de auténtica pesadilla


Paseaba desnudo por la luna. Plantas carnívoras blancas le llegaban a las caderas. Un viento frío y cálido a la vez, inexistente, no levantaba ni una minúscula mota de polvo, pero le acariciaba espalda y pecho, le daba en la frente y se le metía en los ojos haciéndolos lagrimear y brillar. La larga extensión de cenizas blancas le invitaba a tirarse en la arena, a fundirse con ella. Con el polvo de la luna, sonaban diapasones diamantinos, líricos ácidos. Arriba, el cielo era negro cual enorme pantera con la imagen azul de la tierra, como un inmenso balón de fútbol.

Él caminaba desnudo por la luna: espalda ancha, hombros robustos, falo grande, nalgas redondas, cuello de rinoceronte, cintura de avispa, brazos capaces de descoyuntar toros. Blanco como nieve era, tatuado de perlas de rocío plateado, esmaltado en plata.

El frío era tan espeso cual cuchillo árabe, de mango de nácar blanco, con un topacio amarillo y ámbar en su extremo. El frío era como una copa de aguardiente dulce, un colapso de bandoneones, como una tarde de otoño con lluvia. La luna estaba blanca como una salina reverberando cristales, como una singular orilla de río, como si toda fuera un enorme azucarero. ¡Oh nieve! ¿cuándo te fundirás para en piscina convertirte?

La luna era un cisne de plata y mármol, ala de arcángel, una gigantesca cucharada de sal. Se oían ónices y turquesas en notas de limón amarillo, y el piano desplegaba un vuelo de colibríes con pico azul y violeta y ojos verdes. En cada nota, una aguamarina, y en cada aguamarina, un pitufo azul, un selenita gris con cuernecillos dorados; y en la melodía, oasis en medio del desierto, azul sobre una arena de oro, terriblemente caliente, y siete pavos reales, uno por cada color del Arco Iris.

Blanca y brillante iba la luna, toda ella de nácar y nieve con leves toques grises de cenizas de tabaco.

Él estaba desnudo en la luna, y cortó un heliotropo blanco, del que brotó una savia blanca, que olía a madreselva, y luego se acercó al recodo de un cráter.

En el recodo, diez muchachos blancos y desnudos se entregaban a todo tipo de caricias, se besaban, se penetraban, se mordían, se acariciaban, se desollaban y se volvían a besar, sonrientes, extasiados, veloces, duros suaves, nacarinos y aceitosos, completamente depravados, jóvenes cual arroyo, y despiadados cuales tigres de bengala. Se daban con lilas en los ojos, y se azotaban con cardos, y sobre sus espaldas brotaban chispas de rubíes pequeños, y volvían a follar, sin parar, unos con otros, voluptuosos como estatuas de alabastro.

Grandes cojines dorados sobre la harina selenita, jarrones llenos de hielo picado, pipas para opio, helechos negros y grises, entre almohadones de seda de oro, gatos de angora, orquídeas negras exuberantes Follaban los muchachos entre ellos, se chupaban los falos, se relamían las orejas, se entrechocaban las lenguas cual molusco, se lamían los esfínteres anales, y procedían después a la penetración, durísima sensual, lenta, rápida, se desmayaban en orgasmos múltiples, se mordían las nueces del cuello...

El muchacho, oculto tras el cráter, todo él fuego, se consumía de deseo mirando a aquellos íncubos de la luna, a aquellos arcángeles de nácar, blancos como harina, posesos de una bacanal de nieve.

Sobre un cojín rojo, un Apolo dorado con brillantina áurea, se acariciaba su serpiente, abandonado al placer, y su anaconda era durísima, como barra de acero. Le vieron, se sonrieron, le llamaron, le hicieron un gesto con la mano, le dijeron: 'ven'. Con sonrisa lujuriosa en boca. Le dijeron: 'ven, ven'. Le miraron, se lamieron las bocas de nuevo, y le volvieron a decir: 'ven'. Un gran arpegio de diapasón azul estremeció la espalda del muchacho, franqueó la barrera. Le rodearon, le dieron besos, abrazos, le mordieron el cuello y las orejas, le dieron un apasionado beso en la boca, y el muchacho más bello de todos, ojos azules, se arrodilló ante él y se metió su falo en la boca, como una oración a un dios de pecado.

Abandonado como naufrago, se dejó llevar por las olas y las serpientes, acariciado por miles de manos y lamido por cientos de bocas, crucificado en una cruz de deleite, penetrado, manchado, esclavizado, sorbido hasta que el sueño y el placer se apoderaron de él, hasta el agotamiento.


Los acordes de armonios dulcificaron la terrible tortura a la que fue sometido, y cuando el dolor empezó a instalarse en su cuerpo, aquella maquiavélica orgía cesó y todos autores de la misma desaparecieron, menos aquel pobre muchacho que de nuevo comenzó a caminar desnudo por la luna


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Re: MI BLOC, QUE NO BLOG

Mensaje  achl el Lun Dic 26, 2016 2:13 pm



Onanismo, moscas,
cabrilla, verga y espejo

El muchacho cogió el espejo. Desnudo estaba sobre el sillón de cuero. El verano, afuera, mordía con sádicos alacranes, parecía un atleta cansado en un escorzo de Praxiteles

La habitación era un cutre pastiche: una pared blanca y desconchada con tatuajes de cemento de relleno, y dos o tres cuadros; aquí una imagen de María Santísima, allí, dos fotos de su familia. Estaba en la apoteosis de su adolescencia y su piel despedía ese olor dela pubertad. Un ramo de rosas marchitas, con algún que otro gusano, sobre un jarrón con agua sucia, se asomaba a las pupilas verdes de un cuadro al óleo.

Como almas en pena, las flores, ya secas o medio secas, regalaban a la Sagrada Madre el cadáver podrido del antiguo aroma que poseyeran. Las grietas y desconchados en la muy guarreada pared se deslumbraban por la bombilla del techo, dormitorio de las defecaciones de moscas.

El muchacho se masturbaba con lentitud, buscaba una buena corrida. A su lado una revista porno mostraba mujeres imposibles de alcanzar, unas bellezas lejanas, producto exclusivo de la democracia burguesa. Algunas moscas revoloteaban sobre la mesa, repleta de migas de pan, gotas de caldo, y aceite, y el puerco mantel con lunares rojos, era de una suciedad increíble, manchado de tomate frito, de arroz impregnado con pimentón, de potaje, de garbanzos con un resto de lentejas. Un plato llano aceitoso con pimientos fritos hacía la delicia de moscas copulantes.

Las moscas, enloquecidas, iban a lo suyo, a la búsqueda de un supremo fornicio. Semejaba todo un enorme plastón de estiércol con artrópodo. El muchacho se masturbaba mientras leía un relato porno de la revista. 17 años buscaban las estrellas y el éxtasis, su bestia juvenil no tenía sino su propia manera comparativa, y el narciso sublime se pulsaba a sí mismo, brutal y virgen como arpa viva. Leyó el relato de la mosca sobre el pene, y corrompido por la lectura se transformó en araña, una araña desnuda de gruesos genitales que, cual felino aburrido, rompió el frenesí lujurioso de una mosca estúpida, apresándola con la mano; le arrancó las alas y vio sobre su verga hinchada la ridiculez de su corrupta lectura. La mosca sobre la verga se reflejaba sobre el espejo de mano, que engrosaba de forma desproporcionada el instrumento musical de aquel muchacho.

Artrópodo duplicado sobre glándula duplicada, puercas cosquillas sobre fuerza vital, doble díptero sobre doble molusco humano, monstruosidad animal mecánica sobre cacho de carne palpitante. El chaval se sonreía. Cansado ya de la mosca, la dejó en el suelo y la reventó de un pisotón, ensuciando un calcetín blanco. Siguió masturbándose, mientras miraba su glande con el espejo y las fotos de la degenerada galería.

Recordó que su mamá compró cabrillas esa mañana. Dejó la lectura y fue a la cocina. En la olla estaban los mucilaginosos caracoles, exuberantes, carnosos. Cogió una de las cabrillas, era repugnante. Volvió al desaseado salón y prosiguió su cruzada. Onanismo, moscas, cabrilla, verga y espejo. Estribaciones sensuales de lo nunca jamás realizado.


Después de una anodina sesión de juego con baba, devolvió el bicho con cuernos a la olla, y, decepcionado, se vistió y se fue a jugar al fútbol con los amigos


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Re: MI BLOC, QUE NO BLOG

Mensaje  achl el Lun Dic 26, 2016 5:57 pm



Lo que más quiero

Ella me trajo hasta aquí, hasta este lugar cálido y pleno de luz. Ella me había llevado hasta este momento de claridad donde decido mirar hacia atrás, para verme como soy, y es en ese acto de contemplación cuando renazco. En mi vida quería muchas cosas, pero en ese instante, más que a nada, la quería a ella.

La oscuridad se cernía grandemente sobre mi ciudad natal sin apenas haber disfrutado unas pocas horas de luz solar, dando la impresión de vivir en un permanente turno de cementerio. Las calles eran sombrías y grises, de un tono cenizo. El cielo cubierto me hacía pensar que estaba atrapado en una especie de cúpula, en un lugar desde el que no podía escapar. Desde que tengo uso de razón, deseaba huir de aquí, conocer mundo, culturas, personas... Aquí estaba agobiado, pasos atrás respecto al resto que no piensa como yo. Quería sentir girar esta geoide.

Aunque reconozco que aquí había algo que yo quería de verdad, como un resquicio de luz a través de una grieta que iluminaba un cuarto oscuro; se llamaba Libertad, y juro que, aun en absoluto creyendo en el destino, creo que todos los planetas se alinearon el día que la conocí. Tenía que ser ella, esa personalidad, esos pensamientos, esa forma de dar alas, ese nombre...

Un día, yendo hacia el trabajo entre lluvia a las seis de la mañana cuando el cielo no había despertado aún, vi cómo una mujer, que caminaba ante mí, resbaló tras una fuerte ráfaga de aire. Me acerque rápidamente a ella y la ayudé a levantarse y recoger su bolso. Me dio las gracias cien veces y seguidamente se marchó. En ese instante sonó mi móvil, sin moverme del mismo sitio lo descolgué. Mientras hablaba, pude ver en el suelo una pequeña agenda. Era una agenda de contactos de la mujer que se había caído al suelo...

Miré a mis alrededores, pero para entonces ya se había ido. Al acabar mi jornada, fui a la dirección del domicilio que señalaba la libreta. Llamé a la puerta. Abrió una chica, envuelta en una toalla azul claro. A simple vista, no parecía la misma mujer, ahora era tan natural, tan real… Le conté lo de la agenda y se la di, pero al despedirme me cogió del brazo. Entonces pensé: '¿Querrá invitarme a un café? Cómo va a hacer eso si no sabemos nada el uno del otro. Entonces... ¿por qué me ha parado cogiéndome del brazo? ¿Habrá visto algo en mí?'. Este último pensamiento me resultaba hasta cómico. ¿Qué iba a ver esa mujer en un tipo con piel pálida, boca pequeña, ojos marrones, pelo oscuro y cuerpo delgado? En realidad, no tenía nada destacable en mi físico. Me di la vuelta, me miró fijamente a los ojos, le devolví la mirada y entonces me dijo

____¿Cómo te llamas? -suspiré sutilmente y respondí:
____Antonio. Es que mis padres eran muy tradicionales.

'Sí, muy gracioso', pensé.

____Bueno, siento haber venido tan tarde.
____Gracias, Antonio -dijo desde lejos, con la mano en alto.

Me marché con una estúpida sonrisa. Realmente estúpida, porque ella no sabía nada acerca de mis pensamientos. ¿Mejor así...? ¡No! Quería saber más cosas de ella...

El día siguiente era sábado, y podía disfrutar en casa, porque afuera la lluvia desafinaba las calles de gentío y claxons. Calles congestionadas por todos lados.

Entonces recibí una llamada de un número desconocido.

____¿Diga?
____Hola, soy la chica de ayer, la que olvidó la agenda.
____¿La que se tropezó y cayó?

'Pero seré Idiota… ¿Quién si no?' -pensé

____Sí.
____Dime. ¿Pasa algo?

'Que soy un idiota, eso pasa', pensé de nuevo.

____No, nada.
____¿Cómo tienes mi número?
____Hay muchos Antonio en esta ciudad, pero sabía que eras tú el del número que elegí en la guía.

____Bueno... si tú lo dices... Pero dime...
____¿Te apetecería tomar un café?
____Pues…

'¿Pero qué dudas, imbécil? ¿Esto es real? ¿Dónde está la cámara oculta?', pensé otra vez

____Claro. ¿Por qué no?
____Siento ser tan atrevida… Es que no nos conocemos y quizás sea algo pronto para...
____¡No, no, me parece una gran idea!
____¿Conoces la cafetería Coliseo?
____Sí.
____¿Te parece bien a las siete?
____Perfecto.
____Hasta luego pues.
____Hasta luego -mecánicamente respondí, pero intrigado

¿Qué demonios acababa de pasar? ¿En serio? Hasta las siete iban a ser las horas más largas de mi vida. Esto era algo nuevo para mí. Si apenas la conozco. Habrá tenido que armarse de valor para llamarme ¿Hubiera hecho yo lo mismo? ¿Llamarla yo? Lo dudo mucho.

