Se llama copla democrático

MI BLOC, QUE NO BLOG

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Re: MI BLOC, QUE NO BLOG

Mensaje  achl el Sáb Jul 21, 2018 9:54 am





Me excita recordar nuestros juegos

Te he visto de nuevo y mi corazón se ha puesto a mil. No sé si será verdad eso que dicen de que una mirada intensa se siente a la distancia, pero tú has vuelto la cabeza hacia donde me hallaba y he visto aparecer en tu cara un gesto de acercamiento, como si aún no me hubieses olvidado del todo, seguido de una sonrisa, tu bonita e inconfundible sonrisa de cuando estábamos juntos


Estás muy pendiente de que cambie ese eterno semáforo que une la autovía con la entrada a la ciudad, para cruzar y después venirte hacia mí y saludarme. Yo estoy a las puertas de un Banco, esperando a mi hermana.

Y empiezo a recordar…

Recuerdo nuestro primer beso en los labios, que era medio en broma; recuerdo la corriente que sentíamos, recuerdo la sensación sabrosa que nos quedaba, recuerdo nuestros encuentros, recuerdo nuestros besos, recuerdo nuestros abrazos, recuerdo nuestras caricias, recuerdo nuestro primer contacto sexual. Y, por encima de todo, recuerdo nuestros juegos.

Recuerdo la fiesta que montaste en tu casa, aprovechando que tus padres habían salido de viaje, el miedo que los dos teníamos, la música rock y el intento de follar en tu cuarto, pero no se te levantaba del todo a causa del alcohol. Querías follarme y no podías. Te desesperabas. Tirada en la cama, con la falda levantada y sin bragas y sin pudor, no podía dejar de reírme.

Tu amigo entraba de pronto a la habitación y entonces paramos. Duraba poco. Se te empezaba a poner dura al verle allí, y más al ver tú que yo no me tapaba y seguía riéndome. Pero me follaste. ¡Vaya si me follaste! ¡Y bien follada que me quedaba! Sin embargo, experimentaba una sensación extraña al correrme, mientras tu amigo nos miraba y se masturbaba. Y desde aquel día, todo era un juego.

Recuerdo cuando paseábamos por la ciudad y me quitabas el sostén para así dejar al aire mis tetas, y caminábamos por las calles, como si nada. Los transeúntes iban a su bola, pero algunos me miraban con los ojos saltados, y otros me recriminaban mi comportamiento. Entonces tú me sobabas a tu antojo mis tetas. Yo no aguantaba mucho aquel juego. Sentía vergüenza, mezclada con una excitación. Muchas veces acabábamos follando en algún parque o en el aseo de nuestro bar. ¡Ay, nuestro bar!

Otro recuerdo. En nuestro bar era donde siempre quedábamos, donde pasábamos muchas tardes, solos o con algunos amigos o amigas. Recuerdo aquella vez que me descalcaba empezaba a acariciarte la polla por debajo de la mesa y por encima del pantalón. Sabíamos que el propietario del bar estaba tras la barra y podía vernos. Pero en parte lo hacía para que nos viese. Luego de un rato sobándote la polla con los pies, la tenías tan dura y caliente que arriesgabas a sacártela del pantalón, y sólo con un pie conseguía que te corrieses.

El dueño del bar nos miraba. Nos íbamos al aseo de señoras, y casi seguido entraba él al de caballeros; puerta frente a puerta, y tanto él como yo dejábamos la puertas entreabiertas. Mientras tú me follabas, él se masturbaba como un loco mirándonos. ¡Dios, cuantísimos polvos echamos en aquel aseo!

Recuerdo una tarde que me acompañabas de compras. Un probador con cortinas, y tú fuera, esperando a que me probase los mil trapos que me gustaban. Había un hombre fuera en tu misma situación, y a ti te apetecía jugar. Entreabriste la cortina, y aquel no perdía la oportunidad de mirar mientras me desnudaba. Me percataba a través del espejo, por eso me quitaba más ropa de la que necesitaba quitarme. Iba moviendo el cuerpo al ritmo de la música que sonaba en la tienda. Me acariciaba las tetas y me metías la mano bajo el tanga, enseñando sin enseñar. El bulto que se le veía bajo el pantalón a aquel extraño, me animaba a girarme hacia él y mirarle con descaro, mientras me desnudaba del todo. Hasta que salía su mujer de un probador, y tú cerrabas nuestra cortina. Follábamos allí mismo, mordiéndonos los labios para no gritar. Y tantas ganas nos teníamos el uno al otro que follábamos frenéticamente, y dos veces seguidas nos corríamos a riesgo de que nos pillasen, pero con la ventaja de que la situación nos excitaba más aún.

Dejo de recordar…

Ya estás a mi lado. Nos damos un beso y un abrazo. Has cambiado, estás más hecho, más hombre. Han pasado seis años desde que nos vimos por última vez.

____Estas guapísima -me dices.
____Y tú tan mentiroso como siempre -y nos reímos como antes. Nada ha cambiado.
____Me dijeron que ya no vives aquí -te pregunto.
____Así es. Vine para visitar a mi familia.
____¿Podrías dedicarle esta tarde una vieja amiga?
____¡Vaya! Hoy tengo prisa, pero estaré en la ciudad toda la semana.
____¿Quedamos mañana entonces para comer juntos? -te suelto de sopetón.
____Me parece estupendo.

Me facilitas la dirección del restaurante y marcamos una hora concreta para vernos. Nos damos los números de móviles. Mi hermana llega y la saludas. Nos despedimos, con un beso en cada mejilla, y te vas.

Mientras camino por la avenida hacia mi casa, con mi hermana a mi lado, sonriendo sigo con mis recuerdos. Intencionadamente me desabrocho los botones de mi blusa y meto dentro una de mis manos; después de esa maniobra me acaricio los pezones y de nuevo recuerdo…


…¡qué años tan maravillosos eran aquéllos!



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Re: MI BLOC, QUE NO BLOG

Mensaje  achl el Sáb Jul 21, 2018 9:58 am





Me excita ser su esclava


Dormía plácidamente, cuando de pronto sentía una mano decidida pero cálida acariciándome la espalda

Él había entrado sigilosamente a nuestro dormitorio a despertarme, como cada mañana desde que convivíamos juntos. Pero aquella mañana era un despertar diferente, pues me daba un leve masaje en las nalgas, mientras yo rehusaba a despertarme.

____Despierta, esclava mía, es hora ya de levantarse -un suave susurro en mi oreja, antes de recibir un mordisco, me hacía gemir.
____Cinco minutos más, por favor- respondía haciéndome de nuevo ovillo en la cama.
____¡Ningún minuto más! ¡Levántate ya, es una orden!

Las caricias cesaban y yo veía cómo él iba alejándose de la cama. Abrí los ojos y me tumbaba boca arriba mientras me los frotaba, como de niña.

Sabía que esto le gustaba, y más cuando venía encendido y deseoso de mí. Le miraba mientras buscaba en un cajón de un mueble del cuarto; era el cajón donde yo guardaba los objetos para ‘nuestros juegos'.

Sonreía portando en la mano unas esposas de acero para las muñecas, y un antifaz negro para cubrirme los ojos.

Decididamente se acercaba más a mí y me destapaba, dando un tirón a la sábana que me cubría. Mi cuerpo completamente desnudo quedaba a su entera disposición.

____Me gusta que seas obediente y que hayas cumplido mis órdenes de dormir desnuda –decía y me acariciaba el vientre, bajando despacio hasta el monte de Venus con un delicado masaje durante el recorrido.
____Siempre cumplo tus órdenes -le respondía.
____Y siempre debe ser así -se erguía, ufano.

Golpeaba suavemente con la palma de la mano el interior de uno de mis muslos, y me decía con un gesto que me levantase. Me ponía en pie y me sentía pequeña frente a él. Me rodeaba y, sin dejar de mirarme, cogía mis manos por las muñecas, llevándolas a la espalda para después unirlas con las esposas que antes me había enseñado.

Cuando acababa de atarme, me cubría los ojos con el antifaz, privándome del sentido de la vista. Con cuidado, me guiaba de nuevo hacia la cama y me hacía tumbar boca abajo encima de ella. No podía verle, pero sentía que estaba disfrutando de lo lindo con la hermosa visión que la habitual postura ordenada por él le proporcionaba.

De nuevo sus manos paseaban por mi espalda, y esta vez hacia abajo. Las caricias me resultaban más placenteras por no poder ver lo que me estaba haciendo. De pronto, un fuerte gemido se escapaba de mi boca, no bien llegaba a mis partes más íntimas.

____¿Aún no hemos empezado y ya estás mojada? -me preguntaba.
____Es que aunque quisiera, no podría evitarlo. Sólo con tenerte cerca me mojo -respondía entre jadeos.

Un dedo se deslizaba con dificultad. Un gemido más fuerte todavía que el anterior se liberaba y se podía oír su sonrisa de satisfacción mientras lo iba moviendo con destreza por mi interior.

____¡Sabes que te tengo dicho que no hagas mucho ruido, o te escuchará el vecindario!
____Tampoco lo puedo evitar, pero lo intentaré.

Tenerlo detrás de mí, tocándome, acariciándome, me era muy excitante, y más porque no podía verle, ni tocarle, ni abrazarle, ni besarle...

Consecuentemente no tardaba en llegar al primer orgasmo. Pero un leve sonido de desaprobación salía de su boca.

____¿A quién le has pedido permiso para correrte tan pronto?- me decía con esa pregunta, acercándose a mi oído izquierdo.
____Lo siento -respondía entre jadeos, tratando de recuperarme del brutal orgasmo que acababa de experimentar.
____Hoy estás de suerte porque estoy de buen humor, así que procuraré ser más benévolo con tu castigo y sólo te atizaré cinco latigazos.

