Se llama copla democrático

MI BLOC, QUE NO BLOG

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Re: MI BLOC, QUE NO BLOG

Mensaje  achl el Vie Jun 30, 2017 10:59 am





Entrégate

Tumbada en una solitaria playa de fina y blanca arena, sólo escucho el sonido de las olas llegando a la orilla…

Respiro profundamente. El olor me embriaga. Siento en mi piel el calor de los rayos de sol que me acarician, y cómo la brisa marina envuelve todo mi cuerpo. Mis pezones reaccionan, se ponen duros y erectos... El contacto con la tela del bikini hace que se estremezcan. Es un dolor leve y placentero.

Mis ojos permanecen cerrados. El sol quiere que así sea. El resto de mis sentidos se activan y están alerta.

De pronto, noto algo. ¡Me están tocando! Me asusto y quedo paralizada. No me atrevo a abrir los ojos. Una mano cálida y fuerte está acariciando mis muslos, presiona y poco a poco recorre todo mi cuerpo. Se para en mis pechos, los masajea. ¿Estaré soñando? No quiero despertar... ¿Pero quién eres? Unos labios se me acercan... me callan, me besan. Son labios carnosos, y sabios también. Quiero morderlos. Mi piel reacciona, se eriza y sigue en alerta. Siento calor, pero esta vez de mi interior. Soy un volcán en erupción….

Ahora dos manos adaptan mi cuerpo, y un miembro viril me penetra con suavidad...

Una boca se acerca a mi oído y me dice a sovoz:


Entrégate, que vamos a enjugar juntos el presente del indicativo del verbo gozar


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achl

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Re: MI BLOC, QUE NO BLOG

Mensaje  achl el Lun Jul 03, 2017 1:29 pm



Vente a mi boca [/b]


Para muchas chicas tragarse el semen de su pareja tiene un componente muy erótico. Otras, quieren hacerlo para saber a qué sabe y a qué huele. Algunas otras desean vivir la sensación de recibirlo en la boca o la cara y de tragarlo en el momento en que el hombre eyacule. Para otras, es una de las mayores manifestaciones del poder erótico femenino por haberla excitado hasta el extremo de que el semen sería como una recompensa. Para muchas otras, no es una práctica deseable. Y aunque se exciten por hacerlo, recibir semen en la boca y tragarlo luego, no es algo que estén dispuestas a hacer.

Otras saben que para muchos hombres es una de sus mayores fantasías sexuales, así que quieren descubrir cómo tragar semen.

Muchas se preguntan qué le generará al hombre ver que la mujer recibe y traga su semen: para los que le gusta, un enorme placer, pero se debe matizar que la sensación no es física, pues después de eyacular no desea sentir eretismo en el pene, pues es algo psicológico. Descubrir el nivel de erotismo al tragarlo, es sumamente erótico. Para otros, puede poseer un componente de dominación o perversión. Y hay para quien es una simple forma de sentir la posesión que tiene de la mujer.

Pero, cuidado. No todos los hombres buscan hacer este tipo de prácticas. Puede que quieran experimentar, pero no precisamente con la madre de sus hijos, sino con putas. Por eso la mujer tiene que ser inteligente: con algunos podrá hacerlo, pero no con otros, aunque ella lo desee.

Así que la clave es determinar si es algo que les gustaría experimentar o no. Y luego acordarlo con la pareja, si hay el potencial en que él lo desee y quiera experimentarlo la mujer.

Lo que debe saber es que esta práctica sin protección deja puerta abierta a transmisión de enfermedades venéreas. Es por esto que lo aconsejable es que se practique sólo con quién ella sepa que está sano.


[b]Tres pasos claves que pueden servir a las mujeres que quieran experimentar el tragar semen


1 Condiciones previas a que acabe en la boca

Muchas chicas desean proporcionar un buen sexo oral; en realidad, una gran mayoría de mujeres está dispuesta a hacer una felación, siempre y cuando no sea forzada ni vaya más allá de lo que su ritmo y su garganta puedan tolerar.

Existen hombres que, perdidos en el deseo y la fantasía, pasan por alto la capacidad particular de cada mujer para llegar más o menos lejos con la profundidad al realizar sexo oral, presionándolas por llegar más lejos e introducirle todo el pene en la boca.

Igual ocurre con la eyaculación en la boca. Para muchos hombres es una de sus mayores fantasías; así que si no le avisas antes de empezar cuál es el límite y la tolerancia en el sexo oral, entonces lo más seguro es que él no pregunte y que simplemente vierta en la boca. Incluso que mienta diciendo que fue repentino y que no lo pudo controlar.

En la práctica del sexo oral, la mujer tiene que tener el control del grado de profundidad y de permitir o no que derramen semen en su boca. Si es la primera vez, debe estar mentalizada a la vez que decírselo al hombre. De esta forma puede sacar el semen de su boca poniéndolo en un clinex, sin que sea motivo de que el hombre se sienta ofendido.

La mujer le está avisando. Además, le está demostrando su confianza por hacerle a él sexo oral, y esto debe hacer sentirse bien. A ningún hombre le gusta que anteriormente otro hombre haya vaciado semen en la boca de la mujer a quien va a besar en el discurrir de una sesión de sexo. Así que esto es simple: si es la primera vez, que se lo diga; y sí no, que no lo mencione y simplemente que lo haga.

2 Al venirse en la boca

Algunos hombres sueltan un lubricante pre-eyaculatorio. Y si la mujer no está familiarizada con esto, puede creer que se trata de semen. Pero no es así. Su consistencia es diferente, es transparente y puede ser emitido en grandes cantidades.

Llegado el momento en que el hombre eyacule y lance semen en la boca de la mujer, debe ser consciente con lo que previamente hayan decidido. Si lo va a escupir que lo haga discretamente. Lo que no es recomendable es que primero se haga la valiente y que genere a él una expectativa de correrse en su boca, y que al final haga gesto de asco y lo escupa. Eso le va a producir, tal vez, un mal momento, y a la mujer también.

3 Cómo tragar el semen del hombre

Si quiere saber cómo tragar semen debe llegar mentalizada al encuentro, y cuando lo reciba en la boca, deglutirlo. Si es la primera vez es mejor no retenerlo mucho tiempo en la boca y en la lengua; es decir, puede tratar de no saborearlo, tragándoselo enseguida. Si no genera asco o malestar, entonces es recomendable que empiece a identificar el sabor del semen, para así tratar de descubrir si le gusta o no.

También debe tener presente que no sea el sabor lo que desagrade, sino el olor. De hecho, sabor y olor, pueden ser agradables o desagradables o uno puede gustarle y el otro no. Las dietas y otros hábitos, como fumar o beber alcohol, pueden cambiar el sabor y el olor del semen. Pero puede ir experimentando para identificar cómo agrada más.

Un truco: si dificulta tragarlo las primeras veces, que se deje una bebida a la mano que pueda tomar inmediatamente después de haber ingerido semen. Sólo hay que acordarse de beberse la bebida, y la mujer no debe correr al atragantarse pues rompería en pedazos la fantasía del hombre. También podría ir a enjuagarse.

Otra recomendación es que para una mayoría de hombres el saborear su propio semen no es fantasía, así que la mujer no se precipite en besarle inmediatamente después de la descarga. Si él no le dijo lo que deseaba, entonces que ni lo intente, mejor que le diga que le entraron repentinas ganas de hacer pis y aproveche para lavarse bien la boca.

Si la mujer le ha explicado previamente las condiciones, no habrá ningún problema; está experimentando y aprendiendo, así que lo importante es que se sienta en confianza, sin presión y que él la ayude en el proceso. Si el hombre no es tonto, se verá complacido por ir respetando los límites y las condiciones de ella. Y esto debe hacerlo, porque estará deseando que supere la primera experiencia y así seguir disfrutando en adelante.

Recomendaciones para las amantes experimentadas

Si quieres ir más lejos y ser una puta en la cama, o si ya eres una mujer más experimentada, puedes intentar algunas modalidades para tragarte el semen del hombre. Pero no debes olvidar que lo que para unos puede ser una fantasía erótica que quiere vivir contigo, para otros pueden verlo como algo pervertido o degenerado.

Una forma ardiente es que se venga en tu cara y que luego lo tragues. Y para eso puedes experimentar dejando que eyacule en tu cara, teniendo la boca abierta. Otra opción es con la lengua fuera o con la boca cerrada para luego usar los dedos y recoger el semen y llevártelo a la boca. Igual puedes hacer si se corre en tus senos o en otra parte de tu cuerpo.

Te recomiendo evites que caiga semen en tus ojos, ya que el tejido de la córnea está expuesto a transmisión de enfermedades venéreas. Y si esto fuese poco, te va a quemar muchísimo.

Y otra forma intensa es que eyacule en tu garganta. Pero para eso tienes que tener un perfecto dominio de la llamada garganta profunda; es decir, de la penetración del pene hasta tu garganta.

Pon cuidado si quieres experimentar esa forma de tragar semen, porque te puedes atragantar. Es necesario que antes lo hables con él para que se esfuerce en controlar los espasmos de su cuerpo en el momento de correrse en tu garganta. El pene estará profundamente en tu garganta y además estará eyaculando, por lo que debe tener un control de su pene para evitar problemas.



El estar tremendamente excitada, ayuda a la mujer a recibir semen en la boca y luego tragárselo


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Re: MI BLOC, QUE NO BLOG

Mensaje  achl el Mar Jul 04, 2017 7:01 am



Vente a mi boca


Para muchas chicas tragarse el semen de su pareja tiene un componente muy erótico. Otras, quieren hacerlo para saber a qué sabe y a qué huele. Algunas otras desean vivir la sensación de recibirlo en la boca o la cara y de tragarlo en el momento en que el hombre eyacule. Para otras, es una de las mayores manifestaciones del poder erótico femenino por haberla excitado hasta el extremo de que el semen sería como una recompensa. Para muchas otras, no es una práctica deseable. Y aunque se exciten por hacerlo, recibir semen en la boca y tragarlo luego, no es algo que estén dispuestas a hacer.

Otras saben que para muchos hombres es una de sus mayores fantasías sexuales, así que quieren descubrir cómo tragar semen.

Muchas se preguntan qué le generará al hombre ver que la mujer recibe y traga su semen: para los que le gusta, un enorme placer, pero se debe matizar que la sensación no es física, pues después de eyacular no desea sentir eretismo en el pene, pues es algo psicológico. Descubrir el nivel de erotismo al tragarlo, es sumamente erótico. Para otros, puede poseer un componente de dominación o perversión. Y hay para quien es una simple forma de sentir la posesión que tiene de la mujer.

Pero, cuidado. No todos los hombres buscan hacer este tipo de prácticas. Puede que quieran experimentar, pero no precisamente con la madre de sus hijos, sino con putas. Por eso la mujer tiene que ser inteligente: con algunos podrá hacerlo, pero no con otros, aunque ella lo desee.

Así que la clave es determinar si es algo que les gustaría experimentar o no. Y luego acordarlo con la pareja, si hay el potencial en que él lo desee y quiera experimentarlo la mujer.

Lo que debe saber es que esta práctica sin protección deja puerta abierta a transmisión de enfermedades venéreas. Es por esto que lo aconsejable es que se practique sólo con quién ella sepa que está sano.


Tres pasos claves que pueden servir a las mujeres que quieran experimentar el tragar semen


1 Condiciones previas a que acabe en la boca

Muchas chicas desean proporcionar un buen sexo oral; en realidad, una gran mayoría de mujeres está dispuesta a hacer una felación, siempre y cuando no sea forzada ni vaya más allá de lo que su ritmo y su garganta puedan tolerar.

Existen hombres que, perdidos en el deseo y la fantasía, pasan por alto la capacidad particular de cada mujer para llegar más o menos lejos con la profundidad al realizar sexo oral, presionándolas por llegar más lejos e introducirle todo el pene en la boca.

Igual ocurre con la eyaculación en la boca. Para muchos hombres es una de sus mayores fantasías; así que si no le avisas antes de empezar cuál es el límite y la tolerancia en el sexo oral, entonces lo más seguro es que él no pregunte y que simplemente vierta en la boca. Incluso que mienta diciendo que fue repentino y que no lo pudo controlar.

En la práctica del sexo oral, la mujer tiene que tener el control del grado de profundidad y de permitir o no que derramen semen en su boca. Si es la primera vez, debe estar mentalizada a la vez que decírselo al hombre. De esta forma puede sacar el semen de su boca poniéndolo en un clinex, sin que sea motivo de que el hombre se sienta ofendido.

La mujer le está avisando. Además, le está demostrando su confianza por hacerle a él sexo oral, y esto debe hacer sentirse bien. A ningún hombre le gusta que anteriormente otro hombre haya vaciado semen en la boca de la mujer a quien va a besar en el discurrir de una sesión de sexo. Así que esto es simple: si es la primera vez, que se lo diga; y sí no, que no lo mencione y simplemente que lo haga.

2 Al venirse en la boca

Algunos hombres sueltan un lubricante pre-eyaculatorio. Y si la mujer no está familiarizada con esto, puede creer que se trata de semen. Pero no es así. Su consistencia es diferente, es transparente y puede ser emitido en grandes cantidades.

Llegado el momento en que el hombre eyacule y lance semen en la boca de la mujer, debe ser consciente con lo que previamente hayan decidido. Si lo va a escupir que lo haga discretamente. Lo que no es recomendable es que primero se haga la valiente y que genere a él una expectativa de correrse en su boca, y que al final haga gesto de asco y lo escupa. Eso le va a producir, tal vez, un mal momento, y a la mujer también.

3 Cómo tragar el semen del hombre

Si quiere saber cómo tragar semen debe llegar mentalizada al encuentro, y cuando lo reciba en la boca, deglutirlo. Si es la primera vez es mejor no retenerlo mucho tiempo en la boca y en la lengua; es decir, puede tratar de no saborearlo, tragándoselo enseguida. Si no genera asco o malestar, entonces es recomendable que empiece a identificar el sabor del semen, para así tratar de descubrir si le gusta o no.

También debe tener presente que no sea el sabor lo que desagrade, sino el olor. De hecho, sabor y olor, pueden ser agradables o desagradables o uno puede gustarle y el otro no. Las dietas y otros hábitos, como fumar o beber alcohol, pueden cambiar el sabor y el olor del semen. Pero puede ir experimentando para identificar cómo agrada más.

Un truco: si dificulta tragarlo las primeras veces, que se deje una bebida a la mano que pueda tomar inmediatamente después de haber ingerido semen. Sólo hay que acordarse de beberse la bebida, y la mujer no debe correr al atragantarse pues rompería en pedazos la fantasía del hombre. También podría ir a enjuagarse.

Otra recomendación es que para una mayoría de hombres el saborear su propio semen no es fantasía, así que la mujer no se precipite en besarle inmediatamente después de la descarga. Si él no le dijo lo que deseaba, entonces que ni lo intente, mejor que le diga que le entraron repentinas ganas de hacer pis y aproveche para lavarse bien la boca.

