Se llama copla democrático

MI BLOC, QUE NO BLOG

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Re: MI BLOC, QUE NO BLOG

Mensaje  achl el Jue Abr 06, 2017 1:07 am




Me sodomizaron


Corrí como una galga. ¡Perdía mi tren...!

Breves pero inolvidables momentos los de aquella noche que empezaban a escribir, sin siquiera imaginarlo, una nueva página de mi vida.

La reunión era tan densa y tan aburrida que ya estaba harta. Nuevos proyectos de venta, nueva imagen de marketing, números, números y más números... No veía la hora de que acabase todo aquello.

Y para más inri, esa misma noche debía viajar a Madrid para tratar de cerrar durante la mañana del día siguiente un importante negocio.

El reloj de la pared de la sala de juntas marcaba las 21,20 horas. Sobresaltada, me levanté de la silla de dirección. Mi tren partía a las 22,00 horas

____¡¡Qué pierdo el tren!! -anuncié mediante una fuerte exclamación.

Sin conceder tiempo a más comentario de mis empleados, cogí mi agenda y mi maletín y salí a todo gas.

____¡Pídeme un taxi! -le dije a mi secretario-. ¡Es muy urgente! -añadí.

Entré en mi despacho, cogí la maleta, que había preparado de antemano, y me dirigí a uno de los ascensores, que no sabía por qué se estaba demorando más de la cuenta. Poco después me dijo el conserje del edificio que el otro ascensor se había averiado, por lo que todo el trasiego de subidas y de bajadas lo estaba soportando uno solo.

Cuando el ascensor llegó a la planta baja, ya esperaba a las puertas del lujoso edificio un taxi con la puerta derecha trasera entreabierta.

____¡A la estación de Santa justa! -le dije al chófer-. ¡Pero dese prisa, por favor, que pierdo mi tren! -añadí.

Tras una carrera, en la que el chofer zigzagueaba en la Avenida de la Palmera, no dejaba de mirar la hora. Por fin, llegamos a la estación. Sin siquiera preguntarle al taxista el importe del viaje, saqué de mi billetera dos billetes, uno de veinte y otro de diez euros, y se lo dejé en el asiento delantero derecho, a la vez que le daba las gracias por la celeridad.

El electrónico de la estación anunció la inminente salida de mi tren. '¡Y yo con estos tacones!', pensé. Me descalcé y me lancé en su persecución. El andén 13 parecía interminable.

En el momento en que el convoy iba a partir, trepé al vagón. Agitada, localicé mi compartimiento, donde solté mis bártulos, y me dejé caer sobre mi asiento. Varios minutos después, ya recuperado el aliento, vi que mis medias se habían roto. Dejé en el asiento de al lado mi abrigo y mi maletín, me arreglé un poco el pelo, y revisé la maleta en busca de un nuevo par de medias.

Antes de ponérmelo decidí ir al baño a refrescarme. Cogí las medias, me calcé los zapatos y salí en busca del aseo. Tuve que recorrer todo el pasillo hasta hallarlo. En el camino vi que la mayoría de los compartimentos estaba a oscuras, quizás vacíos. Me estremecí al imaginarme el tren corriendo sin pasajeros, rodando en medio de la noche negra.

Al encender la luz comprobé la estrechez del cubículo. Me desabroché la blusa, botón a botón. El agua salía fría. Un suave chorro, que recogí en la palma de la mano, era suficiente para refrescarme la cara y el cuello. No quería salpicarme la ropa. Me incliné sobre el lavabo. Pero, de pronto, se abrió de un golpe la puerta y alguien apagó la luz. Súbitamente, recordé que no había echado el pestillo.

Alguien se puso detrás de mí. Una mano cálida me tapó la boca. Otra mano se apretó sobre mis pechos y los tocaba con ternura. Sentía que enganchaba el  sujetador. El roce, aunque delicado, me lastimó un poco los mamelones. Apretada contra el lavabo, no tenía opción de defenderme. Relativamente sofocada traté de separar al que fuese de mí. Sentí una presión sobre mis nalgas que, junto con el temor, percibí una ráfaga de excitación, que me subía por los muslos.

La misma mano que me acariciaba buscaba mi falda; tiró de ella hacía arriba y halló el hilo de mi tangas. Escuché el sonido de la costura al ceder, y eso aumentó mi ardor. Había en mí una mezcla de miedo y de deseo. Mi sexo comenzó a mojarse con sus propios jugos. Ya no quería gritar, ya no quería defenderme, ya dejé de resistirme...

Quizás el atacante percibió mi entrega, porque destapó mi boca, sentí su aliento y sus caricias sobre mi cuello. Me volqué más sobre el lavabo. Quien fuese me sujetó por las caderas, ahora desnudas.

Sus palmas se deslizaron por mi culo, explorándolo en esa oscuridad sofocante. Le dejé hacer, disfrutando yo también de cada uno de sus hallazgos.

Me soltó de pronto. Escuché que se bajaba una cremallera. Sentí el calor húmedo de una pene entre mis nalgas. Enseguida me di cuenta de lo que iba a suceder a continuación y aspiré hondo.

Era un miembro grueso y duro, que ardía al penetrar. Los dos empujábamos; él, por clavarse en mí, y yo, porque llegase hasta el fondo. Ahogué un gemido, pero no contuve un espasmo de doloroso placer. Al mismo tiempo que me sodomizaba, acariciaba mi vulva. Agitaba los labios de mi vagina y le daba suaves golpes. Su respiración se aceleraba junto con la mía.

____¡Más... más...! -dije, en una exclamación semi ahogada.

Los movimientos se aceleraron. El golpeteo de sus testículos contra mis muslos me arrastraba a un clímax. Un clímax delirante. Me contraje entera, y estallé. Me inundó un chorro intermitente de liquido pegajoso. Siguió con sus movimientos, y a cada intento, un jadeo, un suspiro ronco; hasta que fue relajándose. Su miembro empezó a perder turgencia y resbaló sobre mi nalga. Aquel líquido viscoso y caliente se escurrió por mis piernas, que todavía temblaban.

Iba a decir algo, cualquier cosa, cuando me soltó y salió del aseo, no sin antes dar a mi traseo un delicioso beso. Apenas me rehice, asomé la cabeza al pasillo: nadie a la vista.

Encendí la luz del aseo y me miré en el espejo. Vi señales en mi cuello. Luego de asearme como pude, regresé a mi compartimiento, espiando en cada uno de los que se encontraban iluminados. No pude reconocer a nadie.

Sentada ya de nuevo en mi asiento, una sensación de relax bullía en mi interior Me dije para mí:


Esta noche, sobre las 22,15 horas, en el aseo de un tren con destino a la capital de España, he sido sodomizada por alguien, pero de una forma sumamente delicada, y diría que hasta con amor. Tanta delicadeza y tanto amor que en absoluto me importaría que ese alguien me sodomizase de nuevo


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Re: MI BLOC, QUE NO BLOG

Mensaje  achl el Jue Abr 06, 2017 8:43 am




Luchaba para que aquella noche...


...no fuese un espejismo. Luchaba para que hubiesen más noches como aquella, y rezaba para que el destino lo hiciese posible


La recuerdo como si fuera hoy. Estábamos paseando de noche en la playa. ¿El motivo? ¡Qué importa! Lo único que importa es que estábamos juntos. ¿Saben algo?, no sé por qué, quizá por orgullo o quizá por encontrar una mejor ocasión, el caso es que nunca quise decirle que aquella noche fue la noche más increíble de mi vida.

Aún puedo oler y saborear la brisa de aquella idílica noche de verano. El cielo y el mar nos brindaban un espectáculo majestuoso. Y en medio de la noche, entre millones de estrellas, y algunas de ellas mirándonos enamoradas, y millones de olas, y algunas de ellas mirándonos provocadoras, nos encontrábamos ella y yo, paseando, sin prisas, sin preocupaciones...

Recuerdo su olor, mezclado con el familiar salobre que se desprendía del agua del mar. En un principio, mi intención era rememorarle esta historia al oído, a su lado, pero mi corazón ha preferido guardar todos esos momentos para después plasmarlos en estas líneas, y así ella los pueda leer y conservarlos.

Aún puedo sentir su mirada en la mía, y ver con asombro cómo quería contar las estrellas. '¿Recuerdas la osa mayor? ¿Verdad que no has olvidado la osa menor y la historia que te conté sobre ella?', le pregunté entonces. Y hoy, sólo, miro las estrellas y todo me transporta a aquella mágica noche.

Recuerdo como una de mis manos cayó por 'accidente' encima de una suya. Mi dedo índice parecía tener vida propia; y cual fugitivo comenzó a recorrer la punta de sus mamelones. Al principio dudé, pues la amistad que por ella sentía era grande y no quería por nada perderla. Claramente sentí su reacción, como si una ligera descarga le hubiese llegado. Pensé en retirarlo, pero su manifiesta relajación era una invitación a continuar. Inventé una nueva constelación para ganar tiempo y poder subir de nuevo mi dedo. Ella, por momentos deseosa, me seguía la corriente. Me llevé la otra mano a mi pelo, como queriendo disimular lo ocurrido y enfrentando el miedo a perderlo todo. Pero, 'bah!, de nuevo lo intenté. Total, si algún reclamo se producía, podía decirse que éramos buenos amigos con derecho a 'algo'.

Mi respiración se agitaba. Los segundos se hacían largos. Cogí aire, y mi dedo de nuevo volvió a la carga. Y esta vez fue mejor; ella lo esperabas, y noté cómo su respiración se hacía cada vez más acelerada. Nuestras caras expectantes..., pero por más que lo intentábamos, no nos atrevíamos a mirarnos, simplemente mirábamos el mar. Deslicé mi mano sobre la suya y mis dedos se abrieron paso entre los suyos en un baile suave, rítmico, sensual, eterno... Pude sentir cada poro de su mano, el latir de su pulso y su respiración sincronizarse a la mía. La apreté más fuerte y sentí el calor de su piel. Nuestros almas juntas bailaron un bolero lento. Con los ojos cerrados, me uní a ella en un solo pensamiento, en un solo sentir, en una sola respiración, en un solo corazón, en una sola alma. Y luego, no pudiendo aguantar más ninguno de los dos, rápidamente nos fuimos hacia la orilla, nos besamos y entonces... pasó lo que tenía que pasar, que nuestros cuerpos se juntaron y se entendieron. ¡Y culminaron!

Y desde esa misma noche, los dos sabíamos que queríamos ser el uno para el otro. Desde esa misma noche, los dos sabíamos que nunca más podríamos vivir separados el uno del otro.


No obstante, hoy que me encuentro solo y lejos de ella, contemplando el mismo cielo y el mismo mar. Pero quiero recordarla como en aquella inolvidable noche, aunque la recuerdo como si hoy fuese


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Re: MI BLOC, QUE NO BLOG

Mensaje  achl el Jue Abr 06, 2017 9:02 am





Matrimonios fracasados



Primavera loca: en las mañanas, frío; al mediodía, calor; en las tardes, calor intenso; y en las noches, de nuevo frío…


Por eso mismo me resfrié. Es frecuente resfriarse en un clima así. Pero resfriarse con un sol brillante, es lo más tonto que te puede pasar. Era un lunes a las tres de la tarde. Salí de la oficina. Empapé una caja de klinex. Me dolía la cabeza. Me crujían todos los huesos…

Los lunes son mis días favoritos para una infidelidad asegurada, sin sospechas, sin temores. Los lunes son adrenalina pura. Hoy, resfriado, con un klinex en una mano y la otra sujetando el volante de mi coche, rumbo a mi casa. Me espera un zumo de naranja y un Ibuprofeno. Mi mujer estaba para salir, sólo me dijo que había dejado en la nevera una jarra con zumo de naranja y se fue. Fui al botiquín y saqué una pastilla de la caja de Ibuprofeno. Fui a la cocina, cogí un vaso y me serví un zumo. Sentí fastidio. Los lunes de ‘carne’ tomaba zumos de naranja con ron. Pero, ahora. zumo de naranja con Ibuprofeno.

A ella le gustaba el ron. Licor dulce, como ella. Salía de la oficina a las tres como yo, pero nos veíamos poco. Ella era la secretaria de nuestra empresa, y yo el contable. Ella, con un marido guaperas y aventurero compulsivo; y yo, con una mujer ausente, ocupada y preocupada sólo por su línea. Ambos casados y cansados de tanto tedio…

Me gustaban sus manos, sus uñas rosadas, sus tacones, que sonaban al acercarse a mi oficina; sus medias de color carne, sus pantorrillas, que parecían decir ‘tócame’. No sé cómo nos hicimos amigos, pero no me gustaba como amiga; yo quería acostarme con ella. Sólo con verla, mi sangre hervía y su voz calentaba mi cuerpo…

Una día de aquellos estaba solo en la oficina, centrado y concentrado en mis números. No la sentí llegar. Solo oí su voz. Me di la vuelta. Me miró en forma rara. Sin hablar, me levanté. No había nadie, sólo ella y yo. Le cogí la mano y se la besé. Sorprendida, me miró. Primero besé suave cada dedo, la muñeca, la palma. Y le dije: ‘hola’. Estaba como queriendo decirme algo, pero no; colgó su brazo en mis hombros, nos besamos, su cara pegada a la mía. Su boca abierta parecía comerme. Mi mano en su espalda buscando… buscando ese mágico broche que lo abre todo. Lo hallé. Sabía que si apretaba caía la falda, y algo más. La miré para ver su cara. Seguía besándome, su mano en mi pecho. Pulsé el broche, y cayó lo que queríamos que cayera. Noté su tensión, y yo me sentí en la gloria. ‘Serás mía’, pensé…

Una de mis manos bajó, para escudriñarla. Me gustaban sus piernas, cubiertas con aquellas medias. Me puse en cuclillas. ¡Hermosa mujer! ¡Hermoso cuerpo! Besé sus rodillas. Me cogió el pelo, no veía su cara, esa cara tan linda. Le besé una pierna, no, la saboreé. Conté algunos lunares pequeños mientras subía. No me soltaba el pelo. Suave, con mis dientes, tiré de ese tirante que sujeta esa pieza de tela nimia que cubre su pudor. Tiré dos veces y en las dos sentí su calor, en las dos mi pelo dejó de ser acariciado. Mi pelo se convirtió en el soporte de su estremecimiento...

Dudaba de cuál sería mi siguiente paso. No quería defraudarla. Me gustaba, la deseaba y la respetaba. Pero creo que percibía mis dudas. Me cogió la mano y me levantó. La vi de nuevo de forma panorámica: hermosa mujer. Me dijo: ‘ven conmigo’. Me llevó a un sofá grande en aquella oficina silenciosa. Entonces, hice lo que me decía mi corazón y le pregunté:

____¿Qué es lo que quieres que te haga?
____Lo que sea es más cómodo aquí, ¿no crees? –respondió.

Se tendió en el sofá. Ahora la veía en horizontal. Me gustaba más así. Intentaba entenderme a mí mismo. No sé de dónde me salía el deseo de morderla, de sentir sus suspiros, convertidos en quejidos. La besé de nuevo en la boca. Me quitó la camisa. Me rasgó la espalda con sus uñas. Sentí dolor y cosquilleo. Mis manos acariciaban sus piernas. Le besé el cuello, iba bajando. La seguí besando. Bajé no es lo correcto, me desplacé es lo idóneo. En cada beso sus ¡ay! eran acelerados. Mis manos me quitaron todos los obstáculos. Cada movimiento de mi boca era un leve lamento de ella…

Sus manos clavadas en mi espalda. Yo gritaba; su respiración, agitada hasta hacía poco, iba relajándose. Me llevó nuevamente hacia su cara, su pelo revuelto, su mirada dulce y una leve sonrisa. ‘¡Me tienes loca!’, me dijo. ‘¡Y tú a mí!’, le dije. Y nuestros cuerpos se fundieron, y pasó lo que tenía que pasar…

Era feliz. Veía una mujer satisfecha. Me besaba, relajada. Me quitaba el pantalón. El ver a aquella mujer, tan delicada, dándome placer es más que felicidad; es como pasar del sólido al gaseoso. Ciertamente, era predecible. Ella lo sabía, pero mi felicidad era tener sexo con ella y esa felicidad valía más que cualquiera otra cosa…

'Acabamos', nos vestimos y hablamos tranquilamente. No me amaba.  Tampoco yo a ella. Simplemente nos gustaba estar juntos y jugar al sexo. Estábamos seguros de eso. Me propuso encontrarnos un par de veces, según circunstancias, al mes en algún sitio íntimo. Me pidió por favor que siempre llevase ron, que ella llevaría zumo de naranja. Le sugerí zumo de limón, pero ella insistía en zumo de naranja…

Nuestra relación de puro sexo duró dos años y medio. Aunque poco a  poco nos íbamos cogiendo cariño, y era un cariño especial. Contribuyó su esposo a que lo nuestro acabase, que un día apareció de pronto y se la llevó consigo a no sé dónde. Entonces me quedé más solo que antes, aun con ‘mi esposa en casa’. Se acabaron mis encuentros con ella, mis charlas con ella, mis besos con ella, mis abrazos con ella, mi sexo con ella…

Ahora aquí, en mi casa, echado sobre el sofá, ya sin resfriado, pienso en el ron con zumo de naranja. Pienso en ella y en lo difícil que resulta hallar a una mujer como ella: bella, libre, liberal; una mujer, en cierta manera, feliz por como es, pero, en definitiva, una mujer abandonada. Como yo.

Por muy lejos que se la lleve su marido y por muy acaramelado que ahora se muestre con ella, sé que volverá a mí. Sin ataduras, pero volverá de nuevo. Yo le di lo que no supo darle él. Y mi esposa, como siempre, entregada a sí misma, sin preocuparle mi persona, y mucho menos mis necesidades de sexo…

Y volvió. ¡Vaya si volvió! Al mes, desesperadamente me buscó. Pero esta vez para no separarnos nunca. Se divorció. Me divorcié. Y en la actualidad vivimos juntos, sin estar casados. La parte buena de todo esto es que ni ella ni yo tenemos hijos de nuestras anteriores parejas. También nosotros decidimos no tenerlos en común. Somos felices así. Ambos seguimos en nuestros respectivos puestos de trabajo. Estamos enamorados. Viajamos, paseamos, nos divertimos, hacemos el amor, la amo, me ama... ¡Nos amamos apasionadamente!