Quedaban diez minutos para las siete, pero yo ya estaba en la cafetería. Entonces llegó y me dio como un breve mareo. Un segundo en el que no sabía dónde estaba. En ese segundo casi había perdido la visión. Como en shock. Se sentó y empezamos a conversar. No era mi intención tener hijos, pero de tenerlos, tendrían su apellido. Lo tenía claro. Era preciosa. Ella me buscó a mí. Ella estaba contándome sus planes, su gran deseo de conocer mundo, de viajar... Cuando yo le dije exactamente lo mismo, temblábamos los dos. Sentíamos lo que sentía el otro, porque teníamos esa necesidad de escapar de aquí.

Los días siguientes fueron realmente emocionantes. Los mejores tiempos que he vivido en mi ciudad natal. Hasta que organizamos todo y, al fin, decidimos irnos; primer destino: el fin del Universo, y más adelante ya veríamos. No teníamos prisa.

Cuando pisé aquella tierra desconocida para mí, a miles de kilómetros de donde yo había estado toda mi vida, mirando la puesta de sol desde un parque a las afueras de Libertad, cogiendo la mano a una mujer que en apenas días había cambiado mi vida. Ella me trajo aquí, hasta este lugar, cálido y pleno de luz. Ella me había llevado a este momento de claridad donde miro hacia atrás, para verme tal y como soy, y es en ese acto de contemplación cuando renazco.

En mi vida quería muchas cosas, pero en ese instante, más a que a nada, la quería a ella. Ella hizo mi sueño realidad, cortó todos los hilos que me ataban.

No sabes el valor de las cosas hasta que las pierdes o careces de ellas, pero ese sentimiento no es nada en comparación a la emoción de estar aquí, al amor que sentía por Libertad. El mundo se había abierto para mí, y para los dos, y aunque no crea en el destino, creo que todos los planetas se alinearon aquel día...


Precisamente el día en que empezó el el inicio de mi vida


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Re: MI BLOC, QUE NO BLOG

Mensaje  achl el Lun Dic 26, 2016 10:53 pm



¡Añorado seas cabaré!

Gruesos cordobanes de cuero repujado ocultan azulejos verdes y azules, hasta la altura de las cenefas con tallados jeroglíficos de plata y púrpura. Sobre un piano de nácar, Susi, desnuda, tiene un cuello de cisne negro, rodeado de granates, brillan las joyas chispeantes, rutilantes, líricas. Ella, Susi con ojos como maldiciones, su escorzo de garza negra. En el piano, desnuda, parece una pantera con gargantilla de rubíes.

En el mismo piano, Lola, la perla del arrecife, toca una danza española. Surgen libélulas de cristal del artefacto, y la caja de música resuena con un ruiseñor por dentro. Lola tiene ojos azules, lilas en sus pupilas y cielo nipón constelado de nubes negras. Cigüeñas huyen en sus ojos azules, y sus manos son blancas y amarillas como marfil.

Rosa, en tanga rosa, como paloma en nido amarillo, lleva una orquídea en el pelo y parece somnolienta, sueña con colibríes verdes que liban en sueño de ópalos y turquesas, rodeada de tilo y almendro. Los cojines son de seda de oro, los sillones son de terciopelo granate.

Lina está desnuda y se abanica con plumón de pavo real, lleva un único zarcillo con un jade verde translúcido engarzado en un cisne. Cien ojos la contemplan, y el sudor en sus tetas brilla como el ámbar.

Curra se mira en espejo dorado y se espolvorea en la mejilla blanca una crema rosa, sus labios son fucsias, con gota de miel. Da vueltas y vueltas el marco del espejo, que brilla bajo la lámpara de araña, que deslumbra.

A su lado Lidia, desnuda, coge un frasco con perfume, un spray con pera de goma verde, y se rocía el cuello. Su cuello es arabesco, tiene un collar de esmeraldas, que le aprieta la garganta y cae hacia los senos, brillando como el Guadalquivir en Sevilla.

Carmen lee un libro porno, sus uñas de gata en celo pasan páginas con los eróticos grabados, hay un Apolo, víctima de Sodoma en sus hojas, y un rayo de luz atraviesa una vidriera de cristales celestes.

Pepa, con un lunar en teta, lee en cambio en un catecismo los sermones del Vaticano, hay en sus ojos verdes un manantial de jacintos rojos y sus labios implorantes descubrieron, exóticos, su jardín predilecto. Tiene un chucho en su regazo. En un jarrón de alabastro tres rosas níveas exhalan mariposas de alcanfor. En un brasero, furiosos rubíes queman semillas de alucema y hojas de menta.

Conchi escribe con pluma poemas, tiene la pluma de águila el cálamo marrón, la moja en un tintero que brilla como sus ojos, su melodía tiene cariátides gigantescas y atlantes de granito, majestuosas balaustradas y frontispicios de ángeles esbeltos, dragones mitológicos que lanzan rayos, y una hecatombe que derriba muros ciclópeos. Desnuda parece una luna en forma de serpiente, blanca y marmórea.

Un reloj de arena de oro acaba de soltar su último grano, es un reloj de platino con un dios falso esculpido. Caty le da la vuelta y lanza al aire un suspiro. Su boca entreabierta tiene labios marrones y su pelo es tan rubio como el oro, molesta la vista, vestida de seda roja borda en un pañuelo un clavel rojo.

Fefi vestida se entretiene en un solitario, y el as de diamantes se refleja en el espejo granate de sus labios, en sus ojos la noche oculta demonios fantásticos que cazan tigres de fuego y bailan sobre brasas verdes.

Y apareciendo en el escenario, toda ella envuelta en armiño, Luna, que saluda alzando una mano con guante blanco.


¡Añorado seas cabaré!
Y el piano suena con más intensidad


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Re: MI BLOC, QUE NO BLOG

Mensaje  achl el Sáb Dic 31, 2016 11:51 pm



¡Cuánto me gustaría tocar el cielo!

Ese era mi único pensamiento durante el vuelo. Con mi cabeza apoyada sobre el cristal de la ventanilla de mi asiento, miraba cómo las nubes se iban alejando del avión. Con mis dedos intentaba atravesar la ventanilla para poder penetrar la suavidad de su textura, y así seguir hacia arriba hasta tocar el cielo. Mis labios torneaban su comisura en suave sonrisa, mientras mi corazón suspiraba la ausencia de mis deseos...

¡Cuánto me gustaría tocar cielo!

Una voz me despertó de mi ensueño anunciando la llegada del avión al aeropuerto. Con la mano me despedí de mis nubes y volví a la realidad. Entre empujones y prisas conseguí salir del avión.

Tras una espera de diez interminables minutos, pude recoger mi maleta y dirigirme al aparcamiento del aeropuerto, donde un coche de alquiler me estaba esperando. Siempre me había gustado conducir, y en esa ocasión eran casi trescientos kilómetros los que me separaban de mi destino. No era tiempo perdido para mí, esas tres o cuatro horas de camino me iban a permitir poner en orden mis ideas e intentar aclarar esos sentimientos que me habían llevado a vivir mi aventura.

Buscaba soledad, tranquilidad y olor a campo. En mi maleta tan sólo un par de minifaldas, minivaqueros, tres camisetas, alguna ropa interior, un par de libros y este bloc.

Iba a ser una semana de meditación donde esperaba encontrar mi propio interior, ese 'yo' que había perdido hacía tanto tiempo.

¿Cuántas veces me había prometido a mí misma no volver a llorar? Pero, como siempre, ya estaba faltando a mi promesa y dejaba que lágrimas brotasen de mis ojos para deslizarse por mis mejillas.

Inútil seguir luchando contra mis sentimientos. Inconscientemente pensé en él, en ese amor tan perfecto del que estaba huyendo y que me había hundido de nuevo en la desesperación. Quería con todas mis ganas dejar de creer en el amor, construirle una coraza a mi corazón. Protegerme de sentimientos extraños que siempre me llevaban a mi propio fracaso, pero esta vez todo iba a ser disímil... no había amor.

Sentía el viento en mi cara. El ruido exterior del auto se mezclaba con el sonido de la radio y, aun así, mis pensamientos conseguían sobrevivir a la belleza de los paisajes que iba dejando a mi paso.

Nunca debimos permitir que este juego se nos escapase de las manos. Nuestra relación era perfecta. Creí hallar al hombre ideal, y ahora debo reconocer que no fui justa. Por su carácter, pensé que él era una persona fría, capaz de controlar su corazón, sin sentimientos. Alguien capaz de no enamorarse, al que no haría daño y del que no necesitaría defenderme. No debí haber sido tan cruel con él. El hecho de que él no me abriera sus sentimientos no significaba que no los tuviera, pero mi egoísmo me hacía sentirme injusta.

Como aquel sábado noche, en esos momentos no necesitaba un niño con el que jugar, necesitaba a un hombre capaz de negarse a mis caprichos, alguien con mucha personalidad, a cuya yo no podría destrozar.

Le puse a prueba. Le dejé una nota pegada a la puerta de su piso.

Si quieres dormir hasta más tarde y prepararme el desayuno, te espero. Si decides venir, toca una vez el timbre, que yo estaré despierta.

O no quería dormir más tiempo, o no quería prepararme el desayuno. No, realmente hizo lo que yo esperaba: no acceder a mi capricho.

Él era el hombre que buscaba. Pero lo vi todo claro: si alguien no te da lo que quieres, nunca te pide nada. Era perfecto, con él tenia todo; cariño, ternura, sexo y... nada. Por primera vez en mi vida... ¡nada!

Un contrato perfecto para dos que no esperan nada; que no quieren dar nada. Yo era feliz. Tenía ese espacio que no hay en una relación formal: amigos, sábados noche, hobby… todo lo que había desaparecido cuando el amor llegó en mi vida

¿Qué pensaba él? A veces estuve tentada a pedírselo, pero nunca tuve el valor para ello, así que ambos dejamos que el tiempo transcurriese y que nuestros encuentros nocturnos acostumbrases nuestras vidas

Empezaba a oscurecer. Me sentía cansada, así que desvié el coche de la autovía y busqué un motel. Cené algo y me fui a mi habitación. No podía dormir, y el silencio de las cuatro paredes dañaba mis oídos.

Cerré mis ojos con fuerza deseando conciliar el sueño, pero mi corazón me llevaba a los recuerdos de las noches que nos convertía en amantes; fundidos en besos y caricias, que en un sobrecogedor calor extasiaba a ambos, y a la vez nos permitía, en corto espacio de tiempo, eternizar el fin de nuestra unión, más allá del infinito. Sin pedirnos nada, ofreciendo todo y aceptando el regalo de nuestra mutua compañía.

No había eternidad para nosotros sin el calor de nuestras miradas, ni tan siquiera un instante que pudiera olvidar el tiempo. No había secretos, ni un sueño, aunque pequeño, que pudiera superar esos momentos.

Pero las noches acababan y durante el día sólo compartíamos malhumor, reproches, rabia, incluso odio. Posiblemente fuera miedo a descubrir que además de amantes podíamos ser... ¿amigos?

Amaneció. Debí lograr quedarme dormida pero un fuerte dolor de cabeza me estaba matando. Me duché, me vestí, desayuné y recorrí los escasos kilómetros que me separaban de ese olor a campo.

Era un pequeño pueblo con casas viejas y poco habitado. Deje la maleta en la casa donde iba a hospedarme, y recorrí las calles. Excesivamente grande era la iglesia en proporción al pueblo, pero preciosa. Sus puertas estaban abiertas; entré y me senté en uno de los bancos

Y nuestras vidas siguieron. ¿Cuánto? Tal vez un año más. El tiempo pasó rápido y nuestro secreto de noches compartidas continuaba riéndose del amor.

¡Cómo pudimos ser tan lelos! Nadie se puede reír del amor. Nadie puede sobrevivir a él. ¿Por qué iba a ser yo que lo consiguiese?

Estoy cansada de recordar, de intentar encontrar una explicación lógica a algo que no la tiene. ¿De qué queríamos huir? ¿De nosotros mismos?

En absoluto es necesario seguir alargando la agonía de recuerdos. El fin de nuestra historia estaba sentenciado desde el principio.

____Te quiero -susurré

Nunca antes le había visto llorar ni había sentido su cuerpo temblar entre mis brazos de aquella forma. Con su mano derecha retiró el cabello de mi cara, acarició mi mejilla tiernamente y me besó.

Beso eterno y cálido que nos llevó a fundir nuestros cuerpos en uno solo. Por primera vez no fue sólo sexo. Hicimos el amor.

Me abrazó, me besó en la cara y luego se dio media vuelta. Me resultaba imposible dormir. Los pensamientos se me agolpaban en la cabeza, ¿Qué había hecho?

Había roto nuestra promesa: 'nada de amor, ni un solo te quiero'. En ese minuto de flaqueza había acabado con una amistad, una historia cargada de tiempo y felicidad; un contrato perfecto.

Sentía sus brazos sujetándome fuertemente, su cuerpo desnudo rozando el mío, su respiración fuerte y acompasada, y su corazón como siempre, latiendo apresuradamente.

Entonces lloré. Esa era nuestra última noche.

La humedad de mis lágrimas mojaban su hombro. No podía permitir que me viera llorar, que descubriera mi flaqueza. Me alejé, pero me volvió a abrazar; me besó en la cara y me dijo:

____Yo también te quiero.

Él tampoco podía dormir. Me sentía cómoda entre sus brazos que parecía que el tiempo se había detenido en ese momento.