Oía cómo deslizaba por mi espalda el cinturón que antes llevaba puesto. Eran los cinco azotes los que me elevaban a lo más alto del cielo, a punto de caer en un abismal placer. Una estocada, una simple estocada servía para entrar.

____¡Ahora sí! –me ordenaba, a la vez que se hundía en mí.

Un nuevo clímax sacudía mi cuerpo con más fuerza, haciéndome estallar en un gran torbellino de sensaciones. Una vez terminados mis espasmos, se retiraba, aún con una fuerte y pronunciada erección. Me desposeía del antifaz y me observaba con una sonrisa en los labios, cogiendo mi barbilla entre sus largos y ágiles dedos.

____Tú ya tuviste dos deliciosas corridas provocadas por mí, pero yo aún no he acabada la primera, así que ya sabes lo que tienes que hacer.

Se ponía en pie ante mí y empezaba a repetir la misma escena, muchas veces realizada. Me relamía lujuriosamente mientras le chupaba la polla.

Gemía repetidamente al tiempo que cogía con fuerza mi pelo, y así me iba marcando el ritmo, la pauta y la medida.

Y de esta forma ocurría siempre, invariablemente. Y todo lo que me hacía me volvía loca.


Culminado nuestro BDSM particular, nos levantábamos, nos aseábamos y nos vestíamos, y después, cada uno regresaba a sus rutinas cotidianas



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Re: MI BLOC, QUE NO BLOG

Mensaje  achl el Sáb Jul 21, 2018 10:11 am





Me gusta despertarlo así


Me gusta cuando le despierto. Me gusta observarle boca arriba, con la cabeza inclinada, el torso desnudo, sólo con calzoncillos. Observo su bulto y lo beso por encima de la tela. Miro su perfil, su piel, su incipiente barba, que tanto atractivo le da. Me paro a escuchar su respiración, lenta, pausada...

Ahora estoy sentada en el borde de la cama, completamente desnuda, y me acerco a él, rozándole mis pezones, que se erizan, y me acerco más hasta que mis tetas se oprimen. Subo mi cara y le beso pausadamente con besos pasionales. Noto el calor de la parte más íntima de su cuerpo, entre el ombligo y el pene, tan tierna. Se mueve, se gira hacia el otro lado de la cama y entonces observo su espalda con lunares, que beso uno a uno, y luego paso la punta de la lengua por toda su espalda. Sigue dormido, no profundamente porque me da que ha notado mi presencia.

Quiero que se despierte ya y que follemos. Una de mis manos está en mi entrepierna, en mi vagina, conteniendo a duras penas a mi clítoris. La otra busca su miembro y sorprendida lo encuentro duro y erecto. Siento deseo de cogerlo. Con sólo tocarlo, él se ha girado hacia mí; me mira, me sonríe y sabe perfectamente lo que quiero. Me besa me acaricia alternando boca y cuerpo, sin prisas. Ni se imagina lo muy caliente que estoy, pero sé que enseguida va a ir a comprobarlo.

No quiero aún que me toque ahí abajo, prefiero antes sus besos porque aumentan mis deseos, y él sabe bien mis costumbres. Está muy excitado. Entonces, con mi boca cojo su pene y lo chupo un poco, a la vez que entreabro mis labios para que note mi respiración y mi calor en su pene. Sé que está deseando que se lo coma, me lo hace ver con su mirada. Lo cojo y escucho su respiración, cada vez más agitada, y es ahora cuando soy yo la que no puede aguantar.

Ya en la cama los dos, encima mía él, acerca su mano a mi coño caliente. Como sé que tarde o temprano me lo va a comer, abro, bien abiertos, mis labios vaginales. Pero antes se para en mi culo, metiéndome suavemente un índice en el agujero. Pero lo que quiero en realidad es que me folle, y cuanto más se retrasa, más me excita. Estoy a punto de decírselo, cuando de pronto... ¡ahhh! Mi respiración pasa a jadeo. Me alza, penetrándome hasta el fondo, sin dejar de frotarme el clítoris con dos de sus dedos. En este punto de total excitación, no puedo ni quiero evitar decirle, medio gritándole:

____¡Ay cariño, cuánto gusto me das!

Me coge de las caderas y me adapta a su cuerpo. Y es entonces cuando de verdad noto dentro de mí su poderoso pene, ¡bendito pene!, a la vez delicado y enérgico.

Y ya siento que está empezando a correrse, y yo acelero más y no consigo acompasarme a su corrida.


Finalmente, explotamos los dos juntos en un grandioso orgasmo de amor y semen




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Re: MI BLOC, QUE NO BLOG

Mensaje  achl el Sáb Jul 21, 2018 10:18 am





Me montaba mi propia orgía

Me llamo Sofía y ahora tengo 38 años. He nacido y vivo en Sevilla. Soy una mujer muy ardiente. No soy una modelo, pero tengo un cuerpo, una cara, unos labios y unos ojos, pa comerme. Y ahora voy a contar algo que me ocurrió hace 15 años. Bueno, a mí y a tres más, tres hombres


Cuando tenía 23 me enrollé con un tío de 40 años. Se llamaba Luis. Estaba loca por él, porque tenía un cuerpazo y mucha experiencia en el sexo.

No era celoso, al menos no tanto como mis anteriores rollos. Me regalaba ropa sexy, y siempre me decía que con mi cuerpo era un sacrilegio no ponerme una ropa más atrevida, que tenía que lucir mis atributos, sobre todo las tetas y el culo. Pero con el paso de los días me percataba de que lo que quería era exhibirme, como su trofeo. Ah, por cierto, nunca me operaron las tetas, ni ninguna otra parte de mi cuerpo. Y digo esto, porque todavía, a mis 38, sigo siendo la envidia de algunas, ¡pero ni sana ni leches, pura envidia! Claro que tampoco he parido, y solterita permanezco, pero follo más que muchas casadas o con novio.

Cuando salíamos, Luis solía beber mucho; se emborrachaba a veces. Al principio, yo no bebía, pero me iba habituando a una copa, y después otra... y así.

Casi siempre íbamos acompañados de sus amigos Dani y Javi, de su misma edad y guapos y ligones como él, Acabábamos borrachos todas las noches los cuatro, y un montón de veces protagonizábamos algunos momentos morbosos.

Recuerdo una noche de aquellas en la que llevábamos una buena torrija, y más que ninguno Jorge. Su coche lo conducía Javi. Era verano y llevaba una minifalda y una blusa, verdes, un tanga negro, y sin sostén. Como sus amigos iban sentados delante, uno conduciendo y el otro de copiloto, nosotros íbamos detrás, y mientras el coche circulaba, íbamos metiéndonos mano. Bueno, yo más a él. Es que Jorge estaba muy bueno, y según me decía, también yo lo estaba.

Me quitaba el tanga, y mi libido la notaba a mil, lo que hacía que me olvidase de sus amigos. Le bajaba pantalón y calzoncillos, de modo que su tranca salía de su cueva. Me relamía sólo con verla tan tiesa, tan grande… Se la chupaba, pero con el auto en marcha y pensando que pasaríamos desapercibidos para sus amigos.

Sin darme cuenta me hallaba completamente desnuda, cabalgando a Jorge, y él sin la camiseta y con los pantalones y los calzoncillos bajados. ¡Me lo estaba follando y no se estaba enterando! Es que había bebido tela de alcohol. De pronto, sentía una mano en mis nalgas, que, obviamente, no era de Jorge.

Giraba la cabeza para ver qué ocurría, y resulta que era una mano de Javi, que me acariciaba. ¡Dios que morbo! ¡Habían parado el coche en un carril, se habían bajado los pantalones y se estaban haciendo una paja, a medio metro de mi culo! Y yo, tan excitada estaba que movía lujuriosamente mis caderas, follándome a Jorge. Incluso cogía y apretaba la mano de Javi, como diciéndole: ¡sigue, córrete, cabrón!

La consecuencia de aquello era que me había corrido tres veces y Jorge ni una vez; ¡estaba dormido mientras me lo estaba follando! Llevaba la vista hacia el exterior y observaba dos pollas excitadas por mí, y entonces me hacía una pregunta: ‘¿y ahora qué hago con Dani y con Javi, que están más calientes que yo?’.

Me sentía culpable. Así que alargaba la mano, les cogía la polla; primero a uno, se la chupaba y se corría pronto ¡en mi boca! Luego al otro, que tardaba un poco más, ¡y también se corría en mi boca! Aquello era maravillosamente excitante, y Jorge, frito y sin enterarse de nada. ¿El resultado final? Mi boca a tope de leche.


A partir de entonces, cada vez que coincidíamos los cuatro, sentía un fuerte calor en el coño, pero también un poco de vergüenza





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Re: MI BLOC, QUE NO BLOG

Mensaje  achl el Jue Jul 26, 2018 9:35 am







Me sodomizaron


Breves pero inolvidables momentos los de aquella noche, los cuales empezaban ya a escribir, sin siquiera yo imaginármelo, una nueva página en el diario de mi vida



Corría como una galga. ¡Es que iba a perder mi tren...!

Aquella reunión en el salón de juntas de mi holding de empresas, era tan densa, tan monótona y tan aburrida que ya estaba harta de todo. Nuevos proyectos de ventas, nuevas imágenes de marketing, novedosos estilos de reclamos, nuevos productos en boga, números, números y más números. No veía la hora de que acabase todo aquello.

Y para más inri, esa misma noche tenía que viajar a Madrid para tratar de cerrar, en horas tempranas de la mañana del día siguiente, un importante negocio, que daría alas de oro a mi negocio.

