Se llama copla democrático

MI BLOC, QUE NO BLOG

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Re: MI BLOC, QUE NO BLOG

Mensaje  achl el Lun Abr 16, 2018 7:50 am




Vacaciones de mí mismo


Un mañana al despertarme me levanté de la cama con el decidido ánimo de tomarme unas largas vacaciones

Pero…

…sin mi viejo batín y mis viejas zapatillas, sin mis absurdas preocupaciones, sin mis inútiles principios, sin mis trillados paradigmas, sin mis fastidiosas neurosis, sin mis añejas mañas, sin mis equivocadas conclusiones, sin mis anticuadas costumbres, sin mis banales usos, sin mi fastidiosa arrogancia, sin mis inútiles recuerdos, sin mi ética, llena de excepciones; sin mi eterno escepticismo, sin mis sobados argumentos y sin mi retorcida esencia.


Y a pesar de que la pasé muy bien, la implacable vida me trajo enseguida de regreso a mi patética situación de siempre


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Re: MI BLOC, QUE NO BLOG

Mensaje  achl el Lun Abr 16, 2018 7:59 am




Mi concepto de un personaje siniestro


Es una persona peculiar, tirando a singular: una especie de retaloide de humanoide, como delata sus expresiones escritas en todo lo que escribe. Aunque no hemos tenido la oportunidad de conocernos en persona, a mí tampoco me hacía falta porque desde que he coincidido con él en diferentes y diversos foros, siempre he presentido que es un individuo que no puede disimular su triste realidad de hombre solitario, envidioso y fracasado que no tiene más fuente de gozo y amargura que el regodeo de sus propias miserias
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Re: MI BLOC, QUE NO BLOG

Mensaje  achl el Lun Abr 16, 2018 8:07 am




Se lo tenía bien montado

¡Al fin viernes! Pensaba que nunca iba a llegar este finde. ¡Menuda semana llevo! En mi trabajo, tanto trabajar para nada porque, por las deudas que tienen con mi empresa, llevo cuatro meses sin cobrar mi sueldo. Pero quiero pensar que esto es pasajero, ya que siempre ha sido una empresa seria y siempre ha mirado por todos sus empleados


La gente no para de celebrar lo que sea todos los días, sobre todo la que tiene pasta. ¡Cómo no! Esta gente sí que pasa de crisis, de deudas, de problemas económicos y de todo. Qué le vamos a hacer. Bueno, mientras no me falte trabajo a mí, me puedo dar por satisfecha.

Además, nos llevamos de puta madre mi pareja y yo; él es un tío que siempre me complace en todo, igual que yo a él. Formamos un buen dúo. No para de decirme: 'me gusta todo de ti'. A diario hacemos el amor y lo pasamos chachipiruli. Cupido ha hecho un buen trabajo con nosotros.  

Pero en los días como hoy echo de menos mi Sevilla de mi alma. Seguro que mis amigos de allí tendrán sus planes para pasar un buen finde; y más en invierno. En fin, no me queda otra que regresar a mi casa y estar con mi Pepe, que así se llama mi novio, y después, si se tercia y el tiempo no empeora, salir un con él de bureo, acompañados de Rosa, Mar y sus chicos. Ellos forman mi trocito de Sevilla aquí en Madrid.

Pasados diez minutos llego a casa; mi pequeño apartamento en Sol me encanta. Meto la llave en la cerradura y entro. Me extraño al ver la tele apagada. Son casi las tres y Pepe debería estar ya aquí desde hace más media hora. Dejo mi bolso y mi paraguas sobre el sofá, saludo a Balú, mi chucho, y cojo el móvil. El de Pepe no da señal y parece que está apagado, por lo que me asusto más. ¿Le habrá pasado algo? ¡Bah!, seguro que se quedó sin batería.

Voy a nuestro dormitorio, para cambiarme y ponerme cómoda. Al abrir el armario no está la ropa de Pepe. Me asusto. Abro los cajones de ropa interior; no hay nada suyo, y entonces me siento un nudo en el estómago. Rápidamente voy al mueble de los zapatos: nada, ni botines deportivos ni zapatos de trabajo ni zapatos de calle; nada, absolutamente nada.

No sé qué hacer ni qué pensar. Lágrimas brotan solas de mis ojos. Ni un papel ni un mensaje. Sin previa conversación, sin explicación alguna... Nada.

Se largó sin decirme ni pío. Me ha dejado. Pero… ¿por qué? Nos llevábamos bien, salíamos juntos a todas partes, siempre que ambos podíamos, hemos pasado este verano quince días de vacaciones en Punta Umbría. ¿Qué es lo que he hecho mal?
Me dejo caer al suelo y me pongo a llorar, como una niña. Balú se me acerca y no para de lamerme. Nota que me siento mal. Tengo un chucho muy listo. Me tomo un tranquilizante y me tumbo en el sofá, hasta quedarme medio dormida.

Me despierto sobresaltada por los ladridos de mi Balú, me levanto cuando escucho el timbre de la puerta, repetidas veces. '¡Es él!', pienso.

'Ha vuelto, tiene que ser Pepe', voy diciéndome en voz alta mientras corro hacia la puerta y la abro, pero me desilusiono cuando veo a Rosa y a Mar.

Ven sufrimiento en mi cara y en mis ojos hinchados por tanto llorar.

____¿Qué te pasa? -me pregunta Rosa, mientras cierra la puerta, e inmediatamente después me acurruca en sus brazos.

Vuelvo a llorar, y ahora desconsoladamente mientras me abraza.

Mar imita a Rosa. Me abrazan las dos y entonces lloro más. Las tres nos sentamos en el sofá, con mi Balú sin apartar sus ojos de mí, como queriendo consolarme.

____Pepe se ha ido -respondo con voz débil, entre sollozos.
____¿Quéééé? ¿Habéis discutido? ¿Qué ha pasado? -me tri-pregunta Mar, mientras me aparta unos pelos de la boca.
____No sé. Llegué de trabajar y me encontré el armario sin sus cosas. No ha dejado ninguna nota, ni nada; además, tiene el móvil apagado -digo con poca voz.
____¡Menudo hijo de la gran puta es ese Pepito de los cojones! ¡Los tíos guapos no son de fiar! ¡Te lo he dicho muchas veces! -grita Rosa, enfadada.

Y eso que Rosa es muy difícil que se enfade; es la típica mujer que no se enfada ni se molesta por nada. Todo le parece bien. Con todo está conforme. Siempre se está riendo. Nunca la había visto enfadada, hasta hoy.

____No lo entiendo. Estabais bien, ¿no? -me pregunta Mar, moviendo la cabeza de un lado a otro, como no explicándose mi la situación.

____Yo estaba bien con él, pero, al parecer, él no lo estaba bien conmigo, aunque si fuese lo contrario, lo disimulaba de puta madre, el muy cabrón –le respondo y evito volver a llorar. Y lo consigo.

____Tú no te hundas, cariño. Ahora mismo te arreglas como nunca y nos vamos a cenar y después de fiesta. ¡Venga, ya estás tardando!

Rosa se levanta tras decirme esto y me coge del brazo y me mete en mi dormitorio.

____Te queremos lista en una hora. Mar y yo vamos a nuestras casas a ducharnos y a acicalarnos. ¿Vale?
____Vale -respondo como puedo.

Me ducho, con más voluntad que ganas, me visto y me acicalo todo lo mejor que me permite mi ánimo, pero no dejo de pensar...


...siempre es algo tremendamente maravilloso el tener buenas amigas. Y eso que dicen que las mujeres somos menos amigas entre nosotras que amigas de los hombres


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Re: MI BLOC, QUE NO BLOG

Mensaje  achl el Lun Abr 16, 2018 8:14 am




Presentación de mi libro

Hola, mi nombre es Triana y ahora tengo 29 años. Toda mi anatomía es rellenita, tirando a gordita, lo cual me produce un cierto completo. He nacido y he vivido y vivo en Sevilla. Sólo pude estudiar hasta terminar el bachillerato, pero desde pequeña  he tenido pasión por la Literatura y me gusta escribir; de hecho, he publicado mi primer libro. Me casé hace siete años, pero no he tenido hijos. Desde hace tiempo (ya ni recuerdo cuánto) mi marido y yo no hacemos el amor, aunque nos hablamos y seguimos viviendo bajo el mismo techo. Pero la pura realidad es que me siento como una puta mierda; frustrada y abandonada


Carta a mi mamá desde La Habana


Hola, mi mamá preciosa:

Como te prometí cuando salí de Sevilla, te escribo esta carta para contarte cómo fue la presentación del libro. Me hubiese gustado tenerte conmigo.
Pero sé bien que tu economía, y la mía también por culpa de mi marido, no están para dispendios.

No merece la pena detenerme a explicarte los aplausos protocolarios de todos aquellos tipos y dos tipas, que se auto hacían llamar críticos del arte de la Literatura, ni tampoco del cocktail de bienvenida, que, por cierto, dejaba que desear, ni mucho menos de los exagerados elogios que hacía de mí mi agente en el evento. No. Todo eso pasa a un segundo plano.

Un camarero del hotel donde se celebraba el evento, se encargó de hacer de aquella tarde, una de esas tardes que nunca se pueden olvidar.

Creo que lo que te voy a contar no te va a gustar, e incluso que me digas  que no es correcto lo que hice, pero tú eres mi madre y mi mejor amiga, y la sinceridad con la que te escribo me ayuda a desahogarme. Igual que lo hacía en la cocina de tu casa; tú y yo, y tus guisos como únicos testigos. Y con quién mejor que tú, que me has criado con tanto amor y paciencia.

Sobre la presentación del libro, poco que decir. Tenía unas copas y no me sentía segura en una reunión de intelectuales vestidos con ropa de marca y fumando cigarrillos de los caros. Sus palabras sonaban a soberbia, y sus alientos expelían un olor a podrido, como el de las tuberías atrancadas de los fregaderos. Sonreían, vanidosos y suficientes, cuando los  presentaban como críticos. Y según mi marido, eran los mejores de la América Latina.

____Ponte guapa y sonríe siempre, y tu libro recibirá buenas críticas en los periódicos y las revistas, y no sólo en los de Literatura.

Esto me había dicho mi marido antes de partir hacia Cuba. Entonces, casi que no le hacía caso, pero ahora le doy un millón de gracias por decirme que me pusiese guapa. Y más adelante te voy a explicar por qué.

En el evento bebía para desinhibirme, pero un vino dulzón se me pegaba al paladar y su sabor, parecido al de café, me recordaba el vino dulce que bebía mi difunto papá adoptivo, tu sin par marido. Pero decidía no beber más, pues sacaba como única conclusión que lo que estaba logrando era emborracharme.

Paseaba por la sala, para tratar de espabilarme. Los zapatos de tacón alto me estaban matando, me apretaban con saña los dedos. ¡Fíjate, mamá, yo con tacones! ¡Jajaja! ¡Madre mía, las cosas que hay que hacer para vender un libro!

Miré hacia mis alrededores, buscando un punto de relajación, una vía de escape, y entonces vi el ascensor, y de pronto me apeteció irme a la calle, para respirar un poco de aire puro. Pulsé el botón de llamada, y al abrirse las puertas, ahí estaba él: un mulato, alto y guapísimo, con las mangas de la camisa remangadas, exhibiendo unos brazos grandes, fuertes, y duros como roca; pelo moreno, ensanchados hombros, vigoroso, y… ¡ay mamá!, con un acento tan musical, tan dulce, tan incitador, que sentía arder mis mejillas de… bueno, mamá, las mujeres sabemos de qué. Gentil, se hacía a un lado y me invitaba a que pasase, y yo, entre la gran sorpresa de aquel bombón frente a mí, los vapores del vino y los ojos de él fundidos en el rojo de mi traje largo, me enganché un tacón en una ranura del suelo del ascensor y a poco me caigo. Él me sujetaba y soltaba una sonora sonrisa. Y viendo yo sus dientes tan blancos como la cal, escuchaba y observaba la sonrisa más bella que recuerde. Me reincorporé, más avergonzada aún, y le daba las gracias con un hilillo de voz.

Se llama Yanko, y es cubano, y no pude saber más de él, porque, a falta de tres plantas para llegar a la baja, mi brazo no respondía a mi cerebro, se alargaba, como de goma, y pulsaba el botón del stop. Me miraba con una ceja enarcada, y yo veía los labios despegarse lo justo para poder oler su aliento a menta. De pronto, se echaba sobre mí, y en ese momento, ya había olvidado la presentación del libro, a mi esposo y a la cordura. Todo eso olvidaba cuando su boca carnosa, traviesa y con olor a menta, besaba mi boca; beso que me transportaba a mi adolescencia; la que intentaba explicarte del mejor modo que sabía, y que tú justificabas como una etapa transitoria en la vida.

Luego me rodeaba con sus brazos y me giraba. No le oponía resistencia, ¡ni muchísimo menos! Con suma delicadeza me ponía contra una pared del ascensor, con mi cara sobre el aluminio, y sentía el calor de las yemas de sus dedos por todo lo largo de mis muslos, y mi tanga bajar por mi piel, completamente erizada. De repente, escuchaba un deslizar de cremallera. Yo estaba excitadísima y temblaba más que un flan. Apartaba algunos de mis pelos de mi oreja derecha y me susurraba al oído con ese envolvente acento cubano: 'mi niña linda', y yo, sin poder aguantar más le decía que me hiciese el amor allí mismo. Es que además del deseo que Yanko había inyectado en mis venas, tú sabes, mamá, que tenía necesidad de sexo.

Le sentía dentro de mí. Con empuje de toro bravo, me aplastaba contra la pared de aluminio. Allí dentro olía a chicle y vino. Me embestía con fuerza, y con un frenesí que hacía entrar todo mi cuerpo en ebullición. Goterones de sudor de él se precipitaban sobre mis nalgas. Me cogía con sus manos por la cintura, y de vez en cuando viajaba su boca hasta mis senos con sus mamelones empinados; los amasaba, como si de arcilla fuesen. No paraba de darme amor con la misma fuerza que había empezado, y yo quería ser todo el tiempo vulnerable para él.

Varios minutos nos manteníamos así: con mis jadeos estrellados contra la pared, y sus dulces palabras cubanas enlazadas a un galope de un potro desbocado. El placer extremo, salvaje y constante, me había hecho olvidar el mundo, y mi vino se había evaporado ya. Y así hasta que se podían oír unos golpes prolongados, provenientes de la puerta de la planta baja del ascensor, como reclamando la presencia del mismo.

