Se llama copla democrático

MI BLOC, QUE NO BLOG

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Re: MI BLOC, QUE NO BLOG

Mensaje  achl el Jue Feb 09, 2017 5:53 pm




En busca de descendencia

Estaba yo sentado en un banco del Parque de María Luisa. El parque más grande y emblemático de mi ciudad, Sevilla. Llevaba mucha parte de mi vida viviendo y durmiendo allí, aunque no siempre en el mismo sitio, iba cambiando según vigilancia de los guardas.

Tengo 18 años y soy hijo único. Mi madre es una alcohólica compulsiva y además violenta, y mi padre es un ludópata, no menos alcohólico y más violento aún. Los problemas entre ellos eran diarios, y cada vez peores, cuyos salpicaban grandemente en mí, así que, necesariamente, tuve que emigrar a la edad de 10 años, con la idea de no regresar nunca más.

No tenía dinero, ni trabajo, ni adonde ir. El parque fue lo único que se me 'brindó. Desde el primer día por la tarde sobreviví pidiendo limosnas a la gente que paseaba por los jardines, y por la mañana, me iba al centro de la ciudad y ofrecía dibujos de personas que hacía sobre la marcha. Se me daba bastante bien dibujar a lápiz.

Hoy mi día empezó igual que todos los día anteriores, pero en la tarde, casi de noche ya, me pasó algo tan sorprendente como inusual.

Una mujer, de unos 40 años, se sentó junto a mí en el banco que yo solía hacerlo. En un principio, no le presté atención, puesto que de moneda en moneda estaba contando el dinero que pude aunar. La mujer me miraba y yo me di la vuelta y le sonreí. De repente escuché:

____¡Qué joven y que guapo eres!
____Gracias, señora o señorita -respondí.

El ambiente se puso tenso al notar cómo ella no dejaba de mirarme. El son de su mirada era persuasivo.

____Hace más de una semana que te llevo viendo y observando en este parque. Y siempre me preguntaba que qué hacía un joven tan guapo solo por aquí -dijo ella.

Debido a mi permanente extroversión, le conté parte de mi historia, a lo que ella respondió:

____Te veo triste, solitario y algo desaseado, aunque tu ropa está limpia. Yo vivo a doscientos metros de aquí. Si quieres, puedes venirte a mi casa para descansar un poco, ducharte y luego te invito a cenar algo.

Al principio dudé de su ofrecimiento, pero me pregunté: '¿qué es lo que puede perder?'.

____Acepto. ¿Cómo se llama usted? Sólo se lo pregunto para llamarla por su nombre. Creo que es más respetuoso -le dije, de pronto
____Mi nombre no importa -respondió, sorprendida del trato exquisito.

Entramos a su casa. Se veía que era lujosa y acogedora. Me indicó dónde estaba el cuarto de baño:

____Entra y dúchate. Ahí dentro tienes todo lo que necesitas, y si faltase algo, sólo tienes que pedírmelo.

Me apresuré para que ella no tuviera que esperarme demasiado. Quería ver qué había preparado de comer, pues estaba famélico. Abrí la puerta y salí del baño. Cuando miré al frente, allí estaba ella. Se había cambiado de indumentaria. Ahora llevaba camisón largo y transparente, sin bragas ni sujetador. En el camisón, semi abierto, se podía ver perfectamente la silueta de unos pechos turgentes.

Ingenuamente le pregunté:

____Disculpe. ¿Se va usted a duchar también?

Y ella, con amplia sonrisa en los labios, me respondió:

____Ahora no. Tengo algo más importante que quiero hacer.

Y de pronto, me cogió de la mano y me llevó a un dormitorio lujosamente equipado. Lo que más resaltaba era una pomposa cama en el centro de la habitación. Mi corazón empezaba a latir con fuerza. La mujer me cogió por la cintura y me sentó en el borde de la cama. Sus pezones erectos se veían a través del camisón.

____Disculpe, ¿qué está haciendo usted? -le pregunté.
____No hables, no digas nada y déjate llevar -respondió.

En ese momento, estaba claramente excitada, y yo también. Mi miembro se notaba en mis vaqueros. Ella se puso de rodillas al borde de la cama y corrió la cremallera de mis vaqueros; me miró a los ojos y me los quitó.

No llevaba calzoncillos, facilitando esto a ella que directamente cogió con una de sus manos mi pene, y con la otra mano sacó de la mesilla un bote de crema. Se echó un poco de líquido en una mano, la juntó con la otra y las frotó para enseguida untarlo en mi glande, en un movimiento lento y sensual. Imaginé que sería algún nuevo producto farmacéutico para que el pene se mantuviera en forma. Luego, hizo la misma operación en mis testículos. Susurrando me dijo:

____Échate ahora sobre la cama.

Me eché y ella gateando sensualmente se puso sobre mí. Por primera vez sentada en mis piernas, se arrancó el camisón y lo tiró al suelo, saliendo al aire unos senos medianos con unos pezones como esculpidos.

Lentamente se sentó sobre mi pubis y, con sus manos en mi pecho, se deslizó hacia abajo. En ese momento mi corazón latía a mil. El calor y la humedad que cubría mi pene combinado con los senos de aquella mujer, que se movían de arriba abajo en mi cara, es de lo mejor que he sentido en mi vida.

Ella, completamente excitada, empezó a moverse con velocidad, subía y bajaba. Sus manos apretaban mi pecho firmemente, y nuestras miradas se encontraban. La temperatura en esa cama subía y subía... Ella gritaba de placer. Sus gritos eran sexuales y placenteros, mientras no paraba de moverse de arriba abajo en la misma postura.

Mi excitación era ya demasiado, por lo que con mi boca, lengua y dedos empecé a responder a aquel buen cuerpo, aun no siendo muy joven.

De pronto grité:

____¡Ya me viene!

Con rapidez se pegó más a mi miembro, como para que le entrase todo el semen. Pasados unos segundos, se apartó cogiendo mi pene, al cual le hizo un limpiado con la boca. Pasó una y otra vez su lengua por todo el contorno, parándose deliberadamente en el glande proporcionándome el segundo placer de la velada. Era un limpiado intenso y tan sexual como el propio coito, y yo me retorcía mientras ella hacia lo imposible para que mi pene no se escapase de su boca.

Cuando terminamos, se puso de rodillas frente a mí y se pudo ver cómo se movía su garganta. Con voz de satisfacción me dijo:

____¡Qué rico! No desperdicié ni una gota.

Por mi mente pasaban muchas cosas, pero no podía más que sonreír de felicidad. Una mujer tremendamente hermosa estaba desnuda y para mí solo, regalándome la mejor experiencia sexual de mi vida.

____Ya es tarde. Voy a prepararte una buena cena y creo te vendría bien que te quedes esta noche aquí a dormir conmigo y mañana hablaremos. ¿Te parece bien? -me dijo.
____Más que bien. Gracias por tu hospitalidad -respondí tuteándola, pues vi ridículo seguir con mi usted después de haber tenida tan alto grado de intimidad.

Comí como nunca y dormí como nunca; eso sí, con un par de paréntesis que los ocupamos, cómo no, para hacer de nuevo el amor, e incluso con más intensidad que la primera vez. Además de para ampliarle, ahora que ya nos conocíamos más, la penosa historia de mi luctuosa vida.

Finalmente, quedé con mi pene semi erecto entre sus piernas, y mi mano sobre su pecho, hasta que el cansancio nos derrotó y yo no me desperté en el resto de la noche.

Al día siguiente, sobre las 11 de la mañana, la luz que se colaba por una rendija de la ventana, hizo que abriera los ojos. Yo era la única persona en aquella cama. Al levantarme, miré hacia la mesilla de noche y vi una nota sobre ella... Tenía bastante texto:


Con mi agradecimiento a mi guapo y joven amante ocasional

Hola, mi precioso anónimo.

Te ruego encarecidamente que salgas antes de las dos de esta tarde de la casa. Mi comprador de la misma llegará a esa hora. No me busques, ni preguntes a nadie por mi nombre, ni por mi paradero. Nada sobre mí.

Hace tiempo que tengo en cabeza quedarme embarazada, pero por más que lo busqué, nunca encontré el padre idóneo según mi parecer para mi posible descendencia.

Soy bisexual, tirando más a heterosexual, pero, en todo caso, me muero de ganas por tener un hijo. Aunque puedo pagarme tan alta tarifa, pues tendría que desplazarme al extranjero, por estar prohibida esta práctica en España, no me gustan los vientres de alquiler.

Por mi edad, 43, no me queda demasiado tiempo para poder quedarme en cinta. A Dios pido un embarazo de un pobre muchacho elegido por mí. Gracias por esta experiencia tan excitante.

Si en realidad no me he quedado embarazada, quizás algún día sepas de mí y lo intente de nuevo, pero si lo estoy, creo que tienes todo el derecho de conocer a tu hijo, por lo que en este caso seré yo quien te busque otra vez a ti, donde quiera que estuvieses entonces.

Gracias por regalarme una noche tan hermosa. Creo que he empezado a quererte, y no sólo por la noche tan suculenta de sexo, que también, sino por tu bonita forma de ser y por lo mucho que has sufrido. La vida te ha castigado con dureza, quizás sin merecerlo. Te deseo lo mejor del mundo. Te lo mereces. Besos.

Ah, ahí te dejé un sobre con algún dinero, pero no lo veas como pago de nada. Sólo que a mí me sobra y a ti te falta.



Luego de leer la nota, cumplí más que a rajatabla lo que me pidió ya que salí de la casa a las once y media. Abrí el sobre y, para mi gran sorpresa, dentro había la friolera de ¡6.000 euros! Me puse tan nervioso y a la vez tan alegre que en ese instante no sabía qué hacer; si buscarla por tierra, mar y aire, para devolvérselo, o invertirlo en algo realmente productivo. Y como lo primero me iba a resultar francamente difícil, ingresé en una academia para acabar mis estudios preliminares, a la vez que me alquilé un cuarto en un humilde hostal. Y ahora trabajo de repartidor de pizzas, por la tarde, y por las mañanas acudo a la academia.

A pesar de lo mal que se portaron conmigo mis padres, lucharé por ellos y a ver si consigo que salgan de la ruina en la que están. Sobre todo por mi madre, que, en cierto modo, es una víctima más de mi padre.

Me he propuesto seriamente ser alguien en la vida, más que nada por si ella contase conmigo, y ojalá haya quedado embarazada, que mi hijo o hija no va a pasar nunca lo que yo he pasado.


¿Quién dice, pues, que Dios no existe?


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Re: MI BLOC, QUE NO BLOG

Mensaje  achl el Jue Feb 09, 2017 10:10 pm




Depravación mórbida


Bajo un ángel pétreo e impasible se alarga una larga mancha de sangre, que sobre la nieve parece más roja que carmín de mujer libertina. Y entre las hojas esparcidas -muertas y angustiadas- se halla una mujer desnuda que sonríe. Entre sus muslos guarda un puñal, sus pequeños y marrones pezones parecen reventar del frío, de la mismísima pasión que emanan. Ella, tras el ardor de la muerte, se cubre con ese manto, y siente cómo la tela rojiza roza sus partes. Mira alrededor, no sin antes llevarse a la boca puñado de nieve sangrienta, limpiarse las comisuras de los labios, tragar, y mostrar en un solo suspiro el ansia y la exaltación.

Quizá se pueda pensar que mi ociosa imaginación se haya encargado de relatar este escenario, a la par grotesco y morboso, y que mis noches se abstraen en un seno imaginario, en la piel de esta joven misteriosa, pero no es así, no. Yo la ví, como he descrito, como puedo jurar que lo hice, y un fuego abrasador se apoderó de mí, de mis entrañas, de un miembro apenas capaz de contenerse. Pero he mentido, después de todo, porque no osé preguntarle qué sentía al devorar la sangre de los caídos, ni si era grande el placer que sentía metiéndose el mango de la daga, pero pensé en ello tantas veces que siento como si pudiese transmitir cada poro de su piel.

Obsesión. Escuché esta palabra de forma reiterada durante las últimas semanas. Ni siquiera Luis parece ver en mis aserciones otra cosa que la locura, y eso que se trata del único al que yo veía realmente digno. Los demás, antes de sopesar mis argumentos, creen de veras que yo mismo me deshice de las pequeñas niñas. ¡Falacias! Vi sus cuerpos maltrechos, abiertos en canal, y no sentí más que repulsión, asco ante la ausencia de pechos y vello e incluso algo de pena por haber alguien finalizado con su vida antes que tales elementos tan jugosos brotasen por mandato divino. Temí, sí, de veras temí que su asesino aún se encontrase en las cercanías y que yo tuviese que toparme con él. No era, al fin, miedo lo que sentía, sino pereza por el papeleo que correspondería a la captura o muerte de un criminal, después de todo, llevaba mi dócil carabina. De todos modos, ya veis que no sentí pesar al encontrarme de frente con el verdugo de las niñas.

Cuando la vi, ¡Dios!, no pude creerlo. Los largos rizos negros envolvían la nieve y la sangre; sus curvas eran sinuosas como estatuas que coronaban el conjunto de aquel cementerio ancestral, la faz estaba cubierta por la blancura más noble que un hombre pudo haber visto. Sus labios, duele recordar su carnosidad teñida, gotas bajando hasta el cuello pálido. Pero lo que más me extasió, aparte de su belleza, era el movimiento rítmico de su pelvis al son del onanismo. Parecía escuchar, desde tantos metros de distancia, cómo su abertura recibía hambrienta el arma homicida, y cuando quise darme cuenta estaba con mi pene en la mano, muriéndome, deshaciéndome de una emoción sucia.

Pecado, sí, eso creo que fue. Tan grande y atroz que no habrá sacerdote que regale su palabra a tipo tan vil de la Iglesia. Lástima que no pueda yo mismo absolverme, dejar ascender mi alma inmortal, mientras este cuerpo pronto putrefacto yazca en la fría tierra de mi tumba. Lo que más añoro ahora es que ella sepa dónde reposo, para violar la sepultura, introducir en su agujero la rigidez postmortem, sé que eso le gustaría.

Cuando mi semilla saltó, espasmódica, arrebatadora e incluso lacerante, creí caer al suelo de la inmensidad, de la brutalidad del placer. Mi gemido descontrolado llamó su atención y se aproximó ya con aquel manto -que podría perfectamente haber sido de armiño-, dejando entrever la mayor parte de su cuerpo. Los primeros pensamientos que cruzaron mi cabeza, mientras mi pene seguía sujeto a la tensión de mi mano, se acercaron a vislumbrar en ella el rostro del diablo. Pero cuanto más se acercaba, más me daba cuenta de que aunque así fuese, no habría resistencia posible. El rostro seguía sonriente, sus dientes asomaban, caninos, sensuales. Los pasos lentos que había dado hacia mí se ralentizaron, convirtiéndose en una especie de danza pausada, tortura de los sentidos, por los contornos de su ser.

Toda, toda mi sangre parece viajar inevitablemente a mi pubis, sólo con recordarla. Rezumaba a través del poco espeso vello que coronaba su entrada, los labios eran blandos y calientes cuando finalmente se paró  ante mí y acercó la mano que seguía aferrada a mí, hacia ella. Su clítoris estaba duro, y ella gimió a la frialdad de mis dedos, que fueron uno a uno hacia su epicentro, removiéndose angustiosos de penetrar. Tenía en una mano el cuchillo, y lo lamió mientras yo la lamía, tal metáfora, tal excelso sabor mezclado con el hierro de nuestro líquido vital, embriagó la poca cordura que quería guardar en mi interior.

Luego me lo clavó en la pierna y casi desfallezco. Justo entonces cuando la sangre manaba en río por mis rodillas, metió mi falo y se sentó encima sobre el suelo blanco y gris, en alguna lápida que no pude leer. El galope fue insaciable, debí escupir en chorro el semen que parecía aquélla tarde bajo su yugo infinito. Y mi boca iracunda buscó su cuello para morderlo, y en ello arranqué un trozo de carne, con lo cual también logró un clímax enfermizo, perverso y glorioso. Recuerdo cómo las paredes se ciñeron a mi pene, cómo de ella el líquido rociaba mi vello púbico, inundándolo, bendiciéndolo. Pero, por desgracia, no hay recuerdo de su ida ni memoria de alguna palabra pronunciada por esa boca sustanciosa, cuya lengua imagino, continua y perturbadoramente, recorriendo mi glande.

Tras el desmayo, entre la sangre perdida y el mismo agotamiento, tardé mucho en poder volver al convento. Mis hermanos vieron en mí el mal, la desgracia que había acaecido de la forma más atroz, e instigaron acerca del atraco que había sufrido.

Ya comenté, como sabéis, que nadie me cree, y poco importa, pues ella me espera, bien lo creo, en el cementerio, cuando esta herida, pequeña y sulfurante, me lleve otra vez hasta su lecho. Para siempre


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Re: MI BLOC, QUE NO BLOG

Mensaje  achl el Sáb Feb 11, 2017 4:42 pm



El sueño al fin cristalizó

Sueño que alguien hace vibrar delicadamente las cuerdas del violín de mi cuerpo. Y es un sueño que se repite con demasiada frecuencia, casi a diario, y siempre a la misma hora de la madrugada, las tres y diez, y siempre la misma pieza de música, y siempre el mismo violín, y siempre se encuentra todo muy oscuro...


____¿Quién eres?
____¿Quién quieres que sea?

Me giro. No veo nada, pero siento una presencia, oigo una música y noto un arco de violín deslizarse por mi espalda.

____Dime, ¿quién quieres que sea?
____No lo sé. ¿Quién crees que quiero que seas?

Y de ahí no salía la cosa.

De pronto, una respiración agitada suena junto a mí. Me giro de nuevo, pero no consigo ver a nadie, sólo sigo oyendo una música.

____¿Qué sientes?
____¿Qué?
____¿Que qué sientes ahora mismo?
____No lo sé… ¿Dónde estás? No puedo verte.

Y así una noche tras otra...

Más silencio, más oscuridad. Más música. Un arco de violín no para de pasearse por mi espalda. Me giro por tercera vez, pero sigo si ver nada, sólo oigo la música.

____¡¿Quién eres?! ¡¿Dónde estamos?! -pregunto con desesperación, con determinación.
____Dímelo tú. Tú me has traído.
____¿Traerte? ¿Yo? ¿Pero dónde estamos? Y... ¿quién coño eres? No soporto más esta extraña situación.

Me sujeta fuertemente por detrás. Me coge de las manos. Retira el pelo de mi cuello, lo acaricia y, de pronto, todo me da vueltas. Un torbellino de sensaciones recorre mi cuerpo. Comienza a besarme, y sus besos son peor que una tortura china. Baja lentamente por mi espalda y reconozco que soy incapaz de moverme.

Pero, de pronto, ya no oigo música.

____¿Quién eres?

No obtengo respuesta. Con respiración entrecortada me giro por enésima vez y en esta topo contra un violín. Lo siento contra mí, pero sigo sin ver a nadie. Ese arco me acaricia la cara y parece que su contacto incendia cada centímetro de mi piel.