El lujoso reloj digital de la pared de la sala de juntas, marcaba las 21,20 horas. Sobresaltada y nerviosa, me levanté del sillón de Dirección. Mi tren partía a las 22,00 horas.

____¡Qué pierdo el tren! -anuncié a través de una exclamación.

Sin conceder más tiempo a otros comentarios de mis empleados, cogí mi agenda y mi maletín y salí a todo gas.

____¡Pídeme urgente un taxi! -le dije a mi secretario.

Entré a mi despacho, cogí la maleta, que había preparado de antemano, entré en los aseos de señoras, me retoqué un poco el pelo, me miré en el espejo grande mi esbelta figura y, presurosa, me encaminé hacia el ancho pasillo donde se hallaban los ascensores; en el panel de mando de uno de ellos estaban encendidos los pilotos verde y rojo, pero se apagaban y se encendían locamente, lo que me hacía pensar que algo ocurría y no sabía por qué se estaba demorando más de la cuenta. Al poco me dijo uno de los guardias jurados del edificio que aquel ascensor se había parado solo, súbitamente, por lo que todo el trasiego de subidas y bajadas lo estaba soportando uno solo.

Cuando el ascensor llegó a la planta baja, ya esperaba a las puertas del suntuoso edificio un taxi con la puerta derecha trasera entreabierta.

____¡A la estación de Santa justa! -le dije al chófer-. ¡Pero dese prisa, por favor, que pierdo mi tren! -añadí.

Tras una carrera, en la que el coche público zigzagueaba en la Avenida de la Palmera, yo no dejaba de mirar la hora en mi reloj de pulsera.

Por fin, llegamos a la estación del ferrocarril y, sin preguntar al rechoncho taxista el importe del viaje, saqué de mi bolso una billetera y de ella extraje dos billetes, uno de 20 y otro de 10 euros, y enseguida se los dejé sobre el asiento delantero derecho, dándole las gracias por la celeridad.

El electrónico de la estación anunciaba la inminente salida de mi tren. '¡Y yo con estos tacones!', pensé. Me descalcé y me lancé en su persecución. El andén 13 parecía interminable.

En el instante justo en que el convoy iba a partir, trepé al vagón. Agitada, localicé mi compartimiento. Una vez en él busqué y encontré mi asiento, solté mis bártulos, y me dejé caer sobre él. Algunos minutos después, ya recuperado el aliento, vi que mis medias se habían roto. Puse en el asiento de al lado, que estaba desocupado, mi abrigo y mi maletín, me arreglé un poco el pelo, y revisé la maleta en busca de un nuevo par de medias.

Antes de ponérmelo allí mismo, pensé que lo correcto era hacer eso en el cuarto de baño, a la vez que me refrescaría un poco el rostro y las manos. Cogí las medias, me calcé de nuevo los zapatos y salí hacia del aseo. Tuve que recorrer todo el pasillo hasta llegar. En el trayecto pude comprobar que una mayoría de los compartimentos se hallaba a oscuras, quizás sin pasajeros. Me estremecí al pensar en un tren corriendo sin personas en su interior, rodando en medio de la noche negra.

Al encender la luz, odié la estrechez del cubículo. Me desabroché la blusa, botón a botón. El agua salía semi fría de un diminuto grifo instalado en un pequeño lavabo. Un suave chorro, que recogí en la palma de la mano, era suficiente para refrescarme la cara y el cuello. No quería salpicarme la ropa. Me incliné más sobre el lavabo. Pero, de pronto, se abrió la puerta y alguien apagó la luz del interior. Instintivamente recordé que no había echado el pestillo.

Alguien se ponía detrás de mí. Una mano cálida me tapaba la boca. Otra mano se apretaba contra mis pechos y los tocaba suavemente. Sentía que se enganchaba el sujetador. Ese enganche, aunque delicado, me lastimó un poco los pezones. Presa contra el lavabo, no tenía ninguna opción de defenderme. Relativamente sofocada, traté de separar al que fuese de mí. Sentía una presión sobre mis nalgas que, junto con el miedo, percibí unas ráfagas de excitación, que me subían por los muslos.

La misma mano que me acariciaba, buscaba afanosamente mi falda; tiró de ella hacía arriba y encontró el hilo del tanga. Oí el hilo de la costura al ceder, y eso hacía que aumentase mi ardor. Había en mí una mezcla de miedo y deseo. Mi coño comenzó a mojarse con sus propios jugos. Desde ese justo momento, ya no quería gritar, ya no quería defenderme, ya dejé de resistirme...

Quizá el atacante percibió mi entrega, porque destapó mi boca. Sentía sus alientos y sus caricias en mi cuello. Me volqué más sobre el lavabo. Quien quiera que fuese me sujetaba muy delicadamente por las caderas, ahora desnudas. Iba en un aumento acelerado mi excitación.

Las palmas de sus dos manos se deslizaban por mi culo, explorándolo en aquella oscuridad sofocante, y yo le dejé hacer a su antojo, disfrutando yo también con cada uno de sus hallazgos.

Pero, de pronto, me soltó de las caderas, y fue entonces que escuché el sonido de una cremallera y sentía el calor caliente y húmedo de un pene entre mis nalgas. No había que ser muy inteligente para darse cuenta de lo que iba a suceder a continuación y, precisamente por eso, aspiré con todas mis fuerzas, profundamente

Era una polla gruesa, larga y dura, que casi ardía al penetrarme. Los dos empujábamos al mismo tiempo; él, para clavar su polla en mi culo, y yo, para que me llegase hasta el fondo. Ahogué un gemido, pero no contuve un espasmo de doloroso placer. A la vez que me iba sodomizando, me iba acariciando las tetas, me agitaba los labios de mi vulva y me daba suaves golpes en las nalgas. Nuestras respiraciones se aceleraban.

____¡Más... más...! -dije, en una exclamación semi ahogada.

Los movimientos se aceleraban. El golpeteo de sus testículos contra mis nalgas me arrastraba a un orgasmo. Un orgasmo, explosivo y delirante. Mi cuerpo se contraía. ¡Hasta que estallé! Me inundó un chorro intermitente de semen. Continuaba con sus movimientos, y a cada intento, un jadeo, un suspiro ronco; hasta que aquel alguien fue relajándose. Su virilidad ya empezaba a perder turgencia y a resbalarse sobre mi nalga. Aquel líquido viscoso y caliente se escurría por mis piernas, que todavía temblaban.

Iba a decirle algo, cualquier cosa, cuando me soltó y luego salió de aquel aseo, no sin antes darle a mi culo húmedo dos delicioso y hasta cariñosos besos. Cuando me rehíce asomé la cabeza al pasillo; nadie a la vista. Sobre la marcha, cerré con cerrojo la puerta metálica del habitáculo.

Sin muestras de preocupación en mi rostro, más bien todo lo contrario, sonriendo encendí la doble luz del aseo y me miré al espejo, subiéndome en un banquito metálico que había por allí. Entonces vi señales de marcas en mi cuello, mis brazos, mis muslos y mi espalda, pero suaves, sin rastros de sangre y ni siquiera arañazos ni cardenales evidentes.

Después de lavarme y de ajustarme toda mi indumentaria, lo mejor que pude debido a la estrechez de aquel sitio, regresé a mi compartimiento, espiando durante el trayecto en todos y cada uno de los que se hallaban iluminados. No pude reconocer a nadie.

Sentada ya de nuevo en mi asiento, una sensación de satisfacción y de placer bullía en mis adentros. Sonriendo de nuevo, escribí en mi diario:


Esta noche, sobre las 22,25 horas, en el aseo de un tren, con destino a la capital de España, he sido sodomizada por alguien, pero de una forma delicada y diría que hasta con ternura. Tanta delicadeza y tanta ternura que en absoluto me importaría que ese alguien me sodomizase de nuevo


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Re: MI BLOC, QUE NO BLOG

Mensaje  achl el Vie Jul 27, 2018 11:24 pm





Mi hermana y ‘su primera vez’


No podía dejar de mirar a José, el novio de mi hermana pequeña, Sol. Era alto, guapo, pelo moreno, atlético, elegante… y con unos ojos verdes, ¡uff!, que parecían dibujados


Cada vez que iba en busca de Sol a la casa de mis padres y yo hacía por estar allí, excitada me ponía con sólo verle.

Aunque era nueve años mayor que él y estaba casada, e incluso con dos hijos, aquel chico me transmitía miles de sensaciones. Sus bellos ojos y su cuerpazo me hacían tartamudear cada vez que cruzábamos una palabra. Mi única defensa era ser pesada con él, algo que para ellos no era ningún impedimento para seguir viéndose a hurtadillas en mi casa. Reconozco que más de una vez me he sentido fatal por haber hecho el amor con mi marido pensando en José.

Sol le esperaba con impaciencia aquella tarde. De suponer era que a solas estarían, pero yo había pensado quedarme escondida en una habitación contigua a la de ellos, enviando a mi marido y a nuestros hijos a comprar al super y que no volverían hasta pasado un buen rato. Disponían por lo menos de una hora y yo estaría espiándolos.

De pronto escuchaba besos y pasos subiendo la escalera. Luego veía que la puerta del cuarto se abría y oía un sonido de pestillo que se cerraba por dentro. Sol estaba a punto de recibir la mayor semilla del amor.

Me quedaba en el pasillo, y desde allí podía verlos. Estaban tumbados en la cama y mi hermana chupándole la polla. Me avergonzaba actuar como espía, pero estaba tan caliente que, por el momento, no reparaba en eso, sólo me importaba ver a mis anchas todo lo que estaba ocurriendo.

