Se llama copla democrático

MI BLOC, QUE NO BLOG

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Re: MI BLOC, QUE NO BLOG

Mensaje  achl el Dom Jun 04, 2017 8:08 am




¿Qué nos pasa?

¿Por qué seguimos así juntos? Podemos hablarnos, besarnos tocarnos, hacernos el amor, ¿pero sabemos quiénes somos? Vivimos inconexos, en la apariencia, aislados de la realidad. No hallamos frente a frente, nos deseamos, pero, ¿qué es lo que nos pasa? No mucho antes éramos insaciables, pero de un tiempo a esta parte ni todos los poemas de amor juntos, podrían derribar esta muralla que se ha levantado entre tu corazón y el mío.

¿Sabemos en realidad lo que queremos? Nuestras manos y nuestros labios nos recorren enteros, nuestros cuerpos son los mismos de siempre, pero ahora resbalan el uno al otro. Nos cubrimos, como si quisiéramos ocultarnos de nuestras miradas, de esas miradas mudas de las cuatro paredes de este cuarto desangelado.

Nos susurramos cosas al oído. Intentamos ser dulces. Inútil. No lo logramos. Nos buscamos, pero ¿quiénes somos? Ya no podemos saciarnos porque lo que buscamos va más allá de un placer sexual. Hay en nosotros algo oculto, encerrado en nuestro interior, inaccesible para los dos.

Nos oímos, pero no nos escuchamos. Estamos lejos el uno del otro, cerca estando. Aunque nuestros cuerpos se unan y se fusionen nuestros sudores, frustrados nos sentimos con más monotonía que deseo. No nos servimos, ya no estamos enlazados por el amor. Ya no eres mía, ya no soy tuyo, y no podemos tenernos sin querer tenernos. Nos buscamos, pero somos incapaces de encontrarnos.

Coincidimos por pura rutina, pero sin suspiros, sin anhelos, sin derramarnos enteramente el uno en el otro. Estamos en un abismo negro. Y ambos lo sabemos, y nos aferramos a lo contrario, y hasta lloramos, pero nada. ¿Qué hacemos?

Es como morirnos durante un tiempo, pero no nos morimos, caemos en un sopor inevitable. Quizá algún día hallemos la pura desnudez de nuestras almas, nuestros corazones, más allá de la luminiscencia engañosa de nuestros cuerpos.

Ahora seguimos e insistimos, pero vencidos. Nuestras citas, lejos de placenteras, son dolorosas.

¿Dónde han ido a parar esas uñas clavadas en las espaldas, esas miradas ardientes, esas lágrimas de emoción, cayendo sobre nuestras mejillas?


Lo único que en estos momentos compartimos es el mismo sentimiento de soledad que nos reporta nuestra mutua compañía


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Re: MI BLOC, QUE NO BLOG

Mensaje  achl el Dom Jun 04, 2017 8:19 am



Bendita eternidad para ti, papá

Mi padre falleció. Yacía sobre su lecho eterno. Parecía dormido, como un recuerdo de lejanas tardes de siesta de verano en la infancia. Pero ahora su faz estaba cubierta por un helado halo de palidez, y su corazón inerte había renunciado ya definitivamente a su pulso vital.

No siempre resulta fácil asimilar los fenómenos que llegan ocultos bajo la irreal impresión de una cotidianidad inmutable donde creemos existir. Es lógico que los hijos velen en silencio el cuerpo de su padre, como mutua obediencia de una ley que nunca debería ser ignorada ni transgredida de ninguna de las formas. Su faz tranquila, ausente de maldad por sí misma, admirable en su serenidad ante la entristecida mirada del hijo frente a la despedida que nunca acaba en la memoria de los vivos, que deviene en reencuentros con el transcurso de los años.

Contemplé al hombre que me había dado la vida sintiendo que una parte de mí había muerto, y un algo de él seguía viviendo en mí. Sentí que así hubiese sido yo de haber vivido en su era, y que las arrugas de mi rostro estarían ahora en el suyo si hubiese conocido aquello que mi experiencia alcanzó en sensibilidad y razón.

Si tuviese que destacar la cualidad más característica de mi padre, creo que ésta sería, sin lugar a dudas, su intensa e inagotable vitalidad, que hacía extensible a las personas que se hallaban a su alrededor. Siempre activo, incansable, ocupando sus horas en las más diversas actividades que se puedan imaginar. Pero sus actos carecían de la necesaria dosis de reflexión, suministrada por su aguda e inquieta súper inteligencia que a veces se atrofiaba por tanta sabiduría acumulada.

Demostró que los sabios no tienen por qué ser exclusivamente hombres de pensamiento y actitud contemplativa. Decía no tenerle miedo a nada en este mundo, y así lo reflejó constantemente en su conducta hasta el último día, su último aliento, sin derrumbarse moralmente ni por un solo segundo. Se despidió del mundo con una solemne sonrisa, serenamente expirando cual héroe. Jamás conocí, y es probable que no conoceré, a un ser más firmemente arraigado a la dura realidad.

Cuando yo era niño y más de mayor, su saber y dedicación ante todo me impresionaban, era un ejemplo viviente para mí. A veces me preguntaba cómo era posible poseer semejante valentía, inquebrantable, conociendo las disímiles maneras que adopta el horror para manifestarse en nuestro mundo. Era un hombre, sencillamente, increíble. A él le debo buena parte de mi carácter. Cuánto le echo hoy de menos...

El velatorio tocaba a su fin. Estaba amaneciendo. Pronto vería el cuerpo de mi padre por última vez antes de que la tierra lo acogiese en su seno maternal para proporcionarle el eterno reposo.

De pronto, ante mi espanto, papá se incorporó de su ataúd, abriendo sus ojos donde brillaba una inconfundible huella de sabiduría; clavó sus ojos sobre los míos, a la vez que mi corazón golpeaba los orgánicos muros de su encierro y mi mente pugnaba por evadirse de aquella evidencia, que yo era incapaz de asimilar.

Posó sus rígidas manos de carámbano en mis hombros y empezó a decir palabras impronunciables para un pecho privado de aire:

____La vida nunca acaba, hijo. En la muerte se cumple el más profundo de los miedos por pensar que en vida se cometen más disparates de los que los seres humanos podemos permitirnos.

Y así fue cómo descubrí que lo que impulsó los últimos años de la vida de mi padre fue su deseo de encontrase con la muerte, probablemente por problemas de índole muy personal que las circunstancias de su alrededor fueron construyendo a lo largo de su existencia...


Pero mi padre no debió morir a los 75. Bien hubiese podido Dios haber retrasado su muerte, al menos unos años más para seguir aprendiendo de su sabiduría. Y si esto hubiese ocurrido, buena parte de la humanidad se hubiese endulzado con el néctar de su bondad


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Re: MI BLOC, QUE NO BLOG

Mensaje  achl el Mar Jun 06, 2017 11:49 pm



El trasero de mi compañera de clase

Lo que más recuerdo de mi adolescencia es un culo sobre un pupitre. Lo miraba restregarse y retreparse. Parecía inquieto. Pero consciente dejaba que aquella carne, con redondeces hermosamente marcadas, hiciese de mí un esclavo.

Desde Adán y Eva, la masa cárnica castiga al hombre como lo que más. Si no, pensemos en los padres y las madres; en el culo de ellas y en las manos de ellos cómo se buscan, cómo se encuentran y cómo se saludan cuando la que manda, la mujer, permite el saludo.

Sí, el roce es lo adecuado, pensaba en aquel entonces. Pero si el roce es largo y con regodeos, ocurre que los dedos se embelesan con la carne, y entonces la cosa es sublime. Es por eso que cualquier padre como el mío convierte el culo de su mujer en su diversión favorita.

El culo sobre la silla hacía de mí un esclavo, repito, y me sentía feliz. No era tanto que quisiera un culo como aquel para mí; es decir, en lugar de mi culo, no tanto eso como que ansiaba aferrarlo siempre, apretarlo, eso exactamente, penetrarlo, desfondarlo en su belleza. Los machos podréis entender lo que quiero decir, no tanto las hembras, que también ellas lo entienden, pero, con demasiada frecuencia, no lo comprenden, o lo que es peor: no quieren comprenderlo.

La ama de aquel culo se llamaba Pepa. Diosa de un grandioso culo y más que grandioso suave como el beso de un beso. Sentía amor por ella, muy enamorado andaba yo por aquellos entonces, pero no me percataba bien de la situación porque me faltaba el nombre apropiado para saber lo que realmente sentía.

____Le gusta Pepa -decían, pero no eran sus encantos lo más importante para mí, ella en sí era lo primero, al margen de su culo.
____¡No! -me defendía y después la insultaba con cualquier cosa: ¡Es una atrevida, una provocativa! -trataba de encontrar la palabra exacta.- ¡Una puta! -sentenciaba, triunfal.

Si yo decía puta, en vez de limitarme a pensarlo, la gente se horrorizaba más allá del término. Por mi parte, no me importaba que se riesen, que me diesen regañasen, que el director me enviase a casa. Yo sólo pensaba en Pepa, y también en su culo, sin preocuparme de si su dueña era puta, sólo porque, en un ataque de ira, así lo decía, que no lo creía.

Aquel San Culo me tenía cogido por los huevos. Lo confieso ahora porque antes, en mi adolescencia, no era capaz.

Y tanto que no era capaz.

Una tarde, de vuelta del colegio, coincidimos Pepa y yo en el camino. Me empeñe en acompañarla hasta su casa (vivía a las afueras de la ciudad, atravesando un campo, más lejos de lo que había pensado). Me miró, me sonrió y desde el principio trató de enredarme con jueguecitos: se ponía a mi lado, muy pegada a mí y empezaba a erotizar todo con un contoneo demasiado inmaduro, demasiado inseguro...

Pero sólo tenía diecisiete años. Igual que yo. Y a esas edades...

Había pensado pedirle que me enseñase su culo, así, sin más rodeos. No estaba demasiado convencido de que fuese a acceder a la primera, pero me pareció que tenía que intentarlo.

Eso al principio.

Pero en cuanto empezó con sus pucheritos y sus lindezas de adolescente fatal, me sentí desplazado, atravesado por una sensación apabullante de insatisfacción. Yo sólo quería ver su culo y no estaba dispuesto a pagar el precio que parecía empeñada en exigirme: que me recrease en su juego (pero si para mí sólo era mi vecina de pupitre, molesta de que su propio culo llamase tanto la atención de todos los adolescentes del colegio), que atendiese su ruego soterrado, que me complaciese en sus gorgoritos de una Lolita barata.

____Enséñame tu culo -solté al fin.

Me miró sorprendida. Se detuvo y después clavó sus ojos en mis ojos con un resto de no sé qué en la comisura de los labios.

____¿Qué has dicho? -me preguntó.
____Que estoy deseando ver tu hermoso culo -repetí, pero esta vez más firme. Estaba completamente obsesionado...
____¡Eres un grosero! -respondió.- ¡Discúlpate ahora mismo!

Entonces mi mano -no yo, mi mano- se fue hacia aquel bulto duro bajo la falda de ella y... lo apretó. Y no sólo eso, sino que pellizcó y retorció hasta hacerla gemir y revolverse. ¿De placer, quizá?

____¡Estás loco! -chilló en mi cara, no muy convencida.

Pero no se movió ni un centímetro de mi lado. Quedó allí mirándome, con un gesto en que la sorpresa daba paso a la curiosidad y después al deseo más absoluto... y así hasta la pura, dura y sencilla ansia perversa.

Pasados unos segundos, me dijo:

____Vuelve a hacerme eso de nuevo, por favor.

Y entonces no fue mi mano, sino mi pelvis, quien se posó a conciencia en aquel culo perfecto, esta vez él mi esclavo y no a la inversa.

____Te amo -le dije al oído, a la vez que mi pelvis se fundió con su culo.


Pepa se retorcía, sin duda disfrutando


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Re: MI BLOC, QUE NO BLOG

Mensaje  achl el Miér Jun 07, 2017 7:04 pm



Desde la mesa del fondo

El primer día que entré en aquel bar me caí de bruces contra el suelo. No reparé en que se ubicaba en una cuesta, por lo que se encontraba varios centímetros más bajo que la calle. Recuerdo que mi súbita caída terminó con las voces de algunas personas, incluso con el sonido persuasivo de la máquina tragaperras.

Cuando me levantaron decidí sentarme en una silla de la mesa del fondo, la de la esquina. Seis pasos interminables en los que sentía, ora miradas de curiosidad, ora de lástima, clavándose en mi nuca…

Permanecía sentado en la silla de la mesa del fondo. El olor a fritura que emanaba de la cocina y que anulaba el del mar, confundía sensaciones de hambre y repudio en mi estómago. Cogí mi whisky y lo llevé a la nariz para tratar de calmar esa sensación de grasa que se colaba por todos los poros de mi piel.

El sonido de una guitarra desafinada que tocaban fuera se colaba por las rendijas de la ventana. Había dos voces que me eran familiares en aquel ambiente, pero aquella noche parecían más irascibles que de costumbre y no me dejaban escuchar el sonido de fuera.

Seguía escribiendo notas en mi viejo bloc, pero esa extraña conversación hacía que los miles de tachones que cada noche me atormentaban por la escasez de mis ideas, se convirtieran en millones. Me producía ansiedad, e incluso cierto temor a un futuro inmediato.

No escuchaba hablar. El ensordecedor sonido de la violencia hacía que no hubiese nada que escuchar. Notas de la vieja guitarra se colaban de vez en cuando, pero se disipaban en aquella tensa atmósfera.

El golpe en una mesa ajena a la mía hizo que la regularidad de mi último tachón se viese atravesada por la fuerza con que apreté en bolígrafo en ese susto inesperado.

El sonido de una silla, al retirarse rápidamente de la mesa, mezclado con el estruendo de un vaso al estrellarse contra el suelo, hizo acabar con un silencio que terminaba por apoderarse de aquel lugar.

Por un momento, el silencio volvió a retornar a esas cuatro paredes. De repente, escuché cómo una mano, llena de rabia, terminaba en una cara ajena.

Luego, todo se volvió confuso. Sonidos se agolpaban en mi cabeza: más puños cargados de furia eran el inicio de quejidos de dolor; mesas que se caían al suelo con el correspondiente estruendo de los objetos que poco antes adornaban sobre ellas. Notaba cómo, cada vez que caía una mesa, había algo que me salpicaba el pantalón. Me toqué: eran las bebidas que acababan desparramadas por el suelo.

Mientras tanto, continuaban los golpes intercalados con insultos de todo tipo y con los mismos quejidos que no entendía bien por qué, pero desde que descubrí mi uso de razón, siempre habían cambiado en décimas de segundo de dolor a la rabia y la ira humanas.

Oí las teclas de un móvil: 'Hay una pelea en mi bar'. Ya no había golpes ni sillas, ni mesas que se caían. Sólo gemidos y respiraciones aceleradas y superficiales, las provocadas por la tensión de hacía un momento.

'¡Qué barbaridad, qué animales!', éste era uno de los comentarios que pude escuchar desde mi asiento.

Ahora las notas de la guitarra sonaban con menos intensidad, pero con más tristeza también


Volví a mi bloc. El bolígrafo permanecía en el mismo agujero del que yo intentaba salir. En ese final que nunca termina


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Re: MI BLOC, QUE NO BLOG

Mensaje  achl el Miér Jun 07, 2017 9:35 pm



Dilema lésbico


Al entrar en aquella casa, lo primero que pensé era que estaba loca por haber aceptado su invitación. Y lo segundo fue que nunca imaginé que tuviese tanto dinero.

El lujo me rodeaba por doquier. Un magnífico chalé, decorado con la más refinada elegancia; un amplio garaje donde había dos autos de alta gama y una motocicleta de mucho caballaje, una cancha de tenis, un campo de golf, un amplio jardín de ensueño, una piscina con medidas olímpicas, un servicio doméstico compuesto por cuatro personas...

'No, no, esto no es la típica fiesta universitaria. Esto es algo más selecto. ¿Dónde me he metido?' -pensé.

Nunca había salido de mi cuarto de la facultad. Siempre fui la típica chica tímida que sólo destacaba en el colegio por ser una empollona.

Odiaba a los hombres. Más de uno se había aprovechado de mí. Tres en concreto. Podría decir que perdí la virginidad de una forma tan brutal que no quiero ni recordarlo.

Me siento confusa. Mi amiga Silvia, ex compañera de cuarto, me dijo que me lo pasase bien, que la anfitriona de la fiesta era popular y estaba muy interesada en mí. '¿En mí? ¿Por qué? Para qué?' -pensé de nuevo.

Lo que querrá es reírse de mí, que no es lo mismo, pero, aun mi protesta a Silvia, me prestó un traje ceñido de seda fina, muy a la moda.

Cuando llego a la puerta principal del suntuoso chalé, un muchacho alto y guapo, vestido de sirviente, me recibe. Luego, mira en la lista cuando, con torpeza e inseguridad, pronuncio mi nombre completo, y entonces él ciñe los ojos, me mira y me pide que le siga.

La gente, por todos lados, anda revuelta, inventando locuras, pero aquel muchacho se asegura de que llegue sana y salva a uno de los sitios más tranquilos de la impresionante casa, tirando a mansión.

Me lleva por un pasillo y me deja en un cuarto, que era como sacado de las mil y unas noches, y me anuncia.

____La señorita Triana -y desaparece como por magia.

Al poco, la anfitriona hace acto de presencia. Yo apenas sé nada de ella, pero en la universidad todo el mundo la conoce.

Inesperadamente, de pronto me abraza y me besa.

____¡Triana, por fin en mi casa...!
____Pero... pero... tú...
____Me llamo Manuela, pero llámame Ma. Es más íntimo -me aclaró.

Me lleva a un sofá grande; bueno, más bien una enorme almohada sobre el suelo. Me sirve té, tan aromático y relajante que hace que los nervios de mi estómago desaparezcan.

____No recordaba cómo te llamabas, pero en la facultad todos lo sabían.
____Ellos no me importan, sólo tú.
____¿Yo? ¿A qué viene esto? No sé de qué vas. Mira, no te da derecho el invitarme a tu fiesta para reírte de mí -Ma parece confundida. Me mira con tal intensidad que me turba. Mis mejillas se sonrojan.
____Quizás me he precipitado, pero es que no es fácil acercarse a ti. Me contaron lo tuyo, eso de... ya sabes... y...
____¿Y te doy pena?
____No, Triana, no. Yo... -parece nerviosa y tensa.
____Me gustas -añade de repente, sin ambages.
____¿Qué?
____¡Qué me gustas, joder, y mucho! Ya lo he dicho, así que puedes reírte de mí. Y Silvia me dijo que tú también sentías algo por mí, por eso monté esta fiesta, para verte. Silvia añadió que se aseguraría de que vinieses, y ya estás aquí -pasmada quedé, como si yo fuese la reina de la noche.
____¿Para verme?
____Sí, para verte -de repente se lanza y me besa en la boca. Muerde mis labios y rompe mi vestido, y luego me lame los pechos, que se empinan, como deseosos de su lengua.