La vida nos sonríe ahora






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Re: MI BLOC, QUE NO BLOG

Mensaje  achl el Jue Abr 06, 2017 1:39 pm



Me fascina recordar nuestros juegos

Te vi y mi corazón se ha parado unos segundos. No sé si es cierto que una mirada intensa se siente a distancia, pero tú has vuelto la cabeza hacia donde me encontraba y he visto aparecer en tu cara un gesto de acercamiento, seguido de tu bonita sonrisa.

Estás pendiente de que cambie ese eterno semáforo, que une la autovía con la ciudad, para cruzar y venir a saludarme. Estoy en la puerta de un Banco esperando a mi hermana.

Empiezo a recordar

Recuerdo nuestro primer beso, que fue casi en broma; la corriente que sentimos, la sensación sabrosa que nos quedó, nuestras citas, nuestras caricias, nuestra 'primera vez'; y, sobre todo, nuestros juegos.

Recuerdo aquella fiesta que montaste en tu casa, aprovechando que tus padres habían salido de viaje; el miedoque teníamos, la música rock y el intento de hacer el amor que tuvimos en tu cuarto: no se te levantaba del todo a causa del alcohol; querías pero no podías. Tirada en la cama con la falda levantada, sin bragas, y sin pudor, no podía dejar de reírme.

Un amigo tuyo entró de repente y entonces paramos. Duró poco. Se te empezó a poner dura al verle allí, y más al ver que yo no me tapaba y seguía riéndome. Pero me penetraste. ¡Vaya si me penetraste! ¡Y bien pene-trada! Experimenté una sensación extraña al tener un orgasmo, mientras tu amigo nos miraba masturbándose. Y desde ese día, todo fue un juego

Recuerdo cuando paseábamos y me quitabas el sostén, para dejar al aire mis senos, y caminábamos así por la calle, como si nada. Los transeúntes iban a su rollo, pero algunos miraban con deseo; entonces tú me sobabas los senos. Yo no aguantaba mucho ese juego. Sentía vergüenza, mezclada con excitación. Muchas veces acabábamos 'haciéndolo' en algún parque o en el aseo de nuestro bar.

¡Ay, nuestro bar! Otro recuerdo. En él era donde quedábamos, en donde pasábamos muchas tardes, solos o con algún amigo. Recuerdo aquella vez que me descalcé y comencé a acariciártela por debajo de la mesa y por encima del pantalón. Sabía que el dueño del bar estaba allí, tras la barra, y podía vernos. En parte, lo hacía para que nos viese. Después de un rato sobándotela con mis pies, la tenías tan dura que te arriesgaste a sacártela del pantalón, y sólo con un pie conseguí que te viniese un orgasmo.

El dueño del bar nos miraba. Fuimos al aseo de señoras, y casi seguido, él entró al de caballeros; puerta frente a puerta, y dejamos ambas abiertas. Tú me 'lo hacías' mientras él se masturbaba mirándonos. ¡Ay, cuantísimos polvos echamos en aquel aseo!

Recuerdo una tarde que me acompañaste de compras. Un probador con cortinas, tú fuera, esperando a que me probase los mil trapos que había cogido. Había un hombre fuera en tu misma situación, y a ti te apeteció jugar. Entreabriste la cortina, y aquel sujeto no perdió la oportunidad de mirar cuando empecé a desnudarme. Me percaté a través del espejo, así que me quité más ropa de la que necesitaba quitarme. Movía el cuerpo al ritmo de la música que sonaba en la tienda. Me acariciaba los pechos y me metía una mano bajo las bragas, enseñando sin enseñar. El bulto que se veía bajo el pantalón del aquel extraño, me animó a girarme hacia él y a mirarle con descaro mientras me desnudaba del todo. Hasta que salió su mujer de un probador, y tú cerraste nuestra cortina. Hicimos el amor allí mismo, mordiéndonos los labios para no gritar.

Ya estás a mi lado. Nos damos un beso y un abrazo. Has cambiado, estás más hecho, más hombre. Han pasado seis años desde que nos vimos por última vez.

____Estas guapísima -me dices
____ Y tú tan mentiroso -y nos reímos como antes. Nada ha cambiado.
____Me dijeron que ya no vives aquí -le pregunto.
____Así es. Vine para visitar a mi familia.
____¿Podrías dedicarle esta tarde una vieja amiga?
____Hoy tengo prisa, pero estaré en la ciudad toda la semana.
____¿Quedamos mañana para comer juntos? -le suelto de sopetón.
____Estupendo. Me parece bien.

Entonces me das la dirección de un restaurante marroquí y fijamos una hora para vernos. Intercambiamos los números de los móviles. Mi hermana llega, la saludas. Nos despedimos, con otro beso y otro abrazo, y te vas,

Mientras camino por la avenida hacia mi casa, con mi hermana a mi lado, sonriendo sigo con mis recuerdos. Intencionadamente me desabrocho los botones de mi blusa, meto dentro una de mis manos y luego me acaricio repetidamente los mamelones pensando...


¡Qué tiempos tan maravillosos aquellos!


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Re: MI BLOC, QUE NO BLOG

Mensaje  achl el Vie Abr 07, 2017 9:37 pm




Mi 'rasurada amiga' disfrutó de lo lindo



Estaba todavía en mi casa. Había terminado de ducharme y ya estaba preparado para salir. Era un sábado del mes de junio, y había quedado con mi amigo Víctor

Pero antes de seguir con mi relato, me presento...

[
center]Tengo 24 años: 1,82 de estatura, normal de peso, ojos verdes, pelo castaño y poseo 'una juguetona de 18 centímetros'. Tengo tatuajes a tutiplén. Toda mi anatomía marcada a base de tintas. Los que me conocen dicen de mí que soy tímido, aunque luego de cinco o seis cervezas tengo la virtud o el defecto de hablar por los codos. Ah, mi nombre es David[/center]


Ahora sí. Continúo...

Víctor me había llamado a mi móvil para decirme que esa noche inauguraban una discoteca de lujo en los alrededores del centro de la ciudad. Al parecer, habían organizado una fiesta para la apertura, y había que asistir de media etiqueta. Pero lo mejor de todo era una suculenta promoción de... ¡una cervezas un euro! Pensé que podía ser una buena ocasión para volver a probar carne. Pues hacía ya más de dos meses que no hacía el amor, y me pasaba los días en blanco. Esa misma tarde me había masturbado viendo vídeos porno, donde habían felaciones, cunilingus y sexo anal. En uno de ellos, tres tíos descargaban en la boca de una tía llenándole el buche de leche condensada. Y ella se lo tragaba todo, como si limonada fuese. Pero es sabido que la auto masturbación cansa más y desgasta muchísimo más que fornicar con una mujer.

La música sonaba en mi cuarto. Estaba desnudo y me miraba en el espejo mientras decidía qué ropa me iba a poner esa noche. Y ahí estaba yo, con un polo en una mano, y en la otra una camisa de mangas largas. Cuando ya elegí la ropa y empezaba a vestirme, aproveché para dar ánimos a mi 'amiga rasurada': ‘espabila, tía, que esta noche puede ser nuestra gran noche, y si no, una buena borrachera está garantizada’. Jajajajaja...

Me puse un pantalón gris marengo, una camisa celeste de mangas largas y unos zapatos negros. Además, me até un chaleco azul oscuro a la cintura por si tenía que echar mano de él, ya que la chica de la tele había anunciado que haría frío durante las horas de la noche. Lo que esa chica no sabía era que estaba equivocada, porque esa noche iba a ser muy, pero que muy caliente... jajajajaja.

Antes de salir de mi casa cogí 100 pavos del primer cajón de la mesilla de noche; del segundo saqué un paquete de chicles, dos paquetes de LM y tres preservativos. Me rocié con mi perfume, cuello, muñecas y pubis, recogí todo y salí rumbo a la calle.

Desde cierta distancia pude reconocer su jersey rojo. No cabía la más mínima duda de que era Víctor, mi amigo y colega desde el Instituto.

____¡¡¿Dónde te has metido?!! –dijo, a cinco o seis metros de mí, gritando como un poseso, y lanzándome su típica frase: ‘¡¡te voy a matar, cabrón!’

Ah, se me olvidaba decir que habíamos quedado tres cuartos de hora antes de que yo aparecí, de ahí su enorme enfado. Llegué hasta donde estaba él me dijo:  

____¡¿No quedamos a las 10 en punto en ese bar?! –señaló con una mano. ¡¿Sabes quizás que son ya las once menos cuarto?! -añadió.
____Disculpa. Me distraje un poco y se me echó la hora encima. ¡Pero no te enfades, joder!. Venga, vámonos ya, te invito a una cerveza en esa discoteca nueva.
____¡Claro, como están a un euro...! -refunfuñó.

La disco no estaba lejos, pero pensamos que era una buena idea comer algo. 'Alcohol en estómago vacío, mala cosa', pensé.

Luego de comernos cada uno un bocata de jamón, otro de queso y de bebernos una caña de cerveza, en el mismo bar donde me citó Víctor, nos fuimos al servicio de tíos y nos metimos un chute cada uno.

Cuando llegamos frente a la disco, sacamos la primera conclusión: ‘ésta discoteca no es precisamente el mejor lugar’.

____¡Vaya antro de mierda! –soltamos, casi al unísono.
____Y eso que la anunciaban como una discoteca de lujo -dijo Víctor.

En la entrada había dos ‘gorilas’. Sí, esos tipejos que no te dejan entrar si no llevas corbata, si llevas calcetines blancos, zapatillas deportivas, o eres feo y bajito. Mi amigo Víctor lo tenía realmente difícil: nunca destacó por guapo ni por alto, y, para más inri, siempre calzaba deportivas. jajajajaja…

____Vámonos a otra discoteca, David –me dijo Víctor.
____Creo que lo mejor sería irnos a nuestro pub de siempre –ese era un pub al que solíamos ir con frecuencia.

Dimos media vuelta, decididos a irnos de allí. Pero entonces fue que ocurrió: ella chocó conmigo. Era preciosa: unos veinte años, metro setenta, pelo rubio, mirada cautivadora... Surgido de las entrañas de sus grandes y preciosos ojos miel, sus redondos mofletes daban ganas de pellizcarlos, de la misma manera que una abuela ataca los mofletes de sus nietos. ¿Y qué decir de sus pechos? Su minifalda era un placer, y su blusa marcaba apetecibles mamelones, que merced al frío que la televisión había pronosticado, estaban tan duros como mi pene cada vez que los recuerdo. Sus dos pitones empujaban, como queriendo escapar de su prisión de tela.

____¡A ver si miras por dónde vas, payaso! –me dijo, apretando los dientes.

Sonrojado quedé, sin poder apartar mis ojos de aquella obra de arte que tenía frente a mí. Lo bueno de que me diese la espalda y se alejase fue que pude contemplar a mis anchar un redondo trasero que se escondía bajo la minifalda, Y yo quería ese trasero para mí solo. Jajajajaja...

____¡Vámonos ya! –me dijo el pesado de Víctor.

Pero como podéis imaginar, yo no podía irme. Ya no era un antro para mí, era el Paraíso. Aquella despampanante chica, con un cuerpo de diosa, como esos cuerpos esculpidos por eminentes escultores, acababa de entrar a la discoteca.

Tardé bastante en convencer a Víctor que debíamos entrar. Pero le convencí, no sin antes hablar con uno de los 'gorilas’ para que nos permitiese pasar. '20 pavos contribuían grandemente'. Todas las luces parpadeaban adentro. Miré a Víctor, y en un segundo imaginé cómo sería él con su cara roja, azul, o verde, o amarilla, mientras nos dirigíamos hacia la barra. En ese preciso momento sonaba en todo el local 'Macarena'. Me entraron ganas, primero de besar al pinchadiscos, y luego de tomar una pastilla, incitado por la canción. Pusimos nuestros trapos en un perchero próximo y luego pedimos dos cervezas, al mismo tiempo que nos íbamos empujando con la chusma para tratar de hacernos un hueco.

____¡Dos cervezas, 6 euros! –dijo con voz agria el camarero.
____¡¿Cómo?! -miré a Víctor, indignado.
____A mí me habían dicho que... -empezó Víctor.
____Yo pensaba que... –añadió.
____¡Te habían dicho, te habían dicho, pensabas, pensabas...! –dije, enojado.- ¡La próxima vez le mientes a tu tía Frasquita!

Las cogí y las pagué porque se lo había prometido, que si no, ya podía ir él sacando su propia pasta.

Nos fuimos hacia la pista. Yo quería buscar a esa chica, y... la encontré: bailaba con otra al son de: ''Y yo sigo aquí','de la rubia mexicana, Paulina Rubio. A mí no me importaba la música que sonase, sólo quería ver aquel culo en movimiento.

Como ya dije, soy tímido y sólo había bebido una caña, de modo que aún no pensaba en acercarme a ella, porque si lo hacía, mi cara se vería tan roja como el jersey de Víctor.

Quedé mirándola, pero antes que pudiera darme cuenta, Víctor susurraba algo al oído de la chica que bailaba con ella. Se llevó un señor bofetón, y volvió a mi lado. La consecuencia de aquello fue que mi Dulcinea nos vio, se dio cuenta de mi presencia y nos miramos. ‘Encima de chocarnos, ahora me ve con un metepatas' pensé. Pero cuál no fue mi sorpresa que en lugar de recibir su desprecio brotó de su cara una sonrisa; sonrisa que no olvidaré jamás. Se me acercó trayendo consigo un cubata, medio vacío. ‘¿Me habrá reconocido? ¿Qué querrá ahora? ¿Me montará aquí mismo un pollo?’, pensé de nuevo.

____Hola, me llamo Carolina, pero me puedes llamar Carol –dijo, acercando su boca a mi oído. 

Mi corazón empezó a latir deprisa. A esa distancia pude oler su dulce olor. Al quedarme más baja de altura, miré su escote. Ella se  percató y me sonrió, y también yo; pero mi sonrisa era causada por los nervios del momento. 'Venga, David, ya no hay vuelta atrás, tienes que armarte de valor e insinuarte'. Eso me dije, y lo llevé a cabo:

____Hola, y yo me llamo David.

Nos besamos con los dos típicos besos en mejillas, como se hace en estos casos. Saqué del bolsillo del pantalón un paquete de LM y llevé un cigarrillo a mi boca y después guardé de nuevo el paquete. Tenía que tranquilizarme. Buscaba un mechero en mis bolsillos, cuando, de pronto, ella estiró la mano, cogió mi cigarrillo de mi boca, se lo puso en la suya y lo encendió, mirándome con cara de 'niña mala'.

Mientras tanto, el pinchadiscos continuaba en su línea, fiel a su música. Carolina o Carol se fue sola a la pista de baile, insinuante, sexy y casi provocativa. Y yo seguía tratando de asimilar el hecho de que ella se hubiese acercado a mí.

Para entonces, Víctor se había ido ya a la barra. Pude ver de reojo su diminuto cuerpo intentando ligar, sin éxito, con un chico con cabello largo, que confundió con una chica. Carol se me acercó de nuevo.

____David, perdona por el topetazo de antes. He tenido un mal día y estaba muy cabreada. 

Y entonces fue cuando me di cuenta que me había reconocido. Y además, me agradó muchísimo el detalle de disculparse y de que se dirigiese a mí por mi nombre.

____No pasa nada. No tienes por qué disculparte. Todos tenemos días malos –respondí.

Me consideró un tipo de confianza, hasta el punto de que, sin conocernos de nada, me contó que estaba atravesando una malísima racha: sus padres se habían divorciados, un mes atrás, y su novio le había puesto los cuernos y precisamente con una de sus mejores 'amigas', y justo antes de toparnos, acababa de salir de la disco para terminar la relación con él, en violento diálogo a través del móvil.

De pronto, cambiando de persona, pero siguiendo con el tema novio, me preguntó:

____Y tú, ¿tienes novia? Seguro que te rifan las chicas –me dijo.
____¿Yo? Soltero y sin compromiso –le dije, sorprendido por tan inesperada pregunta, y muy halagado a la vez por su bonito piropo.
____Pues resulta difícil de creer; eres un tipo guapo, alto, ¡y estás buenísimo, tío! -sus ojos miel me inspeccionaron de arriba a abajo.
____Eso es que tú me miras con buenos ojos. Quizá el alcohol te hace verme así -miré su vaso, que estaba ya completamente vacío-.
____Este no es tu primer cubata, ¿verdad? -añadí, con la misma valentía que me inculcaba su desparpajo.
____Bueno... con este llevo ya seis -y dicho eso se fue de nuevo a la pista de baile.

Era feo quedarse inhiesto solo, mientras 'tu chica' bailaba, así que la seguí. Ya en la pista, como si fuese un campeón de baile, empecé a mover piernas y brazos. La chica, que antes bailaba con ella, se acercó a nosotros. Carol me la presentó como 'una amiga muy especial''. De repente, empezaron a bailar las dos, muy pegadas y acariciándose las tetas por encima de la ropa, a la vez que se besaban en la boca. Después, les dio por pasarse cubitos de hielo de boca a boca. '¡Oh, esa nena es bisexual! Si lo hubiese sabido antes, le hubiese ahorrado una buena hostia a Víctor’, me dije para mi interior.

Entonces pensé en Víctor, y lo busqué con la mirada. ¡No me lo podía creer! Estaba comiéndole los morros a una tía, cerca de la puerta de los aseos, justo al lado de la barra. Desde la distancia, que no era mucha, pude calcular que aquella mujer debía rondar en los cuarenta y tantos: metida en carnes, feota, algo desaliñada y con los pechos caídos. 

Y, mientras tanto, Carol seguía el juego con su 'amiguita'. Hielos viajaban de boca a boca y lenguas se devoraban en cada gélido intercambio. Aquello era una escena sexual para mis ojos. Tanto, que se me estaba poniendo durísima.

Llevado por un arrebato de una excitación incontrolada, la cogí del brazo, la atraje hacia mí y la besé en la boca, lengua incluida. Los seis cubatas no debían afectarle demasiado, ya que no me rechazó; por contra, me correspondió deseosa e incluso ansiosa...

Luego de nuestras bocas fundidas, aparté la mía y la llevé a su cuello; repté la lengua hasta llegar al lóbulo de su oreja derecha, cuyo mordisqueé repetidas veces. Carol gemía y gemía...

La pista de baile estaba casi llena de gente joven, pero eso no parecía importarle a ‘mi conquista’, ni tampoco el hecho de que estuviese presente su 'amiguita'. Sólo ella y yo existíamos en ese momento en la pista. De pronto, bajó su mano derecha hasta mi pubis.

____¡Jo, tío, qué durísima la tienes! -exclamó, mientras se mordía el labio inferior, repetidamente.
____¡Ahh...! Te invito a... ¡ahhh...! -quería tirármela ya.