Si la mujer le ha explicado previamente las condiciones, no habrá ningún problema; está experimentando y aprendiendo, así que lo importante es que se sienta en confianza, sin presión y que él la ayude en el proceso. Si el hombre no es tonto, se verá complacido por ir respetando los límites y las condiciones de ella. Y esto debe hacerlo, porque estará deseando que supere la primera experiencia y así seguir disfrutando en adelante.

Recomendaciones para las amantes experimentadas

Si quieres ir más lejos y ser una puta en la cama, o si ya eres una mujer más experimentada, puedes intentar algunas modalidades para tragarte el semen del hombre. Pero no debes olvidar que lo que para unos puede ser una fantasía erótica que quiere vivir contigo, para otros pueden verlo como algo pervertido o degenerado.

Una forma ardiente es que se venga en tu cara y que luego lo tragues. Y para eso puedes experimentar dejando que eyacule en tu cara, teniendo la boca abierta. Otra opción es con la lengua fuera o con la boca cerrada para luego usar los dedos y recoger el semen y llevártelo a la boca. Igual puedes hacer si se corre en tus senos o en otra parte de tu cuerpo.

Te recomiendo evites que caiga semen en tus ojos, ya que el tejido de la córnea está expuesto a transmisión de enfermedades venéreas. Y si esto fuese poco, te va a quemar muchísimo.

Y otra forma intensa es que eyacule en tu garganta. Pero para eso tienes que tener un perfecto dominio de la llamada garganta profunda; es decir, de la penetración del pene hasta tu garganta.

Pon cuidado si quieres experimentar esa forma de tragar semen, porque te puedes atragantar. Es necesario que antes lo hables con él para que se esfuerce en controlar los espasmos de su cuerpo en el momento de correrse en tu garganta. El pene estará profundamente en tu garganta y además estará eyaculando, por lo que debe tener un control de su pene para evitar problemas.



El estar tremendamente excitada, ayuda a la mujer a recibir semen en la boca y luego tragárselo


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Re: MI BLOC, QUE NO BLOG

Mensaje  achl el Mar Jul 04, 2017 7:13 am



S.A.R. El Sistema


¿Os confieso un secreto personal? ¿Sí? De acuerdo pues. Y no es que lo vea importante para ustedes, pero para mí sí. Y lo es porque me da la nota justa y el tono preciso para entrar pletórico en este cante.

Ea, una vez puntualizado esto, ahí va mi secreto.

Resulta que yo, el que suscribe, nací altruista, confiado y romántico, y romántico, confiado y altruista me depositarán en un oscuro agujero del cementerio de la ciudad de Sevilla. De igual modo que fantasioso, iluso e ingenuo me comerán allí los gusanos, porque ingenuo, iluso y fantasioso nací.

Pero a pesar de ser un romántico, y además empedernido; es decir, cero  total materialista, creía que en este mundo seguía mandando solamente el dinero. Pero no. Estaba errado. Desde hace años, el joío dinero (que to quisqui odia, pero ningún quisqui puede estar sin él), comparte ya liderazgo con el sistema. Y el sistema que aludo es un jodido y jodedor sistema, al que se me antoja rebautizar, con más jabón que pompa, como: SAR El Sistema

¿Pero quién es o qué cosa es realmente ese regio Sistema?

Jeje. ¡Casi ná. Ese regio sistema es un sencillo y al mismo tiempo un complicado sofware, que, implacablemente, somete a todo aquello que el ser humano no es capaz de decir a la cara. Es una marioneta, engreída y mimada, en manos convenidas, que quita de golpe todos aquellos golpes habidos y por haber. Es un sutil entramado, ideado y fabricado por el humano, para él, a su vez, actuar como aquél ínclito lavamanos Pilatos. Es un remedio socorrido para hacer la faena de la suficiente, insolente, no comprometida e indolente burocracia actual, y, ¿por qué no decirlo?, la de toda la vida. Es un aguerrido Rambo, adiestrado, y armado hasta los dientes: infranqueable, impenetrable; de aquellos de primera fila en guerras. Es un producto ingenioso, con ingenio y genio, de esas nuevas tecnologías de hoy en día. Es un disciplinado obrero, incansable, mañana, tarde, noche y madrugada, las 24 y los 365. Es un virus intruso, sin ser intruso virus, sino con luz verde de un sobrio y súper depurado equipo informático. Es una epidemia, con visos de pandemia. Es un imperecedero Valium, para los jefes y jefecillos de turno. Es un tunante Biopack (cloroformo) para adormilar del tirón las impulsivas reacciones de sus víctimas. Es un eficaz Astenolit (fuerte y eficaz vitamina) para todos los mandamás dictadores, quienes, dedos en vertical, mandan, ordenan, castigan y condenan. Es un martirio chino contra nuestra sufrida, abandonada e indefensa ciudadanía... Es, en definitiva, un dios menor con poderes, al que sólo El Dios Mayor Todopoderoso lo puede desposeer de todas sus inmensas e intensas aptitudes: antes, durante y después de sus perversas actitudes.

¿Y dónde trabaja ese regio Sistema?


Es más notorio que público que curra en todo kiosko que requiera sus servicios, avalado su pícaro y cruel saber por multinacionales de todo tipo: entidades bancarias, organismos oficiales, hospitales, cadenas de hoteles cinco estrellas, cadenas de restaurantes cinco tenedores, joyerías de lujo, emporios de ropa de marcas acreditadas, fabricantes de automóviles... y, en fin, en todo los garitos, y empresa o sociedad, anónima o limitada, que, por arte del 'ya te pagaré'; o sea, un truhán birlibirloque, que nunca se rasca el bolsillo para efectuar su compra y su posterior instalación; por otro lado, valiosa adquisición, y, además, de balde para toda esa plebe influyente y por eso de que ingresará en su caudales sabrosísimos dividendos, 'simplemente por el eco difusor y acaparador de tanta generosidad'.

¿Y qué efectos causa ese regio Sistema?


Pues miren ustedes, la tira: expectación, sorpresa, confusión, mareo, cabreo, berrinche, diarrea, enfado, locura, pelea (con todiós, pero en especial con la parienta), dolor de cabeza, úlcera de estómago, ictus, parálisis, total o parcial, infartos, cerebrales o de corazón, e incluso la palmaera de todos los que se manifiesten, al principio pacientemente, en un intermedio, desubicados y majaretas, y, finalmente, andando por las paredes.

Y concluyendo, ¿cuál es la misión de ese regio Sistema?

Antes de de responder a esta pregunta, quiero dejar muy claro un significativo matiz.

Antaño, o no muy antaño, acudías o llamabas por teléfono a cualquier tinglado de los ya referidos, y eras atendido o recibido en persona por alguien de carne y hueso. ¿Ok? Pues a ese/a tal le exponías lo que te interesaba resolver, y él/ella, bis a bis, respondía en forma distendida y educada, con el 'sí' o con el 'no', pero, en todo caso, acompañado de un diálogo 'razonable', derivando en buen rollo, que tú, y para tus adentros. rumiabas y después asentías. Y aunque no consiguieses tu petición, te quedaba el gustito de que tu tiempo y tu esfuerzo eran compensados con el tiempo y el esfuerzo de una persona de carne y hueso, tal vez más que menos entregada a atenderte y a tratar de complacerte.

Pero hogaño, con el paso de los años, y en el mejor de lo casos, hasta posible podría ser que alguien, eso sí, de carne y hueso también, eche un vistazo a tu petición, y, después, con cara de ser más de lo que en realidad es, te responde algo, francamente desolador:

Mire usted señor, no puedo concederle absolutamente nada de lo que me pide, porque el sistema no me lo permite

Y en el peor de los casos, que es lo que suele ocurrir, con indiferencia insultante, te remiten a Internet; invento práctico, sí, pero también y según para quién, un galimatías. Y ello, incluso con 'suerte', porque si tu solicitud la haces por teléfono, siempre aparece una voz grabada, normalmente femenina, que, a medida que la vas escuchando, te vas quedando pasmao, a la vez que sientes que la expresión en tu cara es la de un auténtico gilipollas:

Marque el uno, si es para llorar, el dos, si es para reír, el tres, si es para cagar, el cuatro, si es para mear, el cinco, si es para besar, el seis, si es para follar, el siete, si es para dormir, el ocho, si es para comer, el nueve, si es para beber, el diez, si es para andar, el once, si es para parar, el doce, si quiere ser atendido por un agente 'experto', el trece, si desea escuchar de nuevo este mensaje, el catorce...


(Y así hasta el cien o más).

¡Sooo, para el carro, chiquilla! -exclamas inmediatamente, haciendo un gesto como de lanzar el teléfono a la quinta vagina.

Y ya, hasta los mismísimos huevos de tanto mensaje, tanta gilipollez y tanto mamoneo, pulsas convencido el doce porque lo que realmente quieres es hablar de viva voz con alguien. Pero... jajapoleá. ¡Lo tienes claro tío! Porque luego de agotarse los tonos de llamada del rigor que ellos mismos marcan e imponen, regresa de nuevo a tu oreja esa voz fémina grabada, realmente 'angelical'...

Lo sentimos, todos nuestros agentes están ocupados; inténtelo de nuevo más tarde

Y si eres mínimamente paciente, tienes ganas, dispones de tiempo libre, y ya te has 'cagao en to lo que se menea', vuelves a repetir la jugada.... Pero... ¡¡¡Jajajajajajaja!!! (risa aparatosa y nerviosa tuya). El resultado es... ¡el mismito..., el mismito...!

Pero claro, esto como siempre, para no variar, le pasa a la borreguería de a pie. Porque a los toros sentados (entiéndase los con jurdeles por un tubo), le comen la polla, se la asean, se la secan, se la perfuman, e incluso le dan un par de pollas más de repuesto. Sin olvidar las otras parte más íntimas: los huevos, que a estos los miman más que una meretrix de alto standig, de1.000 pavos la hora.

Y así, invariablemente, funcionan las cosas en mi nación (y creo que en todas las del globo 'civlizado') Y si algún justiciero quiere arreglar esto, que ni lo intente, porque lo desahucian de su casa, lo mandan al INEM, lo envían a la puta rue, con sólo cartones para dormir pasando frío o calor, soledad, hambre, sed, nula higiene... Resumiendo, miles de calamidades y humillaciones... Vaya, como si fuese una ex, pero ésta (los ex saben lo que digo) con más perrerías y más birlamientos. Y con suerte, mucha suerte, y después de rellenar y presentar todos los papeles del mundo mundial, liantes y confusos, puedes conseguir una paguita, que en la sabia jerga de la calle la denominan: 'anda, coge este sobre mensual y vete a tomar por el culo', o algo así

Y a todo esto, florecen, cuales estrellas del Olimpo Político, vestidos elegantemente, desde sus lujosas mansiones (pagadas por nosotros, o con el dinero que nos roban), con risas de oreja a oreja y con sorna hiriente, 'los brillantes, honestos y honrados políticos', pronunciando en público, enfáticos, sin ningún tipo de escrúpulos y con un mirar perdonavidas:

Esta plebe indigente es nefasta para la sociedad. Debería desaparecer, porque afea y ridiculiza a nuestro país



Y colorín colorado, este coñazo se ha acabado. Que os vaya bien en la vida a todos.


¡Ah, muchísimo ojito con SAR El Sistema, jajajajajajajaja!


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Re: MI BLOC, QUE NO BLOG

Mensaje  achl el Mar Jul 04, 2017 7:50 am



¡¡Cerrrrveeeezas!!


No recuerdo cómo terminé vendiendo cervezas en Rota aquel verano. Qué contacto, qué ganas o qué urgencias me llevaron hasta un pueblo de bum inmobiliario que convertía a ese municipio costero en el lugar de veraneo de la clase media-baja. En fin, aquellos veraneantes eran los ideales para decorar, con sus presencias refinadas, con sus proles numerosas, con sus radios que largaban 'Sevillanas', esas arenas y esas aguas azules. Y entre ellos, mi menda cruzaba la playa bajo un sol de sentencia, untado con un fuerte protector solar y cubriéndome brazos y cuello hasta donde podía, empujando un carrito con cervezas y barras de hielo, enterrándome en la arena, esquivando a los que tomaban el sol, a los que jugaban al fútbol, y yendo y viniendo por aquella larga extensión de playa...

El carrito tenía una campanita de bronce, que yo hacía sonar a la par que voseaba ¡'cerrrrveeeezas!'. En el estirar de la 'erre' y la 'e' esperaba hallar un pregón original para que los bañistas me reconocieran y me esperaran para comprarme. Trataba de ser amable y servicial con todos los bañistas. Creía que actuando así me los ganaría para futuras ventas.

Sin autorización del dueño de la concesión, había pintado el carro en sus dos laterales Cruzcampo. Pero al final del verano tenía que borrar eso para no enfadar al concejal del Ayuntamiento que controlaba el negocio de los vendedores ambulantes en todo el municipio.

Pero las ventas flojeaban. Promediaba julio y los vendedores cantábamos, desganados, la copla de nuestros productos. Comenzaba ya a cansarme, pero no me quedaba más cojones que estirar la decepción hasta acabar el mes de septiembre. Faltaban más de dos meses...

Ahora caminaba por la arena de la orilla, más asentada y menos molesta, y ya ni me molestaba en pregonar cervezas, que también vendían en una roca de por allí. Pero me motivaba y me hice de dos clientas fijas que me compraban siempre a la misma hora, en ese esfuerzo inconsciente que algunos tienen de mantener una rutina hasta en los días de vacaciones. Una era una gordita y bonachona madre de familia, que venía desde una de las casas de alquiler; y la otra, una señora, bien conservada, guapa y atractiva hasta sin maquillarse, cuya imagen merecía una playa de gente más postinera.

Como me llamaban desde lejos, obligándome a retrepar con el carrito las ondulaciones de aquel terreno, la gordita ¡me daba propinas!, además de comprarme una decena de cervezas para toda su familiar.

Y también se hallaban por allí cuatro cuarentonas, amigas al parecer, a las que siempre encontraba a eso de las tres y media, panza arriba tomando sol, tumbadas en la arena. De ese cuarteto femenino, quien se molestaba en levantarse, llamarme y pagarme cuatro sempiternas cervezas, era una culona que parecía ser la menos baqueteada por el paso del tiempo, o de los hijos. Por cierto, nunca vi chicos ni maridos a su lado. Acostumbraban a instalarse al final de la playa, junto a la ría, donde la población playera mermaba, tal vez buscando la privacidad que daba una cierta separación saludable entre los veraneantes.


A partir de ahora, os invito a reír un poco, o al menos sonreír, porque viene lo más divertido de esta historia


Resulta que la culona, todos los días, poco antes de alcanzarme el billete de la venta, se le caía de las manos y debía agacharse para recogerlo. En la inclinación, ¡uff!, dos tetas, más pezón que otra cosa, se escapaban por encima de la recatada postura que adoptaba su cuerpo para atenderme, supongo que por pudor. Pero tomando el sol, paradójicamente, se bajaba el bañador hasta las ingles, según comentaban los típicos mirones.