¡Mamá, he vuelto a probar la semilla del amor! El cubano me susurraba al oído: 'mi niña linda, te voy a echar un palo que nunca me vas a olvidar'. Y acto seguido imponía un ritmo frenético, hasta que de pronto se detenía en seco, se tensaba como las cuerdas de un violín y soltaba un rugido que ahogaba con un beso ventosa en mi cuello.

Acalorada y con la visión casi nublada, me arreglé un poco la ropa y me bajé en la planta baja. Yanko se despedía de mí con un tierno beso en los labios y un guiño cómplice, y yo salía feliz del edificio. Luego fui a un bar a tomarme un café. Necesitaba reflexionar tranquila todo aquello, porque el placer que recibí lo veo ahora como algo secundario, porque… ni él utilizó preservativo ni yo anticonceptivo. Tiempo al tiempo, mamá, porque si me he quedado embarazada, lo que quiera Dios que venga es mío y sólo mío. Perdona, mamá.

Sentada en una silla de un velador de la terraza del primer bar que había visto, pasados unos minutos me llamó al móvil mi marido. Me preguntó dónde estaba, y yo le colgué. Pero le envié un whatsApp, en cuyo le decía que iba a permaneces unos días de distancia para pensar. Aquel adorable cubano me marcó el camino que hacía mucho que estaba buscando. En apenas unos minutos me hacía abandonar la rutina que el matrimonio y los cuernos que me pone mi marido me habían impuesto.

Mamá, no quiero volver con mi marido. Voy a pedirle el divorcio, pero le contaré lo ocurrido. Odio con todas mis fuerzas ser infiel, como lo fue mi puto padre biológico con mi pobre mamá biológica, hasta que un maldito día la mató, teniendo yo tres años, según me contaste siendo mayor de edad. Y como también lo es ahora mi cínico marido, que para lo único que me quiere es para que le prepare sus comiditas de su gusto, lavarle y plancharle sus ropitas, tenerle siempre la casita muy coqueta para cuando él se le ocurra aparecer, mientras el pedazo de cabrón vuela de falda en falda diariamente.

A partir de hoy buscaré a Yanko  y le pediré amistad, y quién sabe, mamá, a lo mejor congeniamos y llegamos a más. Y, si no, con los 10.000 dólares, que según me informó más tarde mi agente he logrado por el segundo premio de los seis libros escogidos, trataré de rehacer mi vida aquí, pero contando siempre con que la mitad de mi premio es… ¿para quién? ¿Para quién si no que para la mejor madre del mundo?

Sé que tú, como mujer y como madre que me quiere y me apoya en todas mis cosas, aunque a veces me regañas, con un guiso de esos tuyos de por medio y mirándonos  a los ojos, me comprenderás.


Te quiero más que a mi propia vida, mamá.
Tu rellenita y gordita hija, Triana


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Re: MI BLOC, QUE NO BLOG

Mensaje  achl el Lun Abr 16, 2018 8:14 am



Presentación de mi libro

Hola, mi nombre es Triana y ahora tengo 29 años. Toda mi anatomía es rellenita, tirando a gordita, lo cual me produce un cierto completo. He nacido y he vivido y vivo en Sevilla. Sólo pude estudiar hasta terminar el bachillerato, pero desde pequeña  he tenido pasión por la Literatura y me gusta escribir; de hecho, he publicado mi primer libro. Me casé hace siete años, pero no he tenido hijos. Desde hace tiempo (ya ni recuerdo cuánto) mi marido y yo no hacemos el amor, aunque nos hablamos y seguimos viviendo bajo el mismo techo. Pero la pura realidad es que me siento como una puta mierda; frustrada y abandonada


Carta a mi mamá desde La Habana


Hola, mi mamá preciosa:

Como te prometí cuando salí de Sevilla, te escribo esta carta para contarte cómo fue la presentación del libro. Me hubiese gustado tenerte conmigo.
Pero sé bien que tu economía, y la mía también por culpa de mi marido, no están para dispendios.

No merece la pena detenerme a explicarte los aplausos protocolarios de todos aquellos tipos y dos tipas, que se auto hacían llamar críticos del arte de la Literatura, ni tampoco del cocktail de bienvenida, que, por cierto, dejaba que desear, ni mucho menos de los exagerados elogios que hacía de mí mi agente en el evento. No. Todo eso pasa a un segundo plano.

Un camarero del hotel donde se celebraba el evento, se encargó de hacer de aquella tarde, una de esas tardes que nunca se pueden olvidar.

Creo que lo que te voy a contar no te va a gustar, e incluso que me digas  que no es correcto lo que hice, pero tú eres mi madre y mi mejor amiga, y la sinceridad con la que te escribo me ayuda a desahogarme. Igual que lo hacía en la cocina de tu casa; tú y yo, y tus guisos como únicos testigos. Y con quién mejor que tú, que me has criado con tanto amor y paciencia.

Sobre la presentación del libro, poco que decir. Tenía unas copas y no me sentía segura en una reunión de intelectuales vestidos con ropa de marca y fumando cigarrillos de los caros. Sus palabras sonaban a soberbia, y sus alientos expelían un olor a podrido, como el de las tuberías atrancadas de los fregaderos. Sonreían, vanidosos y suficientes, cuando los  presentaban como críticos. Y según mi marido, eran los mejores de la América Latina.

____Ponte guapa y sonríe siempre, y tu libro recibirá buenas críticas en los periódicos y las revistas, y no sólo en los de Literatura.

Esto me había dicho mi marido antes de partir hacia Cuba. Entonces, casi que no le hacía caso, pero ahora le doy un millón de gracias por decirme que me pusiese guapa. Y más adelante te voy a explicar por qué.

En el evento bebía para desinhibirme, pero un vino dulzón se me pegaba al paladar y su sabor, parecido al de café, me recordaba el vino dulce que bebía mi difunto papá adoptivo, tu sin par marido. Pero decidía no beber más, pues sacaba como única conclusión que lo que estaba logrando era emborracharme.

Paseaba por la sala, para tratar de espabilarme. Los zapatos de tacón alto me estaban matando, me apretaban con saña los dedos. ¡Fíjate, mamá, yo con tacones! ¡Jajaja! ¡Madre mía, las cosas que hay que hacer para vender un libro!

Miré hacia mis alrededores, buscando un punto de relajación, una vía de escape, y entonces vi el ascensor, y de pronto me apeteció irme a la calle, para respirar un poco de aire puro. Pulsé el botón de llamada, y al abrirse las puertas, ahí estaba él: un mulato, alto y guapísimo, con las mangas de la camisa remangadas, exhibiendo unos brazos grandes, fuertes, y duros como roca; pelo moreno, ensanchados hombros, vigoroso, y… ¡ay mamá!, con un acento tan musical, tan dulce, tan incitador, que sentía arder mis mejillas de… bueno, mamá, las mujeres sabemos de qué. Gentil, se hacía a un lado y me invitaba a que pasase, y yo, entre la gran sorpresa de aquel bombón frente a mí, los vapores del vino y los ojos de él fundidos en el rojo de mi traje largo, me enganché un tacón en una ranura del suelo del ascensor y a poco me caigo. Él me sujetaba y soltaba una sonora sonrisa. Y viendo yo sus dientes tan blancos como la cal, escuchaba y observaba la sonrisa más bella que recuerde. Me reincorporé, más avergonzada aún, y le daba las gracias con un hilillo de voz.

Se llama Yanko, y es cubano, y no pude saber más de él, porque, a falta de tres plantas para llegar a la baja, mi brazo no respondía a mi cerebro, se alargaba, como de goma, y pulsaba el botón del stop. Me miraba con una ceja enarcada, y yo veía los labios despegarse lo justo para poder oler su aliento a menta. De pronto, se echaba sobre mí, y en ese momento, ya había olvidado la presentación del libro, a mi esposo y a la cordura. Todo eso olvidaba cuando su boca carnosa, traviesa y con olor a menta, besaba mi boca; beso que me transportaba a mi adolescencia; la que intentaba explicarte del mejor modo que sabía, y que tú justificabas como una etapa transitoria en la vida.

Luego me rodeaba con sus brazos y me giraba. No le oponía resistencia, ¡ni muchísimo menos! Con suma delicadeza me ponía contra una pared del ascensor, con mi cara sobre el aluminio, y sentía el calor de las yemas de sus dedos por todo lo largo de mis muslos, y mi tanga bajar por mi piel, completamente erizada. De repente, escuchaba un deslizar de cremallera. Yo estaba excitadísima y temblaba más que un flan. Apartaba algunos de mis pelos de mi oreja derecha y me susurraba al oído con ese envolvente acento cubano: 'mi niña linda', y yo, sin poder aguantar más le decía que me hiciese el amor allí mismo. Es que además del deseo que Yanko había inyectado en mis venas, tú sabes, mamá, que tenía necesidad de sexo.

Le sentía dentro de mí. Con empuje de toro bravo, me aplastaba contra la pared de aluminio. Allí dentro olía a chicle y vino. Me embestía con fuerza, y con un frenesí que hacía entrar todo mi cuerpo en ebullición. Goterones de sudor de él se precipitaban sobre mis nalgas. Me cogía con sus manos por la cintura, y de vez en cuando viajaba su boca hasta mis senos con sus mamelones empinados; los amasaba, como si de arcilla fuesen. No paraba de darme amor con la misma fuerza que había empezado, y yo quería ser todo el tiempo vulnerable para él.

Varios minutos nos manteníamos así: con mis jadeos estrellados contra la pared, y sus dulces palabras cubanas enlazadas a un galope de un potro desbocado. El placer extremo, salvaje y constante, me había hecho olvidar el mundo, y mi vino se había evaporado ya. Y así hasta que se podían oír unos golpes prolongados, provenientes de la puerta de la planta baja del ascensor, como reclamando la presencia del mismo.

¡Mamá, he vuelto a probar la semilla del amor! El cubano me susurraba al oído: 'mi niña linda, te voy a echar un palo que nunca me vas a olvidar'. Y acto seguido imponía un ritmo frenético, hasta que de pronto se detenía en seco, se tensaba como las cuerdas de un violín y soltaba un rugido que ahogaba con un beso ventosa en mi cuello.

Acalorada y con la visión casi nublada, me arreglé un poco la ropa y me bajé en la planta baja. Yanko se despedía de mí con un tierno beso en los labios y un guiño cómplice, y yo salía feliz del edificio. Luego fui a un bar a tomarme un café. Necesitaba reflexionar tranquila todo aquello, porque el placer que recibí lo veo ahora como algo secundario, porque… ni él utilizó preservativo ni yo anticonceptivo. Tiempo al tiempo, mamá, porque si me he quedado embarazada, lo que quiera Dios que venga es mío y sólo mío. Perdona, mamá.

Sentada en una silla de un velador de la terraza del primer bar que había visto, pasados unos minutos me llamó al móvil mi marido. Me preguntó dónde estaba, y yo le colgué. Pero le envié un whatsApp, en cuyo le decía que iba a permaneces unos días de distancia para pensar. Aquel adorable cubano me marcó el camino que hacía mucho que estaba buscando. En apenas unos minutos me hacía abandonar la rutina que el matrimonio y los cuernos que me pone mi marido me habían impuesto.

Mamá, no quiero volver con mi marido. Voy a pedirle el divorcio, pero le contaré lo ocurrido. Odio con todas mis fuerzas ser infiel, como lo fue mi puto padre biológico con mi pobre mamá biológica, hasta que un maldito día la mató, teniendo yo tres años, según me contaste siendo mayor de edad. Y como también lo es ahora mi cínico marido, que para lo único que me quiere es para que le prepare sus comiditas de su gusto, lavarle y plancharle sus ropitas, tenerle siempre la casita muy coqueta para cuando él se le ocurra aparecer, mientras el pedazo de cabrón vuela de falda en falda diariamente.

A partir de hoy buscaré a Yanko  y le pediré amistad, y quién sabe, mamá, a lo mejor congeniamos y llegamos a más. Y, si no, con los 10.000 dólares, que según me informó más tarde mi agente he logrado por el segundo premio de los seis libros escogidos, trataré de rehacer mi vida aquí, pero contando siempre con que la mitad de mi premio es… ¿para quién? ¿Para quién si no que para la mejor madre del mundo?

Sé que tú, como mujer y como madre que me quiere y me apoya en todas mis cosas, aunque a veces me regañas, con un guiso de esos tuyos de por medio y mirándonos  a los ojos, me comprenderás.


Te quiero más que a mi propia vida, mamá.
Tu rellenita y gordita hija, Triana


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Re: MI BLOC, QUE NO BLOG

Mensaje  achl el Lun Abr 16, 2018 10:07 pm




Un rollo ocasional cambió mi vida

Me llamo Laura, tengo 24 años, 1,75 de estatura y pelo rubio. Mis padres ven con malos ojos mi forma de ser atrevida, pero a mí me ayuda a ir teniendo las cosas cada vez más claras. Mis compañeras del trabajo dicen de mí que soy ‘una chica mona’, pero mis amigos van más allá, calificándome como una tía despampanante de cara y de cuerpo. Trabajo en un bingo de la ciudad de Sevilla

Eran las tres de la tarde de un viernes gris con frío y amenazante de lluvia. Esperaba el autobús que me llevase a mi casa. Los viernes en mi ciudad, los autobuses vienen súper llenos, por lo que no abren sus puertas delanteras para entrar más pasajeros, y puedes llevarte un buen rato esperando uno más despejado.  

Había mucha gente en la parada. Cogía el móvil del bolso y echaba un vistazo a mis WhatSapp. Ninguno me interesaba. En vista de ello, devolvía el móvil al bolso y me distraía mirando a las personas que habían en la cola. Es un ejercicio de inteligencia emocional mirar a alguien y pensar cómo sería su vida, aparte de que podría aparecer, en cualquier momento, alguna persona interesante. Y en esto soy lanzada. Mi amiga Eli dice de mí que parezco una zorra, dispuesta siempre a cazar una pieza, pero no me vale cualquiera. Cuando una pica mi curiosidad, voy directamente al grano, sin rodeos…

Nadie había en la cola que llamase mi atención en ningún sentido, hasta que aparecía un tipo alto, guapo, elegante, y de unos 45 años. Nunca había pensado que me iba a atraer un maduro. Si mi amiga Eli me hubiese dicho que me iba a enrollar con un cuarentón, le habría respondido que estaba loca.

Sentía que me miraba, lo cual me halagaba y así tendría con quien hablar mientras esperaba el autobús. Él caminaba de un lado a otro, y cada vez que pasaba por mi lado, me sonreía. Iba yo guapa aquella tarde: abrigo azul, camisa blanca, vaqueros ajustados azules, y botas negras planas. ‘Creo que le gusta mi look, y yo también, así que cuando me sonría de nuevo, le sonreiré yo’, pensaba.