Mi corazón se acelera. Se desviste y luego me desviste a mí, o más bien, arranca lo que queda del vestido. Me echa sobre el almohadón y me besa con pasión. Estoy confundida. Inmoviliza mis muñecas y sobre la marcha se pone encima mía y comienza a danzar al compás de su deseo.

____Oh... -consigo articular cuando se queda quieta.- Hay tanto deseo en tu mirada...
____Me gustas... -repitió, mirándome a los ojos.
____No te arrepentirás de esto... Te lo juro -añadió.

Me silencia cualquier respuesta con otro beso, y no se detiene hasta que me escucha gemir de placer.

Cuando, al fin, para me mira fijamente a los ojos. Por un momento temo de nuevo ser víctima de una novatada.

____Si esto te está gustando... verás lo que te tengo preparado.

Súbitamente, las luces van menguando, hasta que la estancia se ilumina sólo por una pantalla anaranjada, como el color de las paredes.

Hay allí una enorme cama y un pequeño yacuzzi. Me levanta, y me lleva al yacuzzi. Hace que me sumerja en las burbujeantes aguas. Huelo a sales de baño y a incienso. Todo embota mis sentidos.

Se sumerge en el agua. Y luego emerge y coge de un bandeja dos copas. No sé qué contienen. Echa unas gotas y me da a probar. Posteriormente, bebe de mis labios. Tímidamente, intento detenerla.

____No entiendo nada. Explícame... -se para en seco y me mira.
____Silvia me dijo que no estarías preparada, que debía ir más despacio. Pero llevo meses planeando esto. Tanto tiempo esperándote, y tú no me veías, no parecías interesada en mi. Cuando Silvia me dijo que...
____¿De qué conoces tanto a Silvia? -la interrumpí.
____Me hice su amiga cuando me enteré de que tú eras su compañera de cuarto. Yo quería saber de ti... -respondió, como si fuera evidente.
____Pero yo... -me tapa los labios con sus finos dedos. ¡Dios! Es tan bella, tan perfecta. ¿La chica más espectacular de la facultad fijándose en mí? Esto es una novatada, seguro.
____Es una broma, ¿no? -intento salir de duda. Ella endurece la voz.
____No. Pero Silvia es una zorra. Tengo celos de ella. Parece que no soy la única interesada en ti. Ella también.
____Bubu...bueno, ella se portó bien conmigo y... siempre era tan tierna y tan agradable que... -parece enfadada. Sale del yacuzzi. Se tapa con un albornoz rojizo, y yo la sigo tapándome con mi roto vestido -intento llegar hasta ella.
____Estoy confundida. La más pringada de la facultad, es invitada a una fiesta tan elegante y por la propia dueña...
____Pero ambas estábamos en la universidad.

Tras pensar unos segundos detenidamente, añade:

____¿Has tenido sexo con Silvia?

No necesito pensarlo. Recuerdo una vez que Silvia estaba borracha y me obligó a hacer 'cosas' con ella. No sabía que eso se hacía entre mujeres. Lo había oído, pero mi familia siempre ha sido muy... en fin... -asustada la miro como si fuese un fantasma.

____Silvia, ¿qué hace aquí?

Viste elegante, con traje azul, que hace juego son sus ojos. Su cabellera cobriza cae en cascada libre, mientras que Ma lleva el pelo recogido y a juego con su vestido, morado y negro. Sus ojos son violetas, y tras sus lentillas aparece el color del mar.

¿Y yo? Bueno, supongo que me describiré como una chica con el cabello negro azabache, y con ojos grandes marrones.

____¿Cómo qué hago aquí? Es una fiesta, y sabes que me gustan.
____¿Tú has preparado esta novatada? -miro a Ma. Parece enfadada.
____Dile que la deseo, que la quiero; bueno, que no es lo que ella piensa.
____Dijiste que sólo la besarías y que probarías pedirle salir, pero si ella no quiere...
____Te mentí, vale. Ella sí quiere, así que ayúdame -dice, recobrando esa mirada de gata traviesa.

Quedo clavada en mi sitio. Miro a Silvia; se acerca hacia mí como aquella vez. Pone música y al compás de la misma empieza a quitarme el vestido de las manos y luego se quita el suyo.

Ma me sujeta por detrás con suavidad; noto su cuerpo desnudo pegado al mío. El calor que emano y siento es como lava de volcán.

Entonces empiezo a sentir dolor y placer en mi cuerpo; dolor porque pide algo que de momento me niego; y placer porque después, Ma me besa y comienza a acariciarme los pechos.

No puedo y no quiero resistirme.

Silvia se arrodilla frente a mí.

____Llevo mucho tiempo deseando repetir esto -y, acto seguido, noto un placer punzante en mi sexo.

Cierro los ojos, y al compás de la musica la mujer más hermosa que he conocido me hace el amor. A mí, a una don nadie.

____Sólo una vez hicimos el amor, pero yo no sentí nada... -respondo con miedo a la pregunta de Ma.
____¿Cómo que no sentiste nada? A mí me gusto mucho -escucho la voz de Silvia, detrás de mí.

Asustada la miro como si fuera un fantasma.

Las tenues luces que se cuelan por la ventana, me despiertan de golpe.
No sé, no puedo distinguir dónde me encuentro. Pero ahora sí caigo: en casa de Ma, en una la fiesta. ¿Pero que pasó? Intento ponerme en pie, y vestirme, me incomoda estar desnuda, no puedo moverme.

A mi lado está Silvia, durmiendo plácidamente. Se halla completamente desnuda, salvo un albornoz que le cubre la cintura. Espectacularmente bella la veo.

Por el otro lado me topo con la descansada silueta de Ma. Lleva una fina toalla enroscada en su perfecto busto.

Las dos parecen felices, las dos parecen exhaustas. Y yo también.

Intento levantarme, y a duras penas lo logro. Me visto con mi roto vestido y salgo en busca de algo que llevarme a la boca y al baño a despejarme.

Cuando, finalmente, consigo realizar ambos propósitos, veo que la casa aún esta por limpiar. En el salón me esperan Ma y Silvia. Sus traviesas sonrisas me dejan estupefacta.

____Era una novatada, ¿verdad? -pregunto apenada. Ellas permanecen en silencio. Hasta que Ma dice:


Ojalá fuese cierto, al menos resultaría para ti mas fácil de creer lo que ha pasado. Pero no lo es. Y ahora dime, ¿a quien prefieres? Me pregunta, intrigada


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Re: MI BLOC, QUE NO BLOG

Mensaje  achl el Vie Jun 09, 2017 12:08 am




Explorando mi propio cuerpo

Luego de aquella tarde, tomé consciencia de mi propio cuerpo. Ya no era niña. Aunque suene a manido, por primera vez comprendí su significado, no sólo porque había empezado a notar, confieso que con agrado, cómo me miraban los chicos, sino porque lo que sentí cuando Alfonso tocaba mi cuerpo no eran sentimientos propios de niña, y para mí, desde luego, era algo nuevo.

Tengo un recuerdo mirándome en el espejo del armario de mi dormitorio. No podría jurar que fue aquella misma noche, pero aseguraría que sí. La imagen que me devolvía el espejo seguía siendo la de una niña, de poco más de metro y medio, delgada (mi abuela decía que demasiado) cabello liso, largo y moreno que caía hasta mi coxis, ojos castaño (algunos dirían que tímidos), nariz respingona y bonitos dientes, labios y boca de los que me sentía muy orgullosa.

Me quité la camisa y el pantalón, los puse encima de la cama, y me miré de nuevo. Aún recuerdo que llevaba bragas blancas con un lazo azul y un sujetador a juego. Sin dejar de mirarme, me desabroché el sujetador: dos senos pequeños, pero firmes, me apuntaron desde el espejo. Me puse de perfil para ver cómo sobresalían y, ahora que los miraba detenidamente, eran bonitos, torneados y con pezones marrones.

Siempre había envidiado a mi amiga Lis, que comenzó a desarrollar a los trece años, y ahora a los dieciocho tiene preciosas tetas, mayores que las mías, con pezones rosados. Pero, bueno, al menos este verano no seré la única de mis amigas sin tetas, aunque pequeñas.

Volví a mirarme al espejo y me bajé las bragas por mis piernas y las dejé caer. Vi un vello negro rizado. No me hacía falta depilarme las ingles para lucir bikini, como hacían algunas amigas, pero ya era más denso que año atrás cuando sólo eran unos pocos pelos que batallaban por abrirse paso. Aparté la ropa interior con el pie y me miré de arriba a abajo. 'Nadie diría ahora que soy una niña', me dije, sonriendo. Hacía sólo una hora la mano de un muchacho había estado a escasos milímetros de esos pezones y de ese vello que crecía en mi pubis. Este pensamiento hizo que empezasen mis pezones a reaccionar, así que pasé mis dedos por la parte interior de mis pechos, por la misma parte donde hacía no mucho habían estado los dedos de un macho, y sentí por segunda vez, en poco espacio de tiempo, aquella excitante sensación de mis pezones al endurecerse.

El recuerdo me hizo buscar aquel bikini blanco y volver a ponérmelo. Me eché boca arriba en la cama, cerré los ojos y deslicé los dedos; primero por la barriga, y después por mi pecho en las mismas zonas que habían estados los de Alfonso. Sentí los dedos deslizarse bajo el sujetador, igual que había hecho él, pero esta vez los dejé ir más aviesos hasta tocar los mamelones, imaginando qué hubiese sentido él al encontrárselos duros Deslice mis dedos por encima de ese duro botón, mientras bajaba la otra mano a mis muslos rozando el bikini en la misma zona que habían estado sus dedos y sentí un hormigueo en la barriga. Nunca me había tocado de esa forma, por lo que un pudor desconocido apareció en mí.

¿Me iba a masturbar? Pues sí. Era eso lo que estaba empezando a hacer. Todas las chicas de mi clase sabíamos que los chicos lo hacían, y algunos hasta lo aireaban, pero no sabía de ninguna chica que se hubiese tocado a sí misma. 'Tal vez lo hagan y no se atrevan a contarlo', pensé. Pero yo no iba a hablarle de esto a mi amiga Lis, pese que hasta ese día no tenía secretos para ella. Tomé consciencia de mí misma sobre la cama con una mano acariciándome los senos sintiendo los pezones erectos, y la otra en la entrepierna, y me reí de la niña del espejo. Finalmente deslicé la mano por encima del bikini, imaginándome qué pensaría un chico al cruzar esa frontera sagrada. Pasé la mano lentamente sobre el vello hasta alcanzar la otra frontera, de la que todas hablaban como tabú, y me sorprendió lo húmeda que estaba.

Estuve un rato echada en la cama acariciándome mis recién estrenadas tetas, y deslizando mis dedos a lo largo de la otra frontera sagrada, sin atreverme a cruzarla, y debo decir que no encontré lo que buscaba, o lo encontré a medias, porque, aunque disfruté mucho tocándome, no sentí esa experiencia tan maravillosa que llaman orgasmo.


Aquel fue mi primer fracaso en lo que al sexo se refiere, y desde luego no el más frustrante



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Re: MI BLOC, QUE NO BLOG

Mensaje  achl el Vie Jun 09, 2017 11:13 pm



La Sevilla de mis años jóvenes

No es nada nuevo en mí decir que me fascina mi ciudad. Siempre fui un ferviente enamorado de ella. No hay cosa mejor que caminar a través de los duendes de sus calles para quedar extasiado.

Omitiendo sus numerosos tesoros artísticos, que han sido y son loados a diario por personas más expertas en el menester que yo, me detengo en sus noches, con sus cantinelas intemporales, su envidiable temperatura, durante más de diez meses al año, saturada de salsa envolvente, densa y viscosa que termina impregnando las narices y los labios.

Sus bellas mujeres, primorosamente maquilladas y equipadas, para cada ocasión, que empezaban comportándose como damas y terminaban por abalanzarse literalmente sobre uno.

Yo, modestia aparte, con mi siempre impecable indumentaria y con mi siempre persuasión, educación y respeto, cada vez que podía 'remataba' mis veladas nocturnas.

La gente masculina que hallaba al paso se entregaba al tono sentimental del ambiente, con aquella decadencia física del desgastado e ingenioso bon vivant.

En mi caso, cuando percibía que no lograba captar la atención de alguna dama de bella estampa, recurría a mis atributos atesorados y, sin rodeos, empezaba a hablar de intríngulis románticos, destapando así apolillados sentimientos.

En mi juventud y en bastantes años de mi adultez, era un tipo seductor, aunque ahora me conforme con ser un espectador del sexo femenino, al que le embriaga el olor a hembra, y quizás así recupero con ello un poco de la juventud del antaño que, desgraciadamente, nunca más volverá,

_____¡Chiquilla, eres lo más guapo que he visto en mi vida! -decía con el mismo énfasis y arrebato con el que pasaba a la acción.
_____¡Ninguna tan espectacular como tú! -seguía con mis piropos.

Luego de esos oportunos requiebros en los instantes adecuados, siempre conseguía ser conquistado, que no conquistador. Porque, vamos a ver, no nos equivoquemos y vayamos de Tenorios; los hombres no conquistamos a las mujeres, ellas nos conquistan. Claro que para esto debemos poseer un algo especial para que a ellas les merezca la pena conquistarnos. Las mujeres, todas sin excepción, no se fijan en cualquiera. Son tenedoras de un sexto sentido, carente en el sexo masculino, que les propicia habilidad y seguridad. Y cuando ponen sus ojos en algún hombre, difícilmente se le escapa. Lo consiguen sin esfuerzo. Y cuando tal táctica les falla, recurren al sexo, literalmente hablando, y ya no hay escapatoria posible.

Eso anterior es suficiente para conocer las dotes ocultas de la Sevilla del amor. No necesitan más esas niñas guapas para hacer valer su poder de seducción y dominación.

Fijaba mi vista en la hermosa fachada de alguna, que me miraba con esa curiosidad de mujer sabedora de sus encantos. Mientras ella revisaba sus gestos, yo dejaba caer el largo de mi brazo sobre sus caderas explorando durante unos instantes el relleno de su esqueleto.

Ella sentía un nudo en la garganta y una agitación en todo el cuerpo. Me agradaba, incluso debo admitir mi atracción. Yo lanzaba un tenue suspiro haciéndola ver que a sus encantos me rendía. Pero, lamentablemente, la libido, en su punto más alto, no siempre me acompañaba, y era por eso que a veces no lograba sentir un deseo sexual. Pero no me preocupaba, no todos los días somos sementales.

Me acercaba más a ella. Evitando la posibilidad del desencanto, posaba mis manos sobre su espalda, y luego las dejaba resbalar por sus nalgas.

Disimulando, le hablaba mientras tanto sobre la belleza, verbigracia, de la Catedral, la Torre del Oro o de cualquier otro tesoro de la ciudad, pero no ponía demasiado énfasis, quizá era sólo porque topábamos con esos monumentos.

Seguía con mi plan de ataque pero siempre dejaba todo al azar porque la planificación en este menester nunca había sido mi fuerte. Las rutas, las miradas insinuantes, los gestos seductores, los abrazos espontáneos, los besos, tímidos o apasionados, siempre era ella quien marcaba la pauta y la medida.

Según circunstancia fingía entusiasmo, pero nunca desmesurado, por eso de que no era yo quien llevaba el mando. Ella lo intuía y lo entendía, pero también se iba dejando atrapar en mi red.

Su tensión disminuía a medida que avanzaba la noche, y sin importarnos nada, allí estábamos los dos: ella ¿deseosa?, y yo deseoso cogía su mano que no la retiraba; llevaba mis labios a los suyos y se resistía al contacto. Pero mi sexo, atento y preparado estaba para el posible festín.

Las calles estaban desiertas a ciertas horas, especialmente cuando hacía frío. Nos estudiábamos en silencio y yo me miraba en sus ojos de ansioso iris. Ella quería parlotear, mientras yo arremetía contra su boca; cerraba los ojos y no decía nada.

Con constante paciencia, abría la cremallera con mis dedos y dejaba caer su falda. Su rostro interrogante me miraba con condescendencia, tal vez sorprendido, pero impaciente. Con una mano maceraba sus senos, con la mirada fija y provocadora en sus ojos, y un imperativo deseo le imponía que abriese las piernas.

Seguía acariciando sus pechos e insistía en esas glándulas hasta que ella superaba toda timidez, luego llevaba un dedo a su vulva hundiéndolo allí. Jugaba con los labios sonrosados. Veía su deseo. Mis manos manipulaban con firmeza. Cambiaba el ritmo y la presión y dos de mis dedos se iban a saludar a su clítoris, todavía aventureros y osados.

Gemía y yo listo ya para la gran gesta. Era mi turno. Sacaba mi canario y suave lo metía en su jaula. Ella mordía mi boca, ebria de concupiscencia. Flotando me derramaba en ella de una forma incontenible. Y era en este momento cuando se manifestaba la expresión de la conquista.

Mis ojos, agostados por la lujuria, querían capturar el instante. Dicen que los ojos son siempre el espejo del alma, pero una provocación final antes de arremeter contra los bordes es la insoportable cotidianidad.

Ella se abrazaba a mi cuello y yo libaba todas las reacciones que pudiese expresar. Sus ojos, incrédulos, negaban el apego. Su mente lo intentaba desmentir, lo negaba como se negaba a admitir la experimentación de ser de nuevo mujer, olvidando la primera vez...

Culminada la aventura, caminamos lentamente cogidos de las manos. El cielo parecía adornado por el primoroso olor de los azahares.


Y todo fenecía en sus erizadas honduras femeninas, llenas de deseos sexuales, que había conocido de una forma tan inesperada como placentera


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Re: MI BLOC, QUE NO BLOG

Mensaje  achl el Sáb Jun 10, 2017 1:12 pm



Pecado en mis sueños

Acababa de empezar el día y yo llevaba ya una hora echado en la arena de la playa contemplando cómo el sol era un ardiente globo y las ondas de calor que irradiaban la tierra eran ya casi visibles.

Al sentir la agradable caricia del astro rey, quedé convencido de que, al precipitarse sobre la tierra, era como si el huevo de la Creación hubiese sido lanzado, esperando que el cascaron se rompiese y así pudiese dar paso al comienzo de la vida.

En esa playa paradisiaca me hallaba completamente desnudo, recibiendo todo mi cuerpo los rayos solares y sólo rompiendo el placer del silencio el balanceo del agua al batirse con la arena.

