Se llama copla democrático

MI BLOC, QUE NO BLOG

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Re: MI BLOC, QUE NO BLOG

Mensaje  achl el Miér Mayo 09, 2018 8:22 pm




Una máxima de imposición personal diaria

Hay días, cuando uno se levanta, que presiente que se van a convertir en auténticos desastres, pero se debe pensar en los buenos días, siempre que se sea capaz de reconocer los días malos no como un síntoma de fracaso o flaqueza, sino como una parte de la condición humana y el derecho a ser imperfecto. Así, al menos, uno es capaz de mantenerse sin la necesidad de aferrarse a alguien en quien apoyarse. Pero, por otro lado, siempre es bueno que exista alguien próximo a uno. No resulta divertido, por el contrario desolador, permanecer siempre solo





Antonio Chávez López
Sevilla febrero 2018
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Re: MI BLOC, QUE NO BLOG

Mensaje  achl el Miér Mayo 09, 2018 8:39 pm




Lo que el destino escribe, escrito queda

En la ciudad de Sevilla, en una de las dos entradas finales a Sierpes (céntrica calle peatonal de la ciudad), un joven indigente dibujaba al óleo y trataba de vender sus lienzos a los transeúntes que se detenían a ver su arte


En las ventanas y los balcones de todos los pisos florecían los primeros azahares que daban olor, color y vida a esta típica calle sevillana. La primavera aparecía dando su primer saludo, y Sevilla se lo agradecía saliendo a recibirla.

Uno de los protagonistas de esta romántica historia, Luis, también salía a recibirla, pero confiando en que le trajese algo más que un buen tiempo y un olor a azahar.

Luis era feliz desde hacía meses: tenía novia y se sentía importante por cómo llevaba sus estudios, y también por ser el portero de su equipo de fútbol juvenil, el Betis. En el curso escolar anterior, terminó su Bachiller y en el siguiente, una vez superada la Selectividad,  empezaría la carrera de Ingeniero Agrónomo.

Pero la vida, que demasiadas veces se obstina en castigar cuando mejor está uno o al menos recuperándose, le dio un duro golpe que no supo encajar: su chica lo dejó. A pesar de este fatal revés, estaba decidido buscar una mujer con quien compartir el resto de sus días.

Desde Plaza del Duque llegó hasta Sierpes, encontrándose con el pintor. Se paró y miró largamente un lienzo con la cara de una mujer en primer plano, y una borrosa imagen de un hombre en el fondo. Luego de recrearse en el lienzo, se fue rumbo a la Plaza Nueva.

Por el otro extremo de Sierpes, avanzaba Lis; una chica pelirroja y linda de cara, que, siendo ésta el espejo del alma, se podría decir que su interior era más lindo. Llevaba gafas y era entradita en carnes. También había acabado su Bachiller e iba a iniciar la carrera de Medicina y Puericultura.

Lis nunca había tenido relaciones con ningún chico, excepto esos idilios platónicos con sus compañeros del colegio, cuyos nunca llegaban a nada. Era una chica tímida, reservada; quizá porque vivió sin el cariño de un padre, que se divorció de su madre y despareció; quizás porque en su colegio era objeto de mofas por su constitución gordita, por parte de los otros alumnos; quizás por el color de su cabello, quizás por su miopía, que la obligaba a llevar gafas; o quizás por una mezcla de todo.

Cuarenta y dos pasos después para Luis, que tenía una mayor zancada, y cincuenta y seis para Lis, se vieron frente a frente. Y fue justo en ese momento que se miraron, y en cinco segundos vivieron toda una vida.

Él se imaginó invitándola a helado en la cafetería La Campana, donde servían copas de surtidos sabores con nata y caramelo líquido, acompañados de barquillos, que se comerían sin hablar, con la mirada se entenderían. Y abrirían sus corazones como nunca lo habían hecho.
Ella se imaginó, tumbados en el césped del parque de María Luisa, donde sus labios se buscaron con los ojos cerrados y el corazón abierto intentando hallar el calor que los dos buscaban.
Ella se imaginó enseñándole cómo manejar un bisturí, sin conseguirlo.
Él se imaginó invitándola a cenar, con velas y violín de fondo.
Ella se imaginó su 'primera vez', con los gemidos como única música.
Él se imaginó pidiéndole la venia a la madre de ella para ennoviarse.
Ella se imaginó un finde con él en la playa de Rota, tomando el sol y divirtiéndose.
Él se imaginó una puesta de sol con ella, mirando los infinitos matices multicolores.
Ella se imaginó viviendo juntos, compartiendo todo con él.
Él se imaginó trabajando como Ingeniero en una empresa agrícola.
Ella se imaginó a él de rodillas en un lugar idílico entregándole un anillo.
Ella se imaginó un vestido largo blanco y sus ojos humedecidos por la emoción.
Ella, siendo ya médica, se imaginó pariendo a su primer hijo.
Él se imaginó llorando de alegría por el nacimiento de su primer hijo.
Ella se imaginó a los tres juntos, observando los primeros pasos del bebé.
Él se imaginó el bautizo de su primer hijo, borrachera incluida.
Ella imaginó la llegada a la familia de un miembro más: una hija.
Él imaginó el fatal cierre de su empresa, y ella a su lado apoyándole,
Ella se imaginó besando a su hija, que dejaba el nido y se independizaba.
Él se imaginó el debut de su hijo como portero juvenil del Betis, como antes él.
Ella se imaginó viajando por España, siempre con él y sus dos niños.
Él se imaginó la boda de su hija y su felicidad y su tristeza a la vez.
Él se imaginó su primer nieto, al que hizo socio del Betis desde la cuna,
Ella se imaginó paseando con él y con los nietos en el jardín de su barriada.

Y el final de estos encantadores cinco segundos, los dos se imaginaron, abrazados y ancianos ya, esperando que Dios se los llevase juntos.