Pronunció mi nombre

____¿Qué? –le contesté.
____Nada –agregó él.
____Lo siento, nunca debí…- pero él no me dejó acabar la frase.
____Nunca debiste decirme la verdad. Somos amigos, ¿no?

Amigos, amantes... Ni nosotros mismos sabíamos ya lo que éramos.

____No lo sé -contesté.
____¿Qué vamos a hacer ahora? -me preguntó.
____Sólo una cosa, lo acordado desde el principio: que ambos respetemos nuestra libertad.

Los dos sabíamos que el amor no era perfecto. El amor es el principio de todos los problemas: 'yo te he dicho', 'tú me has dicho', 'llegas tarde', 'de dónde vienes', 'prefieres antes a tus amigos', 'eres un egoísta', 'me duele la cabeza'... Problemas que nunca habían existido entre los dos hasta ese momento.

____Sólo podemos hacer una cosa –respondí finalmente.

Volvió a abrazarme por última vez. Se levantó de la cama, se vistió y sin mirar atrás, antes de salir de la habitación me dijo:

____Adiós.

Por primera vez desde que iniciamos esta aventura no se quedó conmigo el resto de la noche. ¿Y dicen que el amor no cambia nada?

Lloré con desesperación, con rabia. No tenia fuerzas para luchar ni contra el amor. Así que decidí emprender este viaje para empezar a olvidar.

¡Qué bonita es esta Iglesia, pero que frío hace aquí! Me hubiera gustado rezarle una oración a ese Cristo pero mi mente se negaba a recordarla. Si yo pudiera recuperar mi corazón tan rápidamente como mi libertad, todo sería más fácil.

Me arrodille y pedí a Dios que me ayudara a entender, que me ayudara a tomar una decisión, o que me ayudara a olvidar, pero dentro de mí sólo se repetían dos palabras: te odio

Las grité con todas mis fuerzas, permitiendo que el eco me las recordara continuamente. Cerré los ojos y deseé del interior de esas paredes viejas y húmedas de la iglesia, una voz me contesto:


¡Yo también te quiero!


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Re: MI BLOC, QUE NO BLOG

Mensaje  achl el Sáb Dic 31, 2016 11:55 pm



Bailemos Salsa

No llegó a disfrutar completamente el momento hasta que su perfume entró con fuerza a través de las fosas nasales, dilatando las aletas de su nariz, inundando ese metro cuadrado en el que ambos, conectados por varios puntos de sus cuerpos, bailaban una pieza de salsa.

Los arranques estridentes de trompetas y trombones, el ritmo frenético impuesto por timbales, güiro y maracas, y la voz melosa del que cantaba la pieza activaban sus pies, los cargaban de energía, de brío. Se movían sobre el suelo, eléctricos, de un lado a otro, impulsados por el quiebro de caderas y flexión de rodillas como si de algodón fuesen. Se separó un par de pasos de ella, alzó su brazo izquierdo, encadenado al opuesto suyo, y la hizo girar sobre su propio eje. La falda roja de volantes flotó en el aire, y la larga melena batió el aire inundado de su esencia.

Relajó sus ojos por unos instantes, y miró, en segundo plano, acodado en la barra del bar, a su amigo Manolín, que le guiñaba ojo cómplice, con su particular gesto de sonrisa lela. Sostenía el hombro de una camarera latina de bellos ojos. El tipo tenía la capacidad de despertar las pasiones más fuertes sólo con su labia. Antonio sólo sabía bailar y aquella noche un traspiés le hizo tropezar con Carmen, ex compañera del instituto. Tras un intercambio de saludos y nostalgias, le ofreció la mano, y se dirigieron hacia la pista de baile.

Regresó al movimiento de peonza de su compañera en el justo momento en que sus miradas se cruzaban de nuevo. Sus ojos, negros, casi líquidos, le escrutaban sin pestañear, apoyados en una sonrisa amplia que dejaba entrever el grosor de sus labios. Antonio le devolvió la sonrisa, y torció la cintura hacia la derecha, contrayendo el abdomen, invitando a Petra a un desplazamiento lateral. Ésta obedeció con dos pasos cortos, para acabar en un nuevo giro, aprovechando el poder de la percusión, que reinaba en esos instantes a los instrumentos de viento. Estiró su brazo y se enrolló sobre el mismo, quedando detrás de Carmen Se desenrolló y agarrándola con ambas manos giraron los dos hacia la izquierda. Se enfrentaron de nuevo, y empezaron a bailar, sin agarrarse, de una forma vertical, hacia delante y detrás, con unos centímetros de distancia. Marco arremetía con un golpe de pelvis, y ella arqueaba el lumbago exhibiendo sus glúteos, y viceversa. Carmen desvió su atención hacia la barra.

____Tu amigo, ese que está ligando con la camarera, no sabe que tú y yo fuimos juntos a clases de baile latino, ¿verdad? -dijo ella acercándose a su oreja, y señalando con su mirada a Manolín, el cual estaba con ojos y boca abiertos.
____Sí, parece que está flipándolo.
____Por cierto, -cambió el tono de voz-, aún recuerdo la última vez que bailamos tú y yo. Fue, cómo decirlo, muy sensual.

Marco acompañó la sonrisa cómplice de Carmen y sin mínimo descanso asomó por detrás la mano. Ella la aceptó, y pasó tras su retaguardia. Dejó la huella del aliento impresa en su nuca. Antonio experimentó el escalofrío que precede al vello erizado. Se dio la vuelta y acarició con la yema de sus dedos la cintura de Carmen Ella descansaba la mano sobre su hombro. Siguieron moviéndose; se deslizaron por la pista de baile entre parejas, se bañaron con la luz colorida de los focos, marcaron el compás de los timbales, vibraron con las estridencias de las trompetas. Con una entrada fuerte de los trombones, le hizo girar de nuevo, muy despacio. La frenó con su otro brazo. La inmovilizó y tiró de ella hacia su vientre. Inspiró con todas sus fuerzas, y entró de nuevo su aroma con la potencia de un vendaval.


Y en el centro de la pista de baile, con las trompetas en pleno frenesí, Antonio y Carmen se miraron fijamente, afianzándose el uno al otro, por cintura y hombro, y dejaron de bailar


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Re: MI BLOC, QUE NO BLOG

Mensaje  achl el Lun Ene 02, 2017 7:17 pm





Los sueños

Los sueños. ¿Qué son los sueños? ¿Son quizás un mundo lleno de esperanzas inútiles? ¿Cuándo se hizo mi último sueño realidad?


Empecé a andar hacia el colegio, por el mismo camino que recorría todos los días, las mismas personas, las mismas caras que veías pasar durante ese corto trayecto. Nada nuevo.

Pero hoy no. El brillo de las tenues estrellas que brillaban todavía en el horizonte, alumbraban algo inusual.

Una chica se hablaba arrodillada en el suelo y se deshacía de sus tristes lágrimas, mientras miraba fijamente el alba que escondía el resplandor de la oscuridad.

____¿Por qué? ¿Por qué no encuentro luz al final del camino? -se preguntó en voz baja, pero audible.

Escuché sus palabras. Era una estudiante que estaba un curso por detrás del mío. La veía en el recreo de vez en cuando, sentada, mirando al cielo, pensativa, como queriendo hallar algo detrás de esa inmensa seda azul que cubría el infinito.

____¿Por qué regreso al mismo lugar de siempre? Nada de esto cambiará, nada de esto nunca cambiara... ¿Acaso estoy buscando algo imposible? -seguía hablando en el mismo tono

Mis pies se pararon en ese momento. Estaba justo al lado de ella. Giré la cabeza y me quedé mirándola, mientras ella seguía con la vista perdida en la lejanía y hablando de la misma forma.

____No pierdas la esperanza -le dije.

Sus ojos cambiaron de destino. Me miraban como queriendo saber el por qué me preocupaba de una persona como ella.

____Deberías encontrar lo que realmente te haga feliz, pero para ello no has de perder la esperanza –continué hablándole. Y añadí:
____Vas al colegio, ¿no? –le ofrecí mi mano para ayudarla a levantarse.
____Sí –me respondió con suave voz, mientras cogía mi mano.

Se levantó suavemente, cogió sus libros que se encontraban esparcidos por el suelo, y pasó su mano por sus dulces ojos para borrar de su rostro los restos de tristeza que aún seguía en él.

____¿Quieres que te acompañe? –le pregunté

Asintió tímidamente. Notaba que aún seguía sumergida en los recuerdos, en sus pensamientos, como si estuviese dominada por ellos.

En ese momento, quedó parada mirando al suelo meditando algo que yo desconocía. Finalmente, sus ojos se alzaron de nuevo hacia el horizonte y tras un suspiro, dio su primer paso hacia mí.

Así empezó todo. Una historia que nadie hubiese podido imaginar.

Caminábamos juntos por esa larga cuesta que nos separaba del colegio. Ella seguía mirando al frente, intentando sonreír en todo momento.

'¡No vales nada!' -ella escuchó esa voz.

De repente, justo en las puertas del colegio, me di cuenta de que ella ya no continuaba conmigo. Podía oír el sonido de las lágrimas detrás de mí, cayendo como gotas de lluvia.

____Tienes razón, no valgo nada –dijo ella, con las manos en la cabeza, como atormentada

Me di la vuelta y, tras retroceder hasta donde ella, puse mi mano bajo su barbilla levantándosela para poder ver sus ojos.

Entonces, cuando mis ojos se unieron a los suyos no tuve palabras para describir los sentimientos que veía en su rostro.

____Vales más que cualquiera de este colegio. Sólo tienes que creer en ti misma -le contesté

Pasé mi brazo por detrás de sus hombros y la acompañé hasta su clase. Fue en ese preciso momento cuando me di cuenta de muchas cosas. Más de las que podrían comprender cualquiera de los cientos de jóvenes que a nuestro alrededor sonreían. Algo que para ellos pasaba completamente desapercibido y que a mí me había llamado la atención. ¿Por qué fui yo el único en atender a aquella chica cuando se encontraba completamente sola en el suelo?

Seguía a mi lado, cabizbaja y acurrucada en mi pecho, como si tuviera miedo de toda esa gente que nos pasaba alocadamente.

Subimos la escalera que llevaba al último piso de ese lugar que ella tanto temía, y fue entonces cuando en la puerta de su clase, decidió separarse de mí en completo silencio, fruto de su timidez.

Tras acompañarla, me di la vuelta hacia mi clase.

____Gracias por todo. Espero volver verte otro día. Has sido de una gran ayuda para mí -eso pude escucuchar a mis espaldas.


Y nos vimos, y todos los días. Incluso fuera del colegio. Por el momento, el sueño de ella, y el mío también, se estaban haciendo realidad


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Re: MI BLOC, QUE NO BLOG

Mensaje  achl el Lun Ene 02, 2017 10:07 pm



Le ganó el agradecimiento al coma


Una agonía que le quemaba el alma por dentro

Él la miraba, inmóvil, desde la ventana que daba a la sala de la terapia intensiva. Ella parecía dormir apaciblemente. Agujas le atravesaban los brazos, infinidad de líquidos diferentes se entremezclaban con su sangre. Sin embargo, cada día que pasaba, su situación empeoraba. Su aspecto demacrado hacía difícil creer que fuera la hermosa mujer que él conoció años atrás. 'La Bella Dori', que atrapaba a los hombres con su voz dulce y sensual. Todas las noches su show era la atracción más esperada y más aclamada de la 'Disco Imperio'. Pero fueron sus ojos almendrados los que atraparon la mente y el corazón de Adrián. Más que su gran actuación en el escenario, lo que le atraía de ella era la tristeza que intentaban ocultar esos ojos.

Empezó a frecuentarla, tratando de convertirse en su amigo. Poco a poco fue ganándose su confianza. Quizá luego, con el correr del tiempo, podría confesarle lo locamente enamorado que estaba de ella.

Las tardes eran testigos de sus encuentros furtivos, fugaces en distintos cafés y discos de la ciudad de Sevilla. De día 'Bella Dori' era Isabel. Tenía su misma edad y un pelo ensortijado negrísimo, que resaltaba aún más su bella mirada. Una mirada que, a pesar de la charla animada de Adrián, siempre estaba perdida, lejana.

Una noche, él fue al camerino a saludar a Isabel y entonces escuchó una discusión entre ella y un hombre.

____¡Yo te amo… no puedes dejarme…! -le imploraba desesperada, con la voz marcada por el llanto.
____Entiéndelo. ¡Yo no te quiero! La pasamos bien, pero todo se terminó... ¡Grábatelo en la cabeza de una vez! -le gritó esa voz grave y fría.

Al salir, un hombre alto y rubio chocó con Adrián y se marchó. Isabel, 'La Bella Dori', que jugaba con los hombres, estaba echada en el suelo, con los ojos almendrados llenos de lágrimas.

Su amigo, su fiel servidor se acercó a ella y la abrazó con ternura. Pero la rabia lo invadía por dentro. El saber que la mujer que amaba, nunca sería suya, que era presa del tormento de una pasión sin sentido, le hería en lo más profundo.

Los días que pasaron desde esa noche negra, no fueron iguales. Isabel no resistió ese dolor insoportable del desamor. Tomó la decisión sin pensarlo dos veces. Así, su cuerpo voló por sólo una fracción de segundo desde lo alto del edificio.

Después de dos años de estar en coma, mientras Adrián le acariciaba la mano, ella abrió los ojos finalmente. Lo miró fijamente.