Era un pudor con visos exhibicionistas. La primera vez pensé que era un descuido de la mujer, pero otras veces, alertado quizá por el cuchicheo y las risitas ahogadas de las otras tres, que seguían en decúbito dorsal la transacción comercial, presentía que se divertían a mi costa.

Uno de esos días sucedió una cosa inesperada: mi único pantalón corto de trabajo se descosió en la entrepierna, justo donde los muslos se rozan al andar. Comprobé, en el espejo del cuarto de baño compartido de la fonda donde paraba, que si me mantenía en pie, la rotura no se notaba, pero si me ponía en cuclillas, ¡oh!, el trío freudiano hacía su aparición. Al otro día descarté los calzoncillos y me fui a mi trabajo más liviano, y también con la ansiedad y alegría como las de la primera semana cuando me alentaba a semejante suplicio la ilusión de hacer un buen dinerillo, pensando en el invierno. Pero aquel día, lunes si mal no recuerdo (aunque al veraneante le da igual el día que sea) me sentí de puta madre por gustarme tanto las mujeres y 'sus cosas': '¡Chiquillo, ahí la tienes de nuevo!', me dije, cuando la culona, a la distancia, reclamaba mi presencia.

Y allí fui y allí escuché su mismo pedido de siempre. Allí el billete doblado en cuatro se le escapó de las manos por el efecto del viento, que nunca amaina en esa zona de la costa. Pero intervine, amable, y enseguida le gané de mano y me agaché, con las piernas bien abiertas, para coger el papel con el número 20 pintado, que por poco no se fue volando. Fue un segundo ante sus ojos. Afuera y a guardarse otra vez, el trío freudiano le dijo hola, colgó un momento, envuelto en la brisa costera, y desapareció detrás de la tela del pantalón. Hubo visualización por parte de ella, porque sus ojos se desviaron, abochornada quizá (resultaba difícil ver el rubor en su cara porque se empecinaba en broncearse entera, desde los pies hasta el pelo), mientras agradecía su compra y empezaba a tirar del carro y sin la más mínima señal provocadora en mi cuerpo, liberado de tan inocente exhibicionismo.

El siguiente día anduve listo para ganar en el juego libertino que la culona me había propuesto, si se daba la situación, pero... ¡oh, sorpresa! El billete nunca más volvió a caérsele. Detrás de ella, claro, el cuchicheo jocoso de las tres amigas se había vuelto en silencio expectante.


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Hasta que a las tres y media de la tarde del segundo lunes de la  primera quincena del mes de agosto, aquellas cuatro  cuarentonas no volvieron a aparecer



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Re: MI BLOC, QUE NO BLOG

Mensaje  achl el Mar Jul 04, 2017 8:47 am




¡Doctor, no paro de sangrar, me muero!

Todo lo trascendente en nuestra vida tiene su origen en hechos triviales. Es difícil, a veces imposible, recordar el principio, la causa primera de los fenómenos que nos marcan para siempre; tres o cuatro señalaríamos al final de nuestra existencia como los de verdad importantes.

En mi caso, sin embargo, recuerdo perfectamente cómo descubrí el inicio de mi herida. Al entrar en el baño vi en el espejo el pequeño rasguño, no mayor que una uña, que había aparecido en mi pecho, justo encima del corazón. No le eché cuenta porque no recordaba cómo me lo había hecho y por su perfecta disposición vertical. Luego, lo olvidé por completo.

Hasta que más tarde una sensación molesta, que no llegaba a picor, me recordó su presencia. Me sorprendía a mí mismo frotándome por encima de la camisa, en un acto reflejo similar al que provocan los insectos sobre la piel. Y cuando me puse de nuevo ante el espejo, no puedo ocultar que me quedé estupefacto por lo que vi: el rasguño se había extendido hasta la longitud de un dedo índice, y la piel aparecía enrojecida a su alrededor. Desinfecté la zona a conciencia, más sorprendido que inquieto, ya que no dejaba de pensar en una pregunta para la que no tenía respuesta. ¿Cómo se había alargado de esa forma sin que me diese cuenta?

Lo cierto es que en ese periodo de mi vida tenía mucho trabajo, siempre con docenas de pequeñas, y no tan pequeñas, tareas pendientes de toda índole. Por eso, y porque soy poco dado a las hipocondrías, creo que este extraño suceso quedó en un segundo plano por la acelerada rutina de los días cargados de responsabilidad, días que parecen misérrimos manojos de horas conseguidos en la beneficencia en lugar de días auténticos.

La preocupación llegó por sorpresa en la oficina al bajar un archivador de una estantería. Un perfecto círculo de sangre, chico pero evidente, crecía en la pechera de mi camisa. Corrí a los aseos, impulsado por la angustia, y desabroché los botones. Involuntariamente di un paso atrás. El rasguño era ahora una ranura en la carne de horrendo tono purpúreo. En su parte media, gotas de sangre manaban deslizándose por la ranura hacia abajo. Me lavé como buenamente pude y volví a mi puesto, pero con la cabeza como una centrifugadora desrielada. Quedaba ya poco tiempo para salir. Nadie me hizo comentario sobre mi camisa mojada de rojo y agua.

Al llegar a casa, otra vez tuve que afrontar, pero ahora desde un prisma penoso y absurdo, mi relación con mi mujer. Estábamos atravesando una de nuestras fases de distanciamiento; no nos hablábamos en los últimos días... discrepancias, encontronazos, circunstancias... que conformaban el quid de nuestra crisis, se había enrevesado y solidificado tanto que no había por donde cogerlo, y a esto llegaba yo con una camisa manchada de sangre por una herida que no tenía causa y que no dejaba de crecer…

____Mira cómo me he puesto la camisa –me atreví a decirle
____Yo la veo bien –dijo tras un leve vistazo.

Volvíamos a las trincheras. Otro día más.

____¿Y esto también lo ves bien? ¿Eh? –chillé, mostrándole el sangrante tajo púrpura

____¡Oye, a mí no me grites, ¿vale?! –reaccionó con furia-. Si has tenido un mal día, lo pagas con otra. ¿Te enteras? ¡Dios, eres insoportable! -y con un portazo se fue. Supongo que a su trabajo.

Y yo me quedé allí en pie, solo, como un patético cristo mirándose una línea de sangre que rodaba desde el esternón hasta el ombligo.

Volví a curarme. Y esta vez, al verla más de cerca a la luz, no pude evitar un escalofrío. Era una herida salvaje que no se parecía a nada que antes hubiese visto nunca, como si la carne se hubiese abierto hacia afuera. Ni cortada ni quemada, abierta. Y en todo este tiempo, no había dejado de sangrar; de hecho, brotaba más. Para mayor extrañeza, no me sentía en absoluto débil o mareado, algo que hubiera sido lo normal por la pérdida constante e imparable. En un segundo convertí la blancura del lavabo en una siniestra carnicería. Mi cuerpo se activó con mil alarmas. Presioné la herida con tantas vendas como pude y salí de casa corriendo, invadido por pánico, calculando mentalmente cuánto tardaría en llegar a urgencia e intentando adivinar la cantidad de sangre que un hombre puede perder antes de caer muerto.

Tal vez no fue buena idea la de echarme a correr. El corazón comenzó a bombear con fuerza y la sangre se disparó como cañón del infierno hacia el exterior. Las vendas pasaron en segundos a ser amasijo sanguinolento que chorreaba al compás de mi carrera desesperada.

____¡Socorro! ¡Ayúdenme, por favor! –gritaba, tan alto como podía-. ¡Me estoy desangrando, por Dios!

Pero las gentes, en vez de acercarse a prestar auxilio a uno en riesgo de muerte, se apartaban. ¡Se apartaban de mí! ¿Es posible? ¿Qué temían de un hombre enfermo? ¿Cómo se supone que debe pedir ayuda un hombre que se muere, sin sobresaltar a nadie? Mientras corría se me saltaban las lágrimas de puro miedo, impotencia. La sangre manaba ahora libre y sin freno cual río innatural, pues nadie en la tierra albergó jamás semejante cantidad de sangre en su cuerpo; y todo transeúnte se había parado para mirarme, a mí, pero no al caudal aterrador que iba vertiendo por toda la calle, manchando todo a mi paso como un horror imposible escapado del inframundo. ¡Me miraban sólo a mí, como si fuese un pobre loco! Nunca antes había percibido tan claramente la profunda soledad en la que nos encontramos.

Me paré a recobrar aliento, exhausto, justo a las puertas del ambulatorio, con las manos sobre las rodillas mientras de mi pecho seguía manando un caudal de sangre inagotable. Jadeando entré en el edificio, ya casi sin fuerzas:

___Un médico, por favor –me oí decir.

Esta vez me atendieron urgente, llevándome sin perder tiempo hasta una sala interior. Creo que por mi aspecto de desesperación, por entrar con el pecho descubierto y andar tambaleante, no por lo horrible de mi herida a la que nadie hizo gesto para impedir de alguna forma mi desangramiento masivo. Sólo las vendas empapadas que seguía apretando con fuerza, se interponían entre la sangre y el exterior.

Tras sentarnos, el médico se dirigió a mí.

___Dígame. ¿Qué le ocurre?

Todos habían perdido la cabeza. O la estaba perdiendo yo.

____¿Usted tampoco ve el río de sangre que brota de la herida? –vueltas me daban las paredes-. ¿Es que no ve cómo le estoy poniendo todo? ¿O es que me están tomando el pelo? ¡Haga algo! –ya no podía más.

Durante larguísimos segundos, el médico me escrutó con ojos analíticos. Eran los ojos que ya habían observado a miles de pacientes, a lo largo de años y años.

Después, me dijo estas palabras con rotunda determinación:

____Usted no tiene ninguna herida en el pecho.
____¡Qué! –no podía creer la ofensa que estaba oyendo.

Así que cogí la bola de vendas y la estampé con todas mis fuerzas contra la mesa. Hizo un tremendo ruido de impacto húmedo, que salpicó toda la sala y a nosotros, sobre todo a él. Una de mis manos ocupó el lugar de la venda, pero la sangre seguía escapándose entre los dedos.

El doctor no se esperaba aquello. Creo que, gracias a su profesionalidad, tardó poco en recuperarse de la impresión.

Con voz pausada, tranquilizadora, me hizo una oferta:

____Si usted me lo permite, le daré la prueba irrefutable de que no tiene ninguna herida y de que, por descontado, estamos aquí para divertirnos a su costa. Si tras esta prueba usted sigue pensando igual, yo tendré que reconocer esa enorme herida que no deja de sangrar y que, por lo tanto, debía haberlo matado ya hace horas.
____De acuerdo, doctor.

Tenía la sensación de que todo esto era una vuelta de tuerca más en esta confabulación, esta broma inhumana, pero decidí seguirle el juego. Quizá así consiguiera algo de ayuda.

____¿Cuál es esa prueba?

Abrió las puertas de un armario para guardar el instrumental que tenía tras sí. En su cara interior, cada una de las puertas estaba revestida por una lámina de espejo.

Mi propia imagen me impactó de pleno. Estaba demacrado, mostraba un aspecto horrible. Veía mis manos, la una sobre la otra, haciendo presión, los huesos de las costillas marcándose en la piel. Pero no había ninguna herida. Ni una gota de sangre por ninguna parte. Y mientras veía atónito aquel reflejo, seguía sintiendo fluir la sangre entre los dedos. Sangre que no aparecía en el espejo.

____¿Me cree ahora? –me preguntó, sonriendo débilmente.
____No se ve nada –musité.
____Claro, hombre. Tranquilícese, su vida no corre peligro.

La evidencia irrefutable que mostraba la imagen en el espejo contradecía las sensaciones que me transmitían mis manos, antebrazos y el resto del lcuerpo que era bañado por la sangre que seguía manando.

Pero al echar la vista abajo, ¡la sangre seguía ahí, tan roja como siempre! Miré alternativamente mi cuerpo y el espejo, mis brazos y el espejo, mis pantalones apelmazados y el espejo, innumerables veces, y el resultado persistía. Percibía dos realidades contradictorias al mismo tiempo.

____¿Co…cómo es posible, doctor? –balbuceé, confuso-. ¿Qué es lo que me está ocurriendo?
____No se preocupe más. Dígame, ¿cómo se ve en el espejo?
____Limpio de sangre.
____Bien, eso es lo importante. Yo también le veo así.
____Pero sigo sangrando, doctor. Es lo que siento, es lo que estoy viendo ahora mismo, en cuando dejo de mirar el espejo. Todo sigue manchado de sangre…
____¿Puedo preguntarle si ha consumido drogas?
____No, ni siquiera fumo. Ni bebo alcohol.
____Vamos a ver. ¿Considera usted que está viviendo una fase de su vida especialmente estresante?
____Sí, eso sí. Me temo que así es.

El charco bajo mi silla se extendía con una lentitud inexorable.

____Ya… comprendo.
____¿Cómo es posible ver y sentir lo que no existe de forma constante?
–mi voz temblaba. Estaba muerto de miedo.
____Verá usted, el cerebro no es un órgano infalible. A veces se equivoca. Nuestra mente puede sufrir un amplio abanico de trastornos de diversa gravedad y posibilidad de tratamiento. Comprendo que esta alucinación que le aqueja es, además de particularmente elaborada, angustiante en extremo. Pero no debe preocuparse, hay casos con peor pronóstico que el suyo. Usted debe saber que de ser real su hemorragia, sería mortal de necesidad, ¿verdad?
____Eh… Claro.
____Y usted mismo ve en el espejo que se trata de un error subjetivo en la percepción de su cuerpo. ¿No es así?
____Aún me cuesta creerlo, pero sí, así es.
____Por eso digo que no debe preocuparse. La elaboración podría haber sido todavía mayor y seguir viendo la herida también en la imagen del espejo.
____¿Cree entonces que algún día dejaré de ver todo esto? –me volví a mirar, asqueado.
____Eso es seguro. Pero ahora debe darse su tiempo, tener paciencia, por nítida que sea su percepción. Debe acostumbrarse y restarle importancia hasta que desaparezca. Esto es más normal de lo que la gente piensa. Se trata de una reacción psicosomática provocada por algún estrés y puede adoptar muchas formas: ceguera, parálisis, tartamudeos… En su caso se ha manifestado así, pero podría haber sido de cualquier otra manera. El estrés puede llegar a ser terriblemente dañino.
____Es increíble… -susurré, mientras el suelo se alfombraba de rojo.
____Bien. Ahora le pasaré con un compañero –me anunció levantándose de su sillón-. El doctor Santos, aquí al lado. Es muy bueno en su trabajo, y no lo digo porque sea amigo –sonrió con jovialidad-. Siga usted al pie de la letra todas las indicaciones que le dé, y ya verá como pronto todo esto queda en un mal recuerdo.
____Gracias doctor –le tendí la mano con aprensión sabiendo que le ponía en el compromiso de ensuciarse con ese apretón, como de hecho ocurrió. Aunque a él parecía no importarle.
____Venga, le acompaño… -sus pasos chapotearon en el suelo.