Era ‘la primera vez’ de Sol, y también la de José. Ella misma me lo había confesado días antes. No sabía el por qué me había molestado tanto con esto, o sí, cuando me contaba que José quería follar con ella. Pero ahora es cuando lo entiendo todo: envidia. ¡Pero ni sana ni leche: envidia pura y dura! Mi único consuelo era que quería mucho a mi hermana y deseaba lo mejor para ella, y era por esto que podía decirle que le dijese a José que emplease precaución. ¡Qué usase un condón, vaya!

Entusiasmada y cachonda veía cómo el chico le retiraba la falda y el tanga a una Sol amedrantada. En esos cruciales momentos, se humedecía mi coño. Miraba, con un interés inusitado, cómo él le separaba las piernas y cómo su lengua empezaba a escrutar su vagina, deleitándose largamente en su clítoris. Sol rugía, y yo me iba excitando por momento frente a aquel espectáculo sexual, y no podía ni quería evitar meterme dos dedos en mi gruta acalorada. Sabía que estaba sisándole una intimidad a mi hermana, pero la realidad era que eso pasaba a un segundo plano.

José se echaba sobre ella, hundiéndose hasta lo más íntimo de su cuerpo, mientras yo embelesada me deleitaba con aquella imagen de dos jóvenes amantes follando por vez primera, y les seguía agitándome dos furiosos dedos en mi concavidad dilatada.

Seguían satisfaciéndose el uno al otro y sus inexpertos cuerpos se fundían con el fuego de un placer carnal.

Cual imperativo de la carne, iban descubriendo el sabor del sexo. Pensaba que quería estar en el papel de mi hermana. ¿Cómo podía debutar con aquel semental, al que yo deseaba tanto? Pero apagaba mi sentimiento, cuando mi coño, sirviendo mis dedos de polla, conseguía una corrida e imaginándome que era yo a la que aquel macho ibérico estaba follando de una manera tan pasional y tan arrebatadora.

Pero hoy, un día después de aquello, sólo me queda añadir:


¡Muchas felicidades y bienvenida al tan maravilloso mundo del sexo, querida hermanita!


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Re: MI BLOC, QUE NO BLOG

Mensaje  achl el Vie Jul 27, 2018 11:37 pm





Mi madura vecina


Otro verano más de un achicharrante calor en mi ciudad, Sevilla. Pero un verano frío en mi vida sexual por culpa de mi vecina Rita, que una vez que decidimos darnos un homenaje, después me dejó más tirado que una colilla. Y así ando yo ahora, dando pollazos por las esquinas de lo salido que estoy todo el tiempo. Hasta el punto de que miro con lujuria a toda hembra que pasa por mi lado


Una tarde, sobre las seis y media, con un calor sofocante, oí unos ruidos insistentes en el exterior de la ventana de mi cuarto, el cual daba al patio comunitario. Tenía yo mi persiana echada para así paliar un poco el calor. Es una de esas persianas de plástico verde con rendijas que permiten ver a través de ellas sin ser visto. Al menos, eso creía yo…

Al mirar por una de las rendijas me llevé la sorpresa del año; vi a mi vecina de enfrente, de 41 años de edad, sólo en sujetados y bragas, negros, y las dos prendas con encajes bordados.

Estaba tendiendo toallas, y no sospechaba que yo estaba espiándola por mi ventana. Me puse cardíaco y empecé a sobármela. Y ahora el turno era para seis o siete bragas de diferentes colores. Al parecer, no usaba tangas. Me bajaba el bañador y empezaba a destrozármela mientras miraba dos enormes tetas, aprisionadas en un sujetador. Se movían aparatosamente cada vez que la dueña de ellas hacía algún esfuerzo al tender.

Debido a mi excitación solté un gemido semi apagado, pero lo oyó y miró rápidamente a mi ventana. Me quedé mudo, quieto, con mi polla en la mano y un puñado de espasmos. Me percaté de cómo miraba mi persiana sonriéndose, siguiendo con su tarea y canturreando una copla. Me había pillado, pero a juzgar por la expresión en su cara, no le importaba.

Seguía con la polla en la mano, pero la erección había bajado debido a la situación. No me costó recuperarla, quizás incentivado porque mi vecina se acariciaba las tetas por encima del sostén, metiéndose un dedo por los bordes del mismo. Podía ver claramente que estaba excitada. Por lo visto, estaba gustándole que estuviese pajeándome y mirándola a la vez porque sabía que era yo el que la espiaba, como también sabía que era mi cuarto.

No vivía ningún otro hombre en mi casa. Éramos mi madre, mi hermana y yo. Solté otro gemido y ahora mi vecina se rió, y luego procedió a quitarse lentamente el sostén. Entonces vi dos pezones erguidos. Eran más chicos que los de Rita, pero sus tetas eran redondas y prietas. Aquello me puso a mil, y en apenas dos segundos me corrí salvajemente, salpicando la pared de leche, gimiendo y con espasmos mientras me corría. Ella se dio cuenta de todo. Pero desapareció, y yo en pelotas y descargado. Esperé un poco, y… ¡oh sorpresa! Apareció en bolas en su ventana, mirando hacia la mía y lanzándome un beso y un guiño, y moviendo convulsivamente dos de sus dedos, como imitando una paja. Experiencia que me recordó otras que he tenido por chat, precisamente con maduras. Es que donde se ponga una madura bien hecha, como mi vecina, que se quiten las chicas jóvenes.

Transcurrió tranquila la tarde, y no supe más de mi vecina hasta que días después mi madre me dijo que Carmen (así se llamaba mi vecina, que era modista) iba a mudarse y estaba haciendo el equipaje, poque la habían contratado un año para trabajar en una galería de modas de Roma. ¡Qué rabia me dio esta noticia! La musa de mis pajas se iba de mi bloque, y yo tendría que buscarme otra para mis desahogos en soledad, porque Rita, otra vecina, estaba saliendo con un gilipollas. Así que al garete mis pajas mirando a Carmen, y mis expectativas sexuales se ceñían a ver porno, con la esperanza de que viniese Rita a por algo a mi piso y yo la sedujese de nuevo. Pero no, no fue eso lo que ocurrió…

Para mi pasmo y suerte, mi madre me dijo al otro día que Carmen le había pedido que si yo podía ayudarla con las cajas de su mudanza. Y esto me ponía a cavilar... Por supuesto le dije que sí, pero fingiendo desganas para que no pareciese que me gustaba esa propuesta, ya que mi progenitora sospechaba algo. Amplió mi madre que Carmen me esperaba a las cuatro en su casa, que me portase como un caballero y que la ayudase en todo lo que necesitase. Mi madre y mi hermana tenían cita con el dentista y no llegarían hasta las ocho. Todo perfecto para que pasase infinidad de cosas entre mi polla y el coño y las tetas de mi vecina cuarentona.

Llegado el momento, pero antes me duché, me perfumé y ‘apetecible’ me vestí: camiseta ajustada, mostrando bíceps, y un pantalón corto y prieto, que nunca me ponía porque se me notaba demasiado el paquete. Iba yo pidiendo guerra y quería provocar a Carmen. Así que fui a su casa y llamé al timbre. La puerta se abrió, y allí estaba ella, con una camiseta tres tallas más que la suya y un mini bañador negro, que le sentaba de puta madre, pues se le marcaba toda la raja del coño, y ella se percataba de que yo se la miraba con ojos lujuriosos.

____Pasa, Curro. ¿Quieres algo fresco antes de empezar? Que hay mucho trabajo -cerró la puerta tras mía, y yo empecé a ponerme nervioso.
____Gracias. En este momento no me apetece nada. Si acaso después una Coca Cola -le contesté, muy educado yo, y esperé sus instrucciones.
____Lo que quieras y cuando quieras –me respondió.

Eso de ‘lo que quieras’ me hizo pensar en lo que realmente quería.
Señaló una estantería enorme, llena de libros. Me dijo que quería que los metiese en las cajas que estaban en el suelo, y que ella se iba a su cuarto a llenar otras cajas con ropas y otras cosas. Que cuando yo terminase que la llamase. Confieso que estaba un poco cortado, así que sólo le dije: ‘vale’, y enseguida empecé a meter libros en las cajas, a la vez que ella se iba hacia su cuarto. Llevaba media hora llenando cajas cuando me entró un calor horrible. Grité en dirección al dormitorio principal de la casa:

____¡Carmen, disculpa, hace mucho calor y voy a quitarme la camiseta!
____¡Quítate lo que quieras, estás en tu casa! ¡En la nevera hay Coca Cola! –gritó desde la otra punta de la casa.
____¡Voy a por una! ¡¿Quieres tú una?! -le pregunté.
____¡Mejor una lata de cerveza! ¡Si no te importa me la acercas!

Cambié de opinión para mí y de la nevera cogí dos cervezas y me dirigí a su cuarto. La visión al llegar al alfeizar de su puerta era como un anticipo de lo que iba a ocurrir más tarde. La hallé agachada cogiendo ropa de un cajón, el más próximo al suelo, con el culo en pompa coño incluido hacia donde yo me encontraba. ¡Se había quitado el bañador y las bragas! En bolas estaba la tía brindándome un espectáculo mareante. Y ante tamaña escena, empezó a abultarse por delante mi pantalón.

____Toma tu cerveza. También yo he cogido una, si no te importa.
____No me importa Por cierto, debes tener ya la mayoría de edad. Y si no, poco te quedará, ¿verdad? -me preguntó.
____Precisamente anteayer cumplí los 18 -sonreí, nervioso.
____Ah, felicidades, y por felicitarte con retraso quiero hacerte un regalo…

Se incorporó y vi que sus pezones estaban erectos. Yo no podía ocultar mi erección, así que me puse de lado para disimular. Pero no servía de nada. Carmen se dio cuenta. ‘¿Qué regalo será…? –pensé, ingenuamente.