La cogí del culo. ¡Dios, qué pedazo de culo!, y nos dirigimos a la barra. Pero en el camino me arrepentí. Estaba ya a más de cien. iba a explotar, así que le hice una nueva propuesta.

____¿Y si nos vamos al aseo de tías? -sonrió, me miró y empezó a pasarse la lengua por los labios...
____¿Y por qué no? -me dijo al oído, con una voz picarona.

El servicio de señoras era espacioso. Tras cruzar la primera puerta encontramos una salita de espera, con lavabo, espejo y máquina de preservativos. La gente hacía cola para entrar y comprar esas gomas. Y más al interior, dos puertas: una a la izquierda, con un dibujo de un tío fumando en cachimba, y la otra a la derecha, con una fotografía de una tía portando un típico abanico. 

La espera se hacía larga y corta la paciencia. Situándome detrás de ella, puse mi mano derecha en uno de sus senos y comencé a sobarlo, moviendo un dedo en círculo sobre el mamelón. Estaba tan cerca de ella que notaría mi miembro ametrallando su pubis. La palma de mi mano izquierda, posada en su culo, parecía tener vida propia cuando empezó a bajar hasta colarse por debajo de la minifalda. Rozó su piel, tan próxima de su sexo, que sentía su calor. Debido a su excitación, llevó su boca en mi boca.

Seguí hurgando hasta que hallé su tangas; lo aparté a un lado y palpé los labios vaginales mojados. De pronto, una de las puertas se abrió, y tres tipos con las pupilas dilatadas salieron, quedando libre ese habitáculo, para nuestra satisfacción. Varias papelinas vacías, tres condones usados, medio rollo de papel higiénico y dos cuerpos, con urgencia por unir sus sexos, completaban el inventario en aquel lugar, bastante pequeño, para más señas. 

____Car... -alcancé a decir, una vez que entramos.
____Psssss. No digas nada -me interrumpió tapándome la boca con su índice. Se puso pegada a mí, y yo, calzoncillos en rodillas, sin demora, no había tiempo que perder... 

____¡Mira qué tenemos aquí! -exclamó ella pícaramente, a la vez que miraba mi miembro completamente rígido. Lo cogió y la acarició mientras se metía un dedo en la boca. Sin más preámbulo, puse mis manos en su cabeza, que la guiaron hasta mi pene..

____¡Hazme lo que quieras hacerme...!

Se la metió entera en la boca, chupando y chupando con ritmo. Sus movimientos me proporcionaban un placer indescriptible. Su boca y su lengua recorrían cada milímetro de mi pene con tal maestría que me sentía en el cielo.

En ese instante, el tiempo no significaba nada para mí. Lo único que me importaba era lo que estaba pasando en aquel cuchitril. Se puso en pie y posó sus manos en la taza del váter, quedando de espalda a mí, con su trasero en pompa. Se subió la minifalda hasta quedar el culo a mi disposición; y yo, con mis '18' erguidos, sólo podía hacer una cosa: ponerle una funda. Le bajé el tangas hasta los pies y la cogí de la cintura.

____¡Hazme tuya...! ¡Hazme tuya...! –repetía, deseosa.

La penetré hasta el mismísimo fondo, moviéndome ininterrumpidamente.

____¡¡Oh, sí!! ¡¡Oh, sí!! -gritaba, repitiendo su frase.

Mi juguetona rasurada entraba y salía a un ritmo frenético. En cada sacudida, sus pechos bailaban sincronizados. Minutos después cambiamos de postura; me senté yo en la taza y ella se puso encima, quedando sus senos, libres de prendas, y a la altura de mi cara. Para mí, el tiempo se paró, pero no para quien golpeaba insistentemente la puerta, seguramente para pegarse un chute o para hacer el amor, como Carol y yo. Empero, ni aquellos minutos de impaciencia ajena hacían mella en el insistir de mi rubia preciosa, que se movía de tal manera que su son me hacía vibrar entero. Le cogí las tetas y se las lamí lascivamente, alternando una con la otra, según iba dictándome mi primitivo instinto animal...

Pero, de pronto...

____¡Me viene! –exclamé, extasiado.

Inmediatamente me puse en pie y Carol de rodillas. Me quité la funda, mientras 'mi chica' se frotaba su puesta en marcha se mordía los labios, a la espera, sin duda, de lo que estaba por llegar. Apunté a su cara y...

____¡Ahí va...!

El líquido blanco condensado que salió de mi miembro, regó la cara de Carol, cuya reía, satisfecha y feliz...

____¿Te apetece un cigarrillo? -le ofrecí, luego de ‘acabar’, y ya los dos en la sala.

Lo aceptó.

Nos fumamos tranquilamente nuestros cigarrillos, sentados en sendas sillas de la zona marcada para fumadores. Entre nuestra conversación, intercambiamos los números de móviles y acordamos vernos otra vez lo antes posible, pero ella, besándome cariñosamente en la cara, como una mimosa enamorada, me dijo que tenía más ganas que yo de que llegase un próximo encuentro.

Después de fumarnos los cigarrillos, le dije que la invitaría con mucho gusto a uno, a dos o más cubatas, pero a la vez le hice saber que ya había bebido demasiado, aconsejándole que parase ya. Aceptó mi invitación de llevarla a su casa, pues se encontraba medio borracha y había por ahí mucho delincuente.

¿Qué si nos gustamos? Jajajajaja. Eso ni se pregunta. Tanto nos gustamos y nos deseamos que en la siguiente cita llegamos los dos juntos, y dos veces además, al orgasmo. Pero ese sábado sólo era para 'mi rasurada amiga'.

Ya eran las cuatro de la madrugada, y al día siguiente, domingo, tenía yo que salir temprano de viaje en mi coche para visitar a mis padres, que vivían en Huelva, distante 95 km. de Sevilla.

Y ya sólo quedaba buscar a Víctor e irnos los tres hasta la casa de Carol y después nosotros cada uno a la suya; y si él no quisiera venirse, acompañaría yo a Carol y luego me iría a mi casa.


Curioso, ahora que lo pienso: extraño en mí que sólo me hubiese tomado una caña y un botellín de cerveza en toda la noche;  yo, que solía beber de seis a ocho botellines cada sábado. Lo que no lo era tanto es que mi 'rasurada amiga' había vuelto a tener una nueva oportunidad


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Re: MI BLOC, QUE NO BLOG

Mensaje  achl el Sáb Abr 08, 2017 12:31 am





Llegó, se satisfizo y se fue


Era una tarde calurosa de mayo en la ciudad de Sevilla. No sabía qué me estaba pasando, pero siempre tenía ganas de hacer el amor. Deseaba a todas las mujeres que pasaban por la acera de mi negocio. Las camareras del pub de enfrente estaban buenísimas, y me imaginaba un revolcón con alguna de ellas.

Bueno, antes de seguir me presento...


Me llamo Juan Carlos, un chico de 27 años, de mediana estatura, moreno, agraciado de cara y cuerpo. Y soy el propietario de un bazar de regalos diversos, al que acuden chicas, maduras, casadas, viudas, e incluso abuelas. Raramente aparecía por mi negocio algún hombre solo


Esa mañana en mi tienda había poco trabajo, apenas entraban clientes. Sobre la una entró un matrimonio; ella no dijo palabra, y mi empleado y yo no podíamos dejar de mirarla. Llevaba un vestido amarillo, ajustado y corto, en el que se le marcaba casi todo. Era evidente que se machacaba en el gimnasio. Tenía unos senos grandes, que parte de ellos se salían del escote. Se podía entrever aureolas grandes y mamelones erguidos. Seguía a su bola mirando todo lo que había en la tienda, mientras mi empleado atendía a su marido.

De repente, sonó el móvil del marido, el cual salió a la calle para hablar. La conversación parecía acalorada, y se olvidó de su mujer, de lo que iba a comprar y de todo lo que le rodeaba. Se subió a su coche, supongo que con la idea de que no escuchásemos la conversación. Mientras tanto, la mujer me tenía loco, empezó a preguntarme precios de algunos artículos y a moverse de una forma provocativa. Se agachó varias veces y se abanicó otras tantas, delatando que estaba muy acalorada. Me llamó estando en el pasillo, la parte mas oscura y menos visible de la tienda, y me pidió un precio, yo estaba detrás de ella contestando a sus preguntas.

En ese momento, se agachó para coger un producto que había abajo del todo y me dejó una maravillosa visión de su culo. Mi cabeza se quedó en blanco, se paró el tiempo y sólo pensaba en ese maravilloso espectáculo. Cuando reaccioné, era la sexta vez que me preguntaba por un precio.

____Disculpe, pensaba en otra cosa -me notó las mejillas coloradas.
____Ya, ya te veo. ¿Me puedes dar el precio de eso? -señaló, sonriendo.
____Por supuesto que sí. Disculpe de nuevo.

Se dio cuenta de que podía coquetear conmigo, que me tenía babeando y que no le iba a causar problemas con su marido.

____Me interesa, pero quisiera me hicieses un descuento.
____Bueno, tal vez pueda rebajarle... un par de euros.

Se volvió a agachar para poner el artículo en el sitio que estaba, pero dio un paso atrás, rozándose su redondo trasero con mi miembro. Sólo un roce, pero no sabía si premeditado. Vi que me causó una erección. Me miró el bulto y me sonrió. En ese momento, entró el marido y le dijo.

____Vámonos. Hay problemas en la oficina. Te dejo en el gimnasio y tú regresas a casa en taxj. Llegaré tarde.

El marido se giró hacia mí y me dijo:

____Perdone usted las molestias. Ya vendré por aquí otro día. Gracias. Buenos tardes.

La mujer me preguntó:

____¿A que hora cierras?
____A las ocho -respondí.
____No creo que me dé tiempo, pero lo intentaré.
____Si cree que puede regresar, puedo esperarla. A mí lo que me interesa es vender.
____En ese caso, haré todo lo posible por venir a media tarde.

Y se marchó y yo me quedé con mi erección y no fui capaz de quitarme de la mente su trasero.

Pasó el tiempo y llegó la hora del cierre. Estaba dispuesto a cerrar a las ocho y cuarto. Ya no esperaba la visita de la señora. Era algo que solían decir los clientes para quedar bien, o para darte esperanzas de comprar. Pensaba que era cruel cuando no lo cumplían. Pero con el tiempo, ya me había acostumbrado.

Apagué las luces del local, cerré las puertas de la tienda, y me dispuse a hacer el arqueo. Estaba en mi oficina, sólo con la pantalla de mi mesa. El pub de enfrente estaba radiante de luz y empezándose a llenar.

A esto que escuché un sonar de nudillos sobre el cristal de la puerta principal. Salí de mi despacho y vi a la mujer que había estado en la tienda caída la mañana, mirando a través del cristal.

Fui a abrirle. Noté como de nuevo se me ponía dura. No sé si fue un acto reflejo, o fue todo lo que me pasó por la mente en un segundo.

____Si llego un minuto más tarde te hubieses ido ya -me dijo-. Menos mal que dijiste que ibas a esperar un poco -añadió.
____Disculpe, son casi las ocho y veinte y ya no la esperaba.
____Ya, ya veo que no me has considerado una buena clienta. O ya te has olvidado de mí.
____No, no me he olvidado de usted.

Me quedé callado para no meter la pata. No podía decirle lo que había pensado sobre ella.

Sonrió otra vez, se giró y se fue directamente hacia una de las estanterías. Pude verle el trasero de nuevo, lo tenía perfecto, duro, redondo, respingón, era un culo soñado. De nuevo, no me di cuenta que me estaba hablando.

____Disculpe -le dije.

No respondió y yo seguía en mi mundo. Ella tenía el cuerpo sudado. Seguro que acabaría de salir del gimnasio y aún no se habría duchado.

____¿Ha tenido un día duro de gimnasio? -le pregunté.
____Sí, estoy cansada y sudada. Ni siquiera me he duchado, con idea de llegar a tiempo y comprar unos regalos que los necesito para mañana. O sea, que si estoy sudada y mojada es por tu culpa.

Llevaba todo el día cachondo perdido, pero cuando me dijo eso, de pronto se me puso como piedra. Así que yo era el culpable de que estuviese mojada y sudada. Bueno, traté de contemporizar...

Se agachó y otra vez me mostró su monumental trasero. Y en esta ocasión se quedó un buen rato agachada, eligiendo el regalo, y yo mirando lo que elegía y mirándole el culo sin disimulo.

____Cuál te gusta mas? -me preguntó.
____¿La verdad? (no podía decir su culo). Los dos -respondí, al fin.

Al hacerme esa pregunta había girado la cara, quedando ésta a la altura de mis caderas. Vio mi erección, pero en vez de buscar una salida diplomática, decidió abrir más las piernas, despreocupada, y esto me dio una visión completa de su sexo.

____Tengo todos los músculos agarrotados. Voy a tener que irme para ducharme. Necesito sentirme limpia.

Estaba confuso. No sabía que hacer ni que decir. Pero solté esto:

____Yo puedo limpiarla...
____¿Cómo?

Se levantó y se giró hacia mí. Sus mamelones bien duros y marcados, y las aureolas sudadas se podían ver como si no llevase nada.

____Disculpe -contesté medio asustado, medio aturdido-. No sabía cómo iba usted a reaccionar, igual me soltaba una bofetada -añadí.
____No acostumbro a dar bofetadas. Lo que me interesa ahora es saber qué has dicho antes. Repítemelo -sonó a orden, pero lo repetí:

____Yo puedo limpiarla...

En ese instante tenía ella el control de la situación, podía hacer conmigo lo que le apeteciese. Si hubiese querido, hubiera cogido cualquier cosa de la tienda y marcharse sin pagar, y yo no la hubiese parado. Pero esa, por lo que pasó más tarde, no era su intención.

____¿Tienes agua tibia, gel suave y esponja fina? -me preguntó
____Agua tibia y jabón normal sí, pero esponja no.
____¿Entonces cómo pensabas limpiarme? Antes de hablar debes pensar lo que dices.

Sus pechos me rozaban. Me puso una mano en la mejilla, y me dijo:

____Eso no se hace. No es de recibo que atiendas a una señora casada de esta forma. Mira cómo tienes el pene. ¿Crees que no me he dado cuenta? Me has estado mirando el culo todo el tiempo. ¿Qué crees va a pensar mi marido cuando se lo cuente?
____Disculpe -logré decir. Me sentía perdido.
____Veremos a ver cómo se puede disculpar una acción como esta...
____Puede llevarse gratis lo que usted quiera.
____Ahora me tratas como a una puta. ¿Crees que me voy a dejar comprar?
____No, no es eso -estaba nervioso, no sabía qué hacer ni qué decir.

Empezó a bajar su mano de mi mejilla, pasando por mi pecho, y cuando llegó a mi miembro, lo cogió por encima del pantalón.

____Esta es la culpable de todo. Sólo pensáis con esto. ¡Mira cómo está! ¡Quítate los pantalones ahora mismo! -me ordenó de nuevo.

Conociéndome como me conozco, no sé por qué me mostraba tan sumiso... Pero sin pensar más en como soy, me bajé los pantalones y los calzoncillos y me quedé con el pene al aire, duro como roca.

____Ahora lo que te gustaría es que yo te hiciese una felación o mejor aún metérmela por por detrás, ¿verdad? Llevas todo el día pensando en esto.
____Así es. No lo puedo negar

Me cogió el miembro de nuevo y con él en la mano, me dijo:

____Soy una señora casada, por lo tanto, háblame con respeto. Y cuando te dirijas a mí, me llamas de señora. ¡¿De acuerdo?!

____Así lo haré, señora.
____Muy bien. Veo que aprendes rápido. No pensarás que tus sueños de penetrarme se van a hacer realidad, ¿verdad?
____No señora.
____¡Quiero ver cómo te masturbas! ¡Pero ya! -ordenó de nuevo.

Tenía la pene duro pero agarrotado, así que sabía que no iba a descargar pronto, y si lo hacía no tendría fuerzas para tirármela varias veces, que en realidad eso era lo que yo quería.

____¡Cierra los ojos y continúa masturbándote! -seguía ordenándome.

Cerré los ojos y seguí. Luego me dijo que los abriese. Ya se había quitado el sostén quedando los pechos al aire; eran como las había pensado: grandes y con mamelones duros, que empezó a pellizcárselos. Me los aproximó a la boca, pero no permitió que los lamiese.

____¿Quieres que siga quitándome más ropa? -me preguntó.
____Lo que usted quiera.

Me miró, con cara furiosa. Se me olvidó decir 'señora'.

'A esta tía le va el rollo militar, el sadomasoquismo, o no sé qué diantres quiere', pensé.

____¡Ponte ahora a cuatro patas y sigue masturbándote! -otra orden.

Y yo, sin recocerme a mí mismo, sumiso seguí sus órdenes.

____¡Cierra los ojos!

Los cerré, si ello significaba que seguiría quitándose más ropa.

____¡Ábrelos!

Ahora estaba totalmente desnuda, sentada en el suelo y con las piernas abiertas, a pocos centímetros de mi cara. Podía ver su vulva. ¡Increíble! Tenía a una mujer hermosa a poca distancia de mí, y no podía ni tocarla, pero no pude evitar descargar cual cerdo, nunca mejor dicho.

____¡Ah! -gemí.
____Muy bien. Ya veo que tú te has dado placer. Pero ahora vas a cumplir con tu deseo. Me vas a limpiar entera.

Todavía disfrutando de mi orgasmo escuché sus últimas palabras. No entendía nada de lo que estaba pasando, y ella vería asombro en mi cara.

____¡Me vas a limpiar, pero lamiendo mi cuerpo para quitarme el sudor. ¿Entendido?!

Me fui directo a sus pechos, pero ella me paró en seco.

____No creas que te va a ser tan sencillo. No vas a disfrutar. Vas a tener que trabajar duro. Empieza por mis pies, dedo a dedo.

Ni me lo pensé. Me puse a chupar sus pies, dedo a dedo; no olían mal, ni sabían mal. Pensé: 'voy a gozar, te voy a comer, tienes un cuerpo espectacular y te lo voy a chupar entero'. Fui subiendo por las piernas y acercándome a su sexo, que en ese instante ya estaba bien mojado. Ella estaba gozando y se le escapaban alaridos. Cuando me dispuse a comerle ahí abajo, me volvió a parar y se puso a cuatro patas.