____Disculpe, doctor. ¿Podría prestarme una bata o algo para cubrirme?
-me sentía indefenso y estúpido.- Le prometo que mañana se la traeré. Impoluta, por supuesto.
____Claro, hombre. Y así de paso me cuenta que tal le ha ido.
____Gracias por todo, doctor.

Me condujo hasta la sala de su amigo. Entró para hablar unos minutos en privado con él y después me hizo pasar.
____Cuídese y descanse –se despidió al pasar a mi lado con una palmada en el hombro. Dejando su huella de sangre en la reluciente bata que me había prestado.

Pasaron muchos meses, y muchas cosas, desde ese día aciago que jamás debió existir. Meses de terapia, de fármacos, cambios vitales. Me divorcié me despidieron del trabajo y tratamientos variados. Aseguro que escasas veces he puesto tanto empeño en una labor: curarme. Empero, el doctor se equivocaba. La herida no ha dejado de sangrar un solo minuto, ni uno solo, desde el día que se abrió. En todo este tiempo, sin duda, he crecido mucho como persona. En esto sí que puedo decir que mis terapeutas me han ayudado, que no en devolverme a mi estado de conciencia anterior. Puedes llegar a acostumbrarte a ensangrentar todo a tu alrededor, si los que te rodean actúan sin prestar atención. Dicen que a toda persona, en algún instante de su vida, le toca sufrir su herida crucial, que transforma todo lo que llega después. Dicen que la cuchilla que la abre suele ser un hecho pequeño, un pensamiento inconsciente, el residuo de un sueño, un gesto de alguien, y que desde entonces dejamos de ser quien estábamos destinados a ser. Esta herida es interna, aunque puede que yo sea la rara excepción a esta regla inexistente, y es el propio cuerpo que se encarga de que seamos ignorantes a la hemorragia de esa herida, fagocitando la sangre oscura de nuestra identidad originaria que vive moribunda junto a nosotros hasta que morimos. Un lamento sempiterno y sin consuelo. Sólo cuando el cuerpo falla o la sangre es mucha, llega a nuestra consciencia en forma de tristeza sin causa aparente.

Y yo creo con firmeza en esa hipótesis, y no por su sentido poético, ni por afinidad con mis creencias, sino por la experiencia trascendente que me fue concedida. Una especie de visión que jamás volvió a repetirse, como la única oportunidad que se me otorgó para contemplar la realidad más allá de mis sentidos, y que fue así:

Estaba en mis primeros meses de tratamiento. Fue durante una tarde del mes de Junio. Caminaba por las calles enseñando de nuevo a mi mente a pensar y dirigir la atención hacia ideas y hechos distintos a mi perpetuo y constante derramamiento de sangre. Como si un velo que consideraba transparente hubiese caído de mis ojos. Ante mí se descubrió un mundo superpuesto, que ya conocía y habitaba. Al igual que mi herida siempre había estado ahí, aunque no la percibiese, me quedé paralizado frente a la inmensa revelación. En un segundo mis fosas nasales se saturaron con intensa vaharada de hedor a plasma sanguíneo, como el cobre quemado. Los ventanales de los edificios lloraban un fino manto de líquido rojo que fluctuaba a la luz del sol. De sus balcones, cornisas, tejados, o de todos a la vez, como en los días de tormentas, chorreaba la sangre con estrépito, convirtiendo las calles en ríos espesos. Y salvo los niños pequeños, todas las personas que alcanzaba mi vista sangraban profusamente. Algunas, como en mi caso, desde una herida en el pecho; otras, desde la mitad de la frente, bañándose desde la cabeza a los pies en siniestra ablución. Las madres empujaban los cochecitos de sus hijos como mártires lapidadas. Los autobuses circulaban como depósitos rodantes de sangre, cuyo nivel máximo se veía en los vidrios, y al llegar a alguna parada se liberaba de pasajeros en una suerte de menstruación aberrante; los autos salpicaban a los transeúntes, sin que nadie se quejase; las alcantarillas vomitaban el exceso inasumible. Vi un avión cruzar el cielo con sus estela blanca y una fina nube rojiza pegada al fuselaje. La imaginación no puede fabricar por sí misma la oscura grandiosidad de aquello que vi. Imposible. Y allí, en la mitad de aquella escena infernal e inconcebible en otro tiempo, me sentí, por primera vez, desde que la pesadilla empezó, acompañado; hasta ese momento sabía que era miembro de la sociedad, pero no fue hasta ahora que me sentí, irrevocablemente, dentro de la misma. Tras esa imagen, el velo retornó a mis ojos. No volví a ver nunca a mi ciudad sangrar.

Aquel médico se equivocó conmigo (a veces hasta los buenos médicos se equivocan). Mi herida no desapareció con el tiempo, ni mi sangre dejó de verterse sin parar. Y mi visión no era un trastorno de la percepción, o de los sentidos, sino un don, un don único y desconocido y sólo otorgado por la Naturaleza.


Ignoro su propósito final e ignoro el mensaje último que contiene, pero doy mil gracias cada día por haberme permitido contemplar lo que el resto de la humanidad, por sí misma, jamás podrá llegar a ver


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Re: MI BLOC, QUE NO BLOG

Mensaje  achl el Mar Jul 04, 2017 9:32 am




Me borraron del mapa

Todo empezó esta misma mañana. Salía yo de la ducha cuando llamaron a la puerta. Al abrir, vi a un tipo de baja estatura, calvo y con bigote. Iba vestido con un impecable traje gris marengo y sostenía una carpeta en una de sus manos


____¿Don Eusebio Miranda? -preguntó.
____El mismo.
____Soy un inspector de FUSIÓN y vengo a traerle una notificación.
____¿FUSIÓN? Nunca he oído hablar de esa entidad.
____Es un organismo nuevo. Se trata de la fusión de los departamentos de Hacienda y del Censo. El gobierno los ha fusionado en uno solo para poder solucionar, por ejemplo, casos como el suyo.
____No entiendo...
____¿Me permite usted pasar? Será más fácil para ambos si le entrego este comunicado y se lo leo sentados.
____¡Claro, por favor, pase, pase...!
____¿Qué ha querido decir con 'casos como el mio'? -pregunté, una vez que nos encontrábamos en el sofá del salón.
____Hemos visto que lleva usted bastantes años sin pagar sus impuestos. El total acumulado, junto a los intereses fijados, se eleva a una suma que seguramente no pueda pagar. Y digo esto porque lo hemos comprobado. Aún vaciando sus cuentas en Bancos y vendiendo todas sus propiedades, sólo cubre usted el cuarenta y seis por ciento del total.
____¿Y que van a hacer, llevarme a la cárcel?
____Nada de eso. Ello supondría que el estado tendría que mantenerle. Y, francamente, ya nos ha costado usted demasiado dinero.
____¿Entonces...?
____Nos limitaremos a denegarle todos los derechos de ciudadano. Usted ha sido borrado del censo y de todas las entidades con las que mantenga o haya mantenido cualquier clase de relaciones. Y todo esto con carácter retroactivo. Es decir: oficialmente, usted no existe ni ha existido nunca.
____¡Pero esto es grave! ¿No hay otra manera de solucionarlo?

El tipo aquel me dio un folio que sacó de su carpeta.

____Tome. Ese es un documento donde se le comunica la pérdida de sus derechos y las gestiones que tiene que hacer para recuperarlos.

Cogí el folio que me tendía aquel tipo bajito, sin saber qué decir. Estaba anonadado por todo lo que me había comunicado.

____Y ahora, si me disculpa, tengo otros documentos que entregar y el tiempo se me echa encima.
Le acompañé hasta la salida de mi casa y vi cómo desaparecía tras la puerta del ascensor.

Pasados unos minutos, salí a la calle y entré a un bar para tomarme un whisky, y así empezar a digerir aquella extraña visita...

__________________________________________


Pepe Pérez estaba sentado en un taburete de la barra de un bar tomando cerveza, cuando un tipo se sentó frente a él en una mesa con su vaso de whisky en mano y comenzó a contarle su historia. Al principio le jodió, no soportaba los borrachos que se ponen a contar sus penas al primero que pillan, pero lo cierto es que aquella historia le estaba intrigando y fue por eso que cuando el hombre se quedó en completo silencio, mirando cómo el hielo se iba derritiendo en el whisky, le preguntó:

____¿Y qué hizo usted entonces?

El otro levantó la cabeza de golpe, como si se acabase de despertar de sopetón.

____Pues que dejé el papel que me dio aquel tipo sobre la mesa del salón y me marché. Era tarde para acudir a mi trabajo. Pensé que lo leería con más calma al volver a mi casa. Pero no me imaginaba, ni remotamente, el grave error que estaba cometiendo >>>

>>> Lo primero que hice, antes de coger el autobús que me iba a llevar hasta la oficina, fue pasar por el cajero de mi Banco, para sacar algo de dinero. Y ahí y allí empezaron mis desventuras >>>

>>> Una vez introducida la tarjeta y tecleada mi contraseña, apareció un mensaje en la pantalla que me comunicaba que la tarjeta no era válida y que quedaba confiscada. Entonces entré al Banco y me fui directamente a la caja. Lis, la amable cajera, me recibió con una sonrisa y me preguntó en qué podía ayudarme. Le conté lo que había pasado y ella me pidió mi talonario de cheques >>>

____No lo llevo encima. No sabía que lo iba a necesitar.
____¿Me permite entonces su DNI?

>>> Se lo di y Lis empezó a teclear en su ordenador >>>

____Lo siento, señor Miranda, pero no consta en ningún lado el que usted tenga cuenta en este Banco.
____¡Pero eso no puede ser! -le dije confundido-. Llevo gestionando todas mis transacciones a través de este Banco desde hace años. Tú misma me ha atendido en numerosas ocasiones.
____Lo lamento, señor, pero no recuerdo haberle visto nunca.
____Por favor, Lis, dile al señor Marcos que quiero verle.

>>> Marcos, el director de la sucursal al que conocía desde que ocupó su puesto, seis años atrás, no solo confirmó lo que me había dicho Lis, también me dijo no haberme visto en su vida. Grité, supliqué y clamé a las más altas instancias. Inútil. Tuve que salir de allí tras la amenaza de Marcos de llamar a la policía si persistía en mi actitud >>>

>>> Al salir miré mi reloj. Era tardísimo. No llegaría a tiempo a la oficina. Eché mano de móvil para avisar que iba a llegar un poco más tarde, pero tras marcar, una voz grabada me anunciaba que el número desde el que llamaba no constaba registrado. En ese justo momento me acordé de lo que me dijo el inspector del FUSIÓN: 'oficialmente, usted no existe ni ha existido nunca'. 'Jamás pensé que pudiesen llegar tan lejos. ¿Cómo coño lo habían hecho?', pensé >>>

>>> Subí al bus y al abrir la cartera para sacar el abono, vi que mi carné de identidad había desaparecido. No podía ser, una cosa es que te hagan desaparecer administrativamente, y otra que lograsen hacer desaparecer algo físico como si no existiese. Pero recordé que había sacado el DNI en el Banco y por esto pensé que lo habría olvidado allí, pero también pensé que estaba seguro de haberlo metido de nuevo en mi billetera >>>

>>> Cuando me bajé del autobús busqué una cabina de teléfono y llamé al Banco. Ni siquiera recordaban que hubiera estado allí, unos cuarenta o cuarenta y cinco minutos antes >>>

>>> No sabía qué pensar ni qué hacer. Pero mi sorpresa fue mayúscula cuando al entrar en el edificio donde estaba mi oficina, Dani, el portero, me espetó >>>

____Disculpe, señor. ¿A donde se dirige?
____¿Y a donde quieres que vaya, Dani? A Sanpedro SA.
____¿Tiene usted cita?
____¡Por Dios, Dani! ¿Es que no me conoces?
____No recuerdo haberle visto nunca por aquí, señor.
____¡Pero si llevo diez años trabajando en Sampedro SA y pasando todos los días frente a tu portería!

>>> Inútil. Se repitió la misma escena del Banco, y otra vez tuve que salir de allí, bajo la amenaza de Dani de llamar a la policía. 'La mano de FUSIÓN es más larga de lo que podía haber imaginado', pensé >>>

>>>'¡Claro!, me dije. El folio que me dio aquel hombrecillo, seguro que allí se me explicaba como salir de este embrollo >>>

>>> Cuando llegué a la puerta de mi piso comprobé, alucinado, que mi llave no encajaba en la cerradura. Frustrado, di reiterados puñetazos a la puerta, pero cuál no fue mi sorpresa cuando ésta se abrió y me encontré, cara a cara, con un tipo mal encarado >>>

____¿Qué cojones está pasando aquí? ¿A qué vienen esos golpes?
____¿Quién es usted y que está haciendo en mi casa?
____¿Su casa? Esta es ¡MI CASA! Llevo viviendo aquí veinte años.

>>> Una nueva amenaza de avisar a la policía me hizo de aquel lugar a todo gas, no sin antes comprobar, casi loco, que no me había confundido de piso ni de edificio. Debí andar sin rumbo una hora. La cabeza me daba vueltas como si estuviese en una noria. '¿Cómo lo hacen? ¿Cómo pueden borrar la existencia de una persona de tal forma?', pensé de nuevo. Tenía que haber algún indicicio o alguna constancia de mi existencia en alguna parte, tenía que haber alguien que me recordase >>>

>>> '¡Eso!', pensé >>>

>>> Busqué una cabina y llamé a Carmen, mi novia >>>

____¿Sí? -escuché la voz de ella.
____Carmen, soy Eusebio.
____Hola, cariño.

>>> '¡Dios, me recuerda!', pensé >>>

____Carmen, necesito verte inmediatamente. ¿Estarás en casa?
____Sí. ¿Pero qué pasa? Te noto un poco extraño.
____Te lo contaré cuando llegue. No te preocupes. Estoy bien.

>>> Colgué y salí pitando hacia la casa de Carmen. Cuando llamé a su puerta, ella abrió con la cadena de seguridad puesta >>>

____¿Que desea? -preguntó, después de mirarme.

>>> Eso me dijo mi novia. Se me cayó el alma a los pies >>>

____¿Es que no me reconoces?
____¿Debería?
____¡Oye, que soy Eusebio, tu novio desde hace seis años!
____Yo nunca tuve novio.

>>> Espantado, confundido y cabreado, salí de allí. Al llegar a la calle vomité. Estaba mareado y todo me daba vuelta. '¿Cómo me puede estar pasando esto? ¿Es que nadie me recordaba? Debía haber alguien que... ¡Mamá...!', pensé otra vez >>>

>>> Llamé a mi madre. Reconocí su voz enseguida >>>

____¿Diga?
____Soy yo, mamá, Eusebio.
____¿Quién?
____Eusebio. Tu hijo.
____¿Qué es esto? ¿Alguna broma de esas que hacen por la tele?
____No es ninguna broma, mamá... yo...
____Oiga -me interrumpió-. Yo no tengo ni idea de quien es usted, pero no es mi hijo. Y eso es seguro porque yo no tengo hijos.