Al fin toco esa batuta, fabricada con crines de caballo. Sin percatarme, estoy tumbada en la cama. Me quita la blusa. Suspira. Suspiro. Algunos segundos más tarde, la parte más pronunciada de esa especie de batuta se pasea entre mis senos. Y otra vez vuelve ese fuego abrasador. No puedo hablar. Mi calentón es monumental, y quien quiera que sea que toque el violín, parece divertirle. Suelta una risita y… desaparece.

____¿Dónde estás? -me levanto de la cama a ciegas y tropiezo con él. Me alza en brazos y me besa como si no hubiese un mañana. Me sujeta con fiereza. Me pone sobre una mesa. Me quita las bragas y sin más empieza a degustar la apetitosa comida ante sus ojos...

Creo morirme. Este tío juega en otra liga. Nueve su lengua como pez en agua. Come en el sitio exacto y el producto preciso. Pero justo cuando ya estoy a punto, se detiene y... desaparece de nuevo.

____'No me gustan esta clase de bromas! -y apenas acabo esa frase, me tumba más, se abalanza sobre mí y devora mi boca. Una mano sujeta mi cabeza y la otra baja a mi sexo. Y de nuevo el mismo juego. Recorro su espalda. ¡Menuda espalda! Llego a su culo. ¡Menudo culo!

Estaría tocándole todo el tiempo. Consigo colarme en su entrepierna, y ya allí, veo que cumple con creces con el pronóstico. Maravillosamente bien dotado. De nuevo comienzo a perder el sentido y… otra vez un orgasmo a medias... ¡Será capullo! Y sin tiempo de rechistar, de broncas, me penetra con fuerza, las veces que le vienen en ganas. '¡No pares, por Dios, no pares!' -grito para mis adentros.

Mi espalda se arquea pidiendo más y más, sin parar. Nota mi exigencia y me sujeta con más fuerzas. El ritmo aumenta a un grado enloquecedor. Nuestras respiraciones galopan como caballo salvaje. No lo puedo evitar. Mis uñas se clavan en su espalda, sin control, sin medida, sin cesar. A él le gusta. Aprieto, y su miembro crece y crece. De nuevo, una llamarada lo incendia todo y estallo en mil pedazos….

Recupero el aliento y le pregunto de nuevo.

____¿Quién eres?
____¿Yo?
____Sí, tú, ¿quién si no?
____Yo... yo soy un sueño -responde al fin.


Bañada completamente en sudor, abro los ojos de par en par sentada en mi cama. ¡No, no puede ser! Miro el reloj: las tres y diez de la madrugada. ¡Venga ya! ¿Un sueño? ¡No jodas!


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Re: MI BLOC, QUE NO BLOG

Mensaje  achl el Sáb Feb 11, 2017 10:51 pm



Seguro que la convenzo

Adela me ha dicho que volvería sobre las cinco, así que tengo tiempo de prepararle una sorpresa. Me haría cargo de sus facturas, eso sí que sería una sorpresa; sobre todo para mí. Pero no puedo, no tengo un pavo, más tieso que la mojama estoy.

Tengo que buscar un trabajo cuanto antes y no ser una carga para Adela. Aunque lo más probable es que sea una carga, con trabajo o no, así que, ¿para qué molestarme?

No, de verdad, tengo que hacerlo. Claro que me será difícil. A lo largo de mi vida he tenido cientos de empleos. Pero en ninguno he durado mucho, y, sinceramente, no lo comprendo. Yo sólo trataba de imitar lo que hacían mis jefes. Sus secretarias sí lo entendían, y más aún lo comprendían muy pero que muy bien. ¡Ay, las joías mujeres!

Recuerdo cuando llegué a ser ayudante del fiscal del distrito. Aquella sí que fue una buena época. El índice de criminalidad en Nueva York estaba desbocado; mi equipo y yo detuvimos y después interrogamos a miles de chorizos: ladrones, timadores, estafadores, trileros... y todo tipo de pillos. Fue aquella la época de mi vida en la que más conocimientos y mañas de mi profesión adquirí.

También fue fastuosa mi etapa de cazador en selvas africanas. Sólo cacé una pieza, era un ratoncillo al que atropellé con mi 4x4, pero los paisajes africanos eran sobrecogedores, y esas noches estrelladas, con ese cielo increíblemente nítido eran ideales para 'dormir' a pierna suelta debajo de una mosquitera, acompañado de una guapa y maciza indígena, a la que gratuitamente le enseñaría las antonomasias de la civilización. A cambio, ella bailaría en taparrabos alrededor de la hoguera, reluciendo su cuerpo ébano al fuego, y sus naturales y puntiagudas mamas apuntando hacia mí, como pidiéndome..., bueno, eso... Hasta que un día me enviaron a la más vieja de las hechiceras del lugar, y ese baile dejó de ser divertido. A ésta le hubiera enseñado yo las maravillas de una buena plancha porque la tía tenía más arrugas que toda mi ropa junta.

Aquí hay un periódico. Voy a echar un vistazo a los anuncios de empleos, y a ver qué pasa... "Se necesita un ingeniero de telecomunicaciones, con conocimientos informáticos a nivel de expansión de lugares web y amplia experiencia en lenguajes delphi, java, asp y punto net. ¡Caramba! ¿Quién es el contratante? ¿La NASA, quizás? Admito 'el francés', tal vez les sirva. 'Experiencia a demostrar en coordinaciones de equipos de desarrollos en entornos de ingeniería del software, y minería de datos'. En mis tiempos, los mineros sólo sacaban carbón. Nada, esto es demasiado complicado. Y todos los anuncios son más o menos iguales...

Ojalá pudiera rehacer el bufete de abogados que monté con mi hermano. No ganábamos un puto centavo, pero nos divertíamos mogollón. Incluso publicamos un libro que fue un rotundo fracaso, aunque nos proporcionó papel 'higiénico', para una larga temporada.

Un momento, ¿y por qué no? Puedo reabrirlo con la ayuda de Adela, si es que ella... acepta. Seremos famosos, apareceremos en todas las listas de morosos del Estado. Claro que no tengo título de abogado, pero tampoco lo necesito. Todos mis clientes eran delincuentes, y tampoco tenían título de delincuente. Puro formalismo. Y las leyes no pueden haber cambiado mucho en treinta años. Apuesto cien de los grandes a que todavía siguen favoreciendo a esos 'pobrecitos' de siempre.

Sí, eso haré. A Adela le va a encantar. Ya le tengo mi sorpresa.


Además, como ya habrán podido adivinar, no hace falta decir que soy el mejor negociador en todo tipo de contrato


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Re: MI BLOC, QUE NO BLOG

Mensaje  achl el Sáb Feb 11, 2017 11:32 pm



Le llamaban el árbol del olvido


Hola, amigo.

Cuando salí de ahí y empecé este viaje en busca de conocimientos, te prometí hacerte llegar por el medio más rápido noticias mías y también información de los extraños lugares que he visto.

Cumplo con mi promesa haciéndote saber que a meses de haber partido y después de recorrer grandes distancias, es muy poco lo que he podido aprender, pues el mundo responde a mismas reglas, por lo que más allá de nimias diferencias en la disposición de las cosas, en casi nada difiere nuestra tierra de las que hasta ahora he recorrido.

Si esperas relatos de raras criaturas te diré que desilusionado quedarás, ya que sólo faunos como nosotros y náyades como las del otro lado del río es lo que he encontrado en mi caminar. Pero en cuanto a costumbres y leyendas, llevo la cabeza llena y rebosante el corazón, pues pródiga es esta tierra en estas cosas.

La que más fresca tengo en memoria por la impresión que me ha dejado, por haberla vivido en carne propia y por haber variado el destino de mi viaje, es la del 'árbol del olvido'.

Sucede, según he podido comprender, que en esta parte del bosque que cubre las montañas que desde las rocas altas del río puedes ver hacia el sol naciente, las náyades son, si ello es posible, más bellas que las que conocemos, y también más longevas; tanto como tres veces más largas son sus vidas que las de nuestras vecinas, ya que llegan a contar doce veces cien en su mayoría, conociéndose algunas que han sobrepasado las veinte veces cien.

Dicen los que de ellas tienen conocimientos que vivir tanto cargaba sus cabezas y sus corazones de tal cantidad de recuerdos que amargadas y tristes terminaban, deseando la muerte ya desde la mitad de sus vidas y maldiciendo la longevidad que otras razas les envidian.

Hace mucho ya, una de ellas, de quien no se me ha revelado su nombre, descubrió por casualidad el árbol del que te hablo.

Según creo, esta náyade que te relato vivió las dos o tres primeras veces cien de su vida, sin conocer el amor, hasta que de alguien se enamoró, y este alguien de ella, aunque quienes lo cuentan no guardan memoria de quien se trataba. Vivieron felices en el bosque un amor que los colmaba, sin pensar en el mañana, pero este los alcanzó indefectiblemente, como a todos.

El amado fue envejeciendo, mientras ella conservaba la lozanía que la convertía en la más bella de las de su especie.

Finalmente, el tiempo mató a su amado y el sobrevivirlo por tanto tiempo enloqueció a la náyade, que una noche se internó en el bosque en busca de la muerte, que creía debía llegarle pronto a raíz de las salvajes bestias que allí moran o de los humanos que suelen recorrerlo, destruyendo toda vida que se les atraviese.

Pero increíblemente para ella misma y para todos los que hemos sabido de este relato, sobrevivió al primer día entre los montes, y cuando llegó la noche, segura de que en la oscuridad habría de cumplirse su destino, sentase bajo un añoso árbol y reclinando su espalda contra ese áspero tronco, esperó la muerte.

Parece ser que antes llegó el sueño y pasó la noche sin que ningún hecho alterase la tranquilidad de esa parte del bosque.

Con la aurora y el lejano murmullo del canto de los druidas, festejando la aparición del astro soberano, volvió la conciencia a su cuerpo y la náyade despertó.

No recordaba el motivo de hallarse en el bosque, y aunque algo entendía de sus pasados recuerdos, no lograba precisarlos, los había olvidado.

El recuerdo de su amado, el de su propia felicidad y de su posterior pena, había dejado en su cabeza una nube de piadoso olvido, y, atravesando el bosque, volvió a su morada.

Las náyades de esa región, que conocían de su tristeza y de la decisión que había tomado, asombradas estaban de verla retomar la rutina de su vida, y lo más insólito, cantando por los senderos mientras recogía, entre nueces, almendras y castañas, su sustento diario.

Tan extrañadas se hallaban que organizaron un cónclave, entre las más ancianas, para tratar el tema y se preguntaban unas a otras:

'Si todas sufrimos tanto como antes ella, ¿podríamos ser felices como lo es ahora ella?'.

Convencidas de que eso era posible por algún conjuro secreto decidieron preguntarle para gozar también de tan esplendorosa oportunidad.

Al ser interpelada, únicamente pudo relatar lo que vagamente recordaba de aquella noche y que no debe de haber diferido mucho de lo que yo te cuento.

Puestas ya al tanto de todo lo ocurrido, las náyades concordaron que el secreto debía estar en ése árbol; la afortunada, también de acuerdo, las guió hasta él.

Una por noche y por un riguroso orden de edad, durmieron bajo el tupido follaje, perdiendo sus tristes recuerdos y recuperando su felicidad.

Desde entonces hasta ahora, cuando una náyade comienza a cambiar su alegre carácter juvenil por una gran ansiedad, las más viejas las llevan al bosque, a dormir bajo el árbol.

Hasta aquí la historia como te la cuento debe parecerte inverosímil como a mí me hubiera parecido, si no mediaran circunstancias especiales, que paso a referirte.

Antes de conocer estos hechos, ya que era la primera noche que pasaba en estos lugares, me hallé en un bosque al anochecer y, cansado, detuve la marcha junto a un arrollo donde refresqué mis pies en agua clara.

Cené algunos tallos tiernos de hierba y busqué algún lugar donde dormir. Sabes que a mi edad creo ya tener la vida aprovechada, y no temiendo la muerte, no gasto tiempo en precauciones, así que me dispuse a pasar la noche bajo un árbol.

Como podrás imaginar, el árbol elegido al azar, por extraña casualidad, es el mismo de esta historia.

Avanzada ya la noche, pude conciliar el sueño, y durante esas horas, los recuerdos de mi infancia y mi juventud volvieron con extraña nitidez, y los detalles más insignificantes se me presentaron palmariamente y nada escapaba a tan inaudita revisión.

Desperté al alba, recordando cosas insólitas de mi pasado; por ejemplo, el lugar exacto donde dejé mi primera flauta, cosa que no pude recordar en su momento teniendo que darla por perdida.

Confundido con esta nueva dimensión de mi memoria, a punto estuve de abandonar el viaje y regresar a mi casa, junto a ustedes, en ese preciso instante para pasar lo poco de vida que pueda quedarme, entregado al recuerdo de lo conocido, más que al aprendizaje de lo ignorado.

Pero quiso el azar que al emprender la vuelta topara con un campamento de nuestros congéneres y, bien recibido, conté mi extrañeza e informado me pusieron al tanto de la historia.

Supongo que, como a diferentes especies, el árbol afecta distintamente a faunos y náyades, bendiciendo a ambas.

A las longevas, quitando de su alma los recuerdos que en su larga vida van acumulando, y a nosotros, que sólo vemos unos cuantos inviernos, potenciando nuestras vivencias para que nuestras cortas vidas sean más plenas.


Amigo, como ves, el mundo guarda aún muchos secretos para los de nuestra raza, pero creo conveniente dejar a los más jóvenes la tarea de desentrañarlos; yo, por mi parte, regresaré a tu lado y prometo, junto al calor de la hoguera, contarte el resto de las leyendas que hasta ahora he podido saber


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Re: MI BLOC, QUE NO BLOG

Mensaje  achl el Dom Feb 12, 2017 12:13 am



Y me dijo que sólo era universitaria

Al edificio llegó una vecina nueva. Como presidente de la comunidad, me presenté a ella para explicarle las reglas de la vecindad. La nena era lindísima: rubia, alta y un culo ¡ohh!, senos grandes y firmes y cara de muñeca. ¡Y caliente, que eso se veía! Tenía 19 años, y me dijo que era universitaria. Ese día vestía vaqueros ajustados. Había traído a su nuevo piso una bicicleta estática; sí, esas para mantenerse en forma. Se despidió de mí con dos besos y me dejó hirviendo...

Pero, al poco, problemas... Resulta que en las noches recibía a hombre en su casa. Las viejas del lugar eran quisquillosas y empezaban con sus cosas: 'que si gente rara en los pasillos, que si los autos ocupan todos los aparcamientos, que si tanta movida...'. Mi mujer me dijo que antes que tuviese que soportar un desfile reclamando, se iba con su madre. Un día llegué tarde a mi casa y andaba en mi busca un tipo maduro. Cuando, al fin, nos vimos me preguntó por la ‘chica que atendía'.'¡Ay, que la muñequita es putita!’, pensé.

Hablé con ella. Vestía esa vez traje ceñido de escote ¡ofú! ‘Lista para atender’. Me rehuía mientras decía que sí, que era ramera de noche, pero para pagarse sus estudios. Seis meses llevaba en ese ambiente y ya se había mudado cinco veces de piso, por lo mismo, por los vecinos. Le sugerí por su discreción y que 'se lo hiciese' en otros lugares, y también que en lugar de recibir de afuera que se publicitase entre los vecinos. Sonrió y contestó que no era una mala idea. De pronto, puso una mano en mi bragueta y me dijo, con ojos pícaros: 'si quieres ser tú el primero de este edificio en degustar los productos de mi negocio...'

Sin pensar, le bajé el escote y, dejando sus senos duros al descubierto, se los besé. Después me llevó hasta el sofá. Acabé de desnudarla y disfruté de lo lindo de aquel diminuto tangas. Se los quité con la boca y luego saboreé su entrepierna, poblada de abundantes vellos rizados.

____¡Ay, vecinito; esto no estaba incluido en los servicios! -me dijo.

Pero ya nada quitaba mi lengua y mis dedos de por allí.

____¡Qué cuernecitos más afiladitos tienes, vecinita! –le dije.

Me desvistió totalmente y me hizo una felación. Para sólo tener 19 añitos, sabía bien cómo sacarle punta al lápiz. Entonces nos fuimos a su cuarto: un auténtico burdel. Había instalado espejos en paredes y techo, y luces rojas y pantalla con canal porno. Me puso el forro, y primero misionero, perro después y rematamos la faena con un sincronizado galope, mirándonos en los espejos.

____Vecinito, espero me ayudes con los otros -me dijo, al 'acabar'.
____Será nuestro secreto, vecinita- y empecé a vestirme de nuevo.

La nena terminó con la gente de afuera y empezó a 'hacérselo' con los vecinos del edificio, incluido un abuelo, que parecía revivir. Las viejas ni piaban, de lo bien que nos lo montábamos, teniendo nuestro propio burdel, en el cual gozábamos de sexo joven y oculto, mientras la bella universitaria ganaba sus buenos euros. De hecho, 50 por barba, pero a todos regalaba unos minutos extra. Por ser el presidente me lo hacía gratis una vez por semana. ¡Claro, es que yo la ayudé en eso de la publicidad y le compré lencería picante y juguetes sexuales...!

Los sábados nos reuníamos varios vecinos en el piso del único soltero del edificio, que mientras se lo ‘hacía’ con ella, los demás tomábamos algo y veíamos el partido. Las viejas creían que éramos fanáticos del fútbol. Y si las cosas se alargaban, llevaba a algunos más a la cama. Y a veces sorteábamos el orden para dar morbo al asunto.

Y así, tres años. ¡Qué bellos! Me la tiré tanto que conocía cada palmo de su cuerpo, cada lunar, cada pliegue de su increíble anatomía. Ganó pasta y nuestra amistad. Se le presentaba algún problema, y ahí estábamos. No tenía de qué temer. El último año fue el no va más, pues se puso silicona en las senos e incluyó el griego en su menú ¿Saben, por casualidad, quién fue el primero en colarla en aquel apretadito ojete? Jajajajajajajaja…


Mucho lo sentimos todos los vecinos 'de calle', con disgustos incluidos, cuando nuestro objeto del deseo más preciado terminó su carrera, se tituló y cambió de ciudad


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Re: MI BLOC, QUE NO BLOG

Mensaje  achl el Dom Feb 12, 2017 2:09 am



Mara

No comía desde el jueves, y ya era sábado, y mi barriga crujía como viejo somier. Me fui hacia la nevera, y cogí lo primero que encontré, y después volví de nuevo a la mesa de la cocina y me senté en una silla. Nada más sentarme, llamaron a la puerta. Era Mara, mi vecinita mulatita, que tenía un modo de mirar, de reír, de contonearse… Así que apenas hablamos. Lo justo. Antes de un segundo, ya la tenía abierta de piernas sobre la encimera, o como leche se llame ese mueble. Pero como la incomodidad le estaba pudiendo al deseo, nos miramos, sonreímos y, sin más, pasamos a mi dormitorio, directamente a la cama.