____¡Sigue por la espalda!

Tenía ante mí un culo de ensueño y no pude resistirme, le puse una mano encima y, para que no protestase más, llevé mi boca a su espalda, como me había ordenado. Pasé rápido por la espalda y después bajé a las nalgas. Y de nuevo mi miembro como roca. No podía más. Estaba loco por penetrarla. En esa posición podía verle el culo, la vagina, las nalgas y los senos, y no podía creerme que teniendo así, delante mía, a una mujer tan hermosa, no podía hacerle nada.

Con deseo y lujuria empecé a lamerle las nalgas

____¡Sigue así, me gusta!

Y pasaba de una nalga a otra, cogiéndolas bien con las manos.

____¡¿A qué esperas? ¡Cómete mi culo, también está sudado!

Me daba asco. Lo había hecho alguna vez, pero a alguna amiga y siempre después de una ducha, no después de una sesión de gimnasio. Tenía miedo de que me pudiera dar fatiga, pero no, sabía a gloria. Delicioso estaba aquel espectacular trasero

____¡Me gusta cómo me lo haces! ¡No pares!

Al escuchar eso, seguí con mas ganas; le metí la lengua y noté como le temblaba todo el cuerpo.

____¡Dios! -y pronunció el nombre de Dios entre algo tan obsceno.

Vi que bajó una mano su sexo y se lo frotó. Estaba masturbándose con frenesí, mientras yo seguía con mi lengua en su trasero. Con una mano, fui a un pecho y empecé a pellizcar el mamelón suavemente. En ese momento me percaté de que ella iba a tener un orgasmo. Ya era incapaz de dar ordenes...

____¡Ya... ya...!

Y después de esos gemidos, se echó al suelo de lado.

Pero yo sentía que mi miembro iba a explotar, no podía más. Necesitaba con urgencia hacer el amor con ella, o que me hiciese una felación, y si no tenía más remedio, me masturbaría yo de nuevo.

____Dame un par de minutos para que me recupere. Entre el gimnasio y este orgasmo, estoy hecha polvo.

Me quedé a su lado y la acaricie. La respuesta fue inmediata.

____Pero no te creas que esto es amor. Estoy casada y enamorada de mi marido, sólo satisfago tu deseo de limpiarme. Y te recuerdo que aún no has terminado. Sigue lamiéndome.

Abrió las piernas, me cogió del pelo y me puso entre sus senos. Entonces empecé a acariciar y a mordisquear sus mamelones.

____¡Sólo eres un lameculos! ¡Tu trabajo es limpiarme, así que sigue para abajo y límpiame todo, por dentro y por fuera!

Así lo hice; me puse a lamer entre sudores y flujos. No sé lo que habría, pero disfruté de lo lindo. Su vagina tenía un aroma a vicio que me embriagaba.

____¡Te gusta mi vagina, ¿eh?! ¡Sigue comiéndotela; estás cachondo como un adolescente, la tienes dura, te va a estallar! -encima se mofaba de mí.

Empujaba la mano sobre mi cabeza, para que no parase y no le pudiese responder. Me cogió del pelo y no me dejó hablar.

____¿Te gustaría penetrarme por delante o por detrás. Te advierto que mi culo es virgen, nunca lo penetró nadie.

Al escuchar eso, mi miembro era un tronco ardiendo.

____¡Vamos, lameculos, sigue limpiándomelo! ¡Me has vuelto a poner a cien, igual 'me voy' otra vez!

Empecé a frotarme mi pene de nuevo.

____¡No te la toques! -volvieron sus órdenes

Pensé que no quería que me la tocase porque la quería para ella.

____¡Sigue que le voy a regalar mis flujos a tu boca; sigue, que me vuelvo loca!

Noté cómo le temblaba todo el cuerpo. Estaba experimentando otro orgasmo, y yo seguía con mi pene ardiendo

____Aparte de saber limpiar vaginas, también sabes acariciarlas

Se dispuso a levantarse y a ponerse la ropa, y yo seguía a dos velas.

____Te gustaría que te felacionase ahora, ¿verdad?
____Sí señora.
____Te gustaría que me tragase tu líquido viscoso, ¿verdad?
____Sí señora.
____Te has olvidado que soy casada. Ponte la ropa y no te toques más. Sólo eres un lameculos.

En ese momento la hubiese violado, la hubiese forzado. No me podía creer que me hiciera esto. Luego de haber experimentado dos climax, me dejaba a mí a pan y agua. ¡Una gran putada!

'Esta tía está loca perdida, pero más loco estoy yo por obedecer sin rechistar sus órdenes', pensé de nuevo.

____Por cierto, esta noche en tu cama no te pajees pesando en mí y en lo que ha ocurrido. Adiós.

Y dicho esto, ella misma abrió la puerta de la tienda, y luego se fue por donde había venido. ¡Y sin comprarme nada!


La muy zorra, la muy asquerosa y la muy egoísta no había vuelto a la tienda para comprarme esos regalos tan urgentes que decía, sólo había venido de nuevo para que yo la lamiese entera


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Re: MI BLOC, QUE NO BLOG

Mensaje  achl el Sáb Abr 08, 2017 5:11 am




Si la red es fuerte, pesca

Chateando conocí a una mujer de 34 años. Después de siete meses intercambiándonos correos y mensajes, decidimos dar el paso de conocernos en persona. Ambos permanecemos casados por lo civil, pero también ambos pasamos de juzgados para su anulación. Ninguno tenemos hijos, lo que ayuda en más libertad. Su marido y mi esposa son dos personas muy liberales, por lo que también 'se lo montarán a su manera'. Pero eso no nos importa, porque nosotros vamos a lo nuestro.

En la red se hace llamar 'sam', pero su nombre real es Samanta. Y, aunque sabemos nuestros apellidos, esto es algo que no viene a cuento a esta historia. Por cierto, yo me llamo José Ignacio.

Nos citamos para tomar algo y así ver si nos gustábamos, tanto en lo físico como en el trato. En realidad, no sabíamos qué nos íbamos a encontrar. Conocemos nuestra marcha cibernética, y a veces nos habíamos calentado con fotos de desnudos de nuestros cuerpos, que nos cursamos vía privados, acompañadas de frases y vídeos, que contribuyen a ponernos más 'de aquella manera'. Pero no conocemos nuestras caras ni nuestras voces.

Llegué a la cafetería en que quedamos por chat y la localicé fácil, ya que me dijo que llevaría un pañuelo rojo con lunares blancos, anudado a un moderno bolso marrón con correa hasta el hombro. Y allí estaba ella, en la barra. Era morena y no iba vestida provocativa: camiseta roja, zapatos de medio tacón y vaqueros azules eso sí, bastante ajustados. Su camiseta dejaba ver un muy apetecible canal. Podría decirse que era una mujer guapa y atractiva...

Y además tenía algo especial. No sabía si eran sus ojos o su boca, pero me embobé nada más verla, y al cruzar las primeras palabras conectamos enseguida. Después de tomar una cerveza y de charlar un rato nos fuimos a un hotel de las afueras de la ciudad, en cuyo previamente había reservado yo una habitación. Entramos y después de superar los primeros momentos de timidez y pudor, empezamos a besarnos; primero, como de tanteo, pero luego con intensidad, lengua suya bulliciosa.

Se veía claramente que le urgía sexo. Me percaté de ello, y mis ojos se posaron en sus pechos, cuyos mamelones se hacían apetecibles a la vista. Estaban tan afilados que parecían lanzas saliéndose del sostén. Su lengua se enroscaba cual víbora. La empujé suavemente hacia la pared, y ya allí le quité la camiseta y la dejé caer al suelo. Acaricié sus abultados senos por encima del sujetador. No eran demasiado grandes, pero no cabían en mis manos. Deslicé una de mis manos por uno de sus brazos, a la vez que ella impetuosa me besaba la boca.

Mi mano fue bajando por sus muslos hasta llegar a sus bragas, que nada más jalarlas cayeron al suelo, dejando al descubierto un poblado pubis. Me puse en cuclillas y besé sus labios menores, pasando después a lengüetazos salvajes por toda la vulva. Notaba que mi miembro crecía, así que lo llevé hasta su flor, empapada ya, y comencé despacio con un mete y saca, como calibrando su calentura. Enseguida me percaté de que estaba muy necesitada de sexo. Me pedía con los ojos y con la voz que me dejase de ensayos y que la penetrase, que la penetrase y que no parase...

Yo aún estaba vestido. Quería hacerlo despacio, por lo menos la primera vez, ya tendríamos otras, le dije, cuando de pronto su mano derecha me imantó a mi pene. Ella estaba muy caliente y a punto ya. Me levanté y mordisqueé por primera vez sus mamelones por encima del sostén, pero, súbitamente, me apartó, bajó hasta mi entrepierna y empezó a devorar todo lo de ahí abajo que le antojó, como una loca posesa por un cuerpo masculino.

Estaba lanzada, lo que hizo lanzarme a mí. La cogí, le di la vuelta, la puse de cara a la pared y fui bajando a través de su rellenito cuerpo. Su camisera roja fue testigo directo de nuestra pasión. Pero para yo entrar en su misma ebullición, empecé con mis dientes a desabroché el sostén...

Y entonces aparecieron despampanantes pechos con mamelones rosados que hasta ahora no había visto. La tenía desnuda delante mía, cara a la pared. Dejé caer mi pantalón, y mi miembro salió brioso de mis calzoncillos. Se lo puse en el agujero de atrás, para que lo sintiera primero ahí y así. Hasta ese momento sólo lo había sentido a través del pantalón, pero ahora lo tenía pegado a la abertura de su trasero. Mientras mis dientes mordisqueaban sus mamelones, seguía pidiéndome que la penetrase, pero como yo estaba tan enfrascado en mi dulce tarea, nerviosa se dio la vuelta y exclamó suplicante:

___¡¡Por favor, hazme tuya ya!!  

Con sorpresa para ella, con el sujetador que le había quitado le até las manos a la espalda. Cosa que le gustó. La eché sobre la cama con el trasero totalmente descubierto. Y también le gustó esa postura. ¡Claro que le gustó! Terminé de desnudarme y metí mi erecto miembro en su ya encharcada vulva.

___¡¡¡Hazme tuya!!! -gritó de nuevo desesperadamente.

La tenía a mi merced: manos atadas, culo en pompa y pidiéndome que la penetrase. Y la penetré. Y gozamos tanto que al día siguiente nos vimos de nuevo... y, sin más preámbulos, directamente al hotel.

Y a partir de ese día, casi un año ya, nos vemos cinco o seis veces al mes y hacemos el amor. No quiere cenas, ni copas, ni cines, ni bailes, ni amigos, ni tertulias... ¡Sólo quiere cama!

Pero, con el paso de nuestras citas, me di cuenta que no sólo tenía carencia de sexo, también de cariño y de protección. Tanto llegamos a congeniar y a desearnos mutuamente que incluso llegamos a pensar que habíamos nacido para complacernos el uno para el otro, y ella me decía que probablemente yo era el hombre de su vida, Y en realidad lo era, porque, entre otras cosas, estaba abandonada por su marido. Como yo por mi esposa...

A los seis meses de nuestros rituales encuentros le propuse muy en serio que nos divorciásemos y nos fuésemos a vivir juntos e incluso que nos casásemos. Me miró, escéptica, sonrió irónica y respondió como únicamente lo sabe hacer una persona realista:


Siento en lo más profundo de mi ser que te quiero y te deseo como nunca he querido y deseado a mi  marido, ni a ningún otro hombre, y jamás te seré infiel. También siento que tú me quieres y me deseas tanto como a ti, pero se supone que tenemos la suficiente experiencia en esto como para entender que el matrimonio y la convivencia son los verdaderos asesinos del amor y la pasión, por lo que tu propuesta de irnos a vivir juntos o de casarnos podría ser el principio del fin de esta bonita historia que vivimos. Y dicho esto, ahora soy yo la que te propone que sigamos como vamos, que así podemos permanecer juntos toda una eternidad



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Re: MI BLOC, QUE NO BLOG

Mensaje  achl el Sáb Abr 08, 2017 6:41 am





No respondía a los mensajes

Apoyada sobre la pared de aquel local y dando la espalda al bullicio de gente, que al otro lado del mismo transitaba, Pili, con cucharilla movía el azúcar agolpado sobre la superficie cremosa del café, en su taza roja. Todo el rato pensaba qué leche hacía en aquel pub y por qué terminó accediendo a la petición de Pat. Desde una noche del verano de hacía años, su forma de verla cambió, y solamente con recordar todo lo sucedido, le provocaba pudor y rechazo. Se sentía ridícula esperándola, y tan sólo las insistencias de Pat por verse, la anclaba a la silla. Llevaba mucho tiempo evitando esa cita, evitándola a toda costa, no contestando a sus llamadas, sus correos, sus mensajes...

A medida que el azúcar se iba disolviendo, las mesitas de metaclirato se transmutaban en muebles polvorientos; las paredes amarillentas, en blancas, adornadas con pósters. Las cabezas de gambas y lo huesos de aceitunas en torno a la barra entre revistas revueltas. Y allí estaban Pat, Lu y Pili, en una calurosa tarde de agosto. Lu, limpiándose la ceniza que le había caído en su pantalón, y las chicas, riéndose de la situación, sin moderación en sus risas.

Estaban reunidos alrededor de una botella de whisky, medio vacía, y tres vasos anchos de cristal, cuyos se vaciaban y se llenaban a discreción. En la máquina de discos, un vinilo de Elvis. Ellas criticaban lo aburrido y soso que era Lu, siempre enfrascado en sus libros y sus estudios. Pat le señalaba con un dedo flácido ya por el alcohol, y Lu se defendía con tacos obscenos, que largaba sin control. inteligibles unos, y otros, meros balbuceos.

Pili no paraba de reír. Pat, creyendo que Pili estaba poseída, la besó, bajo el pretexto de exorcizarla. Sus labios, cálidos, mojados, carnosos, se unieron con los de Pili, fríos y tensos, en un principio. Se sentía confundida, pero desde su vientre un calor ascendió hasta su boca devolviendo la tibieza a sus labios, sin saber cómo ese beso hembra la atrapó con igual fuerza que uno de macho. Miró a Lu, y éste, con sus manos aferradas a su vaso, asistía perplejo a la escena. Las chicas seguían besándose con creciente intensidad. Pili no actuaba sólo se dejaba llevar. Poco después, Pat invitó a Lu a unirse, mediante un guiño y mordiéndose su labio inferior.

Lu dejó el vaso y se reincorporó de su asiento. Pili sentía las uñas de Pat, recorriendo su espalda y alternando con tetas y muslos, cual culebra traviesa. Cuando Lu llegó hasta ellas, sentía ascua en su cuello, que castigado era con mordiscos, crispando sus nervios. Las sonrisas dejaban paso a un coro de suspiros, y enseguida el cuarto aumentaba en calor, o al menos eso era lo que sentía en sus orejas, que ardían. Poco a poco iba perdiendo su ropa. Temblaba su cuerpo, como la gelatina. Cada caricia y cada beso que recibía, alteraba su piel, que se erizaba.

Definitivamente el placer al que Pili era sometida, abortaba todo intento de concienciación de la situación; dentro sentía un fuego descontrolado, que amenazaba con calcinar hasta el último poro de su cuerpo. Los graves jadeos de Lu, eran a la vez melosos, y su cuerpo, endurecido impulsivamente, se movía. Pat no dejaba de acariciar la piel de Pili, de besarla, de morderla. Y Pili entraba en una ebullición dinamitada, y empezó a temblar espasmódicamente mientras la montaña seguía volando en pedazos y el fuego traspasaba su boca, en aullido convertida.

El zumbido de la tertulia del fondo del pub le transportó de vuelta a la realidad. Y ahí seguía, removiendo el azúcar. La puerta de entrada se abrió y apareció su amiga Pat, vestida con falda azul y blusa roja. Escrutó todos los lados del local, hasta que sus miradas se hallaban. Sonrió y agitó su brazo derecho, acercándose a su mesa. Pat cogió desde el inicio la charla y tras tocar disímiles temas banales, a los cuales Pili respondía con monosílabos, endurecía la cara y con un tono de voz más apagado le dijo:

____Pili, tengo cáncer de páncreas. Me lo detectaron tarde, y no creen que llegue a fin de año.
____Pat, yo... -balbuceó, incapaz de seguir hablando.
____Esto mismo intentaba decirte, tiempo atrás, pero nunca respondías a mis llamadas, mis mensajes. Si hubiera sabido que enviándote aquella carta me habrías hecho caso -cogió aire, y lo dejó escapar en un suspiro- la hubieras recibido en tu buzón mucho antes.
Las voces se apagaron. Una cortina negra tapó ventanas y bombillas. Pili enmudeció, y un millón de estados de ánimo aprisionaron su garganta asfixiándola. Tenía ganas de llorar, sentía arder sus ojos. Pat sonrió y acarició su cara, tratando hacer de bálsamo. Le dijo:



Pero no te preocupes ni tengas remordimientos. Sólo te pido que me recuerdes por como te besé aquella vez, no por como voy a morir



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Mensaje  achl el Sáb Abr 08, 2017 8:11 am




Lucía julio en Sevilla


Aquella tarde de julio ardía Sevilla. En mi calle, nada interesante pasaba nunca. La vi en una esquina preguntando por una calle.

____Perdona, ¿me puedes decir dónde está esta calle? Estoy algo perdida -me mostró un mapa de la ciudad.
____Claro, ven conmigo que me cae de paso.

Estuvimos hablando. Era preciosa: melena negra al viento y rasgos muy femeninos. Un cuerpo tan bello como un cielo estrellado. Hicimos buenas migas. Tomamos café. Sabiendo que no volveríamos a vernos, charlamos y la charla fue interesante. Nos despedimos con los dos típicos besos. De vuelta a mi casa, pensé en ella. Su cara jamás se me olvidará.

Dos tardes después, volví a encontrármela. Tenía prisa. Le pedí el móvil y le dije que la llamaría. Y eso hice. Quedamos una tarde de aquel verano. Lucía se llamaba. Su humor era una bendición. Tenía una gran capacidad de conversación. Quedamos como amigos. Al poco tiempo, se marchó de la ciudad, cambió de móvil y ya nunca más supe de ella


Pasaron quince años y la volví a ver desde el balcón de mi casa. Estaba en una esquina preguntando por una calle. La reconocí enseguida. Su cara jamás se me olvidó


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Re: MI BLOC, QUE NO BLOG

Mensaje  achl el Sáb Abr 08, 2017 4:35 pm




Me gusta despertarle así

Me gusta cuando le despierto. Me gusta observarle boca arriba, con la cabeza inclinada, el torso desnudo, sólo con calzoncillos. Miro su bulto y lo beso por encima de la tela. Miro su perfil, su piel, su incipiente barba, que tanto atractivo le da. Me detengo para escuchar su respiración, lenta, pausada...