Pero nada de eso pasó. Se acabaron las imaginaciones y cada uno siguió su camino. Parecía auténtico el amor que sentían, pero sólo duró cinco segundos y en la mente de ellos. Realmente podía haber sucedido, pero actuaron cobardemente: Lis, por su timidez, se asustó; y Luis no fue lo suficiente valiente para vencer su miedo al pensar que de nuevo lo iban a abandonar.

Mientras Lis doblaba la esquina, miró atrás, al igual que Luis, que también miró; un segundo más, de propina, que ambos no supieron aprovechar y que quizás ahí, en ese segundo hubiese estado de nuevo el principio de la felicidad de los dos.

Lis se reinició a caminar; pero, de pronto, a mitad de Sierpes, alguien la paró: era el pintor, quien, con su cara llena de bondad y una agradable sonrisa en los labios, le dio el lienzo que tenía sobre el caballete. Pero Lis no lo quiso aceptar, alegando que era su medio de ganarse la vida. El pintor insistió en su obsequio y la muchacha no tuvo más remedio que recogerlo.

Luego de agradecerle el detalle, miró el lienzo y se quedó sorprendida al ver que en primer plano estaba ella, con su melena pelirroja, e incluso sus gafas; y en el fondo, a punto de desaparecer por la esquina, había un espigado joven, cabizbajo, con la perspectiva en el dibujo de una de sus piernas iniciando un caminar...

'¡Pero si ese del fondo el chico que antes se ha cruzado conmigo!', pensó.


Aquel artista, que era un buen hombre y que tenía mucho de adivino, había adivinado lo ocurrido entre Lis y Luis. Hecho que le hizo recordar su propia historia, tres años atrás, y fue por esto que antes de regalarle el lienzo a Lis se apresuró a ponerle cara a la imagen borrosa del fondo. Lis, entusiasmada, salió corriendo y buscó desesperadamente a Luis y lo halló. Y ahora toca rebobinar las imaginaciones para convertirlas en realidades


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Re: MI BLOC, QUE NO BLOG

Mensaje  achl el Jue Mayo 10, 2018 7:16 pm




Vamos a bailar

Quedó con ella para pasar una noche especial

Javi e Inés eran amigos de niños. Se conocían del colegio, pues sus padres vivían en el mismo pueblo. Desde años atrás, tenían la costumbre de irse el primer viernes de julio sobre la medianoche a los campos de trigo a ver las estrellas, tirados en el campo entre las altas espigas.

Era el primer jueves de julio. Javi e Inés ya no eran niños, dieciochoañeros eran, pero eso no les quitaba su tradición de tantos años.

Javi tenía algo especial preparado para Inés ese año que ella no esperaba. Llevaba un año planeándolo, y no iba a dejar escapar la oportunidad. Ella siempre había sido la única amiga a la que le contaba sus cosas íntimas, y en la que siempre confiaba, pero él sentía algo por ella que iba más allá de la amistad, y sabía que el viernes sería el momento de saber si también ella sentía algo especial por él.

Inés esperaba impaciente que llegase el viernes. Le gustaban las noches especiales que compartía con su amigo todos los veranos y sabía que tal vez aquella noche fuese la última que pudiese hacerlo.

Javi aún no lo sabía, pero Inés tenía previsto irse a estudiar a Italia los 4 próximos años y, si todo salía bien, posiblemente no volviese, pero esto se lo contaría más adelante. No quería romper el hechizo porque podía ser el último día especial que cumplían su tradición

Era medianoche y ambos se preparaban para irse a dormir, pensando que mañana iba a ser un día especial, pero ninguno de los dos sabía que este viernes de julio iba a ser recordado por todo el pueblo en mucho tiempo.

Mientras todos dormían, algo se movía por los campos de trigo.

Era temprano. El sol no había salido del todo, pero tanto Javi como Inés estaban despiertos. Querían que pasase rápida la noche. Pero a Inés no le parecía tan rápida, todo lo contrario, y además todo iba en contra suya. Al levantarse de la cama había tropezado y se había hecho una herida en el brazo. Al día siguiente, a la hora de comer, su madre le había preparado verduras e Inés odiaba la verdura. Por la tarde fue a coger la bici para salir con sus amigos y pinchó la rueda trasera al pasar por encima de un clavo, sin siquiera haber salido de casa. Y por si todo eso fuese poco, la señora Juana, conocida como la otra ‘Juana la Loca’, le había gritado diciéndola que algo terrible la iba a pasar esa misma noche.

¡¿Qué se habrá creído esa vieja chocha?¡ ¡Pero si no es más que una vieja loca!, pensó airada.

Cuando le contó lo sucedido con la señora Juana a Javi, ambos soltaron una carcajada. Sin embargo, deberían haber hecho caso a sus palabras.

Se acercaba la medianoche. Javi estaba esperando a Inés en la plaza. Ya habían pasado diez minutos desde la hora quedada. A lo lejos veía los trigales meciéndose por el aire, Podía imaginarse la cara que iba a poner su amiga cuando le dijese lo que sentía realmente por ella. Miraba hacia el pueblo, su retraso le estaba empezando a incomodar.

‘Seguro que le ha surgido algún problemilla, no tardará’ –se dijo para sus adentros intentando convencerse.

Justo cuando alzó la cabeza la divisó. Estaba convencido de que era ella. ¿Quién si no iba a estar ese mismo día y a esa hora en el campo de trigo? Fue corriendo hacia donde estaba, pero al llegar la había perdido de vista. Pensaba que lo que quería era jugar, así que se dispuso a buscarla entre los tallos. Tarde o temprano se movería, haría ruido y sabría donde estaría. Pero el sonido que oía no era lo que esperaba. Su móvil vibraba en su bolsillo. Lo sacó y leyó un mensaje que le acababa de enviar Inés.

Me ha surgido un problema. Salgo ya, no tardo.  Un beso. Inés

¿Estaría de broma? La acababa de ver por el trigo, y ella tenía que saber que él estaba allí. Pero tampoco estaba muy seguro de que la silueta que vio fuese la de ella. ¿Y si ni siquiera hubiese visto una silueta? Estaba todo oscuro, y tal vez las sombras le hubiesen jugado una mala pasada.