____¡Oh, por lo que veo estás a punto! –y sonrió pícaramente.
____No soy de piedra, Carmen, y tú eres guapa y estás muy buena para tu edad –no me creía que fuese capaz de decirle eso. Pero creo que hablaba mi polla, en vez de mis labios.
____Ya, ya me percaté de que te gusto. El otro día te brindé un magnífico desfile para una buena paja.
____No…sé…de…qué…me…hablas -tartamudeaba, pero ella ya se me había acercado hasta situarse delante de mí, acariciándome el torso.
____Sí lo sabes… Te la cascaste mientras mirabas mis tetas. Pero el caso es que nos gustó a los dos. Yo me masturbé luego en la ducha pensando en esa polla enorme que ahora casi veo bajo tu pantalón –llevó la mano a mi bulto, para calcular las dimensiones, a la vez que se mordía los labios. Y ya me puso a tope, así que la atraje hacia mí cogiéndola de las caderas.

Comencé lamiéndole todo el cuello, cogiéndome ella la polla por encima del pantalón. Mientras lamía el cuello e iba por el lóbulo de una oreja, veía que le gustaba; tenía la piel erizada y empitonados los pezones. Y esto me daba pie para empezar a devorar sus hermosas tetas.

____Ten mucho cuidado con ellas. Últimamente las tengo muy sensibles y me estás haciendo daño. Mordisquéalas, bésalas, acarícialas, lámelas, pero despacio, con delicadeza –ya me había bajado ella el pantalón, sin dejar de pajearme, engrasándome la polla con sus salivas.

Pero, de pronto, dejó de masturbarme y se tumbó en la cama. Entonces vi una vagina depilada y un estético triángulo de vellos. Le abrí despacio los labios y metí la lengua, hallándome con un río de fluidos calientes que me llevaron al éxtasis. Mi madura rugía. Cogía mi cabeza, apresándomela con sus piernas. Pensaba que no podría respirar, pero eran tantas las ganas de hacerle todo lo que le estaba haciendo y de verla gozar de lo lindo, que aguantaba y seguía jugando con su coño con la punta de mi lengua, con más entusiasmo y dedicación en su clítoris.

Al cabo de un rato enfrascado en su coño, entre espasmos y rugidos, me sacó la cabeza de él y me dijo que le diese mi polla, que tanto ansiaba. No puse reparos y se la metí entera en la boca, haciéndome una mamada de campeonato, deslizando los dientes por el glande. Esta mamada no tenía nada que ver con las que me hacía Rita. Para Carmen no era su primera polla, y sabía cómo hacer que un hombre gozase. Me daba mordisquitos, mezclados con sonoras chupadas con toda la polla dentro, sin importarle las arcadas. Yo estaba ya a punto. Le dije, incluso con énfasis:

____¡Ahora vamos a follar, y me correré en tu coño! –empecé a empujar hasta el fondo de una vagina abierta y hambrienta.
____¡Sí, córrete dentro de mí! ¡Hazme tuya y hazme rugir de placer!

Me la puse encima y se metió mi polla en su coño, y comenzó a moverse. Gozaba, pero por la postura de su culo, yo sólo sentía las embestidas, y no me daba gusto, pero observando que ella estaba muy salida, la dejé hacer fingiendo que me estaba gustando.

Pasados unos minutos, decidí cambiar de postura para buscar mi disfrute. Así que la puse a cuatro patas y le di antes dos lametazos a su coño, para después ensartarla con furia, mientras le daba cachetes en las nalgas. Esto le gustaba, y yo empezaba a sentir el cosquilleo típico de las embestidas. Para no correrme tan pronto me sacaba yo mismo la polla y se la ponía en el ano, frotándola sobre el agujero negro e intentando meterle la punta, pero, palpando, comprobé que no estaba suficientemente dilatado.

____¡Deja el culo y métemela en el coño! ¡Quiero que me eches tu leche dentro! ¡Después me follas por detrás!

Sus palabras me ponían de nuevo a mil, y volví embestirla con más fuerza, empujando mi polla, una y otra vez, hasta que sentía que me llegaba un orgasmo. La cogí de las tetas y empecé a bombear. Ella rugía mientras me corría dentro a borbotones. Tardé poco en llenarla de leche.

Follamos un buen rato. Me decía que así era como quería sentirme, y que estuviese tranquilo, que no iba a quedar embarazada, que a diario, follase o no, tomaba la píldora porque era fértil. Me tranquilizó el que me quitase esta preocupación, sobre todo por mi madre.

Acto seguido, cogió del cajón de la mesilla un bote con vaselina; se untó una poca en el ano y me pidió que se la metiese por detrás. Y me follé su redondo culo, haciendo que a la ama de él se le escapasen unas lágrimas de placer y también de dolor.

Luego de tanto polvo, me dijo que nos duchásemos y que merendásemos antes de seguir con las cajas. ‘¿Merendar yo? ¡Yo ya he merendado para un mes o más!’, le dije, y los dos nos reímos a carcajadas.

Mientras me estaba duchando me vino a la mente su coño y sus tetas con sus rígidos pezones, y otra vez se me puso dura. Empecé a aliviarme. Pero, de pronto, Carmen entró en el cuarto de baño y cuando me vio en plena faena, se echó a reír.

____¿Aún no has tenido bastante? ¡Yo tengo el coño y el culo escaldados! Pero a ver qué podemos hacer con ese travieso trozo de carne -lo cogió y se lo metió de nuevo en la boca, lo que me produjo un placer extra y me corrí otra vez, pero ahora entrando en su boca todo ese líquido milagroso que da vida y que produce vidas.

Finalmente escupió la leche sobre un clinex, y después le di un apretado beso en la boca. Después nos duchamos juntos. Terminamos llenando 50 cajas, y por mi parte, dándole las gracias por tarde tan linda que me había regalado, que ahora forma parte de lo mejor de mi vida sexual.

Carmen se fue a Roma al otro día, y yo la acompañé al aeropuerto, no sin hacerme un sorprendente obsequio antes de embarcar. Nos apartamos a un lugar que no había nadie, se quitó las bragas, que eran las mismas que tenía puestas el día anterior, pero pulcramente lavadas y perfumadas, y me las regaló, junto con una pícara sonrisa en los labios. Seguidamente, me dio un muy apasionado y prolongado beso en la boca, y luego bajó la boca hasta mi bragueta y con la lengua me lamió el paquete por encima de la tela del pantalón.

Y después, con unos gestos, entre nostálgicos y cómicos, le dijo a mi polla: ‘¡hasta pronto, pollón mío; no te pierdas, espérame!’.

Sin embargo su ‘hasta muy pronto, pollón mío, no te pierdas, espérame’ no he vuelto a saber nada de ella, pero siempre la tengo presente en mis pensamientos más calientes en mis momentos más onanistas.

Pasado un año y dos días de aquello tan bonito y tan inolvidable que me había ocurrido con aquella guapa y despampanante madura, la verdad es que pienso en ella cada día, y esto es porque me he percatado de que me he enamorado. Y yo, nostálgico y fiel, paso de echarme novia, porque no quiero engañarla.


Disculpen, tenían un par de cosas más que contarles, pero me acaba de decir mi madre que ha regresado Carmen. Ah, ya no les hablaré nunca más de las relaciones entre Carmen y yo



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Re: MI BLOC, QUE NO BLOG

Mensaje  achl el Vie Jul 27, 2018 11:49 pm




Mi 'rasurada amiga' gozó de lo lindo


Aún me encontraba en mi casa. Había terminado de ducharme y me estaba preparado para salir. Era un sábado del mes de junio, y había quedado con mi amigo Víctor

Pero antes de seguir con mi relato, me presento...


Tengo 24 años: 1,82 de estatura, normal de peso, ojos marrones, pelo castaño y poseo 'una juguetona de 18 centímetros'. Tengo tatuajes a tutiplén. Toda mi anatomía marcada a base de tinta. Los que me conocen dicen de mí que soy tímido, pero luego de tres cervezas tengo la virtud o el defecto de hablar por los codos. Ah, mi nombre es David


Ahora sí. Continúo...

Mi amigo Víctor me había llamado al móvil para decirme que esa noche inauguraban una discoteca de lujo en el centro de la ciudad. Al parecer, habían organizado una fiesta de apertura, y había que asistir vestido de media etiqueta. Pero lo mejor de todo era una suculenta promoción de... ¡una cerveza un euro! Pensé que podía ser una buena ocasión para volver a catar carne, pues hacía más de dos meses que no follaba, y me tiraba los días en blanco. Esa misma tarde me había masturbado viendo un vídeo porno, donde se veían felaciones, cunilingus y sexo anal. En uno de ellos, cuatro tíos se corrían en la boca de una tía, llenándosele el buche de leche. Y ella se lo tragaba todo, como si limonada fuese. Pero es sabido que la auto masturbación cansa más y desgasta muchísimo más que follar con una mujer.

La música sonaba en mi cuarto. Estaba desnudo y me miraba en el espejo, mientras decidía qué ropa me iba a poner esa noche. Y ahí estaba yo, con un polo en una mano, y en la otra, una camisa de mangas largas. Cuando decidí la ropa y empezaba a vestirme aprovechaba para dar ánimos a mi 'amiga rasurada': ‘espabila, tía gorda, que esta noche puede ser nuestra gran noche, y si no, una buena borrachera está garantizada’. Jajajajaja...

Me puse un pantalón marengo, una camisa roja de mangas largas y unos zapatos negros. Además, me até un chaleco azul oscuro a la cintura por si tenía que echar mano de él, ya que la chica de la tele había anunciado que haría frío durante las horas de la noche. Lo que la chica no sabía era que estaba en un error, porque esa noche iba a ser muy pero que muy caliente... jajajajaja.