Estoy sentada en el borde de la cama, semi desnuda, y me acerco a él, rozándole mis mamelones, que se erizan, y me acerco más hasta que mis pechos se oprimen. Subo mi cara y le beso pausadamente en la boca con besos pasionales. Noto el calor de la parte más íntima de su cuerpo, desde el ombligo hasta el pubis. Se mueve, se gira hacia el otro lado de la cama y entonces veo su espalda con lunares, que beso uno a uno, y luego paso la punta de la lengua por toda su espalda. Sigue dormido, pero no profundamente porque me da que ha notado mi presencia.

Quiero que despierte ya para que 'lo hagamos'. Una de mis manos está en mi entrepiernas conteniendo a mis labios menores. La otra mano busca su miembro y, no muy sorprendida, lo encuentra duro. Siento un deseo de cogerlo. Con sólo tocarlo, él se ha girado hacia mí; me mira, me sonríe y sabe perfectamente lo que yo quiero. Me besa me acaricia, alternando boca y cuerpo, sin prisas. Ni se imagina lo húmeda y a la vez caliente que estoy, pero sé que enseguida él va a ir a comprobarlo.

No quiero aún que me toque ahí abajo, prefiero antes sus besos que aumenta mi deseo, y él sabe mis costumbres. Está muy excitado. Entonces, con mis dientes cojo su pene y lo lamo un poco, a la vez que entreabro mis labios para que note mi respiración y mi calor. Sé que está deseando que se lo succione, me lo hace ver con su mirada, lo cojo con la mano, a la vez que escucho su respiración, cada vez más agitada, y en ahora soy yo la que quiero satisfacerme para darle satisfacción a él.

Me subo a la cama y él se pone encima. Acerca su mano a mi vulva caliente. Como sé que tarde o temprano me la va a devorar, abro, bien abiertos, mis labios vaginales. Pero antes de actuar ahí abajo, se para en mi trasero, que lo acaricia y lo pellizca repetidamente. Pero lo que yo quiero es que me haga el amor, y cuanto más se retrasa, más me excita. Estoy a punto de decírselo, cuando de pronto mi respiración pasa a jadeo. Me alza penetrándome hasta el fondo, sin dejar de frotarme mis labios inferiores con dos de sus dedos. En ese punto de mi excitación, no puedo ni quiero evitar decirle, casi gritando:

____¡Házmelo como tú sabes, mi amor!

Entonces, me coge de las caderas y me adapta a su cuerpo. Y es cuando le noto dentro de mí, a través de su poderoso miembro, ¡bendito miembro!, a la vez delicado y enérgico.

Y sus punzadas ya están empezando a notarse, y yo acomodo mi vulva para darle la bienvenida...


Al fin, explotamos los dos juntos en un grandioso orgasmo de amor y semen



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Re: MI BLOC, QUE NO BLOG

Mensaje  achl el Sáb Abr 08, 2017 4:45 pm





Mi definición de la excitación femenina


Éste, el que suscribe, no es tocólogo, ni ginecólogo, ni psicólogo, ni sus estudios universitarios derivaron por esos derroteros, pero le da la impresión que a las mujeres en general les excita más ver a otras mujeres haciendo el amor entre ellas, que a hombres haciendo el amor con mujeres o haciendo el amor entre ellos


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Re: MI BLOC, QUE NO BLOG

Mensaje  achl el Sáb Abr 08, 2017 7:34 pm




Mi hermana y ‘su primera vez’

No podía dejar de mirar a José, el novio de mi hermana pequeña, Sol. Era tan alto, tan guapo, tan atlético, tan elegante, y con unos ojos verdes que parecían dibujados, que me tenía loca.

Cada vez que iba en busca de Sol a la casa de mis padres y yo hacía por estar allí, excitada me ponía con sólo verle. Pero él parecía no darse cuenta

Aunque era cuatro años mayor que él y estaba casada e incluso con un hijo, aquel chico me causaba miles de sensaciones. Sus bellos ojos y su cuerpo tan bien formado me hacían tartamudear cada vez que cruzábamos alguna palabra. Mi única defensa era ser una pesada con él, algo que para ellos no era impedimento para seguir viéndose a hurtadillas en mi casa. Reconozco que más de una vez he sentido culpa por haber hecho el amor con mi marido pensando en José.

Sol le esperaba con impaciencia aquella tarde. De suponer era que a solas estarían los dos, pero yo me había quedado escondida en una habitación contigua a la de ellos, enviando a mi marido con mi hijo a comprar al súper y que no regresarían hasta pasado un buen rato. Disponían, pues, por lo menos de una hora y yo estaría en la otra habitación espiándolos.

De pronto, escuché besos y pasos subiendo las escaleras. Después vi que la puerta del cuarto se abría y oí un sonido de pestillo, que se cerraba por dentro. Las consecuencias de todo eso es que Sol estaba a punto de recibir una de las mayores semillas del amor.

Inmediatamente después, me quedé en la puerta de mi cuarto que daba de frente con la cama del cuarto donde se iban a acostar. La cerradura de la puerta de mi cuarto hacía tiempo que la habíamos quitado por estar averiada y que por pura desidia no la habíamos sustituido aún por una nueva, viniéndome de perla ahora el agujero que había quedado, porque desde allí veía todo perfectamente.

Estaban los dos en la cama y mi hermana encima de él. Me avergonzaba actuar como una espía, pero estaba muy caliente porque podía contemplar a mis anchas todo lo que enseguida iba a suceder.

Era ‘la primera vez’ de Sol, y también la de José. Ella misma me lo había confesado días antes. No sé por qué me molesté tanto con eso, o sí, cuando me contó que José quería acostarse son ella. Y ahora lo comprendo: envidia. ¡Pero ni sana ni leches, envidia pura y dura! Mi único consuelo era que quería mucho a mi hermana y deseaba lo mejor para ella, y era por esto que podía decirle que le dijese a José que emplease precaución; ¡condones, vaya!

Entusiasmada y cachonda vi cómo el chico le quitaba la falda y las bragas a una Sol amedrantada. En ese momento empecé a sentir que mi sexo se humedecía. Vi, con un interés inusitado, cómo él le separaba las piernas y cómo su boca empezaba a escrutar su sexo, deleitándose largamente en su pequeña flor. Sol gemía, mientras yo me iba excitando más por momentos ante aquel espectáculo sexual, y no podía ni quería evitar acariciarme con los dedos mi gruta acalorada. Sabía que estaba robándole la intimidad a mi hermana, pero, a decir verdad, eso no me importaba demasiado en ese momento.

Luego, José se echó sobre ella, hundiéndose hasta lo más íntimo de su cuerpo, mientras yo, embelesada, los veía y me deleitaba con aquella imagen de dos jóvenes amantes haciéndose el amor por vez primera, a la vez que mis dedos entraban furiosos en mi concavidad dilatada.

Seguían satisfaciéndose el uno al otro. Y sus inexpertos cuerpos parecían fundirse en el fuego de placer carnal.

Cual imperativo de la carne, iban descubriendo el sabor del sexo. Pensé que en esos instantes quería estar en el papel de Sol. ¿Cómo podía debutar con aquel semental, al que deseaba tanto yo? Pero supe apagar mi sentimiento cuando mi sexo, sirviendo mi dedo del corazón de la mano derecha como pene, logró un orgasmo, imaginándome que era yo a quien aquel macho ibérico penetraba de una manera tan pasional y tan arrebatadora.

Pero hoy, semanas después de aquello, sólo me queda decir:


¡Bienvenida al maravilloso mundo del sexo, querida hermanita!


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Re: MI BLOC, QUE NO BLOG

Mensaje  achl el Sáb Abr 08, 2017 9:30 pm



Soñé lo que ocurrió

Subí la escalera hasta llegar a su estudio. La puerta estaba entreabierta; el olor a óleo, aleado con el aroma del café, me dieron la bienvenida.

Era agradable estar allí. En cada rincón sentía su presencia. Bastaba ver sus cuadros para percatarme de la pasión que escondía en su alma y que se esmeraba en ocultar bajo la fachada de hombre frío que lo alejaba de la posibilidad de ser marcado como el amante perfecto que toda mujer desea tener en su cama.

Me estremecí recordando sus besos, suaves provocadores, sabiendo bien cómo despertar la pasión que había en mi interior, y que hacía que me convirtiese en presa de sus deseos.

Me fascina sentir su osadía al considerar mi cuerpo como suyo, el mismo que moldea cual arcilla entre sus dedos hasta dejarme abandonada a esa pasión que enloquece todos mis sentidos y adormece mi voluntad.

Mi vista se fue al lienzo que había sobre un caballete. Era la primera vez que lo veía. Los cojines parecían encajar con la sexualidad que irradiaba la mujer, y la llama de sus ojos pedía a gritos amor para saciar el deseo que se veía a flor de piel. Cerré los ojos y recordé...

Lo único que cubría mi cuerpo era una bata de felpa, que no conseguía ocultar la pasión que latía en mí. Podía oír mis latidos golpeándome el pecho, recordándome la locura que estaba a punto de cometer.

Entonces le vi y me estremecí bajo el calor de su mirada. Se me acercó y puso las manos en mi hombro. Me quedé atrapada en la hondura de sus ojos. Estaba jugando con fuego, pero no me importaba.

Deseaba quemarme, arder viva en las diablas llamas de esas manos que deshacían vehementemente el nudo que protegía mi intimidad. No podía controlar mi respiración. Mis senos subían y bajaban en clara invitación a ser besados, pero sólo su mirada viajó por mi cuerpo hasta pararse en la hendidura que escondía el epicentro de mis deseos.

Me acomodó en unos cojines y, sin apartar los ojos de los míos, deslizó sus dedos por mi piel, en un desplazamiento sensual y atrevido que me fue apartando de la realidad.

Lamió mis pezones hasta dejarlos de punta, clamando mimo, pero siguió por mi vientre hasta pararse en el cráter de mi pasión. Con mano experta acarició ese cráter carnoso hasta humedecerlo completamente.

Le pedí me hiciera suya. Quería sentir su excitación rozando mi vientre y traspasando esa barrera donde el calor se hace fuego. Quise acariciarle, pero me sujetó por las muñecas y me dijo:

____Aún no. Ahora sólo quiero mirar lo que mis dedos te hacen sentir.

Me dejé llevar por sus besos, hasta entrar en ese mundo indescifrable de sensaciones, donde los gemidos son la única forma de aplacar el torrente de placer que inunda cada poro de la piel.

Más serena volví a pedirle que me poseyera. Necesitaba sentir su cuerpo moviéndose a igual ritmo que el mío, atormentándonos y regocijándonos por lo que pudiéramos sentir. No aceptó. Se alejó para esconderse detrás del lienzo y seguir con una tarea que se me hizo interminable.

Cuando creí que no iba a soportarlo más, dejó el pincel y se unió al deseo de navegar conmigo por las aguas turbulentas de la pasión, amenazando con devorarnos si no hacíamos algo por evitarlo.

Seguí mirando el lienzo. Sabía que aparecería con vaqueros y camisa de cuadros verdes sobre su cuerpo.

Un cosquilleo me dijo que estaba junto a mí. Al darme la vuelta, me topé con sus ojos. Nuestras manos se entrelazaron, rompiendo el espacio que nos separaba. No hablamos. Nuestros cuerpos se entendieron solos.

Abrí la boca, y con su lengua exploró cada rincón de la mía, jugueteando con mis labios. Los besaba como queriendo ser perdonado por ese juego que, muy lejos de dañarme, me producía placer.

Sus besos hacían camino en mi cuello, mientras sus manos quitaban las barreras que cubrían mi piel. Chupó mis senos, atrapándolos luego entre su boca, mordiéndolos. Y yo no pedía clemencia, quería más...

Fui quitándole la ropa. Primero, la camisa, que desabotoné hasta ver su pecho, cuyo besé una y otra vez dejando con mis dientes las huellas de mi pasión. Después vaqueros y calzoncillos.

Sentí sus manos deslizarse por mis muslos hasta pararse en el charco de mi sexo, para luego explorarme con devastadora intimidad, logrando que mi cuerpo respondiese a semejante embestida.

Los dos teníamos prisas por satisfacer esa ansia animal que teníamos a flor de piel. Abrí los ojos y vi la pasión que reflejaba su rostro. Sabía que era la causante de ese estado de locura, y eso me hizo muy feliz.

Caímos sobre el sofá. Su cuerpo cubrió el mío, y juntos seguimos en loca carrera hacia la cúspide. Parecía un sueño estar así, sintiendo su peso, su excitación, su aliento mezclándose con el mío.


Traté de gritar su nombre, pero me di cuenta enseguida de que no había ningún nombre que pronunciar. Entonces, desperté...


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Re: MI BLOC, QUE NO BLOG

Mensaje  achl el Sáb Abr 08, 2017 9:45 pm



Si aquella silla pudiese hablar...

El traqueteo de aquella silla se añadía a los excitantes gemidos de los dos amantes. Gritos daban un toque salvaje al concierto, a una performance sonora y visual. La amante se encontraba clavada en el miembro erguido de su macho amante, sintiendo placer cuando él empujaba desde la silla.

Los dos amantes querían disfrutar al máximo fundiéndose en un maremágnum de sensaciones: amor, deseo, atracción, felicidad, sexo, animalidad...

Dos caras morbosas se reflejaban en el de la ventana. Aquel trozo de carne sin hueso entraba y salía en una hendidura, a la vez que las manos del amo de esa carne pellizcaban los mamelones de la dueña de esa hendidura…

Resulta difícil describir la excitación que la envolvía al verse su propia cara, llena a rebosar de placer. Aquel y aquellas manos, maestras, la hacían sentirse en el cielo. El acto estaba a punto de llegar a su fin. Los dos cuerpos se retorcían al unísono, mientras la silla seguía bailando sobre el suelo…

Jadeaban cada vez con más fuerza, una señal inequívoca de que estaba a punto de llegar un extenso e intenso orgasmo. El ritmo tan frenético que iba marcado el amante, anunciaba que no era dueño de los impulsos de su virilidad, incapaz de aguantar más aquella carga de líquido condensado, que quería unirse a la humedad de la cueva de la amante. Cuales animales, descargaron el uno en el otro. Resultaba difícil escuchar los 'te quiero' entre los gritos, los jadeos, los sudores y las sensibilidades. ¡Ufff, es que había sido un momentazo increíble…!

La amante miró al amante, pensando en cómo había empezado todo aquello; los besos y las caricias en el ascensor; en cómo él le había frotado repetidamente el kid del triángulo por debajo de su falda; en cómo habían entrado a aquel cuarto a trompicones, sin dejar de besarse; en cómo habían ido perdiendo poco a poco la ropa mientras se dirigían presurosos a un ansiado picadero, y en cómo había sido su sorpresa, y el colmo de su excitación, al ver una silla en el centro de aquella habitación…


Y con todos estos pensamientos, más morbosos que otra cosa, un nuevo orgasmo la invadió súbitamente. Pero, de pronto, el amante llevó su lengua hacia abajo. Aquello no había terminado todavía...


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Re: MI BLOC, QUE NO BLOG

Mensaje  achl el Dom Abr 09, 2017 3:09 pm



Si aquella silla pudiese hablar...

El traqueteo de aquella silla se añadía a los gemidos de los dos amantes. Sus gritos daban un toque salvaje al concierto, una performance sonora y visual. La amante se encontraba clavada en el miembro erguido de su macho, sintiendo un placer inimaginable cuando él empujaba desde la silla.

Los dos amantes querían disfrutar al máximo fundiéndose en un maremágnum de sensaciones: amor, deseo, atracción, felicidad, sexo, animalidad...

Dos caras morbosas se reflejaban en el cristal de la ventana. Aquel trozo de carne sin hueso entraba y salía en una hendidura, a la vez que las manos del dueño de esa carne pellizcaban los mamelones de la dueña de esa hendidura…

Resulta difícil describir la excitación que la envolvía al verse su propia cara, llena a rebosar de placer. Aquel pene y aquellas manos maestras la hacían sentirse en el Paraíso. La culminación estaba a punto de llegar. Aquellos dos cuerpos se retorcían al unísono, mientras la silla seguía bailando sobre el suelo…

Jadeaban cada vez con más fuerza, señal inequívoca de que ya les llegó un inmenso, extenso e intenso orgasmo. El ritmo tan frenético que marcó el amante anunció que no era dueño de los impulsos de su virilidad, incapaz de aguantar más aquella carga viscosa y condensada que quería unirse a la humedad de la cueva de la amante. Como animales descargaron el uno en el otro.

Resultaba difícil de escuchar los 'te quiero' entre los gritos, los jadeos, los sudores y las sensibilidades. ¡Ufff, es que habían sido unos minutos increíbles…!

El amante miró a la amante pensando en cómo había empezado todo aquello: en besos y caricias en el ascensor; en frotaciones repetidas sobre el kid del triángulo por debajo de la falda de ella; en su apresurada entrada, casi a trompicones a aquel cuarto vacío; en cómo habían ido perdiendo y desperdigando poco a poco la ropa mientras se dirigían presurosos a aquel picadero, y en cómo había sido la sorpresa de ella, para colmo de su excitación, al ver una vieja silla en el centro de aquella habitación…


Y con todos estos pensamientos, más morbosos que otra cosa, un nuevo orgasmo lo invadió súbitamente. Pero, de pronto, llevó su lengua hacia abajo. Aquello no había terminado todavía...


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Re: MI BLOC, QUE NO BLOG

Mensaje  achl el Dom Abr 09, 2017 7:14 pm





Mío es todo tu cuerpo

Mi boca en tus mamelones, los siente endurecidos, desbordantes, apetecibles. Deseo mordisquearlos, y no lo hago porque quiero que experimentes un delicioso sufrir. Me excitaré yo primero para que te mojes como nunca lo has hecho antes ni conmigo.

Me miras a los ojos y te das cuenta de mi excitación. Notas que mi miembro roza tus nalgas, lo sientes palpitar, caliente, grueso, vengador, con ganas de penetrarte, de meterse en ese exquisito manjar que tienes entre las piernas; esperándolo, mojándose por el néctar que sale de tu placer; líquido que mi lengua ansía probar, y que probará...