Un ruido cerca de él le hizo olvidarse de esa teoría. No estaba solo en el campo de trigo y lo que estuviese allí con él no estaría lejos. De hecho, ya podía oír su respiración. Unos ojos enormes se iluminaron, debido a la luz de la luna. Eran unos ojos de un tono amarillento, e inyectados en sangre. El dueño de ellos no tenía aspecto de humano y su cuerpo presentaba grandes deformidades, y su cara... ¡Dios, su cara!

Javi se puso pálido mirando la cara, tragó saliva e intentó gritar, pero no podía emitir sonido. El monstruo, la cosa, o como se le pudiese llamar se abalanzó sobre él. Javi sintió una gran punzada de dolor en la espalda y se desvaneció lentamente hasta quedar oscuro, paralizado. Los sonidos se silenciaron. Javi estaba muy cansado y sólo quería dormir.

Inés estaba esperándole. Pese a haber llegado veinte minutos tarde, Javi todavía no estaba en el lugar en el que habían quedado. ¿Por qué él no la había avisado de su retraso? ¿Habría recibido su mensaje?

‘Tal vez no lo ha recibido y se ha ido a su casa’, pensó.

Pero al fin le vio. Javi estaba allí, al fondo, entre las altas espigas. Se estaba moviendo en forma rara, pero era él, seguro que era él. Fue corriendo al campo de trigo. Estaba deseando llegar para pasar la noche tan esperada, pero cuando estaba a unos metros, vio algo horrible. Javi estaba bailando con alguien. Era un baile brusco y forzado, pero un baile. Inés podía oír cómo quien estuviese con él cantaba al mismo ritmo de sus movimientos. No entendía la letra. Se acercó más, y no podía evitar pegar un chillido. Justo delante de ella estaba un ser deforme, derritiéndosele la piel de su rostro, y tenía sus dos manos dentro del cuerpo de Javi, del que brotaban chorros de sangre. Javi estaba inconsciente, o muerto, dejándose mecer por aquella cosa. Inés recordó en el acto las palabras de la señora Juana.

Tenía miedo, muchísimo miedo.

Y el ser se percató de la presencia de Inés. Sacó sus manos del interior de Javi y la miró y le habló con voz fuerte, y ahora sí entendió lo que dijo. Las dos palabras pronunciadas con fuerza retumbaban en su cabeza hasta que ella dejo de existir.


¡Vamos a bailar!



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Re: MI BLOC, QUE NO BLOG

Mensaje  achl el Jue Mayo 10, 2018 7:34 pm




Donde hay fe hay milagro


‘¡¡Los tres van a morir hoy mismo!!’.

Gritó fuertemente una tenebrosa, ronca y diabólica voz, que resonó en la oscuridad, mientras yo caminaba hacia a mi casa.

La angustia inundó por completo mi alma. Pensé en Lucía, mi mujer, y en mis pequeños, Mateo de 8 años, y Lucía de 6.

‘¿Por que? ¡No por favor, no! ¡Yo no hice nada malo en esta vida para que me los arrebates!

La voz replicó:

____¡Tú nunca has creído en mí!

Le supliqué:

___¡Ellos no tienen culpa de nada, llévame a mí!

La voz de la Parca habló de nuevo:

¡Jajaja, ¿para qué te quiero a ti? Jajaja! ¡Tu alma ya me pertenece, jajaja! ¡Vive tu vida! ¡Ahora me llevaré a tu esposa y a tus hijos; es un alto precio que debes pagar por tu incredulidad!

Y la voz desapareció, como si ya estuviese camino de mi casa para acabar con la vida de mi pequeña familia.

‘No creo en la muerte, ¿pero qué puedo hacer contra ella!’, pensé.

Me apresuré en llegar a casa a ver a mis hijos y mi esposa antes de que en realidad se los llevase. Pero cuando llegué, nervioso, lloroso y sudoroso, ya estaban muertos, sentados a la mesa de la cocina y con los platos de la comida encima de ella. Llegó el forense y dijo que la causa de la muerte había sido un fuerte veneno para ratas; ‘seguramente que habrá caído en forma accidental en la olla’.

Soy un aficionado a escribir. Recordé mi primera novela de terror, que se titula, ‘Ratas y Bichos’. Ironía del destino. Sólo pensar que, sin meditarlo, había hecho un pacto con la Parca para tener un trabajo en donde ganar dinero para comprar comestibles para los míos…, y el resultado ha sido el más macabro que puede sufrir un padre de familia.

Empecé a llorar desconsoladamente, ‘Ahora me toca a mí; mi vida ya no tiene sentido. Lo que pasado ha sido una cosa terrible. Creía que la Parca no existía, que las personas morían, sin ser requeridas, cuando llegasen a viejas, pero estaba confundido.

Me fui a la cocina y, del cajón de los cubiertos, cogí un cuchillo. Me iba a quitar la vida, pero antes me pasé por el cuarto de mis hijos y me recosté en la cama de mi pequeña Lucía. No lo podía soportar, así que me levanté y me fui, ni yo sé dónde. Un cobarde soy ahora. No puedo matarme, pero ellos están muertos. Me quedé dormido en mis lágrimas y mi miseria con el cuchillo en la mano. Cuando desperté tenía en la mano el mortal texto: ‘Ratas y Bichos’, que se había llevado la vida de mis hijos y mi esposa. Mi casa es otra. Pobre de mí. En la cocina hay un almanaque que, una fuerte luz, marca el 22 de enero. ‘¿Por que?’, pensé. ‘¿Por qué otra oportunidad?’ Ese día tenía que llevar el libro a una editora. Fui y le llevé ‘Ratas y Bichos’ junto con otro libro que he escrito en menos de media hora: ‘La sentencia de la Parca’. Luego me encaminé despacio hacia la parroquia del pueblo, para hablar con Dios. Y esto le dije:


Dios, soy un pobre hombre ateo y ahora trabajo de albañil. Gano lo suficiente para mantener a mi familia. Pero ya me sobra todo poque mi joven esposa, Lucía, y mis pequeños e inocentes hijos, Mateo y Lucía, ya no están conmigo, se los ha llevado la Parca para siempre. Nunca fui creyente, pero tengo fe en Alguien Grandioso y Poderoso. Si ese Alguien Grandioso y Poderoso eres tú…. ¿puedes hacer algo por devolverme mi familia? Y esto me respondió Él:


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Re: MI BLOC, QUE NO BLOG

Mensaje  achl el Jue Mayo 10, 2018 7:42 pm






Hay personas que nos caen bien


Aquel señor era la verdadera imagen de la bondad, la amabilidad, la ternura, la cortesía… y en fin, un auténtico caballero. Muchas veces coincidíamos en el bar ‘Pepote’ y hablábamos de los deportes nacionales, de la situación política y económica del país y de las noticias más relevantes, llegadas del extranjero. Pero uno de los temas obligados en nuestras charlas era su colección de pieles. Y digo ‘tema obligado’ porque siempre me llevaba la conversación a ese tema, y yo le escuchaba pensando en los pobres animalitos que sufren el acoso de unos cazadores sin escrúpulos


Una tarde de lunes me dijo que iba a dedicarse a coleccionar otras cosas, porque las pieles eran una vergüenza. Sus palabras me colmaron de total satisfacción y hasta le mostré mi alegría por su decisión.

Después de dos meses sin ir por ‘Pepote’, llegó Anselmo (así se llamaba el señor) y se sentó a mi mesa. Se veía alegre. Luego de los temas rutinarios, me confesó que en una ocasión había coleccionado violines, otras veces, guitarras, pero nunca le había dado por coleccionar órganos u organillos. Y después de decime todo eso, me invitó a acudir su casa para mostrarme su incipiente colección de pieles.

Esa noche no tenía yo ningún plan. Ni siquiera había deportes, así que fui a la casa de mi amigo. Me impresionó su vivienda, no por grande ni por bonita, por extraña. Las ventanas parecían aspilleras de fortificaciones, y la puerta principal era ancha, como para entrar camiones, nada usual en una vivienda particular. Estaba poco iluminado el exterior. Ni siquiera una lámpara de pocos vatios en la entrada y en el jardín, por lo que cualquiera podría confundirla con un castillo abandonado de siglos pasados.

Me abrió la puerta con una agradable sonrisa reflejada en su expresión, y me indicó con la mano que entrase al salón, que era normal, como el de un piso cualquiera. Nos sentamos en el sofá y me sirvió una copa de vino, y, no sé cómo ni a cuento de qué, pero empezamos a hablar de África: sus costumbres, sus dialectos. Se veía claramente que había estudiado mucho sobre este continente, o quizás lo había visitado y recorrido.

De repente me sentí un poco mareado luego de la tercera copa, y así se lo hice saber. Me dijo que no me preocupase, que no me ofrecería más vino. Y fue entonces que se puso en pie y me invitó a seguirle para enseñarme sus nuevas colecciones.
Me extrañó mucho que la costosa y delicada recopilación de instrumentos musicales estuviese en el sótano, que siempre suele haber más humedad, pero, en realidad, todo en aquella casa era raro. Comenzó por mostrarme unos frascos, como esos que se usan en cocinas para sal u otros aderezos, los cuales contenían algo difícil de descifrar. Según me iba mostrando los frascos, me iba diciendo: riñón de rana, pulmón de tortuga… Luego me mostró unos envases de cristal de un tamaño mediano. Este es el corazón de un perro, estos los testículos de un conejo,.. y así llegamos a dónde se encontraban alineados en un enorme estanque unas pocas garrafas, que también me fue describiendo.  Y esta es mi colección más importante: los órganos humanos. Con el mareo del vino, el deseo enorme de vomitar y el impacto de lo que estaban contemplando mis ojos, sentía que me iba a desfallecer, mientras mi amigo continuaba con sus muestras. Esto es un pene humano con sus testículos, este el corazón, estos son los pulmones, este el hígado, esto, los riñones, estos son ojos humanos… Lo comprendí todo, absolutamente todo.


Según me iba yendo de este mundo, escuchaba, cada vez más lejos hasta apagarse por completo, las macabras carcajadas de mi diabólico amigo, ‘una de esas personas que caen bien’


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Re: MI BLOC, QUE NO BLOG

Mensaje  achl el Jue Mayo 17, 2018 6:44 pm







Aitana y los zapatos verdes



En los días de lluvia Aitana se aburría en la inmensa casa de su abuela. Abría cajones, hurgaba en los armarios, se disfrazaba con la vieja ropa y trataba de entretenerse


Una tarde, un aguacero amenazaba con durar todo el día. Aitana ya no encontraba lugar por examinar. Pero, de pronto, recordó el desván. ‘Sí, allí hay un cofre con juguetes que guarda mi mamá’, pensó.

Entró al altillo y se quedó mirando por los ventanales cómo se movían los árboles con el empuje del viento y el agua.

Encontró el cofre y lo abrió, y varias cajas de disímiles juegos aparecieron; a seis muñecas descartó, pues pensaba que a sus 5 años estaba grande para jugar con ellas.

Una caja llamó su atención, la abrió y se encontró con un par de zapatos verdes. Se los probó y le quedaban grandes, pero igual se los dejó puestos porque eran bonitos. Caminó por el desván mirándose su bello calzado; le gustaba, le parecía estar entre nubes caminando en el aire. Se sentó en un almohadón y empezó a hojear y ojear un cuento. Pero sintió sueño, se acomodó en el almohadón y se quedó dormidita.

En su sueño vio cómo se abrían los ventanales y que un gnomo con alas entraba y se paraba a su lado, junto a ella. El gnomo estaba mojado y sus alas transparentes goteaban cristales diáfanos. Sorprendida, lo miraba y no hablaba. El gnomo le dijo:

____Perdón por entrar así a tu casa, pero mojarme no me sienta bien, me da tos, siempre que llueve tengo que cobijarme en algún lugar, y hoy sólo encontré tus ventanales.
____¿Quién eres?
____Un duende mojado –respondió sonriendo.
____¡Pero si los duendes sólo viven en los cuento!
____Vivimos en todos lados, sólo que no todos nos ven.
____¿Y si los demás niños no te ven por qué te veo yo?
____Por tus zapatos verdes; son mágicos. Ellos te permiten verme –le dijo y se asomó por la ventana-. Aitana, ya ha dejado de llover. ¡Adióóósss!