____Doc... doctor, ¡venga rápido! -gritó él, precipitándose hacia la puerta, como un loco.

Cinco años después…

Adrián abrió el sobre, rápidamente y con vehemencia, y leyó las líneas escritas con tinta azul.

Esta tarjeta es para alguien muy especial en mi vida. Un gran amigo que me rescató en todas las formas posibles. La nieve está cubriendo todo a mis alrededores, pero el sol está saliendo ya. Te espero, impaciente. No tardes mucho, Adrián. Te prometo que esta cena de año nuevo va a ser diferente; hay algo muy importante que tengo que decirte.

Tu amiga incondicional, Isabel.



El sol brillaba ya intensamente, al mismo tiempo que una sonrisa se escapó de los labios de Adrián


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Re: MI BLOC, QUE NO BLOG

Mensaje  achl el Mar Ene 03, 2017 1:45 am



Lo recuerdo todo

Recuerdo aquel cálido cuarto y el film de amor producido en él un día de un caluroso abril. El vaho dibujaba abstractos paisajes en el cristal de la ventana. La nevera anunciaba dos cervezas heladas que anticipaban un placentero trago que reducía la resaca. Y las notas de un piano repartían la melodía de un 'Me embrujaste' apasionante.

Recuerdo un beso y un suspiro, y también recuerdo los caídos pétalos de una rosa en el olvido. Y te recuerdo a ti, llegando al cuarto oculta en los márgenes del tiempo, y envuelta en la bruma de mis sueños.

Recuerdo tus sonrisas cómplices, tus insinuantes miradas de pecaminosa pasión, y la gran capacidad que tenías para hacer de un simple cuarto, el palacio donde los deseos y la lujuria eran los majestuosos aposentos de los juegos de amor.

Bebimos la estimulante rubia. Tus vaivenes eran la fascinante coreografía de la sensualidad, eran unos seductores hechizos que trastornaban todos los sentidos, con la magia que sólo se desprende de una auténtica mujer. Y sonreíste ocultando la belleza en el enigma de tus labios, y en el negro absoluto de tus grandes y bellos ojos.

Sobraban las palabras, el silencio era el preludio de un altar donde la piel y el alma se unían en excitante oración al placer. Yo fui testigo directo de cómo la brisa de tu aliento iniciaba los caminos de la pasión, de cómo el más leve o insignificante vaivén, era el sendero por el que suministrabas la savia que alimentaba todo mi ser. Fue entonces cuando comprendí que podía pasar toda la eternidad atrapado en los brazos de la más hermosa de las mujeres. ¡Ironía de la vida!

Ahora ya no soy nada, tan sólo la apariencia de unos días deshechos en el pasado, y el agobiante fuego de una angustia inmisericorde. Y siento que formo parte del vacío que modela tu ausencia, y de las inquietantes sombras que se pegan al sufrimiento de un presente, que se amamanta de los repulsivos pechos de la muerte.

Aún sigues en mí amándote. Aún sigue mi pecho abierto, y aún siento mi desgarrado corazón desangrándose en el tuyo, cuyo se transformó en un hermoso cáliz del que bebí hasta calmar la sed, y tu vientre de platino en el plato del que comí los más exquisitos manjares.

Realmente conmoviste algún rescoldo, allí donde sólo cabe la diabólica presencia de la llama infernal, y sabiendo que mi lucha no es contra ti, me aterra sólo el pensar que se ha acabado nuestro sueño de amor.
He permanecido años y años camuflado entre pesadillas. A duras penas he soportado nuestros miedos, pero de nuevo y con más ansias, la sed y el hambre de ti me arrastran a querer recuperarte.


Por eso te buscaré y me expondré ante todo inconveniente, buscando en la brisa de tu aliento el pasaje que burle al tiempo, para que me permita volver a catar la apetitosa carne de tu anatomía


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Re: MI BLOC, QUE NO BLOG

Mensaje  achl el Miér Ene 04, 2017 9:37 am



Agente 069 con licencia para coitar

Me adentro en la calle oscura con niebla, poco iluminada por intermitente luna. Debo cumplir pronto con esta entrega. No sé cómo llegué a aceptar este trabajo, porque sólo soy una chica universitaria, llena de deudas, sin recursos, pero feliz. Ahora, gracias a estos envíos, gano una buena pasta, pero a riesgo de vivir escondiéndome de la policía y de la mafia, entre otras cosas. Camino a pasos rápidos, pero silentes, hasta que siento unos ojos negros que me siguen. Me doy la vuelta y le veo. ¡Es él! Un mito viviente, sicario de decena de chicas, guapo como dios griego, pero peligroso como navaja nueva. Me persigno, resignándome a mi destino.

Sin decir nada, me coge de la mano y me guía hasta su auto. No opongo resistencia, para qué si su fuerza es descomunal, y su destreza para eliminar a chicas como yo es legendaria. Estoy perdida.

Me sienta en la parte de atrás y arranca el auto. Por el espejo retrovisor me mira, deteniendo sus bellos ojos asesinos en mi escote y mis piernas desnudas, apenas cubierta por minifalda negra. Una lágrima cae por mis ojos, ya no puedo resistir el miedo. No sé cómo fui tan tonta de dejarme atrapar, seguro que me equivoqué de ruta.

Llegamos a una casa grande, en pleno campo, alejada de todo. Entramos. Oscura, pero tibia; acogedora podría decirse. Me invita a un trago, mejor dicho, me ordena que lo beba. Me remira con lascivia. Subimos hasta un cuarto, con cama enorme, llena de almohadones. También hay estantes, llenos de libros y un arsenal de armas.

No tengo tiempo para revisar el cuarto. Me lanza a la cama. Se desnuda, con su miembro expuesto, listo para todo. Lo miro admirada. Aun siendo un tipo malvado, es precioso: alto, rubio, ojos azules, torso pétreo... Imposible no extasiarse con su cuerpo, imposible no alabar su durísima boa erecta, grandiosa, con una curvatura natural, única.

Tímidamente, me quito los zapatos, las medias y la minifalda, quedando sólo en ropa interior. Voy alejando de mí el miedo, para transformarlo en deseo. Sé que voy a morir, pero antes voy a gozar, tratando de alargar al máximo el placer. Espero que sea el polvo de mi vida.

Se arrodilla al borde de la cama y me coge de los pies, luego separa mis muslos, y ahí viene lo bueno. Su lengua recorre mi entrepierna jugosa, cálida, que se llena de sensaciones extremas.

Los primeros latigazos son eléctricos, me remecen entera. Siento como me saborea de abajo a arriba, gozando mis jugos y mezclándolos con sus salivas calientes. Se dispone a penetrarme. Me atrevo a tocar su pecho y su bajo vientre, duro y suave, lleno de pelos lisos, exquisito, con un olor a macho delicioso, inmortal.

La luz de la luna que aparece majestuosa por el ventanal, justo por encima de la cama, es la única testigo de un coito forzado, en un principio, de común acuerdo después. Él se sumerge dentro de mí en forma rítmica y muy placentera. Me cojo de sus caderas para aguantar sus embestidas. Todos los mitos sobre él son verdad, comprobándolo extasiada. Mis senos chocan una y otra vez con su cuerpo, mientras no puedo dejar de gemir, desbocada. El control me abandona de tanto placer y deleite, ante cada una de sus miles de estocadas carnales. Ocurre lo inevitable.

Su cuerpo de macho se va llenando de musculaturas, que se endurecen, transformando sus piernas en patas, y todo ello mientras aún me tiene a su merced. De sus glúteos emerge una cola erecta, gruesa y larga que me aterroriza. Su cuerpo se mueve sobre mí, proporcionándome un placer que me impide separarme de él. Observo ante mis ojos que su boca se alarga hasta transformarse en un hocico animalesco, lleno de afilados colmillos. Mi entrepierna recibe también el cambio de su virilidad, creciendo su miembro dentro de mí. No puedo soportar más y estallo de éxtasis y dolor a la vez. Grito como nunca, desahogándome de todas mis sensaciones al ser atravesada ante tal semental.

Al apretar su miembro contra mi entrepierna, el lobo aúlla en forma dolorosa, pero placentera, destrozando mi cuerpo y muriéndose él en el acto ante aquella monstruosa transformación, surgida ante la luna llena, cómplice de este lobo, encargado de asesinar a todas las agentes, como yo, de la Gran Manzana.


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Re: MI BLOC, QUE NO BLOG

Mensaje  achl el Miér Ene 04, 2017 10:10 am



Efímero pero intenso

Todavía recuerdo aquella fría brisa de otoño, los esqueléticos árboles, la espesa niebla, la lluvia, las lágrimas del cielo de aquellos días... Era un otoño como otro cualquiera, pero desde aquel momento nada volvería a ser como antes.

Te hallabas sentada en un banco con un alto árbol a cada lado. Al fondo, unas montañas, vestidas de blanco; y más cerca, solitarias calles, cuyas expelían un penetrante olor a humedad.

No distinguía tus rasgos faciales, ni el contorno de tu cuerpo, pero podía ver la claridad de tu cabello argén.

Sentí el frío fuego en mi cuerpo, el interés por conocerte y el temblor de mis piernas. Me aproximé a ti, sólo para verte más de cerca, para oír tu voz, para respirar tu mismo aire. Avancé algunos pasos más y percibí tu aroma a azahar. Instintivamente cerré los ojos para sentir el aroma más profundamente. Segundos después, los abrí.

Pero ya no estabas. Me quedé aturrullado. Elevé un poco mi cabeza con la vista al suelo, como si tus huellas hubieran quedado impresas en éste. Llegué hasta el punto de tan lejos de mí. Vi cómo cruzaste la esquina y te fuiste como brisa, como soplo de viento. Quedé en el banco acompañado por el desconcierto y mirando al frente con la vista perdida.

El cielo se tiñó de gris, pensé que le había transmitido de alguna manera mi agonía. El aire se volvía más frío, mientras el viento ganaba la fuerza suficiente para que los cantos de los pájaros callasen, para que los niños volviesen a sus casas y para que yo siguiese en el mismo sitio.

Miré de nuevo al suelo, intentando ver tus invisibles huellas, y se cruzó ante mis ojos un lazo del mismo color que del pelaje de un oso polar, de vacías páginas o del mismo color con el que vestían las montañas en las frías épocas del año. Me apresuré a cogerlo, era fino, lo aproximé más a mí y llegó el intenso y fresco olor a azahar. Me sentí emocionado como si hubiera encontrado el mayor de los tesoros. Y así era.

Al otro día volví al mismo lugar donde te hallé. Y allí estabas, sentada en el mismo banco con las piernas cruzadas y la mirada ausente.

Fui andando hacia ti, mientras iba tragando saliva, mientras el frío sudor se hacía presente, mientras mis latidos crecían, y así una invisible fuerza me robaba la voluntad...

Cada paso acortaba la distancia, cada paso hacía que todo lo anterior se volviera más intenso. El caso es que me paré delante de ti. Seguías con la misma postura, que me permitía poder contemplarte.

Tu esbelto cuerpo era sumamente delicado, como alas de mariposa. Tus finas manos, como secas ramas de árbol.

____¿Qué haces? -te limitaste a preguntar haciendo que me sobresaltase un poco.
____Perdona, creo que ayer se te cayó esto –te dije en tono nervioso.

Te entregué el lazo. En ese momento rozaste las yemas de tus dedos con los míos, podía sentir tu fragilidad y la suavidad que te arropaba, como si de pluma de ave se tratase.

Tu voz resonaba como dulce melodía, como el suspiro de un viento, como el susurro de cristalinas aguas. No pude contenerme por más tiempo...

____¿Sabe dónde está La Catedral? -interrumpiste mis pensamientos, sin embargo, no pudiste ofrecerme mejor pregunta.
____Por supuesto, déjame acompañarte –me ofrecí.

Me contaste que no conocías Sevilla, ya que eras de Madrid y que habías venido por razones personales. Te gustaba dar paseos a la luz de la luna, con el fin de mirar las luces del cielo, cuando éste era negro, e imaginar que cada una de ellas era un mundo. Te interesaba el arte y la literatura. Uno de tus sueños era escribir tu vida, tu historia.

Mientras te hablaba no podía dejar de mirarte. Tenías la cara pálida como muñeca de porcelana, tu melena argén cubría la mitad de tu espalda. Tu nariz, tus ojos daban la impresión de sumergirte en un mar profundo, tus labios carnosos provocaban besarlos sin parar.

Se me ocurrió llevarte a un insólito rincón de Sevilla, en el cual se veía un bello jardín -Jardines de Murillo- con árboles que parecían competir por la vertical distancia y un césped de yerba verdísima, tan limpio que daba la impresión de estar purificado.

Entonces me dijiste que te apetecía irte, que era tarde. Por contra, yo no quería que te fueras, no quería que te apartaras de mí. Por consiguiente, cuando ya te habías dado la vuelta, te cogí de la mano, volviste tu rostro hacía mí y antes de que abrieras los ojos te besé.

Sentí cómo tu esencia se iba apoderando de mi cuerpo, sentí tu piel, tu aroma, tu calor, tu corazón latiendo junto al mío, sentía que el tiempo se paraba para mí, que no existía nada ni nadie, sólo tú y yo.

A partir de ese entonces, la relación era por día más estrecha. Sentía que estábamos conectados, sentía que que entre nosotros no existían límites. Los días parecían horas y las horas segundos. Cada instante era efímero, pero realmente inolvidable.