Mi mulatita gemía y gemía... Tenía que hacer un esfuerzo de tres pares de narices para poder contenerme. Y en ello estaba, aguantando como buenamente podía. Pero, súbitamente, clavó sus uñas en mis nalgas.

Tremenda Marita. No paraba la joía. ¡Jo, ardían mis pelotas! Y ahí seguía ella. Entonces le cogí las senos, como un poseso. Le comí la boca, mordiéndole los labios. Le metí dos dedos ahí abajo, y empezó a gemir con más fuerza. No quería 'irme' todavía, pero ella se dio la vuelta, aun mi miembro dentro. Y... no sé cómo lo hizo, pero yo miraba las vigas del techo para no echar a perder todo antes de tiempo, cuando vi que lo hacía otra vez, como una árabe; sí, esas mujeres que hacen virguerías con sus partes íntimas y por ende con todas las que pasan por sus camas.

____¿Qué es lo que acabas de hacer, y repetido? -sorprendido le pregunté, pero tremendamente excitado.
____Nada. Sólo me he dado la vuelta. ¡Pero cállate y sigue en lo que estábamos!

No podía más. Le di besos apasionados por todo el cuerpo, esos que tenía en lista de espera desde hacía unas cuantas semanas que no pasaba ella por mi casa. Se estremeció toda entera. ‘Sí, sí mi mulatita es muy ramerita en la cama’, pensé. Y después, antes y durante el disfrute, así la iba llamando repetidamente: ¡ramerita, ramerita…!

No sé explicar cómo me 'fuí'. En menos de un segundo, sentí un calambrazo. Mara ya no gemía, gritaba. La colmé de besos de fuego. Después se reviró y me miró con pasión. No dijo palabra alguna, seguía empujando contra mi cuerpo. No dejaba de mirarme con pasión, deseo; no apartaba los ojos de mí, la sentía desde lo más profundo. Pero ni se movía ni abría la boca, sólo se dejaba hacer. Pero cuando culminamos, 'yéndome' de nuevo yo solo, sin esta vez esperarla a ella, para sí compartir mi disfrute. Saqué mi miembro de su caverna y me relajé un poco.

Pero, de pronto, saltó de un brinco de la cama y se fue como un rayo al cuarto de baño. Yo seguía tendido en la cama. Al poco, escuché abrir la puerta de mi casa y a continuación un fuerte portazo.


Sonriente y relativamente confundido, lancé un par de besos al aire, y después me quedé dormido


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Re: MI BLOC, QUE NO BLOG

Mensaje  achl el Dom Feb 12, 2017 3:53 pm





Tu orquídea

La auténtica revelación era mi pene hiriendo tu vulva-orquídea, puliendo los márgenes, licuándolos, como se liba el néctar, de dentro afuera, con repiqueteo adorable de gotas de lluvia espesa, tatuadas todas ellas con tu nombre.

Te recuerdo sentada sobre mis rodillas, enamorada de la cadencia de mis muslos, lo que se dice frotándonos a pierna suelta. Entonces giraba en el asiento, y tú conmigo, juntos, y sin soltarte, lamía tus pezones de sal, y a ti la voz se te iba suelta, como perra sin correa, loca, joven y loca, con la lengua fuera, babeando...

Mis dedos en tu culo, dentro y fuera y hasta el fondo otra vez, de tu culo, mordientes como hormiga, el roce insensible de mis uñas zajando el velo interno, túmido y mojado como se rasga la cortina de un teatro, lo mismo que se matan vergüenzas y tú me prometías que todo y que jamás antes de mí, y yo cuanto más tú, más ancho y más completo, más rotundo cual trozo perdido de algo suelto y libre al aire o flotando sobre el fondo de un acuario.

Mordía tu boca, labios como neumáticos, chicles, media luna sin bordes, comisuras, y tú te revolvías como si no quisieras, pero sí, no te detengas, continúa, y mi mano otra vez y de nuevo tus nalgas, tus labios, tus ojos, y de nuevo la lluvia y tu marca en mi espalda...

Pero hace tanto tiempo ya de eso...


¡Dios, mi vida! ¡Cómo te echo en falta!


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Re: MI BLOC, QUE NO BLOG

Mensaje  achl el Lun Feb 13, 2017 7:34 am



¡Viva la vida!

____¡Vente, Currito, vente a un sitio guay! -le dijo Pepelu.
____Maolito. No tengo ganas y además estoy bajo de ánimo.
____¡Bah! Tú te vienes, que esta noche lo vamos a pasar de puta madre.
____¿A dónde?
____A Sevilla. A un sitio de lujo. Hoy mojamos, fijo. Vente, no seas tonto y déjate de tonterías.
____¿Puedo ir con los botines nuevos?
____De eso nada, Currito. Te arreglas como tú sabes y te lavas bien tus... bueno, ya sabes. Además, van a venir el Rafi, el José y el Luis. Verás tú qué fiestón nos montamos.
____Eso lo hago todos los días, Maolito.
____¿Pegarte un fiestón?
____No, lavarme los..., que pareces tonto. Sabes que siempre tienen que estar en perfecto estado de limpieza, que estás empanao.
____¡Así me gusta, tío!

Y se fueron y llegaron...

____Oye, Maolito, qué te iba a decir. ¿Tú estás seguro de que este sitio es de lujo?. Es un club un poco cutre, ¿no?
____Bueno, visto desde fuera no parece gran cosa, y es porque estamos hablando de un lujo tirando a casero. Pero cuando entremos, verás qué chavalas. Auténticos pivonazos. Que te lo digo yo. ¡Im-presionantes, ya verás. Mira, ahí están ya los compis.

Delante de una puerta de color morado, situada entre una carnicería y un videoclub con un cartel de 'Cerrado porque no hay más cojones', estaban el Rafi, el José y el Luis (éste como un Pitbull con gafas de sol a las dos de la madrugda), americana negra y colección verano de bisutería, colocada estratégicamente en sus dedos, cuello y orejas, ah, y en una ceja. Estaba echado en el dintel de la puerta, controlando el percal. Me alegré porque eso quiere decir que estamos hablando de un local decente, en el que se vigila la integridad física del personal. ¡Es un fenómeno este Maolito!

Se me acercó primero el José...

____¡Vaya, vaya, vaya...! ¿Pero cómo estamos? Como siempre por lo que veo, alicatao de cabeza a pies cual marqués, eh! ¡Venga un abrazo joder! ¡Pero qué artista eres! ¿Cómo va ese gimnasio? Te veo más cachas, tío.
____Ya no estoy en el gimnasio, Currito. Me borré.
____¡Ah, coño! ¿Y eso?
____No había nivel.

El José desapareció detrás de una cortina llena de mierda, con una rubia delgaducha. El Pepelu estaba detrás de un macetón, sentado al lado de una tía que tenía la cabeza entre sus piernas y la movía como si... bueno, no sé cómo explicarlo... A ver, que yo no quise pensar mal y ustedes me van a perdonar la grosería, vale, pero que vamos, que así, a bote pronto, parecía como si le estuviera comiendo el rabo, con perdón. La cuestión es que al Pepelu se le veía tras el macetón, el gintónic en una mano y el Marlboro en la otra y una cara de felicidad que para qué. Luego, el Luis, con una jamona con las piernas repletas de varices y las tetas cada una hacia un punto cardinal, se subió escaleras arriba (a saber dónde). Otro que triunfa. Y por último, el Rafi, bailando con estilo, cubata en mano sin derramar una sola gota, ¡como tiene que ser!, con dos tías que cada vez que se agachaban se les veía... vale. Yo, a esas alturas no estaba seguro del todo pero como disco desde luego se me antojaba que era muy rarita. Qué pena no haber conocido sitio así cuando era chaval y tenía melena, con unas hembras tan aparentes...

____Oye, papi, ¿tú quiere que nosotros dos nos subamos a un sitio más romántico, mi amol?
____Mujer, yo no quisiera molestar.
____No, mi amol, para nada. Si tú quieres yo esta noche soy toda tuya. Mira, papi, ¿no te gusta mi cuelpo?

Dicho esto, y sin avisar, metió una mano dentro del sujetador y se sacó la teta más grande del mundo. Si esto no es amor, que venga Dios y me lo explique.

Arriba había un largo pasillo, lleno de puertas a ambos lados. Me metió por una de ellas a un cuarto donde hacía un calor para reventar.

____Ay, papito, tenemos este cuarto pa nosotros, mi amol. Tiene el aire acondicionado estropeao, tú sabes. Espero que no te importe.
____No pasa nada, Blanquita. Tú no te preocupes.
_____Eres un cielo. Voy un momentito al lavabo, ¿ok?
____Aquí te espero, reina.

Me quedé en pelota picada y me tiré en la cama. Crujió un muelle. Había un espejo enorme en techo y una caja de condones encima de la mesilla de noche. Y también el mando de la tele. Encendí el aparato esperando que saliese alguna peli porno, para entrar en ambiente y eso, y en lugar de ello apareció en pantalla un tío con barbas, vestido de romano o algo así, con cara de mala leche, que cogió y le metió una leche a un mulato, bien vestido, y lo tiró a un pozo. ¡Hostia, tú, esto me suena!

____¡Blanquita! -la llamó-. ¿Cómo se le sube el volumen a esta tele?
____Ya salgo, mi amol.
____Mira, así... -lo subió apenas salió del lavabo.

Blanquita estaba mirando hacia Cuenca. Y yo no sabia bien hacia dónde. Era la primera vez que un culo me cohibía, lo reconozco. Pero resulta que no estamos hablando de un culo corriente. ¡joder!, eran dos enormes bolas de hormigón antiaparcamiento, pintadas de negro, claro. Fíjate que abrí completamente los brazos y ni así podía abarcarlo. Eran dos montañas con un valle en medio. El triángulo trasero del tangas, lo veía bien, pero luego, la tira del mismo, inmediatamente después se perdía en las profundidades abismales de esas dos masas de carne compacta. Porque esa es otra: tras un primer contacto manual, pude ver incrédulo que estaba duro como mármol; y por si fuera poco, respingón. Me agaché un poco para ver dónde estaban las vigas de soporte y... ¡no había ninguna! ¿Pero esto cómo se aguanta? Cosa de brujas, estaba claro. Le di un beso con devoción a mi crucecita de Virgen del Roío, me armé de valor y lo miré de nuevo en su total su extensión; dos praderas oscuras que se perdían en el horizonte, divididas por el Gran Cañón del Colorado, me devolvían la curiosidad, desafiantes, así como diciéndome: 'a ver si tienes huevos de no echarme cuenta'.

____Blanquita, ¿tú sabes que tu culo tiene un trabajo de tres pares de cojones, hija?
____jijijiji -se reía como coneja la muy jodía.
____Mira, vamos a hacer una cosa. Tú quédate quietecita, vale, porque yo para esto necesito coger fuerza, ¿comprendes? Me quitaste antes media vida, y te aseguro que no me voy a dejar la otra media en esta campaña. Así que vamos a estudiar la situación y a tomar las medidas pertinentes. Tú sabes lo que te digo, ¿no?
____¿Así estoy bien, papi?
____Perfecta. A ver... ¿hay teléfono en el cuarto?

Después de 'funcionar' con Blanquita...

Perdí no menos de dos o tres kilos: los dos bocadillos de jamón, las dos litronas y los dulces. Chorreones de sudores caían por mi frente. Ahora bien, hay que decir que los perdí muy a gusto, las cosas como son. Más perdieron los espartanos, que no quedó ni uno de vivo para contarlo. Que les den por saco. Por gilipollas. Mucha gloria y mucha leche, pero se les acabó el follar. Hay que ser necio. Pero bueno, que sea como sea, hay que reconocer que debajo de las faldillas los tenían bien gordos, eso sí.

____Adiós, Blanquita. Dios te bendiga entre todas las putas de Sevlla -le dije encaminándome hacia la puerta.
____Ay papi, ¿pero a dónde vas, mi amol?. Tienes que pagarme, tú sabes. Son 100 euros, pero te lo dejo en 80 porque me has tratado bien.
____Blanquita, los novios se tratan bien. ¿Tú no querías ser mi novia?

La enorme negra me miraba con ojos muy abiertos, sin saber qué decir. Desanduve mis pasos hasta la cama, la cogí por la barbilla, dulcemente, como en las películas de amor americanas, y le dije:
____¿Desde cuándo una novia le pide moni a su amor por un revolcón? ¿80 euros? -continué - 80 pollazos te pegaba yo a ti, reina, puedes estar bien segura de ello. Pero va a ser que no.
____Papito, tú no te metas en follones. Yo te amo. Dame los 80 y te hago feliz un ratito más gratis. ¿Sí?
____Tú también tendrás siempre mi amor empinao, como Dios manda, ya sabes. Gracias por la oferta de todos modos, Blanquita. Otro día, si eso, vendré con una fiambrera y unas pastillas de vitaminas; más preparado, en definitiva, para ese culo que tienes que quita to el sentío.


Ay, papi. Pero tú me vas a pagar antes de irte, ¿verdad?


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Re: MI BLOC, QUE NO BLOG

Mensaje  achl el Lun Feb 13, 2017 9:52 am



Sevillano sexo en Lazio

Estuvo esperando a su amante Lucio durante casi media hora, hasta que decidió salir de la terma e ir a buscarle a su casa. No era habitual en ella ir tras hombre, pero tampoco lo era que la dejaran plantada.

Gritó hasta desgañitarse cuando al llegar a su habitación no hubo manera de hallar la última túnica que había adquirido. Era costosa, y no aparecía por ningún lado. Sin duda, el nuevo esclavo que le había enviado su padre tendría la culpa. Ese mestizo la sacaba de quicio.

Él no había nacido para recibir ordenes, pero ella disfrutaba con ordenarle lo que fuera, con idea de ver su cara contraída, su mandíbula apretada, y esos ojos azules, hondos y feroces, acatando sus órdenes sin poder hacer nada para remediarlo.

Pero ahora no era el momento de regodearse en ello. Realmente estaba muy enfadada por no haber podido encontrar su carísima túnica.

____¡¡Esclavo!! -gritó fuera de sí, liada aún en una enorme sábana de lino que había utilizado para secarse.

Vociferando cruzó el atrio para buscar a ese bárbaro que no atendía a su llamada. Lo encontró en el pasillo, cerca de su habitación.

____¿Por qué no contestabas?

No dijo nada. Solía permanecer en silencio cuando la veía enfadada.

____¿Dónde está mi túnica de seda?

No contestó. Se limitó a negar con la cabeza, sin dejar de mirarla, como si quisiera atravesarla con los ojos.

Ella pensó que alguna otra de sus esclavas podría ayudarla a encontrarla.

____¡Avisa a Claudia, y dile que vaya a mi habitación!
____Claudia no se encuentra.
____¡Eres un perfecto inútil, no sé para qué mi padre te compró! -gritó enloquecida– ¡Vamos, llama a cualquiera otra!
____No hay nadie más.

Se le heló la sangre al constatar mentalmente que tenía razón. Estaba a solas con ese esclavo, imponentemente macizo. Cuando reparó en que él debía estar pensando lo mismo y que miraba de manera extraña el inicio de su escote, poco ocultado por la tela que aguantaba con una mano en el pecho y otra en su espalda, dio un paso atrás.

Él se movió a su vez hacia delante.

____¿Qué crees que estas haciendo? -le dijo con un hilillo de voz.

Él se acercó hasta estar a su altura y atrapó la fina tela que la cubría y la contempló un par de segundos ante la perplejidad de ella.

____¡Haré que te azoten por esto! -le dijo, indignada.

El esclavo, luego de parar su mirada en sus grandes senos y en los cada vez más endurecidos pezones, la cogió por la cintura y la puso sobre sus amplios hombros para llevarla hasta su habitación.

____¡Ordenaré que te maten! -gritó cuando la dejó caer sobre la cama.

Él se despojó de su túnica y la tiró al suelo. Le respondió:

____Pero antes que me maten, nadie te va a librar de lo que te voy a hacer.

Ella se levantó cual resorte y le encaró, pero él no medió palabra. Deslizó una de sus manos por la espalda desnuda de ella y se agachó para meter uno de los pezones en su boca, succionándolo.

De pronto le dio la vuelta entre sus manos y la echó de nuevo en la cama donde besó su culo, mientras ella se sostenía sobre sus extremidades. La atrajo hacia sí cogiéndola por las caderas y la embistió con fuerza.

Se le fue todo el aire contenido en sus pulmones mientras sentía enorme miembro entrar en su vagina. El latir de su corazón se desbocó con cada embestida y una plácida sensación recorrió todo su cuerpo hasta llegar a los dedos de sus manos.

____No me extraña que siempre estéis en guerra si así es como hacéis el amor -dijo ella tras una de las fuertes embestidas.

Pero él seguía con sus toscas formas penetrándola con furia desmedida que la atrapaba en un placer al que no estaba acostumbrada, pero no por ello menos satisfactorio.

Súbitamente se apartó para darle la vuelta otra vez y atrapar sus manos por encima de su cabeza. Con la otra mano empezó a acaiciar sus pechos, mientras volvía a penetrarla con fuerza.

Ella no podía dejar de mirarle a los ojos con los suyos excitados.

Con un rugido que le excitó más aún descargó totalmente en el interior de su cuerpo y luego se desplomó sobre ella con todo su peso.

Ella cayó bajo su cuerpo pesado, pero se escabulló para verlo todavía con la respiración y el corazón acelerados.

Le miró tendido de lado, apoyando su cabeza en el antebrazo, y suspiró lentamente mientras esperaba a que se recuperase.

____Ahora te voy a enseñar yo cómo lo hacemos las sevillanas -y cogiendo sus manos, empezó a succionarle los labios entre los suyos.
____¿Qué haces? -preguntó él, pero dejándola hacer.
____Te explicaré sin palabras por qué los sevillanos no adoran a los dioses de la guerra como hacéis vosotros, sino que construyen templos a Venus.

Siguió besándole hasta encontrarse con su ardiente lengua y entrelazarla con la suya con suaves movimientos.

Él la miró con los ojos abiertos de par en par.

____¿Cómo lo hacéis las sevillanas?

Dejó de besarle el cuello por un momento y contestó con una pícara sonrisa.

____Despacio, muy despacio -le explicó inclinándose sobre su cuerpo mientras situaba su cabeza sobre su bajo vientre-. Tenemos todo el tiempo del mundo...


Entonces, ella, con esa maestría sexual sevillana, le dio a probar a su esclavo la sabiduría de su lengua succionando lentamente pero sin parar su miembro viril


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Re: MI BLOC, QUE NO BLOG

Mensaje  achl el Lun Feb 13, 2017 10:58 am



Labrándome un futuro

Sentados en la salita, degusto un whisky mientras Teodora toma un té. Té blanco, me dice, el último grito en tés. Al parecer te mantiene joven, pues tiene más antioxidante que el aceite de engrasar, menos cafeína que otros tés, y ataca al colesterol, a los triglicéridos y a los radicales libres. Como la policía de mi época, que también atacaba a los radicales libres, sí, a esos del Partido Comunista. En cuanto al colesterol y los triglicéridos, no recuerdo que existieran esas opciones políticas en mis tiempos, si es que eso es lo que eran. A mí eso de triglicéridos, más bien me suena a extraterrestre, como los plactonitas.