Cada vez que nos cruzábamos nos mirábamos y sonreíamos, pero disimuladamente, como si no quisiésemos pregonar nuestro flirteo. Entablaba charla con él, pero para marcar la distancia empezaba a hablarle de usted, algo que notaba que le contrariaba. Ya he dicho que soy lanzada, y por esto me gusta llevar el mando en toda las charlas o las seducciones. Le preguntaba si sabía cada cuanto tiempo pasaban los autobuses, algo que yo sabía de sobra. Me respondía educadamente que estaba de paso en Sevilla y que no lo sabía. Su varonil voz me transmitía seguridad. Hay hombres que nerviosean cuando una chica guapa y con buen cuerpo les habla. Pero este no. Se podía ver palmariamente que sabía cómo tratar a las mujeres y cómo comportarse con ellas. Es decir, un caballero.

Nos manteníamos hablando hasta que llegaba el autobús. Se estaba generando una buena complicidad entre los dos. Él tenía una conversación culta y amena, y cada vez me parecía más atractivo. Ya lo sabemos las mujeres, ese justo momento cuando hay algo dentro de ti que nos dice que acabarás liándote.

Y a esto que aparecía el autobús.

Nos sentábamos en los asientos traseros, y seguíamos charlando. En cada palabra, aparecía el deseo. Me rozaba la rodilla y me miraba. El juego de la seducción estaba en plena ebullición. No era un simple ligón, pero se veía que le atraían las mujeres, hasta el punto de llegar a cometer 'algunas travesuras políticamente incorrectas’.

Se juntaba más a mí e intentaba besarme. No se lo iba a poner tan fácil. Así que retiraba mi cara, sonriendo. Pero como me estaba erizando entera, mis defensas cedían y me rendía, por lo que acabamos dándonos un buen morreo, mientras sentía que mi tanga estaba empezando a mojarse. Se percató de mi excitación, y por eso se abría los pantalones, me cogía la cabeza y la llevaba a su bragueta. Una sensación morbosa. El autobús seguía circulando normalmente y los pasajeros a su bola. ‘¡Jo, este tío maduro me está poniendo a mil!’, pensaba. La escena parecería humillante, pero yo flipaba en colores con lo que me estaba ocurriendo.

Su miembro era de una enorme largura y grosor. Mientras lo succionaba, yo me bajaba la cremallera de los vaqueros y me masturbaba. Estaba tan excitada que no sentía mis jugos deslizarse por mis muslos. Descargamos a la vez. Un abuelo que iba detrás de nosotros se echó las manos a la cabeza, como escandalizándose, pero yo llevaba un dedo a mis labios, con una expresión boba, como diciéndole: ‘lo siento abuelo, guarda silencio, por favor’.

Nos bajamos del autobús y mi guapo cuarentón me invitó a su hotel. Nada más llegar, me quitó los vaqueros y el tanga y me penetró, dándome cachetes en el trasero. ‘¡Ufff, qué tío, cómo me da caña!’, pensaba.

Tengo un fuerte carácter, pero mi ángel me decía que me entregase. Su miembro salía y entraba, y sus dientes mordisqueaban mis erectos mamelones. Descargamos de nuevo los dos, pero él, sorprendente por su edad, me pedía que le hiciese otra felación, y esta vez tardó más en descargar, hasta que su líquido viscoso regó mi cara

Una vez que 'acabamos' me besó con ternura, saliendo yo de la habitación saboreando mi excitante aventura. Ya en casa, me desvestí para ducharme, y a esto que suena mi móvil. Era mi amiga Eli. Después de citarnos para más tarde y de colgar, al devolver el móvil al bolso vi unos billetes doblados. ¡300 euros! Y yo no tenía dinero en el bolso, por lo que imaginé que mi cuarentón, la única vez que fui al cuarto de baño de su habitación del hotel, cogería mi bolso y con elegancia y clase lo dejaría en él.

Pasmada, cogí el dinero y lo guardé en mi armario. Pero debo decir que yo no me sentí una prostituta. Yo no alquilé mi cuerpo. Solamente le di a mi sexo y a mis pechos una oportunidad de disfrutar.

Ah, como se me había olvidado preguntarle su nombre, y tampoco caímos ninguno de los dos en ese detalle, le rebauticé como mi George Clooney particular.

Volveré mañana a coger ese mismo autobús, en esa misma parada y a esa misma hora, por si tengo la suerte  de que coincidamos. Quiero volver a verle de nuevo. Y no por el dinero, que también, sino porque me gustan los hombres caballeros, aparte de que me lo pasé de puta madre haciendo el amor con él...

Cuando menos se espera nos puede ocurrir algo de repente que nos puede cambiar la vida para siempre


Ahí va una fotografía mía, medio de perfil, medio de frente, que me han hecho ayer mientras caminaba por la una urbanización VIP de Ibiza, saliendo de mi lujoso chalé, recién comprado y pagado al contado. Y ahora que trabaje un poco la imaginación para saber cómo se las habrá aviado una humilde mileurista para poder comprarse semejante chalé, cinco meses después de mi encuentro con mi guapo talismán cuarentón


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Re: MI BLOC, QUE NO BLOG

Mensaje  achl el Lun Abr 16, 2018 10:17 pm




Un deseo contenido se desató en aquel jardín

En la ciudad de Sevilla, un sábado noche de un mayo caluroso me reunía con unos amigos y una chica en un chalé que tenía un florido jardín, propiedad del padre de uno de ellos. La chica y yo nos conocíamos de antes, pero nunca 'habíamos tenido nada'. Hacía un mes que no la veía, pero ella me explicaba que hacía poco que había regresado de New York con sus padres, y que se habían desplazado hasta allí para celebrar la mayoría de edad de su única hija, ella, y la mayor parte del tiempo para controlar y para revisar la contabilidad de un negocio familiar ubicado en Manhattan

Ambos sabíamos que nos gustábamos, pero aquella noche no hablamos en todo el tiempo. No había oportunidad. Es que ni siquiera nos miramos. Me evitaba, pero no por rechazo, era por lo que inevitablemente llegaría más tarde...

Hasta que aparecía la bendita madrugada y ya se iban algunos amigos, y sólo nos quedábamos aquellos que siempre lo pasábamos fenomenal hasta el alba, además de la chica.

Sabía el por qué de que no me quería mirar, pero al fin cedía. Antes sólo estaba yo mirando las flores, pero cuando al fin me miraba de refilón, mis ojos buscaban con ansia los suyos, que en ese momento los llevaba hacia mí, y entonces podía ver lo que hasta en ese momento era oculto: una mirada como un rayo de sol, contenida en su iris azulino, que sólo duraba un segundo. Después bajaba los ojos, tal vez por timidez, al ver que los míos la reclamaban.

Por fin conseguimos quedarnos solos. Nos sentamos, con su mano izquierda sobre mi mano derecha, en un coqueto banco blanco de madera que había en el jardín, que decoraba el ambiente y que acompañaba a una fuente, rodeada de césped y de flores. Y la brisa de la noche nos llevaba a un deseo, de mucho antes contenido.

Las estrellas, las únicas testigos de todos los poemas, y también testigos de lo que iba a ocurrir inminentemente, me veían a mí recostado y a ella con movimientos cadenciosos de mar. Las estrellas y yo podíamos ver en ese momento el arte de la desnudez pura, de la sinceridad física hecha seda y poesía.

Nuestras ropas empezaban a alfombrar el césped. Un jazmín ornaba el aire. La luna llena hacía brillar los ojos de ella y alumbraba su fragilidad. Y los astros, en lo más alto, eran los que enaltecían este cuadro vivo, lleno de gracilidad.

Mis manos, posadas en sus muslos, comenzaban a subir la torre de babel en busca de la caja de Pandora, esa gran reveladora de todas las maravillas, y ella, la chica, se recostaba mientras yo hacía lo propio.

Aumentaba yo a propósito las notas musicales de los ángeles cantantes, mientras el vientre de la chica temblaba, disfrutando de su canto y de su cara, que expresaban el regocijo, proveniente de una fusión de todas las flores en el valle de las palomas blancas, mientras yo acariciaba una y otra vez sus cabellos rubios, esparcidos en su blusa carmesí...


No recuerdo ahora cuánto duró exactamente aquella música, diría que bastante. Casi al unísono, dimos un comienzo y un final a aquel lujurioso concierto, no sin antes culminar juntos, complacidos y excitados, la placentera sinfonía de los querubines



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Re: MI BLOC, QUE NO BLOG

Mensaje  achl el Lun Abr 16, 2018 10:31 pm




Tu orquídea




La verdadera revelación era mi pene, que afanosamente hería tu vulva-orquídea y pulía los márgenes, licuándolos, como se liba el néctar, de dentro a afuera, con un adorable repiqueteo de unas gotas de lluvia espesa, tatuadas todas ellas con tu nombre


Te recuerdo sentada sobre mis rodillas, enamorada de la cadencia de mis muslos, lo que se dice frotándonos a piernas sueltas. Girabas en el asiento, y tú conmigo, y juntos, sin soltarte, lamía tus pezones de sal, y a ti la voz se te iba suelta, como perra sin correa, loca, joven y loca, con la lengua fuera, babeando...

Mis dedos en tu trasero, dentro, fuera y hasta el fondo de nuevo, mordiente como hormiga, el roce insensible de mis uñas sajando el velo interno, mojado y túmido, como se rasgan las cortinas de un teatro, lo mismo que se matan las vergüenzas, y tú me prometías que todo y que jamás antes de mí, y yo cuanto más tú, más ancho y más completo, más rotundo, como un trozo perdido de algo suelto y libre al aire o flotando sobre el fondo de un acuario.

Mordía yo tu boca con labios como neumáticos, media luna sin bordes, comisuras, y tú te revolvías como si no quisieras, pero sí, no te detengas, continúa, y mi mano de nuevo en tus nalgas, en tus labios, en tus ojos, y de nuevo la lluvia y tu marca en mi espalda...

Pero hace tanto tiempo ya de eso...



¡Dios, cuánto te echo en falta!



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Re: MI BLOC, QUE NO BLOG

Mensaje  achl el Lun Abr 16, 2018 10:52 pm




Suicidios de corazones


Era noche calurosa, pero suave brisa mecía las hojas de los árboles. Aquel encuentro era peligroso y, aun sabiendo lo vital que era discutir el asunto en privado, de algún modo sabía el riesgo que suponía estar a solas con él, de noche y de todo alejado. Sin ser mala idea, al menos por complacer a un desesperado deseo de por una vez sentirse amada, usó sus encantos de mujer y tocó los puntos débiles de él, sin compasión alguna. Y él, como un niño que se entrega por cometer una travesura de la que sabía que iba a ser castigado, unió sus labios a los de ella, no sin antes decirle que había perdido los papeles. Y los perdía

Lo hermoso de los sentimientos y las sensaciones humanas, es que los deseos son tan intensos y tan irrefrenables que a veces son capaces de tumbar la razón. Precisamente por eso, llovía la mayor cantidad de besos deliciosamente cálidos que podía recordar...

Iba perdiendo las formas, y sus manos comenzaban a dedicarse con entrega a unas tareas más serias. Sus cuerpos se exigían el contacto, como los pulmones el oxígeno. Y así, pegados como dos siameses, y rodando por toda la superficie del suelo, perdían la ropa que les iba estorbando...

Se cubrían de besos, trazaban senderos con sus lenguas por la longitud del otro, se abrazaban y se abandonaban a la locura de la calentura que les recorría los cuerpos, mezclados con amor, que hacía de aquel acto un auténtico suicidio de corazones...

Allí, casi a oscuras entre caricias, besos y miradas febriles, no había lugar para la falacia. Cada milímetro de piel, cada brillo de ojo, repetía palabras de amor. Y ya podrían luego mentirse el uno al otro, quitarle importancia al asunto, fingir una fortaleza y caminar en opuestas direcciones, incluso no volver a verse. La piel no tiene murallas; las miradas las atraviesan.

Esta manera de profesarse amor, era como agotar un último cartucho, la última caja de petardos encendida, explotando en todas las direcciones. Cuando él por fin entraba en ella no le parecía tosco el dolor que le producía su invasión. Sabía ella que la primera experiencia con varón era dolorosa, pero tenía la sensación de que incluso había subido el placer que estaba sintiendo...

Casi no sabía dónde aferrar sus manos. Le cogía la cabeza y enredaba una mata de pelo entre sus dedos, y con su otra mano le arañaba la piel de su espalda. Él, cada vez se iba volviendo más frenético en sus actos, y no sólo le golpeaban sus embestidas, sino que sentía sus fuertes latidos dentro de su pecho desbocado, siempre y cuando su cuerpo se pegaba al de ella. La sensación era intensa. Una euforia incontenible la recorría desde los pies al pelo. El ritmo de su amante aceleraba hasta que sabía que algo tenía que estallar de un momento a otro. Lo sentía en su interior, a la vez que se desplomaba sobre su pecho. Acomodaba su cabeza en sus tetas y lo abrazaba contra ella acariciándole el pelo y apretándole con fuerza. Lo sentía como un niño, con el corazón taladrándole el pecho y diciéndole... ‘¡mira lo que has provocado!’.

El sabor agridulce del final la hacía sonreír de la misma manera mientras cerraba los ojos y lo retenía más entre sus brazos. Él quería contribuir a su propio final, pero su fiebre, súbitamente, se había apagado al paladear la realidad, y le pedía que lo dejase estar. El sentimiento de una pérdida grande que estaba sufriendo en ese momento, la desconcentraba. El momento de locura había terminado. Y ella, aun con una sonrisa agridulce de la derrota en los labios, estaba dispuesta a dejarle ir sin pelear...

Había miradas tiernas, abrazos silenciosos, y luego auto concienciación, excusas, mentiras necesarias y aclaraciones. Se vestían en silencio y, tras un último beso de despedida, el raciocinio había vuelto a marcar la pauta. Quizá en algún lugar del mundo alguien lamentaba que el humano siempre lo hacía todo difícil.

Quizás ella, luego de haber convivido tantos años con hembra no pensaba que acabaría compartiendo lecho con macho, y menos con uno que tantísimo había amado. Nunca sabía lo que él pensaba. La única verdad que le había dejado, acababa de terminar...

Se daban la espalda, y ella, agarrándose las enaguas y atravesando el campo en plena madrugada, corría hasta llegar a su casa. Sigilosa se colaba por la ventana y tras desnudarse por segunda vez aquella noche se hacía ovillo en la cama. Se decidía a aprovechar aquella noche, ya que sería la única que podía conciliar el sueño en mucho tiempo.