>>> Y me colgó. No sé cuanto tiempo permanecí inmóvil dentro de la cabina, incapaz de reaccionar hasta que una vieja empezó a dar golpes a la misma con su bastón, exigiéndome dejase libre el habitáculo >>>

>>> He estado todo el día dando vueltas por la ciudad, caminando sin rumbo fijo, sin prestar atención a mis alrededores, con la mirada perdida, como un zombie. Hasta que he pasado por la tienda de electrodomésticos que hay al lado de este bar >>>

____¿Qué pasó entonces? -preguntó Pepe Pérez al desconocido mientras este se sumía nuevamente en la observación de su vaso.
____¿Conoce usted la tienda?
____Sí. La conozco.
____Entonces sabrá usted que en el escaparate hay una enorme pantalla de televisión de plasma, conectada a una cámara enfocada a la calle. De modo que cualquiera que pase por delante, se ve reflejado en ella.
____Sí, me di cuenta.
____Pues bien, cuando he mirado esa pantalla he podido ver la calle, los coches y los peatones que pasaban, árboles, edificios, todo... excepto a mí. Yo no aparecía. Y no lo he podido resistirlo. Así que he entrado a este bar dispuesto a coger la borrachera más grande de mi vida.
____Historia realmente increíble esta suya, que a buen seguro debe tener una explicación razonable para todo lo que le está pasando.
____¿Usted cree? ¿Se le ocurre alguna?
____Ahora mismo no.
____Ya.
___Le diré qué haremos. Ahora voy al baño. Esta es mi sexta cerveza y ya no puedo aguantar más. Cuando salga, pensaremos en ello.
____Se lo agradezco muchísimo.

>>> Usted se levantó y se fue corriendo al servicio de caballeros. Estuvo orinando un largo rato (seis cervezas dan para mucho). Cuando salió vio la mesa vacía. Llamó al camarero >>>

____Paco, ¿dónde se ha metido el tipo que estaba conmigo?
____Más vale que no bebas más por hoy, Pepe.
____¿Por qué lo dices?
____Porque has estado solo todo el rato.
____¿Quéééé? Entonces, ¿de quién es ese vaso de whisky a medio acabar que hay en la mesa?
____¡Vaya, no lo había visto! No sé de quien pueda ser.
____Qué raro. Bueno, olvídalo y sírveme otra cerveza.
____¿Seguro?
____Estoy bien, no te preocupes. Seguramente he pegado un cabezadita y lo he soñado.

>>> Usted volvió a sentarse en el mismo taburete mientras el camarero le servía otra cerveza y retiraba la jarra de la vacía y el vaso con whisky sin acabar. Bebió un buen trago y frunció el entrecejo:



Qué raro, dijo a media voz, como para sí. Parece que la cerveza se me ha subido a la cabeza. Por más que me esfuerzo, no consigo recordar qué estaba haciendo antes de entrar al servicio de caballeros <<<


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Re: MI BLOC, QUE NO BLOG

Mensaje  achl el Mar Jul 04, 2017 8:22 pm





Aquella sabia y milagrosa Paloma Blanca


Corría mayo del 1942…


Vivo sola en la casa de mis difuntos padres, en un pueblo de Sevilla, el más alejado de la provincia. Al cumplir los 23, huérfana de padre y madre (muertos de accidente, año atrás), sin hermanos y además sin recursos económicos, me hallaba en la urgente necesidad de que tenía que presentar mi tesis para terminar mi carrera a distancia de Dibujo, Decoración y Diseño.

Y por eso me vi obligada a irme a vivir a Sevilla, a la casa de una tía mía, una hermana de mi padre, viuda, adinerada y con propiedades, como dos fincas urbanas y tres rústicas. Y sin hijos, que era por esto y por lo mucho que me quería que pensaba legar todo su patrimonio a mi nombre. Pero el cariño que me profesaba, era correspondido y aumentado por mí desde muy pequeña, por lo que se descartaba la posibilidad de pensar que hubiese algún interés de por medio por mi parte, que no fuese de puro cariño. Tenía tres hermanas más y cinco sobrinos, pero siempre fui yo 'su niña'. Se llevaba muy bien con sus hermanas y sus sobrinos, lo que ocurría era que todos ellos estaban en igual o aún mejor situación económica de mi tía.  

Tras largo y fatigoso viaje en el autobús tartajoso del pueblo, me fui caminando y preguntando al barrio de Santa Cruz, hasta la mansión de mi tía, que, al verme, me comió a besos.

Siempre me hablaban maravilla de Sevilla, y yo nunca la visité hasta ahora, pero apenas eché un detallado vistazo pude corroborar que lo que tanto me decían era verdad: ¡preciosa! Pero no podía disfrutarla como hubiese querido porque nada más llegar me invadió un ataque de nostalgia debido a que había que tenido que dejar en el pueblo al que sabía que era el amor de mi vida, que se quedó muy triste, y yo, al sentir que no tenía agua en mi cuerpo para llorar por él y también por la gran tristeza que me envolvía por dejarle durante unos meses solo, pues no tenía familia ni a nadie más que a mí.

Mi tía llevaba escaso tiempo viviendo en Sevilla, por lo me llevé una sorpresa al comprobar que no se encontraba sola. Vivía cerca de ella una amiga de la infancia, y por el centro algunas más, también de la infancia. El destino las había unido de nuevo en la bellísima capital de Andalucía.

Mucha satisfacción sentí al conocer y tratar a aquellas señoras tan agradables y que desde entonces formaban parte de mi vida. Ni que decir que mi tía estaba feliz por haberme ido unos meses a vivir con ella hasta acabar mi tesis, y más feliz todavía por haber dejado en el pueblo a mi novio, ya que ella no congeniaba demasiado con Javier, que así se llamaba él.

Lo segundo que hizo mi tía fue presentarme a su contable, que vivía en aquella casa; huérfano como yo y cinco años mayor que yo, para que me tuviese al tanto de todos sus asuntos financieros. Él era un chico rubio, alto, guapo, ojazos y culazo. Uno de esos que cualquier mujer perdería la cordura y no le importaría tener 'algo' con él. Pero no yo, porque de mi cabeza no salía Javier.

Con el paso de los días, el contable, llamado Juan, se metía cada vez más en mi vida, y ocasiones no le faltaban, pues pasábamos juntos mucho tiempo, debido a que mi tía me inculcó que controlase todas sus cosas. Pero a veces me sentía confundida…

Una noche de aquellas salí a la terraza del jardín de la mansión, en cuya no estaba encendida la luz y había poca luna, para fumarme un cigarrillo, cuando, de pronto, al pulsar el encendedor, la boca de Juan estaba a pocos centímetros de la mía. No sabía por qué, pero no lo podía resistir. Esa boca me incitaba a besarla, y a que el amo de ella jugase con la mía. Y así fue: me besó, con lengua incluida, y pasamos un rato de locura, recorriendo todo mi cuerpo con su hábil lengua, algo que me hacía vibrar. Pero, finalmente, no permití que me penetrase. ¡Qué me 'eso', vaya! Deseo que vi en sus ojos y que yo me negué por respeto y amor a mi novio, que de no ser por eso... ¡hubiese aceptado y encantada de la vida!

Pero sin embargo me dejé besar y acariciar todo mi cuerpo...

Al otro día, no podía concentrarme. Tenía remordimientos por haber engañado a mi novio, algo que no me iba a perdonar. Pero, como si una nube negra me atrapase con un lujurioso manto de pasión, mi cuerpo pedía estar con Juan. Aunque la nostalgia le pudo al deseo y estoicamente aguanté, pensando en mi verdadero amor.

Ese mismo día, por la tarde, mi tía me notó preocupada, y creyendo que sería por el planteamiento de mi tesis, me sugirió que por qué no la basaba en el trabajo que sus amigas y ella hacían.

Y la verdad es que no era mala su idea. Se dedicaban a tejer, dibujar y colorear colchas, fundas de almohadas, sábanas y toallas de todo tipo, y mientras tanto, se iban contando sus dichas y sus desdichas, como lo que yo estaba pasando. Mientras, muy entregada estaba yo a los asuntos de mi tía y a mi tesis que presenté dos meses después por lo que camino de la calle de mi tía pensé que, para entonces, ya podía regresar de nuevo a mi pueblo.

Pero un día por la mañana, en el que fui una hora a la Facultad para tomar contactos con otros estudiantes, Javier, mi novio, había ido a visitarme a la casa de mi tía. Por supuesto, faltaría más, mi tía le dijo que no estaba y que ya salía con otro. Javier se marchó, poco menos que destrozado y yo quería morirme. Pero no sabía si él había hecho lo correcto por haber ido a buscarme sin informarme previamente, o si hubiese sido mejor haber permanecido en el pueblo, sin enterarse de nada, contándoselo yo todo después, a solas los dos.

Esa misma tarde, escondida tras la puerta, escuché a mi tía decir a una de sus amigas que Javier se marchó y que le había dicho que yo estaba saliendo con Juan. Entonces, dudé si buscar al pobre Javier y contarle toda la verdad o decirle a mi tía que la detestaba por haber espantado de mí a mi novio. Pero opté por llorar y por salir corriendo hacia la calle. En mi carrera, topé con una de las amigas de mi tía, la mayor de ellas, que me dijo:

____La paloma sabia y milagrosa que tiene su nido en los Jardines de Murillo, te llevará al amor de tu vida. Pídeselo con fe.

Sorprendida y deseosa, de nuevo empecé a correr pero ahora rumbo a los Jardines de Murillo. Cuando llegué al cabo de unos minutos, me metí entre unos árboles y grité a pulmón lleno:

___¡¡Paloma, paloma sabia y milagrosa, por favor, llévame enseguida a mi verdadero amor!!

Y, de pronto, apareció la paloma, revoloteando sobre mi cuerpo, me miró y me dio a entender con sus dos alas que la siguiese. Me llevó hasta donde se hallaba Juan, que al verme se sorprendió. Pero, como lista que también era, me miró de nuevo, y, sobre la marcha, cambió el vuelo conduciéndome a una larga amplia avenida, que más tarde me enteré que era la Avenida de la Palmera, y después se posó en el capó de un auto, aparcado. Auto que por supuesto conocía; era el de Javier, el cual se encontraba echado a lo largo en el asiento de atrás, con cara y pose de abandonado.

La bella paloma, suspendida en el aire, esperó a que yo entrase en el coche. Ya adentro, saqué la cabeza por una de las ventanillas y le dije, gritando:

___¡Paloma mía, este hombre, y no el otro, es el amor de mi vida; se llama Javier, y quiero estar el resto de mi vida con él!

La paloma movía repetidamente las alas, algo que interpreté como un gesto de felicidad, y seguidamente emprendió de nuevo su vuelo.

De pronto, desperté bruscamente. Todo había sido un sueño, o una pesadilla, según se mire, el cual o la cual no me atreví a contárselo a nadie, quizá por fantástico, quizá por ingenuo y, además...


...¿quién se iba a creer que una paloma podía ser sabia y milagrosa y que tuviese tanta sensibilidad como para conducirme hasta donde se hallaba el amor de mi vida?


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Re: MI BLOC, QUE NO BLOG

Mensaje  achl el Jue Jul 06, 2017 3:24 pm




¡Cuán sorpresa no se llevaría el embajador!


Es más que sabido por todo el mundo que la humillación es también una forma de estar en esta vida


Ese jueves, cuando pulsé el timbre a las ocho en punto de la mañana del pequeño hotel donde trabajaba, como todos los jueves, mi jefa tardó más en venir de lo usual. Abrió y asomó el cuerpo, y yo no pude evitar reírme. La setentona vestía picardías rojo, que traslucía revueltos pelos canosos, y su cara estaba más surcada que nunca. Ese escracho andante parecía que se demoraba a propósito, y cuando llegó se apoyó en el marco de la puerta para que, sin duda, la viese la gente que pasaba en ese momento por la calle, como exhibiéndose.

____Anoche me acosté tardísimo -me dijo como excusa-. Comience usted, López, que apenas yo me arregle un poco le ayudo.

Y no tenía por qué excusarse, pues era la jefa y la propietaria de aquella mansión, transformada en hotel para contadas ocasiones.

Y luego de decirme eso, se encerró en el baño, viendo yo avanzar por el pasillo unos muslos escuálidos llenos de estrías, nalgas escuálidas...

Eran años muy difíciles, y para ganarme unas pesetas había aceptado la oferta de una viuda rica, de las muchas que habitan en Sevilla, para que le hiciese de chico de los recados y de mayordomo 4x4 (todo terreno), en las ocasiones en que ella organizaba fiestas en su casa. Por cierto, no era de mi agrado el tener que disfrazarme de pingüino y hacer reverencias a toda esa gente estirada que pulsaba el timbre. Pero no me quedaba otra que obedecer; si no, llamaría a otro u otra, aunque prefería hombres.

Casualmente, ese jueves era fiesta, así que me quedaría en la casa hasta las tantas, al menos hasta que se hubiese ido el último invitado. Y mejor para mí; más tiempo, más pesetas para mi triste billetera.

Fui por hábito al dormitorio principal, el de ella, y lo primero que hice fue quitar las sábanas para llevarlas a la lavadora, y así aprovechaba el sol a la hora de tender desde temprano. Pero al levantarlas, cayó al suelo una cosa alargada de plástico azul transparente y con cable negro que seguía conectado al enchufe que había detrás de la mesilla. Cuando mi cabeza terminó de asimilar la palabra 'consolador', apareció la vieja y me ordenó que comenzase por la cocina o por otro lado, que ella tenía cosas que hacer en su dormitorio.

Dejé las sábanas encima de la cama y salí sin responderle, cerrando ella la puerta. Me fui a la cocina y comencé a lavar ollas, sartenes, cubiertos, vasos y platos, que llenaban todo el fregadero. La noche anterior habría recibido algunos invitados y no me había avisado para que yo la sirviese. Pero sería privado, porque la vajilla de plata y la mantelería fina seguían como yo las dejé en la alacena la última vez que fueron utilizadas, listas para usarse en esa noche.

La cocina era un auténtico caos: platos llenos de restos de comida, y las copas y los vasos estaban rotos y esparcidos por todo el suelo, casi todas las sillas manchadas, ceniceros a tope de colillas... La setentona se había descontrolado un poco. Pero todo debía quedar limpio y en orden, ya que esa noche vendría el embajador de Portugal. Expresamente me lo había comunicado el jueves anterior.

____López, nunca tuve a un embajador cenando en mi casa. Quiero que todo esté perfecto. Si algo falla, no me lo voy a perdonar nunca.

'Como para no meterme yo solo presión...', pensé.

Estuve más de dos horas limpiando el desastre de la cocina. Del resto de la casa venía un silencio raro, e imaginé que la vieja estaría durmiendo, o tal vez disfrutando con su nuevo compañero: el Señor Vibrador.