____Teodora, tengo algo que proponerle. Le agradezco mucho su hospitalidad, pero creo que debo buscar un trabajo y devolverle algo de lo mucho que ha hecho por mí.
____No se preocupe, Fredy. No me sobra el dinero, pero puedo acogerle sin problemas hasta que esté usted preparado para emprender el vuelo.

La sola idea de marcharme de su lado me duele como una factura de mi tendero, frutero, zapatero... como cualquier factura, vaya Pero disimulo y continúo:

____Yo trabajé de abogado con mi primo y tuvimos mucho éxito entre la baja sociedad de Sevilla. Ningún cliente regresó para reclamar, tal vez porque todos acabaron condenados y en la cárcel. Me siento capaz de revivir esa época, puesto que no creo que ninguno de ellos sobreviva a estas alturas.
____¿Está seguro? Mire usted que las cosas han cambiado mucho desde entonces.
____¡Bah, no se preocupe, Teodora! Soy un auténtico experto en pleitos. En cada juzgado de la ciudad hay un asiento reservado con mi nombre. Aunque en vez de asiento, le llaman 'banquillo'.
____¿Y cómo piensa establecerse? Necesitará un local, mobiliario y captar clientela.
____De momento me basta con un cuarto, aquí, en su casa. He pensado en el cuarto de la plancha. Puedo usar la tabla de planchar como mesa. Pondré un anuncio en el periódico y haré una oferta: 'la primera condena les saldrá gratis, y la segunda sólo pagará las costas del juzgado y nuestra cuenta semanal del supermercado.
____En fin, Fredy, usted sabrá lo que hace. Por mi parte, le cedo el cuarto de la plancha, a condición de que luego de las consultas se ocupe usted de la misma.
____¡Trato hecho, Teodora! No se arrepentirá. Jamás he quemado una sola camisa. Siempre las he quemado de dos en dos.
____Está bien, Fredy. Redacte usted el anuncio y mañana yo misma me encargaré de mandarlo a publicar.
____¡Eso está hecho, señora mía! Aunque, por si las moscas, no usaré mi verdadero nombre, adoptaré una falsa identidad.

El anuncio:

Caló&Calé Abogado
Reconocido especialista en Derecho Civil, Penal, Laboral, Mercantil, Católico, Apostólico y Sevillano. Y sobre todo, en Bodas y Divorcios de gitanos gay y gitanas lesbianas.
Miércoles, día especial del mangante. Descuento 10%.
41013 Avenida de la Tranquilidad 69. Las Tres Mil Viviendas (Sevilla) junto a la carretera de Su Eminencia.


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Re: MI BLOC, QUE NO BLOG

Mensaje  achl el Miér Feb 15, 2017 10:07 am



Se ponen a hablar de sexo


Anoche, con Loli, la amiga ninfómana de Alex, el propio Alex, gay, y yo, en un bar, hablamos sobre sexo...


Empezó Alex diciendo que hacía ya más de una semana que no se metía una rosca y que ya era hora de 'culear' de nuevo, pero que 'aquellos' que se ofrecían a él, no eran pa su culo.

Yo confesé, sin rubor, que me la casco a diario, como un loco. Y algunos días varias veces. Pero ningún problema con eso. Todo el mundo debería sobársela con frecuencia.

Loli, al loro, me miró a los ojos, divertida. Incluso diría que le gustaba o le interesaba el tema. Me preguntó:

____¿Y si tuvieras pareja seguirías cascándotela?
____Por supuesto que sí.
____Sabrás que eso es una forma de infidelidad.
____Pues tu padre estaría de acuerdo -interviene Alex, afirmando que el padre de Loli es psicólogo en sexo.
____Mi papi está loco de remate.
____Pero, por lo general, los psicólogos saben lo que dicen.
____¡Y qué...!

Loli vuelve a dirigirse a mí.

____Oye, ¿y por quién...?
____¿Por quién qué?
____¡Qué por quién te la machacas!
____Por todas. Más tarde o más temprano, todas caen.
____¿Qué todas caen...? ¡Jajajajaja! -ríe a carcajadas.
____Sí, y en tu caso me 'voy' muy rápido.

Loli sonríe sin dejar de mirarme a los ojos. Como un acto reflejo, empieza a rodear el vaso con la mano. No aparta la vista de él. Bebe un sorbo de cerveza y sigue mirándome a través de la curva del vidrio. '¿La tendrá de este tamaño?', susurra para sí.

____Y eso no es todo...
____¿Qué no es todo? ¿Qué más haces?
____¿De verdad te interesa?
____Interés, lo que se dice interés, no sería la palabra. Siento morbo.
____Bueno, a veces saboreo el semen.
____¿El tuyo?
____De quién si no.

Los ojos le bailaban a la ninfómana

Alex seguía expectante la conversación.

____Pues yo no lo saboreo, me lo bebo -dijo Loli
____¡Ahora o nunca! -me dijo Alex, mirándome.
____¡Cierra la boca! -le dijo Loli, sonriendo nerviosamente, y mirándome, añadió-: oye, no sabía yo que tú eras tan morboso.
____Pues ya ves....

Alex hace entrechocar los hielos en su vaso. Mira a Loli y le dice:

____¿Os dejo solos?
____A Loli le encantaría -respondo mirando a Alex e intentando rozar un muslo de ella por debajo de la mesa.
____¡La verdad es que sí! -Loli se mordió el labio inferior.

La voz de Loli sonó líquida, lúbrica, como lanzada a través de las paredes de su ardiente vagina. Durante más de un minuto, unos ojos ninfómanos me atraviesan de parte a parte...

Se hace silencio lujurioso. Alex se revuelve incómodo en su silla. Cupido prepara sus flechas de carne. Siento que acabo de follarme a Loli. 'Esto es lo que viene siendo un polvo mental', pienso...


...y, súbitamente, noto mis calzoncillos mojados


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Re: MI BLOC, QUE NO BLOG

Mensaje  achl el Miér Feb 15, 2017 2:22 pm



El palmito de la señorita Oriol

El día en que la doncella personal de la adinerada señorita Oriol cayó enferma y murió y tuvieron que poner en su puesto a otra mujer, cuya torpeza no le permitía ni siquiera encender un triste fuego, fue cuando Guille, obrero de su hacienda, se obsesionó con ella y... con su cuerpo.

Aquel día, la nueva doncella hizo llamar a un obrero, escogido al azar, para que encendiese la chimenea y así calentar el cuarto de su señorita en aquella fría noche. El elegido fue un tal Guille, el cual entró al cuarto apestando a caballo, y que al instante se puso manos a la obra. Y fue cuando habló por primera vez con la señorita Oriol. Era guapa, pelirroja y metidita en carnes. Esa noche iba ataviada con un picardías negro transparente, que dejaba ver nuena parte de sus encantos. Su rellenita figura relucía más todavía a la luz de la vela que Guille llevaba en la mano y que luego entregaba a su ama.

A Guille se le encandilaron los ojos, y muy poco faltó para que su desconcierto le costase una quemadura, pues no podía apartar la vista de aquel par de senos que el picardías dejaba entrever: redondos, firmes y de rosadas lancitas. Cuando la señorita puso la vela sobre la mesilla, para acostarse, la luz iluminaba su pubis y entonces se podía ver una mata pelirroja que por allí anidaba.

____¡Quillo, te vaj a quemá! -gritó la criada, que era una castiza pueblerina sevillana, devolviéndole a la realidad.

El chico apagó el leño que sostenía cubierto en llamas, pues se acercaba peligrosamente a la lujosa alfombra.

____Ea, po ya te pue jí -le dijo la criada.
____Y deja de pajo ejo en la lavandería –se apresuró en añadir, señalando una cesta con ropa sucia.

Y así lo hizo. Después se fue a su trabajo procurando disimular la enorme erección bajo sus pantalones.

Ya en su trabajo, de pronto recordó la ropa interior que había en aquel cesto. Se fue de nuevo a la lavandería, mirando a un lado y otro, y asegurándose de que nadie le viera buscó en el cesto y apareció una prenda íntima. Olía a perfume caro. Pegó la nariz a la zona que corresponde a la parte delantera e inhaló con fuerza, y el olor le pareció una mezcla de marisco y alguna flor embriagadora. Estuvo un buen rato con la prenda en la nariz, mientras tenía una erección tan fuerte que pensó que la presión le iba a romper la bragueta.

A partir de aquel día, una obsesión por su ama y por su increíble cuerpo nublaba todos sus sentidos. La conocía de pasada desde que empezó a trabajar en su hacienda, año atrás, pero nunca había pensado en ella de esa manera, en que ahora lo hacía. No podía quitarse de la cabeza la guapura de su cara y su figura desnuda, que vio o creyó ver aquella noche en que fue a encender la chimenea. Finalmente, acabó por perder el control de su imaginación y de su miembro

Mientras llevaba el ganado a pastar o iba a laborar en el campo, era incapaz de centrarse en las tareas. Sólo hacía imaginarse a su señorita desnuda, acariciándose sus redondos y generosos pechos e introduciéndose sus dedos en ese bosque de pelos de su entrepierna, y acercándose a él para darle a probar el líquido de su fruto, con olor tan embriagante que loco le volvía. Y luego él idolatraría hasta el último palmo de aquel cuerpo, con besos en la boca, los senos y los muslos, empapados del fluidos que con tanta abundancia había, y por último hundiría su lengua en la cueva de su ama y ahí quedaría, embriagándose con el olor que salía del cesto con la ropa sucia.

____¡Guille, ¿estás empalmao?! -era el capataz del cortijo, quien de pronto lo despertó de su porno letargo.
____¡Yo... no... yo... no...! -eso fue lo único que pudo decir, pero tartamudeando.
____¡Entonces, sácate el pepino que llevas ahí y deja de arar el camino, que el campo está en la otra dirección!

Los otros obreros se echaron a reír, y Guille se dio cuenta de que su erección era tan grande que se podía ver desde lejos.

Pasaba el tiempo y el rendimiento del pobre muchacho cada vez bajaba más, a la vez que su imaginación iba a más morbosa, y siempre con su señorita de por medio.

Un sábado por la noche el capataz lo invitó a un puticlub, y a ver si eso le calmaba. Pero de nada sirvió: ninguna de aquellas hermosas prostitutas se podían comparar con su ama.

____¡Más te vale que aprendas a controlar esa nutria que ocultas bajo los vaqueros porque como sigas así, no tendré más remedio que despedirte! -le dijo, muy en serio el capataz.

Animando a su mente pensó que debía declararse a su ama. Era probable que lo rechazase, y si no, el ricachón del padre no iba a consentir que su señorita hija compartiese cama con un simple obrero, por lo que acabaría echándole de su hacienda. Pero como eso último parecía inevitable, decidió hacer lo pensado.

____Me llamo Guillermo, pero me dicen Guille. Estoy trabajando en su hacienda. Una noche encendí la chimenea de su cuarto, y esa noche estaba usted en ropa de dormir, y luego su doncella me ordenó llevar su ropa sucia a…

____No sé qué decirte… -le interrumpió, dejando finalmente salir su voz, tan dulce como su cuerpo.
____¿Pero mi ropa sucia? -le preguntó, de pronto.
____Sí. Y desde entonces estoy enamorado de usted.

La señorita adoptó un gesto de confusión y luego respondió:

____¡Pero si mi ropa sucia siempre la recogen por las mañanas, nunca la dejan para por las noches! Esa cesta debía contener ropa interior de mi padre, cuyo cuarto está ahí arriba -señaló con la mano.

A Guille le entró un asco súbito. Corrió a las afueras del caserón y ya allí se puso a vomitar. Su ama lo siguió, sin poder contener la risa. Una vez al lado de él, le miró y le dijo:

____Mira, Guille, mi padre es viudo, y supongo que se dará algún que otro homenaje –hizo gestos obscenos con una mano, cuyos provocaron que el muchacho vomitase más.

____¡Soy un imbécil!-dijo Guille, entre lágrimas.

Ella volvió a reírse, pero le dio pena lo estrechó entre sus brazos.

____Tranquilízate -le dijo limpiándole la cara-. Anda, ve a lavarte y cuando termines vuelve aquí sin que nadie te vea -añadió.

La mirada que Guille le dedicó a su ama fue tan sincera, que la conmovió. En esa noche compartieron cama, siendo Guille el primero en quitarse rápidamente la ropa

____Tu miembro parece impaciente -dijo mirando su paquetón erecto.

Dicho eso empezó a desvestirse despacio mostrando cada parte de su cuerpo, como sirviendo su carne poco a poco. Primero los muslos, gruesos y firmes, cuyos Guille besó. Y luego recorrió con su lengua las piernas y lamió cada uno de los dedos de los pies.

____¡Jo, qué fogoso…! –exclamó la señorita.

Se quitó el vestido y, quedando completamente desnuda, se volvió hacia Guille, que, loco con los senos, lamía su lengua los botones amarronados. Llevó dos dedos ahí abajo y empezó a agitarlos. Mientras enloquecido seguía lamiendo su espectacular cuerpo. Su ama, con palabras calientes, intentaba calentarle más aún:

___¡Pues sí que sabes tú encender bien las chimeneas! -exclamó, mientras guiaba la boca de Guille hacia su ya húmedo sexo.

Guille seguía navegando por aquel palmito, dejando atrás cara, tetas y culo, y, parándose en la vulva, llevó la nariz hasta ella y se aclaró su duda; el olor era más glorioso que el que recordaba de la ropa de la cesta. Pasaron toda la noche haciendo el amor. Alcanzaron amos dos climax, pero Guille tenía que irse antes del alba, pues sería catastrófico que el padre de ella los sorprendiese juntos.

____Deseo que volvamos a vernos. Sólo pienso en esto –le dijo Guille, entusiasmado, antes de salir.

¡Claro que sí! -exclamó ella, y añadió:- pero la próxima vez tráete contigo a Pablo, a Juan, a Pepe, a Julio, a Adrián, a Julián... e incluso a las dos hijas del capataz. Todos ellos trabajan contigo en mi cortijo y también vienen por aquí, atraídos por mi cuerpo


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Re: MI BLOC, QUE NO BLOG

Mensaje  achl el Miér Feb 15, 2017 11:51 pm




A reina muerta, reina puesta

Nunca la engañé, ni a ninguna otra, pero estaba tan despechado que quería vengarme. Ella me dejó. Mi trabajo, mi tarea en casa, esa necesidad de concentrarme en una relación tan tormentosa y en la mierda que disparan las mujeres cuando te quieren fuera de su vida, me tenían trastornado. No era mi primera novia, pero estaba enamorado de ella.

Pasados unos días de nuestra separación, una noche de viernes me animaron unos amigos a salir para dar una vuelta. Sí, esos amigos que nunca fallan en estas ocasiones, en que sólo bebes hasta vomitar. Me llevaron a un cabaré. Apenas entramos se nos acercaron tres chicas, ataviadas con diminutas tiras de tela que apenas cubrían senos y pubis. Mi pena se escondía bajo aquellas curvas que aturdían mi libido. Pedí un whisky, endulzándolo con la compañía de jóvenes bellezas junto a mí. Mis amigos pagaron los alternes de las chicas y mi whisky, con tal de verme ebrio con la chica que había elegido

‘Mi chica’ era bonita, pero le sobraba maquillaje, que unido a su pelo teñido a rubio, la convertían en toda una clásica de cabaré. Intentaba hablar hablar con ella, pero la fuerte música y sus besos ávidos, de propina, lo impedían. Finalmente, me dejé llevar acariciando sus sus senos operados y su redondo trasero; justo como me gustan a mí. No tardamos en pasar a un reservado, ante fuertes gritos de júbilo de mis colegas, tan ebrios como yo, que bailaban y manoseaban a sus acompañantes.

'El servicio privado' que había contratado y pagado yo, 'mi chica' lo ejercía en la misma habitación donde vivía. No era demasiado ordenada. Había bolsos colgados y ropa por todos lados. En el espejo de su baño, había una foto de un niño y una pegatina de Brad Pitt. Generalmente, nunca entro en estas cosas, pero quizá el exceso de alcohol me llevó a preguntarle por la foto; respondió que era su hijo y que lo había parido a los 16 años. El padre de esa cándida criatura huyó apenas supo del embarazo, y ella sola tuvo que trabajar duro para conseguir dinero para sí, para su hijo y para su madre, que cuidaba al niño. Una conocida de ella, también cabaretera, la había llevado a ese cabaré. Dos años ya ganándose la vida a costa de llenarse el buche con porcachonas bebidas y ‘servicios privados’. No sabía por qué, pero empezó a caerme bien. Quizá por pena o quizá por mi relación sentimental hecha añicos, la traté con cariño.

Los dos nos acostamos totalmente desnudos y, muy cachondos, empezamos a besarnos apasionadamente, como dos novios. En absoluto se cortó  para bajar hasta mi bragueta a hacerme una felación de campeonato, apretada y húmeda. Hacía unos ruidos que me excitaba cuando succionaba, a la vez que ‘acariciaba’ mis bolas con sus largas uñas. Recordé a mi ex y a lo que le costaba hacer sexo oral, pues pasaba de eso la muy estúpida.

Y llegó mi turno: la puse bocarriba y empecé a lamer sus senos, grandes pero bien puestos, y en los que pude ver las marcas de la operación. Nunca hasta ahora había gozado de senos operados pero me gustó. Bajé poco a poco hasta su entrepierna, mientras ella reía por las cosquillas. Ya allí sentí un olor disímil; mezcla del calor del momento y de las muchas horas que llevaba ya trabajando en el cabaré. ¡Pero qué diablos! Había pagado buen mony como para no degustar todo lo que me ofrecía aquel bombón. Así que, lengua a destajo en su puesta en marcha, la lamí entera. Ella, sin poderlo evitar, arqueaba la espalda de puro placer. Hasta que me puso el forro y la penetré. Besaba mis pezones mientras hacíamos el amor. Luego, a ‘lo perro’; ¡qué lindura de culo! Aun las estrías, era un grandioso culo, en el que pude cabalgar a mis anchas.

Sentí lástima por los chillidos que emitía, pero estaba tan en mi faena, tan a gusto y tan caliente que no paré hasta ametrallarla. Pero no podía eyacular, por tanto alcohol que ingerí, resistiendo estoico mi pene. Pero pocos minutos después triunfé y luego me eché de lado en la cama.

Se pegó a mí y quedamos medio dormidos. Sólo recuerdo que le pregunté si le había dolido por haberla sodomizado, y me respondió que sí, pero que le mereció la pena porque el orgasmo experimentado no lo había tenido con ningún otro, ni tan siquiera con el papá de su hijo, del que estaba enamorada y que creía la satisfacía en la cama. No respondí a ese respecto, ni alardeé de macho ibérico. No es ese mi estilo...

Al día siguiente desperté asustado en su cama. Miré a derecha e izquierda y ella no estaba. Era más de mediodía. '¡Jo, mi trabajo!', pensé. Se había desmaquillado, lo que la hacía más bonita aún. Me había preparado un copioso desayuno. Mientras daba cuenta de él, me contó que me quedé frito y que pensó en despertarme pero que me vio tan plácido que desistió. Añadió que yo le había contado mi ruptura amorosa y que ella lloraba durante mi relato.