Cerraba los ojos con el olor embriagador del reciente encuentro todavía en su piel, y después caía rendida, dormida



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Re: MI BLOC, QUE NO BLOG

Mensaje  achl el Mar Abr 17, 2018 5:13 pm


Su deseo se convertía de pronto en el mío






Me llamo Leonor. Nací en Sevilla, pero vivo en Madrid. Lo que voy a contar a continuación ha ocurrido, pero altero los datos personales con la idea de respetar la privacidad de los protagonistas

Todos tenemos un lado oculto; una parte de nosotros, secreta y oscura, que nadie conoce y cuya existencia debemos admitir. Mi lado oculto se llama Dini: un italiano, guapo y elegante, de 34 años, uno más que yo.

Ejercía yo de ginecóloga en Madrid y él de ginecólogo en Sevilla. Aun lo que pueda parecer, nuestro punto de contacto no eran nuestros estudios. Le conocí a través de un videojuego, al que mi novio, con quien mantenía una larga relación, plagada de altibajos, se había aficionado al poco de empezar a vivir juntos, dos meses ya.

Una noche me pedía mi novio que llamase a Dini, que era uno con los que jugaba, para avisarle de que no podía conectarse, porque aún teníamos problemas con el Internet. Dini sabía quién era yo, y tras breves momentos de amenos whapsapp, le decía que podía llamarme, 'por si alguna vez necesitaba algo urgente de mí'. Nunca había pensado que era en ese momento cuando empezaba a caer en una vorágine de dulce perversión y de la que no tenía posibilidad de volverme atrás.

Algunos días después de esto, una madrugada del mes de julio, que como ya venía siendo costumbre no podía dormir, tenía el balcón de mi cuarto abierto, y la luz de la luna arrancaba un destello plateado al sudor que perlaba mi cuerpo, totalmente desnudo. Hacía un calor francamente insoportable. A mi lado, en la cama, mi novio roncaba impasible y, para no variar de los últimos años, ni siquiera me había mirado. Cogía mi móvil, sin saber exactamente qué hacer para vencer mi insomnio, y lo que hacía era releer varios mensajes que había mantenido vía correo electrónico con el director de mi hospital.

Pero en aquel justo momento se podía escuchar un leve 'clic'. Alguien hablaba por mensajería hablada. Un escueto: '¿qué haces aún despierta?', de Dini, por supuesto. Él sabía que no dormía bien, y también sabía que hacía años que mi novio no me echaba cuenta, sin explicación alguna. Me levantaba despacio de la cama, sin hacer ruido y sin responderle aún a Dini. Tamborileaban quedamente mis pies descalzos sobre el parqué del suelo mientras me dirigía hacia el salón.

Me tumbaba desnuda sobre el sofá, y tecleaba: 'ya ves, sigo sin poder dormir; hace muchísimo calor y tengo cosas en las que pensar'. Empezamos a cambiar futilidades, pero cuando el reloj del salón marcaba las tres, me hacía la pregunta que acababa por despertar el animal que había en mí. '¿Puedo preguntarte una cosa indiscreta?'. Intrigada, le decía que sí, que por supuesto, y entonces largaba: '¿qué harías si te dijese que pienso que estoy contigo?'. No lo cogía, así que le preguntaba: '¿quieres decirme con esto que fantaseas conmigo cuando tienes ganas de mujer?'.

Obviamente no podía referirse a otra cosa. Me sentía extraña. Pero, de pronto, me preguntaba a mí misma. '¿Estar conmigo?' Le agradecía su sinceridad y le decía por qué me lo contaba. Entonces soltaba la segunda bomba: 'porque estoy cansado de que sólo sean fantasías; quiero que se haga realidad’. Un súbito rubor pintaba mis mejillas. Contenía la respiración unos segundos… ‘¡Jo, me ha dicho palmariamente que quiere follar conmigo!’, pensaba de nuevo.

Me disponía a responderle que no, que no era de esa clase de chicas. Toda mi vida sexual había estado marcada por una simpleza que rayaba en la mojigatería, y aun mi edad, habían mil mundos que aún no conocía. Pero una vocecita de mi interior me decía: '¿y por qué no?'. Me mordía el labio, sintiendo una excitación. La idea me atraía. ¿Pero estaba dispuesta a pasar por alto todas las convenciones sociales, los tabúes y las pejigueras de las buenas formas?

Esperaba Dini mi respuesta, y yo ya sabía qué iba a contestarle, sólo que mi mente no era capaz de admitirlo. Un soez ronquido, que me sonaba a desdén, procedente de mi dormitorio, precipitaba mi decisión. '¿No me merezco yo algo diferente?'. Esta pregunta acababa convenciéndome. Tragaba saliva y, decidida, tecleaba:


De acuerdo. Cuándo y dónde


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Re: MI BLOC, QUE NO BLOG

Mensaje  achl el Mar Abr 17, 2018 5:13 pm


Su deseo se convertía de pronto en el mío






Me llamo Leonor. Nací en Sevilla, pero vivo en Madrid. Lo que voy a contar a continuación ha ocurrido, pero altero los datos personales con la idea de respetar la privacidad de los protagonistas

Todos tenemos un lado oculto; una parte de nosotros, secreta y oscura, que nadie conoce y cuya existencia debemos admitir. Mi lado oculto se llama Dini: un italiano, guapo y elegante, de 34 años, uno más que yo.

Ejercía yo de ginecóloga en Madrid y él de ginecólogo en Sevilla. Aun lo que pueda parecer, nuestro punto de contacto no eran nuestros estudios. Le conocí a través de un videojuego, al que mi novio, con quien mantenía una larga relación, plagada de altibajos, se había aficionado al poco de empezar a vivir juntos, dos meses ya.

Una noche me pedía mi novio que llamase a Dini, que era uno con los que jugaba, para avisarle de que no podía conectarse, porque aún teníamos problemas con el Internet. Dini sabía quién era yo, y tras breves momentos de amenos whapsapp, le decía que podía llamarme, 'por si alguna vez necesitaba algo urgente de mí'. Nunca había pensado que era en ese momento cuando empezaba a caer en una vorágine de dulce perversión y de la que no tenía posibilidad de volverme atrás.

Algunos días después de esto, una madrugada del mes de julio, que como ya venía siendo costumbre no podía dormir, tenía el balcón de mi cuarto abierto, y la luz de la luna arrancaba un destello plateado al sudor que perlaba mi cuerpo, totalmente desnudo. Hacía un calor francamente insoportable. A mi lado, en la cama, mi novio roncaba impasible y, para no variar de los últimos años, ni siquiera me había mirado. Cogía mi móvil, sin saber exactamente qué hacer para vencer mi insomnio, y lo que hacía era releer varios mensajes que había mantenido vía correo electrónico con el director de mi hospital.

Pero en aquel justo momento se podía escuchar un leve 'clic'. Alguien hablaba por mensajería hablada. Un escueto: '¿qué haces aún despierta?', de Dini, por supuesto. Él sabía que no dormía bien, y también sabía que hacía años que mi novio no me echaba cuenta, sin explicación alguna. Me levantaba despacio de la cama, sin hacer ruido y sin responderle aún a Dini. Tamborileaban quedamente mis pies descalzos sobre el parqué del suelo mientras me dirigía hacia el salón.

Me tumbaba desnuda sobre el sofá, y tecleaba: 'ya ves, sigo sin poder dormir; hace muchísimo calor y tengo cosas en las que pensar'. Empezamos a cambiar futilidades, pero cuando el reloj del salón marcaba las tres, me hacía la pregunta que acababa por despertar el animal que había en mí. '¿Puedo preguntarte una cosa indiscreta?'. Intrigada, le decía que sí, que por supuesto, y entonces largaba: '¿qué harías si te dijese que pienso que estoy contigo?'. No lo cogía, así que le preguntaba: '¿quieres decirme con esto que fantaseas conmigo cuando tienes ganas de mujer?'.

Obviamente no podía referirse a otra cosa. Me sentía extraña. Pero, de pronto, me preguntaba a mí misma. '¿Estar conmigo?' Le agradecía su sinceridad y le decía por qué me lo contaba. Entonces soltaba la segunda bomba: 'porque estoy cansado de que sólo sean fantasías; quiero que se haga realidad’. Un súbito rubor pintaba mis mejillas. Contenía la respiración unos segundos… ‘¡Jo, me ha dicho palmariamente que quiere follar conmigo!’, pensaba de nuevo.

Me disponía a responderle que no, que no era de esa clase de chicas. Toda mi vida sexual había estado marcada por una simpleza que rayaba en la mojigatería, y aun mi edad, habían mil mundos que aún no conocía. Pero una vocecita de mi interior me decía: '¿y por qué no?'. Me mordía el labio, sintiendo una excitación. La idea me atraía. ¿Pero estaba dispuesta a pasar por alto todas las convenciones sociales, los tabúes y las pejigueras de las buenas formas?

Esperaba Dini mi respuesta, y yo ya sabía qué iba a contestarle, sólo que mi mente no era capaz de admitirlo. Un soez ronquido, que me sonaba a desdén, procedente de mi dormitorio, precipitaba mi decisión. '¿No me merezco yo algo diferente?'. Esta pregunta acababa convenciéndome. Tragaba saliva y, decidida, tecleaba:


De acuerdo. Cuándo y dónde


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Re: MI BLOC, QUE NO BLOG

Mensaje  achl el Mar Abr 17, 2018 5:15 pm




Su deseo se convertía de pronto en el mío


Me llamo Leonor. Nací en Sevilla, pero vivo en Madrid. Lo que voy a contar a continuación ha ocurrido, pero altero los datos personales con la idea de respetar la privacidad de los protagonistas

Todos tenemos un lado oculto; una parte de nosotros, secreta y oscura, que nadie conoce y cuya existencia debemos admitir. Mi lado oculto se llama Dini: un italiano, guapo y elegante, de 34 años, uno más que yo.

Ejercía yo de ginecóloga en Madrid y él de ginecólogo en Sevilla. Aun lo que pueda parecer, nuestro punto de contacto no eran nuestros estudios. Le conocí a través de un videojuego, al que mi novio, con quien mantenía una larga relación, plagada de altibajos, se había aficionado al poco de empezar a vivir juntos, dos meses ya.

Una noche me pedía mi novio que llamase a Dini, que era uno con los que jugaba, para avisarle de que no podía conectarse, porque aún teníamos problemas con el Internet. Dini sabía quién era yo, y tras breves momentos de amenos whapsapp, le decía que podía llamarme, 'por si alguna vez necesitaba algo urgente de mí'. Nunca había pensado que era en ese momento cuando empezaba a caer en una vorágine de dulce perversión y de la que no tenía posibilidad de volverme atrás.

Algunos días después de esto, una madrugada del mes de julio, que como ya venía siendo costumbre no podía dormir, tenía el balcón de mi cuarto abierto, y la luz de la luna arrancaba un destello plateado al sudor que perlaba mi cuerpo, totalmente desnudo. Hacía un calor francamente insoportable. A mi lado, en la cama, mi novio roncaba impasible y, para no variar de los últimos años, ni siquiera me había mirado. Cogía mi móvil, sin saber exactamente qué hacer para vencer mi insomnio, y lo que hacía era releer varios mensajes que había mantenido vía correo electrónico con el director de mi hospital.

Pero en aquel justo momento se podía escuchar un leve 'clic'. Alguien hablaba por mensajería hablada. Un escueto: '¿qué haces aún despierta?', de Dini, por supuesto. Él sabía que no dormía bien, y también sabía que hacía años que mi novio no me echaba cuenta, sin explicación alguna. Me levantaba despacio de la cama, sin hacer ruido y sin responderle aún a Dini. Tamborileaban quedamente mis pies descalzos sobre el parqué del suelo mientras me dirigía hacia el salón.

Me tumbaba desnuda sobre el sofá, y tecleaba: 'ya ves, sigo sin poder dormir; hace muchísimo calor y tengo cosas en las que pensar'. Empezamos a cambiar futilidades, pero cuando el reloj del salón marcaba las tres, me hacía la pregunta que acababa por despertar el animal que había en mí. '¿Puedo preguntarte una cosa indiscreta?'. Intrigada, le decía que sí, que por supuesto, y entonces largaba: '¿qué harías si te dijese que pienso que estoy contigo?'. No lo cogía, así que le preguntaba: '¿quieres decirme con esto que fantaseas conmigo cuando tienes ganas de mujer?'.

Obviamente no podía referirse a otra cosa. Me sentía extraña. Pero, de pronto, me preguntaba a mí misma. '¿Estar conmigo?' Le agradecía su sinceridad y le decía por qué me lo contaba. Entonces soltaba la segunda bomba: 'porque estoy cansado de que sólo sean fantasías; quiero que se haga realidad’. Un súbito rubor pintaba mis mejillas. Contenía la respiración unos segundos… ‘¡Jo, me ha dicho palmariamente que quiere follar conmigo!’, pensaba de nuevo.

Me disponía a responderle que no, que no era de esa clase de chicas. Toda mi vida sexual había estado marcada por una simpleza que rayaba en la mojigatería, y aun mi edad, habían mil mundos que aún no conocía. Pero una vocecita de mi interior me decía: '¿y por qué no?'. Me mordía el labio, sintiendo una excitación. La idea me atraía. ¿Pero estaba dispuesta a pasar por alto todas las convenciones sociales, los tabúes y las pejigueras de las buenas formas?

Esperaba Dini mi respuesta, y yo ya sabía qué iba a contestarle, sólo que mi mente no era capaz de admitirlo. Un soez ronquido, que me sonaba a desdén, procedente de mi dormitorio, precipitaba mi decisión. '¿No me merezco yo algo diferente?'. Esta pregunta acababa convenciéndome. Tragaba saliva y, decidida, tecleaba:


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Re: MI BLOC, QUE NO BLOG

Mensaje  achl el Mar Abr 17, 2018 6:32 pm





Esta es Leonor, la chica del anterior escrito




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Re: MI BLOC, QUE NO BLOG

Mensaje  achl el Mar Abr 17, 2018 7:58 pm

Soñé lo que quería que ocurriese




Subí las escaleras hasta llegar a su estudio. La puerta estaba entreabierta, y el olor a óleo, mezclado con el aroma del café, me daba la bienvenida

Era muy agradable estar allí. En cada rincón sentía su vívida presencia. Bastaba sólo con ver sus cuadros para darme cuenta de la pasión que escondía en su alma, y que él se esmeraba en ocultar bajo la fachada de un hombre frío que lo alejaba de todas las posibilidades de ser el elegido como el amante perfecto que toda mujer desearía tener en su cama.

Me estremecía con sólo recordar sus besos, tiernos pero provocadores, sabiendo cómo despertar la pasión que había en mi interior, y que hacían que me convirtiese en presa de sus deseos.