A falta de nuevas órdenes, y para que mi jefa no me descubriese ocioso, empecé con el enorme salón, donde transcurriría la velada y en donde el menor detalle de higiene era una prueba de fuego para que comensales, como el referido embajador, esparciesen buenas referencias de la viuda de Montero de los Monteros.

Sobre las dos, apareció mi jefa en camisón largo celeste, y zapatillas de piel del mismo color. Me halló revisando la vajilla. Me preguntó cómo iba todo, mientras miraba en todos los rincones en busca de telarañas.

____¡Allí, allí, en ese rincón cuelga una! -exclamó señalando con un dedo un ángulo alto del salón.

No la veía, pero para que me dejase tranquilo hacer mis labores, cogí el plumero con palo largo y lo pasé varias veces. Al acabar, salí a buscarla por la mansión, pero de nuevo había desaparecido. Fui a su dormitorio y golpeé suave la puerta. Asomó la cabeza con cara de pocos amigos.

____¿Hago ahora su dormitorio, señora?
____¡No, hoy me encargo yo! ¡Limpie los baños y fíjese que no falte nada para esta noche! -me dijo con voz nerviosa.
____Como usted mande, señora.

Y ya no me molesté más en pedir nuevas órdenes. Sobre las cinco, salí a hacer la compra. Quedaba poco papel higiénico, y no fuese cosa que Su Excelencia tuviese que ir con paso ligero al baño... Así que como la vieja seguía encerrada, cogí dinero de su monedero y fui al supermercado.

A las ocho empecé a poner la mesa. Diez selectos comensales. Sin niños ni mascotas. Tapetes y servilletas bordados, cubiertos de plata, copas de cristal tallado de 'La Cartuja'. Y el menú sería sevillano: gazpacho y pescado variado. No sabía qué negocio tenía entre manos la vieja al codearse con gente de alcurnia. Yo no conocía los detalles de un protocolo oficial para montar una mesa imperial; no era mayordomo profesional, así que hice mi cometido como sabía y según esos métodos de la clase baja, que nos arreglamos como buenamente podemos. 'Hubiese sido mejor para ella el haber contratado un profesional, y así no correrá riesgos; o al menos que venga a echar un vistazo de vez en cuando', pensé.

Ya era humillante para mí el tener que andar encorvándome ante gente estupidita. Acabé con la mesa y fui a buscar mi ropa para ir a ducharme. A las nueve empezarían a venir los primeros invitados.

En ese instante sonó el timbre. Abrí la puerta. Era la floristería, que traía flores. No llamé a la vieja. Me limité a pagar con su tarjeta, imitándole la firma. No era la primera vez que lo hacía.

Preparé los floreros con la misma intuición con que puse la mesa, porque tampoco entendía yo mucho de adornos. Los distribuí entre el salón y el holl. Cogí mi atado, y empezaba a cruzar el pasillo hacia uno de los baño, cuando de nuevo sonó el timbre. Ahora era del servicio de catering. Dos chavales uniformados bajaron de un furgón una mesa alargada portátil y diez sillas de igual estilo. Les indiqué que dejasen todo en el holl. '¿Qué estará haciendo la jefa todo el tiempo encerrada en su alcoba?', pensé y, sin dar mayor importancia a eso, me fui hacia el cuarto de baño.

Mientras me vestía creí escuchar voces. Al volver al salón, ya disfrazado de pingüino, vi a la jefa saludando a un tipo vestido con un frac, que me hacía competencia. '¿Lo ha recibido ella o estaba escondido en su alcoba desde la noche anterior?, porque yo no le abrí la puerta', pensé otra vez. Me pareció que mi jefa se enojó por mi aparición. Antes de dejarme solo en la cocina, se sirvieron Don Perignon, y, con copas en manos, salieron entre risas y guiños de complicidad.

Enseguida empezaron a caer los invitados. Al abrir, debía anunciarlos con voz estentórea para que la anfitriona viniese a recibirlos. El senador Sala, el banquero Iglesia, el marqués de Gris, la condesa de Brío, el Conde Lío, el notario Costa... Y así, por el estilo, hasta nueve. Dejaban en mis manos sus costosos abrigos, y yo los iba llevando a la alcoba de la vieja, porque la casa no tenía guardarropas. La cama matrimonial iba ganando en altura a causa de una pila de pieles.

El último, como era de esperar, la estrella de la velada, el Embajador de Portugal. El coche oficial estacionó frente a la mansión, y su chófer le fue a abrir la puerta de atrás. Mediana edad, mostachos y ojos picarones. Lo presenté como 'Su Excelencia', más un apellido que no recuerdo. Lo hice impostando la voz lo mejor que pude para dar solemnidad al asunto; la que correspondía para semejante recepción.

Apareció la anfitriona y saludó al portugués con tanta melosidad que si él sufriese de diabetes moriría allí mismo fulminantemente de un ataque de hipoglucemia. Luego, el portugués se quitó el sobretodo, y mi jefa, a loro, me ordenó:

____López, lleve el abrigo de Su Excelencia al guardarropas.

No había guardarropas en la casa, como ya dije, y la dueña lo sabía, pero asentí. Cogí el boatoso sobretodo de la mano del usuario, que me sonrió con sorna, como adivinando mi nula experiencia como mayordomo. Hice una ligera inclinación de cabeza y desaparecí a todo gas.

La cena transcurrió sin ningún problema. Yo era la única cara del servicio doméstico, así que aparecí varias veces por el salón empujando un carro de metal con bandejas y vinos. Y todo el rato me preguntaba a mí mismo si estaba comportándome como el protocolo exigía, y antes de destapar una fuente, o servir una copa, alzaba la vista buscando la aprobación de la vieja. Pero ella, en la cabecera de la mesa, estaba ocupada halagando al diplomático y seguro que contándole sus proyectos de inversión en un 'Grupo de Turismo Internacional'. El embajador, cada vez que veía que yo aparecía por su lado, reponía en su cara una sonrisa irónica:

____Tú no eres de por aquí, ¿verdad, muchacho?

Cuando se levantó de su silla para irse, los otros comensales le siguieron, dejando claro que estaban pendiente de sus movimientos. Y yo en pie en un rincón del salón miraba sin mirar cual robot reacciona ante un mínimo estímulo. La señal me llegó cuando la jefa me miró. Me apresuré en ir por su sobretodo al dormitorio, no fuese que el diplomático descubriese que la arquitectura de ese hotel del siglo XIX no tenía guardarropas.

Como él había sido el último en llegar, su prenda estaba en la cima de la montaña. '¿Cuántas miles de pesetas habrá aquí en pieles?', pensé, a la vez que cogía el sobretodo con total cuidado para evitar que se arrugase. Y entonces vi una cosa que asomaba de debajo de la almohada: el Señor Vibrador. 'Fue pensar y hacer'. Jajajaja.

Volví al holl justo a tiempo para extender la lujosa prenda de pieles, bien abierta para que el portugués se la pusiese, sin dejar de prestar atención a las alabanzas de mi 'encantadora', jefa.

Le despidió desde la acera a la vez que el chófer de la embajada le abría la puerta del flamante Mercedes con cristales opacos y blindados.

Muy Atrás, eclipsado por la figura escuálida de mi jefa, aguardaba yo en una postura encorvada, los brazos abiertos, los ojos hacia el suelo. (Esto lo había visto en una película de cine).

Mi cara, aunque a nadie importase, porque yo era invisible para aquella plebe, parecería denotar una mente vacía.


Pero no dejaba de pensar, con pícara sonrisa, en la gran sorpresa de Su Excelencia cuando llegase a su mansión, se quitase su elegante sobretodo y notase un alargado bulto en uno de los bolsillos, y al inspeccionarlo encontrase un objeto, inconfundible en su uso


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Re: MI BLOC, QUE NO BLOG

Mensaje  achl el Vie Jul 07, 2017 1:19 am





Aceptar las cosas como son


Deliberar acerca de este peliagudo asunto, nos ayuda grandemente a fortalecer nuestros criterios, nuestros pensamientos. Es por ello que es recomendable que nos entreguemos a una exhaustiva meditación que, en definitiva, redundará en beneficio propio


Nada puede llegar a ser tan complicado, en ciertos momentos de nuestras vidas, como aceptar las cosas como son. Empero, este principio básico del bienestar emocional, es fundamental para que no nos frustremos cada vez que estemos inmersos en situaciones que no nos gustan o que los resultados no sean los que en realidad esperábamos. La vida es así. No depende todo de nuestra voluntad, nuestra entrega. No siempre. En muchos factores de nuestro destino interviene la suerte y por supuesto la voluntad y el deseo de nuestros semejantes.

Aceptar las cosas como son, nos hace liberar de una sensación de ansiedad, a la vez que nos abre los ojos para entrar en total contacto con el aquí y el ahora. ¿Pensamos, quizás, que resulta difícil alcanzar este objetivo? Si es así, deberíamos reflexionar sobre las horas que nos pasamos dando vueltas a la cabeza a determinados asuntos; analicemos el sentimiento de ansiedad y de rabia que acumulamos a nuestra espalda, tendremos que madurar a nivel emocional a la hora de entender que las cosas son como son, más allá de que a veces nos guste que fuesen diferentes.

Cuando nos ocurra algo que no nos gusta, aparquémoslo en el pasado, dejémoslo allí y sigamos con nuestro presente. Resulta altamente productivo que nos relajemos y que procuremos ser felices. Visualicemos los posibles buenos momentos de nuestro futuro, que a buen seguro podremos abrirnos puertas que nos harán sentirnos bien. Procuremos no estar triste porque la vida sea una caja de sorpresas. Con el paso del tiempo es probable que conozcamos a gente nueva, con la que podremos cambiar impresiones, rechazando de plano las negativas y aceptando las positivas, justo esas que nos gratifican.

Es claro, pues, que aceptar las cosas como son nos demuestra la capacidad de ser flexibles y de adaptarnos a los cambios. La vida, en sus últimas instancias, es, simplemente, movimiento, cambio, evolución y velocidad.


Pero, ojo. Siempre debemos tener presente que nosotros mismos, obligatoriamente, tenemos que marcarnos la pauta y el ritmo con los que vayamos a caminar


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Re: MI BLOC, QUE NO BLOG

Mensaje  achl el Sáb Jul 08, 2017 11:33 pm




Sus deseos se convirtieron de pronto en los míos


Historia basada en un experiencia mía personal, con algunos detalles alterados para respetar la privacidad de terceras personas


Todos tenemos un lado oculto; una parte de nosotros, secreta y oscura, que nadie conoce y cuya existencia debemos admitir. Mi lado oscuro se llama Dini, un chico italiano, de 30 años, uno más que yo.

Ejercía de ginecóloga en Madrid, y él trabajaba de ginecólogo en Sevilla. Aun lo que pudiera pensarse, nuestro punto de contacto no fue nuestras carreras; le conocí a través de un videojuego, al que mi novio, con quien mantenía una larga relación, plagada de altibajos, se había aficionado al poco tiempo de empezar a vivir juntos, casi siete meses ya.

Una noche me pidió que telefonease a un sujeto, con el que jugaba, para avisarle de que no podría conectarse porque aún teníamos problema con Internet. Dini sabía quién era yo, ¡por supuesto que lo sabía!, y tras unos minutos de amenos whapsapp, le dije que podía llamarme 'por si alguna vez necesitase algo urgente de mí'. Jamás hubiese adivinado que fue ese momento en que empecé a caer en una vorágine de dulce perversión, de la que no habría ya posibilidad de volverme atrás.

Días después, una noche de julio, como de costumbre no podía conciliar el sueño. Tenía las ventanas de mi dormitorio abiertas, y la luz de la luna arrancaba un destello plateado al sudor que perlaba mi cuerpo desnudo. Hacía calor. Mucho calor. A mi lado, mi novio roncaba impasible, también como de costumbre sin tan siquiera haberme rozado. Cogí mi móvil de la mesilla de noche, sin saber muy bien qué hacer para vencer el insomnio, y comencé a releer algunas conversaciones que había mantenido con el director de mi hospital, vía correos electrónicos.

Pero en ese momento sonó un leve 'clic'. Alguien hablaba por mensajería hablada. Un escueto: '¿qué haces aún despierta?', de Dini, por supuesto. Sabía que no dormía bien y que hacía meses que mi novio no me hacía el amor y que tampoco estaba yo por la labor de 'hacerlo'. Me levanté de la cama, sin hacer ruido y sin responderle aún. Tamborileaban quedamente mis pies descalzos sobre el parqué del apartamento, mientras me dirigía hacia el salón.

Me eché desnuda en el sofá, con las piernas estiradas, y tecleé... 'sigo sin poder dormir; hace calor y tengo muchas cosas en que pensar'. Iniciamos a hablar, intercambiando futilidades, y cuando el reloj del salón marcaba las tres de la madrugada, me hizo la pregunta que terminó por despertar el animal que hay en mí. '¿Puedo preguntarte algo indiscreto?'. Intrigada, le dije que sí, que por supuesto, y entonces soltó: '¿qué harías si te dijese que a diario pienso que estoy contigo?'. No lo capté exactamente, por eso le pregunté: '¿te refieres a que fantaseas conmigo cuando tienes ganas de mujer?'.

Obviamente no podía referirse a otra cosa. Me sentí rara. Pero, de pronto, me pregunté. '¿Estar conmigo...?' Le agradecí su sinceridad y le pregunté por qué me lo contaba. Entonces soltó la segunda bomba: 'porque estoy cansado ya de que sólo sea fantasía; quiero que se haga realidad, que lo hagamos juntos'. Súbito rubor caldeó mis mejillas. Contuve la respiración un instante. ¡Qué nos acostemos juntos, vaya! Eso fue palmariamente lo que me dijo.

Enfadada, quise decirle que no, que yo no era de ese tipo de chicas. Toda mi vida sexual y sentimental había estado marcada por una simpleza que rallaba en la mojigatería, y aún a mi edad habían mil mundos que aún no conocía. Pero una vocecita de adentro de mí susurró: '¿y por qué no?'. Me mordí los labios, sintiendo una súbita humedad en mi sexo. Realmente la idea me atraía, ¿pero estaba dispuesta a ignorar todas las convenciones sociales, los tabúes y todas esas pejijeras de las buenas formas?

Esperaba él mi respuesta y yo ya sabía lo que iba a responderle, sólo que mi mente aún no era capaz de admitirlo. Un chabacano ronquido, que me sonó a desdén, procedente del dormitorio, precipitó mi decisión. '¿No me merezco yo algo diferente?'. Ese pensamiento terminó por convencerme. Tragué saliva y, decidida, tecleé:


De acuerdo. Cuándo y dónde


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Re: MI BLOC, QUE NO BLOG

Mensaje  achl el Dom Jul 09, 2017 12:09 am




Recuerdos que me matan


Recuerdo aquel cuarto y aquellas batidas de sexo realizadas en él un día lluvioso de abril. La lluvia dibujaba etéreos paisajes en los cristales de la ventana. La nevera ofrecía cervezas que anticipaban un placentero trago que reduciría resaca. Y las blancas y negras teclas de un piano, repartían la melodía de un 'Me embrujaste' de ensueño.