Al tratar de encontrar la continuación de mis sueños, y delante de esta sensación de placer, mi mente se inició a dar vueltas en el pasaje de la odisea… -Circe dijo a Ulises: 'primero te saldrán al paso las sirenas; esas encantadoras que fascinan a todos los hombres que se aproximan a sus costas. ¡Desdichado el imprudente que se pare a oír su canto!'.

Pero más allá de mis sueños de pecado, se extendía la realidad del mar, cuya agua se hacía cada vez más azul, y todo parecía tranquilo, salvo el suave oleaje. Y mis ojos contemplaron aquel lugar solitario para después mis sentidos volver a la oscuridad que me ofrecían los sueños, que eran los de una isla solitaria, donde una joven indígena, de poca estatura, de color caoba y más clara que sus otras compañeras, paseaba por la playa. Vista por delante parecía estar totalmente desnuda, pero su sexo estaba cubierto por un pequeño triángulo de tela mostrando, sin recato alguno, sus torneadas nalgas y sus perfectos pechos.

Era tentador arrinconar los miedos a los cantes de las sirenas en aquella isla desierta, y estarán de acuerdo conmigo que a través de mis sueños, me sentía tentado a abandonar este mundo hipócrita, y a través de este morboso sueño lanzarme al espacio cósmico, pasando a un desconocido pero cálido mundo del placer.

No era la primera vez que el placer de los sueños llamaba a mi puerta, pero por primera vez creí lógico sustituir ciertas normas de una sociedad fingida, por las normas de la naturaleza. Lo que pasa hasta ahora es que las relaciones sexuales están, en su conjunto, estrechamente ligadas a la necesidad biológica de trasmitir la vida, socialmente mediatizada por la obligación capital de asegurar la reproducción.

Sin embargo, pienso que la liberación del morbo, a través de los sueños, corrobora que la Naturaleza está por encima de las represiones a las que nos someten que conlleva que la Madre Naturaleza no sabe de credos y no puede evitar que los fantasmas sexuales se conviertan en auténtica revolución contra la sociedad represiva en la que vivimos.

El interrogante de lo prohibido iba robándome los sueños pero luego tuve la respuesta merecida al pensar de nuevo en mis maravillosos fantasmas sexuales; en ellos volví a ver aquella playa y aquellas muchachas, cuyas seguían tan esbeltas como antes.

Al ver sus vaivenes, que tan pronto se inclinaban como se incorporaban, reconozco que maliciosamente, sólo esperaba que se partiesen las cintas que sujetaban los triángulos de tela.

Imagino que ustedes estarán ansiosos por saber lo que me aguardaba a través de mis sueños. Pero debo decirles que cuando no se tienen canas, es una cosa, pero cuando aparecen las primeras, es distinto, y tengo que aclarar que ya no soy joven. Ahora, tienen que tener en cuenta que hasta cierta edad la Naturaleza sigue siendo bondadosa.

Bueno, seguiré contándoles al detalle mis sueños.

Fueron varias veces que pasaron las muchachas junto a mí, hasta que la que me cautivo a primera vista no tardo en sentarse a mi lado.

____Le invito a un sitio más fresco -me dijo.

El sendero se dirigía hacia el monte. Ella saltaba ágilmente y yo la seguí hasta llegar a una alta elevación. Vi una verde y jugosa hondonada, cuya gruesa alfombra de yerba estaba rodeada por altos tallos de platanales y sus anchas hojas formaban un umbroso dosel. La muchacha se sentó en la yerba cruzando las piernas, quedando en la mini tela tentadoramente descubierto todo su sexo, lo que hizo preguntarme si ella era consciente de sus dotes de seducción.

Exánime por un deseo contenido, me cubrí los ojos al sentir la erección que aquello me producía.

____¿Puedo preguntarte cuándo tuviste sexo por primera vez con macho?
____¿Amor corporal?
____Bueno, si así lo quieres llamar...
____Bueno, diré que por el simple placer de la aventura.
____Eres fantástica. Nunca había oído nada semejante.

Me gustaron sus respuestas y sigo la conversación hasta que surgieron aquellas palabras que facilitaron su sentimiento que, sin el menor signo de turbación, me permitiría ir con ella donde otro no iría. Así que acepté con el mayor placer acompañarla.

____¿Adónde me llevas? Supongo que no será lejos.
____¿Aún tienes miedo de mí?
____No, pero temo que mis sueños puedan desvanecerse.
____Vamos de nuevo a la playa.

El agua de la cerrada laguna, que habíamos dejado atrás, era tranquila y llana, pero nos fuimos hacia un islote solitario donde el mar se extendía, sin tener horizonte ni fin.

____¡Esto es realmente maravilloso!

Se dejó caer en la arena y extendió su cuerpo bronceado, para quedarse tendido con la cabeza apoyada en sus manos cruzadas. Y yo me senté a su lado. Una suave brisa se introducía entre mi bañador, ventilando mis partes aumentadas.

____¿Has traído aquí a alguna de tus conquistas?
____Algunas, pero siempre en sueños. Vamos a bañarnos y así veré que tú no eres un sueño.
____¿A bañarnos?
____Claro. El agua está estupenda ahora. Te sentirás mejor y te ayudará a bajar la fiebre de las tentaciones.
____¿Te gustaría que me bañase desnuda? -me dijo de pronto, sonriendo pícaramente.
____Bueno... Estamos solos y prometo no mirarte.

Bajé corriendo alegremente hasta la orilla del mar, a la vez que pensaba que ella iba a zambullirse de cabeza en el agua, pero se detuvo, se llevó las manos a su sexo y vi cómo se quitaba el triángulo de tela.

Qué hermosa es la Naturaleza', pensé al verla tirar la prenda por encima de sus hombros y permanecer erguida ante el mar cual hermosa estatua. Y acto seguido, entró al agua.

Poco después se hundió permaneciendo cierto tiempo así. Inquieto por su tardanza me sumergí en las verdes profundidades. Y pude verla entre las brillantes formaciones del fondo del mar, donde todo es como un extraño planeta con movimientos retardados. Se alejó, nadando hacia la playa y, sin ponerse el triángulo, se extendió en la arena.

____¿Estás cansada? -le pregunté.
____No, voy a disfrutar del gozo que me ha proporcionado el mar.

Mentía por no confesar que su gozo estaba causado por no poder olvidar que alguien del sexo masculino la esperaba al lado de ella.

Al contemplarla tendida en la arena, tengo que reconocer que el agua no había aliviado mi calentura, y al abrir ella sus ojos me vio arrodillado a su lado, omitiendo que yo estaba completamente desnudo.

Sí, desnudo y dispuesto al amor. Había llegado el momento deseado. Lo peor era la tribulación continuada que había precedido a esta esperada oportunidad.

Mientras miraba su imagen, me preguntaba por qué no la besaba en la boca, y así calmaría con besos el dolor que me estaban originando sus empinados pezones. No tardé en entrar en acción y ella comprendió que no podía soportar su situación un segundo más, ya que todos los órganos de su bella anatomía estaban a punto de estallar, y que si yo no cesaba en mis besos, chillaría o haría alguna locura.

Hay quienes piensan que en una relación sexual la ausencia de ternura disminuye el placer. Empero, esto sólo es cierto a partir de determinada edad, cuando la agitación de la pubertad ha pasado y se ha establecido un cierto equilibrio de las emociones sexuales.

Es penoso oír hablar de la repugnancia nacida de un mundo que prohíbe esta necesidad de amar, o aviva el insaciable deseo de contactos extra-conyugales; pero yo diría: '¡qué feliz azar es el amor!

A veces, pienso que no existe otra realidad inmediata, otra humanidad tangible que la caricia de una carne femenina, la suavidad de su piel o la tibieza de un beso. Creo que nada más, pero ese nada se abre sobre una totalidad que ni una vida eterna en el cielo podría compensar.

Si, reconozco que es algo superior a mis fuerzas, y el deseo es cada vez más exigente. Sé que se trata de un simple sueño. Pero el dialogo no es más que una sola idea que todos tenemos en común y a cuya realización sólo llegaremos a través del sueño.


Sé que me amas porque no amas a nadie que no sean tus propios deseos. Y yo soy como tú, luego ámame


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Re: MI BLOC, QUE NO BLOG

Mensaje  achl el Sáb Jun 10, 2017 10:11 pm



Marcado desde la niñez

Desperté con una erección. Es como cuando tienes una relación sexual en sueño. Todo parece muy real, desde las sensaciones como el aroma, sólo para despertar y darte cuenta de que eres un perdedor que nunca tienes sexo y te dedicas a buscar pornografía enferma en Internet.

Lo digo porque he sido adicto al porno desde que tenía 13 años, al igual que soy adicto a la marihuana, al café, y a mirar a las adolescentes de la ESO en mi turno de colegios.

La mano en mi verga, la verga en mi mano, siempre lo mismo. E incluso tratando de hacerme sexo oral, o disímiles poses de masturbación. Creo haber llegado a la conclusión de que me enamoré de mí mismo, porque quisiera fornicarme, o que mi verga penetrase en mi ano.

Aunque esa idea es aberrante, también es algo imposible para mí, pues tengo el abusivo tamaño de 16 centímetros, y eso cuando mi miembro está flácido. Pero ya hablaré de esto en otra ocasión.

El incienso en mi habitación se había consumido. Lo uso para camuflar el olor a semen que se encuentra en incontables bolas de papel por todo el suelo, como si conservarlas fuese un tributo a mi eterna excitación.

Me levanté de la cama, con fuerte dolor de cabeza. Había bebido mucho la noche anterior. Recuerdo que conocí a una mujer, de nombre Juliana o Julia. ¡Julia, eso!, me viene a la mente porque así se llamaba mi profesora de inglés de la ESO que, además de hermosa, tenía enormes melones, lo cual siempre era un problema para mí, sobre todo cuando se iba hacia la pizarra y mi pene se ponía en pie de guerra.

Recuerdo como llegaba hasta mí el olor de su piel, empapada en sudor y con un olor a sexo, tras haberse encontrado con el director en su oficina, quien ingenuamente creía que sus amoríos con ella eran el secreto mejor guardado. Practicar sexo era lo único que la mantenía vivaz en las horas de clase, rodeada de niños que se regocijaban en su infantil felicidad, sin saber que acabarían siendo otro aburrido tipo de esta absurda sociedad, pero al menos no acabarían tan abajo como yo. Ese olor me intoxicaba y me dejaba con la infinita necesidad de cogerme mi pene y masturbarme con libertad, hasta incluso descargar en medio del aula.

Era horrible esa sensación de deseo e incapacidad. La desesperación me hacía querer lanzar gritos al aire, olvidar todo y hacerlo de una vez, pero obviamente nunca lo hice, no soy tan valiente, ni tampoco llega a tanto mi perversión, o al menos eso me digo cada día, para auto complacerme. Pocas veces me masturbé por debajo de la ropa, tratando de ser lo más discreto posible para que nadie notase nada.

Pero volvamos a mi historia.

Me fui al baño, como siempre hago después de despertar, y me dispuse a orinar. Una ceniza de un cigarro descansaba en un lugar del excusado. Traté de apuntarla con el chorro por mera distracción.

Me subí la cremallera y salí del aseo sin lavarme las manos. Nunca me he lavado las manos luego de ir al baño. Pero esta fea costumbre no me ha traído consecuencias, lo achaco a mi estúpida prisa, que me coarta.

Mi desayuno es el mismo todas las mañanas; un cabrón pan tostado con mantequilla, y un puto vaso de leche con Cola Cao.

Algo que siempre me ha dado asco es el ver una cucaracha rondando por mi cocina, no logro soportarlo e, inevitablemente, me encuentro, no sólo matándola, sino torturando a tan asqueroso ser. Me gusta quemarlas con el fuego de un encendedor o pincharlas con un tenedor para que mueran lentamente e incluso una vez me defequé encima de una. Eso creo, no lo sé, tal vez lo soñé.

Tan sólo el pensar que tengo que salir de casa e irme a mi odioso trabajo como conductor de autobús, saber que sólo me espera un sucio asiento, destruido por el tiempo y mi trasero que se pasa ahí horas interminables de insoportable monotonía, viendo subir y bajar gente cuya aburrida vida sigue siendo más interesante que la mía, es un martirio. Odio mi trabajo. Nunca suben chicas con gordos senos y sostenes tan holgados que se les vean los mamelones. Cuántas veces he pensado que alguien así suba. En cambio, sólo veo a gastadas amas de casas, y ancianas que deberían ya jubilarse en todo, en vez de seguir ocupando espacios en mi bus, incluso con el derecho de exigirle a la educación de obreros el cederle el asiento, aunque éstos estén más cansados que ellas.

Pero mi trabajo no es tan malo. También suben chicas que regresan a sus casas desde sus escuelas, o van a pasear con sus amigas. Es delicioso su aspecto juvenil, que a la vez parece estar madurando ya, especialmente ahora, que he montado estratégicamente un espejo que incluso a mí me sorprendió su buena posición. Esto es algo de lo que me he jactado ante mis compañeros del trabajo, como si fuese un logro, una victoria, hasta admitir que el día que lo puse me sentí extrañamente orgulloso.

Mi ruta tiene tres puntos que siempre me han puesto en aviso. Me centro especialmente en ellos mientras hago mi trabajo. El primer punto es una esquina, en la que se junta una pandilla de peligrosos drogadictos. En un principio, cuando empecé en este empleo, sentía miedo al pasar por allí. No dudaba un segundo en que cualquier día alguno de esos hijos de puta me robase y me pegase, sin remordimientos, pero al comprobar luego de tres semanas que nada me hacían, me di cuenta de que el día a día era una novedad cruzar por aquel lugar.

Recuerdo que un día vi cómo golpeaban a un joven entre quince de esos mal llamados enfermos. Le quitaron los zapatos, la camisa y el pantalón; en fin, toda su ropa, hasta quedar completamente desnudo, humillado y herido. Pero aun así, no perdía el sentimiento del pudor, y con sus manos cubría sus genitales mientras lloraba. Yo lo auxilié procurándole ropa.

Sin embargo, a mí aquello me provocó una pequeña erección. Me sentía fascinado por ver algo nuevo, algo que no se veía todos los días.

Era la única manera de distraerme de la homogeneidad de mi vida, algo que podía guardar en mi memoria celosamente como si fuese un tesoro, aun cuando yo no tuve nada que ver, aun cuando yo no di un solo golpe, ni tampoco derramé lágrimas vergonzosas, miserablemente me cubrí mi impresionante verga que, por cierto, siempre les decía modestamente a mis amistades que era de lo más normal.

El siguiente punto era un mercado, ubicado en una transitada calle; que, por lo general, me causaba dolor de cabeza y periodos largos de enojos, en los que me sentía capaz de colarla en el hoyo de la primera hembra que apareciese por las puertas de mi bus.

Este lugar en particular era un auténtico desastre, como una escena post apocalíptica. La gente se peleaba por las pocas frutas y las verduras que aún se veían comestibles, con el deseo de evitar comerse un plátano que ya estaba tan podrido como esos drogadictos de la esquina. Las señoras peleaban como fieras. Ni se imaginan lo divertido que es ver pelear a dos señoras jalándose de los pelos. A veces veía a alguna señora que a pesar de tener muchos hijos, aún conservaba sus curvas. Estos eran, sin duda, excelentes incentivos para esas noches en que me siento cachondo, que suele ser a diario.

El tercer punto no era un lugar, era una persona: un díscolo adolescente, de unos 17 años que siempre se sentaba en la parte trasera del autobús, la cual se encuentra cubierta de rayones y supuestos grafittis , realizados por algunos traviesos de la ESO.

Las frases escritas en ese lugar no son ingeniosas, pero algunas pueden llegar a ser divertidas.

El leer 'jode a tu tía, puto Javier de la ESO 3, o 'Puto el que lea esto', era algo que despertaba mi sentido del humor. Por lo que los dejaba asumir que no les veía mientras escribían con rotuladores de colores en la parte delantera de los asientos y en los respaldos de los mismos.

Alguna vez llegué a asustarlos por diversión, no es que me importara que lo hiciesen, sino que yo no tenía nada que hacer y no había pasado nada interesante aquel día, por lo que me detuve bruscamente al ver, a través de mi pequeño espejo secreto, el momento en que empezaban su juego. Veloz, incluso ágil para alguien de mi complexión, y aprovechando que el autobús estaba medio vacío, me abalancé hacia donde estaban en forma amenazante con la pistola de juguete que tenía colgada en mi retrovisor. Los chavales estaban tan distraídos escribiendo en un asiento: 'El Paco y La Manuela se aman locamente', que no se percataron de mi presencia hasta que no estuve detrás de ellos.

Acelerados por el susto, los tres se bajaron rápidamente del autobús por la puerta que yo había dejado previamente abierta, y en un parpadeo ya estaban al otro lado de la calle. Me reía mientras uno de los tres se caía en la acera. Por coincidencia, el que me llamaba la intención estaba ahí, no se había movido ni un centímetro, ni parecía interesado en mi broma, sólo se quedó mirándome con una cara de... '¿y tú que?'. Me di la vuelta mentándole el padre con un gesto de dedos.

Él siempre se bajaba en una calle antes de llegar a su escuela, como si le avergonzase tener que ir en bus y no en auto. Imaginen ahora con lo que les voy a contar, cuánto detestaba ser chofer de un bus.

Era algo que me traía pésimos recuerdos, y lloro cada vez que lo pienso. Y era por el chófer del bus que me llevaba a mi colegio cuando yo estaba en Primaria. Aquel malnacido se llamaba Alejandro.

Alejandro tenía 42 años. En el antebrazo izquierdo llevaba un tatuaje de una calavera. Era más feo que la madre que lo parió, con la boca casi sin dientes y toda la cara picada de viruelas. Y además, con una mala leche fuera de serie.

Mi autobús llevaba un grupo de 23 niños a la escuela, y yo siempre me sentaba en la parte de atrás, ya que era el primero al que recogían y el ultimo al que entregaban.

Nos bajábamos del bus, Alejando y yo, y siempre me dejaba a la puerta de mi casa. Mi madre nunca estaba afuera, hasta ese día que se hallaba en el escalón de la puerta fumándose un cigarrillo, vestida con una falda verde con flores rosas. Nunca podré olvidar estos detalles. Recuerdo que estaba sentada de una forma provocativa, cosa que debió entusiasmar a aquel pervertido de Alejandro

Ese día aprendí lo más importante de mi vida: que era un cobarde. Sólo los valientes mueren, y yo preferí ser cobarde y vivir otro día de mi vida, sin importar que tan asqueroso y malo fuese. Luego de ese día, siempre quise vivir otro mugroso, triste y desgraciado día. ¿Por qué? Porque tenía miedo a morir y porque estaba seguro de que si mi vida era una mierda, mi muerte sería peor. Si no hubiese sido porque la desvergonzada de mi madre me educó como católico, ahora temo me vaya al infierno, por vivir como una peste, y sueño con el diablo cada noche, diciéndome: 'ya falta un puto día menos'. Un puto día más cerca de que esos indeseables del Botero me destripen todos los días y me violen todas las noches. De algo estoy seguro, cuando muera lo haré después de tres días de agonía, para que así, aún vivo, esté preparado para todas las felaciones que me harán de muerto en el infierno.