Me fascinaba sentir su osado atrevimiento por considerar mi cuerpo suyo, el mismo que él moldeaba, como la arcilla entre sus dedos, hasta dejarme abandonada a una pasión que enloquecía todos mis sentidos y adormecía mi voluntad.

Mi vista se iba al lienzo que había sobre un caballete. Era la primera vez que lo veía. Aquellos cojines parecían encajar bien con la sensualidad que irradiaba la mujer, y la llama de sus ojos pedía a gritos amor, para así saciar el deseo que se veía a flor de piel. Cerraba los ojos y recordaba...

Lo único que cubría mi cuerpo era una bata de felpa, que no conseguía ocultar la pasión que latía en mi interior. Podía sentir mis reiterados latidos, golpeándome el pecho, como recordándome la locura que estaba a punto de cometer.

Entonces le vi, y me estremecí bajo el calor de su mirada. Se me acercó y puso las manos en mis hombros. Me quedé atrapada en la hondura de sus ojos. Sabía que estaba jugando con fuego, pero en eso no pensaba y ni siquiera me importaba.

Quería con todas mis fuerzas quemarme, arder viva en las diablas llamas de unas manos que deshacían vehementemente el nudo que protegía mis intimidades. No podía controlar mi respiración. Mis senos subían y bajaban en una clara invitación a ser besados, pero sólo sus miradas viajaban por todo mi cuerpo, hasta pararse en la hendidura que escondía el epicentro de mis deseos.

Me acomodaba sobre unos cojines y, sin apartar los ojos de los míos, deslizaba sus dedos sobre mi piel, en un decidido desplazamiento sensual y atrevido, que me iba apartando de la realidad.

Me besaba los mamelones hasta dejarlos de punta, clamando mimos, pero seguía en mi vientre hasta pararse en el mismísimo cráter de mi pasión, que, con una mano experta, lo acariciaba hasta humedecerlo completamente.

Le suplicaba que me hiciese suya. Quería sentir su excitación al rozarme el vientre y traspasarme la barrera en la que el calor se hace fuego. Quería acariciarle, pero me sujetaba de las muñecas y me decía:

____Todavía no.  Ahora sólo quiero percibir lo que mis dedos te hacen sentir.

Me dejaba llevar por sus besos, hasta introducirme en un mundo indescifrable de sensaciones, donde los gemidos son la única forma de aplacar el torrente de placer que inunda cada poro de la piel.

Impaciente, volví a pedirle que me tomase. Necesitaba sentir su cuerpo moviéndose al mismo ritmo que el mío, atormentándonos y regocijándonos en lo que íbamos a sentir. No lo aceptaba. Por contra, se alejaba, se escondía detrás del lienzo y seguía con su tarea, que a mí se me hacía interminable.

Cuando creía que no podía aguantar más, dejaba el pincel y se unía a mi deseo de navegar juntos por las aguas turbulentas de la pasión, amenazando con naufragar devorándonos, si no hacíamos algo por evitarlo.

Seguía mirando el lienzo. Sabía que él aparecería con vaqueros y camisa de cuadros verdes sobre su cuerpo.

Un cosquilleo me decía que estaba junto a mí, a mi lado. Al girarme me topaba con sus ojos. Nuestras manos se entrelazaban, rompiendo el espacio que nos separaba. No hablamos. Nuestros cuerpos se entendían solos.

Abrí la boca, y con su lengua exploraba cada escondite de la mía, jugueteando con mis labios, como queriendo ser perdonado por un juego que, muy lejos de herirme, me producía un inmenso placer.

Sus besos hacían camino en mi cuello, y sus manos quitaban todas las barreras que cubrían mi piel. Besaba mis pechos, atrapándolos entre su boca, mordiéndolos. Y yo no le pedía clemencia, quería más y más...

Iba quitándole la ropa. Primero la camisa, cuya desabotonaba hasta ver su pecho, que besaba una y otra vez dejando en él con mis dientes las huellas de mi pasión. Después, los vaqueros y los calzoncillos.

Sentía sus manos deslizarse por mis muslos, hasta pararse en el charco de mi sexo, para después explorármelo con una devastadora masculinidad, consiguiendo que mi cuerpo respondiese a semejantes embestidas.

Los dos teníamos prisas por culminar un ansia animal que teníamos a flor de piel. Abría los ojos y veía la pasión que reflejaba su cara. Sabía que yo era la causante de su estado de locura, y eso me hacía feliz.

Caíamos sobre el sofá. Su cuerpo cubría el mío, y juntos seguíamos en loca carrera hacia la cúspide. Me parecía un sueño estar así, sintiendo su ansiado peso, su loca y desesperada excitación, su aliento mezclándose con el mío…


Quería gritar su nombre, pero me daba cuenta enseguida de que no había ningún nombre que pronunciar. Despertaba


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Re: MI BLOC, QUE NO BLOG

Mensaje  achl el Mar Abr 17, 2018 8:09 pm




Soliloquio acerca de la pornografía

No me gusta escribir sobre el porno, me gusta ver porno. Admito que no veo el punto de escribir sobre ello; bueno, no es que no lo vea, es que no se me ocurre el enfoque que le podría dar. Para mí, nunca ha sido un tema que requiera mayor atención en mi vida, o en el que repare para tratar de reflexionar

Pues sí, soy una mujer y me gusta el porno. Supongo que esto es algo que puede llamar la atención, pero no veo el por qué. Desde hace tiempo, las mujeres han sido absolutamente responsables de sus gustos sexuales, y el porno, para mí, es el más simple de todos ellos, porque… ¿qué es lo que se necesita para hacer porno? Simple: dos personas enfrascadas en hacer el amor frente a una cámara.

Creo que el porno puede ser una herramienta para la autoexploración de las personas, no sólo para masturbarse, sino para conocer estilos, formas, lugares y sonidos que puedan dar más placer. Origina algo de curiosidad y expectativa y se tiene que tener mucho cuidado con ello. Pornostars hay que simulan los orgasmos (en el porno convencional no se repara en los orgasmos femeninos), en situaciones que no pueden ser placenteras para las mujeres, teniendo en cuenta esto y en una pareja sexual lo mismo de curiosa, se pueden fabricar divertidos y gustosos momentos.

Para mí, el porno tiene que tener audio, y soy más fan del casero que del profesional, aunque se sabe que existen Compañías Pornográficas que les gustan producir porno menos pegajoso y más sensual. Pero soy mujer y no haría honor a mi sexo si de cuando en cuando no se me antojase ‘algo especial': cera caliente, felaciones fantasiosas… o lo que  sea.

No me gusta ver porno con mi pareja. Cuando en la tele ponemos algún canal con este contenido, es porque nosotros ya hemos empezado antes con nuestros tocamientos. Me imagino que el día que nos dedicásemos a verlo, sería acompañado de palomitas y refrescos y toda esa actitud para burlarnos, admirarnos. Lo que sí hacemos es hablar de nuestros hallazgos: vídeos, fotografías, posturas. Dialogamos de lo que se nos antoja en cada momento y que son detalles que luego tenemos presentes a la hora de hacerlos nosotros.

Pero, entre mujeres, con ninguna de mis amigas he hablado de porno. Nunca. Sé y me consta que todas lo hemos visto, pero ni siquiera sé qué tanto lo frecuentan. Sólo con una amiga, con la que no he tenido ningún contacto físico porque vive en otra ciudad, he hablado de este asunto, y creo que es por eso que las mujeres guardamos cierto decoro en cuanto a algún punto de nuestra intimidad. Con esa amiga, nunca intercambiaría vídeos favoritos, y supongo que será porque demostrarle a cualquiera lo que te excita es información gratuita, y aunque el porno sea la cosa más simple del mundo, como un fontanero desatascando una tubería, o un mecánico reparando un coche, o un electricista arreglando una avería de la luz, te deja demasiado vulnerable y te roba un poco de ti.


¡Bah, pamplinas! ¿Por qué y para qué hablar de porno? Mejor verlo, y todavía mejor, hacerlo



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Re: MI BLOC, QUE NO BLOG

Mensaje  achl el Mar Abr 17, 2018 8:53 pm




Si la red es fuerte, pesca segura


Chateando en la red contacté con una mujer de 38 años de edad. Después de un mes intercambiándonos mensajes, decidimos dar el paso de conocernos personalmente. Ambos seguíamos casados, por lo civil, y ambos pasábamos de juzgados para tramitar los divorcios. Ninguno de los dos teníamos hijos, cosa que ayudaba en gran medida a más libertad. Su esposo y mi esposa eran personas muy liberales, por lo que también 'se lo montarían a su manera'. Pero esto era algo que no nos importaba, porque nosotros íbamos a lo nuestro


En el Facebook se hacía llamar 'sama', pero su verdadero nombre era Samanta. Y, aunque sabíamos nuestros apellidos, esto era algo que no viene a historia a esta historia.  Por cierto, yo me llamo José Manuel y tengo 40 años.

Nos citamos una tarde para tomar algo, y así ver si nos gustábamos, tanto en el trato como en el físico y en todo lo demás. En realidad no sabíamos qué nos íbamos a encontrar. Conocíamos nuestras marchas cibernéticas, y a veces nos tocábamos viendo fotos de desnudos de nuestros cuerpos, que nos cursábamos vía privado acompañadas de frases atrevidas, que contribuían a calentarnos más aún. Pero no conocíamos nuestras caras ni nuestras voces.

Llegué a la cafetería en la que quedamos y la localicé fácil, ya que me dijo que llevaría un pañuelo azul sobre cabeza. Y allí estaba, en la barra. Era morena, y no iba vestida provocativa: blusa larga azul, zapatos de tacón medio y pantalón azul; eso sí, muy ajustado. Su blusa dejaba ver un más que apetecible canalillo. Podría decirse que en conjunto era una mujer muy atractiva...

Y además tenía algo especial. No sabía atinar si eran sus ojos o su boca, pero me embobé y, al vernos, conectamos enseguida. Después de tomar un vino y de hablar un poco, nos fuimos a un motel, a las afueras de la ciudad, en cuyo, previamente había reservado yo un cuarto. Entramos y después de superar los primeros momentos de timidez y pudor, empezamos a besarnos; primero, tanteando, y luego con más intensidad, lengua suya bulliciosa...

Noté pronto que le urgía sexo. Mis ojos se fueron a sus pechos, cuyos mamelones se traslucían a través de la blusa, tan afilados que parecían lanzas atravesando el sostén. Suavemente, la empujé hacía la pared, y botón a botón abrí su blusa, que no la dejaba caer. Acariciaba sus senos por encima del sujetador. No eran grandes, pero no las abarcaba con las manos. Deslizaba mi mano derecha por su cuerpo, y ‘mi chica’, impetuosa, buscaba mi boca.

Mi mano iba bajando por sus muslos hasta llegar a sus bragas, que nada más jalarlas cayeron, dejando al descubierto un poblado pubis. Me puse en cuclillas y  besé por ahí abajo, pasando enseguida a lengüetazos salvajes por todos lados. Notaba que mi pene crecía, así que lo ponía sobre su mojada flor y empezaba con un mete y saca, como calibrando su calentura sexual. Y entonces, otra vez me percataba de que estaba famélica de sexo. Me pedía con los ojos y con la voz que me dejase de ensayos y que la poseyese, que la poseyese y que no parase...

Aún estaba yo vestido, pero erecto mi pene. Quería hacerla mía despacio, por lo menos la primera vez, ya tendríamos otras, le decía, cuando su mano se iba a mi miembro. Samanta estaba a punto de 'irse' en las bragas, y yo le mordisqueaba los mamelonnes a través del sujetador, pero, de pronto, me apartaba violentamente y empezaba a devorarme el pene, los testículos, los muslos el traseo… como una loca posesa por todo mi cuerpo.

Estaba lanzada, lo que hacía lanzarme a mí. La giraba, la ponía de cara a la pared, le bajaba las bragas y le daba unos cachetes en su redondo y duro culo. Su blusa caía, y con los dientes le desabrochaba el sostén...

Y entonces aparecieron unos despampanantes pechos con mamelones rosados, que hasta ese momento no había visto. La tenía desnuda frente a mí, cara a la pared. Dejé caer mi pantalón, y mi pene salió brioso de mis calzoncillos. Se lo puse en el agujero negro. Antes sólo lo había sentido a través del pantalón, pero ahora lo tenía en el ano. Mi lengua lamía su cuello, rogándome ella que la penetrase, pero como estaba tan enfrascado en tan deliciosa tarea, nerviosa se giró hacia mí y gritó suplicante y repetido:

___¡¡Hazme tuya ya!! ¡¡Hazme tuya ya!!

Con sorpresa para ella, con el sujetador que le había quitado le até las manos a la espalda.  Y esto le gustó. Luego, la tumbé sobre la cama con el trasero en pompa. Y también le gustó. Acabé de desnudarme, y metí mi erecto y duro tallo en su hambrienta flor.

___¡¡¡Empuja, empuja fuerte!!! -gritaba como una condenada.

La tenía a mi merced: manos atadas, trasero en pompa y pidiendo que la penetrase. Y la penetré. Y los dos nos compenetramos y no adaptamos a la perfección. Y tanto disfrutamos que al siguiente día nos vimos de nuevo. Y, sin apenas hablar, directamente al hotel.

Y a partir de aquel día, dieciséis meses ya, nos vemos dos veces a la semana y hacemos el amor varias veces. Ella no quiere cenas, no quiere copas, no quiere cines, no quiere discotecas... ¡Sólo quiere que hagamos el amor!

Pero, con el paso de nuestras citas, me di cuenta que no sólo tenía carencia de sexo, también de cariño. Tanto llegamos a congeniar y a desearnos el uno al otro que incluso llegué a pensar que era la mujer de mi vida. Y, en realidad, lo era, porque, entre otras cosas, maravillosas para nosotros, estaba abandonada por su esposo. Como yo por mi esposa...

A los seis meses de nuestros rituales encuentros, le propuse muy en serio que nos divorciásemos y nos fuésemos a vivir juntos, e incluso casarnos. Me miró, escéptica, sonrió irónica y sabiamente me respondió, como sólo sabe hacerlo una persona realista:


Siento en lo más profundo de mi alma que te quiero y te deseo como nunca he querido y deseado a mi marido, ni a ningún otro hombre, y jamás te sería infiel. También siento que tú me quieres y me deseas como yo a ti, pero se supone que los dos tenemos la suficiente experiencia en estos asuntos como para deducir que el matrimonio y la convivencia son los verdaderos asesinos del amor y la pasión, por lo que tu propuesta podría ser el principio del fin de esta maravillosa historia que vivimos. Y dicho esto, ahora soy yo la que te propone que sigamos como estamos, que así podemos permanecer juntos toda una vida


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Re: MI BLOC, QUE NO BLOG

Mensaje  achl el Mar Abr 17, 2018 9:41 pm




Queda usted despedido

Aquí tiene usted su carta de despido y su finiquito. Consulte con su abogado si no está conforme. Pero ha de saber que va más dinero del que le corresponde. Por supuesto, no queremos que se haga publicidad de este asunto por ninguna de las dos partes


Me dijo el administrador del Centro.