Conocía tus miedos, igual que tú los míos. Una sonrisa tuya me bastaba. Te estremecías siempre que escuchabas las palabras de un piano. Te veía todos los días al despertar, tus párpados abrirse tan intensamente como pequeña flor en la mañana y cerrarse por la noche, para volver a abrirse al día siguiente.

Aún recuerdo aquella primavera en la que paseamos por los aledaños del río Guadalquivir. Era un cálido día donde los solares rayos acariciaban las nubes y jugaban a crear sombras. Las flores se marchitaban con el fin de volver a renacer. Mientras te sentabas en un banco para sentir más cerca las aguas del río y para notar la brisa que traspasaba tu cuerpo, recuerdo que ponías una de tus manos encima del agua para percibir la frescura. Y yo me aproximaba a ti para que compartir tu silencio conmigo.

Hasta que llegó un mal día que jamás llegué a entender. No le encontré explicación alguna...

Era un caluroso día de verano, donde el despejado cielo dejaba asomar el sol, donde las solitarias calles sevillanas dejaron de serlo, donde el día no podía ser más bello junto a ti.

Estábamos en el mismo banco donde nos conocimos, en el banco donde percibí tu aroma, donde todo se volvió de otro color, donde aún recuerdo el contacto de la yema de tus dedos con los míos...

Tenía cogida tus manos con las mías, estabas entre mis brazos mientras te besaba. De pronto sentí un abatimiento en ti, tus pulsaciones iban en descenso, te costaba respirar...

Me sentí confuso, alterado. Te pedí que me dijeras algo, cualquier cosa... Tartamudeabas. Viendo el inútil esfuerzo posé mis dedos sobre tus labios rogándote que hablases.

____¡Por favor, no te vayas, no te vayas sin decirme te quiero -te dije en tono melancólico.

Y una lágrima se abrió paso en tu cara. Elevaste tu mano, acariciaste mi cara y noté el hielo en tus dedos.

Comprendí que no podía hacer nada. Invadido por la frustración besé tus labios por última vez y cerraste tus ojos para siempre.

Incineré tu cuerpo y luego rocié tus cenizas en el Guadalquivir, para que pudieras seguir sintiendo esa brisa, para que oyeras al viento bailar con las hojas, para que siguieras queriendo a Sevilla tanto como yo a ti y para te quedaras en mi ciudad para siempre.

Antes que murieras, te prometí que cumpliría tu sueño. Quizá no conocía tu vida, tu historia... pero conocía nuestra vida, nuestra historia.

Y hoy, un año después, he cumplido mi promesa. He escrito nuestra historia. Jamás olvidaré tu cara, tus ojos, tus labios, tu aroma... Porque todavía continúa resonando la melodía de tu voz en mí. Porque me lo enseñaste todo, todo lo que necesitaba saber de la vida.


Nunca desaparecerá de mi memoria la imagen de aquella chica sentada en aquel banco. Siempre la echaré de menos


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Re: MI BLOC, QUE NO BLOG

Mensaje  achl el Sáb Ene 07, 2017 12:55 am





Una cigüeña y dos medallas de oro

Ana se soltaba el pelo y se disponía a ducharse, después del agotador y estricto entrenamiento. Su hermoso cuerpo de gimnasta, mezcla todavía entre niña y mujer, merecía una buena ducha. Estaba feliz por haber sido seleccionada para representar a España en el Mundial de Gimnasia, a sus 16 años, pero no podía ocultar su sentimiento de tristeza por no haberse podido despedir de Javier, quien ya había partido hacia Alemania, la sede de ese Mundial en el año 2012.

Javier era todo para ella. Se conocían desde que empezó la preselección. Ella estaba enamorada de él, y pensaba que su amor era correspondido, hasta el punto de querer entregar su virginidad al guapo atleta antes de viajar para competir. Para Javier, de 18 años, Ana era una preciosa rubia, simpática, una gran amiga. Pero sólo eso, pues para desconocimiento de Ana, su adorado Javier era gay. Sabía que Ana lo deseaba, pero no le gustaban las mujeres. La veía como una chica ardiente, una afiebrada vagina más, como corroboraba Jorge, su pareja. Pero en gimnasia, Ana era la primera en el ranking español de las pequeñas gimnastas.

Ana se quitó la ropa y se fue a la ducha. Al aproximarse, vio que el agua corría. 'Seguro será alguna compañera', pensó. Grande fue su sorpresa al ver duchándose a un chico mulato, bien dotado, alto, de unos 20 años, que en ese instante se percató de la presencia de Ana.

____¿Y tú que haces aquí? -le preguntó sorprendido a Ana, mientras intentaba tapar sus partes intimas con las manos.
____¡Eso mismo te pregunto yo! ¿Es que no sabes que este es el servicio de chicas? -dijo nerviosa Ana, con sus bellos ojos deleitados por ver a tantas 'esbeltas cosas' en aquella ducha.
____Oh. Perdona. No sé leer español y como no había nadie entré para ducharme e irme rápido. Soy Dini y pertenezco al equipo italiano de natación. Gusto en conocerte.

Quitó la mirada del cuerpo del italiano y se tapó con la toalla. Pensó que por qué no gritó o no corrió... Tragando un poco de saliva, le dijo:

____Encantada. No te preocupes, dúchate tú primero y después yo.

Y le dijo eso como una especie de regalo, reconociendo lo atractivo, lo amable y lo educado que era Dini.

Dini, conociéndose sus numerosos encantos físicos y haciendo honor a la fama de conquistadores que tienen los ítalos, además de muy ansioso de aventuras y viendo en Ana la perfecta exponente de la belleza femenina española, le dijo en actitud coqueta, casi provocativa:

____Mira, españolita guapa. En este cubículo hay mucho espacio. ¿Por qué no nos duchamos los dos juntos?

Ana, luchando contra sus propios miedos, contra las reglas del equipo, y sabiendo que se exponía a la expulsión si la pillaban; aun todo eso, entró en la ducha, dispuesta a lo que fuera y sacando a relucir ese juvenil impulso para experimentar el desconocido placer que sus entrenadores le prohibían tajantemente.

Después de todo, creía en el destino, y que justo antes de partir tamaño hombre estuviera en su ducha, era un regalo. Besó apasionadamente al italiano, mientras él pensaba que Dios existía. Todo contrastaba entre ellos: el color moreno de Dini, la piel blanca de Ana, sus diferentes edades, el 1,65 de ella y el 1,90 de él. Empero, un flechazo y una pasión los fusionó bajo una fina lluvia en un momento de locura.

Él besaba los pequeños pechos de Ana, mientras ella acariciaba por vez primera el pene de un hombre, que sería su desvirgador.

Siempre supo que su primera vez sería especial, memorable, diferente. Y ese momento era ahora. Sus delicadas manos recorrieron ávidamente la pelvis, el torso y los muslos de Dini, quien disfrutaba plenamente las caricias de la española. Nada le costaba a él coger entre sus musculosos brazos a ella y darle la vuelta, dejando su flor, aún cerrada, a la altura de su boca, empezando a devorarla. Ana sentía un gusto intenso. Por inercia, casi por instinto, la gimnasta respondió ardiente, besando y degustando la erecta masculinidad del nadador...

Dini sabía que no tenían sobrado tiempo, así que cogió a la flexible Ana entre sus brazos y la sacó de la ducha, para acomodarla en un banco de de la parte de afuera. Estando mojado y sin decir palabra, abrió los bellos y bien torneados muslos de Ana. Ella estaba nerviosa, pero decidida. Dini la penetró, primero suave, y luego... también suave y lo más tiernamente que el ardor del momento le permitía, considerando él que seguramente Ana sería virgen todavía.

El quejido de la gimnasta era inevitable. Mucho había conversado y leído con sus amigas sobre ese sublime momento, pero sentirlo era otra cosa. Ambos empezaron a moverse al unísono, buscando el calor y el placer de sus carnes. No tardaron en llegar al climax. Él sentía el estremecimiento de la chica y el propio, y retiró su falo estallando sólo a medias dentro de la vagina de ella, tratando de cuidarla, a pesar de su ansia por poseerla más, pero su conciencia no le permitía ser tan irresponsable y dio por terminada la sesión.

De pronto, se escucharon unos ruidos y unas pisadas próximas.

Ana, aún jadeante y excitada, se tapó como pudo con su toalla mientras Dini corría a esconderse. Y esa fue la primera y la última vez que Ana vería al hombre que la hizo mujer por primera vez...

Veinticinco días después, Ana regresó triunfal a España desde Alemania, trayendo consigo dos medallas de oro, conseguidas por sus dos brillantes ejercicios de barra y pista.


Y sin saberlo, también traía en su vientre la respuesta de la cigüeña, producto de la semilla de un amor casual que cambiaría para siempre su vida


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Re: MI BLOC, QUE NO BLOG

Mensaje  achl el Dom Ene 08, 2017 12:08 pm



El muerto es un vivo

Estaba sentado en mi butaca, ante el fuego de mi chimenea, mientras contemplaba el balanceo de las llamas, cuando recordé que tenía que ver mi correspondencia.

Entre todas las cartas, una llamó especialmente mi atención. Provenía de los Pérez. Recordaba aquel maldito linaje al que, aunque de forma lejana, yo también pertenecía. Parecía que por fin el viejo Conde había fallecido. Para mi sorpresa estaba invitado al velatorio que se celebraría en la gran mansión familiar.

La extensa familia Pérez se remontaba al siglo XVII. Y a mí, aun estando en lejana ramificación de su árbol genealógico, me pidieron que asistiera al velatorio que se iba a celebrar mañana. Preso de la duda estaba, aunque luego de aclararme yo mismo ciertas ideas decidí asistir.

Esa fría mañana de enero, el cielo gris presagiaba melancólico día. Tras largo viaje, al fin me hallaba frente a la mansión de los Pérez. Se alzaba, inmensa, junto a un acantilado, donde las crestas de las olas golpeaban con frenesí la parte baja. Un sendero, franqueado por árboles viejos y sin pelaje alguno, discurría hasta la misma puerta de la entrada.

Comencé a recorrer el sendero con lentitud. Traté de retrasar lo máximo posible mi llegada, pues no quería ver muy discurrido el velatorio. Las piedras del camino parecían retorcerse a mis pasos. Sombras se alargaban y el crepúsculo del horizonte se asemejaba a un tinte púrpura.

Alcé mi vista hacia el claro que se abría frente a la casa, y vi que varios autos estaban aún estacionados. Crucé a paso firme el estacionamiento y me detuve justo enfrente de la puerta.

Cuando entré, varios familiares estaban abandonando el vestíbulo después de ofrecer sus condolencias a la Condesa. Tras saludar cortésmente a los inquilinos y a los invitados, avancé por el tramo del pasillo que conducía al dormitorio del Conde.

Estaba yo parado en el umbral, inmóvil, mirando el macabro espectáculo. La sombra proyectada por el candelabro que iluminaba el cuarto, danzaba alrededor de la cama del cadáver como un ser de ultratumba, acechando a su víctima.

El cuerpo petrificado del muerto, descansaba sobre su cama con esmoquin. Sus manos, que presentaban una enfermiza palidez, reposaban sobre su regazo. Su escaso pelo estaba pulcramente peinado, como él querría en vida. Aun teniendo a ese malvado ante mis ojos, no podía creerme que estuviera realmente muerto.

Cabía suponer que el cuarto estuviera vacío. Nadie echaría de menos a aquel bastardo. Yacía en su lecho donde los últimos años había atormentado la existencia de todos los que tenía a su alrededor. Aún podía sentir, en el interior del cuarto, el hedor del condenado aristócrata.

La fría expresión de su semblante sólo era alterada por aquella diabólica imitación de sonrisa humana. Sus finos labios se encontraban estirados, victoriosos incluso luego de muerto. Intenté apartar mis ojos del difunto, pero algo me lo impedía. No obstante, tras manifestar una fuerte oposición, al poco logré desembarazarme de su nefasta influencia.

Al volver a mirar aquella mueca sonriente, se deslizó un gélido escalofrío por todo mi cuerpo. Me pregunté: '¿cómo un hombre podía aún producir tal horror aun muerto?'. Sus oscuros ojos parecían que me escudriñaban, hundidos en las órbitas.

'Ojalá ardas entero en el infierno, carroña', pensé.

Luego que ese pensamiento naciera en mi mente, el crepitar de las velas parecían estremecerse realzando el tormento del aquel lugar maldito. Me estremecí, pero me repuse y me entregué al cometido, por el cual había acudido al velatorio

Me acerqué al cuerpo del Conde a la vez que el resplandor del dormitorio centelleaba sobre su cara dándole, aún, un semblante falsamente cálido. Vi en su mano derecha el deseado anillo de platino con el escudo heráldico familiar Dudé un instante, pero al ver cómo lucía injustamente en el engarrotado dedo, la duda se disipó volviendo a colocar la creciente repugnancia que sentía en su debido lugar. Mi ojos se endurecieron.

Sentí entre mis manos el helado cuerpo del difunto al tratar de sacarle el anillo; parecía fundido en el propio dedo. No conseguía sacarlo.

Nervios se apoderaron de mí. Temía que alguien entrase en el cuarto en ese instante. Cogí con más firmeza la mano del muerto y procuré girar el anillo sobre el dedo. Luego de varios intentos, logré que se desprendiera del rígido dedo. Mientras lo miraba, mi cara era de triunfo.