Antes de salir de mi casa cogí 100 pavos del primer cajón de la mesilla de noche; del segundo, saqué un paquete de chicles, dos paquetes de LM y tres condones. Me rocié con mi perfume, cuello, muñecas y pubis, recogí todo y salí rumbo a la calle.

Desde la distancia pude reconocer su jersey rojo. No cabía duda de que era Víctor, mi amigo y colega desde el Instituto.

____¡¡¿Dónde te has metido?!! –dijo, a cinco o seis metros de mí, gritando como un poseso, y lanzándome su típica frase: ‘¡¡te voy a matar, cabrón!’

Ah, se me ha olvidado decir que habíamos quedado tres cuartos de hora antes de que yo apareciese, de ahí su cabreo. Cuando llegué hasta donde estaba él, me dijo:

____¡¿No quedamos a las 10 en ese bar?! –señaló con una mano. ¡¿Sabes quizá que son ya las once menos cuarto?! -añadió.
____Disculpa. Me distraje y se me echó la hora encima. Pero, joder, no te enfades. Venga, vamos ya, te invito a una cerveza en la disco nueva.
____¡Claro, como están a un euro...! -refunfuñó.

La disco no estaba lejos, pero decidimos que era una buena idea comer algo. 'Alcohol en estómago vacío, mala cosa', pensé.

Luego de zamparnos cada uno un bocata de jamón, uno de queso y de bebernos una caña, en el mismo bar donde me citó Víctor, nos fuimos al servicio de tíos y nos metimos un chute cada uno.

Cuando llegamos a la puerta de la disco, sacamos la primera conclusión: ‘ésta disco no es precisamente el mejor lugar’.

____¡Vaya antro de mierda! –soltamos, casi al unísono.
____Y eso que decían que era una discoteca de lujo -dijo Víctor.

En la entrada había dos ‘gorilas’. Sí, esos tipejos que no te dejan entrar si no llevas corbata, si llevas calcetines blancos, zapatillas deportivas, o eres feo y bajito. Víctor lo tenía realmente difícil: nunca destacó por guapo ni por alto, y si eso era poco, siempre calzaba deportivas. jajajajaja…

____Vámonos a otra discoteca, David –me dijo Víctor.
____Creo que lo mejor sería irnos a nuestro pub de siempre –ese era un pub al que solíamos ir a menudo.

Dimos media vuelta decididos a irnos. Pero entonces fue que ocurrió: ella chocó conmigo. Era preciosa: unos veinte años, metro setenta, pelo rubio, mirada cautivadora. Surgido desde las entrañas de sus lindos ojos verdes-grises, sus redondos mofletes daban ganas de pellizcarlos, de igual forma que una abuela ataca los mofletes de su nieto. ¿Y qué decir de sus tetas? Su minifalda negra era ¡uff!, y su blusa rosa marcaba apetecibles pezones, que merced al frío que la televisión había pronosticado, estaban tan duros como casi siempre mi polla. Empujaban dos pitones, como queriéndose fugar de su prisión de tela.

____¡A ver si miras por dónde vas, payaso! -dijo, apretando los dientes.

Sonrojado quedé, pero sin poder apartar los ojos de aquella obra de arte que tenía frente a mí. Lo bueno de que me diese la espalda y se alejase, era que podía ver y recrearme en un redondo culo que se escondía bajo una minifalda, Y yo quería ese culo para mí solo. Jajajajaja...

____¡Vámonos ya! –me dijo el pesado de Víctor.

Pero como podréis imaginar, yo no podía irme. Ya no era un antro para mí, era el Paraíso. Aquella despampanante tía, con cuerpo de diosa, como esos esculpidos por eminentes escultores, acababa de entrar a la disco.

Tardé en convencer a Víctor de que debíamos entrar. Pero le convencí, no sin antes hablar con uno de los 'gorilas’ para que nos permitiese pasar. '20 pavos contribuían grandemente'. Todas las luces parpadeaban allí dentro. Miré a Víctor, y en un segundo imaginé cómo sería con la cara roja, azul, o verde, mientras nos dirigíamos hacia la barra. En ese momento sonaba en el local Macarena. Me daban ganas, primero de besar al pinchadiscos, y luego de tomar una pastilla, incitado por la canción. Pusimos nuestros trapos en un perchero y pedimos dos cervezas, mientras empujándonos íbamos con la chusma, para hacernos un hueco.

____¡Dos cervezas, 6 euros! –dijo con voz agria el camarero.
____¡¿Cómo?! -miré a Víctor, indignado.
____A mí me habían dicho que... -empezó Víctor.
____Yo pensaba que... –añadió Víctor.
____¡Te habían dicho, te habían dicho, pensabas, pensabas! –enojado le miré.- ¡La próxima vez le mientes a tu tía Frasquita!

Las cogí, y las pagué porque se lo había prometido, que si no, ya podía ir él sacando su propia pasta.

Nos fuimos a la pista. Quería buscar a esa chica y la hallé: bailaba con otra al son de: Y yo sigo aquí, de la rubia, Paulina Rubio. A mí no me importaba la música que sonase, sólo quería ver a aquel culo en movimiento.

Como ya dije, soy tímido, y sólo había bebido una caña, de modo que aún no pensaba en acercarme a ella, porque si lo hacía, mi cara se vería tan roja como el jersey de Víctor.

Me quedé mirándola, pero antes de que pudiese darme cuenta, susurraba algo Víctor al oído de la que bailaba con ella. Se llevó un señor bofetón, y volvió a mi lado. La consecuencia de aquello fue que mi Dulcinea nos vio, se percató de mi presencia y nos miramos. ‘Encima de chocarnos, ahora me ve con un metepatas' pensé. Pero cuál no fue mi sorpresa que en vez de recibir su desprecio, brotó de su cara una sonrisa; sonrisa que nunca olvidaré. Se me acercó trayendo consigo un cubata, casi vacío. ‘¿Me habrá reconocido? ¿Me montará aquí mismo un pollo?’, pensé de nuevo.

____Me llamo Rosa, pero me puedes llamar Ros –me dijo al mi oído.

Mi corazón empezó a latir a mil. A esa distancia pude oler su perfume. Al quedarme más baja de altura, miré su escote. Ella se percató y me sonrió, y también yo; pero mi sonrisa era causada por los nervios del momento. 'Venga, David, ya no hay vuelta atrás; ármate de valor e insinúate'. Eso me dije, y lo llevé a cabo:

____Y yo me llamo David.

Nos besamos con los dos típicos besos en mejillas, como se hace en estos casos. Saqué del bolsillo un paquete de LM, llevé un cigarrillo a la boca y guardé de nuevo el paquete. Tenía que serenarme. Buscaba las cerillas en mis bolsillos, pero ella estiró la mano, cogió mi cigarrillo de mi boca, se lo puso en la suya y se lo encendió, mirándome con ojos de 'niña mala'.

Mientras tanto, el pinchadiscos seguía en su línea, fiel a su música. Rosa o Ros, se fue sola a bailar, insinuante, sexy y seductora. Y yo seguía tratando de asimilar el hecho de que ella se hubiese acercado a mí.

Y para entonces, Víctor se había ido ya a la barra. Podía ver de reojo su diminuto cuerpo intentando ligar, sin éxito, con un chico de cabello largo, que confundió con una chica. Rosa se me acercó de nuevo.

____David, perdóname por el topetazo de antes. Es que he tenido un mal día y estaba cabreada.

Y entonces me percaté de que me había reconocido. Y además, me gustó el detalle de disculparse y de que se dirigiese a mí por mi nombre.

____No tienes por qué disculparte. Todos tenemos días malos –respondí.

Le inspiré tal confianza que me dijo que estaba pasando una mala racha: sus padres se habían divorciados, mes atrás, y su novio le había puesto los cuernos, precisamente, con su mejor ‘amiga', y justo antes de toparnos, acababa de salir de la disco para acabar la relación con él, en una violenta conversación a través del móvil.

Al poco, cambiando de persona, pero siguiendo con el asunto novio, me preguntó:

____Y tú, ¿tienes novia? Seguro que te rifan las chicas.
____¿Yo? Solo y sin compromiso –respondí, pasmado por tan inesperada pregunta y halagado a la vez por su espontáneo piropo.
____Pues es difícil de creer; eres guapo, alto, y… ¡estás buenísimo, tío! -sus ojos grises me inspeccionaron de arriba a abajo.
____Me ves con buenos ojos. Quizá el alcohol te hace verme así -miré su vaso, que estaba ya vacío-. Este no es tu primer cubata, ¿verdad? -añadí, con la misma valentía que me inculcaba su desparpajo.
____Bueno... con este llevo sólo seis -y dicho eso, se fue de nuevo hacia la pista de baile.

Estaba feo quedarse solo, mientras 'tu chica' bailaba, así que la seguí. Ya en la pista, como si fuese un campeón de baile, empecé a mover piernas y brazos. La chica, que antes bailaba con ella, se acercó a nosotros. Rosa me la presentó como 'una amiga especial''. De pronto comenzaron a bailar las dos, muy pegadas y acariciándose las tetas por encima del sostén, a la vez que se besaban en la boca. Después, les dio por pasarse cubitos de hielo de boca a boca. '¡Oh, esta nena es bisexual! Si lo hubiese sabido antes, le habría ahorrado una buena hostia a Víctor’, me dije para mi interior.

De repente, pensé en Víctor buscándole con la mirada. ¡No me lo podía creer! Estaba comiéndole los morros a una tía, en la barra del bar. Desde la distancia, que era poca, podía calcular que aquella mujer debía rondar los cuarenta y tantos: gorda, fea, desaliñada y con las tetas caídas

Y, mientras tanto, Rosa seguía el juego con su 'amiguita'. Hielos viajaban de boca a boca, y lenguas se devoraban en cada gélido intercambio. Una escena porno ante mis ojos. Tanto, que se me estaba poniendo durísima.