Pero volvamos a lo que estaba relatando.

Alejandro agachó la cabeza, obviamente para mirar la entrepierna de mi madre, que más tarde vi que llevaba bragas negras.

Y cuando el asqueroso cabrón e hijo de puta hizo eso, fue de una forma tan descarada que se deducía que quería ser sorprendido realizando tan voyeurista acto.

Mi madre me ordenó que me fuese a mi cuarto. Y la obedecí. Entré a mi cuarto, repletas las paredes de dibujos del colegio, algunos de ellos aún las conservo. Estuve encerrado en mi cueva hasta que oí que se cerró la puerta, por lo que salí para preguntar a mi madre qué era lo que íbamos a comer ese día. Yo esperaba que fuese huevo frito con patatas.

Pero me olvidé por completo de la comida. Alejandro había entrado a mi casa, ¿Qué leche estaba haciendo ese cabrón chófer de bus en mi hogar? Tenía que descubrirlo, sin importar cómo.

Mi madre entró a su cuarto con Alejandro. Yo era un mocoso inocente. No sabía nada aún sobre lo que llamaban como mete saca, saca mete, que decían en mi película favorita: 'La naranja mecánica'.

El andrajoso chófer de bus se percato casi de inmediato de mi incomoda presencia. Furioso por algo que yo ni siquiera atinaba a comprender, se acercó a mí. Yo estaba inmóvil, sin saber qué hacer, sólo me oriné en los pantalones antes de que aquel desgraciado hijo de puta me sujetase del brazo, empezase a zarandearme violentamente y me arrojase al pasillo, que se encontraba entre mi cuarto y el de mi madre.

Lo que recuerdo es dos golpes en mi cara y tres patadas en mi cuerpo. Mi madre lo apartó, pero dejándome tirado y mareado, además de meado y cagado. El pedazo de cabrón, todavía con los calzoncillos en las rodillas y la verga tiesa, topó tras ser empujado por mi madre, cayó y se golpeó en la cabeza, cortándose la ceja. Enfurecido, arremetió contra mi madre. En mi estado sólo pude ver borrosamente cómo la golpeaba y la violaba una y otra vez, hasta que arremetí contra él, pero de un tremendo puñetazo me lanzó contra la pared cercana, rompiéndome nariz y boca y quedando completamente inconsciente.

Lo siguiente que supe tras despertar de la inconsciencia y de reponerme un poco, fue que mi madre estaba muerta. Finalmente...


...Alejandro en la cárcel y yo en un orfanato


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Re: MI BLOC, QUE NO BLOG

Mensaje  achl el Lun Jun 12, 2017 10:29 am




Mi nido de inspiración y trabajo

Un ventanal por el que además de luz entra una bonita estampa de Cerro Hierro, con una persiana verde, que sólo permanece bajada durante toda la noche, es la única vía de escape de las cuatro paredes que forman mi lugar de inspiración y trabajo. Un cuarto en el que sólo hay un escritorio de madera, de esos de Ikea, con los efectos de un mal montaje visibles, y una sillón giratorio negro y de lona, de esos de director de cine, en cuyo respaldo, para los otoños y los inviernos, tengo una pequeña manta de cuadros verdes con la que me resguardo del frío, en la cual aparece mi nombre escrito con inconfundibles y entrañables letras blanquiverdes.

En las paredes, menos en la que se encuentra el ventanal, fotografías de mis hijos y mis nietos, sujetas con chinchetas de varios colores; un reloj redondo de madera negra, y en un lugar preferente, fotos de mis padres, una de mi padre y una de mi madre.

Sobre la mesa, además de un flexo verde, que tantas horas de vigilia ha iluminado, un bloc, flanqueado por dos rotuladores; negro para escribir, y rojo para marcar errores. Un ordenador de mesa y una impresora. Todo bajo la traviesa mirada del humo que emana de un cigarrillo mentolado, que en horas de inspiración y escritura, normalmente se encuentra, o en un amplio cenicero verde, o entre los dedos índice y pulgar de mi mano izquierda. Un vaso de leche con Neskuit, caliente en otoño y en invierno, y fría en primavera y en verano, que, mientras se esparce bien el polvo, mira con curiosidad cuanto acontece a su alrededor.

Al los pies del reino de la carcoma y apoyada sobre la blanca y lisa pared, aparece una papelera de plástico, colmada de bolas de papel, algunas de las cuales se encuentran tiradas por el suelo, fruto de errores de cálculo a la hora de arrojarlas.


Papeles arrugados organizadamente desparramados por todas partes, con los esbozos de ideas abortadas y que nunca jamás llegarán a ver la luz


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Re: MI BLOC, QUE NO BLOG

Mensaje  achl el Lun Jun 12, 2017 11:03 am





La Línea de la Concepción: sexo y lujuria


'De sexo y castidad, la mitad de la mitad'. Este dicho corre por todos los rincones de ésa bonita localidad de la provincia de Cádiz (España)


Mi nombre no importa. Ni siquiera yo quiero recordarlo. Y menos todavía cuando huyendo de la inopia, llego a La Línea de la Concepción, localidad fronteriza, que según narran es el límite entre el bien y el mal, un balcón hacia la corrompida Gibraltar, que jocosamente espera responder a los sueño y los deseos de los viajeros adictos al placer erótico.

Me he alojado en un burdel, con paredes de terciopelo rojo, con flores de disímiles colores. Un antro ideal para mastuerzos que buscan sexo barato y rápido. 'La flor de Cádiz', llaman a este 'cinco estrellas'.

Apenas terminé de inscribirme, tomamos café la dueña y yo. Ella es una mujer madura, de pelo caoba, de piel cálidamente marmórea que, caída la medianoche, se dedica a oscuros trabajos.

Me ubicó en la parte más alta: un ático alejado del ruido infernal. Pero no alejado del olor a cloaca de su negocio de carne de mujer. Sólo hay que hospedarse un día para comprobar la fauna habitual del lupanar.

De las putas del lugar, es Iskra, una inglesa tetuda, la primera en llamar mi atención. No es la más guapa, ni me habría fijado en ella a no ser por una fotografía que colgaba del vestíbulo de aquel burdel. Allí, junto a un ventanal, con aire triste otoñal, posaba Iskra con sus grandes pechos y sus bragas azules. Me parecieron hermosos sus dos generosos senos y esa instantánea era deliciosamente erótica. Aun su gordura, su carne poseía bella curvatura. En conjunto, era mujer apetecible.

Invité a la tetuda a mi ático y la hice posar como en aquella foto. Su cara parecía morbosa con esos ojos oscuros y hundidos, la frente despejada y amplia y una expresión ingenua e incluso tonta. Sonreía con la expresión de un chucho que obedece a su amo.

Pasé la tarde, gozando y recreándome en su desnudez. Sacando decenas de fotos de sus curvas, filmando con mi vídeo las mil y una obscenidades que yo le iba pidiendo.

De La Línea mucho podría contar, pero mejor mirarla con detenimiento, entre sus gentes y movimientos. Acudía a la vieja biblioteca española y me entregaba a la exploración de añejos papeles y vetustos libros. Allí descubrí una bibliotecaria de melena corta y rubia, dientes amarillos de nicotina y bellos ojos verdes en cara enjuta. Debía rozar la cuarentena y, aunque su cara caería en pedazos en cualquier momento, su culo era el más enhiesto que había visto hasta entonces, adornado por esculpida cintura que era tan deliciosa como la de adolescente.

Lola, así se llamaba, no dejó pasar por alto mi presencia y entre la conversación demostraba su falta de verdadera cultura y su desprecio por otras razas. ¿Acaso una racista rubia de trasero perfecto no levantaría el falo del más vicioso de los mortales?

Lola era una de esas mujeres que cuanto más odiabas, más deseabas en un afán incontrolado de humillar una vulva vanidosa y ordinaria que ofendía a cualquier ser inteligente que caminase a dos o más patas.

A veces, sexo anal siempre, me lo hacía con la inglesa Iskra, imaginándome que era la rubia bibliotecaria del culo enhiesto. Era una novedad entre Iskra y yo, porque hasta entonces había preferido sus pechos y su boca para desahogar mis más bajos instintos.

Un chico entró en mi vida y se llamaba Manolo, al menos eso decía él. Era feo y rubio pajizo y con grandes dientes equinos; además, su piel era de una palidez tan morbosa como hermosa, a ojos de un morboso como yo, y enseguida congeniamos con ese extraño misterio de dos extraños antagónicos, que sin embargo se atraen cuales imanes. No era la nuestra una atracción de esas puramente eróticas, sino la curiosidad truculenta y malsana hacia un ser que parecía un hijo deforme de la satélite Luna.

Algunas veces, los humanos sienten una fascinación irracional hacia lo desagradable, sólo que en este caso lo desagradable me era agradable, extrañamente agradable.

En realidad, Manolo era un ser inferior al que manejar, al que poder manosear a libre albedrío, un objeto ajado y enfermizo al que se podía maltratar, sin remordimientos. Le invité a beber y comer. Lo subí a mi ático para desnudarlo y descubrir su único talento desproporcionado; un pene enorme, largo y gordo que Iskra estuvo enderezándolo hasta parecer un mástil de un velero bergantín.

La inglesa se esforzaba en dar placer oral a ese pedazo de carne, que por volumen apenas un cuarto entraba en su boca. Lamía el bálano purpúreo a la vez que estrujaba con la mano el saco de nueces, peludo y rubio, que eran sus gruesos testículos. Había nacido una pareja artística con Manolo e Iskra, para mis depravadas aficiones.

No tardó la señora Núñez, la propietaria del burdel, en mostrar interés por mi intelecto, e incluso interés sexual. Hasta entonces, sólo habíamos tenido relaciones comerciales, cordiales y francas. La invité a cenar, y elegante acudió al lugar elegido: un antro de cierto prestigio llamado Picadilly, junto al puerto. A una de las mesas nos sentamos, de esas mesas coquetas con un lamparita roja en el centro donde bebimos y comimos y conversamos. Si ella sentía curiosidad por mi oficio y mi pasado, yo la sentía ávidamente por su oscuro presente.

____¿De verdad se llama Álvaro? -me preguntó con suspicaz audacia.
____Claro, no sé qué tiene de malo un nombre tan elegante y aristocrático -contesté sin molestarme.
____No, si bonito es, lo que pasa es que no le va.
____¿Ah, no? ¿Y cuál me va?
____Quizás Antonio.
____¿Antonio?
____Sí, Antonio.
____Antonio es nombre de santo, así que no me va nada -y ambos reímos a boca llena.

¿Fornicar? ¿Y por qué no? Frente al fregadero de aquella cocina cutre, por detrás como animales, con la ropa aún puesta y el perfume en su cuello embriagándome. Fue el primer palo, como diría un cubano, con la señora Núñez, mujer de nariz aristocrática y pechos pequeños con mamelones gordos como garbanzos.

Aún no sabía por qué dirigía un burdel y por qué vivía sola, sin aparentes recuerdos, sin fotografías de familiares. La parte del burdel que conformaba su hogar, era de una cómoda calidez, acogedora y confortable. Sin ser nada del otro mundo, pero con un cierto buen gusto. Los sillones de terciopelo negro eran una delicia y allí desnudo uno se sentía deleitoso. Me gustaba mucho los cabellos perfectos, color caobas, con mechones ensortijado de forma coqueta de la señora Núñez.

El que yo de cuando en cuando metiese mi pene en su culo, no afectaba al negocio. No iba a mudarme a su rincón privado para fornicar día y noche. Ni ella, ni mucho menos yo queríamos cadenas que se volverían pesadas enseguida. Quizá, orgulloso de mí mismo y porque me considero un hombre con un imponente aspecto físico, me sorprendiese no tenerla más arrancada por mí, pero eso me llevaba a ver más atractiva a una mujer que ya frisaba en los cincuenta.

La Línea de la Concepción se había convertido en un pequeño y sórdido paraíso sexual, al menos para mí con la señora Núñez, las sesiones voyeurísticas con Manolo e Iskra, las prostitutas del puerto...

Enfrente de La Línea, Gibraltar, aún la obstinación de la cacatúa Isabel, una roca española por los cuatro granitos.

Sin embargo, no creía yo en los rumores sexuales hasta no comprobarlo por mí mismo. Era bastante extraño pensar que seres humanos se vendiesen por tan poco, pensaba yo.


Al fin y al cabo, no estábamos en uno de esos rincones exóticos donde por una comida barata podías follarte todo lo que se menease a dos o cuatro patas. ¿O sí?


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Re: MI BLOC, QUE NO BLOG

Mensaje  achl el Lun Jun 12, 2017 10:07 pm



La adolescencia de Ernesto
y la juventud de Dolores

La adolescencia estaba siendo una dulce tortura para Ernesto. Si bien sus experiencias sexuales se limitaban a besos robados en algunos inocentes juegos y haber acariciado unos segundos un seno por una apuesta, aquel cóctel de hormonas le hacía fantasear constantemente, que solía acabar con escapadas al baño para aliviar momentáneamente la enorme presión que sentía en sus pantalones.

Una de las imágenes que le causaba gran excitación era la de su vecina Dolores, que contaba 20 años, y aún siendo mayor que él habían trabado amistad, convirtiéndose ella a quien confiaba sus inquietudes sobre esos impulsos poco controlables.

Era en noches como esa, cuando sus padres aprovechaban algún puente para desconectar de la rutina diaria y le pedían que durmiese en su casa para vigilar que Ernesto no montase una fiesta en la casa que provocase las quejas, incluso denuncia del vecindario.

Si bien recibía feliz esas noches con Dolores, le producía incomodidad y muchos momentos en el baño por compartir sofá con aquella morenaza de grandes ojos verdes apenas envuelta en un corto pijama de verano. A pesar de ser unos centímetros mas baja que él, su cuerpo era imposible de no desear: la piel esculpía caderas generosas, culminadas en la parte baja de la espalda con hoyuelos, y sus grandes pechos se veían siempre aprisionados con toda clase de ropa. El sutil brillo de su piel garantizaba una sexualidad siempre latente, como a punto de comenzar a sudar de pura excitación.

Esa noche, Ernesto, decidió acostarse antes de lo previsto, ya que tener cerca a Dolores con aquel pijama se le hacía insoportable y no paraba de pensar en refugiarse en su cuarto para masturbarse y pensando en que ella irrumpiese en mitad del acto y fuesen sus manos las que acariciasen su miembro rebosante.

Esos pensamientos no le dejaban conciliar el sueño. Dolores se hallaba al otro lado de aquel tabique, pegado al lado izquierdo de su cama, y podía oír los muelles de su viejo somier cada vez que ella cambiaba de postura. De repente, la escuchó incorporarse, encaminarse hacia la puerta y girar el picaporte hasta salirse al pasillo. Movido por su fantasía, Ernesto había dejado la puerta de su cuarto estratégicamente entreabierta, con la idea de alimentar la curiosidad de Dolores, si ésta se levantaba en mitad de la noche. Escuchó el crujir de sus pies desnudos lentamente acercarse. 'Irá a la cocina o al baño', pensó. Pero de repente, el sonido cesó. ¿Se habría parado movida por la curiosidad, o podría ser aquella puerta entreabierta el motivo por el que se había levantado en plena madrugada? Ernesto no se atrevía a comprobar si se veía su sombra a través del resquicio que él mismo había dejado, y su envalentonamiento previo al fantasear con ella irrumpiendo en su cuarto se había diluido, dejando paso al temor a que efectivamente esto ocurriese y no supiese qué hacer ni qué decir.

Todo era silencio. Sólo podía escuchar su propia respiración, la cual por mucho que intentase controlar, sentía forzada de puro nerviosismo y un calor más sofocante del que ya provocaba de por sí ese mes de julio. La camiseta y el slip que llevaba le parecían en aquel momento demasiado abrigo, e incluso habiéndose deshecho de la sábana. Su corazón dio un vuelco cuando el silencio fue interrumpido al oír la puerta abriéndose, y los pies de Dolores acercándose de la manera más silenciosa que podía, y después su respiración junto a la cama. Mientras la cobardía le impedía moverse, sólo fingir que dormía profundamente y rogar que esa situación tensa terminase, sentía como Dolores lo miraba convencida que dormía por sus ojos cerrados y su respiración, plácida aparentemente.

Fue entonces cuando sintió cómo el calor bajaba por su vientre hasta la base de su miembro. Empezaba a tener una erección y sabía que Dolores estaba a apenas un metro, que unos slips sólo harían que ésta fuese más escandalosa y que ella lo vería todo. Y esa idea, sin saber el por qué, aún más le excitaba. Sólo tenía que permanecer con los ojos cerrados y fingir dormir del modo convincente que pudiese. No sabía si era por mantener los ojos cerrados y concentrarse en aquellas sensaciones o por saber que ella no estaría perdiéndose detalle, pero sentía más que nunca su verga, la presión al engrosarse y cómo iba separándose de sus testículos para ir a presionar la tela hasta llegar el límite del elástico. Pero eso no detenía su tremenda erección, alimentada por el roce del tejido mientras se abría camino por la ventana de los slips, que eran lo único que privaban de ver ese vigoroso miembro a Dolores, cuya respiración se escuchaba cada vez más entrecortada.

Ernesto debía esforzarse más por aparentar la placidez del sueño, pues al asomar su pene por el límite de la bragueta, ésta sujetaba su prepucio haciendo que su inflado glande se fuese mostrando a la vista de Dolores con cada latido, estimulando todavía más su tremenda erección, que iba apartando sus slips. Podía sentir cómo el tejido que se cogía a la base de su glande cedió y se deslizó hasta la base dejando completamente al aire su enorme pene erecto, como nunca antes lo había tenido. Notaba cómo palpitaba de una forma violenta, y cómo la excitación hacía que algunas gotas lo recorriesen estimulándole más aún y haciendo que simular estar dormido fuese una complicada tarea.

Escuchó cómo a la respiración agitada y próxima de Dolores, se sumaba un sonido húmedo que le hizo entornar por un segundo los ojos, y grabar en su cabeza la imagen de ella mirando fijamente los latidos de su pene, mientras se mordía el labio para acallar sus jadeos. Sus brazos apretaban al bajar sus pechos brillantes por el sudor que se intuían por el escote de su ligera camiseta. Sus manos se perdían dentro de su corto pijama, por encima del cual se intuía el movimiento de sus dedos, que provocaba un delicioso sonido húmedo y hacía que sus torneados muslos se separasen mientras intentaba permanecer en pie.