Sorprendido, cogí el sobre y salí de las oficinas pensando en cómo me había encontrado en esa situación. Ni dos meses hacía que era profesor de natación de un afamado y prestigioso colegio de Madrid. Mi currículum les gustó, y por eso me contrataron para darle clases a una panda de energúmenos ‘hijos de papá’. Y el sueldo me pareció una bendición. Pero mi entrada a ese Centro fue tan fulminante como mi salida. Con 28 años, 1,83 de estatura, agraciado de cara y de cuerpo, y licenciado en la Facultad de Ciencias de la Actividad Física y del Deporte, era la envidia de mis colegas de profesión.

Pasó un mes desde mi bautismo con aquel chavalerío, y todo parecía ir sobre ruedas. Mis clases de natación la formaban 5 chicos de 16 años, y 15 chicas de la misma edad. Como la piscina era olímpica corta, no eran demasiados mis alumnos y yo necesitaba mantenerme en forma, por esto les acompañaba en los ejercicios. Mi carga de trabajo, evidentemente, era mayor que la de ellos, y cuando terminaban las clases, nadada yo solo un buen rato, de manera que cuando  finalizaba me duchaba en solitario, sin molestar a nadie.

Un viernes, mientras estaba secándome y abriendo mi taquilla para sacar mis cremas hidratantes, vi una nota pegada en un costado del mueble. Y también había en un sobre con fotografías mías dentro, hechas mientras me duchaba. El papel decía:

Me gusta tu cuerpo y quisiera que te acostaces conmigo

La falta de ortografía de ‘acostaces' me llamó la atención y a la vez me despistó. Las fotos no eran de buena calidad, pero se veía bien mi cuerpo entero y dos primeros planos de mi pene y mi culo Al principio me asusté, pero más tarde pensé que podría que fuese una chiquillería de alguno de los alumnos.

Aún no habíamos empezado los exámenes, y traté de no dar más importancia al asunto. Pero el lunes de la otra semana volví a recibir un sobre que contenía una nota y otras fotos mías, pero más explícitas. Rezaba:

Te espero este viernes a las seis y media de la tarde en el cuarto del fondo del bloque 8 de la planta baja. Una copia de la llave de la puerta está en el sobre. Espero que seas tan valiente como imagino.

Tenía por delante toda la semana para pensármelo y para tratar de averiguar quién era y qué buscaba con esto. Ni por asomo pensaba en una aventura. El lunes traté de sacar de verdades mentiras a todo mi alumnado, pero fue peor el remedio que la enfermedad; sus risitas de adolescentes, sus bajadas de ojos y los codazos entre las chicas, me despistaron y preferí tomármelo con calma.

Las seis de la tarde era la hora de la salida de los alumnos, y algunos de ellos vivían en las inmediaciones del Centro, por lo que bien podían entrar y salir sin llamar la atención. Así que uno de ellos podría estar jugando conmigo, y yo no estaba dispuesto a admitirlo, así que decidí que el viernes desenmascararía a la persona en cuestión.

Esa falta de ortografía me dio una pista que me llevó a repasar los expedientes académicos de todos, y menos una de las chicas, los demás eran candidatos a mis sospechas.

El viernes las clases fueron de lo más normal y nadie faltó, y los alumnos se comportaron como siempre. Nada dejaba ver un comportamiento anómalo o sospechoso, e incluso todos salieron de las duchas antes de lo previsto.

Yo seguí con mi rutina de siempre, y la última serie de 100 metros la hice muy relajado y salí como si no hubiese pisado el agua. Después, me dirigí hacia las duchas y me duché tranquilamente; me puse mi ropa de los viernes, como solía decir: vaqueros azules y camisa roja, y con decisión pero nervioso, cogí la llave tras cerrar las instalaciones y me encaminé hacia el bloque 8.

El bloque 8 dictaba dos minutos de la piscina. Cuando llegué, afuera estaba a oscuras y, al ser un edificio que no conocía, tampoco sabía cómo encender las luces. A tientas entré en la planta baja, y allí sí había una luz tenue, suficiente para no darme contra la pared, o para ver la puerta que me indicaban; una puerta gris metálica sin señales ni marcas exteriores, cerrada con llave. Con mil ojos apunté la llave en la cerradura y la metí con suavidad, mirando hacia mis alrededores. Giré la llave y abrí la puerta, sin ver absolutamente nada, porque aquello era como la boca de un lobo, y la leve luz del pasillo no permitía ver el interior. Quedé en la jamba de la puerta. Pero, de pronto, una voz de mujer, sin edad aparente, llegó a mis oídos desde el fondo del cuarto:

____Te has retrasado. Pensaba que no ibas a venir. Cierra la puerta y entra. No tengas miedo que no muerdo. Es más, creo que yo tengo más miedo que tú.

Obediente hasta el final, cerré la puerta y pasé a la oscuridad más absoluta, sin saber qué era lo que me esperaba.

____Sólo tenemos media hora, y ya que has venido, disfrutémosla.
____Pero... ¿quién eres?
____No hables y ven -su mano cogió la mía llevándome hacia su cuerpo.

Tenía todos los sentidos alerta, pero la oscuridad que nos rodeaba me privaba del principal; ver a la que me había citado allí. El tacto de su mano era suave, como si recientemente se hubiese puesto crema. Sus uñas largas delataban que no eran para hacer trabajos manuales. Olía a un limpio que me era familiar, pero no lograba recordarlo. Mis manos se posaron en sus nalgas e, acariciando su figura, imaginé que sería una mujer madura. Calculé que de 1,70 de estatura y de un peso de unos 60 kilos. Sus caderas eran suaves y delicadas y grandes sus senos. Cuando nuestros cuerpos se juntaron noté que estaba completamente desnuda. Su pelo era rizado y olía a manzana. Mi boca buscaba su boca, pero se detuvo en su cara. Su boca buscó ávida la mía, y cálidos y húmedos labios besaban con un hambre feroz, mientras sus manos desabrochaban mi camisa y bajaban mis pantalones y mis calzoncillos.

Liberado de toda la ropa, enredé mis dedos entre sus pelos, para separar la cara y así poder verla en aquella oscuridad. Imposible. Me conformé con que mis manos me sirviesen de ojos. Su lengua buscaba mi lengua, lamiendo mis labios y mojándome la cara con sus besos, arrebatados y profundos. Su cuerpo se apretaba al mío, y sus manos se aferraban a mi miembro, empujándolo contra su vulva; una vulva húmeda que se iba abriendo al contacto con mi erecto miembro, del que ya empezaba a salir líquido seminal a través del meato.

No había sitio ni tiempo para juegos ni caricias. Aquello era un auténtico polvo salvaje. Mi anónima dama cogió mi miembro viril y se lo metió, entre pronunciados suspiros, hasta el fondo de su cueva, y mi lengua recorría su piel, metiéndose en los pliegues de la cara, notando las arrugas de una edad incierta, pero joven aún.

____¡Te quiero para mí sola, penétrame! -exclamaba.
____¡Sigue, sigue, empuja fuerte! -volvía a exclamar.

Sonidos ahogados llenaban nuestros sentidos, cada vez que entraba y salía dentro de ella con unos golpeteos rápidos y enérgicos, arrancando los suspiros más hondos de su ser. Agarrando con firmeza su trasero, me subía y me bajaba sin esfuerzos en el cuerpo de mi anónima. Nuestras bocas se devoraban la una a la otra. Sus dientes mordían mi cuello, y me inundaba una oleada de placer que me nublaba la vista en aquel cuarto tan lúgubre y tan oscuro. Su boca alternaba mi boca con mi miembro, y su juguetona y traviesa lengua inundaba de salivas mis bellos púbicos.

____¡Me vuelves loca! -exclamaba, de nuevo.
____¡Me viene ya…! -se tambaleaba.

De repente, su vagina se empapó, escurriéndose sus jugos calientes por sus desnudos muslos. Mi ritmo delataba que mi orgasmo estaba a punto de llegar. Sus siguientes palabras daban el empujón final.

____¡Y ahora te toca a ti! ¡Dale de comer a mi hambriento sexo, y después le daré un buen baño con mi lengua y mis salivas! -dijo con morbo.

Un chorro cálido de líquido semi espeso entró en su vulva. Saqué mi miembro, y el resto de semen lo repartí entre sus pechos, su cuello y su boca, liberándome así de tan alta tensión acumulada.

Después de descansar unos instantes, me dijo:

____Ahora quiero que te vistas como puedas y que te vayas. Te pido que no espíes quien soy. Si me obedeces, nos volveremos a ver el viernes que viene con más tiempo. Esto sólo ha sido un aperitivo de lo que te voy a dar en adelante –y paseó su ávida lengua por mis labios.

Obediente y con mi miembro, ya flácido, me vestí y salí, sin girarme. Me encaminé hacia el sector de la piscina para ducharme de nuevo, pensando en lo que me había pasado y en si volvería el otro viernes a verme con mi extraña desconocida.

Me preguntaba quién podría ser. Las pistas que tenía eran contradictorias: por la experiencia en hacer el amor y por el físico, desde luego no era una alumna; por la falta de ortografía y por el aroma, no era una profesora; tampoco la madre de algún alumno, ya que no les era permitida la entrada al Centro, y menos todavía a las duchas. Aquel enigma me corroía.

Los tres siguientes viernes volvieron a repetirse los encuentros. Y siempre en el mismo cuarto oscuro y siempre a la misma hora. Pero al cuarto viernes me negué a prestarme al juego y no quise hacer el amor con ella. Sólo entré para tratar, bolígrafo-linterna en mano, de ver su rostro. Pero no lo conseguí, porque ella se percató de mi maniobra y fue más lista y más rápida que yo, quitándome el bolígrafo de la mano. En definitiva, me fui de aquel lúgubre cuarto sin saber con quién me había revolcado tres viernes seguidos  

A las ocho de la mañana del lunes siguiente, la directora del Centro, airada y con cara de pocos amigos, me dijo que me esperaba lo más pronto posible en su despacho, al tiempo que me dio un sobre, en el cual había unos papeles y un vídeo, filmado con cámara de infrarrojos, en el que se podía ver mi cara discutiendo con una desconocida en un cuarto oscuro. Su discurso fue conciso y concreto, pero enérgico:


¡Usted, con su estúpida curiosidad y con su insultante desinterés, puede hacer lo que quiera, pero no en mi Centro!



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Re: MI BLOC, QUE NO BLOG

Mensaje  achl el Mar Abr 17, 2018 11:25 pm




¡Oye rubia, por favor!


_____¡Oye rubia, por favor!
____¿Es a mí?
____Sí, a ti.
____¿Qué quieres?
____Necesito hablar contigo.
____¿Ah, sí? ¿Y de qué?
____De ti.
____¿Y qué me vas a contar tú de mí que yo no sepa?
____Que eres una chica especial.
____¡Vaya, hombre, muy amable! ¿Y cómo te has dado cuenta?
____Porque te llevo observando desde hace mucho tiempo.
____¿Nos conocemos?
____Yo te conozco desde siempre. Sé como sonríes y conozco los gestos con los que acompañas tus palabras, me sé de memoria las expresiones que desprenden tus ojos, el ritmo de tus movimientos... y todo lo que he visto en ti, es como en mis sueños.
____¿Entonces soy la mujer de tus sueños?
____Lo eres.
____¡Jajajaja! ¡A saber a cuántas le habrás dicho esto mismo!
____No es algo que se vaya diciendo por ahí. Y tú sabes que eres especial, lo que no sabes es que yo haya sabido verlo.
____¡Pero si ni siquiera me conoces...!
____En mis sueños te descubro todas las noches, y en ellos me dedico a aprenderte: cada línea de tu cuerpo, las marcas de tu piel, las posturas de tus redondos pechos, las tentaciones de tu bajo vientre, las redondeces de tu trasero, el torneado de tus largos muslos…
____¿No me estarás confundiendo con otra?
____Jamás te confundiría con otra. Te he hecho el amor mil veces y de mil maneras distintas. Conozco tu modo de gemir y de pedirme más y más. Sé exactamente cuándo te vas a tener un primer orgasmo y también sé lo que debo hacer para que lo consigas más veces...
____Si hemos intimado tanto, como me estás diciendo, al menos debería saber tu nombre, ¿no crees?
____Si yo te dijese mi nombre me robarías el alma. ¿Estarías dispuesta a asumir semejante carga?
____Bueno..., verás... igual si me gustas lo suficiente…
____Te lo diré a sovoz, y cuando me hagas feliz, pronúncialo. Pero si vas a romperme el corazón, por favor, no rompas también mi alma.
____¿Y cómo puedo hacerte feliz?
____Dejándome que rodee así tu cintura y que pose mis dos manos en las curvas de tu cuerpo. Deseando con ansia que me aproxime tanto a ti, que mis palabras resbalen por tu cuello y desciendan por ese escote tuyo, para después hacerles cosquillas a tus pezones...
____Este hacerte feliz me está gustando. ¡No te separes, sigue así...!
____...retorciéndote entera de placer mientras mi lengua dibuja tus labios, y tus dientes tintineen con los míos. Acelerándose tu corazón cuando mi cuerpo se pegue al tuyo, tanto que mis secretos dejen de ser sólo míos, y los dos sintamos el latir de nuestros sexos al mismo tiempo…
____¡Ahhhh…!
____Así, así, gimiendo al sentirme. Ofreciéndole tu cuerpo a mi mano para que se deslice bajo tu tanga y abra tus labios de abajo, mientras mi otra mano posea en propiedad tu hermoso trasero, y mi boca empalme con la tuya, besándonos, excitados, y devorándonos mutuamente...

____¡Eh chicos, perdonad que os interrumpa, pero nosotros nos vamos ya! ¡Maricarmen,  ¿tú qué vas a hacer, te quedas o te vienes?!
____Dios… No sé qué hacer...
____¡Pues no tardes en decírmelo!
____Tú decides, mi chica especial.
____¿Y si me quedase qué haríamos?
____Te llevaría a mi casa e intentaría enamorarte.
____¡Tú estás loco!
____Loco de remate, pero por ti. Quédate, por favor.
____¡Me quedo!