Recuerdo en especial un beso y un suspiro, y también los caídos pétalos de una rosa en el olvido. Y te recuerdo a ti, llegando al cuarto, oculta en los márgenes del tiempo, y envuelta en la bruma de mis sueños.

Recuerdo tus sonrisas cómplices, tus insinuantes miradas de pecaminosa pasión, y la gran capacidad que tenías para hacer de un simple cuarto, el palacio donde el deseo y la lujuria eran los majestuosos aposentos de los juegos de amor.

Bebimos la estimulante rubia. Tus vaivenes eran la fascinante coreografía de la sensualidad, eran unos seductores hechizos que trastornaban todos los sentidos, con la magia que sólo se desprende de una auténtica mujer. Y sonreíste ocultando la belleza en el enigma de tus labios, y en el negro absoluto de tus grandes y bellos ojos.

Sobraban las palabras, el silencio era el preludio de un altar donde la piel y el alma se unían en excitante oración al placer. Yo fui testigo directo de cómo la brisa de tu aliento iniciaba los caminos de la pasión, de cómo el más leve o insignificante vaivén, era el sendero por el que suministrabas la savia que alimentaba todo mi ser. Fue entonces cuando comprendí que podía pasar toda la eternidad atrapado en los brazos de la más hermosa de las mujeres. ¡Ironía de la vida!

Ahora ya no soy nada, tan sólo la apariencia de unos días deshechos en el pasado, y el agobiante fuego de una angustia inmisericorde. Y siento que formo parte del vacío que modela tu ausencia, y de las inquietantes sombras que se pegan al sufrimiento de un presente, que se amamanta de los repulsivos pechos de la muerte.

Aún sigues en mí, amándote. Aún sigue mi pecho abierto y aún siento mi desgarrado corazón desangrándose en el tuyo, cuyo se transformó en un hermoso cáliz del que bebí hasta calmar la sed, y tu vientre de platino en el plato del que comí los más exquisitos manjares.

Realmente conmoviste algún rescoldo, allí donde sólo cabe la diabólica presencia de la llama infernal, y sabiendo que mi lucha no era contra ti, me aterra sólo con pensar que se ha acabado nuestro sueño de amor.
He permanecido años y años camuflado entre pesadillas. A duras penas he soportado nuestros miedos, pero de nuevo y con más ansias, la sed y el hambre de ti me arrastran a querer recuperarte.


Por eso te buscaré y me expondré ante todo inconveniente, buscando en la brisa de tu aliento el pasaje que burle al tiempo, para que me permita volver a catar la apetitosa carne de tu anatomía


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Re: MI BLOC, QUE NO BLOG

Mensaje  achl el Lun Jul 10, 2017 5:01 am



Es que se tenía que pagar los estudios...

A nuestro edificio llegó una vecina nueva. Como presidente que soy de la comunidad me presenté para explicarle las reglas de la vecindad. La nena era lindísima: morena, alta y un culo, ¡oh!, senos grandes y firmes y cara de muñeca. ¡Y caliente, que eso se nota! Tenía 19 añitos, y me dijo que era universitaria. En ese día vestía vaqueros azules muy ajustados y camiseta negra. Había traído a su nuevo piso una bicicleta estática; sí, de esas para mantenerse en forma. Se despidió de mí con dos besos en mejillas y me dejó hirviendo.

Pero, a los pocos días, problemas... Pues resulta que durante las noches recibía a hombres en su casa. Las viejas del edificio eran quisquillosas y empezaban con sus cosas: 'que si gentes raras en los pasillos, que si los coches ocupan todos los estacionamientos, que si tantos ruidos...'. Mi querida esposa me dijo que antes que tuviese que soportar un desfile de gente reclamando, se iba con su madre.

Un día llegué mas tarde de lo habitual a mi casa y andaba en mi busca un tipo cuarentón. Cuando, al fin, nos vimos me preguntó por 'la chica que atendía'.

¡Ay, que la muñequita es putita!’, pensé.

Hablé con ella.

Vestía esta vez traje ceñido con escote ¡uff! ‘Lista para atender’. Me rehuía mientras me decía que sí, que ella era prostituta de noche, pero para pagarse sus estudios. Seis meses llevaba en ese ambiente y ya se había mudado cinco veces de piso, por lo mismo, por los vecinos.

Le sugerí, por su bien, que 'lo hiciese' en otros lugares, y que en vez de recibir gente de fuera, se publicitase entre los vecinos del edificio. Sonrió y me respondió que no era mala idea.

De pronto alargó la mano derecha hasta mi miembro y me preguntó, con ojos pícaros: '¿quieres ser el primero del edificio en degustar los productos de mi negocio?'.

Sin pensarlo dos veces, le bajé el escote y, dejando sus grandes senos duros al descubierto, le chupé los mamelones. Luego me llevó hasta el sofá. Terminé de desnudarla y disfruté de lo lindo de su diminuto tangas. Se los quité con la boca y después saboreé su vagina, poblada de vellos negros rizados.

____Ay, querido vecinito; esto no estaba incluido en los servicios -me dijo.

Pero ya nadie quitaba mi fogosa lengua de su encharcado sexo. Luego, poco a poco, subi hasta sus pechos y le dije:

____Qué cuernecitos más afiladitos tienes, vecinita.

Me desvistió completamente, y me hizo una tremenda felación. Para sólo tener 19 añitos, sabía bien cómo sacarle punta al lápiz. Entonces nos fuimos a su cuarto: un auténtico burdel. Había instalado espejos en paredes y techo, y luces rojas y pantalla con canal porno. Me puso el forro, y primero misionero, perro después, y rematamos la faena con un sincronizado galope, mirándonos en los espejos.

____Vecinito, espero que tú me ayudes con los otros  -me dijo, al 'acabar'.  
____No te preocupes. Eso haré y será nuestro secreto, vecinita.

Y empecé a vestirme de nuevo, pero siguiendo ella sin soltarme el miembro, como si lo quisiese para sí. Es que además de preciosa y con buen cuerpo, era más lista que el hambre.

La nena acabó con la gente de fuera y comenzó a 'hacérselo' con los vecinos del edificio, incluido un abuelete, que parecía revivir. Las viejas remilgonas ni piaban ya, de lo bien que nos lo montábamos, teniendo nuestro propio burdel en el que disfrutábamos de sexo joven y oculto, mientras la espectacular universitaria ganaba sus buenos dividendos. De hecho, 50 pavos por barba, pero a todos les regalaba minutos extras. Por ser yo el presidente me lo hacía gratis dos veces por semana. Claro, es que yo la había ayudado en lo de la publicidad y le compré unos cuantos tangas picantes, además de juguetes sexuales...

Los sábados nos reuníamos algunos vecinos en el piso del único soltero del edificio, que mientras 'se lo hacía’ con ella, los demás tomábamos unas cervezas, a la vez que veíamos el partido en la tele. Las viejas creían que éramos unos fanáticos del fútbol. Y si las cosas se alargaban, por más gentes de la previstas, poníamos vídeos con sonido alto de antiguos partidos de fútbol, para despistar. Y a veces, para 'hacerlo' con la bella vecinita, sorteábamos el orden y así dábamos morbo a la cosa.

Todos éramos sumamente discretos, y jamás llegó a los oídos de ninguna esposa nuestros reiterados devaneos sexuales.

Y así, tres años seguido. ¡Qué delicia! Me la tiré tanto que conocía cada palmo de su cuerpo, cada lunar, cada peca, cada pliegue de su increíble anatomía...

Ganó mucho dinero y nuestra amistad. Cualquier problema y ahí estábamos nosotros. No tenía de qué temer.

El último año fue el no va más. Se implantó siliconas en los pechos e incluyó el griego en su ya amplio menú

¿Y saben por casualidad quién fue el primero en colarla en aquel apretadito ojete? Jajajajaja…


Mucho lo sentimos todos los vecinos clientes de ella, con disgustos incluidos, cuando nuestro objeto del deseo más preciado terminó su carrera, se tituló y cambió de ciudad


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Re: MI BLOC, QUE NO BLOG

Mensaje  achl el Mar Jul 11, 2017 11:11 pm




¿Por qué los hombres acuden a las prostitutas?


El oficio de estas mujeres se le conoce tradicionalmente como 'la profesión más antigua del mundo', cuya se ha mantenido desde los inicios de la historia de la humanidad

Siempre hay quienes están dispuestos a pagar por sexo. El debate nunca acaba. Se ha discutido sobre la moralidad y la legalidad de este trabajo y todos tienen sus opiniones al respecto, pero no parece haber un punto de acuerdo.

Un estudio de un grupo de eminentes sexólogos y psicólogos, ha determinado el perfil de los hombres que acuden a las prostitutas, y el resultado demostró las creencias que se tenían sobre estos hombres.

Son amplísimos los motivos y las razones por los que los hombres pagan por sexo. Pero se me antoja necesario matizar que un menor número de mujeres también solicita este tipo de servicios.

Unas encuestas efectuadas en la calle, acompañadas por declaraciones de  prostitutas, determinaron que no hay un perfil típico en los hombres que pagan por sexo, más bien complejidad y variedad.

La mayoría de encuestados responde que paga por sexo porque le gusta intimar con mujeres diferentes. Otro gran número de hombres afirma que con prostitutas pueden 'probar cosas diferentes', que nunca han hecho con sus esposas, novias, amigas o amantes.

Un grupo significativo de los usuarios frecuentes admitió que así puede explorar su propia sexualidad; es decir, 'hacer cosas' que su pareja no le permite, y que, al mismo tiempo, no crea ningún lazo emocional con la chica de turno.

Algunos admiten que lo hacen simplemente por curiosidad y porque no pueden tener sexo gratis o por amor y porque les excita el secretismo y la manera en que se maneja este negocio. Sin embargo, una menor cantidad de ellos admite que esto eleva su autoestima y que le parece algo fácil, y sobre todo rápido.

Otros justifican su visita a prostitutas, diciendo que sus parejas los tienen 'a pan y agua', casi siempre, por no decir siempre, largando ellas en cada caso un rosario de disculpas, en su mayoría no creíbles, considerando, por supuesto, que padezcan alguna enfermedad temporal o duradera.

Pero lo que parece muy claro es que la mayoría de los hombres dejaría de pagar por sexo si pudiese conseguirlo de otra manera.

Algunos encuestados afirmaron que si viesen o notasen una sola señal de maltrato, físico o psicológico, en la chica, o supiesen que son forzadas a prostituirse, no volverían a acudir a estos servicios. Y los más cívicos, incluso denunciarían a la policía lo que hayan visto u oído al respecto.

Y si tú, lector, eres sabedor de que la prostitución es ilegal en gran parte del mundo, ¿cuál es tu opinión sobre acudir a trabajadoras sexuales, llamadas putas en la jerga de la calle, para cubrir este fundamental sector de tus necesidad fisiológica?

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Re: MI BLOC, QUE NO BLOG

Mensaje  achl el Vie Jul 21, 2017 5:06 am




Posesión masculina hasta el final

¡Cuánto le amaba! ¡Y pensar que había muerto por ella! ¡Qué se ofreció voluntariamente como holocausto para salvarla! ¡Qué blanca reluce su piel, qué bello aparece así, dormido! Sus normalmente duras facciones, suavizadas por las caricias de la Parca. El pelo lacio cae en desordenado flequillo y le tapa los ojos.

¡Qué desgracia! No quiere perderle, le ama demasiado. La gente se va y ella se queda sola con él. Le preguntan si se lo llevan. 'Una noche más y así disfruto de él unas cuantas horas más'. 'No hay problema'.

La luz de la luna se filtra por la vidriera. Ella se echa a su lado y coge su fría mano. No siente la calidez de siempre. Cierra los ojos. Se deja llevar por los recuerdos. Está serena; triste, sola, pero serena. Oscurece y cree sentir su mano apretando con amor la suya; presión en su pecho y vacío en su alma. Intenta gritar, pero su garganta no responde, y tampoco su cuerpo. Cogida de la mano de su amado, dice adiós a la vida.

Al otro día, dos féretros salen del mismo cuarto del mismo tanatorio.

En uno, una joven esposa, casi una cría, con una expresión de espanto, a pesar de que han cerrado sus ojos. En el otro, un chico que sigue inmóvil, en la misma postura en la que se encontraba el día anterior...


Pero en la cara de él se dibuja una egoísta sonrisa


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Re: MI BLOC, QUE NO BLOG

Mensaje  achl el Vie Jul 21, 2017 10:21 pm





Aquella vieja casa de enfrente de mi casa

En la oscuridad de la noche, caminaba yo tranquila y sola por las estrechas calles que conducían a mi casa. Acababa de salir de la academia, y aún me quedaba más de veinte minutos para llegar y a todo esto que no comenzase a llover, pues el cielo se estaba encapotando por momento.

Enfrente de mi casa había una casa, antigua y medio destruida. Comentaban por doquier que se podía escuchar palmariamente unos lamentos durante las noches. Yo nunca había creído en esa historia, pero de niña siempre me había invadido la curiosidad, y esa noche me encontraba con fuerzas de llegar enseguida a mi calle para poder comprobarlo.

Fumaba yo un cigarrillo mientras subía las pronunciadas cuestas de aquellas calles, pero tratando de que nadie me viese, ya que si mi madre se enterase de que con tan sólo dieciséis años había entrado ya en el vicio del tabaco, me esperaba una importante y severa reprimenda.

Poco antes de llegar apagué mi cigarrillo, y, para que mi madre no me oliese a tabaco, me metí un chicle mentolado en la boca, saboreándolo rápidamente para despistar.

De pronto, algo en mi interior me hizo pararme a las puertas de la casa antes citada. ’¿Qué estoy haciendo yo aquí parada? ¿De verdad me voy a creer estos cuentos? Sé que sólo lo dirán para asustar’, me dije. Pero pensé en mi amigo Mario, que fue el que me contó toda la historia de una mujer asesinada allí, cuando un cristal rompiéndose me sacó de mi trance. Miré las ventanas de la casa; una sombra parecía recorrerlas velozmente. ‘Vale, Eva, te estás imaginando cosas’, de nuevo me dije.

Me fui corriendo hacia mi casa, pero con el corazón en un puño. Tenía miedo, pero trataba de justificar aquello con que Mario me había gastado una broma de mal gusto. Mi madre me vio entrar. Estaba yo pálida, más blanca que la leche.

___Eva, hija, ¿te encuentras bien?- me preguntó, extrañada.
___Eh… Sí, mamá, sólo que un gato me asustó.
___¿Un gato?
___Sí, uno que salió corriendo de la casa de enfrente.
Mi madre empalideció. Parecía más asustada que yo.