A pesar de su gran excitación, Ernesto no se atrevía a dar el paso, sólo intentaba permanecer inmóvil mientras aquella imagen que aún seguía viendo, aun cerrando los ojos, provocaba que su grueso pene estuviese encharcado por su propia secreción y que notase cada milímetro que se expandía más allá de su límite con cada latido.

Fue entonces cuando sintió cómo las yemas de dos dedos de Dolores se posaban tímidamente en su glande humedecido, animándose enseguida a deslizarse por él, como queriendo dibujarlo. Pronto fueron tres de sus dedos los que lo cogían notándolo palpitar, estimulándolo y cubriéndose de deliciosa lubricación. Ernesto no podía contenerse a aquella forma de tocar su virilidad a la que Dolores le sometía, dejando escurrir sus dedos mientras la oía jadear y acelerar aquel sonido húmedo que provenía de entre sus muslos.

De pronto, ella paró y él suspiró y a punto de descargar en los dedos de Dolores. La tregua duró apenas unos instantes; los jadeos aumentaron y del pantalón de pijama de ella surgía más claro que nunca aquel sonido que describía perfectamente cómo sus dedos entraban y salían de aquel rincón inundado que derramaba ríos por la cara interna de sus muslos y cómo el mero roce de su hinchado clítoris le provocaba gemidos que no podía acallar. Sintió su aliento jadeante a escasos milímetros del glande, sus labios se apoyaron en la punta y se deslizaron, intentando abarcar la cabeza de aquella bestia palpitante que latía entre ellos y que apenas un par de centímetros metidos que, más allá de él, ocupaba cada rincón de su boca presionando contra su lengua y hacía que saborease su suntuosa lubricación en su garganta.

Ernesto no pudo más y sintió cómo una violenta contracción recorrió su miembro, separando todavía más los labios de Dolores e inundando de calidez el poco espacio que le quedaba y mientras ella se sorprendía al sentir cómo un intenso e inmenso orgasmo sacudía su cuerpo al notar la embestida y la deliciosa leche que se veía rebosar entre sus labios y en su garganta, ahogando sus ya rugidos, más que gemidos, en una gruesa mordaza de verdadera erección, y cálido y espeso sabor a adolescencia, mientras sentía sus propios dedos chorrear, prisioneros de sus propias contracciones.

Dolores se incorporó exhausta, sintiendo como su flujo resbalaba por la cara interna de sus muslos, encaminándose de nuevo a su habitación y procurando no preguntarse si Ernesto había sido consciente de aquello. Pero Ernesto permanecía todavía inmóvil, intentando recuperarse de tan violenta descarga.


Medio repuesto, empezó a maldecir su cobardía mientras escuchaba, a través de la citara que los separaba, cómo Dolores gemía. Sin duda, imaginándose cómo se sentiría aquel descomunal pene abriéndose paso dentro de ella y penetrándola más allá de lo que nunca había experimentado


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Re: MI BLOC, QUE NO BLOG

Mensaje  achl el Lun Jun 12, 2017 11:39 pm

Cedí a su deseo



Esta mini historia está basada en mi propia experiencia personal, aunque, como es de suponer, hay ciertos detalles que he alterado para respetar la privacidad de terceras personas


Todos tenemos un lado oculto. Una parte de nosotros secreta y oscura que nadie o casi nadie conoce y cuya mera existencia debemos admitir.
Mi lado oscuro se llama Dini. Era de origen italiano y tenía 26 años, uno más que yo.

Acababa de empezar mi doctorado en Psicología Forense en Madrid, y él trabajaba como médico en Sevilla. Aun lo que pudiera pensarse, nuestro punto de contacto no fue nuestro trabajo, sino que le conocí a través de un videojuego al que mi novio, con quien yo mantenía una larga relación, plagada de altibajos, se había aficionado poco después de comenzar a vivir juntos.

Una noche me pidió que telefonease a un tipo, con el que jugaba, para avisarle de que no podría conectarse, porque aún teníamos problemas con la conexión a Internet. Dini sabía quién era yo, por supuesto que lo sabía, y tras un par de minutos de agradable conversación me decidí a darle mi número de teléfono 'por si alguna vez necesitase algo'. Nunca habría adivinado que fue ese preciso instante en que empecé a caer en una vorágine de dulce perversión desde la que no habría ya posibilidad de volver atrás.

Mes después, una noche de julio, como de costumbre, no podía conciliar el sueño. Tenía las ventanas de la habitación abiertas, y la luz de la luna arrancaba destellos plateados al sudor que perlaba mi cuerpo desnudo. Hacía calor. Mucho calor. A mi lado, mi novio roncaba impasible, también como de costumbre sin tan siquiera haberme rozado. Cogí mi móvil de la mesilla de noche, sin saber muy bien qué hacer para vencer el insomnio, y comencé a releer algunas conversaciones que había tenido la semana anterior con mi profesor de tesis por correo electrónico.

Pero en ese justo momento sonó un tímido 'plink'. Alguien me hablaba por mensajería instantánea. Un escueto '¿qué haces despierta?', de Dini, por supuesto. Él sabía que yo no dormía bien y que hacía meses que mi novio no me tocaba, y que yo tampoco estaba segura de querer que lo hiciese. Me levanté de la cama, sin hacer ruido, sin contestarle aún. Mis pies descalzos tamborileaban quedamente sobre el parqué del suelo del apartamento mientras me dirigía al salón.

Me recosté en el sofá, desnuda, con las piernas encogidas bajo el cuerpo, y tecleé... 'sigo sin poder dormir. Hace mucho calor, y tengo demasiadas cosas en que pensar'. Comenzamos a hablar, como a menudo hacíamos, intercambiando trivialidades sobre cualquier cosa, y cuando el reloj de la pared marcaba las dos y diez minutos de la mañana, me hizo la pregunta que acabó despertando al animal que hay en mí. '¿Puedo preguntarte un algo indiscreto?'. Intrigada, le dije que por supuesto, y entonces lo soltó: '¿qué harías si te dijese que a menudo pienso que estoy contigo?'. No lo entendí al principio. 'Te refieres a que fantaseas conmigo cuando tú…'.

Obviamente, no podía referirse a otra cosa. Me sentí turbada, extraña... Pero de pronto me invadió una cruda curiosidad. '¿Fantasea conmigo de verdad?'. Le di las gracias por su sinceridad y le pregunté por qué me lo decía. Entonces soltó la segunda bomba: 'porque estoy cansado de que sean sólo fantasías. Quiero que se haga real, que lo hagamos juntos'. Un súbito rubor caldeó mis mejillas, y contuve la respiración durante unos segundos. ¿Qué lo hagamos juntos? Sí, eso me fijo.

Alarmada, quise responderle en el acto que no, que yo no era esa clase de chica. Toda mi vida sexual y sentimental había estado marcada por una simpleza que rallaba en la mojigatería, y aún a esas alturas de mi vida, había mil mundos que no conocía. Pero una vocecita dentro de mí susurró: '¿y por qué no?'. Me mordí los labios, sintiendo una inoportuna humedad en mi entrepierna. Realmente la idea me atraía. ¿Pero estaba dispuesta a ignorar todas esas convenciones sociales, todos esos tabúes?

Esperaba mi respuesta, y yo ya sabía lo que iba a responderle, sólo que mi mente aún no era capaz de admitirlo. Un ronquido procedente de mi dormitorio aceleró mi decisión. '¿No me merezco yo algo diferente?' Este pensamiento terminó de convencerme. Tragué saliva y, decidida, tecleé:



'De acuerdo. Cuándo y dónde'


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Re: MI BLOC, QUE NO BLOG

Mensaje  achl el Vie Jun 16, 2017 4:00 am





EL BDSM


Voy a intentar modelar la eliminación y la descortesía de esos que llaman 'los viejos mitos, los demonios y los miedos' que siempre han acompañado a esta clase de relaciones


Trata sobre uno de los mayores placeres que experimenta el humano; el sexo. Mi idea es destapar una de las prácticas más antiguas: alcanzar el placer primitivo a través de la dominación. Me imagino lo que pensarán en sus camas, envueltos en el calor y suavidad de sus sábanas leyendo esto. Algunos, con ansía, otros, con pudor, y una mayoría, simplemente, por curiosidad.

Cuando nos hablan de estas prácticas sexuales, nuestra subconsciencia nos abruma con iguales adjetivos tenebrosos: denigrantes, humillantes y depravados, junto con los artilugios de: fustas, correas, cadenas, incluso sangre. ¿Cómo tratar de enterrar esta serie de estigmas, comparándolos con otros estigmas? ¿Serán estigmas de una relación más estandarizada o más arraigada en nuestros días? Su competidor: el amor. Sólo son tres: el rey indiscutible: el matrimonio; la siguiente: la relación de pareja; y la última: los amantes, los llamados por nuestra generación lujuriosamente vanguardista como 'follaamigos'.

Las comparaciones se irán haciendo a medida que se vayan pasando las páginas. No pretendo que al terminar de leer esto os hagáis practicantes de este tipo de relaciones. Cuando escuchéis de alguien cercano o lejano hacer mención de estas relaciones, que vuestras miradas no desprendan desprecio, ni le prejuzguéis como un psicópata sexual.

El personaje principal de esta historia, será el encargado de ir sepultando todos estos estigmas, las comparaciones con su competidor el amor y el erotismo de este tipo de prácticas:

El BDSM (Bondage y Disciplina; Dominación y Sumisión; Sadismo y Masoquismo

El protagonista es un personaje de otras categorías literarias, poéticas o cinematográfica. Su estilo no pertenece al género de una novela erótico-romántica. Ha sido una apuesta arriesgada el meter la seducción de este personaje dando algo nuevo al lector, rescatando ese personaje olvidado. Antes de empezar, reservaré mis primeras letras para dos preguntas con la misma semántica, pero a diferentes destinatarios, eso que se conoce como pregunta espejo. Es sólo una pregunta recíproca, simétrica como el vidrio de un espejo. Empezaré con los hombres para seguir después con el público femenino: el espejo.

¿Qué hombre no ha fantaseado alguna vez en su más ingenua intimidad con tener lo mismo que los emperadores romanos, o los faraones? Estoy refiriéndome a 'el poder de la dominación', tan primitivo que parece que nuestra sociedad contemporánea ha olvidado, o no se atreve a hacerse con ese poder de antaño. Quizás puede deberse a que en nuestras vidas ajetreadas, llenas de números y letras en nuestros aparatos electrónicos, no hay espacio suficiente para atraparnos en ella.

Poder, siempre de la mano de su milenaria compañera la seducción y su longeva amiga la elegancia. Poder que permitía a nuestros antepasados el poder elegir entre cualquier mujer de aldea, pueblo o villa, para que el marqués de turno iniciase con el ritual en su espectacular castillo. Poder para cumplir con cada una de las fantasías más ocultas de nuestros ego, por morbosas o extremas que fuesen. No podemos olvidar el pilar básico de esta clase de relaciones: la obediencia hacia la persona que nos está dominando; una obediencia tan férrea que no podemos denominarla sólo como respeto, tiene un nombre más específico: lealtad.

Es momento de lanzar la pregunta espejo. ¿Qué mujer no ha fantaseado con sentirse dominada por un hombre? ¿Cuántas de estas fantasías tan lubricantes, que humedecen nuestros sueños, nunca les han dado cobijo? Sentir como un hombre vuelve a sus principios más primarios, aislando el último grito del hombre del XXI: la metro-sexualidad. Hombres que no les inquietan si tienen su brazo izquierdo más corto que el derecho; hombres que expresan su masculinidad con algo más que no sea sólo levantando pesadas pesas entre máquinas de acero para asemejarse a los exánimes maniquíes de tiendas de ropas.

Hablo de esos hombres que aún, al día de hoy, no han renunciado a ella. Hombres que no tienen miedo de unirse con su testosterona e incluso de asfixiarla. Hacer que la mujer que comparte su lecho, que se enreda en sus sábanas, se sienta sucia, ultrajada y humillada, se sientan de nuevo algunas, o por primera vez otras, lo que la sociedad contemporánea les ha arrebatado durante todos esos años.

Ese anhelo no es otro que sentir algo muy diferente: salir del rutinario y monótono sexo del matrimonio o pareja. Tener ese clase de sexo salvaje e indecente que un buen porcentaje de mujeres desean; perder la noción de todo entre el aroma a sexo prohibido resbalando por vuestra vaporosa piel, desconociendo las arcanas intenciones de esos hombres, y tan sólo dejándose llevar como la podrida madera de una balsa en el océano, sin rumbo, pero con la seguridad abrumadora al ver como en el timón están esos capitanes. Sentir como esas mujeres al estar bajo la sumisión de los que llaman amos, vuelven a recrear la indecencia de la mujer de antaño. Sexo disímil, impredecible al arquetípico de la pauta de las compañías de la pornografía, siendo sus escenas tan simples y tan predecibles como la sota, el caballo y el rey de nuestra baraja española.

Gozar del sexo, sin tener que al acabar dar explicaciones de lo sucedido, sin que la mujer no se sienta más humillada que la propia humillación del sexo con su dominante, desterrando durante estos momentos de anhelo el protocolo estandarizado por no sabemos quién. Un grupo de gente que de la noche a la mañana, no sabemos en qué época propusieron que a la mujer en la cama su trato debería ser tan dulce y tan respetuoso como el de una reina. Sólo se aceptaban besos, caricias y palabras hermosas. Me viene a la mente... ¿ese grupo de personas puede ser Hollywood?

Acabado de preguntar ambas preguntas, propondré un último argumento antes que os seduzca esta historia fantasiosa. Los pensamientos que he hecho mención, imagino que serán que estas relaciones BDSM se basan en el más pecaminoso vicio, siendo el sexo su única finalidad.

Y ahora, una última pregunta: ¿qué porcentaje damos al sexo en nuestra relación de pareja? Seguro que la media es de un 80-90%. Los que hayan coincidido con tal porcentaje, su relación de amor es más lasciva que una de BDSM. ¿La razón? Solamente nos hemos centrado en el porcentaje de amante. ¿Dónde se encuentra el porcentaje de la compañera y amiga? El porcentaje del sexo en una relación de pareja debería ser el 33%, siendo unísona al de la amistad y la compañera. ¿Y el 1% restante? Las rencillas. En cambio, en una relación de dominación, el porcentaje no llega al 50%. ¿Qué relación es más lasciva y lujuriosa?



Las mujeres que tienen este tipo de sexo, se sienten vulnerables porque son tratadas de forma vejatoria y humilladas con adjetivos desdeñosos


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Re: MI BLOC, QUE NO BLOG

Mensaje  achl el Vie Jun 16, 2017 12:36 pm




Escribió una nueva historia de su vida

Los remiendos que sostenían su corazón terminaron por soltarse tras el enésimo desengaño. Había soportado infidelidades reiteradas, mentiras piadosas, te quieros vacíos y falsas promesas porque estaba colgado de él. Tan sólo podía odiarlo unos instantes, perdonarlo en minuto y besarlo con furia, como si la vida se le escapase. Se convencía pensando en que algún día cambiaría, en que en el fondo él también lo amaba. Pero esta vez no estaba dispuesto a pasar por aquella espiral.

Salió rápido del ático que compartían y se sumergió en la marabunta, sin saber a dónde ir. No quería ver a nadie, y tener que aguantar esos 'te lo dije', 'no te amaba', 'lo tenías que haber hecho antes... Una vorágine de nervios estaba a punto de explotar en su mente de vidrio. No pudo evitar que las lágrimas empapasen su cara, ni sentir un vacío que le cortaba la respiración.

Sin prestar atención a los pasos, se vio a las puertas de una gran librería. La literatura se había convertido en una amiga inseparable en las largas noches en vela, capaz de aislarle de su amargura y transportarle a algún lugar donde el hombre creía todavía en el amor. Prescindió de ese tipo de ficción y se perdió en el departamento de auto ayuda, en el que no había un alma. Quería saber por sí mismo cómo digerir la ruptura, cómo poder sembrar un poco de esperanza entre las cenizas. Absorto en un mar de títulos pintorescos, percibía calma y menguaba el dolor.

En ese justo momento se percató de que alguien clavaba su mirada en él. Devolvió la mirada y un desconocido le respondió una tierna sonrisa que por segundos le reconciliaba con la vida. De pronto el sosiego tornó a frustración al ver que de los ojos del desconocido brotaba lascivia, a la vez que se masturbaba sin pudor a dos metros de él. Huyó de la escena, consternado, siendo observado por aquel gay. Visualizó la imagen de su extinta pareja, incitándole a ser la presa de sus juegos, a ser un títere sin alma bajo sus brazos. Sentía una rabia incontrolable.

En un fuerte arrebato de entereza, dio media vuelta y se fue lentamente hacia el extraño, obsequiándole además con su predisposición. El fornido extraño dejó de tocarse su entrepierna, y él le invitó a que siguiera. Pero en vez de apasionadas y suaves caricias, le apremió con un patadón en los testículos que borró toda lascivia de un plumazo.

____Lárgate antes de que me arrepienta y siga golpeándote –le susurró a sovoz, poseído por la adrenalina.

Sin oponer resistencia, el desconocido salió avergonzado de la librería, y él se entregó a la euforia. No tenía ni idea de dónde había nacido aquella valentía de enfrentarse a la vida. Lo único que verdaderamente sabía era que ya no le hacía falta ningún libro del departamento de auto ayuda.


Se fue hacia el departamento de guías de países extranjeros, para así, eligiendo uno, reescribir una nueva historia de su vida que en ese justo y preciso momento acababa de empezar


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Re: MI BLOC, QUE NO BLOG

Mensaje  achl el Sáb Jun 17, 2017 2:54 pm



El transcurrir del tiempo: los días

Los días pasan como una procesión de ovejas, que se encaminarán a un triste redil, un redil que mata la poca libertad que hay en estos animales. Porque las ovejas no tienen, no piensan, solamente obedecen al estímulo de comer y reproducirse.

A veces son como los humanos, sólo respondemos a estímulos básicos. Apenas la cultura se levanta en el pensamiento, apenas pensamos por nosotros mismos, apenas conocemos la libertad. Compramos, comemos, follamos (el que pueda) y celebramos un día más en el mundo, sin haber muerto. También fumamos, pero sólo como un remedio tonto de medir el tiempo; decimos: 'vamos a echar un pitillo', y se pasa el tiempo mientras se consume en ceniza. Los días son así, como ovejas, como humanos que viven todos en el mismo redil, sin saber nunca cuál es nuestra libertad ni cómo conseguirla.