Mi mirada está fijada en tus ojos, cuyos cierras cuando sientes que uno de mis dedos juega con el punto más sensible de tus labios menores. Un dedo travieso que se pasea por tu vagina y se desliza con facilidad por el jugo que la cubre; juega con ella, la mueve de un lado a otro, como si encontrar quisiera el mejor punto para que te haga delirar más todavía…

La punta de mi lengua empieza a pintar círculos en tus mamelones, uno primero y el otro después para que así no se pongan celosos. Siento deseo de introducírtela, de sentir que estoy dentro de ti. Subo a tus labios y los muerdo. Recorro tu cuello suavemente, de extremo a extremo, mientras separas las piernas. ¿Es que me estás invitando a entrar en ti?

Luego te digo perversiones, proclamando lo que quiero hacerte, lo que quiero que sientas, lo que quiero que disfrutes, porque lo que más anhelo es que te derrames en mí, todas las veces que te apetezca. Sé que soy ambicioso, pero quiero que disfrutes con ganas por todas las cosas te hago y por las que seguidamente te voy a hacer…

Beso esos deliciosos labios que estaban esperándome, mientras siento que tu sexo reclama el mío. Aprieto tus senos. Beso ese bajo vientre, que me descontrola, y sin pensar, abro tu sexo con la punta de mi pene percibiendo que se sumerge en un lago.

Mi pene penetra en tu sexo, y yo siento tus gemidos. Arañas las sábanas con tus uñas. Empiezo a moverme sobre tu cuerpo con toda la fuerza que me pides, porque eso es lo que me provocas.

Aprieto uno de tus redondos pechos con una mano, y con la otra presiono tu hermoso culo, que me derrite. Quiero que veas en qué me conviertes cuando estoy profundo en ti…

Nos revolcamos sobre la cama, caemos al suelo rodando. No nos importa, únicamente importa hacerte ver que mi cuerpo te pertenece. Te pones encima mío moviendo las caderas, a la vez que mi glande se pierde dentro de tu selva poblada.

¡Qué lindura de movimientos! Mi miembro no deja de estar duro por tu entrega amorosa hacia mí. Escalo de nuevo la cima de tu montaña y busco tus mamelones con mi boca y, como si me ensañase con ellos, los devoro desesperadamente.

Eres mía, siempre mía. Soy tuyo, siempre tuyo.

Y después de decirte eso último, tú exclamas:


¡Qué sensación tan placentera siento cuando noto entrar disparada en mi vulva tu caliente semilla! ¡Una vez más, hemos triunfado!


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Re: MI BLOC, QUE NO BLOG

Mensaje  achl el Dom Abr 09, 2017 9:46 pm




Sado y dolor


Quiero sentir dolor; esto lo único que quiero para toda la eternidad


Éstas fueron las últimas palabras que surcaban de los labios de Raquel, cuando su vida de iba apagando. Estaba muy pálida. Sus largos y frágiles brazos, llenos de cortes, pero cosidos recientemente. Su delgada figura estirada en un charco de sangre que corría por las sábanas. Una enorme herida a la altura de su ombligo dejaba ver algunos órganos interiores, y la sangre surcaba lentamente entre sus carnes. Sus ojos, sin brillo ya, estaban semi ocultos por su larga y negra cabellera, mirando hacia la nada. Una extraña sonrisa quedaba para siempre marcada en su cara. ¿Por qué sonreía? ¿Qué era lo que sentía antes de morir?

Eso mismo era lo que se preguntaba la chica que la miraba, Ana, que envidiaba el dolor que había sentido la difunta, su amiga y profesora, Raquel; y sobre todo, el placer que estaba disfrutando al final de su existencia.

La miraba con odio porque se sentía una alumna engañada.

Ana iba vestida completamente de cuero negro, que le cubría los brazos hasta sus frágiles manos y sus piernas hasta llegar a los zapatos de tacón de aguja. Se podía ver su rostro aniñado, su piel pálida, con profundas ojeras que rodeaban sus otrora expresivos ojos grises.

Lucía pelo corto pelirrojo, que hacía recordarla como una estudiante. Respiró profundamente mientras se iba quitando despacio la ropa y se fue desnudando ante su fría amiga. Su desnudez se encontraba devastada por decenas de cicatrices, recién cosidas. Despojada ya de su traje de cuero, se echó junto al cuerpo de Raquel.

Se encendió un cigarrillo y empezó a mirar el trozo de carne sin vida en que se había convertido su amiga. Recordó cómo ella la había iniciado, en esa misma cama, en el sadomasoquismo más fuerte, cómo la sangre, que antes corría por las sábanas, era la suya; cómo el látigo de alambre de espino topaba contra su piel mientras estaba atada a la cama, siendo Raquel su torturadora.

El humo que se levantaba en aquel ambiente recordaba un sitio familiar: el cabaré. Hacía un año que ella, junto con otra, habían empezado la fiesta de alcohol y drogas. Aún podía ver ese lugar, lleno de mujeres, pintadas de un rojo intenso. Música de cabaré sonaba por todos lados, y las camareras, equipadas de zíngaras, servían todo tipo de alcohol.

Ana recordaba que era muy tímida, fácil, por ello, de manipular por sus compañeras: una tímida niña de papá, sobreprotegida. Con cada una de las copas que iba bebiendo, lograba que el grupo de chicas riese a boca llena.

Las luces de la sala se iban apagando a la vez que las luces del escenario se iban encendiendo. Ana se hallaba fascinada por el espectáculo que iba a presenciar.

Ante sus ojos, aparecía de pronto el maestro de ceremonias: un tipo grandote, vestido de rojo, como su pintada piel. En su frente llevaba dos diminutos cuernos, que le convertían en un diablo.

Entre gestos expresivos y leves sonrisas, empezó a presentar el espectáculo que seguidamente iban a ofrecer:


¡Respetable público. Me pregunto si estáis preparados para soportar otro límite de placer!


 
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Re: MI BLOC, QUE NO BLOG

Mensaje  achl el Dom Abr 09, 2017 11:26 pm



Poderoso caballero Don Carmín Rojo


Dudaba en el color del carmín. Finalmente optó por el rojo. A sus ojos le gustaba lo que estaba viendo. Ese negro transparente de su blusa, guardaba lo justo, más bien poco.

Ella misma, sin apenas proponérselo, había convertido su olor en su sello de identidad, cuyo dejaba un rastro muy fácil de seguir: una mezcla de seducción, deseo, belleza y frivolidad.

Muy decidida salió de su casa segura de sí. Firme en sus tacones que, fieles a los latidos de su corazón, marcaban el paso que la llevaría a aquel lugar.

Jamás había estado allí.

La escasa luz en aquella estancia no permitía dibujar la cara. Pero eso no le importaba a ella, porque había algo en su interior que la atraía poderosamente: él.

Al poco, se hizo un poco más la luz...

Los segundos pasaban como minutos. Las palabras sobraban, y solamente sus ojos podían hablar. Una suave sonrisa detuvo su deseo. La mirada de él se clavó en sus atrayentes labios rojos, que le cautivaron.

Era justo el momento en el que ambos debían olvidar todo. Sólo debían recordar cuánto habían deseado aquel momento.

Las fuertes y a la vez delicadas manos de él, se posaban en el escultural cuerpo de ella.

El rojo carmín de ella alimentaba la lujuria del momento, y él con su lengua recorría la boca de ella, y poco después descansaba en sus carnosos labios rojos, para mayor deleite.

Su transparente y escotada blusa se abría despacio, dejando al aire sus senos, que se apretaban contra él. Las ropas caían entre besos, y sólo se interrumpían para desnudarse más.

Levantó ella su cuerpo desnudo, subió sus piernas, abrazada a la cintura de él.

Los movimientos continuos, la llevaron contra la fría pared, en la que sus sexos se encontraron, se saludaron y se entendieron de maravilla, sin necesidad de intérprete...

La temblorosa pero audible voz de ella le pedía a él que entrase, sin demora, dentro de sus entrañas, al tiempo que sus manos se volvían adictivas a sus fuertes brazos, a su espalda a su redondo y apretado culo, empujándole hacia su sexo...

Una vez ambos bien sincronizados...


Fue entonces que ella, insistentemente, le invitaba a que se quedase dentro y a que no saliese


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Re: MI BLOC, QUE NO BLOG

Mensaje  achl el Mar Abr 11, 2017 3:35 pm



Buzoneo

No soy tan joven ya con mis 36 años. No tengo trabajo y debo buscarme la vida como sea, así que he aceptado un trabajo temporal que consiste en repartir propaganda por los buzones de las casas de las zonas que me asignan a diario. Pero con precaución pues la gente está ya muy harta de publicidad y de abrir tanto su portal a gente que no conoce , y aquel día me tocó un barrio conflictivo, más que nada por el desprecio que se tiene a sí mismo

Como era diciembre, llevaba en el carrito paquetes de cien unidades de tarjetas con el almanaque del siguiente año por un lado y con publicidad impresa al dorso. Pulsé el portero electrónico de primer portal para tratar de entrar y dejar en los buzones mi género.

____Publicidad.
____¿Qué publicidad?
____Almanaques.
____Métete los almanaques por el culo. Aquí nadie quiere almanaques. Y tú eres un maricón.

No replico y pruebo con el siguiente

____Publicidad.
____¿Quién es?
____Publicidad, señora. ¿Me abre la puerta, por favor?
____¿Evaristo?
____No soy Evaristo, señora. Soy un repartidor de propaganda.
____¡Ni se te ocurra, Evaristo! ¡Te portaste muy mal conmigo! ¡Me hiciste mucho daño! ¡Te odio, hijo de puta!

Renuncio y paso al siguiente

____Publicidad.
____Déjala en el buzón, cariño mío, y sube aquí. No puedo más.
____¿Perdone?
____¡Que metas lo que sea en el buzón y que cojas el ascensor, imbécil! Quinto piso, puerta C. No tardes mucho.

En situaciones así, no haces caso si de verdad sabes lo que te conviene.
Cuando una zorra loca se te ofrece tan fácil, lo más probable es que su marido esté con ella en su casa, esperando para robarte o para hacerte alguna perrería. Más vale olvidarlo.

'¡Qué me jodan!', pensé de pronto. Dejé el carrito junto a los buzones y cogí el ascensor. La puerta estaba abierta. El piso a oscuras. Di algunos pasos, a tientas. Sentí entonces como un puñalón en los cojones, y temí por mi vida. Después tiraron de mi pene. La tenía a mi espalda, a cuatro patas, con una de sus manos en mi entrepierna y con la palma de la otra mano sosteniéndome las bolas al peso.

Pude darme la vuelta pero caí encima de ella. La dejé maniobrar. Se puso boca arriba y volvió a cogerme el pito, pero con la derecha. Yo trataba de aflojar mi cinturón, sin perder el equilibrio sobre las rodillas. Su mano era como si alguien estuviese tratando de hacer picadillo de mis huevos. Me dolió. Sentí el impacto de su boca contra mis pelotas pero al poco dejó de triturármelas. Tuve tiempo justo de bajarme la bragueta. Me atrajo hacia sí, trabándome con sus muslos, llenos como colchonetas. Buscó mi boca y enterró la lengua hasta el fondo. Gemía. Seguía jugando con mi lengua a la vez que apartaba las bragas; arqueó la espalda sobre el suelo y soltó un rugido. Deslicé los dedos dentro y noté cómo ajustaba su respiración a los movimientos. La mantuve así un rato, hasta que saqué los dedos y metí el canario. Se aferró fuertemente a mi cuerpo y clavó las uñas en mi espalda, provocándome varias líneas de sangre. Tuve que apartarla.

____¡Cabrón, hijoputa! ¡Cómo me gusta tu porra! -chilló.

Pensé que estaba loca, pero su locura consiguió que mi verga descargase bien. La sentí experimentar un orgasmo. Nadie encendió la luz. Yo no dije nada y ella tampoco. Salí del piso con la bragueta abierta. En el ascensor me ajusté el cinturón y pulsé el '0'. Antes de pisar la calle, me paré frente a los buzones y repartí los almanaques.


En el buzón del 5º C dejé más de veinte


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Mensaje  achl el Mar Abr 18, 2017 2:55 pm



Abril en Sevilla

Aquella tarde de abril hacía mucho calor en Sevilla. La vi en una esquina preguntando algo a un niño, cuyo se encogió de hombros. Me acerqué a ellos y Ella me preguntó:

____Perdona, ¿puedes decirme dónde queda la calle Pureza? -me mostró un rostro bellísimo, virginal, y una voz suave, melodiosa...
____Claro, ven conmigo que me cae de paso.

Estuvimos hablando. Era preciosa: melena negra al viento y rasgos muy femeninos. Una imagen tan bella como un cielo lleno de estrellas. Hicimos buenas migas. Sabiendo yo que, probablemente, no volveríamos a vernos, charlamos y la charla fue de lo más interesante, todo el tiempo se centraba en que nos amásemos los unos a los otros. Nos despedimos con los dos típicos besos. De vuelta a mi casa, pensé en ella.

El jueves de madrugada de esa semana volví a verla. Tenía mucha prisa. Le pedí el móvil y le dije que la llamaría. Y la llamé. Quedamos caída la tarde del día siguiente, viernes. Estaba bastante cansada. Triana se llamaba. Tenía una gran capacidad de conversación, y de nuevo insistía en que apartásemos el odio y el rencor de nuestras vidas y que prosperase el amor, la amistad y la solidaridad entre todos los seres humanos, que lo difundiese. Quedamos como buenos amigos. Al poco, desapareció, cambió de móvil y ya nunca más supe de ella, hasta que...


...me la encontré de nuevo 26 años después a la una de la madrugada, coincidiendo con el jueves de la Semana Santa. Iba caminando hacia el Puente de Triana, el Altozano... La reconocí enseguida. Su cara jamás se me olvidó


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Re: MI BLOC, QUE NO BLOG

Mensaje  achl el Dom Abr 30, 2017 4:04 pm



¿Qué está pasando con el mundo?


Pocos años después de que me dieran la Primera Hostia, y de esto hace ya la tira, me percaté de quien era el amo del mundo: SAR El Dinero, constructor y destructor, decisorio e irrisorio. Y a mí me gustaría, ¡sí, me gustaría muchísimo!, que se le diese una oportunidad al romanticismo. Peor no nos iría. Seguro estoy de ello. Pero no, al romanticismo ni agua, ni calva. Y qué pena, qué pena porque vamos condenándonos a la condenación en forma irremisible. Cada vez estamos más en guardia, a la defensiva. Y así nos va: renqueantes, cortos de caletre, sin oxígeno apenas, al límite del límite. Mal... Fatal...Mortal de necesidad.

Con el paso de los años hemos ido construyendo, torpemente quizás, o tal vez deliberadamente, un muro, como aquél, el que ya cayó. Pero este nuestro es impertérrito, de acero y cáustica, infranqueable e inaccesible a toda concordia. Hace tiempo ya que no vamos de ley, que pasamos los unos de los otros, que no dialogamos, sólo preguntamos y respondemos con monosílabos, por pura fórmula. Y no todos y no siempre. Y vuelvo a lo mismo: el Dinero, el enemigo mundial número uno. Y por culpa de él nos zancadillamos, nos hachamos, física y moralmente, incluso nos matamos. ¡Y qué maravilloso sería que no fuese así!

No hay que ser muy inteligente para saber que no existe nada mejor en la vida que la vida misma, pero no siempre valoramos esto. Los palos que vamos recibiendo, en el difícil caminar, nos van trastornando hasta el punto de detestar la vida. Craso error. Y eso nos pasa por no ubicar nuestros avatares en su sitio justo. Arrestos (ovarios y huevos) en la sabiduría para llevar a cabo lo que se debe hacer en cada momento no está a tiro del necio, como tampoco lo está el amor, y sólo amando y amándonos, los unos a los otros, es cómo únicamente podríamos disfrutar de un feliz convivir, en usufructo común.

Pasa que somos indolentes, y esta indolencia se ha vuelto tan compulsiva que evita entregarnos a una gimnasia espiritual. Y, claro, luego pasa lo que pasa, que olímpicamente le endosamos el marrón al azar, pero éste, demasiadas veces carámbano es, y para todos los humanos un hielo así es letal. Pero si una buena parte de... no, rectifico: si la humanidad entera, sin excepción alguna, actuase por y con amor, cabría esperar un milagro del Dios Imponente, Señor de los ejércitos y Juez inflexible: milagro contagio le podríamos llamar, una especie de bálsamo divino. Consecuentemente, el mundo tendería a más justo, más bondadoso, más humanitario. ¿Utopía? Es posible, pero se me antoja que utopía puede ser el principio de un progreso, el marketing de un futuro mejor.

¿Imaginan un mundo sin guerras, sin ambiciones malignas, sin maldades, sin enemistades, pero con mucho amor, mucha paz, mucha concordia… y todo lo bueno que El Dador puso al alcance del hombre, que ninguno ignoramos, pero que insensatos somos y desidiosos habemos?

No obstante, hay quienes pagan con su vida el haber hecho el bien por el bien. Por contra, quienes son el mal en persona, que además se creen que el desiderátum de sus 'heroicidades' está en su odioso récord, y a más peyorativos en contra, más pus para proseguir, ufanos y afanosos con sus crueldades. Impunemente actúan amparados en el coercitivo de presunción de inocencia. Son ESCORIA (Estiércol- -Saña-Cáncer-Odio-Ralea-Impudicia-Asco) de la sociedad.


Tratar de conseguir un mundo mejor nos obliga, necesariamente, a ser generosos con los demás. Yo, particularmente, daría gustoso lo que fuese con tal de alcanzar este fin, que, sin duda, es el mejor y mayor jubileo que jamás podría soñar el más humanitario de los humanos


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Re: MI BLOC, QUE NO BLOG

Mensaje  achl el Jue Mayo 04, 2017 5:41 pm





Sin premeditarla, noche lujuriosa



Si dos personas, de igual o diferente sexo, se abandonan a una pasión, algo imprevisible puede ocurrir cuando menos se espere


Era una fría tarde de un viernes de invierno, y como otro día cualquiera terminaba de llegar de la Facultad a mi humilde vivienda. Vivía sola. Había tenido que salir de mi pueblo y venirme a la ciudad, Sevilla, para poder estudiar Arquitectura, y hacía ya seis meses de eso.