Luego bajó a la sala, donde Igual tuvo que mentir por esconderme. Estaba yo ya libre de resaca y quería irme, pero me dijo que podía quedarme allí, con ella, que no empezaba a trabajar hasta las diez. Me gustó su oferta, así y que me eché en el sofá. Vio que yo tenía frío, tiró de manta y se echó junto a mí, besándome. Luego, abrazados y charlando, nos quedamos unas cuantas horas...

Nos levantamos del sofá a las cuatro y pico. No podía creerme la aventura tan loca que estaba viviendo. Pero me sentía feliz. Y a ella también la veía feliz. Hablamos sobre sus sueños, su hijo, su ex, mi ex… Le sugerí cambiase de trabajo. Le prometí buscarle uno ‘más propio’. No quiso aceptarme dinero por sus atenciones hacia mí, ni por el desayuno. Su respuesta fue que ya era amiga mía, lo cual no me desagradó. Finalmente, nos despedimos con un tierno beso y un no menos tierno abrazo…

Ya solo en mi casa, estaba nervioso; no podía dejar de pensar en 'mi chica'. Me enternecía toda ella. Empero, me evadí un poco y me metí en mi correo para leer los nuevos mensajes. Tan enfrascado estaba en ello que casi no oí el sonido de mi móvil. Al fin lo cogí. Era mi ex, quería conversar, que la perdonase...

Pasados veinte días de aquella salida nocturna, volví con mi novia y al mismo tiempo empecé una relación con Soledad, que así se llama 'mi chica'. Pero al poco acabé con mi novia para unirme con Soledad. Actualmente tenemos un hijo en común, más su hijo, a quien también quiero y protejo.


Ella trabaja en su propio local de peluquería y belleza para señoras, y yo sigo con mis negocios


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Re: MI BLOC, QUE NO BLOG

Mensaje  achl el Jue Feb 16, 2017 9:51 am



Tenía que salvar a su abuelo

Aquellos seis años de gorrión saltarín abrieron la puerta de la calle luego de que su mamá le diese un pequeño botijo para el abuelo, su padre. Así que la niña salió con él en su mano derecha y enfiló cuesta abajo, feliz y satisfecha consigo misma por tan importante misión salvavidas.

Su abuelo había olvidado en la casa el agua, y ahora estaba en la era con este calor, muerto de sed. No podía perder más tiempo. Su abuelo era su vida, y de él la de ella. Ese amor de abuelo nieta y de nieta abuelo que a veces supera al de hija padres, padres hija.

Miró repetidamente el botijo con regocijo, con satisfacción, con orgullo... Era el agua fresca que salvaría de la sed a su abuelo. Nada ocupaba su cabecita más que eso en ese momento. Pero, ¿estaría el agua tan buena como a ella la parecía? Decidió comprobarlo.

La alegría y la impaciencia se mezclaron en su mente. Veía el agua fresca saltar dentro del botijo, y el abuelo esperaba que alguien de buena fe se acordara de él. La niña pensó en su abuelo disfrutando de un refrescante y vivificador trago, en su sonrisa de satisfacción. Pensó en ello mientras bebía de su botijo, pequeño juguete de niña, pero tan grande como para llevar tan enorme alegría.

'¡Sí que está buena el agua!' -gritó a aire.

Ya había vuelto la esquina de las últimas casas, ya podía ver la era objeto de su agobiante impaciencia. Pero, pensó: '¿seguirá este agua fresca o se habrá calentado por el camino?'. Tenía que asegurarse. Levantó el botijo y probó otro trago. 'Sí, el agua sigue fresca'.

A lo lejos, vio la arrugada y castigada figura de su abuelo, moviéndose por los caminos de la era.

Le gritó:

____¡¡Abuelo, abuelito, te traigo agua!!

Y así gritaba, a la vez que levantaba y columpiaba el botijo con la idea de que su abuelo pudiera verlo en la distancia. El abuelo se alzó y se quedó mirando la pequeña imagen que corría hacia él.

Parecía no entender. La impaciencia seguía golpeando su cabecita con el deseo de que el gran alivio a su abuelo del alma llegara cuanto antes. Si la veía beber, el abuelo entendería y empezaría a disfrutar del agua fresca que le llevaba. Y bebió un segundo y un tercer trago de su gran pequeño botijo. Ya no quiso bebe más al pensar...'como siga bebiendo, mi abuelito se va a quedar sediento'. Así que paró de beber y se apresuró más hacia su abuelo.

Ya estaba a tan sólo unos pasos de su abuelo, cuyo la miraba sonriente, entre satisfecho y socarroncete:


Abuelito, aquí tienes tu agua


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Re: MI BLOC, QUE NO BLOG

Mensaje  achl el Jue Feb 16, 2017 2:37 pm



Poderes innecesarios

Marta descubrió a sus ocho años que era una heroína, pero esto era algo que no la emocionaba. Sobre todo, porque sus poderes eran una bobada. Básicamente consistía en que, si se concentraba lo suficiente, según iba caminando dejaba tras sí un rastro de zapatillas iguales a las que llevaba puestas en ese momento. Es decir, en lugar de huellas, dejaba zapatos, y todos del mismo número y, por suerte, uno de cada pie. Estaba bien para alguien que ideara montar una zapatería, pero su madre tenía una tienda de ultramarinos y no le apetecía cambiar de negocio. Además, le dijo que aquello era muy raro y que procurase no hacerlo más, porque la gente no lo iba a entender. Así que la niña se vio obligada a ocultar su súper poder tan inútil, del que nunca habló a sus amigos por el miedo a que se riesen de ella.

Pero Marta, aun niña siendo, veía mucha televisión y sabía que un súper héroe no tenía que menospreciar sus poderes, por ridículos que fuesen. Quizás llegase un día en que se hallase con otros niños con poderes tan estúpidos como el suyo y todos juntos lograsen unos súper poderes que acabasen con las armas de destrucción masiva, el calentamiento global, la alergia al polen, el cáncer, el sida..., o con todo a la vez.

Así que todas las tardes, justo antes de cenar, se iba a un patio de atrás de su casa, donde practicaba escondida tras la ropa tendida. Con el paso del tiempo, logró que las zapatillas cambiasen de color. Las había verdes, azules, amarillas, rojas... pero siempre de igual número y modelo. Luego de acabar recogía su rastro de zapatos de colores y salía de casa con una enorme bolsa negra que tiraba en el contenedor más cercano. Cuando su maestra tutora le preguntó un día qué quería ser de mayor, le respondió que ella montaría una tienda de zapatos.

____Pero, Marta -le dijo la maestra-. Eres una niña y tendrías que aspirar a algo de más nivel que no una simple tienda
____No -contestó la niña-. Sé que eso es lo que quiero -añadió.

Desgraciadamente, nunca conoció a ningún otro niño con súper poderes.
Ser heroína, no evitó que creciese y que dejase de ser niña. Su pubertad fue difícil por continuos enfrentamientos con su madre que se empeñaba en que la ayudase con el negocio y las labores de casa, mientras que su padre y sus hermanos mayores no parecía que tuvieran más obligaciones que comer, salir con sus amigos y hablar como cerdos.

Marta veía cómo sus amigas salían y se divertían, y a ella le parecía que la vida simplemente se le estaba escapando de las manos. En los pocos momentos libres de los que disponía tras los estudios y el cumplimiento de sus numerosas tareas, se quedaba embobada viendo la televisión. Se enganchó a varias telenovelas y soñaba con príncipes que la rescatasen de aquel mundo en el que se sentía prisionera. Dejó tan de lado su súper poder que le parecía más estúpido que nunca, incluso llegó a pensar que alguna vez lo hubiese tenido. Más tarde recordaría esa etapa de su vida como un borrón negro.

Pasaron lentamente los años, y los cursos, y finalmente llegó el momento de la temida Selectividad, a la que Marta se presentó con un nudo en el estómago. Fue entonces cuando se produjo un pequeño incidente que no sólo le recordó su extraña habilidad, que había permanecido agazapada esperando a poder manifestarse de nuevo, sino que, por primera vez, fue consciente de hasta que punto eso de los zapatos podía ser un auténtico engorro.

El examen de Matemáticas resultó una trampa mortal llena de problemas ininteligibles de difícil resolución que le hicieron sufrir de nervios. Cuando quiso darse cuenta, ya se había comido el bolígrafo. Y si no fuera poco, al levantarse para entregar su examen en blanco, tropezó con una hilera de zapatos rojos que empezaba bajo su pupitre y llegaba hasta la puerta de la clase. El profesor, que pensó que se hallaba ante una nueva técnica en el noble arte de gestación de chuletas, suspendió a Marta sin tan siquiera dejarle tiempo para parir una mentira que explicase tal desmadre.

Tras la pésima nota en Selectividad, llegó la temida bronca de su madre y el fulminante castigo: fue condenada a otro año de trabajos forzosos en la tienda de nombre absurdo que odiaba con todas sus fuerzas. Maldijo al profesor, a su madre, a la tienda, a su estúpido e inoportuno súper poder y a todo el calzado en general.

Se durmió en un río de lágrimas de auto conmiseración, y en sus sueños la persiguió un implacable ejército de zapatos de tacón. De madrugada, despertó sobresaltada en una pesadilla inundada de sandalias amarillas. Al incorporarse, comprobó que las sandalias estaban sobre su cama, bajo ella, por todo el suelo, e incluso se perdían de vista bajo la puerta de su dormitorio. A duras penas, se hizo paso entre ellas y logró llegar hasta la puerta, tras la cual seguían avanzando emparejadas, como si marcasen una senda de baldosas. Siguió su rastro por el salón, los pasillos e incluso más allá de los muros de casa. Cuando salió a la calle, cayó en la cuenta de que sólo vestía pijama, pero no hacía frío y tampoco habían vecinos chismosos que la espiasen, así que siguió caminando a paso rápido. Poco a poco las sandalias iban alejándose de allí, del barrio, y Marta tras ellas. Siguieron la carretera un trecho y se desviaron por un camino de tierra que se adentraba en lo profundo de un campo. Al echar la vista atrás vio que el camino había ido desdibujándose a sus espaldas, pues tanto las sandalias como sus propios pasos parecían haberse esfumado como por arte de magia.

Pensó que ya no sabría volver a su casa, pero no le importaba. Porque lo único que dejaba atrás era el lastre de un pasado, sin el cual caminaba ligera, casi sin apoyar los pies en el suelo. Cuando divisó el último par de sandalias, supo que había llegado al final del camino. Y allí precisamente, en un claro del campo, apenas iluminado por tenue luz de la media luna, se encontró con el par de zapatos más grande que jamás había visto. No era un cuarenta, ni un cincuenta. Era, como mínimo, un ciento cuarenta. Y para colmo, hablaba con un marcado acento andaluz, a veces indescifrable.

____No nos culpe, niña -decían los súper zapatos al unísono.- El esamen lo suspendería de toas formas. Estudiá es callejón sin salía. Tenéi tienda, pero vendéi producto equivocao. Recuerda que tienes tos los sapatos der mundo a tu disposisión.
____Pero... -replicó ella a los súper zapatos-. ¿Qué tipo de súper poder de mierda es este?

A lo que contestaron con una risa hueca que resonó en su cabeza con tal fuerza que volvió a despertar, pero esta vez en el mundo real.

Esa misma mañana, durante el desayuno, la familia de Marta la encontró más extraña que de costumbre. Hablaba consigo misma y llevaba puesta una sonrisa tonta en la cara que no presagiaba nada bueno. Cuando salía de casa para dirigirse a la tienda, que había que abrir a las nueve, hizo lo impensable: se quitó los zapatos, se agachó para recogerlos, los lanzó lo más lejos que pudo y los siguió con la mirada hasta que aterrizaron en el jardín de uno de sus vecinos.

____¡Se ha vuelto loca! -exclamó uno de sus hermanos en voz alta.

Marta se volvió entonces hacia ellos, que la miraban asustados desde la puerta de la cocina, y mirando a su madre, dijo:

____¿Sabes algo? Acabo de percatarme de que la auténtica súper heroína de esta historia eres tú, que nos trajiste al mundo, nos has criado, te has ocupado de la casa, del inútil de tu marido, de tu puta tienda. Pero, ¿para qué quieres tu súper poder si no te ayuda a ser feliz?

Y sin más, se alejó calle abajo descalza, como si andar sin zapatos fuese natural. Marta nunca llegó a la tienda, simplemente desapareció. Como si perder los zapatos le hubiese dado la facultad de salir volando hacia otro mundo.

Durante un relativo tiempo circularon rumores sobre su posible paradero. Algunos afirmaban que la habían visto en la ciudad, Sevilla, donde había abierto una tienda en que vendía zapatos parlanchines. Otros la situaban en un chiringuito de una playa gaditana, trabajando de camarera. Con el tiempo, los rumores se fueron apagando y sólo la mamá de Marta seguía recordándola cada día durante las labores de la casa y en el trabajo de la tienda de ultramarinos.

Harta Marta ya de esperar la comprensión de sus padres y sus hermanos, la llevó a ser una terrible contestataria, hasta el punto de decirse para sí algo que en realidad iba dirigido a su madre...


Sí, poseer poderes especiales es una tarea muy dura. Pero, sobre todo, si tu marido y tus otros hijos son unos auténticos cerdos, carentes de sensibilidad y comprensión


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Re: MI BLOC, QUE NO BLOG

Mensaje  achl el Jue Feb 16, 2017 8:41 pm



Letal al acecho

Bajo la negrura de la noche, casi invisible y con aleteo silente, un búho se cernía sobre un incauto roedor, demasiado grande para ser un ratón, demasiado pequeño para ser una rata.

____¡Parece una cobaya, papa! -gritó entusiasmado Curro.

Como cada verano, padre e hijo salían casi todas las noche, prismáticos en mano, para observar los movimientos de los animales nocturnos en la finca familiar. Pese a que el niño se consideraba a sí mismo como 'mayor' por tener ocho 'añazos', seguía entusiasmándose como el primer día.

____No es una cobaya. ¿No ves la cola? -dijo Paco.- Es una ardilla -añadió a la vez que el pobre animal profería chillidos lastimeros reo de las garras afiladas del rapaz.

Curro miraba la escena con frialdad y entereza impropia en niño. Sus ojos azules intensos se quedaron prendados de la orgía sangrienta que estaba desarrollándose ante el. Sin pestañear y sin inmutarse siquiera.

Era la primera vez que presenciaba una escena como esa. Era la primera vez que veían en directo la lucha por la supervivencia en la Naturaleza.

____¿Sabes, papa? Si naciera de nuevo, me gustaría ser búho. Es el malo perfecto: rápido, invisible y sigiloso. No deja huella y es muy eficaz.

Paco dio un respingo. No podía creer lo que estaba escuchando por boca de su hijo, que no sólo disfrutaba con la carnicería que tenía ante él, sino que había descrito perfectamente el modus operandi de un asesino.

____Sí, sigiloso, así es, sigiloso -dijo a la vez que un escalofrío recorría su espalda. Tragó saliva- –será mejor que nos vayamos ya a casa -añadió.

'Si gi lo so', repitió para sí dos veces más, tomando rumbo hacia el viejo caserón, ubicado en el corazón de la finca, en medio de la arboleda.

Todavía impactado por lo sucedido, Paco arropó al pequeño Curro y le dio su correspondiente beso de buenas noches.

____Sigi... sigiloso -dijo Curro con expresión triunfal.

____Muy bien -le premió su padre revolviéndole la mata de pelo rubio.

Tras asearse y ponerse su raído pijama de verano, Paco encaró la puerta de su cuarto, pero cuando las yemas de sus dedos no habían hecho más que rozar el pomo, notó una corriente de aire a su espalda que le heló la sangre. Lentamente y con su castigado corazón a doscientas pulsaciones comenzó a darse la vuelta.

____Papá, ¿tú crees que mamá volverá algún día? -preguntó Curro con los ojos bañados en lágrimas.

Aliviado ya, Paco abrazó a su hijo y, mirándole a los ojos, le fue franco.

____Mamá no va a volver, hijo. Mamá está en el cielo con el abuelo, pero ya hablaremos de eso -y ahogó las lágrimas.- ¿Quieres dormir esta noche conmigo? -añadió.

____No, da igual. Es... es sólo que la hecho en falta -dijo entre sollozos.- Tengo que ir a hacer pis -concluyó, mientras se iba hacia el aseo.
____Yo también la hecho en falta -contestó pesadamente Paco, sin saber el poco tiempo que le quedaba para reunirse con su esposa.

Tras bajar a comprobar que la puerta de la calle estaba cerrada, volvió a dirigirse a su cuarto. Abrió la puerta y no le dio tiempo a reaccionar y ver lo que se abalanzó sobre el.

Como un rayo, una sombra lo atacó. Sobresaltado y desorientado, sintió un corte en el pómulo derecho, donde comenzó a manar un buen chorro de sangre tibia que le empapó casi toda la cara.

Un intenso dolor en el pecho hizo acto de presencia. Un dolor que le era familiar, y que se agudizó y le paralizó el brazo izquierdo. No pudo gritar, y cayó fulminado al suelo.


Mientras exhalaba su último aliento y se agarraba desesperadamente a la vida que le quedaba, pudo ver un búho, 'sigilosamente' apoyado en la barandilla de la escalera


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Re: MI BLOC, QUE NO BLOG

Mensaje  achl el Jue Feb 16, 2017 10:30 pm




Boquete de enormes dimensiones

No sé que pensar ni que decir, las pisadas cada vez se hacen más fuertes y mi oído retumba como si en él hubiese un tambor haciendo temblar mi cerebro. Hora llevo debajo de la cama de mis padres. El tiempo empeora, las nubes cubren el lugar, los truenos alumbran el cuarto que expectante espera que aparezca, entre la amenazadora oscuridad, una bestia, o algo producto de mi imaginación. Escalofrío me recorre, y mi única luz era mi linterna, pero la batería se había agotado.

Las pisoteadas se acercaban más, haciendo que mis nervios se aceleren al máximo. ¿Qué será? No parece humano. Nadie de este planeta puede hacer tal ruido. ¿Y los rugidos? Esos, rígidos y espantosos, parecen los de un tigre famélico oliendo comida: yo, la comida de esa bestia que espera el momento idóneo para abalanzarse y destrozarme.

Jamás pensé que me podría pasar esto. Nunca creí en estas cosas, pero hoy tenía que pasar estando solo en casa; pero, ¿qué podía hacer? Sólo tengo 13 años y no puedo llamar a la policía, no me creería y me tildaría de loco. Pero me da miedo bajar. Siento frío detrás de mí en la oscuridad, como si algo me estuviese observando con ojos siniestros.

Hace unos días leí en un diario que habían experimentado con monos en laboratorios y los resultados eran impresionante, horripilantes. Monstruos sin piel que no podían pensar, sólo oler carne humana para alimentarse. Pero nunca creí ese tipo de historias, ni en cosas por el estilo.