Inevitablemente, estamos atrapados en un sistema, llamémosle sistema capitalista, pero podría tener otro nombre.

Hay humanos que a través de la ciencia o la literatura se evaden de este redil y crean leyes e invenciones, pero sólo es una ilusión.

La verdadera libertad vendrá cuando no haya sistema ni estructura que lo explique todo, cuando el sistema o la estructura no sea la excusa para quitarnos la libertad de ser lo que queramos, y no hablo de anarquía, que es otro sistema creado por el hombre para lograr fines. Hablo de otro tipo de sistemas: el hombre en libertad, no atado al trabajo, ni al matrimonio, ni a los hijos ni a nada. Náufrago de la sociedad imperante, surcador de un mar sin norte ni sur ni nada que imponga límites a la navegación. Que no haya ni un tuyo ni un mío, ni dieciséis horas en el trabajo.

Que cada uno haga lo que quiera hacer y que sea creativo, que fabrique lo que necesitan sus congéneres, que comer sea gratis pues en el mundo abunda todo lo necesario para dar de comer a quienes lo habitan, que no haya que vender ni que comprar, que el que quiera un café o una paella se la haga y colabore para hacerla y así se la gane. Que el dinero no sea un intermediario entre las cosas y el hombre, eso pertenece al ámbito de la llamada utopía.

Si hubiera la posibilidad de instalar una utopía, en el mundo aparecería la libertad humana, que es lo más hermoso por lo que se puede luchar.

Porque, aunque utopía la definen como un sistema ideal, en el cual todos los individuos desarrollan su existencia en unas condiciones perfectas, es un sistema social perfecto, pero imposible de llevar a cabo. El adjetivo 'utópico' se aplica, por lo tanto, a las reformas sociales y actuaciones que se presumen imposibles.

Aun esa científica definición del gran humanista inglés Tomás Moro, me aventuro a decir que utopía es el principio de un progreso, el marketing de un mundo mejor


Si una buena parte de la humanidad se pusiese de acuerdo y eliminase todos esos sistemas que nos asfixian, dejarían de ser los días como ovejas. Los seres humanos sólo pensaríamos en el bien colectivo, y las únicas instituciones que admitiríamos como válidas serían: la libertad, el progreso y la cultura


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Re: MI BLOC, QUE NO BLOG

Mensaje  achl el Sáb Jun 17, 2017 5:02 pm



Buscando trabajo en Huelva

Estoy ante un onubense de Lepe, más grande que la Catedral de Sevilla, en una entrevista de trabajo

Me mira a los ojos y me dice:

____Hábleme un poco de usted.
____Verá, necesito el puesto porque soy muy pobre. Mi situación personal es desesperada.
____¿Ha trabajado antes con pescado?
____No señor. Nunca.
____Es igual. Aquí podrá aprender. ¿Tiene experiencia en almacén?
____Fui mozo de supermercado un tiempo.
____Bien. Y dígame, ¿algún problema con el pescado?
____¿Cómo dice?
____Que si tiene algún problema con el pescado.
____¿A qué se refiere?
____¿Le molesta el pescado?
____No señor.
____¿Siente algún escrúpulo?
____No señor.
____¿Es alérgico?
____No señor.
____Lo digo porque no es igual empaquetar, pongamos, ciento cincuenta lubinas que quince mil. Puede usted acabar harto.
____No lo creo, señor.
____Esto es una fábrica, no un mercado.
____Lo entiendo perfectamente, señor. Descuide.
____Yo adoro el pescado.
____Me imagino, señor. El pescado es mi vida.
____Ajá.
____Follaría con mi pescado.
____¿Eh?
____Trabajaría usted por cinco euros la hora. Exijo entera disponibilidad.
____Cuente con ello, señor. Oiga, me ha parecido entenderle antes...
____Por supuesto, usted no es el único candidato. Debo hacer muchas entrevistas aún.
____Claro. ¿Le importaría repetir lo que ha dicho hace unos segundos?
____Mire, si accedo a contratarle debe prometerme algo.
____Dígame.
____Amará al pescado sobre todas las cosas.
____Bueno, tal vez eso sea mucho pedir, pero le garantizo que haré lo que pueda.
____¿Conoce a San Pescadito, mártir?
____¿San... Pescadito, señor?
____Mártir.
____Pues no...
____Es el patrón de esta empresa. A él nos encomendamos. Venga aquí, colóquese esta chapa.
____Oiga, no...
____Póngasela en la solapa. Así, como yo.
____San Pescadito...
____Eso es. Y ahora, si me disculpa... Cualquier novedad, le avisaremos.
____No dejo de darle vueltas a lo que dijo antes. ¿De verdad se folla...?
____Soy un hombre muy ocupado, caballero.
____¿Su mujer lo sabe?

El hombre me mira fijamente, con cara de alegría y me responde:

____Mi mujer es una ballena.


Despierto sudando a mares y con olor a pescado


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Re: MI BLOC, QUE NO BLOG

Mensaje  achl el Sáb Jun 17, 2017 10:12 pm




Mi imagen en el espejo

Mi viejo no me enseñó mucho, pero puso un interés especial en meterme una simple idea en la mollera: 'uno debe conocer perfectamente bien sus propios límites; aquel que los traspasa, jamás llega a buen puerto' Eso es lo que me decía mi padre y eso es lo que he aprendido yo de él.

Reconozco que no soy un tipo deslumbrante. En conjunto, creo que tengo una apariencia, digamos pasable, pero no vale la pena entrar en detalles. No me gusto, simplemente.

Empero, he aprendido a arreglármelas. No quiero más que eso, porque sé que no podría llegar a más. No es que envidie a quienes viven del éxito o como quiera que le llamen. Sencillamente, sé que no es lo mío. Quizá por eso nunca me he insinuado a ninguna mujer con la picardía necesaria. Yo tuve una experiencia amorosa en mi juventud, pero a estas alturas de la vida supongo que sólo necesito compañía.

Ahora conocí una mujer al poco de poner la tienda. Entró un día con un tipo alto y rubio. Pidió un desodorante, me dedicó una sonrisa mientras recogía la vuelta y se fue. No ha cambiado. Siempre lleva larga melena. Habla moviendo los labios despacio y siempre logra que yo mire su boca. No acostumbro a enrollarme con mis clientas, a menos que insistan, que las hay. Quizás por eso volvió a visitarme. Pasado un tiempo, llegó a ser asidua. Es probable que le soluciono los pequeños olvidos de costumbre pues nunca compra gran cosa: cepillo de dientes, pastilla de jabón, algún gel..., pero siempre me deja una sonrisa. En realidad, salgo ganando.

Aquel tipo rubio la dejó. Noté que paraba más en casa y compraba más. Un día le dije que tenía ojeras. 'Ya ve', dijo. Pasada una temporada entró un trajeado y preguntó cuánto valía una de las rosas que tenía un jarrón de adorno para la tienda. Le dije que no estaban en venta. Se giró y miró hacia con gestos de duda, y entonces la vi allí, esperando. Conseguí que el tipo aceptase la flor como regalo, por más que insistía en pagar. Luego vi la sonrisa de ella mientras recogía el romántico regalo de manos de su acompañante que a mí me parecía insulso y afectado. ¡Qué bien conocía yo aquella sonrisa!

Decidí averiguar donde vivía. Fue tan fácil como visitar su portal, siempre abierto, y hacer algunas leves pregunta a una antigua clienta ya jubilada que me encontré entrando al ascensor. Un día escribí unos versos en un folio, lo metí en un sobre y lo llevé a su dirección. Muchas veces hago las cosas sin meditarlas porque es la única manera de vencer la inseguridad.

Luego de dos meses volvió a ir por la tienda. Quería un perfume sencillo. Yo siempre tenía cosas sencillas. Le pregunté qué tal iba la vida mientras empaquetaba el bote sencillo. 'Muy bien, ¿y a usted?', respondió, pero su expresión decía otra cosa.

Volvía a visitarme con más frecuencia. Me pregunté para mis adentros si leería las pobres letras que le había seguido enviando. Decidí abandonar aquella patética costumbre cuando un día descubrí el color ceniciento del papel en su mano mientras caminaba apresurada. Miraba de cuando en cuando hacia delante, para no tropezar. Después, lo guardó en el bolso y siguió su camino con pasos apresurados. Esa noche, mi habitual y fatal tranquilidad se vio turbada por aquel acontecimiento. Nadie lee lo que no quiere leer. Se hace porque gusta o no se hace. Finalmente mi proverbial sensatez me aconsejó no sacar demasiadas conclusiones de aquello. Tal vez mis rimas no eran tan anodinas, como pensaba, o, sencillamente, le gustaba aquella clase de escritura. Qué más daba. Lo importante era no dejar que aquello se agrandase en mi mente como una esperanza. 'Sólo sigue tu vida', me dije.

Aquel día entró con aire misterioso. No recuerdo qué pidió. Permanecía como pendiente de algo que yo no deseaba adivinar. Le di lo que quería y me preparé a admirar una vez más su sonrisa de despedida. Pero no hubo sonrisa. En lugar de ella, me miró un par de veces, como azorada. Quisiera hacerle una pregunta, dijo. Sobresaltado, por aquella novedad, permanecí atento.

____¿Hay algún poeta en el barrio que acostumbre a distribuir sus obras gratuitamente? Supongo que aquí escuchará usted de todo, máxime siendo mayoritariamente femenina su clientela.
____No tengo conocimiento de tal cosa -respondí.
____Es que recibo poemas de alguien a quien no conozco -añadió.
____¿La molestan? -le pregunté.
____¡Oh, no! ¡Al contrario! -contestó. Después se despidió, olvidando su sonrisa habitual.

Al llegar a casa, repasé uno de aquellos poemas antes de meterlo en el sobre. No le molestaban, 'al contrario'. Recorría el pasillo, arriba y abajo, dándole vueltas. Tampoco estaba seguro ni mucho menos de que aquello fuese realmente bueno. A punto de girar para emprender la marcha en la dirección contraria, vi mi propia imagen en el espejo; un tipo con el papel colgando de la mano derecha. Era como si mi padre me enviase otra de sus regañinas desde el cielo. Aparté la vista y abandoné los versos sobre aquel viejo mueble de la entrada. Creció dentro de mí algo muy parecido a la ira.

Al otro día, tomé una decisión. Añadí un par de líneas al final, a modo de post data: 'espero no haberla molestado; este será mi último envío'. Eché un ligero vistazo a los versos. No entendería una palabra, y quizás era lo mejor. Cerré el sobre con una sensación de asfixia y me miré en el espejo antes de salir. A veces me pregunto quién habrá diseñado esta extraña sonrisa mía.
Pasó un tiempo. La vi en la acera de enfrente un día lluvioso, a punto de cerrar. Caminaba con una especie de lasitud que me pareció enfermiza. Llevaba un paraguas color café que hacía juego con su gabardina. Cerré y la seguí, sin preguntarme por qué lo hacía. La luz exigua de las farolas filtraba una lluvia apacible y cálida. Caminé tras ella por calles solitarias hasta llegar a la plaza. Entró en una cafetería de grandes ventanales y se sentó en uno de las sillones de una mesa, cerca del cristal. Me resguardé bajo una marquesina y la vi atender por el camarero. Le sirvió un café. Se quitó la gabardina y la extendió cuidadosamente sobre el sillón de al lado Luego abrió su bolso y sacó aquellos papeles cenicientos. Se recostó en su sillón y comenzó a leer, mientras removía el café con lentitud. Cuando finalizó la lectura, miró hacia afuera, dejó la cucharilla sobre el platillo y bebió a pequeños sorbos. Después, devolvió la taza a su lugar y continuó leyendo.

Terminó el café y se quedó mirando hacia el exterior, con los textos en la mano. Decidí acercarme con igual sensación que debe tener un soldado cuando se lanza a la vorágine de la guerra. Con un gesto de sorpresa, se fijó en mí mientras empezaba a cruzar la calle. Continué caminando sin poderlo remediar. Estaba ya en contacto con el cristal cuando detuve mis pasos. Miré aquel papel de ceniza y luego a ella fijamente, intensamente. Asomó a su expresión una mueca de sorpresa insuperable, los ojos muy abiertos, asombrados. Su mirada cayó dando tumbos, ya sin mirarme, a la vez que echaba mano al pañuelo o revisaba los bolsillos buscando algo que la socorriese.


Sollocé una sonrisa y el cristal devolvió la imagen desvalida y familiar de uno que no quería ser poeta


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Re: MI BLOC, QUE NO BLOG

Mensaje  achl el Dom Jun 18, 2017 9:14 pm




En el arte de la seducción,
las mujeres nos ganan por goleada


No todos los hombres saben seducir a una mujer; por contra, se equivocan constantemente. No es el dinero es el privilegiado embajador para conseguir presas. Hay muchos otros factores o incentivos para lograr los propósitos.  A continuación expongo, bajo un meditado punto de vista, ciertos razonamientos que se deben tener en cuenta a la hora de comenzar una seducción, que no cacería...


Existen algunos hombres que piensan, seguros de hacer realidad sus pensamientos, que ser directos es lo certero, pero a veces chocan y no entienden por qué los rechazan, si la otra parte, la mujer, acepta sus invitaciones e incluso ellos sienten que les miran de una manera un tanto especial.

Algunos otros creen que mostrarse irresistibles es llevar delantera, y siempre que se encuentran con alguna mujer, adoptan una imagen de ganador; usan todo lo que Dios y la billetera les dio para cautivar, para lanzan miradas incendiarias ensayadas, y lo que es peor: visten para impresionar. Lo normal es usar una ropa sencilla, de acorde con la edad, acompañada de un suave perfume masculino que a los ojos de la fémina de turno les hagan sentirse atrayentes.

No faltan aquellos hombres que tienen el ego inflado, y piensan que al hacerse los interesantes, respaldados por cara y cuerpo de macho ibérico y, cómo no, una buena VISA, es la mejor forma de darse tono para decirle a la chica, de forma insolente, casi insultante: 'monada, puedo ser tuyo si accedes a mis deseos'.

Pero hay un algo que está muy pero que muy claro, y es que cuando una mujer no quiere ser seducida... nanay. No le importa el dinero, ni la ropa, ni el look y mucho menos la arrogancia. La mejor manera de seducir a una mujer es, sin ninguna duda, dejarse atrapar por ella, y eso si se tiene la suerte de que los deseos de ambos coincidan, que esa es otra...

Porque no es nada nuevo, más bien desde Adán y Eva, que cuando una mujer pone el ojo en un hombre, difícilmente se le escapa. ¡Las mujeres sí que saben seducir!, arropadas por sus encantos, que son muchos. Sin omitir, faltaría más, su sexo, literalmente hablando, que entonces no hay escapatoria posible.
En esto de la seducción, los hombres tenemos aún muchísimo que aprender de las mujeres. Ni siquiera los guapos y cachas consiguen de ellas lo que ellas no quieran dar.

A las mujeres en general les atrae, y mucho, el dinero y el bienestar, sin olvidar, por supuesto, el grado de inteligencia, el índice cultural y el trato del hombre que se acerque a ellas, y no sólo con intenciones de llevársela a la cama.



A veces, las mujeres no saben elegir bien; a veces, dan en el blanco, pero siempre serán ellas las que tengan la última palabra


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Re: MI BLOC, QUE NO BLOG

Mensaje  achl el Mar Jun 20, 2017 2:37 pm





¡Cuánto me gustaría tocar el cielo!

Este era mi único pensamiento durante el vuelo. Con mi cabeza apoyada sobre el marco de la ventanilla de mi asiento, miraba cómo las nubes se iban alejando de la aeronave. Con dedos de mi mano derecha trataba de atravesar el vidrio para penetrar la suavidad de su textura y seguir hacia arriba, hasta tocar el cielo. Mi boca torneaba su comisura en leve sonrisa, mientras mi corazón suspiraba la ausencia de mi deseo...

¡Cuánto me gustaría tocar cielo!

Una voz me despertó de mi ensueño, anunciando la llegada del avión al aeropuerto. Con la mano me despedí de mis nubes y volví a la realidad. Entre empujones y prisas, conseguí salir del avión.

Tras espera de veinte interminables minutos, pude recoger mis maletas y dirigirme al aparcamiento del aeropuerto, donde un coche de alquiler me estaba esperando. Siempre me había gustado conducir, y en esa ocasión eran trescientos kilómetros los que me separaban de mi destino. No era un tiempo perdido para mí, ya que las cuatro horas de carretera me iban a permitir poner en orden mi cabeza, e intentar aclarar los sentimientos que me habían llevado a experimentar aquella aventura.

Buscaba soledad, tranquilidad y olor a campo. En una de las maletas sólo dos minifaldas, tres camisas, ropa interior, un libro y este bloc. En la otra, sandalias, sábanas, toallas y accesorios para el baño y la cocina.

Iba a ser una semana de meditación donde esperaba encontrar mi propio interior, ese 'yo' que había perdido hacía ya mucho tiempo.

¿Cuántas veces me había prometido a mí misma no volver a llorar? Pero, como siempre, estaba faltando a mi promesa dejando que unas lágrimas brotasen de mis ojos, deslizándose por mis mejillas.

Inútil seguir luchando contra mis sentimientos. Inconscientemente pensé en él, en ese amor tan perfecto del que estaba huyendo y que me había hundido de nuevo en la desesperación. Quería con todas mis ganas dejar de creer en el amor, construirle una coraza a mi corazón, protegerme de esos sentimientos extraños que siempre me llevaban a mi propio fracaso, pero esta vez todo iba a ser disímil... no había amor.

Sentía el viento en mi cara. El ruido exterior del auto se mezclaba con el sonido de la radio y, aun eso, mis ojos conseguían sobrevivir a la belleza de los paisajes que iba dejando a mi paso.

Nunca debimos permitir que este juego se nos escapase de las manos. Creí haber hallado al hombre ideal, pero ahora reconozco que no fui justa con él. Por su carácter, pensaba que era una persona fría, muy capaz de controlar su corazón, de no enamorarse, a la que no le haría daño y de la que no necesitaría defenderme. No debí haber sido tan cruel. El hecho de que no me ofreciese sus sentimientos, en absoluto significaba que no los tuviese. Mi egoísmo me hacía sentirme injusta.

Como aquel sábado noche, en aquel momento no necesitaba un niño con quien jugar, necesitaba un hombre entregado a negarse a mis caprichos, alguien con personalidad, cuya nunca podría destruir yo.

Le puse a prueba. Le dejé una nota pegada a la puerta de su casa.


Si te apetece dormir hasta más tarde y quieres que te prepare y te sirva el desayuno en la cama, te espero. Si decides venir, pulsa sólo una vez el timbre, que yo estaré despierta y atenta


O no le apetecería dormir más tiempo, o no querría que le preparase y le sirviese el desayuno No, realmente hizo lo que yo esperaba: no acceder a mi capricho.