Aitana se acercó al pequeño ventanal y se quedó deslumbrada del arco iris, que se asomaba vanidoso en sus colores.

____¡Qué bonito! –grito señalándolo.
El duende abrió sus alas y salió volando rumbo a las nubes.

____¡Aitana! –la voz de su abuela la despertó.
____¡Qué, abuelita!
____¡Ven a tomarte la leche!
____¡Voy, abuelita!

Aitana se sentó a la mesa y, mientras se estaba tomando su leche con Nesquik, miró a su abuela y le dijo en voz alta:

____¡Abuelita, he tenido un sueño precioso!
____¿Qué es lo que ha soñado mi niña? –dijo la abuela mirándola,
____Que un gnomo bueno me daba poderes.
____¡Qué bien! –le dijo la abuela.

De pronto, la abuela se fue hacia ella y se la comió a besos.



Y Aitana se levantó de la silla y presurosa se fue de nuevo hacia el desván, pero las prisas no la dejaron ver las marcas que unos diminutos pies mojados había dejado sobre el parqué



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Re: MI BLOC, QUE NO BLOG

Mensaje  achl el Jue Mayo 17, 2018 7:03 pm




Donde hay fe hay milagro

‘¡¡Los tres van a morir hoy mismo!!’.

Gritó fuertemente una tenebrosa, ronca y diabólica voz, que resonó en la oscuridad, mientras yo caminaba hacia a mi casa.

La angustia inundó por completo mi alma. Pensé en Lucía, mi mujer, y en mis pequeños, Mateo de 8 años, y Lucía de 6.

‘¿Por que? ¡No por favor, no! ¡Yo no hice nada malo en esta vida para que me los arrebates!

La voz replicó:

____¡Tú nunca has creído en mí!

Le supliqué:

___¡Ellos no tienen culpa de nada, llévame a mí!

La voz de la Parca habló de nuevo:

¡Jajaja, ¿para qué te quiero a ti? Jajaja! ¡Tu alma ya me pertenece, jajaja! ¡Vive tu vida! ¡Ahora me llevaré a tu esposa y a tus hijos; es un alto precio que debes pagar por tu incredulidad!

Y la voz desapareció, como si ya estuviese camino de mi casa para acabar con la vida de mi pequeña familia.

‘No creo en la muerte, ¿pero qué puedo hacer contra ella!’, pensé.

Me apresuré en llegar a casa a ver a mis hijos y mi esposa antes de que en realidad se los llevase. Pero cuando llegué, nervioso, lloroso y sudoroso, ya estaban muertos, sentados a la mesa de la cocina y con los platos de la comida encima de ella. Llegó el forense y dijo que la causa de la muerte había sido un fuerte veneno para ratas; ‘seguramente que habrá caído en forma accidental en la olla’.

Soy un aficionado a escribir. Recordé mi primera novela de terror, que se titula, ‘Ratas y Bichos’. Ironía del destino. Sólo pensar que, sin meditarlo, había hecho un pacto con la Parca para tener un trabajo en donde ganar dinero para comprar comestibles para los míos…, y el resultado ha sido el más macabro que puede sufrir un padre de familia.

Empecé a llorar desconsoladamente, ‘Ahora me toca a mí; mi vida ya no tiene sentido. Lo que pasado ha sido una cosa terrible. Creía que la Parca no existía, que las personas morían, sin ser requeridas, cuando llegasen a viejas, pero estaba confundido.

Me fui a la cocina y, del cajón de los cubiertos, cogí un cuchillo. Me iba a quitar la vida, pero antes me pasé por el cuarto de mis hijos y me recosté en la cama de mi pequeña Lucía. No lo podía soportar, así que me levanté y me fui, ni yo sé dónde. Un cobarde soy ahora. No puedo matarme, pero ellos están muertos. Me quedé dormido en mis lágrimas y mi miseria con el cuchillo en la mano. Cuando desperté tenía en la mano el mortal texto: ‘Ratas y Bichos’, que se había llevado la vida de mis hijos y mi esposa. Mi casa es otra. Pobre de mí. En la cocina hay un almanaque que, una fuerte luz, marca el 22 de enero. ‘¿Por que?’, pensé. ‘¿Por qué otra oportunidad?’ Ese día tenía que llevar el libro a una editora. Fui y le llevé ‘Ratas y Bichos’ junto con otro libro que he escrito en menos de media hora: ‘La sentencia de la Parca’. Luego me encaminé despacio hacia la parroquia del pueblo, para hablar con Dios. Y esto le dije:


Dios, soy un pobre hombre ateo y ahora trabajo de albañil. Gano lo suficiente para mantener a mi familia. Pero ya me sobra todo porque mi joven esposa, Lucía, y mis pequeños e inocentes hijos, Mateo y Lucía, ya no están conmigo, se los ha llevado la Parca para siempre. Nunca fui creyente, pero tengo fe en Alguien Grandioso y Poderoso. Si ese Alguien Grandioso y Poderoso eres tú…. ¿puedes hacer algo por devolverme mi familia? Y esto me respondió Él:




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Re: MI BLOC, QUE NO BLOG

Mensaje  achl el Jue Mayo 17, 2018 7:15 pm




Los despropósitos de la Culpa

Sabía que era una criatura experimentada con millones de años de edad, capaz de afectar tanto a los animales irracionales como a los racionales, los humanos. Era además una manipuladora perversa que se instalaba plácidamente en el consciente y el inconsciente de los seres sensibles para hacer su trabajo cotidiano

Fue así que la Culpa –completamente segura de sí misma- decidió un día penetrar el alma de Juan, con el único objetivo de que éste se sintiera mal por sus frecuentes fechorías.