Estudie las posibilidades para salir de la habitación, sin que esa cosa me atacase, cuando un fuerte golpe se escuchó en la habitación del al lado. Me paré y puse el oído en la pared para tratar de escuchar. Nada. Tenía que ir, la curiosidad me mataba pero la bestia estaba ahí, lo sabía, sentía su olor fétido y veía los pelos que salían de su espalda, en la única parte que tenía. Era repugnante y se veía hambriento, muy hambriento, y yo era su presa.

Me fijé que en el cuarto había una puerta, no sabía a dónde llevaba, era mi primera noche en esa casa nueva y no la conocía del todo, la abrí, me llevó a un pasillo y luego al baño, justo donde quería llegar, abrí la puerta y mi sorpresa fue más grande. Un boquete gigante en pared. Me asomé y no parecía tener fondo. Pero lo más raro era que se reflejaba cual espejo, espejo que al otro lado era igual al baño de mi casa. Con miedo y manos temblorosas, me acerqué y toqué con cuidado aquel boquete que estaba en la pared observándome, como si tuviese vida…

Eran las seis de la mañana, me desperté en mi cuarto con frío y con una extraña sensación de humedad en la espalda y parte del pecho. Estaba confundido. No sabía si lo había soñado o si era verdad. Tenía recuerdos del la bestia que me asechaba en la oscuridad, y lo último que recuerdo es el boquete desde donde me miraba con odio o al menos así lo veía yo. Definitivamente estaba en mi casa. Sentía cómo mi madre ponía platos para el desayuno, así que me levanté y fui a por ropa a mi ropero. Pero la sorpresa fue la más horrible de todas las cosas que había soñado. Dentro del ropero estaba la bestia que tanto me había asechado en mis sueños, horrible como ella sola, sin vello, excepto en la espalda. Colmillos largos, enormes y afilados, con grandes y fuertes garras y ojos saltones como un sapo, orejas largas y caídas. Quedé mirándole un rato sin decir palabra, apenas podía moverme, ni gritar. Pero si todo había sido un sueño, ¿por qué la bestia seguía allí? ¿Sería el boquete del baño un portal hacia otro mundo, o quizás hacia el sueño?


Lo único que sabía es que después de lo vivido y lo soñado, trataría por todos los medios no volver a soñar


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Re: MI BLOC, QUE NO BLOG

Mensaje  achl el Vie Feb 17, 2017 9:42 am





¿Incompatibilidad?, no. Incomprensión, sí


Se sentía como una estúpida, como engañada. Mirando por la ventana las lejanas estrellas, muy quietas en un cielo sereno, no podía disfrutar de la noche. Esa quietud no podía entrar en su revuelto espíritu, algo que de ninguna de las maneras se planteaba.

Se había dejado engañar de nuevo, y ya eran demasiadas veces de lo mismo. Ni siquiera había intentado contarle sus ilusiones para aquel día. Porque eran ilusiones lo que llevaba. Él había llegado con su plan hecho y la había puesto en marcha. Y ella se había olvidado de todo viéndole feliz y esperando su compañía. Poco más deseaba.

¿Pero, cómo era posible que él no se diera cuenta? Y esto era algo que se repetía en ocasiones anteriores.

Bueno, en realidad, la culpa era suya, ya que le había acostumbrado a su asentimiento sonriente. Quizás pensase que en aquella cabecita y en aquel corazoncito no había algo propio, nada fuera de su propio reflejo. Quizá ni se le había ocurrido que ella también era un ser individual. Cosa que siempre se debe tener en cuenta para la buena marcha de cualquier relación, ya amistosa, ya sentimental.

¿Y de quién era la culpa? ¿No era de ella, por ser estúpidamente feliz por sólo viendo que contaba con ella y la quería? Quizá si la amase fuera otra cosa…

Ella no había hecho caso a su propia individualidad, desde hacía ya mucho tiempo, y esta comenzaba a rebelarse. Comenzaba ya a rugir, dando verdaderas patadas. Y le dolía. La dolía, sobre todo comprender que si no hacía algo, no podría manifestarle todo el amor que le tenía. Ese amor se pudriría en su interior, ahogado por esa sensación de engaños que lo inutilizaba. Se convertiría en furia, en deseo de rabiosos ataques. Y eso era injusto. Era injusto para él y también injusto para ella.

El amor que le tenía... ël nunca la había dicho que la amaba. Siempre: 'te quiero'. Y ese 'te quiero' ahora le sonaba a posesión, a deseo de tener.

Ella nunca le había querido tener, se había conformado con verle feliz. Y tampoco iba a permitir que la tuviera, que la confundiera con un objeto de su posesión.

Al día siguiente haría ella los planes. Él se enteraría de que también ella tenía planes, ilusiones, deseos, ideales... Un mundo propio.

Y con ese propósito firme, ilusionante, se había dormido, por fin, y había descansado.

Al despertar encontró una mañana radiante. El sol entraba a raudales por la ventana. El día olía a frescor y a novedad. Pero… ¿qué pasaba? ¡Ah, sí!


Algo en su interior la empujaba, acuciante, a ponerse a trabajar. Por su individualidad. Por su amor


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Re: MI BLOC, QUE NO BLOG

Mensaje  achl el Vie Feb 17, 2017 12:51 pm



Eres una ganadora

Y ahí estás, en la orilla del mar, donde debí mirar en primer lugar antes de lanzarme a una búsqueda frenética. El mar; tú y el mar. Seguramente una seña de identidad, que a su vez es la mía también, con la que mejor empatizas. Saliste corriendo del chiringuito, sin dar explicación alguna, como si te hubieras acordado de algo que tenías que hacer y que habías olvidado. No estoy seguro, pero creí ver deslizar una lágrima por tu cara cuando giraste repentinamente la cabeza y emprendiste la huida.

En un principio me quedé bloqueado; todo el mundo me miraba en forma desaprobadora, tal vez pensando que te había confesado una supuesta infidelidad, o la ruptura de la relación. Pero nada más lejos de la realidad, simplemente estábamos bailando, y yo estaba diciéndote que esa noche brillabas 'eres una ganadora'. Poco a poco fui reaccionando y asociando acontecimientos; primero te saqué a bailar (y eso que no sé bailar bien), luego sonreímos por mi torpe ritmo, hicimos algún chiste al respecto, nos miramos a los ojos, y, sobre el brillo de ellos, dejé escapar aquella frase, sentida y sincera. Luego se desencadenó el desenlace, inesperado para mí, y seguramente para ti también. Ahora te sigo observando, aún con el rostro congestionado de tanto correr, pero me voy aliviando de la tensión con la que te he buscado estos minutos atrás.

Miro alrededor, y voy asimilando el olor a mar; entra en mí suavemente, sin agobiar. Es esencia fresca, austera, invisible, que me hace sentir bien conmigo mismo. La luna se proyecta con fina capa de plata sobre el mar en calma; luna casi llena, posiblemente a falta de dos fases para llegar a su plenitud. Luna, mar, y tú, y no preciso nada más para parar el tiempo.

Pero cuéntame, ¿qué te ha pasado? Sabes que me he preocupado mucho por ti, como siempre. Y sin embargo tú continúas mirando al mar, con la cabeza levemente inclinada hacia atrás y tu melena azabache a merced del compás de la brisa marina; como si no hubiera ocurrido nada, y nos hubiéramos hallado de pronto. Si te terminase de conocer, pensaría que eres bohemia, romántica, pero sé que estás aquí porque esto te relaja, y te ayuda a pensar.

Pensar, me das miedo. No quería ofenderte diciendo aquella frase; no sé, nunca se me dio bien el decir la frase adecuada en el momento justo. ¿A que esperabas de mí que no te dijera nada? Bueno, mis impulsos a veces me ciegan, y esta vez me han jugado una mala pasada; me han cogido desprevenido. Te diría que merced a ti vuelvo a sonreír, que el tiempo se me para siempre que rozo tu piel, que me pierdo en tus ojos cuando me miras con tanta profundidad; te diría que te quiero, y que eres la reina de mis noches, y de mis días. Espero que admitas mi disculpa cuando tenga el valor de decirte todo esto, en vez de dibujarlo en mi mente.

¡Estás girando el cuello! Tienes los ojos cerrados, los párpados los cubren con mimo, y acompañas el rostro en dirección contraria a donde empuja el viento, que parece sopla con más fuerza. Tu cara está relajada, pero no expresa emoción alguna; no sé si estás enojada, triste, alegre, o flotando en nube. Siento que si abro la boca, rompería el hechizo, me mirarías con furia. Pero estar ahí quieto sin hacer nada, viéndote como un memo hace que el haberte buscado no haya servido de nada. Osaré a poner mi mano sobre tu hombro, que es a lo más que mi timidez me permite. ¡Qué cálida es tu piel! Qué cálida! Abres los ojos serenamente y me miras. No estás sorprendida, ni enfadada, ni triste, ni alegre; estás ausente, o envuelta en hieratismo, como si quisieras decir algo y necesitases una capa de niebla para poder expresarte con tranquilidad. ¡Siempre rodeada de ese misterio! ¡Pagaría con mi vida por saber qué te ocurrió antes!

Noto tu cuerpo estremecerse, y tus ojos vuelven a brillar como antes. Me miras, te miro, y se vuelve a parar el tiempo. No sé cuánto llevamos así en escena, como actores disfrazados de árboles cuyo único acometido es prestar su presencia durante un tiempo. Giras el cuerpo, y dejas el mar y la luna de espaldas, y me preguntas si sería capaz de abrazarte; extiendo mi otro brazo hacia ti, y te doy asilo político entre mi regazo, apretándote Ahora mis sentidos me comunican todo tipo de símbolos: tu olor, tu tacto tu respiración en mi pecho, el sonido de tu pelo al son del aire, el sabor de ese abrazo, la vista de aquel marco incomparable.

Te separas un poco y vuelves a fijar tu mirada en mí. Y con algo que ni el amor a veces puede explicar con más confianza, antes de besarte, repito aquella frase:


¡Eres una ganadora!


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Re: MI BLOC, QUE NO BLOG

Mensaje  achl el Vie Feb 17, 2017 11:44 pm



Ajuste de cuentas por encargo

Habían pasado las doce de la noche y aún aguardaba con tranquilidad a mis objetivos. Según mis previsiones, no debía demorase mucho más en llegar a su cuarto del 'Hotel Kiki'. Ese, más que hotel era un despropósito de cuartos guarros y empleados groseros que no dudaban un instante en despreciarte con la mirada. Había cumplido ya los cincuenta años desde su construcción, como reflejaban esas paredes amarillentas. La tarifa de cuartos era asequible para bolsillo medio, y eran básicamente utilizados para follar, o como era para este caso, esconderse. ¡Ilusos! Siempre era aquel nuestro primer objetivo de caza y captura de gente a asesinar; se creían a resguardo en ese antro del infierno, hasta que los encañonabas con tu pistola.

Volví a mirar el reloj sobre la pared y removí mi whisky con hielo. Odiaba las escenas previas a la acción, en las que había que comportarse como buen chico y aguardar al momento más discreto para saldar deudas. Así me lo ordenaba mi patrón:

____¡No me jodas tío! Acaba ya con esa escoria cuando esté en su cuarto, cuando caminen solos por la calle, cuando no haya nadie mirando, que te obligue a matarle. Somos empresa de asesinos, si no demostramos nivel, nunca evolucionaremos.
____Mata primero a la mujer, y que él vea cómo sufre. Luego mátalo a él. Mata a todo lo que se menee en ese cuarto -añadió.

La pareja no debía representar problema; no iría armada y mucho menos azarosa. No sabía qué fue que motivó a mi jefe haberme encargado este trabajo: deudas, problema negocios, odio, venganza... Cualquier motivo; tampoco me importaba. Me había acostumbrado a no detectar síntomas de cargos de conciencia. Al principio cuando hice mis primeros pinitos en el gremio, había veces que tragaba saliva y pensaba poco tiempo qué iba a hacer. La fuerza de la costumbre terminó por callar esa voz molesta, y apretar el gatillo se convirtió en pura rutina.

No me hicieron esperar demasiado tiempo del previsto. Estaba apurando mi tercer whisky cuando aparecieron por la entrada de aquel cutre hotel. Esperaba encontrarlos asustadizos, mirando cada esquina allá por donde andaban sospechando hasta de las horribles flores del vestíbulo. Empero, venían riendo, despreocupados y cogidos de las manos, balanceándolas, como adolescentes. Ella reía a carcajadas, y, al hacerlo, su negra melena ondeaba al aire con majestuosidad. Sus ojos eran bellos, azules; su rostro redondo y sus labios esmeradamente carminizados. Lucía vestido negro, elegante y a su vez sencillo, ceñido, y que provocó en mí una soberbia erección. Andaba con paso firme, apoyada en esbeltas piernas y zapatos tacón alto negros. Iba a convertirse en la víctima más atractiva que había pasado por mi macabra agenda. Él, un poco más alto que ella, tenía pelo moreno y corto; a su vez reía cómplice, acompañando con risa pegadiza las carcajadas de la mujer. Sus ojos eran pequeños, pero las cejas, poco pobladas y estilizadas, ofrecían disparidad que era inevitable no prestarle atención. Seguía con esfuerzos el andar de su acompañante, arrastrando los pies. Vestía vaqueros y camisa verde que marcaba perfectamente sus biceps. Intenté dar sentido común a que dos personas de su estatus social y económico estuvieran en este hotel tercermundista, pudiendo estar en lujoso y protegido 'Meliá'; y sobre todo, el por qué reían, si sabían lo que podía ocurrir. Hacían buena pareja, pero me daba exactamente igual; la pasta que recibía de mi jefe por mi entrega, hacía mejor pareja conmigo que cualquier otra.

Saludaron alegres al recepcionista, y éste ni sonrió, sólo le dio las llaves de su cuarto, 213. Me sabía de memoria el número. Llamaron al ascensor mientras se cogían de la cintura, y una vez abajo el elevador, accedieron a él y subieron. Decidí darles tiempo para un último 'kiki' -esas curvas de la hembra se lo merecían- y pedí otro whisky. Al camarero lo vi con ganas de conversar:

____Parece que mañana volverá a llover -dijo en un tono neutro mientras llenaba mi vaso.
____Eso parece -contesté mientras me encendía un cigarrillo.
____¿Matando penas?
____¿Cómo? -escuché la pregunta pero quise poner el tono representativo de que empezaba a tocarme los huevos.
____Le pregunté si está matando penas con whisky -añadió en un tono conciliador, intentando buscar charla. No recuerdo haberle visto antes, y he supuesto que tanto whisky y el venir a un sitio nuevo tenía algo que ver con matar penas.
____Bebo porque me sale de 'ahí'. Yo no tengo problemas.
____Ya me extrañaba a mí. Usted no es de esa clase de beodos que van llorando por las esquinas.

El camarero estuvo esperando hilo de conversación, limpiando mientras tanto un par de vasos, pero decidí que no me apetecía hablar con aquel tipo. Me sumergí de nuevo en el plan, y con un par de tragos más, acabé el vaso. Dejé dinero de sobra para no pedir la cuenta, y me dirigí hacia el ascensor.

____¡Oiga, se deja el cambio! -chilló desde la barra aquel chismoso.
____Bote -respondí.
____¡Pero si sobran casi 20 euros! -exclamó cargado de razón.

Me volví hacia él. Empezaba a tocarme seriamente los huevos, y no pude evitar apretar los nudillos, los dientes, y tener ganas de mandarle al...

____Quédate tú la propina, o invita a una botella al próximo borracho que aparezca, pero deja ya de joderme.

Dejé escapar eso de mis labios en un tono relajado, pero contundente. El camarero me miró con cautela, y volvió a sus asuntos. Yo no era persona de palabrerío, y más cuando alguien quería sacármelo a la fuerza, y más aún mientras estaba trabajando. Me relajé subiendo las escaleras, hasta la segunda planta, directo al 213.

Ya en la planta, y antes de acceder al pasillo, me enguanté mis guantes negros de cuero y revisé el cargador de mi pistola; seis balas, calibre 44. ¡Perfecto! No creo que esto me lleve más de cuatro balas. No descarté la opción de que tuviesen guardaespaldas pero buen disparo certero en sus cabezas me quitaría de tiroteos estúpidos, y de gastar más de seis balas. Yo y las balas, era una obsesión. Me gustaba saber la cantidad exacta de munición que precisaba en cada trabajo. Una vez necesité catorce, pero estaba calculado; cinco escoltas, cinco jefecillos, del tres al cuarto, y dos putas, además de la chófer de uno y el karateka de otro. Todos recibieron la píldora vía craneal, empezando por el karateka, que tras demostración de acrobacias y movimientos, no tuvo más huevos que gemir como nena cuando desenfundé mi arma y le encañoné. Tras aquel infeliz disparé a la chófer y a tres matones. Después me parapeté en sofá y aguanté ráfagas de varias armas; y una vez que recargué, otros cuatro disparos, y cuatro caídos en combate. Mis últimas dos balas fueron relajadas, pues los dos supervivientes -las putas- salieron huyendo. Blancos en movimiento pero de trayectoria recta. Hice blanco en ambas. Aquello sí fue buen trabajo y con cierto riesgo. Esto no pasaba de una reunión de jubiladas para tomar té con pastas.

Llegué a la puerta del 213 tras trayecto sigiloso con la pistola amartillada y desenfundada. No había rastro de vigilante pero mucho yonki lastimoso y mucho puterío. Me dieron ganas de abrir uno de los cuartos y acribillar al gilipollas de los quejidos, o al viejo que jadeaba en pleno folleteo, pero eso no me daba dinero, y me haría gastar balas innecesarias. Centré ojos en la puerta y me concedí segundos para concentrarme. 'Ya', me dije con disciplina y apretando los dientes pateé con ira la cerradura de la puerta, que sin resistencia saltó por los aires. Y allí estaba la pareja, en la cama, viendo porno en la tele, en pelotas y fumando drogas. Mayúscula fue la sorpresa; ella se abrazó aterrorizada a la almohada, él se limitó a temblar y tragar saliva. No dude, con brazo extendido disparé a la rodilla derecha de la mujer, que gritó de tal modo que se hizo notorio el dolor esgrimido. Su rodilla estaría destrozada y era anormal que saliese corriendo. Por si acaso, disparé a su otra rodilla. Dos balas, doble agonía. Me acerqué a la cama, y, apuntando al hombre, golpeé con toda esa saña que mi maldad me permitía al rostro de la mujer.

____Ni se te ocurra moverte, o te taladro el culo, gilipollas -rotundamente dije al hombre, que no paraba de gemir.
____¿Por qué a nosotros? -decía entre lágrimas el puto llorón.
____Bien sabes tú el por qué. Y deja de llorar, porque me estás jodiendo. Calla y goza del espectáculo -y de nuevo golpeé a la mujer, rompiéndole el tabique nasal, y haciendo que de su boca saliera despedido un chorro de sangre hacia la pared.