'Me llevo tu anillo, tú ya no lo necesitas', me dije.

Lenguas de fuegos danzantes sobre las velas se alargaron hacia un lado de forma llamativa. Pero ante mi triunfo decidí no prestar mayor atención al fantástico suceso. Me sentía satisfecho.

Me disponía a salir del cuarto, cuando, detrás de mí, oí un leve golpe que alteró el sobrecogedor silencio del lugar. Me di la vuelta para ver qué era aquello. Quedé petrificado. No me sentí aliviado al cerciorarme que fue la fría mano del difunto, al golpear el suelo, lo que produjo ese sonido. Algo había cambiado en los ojos del Conde; no sólo escudriñaban los míos con ira; eran más altivos y parecían salirse de sus órbitas, como si me intentasen hipnotizar.

Aparté toda idea supersticiosa de mi cabeza y salí al pasillo, cuyo no se veía más reconfortante. Aun ello, anduve con pasos rápidos. El resto de invitados estaba en la cocina. Me dirigí al salón principal de la mansión. Aún me sentía nervioso por el escalofriante momento del anillo.

Al abrirse ante mí el espacioso salón, una poderosa sensación de vértigo se abría paso a través de mi mente. Me apoyé en el marco de la puerta. Debía de serenarme, todo había acabado; el Conde estaba muerto. Y yo podría regresar ya a Sevilla, a mi casa. Con tales pensamientos revoloteando en mi interior, me senté en un sillón que estaba junto a una inmensa y lujosa chimenea.

Del techo pendía una enorme araña de hierro, donde al final de cada una de sus patas crepitaban las llamas alocadamente.

Debí de quedarme dormido, pues tanto los familiares como los invitados se habían ido ya. Un repulsivo silencio se cerraba sobre mí.

De pronto, el sepulcral silencio fue roto por algo deslizante que provenía del pasillo. Mi espalda se pegó al sillón al escuchar aquel sonido acercarse por el pasillo. En esa mansión todo parecía siniestro y vivo, cualquier sonido se semejaba a algo agonizante que emergía del sótano. Cuerdo tuve que mantenerme. 'Lo más sensato sería irme ya de este lugar', pensé.

Un ruido seco se produjo cuando unos largos dedos se aferraron el marco de la puerta. Una marca indicaba que anteriormente ese dedo había llevado algún anillo. Desesperado comprendí que era la mano del Conde.

Me erguí ante la horrible escena. El Conde arrastraba penosamente sus pies y trataba de acercase a mí. Sus ojos no sólo me escudriñaban, como antes en su lecho, sino que palpitaban coléricos, centelleantes, bajo una repulsiva expresión de desesperada agonía. Traspasó el umbral, tras dar varios pasos, extendió los brazos en el aire, en constante amenaza.

____¡Está vivo! ¡Este malnacido no ha muerto! -grité.

Ante aquel grito mío mi corazón dio un vuelco. Mi mano se posó con firmeza sobre mi pecho. Mi corazón, enfermizo, no soportaría el creciente terror que se iba apoderando de mí. Miré enloquecido cómo sus blanquecinos dedos temblaban ante la desesperación de asirse a mi cuello con crueldad. La locura, la maldad, no habían desaparecido en el alma del Conde. Sin duda, aquel maldito ser quería recuperar su anillo.

Estaba completamente paralizado cuando sus manos se posaron en mi cuello y se cerraron con terrible fuerza alrededor de él. La cara del Conde cambió; una horripilante risa apareció en ella. Curvada en los extremos, se alzaba hacia los pómulos, enfatizando su demencia, enfermiza locura en vida, podrida y mórbida en su muerte.

____¡Dios! ¡Deja de reírte, maldito bastardo! -grité de nuevo.
____¡Aparta de mí tu mirada! -volví a gritar.


Mis gritos no fueron escuchados por nadie. Mi garganta no emitiría ningún sonido. Y ya nunca más


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Re: MI BLOC, QUE NO BLOG

Mensaje  achl el Mar Ene 10, 2017 4:20 pm



Tardó en hallar su felicidad, pero la encontró

Carmen vivía en Sevilla. Trabajaba en la empresa de su padre como jefa contable. Su vida siempre había sido muy aburrida, y en su juventud era presionada por su padre para que sacase con nota de sobresaliente la carrera de Economía, por lo que no pudo vivir plenamente la magia de la adolescencia. Y cuando quiso tener su vida propia, seguía bajo el control de su padre.

No odiaba su vida, ni su trabajo, pero si añoraba haberla disfrutado más. Estaba a punto de cumplir los 40. Hoy era el último día que disfrutaba de los 39. Estaba hablando por teléfono con un cliente sobre un error en su cuenta, cuando vio que tenía un mensaje en su móvil de Daniela.

'Esta noche no me digas que no, como haces casi siempre. Tenemos una cena en el Italiano'.

Su mejor y casi única amiga, Daniela. le recriminaba que trabajase tanto. Daniela, con muchas posibilidades económicas, siempre estaba de fiesta en fiesta paseando de cama en cama, pero su amiga Carmen no se sentía capaz para hacer eso, aun superando en posibilidades a su amiga.

____Carmen, esta noche cenamos en mi casa para celebrar tu cumpleaños. Vienen tus tías y tus primos con sus parejas.

Su padre no tenía la costumbre de llamar a la puerta antes de entrar, y lo que más le molestaba a ella era que le fijase sus planes como si fuera una obligación. Ese día estaba en una encrucijada, no se atrevía a decirle a su padre que no podría ir a la cena porque quería salir con Daniela para celebrar su cumpleaños.

A punto estaba de hablar sobre ese asunto con su padre, pero éste ya se había marchado, sin escuchar su respuesta, como siempre. No contaban con ella para nada.

'No puedo ir contigo esta noche. Mi padre organizó una cena familiar'.

Eso decía el mensaje con el que respondió a su amiga, cuyo teléfono no tardó en sonar.

____¿Cómo que no puedes venir? -se notaba enfado en su voz.
____Ya sabes... Mi padre me dijo que habrá esta noche una cena en mi honor en su casa y no puedo decirle que no -como siempre, intentaba justificarse.
____¡Por Dios, tienes 40 años! –gritaba Daniela-. -¿¡Cómo puedes decirme que no puedes decirle que no!?
____Lo siento.

Sabía que su amiga tenía razón, así que cortó. No quería discutir y menos sabiendo que sería una discusión absurda, porque ella pensaba lo mismo que Daniela.

'¿Y encima me cuelgas? Pues esta noche pienso ir a buscarte a la casa de tu padre, y saldremos sí o sí'.

El mensaje que acababa de recibir era inquietante. Sabía que Daniela era capaz de montar un pollo.

Después de recoger sus cosas para irse ya a casa, pasó cerca del despacho de su padre, se paró junto a la puerta y estaba a punto de entrar cuando escuchó que su padre estaba hablando por teléfono.

____¡Claro que vendrá Carmen a esta cena! Tranquilo. Yo te la presentaré. Ya es hora de que se case. Sí, seguro que le gustarás.

Carmen estaba encolerizada, no se creía lo que acababa de escuchar. ¡Su padre intentando prepararle una cita a ciegas! No se lo pensó dos veces y entró en el despacho. Su padre enmudeció y se sorprendió al ver a su hija tan enfadada. Nunca antes la había visto así.

Carmen cerró de un portazo, se acercó a su padre y le miró fijamente a los ojos, como nunca antes se había hecho.

____¿¡Cómo te atreves prepararme una cita sin mi consentimiento?!
____Verás, hija…

Le interrumpió, no le dejó continuar. Era la primera vez en su vida que se enfrentaba a su padre.

____¡No tengo que ver nada! ¡Estoy harta de ti, de este trabajo, de que controles mi vida! –cogió aire.- ¡Nunca más te lo permitiré! ¡Esta noche no iré a esa cena familiar, me iré con mis amigas!

Su padre no abrió la boca, simplemente miró cómo se alejaba y salía del despacho dando un nuevo portazo. Siempre la llevó a rajatabla, sin contemplaciones, pero esta vez tuvo que admitir que había perdido la autoridad que mantenía sobre su hija.

____Iremos juntas a cenar –le dijo, vía móvil, a su amiga Daniela mientras se dirigía hacia el aparcamiento.

Entrando en su coche, sintió un vacío que fue llenándose poco a poco por un sentimiento de culpabilidad, cuyo la hizo romper a llorar de una forma desconsolada.

Le apenaba lo que acababa de hacer, pero estaba indignada y se sentía traicionada por su padre, así que no pensaba en dar marcha atrás.

Lloraba con la cabeza apoyada sobre el volante, cuando notó que alguien golpeaba el cristal de su puerta. Alzó la mirada y vio a un hombre, rubio y con el pelo rizado. Sus rasgos eran suaves. Parecía joven, pero algunas canas delataban que no lo era tanto como aparentaba. Carmen se secó las lágrimas y bajó el cristal de la ventanilla.

____Perdone, señorita. La vi llorar y no pude evitar acercarme. ¿Se encuentra usted bien? -su tono era calmado, daba tranquilidad.
____Sí, gracias –se secó de nuevo los ojos, mostrando una sonrisa forzada.
____Una mujer tan hermosa como usted, no debería llorar de esa manera -esbozó un gesto amable.- Le afecta a su belleza -añadió.

Se despidió educadamente y se alejó. Ella notó algo extraño en su cuerpo. Esa desconocida voz había conseguido calmarla. Luego de pasar por su casa, para ducharse y ponerse lo más guapa posible, condujo hacia donde había quedado con Daniela, escuchando en la radio del coche a su cantante favorita de Sevillanas: 'Julia Garrido'.

Al entrar en el restaurante italiano, vio que Daniela estaba en una mesa del fondo, acompañada de dos hombres. Desde lejos, parecían modelos sacados de una revista. Al verla, Daniela alzó el brazo haciendo gesto de que se acercase. Carmen tragó saliva y se fue hacia la mesa.

____Muchas felicidades, preciosa! –Daniela se levantó y la abrazó.- ¡Estás de rechupete, tía buena! -añadió.

Siempre le decían algo parecido cuando vestía ropa ceñida. En este caso era un ajustado vestido verde, que se había comprado como auto regalo de cumpleaños en su habitual boutique de Sevilla.

____Quiero presentarte a unos amigos -le dijo, de pronto, Daniela.

Se los presentó. Definitivamente, habían salido de una revista de modas; guapos, altos, brazos fuertes... Se adivinaba que debajo de sus camisas habían dos abdómenes impresionantes.

____Les conocí en una discoteca el sábado pasado. Son bomberos –le dijo a sovoz Daniela.

La velada transcurría entretenida, pero uno de los bomberos era bastante pesado, y no dejaba de intentar ligarse a Carmen; pasaba una mano por encima de la de ella, haciéndose el distraído, y a la mínima oportunidad intentaba besarla en la cara con cualquier excusa.

Carmen empezaba a agobiarse. Pero en ese instante, vio a un hombre que se acercaba a la mesa. Lo reconoció en el acto; era el mismo que la abordó en el parking.

____Discúlpenme -y cogió, sin miramientos, la mano de Carmen.
____Veo que no está usted disfrutando de esta velada -la miró a los ojos y dejó una tarjeta en su mano.

Daniela y bomberos no dijeron nada. Sin reaccionar ante aquello. Carmen se puso colorada de vergüenza. El hombre la besó en la mano y salió del restaurante.

____¿Quién es ese imbécil? –dijo el tipo que intentaba ligar con Carmen.
____No lo sé –Carmen miró la tarjeta.– Aquí dice que se llama Carlos.

El resto de la noche, pasó con más pena que gloria. 'El modelito' se había vuelto más pesado todavía, y Carmen luchaba por quitárselo de encima. No hubiera estado nada mal una noche de sexo, pero ella, extrañamente, no dejaba de pensar en aquel misterioso hombre rubio.

Carmen llegó a su casa y sacó la tarjeta de su bolso. Se sentó en el sofá. No sabía qué hacer. Pero no quiso pensar, así que cogió su móvil y marcó el número que aparecía en la tarjeta. Los tonos sonaban interminables. Ya estaba a punto de colgar cuando alguien contestó.

____¿Diga? –por la voz, no cabía duda de que era él.
____Hola...

Apartó el móvil de su boca. No sabía qué decir. En realidad, ni siquiera sabía por qué le había llamado. Pero, finalmente...

____Soy Carmen, la chica con la que usted habló en un parking público y por casualidad en un restaurante italiano.

____Carmen, bonito nombre -hizo una pausa-. Pero tengo que admitir que lo del restaurante no fue casualidad. La seguí desde que salió del parking No pude resistirme a sus encantos.

Ahora sí que no sabía qué decir. Le apetecía colgar. Aquel extraño estaba admitiendo que la había seguido, pero se sentía atraída y excitada por él. Su voz, su dulzura, y esa seguridad al hablar… Sintió cómo su excitación comenzaba a aumentar.

____Espero que no te importe que te siguiera. No pretendo hacerte daño. Al contrario. Yo soy...
____Bueno, verá, no sé aún por qué le he llamado -le interrumpió.
____Haz por venir mañana a mi casa a desayunar y aquí hablaremos más tranquilos. Ahora tengo que dejarte, pero antes toma nota...

Le dio la dirección que ella anotó y guardó cuidadosamente en su bolso. Estaba a punto de despedirse cuando se percató de que Carlos ya había colgado.