Él era el hombre que yo buscaba. Pero lo vi todo muy claro: si uno no da lo que quieres, no pide nada. Era perfecto, y con él lo tenia todo; cariño, ternura, sexo y... nada. Por primera vez en mi vida... nada.

Un contrato perfecto para dos que no esperan nada, que no quieren dar nada. Yo era feliz. Tenía ese espacio que no hay en una relación formal: caprichos especiales, salir sin control de tiempo de tiendas, salir fines de semanas con amigas... Es decir, todo lo que despareció cuando el amor llamó a mi puerta

¿Qué pensaba? A veces estuve tentada a preguntárselo, pero nunca tuve valor para ello, así que ambos dejamos que el tiempo transcurriese y que nuestros encuentros nocturnos acostumbrasen nuestras vidas.

Empezaba a oscurecer. Me sentía cansada, así que desvié el coche de la autovía y busqué un motel. Cené algo y me fui a mi habitación. No podía dormir, y el silencio de aquellas cuatro paredes hería mis oídos.

Cerré mis ojos con fuerza, deseando conciliar el sueño, pero mi corazón me llevaba a los recuerdos de las noches que nos convertía en amantes; fundidos en besos y caricias, que en un sobrecogedor calor extasiaba a ambos, y a la vez nos permitía, en corto espacio de tiempo, eternizar el fin de nuestra unión, más allá del infinito. Sin pedirnos nada, ofreciendo todo y sólo aceptando el regalo de nuestra mutua compañía.

No había eternidad para nosotros, sin el calor de nuestras miradas, ni tan siquiera un momento que pudiese olvidar el tiempo. No había secretos ni un sueño, aunque pequeño, que pudiese superar esos momentos.

Pero las noches acababan y durante el día sólo compartíamos malhumor, reproches, rabia, incluso odio. Posiblemente fuera miedo a descubrir que además de amantes podríamos ser... ¿amigos?

Amaneció. Debí quedarme dormida, pero un dolor de cabeza me estaba matando. Me duché, me vestí, desayuné y recorrí los escasos kilómetros que aún me separaban de ese olor a campo, tan ansiado por mí.

Era un pequeño pueblo de casas viejas y poco habitado. Deje mi equipaje en la casa que alquilé y me fui a recorrer calles. Demasiado grande era la iglesia en proporción al pueblo pero acogedora. Su puerta estaba abierta; entré y me senté en uno de sus bancos

Y nuestras vidas siguieron. ¿Cuánto? Tal vez un año más. El tiempo pasó muy rápidamente y nuestros secretos de numerosas noches compartidas seguían riéndose del amor.

¿Cómo podíamos ser tan tontos e inconscientes? Nadie puede reírse del amor, nadie puede sobrevivir a él. ¿Por qué íbamos a ser nosotros que lo consiguiésemos?

Estoy cansada de recordar, de intentar encontrar una explicación lógica a algo que no la tiene. ¿De qué queríamos huir? ¿De nosotros mismos?

En absoluto era necesario seguir alargando la agonía de recuerdos. El fin de nuestra historia estaba sentenciado desde el principio.

'Te quiero', me dije para mí.

Nunca antes le había visto llorar ni había sentido su cuerpo temblar entre mis brazos de aquella forma. Con su mano derecha retiró el cabello de mi cara, acarició mis mejillas tiernamente y me besó.

Beso eterno y cálido que nos llevó a fundir nuestros cuerpos en uno solo. Por única vez, no fue sólo sexo: hicimos el amor.

Me abrazó, me besó en la cara, y luego se dio media vuelta. Me resultaba imposible dormir. Los pensamientos se me agolpaban en la cabeza. ¿Qué había hecho?

Había roto nuestra promesa: 'nada de amor, ni un solo te quiero'. En ese minuto de flaqueza había acabado con una amistad, una historia cargada de tiempo y felicidad: un contrato perfecto.

Sentía sus brazos, sujetándome fuertemente, su cuerpo desnudo rozando el mío, su respiración fuerte y acompasada, y su corazón, como siempre, con un ritmo normal, sin experimentar ni vivir esos momentos

Entonces lloré. Aquella era nuestra última noche.

La humedad de mis lágrimas mojaba sus hombros. No podía permitir que me viese llorar, que descubriese mi debilidad. Me alejé, pero me volvió a abrazar, me besó en la cara y me dijo:

____Yo también te quiero -como leyendo mis pensamientos.

Tampoco él podía dormir. Yo me sentía cómoda entre sus brazos, como si el tiempo se hubiese detenido en esos momentos.

Pronunció mi nombre

____¿Qué? –le contesté.
____Nada –agregó él.
____Lo siento, nunca debí… -no me dejó acabar la frase.
____Nunca debiste decirme la verdad. Somos sólo amigos, ¿no?

Amigos, amantes... Ni nosotros mismos sabíamos ya qué éramos.

____No lo sé -contesté.
____¿Qué vamos a hacer ahora? -me preguntó.
____Sólo una cosa, lo acordado desde el principio: que ambos respetemos nuestra libertad.

Los dos sabíamos que el amor no era perfecto. El amor era el principio de todos los problemas: 'yo te he dicho', 'tú me has dicho', 'llegas tarde', 'de dónde vienes', 'prefieres antes a tus amigos', 'eres un egoísta', 'me duele la cabeza'... Problemas que nunca habían existido entre los dos hasta ese justo momento.

____Solamente podemos hacer una cosa –respondí, finalmente.

Volvió a abrazarme por última vez. Se levantó de la cama, se vistió y sin mirar atrás, antes de salir de nuestro nido, me dijo:

____Adiós.

Por primera vez, desde que iniciamos esta relación, no se quedó conmigo el resto de la noche. ¿Y dicen que el amor no cambia nada?

Lloré con desesperación. No tenía fuerza para luchar, ni siquiera contra el amor. Así que decidí emprender este viaje para empezar a olvidar.

¡Qué bonita es esta Iglesia, pero que frío hace aquí! Me hubiese gustado rezarle una oración a mi Dios, pero mi cabeza se negaba a recordarla. Si yo pudiese recuperar mi corazón tan rápidamente como mi libertad, todo sería más fácil.

Me arrodille y pedí a Dios que me ayudase a entender, que me ayudase a tomar una decisión, o que me ayudase a olvidar, pero dentro de mí, sólo se repetían dos palabras: te odio

Palabras que grité con todas mis fuerzas, permitiendo que el eco me las recordase continuamente. Cerré los ojos, y desde del interior de aquellas paredes viejas y húmedas de la iglesia, una voz me respondió:



Yo también te quiero


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Re: MI BLOC, QUE NO BLOG

Mensaje  achl el Miér Jun 21, 2017 1:39 am





La vecina estrella del piso de arriba

Este junio en Sevilla hace un calor achicharrante. Como ya me cansé de dar vueltas y más vueltas en la cama, me levanto y me encamino hacia la terraza, para ver si allí refresca un poco. Enciendo mi móvil, activo el GPS y cargo el programa ese para ver las estrellas.

El GPS apunta hacia la más cercana, la más espectacular, la que parece más llamativa, y mi miembro me va a decir enseguida el nombre de ella y la constelación a la que pertenece.

Veo una que brilla más que las demás.

Apuesto lo que sea que eso no es una estrella. Tiene que ser... claro, una mujer y, efectivamente, acierto, es mi vecina del piso de arriba.

Se enciende la tenue luz de la terraza del piso de arriba y, con rapidez de meteoro, aparece semi desnuda mi vecina, con una mirada insinuante, y apoyada en la barandilla de la terraza.

____¡Qué, mirando las estrellas, ¿no?! Anda, sube y te enseño una que yo sé que eres el único hombre del edifico que no conoce todavía.


¿Quién dice que no hay nada mas rápido que la velocidad de la luz de una vecina?


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Re: MI BLOC, QUE NO BLOG

Mensaje  achl el Miér Jun 21, 2017 7:20 pm



Gente depravada

Detrás de las puertas cosecha la lascivia y coagula la pasión, prisionera en las mazmorras del deseo

Guarecido tras liviana cortina plastificada de un herrumbroso matadero abandonado, Aníbal fue testigo ocular de la despiadada violación a una adolescente de apariencia gazmoña y remilgada.

No remitía su llanto descompasado y febril mientras cinco mastodónticos la encadenaban a un pilar desconchado y profanaban la flor inexplorada de su inmaculada virginidad.

Cuando finalizó la escabrosa parafernalia de atrocidades inhumanas que inventaban para vehicular su voracidad vesánica, se desprendieron de su halo mefistofélico para investirse de ínfulas inmerecidas de arrogante respetabilidad farisea.

La chiquilla quedó tendida, sola, cual pingajo sucio y manoseado, incapaz de moverse, ni de proferir palabra, como si con el ultraje de su cuerpo los agresores se hubiesen apoderado también de su voz desgañitada.

Aníbal la observó durante las dos horas que permaneció en aquel sórdido matadero, sollozando, con su semblante mundano y trivial, anegado por las lágrimas.

Su cuerpo enjuto temblaba, como un junco mecido por la brisa. Aquello había ocurrido en la sierra, hacía ya más de 15 años.

No la había ayudado, sólo era un niño algo pusilánime sobrecogido por el turbión de la ferocidad asoladora de los seres humanos contemplado en sus facetas más monstruosa y degradada.

Aún recordaba su largo pelo rubio, veteando de finas hebras onduladas su faz humedecida y distorsionada por el espanto. Eran sus pelos como un velo que cubre la desnudez, o un rostro poco agraciado que se oculta por pudor.

Desde ese día había sido succionado por la intensidad de aquel instante, reteniéndolo, cautivo, reviviéndolo con una mezcolanza de fascinación y repugnancia.

Desde entonces se sentía hechizado, embriagado, adicto a la obsesión del observador alienado; esclavo del recuerdo, evocando la desdicha de la plañidera colegiala, devastada por cinco energúmenos encapuchados y hercúleos como titanes.

En Marta había encontrado su reverso perfecto; la mitad pútrida de la manzana que le complementaba. Ella disfrutaba del mercadeo que la denigraba a la nefanda condición de baratija intercambiable en manos de hombres rijosos, sin escrúpulos ni moral.

Ella le permitía mirar, espiarla a hurtadillas clandestinamente, mientras se retorcía desbocada, o gemía convertida en marioneta contorsionista, o cuando se convertía en piel fustigada y en carne expositora profanada y vejada.

Escondido tras las paredes o los murales de un salón, oculto como un espectro en el interior de un armario o bajo apaleados somieres, invisible tras la puerta contigua de un dormitorio, Aníbal volvía a ser aquel chico medroso que fuese testigo de una brutal violación.

Marta rozaba el éxtasis con hombres de identidades anónimas, sabiendo que él estaba cerca, mirando, como un mirón apadrinado, convertido en lascivia reprimida y pasión coagulada, prisionera en las mazmorras del deseo.

Su relación consensuada se gobernaba estrictamente por unos dogmas y preceptos inquebrantables:

Aníbal jamás podría participar en las sesiones de doma y masoquismo a las que ella se entregaba con diligente docilidad, como sierva sumisa que pretendía ser para sus amos; dueños de su cuerpo, de su mente y hasta de su vida.

Tampoco lo pretendía porque su naturaleza era pacata y apocada. Su fruición emanaba de la estática observación, como un centinela de barro o una efigie de hielo apostada en un rincón que sólo pudiese mirar con vidriosos ojos inertes.

Aquellos privados espectáculos sicalípticos de pletórica voluptuosidad y afrodisía, le mantenían proyectado en el pasado, encendido como faro a medianoche, excitado y fascinado, vibrátil como una antena receptora de estímulos lujuriantes.

El marqués No penetró a grandes zancadas en la sórdida sala de tortura, rebufando como bestia encolerizada. Su aspecto, torvo y despiadado, le confería un halo tenebroso de verdugo medieval que disfrutase con la execrable comisión de infligir dolor.

Tenía el torso desnudo, fofo y acolchado, como una almohadilla revenida. Su envergadura se asemejaba a la de un rinoceronte. Sus piernas eran achaparradas, y la testa, calva y ovoide, se arrellanaba indolente sobre el pecho ante la ausencia de un cuello robusto que la sustentase.

El remozado y maloliente habitáculo del garaje, convertido en calabozo medieval, estaba paupérrimamente alumbrado por un único fluorescente parpadeante que pendía de un techo sucio como tarántula mutante.

En el suelo se habían formado numerosos charcos de aceite, que a Aníbal se le antojaron regueros de sangre de reyerta entre clanes enemigos.

Marta oscilaba en el techo, suspendida boca abajo, como res sacrificada. Si bien su semblante dimanaba una expresión de beatitud estática, como si estuviese en medio de un trance de trasvase espiritual, su exuberante y desnudo cuerpo era como un pergamino de moratones y tumefacta piel bermeja supurante. Sólo su rostro permanecía incólume al sádico castigo del troglodita torturador.

Aníbal se removió inquieto, tras un bastión de bidones al apercibirse del sufrimiento que soportaba su aliada exhibicionista. Eran evidentes las trazas que habían dejado en su piel los latigazos que aquel inmisericorde le infligía con innecesaria brutalidad.

Marta aullaba de dolor con cada bofetón o zurriagazo con varas de metal, de madera o de plástico inflexible.

Sin embargo, no mutaba su expresión de sumisión y anuencia. Su cuerpo temblaba, oscilaba, sostenido por gruesa maroma que laceraba tobillos y muñecas de la muchacha.

Sus piernas estaban tan separadas y tan abiertas en un ángulo forzado, que parecía que se fuesen a romper en cualquier momento.

El marqués de No la miraba, complacido. Se relamió los labios, como si contemplase los platos humeantes de un menú extraordinario dispuestos ya sobre la mesa de un refectorio.

Se acercó a una mesa, sobre la que reposaba un magistral arsenal de cachivaches eróticos de dimensiones inconcebibles y formas de lo más extravagantes y originales.

Dejó una ristra de bolas de plástico duro, engarzadas en una respetuosa alineación a través de un cordel, y cogió un singular artefacto mecánico con dos tentáculos metálicos que al juntarse producían sobrecogedores chispazos.

Aníbal se temía lo peor y sintió como el gaznate se le constreñía, presa del pavor y la excitación.

El marqués de No manipuló con sus dedos de carnicero la tórrida cavidad pélvica de su abnegada sierva. Marta se retorció de placer... y entonces, inopinadamente, aplicó una pequeña descarga.

Aquellos elongados brazos metálicos picotearon su piel produciendo unos chasquidos de tormenta en ciernes, fabricando chispas azules y verdosas que parecían avispones eléctricos.

Allí donde su cuerpo se mostraba rebosante, proyectaba el artefacto su ira, aguijoneando, atormentando, mortificando con incisivas dentelladas.

Allí donde aquellas descargas eléctricas desencadenaban sufrimiento y convulsiones, la piel quedaba tumefacta, carmesí como sanguinolento coágulo.

Isabel comenzó a balbucear entre sollozos terribles; lloriqueaba como aquella chiquilla adolescente vejada en el matadero abandonado.

No podía soportarlo, tenía que ayudar a su amiga. La sesión de sadismo extremo estaba yendo demasiado lejos. No podía permitir que la matara. Marta sufría terriblemente.

Aníbal salió de su escondrijo vociferando mandatos imperativos como un jefe implacable. El marqués de No lo contempló con lástima, socarrón y presuntuoso.

Le dejó avanzar, le permitió que representase su papel de súper héroe al rescate de su princesa arrebatada.

Aníbal pudo vislumbrar un segundo el rostro de Marta. Lo que descubrió en sus ojos, sin embargo, no fue agradecimiento ni empatía, sino enojo, vergüenza y decepción.

No lo comprendía. El marqués de No pretendía desgarrarla como si fuese un becerro sacrificable, y ella, por algún motivo, parecía satisfecha, feliz, anhelosa por seguir con su martirio voluntario.

Esos instantes de vacilación y suspenso los aprovechó el torturador para atenazarle con sus poderosas manos y propinarle un puñetazo espantoso en el estómago.

Aníbal se quedó en el suelo arracimado, como un ovillo de lana, tosiendo, resollando con dificultad. Trató de levantarse, escapar de aquel santuario de dolor y depravación, pero el marqués de No volvió a inmovilizarle con sus brazos duchos en la liza.

Los tentáculos eléctricos le reventaron la espalda, simplemente con una sola descarga, aunque portentosa.
Cuando abrió los ojos, mareado, exhausto, se apercibió horrorizado de que pendía de un gancho, boca abajo, desnudo, a merced del carnicero...

Marta le espiaba tras la barricada de bidones, fascinada, expectante y orgullosa de su amo...


El marqués de No hizo restallar en el suelo un pavoroso látigo de cuero, se relamió los labios y descargó el primer correazo


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Re: MI BLOC, QUE NO BLOG

Mensaje  achl el Lun Jun 26, 2017 7:48 am





Encontré lo que necesitaba


Le conocí una noche en que después de mucho tiempo decidí darme una garbeo, pues, divorciada ya cinco años y sin haber catado macho desde entonces, estaba necesitada de sexo. Según me dijo mi amiga Martina, él era un chico que tenía treinta años, que estaba buenísimo, que le iban las maduras, como yo, y que trabajaba de camarero en un bar de copas, el mismo bar que ella misma me recomendó visitar. No bien me senté en un taburete de una esquina de la barra del bar, enseguida me percaté de que ese camarero no me quitaba ojos de encima


Desde la otra esquina, se me acercó:

____Hola. ¿Qué te sirvo? -dijo, sonriendo.
____Hola. Una cerveza sin vaso, por favor -sonreí también.
____Marchando.

No pude ni quise evitar seguirle con la mirada. Su ojos eran de ensueño. Vestía una camiseta tan ceñida que se le marcaba el torso, y su culo y su paquete en los vaqueros... ¡¡madre mía! Ya lo imaginaba desnudo.

Me trajo la cerveza y me fijé detenidamente en él... ojos verdes pícaros. Labios carnosos. '¿Cómo besará?', pensé. Y todo esto sin contar que olía a gloria. Pues sí, era un tío realmente hermoso.

____Gracias -dije e hice un círculo con el pulgar e índice de la mano en el cuello del botellín, para luego llevarme el dedo a la boca, como calculando el grosor de su...
____De nada -y sonrió observando atentamente mi gesto.
____¿Podrías darme la hora? -le pregunté de pronto.
____A ti te doy yo lo que tú quieras -respondió, insinuante.
____¡Vaya! -exclamé, aparentemente serena.- Digamos que por ahora sólo quiero la hora -y llevé otra vez el dedo a la boca
____Las las doce menos cinco -sonreía, haciendo alarde de sus perfectos y blanquísimos dientes.
____Gracias -y le miré enarcando una ceja.