La golpeé hasta que me empezaron a doler los nudillos, pero evitando en todo instante dejarla inconsciente. Debía sufrir, eran órdenes, y él tenía que sufrir viéndola sufrir. En dos minutos aquello habría acabado. El plan estaba estudiado al dedillo: disparar a algún alguien inesperado, tortura a la mujer, matar a la mujer y acabar con él, incluyendo posible maldad. 2 minutos, y no más de seis balas. Luego saldría por la ventana hacia las escaleras de incendios, rápido bajaría, me mezclaría con sombras y me bebería un whisky con hielo en cualquier lugar. Todo previsto. No más de seis balas para dos, más sorpresa. Regresé al mundo real destrozando la mandíbula de la mujer de un certero golpe. La cogí del pelo y la arrastré hasta el minibar. Abrí la puerta y le metí su cabeza en el mismo. Miré con risa torcida a su amante, cogí carrerilla, y como si balón de fútbol, pateé con todas mis fuerzas la puerta. El golpe fue enorme, y él no pudo evitar gimotear cual nenaza; ella, o mejor dicho, lo que aparecía de su cuerpo, empezó a moverse como muñeco que se cuelga en retrovisores de autos, convulsivamente, y tras segundos, quedó inmóvil. La puerta de la nevera acabó bollada, y alrededor, un constante río de sangre apareció. Hasta el momento estaba cumpliendo mi trabajo con perfección. Quedaba el final; él, la nenaza llorona.

____Parece que tu mujer y yo hemos roto el hielo -le dije, disfrutando del momento y soltando una leve risotada que provocó en mi llorón amiguito una meada de terror.
____¡La has matado! ¡Ella no tenía culpa y Sánchez sabe que no la tenía! ¡Ella no! -respondió con rabia
____¡Vaya! parece que ver a tu puta muerta te ha ayudado a recordar en nombre de por quién vengo. Te reíste de él, le tomaste el pelo, y esto es lo que has provocado tú solo. -dije amartillando mi pistola.
____¡Espera, espera! ¡No me mates! Te lo puedo explicar...

Demasiada charlita, demasiada lagrimita. No pude evitarlo y le disparé a los huevos, lo que no había usado en todo momento. Me habría gustado un enfrentamiento con él. Le mataría igualmente, pero al menos hubiera respetado su valor. Empero, no fue sino un monigote melodramático, que daba pena y asco. Sus pelotas sobraban. Aulló con tanta intensidad que sentí las mías estremecerse, como solidaridad. Llevó una de sus manos a su destrozado aparato reproductor y no paraba de aullar.

____Bueno, es tu fin por encargo de Sánchez, espero hayas disfrutado del momento y que te pudras en el infierno -le dije en tono ceremonial.

El aullido me invitó a ser original y en vez del clásico disparo entre ceja y ceja, le reventé de un golpe la mandíbula, y cuando alzó otra vez la cara ensangrentada, disparé a su boca. Parecía un puto aspersor esparciendo sangre, y en un breve espacio de tiempo pasó a convertirse en una masa inerte. Había cumplido el trabajo sin apenas mancharme. Ya me limpiaría los restos rojos cuando llegase a mi casa. Resoplé, y me relajé. Matar me convertía en depravado. A veces no controlaba mi cuerpo y era él el que ejecutaba las maldades con la mayor crueldad posible.

Comencé a volver en mí, cuando un ligero rechinar de una puerta, en mi flanco, voló por los aires mi calma. Sin dudar, desenfundé con reflejos la pistola y apunté al espacio entre la puerta y el marco de la misma; claro vi que dispararía a lo primero que asomara, sin excepción. El tiempo que pasó fue eterno y la tensión se podía cortar con cúter. Pensé quién podría estar ahí: un matón, alguna otra mujer, un yonki, un gato, un fantasma, o incluso el mismísimo Sánchez, decidido a ver mi buen hacer. Lejos de mis fantasías. Oí un sollozo, pero disímil a posibles gimoteos de un cobarde o de puta amedrantada. Y en ese instante, me sentí inseguro.

____¿Quién coño anda ahí? ¡Sal, o te vuelo la tapa de los sesos! -dije en tono que no daba lugar a mucha reflexión.

Una vez roto el momento de tensión, una cabecita, a un metro y veinte centímetros del suelo, asomó. ¡Era un niño! Temblaba con convulsiones. Sus ojos estaban enrojecidos, y sus labios apretados. Tenía pecas y pelo revuelto, y por su cara corrían abundantes lágrimas. Me vio, tembloroso. No supe reaccionar, no tuve huevos de disparar; el blanco más fácil y la vez el más difícil con que me había enfrentado. Bajé el arma y sin saber cómo, de mis palabras brotaron un tono conciliador.

____Sal de ahí. Y haz el favor de dejar de llorar. No lo soporto.
____No quiero morir. Mamá dice que aún tengo muchas cosas que hacer en la vida y que para eso tengo que cuidarme, porque si no me muero. Y yo no quiero morir, quiero hacer cosas -replicó el niño, entre un ataque de hipo, y limpiándose la nariz.
____¿Se puede saber quién eres? No puede ser que estés aquí. ¿Qué coño hacías ahí metido?
____Mamá me dijo que hoy dormiríamos aquí y que mañana nos iríamos con mi nuevo papá a una playa los tres. Y que si quería ir con ellos, tenía que esconderme en el baño y que oyera lo que oyera no saliera -contestó con tanta naturalidad que me pareció haber preguntado una estupidez.- ¿Mamá está muerta? -alzó la mirada, casi llorando.

Si me hubieran cortado una pierna en aquel mismo momento me hubiera afectado menos que la triste pregunta del crío. Puse mis ojos en blanco y sentí mi cabeza dar vueltas. 'Es un niño, joder, es un puto niño, mátalo y vete de aquí. Pierdes tiempo y le vas a ahorrar sufrimiento si le pegas un tiro'. Además, Sánchez se expresó claro: 'todos muertos, y ello incluye al niño; mátalo y vete', pensé anteponiendo la lógica al sentimiento. Alcé el brazo y con pistola y apunté a sus ojos de mirada inocente y temblorosa. ¡Inocente y temblorosa! Mi pulso tembló como gelatina. No me dijo nada. Aguantó cual campeón las lágrimas y yo esperaba algo que provocase mi disparo. Si lloraba dispararía porque le ordené no llorar, pero el cabrón no lloró. Apreté el gatillo, dándome confianza, intentando mantener el pulso

____¡Vete! -le dije, vencido por la conciencia.
____¿No me va a matar, señor?
____¡No! ¡Pero vete ya!
____Pero mamá me dijo que no me moviera hasta que ella me lo dijese. ¿Mamá está muerta?
____¡He dicho que te vayas! -grité con todas mis fuerzas, y gesticulé con aspavientos.

Me miró aterrorizado y salió huyendo por la puerta, llorando. Y yo, en pie me quedé vencido, vencido por la conciencia, vencido por un niño. Había fracasado; el plan incluía matar al niño y el niño seguía vivo. Si Sánchez se enteraba de mi error, me mataría personalmente.


Enfundé el arma, me abroché la gabardina, me ajusté la mascota y salí por la ventana, rumbo a la calle, rumbo a un bar sin nombre, a beber whisky, y a pensar cuántas balas necesitaría para mi nuevo trabajo: sobrevivir


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Re: MI BLOC, QUE NO BLOG

Mensaje  achl el Sáb Feb 18, 2017 10:34 am



Conmoción

Mi nombre es Alejandro, pero no me desagrada que me llamen por Alex. Tengo 49 años, media estatura, moreno, agraciado de cara y cuerpo, un poco canoso, dicharachero, extrovertido, trabajador... Cursé estudios de Medicina en la Universidad de Sevilla. Cuando hice las prácticas en un hospital sevillano, me aceptaron enseguida porque según la Dirección de ese Centro tenía yo enormes ganas de aprender. Esa ha sido siempre mi mayor virtud, de la que me siento muy orgulloso



Para tratar de calmar mi alma cuento lo que ocurrió, que fue algo que me superó sobremanera. Prácticamente por mi culpa murió un muchacho. Si no hubiera salido del hospital, probablemente seguiría vivo.

Trabajaba en el hospital 'Virgen de Macarena', en la capital de Andalucía, Sevilla. Todos los días eran normales, hasta que un día, uno caluroso de junio, escuchamos un enorme estruendo. Mi enfermera, llamada Violeta, de esbelta cabellera de igual color que su nombre, empezó a correr hacia el lugar del ruido.

No me enteré de casi nada. Sólo escuché que pedían urgentemente una camilla. Al poco, pasaron por mi lado. Un pálido joven yacía inconsciente sobre la camilla. Su cara estaba totalmente cubierta de sangre.

____¡¡Lo han arrojado con violencia desde un coche!! -gritó una señora.

Todos vieron horrorizados cómo la angustiada señora sufría un ataque al corazón. La llevaron a una sala para revisarla. Tonto de mí, entré a la sala de urgencias donde estaba el joven agonizando.

Dos de mis compañeras y un compañero, le hacían pruebas. Me fui hacía su muñeca y le tomé el pulso: apenas se escuchaba. Le miré los ojos. Sus grandes ojos azules parecían suplicar ayuda.

Le hicimos pruebas más exhaustivas. Fue desolador. Un pulmón quedó muy deteriorado por el golpe al caer al suelo desde el coche en marcha. Los brazos, uno de ellos partido, repletos de cortes, producidos por algo afilado. Uno de los ojos casi no existía, el diagnóstico era: explosión del globo ocular. El riñón derecho, en absoluto funcionaba, y el otro estaba terriblemente deformado, por así decirlo.

Por eso no era de extrañar que le faltasen casi tres litros de sangre, por lo que entró en coma profundo. Lo llevaron a quirófanos. Todos, allí, nos imaginamos que no iba a salir de aquello, pero no sucedió y vivió gracias a Dios, aunque perdió toda movilidad y nunca más volvió a ver. Su único hermano siempre estaba con él, que lo paseaba por el hospital.

Algunos amigos le visitaban con bastante frecuencia. Cuatro de ellos se quedaban incluso a dormir, alternativamente. Médicos y enfermeros le cuidábamos lo mejor que podíamos.

El día de Halloween del 2011, por la mañana, estuvieron sus amigos y su hermano, como de costumbre. Esa noche nadie pudo quedarse, y por eso le prometimos a Luis (su permanente hermano de compañía), que estaba en buenas manos.

Maldita la hora en que le dije eso. A las cuatro de la mañana me fui hacia recepción, donde estaba una enfermera, María, guapa y amable mujer de cuarenta y dos años, de la que yo estaba locamente enamorado.

Al bajar, sensación de inseguridad me invadió al ver todo oscuro, lúgubre y terriblemente solitario. Mi corazón se aceleró al ver que no había nadie en recepción.

Empecé a correr hacia allí. No estaba. No sé por qué me dio la impresión de que podría estar caída sobre el suelo, así que miré y allí María con sus bellos ojos verdes cerrados. La cogí y la acomodé en una silla de ruedas. Mis oídos se agudizaron. Escuché cómo alguien huía a más no poder por las escaleras más próximas a mí del edificio.

Le di aire con una revista que había en una silla. A María le encantaba las revistas del corazón, como generalmente a todas las mujeres.

De pronto, una alarma despertó a todos los pacientes. Venía de la sala de enfermeras. Entré apresurado y vi que la señal en el ordenador de la 276 estaba parpadeando.

Corrí escaleras arriba y vi a Dolores medio corriendo. Llevaba tras si una maquina de reanimación.

____¡Dios! ¿Qué ha pasado? ¿Cómo ha ocurrido esto?

Oí decir a la joven de pelo negro, Rita. Corrí hacia allí. Al ver el panorama tan desolador me entró una arcada, pero contuve vomitar. Rita intentaba tapar la hemorragia en cuello y cara. La raya informática en pantalla del monitor, ahora plana continuamente

____¡Carga a 190! -le dije enérgicamente a Rita.

Le di cuatro descargas seguidas, pero no reaccionaba.

____Déjalo ya. Parece inútil seguir.
____No, no me doy por vencido.

Me remangué y empecé a hacerle un masaje cardiaco. Nada.

____¡¡Carga a 200!! -grité de nuevo a Rita.

Los nervios me herían, y mi estómago se revolvía. Rita no podía parar la hemorragia. Cuando el aparato se recargó, le di una descarga tan fuerte que el enfermo dio un salto y cayó al suelo.

Tampoco respondió. Todo estaba sin control; la sangre salía como sádica cascada bajo su cuello. Rita, llorando, comenzó a hacerle el boca a boca, aún absorbiendo toda la sangre que salía permanentemente.

Siguió como unos tres minutos más, hasta que la sangre dejó de salir. La cogí por los hombros y se deshizo en lágrimas. La cara del joven se puso pálida, sin vida. Instintivamente, quedé unos segundo observándole:

____Hora de la muerte: 5,11 -dije en voz baja, desolado.

Luego, en realidad, no sé que pasó. Cuando desperté, estaba atado a una cama y me estaban medicando constantemente. Sin duda, la secuela de dejar morir a alguien que me prometí salvar

Según me enteré más tarde, cuando volví al hospital, luego de tomar aire fresco, entró precipitadamente a la sala un malvado majareta y le cortó el cuello a María, pero antes la violó salvajemente.


Y ahora, mi alma no podrá descansar en paz hasta que se muera ese depravado


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Re: MI BLOC, QUE NO BLOG

Mensaje  achl el Sáb Feb 18, 2017 12:42 pm



Los rescoldos que le dejó su padre

Los recuerdos le rondaban aquella noche. La luz, totalmente artificial, era tenue. El cielo nublado, sin estrellas. El ambiente llamaba a la depresión, a la melancolía. El sentimiento en los adentros de Gil era más complejos, una especie de ansiedad que jamás pudo contener. Culpa, sí, un poco de culpa sentía cada vez que se acercaba la fecha en la que tenía que hacer un ritual hipócrita, cuyo odiaba con toda su alma. Nunca se sintió amado por la gente aquella, pero cada año se repetía esa maldita romería de la familia para visitar la tumba, y él con ganas de sacarlo todo, de gritarles la verdad en la cara. ¿Reprimirse en toda su marcada vida? Callar era su sentimiento para no perder su dignidad, y al no gritar, nunca se percató de que la iba perdiendo.

Esa noche el padre se aferró a su esposa, abrazándola muchísimo. Sentía como si ella hiciera que el miedo menguase. Ni siquiera fue al cuarto de su hijo a darle las buenas noches. Le fallaban ya las fuerzas. Se levantó, se echó un whisky y con vaso en mano se fue a ver las estrellas desde el jardín. Su mujer le bendecía desde la ventana del salón, sabiendo que su esposo tenía demonios dentro que nunca exorcizó.

Su padre le golpeaba, le maltrataba, abusaba de él. Gil, resistía todo en silencio, aguantaba hasta que su papá salía de la habitación, y entonces sí lloraba en ahogos callados. El hombre saciaba deseos anormales en el, en su cuerpo, aún infantil. Era rasgarle el cuerpo, el alma, con la virilidad de hombre. Nunca llegó a saber si su madre se enteró de su martirio. Él sentía que sí, ella lo sabía, simplemente callaba por miedo o porque creía que esas acciones eran relativamente normales.

Cada año, desde la muerte del padre, era habitual reunirse con la familia en el cementerio para visitar la lápida. Actuar como si le doliese... y sí, le dolía, pero no la muerte de su padre, más bien el hecho de no haber sido él quien lo matase, sino el cáncer.

Una noche mientras Gil estaba en el cuarto del anciano moribundo, se le aproximó al oído y le dijo a sovoz:

____Qué bueno que estés sufriendo, cabrón. Ojalá sufras mil veces esto. Nunca tendría comparación con lo que me hiciste, hijo de puta.

Dos días después murió. Y luego el derrame cerebral de la madre, que no asistiría al funeral ni al entierro del 'esposo y padre ejemplar': epitafio de la lápida. Y el llanto de su hermana, en el velatorio y en el Camposanto, que certificó lo que él había creído en años. Nadie había compartido su victimización a manos de aquel, mal llamado padre.

Sacó todas las fuerzas de flaqueza que pudo. Tenía ganas de hacer eso. Se levantó una madrugada, mientras sostenía la manija de la puerta del dormitorio. Era en esos momentos cuando detestaba más a su padre. Su 'querido papá' lo había convertido a su imagen y semejanza.


Del otro lado de la puerta, un pequeño, de apenas ocho años, abrazaba fuertemente su tesoro: su bicicleta, mientras rezaba para que no fuese su 'querido papá' quien estuviese al otro lado de la puerta


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Re: MI BLOC, QUE NO BLOG

Mensaje  achl el Sáb Feb 18, 2017 5:12 pm



Como de ultratumbas

Se había acostumbrado y se lo imponía casi como norma vivir en soledad diaria y continua. Su vida era un alejamiento progresivo y continuo de la compañía de los demás, y del ruido de la ciudad. Cuando sus padres, su única familia, a la que se prestaba para diaria compañía, murieron.

Entonces, sus treinta años se vieron libres de lo que para él representaba un penoso trabajo, que libre, al fin, de la obligada compañía, podía hacer lo que tanto deseaba, huir de aquellas calles, repletas siempre de gente, de autos y de ruido. Se trasladó a un grupo de casas unifamiliares, recién edificado en la ladera de una montaña, donde, con el dinero de la venta de la casa de sus progenitores, se compró una de esas casitas apartadas de las demás que estaba como las otras, ubicada en la suave pendiente montañosa y rodeada de un coqueto jardín, además de un silencio denso y reconfortante.

Desde allí, desde su porche, podía ver en toda su amplitud la ciudad, que a lo lejos, se agazapaba bajo la muy densa capa de humo, con el infinito horizonte del mar al fondo y con lejana aparición de las tapias del Campo Santo. Lugar al que acudía, ahora con más frecuencia que nunca. En él hallaba la paz que necesitaba, pero era cuando caía la noche, cuando se hallaba en los mejores momentos de su vida.

Desde que vivía en esa su nueva casa, rodeado de vecinos tan alejados y desconocidos que nunca veía y quizá porque su trabajo nocturno le había viciado el cuerpo, acostumbraba a salir a pasear las noches cuando sabía que no podía encontrarse con nadie. Y era feliz desplazándose por entre árboles y malezas desiertas, en medio de la noche, en medio de un gran silencio, con unos pasos crujientes que involuntariamente sobresaltaba a confiados animalillos del bosque, o a parejas cupidas 'resbaladizas' que creyéndole aparición o espectro del más allá huían despavoridas al verle, sin que él tuviera un mínimo deseo de molestar a nada y a nadie. Nunca se lo había preguntado, pero aquello que le ocurría... ¿sería una extraña enfermedad?

No le preocupaba su manera de ser y de vivir, había sido siempre así y le gustaba como era, una sombra silenciosa, anónimamente alejada de los demás e ignorante a más no poder de cualquier relación humana. La sola presencia de un ser vivo, aunque sólo un animal irracional, le inquietaba. Mientras, pasaban días y años y cada vez se alejaba más y se perdía más su relación con las vidas de sus semejantes. Durante el día no conseguía esa tranquilidad plena que tanto necesitaba, se encerraba en sus cuatro paredes, ansiando que llegara las sombras de la noche, para que, cuando asomasen por la puerta, hiciera el tiempo que hiciese, perderse andando en la oscuridad y vagar cual sombra andante.