Después de ducharse, se metió en su cama. Siempre dormía desnuda. Le encantaba sentir la suavidad de las sábanas sobre su cuerpo. Le costaba conciliar el sueño, daba muchas vueltas en la cama. No dejaba de pensar en Carlos, pero más que en él, en su voz, en las sensaciones que la hacía experimentar. Sin darse cuenta, puso una de sus manos entre los muslos. Su vulva estaba empezando a mojarse. Se acarició lentamente su clítoris mientras con la otra se pellizcaba los pezones. Gemía mientras se mordía sus carnosos labios.

Esa noche tuvo un grandísimo orgasmo. No recordaba haber tenido uno tan intenso en ninguna noche en las que se había masturbado. Durmió toda la noche plácidamente. Estaba relajada y feliz.

Cuando se despertó y terminó de ducharse, escogió una ropa cómoda. Así que cogió unos vaqueros y una camiseta azul. No quería dar la sensación de buscona por vestirse llamativa.

Llegó a la dirección que Carlos le había dado y se paró frente al portero electrónico. 'Carmen, ¿qué coño estás haciendo aquí?', pensó mientras intentaba sacar valor para pulsar el timbre.

____Buen día, Carmen. Llegas pronto –Carlos estaba detrás de ella, con una bolsa.- Vengo de la panadería. ¡Qué alegría volver a verte! Pero pasa, por favor –abrió la puerta y con gesto amable le indicó que entrase.
____Gracias –entró y se fue con Carlos hacia el ascensor. Pasaron al estrecho habitáculo.
____Eres preciosa –la miraba tiernamente. Se le veía seguro de sí mismo. Siempre mirando a los ojos. Siempre con aplomo al hablar. Carmen se sentía atraída por ese desconocido.
____No sé qué decir. No sé ni por qué estoy aquí –su espontánea sinceridad consiguió que Carlos sonriese.
____Bésame -dijo él, de pronto, mirándola a los ojos

Y Carmen, como si su cuerpo fuese atraído por una fuerza incontrolable, se acercó más a él y obedeció, dándole un tímido beso en los labios.

Cuando entraron en la casa, ella se quedó mirando la decoración. Era del estilo minimalista, casi sin muebles pero tan gustosamente decorada que hacía que un visitante se sintiese cómodo. Él le dijo que se sentase en el sofá. Ella se fue hacia el sofá, de cuero negro, y se sentó y después cruzó las piernas, como era su costumbre. Al poco, Carlos entró en el salón con una bandeja que portaba bollería, mermelada, mantequilla, jamón y dos tazas de café, además dos cubiertos completos.

____Descruza tus piernas Carmen. En mi presencia no es correcto que te sientes de esa manera –su tono de voz sonaba dulce, pero esta vez era más firme el hablar.

Ella no comprendía eso de 'correcto'. Tenía la costumbre de sentarse así. Pero descruzó las piernas y se sentó, con ellas cerradas y juntas

Estuvieron largo rato desayunando y charlando. Sonreían y se contaban anécdotas de sus vidas, para tratar de conocerse más y mejor. En un momento de la charla, Carlos puso su dedo índice en los labios de Carmen, como indicándole que guardase silencio.

____Carmen, quiero que seas mía -le dijo, de pronto.

Él la miraba a los ojos, intentando ella mantener la mirada, pero algo le hacía bajar la cabeza que impedía mirarle directamente a los ojos, como si dentro de ella sintiera que eso no era correcto. Al fin, respondió:

____Yo también quiero, Carlos.
____No me refiero a eso que piensas. He querido decirte que a partir de ahora tú serás mi sumisa y yo seré tu señor.

Empezó a ponerse nerviosa. Había leído en internet cosas relacionadas con BDSM (Bondaje y Disciplina; Dominación y Sumisión; Sadismo y Masoquismo). Sabía que ese mundo la atraía, pero ahora estaba ante la realidad. Un escalofrío le recorrió todo el cuerpo

____¿Yo? -hizo una pausa.- 'Si yo no sé cómo se hace eso...!
____No te preocupes. Yo te guiare, pero no te será fácil.

La cogió de la mano, y ella asintió con la cabeza.

____Sígueme -le dijo, con firmeza.
____De acuerdo –asintió y le siguió.

En ese momento, Carlos se detuvo en seco, la miró y apuntillo:

___¡Señor!

____Sí señor –ella bajó nuevamente la cabeza.

Carlos la besó en la frente y después la llevó a un cuarto que se hallaba al final del pasillo.

Cuando entraron, ella se asustó un poco al ver todo aquello; las paredes eran de color claro, no había muebles, excepto una cama y una especie de madera que a ella le recordaba a los cepos que usaban en la antigüedad para inmovilizar por el cuello y las muñecas a los ladrones. Eso la asustó más de la cuenta.

Vio que en otro lado del cuarto había colgado del techo un cordaje haciendo de columpio, de cuero negro, y junto a él, un arcón de madera

____Desnúdate –mientras le decía esto, él permanecía detrás de ella sin moverse.

Ella dudó, hasta que notó cómo la mano de Carlos impactaba en una de sus nalgas con fuerza, haciéndola soltar gemidos de dolor. Su cuerpo se tensó completamente. Estuvo a punto de girarse y devolverle ese golpe, pero, sin esperarlo, recibió otro azote en la otra nalga. Volvió a gemir, pero aquel segundo azote hizo que sus ganas de revelarse se calmasen, y sus gemidos, extrañamente, ya no eran de dolor, eran como si estuviera su mente entrando en un estado distinto que ella no conocía de nunca.

____Te repito que te desnudes.

Volvió a decirle. No gritó, pero su orden esta vez fue atendida.

Se quitó la camiseta. Sentía pudor por lo que estaba haciendo. La dejó caer, después se quitó el cierre del sujetador, lo soltó y también lo dejó caer. Sus manos, encima de sus senos, como queriéndolos esconder.

Carlos le acaricio la espalda con dulzura. Ella continuaba con sus manos tapándose sus senos. Notaba cómo subía esa mano que se hallaba ahora cerca de su cuello. Entonces, percibió un tirón fuerte en su pelo. Carlos la tenía agarrada fuertemente del cabello y tiraba de él.

____Toda la ropa.
____Sí señor.

Cuando dijo eso, desabrochó el botón del pantalón, y bajó la cremallera. Su mente era una lucha; parte de ella le decía que saliera de allí, pero la otra parte, en ebullición, le decía que se desnudase y que se entregase a aquel hombre. Empezó a bajar sus vaqueros lentamente. Llevaba tangas negro. Carlos pudo admirar, en total plenitud, las nalgas de Carmen, que lucía un cuerpo escultural. Cuando los vaqueros estaban en los tobillos no se atrevió a agacharse, para quitárselos, así que lo hizo ayudándose con los pies, enviándolos a un lado de un puntapié.

Carmen se notó cómo aumentaba su excitación. Cada vez que se sentía más frágil por la falta de ropa. Sabía que Carlos la miraba, la admiraba, y deseando estaba de que su cuerpo fuese poseído, ya que la humedad de su vulva iba en un aumento vertiginoso.

Se quitó las medias y el tangas. Ya estaba completamente desnuda, con sus manos intentó tapar sus senos y su entrepierna. Carlos la cogió de los brazos y se los puso detrás de la espalda, forzando con sus pies a que ella abriera ligeramente las piernas. Y así estaba aquella asustada Carmen, con sus manos atrás y sus piernas abiertas.

Carlos dio una vuelta alrededor de ella mirándola de arriba abajo.

____¡¡Hermosa perra!! –gritó.

Al escuchar que la llamaba perra no se indignó. Al contrario. Se excitó más aún. Era raro todo aquello. Se sentía humillada por estar totalmente desnuda ante un hombre que la acababa de llamar perra, pero era un sentimiento de humillación que le estaba gustando.

Carlos llevó su mano hacia la vagina de ella, que gimió al notar el contacto, y más cuando vio que, sin previo aviso, metió dos dedos dentro de ella.

____Veo que estás excitada. Y eso me gusta –sacó sus dedos del interior y los llevó a la boca de ella.
____Límpiamelos.
____Sí señor.

Lamió los dedos, procurando dejarlos completamente limpios. Se sentía feliz por estar haciendo lo que hacía. Se sentía feliz por estar desnuda ante los ojos de un desconocido, llamado Carlos. Toda su vida encorsetada en normas, obedeciendo, pero esta era la primera vez que sentía felicidad por obedecer.

Carlos ordenó a Carmen que se dirigiera al cepo. Cuando estaba delante, comenzó a sentir temor. Él le metió cabeza y manos por el interior del cepo y después lo cerró con candado y llave. Ella sintió pánico, pero no se quejó. Poco antes había podido moverse libremente, pero ahora estaba atrapada.

El cepo estaba anclado al suelo. Ella estaba con el cuerpo inclinado, casi de rodillas, y sus nalgas ligeramente levantadas.

Carlos sacó su miembro y se puso delante de Carmen.

____¡Abre bien la boca, perra! -le ordenó.

Abrió la boca y Carlos metió su miembro en ella. Comenzó un frenético movimiento, introduciéndolo y sacándolo; por momentos él, lo introducía completamente, haciéndola sufrir alguna que otra arcada. Estuvo un rato metiendo y sacando su miembro de la boca de ella, que estaba con su vulva chorreando. Ese nivel de excitación nunca antes lo había experimentado.

Carlos se fue hacia el arcón, situado en el otro lado del cuarto. Carmen intentó seguirle con la mirada, pero lo perdió de vista al no poder girar la cabeza. Pasado un minuto, que a ella le pareció una eternidad, notó cómo acariciaban con suavidad sus nalgas.

____Me gusta sobremanera la visión que tengo ante mí -dijo él.

Carmen sintió cómo le ardía una de sus nalgas. Había recibido un fuerte golpe con una fusta. Quiso gritar, pero algo de dentro hizo que se contuviese. El siguiente fustazo fue en la otra nalga. Fuego produjo en la zona, pero esa sensación le gustaba de una forma que no acababa de entender.

La intensidad de los fustazos iba creciendo. Al principio los contaba, pero llegó un momento en el que sólo cerraba los ojos, permaneciendo quieta y mordiéndose sexualmente los labios. Cuando él paró, acarició de nuevo las dos nalgas de ella.

Carmen notó cómo separaban los labios de su vagina, abriéndola de par en par. Notó como Carlos introducía se miembro dentro de ella. Después del dolor recibido, aquello lo acogió como un hermoso regalo, como el placer que su señor le estaba entregando. Quería deshacerse de sus ataduras, pero no la dejó Carlos, que seguía con el vaivén por vez más frenético.

Veinte minutos o más estuvieron así, hasta que ella sintió como un orgasmo se le aproximaba, y entonces su cuerpo se tensionó más.

____¡No se te ocurra correrte, perra! –gritó él, pero sin parar de moverse.

A ella le costaba aguantar. No podía más.

____¡Por favor, no puedo aguantar! –cuando terminó la frase, vio cómo Carlos azotaba fuertemente una de sus nalgas.
____¡No vas a vaciarte si yo no te lo permito! -le dio otro fuerte azote que la hizo dar un grito de dolor.
____¡Pídemelo como es debido, suplícamelo!
____¡Mi señor, déjeme correrme, no aguanto más, se lo suplico!

Mordía con más fuerza sus labios, intentando contener ese torrente que estaba a punto de invadirla.

En un minuto, más o menos, no recibió contestación. Pero, sin esperarlo, escuchó las palabras mágicas:

____¡Ahora sí, suelta tu orgasmo!

Ella sintió que su cuerpo se convulsionaba, que el orgasmo hacia que sus piernas, incluso temblasen, y apretaba su vulva que tenía metida el miembro de Carlos.

En ese mismo instante notó un chorro procedente del miembro que tenía dentro. La inundaba haciéndola gritar de placer. Carlos recostó su cuerpo sobre la espalda de Carmen, que aún luchaba contra las convulsiones.

Entera la noche la pasaron juntos. Y, a partir de entonces, no volvieron a separarse nunca. En cada sesión, aprendía una cosa nueva.

Por día se sentía más feliz. Por fin había encontrado la forma de darle un verdadero sentido a su vida.


Cuando le contó a su amiga Daniela su relación con Carlos y lo que ambos hacían en la intimidad, dejaron de ser amigas. A Daniela la tildaban de mala bestia, de ninfómana, porque hacía el amor con todo hombre que le gustase, pero en ella no había opresiones, ni cepos, ni cadenas, ni columpios...


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Re: MI BLOC, QUE NO BLOG

Mensaje  achl el Miér Ene 11, 2017 5:14 pm




Me decidí a navegar

Me resulta difícil encontrar un motivo para empezar esta historia, ya que temo adelantar anécdotas o delatar sentimientos que tendrán que nacer en los próximos párrafos. Sin embargo, creo oportuno describir mis días antes de conocerle.

Hace un año que me vida ha dado un vuelco importante. Para muchos, el 2013 fue un año de recortes, fracasos, desilusiones, cierres... Algunos le echaron la culpa a los mayas, ya que era el primer año que no figuraba dentro de su calendario. El apocalipsis personificado.

Nunca me aferré a creencias religiosas, pero algo sucedió durante ese año, al menos en mi entorno. A mitad de año, me separé del padre de mi hija. Al mes, nos mudamos de piso, ella y yo. Ahora Eva no duerme más en mi dormitorio; ya tiene su propio cuarto y su propia intimidad. En mi trabajo estábamos viviendo cambios bruscos, transición de dirección, reducción de personal, división de equipos, triplicación de exigencias… Y sobre todas las cosas, mucho, muchísimo cabreo.