Bueno, antes de seguir con mi historia me presento:


Me llamo Alicia, tengo 19 años; alta, pelo moreno. Creo que simpática, atractiva y con buen cuerpo. Pero aun todo eso, no he logrado amistad con ningún chico de mi facultad; sólo se fijan en mis grandes pechos, y esto me tiene acomplejada, hasta el punto de que me he planteado dejar de salir en grupo con ellos


A pocos días de llegar a Sevilla, conocí a un mujer de más edad que yo: 40 años y Sara de nombre  Nos conocimos casualmente en mi facultad durante una charla profesional a la que asistimos las dos y terminamos sentándonos juntas. Compartíamos ideas sobre la arquitectura. La veía como mi hermana mayor. Me sentía bien a su lado. Y según ella, sentía lo mismo por mí. Quedábamos algunos findes, luego que yo salía de la Universidad y ella de su trabajo, e íbamos a tomar algo y a charlar. Nos contábamos todo con confianza. Sabía mi vida entera, y yo la suya. Era aparejadora y ganaba mucho dinero. Vivía sola en un lujoso ático en el centro de la ciudad. Había tenido un novio durante cinco años, pero las cosas no iban bien entre ellos y lo dejaron, año atrás. Y desde entonces no ha vuelto a estar con nadie más.

Como he dicho antes era un viernes por la tarde, hacía frío y ya estaba oscuro. Esa noche mis colegas iban a salir. Me habían invitado a ir con ellos, pero lo rechacé, poniendo como excusa que no me hallaba bien, pero no era cierto esto. Todos los que iban lo hacían acompañados de pareja, y yo estaba cansada de estar siempre sola y no quería ser una  molestia para ellos. Y esto me entristecía.

Mientras iba caminando hacia la parada de mi autobús, saqué mi móvil de mi bolso y llamé a Sara; necesitaba contar mis penas a alguien, y a quien mejor que a mi única amiga en Sevilla. La llamé y me respondió que por qué no nos veíamos para tomar algo y así no tendría que irme tan temprano a casa, máxime viernes siendo. Acepté.  

Como era costumbre, quedamos para vernos en la cafetería en la que lo hacíamos siempre. Corrí para no hacerla esperar, pero un bus había pasado y no me apetecía permanecer parada con el frío que hacía, así que me fui caminando con paso muy rápido. Ya allí, Sara me estaba ya esperando, sentada en una silla de una de las mesas. Me saludó, mano en alto, y me fui hacía ella. Cuando llegué su lado, me fijé en el modelo que vestía. Debo agregar que era una mujer guapísima, con un cuerpo despampanante, y que aparentaba menos años de los que en realidad tenía. Se maquillaba muy poco, sólo rímel en ojos y algo de colorete en mejillas. Siempre vestía a la última: zapatos de medio tacón y prendas de marca. El gusto por el buen vestir era algo que compartíamos, pero ella tenía posibilidades económicas para ello. Ese día iba más arreglada de lo normal: llevaba un costoso vestido, de esos arábigos, y chaqueta negra del mismo estilo. Estaba realmente espectacular. Notó que yo la miraba con fijación y por eso sonrió y me dijo:

____Pero siéntate, pequeña. No sé si me miras así porque estoy guapa o porque me queda fatal mi indumentaria.

Le gustaba llamarme 'pequeña'. Sonreí y le dije:

____La indumentaria te queda genial. ¿Pero a qué se debe ese look de hoy? -la piropeé y luego le pregunté eso.
____Pues se debe a que he tenido una comida con todo mi equipo para tratar un asunto importante para mi gabinete, y es por eso que me he esmerado un poco más -respondió.

Luego de haber tomado café, de charlar un buen rato y de contarle mis penas, me invitó a irme a su casa a cenar con ella, y así no permanecer sola. No sabía qué decir. Había estado ya en su ático otras veces, pero nunca de noche, y me preocupaba cómo regresar a casa, tarde y con el tiempo lluvioso y frío que hacía. Se apresuró a responderme que no me preocupase por eso, que ella me llevaría en su coche. Bromeó sobre si podía quedarme a dormir en su casa.

Y no era una mala idea. Su ático era muchísimo más acogedor que mi humilde piso de estudiante.

Al llegar a su casa, preparó algo rápido para cenar y nos sentamos a la mesa. Se esmeró en todo, alegando, con una sonrisa en los labios, que yo era su 'pequeña invitada'. Le tengo mucho cariño, sobre todo por su lealtad, dulzura... Es una mujer encantadora, con la que resulta difícil llevarse mal. Durante la cena, no se por qué, no pude dejar de alabar su belleza. Una belleza natural, marcada no sólo por su físico, del cual destaca sus grandes y bellos ojos grises, su maravilloso cabello rubio, casi siempre con trenzas, y su espléndida figura; sino por su adorable carácter, capaz de hacer reír a la persona más triste del mundo.

Luego de la cena nos sentamos en el sofá. Yo estaba pensativa, ya que seguía deprimida por sentirme sola y además por verme alejada de mis padres, a los que veía sólo una vez al mes debido a que mi pueblo es el más lejano de la provincia sevillana y mi monedero no era boyante para más desplazamientos. No pude evitar derramar unas lágrimas, y al ver Sara que me venía abajo, empezó a consolarme rodeándome con sus brazos, y para mi sorpresa, me dio un cálido beso en los labios. Después me dijo:

____No voy a dejarte nunca sola. Recuerda que eres mi pequeña.
____Gracias que te tengo a ti. No sé que haría si no estuvieras a mi lado siempre -respondí.

No quería que acabase esa noche. Me sentía protegida mientras estaba con ella. Pero no entendía qué me estaba ocurriendo. De repente, Sara había pasado a ser algo más que una amiga.

Cuando me dejó de abrazar, la miré a los ojos. Me sonrió. Vi su perfecta sonrisa y después clavé mis ojos en los suyos. Tenían un brillo especial. Me sentí confusa, dudando de si la situación era real o estaba soñando. Sin saber cómo, lentamente llevé mi cara hacía la suya, para así rozar nuestras bocas. Fue sólo un segundo, un segundo en que sentí como si el tiempo se detuviese. Un pensamiento erótico cruzó mi cabeza. Pude sentir su calor. Regresé en sí y retiré mi boca temiendo su reacción. Me miró con mirada extraña. Pensé que me iba a decir que me fuese de su casa. Pero no fue eso lo que sucedió...

Pasó su mano derecha por detrás de mi cabeza, me acercó más a ella y empezó a besarme. Al principio, suave, pero después acaparó su boca a la mía y mordió suavemente mis labios terminando en un apasionado beso, en el que nuestras lenguas se conocieron y se saludaron de esta forma tan peculiar, pero muy muy excitante...

Pasamos así un rato, besándonos y acariciándonos, como si no hubiese un mañana. No decíamos nada, la palabra no estaba invitada. Cada vez más cerca la una de la otra, cuerpo contra cuerpo buscando pasión. De pronto, me cogió de la mano, me dijo que nos levantásemos y me llevó a su dormitorio. Ya en él, sentí que las cosas iban a ir más lejos de lo que esperaba. Y quizá era eso lo que deseábamos, al menos yo...

Me tumbó en la cama, poniéndose a mi lado mientras se desabrochaba el vestido. Me quité la blusa, y quedamos las dos en sujetador. Seguíamos con nuestro juego de besos y caricias, ahora con menos ropas. Puse mi mano en su cintura, para luego subir hasta sus senos. Estaba deseando tocarlos. Al hacer yo eso, ella hizo igual, así que nos desabrochamos la una a la otra los sujetadores, y así podíamos tocarnos de forma directa.

Al besarnos, nuestros grandes senos se rozaban pudiendo sentir así sus mamelones contra los míos. Luego de eso, empezó a besarme el cuello y, con lentitud, fue bajando hasta mis senos, besándolos y lamiéndolos cuanto quiso, mordisqueando los mamelones. Y esa ha sido, sin duda, la mayor sensación que había sentido hasta ahora.

Empecé a acariciar sus senos con mis manos mientras besaba su boca. Y Sara gozaba con los besos. Amplié a sus mamelones con la punta de la lengua hasta devorarlos, y ella empezó a gemir.

Entre besos y caricias, nos quitarnos lo que quedaba de ropa, y cuando me percaté, estábamos completamente desnudas. Entonces, pude ver bien su increíble cuerpo. Si con ropa era bella, sin ropa más aún. Acaricié todas y cada una de sus pronunciadas y perfectas curvas, y ella hacía lo mismo conmigo. Después bajé una mano hasta su sexo, alzando de cuando en cuando la cabeza para mirarla a los ojos. Con un dedo, palpé sus labios vaginales, para luego frotar la parte más sensible de ellos. Esto hizo que soltase un rugido, que me asustó. No podía creer que lo que estaba ocurriendo fuese real, que lo que alguna vez había fantaseado, sin querer reconocerlo, estaba ocurriendo en realidad. Bajó también su mano a mi sexo, copiándome. Sólo con el roce de su dedo sobre mi vulva, mi excitación creció, y tuve un primer orgasmo. Esto hizo que soltase un gemido, que ella también lo gozó. Me miró a los ojos y empezamos a masturbándonos la una a la otra, hasta que entre apasionados besos, suspiros, gemidos, e incluso rugidos, llegamos al orgasmo las dos. Pude ver cómo se humedecía la palma de mi mano con sus líquidos, lo que antes me hubiese resultado repugnante, pero no en ese momento. Todo lo contrario.

Nos miramos intercambiando risas febriles. Besándonos y entrelazando nuestras lenguas, me echó en la cama y me abrió las piernas. Sabía lo que me iba a hacer, y yo sentía una mezcla de morbo y vergüenza que en el fondo me producía placer. Con mirada pícara, llevó su boca a mi vagina, lamiéndola con total maestría, propia en actriz del porno. De pronto, sus manos rodearon las mías. Y ese gesto me gustó muchísimo. Me hacía sentirme segura.

Comenzó a lamer mi punto más débil con la punta de la lengua. Apenas subía el ritmo, paralelamente iban creciendo mis gemidos. Recorría mi sexo con su boca, lo besaba, lo acariciaba y metía su lengua hasta el fondo. Otra vez sentía que iba a reventar al notar que me venía de nuevo, pero me daba vergüenza descargar en su boca. A pesar de eso no pude aguantar y tuve un goliat orgasmo, que me hizo temblar. Me cubrí la cara con las manos por vergüenza. Pero ella me las cogió y las apartó.

____No te sientas mal, pequeña -y dicho esto, lascivamente paseó su lengua por mis labios, dándome a probar mis propios jugos.

Ahora tenía que devolverle el favor. La eché en la cama, y ella abrió las piernas totalmente. Nunca había hecho un cunilingus pero la pasión me podía. Llevé mi lengua a su sexo, y con la punta empecé a lamer en la zona alta de la vulva, la más sensible de los labios menores y a intervalo clavaba mis ojos en los suyos. Me excitaba ver que estaba así por mi culpa. Lamiendo y relamiendo su vagina acabé por devorarla, pasando la lengua por donde se me antojaba haciendo que ella gimiera más, hasta que soltó un fuerte grito y sus jugos terminaron en mi boca. Entonces, pude saborear sus salados líquidos.

Recuperado el aliento me puse encima suya, de tal forma que nuestras vaginas rozaban, y así comencé a moverme, para ir subiendo el ritmo, hasta acabar cabalgándola. Gemíamos. Me incliné hacia adelante para que nuestros pechos se uniesen y poder besarla mientras gritaba. Podía percibir su olor, cuyo ella lo vio en mis ojos, así que ambas alcanzamos un sublime orgasmo. Pero mi amiga rubia quería más. Se incorporó, se puso ante mí y entrelazó sus piernas con las mías, haciendo tijeras.

Nuestros sexos toparon de nuevo, húmedos y sensibles, pero esta vez de modo más directo. Empezó a moverse sin parar y yo la seguí. Ahora podía sentirla dentro, sentir su calor. La sensación era increíblemente excitante. Nos movíamos, por vez más rápido, gritábamos, gemíamos... Nuestras vergüenzas y nuestro pudores se habían ido a paseo. En ese momento, éramos una sola persona.

Jamás había escuchado a Sara decir palabras sexuales, cuyas me hicieron explotar y moverme como nunca antes lo había hecho. Me abalancé sobre ella y empecé a besarla, lamerla, a juguetear con su lengua en mi boca. Nos encontrábamos abrazadas y frotando nuestros sexos sin parar.

Tanto placer era incontrolable. Nos fundimos entre intensos momentos de placer. Luego caímos rendidas sobre la cama y quedamos dormidas, casi sin darnos cuenta...


A la mañana siguiente, desperté entre sus brazos. Sara estaba ya despierta. La miré largamente, y ella sonrió relamiéndose los labios


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Re: MI BLOC, QUE NO BLOG

Mensaje  achl el Lun Mayo 08, 2017 12:24 pm



Me enamoré sin darme cuenta


Mis piernas se abren con irremediable soltura sobre las suyas, enfundadas ambas en tan ajustados vaqueros que parecen ser parte de mi propia anatomía


Nos habíamos conocido mes atrás, y no en un lugar muy común, al menos para entablar una charla que no fuese de literatura.

Andaba perdida por las estanterías llenas de libros. Como se pueden imaginar, me encontraba en una biblioteca. Para ser más exacta, en una biblioteca pública de Madrid. Tocaban mis dedos las numerosas encuadernaciones de diversos colores y leía cada titulo, en busca de uno que me incitase al deseo de leer su pequeña reseña trasera.

Me miraría sorprendido, intentado hallar una explicación a mi ritual, tan extraño. Pero no noté su mirada clavada en mí, hasta que cogió mi mano, la que mantenía suspendida en el aire con el dedo índice guiándose por los títulos de los libros, y empezó a cambiar de rumbo mi propia extremidad hasta dejarla con mi dedo posado en un libro de aspecto anticuado. Las hojas estaban algo amarillentas, rozando el color ocre, y al abrirlo se podía percibir un olor a rancio.

Me miró, sonrió y me dijo:

____Ese. A mí me gustó.

A partir de ese momento, y a causa de mi búsqueda frenética de un libro, iniciamos una relación que no pasaba la barrera de la amistad. Nos llamábamos para comentar los libros que comúnmente leíamos. Pasábamos muchas tardes en una conocida y bohemia cafetería, de angostas vidrieras, removiendo y removiendo el café medio aguado que nos servían. Pero qué decir, a pesar de la poca calidad del café, el tomármelo en compañía de aquel chico tan guapo con ojos grises, hacía posible que su sabor mejorase en cada sorbo.

Pasaban los días por una amistad inesperada, empezada por nuestra pasión por los libros; y a medida que pasaban, más ganas aparecían en mí por besarle y por rozar su cuerpo. Y quizás algo más... De este modo, llegamos al momento en que ahora estamos viviendo.

Iba a ser una tarde de invierno como otra cualquiera, pero nevaba: ambos con un libro en mano, mis ojos puestos demasiadas veces en los luceros grises de mi amigo, y sus sonrisas en medio de nuestras lecturas que removían lo más recóndito de mi alma.

Mis dedos, adornados de anillos de bisutería fina y uñas color pastel, movían la cucharilla haciéndola rechinar sobre las paredes de la taza Mis labios se veían deseosos y mis ojos pocas veces se centraban en la lectura. Él me imitaba; sus ojos, de vez en cuando, se paraban en los míos, coincidiendo los míos en los suyos, originando en su guapa cara una amplía sonrisa que quitaría la cordura a cualquier mujer.

Una de las cosas por las que me enamoré de él, fue su sonrisa. Sólo verla, provocaba en mí la misma reacción, aunque triplicada. Cogí la taza, y sin levantar la mirada del libro que cogía con la otra mano, la llevé a mis labios y bebí un sorbo caliente, por no decir ardiente. Un suspiro de mi amigo me hizo levantar la mirada, pues pensé que el texto del libro que leía le había causado un leve espasmo. Pero lejos de la realidad; el espasmo se lo había causado yo. Cerró el libro con intrépida saña y lo apartó en la esquina de la mesa. Sin poder salir de mi asombro, torcí el cuello y le miré, dejando reposar mi libro en mi regazo.

____¿Estás bien? -pero sus manos cogieron las mías y sus preciosos ojos se clavaron en los míos. Me dijo:
____Dime que me amas. Necesito oírlo de tus labios, porque hasta que los tuyos no hablen, los míos no confesarán.

Desde aquel momento sabía que nuestra relación había tomado un nuevo rumbo. Estaba confusa; no sabía si levantarme y marcharme afuera, bajo el frío intenso y la nieve o quedarme frente a él y, al fin, confesarle mi amor.

Evidentemente, si nos da por repasar el principio, escrito en rojo, de esta historia, queda muy clara la postura que adopté.

Sin estar muy preparada, dije con palabras románticas lo que sentía en ese momento. En medio de mi discurso, con sus grises radiantes de admiración y sus manos sujetas a las mías con fuerzas, alzó uno de sus brazos y echó la mirada hacía atrás.

____La cuenta, por favor.

Cuando se volvió hacía mí, de nuevo me cautivó su sonrisa.

____No hables más. No vas a necesitar más palabras hoy -me dijo.
Se levantó de su sillón, y yo, casi sin respiración, hice lo mismo. Me ajusté el gorro, los guantes y la bufanda; me abroché el abrigo y salí antes que él a la calle.

____No sé para que te abrigas tanto; total, vivo a tres manzanas de aquí y sabes de sobra que pienso desnudarte -me dijo.

Sus últimas palabras me hicieron ponerme más nerviosa, las mejillas llenas de rojeces. Una reacción, supongo, que por el cambio brusco de temperatura de dentro afuera, además y sobre todo por un ardor incontrolable en mi interior. Me miró pícaramente y cogió mi mano, para tirar literalmente de mí.

____Fuera nervios. Ambos sabemos lo que sentimos -me dijo.

'¿Tanto se me nota?', me dije. Pero, como yo, siempre inocente, creía que esto no me iba a pasar nunca a mí, sin darme cuenta de que era una verdad demasiado obvia como para no ser advertida, le miré, le sonreí, y él, una vez más, volvió a regalarme una sonrisa.

Nos encontrábamos frente a su portal y él desplumó el guante de su mano derecha, pues tenía que tener suficiente movilidad para poder manipular la cerradura y la llave. No bien abrió la puerta, me hizo un gesto que indicaba que entrase. Entré y caminé como pude, pues la nieve casi me había congelado los pies, y mi corazón parecía salirse del pecho. Un fuerte ruido, causado por la puerta metálica del portal al cerrarse, me asustó. Pegué un brinco. De repente, noté cómo sus brazos me rodeaban por detrás, y su sonrisa adornaba el silencioso pasillo hacia el ascensor, al final. Susurrantes y varoniles palabras a mi oído me llevaron a estremecerme:

____Te amo por lo que eras la primera vez que te vi en la biblioteca, te amo por cómo has sido estas tardes conmigo, y te amo por lo que quiero que seas dentro de unos minutos en mi cama.