Llevado por un arrebato de excitación incontrolada, cogí a Ros del brazo, la atraje hasta mi boca y la besé, con lengua incluida. Los cinco cubatas no le afectarían demasiado, porque no me rechazó; por contra, deseosa e incluso ansiosa, me correspondió.

Estando nuestras bocas fundidas, aparté la mía y la llevé a su cuello; repté la lengua hasta llegar al lóbulo de una de sus orejas, el cual mordisqueé repetidas veces. Rosa gemía y gemía...

La pista estaba llena de gente, pero no parecía importarle a ‘mi conquista’, ni tampoco el hecho de que estuviese presente su 'amiguita'. Sólo Rosa y yo existíamos en ese momento en la pista. De pronto, Rosa bajó su mano derecha hasta mi polla.

____¡Jo, tío, qué pedazo de polla! -exclamó, mordiéndose el labio inferior.
____¡Ahhh...! Te invito a... ¡ahhh...! -quería follármela ya.

La cogí del culo. ¡Dios, qué grandioso culo!, y caminamos hacia la barra. Pero en el camino me arrepentí. Estaba ya a más de mil. Iba a explotar, así que le hice una nueva propuesta.

____¿Y si nos vamos al aseo de tías? -sonrió, me miró y empezó a pasarse la lengua por los labios...
____¡¡¿Y por qué no?!! -me dijo gritando, en un tono picarón.

El servicio era espacioso. Tras cruzar la primera puerta, hallamos una salita de espera con lavabo, espejo y máquina de condones. La gente hacía cola para entrar y para comprar condones. Y más al interior, dos puertas: una a la izquierda, con un dibujo de un tío fumando en cachimba, y la otra, a la derecha, con una foto de una tía portando un típico abanico.

La espera se hacía larga, y corta la paciencia. Situándome detrás de ella, puse la mano derecha en una de sus tetas y empecé a sobarla, moviendo un dedo en círculo sobre el mamelón. Estaba tan cerca de ella que notaría mi polla ametrallando su coño. La palma de mi mano derecha, posada en su culo, parecía tener vida propia, pues empezó a bajar hasta colarse por debajo de la minifalda. Rozó su piel, tan próxima de su coño que sentía su calor. Debido a su excitación, llevó su boca a mi boca.

Seguí hurgando hasta coger su tanga; lo eché a un lado y palpé los labios vaginales mojados. De pronto, una de las puertas se abrió, y un tipo, con las pupilas dilatadas, salió, dejando, para mi satisfacción, libre aquel aseo, Papelinas vacías, condones llenos, rollos de papel higiénico y dos cuerpos con urgencia por follar, completaban el inventario en aquel habitáculo, bastante pequeño, para más señas.

____Ro... -alcancé a decir, una vez que entramos.

____Psssss. Calladito -me interrumpió tapándome la boca con su índice. Se puso muy pegada a mí, y yo, calzoncillos en rodillas, sin demora, no había tiempo que perder...
____¡Mira qué tenemos aquí! -exclamó pícaramente, a la vez que miraba mi polla completamente rígida. La cogió y la acarició mientras se metía un dedo en la boca. Sin más preámbulos, puse mis manos en su cabeza, que la guiaron hasta mi polla.
____¡Cómemela...!

Se la metió entera en la boca, chupando y chupando con ritmo. Su vaivén me proporcionaba más que placer. Sus labios y su lengua recorrían cada milímetro de mi polla con tanta maestría que me sentía en la gloria. En ese justo momento, el tiempo no significaba nada para mí. Lo único que me importaba era lo que estaba sucediendo en aquel aseo. Se puso en pie y posó sus manos en la taza del váter, quedando de espaldas a mí con el culo en pompa. Se subió la minifalda, hasta quedarse el culo a mi total disposición; y yo, con mis 18 erguidos, sólo podía hacer una cosa: ponerle una funda. Le bajé el tanga hasta los pies y la cogí de la cintura.

____¡Métemela entera, métemela entera! –repetía, deseosa.

La penetré hasta el fondo, moviéndome ininterrumpidamente.

____¡¡Oh, sí!! ¡¡Asíííííí...!! ¡¡Ahhhh…!! -gritaba.

Mi polla entraba y salía, frenética. En cada sacudida, sus tetas bailaban sincronizadas. Minutos después cambiamos de postura; me senté en la taza y Ros se me puso encima, quedando sus tetas libres y a la altura de mi boca. Para mí, el tiempo se fue, pero no para quien insistente golpeaba la puerta. Pero ni aquellos minutos de impaciencia ajena hacían mella en el insistir de Rosa, que se movía de tal manera que su son me hacía vibrar todo. Cogí sus tetas y se las lamí lascivamente, alternando una con otra, según iba dictándome mi primitivo instinto animal… Y, de pronto...

____¡Me corro! ¡Me corro! –exclamé, extasiado.

Inmediatamente me puse en pie y Rosa de rodillas. Me quité el condón y 'mi chica' se frotaba el clítoris y se mordía los labios, a la espera, sin duda, de lo que estaba por llegar. Apunté a su cara y...

____¡Ahhh...! ¡Ahhhh...!

El líquido blanco condensado que salía de mi miembro, regó el rostro de Rosa, que sonreía y reía feliz...

____¿Un cigarrillo? -le ofrecí, luego de ‘acabar’, y ya en la sala. Lo aceptó.

Nos fumamos tranquilamente nuestros cigarrillos, sentados en sillas de la zona marcada para fumadores. Entre conversaciones, intercambiamos los números de móviles y acordamos vernos otra vez, pero Ros me decía que tenía más ganas que yo de que llegase un próximo encuentro.

Después de fumarnos nuestros cigarrillos, le dije que la invitaría con gusto a más cubatas, pero a la vez le hacía saber que ya había bebido bastante, aconsejándole que parase. Aceptó mi invitación de llevarla a su casa, pues se hallaba medio borracha y había por ahí mucho delincuente.

¿Qué si nos gustamos? Jajajajaja. Eso ni se pregunta. Tanto nos gustamos y nos deseamos que en la siguiente cita llegamos los dos juntos ¡dos veces
al orgasmo! Pero ese sábado era para 'mi rasurada amiga'.

Ya eran las cuatro de la madrugada, y al día siguiente, domingo, tenía que salir temprano de viaje en mi coche a visitar a mis padres, que vivían en Huelva, distante 95 km. de Sevilla.

Y ya sólo quedaba buscar a Víctor e irnos los tres hasta la casa de Rosa, y después nosotros cada uno a la suya; y si él no se viniese, acompañaría yo a Rosa y después me iría a mi casa.


Curioso, ahora que lo pienso: raro en mí que sólo me hubiese tomado un botellín y una caña de cerveza en toda la noche; yo, que solía beberme de seis a ocho botellines cada sábado. Lo que no lo era tanto es que mi 'rasurada amiga' había vuelto a tener una nueva oportunidad


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Re: MI BLOC, QUE NO BLOG

Mensaje  achl el Sáb Jul 28, 2018 4:17 pm





Mi sueño nunca cristaliza

Sueño dormida y despierta que alguien hace vibrar las cuerdas del violín de mi cuerpo. Y es un sueño que se repite a menudo, casi a diario, y siempre a la misma hora: las tres de la madrugada; y siempre la misma música, música clásica; y siempre el mismo instrumento: violín Stradivarius, y siempre todo oscuro, aunque mis sueños se producen de día


____¿Quién eres?
____¿Quién quieres que sea?

Me doy la vuelta. No veo nada, pero noto una presencia, oigo una música y noto un arco de violín deslizarse por mi espalda.

____Dime, ¿quién quieres que sea?
____No lo sé. ¿Quién crees que quiero que seas?

Y de ahí no salía la cosa.

De pronto, una respiración agitada suena junto a mí. Me giro de nuevo, pero no consigo ver a nadie, sólo sigo oyendo una música de un violín.

____¿Qué sientes?
____¿Qué?
____¿Que qué sientes ahora mismo?
____No lo sé… ¿Dónde estás? No puedo verte.
____Inténtalo.
____Lo intento, una y otra vez, pero nada.

Y así una madrugada tras otra...

Más silencio, más oscuridad, más música. Un arco de violín no para de pasearse por mi espalda. Me giro por tercera vez, pero sigo si ver nada, sólo oigo música, parece que ahora más cerca...

____¡¿Quién eres?! ¡¿Dónde estamos?! -pregunto con desesperación.
____Dímelo tú. Tú me has traído.
____¿Traerte? ¿Pero dónde estamos? ¿Y quién coño eres tú? ¡No soporto más esta extraña situación!

Me sujeta fuertemente por detrás. Me coge de la mano. Aparta el pelo de mi cuello lo acaricia, y de pronto todo me da vueltas. Un torbellino de sensaciones recorre mi cuerpo. Empieza a besarme, y sus besos es peor que un martirio chino.

Baja lentamente por mi espalda y reconozco que soy incapaz de moverme.

Pero, de pronto, ya no escucho la música.

____¿Quién eres?

No hay respuesta. Con la respiración entrecortada me giro por enésima vez, y en esta vez topo contra un violín. Lo siento, pero sigo sin ver a nadie. El arco acaricia mi cara y parece que su contacto incendia cada centímetro de mi piel.

Al fin toco el arco, fabricado con crin de caballo. Sin percatarme, estoy tumbada en la cama. Me quita la blusa. Suspira. Segundos más tarde, la parte más pronunciada de esta especie de batuta se pasea entre mis pechos. Y de nuevo vuelve ese fuego abrasador. No puedo hablar. Mi calentón es monumental, y quien quiera que sea que toque ese violín, parece divertirle. Suelta una risa y… desaparece.