En mis estudios me faltaban tres meses para terminar la carrera. Sólo me restaba cursar Literatura Infantil y Cultura, dos materias que rendiría en septiembre. Esto me mantenía ilusionada, pues al terminar la carrera me aventuraría, por fin, a dedicarme a la docencia.

También en esa época conocí a un chico. De él aprendí mucho. Aprendí a valorarme a mí misma, a mis actividades, a la importancia de estar bien con uno y defender los juicios que se toman. Reafirmé mi papel como madre; rearmé el vínculo con Eva y su padre; intenté poner en marcha formas de relacionarme con mi familia, aunque la muerte de mi abuela materna obstaculizó este último punto. Al poco tiempo me presenté como profesora de artes en el teatro, me desvinculé de la empresa en la que trabajaba desde los veinte años y con la indemnización pude pagar deudas, arreglar mi piso e irme con Eva unos días de vacaciones. Al volver, empecé a asistir a los actos públicos, y casi seguidamente contaba ya con varias escuelas cerca de mi barrio. ¡Por fin, tantos años de estudio estaban dando sus frutos!

Ese chico fue un buen apoyo para el periodo de transición que inicié ese año  y que duró hasta el invierno del año siguiente, empero, 'no se puede vivir del amor', y en abril rompimos. A partir de ahí, entré en crisis de ansiedad. Estaba acostumbrada a que una relación acabase una vez desaparecido el amor, una vez que habíamos tirado demasiado de la soga como para darnos una nueva oportunidad, pero ese chico vio esa disolución como necesaria. Nuestros puntos de vistas y nuestros proyectos en común eran tan disímiles, que creímos conveniente cortar por lo sano para evitar complicaciones.

A pesar de la mutua decisión, lo vi un poco descabellado. Una decisión inmadura, casi cobarde. Pero ahora que lo veo en la distancia, sin duda, fue lo más acertado que pudimos hacer, ya que sin ese tiempo de reflexión, no habría llegado a la vida que me permitió conocerle a él.

Avanzada la separación, convinimos que era imposible una reconciliación, así que empecé 'mi caza de corazones'. Nunca fui devota de la 'pesca', pero recordé que algunos meses atrás había aceptado en
Facebook
al 'amigo de un amigo'. Hice memoria hasta que pude visualizar la primera vez que vi a esa persona, que  fue en una representación de teatro, en que este amigo en común también actuaba.

Realmente era un tipo muy muy atractivo, de esos que las mujeres se dan la vuelta para recrearse. Demasiado atractivo. Figurita difícil de atrapar. Y ante ese desafío empecé a fabricarme estrategias. Lo primero que atiné a hacer fue preguntarle a su (nuestro) amigo cosas sobre él.

____Mira, Carmela, a José no le gustan las chicas 'lanzadas'.
____Bueno es saber eso.
____Para él se tiene que dar todo de una forma natural.
____Tomo nota.
____Es muy lento en sus decisiones
____Por eso no tengo problemas.
____Y sobre todas las cosas, no esperes enamorarte, porque está muy lejos de querer estar en serio con alguien. Es más, hace mucho tiempo que no le veo con ninguna chica.

Para mí eso era poco menos que imposible. ¿Cómo hombre tan bello podía estar solo? Pero más allá de lo que yo pensase, basándome en su atractivo sexual, confié en la valiosa información que me dio mi amigo y monté una minuciosa estrategia.

La primera fase fue la observación virtual, que consistía en seguir su flujo diario en Facebook para intentar conocerle un poco más. Saber qué tipo de música escuchaba; encontrarle sentido a las imágenes que compartía y hacer un repaso cronológico de sus fotos, para suponer lazos familiares o de amistad. Así hasta que me aventuré con un 'me gusta', y al otro día figuraba dentro de mis propias notificaciones que él me había devuelto la gentileza, clikeando alguna de las mil cosas que yo subía en el muro con la esperanza de que mi nombre figurase en las noticias diarias. Pasaron algunas semanas en las que los 'me gusta' iban y volvían, pero no había indicios de una comunicación real.

No sabía si mi criterio sobre la lentitud sería similar al de él, y por ello me mordía las uñas repensando cuál iba a ser el siguiente paso a seguir que denotase naturalidad. Así fue como, carcomida por ansia de saber más y más sobre él, entré en Google y escribí su nombre completo. Y ahí estaba su currículum en Linkedin. Entré sin caer en la cuenta de que mi propio usuario estaba bloqueado y desconociendo por completo que esa página contaba con un servicio de notificaciones que avisan qué usuarios visitaban tu currículum. Así que mientras yo estaba feliz viendo sus últimos trabajos y fantaseando charlas, a él le llegaba un correo con mi nombre, apellidos y fotografía, diciéndole que yo había revisado su perfil. ¡Tendrían que haber visto mi cara al otro día, cuando en mi correo tenía la misma notificación! ¡Él también había entrado en mi perfil!

Desesperación sentí en ese momento. Era como si estuviera jugando al ajedrez y en una pésima jugada hubiera dejado desprotegido al rey. Me sentía torpe. Sin embargo, me animé y le escribí.

Sabía que podría haberle dicho cosas bonitas, pero no pude formularlas con tanta presión. Y su respuesta... ¿qué me quería decir? Leía y releía y no encontraba el dato concreto que me diese la seguridad de que yo le gustaba. ¿Y si sólo era una respuesta de cortesía? Por suerte, esa misma noche empezó a hablarme por el chat de Facebook. Justo en ese momento había venido a mi casa nuestro amigo común, y mientras él charlaba con mi hija, yo le respondía sus mensajes. No podía disimular mi cara de felicidad, pero en cuanto mi amigo se dio cuenta me dijo: 'Carmela, Carmela, no te vayas a enamorar'.

Pasaban los días y nuestras charlas eran ya permanentes. Nos saludábamos por la mañana, y si él no estaba conectado por la tarde, yo le dejaba algo y así permanecía abierta la puerta del intercambio.

En esa época yo participaba en un programa de radio, y le ofrecí pasarle un tema de la banda de música a la que él pertenecía como trompetista. Aceptó sin dudar y al minuto ya tenía respuesta. No importaba el mucho trabajo que tuviese cada uno en la semana, siempre encontrábamos un hueco para hablar, aunque poco. Y digo 'poco' cuando en realidad podía pasar más de una hora en la que nos dedicábamos a sentirnos estar juntos. E incluso recuerdo un sábado por la mañana, muy temprano como para ser sábado, en que me despertaron mis gatos y encendí mi portátil por instinto. Y él estaba ahí. Se había levantado al alba para estudiar unas asignaturas de un curso, del que se examinaría a la semana siguiente

Y maravillados por la casualidad de madrugar, en ese mismo momento comenzamos nuevas conversaciones. Yo intentaba por todos los medios hacerle partícipe de mi vida, contándole el itinerario de actividades que me había propuesto para ese sábado, e incluso, con enormes ganas de que no se desconectase, le enviaba las crónicas más interesantes del periódico del día.

Obviamente, esperaba que alguno de mis tiempos libres coincidiese con los de él, pero ante cualquier indicio que dejara vislumbrar un espacio de encuentro para ambos, por su parte recibía evasivas. Así que me limité a encarar las charlas con otras temáticas, cosas que en ese momento creía banales. Asuntos como gustos musicales, familia, amistades, aficiones..., completaban nuestro incontable listado de comentarios.

De esta manera nos fuimos conociendo desde otro lado, más personal. Y poco a poco se fue abriendo. En un momento se jactó de haber aprobado ese curso que era sobre la fabricación de la cerveza, y como a mí nunca me gustó beber cerveza sola (jajajaja), aproveché y le dije.

____Algún día me explicaras de qué va ese curso, y así me lo aplico yo.
____¿Sola?
____Sí, sola.

Fue lo primero que pensé, y no me gustó, pero me salió 'sola'.

____¿Eres de esos que beben cerveza en cualquier momento del día?
____Debo admitir que sí. Anoche antes de dormir me tomé una.
____Bien, así hay más versatilidad horaria para implementar la cerveza a las cuatro de la madrugada.
____¡La verdad es que sí! Lo voy a tener en cuenta por si un día me toca trasnochar con una cerveza en la mano.
____La cerveza es como vida para mí. Y me encanta hablar con cerveza o sin cerveza... ¡de lo que sea!
____Jajajaja. ¿Hasta quedarte sin voz? Eres muy graciosa.
____No, eso no. Trato de cuidar mi voz, como actriz y como docente. Pero yo puedo hablar infinitamente…
____Ufff, ya tengo el primer desafío. Responder hasta que te canses.
____Ojo con eso, porque cuando me canse de hablar voy a querer llenar el tiempo de otra manera...

'Tirarme a la chimenea desnuda en pleno julio, es poco en comparación con la calentura que siento a medida que avanza la charla', pensé.

A cada instante volvía a mi mente la charla con mi amigo: 'no le gustan las chicas lanzadas' Y ahí sentía yo ese retorcijón en el estómago que me indicaba que no podía gustarle mi forma 'lanzada' de ser y que terminase por perder interés. Pero que él se plantease un desafío en el que me incluía, me incitaba a sentir la sensación de que estaba haciéndome un hueco en su vida, aunque en un plano de pasatiempos. Pero una vez más aparecían sus evasivas ante mi propuesta, casi indecente:

____¿Tienes problemas con los vacíos?
____Un poco. Estoy en terapia. jajajajaja.
____Todo tiene un por qué. Mira, sólo por ser un sábado a las nueve de la mañana, voy a hacerte la pregunta del siglo: ¿crees en el amor?
____Creo.
____¿Y qué es lo que no puedes llenar con tal inmensidad?
____No hay nada. Eso es cierto. El tema es saber dejar amor en todas las cosas que uno hace, para así llenarse. Y no solamente en las personas y en los vínculos.
____En un baremo del 1 al 10, ¿cuántas veces te has sentido frustrado en esta semana?
____ 2. Pocas en realidad porque me siento bien con lo que hago y con lo que tengo.
____Bueno, ese 2 puede causarte ese vacío. La idea es estar en armonía. Así es el amor.
____Es el equilibrio al que todos aspiramos, por momentos más tangible y en otros, más utópico.

Intercambiábamos ideas que dejábamos a propósito de una forma inconclusa, creando las ganas de seguir madurándolas mediante 'esa cerveza de por medio'.

A los tres meses de chatear, logré su número de móvil, y yo le di el mío. Estaba muy claro que podía dominar a mi fiera. Pero había un paréntesis dónde las ganas por saber más me superaban. Hasta que llegó un punto en el que no nos conformábamos con navegar por Facebook ...


Y a partir de ese momento, echamos mano de los móviles, convirtiéndose nuestras frecuentes conversaciones en más 'suculentas', más 'sabrosas'. Incluso nos insinuamos el uno al otro, hasta llegar a citarnos; nos gustamos, nos enamoramos... y, a partir de este punto, que trabaje la imaginación...




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Re: MI BLOC, QUE NO BLOG

Mensaje  achl el Miér Ene 11, 2017 7:09 pm




Lejanía escrita


La lejanía me une a ti, amor, como lo están el silencio y la noche, el valor y la guerra, las pistolas y las balas, los azahares y la primavera...

Un hilo invisible que viaja desde tus labios a mis caderas, se detiene en mi vientre y allí me siembra de interminables esperas...

La lejanía me llena de amor y deseo, de rezos callados, de palabras que sólo le cuento al céfiro para que te traiga a mí de regreso y tus gemidos pongan fin a los días grises, los céfiros helados y las negras mareas...

Quiero que a tu regreso me desnudes el alma, pedazo a pedazo; que te bebas mis pensamientos, hasta el último retazo; que escuches cómo mis latidos entran en tu pecho, cómo mis piernas te abrazan y mis manos te recorren la piel, de la cabeza a los pies; cómo amorosas amenazas que quieren alimentarse de ti...


Y así poner fin a este tiempo oscuro de tinieblas negras, por más que yo luche para que se vuelvan azules...


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Re: MI BLOC, QUE NO BLOG

Mensaje  achl el Miér Ene 11, 2017 7:23 pm



Mejor así (rectificado)



Lejanía escrita. Lejanía de recuerdos

La lejanía me une a ti, mi vida, como lo están el silencio y la noche, el valor y la guerra, las pistolas y las balas, el azahar y la primavera en la ciudad de Sevilla...

Un hilo invisible que viaja desde tus labios a mis caderas se detiene en mi vientre y allí me siembra de interminables esperas...

La lejanía me llena de amor, deseo y pasión, de ruegos suplicantes, de palabras que sólo le cuento a los céfiros para que te traigan ya a mí de regreso y tus gemidos pongan fin a los días grises, los céfiros helados y las negras mareas...

Quiero que a tu regreso me desnudes el alma, pedazo a pedazo; que te bebas mis pensamientos, hasta el último retazo; que escuches cómo mis latidos entran en tu pecho, cómo mis piernas te abrazan y mis manos te recorren la piel, de la cabeza a los pies; cómo amorosas amenazas que quieren alimentarse de ti...


Y así poner fin a este largo tiempo oscuro de tinieblas grises-negras, por más que yo luche continuamente para que se conviertan en verdes-esperanza...


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Re: MI BLOC, QUE NO BLOG

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