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Re: MI BLOC, QUE NO BLOG

Mensaje  achl el Mar Abr 17, 2018 11:46 pm




Nuestra realidad cotidiana


Entro a la cocina y veo que ella trastea en la cubertería y en los vasos. Está guapísima con ese tanga y ese delantalito blanco. Robo una manzana del frutero y la muerdo. Cruje, chorrea un jugo dulce, levanto cada gota con la punta de la lengua. Luego, me apoyo en el marco de la puerta. Ella va mirando de reojo todo lo que hago. Doy otro mordisco a la manzana...


____¿Me convidas a un bocadíto, guapo?

Muerdo un pedacito de manzana, y mi boca lo transporta hasta su boca. Nuestros labios se pegan, se funden. ¡No se pueden separar! Su boca pide guerra, y sus ojos son más grandes que nunca; me da vértigo mirarme en ellos, pero no puedo apartar los míos.

Sus ávidas manos rodean mi cuello y mi nuca. Hechizado, la cojo entre mis brazos. No sé si la manzana se cae o la dejo caer. Sólo sé que su boca está en mi boca, sus ojos están en mis ojos, su alma está en mi alma, mi corazón está en su corazón. Todo lleno de amor. Su cuerpo se aprieta contra el mío: me roza, me toca... Su pasión me llega a través de la ropa. Se me para el tiempo...

____¿Qué hay de almorzar? -le pregunto entre besos. Pero no sé por qué le hice ésa pregunta.
____¿No lo estás viendo, chiquillo? –responde.

Sonrío, porque es cierto. ¿Existe mejor almuerzo que este? Su mano corre entre mis vaqueros. Busco sus pechos empinados. Me baja el cierre, me abre la cremallera y sus dedos envuelven mi pene. Mientras chupo sus pezones rígidos, gime, y echa la cabeza hacia atrás. Tiro de un hilillo y creo que me he cargado otro tanga. Pero esto no importa ahora.

Acaricio, beso y succiono sus labios de abajo. Ahora los mordisqueo; una humedad tibia, tirando a caliente me empapa la boca y las manos. Sus piernas se cierran contra mi cintura y me atraen. Guía ella mi pene; su pene, como suele decirme y yo me encorvo hacia su dilatada vagina, mi vagina, como suelo decirle.

Entro en su nido como un fuego, y siempre con esa misma sensación de quemarme en su interior y en los suspiros de ambos. Sus senos rozan mi pecho. ¿En qué momento me abrió la camisa? Beso su cuello, sus hermosos hombros. Les paso la lengua, los chupo, los muerdo. Sus diez uñas de gata salvaje pintan líneas de escalofríos en mi espalda. Me muevo de extremo a extremo. Voy hasta el fondo, esperando su reacción. Y ella lo sabe...
____No la saques, porfi. Sigue así…

Su voz, su aliento en mi cuello, su lengua…

____¡Toda adentro para ti! -le digo, casi ronco, y empujo más y más...

De nuevo, sus diez uñas se clavan en mi espalda. Me atraen. Le acaricio el trasero, los muslos, los pechos… Se desmelena…

____¡Poséeme con fuerza, hazme lo que quieras…!

Entonces me muerde el hombro. Es un mordisco fuerte y chupado, que me dejará marcas y que luego ella revisará satisfecha. Entro y salgo, cada vez más excitado y más rápido. Mis dedos se enredan en su pelo. Y mis brazos, como una palanca de acero, apretándola fuertemente contra mí.

____¡Dame mi bebida! -dice, de pronto, sus dientes clavados en mi carne.
____¡Dámela ya…! -repite, impaciente.
____¡Es tuya! ¡Ahí la llevas…!

El primer espasmo me paraliza de placer. Jadea; un jadeo ahogado que tan bien reconozco: jadeo del éxtasis, cuando el orgasmo la arrastra, oleadas tras oleadas.

Clavado hasta el fondo, empujo las nalgas con la primera descarga. Como si me pasasen una varilla al rojo por el meato de mi pene. Estallo en su vagina empapada. Nuestros jugos se mezclan y chorrean: sexo adentro, sexo afuera...

El delirio dura… ¡qué sé yo! Jamás llegaremos a saber si un minuto o un siglo. Sólo sé temblamos, que nos sacudimos de placer, que quedamos abrazados, abajo nuestros párpados, nuestras respiraciones anhelantes. Pero poco a poco nos vamos recuperando, aunque algún ramalazo de disfrute nos cruza de vez en cuando. Y, de pronto, vuelve a ser mi niña, acurrucada en mi pecho. Beso su pelo, su frente, busco sus labios…

____Te quiero.
____Y yo también te quiero.

Nuestras voces suenan colmadas. Apenas retiro mi sexo del suyo, hago una copa con la mano y recolecto ese íntimo jugo que rezuma. Pegajoso y tibio, se lo acerco y luego se lo vuelco en su cara y en sus pechos...

____¡Oh, qué delicia! -me dice, y después lo esparce con los ojos cerrados y cara de satisfacción, por tan nutriente vitamina facial.

Poco después, nuestras lenguas se acarician y probamos juntos el placer salobre y dulce de la pasión.

____¿Me llevas a la ducha, guapo? –me dice, mimosa.
____Estaba esperando esa pregunta –le respondo, embelesado.

Entonces vuelve a enlazar mi cintura con sus piernas y mi cuello con sus brazos. La levanto por las nalgas y nos vamos al cuarto de baño, con la seguridad de que allí culminaremos lo no terminado aún. Y así un día y otro día, y un mes y otro mes, y ya llevamos dos años juntos haciéndolo así...

Bajo el agua tibia nos vamos mojando nuestros cuerpos con esa gracia de dos amantes que se aman. Nos frotamos los cuellos, las espaldas, las nalgas y las piernas. Sobre la marcha hago que ella se dé la vuelta hacia mí y la estrecho amorosamente contra mi cuerpo. Le enjabono los pechos y también esos vellos cortitos y negros que protegen su nido, y mientras, el agua tranquilizadora y en nuestro caso milagrosa va rociando nuestros dos cuerpos.

Concluida nuestra reconfortante ducha, de nuevo hacemos el amor, pero más apasionadamente que la vez anterior, Bueno, igual de apasionadamente me dice ella


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Re: MI BLOC, QUE NO BLOG

Mensaje  achl el Miér Abr 18, 2018 12:03 pm




La suegra se confiesa

Sí, padre, yo fui la que puse veneno en su sopa, pero porque él antes tiró al retrete mi carísimo perfume Quizás Quizás Quizás, de Loewe.

También confieso que le eché lejía pura a su flamante traje gris marengo, de Armani, en venganza porque él publicó en Facebook quince fotos que me hizo a escondidas mientras me ponía las bragas.

Y fui yo quien puso aceite en el radiador de su Audi, pero fue mi respuesta a que él llenó mi cama de cucarachas para que me fuese de su casa.

También fui yo quien quemó su costosa colección de sellos, pero es que él me tuvo tres minutos con la cabeza dentro del retrete, sin poder respirar.

Reconozco haber propuesto a mi hija que le cortásemos el pene mientras dormía, pero fue porque se meó dos veces en mi armario, destrozándome todos mis vestidos y mis zapatos. Lástima que mi hija no hubiese aceptado esa merecida propuesta. Ella es muy ingenua, casi una santa.

Y sí, padre, yo hice once cargos en Internet sobre su VISA, sin su permiso, pero lo hice porque el pedazo de cabrón me dejó todo un día encerrada en la perrera de un metro cuadrado y sin luz.

Pero no se equivoque, padre; sólo estoy confesando lo que le he hecho, pero no estoy arrepentida. Esto es un descanso anímico que necesito para reiniciar las hostilidades esta misma tarde. No, padre, mi venganza contra el hijo de puta que se casó con mi hija acaba de empezar.


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Re: MI BLOC, QUE NO BLOG

Mensaje  achl el Miér Abr 18, 2018 12:32 pm





Cosas de matrimonios

____Cariño.
____Dime, mi amor.
____Hace tiempo que no dejo de pensar en una cosa, y que cada vez más se arraiga en mi mente, o te lo consulto o exploto.
____Mejor me lo consultas, mi amor. Que haría yo si tú explotases.
____Verás... Es que el tema es muy delicado, ya que jamás en ti he visto ni por insinuación la misma incertidumbre que a mí me asalta sin cesar.
____Ya sabes que soy comprensivo, y que te quiero más si cabe que desde que nos casamos, pero como eres de profundos sentimientos cristianos, no sé si te dolerá.
____Precisamente estos sentimientos son los que me dan fortaleza para soportar el dolor de mi corazón y de mi alma. Háblame con la sinceridad de la que hacemos gala desde que nos casamos.
____Pues… ¡Uffff! Qué difícil me resulta explicar algo que puede herir los sentimientos de la persona que más amo, porque te juro que eres lo que más quiero en este mundo.
____Tómate el tiempo necesario, pero no te quedes con ese obstáculo en tu mente, sería nefasto para nuestra convivencia.
____Lo que realmente me inquieta es que si desembarazo este obstáculo de mi mente, no sé si será peor para nuestra relación de pareja.
____Lo nefasto para las relaciones de pareja son el engaño, la mentira, los disimulos y los subterfugios. No dudes mi amor que hasta lo más mefítico, si se expone con claridad y mirando a los ojos, siempre será más valorado que las alabanzas fingidas.
____Bueno… Verás… De un tiempo a esta parte me sobrevienen fantasías eróticas ajenas a nuestro matrimonio.
____Eso es normal. La fantasía es patrimonio de las mentes abiertas.
____Ya, ¿pero y si esas fantasías pasan a querer a hacerlas realidad?
____Depende. ¿Qué tipo de fantasías son?
____Pues… hacer el amor con otra persona.
____¿Es que yo no lleno todas tus expectativas sexuales?
____Sí, mi amor... ¡Claro que llenas mi cuerpo y mi alma! Pero las fantasías siempre afluyen fuera de tu entorno real. ¿Comprendes? Contigo no son fantasías, son hechos consumados que los tengo al alcance de la mano.
____Sabía desde un principio que lo que llamas fantasías es simplemente morbo, pero he preferido que te manifestases abiertamente.
____¿Te has enfadado?
____¡No, que va! El morbo es común en las personas.
____¿Tú también tienes morbo?
____Mi morbo no es consustancial a mis sentimientos, por tanto, analizo los pros y los contras de las acciones ulteriores a los hechos morbosos, y calibro sus consecuencias.
____Me asustas. ¿Crees que mi morbo puede deteriorar nuestro amor?
____No exactamente si se tienen los pies en el suelo. Si no me quisieras, me habrías sido infiel hace tiempo. La máxima infidelidad, como te dije antes, es la mentira, y tú me estás siendo fiel ante una deseada infidelidad. Por lo tanto, tu fidelidad está manifiesta.
____¡Ay amor! Qué peso me quitas de encima; creí por un momento que había herido tu sensibilidad.
____No, no, me alegra que te hayas sincerado conmigo, por lo que vamos a tratar tu tema como gente moderna y civilizada.  Lo primero que deseo saber es si tienes total seguridad de que quieres hacer cambio de pareja.
____No es que tenga total seguridad, es que, si no lo realizo, nunca podré quitarme esto de la cabeza, y nunca podré saber la verdad de mi locura.
____Vamos a ver, mi amor. Entiendo que me puedes querer con toda tu alma, porque en mí hay elementos humanos que te subliman; y que una relación sexual puntual con otra persona sería por puro morbo, y que no buscas otros sentimientos que en mí no encuentras.
____Mis sentimientos, todos sin excepción, giran en torno a ti.
____Te comprendo, cariño, te comprendo. Lo tuyo es cómo una especie de sarampión, contagiado por la vida moderna de los matrimonios. No te preocupes, atenderé tus deseos y te acostarás con otro hombre. Mañana mismo pondré un anuncio en una revista especializada.


REVISTA INTERCAMBIOS. SECCIÓN DE CONTACTOS


Matrimonio gay, de 35 y 30 años, ambos bien parecidos y con educación y clase desean contactar con matrimonio similar para intercambio de parejas. Se exige total discreción  y máxima higiene. Móvil: 666.333.666. Le atenderá ‘Diablito’


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Re: MI BLOC, QUE NO BLOG

Mensaje  achl el Miér Abr 18, 2018 12:45 pm




Pillado por todos lados

No podía moverse hacia arriba, porque una regla lo prohibía.

No podía moverse hacia abajo, porque una regla lo prohibía.

No podía moverse a la derecha, porque una regla lo prohibía.

No podía moverse a la izquierda, porque una regla lo prohibía.

No podía ir de lado, porque una regla lo prohibía.

No podía estirarse, porque una regla lo prohibía.

No podía recostarse, porque una regla lo prohibía.

Su vida era, por todo lo anterior, un verdadero desastre y una verdadera desesperación, hasta que tomó la relevante decisión de romper con todas las reglas.

Vivió minutos de enorme ilusión, hasta que supo que había una regla que prohibía romper con todas las reglas.


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Re: MI BLOC, QUE NO BLOG

Mensaje  achl el Miér Abr 18, 2018 12:56 pm




La hada malvada diputada


El Bosque Mágico estaba hecho un desastre… hasta un cierto punto. La sobrepoblación de los seres fantásticos generaba problemas de todo tipo: daños ecológicos inconmensurables, interminables pleitos entre los diferentes tipos de seres, inseguridad (los hombres-lobo y los vampiros atacaban noche tras noche a la población), escasez de nutrientes, falta de vivienda y una inflación galopante


Los nativos, más conscientes del antes fastuoso lugar, concluyeron que, imitando a los occidentales, era preciso crear una representación popular por medio de la generación de una clase política responsable que supiese administrar los recursos de la población, para así minimizar los problemas comunitarios, y sacar hacia adelante a aquella extraña y diversa sociedad del Bosque Mágico, otrora un lugar rico, digno y respetado.

Ada, el hada que de siempre había apadrinado a un político occidental, se dispuso a demostrar a los otros que era una experta en estas lides, y lanzó su candidatura para lograr un escaño, representando para ello a PASEO, PArtido de los SEres Olvidados.

Inició su campaña prometiendo que reforestaría el bosque con olmos de la mejor clase, cuyos troncos y ramas generaban muchos recovecos que servirían de madriguera para los duendes de la región; que llevaría agua fresca del Arroyo Encantado a la Charca de los Sapos Dorados que estaba a punto de secarse, para que las hadas pudiesen depositar allí sus larvas, sin mayores riesgos; que dotaría a toda la población de estacas de roble y antorchas de coníferas resinosas, para ahuyentar a los malditos vampiros; que poblaría todos los senderos de añagazas para los hombres-lobo; que importaría esporas de setas, para que los claros semi húmedos del bosque se llenasen de hongos carnosos y nutritivos; que convencería a las ardillas para generar un banco de bellotas suficiente, para garantizar el abasto en invierno y con ello reducir la inflación; que respetaría los derechos de las minorías, que eran muchas; y que el Bosque Mágico volvería a ser como lo era antes, en el antaño…

Llegó el día de las elecciones, y Ada consiguió con creces sus objetivos: los habitantes del Bosque Mágico apostaron por ella de manera abrumadora ante la esplendidez de su propuesta.