Todas las comidas las pedía por encargo, procurando no ver a nadie, ni relacionarse con nadie. Su paz interior, su ilusión por la vida la hallaba en las solitarias y oscuras calles y en los recovecos y rincones aislados de la montaña y fue en ese tiempo cuando empezó a frecuentar el Cementerio Placer mórbido, innato, que lo animaba, lo descubrió en el entierro de los restos de un antiguo compañero de trabajo.

Aquella mañana llovía torrencialmente, y aún así, como costumbre en él, se fue camindo bajo su amplio paraguas hasta el Camposanto. Llegó allí temprano, era otoño y tardaba amanecer. Las puertas del tétrico recinto, al encontrase éste en obras, estaban desmontadas y caídas en el suelo. No obstante, entró y se dedicó a pasear de un lado a otro por las callejas vacías con paredes llenas de nichos, esforzándose en lentos paseos, y en total oscuridad de aquella noche tormentosa en ver y leer los nombres y dedicatorias de los difuntos.

Desde aquel día se acostumbró a semejante macabra distracción, y cada madrugada encontraba la manera de entrar allí, y pasear una y otra vez por aquel silencio y aquella paz que tanto le reconfortaba.

Y fue en una de aquellas negras madrugadas cuando la conoció. Sentada tranquilamente estaba ella en las escalinatas de la subida a las terrazas superiores, a las que rodeaba un pequeño jardín. En su silueta negra de impermeable brillante y distante destacaba cual punto de luz en la noche diminuta brasa de un cigarrillo. El amante de la noche se fue acercando, movido por la curiosidad que despertaba la presencia de mujer en aquel sitio y a horas tan intempestivas y a la vez él que no conocía el miedo ni sabía de las apariciones y leyendas que se cuentan de los cementerios, para asegurarse de si aquella visión era real o macabra alucinación, se acercó más aún.

Lo primero que vio de ella al aproximarse fue una de sus manos, cuidada, fina, de dedos largos, elegantes. Fumaba y el humo que se espesaba por la humedad del aire, se enroscaba en su abundante melena negra que le caía adornando una cara serena, ausente de intranquilidad o miedo.

Había dejado de llover y las estrellas de un cielo limpio se dejaban ver en el firmamento

____Buenas noches -saludó.
____¿Espera a alguien? ¿Le ocurre algo? -añadió.

La joven, que aparentaba veintitantos, pareció no sorprenderse, ni por la llegada del hombre, ni por aquellas palabras que resonaron fuertes en el tétrico silencio y que hicieron eco entre lápidas de tumbas cercanas

La mujer ni siquiera se movió para mirarle, sólo se limitó a recibirle con la indiferente mirada de unos ojos negros, profundos y hermosos, como la noche que les rodeaba, pero ausentes de sentimientos.

Mientras el hombre acababa de llegar y estar junto a ella, iba recordando sus tristes experiencias sexuales con putas, carentes de sentimientos y movidas sólo por el interés. Nunca antes había conocido en profundidad a una chica. Su peculiar forma de vida le había alejado de las mujeres, y ahora tenía a su lado una que era realmente muy hermosa y que parecía compartir con él sus extravagantes distracciones.

Como si la actitud silenciosa y serena de ella le invitara a sentarse, así lo hizo y comenzó una amigable charla que duró horas, justo hasta que las primeras luces del amanecer cercano aparecieron en la lejanía. Entonces, ella fue la primera que se levantó con intención de despedirse.

____¿Volveré a verte por aquí? -preguntó ella.
____Por supuesto -respondió él.

Moviendo la boca para decir eso, labios gruesos y sensuales enseñando al hacerlo, una vez más mostró su blanca dentadura de dientes perfectos brillantes y anacarados.

____Por estas días tengo tanto trabajo que incluso me tengo que quedar aquí por las noches para no tener que madrugar tanto -dijo ella.

Era verdad. La luz de las pequeñas oficinas cercanas que estaban al otro lado del reducido jardín, permanecían encendidas. Entonces, cuando se incorporó, pudo observar lo alta y esbelta que era y cómo se movía en la noche con movimientos felinos.

____Hasta mañana entonces. ¿Estará por aquí? -dijo él.
____Sí, seguro. De eso no te quepa la menor duda -contestó ella.

Esperó a que ella entrase en su lugar de trabajo, apagase la luz y saliera, para, sin decir nada, acompañarla hasta la salida. Allí se separaron. Ella, desapareció en la oscuridad de la carretera que bajaba a la ciudad, y él, se quedó mirándola cómo lentamente se difuminaba hasta desaparecer majestuosamente en la distancia.

El hombre amante de la noche se había enamorado, y ya desde aquella noche no dejó nunca más de pensar en su enamorada.

Enigmática, misteriosa, segura de sí, valiente, era lo que esperaba hallar en una mujer, y esa recién conocida parecía tener todas esas cualidades. Sentía que pertenecía a aquella mujer desde el momento que la conoció. Que él le pertenecía, se consideraba suyo. Aquella era, sin duda, la mujer de su vida.

Las horas les fueron eternas hasta la noche siguiente. Ahora esperaba la oscuridad con una ansiedad acuciante como si en ello le fuera el resto de su vida. Por eso cuando de nuevo su esbelta figura se recortó en la difusa claridad de mármol blanco de las escalinatas, el corazón le dio un vuelco. Hablaron, pero los ojos del él estaban más pendientes de esa enigmática mujer, como si no le importase otra cosa en la vida que aquellos oscuros y misteriosos ojos.

Hasta que sin decir palabra, en un gesto voluntario, le cogió la mano y la estrechó con vehemencia.

La sintió fría, desagradable, pero al hombre no pareció importarle. Ella, mientras, sin inmutarse, le miraba desde aquella distancia y frialdad de siempre, como desde lejos, desde otro lugar. Entonces, ella lo abrazó, se pegó a él con fuerza, con una fuerza extraña, impropia en aquel cuerpo, y le pasó unos brazos como tentáculos por la espalda. Antes de que sus labios se juntaran, el hombre de la noche sintió que se perdía en él algo que no sabia entender. Su corazón empezó a latir con fuerzas, mientras un rayo de luna, reflejado en la cara de su amor, le hizo removerse de un total espanto.

Ella estaba desfigurándose por momentos, estaba descomponiéndose a su vista. Su melena, antes abundante, se estaba convirtiendo en pelos hirsutos y descoloridos. Aquel cuerpo hermoso escapaba de sus brazos y desaparecía como por encanto su volumen de carnes prietas. Su corazón parecía enloquecer, sus latidos fuertes, como punzadas de un dolor que aumentaba, le herían la garganta. Ella, mientras reía, reía a carcajadas, con voz siniestra como de ultratumbas, que parecía venir de muy lejos, repitiendo.

____¡jajajajaja! ¡Me buscabas, me buscabas tanto! ¡Por eso he venido a llevarte conmigo, jajajaJaJa!

De repente, la mano delicada de ella, que ahora era una garra de acero, penetró como saeta en su pecho y le aferró el corazón con tanta fuerza que él se moría de dolor y de asfixia. Se moría, y antes de caer al suelo, definitivamente muerto, aún pudo ver la macabra realidad del amor que creyó encontrar.

La mujer, ya no era sino un esqueleto descarnado, una calavera pelada de toda piel, con las cuencas de sus ojos negras y un enorme agujero de una boca sin dientes. Había conocido y encontrado a la Muerte. Su amor era la Muerte. Parca que una noche vino a su encuentro. Muerte que se alegraba con su nueva conquista, riéndose, burlándose del mortal, cuyos ecos aún resonaba en sus oídos como macabra cantinela, cuando por fin perdió el Mundo de vista.

Un infarto, uno de esos más de los muchos que matan cada día a cientos de miles de ciudadanos anónimos.


Esas mismas palabras, idénticas, calcadas, dijo el médico forense cuando levantaron el cadáver del hombre de la noche de las escalinatas que subían a las terrazas del cementerio


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Re: MI BLOC, QUE NO BLOG

Mensaje  achl el Sáb Feb 18, 2017 7:57 pm




Salsa roja

____¡Muérete ya, so cabrona!
____¡Muérete tú, so hijo de puta!
____¡Vamos a morirnos los dos!
____¡Mejor así!

El hacha cayó certera sobre el cráneo dejando el filo bien ajustado en el hueso. Muy pronto, pequeños arroyuelos de sangre nacieron de la herida recién estrenada buscando el camino más rápido hacia el piso, surcando la tierra de estrías y arrugas que formaba el rostro de la anciana. Pero la mujer no cayó súbita, y a pesar del shock que supuso el ataque sorpresa mantuvo guerra sobrehumana por no perder la consciencia. Sus piernas, desgastadas por la debilidad, se tambalearon hacia delante, atravesando la cocina a trompicones para buscar el apoyo y el sostén de la encimera.

A cada paso, parecía que fuese a derrumbarse pero conocida su indómita fortaleza, se iba zafando del desplome en un terrible slalom mientras que su cabeza se movía de un lado a otro espantando moscas con el mango de la herramienta en ristre.

Una mano temblorosa abrió el cajón del menaje y revolvió nerviosa entre tenedores, cuchillos y cucharas, oxidados. Al límite de sus fuerzas, asió bien fuerte un puntiagudo útil de trinchar carne y se encaró a su marido, que ya estaba tras de ella, presto para rematarla con sus propias manos.

A la media vuelta, el filo atravesó el pellejo de la garganta del anciano, con facilidad, pero la mujer resbaló en su propia sangre tropezando hacia delante. Al estar férreamente asida al cuchillo, cuando descolgó su peso sobre el improvisado arma, estiró el hondo tajo hacia abajo abriéndole la garganta por completo.

Los dos cuerpos se precipitaron al suelo, como a cámara lenta, doblando codos y rodillas lastimosamente mientras heridas desparramaban sangre por doquier, y aún tuvieron tiempo de dedicarse unas escuetas palabras mirándose ferozmente a los ojos, incluso con énfasis:

____¡Puta del demonio!
____¡Baboso, cabrón!
____¡Se acabó nuestra historia!
____¡Nunca debió empezar!

Su hija entró en casa con sus llaves, alertada por la falta de respuestas a sus repetidas llamadas de teléfono. Al entrar en la cocina, se topó con la dantesca escena que habían protagonizado sus padres. Se llevó la mano a la boca y soltó el bolso. descolgándolo en la manilla de la puerta.

Después, salió al salón para despejar de su mente la macabra visión y se dio unos rodeos improvisados alrededor de la mesa de centro, intentando ordenar sus pensamientos. Tenía que planificar tranquilamente lo que iba a hacer ahora.

Fue hasta su dormitorio y desnudó su cuerpo del elegante vestido y los caros zapatos, para calzarse luego ajadas zapatillas y cubrirse con vieja bata de su madre que halló en el armario. Mientras se cambiaba, íbase musitando cosas en voz baja, como si hablase sola, echándose en cara así misma la responsabilidad del suceso.

Luego sacó un par de juegos de sábanas, muy usadas, y los extendió uno sobre otro, sobrepuestos por encima del edredón de la cama. Se dirigió al cuarto de baño y portaba toallas depositándolas sobre la mesita para que estuviesen bien a mano. Retiró la alfombra y por último trajo varias cosas del botiquín y del costurero de la anciana.

Volvió a la cocina, en donde los ancianos reposaban retorciéndose sobre una pequeña laguna escarlata. Con mucho esfuerzo, logró levantar a su madre del suelo para luego arrastrarla como pudo desde la cocina hasta el dormitorio, cuidando de no golpear el mango del hacha, y cruzando el pasillo sorteando esos diversos obstáculos. Ya al pie de la cama, soltó el peso muerto sobre el colchón y resopló de alivio por la descarga.

Extendió bien derechos los brazos y piernas de la anciana y enderezó su cuello, calzándolo con toalla doblada, mostrando al techo su desangrada cabeza y el mortífero estandarte clavado en su frente.

El esfuerzo la obligó a tomarse unos minutos de respiro, aprovechando el momento para encenderse un pitillo e ir a hasta la nevera para saciar su sed, aprovisionándose de un bote de salsa de tomate, bien frío. Se sentó en una silla a fumar y apuntaló su cara apoyando el codo en la mesa y la palma en la mejilla. Así permaneció unos minutos descansando mientras observaba a su padre agonizando en el suelo.

____¿Por qué me hacéis esto, papá, por qué? -se dijo para sí en voz alta, mientras exhalaba una gran bocanada de humo.

Apagó la colilla en el fregadero y se dispuso a seguir con la penosa tarea. Cogió a su padre por debajo de las axilas y luego lo fue arrastrando poco a poco teniendo que hacer varias pausas.

Después de un buen rato, el varón se encontraba echado en la cama al lado de su mujer, permaneciendo tiesos los dos y con los ojos vueltos en blanco. Su hija, exhausta, prendía otro cigarrillo que quedaba descolgado de la comisura del labio inferior en una pose ciertamente poco femenina, quedando pegado en el excesivo carmín que cubría sus atractivos labios. Otra salsa de tomate la ayudaría a reponerse del esfuerzo.

____Esta es la última vez ¡¿Me oís?! ¡La última!

Sus padres yacían su desvanecimiento en el lecho conyugal. Ahora ella debería ocupar el resto de la noche en recomponer lo mejor posible ese luctuoso desaguisado. Cogió con firmeza el hacha y lo sacó con el mayor cuidado de la cabeza de su madre, pero se hallaba tan bien encajado que tuvo que ayudarse con un zapato de su padre. Usando su tacón como un improvisado martillo y con repetidos golpes, iba desencajando la asesina herramienta. Por fin, el arma salió de un empellón llevándose consigo la peluca, y al tirar con tanta fuerza, la chica casi se cae de espaldas.

____¡Joder..! ¡La última vez...! ¡Lo juro!

La sangre de la herida mostraba un tono marrón, debido a que se había coagulado casi por completo. Aun eso, el filo sirvió de tapón y no llegó a perder demasiados litros. Ahora le tocaba el turno a su padre. Él, sí que había sufrido un gran desangrado y aún brotaba hemoglobina fresca por el manantial abierto en la garganta. Ella cogió agua oxigenada y limpió lo mejor que pudo la piel alrededor de la herida. Después cogió aguja e hilo grueso y con enorme paciencia, le fue bordando la arteria carótida, que se encontraba seccionada casi por completo; y más tarde, los músculos de sus alrededores y la piel exterior. Una vez que acabó, pensó que era una chapuza de operación que remendaba muy mal el descalabro, pero no tenía tiempo ni ganas de esmerarse más por él. Ese zurcido serviría más que de sobra para sus propósitos. Prosiguió con su madre, operación ciertamente más delicada tanto en cuanto tenía prácticamente abierto el cráneo en dos partes. Primero saneó bien de pelos la herida, puesto que el hachazo seccionó la peluca e introdujo pelos en su interior.

Buscó un cinturón de su padre y lo ató bien ceñido por el perímetro de la cabeza para poder juntar perfectamente las dos mitades del hueso antes de proceder a sellarlo con pegamento. Tras un rato de espera y un nuevo pitillo, soltó el cinturón y cosió con cuidado la enorme herida. El resultado final no la obsesionaba demasiado, pues todo iría cubierto por una nueva mata artificial. Le inquietaba la zona de los sesos que había sido sesgada y que sin duda acarrearía alguna secuela importante.

Antes del amanecer, había fregado bien el suelo de la cocina, dejándolo completamente limpio. En la lavadora, se hallaban dando vueltas todas las prendas manchadas de sangre, y en el cubo de ropa sucia esperaba las sábanas y las toallas su encuentro con el detergente para un segundo turno de colada. Su padre había sido trasladado hasta la butaca del salón en donde reposaba su consunción tapado con una manta, tras haber sido lavado y provisto de muda limpia. A la madre, le había aportado iguales atenciones, pero permanecía acostada en cama, tapada con las sábanas. Su hija se las había compuesto para remover las manchas, primero de un lado y luego del otro variando alternativamente la posición de la anciana.

La noche había sido agotadora, y este último pitillo, tras acabar la tarea más engorrosa, le sabía condenadamente bien. Ahora, tranquilamente, iría suministrándoles a los ancianos un bote tras otro de salsa roja, hasta acabar con la existencia. Al día siguiente, la hija se encargaría de rellenar la despensa aportando nueva remesa fresca, repleta de vitaminas. Como hacía siempre.

Ya no había tiempo de regresar a su casa, así que hoy descansaría en el hogar de sus padres. Comprobó que todas las persianas se hallaban bien cerradas y se preparó el sofá. Tumbada y a oscuras vio su enorme error, pensó sobre sus consecuencias y concluyó que sus actos egoístas habían llegado demasiado lejos. Empero había decidido que se darían juntos una segunda oportunidad. A fin de cuentas, todo había sido promovido por el cariño que les profesaba. Ella sólo les había correspondido con la misma moneda. Sus padres le habían dado la vida y la hija les devolvía el favor regalándole sus dones y evitando de paso su condenación eterna.

Pero sus ancianos padres dependen para siempre de sus cuidados, pues no podrían valerse por sí mismos de ninguna de las maneras. Seguirían ellos viviendo sus vidas austeras de sensaciones enclaustrados en casa, ignorantes del día, ajenos de la noche, inconscientes de sus condiciones, ausentes de sus legados...

Incluso desconocían que sus certificados de defunción reposaban en el registro civil hacía ya treinta años.

Ella pensó que un matrimonio ejemplar, en todos los aspectos, capaz de soportarse mutuamente cobijados en el amor hasta llegar a celebrar las bodas de platino, podría seguir eternamente su idílica historia, pero por alguna razón, el cerebro no está listo para soportar la omnipresencia de una misma persona durante más años de los debidos. Esta coexistencia marital se tornaba martirio pasando el centenario, y estos últimos cinco años habían sido un calvario de convivencia mutua. Simplemente, ya no se soportaban. Ya no había nada más que decirse y cada cual buscaba su liberación del otro. Reclamaban su derecho a quedarse viudos algún día, como todo el mundo. Poder echar de menos, quizá derramar una lágrima de tarde en tarde, pero sin llegar a una jornada más a ver la misma cara sempiterna de la otra persona. Y menos todavía, sumidos en su encierro involuntario, guardados bajo llave por su hija, condenados de por vida a encontrarse en cada rincón de la casa.

Por eso, ya no se hacían preguntas, y nunca cuestionaban las extrañas circunstancias de sus vidas. Sus cerebros funcionaban muy despacio, a impulsos primarios, reteniendo un odio, que más tarde o más temprano salía a relucir en forma descarnada y violenta.


En los últimos cinco años se habían estrangulado, quemado, cortado y machacado, continuadas veces, pero sus carnes, incomprensiblemente, siempre se recuperaban de los daños, regados abundantemente con la deliciosa salsa roja que su hija, siempre bella, servicial, amable y lozana, se encargaba de procurarles todas las noches




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