Pero Juan, un hombre con mucho trayecto recorrido en su pecadora vida como asesino, violador, ladrón, mujeriego, extorsionador, narcotraficante, mal padre, mal hijo, mal nieto… y cosas peores (¿pero hay cosas peores?), era un cínico perfecto e indoblegable. Soportó la presión interna, como si nada hubiese ocurrido, hasta que la Culpa –sabiéndose inofensiva- optó por retirarse de aquella alma pétrea.

Luego de este rotundo fracaso, con interminables burlas y carcajadas, los remordimientos, las angustias y los cargos de conciencia lograron hacer que la culpa se sintiese culpable de haber sido inefectiva.


Pero Juan siguió haciendo de las suyas



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Re: MI BLOC, QUE NO BLOG

Mensaje  achl el Jue Mayo 17, 2018 7:45 pm



Los payasos también lloran


Había una vez un payaso que tenía el maravilloso don de percibir a la gente que se hallaba triste, o que tenía muchas ganas de estar alegre. Cuando a un niño le pasaba esto, aparecía el payaso y se tiraba días enteros, e incluso semanas enteras y meses enteros con él haciéndole disfrutar de lo lindo, y luego desaparecía y se iba en busca de otro niño que tuviese el mismo problema


Una vez se fijó en una niña que no estaba triste, pero se acercó a ella por curiosidad y empezó a hacerle bromas en la puerta de la casa de la niña. Y el payaso iba cada día a la casa de la niña y la niña disfrutaba con él y el payaso más todavía. Pasaban tardes enteras y nunca jamás se aburrían; al revés: querían más.

Pero un día el payaso se fijó demasiado en los ojos de la niña, y no paró de mirarle los ojos. Y, claro, el payaso se enamoró de ella. No podía pasar un día sin saber de ella. Se despertaba pensando en ella. Dormía con su cara orientada hacia la ventana de la casa de colorines de la niña, y esa casa resplandecía cada vez más.

A la niña le pasó lo mismo, y dicen que también se enamoró del payaso. No pasaba un dia sin que uno y otro se dijesen cosas. Al pasar el tiempo, este amor fue nocivo para el payaso, pues le hizo decir cosas de amor a la niña que no debió, sabiendo las circunstancias de la niña; ya se sabe, los padres, la familia, un payaso adulto. Pero en ningún momento se produjo entre ellos ninguna escena de amor, y esto era así porque el payaso tenía un muy alto concepto de la moralidad. Enamoramiento platónico era lo que los dos mantenían.

El payaso, triste, descubrió que no podría estar nunca como hombre con su amada, hasta que la niña no fuese mayor, y entonces decidió seguir con sus obligaciones de payaso bueno, y se fue. Y la niña se quedó triste porque se había ido su payaso del alma. Pero lo que no sabía la niña era que el payaso se llevó todos los sentimientos de cariño que la niña le dio, los cuales los utilizó para hacer feliz a todos los niños del mundo.

Aun así, el payaso lloró porque quería que su niña le acompañase. Un día decidió volver, y se encontró con su niña llorando en el portal, el payaso también lloró, pero se dijo para sus adentros que lo más triste que puede haber es que alguien viese un payaso llorar. Entonces, dejó de llorar para que su amada volviese a sonreír. Estuvo con ella un rato largo, y le dio todo el cariño que tenía guardado de antes. Y de nuevo se fue.
No se sabe nada del payaso, pero en un país lejano dicen los habitantes que cuando las cosas van mal se ponen todos a reír y, como magia, todo vuelve a la normalidad. ¿Y sabéis por qué…? Porque esa lluvia la causa un payaso que vive en un monte escondido y que las gotas de lluvia son sus lágrimas, y que esas lágrimas están llenas de amor que el payaso guarda aún de su niña.

Y así transcurrió el tiempo hasta que la niña alcanzó la mayoría de edad, teniendo en aquel entonces 28 años el payaso, diferencia de 10 años que no fue obstáculo para que ambos se uniesen en matrimonio y así viviesen enamorados hasta el final de sus días.


Tuvieron descendencia: dos hijos varones, que, como no podía ser de otra forma, ambos ejercían de payasos buenos


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Re: MI BLOC, QUE NO BLOG

Mensaje  achl el Lun Mayo 21, 2018 4:02 pm




Autoestima bajo mínimos


Buscó afanosamente en la bibliografía el mejor de los seudónimos, para que no se supiera que su nombre era Pancracio.

Buscó en imágenes de la web un avatar que representase un ser gallardo y poderoso, para así ocultar el hecho de que era de extrema baja estatura, feo, tartajoso y regordete.

Aprendió a usar magistralmente correctores de texto, para que sus faltas de ortografía y sintaxis, consecuencias de su escasa escolaridad, no fuesen obvias en los momentos claves de una charla de presentación.

Realizó copias electrónicas de cientos de poemas de amor desconocidos, para que quienes los leyesen lo considerasen un gran poeta.

Plagió la fotografía de un modelo italiano, para enviársela a las damas del Internet, que querían verlo, al menos retratado.

Mostró durante un dilatado tiempo su falsa imagen al mundo del Internet, hasta que una hembra de su misma ciudad le sugirió que se conociesen en persona. Pospuso esta cita mil años con mil recursos y mentiras, hasta que no tuvo más remedio que encarar el asunto.

Se juntaron en un pub, indicándose previamente cómo irían vestidos.

Ella tampoco se acercaba absolutamente en nada a lo que él esperaba, pero se sintieron cómodos el uno con el otro.

Ya sin ningún tipo de maquillaje cibernético, cara a cara se sintieron mejor y decidieron amarse para siempre tal como eran.


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Re: MI BLOC, QUE NO BLOG

Mensaje  achl Ayer a las 6:46 pm




El bosque poblado


El sol se filtraba entre los árboles. Una luz suave del atardecer, que traía consigo unos aires de misterio y de sinsabores, comenzó a envolver las casas artesanales, fabricadas con paredes-citaras de barro y techos de adobe. Alrededor de las casas, los residentes se afanaban en sus actividades cotidianas, ellos sabían que cayendo la noche su voluntad les abandonaría, haciendo de la antes llamada civilización floreciente una triste marioneta controlada por los dioses, que eran unos seres, ajenos al lugar, que tomarían posesión de sus cuerpos sin que ellos pudieran ni tan siquiera reaccionar

Un largo aullido se oyó en la espesura de la noche. Entre los árboles, dos grandes círculos rojos resaltaban y, como llamas enormes, se hacían paso entre la noche un aliento fétido, producto de los restos de carne humana que había devorado y que anteriormente emanaba de su boca.