Pero una vez obtenido su curul, Ada se olvidó de sus electores. Se adueñó con triquiñuelas del árbol más florido del bosque; llevó el agua del Arroyo Encantado a su charca personal, abarrotándola de hermosos nenúfares, adquiridos con dinero del presupuesto público del Bosque Mágico; astuta, negoció con los vampiros y con los hombres-lobo su protección personal a cambio de total libertad de acción para ellos.


Se quedó con todas las setas importadas, para ella y para su familia; se empleó a fondo en vender las bellotas a precios exorbitantes, y dedicó su tiempo libre a localizar asociaciones perversas y grupos intolerantes, siempre en busca de reelegirse indefinidamente




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Re: MI BLOC, QUE NO BLOG

Mensaje  achl el Miér Abr 18, 2018 6:25 pm



Amores adolescentes


Los muy significativos recuerdos de esta pequeña pero bonita historia, dan sentido a mi vida. Y ahora, a mis 36 años recién cumplidos y sentado en una silla de ruedas, dan más sentido aún si cabe


Recuerdo que el camino se hacía eterno. La noche era negra y la brisa se hacía cada vez más áspera. Mis mejillas enrojecían. Corrí tanto que no sentía los pies, tratando de encontrar un rastro de luz en aquel crepúsculo.

Manuela estaba cansada. La cogí de la cintura y entonces sentí su esbelto cuerpo junto al mío, proporcionándome un calor carnal. Sus suaves labios me besaron en el cuello, y una extraña sensación recorrió todo mi cuerpo. Sus manos bajaron hasta mi pubis, acompañadas de besos húmedos de labios de rubí. No podía contenerme, la deseaba tanto…

____Ya no hay nadie aquí -dijo con la respiración agitada en un silencio solemne.

La besé apasionadamente apretándola con mi cuerpo. Empecé a desabrochar cada unos de los botones de su blusa, hasta ver sus suaves y duros senos, descubiertos ante mí. No dudé en tocarlos y en acariciar la cima de ellos con los dedos.

Nuestras respiraciones eran ya más veloces. Nos tumbamos en la húmeda yerba de la noche, y ella seguía besándome y empezando a bajar mis pantalones, pero mi cinturón estaba apretado. Mentalmente maldije el momento en que me lo puse. La ayudé a desabrocharme, entre un enredo de manos, hasta que por fin mi pene fue liberado. Una de sus manos me lo cogía. Estaba muy excitado, dejando escapar un enorme orgasmo, llenándose su mano de mi semen.

Al día siguiente fui al instituto, como de costumbre. Y allí estaba Carmelo, mi mejor amigo desde niños, casi mi hermano.

Uno de los alumnos del instituto dibujaba un desnudo de mujer. Yo era distinto a él, aunque por lo de anoche, creo que me contagiaría sus maneras. Lo que me ocurrió con Manuela, no se lo había contado a nadie todavía. No quería hacerlo, pero mi lengua me traicionaría…

____Hola, Juan –me dijo Carmelo, dándome unas palmaditas en la espalda.
____Hola, Carmelo.
____Oye, ¿has visto ya a la compañera nueva?
____No… -me ruboricé.
____¡Chicos, a mi clase!

Nos interrumpió la profesora. Fuimos a sentarnos a nuestros respectivos lugares. Manuela no había llegado todavía. Quería verla, pero sentía vergüenza. Carmelo me miraba sonriendo, a la vez que escribió algo en un papel, que empujó hacia mí:
'Las lenguas viperinas dicen que ayer te vieron salir del jardín de detrás del instituto a altas horas de la noche acompañado de Manuela, y ella iba con la ropa al socaire. ¡Ya me contarás, querido hermanito!

Cuando lo leí me sonrojé, pero traté de hacerme el desentendido, pero Carmelo me conocía mejor que nadie; sacó su móvil y había en él una foto que lo delataba todo. ¡Jodido paparazzi! Escribí en aquel papel y caí en su juego. Y seguí escribiendo…

'Manuela y yo fuimos a regar unas flores al taller de Agricultura. Se nos pasó la hora y comenzamos a correr para que no nos viese la directora. En el jardín sucedió todo. Nos besamos. Ella estaba pasada de copas'.

Se lo entregué a hurtadillas, para no ser visto por la profesora. Carmelo lo recibió, y apenas lo leyó estalló en carcajadas ante todo el alumnado.

____¿Qué ocurre, Carmelo? -le dijo la profesora.
____Nada, profesora -conteste yo, al ver que él no paraba de reírse.
____Juan, ¿qué le diste por debajo del pupitre?
____Nada -respondí nuevamente.
____¡Carmelo, dame eso! –le dijo la profesora, percatándose de mi maniobra.

Carmelo me miró, como preguntándome: ‘¿se lo doy?’ Pero se lo dio, y entonces me di cuenta de lo que me aguardaría el destino.

____Vamos a ver qué dice este papelito -dijo la profesora.
____¡¡Que lo lea!! ¡¡Que lo lea..!!. -gritaba toda la clase.
____¡No, profesora, no, por favor! -le dije yo, casi rogando.

La profesora (la señorita Santos) no escuchó mis súplicas y no dudó ni un segundo en leerlo en voz alta. Carmelo me miraba con cara tonta, como pidiéndome perdón. Lo mire indiferente, pero ruborizado.

Minutos después, nada podía ser peor. Llegó Manuela. Apenas entró, todo el curso se rió. Ella rió a la vez, sin entender aún la situación. Lis, su amiga, la esperaba en su asiento y le contó todo. Entonces Manuela agachó la cabeza. Era incapaz de mirar a nadie, menos a mí…

La clase acabó y todos salimos del aula. Ahora nos tocaba en otra aula. La situación parecía olvidada.

____Hola hermano -dijo Carmelo, que añadió:- sabía que tan angelito no eras, ni tan inocentito tampoco... jajajaja…
____Estoy muy cabreado. ¡La señorita Santos es una hija de…!
____Tranquilo, hermano. Esa vieja lo va a pagar. ¿Qué edad tiene?
____34 años. Al menos eso dice ella. ¿Pero qué tiene que ver la edad en esto?
____No está nada mal para ser mi próxima víctima. Hace rato que le tengo ganas, y para mí nada es imposible. Me he acostado con cuantas de aquí, así que una más pasará por mi preciado sexo. Pero esta vez lo publicaré por todos lados –dijo con su habitual aire de superioridad y sonriéndose.
____Definitivamente estás loco -le dije tocando su pequeña frente de cabeza hueca, que no tiene más que aserrín.
____Lo sé, pero ahora vámonos a desayunar.
____¿No quieres que esa vieja pase la vergüenza de su vida? Como te la hizo pasar a ti -añadía mientras caminábamos hacia el bar.
____Bueno… vale… Pero si se puede evitar un escándalo...
____¡De eso nada, hermanito! Déjalo de mi cuenta -se refregaba las manos.

El bar se encontraba repleto de estudiantes. Pedimos lo nuestro, y entre la multitud buscaba la cabeza pelirroja de Manuela. Sabía que aunque estuviese se escondería de mí, pero yo no quería delatarla, sólo hablarle, pedirle disculpa por lo ayer porque empezaba a sentir algo por ella. Carmelo me mataría si se lo dijese. Me diría: '¿cómo es que te puede gustar la primera tía con la que te acuestas? Tienes que disfrutar'. Pero este es su pensamiento. Manuela era para mí una delicia: su cuerpo suave, sus curvas perfectas, su pelo pelirrojo que le tapa toda la espalda, su cuello, su boca, sus pechos, los mismos pechos que estuvieron en mis manos. Para mí era un diamante en bruto, tan frágil que quizás se rompería con cualquier cosa. Nunca había tocado a una chica. Una vez lo intenté con mi primera novia, pero ella era tan estrecha que salió corriendo y después no me habló nunca más.

Bueno, estas cosas son algunas anécdotas de mi adolescencia.

____Juan, sentémonos aquí. Esas dos nenas nos están mirando.
____Querrás decir que te están mirando a ti.
____Y a ti también. Si no, mira la rubia. No te quita ojo.

Y era verdad. Cruzamos miradas y la rubia era coqueta. Se acercaron a nuestra mesa; una se sentó junto a Carmelo, y la rubia se puso a mi lado.

____Hola, ¿cómo estás? -me dijo la rubia.
____Bien -respondí.
____Chicas, os invito a algo -soltó Carmelo.
____Carmelo… Carmelo… -le miré, preocupado, y él sabía por qué…
____Vale -respondieron las dos, casi al unísono.

¡Jo! Carmelo las invitó a comer. La última vez que lo hizo tuvimos que quedarnos a fregar platos hasta la una de la mañana. Y si no era esto, era otra cosa. Y después no tiene dinero ni para el autobús de la semana.

____Y tú, lindo, ¿cómo te llamas? -me preguntó la rubia.
____Juan -respondí.
____Dónde vais a ir esta noche de viernes. Nosotras iremos a nuestra discoteca y no tenemos pareja. ¿Os gustaría acompañarnos? -me preguntó la rubia.
____¡Hecho! -contestó rotundo Carmelo.
____Bueno… yo quizás no pueda –y dije eso porque pensaba en Manuela.
____Como quieras. Y en ese caso invitaremos a otro -dijo la rubia.
____Espera. Quizá no haga falta. Creo que finalmente podré ir -respondí, pensando que quizás Manuela estuviese enfadada conmigo.
____Entonces, después nos veremos aquí mismo.
Eran cerca de las ocho y media. Las chicas estarían fuera del instituto a las nueve, y Carmelo y yo estábamos ya en el bar.

Cuando llegaron las dos chicas, Carmelo iba delante con ellas. Rocío era la rubia, y Lucía la morena, las dos guapas y apuntando espectaculares palmitos. Rocío se veía bien, con un vestido ajustado de escote generoso, que ya dejaba ver el empiezo de unos hermosos pechos.

Y bailamos, y bebimos, y conversamos, y nos reímos... Pero cuando llegó la hora de 'algo más', y Carmelo ya había empezado, me levanté de mi silla y, sin despedirme, corrí hacia 'El Dragón Rojo', que era la discoteca a la que iba Manuela los findes


En la actualidad, Manuela es mi esposa. Tenemos dos niños, la parejita. Seguimos enamorados. Ella es maravillosa: trabajadora, responsable y buena ama de casa. Me acompaña en todo, y más ahora que me encuentro semi inválido por culpa de un accidente laboral


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Re: MI BLOC, QUE NO BLOG

Mensaje  achl el Miér Abr 18, 2018 9:07 pm



Aquel chico de ojos verdes

Estaba dibujando corazones sobre la arena, mientras la brisa del mar jugaba caprichosamente con mi pelo. El agua brillaba serena y cristalina, bendecida por un radiante sol que hacía que el cielo fuese adquiriendo una tonalidad dorada, casi rojiza, aquella tarde-noche del mes de julio

Pensaba en ese momento si darme un paseo por la playa o si pegarme otro baño. El agua estaba fría, pero hacía tantísimo calor que me apetecía. Así que me levantaba y me iba hacia la orilla.

Mientras caminaba en el mar, con el agua a medio muslo, me percataba de que a unos metros de la orilla llegaban tres chicos. Mientras se quitaban las camisetas, sus risas y voces me hacían girar la cabeza y mirarles. No estaban mal, y ellos también me miraban. Lo cierto es que mi bikini verde me quedaba de ensueño. Apartaba mi melena a un lado y me metía despacio en el agua, nadando de espaldas.

Me sabía observada por los tres y esta sensación me estaba gustando. Me quitaba el nudo del bikini por la espalda para dejar mis pechos al aire. Me gustaba nadar así, y así lo hacía siempre. '¿Por qué hoy no?', pensé y me recreé en esa sensación; al cabo de unos minutos decidía salir de agua, semi desnuda, para secarme al sol.

Sentía ojos clavados en mi cuerpo, y veía que tres bañadores se estaban abultando por la parte delantera. Uno de aquellos chicos me gustaba especialmente. Tenía un cuerpo de ensueño, una sonrisa irresistible y, ¡uff, unos ojos! ¡Era bellísimo! Sólo con mirarlo me provocaba un cosquilleo en la entrepierna.

Me estaba tumbando en una toalla, cuando vi que se me estaban acercando dos de ellos. Se arrodillaban ante mí, pero el chico que más me gustaba permanecía donde estaba, con una cámara de grabar con un cordón al cuello, y una toalla colgando de su musculoso hombro.

Me dejaba llevar por los dos. No sé cómo ni por qué, pero me dejaba llevar. Seguro que sería porque tenía ganas de sexo...

Mientras uno me acariciaba los senos, el otro deslizaba una mano por mis piernas, excitándome a medias. Les correspondía pero no me concentraba; no podía apartar los ojos del tercero, que estaba filmando la escena

De pronto, aquellos dos repentinos amantes me deshacían los lazos del bikini y lo dejaban en mi bolso. Separaba deliberadamente las piernas para que 'mi chico' me grabase, aunque quien hubiese querido que jugase con mi cuerpo era él, Pero no le hacía asco a los otros. Estaba ya a punto, pero de pronto se apartaban.

‘¿No soy de piedra. ¿Me han dejado así y se va? ¿Qué es lo que pasa?’, me dije para mis adentros

Pero el chico de los ojos verdes empezaba a caminar hacia mí. Cuando llegaba, me cogía de la mano y me levantaba suavemente. Mientras dejaba su cámara sobre mi toalla, me decía al oído: '¡es mi turno; ahora eres mía! Y, sin más, me cogía en brazos y me llevaba hasta la orilla.

Y ya allí, nos abrazamos y nos besamos, y yo, muy caliente, no tardaba en quitarle el bañador. Quería que estuviese desnudo, como yo. Y enseguida empezaba a sentir un bulto duro clavándose en mi pubis.

Caíamos poco a poco sobre el agua de la orilla, y allí, en la misma orilla, mientras las olas nos bañaban con sus permanentes movimientos, me colocaba encima de él y le hacía gozar tanto o más que él a mí.

El sol se había marchado ya a dormir, pero una luna llena y rosada asomaba en el horizonte, invitándonos a seguir haciéndonos el amor


Y, agradeciéndole a la luna su amable invitación, hasta el alba estuvimos complaciéndola, y todo el tiempo tocando el cielo con la mano


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