Volví a dar un brinco, pero esta vez por algo muy disímil. Sus brazos oprimían mi cuerpo, guiándome hasta el ascensor. Entramos y pulsó su planta. Pero, de pronto, se volvió y me besó en la boca.

Y llegamos al punto inicial:


Mis piernas se abren con irremediable soltura sobre las suyas, enfundadas ambas en tan ajustados vaqueros que parecen ser parte de mi propia anatomía


Ya en su piso, sus manos empezaron a viajar por todo mi cuerpo, en busca de exploraciones, de conocer cómo era cada milímetro de mi palmito. Me abrió los vaqueros y, sin preámbulo, metió la mano. Mis suspiros acelerados le llevaron a juguetear con mis bragas. Le pedí y le supliqué que parase, pero siguió moviendo sus dedos mientras mi sexo se calentaba más. Mis piernas empezaron a moverse, adelante y atrás, que me permitió ver cómo los botones de sus bragueta iban a estallar. Mis gemidos aumentaron hasta llegar a aullidos, dando la bienvenida a una nueva faceta de él.

Cogió mi cuello con firmeza y me clavó suavemente los dientes en él, mientras hacía un amago de meterme un dedo en mi vagina, sin llegar a hacerlo porque imaginaría que eso me iba a desesperar, que me haría suplicarle que me metiese 'su cosa'. Mis manos, que hasta ese instante no habían participado, cogieron su pene, el cual estaba ya completamente erecto. Al hacer yo esto, él bajó por mi torso. Me echó sobre el sofá y me arrancó mis vaqueros. Me besó con pasión, dulzura y amor... toda una mezcla de sentimientos en un solo beso. Sus manos seguían por ahí abajo, hasta que entre largos gemidos le dije en voz baja y casi tartamudeanso que nos hiciésemos uno. Pero él, en su vena juguetona, me pregunto jocosamente

____¿Qué es lo que quieres que te haga?

No podía ni hablar, no me salía aliento para hacerlo, y antes de que yo pudiese llegar al orgasmo, se percató y dejó aparcada mi vagina. Mis pulsaciones se desaceleraron un poco y recobré aire.

____Dímelo o así te quedas.

Me dijo con voz sivergonzona.

____¡No, por favor no me hagas decir eso, que me pondré roja!

Acarició mis mejillas y soltó de nuevo su sonrisa.

____¡¿Pero no ves que eso es lo que quiero, verte al rojo vivo?!

Cerrando los ojos con fuerza y con una excitación incontrolada se lo lo dije, incluso con énfasis y muy explícitamente...

____¡Hazme tuya, por favor!

Entonces volvió su expresión pícara que tanto me excita. Se bajó los pantalones y los calzoncillos y me penetró. El sofá crujía al ritmo de nuestros gemidos. Mis manos intentaban cogerse a los cojines, pero mis uñas empezaron a resquebrajarse.

Mi satisfacción le ganó la batalla a mi pudor y, una vez que los dos culminamos, le dije, feliz y mirándole a los ojos:


Veía mis ojos marrones en tus ojos grises desde el mismo día que te conocí, pero en este momento mis ojos están dentro de los tuyos y todavía siento tu miembro entrando y saliendo en mi vagina, como también siento el orgasmo que hemos tenido, que a mí me va a dejar marcada para los restos


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Re: MI BLOC, QUE NO BLOG

Mensaje  achl el Mar Mayo 09, 2017 1:34 pm



Nos pilló mi abuela

Aquel chico del jardín me miraba en forma osada, directa a los ojos, a mis pechos y mi entrepierna. Era de entre 28 y 30 años, moreno, macizo. No era un modelo de revistas, pero tenía una masculinidad y un atractivo que me derretían. No podía dejar de sentirme cohibida ante él y terminaba siempre bajando la cara, acelerando el paso hacia la casa y sintiendo sus ojos pegados a mi trasero. Latía fuerte mi pecho mientras no podía dejar de fantasear en cómo sería 'hacérmelo' por primera vez con un desconocido, a la vez que mis bajos se humedecían.

Llevaba diez días de vacaciones en casa de mi abuela. Luego de comer, venía el jardinero, tres veces a la semana, para regar y arreglar las flores del jardín. Si bien sus manos eran fuertes, poseía una sutileza única para cuidar las flores, a cuyas parecía acariciar. Como a las tres, mi abuela me enviaba a que le llevase un vaso de zumo, que él bebía de un solo sorbo, sin dejar de mirarme. Siempre intentaba yo entablar alguna conversación de una forma amable, pero mi timidez me impedía quedarme mucho rato a su lado, y sólo le había dicho cosas como... 'hola', 'me llamo Alicia', 'me manda mi abuela' y 'adiós'. Me preocupaba que él pensase que yo era una nena tonta que le miraba despectivamente por ser un obrero, y no era así.

Era mi último día de vacaciones y estaba decidida a hablar algo más con él. Deseaba decirle tantas cosas... Por ejemplo, que no era una niña de papá, quizá algo tímida, eso sí. Mi abuela dejó preparado el zumo mientras salía a hacer la compra. Mi corazón se agitaba fuerte mientras caminaba hacia el jardín. Él tenía la mirada extraña cuando le di el vaso. No llegué a hablarle, cuando me cogió de la cintura hasta pegarme a su pecho y besarme en la boca. Sus labios carnosos hicieron que abriera gustosa los míos. Su lengua se metió famélica buscando la mía, mientras sus manos recorrían mi espalda, mis caderas y brazos. Mi pequeño cuerpo parecía perderse en aquel hombre, tan alto y tan grande. Nos tumbamos en el verde y él empezó a acariciarme el cuello con su lengua. Desabrochó los botones de mi blusa para encontrarse con mis puntiagudos mamelones, cuyos besó y lamió a su antojo. Hasta ahí era lo máximo que antes había hecho con un chico, pero aquel era un hombre que iba a por todo y yo estaba dispuesta a darle lo que quisiera.

Mientras su lengua chupaba mis pechos, mis manos subían mi vestido blanco y bajaban mi tangas. Siguió acariciando la tibieza de mi frondoso pubis y la humedad de mi gruta. Se bajó el ajustado vaquero que oprimía su espectacular anatomía, para encontrarme con un torso moreno y un miembro boscoso, totalmente duro ante esa pasión del momento. Separé las piernas para que se echase encima mía. Puso su miembro justo a las puertas de mi vagina. La emoción de ser poseída por primera vez me desbordaba. Estaba nerviosa, pero muy excitada a la vez. Antes de penetrarme me preguntó si era virgen. '¿Tanto se me nota?', pensé. Mentí, pero creo que lo sabía, pues fue delicado en romper mi flor. Había escuchado y leído sobre asuntos del sexo, pero sentirlo era otra cosa muy distinta. Gemí de dolor, pero aguanté estoica sus vaivenes viriles. Me deseaba y yo a él. Mi cuerpo de hembra se iba acoplando ante aquel macho, y mi carne juvenil poseída por aquel hombre era un mar de sensaciones que se iba desatando para pasar del dolor a la lujuria.

Me cogí de sus muslos y lo atenacé con mis piernas y él se abría paso en lo angosto de mi gruta. A sovoz me dijo que era toda una mujer, toda una hembra, mientras yo no podía más de placer y sentía un calor envolvente desde los pies a la cabeza. Mis gemidos aumentaron y él me penetró aún más fuerte. No pude evitar gritar extasiada ante mi primer orgasmo, a la vez que por mis mejillas corrieron unas lágrimas. Él no tardó en descargar. Sentí sus fluidos recorriendo mi vulva dilatada, mezclarse con la sangre derramada por el desgarro de mi himen. Cuando acabamos me preguntó si me había dolido y yo le dije que no. Lo abracé agradecida mientras nos besábamos, comenzando a vestirnos. Entonces algo ocurrió que me sacó de un golpe del placer que aún seguía experimentado.

Los gritos y gemidos habían llamado la atención de mi abuela, quien no podía creerse lo que estaba viendo; yo, medio desnuda en el verde junto al hombre que me había hecho mujer, a cuyo miró con reproche y le dijo que estaba despido. Luego, a mí me propinó un cachete en plena cara.

Mi abuela no le contó lo sucedido a mis padres, y con el paso del tiempo me perdonó, volviendo a ser su nieta preferida.

Lo que sí tengo que decir es que me llevé una gran decepción, ya que después al marcharse él de la casa me dijo mi abuela que era un hombre casado y que tenía hijos, por lo que mi deseo por volver a tener sexo con él se fue al garete.


Sea como sea, aquel mocetón jardinero fue mi primer hombre, que me obsequió con mi iniciación en el sexo, y siempre le desearé lo mejor




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Re: MI BLOC, QUE NO BLOG

Mensaje  achl el Dom Mayo 14, 2017 10:59 am



Adinerada madura buscando desesperadamente un hijo

Estaba sentado en un banco del Parque de María Luisa; el más emblemático de mi ciudad. Llevaba la mayor parte de mi vida durmiendo allí, pero no siempre en el mismo lugar, pues iba cambiando según las vigilancias de los guardas.

Ahora tengo 20 años. Mi madre es alcohólica, y mi padre es ludópata, no menos alcohólico y además muy violento. Los problemas entre ellos eran diarios y cada vez mayores, cuyos me salpicaban, era por eso que tenía que emigrar, e hice eso a la edad de 12 años, con la idea de no regresar a casa nunca más.

No tenía dinero, ni trabajo, ni adonde ir. El parque fue lo único que se me 'brindó. Desde el primer día por la tarde sobrevivía pidiendo limosnas a la gente que paseaba por los jardines, y por la mañana, me iba al centro de la ciudad y ofrecía dibujos de personas que hacía sobre la marcha. Se me daba bastante bien dibujar a lápiz.

Hoy mi día empezó igual que todos los anteriores, pero por la tarde, casi de noche ya, me ha ocurrido algo tan sorprendente como inusual.

Una mujer madura se sentó junto a mí en el banco que solía hacerlo. En principio no presté atención, puesto que contaba de moneda en moneda el dinero que pude aunar. Ella me miraba y yo me di la vuelta y le sonreí. De repente, escuché:

____Qué joven y guapo eres. ¿Que edad tienes si se puede saber?
____Gracias, señora. Tengo 20 años -respondí.

El ambiente se puso tenso al notar cómo ella no dejaba de mirarme. Los sones de sus miradas eran persuasivos.

____Hace más de una semana que te llevo observando en este parque. Y siempre me preguntaba qué hacía un joven tan guapo solo por aquí .

Debido a mi permanente extroversión, le conté parte de mi vida, a lo que ella respondió:

____Te veo triste, solitario y algo desaseado, pero tu ropa está muy sucia. Yo vivo a doscientos metros de aquí. Si quieres, puedes venirte a mi casa para descansar un rato, ducharte y luego te invito a cenar.

Al principio dudé de su ofrecimiento, pero luego me pregunté: '¿qué es lo que puede perder?'.

____Acepto. ¿Pero cómo se llama usted? Sólo se lo pregunto para nombrarla por su nombre. Creo que es lo correcto.
____Mi nombre no importa -respondió, sorprendida de mi trato exquisito.

Entramos a su casa. Se veía que era lujosa y acogedora. Me indicó dónde estaba el cuarto de baño:

____Entra y dúchate. Ahí adentro tienes todo lo que necesitas, y si faltase algo, sólo tienes que pedírmelo.

Me apresuré para que no tuviese que esperarme demasiado. Quería ver qué me había preparado de comer, pues estaba famélico. Abrí la puerta y salí del baño. Cuando miré al frente, allí estaba ella. Se había cambiado de indumentaria. Ahora llevaba camisón largo y transparente, sin bragas ni sujetador. En su camisón, semi abierto, se podía ver perfectamente la silueta de unos pechos turgentes.

Ingenuamente le pregunté:

____Disculpe. ¿Se va usted a duchar también?

Y ella, con amplia sonrisa en los labios, me respondió:

____No. Ahora tengo algo más importante que quiero hacer.

Y de pronto, me cogió de la mano y me llevó a un dormitorio lujosamente equipado; lo que más resaltaba era una pomposa cama en el centro de la habitación. Mi corazón latía con fuerza. La señora me cogió por la cintura y me sentó en el borde de la cama. Sus mamelones se veían a través del camisón; estaban completamente erectos.

____Disculpe, ¿qué está haciendo usted? -le pregunté.
____No hables, no digas nada y déjate llevar -respondió.

En ese instante estaba excitadísima, y yo también. Mi pene abultaba mis vaqueros. Ella se puso de rodillas y corrió la cremallera de mi bragueta

No llevaba calzoncillos, facilitando esto a ella que directamente cogió con una de sus manos mi pene, y con la otra mano sacó de la mesilla un bote de crema; se echó una poca en una mano, la juntó con la otra y las frotó, para enseguida untarlo en mi glande en un movimiento sensual. Imaginé que sería un producto farmacéutico para que los penes se mantuviesen erectos. Hizo la misma operación en mis testículos. Susurrando me dijo:

____Échate ahora sobre la cama.

Me eché y gateando sensual se puso sobre mí. Por primera vez sentada en mis piernas, se arrancó su camisón y lo tiró al suelo, saliendo al aire unos senos medianos con pezones como esculpidos.

Lentamente se sentó sobre mi pubis y, con sus manos en mi pecho, se deslizó hacia abajo. En ese momento mi corazón latía a mil. El calor y la humedad que cubría mi pene combinado con sus senos, que se movían de arriba abajo en mi cara, era de lo mejor que he sentido en mi vida.

Ella, completamente excitada, empezó a moverse con velocidad, subía y bajaba. Sus manos apretaban mi pecho firmemente, y nuestras miradas se encontraban. La temperatura en esa cama subía y subía. Ella gemía de placer. Sus gemidos eran sexuales, mientras no paraba de moverse en la misma postura.

Mi excitación era ya demasiado, por lo que con mi boca, lengua y dedos empecé a corresponder a aquel cuerpo, joven aún.

De pronto, grité:

____¡Ya me viene!

Con rapidez se pegó más a mi miembro, como para que le entrase todo el semen. Pasados unos segundos se apartó cogiendo mi pene, al cual le hizo un limpiado con la boca. Pasaba una y otra vez su lengua por todo el contorno, parándose deliberadamente en el glande proporcionándome el segundo placer de la noche. Era un limpiado tan sexual como el propio coito, y yo me retorcía mientras ella hacia lo imposible para que mi pene no se escapase de su boca.

Cuando terminamos, se puso de rodillas frente a mí y se pudo ver cómo se movía su garganta. Con voz de satisfacción me dijo:

____¡Qué rico! ¡No desperdicié ni una gotita!

Por mi mente pasaban muchas cosas, pero no podía más que sonreír de felicidad. Una mujer tremendamente hermosa estaba desnuda y para mí solo, regalándome una excelente experiencia sexual.

____Ya es tarde. Voy a prepararte una buena cena y creo te vendría bien que te quedes esta noche aquí a dormir conmigo y mañana hablaremos. ¿Te parece bien? -me dijo.
____Más que bien. Gracias por tu hospitalidad -respondí tuteándola, pues consideré un tanto ridículo seguir con mi usted después de haber tenido tan alto grado de intimidad.

Comí como nunca, y dormí como nunca pero con tres paréntesis que los ocupamos para hacer de nuevo el amor, incluso con más intensidad que la primera vez, y en cada una de ellas apretaba su vagina a mi miembro cuando ella notaba que ya me venía. Y también charlamos con confianza puesto que nos conocíamos más. Le conté mi penosa mi vida. Finalmente el cansancio me derrotó y no me desperté durante el resto de la noche.

Al día siguiente, sobre las 11, la luz que se colaba por una rendija de la ventana hizo que abriera los ojos. Yo era la única persona en la cama. Al desperezarme, me giré a un lado y vi un papel escrito sobre la mesilla... Tenía bastante texto:


Hola, mi guapo anónimo.

Te ruego encarecidamente que salgas antes de las dos de esta tarde de mi casa. El comprador de la misma llegará a esa hora. No me busques, ni preguntes por mi nombre, ni por mi paradero. Nada sobre mí.

Hace tiempo que tengo en cabeza quedarme embarazada, pero por más que lo busqué, nunca encontré el padre idóneo según mi parecer para mi posible descendencia.

Soy bisexual, tirando más a heterosexual, pero, en todo caso, me muero de ganas por tener un hijo. Aunque puedo pagarme tan alta tarifa de ello tendría que desplazarme al extranjero, por estar prohibida esta práctica en España, pero no me gustan los vientres de alquiler.

Por mi edad, 46, no me queda ya mucho tiempo para poder quedarme en cinta. A Dios pido un embarazo tuyo, ya que has sido el elegido por mí.

Si en realidad no me he quedado embarazada, quizás pronto sepas de mí y lo intente de nuevo, pero si lo estoy, creo que tienes todo el derecho de conocer a tu hijo, por lo que en tal caso seré yo quien te busque a ti otra vez. Y no dudes que te encontraré donde quiera que estés.

Gracias por regalarme una noche tan maravillosa. Creo que empecé ya a quererte, y no sólo por la noche tan suculenta de sexo, que también, sino por tu bonita manera de ser y por lo mucho que has debido sufrir. La vida te ha castigado con dureza, probablemente sin merecerlo.

Te deseo lo mejor del mundo. Te lo mereces. Un fuerte beso.

Ah, ahí te dejé un sobre con algo de dinero, pero no lo veas como pago de nada. Sólo que a mí me sobra y a ti te falta.



Luego de leer la nota, cumplí más que a rajatabla lo que me pidió ya que salí de la casa a las once y media. Abrí el sobre y, para mi gran sorpresa, adentro había la friolera de ¡6.000 euros! Me puse tan nervioso y a la vez tan alegre que en ese instante no sabía qué hacer; si buscarla por tierra, mar y aire, para devolvérselo o invertirlo en algo realmente productivo. Y como lo primero me iba a resultar difícil, ingresé en una academia para acabar mis estudios preliminares, y también me alquilé un cuarto en una humilde casa. Y ahora trabajo de repartidor de pizzas por las mañanas, y caídas las tarde acudo a la academia.

A pesar de lo mal que se portaron conmigo mis padres, lucharé por ellos, y a ver si consigo que salgan de la ruina en la que están inmersos. Sobre todo mi madre, que, en cierto modo, es una víctima más de mi padre.

Decididamente me he propuesto ser alguien en la vida, más que nada por mí y también por si ella contase conmigo, y ojalá haya quedado embarazada, que mi hijo o hija no va a pasar nunca por lo que yo he pasado.


¿Quién dijo que la suerte no es para quien la encuentra?


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