Dentro de la cabaña, un ser se transformaba: por la cabeza comenzaron a salirle unos cuernos afilados, y unas patas de cabra sustituían a las piernas empezando desde las pezuñas y coronándose con un enorme priapismo. Sólo consiguió conservar la mitad superior de su cuerpo original.

Desesperado, empezó a buscar su copa de vino, para seguir la fiesta que desde tres noches atrás tenía lugar en su cabaña. Pasaron, por tanto, tres noches sin saciar la energía sexual que los sátiros tienen, y no por gusto propio, sino porque no se había producido una ocasión.

El hombre lobo se acercó a la cabaña. Un apetito voraz se apoderaba de todo su ser. Cuanto mayor era la transformación del sátiro, mayor era el hambre que en él se despertaba. Sentía el olor inundando sus narices, y el instinto era cada vez mayor.

No se pudo contener, la suerte de la cabra estaba echada. Irrumpió en la cabaña y el sátiro se sorprendió, pero un gruñido salía de la boca del lobo y su mirada asesina intimidaba a su presa.

Parado en la puerta de la cabaña, el lobo de repente bajó la mirada hacia el falo del sátiro. Sorprendido de que en absoluto le importase que su vida corría peligro, su erección subía. El sátiro reaccionó empezando a correr y dando saltos por la cabaña, mientras el lobo brincaba y gruñía tirando todo a su paso.

Dentro de la cabaña se oían gritos, lamentos, gruñidos, súplicas eternas que se apoderaron de la noche, sin que nadie pudiese evitar oírlas y tan sólo calladas por el sol que entre las montañas empezaba a salir.

¿Había corrido el sátiro la misma suerte que otros que fueron devorados por el hambriento lobo?

Cuando el sol de mediodía se encontraba en pleno apogeo, los residentes se acercaron a la cabaña para descubrir al agiotista del pueblo, abrazado dulcemente al vendedor de licores, ambos desnudos.


El insaciable apetito sexual del lobo era mucho más grande que su controlable apetito de alimentos


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Mensaje  achl Ayer a las 7:53 pm




Inesperado trabajo y 'bien' remunerado


Mi trabajo no era gran cosa, pero me facilitaba conocer a gente en la calle, y así me relacionaba para lograr otro mejor pagado. Trabajaba en una cuadrilla de poda. Los días de lluvia y viento nos quedábamos en el almacén revisando las herramientas y las motosierras. Conseguíamos para todos algún dinerillo extra al vender la leña que cortábamos de los árboles


Ese día, el camión donde llevábamos las motosierras, llegó más tarde de lo habitual. Luego de desayunar cargábamos las tres motosierras, nos subíamos al camión y nos dirigíamos hacia el lugar destinado para la tarea.

En el trayecto bromeábamos con cosas que le haríamos a una mujer. Los manoseos entre nosotros eran cosa normal. Bromas, no mariconeo.

Vimos en un nogal uno de sus potentes brazos roto hacia la calle, existiendo peligro de caída, y como ya había muerto gente por ese motivo, cogíamos dos motosierras y trabajábamos hasta derribar aquella bestia vegetal.

Uno de los que tenía que trepar con una potente motosierra era yo. Curro y Pepe se dedicaban a parar el tráfico, mientras durase la tarea. Pasados pocos minutos, el brazo caía con tanto estrépito que hasta hacía temblar el suelo.

Por el fuerte ruido, una vecina salió de su casa asustada. Vio el panorama desde su porche. Nos vio desmenuzarlo en sólo tres minutos y bajarnos del nogal.

El frío del otoño se hacía sentir. Antes de acudir al tajo comprábamos una botella de coñac, para mantenernos calientes, pero aquel día nadie se acordó de comprarla, y yo me estaba muriendo de frío.

La vecina que se había asustado, vestida con un anorak rojo, entró de nuevo a su casa moviendo el culo. Era guapa. Tendría unos cincuenta años, y su culo era redondo. Una de esas clásicas maduras que aunque no son precisamente bellezones, sí lo suficiente para poder imaginarte una fantasía sexual con ellas.

Nosotros, absortos en nuestro trabajo y con las risas clásicas, seguíamos con lo que estábamos enfrascados, pero grande fue nuestra sorpresa cuando la vecina salía de nuevo a la calle portando una bandeja con tres tazas de porcelana y sus cucharillas, una cafetera humeante y un azucarero con azúcar, todo a juego.

Mi sorpresa fue mayor cuando al mirarla vi que un tanga negro se traslucía a través de la tela ajustada, y también cuando vi dos mamelones firmes empujando la camiseta que llevaba. En la ojeada anterior, no había visto nada de eso.

Y mi canario al loro estaba. Era habitual en nuestros trabajos que algunas vecinas nos ofreciesen un café o una leche caliente. Todos los del equipo éramos hombres con brazos fornidos, para poder manejar maquinarias pesadas o grandes motosierras, y los sudores por la dureza de nuestro trabajo nos hacían apetecibles, como ya le habíamos escuchado decir a alguna que otra madura.

Me acerqué, aún con la motosierra encendida en mi mano. La apagué y la dejé en el suelo. Después cogí una de las tazas.

Los otros se habían servido ya y se bebían sus cafés conversando a varios metros de mi posición, de modo que estaban ausentes de nuestra posible conversación.

____Perdone mi atrevimiento. Les vi trabajar duro a la intemperie y decidí prepararles algo caliente -me dijo.

Le miré la cara. 'No tiene ninguna arruga', me dije.