___¡No te pares en esa casa nunca más, me oyes! –me dijo.
___¿Y por qué? –le pregunté, empezando a sentir más curiosidad que miedo.
___¡Porque te lo digo yo! ¡Y punto!

Tras gritarme, entró en la cocina y cerró la puerta de tremendo portazo. Entonces me dirigí a mi cuarto para  hacer mis deberes de la academia. Me conecté los cascos al portátil, lo encendí y busqué mi música favorita. ‘Un poco de rock será lo mejor para concentrarme en mi tarea’, me dije.

Me conocía todos los compases de ese rock, y los tarareaba a la vez que escribía. Pero esa noche noté algo raro en él. De fondo, se escuchaba un gemido. Puse otro, y... lo mismo. ¿Qué estaba pasando? No lo sabía pero me entró miedo, por lo que entonces decidí meterme en la cama e intentar dormirme. Era tarde ya y seguramente el cansancio me estaba jugando una mala pasada. Durante toda la noche, una terrible pesadilla se apoderó de mí. Parecía tan real...


Estaba en pie a las puertas de la casa antigua, inmóvil. Pero, de pronto, mis pies empezaron a caminar solos hacia el interior. Los gemidos que había oído en el rock, se oían en mi sueño; eran de mujer. Sin saber cómo ni por qué, estaba yo quieta en medio del salón. Para estar la casa en ruina, el salón se hallaba en perfecto estado. Un ruido de detrás mía me hizo girarme; lo hice, pero no había nadie...

Seguí explorando. Encontré un cuarto de matrimonio y un cuarto de un niño. Parecía una casa normal. Los lamentos no venían de ningún lugar de allí. Bajé hasta el sótano. No parecía haber nada extraño, hasta que vi algo; en el mismo lugar donde me hallaba, había pasado una cosa horrible. Tres baldosas que se movían lo ocultaba.... ¡Ocultaban un cadáver!

Intenté despertarme pero el sueño no quería acabar ahí. ¡Mamá! intenté gritar, pero no tenía voz. Lo único que mi boca emitía era un susurro apenas audible. Empecé a correr en la casa buscando una salida, pero entrase donde entrase acababa en el sótano de vuelta. ‘¿Qué ocurre aquí?', me dije, al borde del llanto.



Nunca antes había pasado tantísimo miedo. De quien fuesen los huesos, no lo había matado un animal o un ser humano. Un ente horrible era el culpable. Con ojos rojos como fuego una y calvicie en todo el cuerpo, lo hacían repugnante, terrible. Su estatura era de más de dos metros y sus afilados dientes dejaban ver no muy buenas intenciones.

Traté de correr y de gritar, pero aquel impresionante monstruo no tardaba en darme caza y matarme.


Y hoy, casi cinco años ya de aquello, todavía sigue dentro de mí la pesadilla


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Re: MI BLOC, QUE NO BLOG

Mensaje  achl el Sáb Jul 22, 2017 1:43 am





Rifle vengador de alta precisión


Con esposa, dos hijos, y una amante sin hijos, el protagonista de esta historia, Eloy, era un tipo bien parecido: alto, moreno y de 43 años, de excelente posición social y económica. Pero siete días atrás su amante lo dejó, y desde entonces se sentía furiosamente despechado y con los ánimos bajo mínimos

Aquel día las sienes y el cuello le dolían cada vez más. Se tomó el tercer Paracetamol con un trago de agua, y después dejó la botella de plástico sobre la mesilla de su habitación, junto a un cuadernillo de crucigramas, amarillento, y una cajita con dos dados; en uno aparecía el cinco, y en el otro, el cuatro. Se refrescó con agua fría cara, brazos, sienes y manos, y luego apagó la luz del cuarto y se fue a la terraza.

El aire fresco le venía bien para reflexionar, y así concentrarse. Arriba, en la terraza del ático donde vivía Isa, su amante: rubia, guapa, de 38 años, cuya lo había abandonado por otro hombre, tres años más joven que él y como diez veces más dinero que él.

Eloy podía pasarse horas y horas, ajeno a todo, sumido en la más honda de las obsesiones: observar con unos prismáticos a la gente que pasaba por la calle, ocho plantas abajo.

Bajo la luz de las farolas de la calle, vio pasar a una pareja, cogidos de la mano; él, vestido con vaqueros azules, camiseta verde y botines blancos, iba jugueteando con ella, que vestía minivaqueros rojos y blusa amarilla. Vendrían de alguna reunión entre amigos, en donde habrían 'empinado el codo' más de la cuenta, a juzgar por el color de sus rostros y sus andares tambaleantes. Iban dándose golpes de cadera mientras andaban. Y cada ciertos metros, se paraban y se comían la boca. Él le cogía tetas y culo, y ella entrecerraba los ojos, y así se enviaban mensajes, como anticipando lo que probablemente vendría más tarde...

Eloy seguía observando, y esta vez su atención recayó sobre una mujer mayor paseando con un chuchillo negro. La mujer llevaba falda y camisa, negras, a juego con los zapatos de tacón bajo: un luto riguroso. El perro ladró con fuerza dos veces a un gato que se le ocurrió pasar por su lado, como un relámpago cruzándose con ellos, cosa que irritó a Eloy, pero no tardaron en alejarse.

Al rato, apareció una chica rubia haciendo footing, con mallas ajustadas, color azul, a juego con el minivaqueros que llevaba, y que bien realzaba su figura. A través del visor, se veían unos turgentes y firme pechos, por lo que pensó que haría gimnasio. Cuerpo precioso. Respiró hondamente algunos segundos, hasta que su índice de la mano izquierda (era zurdo) acarició el gatillo y un sonido seco perforó la noche.

Una bala, calibre 22, entró limpiamente entre dos costillas, perforando el corazón con precisión de cirujano. La chica avanzó algunos metros, hasta que su cuerpo sin vida ya cayó al suelo. Llegó el servicio de emergencias, pero no pudo hacer nada por su vida.

Mientras los efectivos del Samur aguardaban a que llegase la policía, una chica, rubia como la anterior, con camiseta blanca, que iba hablando por su móvil, se detuvo junto a ellos y les preguntó algo. Eloy fue incapaz de leer sus labios, pero le dio igual. No hacía falta: el mismo sonido seco, el mismo impacto, e iguales resultados.

Los médicos del Samur la recogió del suelo y la subió urgentemente a la ambulancia, cuya corrió a lo Fórmula Uno, rumbo al servicio de urgencias del hospital más cercano.

Feliz, había vuelto a dar de nuevo en el blanco. Y en esta ocasión, doble presa. Con una tranquilidad insultante guardó el rifle en su funda, entró a la vivienda, directamente al dormitorio, y dejó encima de la cama el rifle enfundado.

E inmediatamente después...


….cogió la cajita donde estaban los dados, los sacó y volvió a tirarlos sobre la mesilla. Ahora salió el seis doble. Turno para una morena....


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Mensaje  achl el Sáb Jul 22, 2017 3:12 am



Una pareja sentimental ejemplar

Una pareja sentimental ejemplar, en todos los aspectos, capaz de soportarse mutuamente, cobijada en el amor hasta llegar a celebrar las bodas de oro, e incluso las de platino, podría seguir eternamente su idílica historia. Pero, por alguna razón desconocida, el cerebro no está preparado para soportar la omnipresencia de una misma persona más tiempo del debido, porque no se soportarían, porque no habría ya nada que decirse y cada uno buscaría la liberación del otro. Es muy probable que reclamen su derecho a quedarse solo, a poder echarse de menos, a derramar una lágrima, pero sin llegar a un día más a ver la misma sempiterna cara de la otra persona. Y menos aún, sumidos en un encierro involuntario, condenados de por vida a encontrarse en cada rincón de la casa. Ya no se hacen preguntas, y tampoco se cuestionan sus vidas. Sus cerebros navegan muy despacio, a impulsos primarios, reteniendo un recelo, que más tarde o más temprano sale a relucir en forma imprevisible


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Re: MI BLOC, QUE NO BLOG

Mensaje  achl Ayer a las 7:15 am





Las calienta... eso


¿Habéis conocido alguna vez a una mujer de aspecto realmente increíble y os habéis preguntado por qué no tiene pareja?


Hay auténticas bellezas que están solas, y es un enigma saber por qué no han hallado aún a su hombre. Algunas permanecen solas, porque así lo desean, pero existen motivos que explican esta situación.

A veces topamos con una mujer que exuda erotismo por todo su cuerpo: la despampanante, la que nos dejan sin aliento, la que atemoriza por su impresionante atractivo. La llaman sexy. ¿Pero por qué la mayoría de las veces están solas?

Podría ser porque estén comprometidas aunque en la distancia y por eso no busquen hombres. Pero, aun eso, nos da por inferir que las atractivas, son superficiales y engreídas. Y si aquello y esto es verdad, no debemos arriesgarnos a invitarla a salir.

Es cierto que, en ocasiones, son abordadas por mentecatos y majaderos: los únicos tipos confiados para acercarse a una mujer así. Esos pelmazos arrogantes son los que en realidad consiguen que las mujeres se cansen de interacciones con cualquier hombre normal.

También existe en ese inconsciente colectivo masculino que las hembras despampanantes se hartan porque encuentran a demasiados osados que sólo quieren una cosa de ellas: sexo.

También hay féminas que no quieren comprometerse, lo que nos invita a pensar que si son tan magníficas y tan seguras, tendrían estándares muy altos y podrían querer esperar al hombre perfecto y no irse con el primer guaperas que apareciese en su camino. En mi caso, de perfecto no tengo nada, más bien todo lo contrario, pues yo mismo me auto defino como el perfecto ejemplo de lo imperfecto.

Es cierto que hay las llamadas calienta... eso, que podría definirlas como las que tienen como conducta femenina la de provocar a los hombres, sin perseguir nada a cambio; es decir, por el puro placer de seducir. Mujeres que deliberadamente estimulan el deseo sexual en hombres sin intención de satisfacerlos.

Generalmente, esas mujeres coquetean con todo lo que se menea, y son las que dirán, en el último momento... 'disculpa, te has confundido'. Pero, posiblemente, son las mismas que dejan frases con 'insinuaciones' en las redes sociales, para que no las olvidemos, a la vez que dejando entrever que 'se atreven a todo'.

Desde la teoría de la biología evolutiva se puede especular acerca de ese comportamiento tan contradictorio en las mujeres, consistente en llamar la atención con sus atributos físicos, a la vez que reniegan de la atención si sólo se basa en sus atributos.

Dice la sabiduría popular (la jerga de calle) que las mujeres, en el fondo, nunca se muestran atractivas para gustar a los hombres, sino para salir triunfantes en esa permanente competencia con otras mujeres.

Pero es importante matizar que el sexo, literalmente hablando, también lo usan por motivos de conveniencia, o en busca de otros objetivos.



No existen antídotos para las mujeres calienta... eso, pero me da la impresión de que los hombres tampoco queremos los hayan


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Re: MI BLOC, QUE NO BLOG

Mensaje  achl Ayer a las 8:25 am


Metamorfosis de una relación sentimental




En el siguiente razonamiento trato de exponer, de matizar,  una de las más frecuentes realidades de la verdad empírica acerca de una relación sentimental



Una unión sentimental ejemplar, en todos los aspectos (matrimonio, pareja de hecho, o simplemente pareja, sin cuestionar si es de diferente o del mismo sexo), capaz de soportarse mutuamente, cobijada sólo en el amor hasta llegar a celebrar las bodas de plata, de oro, e incluso de platino, podría seguir eternamente su idílica historia. Pero, por alguna razón desconocida u oculta, el cerebro no está debidamente preparado para sobrellevar la omnipresencia de una misma persona más tiempo del debido; simplemente, porque no se soportarían, porque no habría ya nada que decirse, porque entraría a escena los malos entendidos... y cada una de la partes buscaría su propia la liberación

Es muy probable que cada cual reclame su derecho a quedarse solo, a poder echarse de menos, a derramar algunas lágrimas..., pero sin llegar a la cotidianeidad de ver la misma sempiterna cara de la otra persona. Y menos aún, sumidos en un involuntario encierro, condenados de por vida a encontrarse en cada rincón de la casa. Ya no se hacen preguntas, y tampoco se cuestionan las circunstancias de sus vidas

A partir de los 70 años, y a veces con menos edad, los cerebros navegan muy despacio, a impulsos primarios, reteniendo casi permanentemente una especie de recelo acumulado, que más tarde o más temprano sale a relucir en forma imprevisible


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Re: MI BLOC, QUE NO BLOG

Mensaje  achl Ayer a las 8:51 pm



La masturbación femenina


Según las estadísticas, casi el 95% de las mujeres buscan el auto placer. ¿Por qué entonces la masturbación femenina sigue siendo un tema tabú del que poco se habla?


La masturbación las ayuda a conocer y explorar sus cuerpos, a descubrir sus zonas erógenas y de qué forma estimularlas para alcanzar el máximo placer.

Es más que sabido que las mujeres que practican sexo en solitario tienen mayor facilidad para conseguir un orgasmo a la vez que disfrutan de una mejor vida sexual en pareja.

Pero lo expuesto anteriormente no es la única ventaja. Hay muchos otros beneficios de la masturbación que tienen que ver con la salud.

Ayuda a conciliar el sueño

¡Qué desesperante es no poder conciliar el sueño! Y parece que cuanto más lo intentas, menos lo logras. La próxima vez que no puedas dormirte imagínate una situación excitante y disfruta.

El masturbarte provoca que el cuerpo libere endorfinas; hormonas que generan un estado de placer y relajación en el organismo. Y en apenas unos pocos minutos, te quedarás dormida.

Fortalece los músculos

El sexo en pareja es un muy buen ejercicio, porque sin darnos cuenta nos hace quemar calorías y según las posiciones sexuales que practiquemos, podemos fortalecer los músculos. Aunque no lo creas, también el sexo en solitario hace trabajar tus músculos pélvicos y anales.

Masturbarte te 'entrena' y te pone en condiciones físicas para alcanzar el orgasmo y disfrutar mejor del sexo.

Reduce los dolores menstruales

Que un actividad tan placentera como masturbarse puedas eliminar esos odiosos síntomas del síndrome premenstrual, dolor de ovarios, calambres molestia en la espalda y otros dolores, es una buena noticia. Y eso ocurre porque con la masturbación la sangre fluye hacia la zona pélvica, lo que alivia los dolores.

Previene las infecciones urinarias


¿Habías imaginado esto entre los beneficios de la masturbación? Pues, yo no tenía idea, pero así es. Con la masturbación no sólo obtenemos un estado de relax que nos ayuda a calmar las molestias de las infecciones urinarias, sino que a la vez 'limpia' las bacterias alojadas en el cervix que pueden provocarla.

Previene la diabetes del tipo 2

Las mujeres que tienen más orgasmos son menos propensas a sufrir de diabetes tipo 2, así que... ¿qué estás esperando?


Mujer, busca tus orgasmos en la soledad de tu dormitorio, que así disfrutarás al máximo de las ventajas de la masturbación


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Re: MI BLOC, QUE NO BLOG

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