No soy de esas que hablan con un chico y se insinúan. Pero con aquel no sabía lo que me estaba pasando. Lo cierto es que desde que le vi me puse cachonda perdida. Pasé rato mirándole y él y sonreía, como presumiendo. Pasados unos minutos le hice una seña para que me trajese otra cerveza. Y me la trajo, y esta vez me la puso en la mano.

____Toma, y bien helada para mi guapa señora. ¡¿Deseas algo más?!

Hacía cierto énfasis en ese 'algo más', como si estuviese ofreciéndose él también. Pero qué delicioso sería ese 'algo mas'. De sólo pensarlo, empezaba a sentir un cosquilleo desde mis pechos hasta mi entrepierna.

____Pues sí, quiero algo más: una canción -él hacía las veces de DJ-: una que te guste a ti. Pero yo la prefiero de Malú.
____Oh, me encanta Malú -dijo mordiéndose el labio.
____Y a mí también.

Me sentía atraída por él, y al verle morderse el labio, mi imaginación se ponía a volar hasta verle a él mordiendo mi cuello y... a mí entera.

Súbitamente, me entraron ganas locas de hacer pis. Sentada ya en la taza miré mi tangas y vi que estaba mojado, corroborada esa humedad por el clinex que después de orinar pasé por mi vagina.

Al acabar y salir, allí estaba él, refrescándose la cara. Se vino hacia mí y me hizo entrar otra vez al habitáculo de váter. Cerró la puerta por dentro y luego se abalanzó sobre mí. Mordió mis labios, al tiempo que deslizaba su mano desde mis senos hasta mi sexo. Luego la metió cual cuña dentro de mi tangas, frotando mi mis labios menores. Yo temblaba entera. Pero tampoco me quedé quieta. Llevé mi mano a su bragueta y, tocando por encima, notó lo dura que estaba. Le quité el pantalón y el slip, cogí su pene y empecé a masturbarlo. Él me empujó suavemente hasta quedar sentada sobre el váter. Ya allí, me metí su pene en la boca y lo lamí sin parar. Gemía y me miraba con sus pícaros ojos verdes. Gozaba yo tanto como él, y el hecho de saber que estábamos en un lugar público y que de pronto alguien llamase a la puerta, me excitaba más aún.

Me cogió entre sus brazos, me besó y me mordió el cuello. Bajó las manos y apretó mi trasero contra sí. Podía sentir su miembro empalmado e hirviendo en mis nalgas. Lo besé apasionadamente, metiendo la lengua por todos lados de allí abajo. Subió sus manos a mis caderas y luego las llevó de nuevo a mi trasero. Me quitó el tangas y me dijo:

____¿Te penetro? Eso es lo que querías, ¿no?
____¡Sííííí! ¡Pero ya! -cogí sus piernas y las aprisioné contra mí.

Me puso de espaldas, quedando frente al espejo y apoyada al lavabo. De pronto, metió en mi jaula su canario, empujando con fuerza, a la vez que pellizcaba mis mamelones. La excitación de ambos era bestial...

____¡Empuja con más fuerza, vamos!

Se inclinó más y casi me atraviesa su dura¡o, largo y grueso miembro. Sentí un dolor y un placer deliciosos al empujar con violencia. Me penetró más fuertemente y sentí un estremecimiento en todo el cuerpo, y ya hasta rugía.

____¡Hazme tuya cuántas veces quieras! ¡En este momento soy toda para ti! -le decía mientras golpeaba el lavabo, llevada por la adrenalina del placer.

Rugíamos en nuestro orgasmo al unísono. Pero poco antes tuve yo sola dos seguidos. Pude sentir un reguero que bajaba por mis piernas, cuyas temblaban como si fuesen papel. Después, metió dos dedos en mi vagina y los llevó a mi boca. Ansiosa por mi excitación, los besé y los lamí con desespero. Luego, él se puso el slip y el pantalón y yo me subí el tangas.

Me cogió de nuevo contra sí, me besó y me dijo:

____Lo haces de puta madre y me has hecho una felación de campeonato. Que sepas que me encantó conocerte.
____Y a mí también me encanto conocerte. Maravilloso fue disfrutar juntos.

Abrió la puerta y salió, como si nada. Y yo le seguí. Ya me había olvidado del mundo. Salí nueva y con ganas de repetir. Y se lo hice saber 'durante y después', con su visto bueno y diciéndome: 'cuando quieras, ya sabes dónde estoy, cómo la tengo y cómo te trabaja'.

En los ojos se veía que estaba feliz. Pero cansada y dolorida porque hacía mucho que no hacía el amor. Y asustada también por lo que acababa de hacer: 'lo hice' con un extraño, del que ni siquiera sabía su nombre, aunque no me había importado eso mientras estábamos en 'plena faena'.

Ya en la barra, le hice una seña. Vino hasta mí velozmente.

____Dime, mi guapa señora -dijo con una voz tan pícara como sus ojos.
____¿Qué te debo? -dije sin expresión alguna, ya que no quería marcharme, pero tenía que irme ya.
____Nada. ¿Por qué te vas? ¿Algo te molestó? -preguntó, meloso.
____No. Todo lo contrario. Sólo que se me ha hecho tarde y mañana tengo que madrugar -respondí-. ¿Pero cómo es que no debo nada?
____Gentileza de la casa. Dame tu número de móvil. No te permito que te vayas sin dármelo. Por cierto –alargó su juguetona mano, esa misma que poco antes me había hecho de todo-. Gusto en conocerte. Me llamo José.
____Y yo Mónica, y mi número te lo daré en otra ocasión
____¿Nos volveremos a ver?
____Puede... -respondí en un tono interrogante, con idea de que no se le subiesen demasiado los humos, aunque por dentro me moría por devorarle de nuevo.
____Si no quieres verme más, tú te lo pierdes -y se fue a atender a una clienta que, por su aspecto y por la edad que debía tener, sería una madura como yo, en busca de sexo.
____Adiós –le dije como única respuesta.

Y cogí mi bolso y me fui de aquel bar de copas, con urgencia por salir a la calle para contarle mi amiga, vía móvil, cómo me había ido 'la pesca'.

Y mi amiga me respondió que sabía muy bien como era José, pues ella se lo había tirado varias veces, cosa no me dijo cuando me recomendó que fuese a ese bar, la muy zorra.


De acuerdo. 'Me lo hice' con José, pero por pura necesidad, y además con la intención de 'hacérmelo' de nuevo con él, no bien me apeteciese. Pero entre mi amiga y yo había una significativa diferencia: yo estaba divorciada y era una mujer libre, y ella permanecía casada


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Re: MI BLOC, QUE NO BLOG

Mensaje  achl el Mar Jun 27, 2017 12:25 am



Las verdades siempre duelen

____Dime la verdad -le pidió ella.
____No.
____Venga, dime la verdad. Dime qué piensas, sincérate conmigo.
____¡Te he dicho que no! ¿Estás sorda?
____No, no estoy sorda. Y si sigues insistiendo en no decir la verdad, te puede acarrear algo malo para tu vida. Tú verás.
____Pues eso. Yo veré.
____¡Eres imposible!
____Soy como soy y siempre fui así.
____Eso no es cierto. Has cambiado desde que te conocí.
____Seguramente no supiste estudiarme entonces.
____Ya, ya...


Conoció a Virginia cinco años atrás, se la había presentado un amigo. Esa misma noche hablaron de directores, productores y de actores y actrices de cine. También hablaron de la película 'El Padrino', cuya no había visto ella y él, sonriendo, pensó que no se podía ver todo.

Él le contó una anécdota de cuando lo echaron de la clase de catequesis a los doce años, 'simplemente' por decir, e incluso en voz alta y repetido, que Dios estaba loco y que jugaba a matarnos a todos los humanos. Ella rió tan sonoramente que su carcajada se elevó sobre la música del lugar, en donde se encontraban.

Tenía una risa linda y cuando reía se le veían los dientes blancos, un poco separados. Era bonita, y esos pequeños defectos, como lo de los dientes o las rellenas redondeces de su cuerpo, si defecto se puede llamar, era lo que la hacía más atractiva aún.

De las guapas humanas, las que no salen en las portadas de las revistas, las que destacan en los colectivos de la facultad, cuando te cruzabas por la calle con ellas, te enamorabas a primera vista.

Una semana más tarde, estaban los dos solos en el piso de él. No pasó nada, nada en cuanto a sexo se refiere. Ella estaba comenzando a salir con un chico y le dijo que no quería ser infiel.

Al poco tiempo, el vínculo parecía ir afianzándose, y se veían casi todos los días. Iban juntos al cine, a pasear, a tomar copas, y algunas noches ella se quedaba a dormir en su casa.

El novio de ella lo entendió con el paso del tiempo. Él siempre pensó que le tildaban de puto porque no dejaba de joder. Apenas una vez, estando los dos medio borrachos, él intentó revancha, pero las cosas se pusieron feas enseguida, y por eso acababa conformándose con dormir abrazados y, si acaso, masturbarse a la mañana siguiente.

Los siguientes tres años, deambuló por disímiles trabajos y por distintas mujeres, redactando cuentos para revistas, escribiendo ocasionalmente en algún diario, y, de vez en cuando, salía con alguna chica que conocía, pero terminaba en una relación que no iba a ninguna parte, aunque muy raramente se lo contaba a Virginia.

Pasado un tiempo, se mudó a Madrid, a participar como editor de prensa en un periódico de la capital, y el contacto entre ellos se mantuvo por e-mail. Odiaba el e-mail. El e-mail era para ella: 'no quiero ver tu cara', 'no quiero escuchar tu voz', 'se presta a equívocos y malos entendidos'. Pero no quería perderla y, ocasionalmente, le mandaba fotos de sus viajes. La mantenía al corriente de algunos asuntos, y siempre le preguntaba cómo le iban las cosas.

La noticia le llegó un día entre propaganda de todo tipo, habiendo una de Viagra, que ofrecía ofertas milagrosas que prometían alargar el pene. Ella había terminado la relación con su novio, por lo que estaba sola y libre, y se lo contó a él. Le estaba proporcionando la vía que nunca le había dado años atrás. Ella viajó a Madrid durante una semana.

____Nunca digo lo que pienso. Eso lo aprendí de 'El Padrino'.
____¡Basta con 'El Padrino', siempre hablas de lo mismo!
____Está todo ahí -dijo, sin apartar la vista de su refresco.
____Está bien. ¿Por qué no quieres hablar? ¿Tienes quizá miedo de que se rompa nuestra relación de amistad? ¿Es eso?
____No, no es eso. A nadie le gusta que le digan la verdad. Y a ti tampoco te va a gustar.
____¡No puedes ser tan frío conmigo, Simón! ¡Somos amigos desde hace ya seis años!
____Cinco -corrigió él.
____Bueno, eso es lo mismo. Somos amigos desde hace cinco años. ¿No confías en mí?
____Supongamos que te digo... ¿cómo saber que es verdad?
____Porque me conozco y te conozco.
____No me conoces tanto. Sólo lo que yo dejo que me conozcas.
____¿Para qué me vas a mentir?
____Para no decirte la verdad. Es más fácil mentir. Deja más tranquila a la gente decirle lo que quiere escuchar.
____Estas diciendo tontería. Siempre es preferible ir de frente por la vida. Sincérate. No tengas miedo. Yo sé que dentro de ti hay un ser sensible y amoroso esperando salir a la luz.
____De acuerdo -respondió él cogiendo impulso para lo que venía luego. Le pareció sentir la ansiedad en los ojos de Virginia.

Al fin, cogió aire y le dijo:

____¡Eres muy falsa!

Virginia quedó en silencio. Un comando de desilusiones había demolido prolijamente todas sus expectativas con respecto a las charlas que ahora caían como un rascacielos en plena implosión, dejando apenas rescoldos, polvo y escombros de lo que había antes.

____Sí, no te creo nada. Quieres ser la amiga de todos, pero después me cuentas que no te fías de nadie, y es muy probable que tampoco te fíes de mí. Simplemente, te doy el mismo lugar que tú me das. Disfrutamos las mismas cosas, eres ingeniosa y muy graciosa, me haces reír, y eso es muy difícil de encontrar en una mujer. Por eso te quiero carca, pero no te quiero como amiga. Nunca terminaste de conceptuarme. Algunas veces pienso que no sabes quienes son tus verdaderos amigos, o, al menos, no los valoras. El mismo cariño que me demuestras a mí, se lo demuestras a cualquier otro, sin importarte quien sea o que te caiga bien. Jamás puedo saber qué es realmente lo que piensas de cada persona. Nunca vi que te la juegues por alguien.
____¿Por qué me dices esto? Yo te quiero muchísimo, siempre fuiste como un hermano para mí.
____No sé....
____¿No sabes qué?
____Que no sé si me quieres, y tampoco sé a quién quieres realmente.
____¿Cómo no te voy a querer? ¿Me estás jodiendo?
____No. Nada de eso. Tú querías la verdad. Te avisé.
____Sí, pero…
____Siempre quieres caer bien a todos. Todos son como hermanos para ti. Y conmigo hiciste lo mismo; querías caerme bien y lo lograste, pero no te quiero realmente. Te acepto como eres. Me haces reír, hablamos durante horas de cine, música, libros..., de lo que sea, y siempre he mantenido la ilusión de que iba a acabar llevándote a la cama. Pero no eres mi amiga. Y no te quiero. Mis amigos son auténticos.
____No esperaba esto de ti...
____Ya lo sé. Por eso no digo lo que pienso. Está en 'El Padrino'.
____¡Y dale con 'El Padrino'! -gruñó entre dientes, visiblemente enojada.- Pero, ¿sabes algo? Me importa una mierda 'El Padrino'.

'¿Cómo no va a ver el Padrino?' Pensó él, y le dio otro sorbo al refresco.

____¿Por qué hablas así? Tantos años que nos conocemos, todo este viaje que me hice hasta aquí para verte. Y ahora sales con esto.
____Te lo dije, te quiero cerca, me diviertes. Si tengo que dividir el mundo entre la gente que me gusta tener a mi alrededor y la que no, quedas de la segunda parte. No es tan importante e incluso necesario que te quiera, estás sobredimensionando esta relación.
____Venga, paguemos ya y a casa -añadió.
___Escúchame -dijo ella, y pensó un rato. Él levantó la vista y la miró. Era muy linda cuando se enfadaba. Despeinada y alterada le gustaba todavía más, que ya era gustar.

Finalmente, ella volvió a abrir la boca.

____¡Eres un imbécil, Simón! -y salió del bar dando un portazo.


Simón quedó pensando reclinado en la silla, haciendo crujir la madera. Pidió la cuenta al camarero. 'Encima ni pagó su parte', se dijo a media voz. 'No tiene códigos. Y eso le pasa por no ver 'El Padrino', pensó


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Re: MI BLOC, QUE NO BLOG

Mensaje  achl el Vie Jun 30, 2017 9:40 am





Celebrando las bodas de oro


____¡Cállate ya, Maruja!
____¡Cállate ya! ¡Cállate ya! ¡No sabes decir otra cosa, Arturo!
____¿Con qué hiciste estas galletas? -preguntó él-. ¿Con cemento?
____Si te pusieras la dentadura. La que guardas en un vaso con ginebra. Deberías ponértela en vez de beberte el alcohol -replicó ella.
____La ginebra desinfecta. Algo necesario, si pienso en como cocinas.
____Cocino mejor de lo que te mereces -dijo ella remojando una galleta en té-.
____Arturo, ¿recuerdas cómo se 'hacía'? Eso revitaliza -dijo de pronto.
____¡Eres una vieja erótica?
____¿Vieja yo, jajaja? Para que lo sepas, ayer me dijeron que tengo cara y cuerpo de veinteañera.
____Quien te lo dijo, mejor que se ponga gafas.
____¡Mira el príncipe hermoso! Lo más joven que tienes son las pantuflas, y te las compré yo hace 40 años.
____Fue la última vez que me sacaste pasta para hacerme un regalo -dijo él y se quemó los labios-. ¿Qué le pusiste a mi té? ¿Lava?
____El té es lo único caliente en esta casa.
____Debí hacerle caso a mi padre y no casarme contigo. En mi juventud, volvía locas a todas las mujeres. Podía elegir a la que me diese la gana y fíjate la que elegí...
____¿Tu padre? Otro borracho -ella sopesó una galleta y la dejó caer en la mesa-. Bien que me perseguía por los pasillos de la casa.
____Mi padre iría detrás tuya para recuperar su billetera.

Arturo sopló el té y bebió un sorbo.

____Como si hubiese tenido dinero. ¡Era tan tacaño como su hijo!
____¿Tacaño yo? Si recuperase el dinero que te gastaste en tratamientos de belleza, ahora sería más rico que Amancio Ortega.
____Ese sí que es un hombre emprendedor, no como tú, que siempre has sido un fracasado.
____Pues este fracasado -dijo irguiéndose-, te hizo suspirar.
____Suspiraba para no gritar por tus pisotones. ¿Quién te enseñó a baila? ¿Quasimodo?
____Mira por donde tú me lo recuerdas con esas máscaras faciales que te pones por las mañanas. Aunque en realidad las prefiero. No sabes lo que es despertar y verte.
____Sé lo que es despertar y verte. No creas que es fácil sin bisoñé y sin dientes, parece que estoy viendo una momia en mi propia casa.
____Es el lugar más apropiado para un vejestorio como tú.
____¿Apropiado? ¿Llamas apropiada a esta pocilga inmunda?
____Si te ocupases en limpiar de vez en cuando...
____¿Y arruinar la piel de mis manos? ¡Vete a la porra, viejo loco!

Arturo se sacó medio cigarrillo de detrás de la oreja y lo encendió.

____¡Ah, ¿pero te queda piel ahí?! Vaya, no dejas de sorprenderme.
____Hay hombres de verdad que me consideran una belleza.
____¿Sí? Lo difundiré por ahí para que se rían.
____Arturo, ¿por qué no nos vamos de vacaciones?
____¿Nosotros dos?
____Claro, una semana solos.
____Estupendo. Yo iré a la sierra. ¿Y tú?
____Pensaba en una segunda luna de miel.
____Tu sadismo no conoce límites, Maruja.
____Podríamos visitar a mis hermanas.
____Eso me gusta, hace años que no entro a un burdel.
____Eres insufrible. Y pensar que muchos años atrás me había ilusionado contigo...
____Con mi dinero, querrás decir.
____En el bosque hay musarañas con más fortuna que tú.
____Ya lo creo. Ni te conocen. Eso sí que es fortuna.
____Todo esto es por culpa de mi vieja hada madrina.
____Lo mismo digo. ¿A quién se le ocurre darte zapatos de cristal?


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