____Le agradezco su detalle, señora -respondí, revolviendo el azúcar de mi taza con una cucharilla de plata.
____Ese árbol te ha costado mucho esfuerzo, ¿verdad? -me preguntó.
____El árbol en sí no es lo que cansa, sostener la motosierra encendida y en marcha, es lo que casi agota -respondí.
____Pobre -me dijo en tono maternal-. ¿Qué edad tienes? Pareces joven.
____Cumpliré veintiuno el mes próximo.
____¡Oh, eres un niño aún! -y esbozó una sonrisa insinuante.
____No tan niño. ¿Y usted cuántos, señora? -le pregunté.
____A las mujeres no se les pregunta la edad. Pero no me digas señora. Mejor Carmen.
____Perdón, Carmen.
____Perdonado. Y también puedes tutearme. ¿Cómo te llamas?
____Jaime –respondí después de beberme el resto de café que me quedaba.
____¿Quieres un poco más?
____No. Muchísimas gracias. Ahora tengo que seguir trabajando.
____Al menos descansa un poco. Si necesitas algo, dímelo.
____Ya que se ofrece, me gustaría ir al baño a mojarme el pelo y quitarme el aserrín del árbol, si no es molestia para usted -le dije.
____Ninguna molestia. Al contrario. Sígueme. Pero no me hables de usted.

Mis colegas me miraban con ojos de envidia y sabiendo que probablemente ‘no me quedaría con los brazos cruzados’. Aunque mis iniciales intenciones no eran esas. Sólo quería quitarme toda la porquería de la cabeza.

Su casa era lujosa, y estaba a excelente temperatura por la potente calefacción. Olía a perfumador caro, y a vicio quizás. Carmen señaló el baño y me fui hacia él. Entré y cerré la puerta por dentro. Me mojé la cabeza, oriné y salí no bien terminé. Carmen esperaba en la puerta. Al verme de nuevo, se quedo mirándome fijamente.

____¡Qué bonito tu pelo! Con ese pelo y esos ojos que tienes, debes tener muchas mujeres rendidas a tus pies.

Le sonreí, como de agradecimiento por el piropo.

Me miraba el paquete y se relamía los labios con la punta de la lengua. Gesto que no era la primera vez que me lo hacían, pero esta vez me estaba excitando.

____Eres hermoso -me dijo, con toda la naturalidad del mundo-. Te estuve espiando mientras estabas en el baño -y se acercó más a mí.
____¿Con qué intenciones me espió? -pregunté, aunque la respuesta era obvia.
____Diviértete averiguándolas -contestó acariciando mi bulto sobre el pantalón.

Le separé el pelo que le caía al costado, y comencé a trabajarle la piel con la lengua. Carmen se estremecía, pero se apartaba poniéndome las manos en el pecho.

____Aquí no. Ven.

Me cogió de la mano y me dejé llevar hasta un cuarto. La cama era enorme, y una televisión de 37 pulgadas de plasma estaba empotrada en la pared. Me lanzó con cierta vehemencia contra la cama. Caí de espaldas, rebotando levemente.

Se puso a mi lado y empezó a quitarme la ropa. Las manos le temblaban, como de impaciencia.

Después de haberme dejado en bolas se recreó con mi paquete, tocándose su sexo por encima de la braga con dos dedos, que luego chupó lujuriosamente.

Le quité el sujetador y unos senos de gran tamaño quedaron libres, con los mamelones tiesos, que saboreaba y me iba excitando con los gemidos que ella iba emitiendo.

Le quité el pantalón de chandal, y unas bragas negras humedecidas en la parte de abajo aparecían ante mis ojos, quizá por un orgasmo con urgencia.

Le separé las piernas acariciándole los muslos, pero se erguía y llevaba mis manos a sus pechos. Me dediqué a hacer lo que más me gusta: lamer cuerpos de féminas con la lengua, mientras la de turno se retorcía de gusto.

Me cogió del pelo y llevó mi cabeza hacia su entrepierna, que lamí por encima de la braga y que luego bajé descubriendo un sexo palpitante, depilado y húmedo. Con mis dedos separé su interior, apareciendo una puesta en marcha a punto de arrancar. Empecé a catarla. Carmen se acariciaba los pechos y gemía escandalosamente.

Cuando un nuevo éxtasis llamaba a pleno pulmón a su puerta, se levantó, acabó de quitarse las bragas y se puso a cuatro patas, mostrándome su redondo trasero.

____¡¡Hazme tuya!! -me dijo en doble exclamación.

Me humedecí con saliva la punta y separé sus nalgas, mirando cómo su ano estaba abierto y mojado por el líquido de su orgasmo anterior. Lo acaricié con mi pene, y Carmen se hundió en el colchón, ofreciéndome todo su cuerpo. La penetré lentamente, pero sin parar.

Al moverme dentro de ella, le arrancaba aullidos de placer. Entonces me pedía más adentro aún. Me hundí entero emitiendo Carmen aullidos de placer que me taladraban el cerebro volviéndome tarumba.

Así estuvimos varios minutos, hasta que descargué bestialmente. Retiré mi sexo con igual lentitud que lo había metido. Ella me puso boca arriba y se subió encima de mí, más humedecida que antes y empezando a hacer movimientos sobre mi vientre, volviéndome más tarumba que la vez anterior.

Jamás había visto una mujer madura moverse con tanta velocidad. Al poco, cuando sentía que le venían las contracciones de un nuevo orgasmo, dejé de contenerme y acabé yo también por segunda vez. Se bajó de mí y se recostó, con signos evidentes de agotamiento.

Empecé a vestirme, sabiendo que mis colegas se estarían preguntando qué diablos habría pasado conmigo, pero se lo imaginarían.

A aquella maciza madura le prometí con devoción y convencimiento que regresaría de nuevo y lo antes posible.

Luego de darnos los últimos besos, cogió una billetera que había sobre la mesilla de noche, sacó de ella dos billetes de 50 euros, los puso en mi mano y me dijo:


Con eso podrás invitar a una cena a alguna chica de tu edad. Pero no dejes de visitarme, porque por cada vez que hagamos lo mismo que hemos hecho hoy, recibirás 100 euros


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