____¿Dónde estás? -me levanto de la cama a ciegas y tropiezo con él. Me alza en los brazos y me besa como si no hubiese un mañana. Me sujeta con firmeza. Me pone sobre una mesa. Me quita las bragas y empieza a degustar el apetitoso manjar ante sus ojos...

Creo morir. Este tío juega en otra liga. Mueve su lengua como pez en el agua. Muerde y come en el lugar exacto y la comida exacta. Pero justo cuando estoy a punto de correrme... se detiene y desaparece de nuevo.

____No me gusta esta clase de bromas -y apenas acabo la frase me tumba más, se abalanza sobre mí y devora mi boca. Una mano sujeta mi cabeza y la otra baja a mi sexo. Y de nuevo el mismo juego. Recorro su espalda. ¡Menuda espalda! Llego a su culo. ¡Menudo culo!

Estaría tocándole todo el tiempo. Consigo colarme en su entrepierna, y cumple con creces con el pronóstico. Maravillosamente dotado; un pene enorme, largo y gordo, que haría perder toda cordura a cualquier mujer De nuevo comienzo a perder el sentido, y otra vez un orgasmo a medias.. ¡Será capullo! Y sin tiempo de rechistar me penetra con fuerza las veces que le vienen en ganas. '¡No pares, por Dios, no pares!' -grito para mis adentros.

Mi espalda se arquea y pide más y más, sin parar. Nota mi exigencia y me sujeta con fuerza. El ritmo aumenta a un grado enloquecedor. Nuestras respiraciones galopan como un caballo salvaje. No lo puedo evitar. Mis uñas se clavan en su espalda, sin control, sin medida, sin cesar. A él le gusta. Aprieto, y su polla crece descomunal. De nuevo, una llamarada lo incendia todo y estallo en mil pedazos.

Recupero el aliento y le pregunto de nuevo.

____¿Quién eres?
____¿Yo?
____Sí, tú, ¿quién si no?
____Yo…. Yo soy un sueño -responde al fin.


Bañado mi cuerpo en sudor, y mi vagina empapada en sus propios jugos, abro los ojos de par en par sentada en la cama. No estoy asustada, pero... ¡no, no puede ser! Miro el reloj: ¡las tres y diez de la madrugada! ¡Venga ya! ¿Un sueño? ¡No me jodas!


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Re: MI BLOC, QUE NO BLOG

Mensaje  achl el Sáb Jul 28, 2018 4:28 pm






Mi vecinita de arriba


¡Joder, este julio en mi ciudad, Sevilla, hace un calor achicharrante! Como ya me he cansado de dar vueltas y más vueltas en la cama y mi mujer se pega a mí como una lapa, me voy a levantar y me voy a ir a mi terraza, y a ver si allí corre un poco de aire, porque por muy acostumbrado que se esté a vivir en esta Sevilla de mi alma, y sabiendo como se las trae los veranitos por estos pagos, no hay Dios que aguante este fuego


Ya en la terraza, enciendo mi móvil Apple12 Mpx con cámara dual de gran angular y teleobjetivo, activo el navegador GPS y cargo el programa para ver las estrellas.

Mi GPS apunta a la más cercana, la más espectacular, la que parece más asequible, y mi miembro viril me va a decir inmediatamente el nombre de ella y la constelación a la que pertenece.

De pronto, veo una que brilla más que ninguna. No sé… no sé… Apostaría que no es una estrella. Tiene que ser... tiene que ser… ¡Claro, coño, una mujer!, mi vecinita del piso de arriba, que está más buena que el pan. Por algo me dice mi mujer que no la mire, ni siquiera de lejos…

Mi vecinita, Estrella se llama, con rapidez de un meteoro aparece en bolas; bueno, no exactamente en bolas, con camiseta negra, tanga rojo, medio bajado, sujetado con sus manos por detrás a mitad de su culo. Con su mirada hacia el infinito y sus tetas empinadas mirando hacia África, me pregunta:

____¿Está usted mirando las estrella, vecinito?
____Sí, vecinita
____¡Qué forma más tonta de perder su tiempo! Yo que usted lo emplearía en algo más reconfortante.
____¿Qué quieren decir sus palabras, vecinita?
____ ¡Ande, ande, suba usted que le voy a enseñar, tan pronto llegue a mi casa, una ardiente estrella que sé que es la única persona de toda la urbanización que aún no conoce!
____¿Y mi mujer, vecinita? ¿Qué le digo?
____Usted sabrá. Pero su recatada señora ya vino por aquí tres veces.
____¡No me diga!
____Sí le digo.
____¡No me lo puedo creer, vecinita!
____Pues créaselo, vecinito. Ah, también subieron sus tres hijas.


¿Quién dice que no hay nada más rápido que la velocidad de la luz del reluciente coño de mi despampanante vecinita?



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Re: MI BLOC, QUE NO BLOG

Mensaje  achl el Sáb Jul 28, 2018 5:07 pm






Mío es todo tu cuerpo


Mi boca en tus pezones endurecidos, desbordantes, apetecibles. Quiero mordisquearlos, pero no los mordisqueo porque quiero que experimentes un delicioso sufrir. Me excitaré primero para que tú te mojes como nunca lo has hecho ni conmigo ni con nadie. Me miras a los ojos y te das cuenta de mi excitación. Sientes que mi miembro viril roza tus muslos, tus nalgas, lo sientes palpitar, caliente, grueso, vengador, con ganas de penetrarte, de meterse en ese exquisito manjar que tú tienes entre las piernas; esperándolo, mojándose por el néctar que sale de tu placer líquido; un líquido que mi lengua ansía probar, y que sin duda probará...


Mi mirada está fijada en tus ojos, cuyos cierras cuando sientes que uno de mis dedos juega con tu clítoris. Dedo travieso que se pasea por tu vagina y se desliza con facilidad por el jugo que la cubre; juega con ella, la mueve de un lado a otro como si encontrar quisiera un punto que te haga delirar más todavía…

La punta de mi lengua empieza a pintar círculos en tus mamelones, uno primero, y el otro después, para que no se encelen. Siento un deseo de metértela, de sentir que estoy dentro de ti. Subo a tus labios y los muerdo. Recorro tu cuello suavemente de extremo a extremo, mientras separas las piernas. ¿Es que me estás invitando a entrar en ti?

Luego te digo perversiones, proclamando lo que quiero hacerte, lo que quiero que sientas, lo que quiero que disfrutes, porque lo que más anhelo es que te derrames en mí, todas las veces que te apetezca. Soy ambicioso, pero quiero que disfrutes con todas tus ganas por todas las cosas te hago y por las que seguidamente te voy a hacer…

Te beso esos deliciosos labios que estaban esperándome, mientras siento que tu coño reclama mi polla. Aprieto tus tetas. Beso ese tu bajo vientre, que me descontrola, y sin pensar, abro tu coño con la punta de mi glande percibiendo que se sumerge en un lago.

Mi lanza penetra en tu cueva, y yo siento tus gemidos. Arañas las sábanas con tus uñas. Empiezo a moverme sobre tu cuerpo con toda la fuerza que me pides, porque eso es lo que me provocas.

Aprieto una de tus redondas tetas con una mano, y con la otra presiono tu hermoso culo, que me derrite. Quiero que veas en qué me conviertes cuando estoy profundo en ti…
Nos revolcamos en la cama y caemos rodando al suelo. No nos importa, sólo a mí me importa hacerte ver que mi cuerpo te pertenece. Te pones encima de mí moviendo las caderas, mientras mi glande se pierde dentro de tu selva poblada.

¡Qué preciosidad de movimientos! Mi polla permanece dura, provocada por tu entrega amorosa hacia mí. Escalo de nuevo la cima de tu montaña y busco tus pezones con mis dientes y, como si me ensañase con ellos, los devoro desesperadamente.

____¡Eres mía, siempre mía! ¡Soy tuyo, siempre tuyo!

Y después de decirte eso último, tú exclamas:


¡Qué sensación tan placentera siento cuando me noto que me entra disparada en mi vulva tu caliente semilla! ¡Una vez más, hemos triunfado, macho mío!


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Re: MI BLOC, QUE NO BLOG

Mensaje  achl el Sáb Jul 28, 2018 5:33 pm






Mis toques me vuelven loca


Cómodamente me tiendo desnuda, me saco las tetas prisioneras, y comienzo a tocármelas con suavidad

Me las aprieto, me pellizco los pezones que me da más humedad, poso mi lengua en ellos de vez en cuando, mientras más mojados más placentero. Me meto lentamente la mano bajo el tanga, mientras voy imaginándome fantasías que me envuelven. Me chupo todo lo que pillo a paso, a la vez que siento que mi coño se pone más jugoso.

Me gusta lamerme, olerme, saborearme, palparme. Mis dedos encuentran hinchado mi clítoris. No pierdo la concentración entre mis fantasías y mis dedos moviéndose esperando la tensión. Llego a sitios más enigmáticos y busco saciar el calor que se proyecta en mis dedos.

Gimo cada vez más, siento ardor en mi cuerpo, temblando mis piernas, mi cuerpo tenso, ¡Y ahora viene lo mejor! Abro más mis piernas para que el orgasmo no sólo salga por mi boca, que también salga por mi hendidura húmeda, que palpita al sentir el cálido líquido que embriaga mi culo, mis dedos se vuelven más ágiles, fuertes al contacto con mi clítoris. Siento que me viene, me bamboleo…



…hasta que grita mi boca y el orgasmo sale de mi coño




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Re: MI BLOC, QUE NO BLOG

Mensaje  achl el Dom Jul 29, 2018 6:59 pm








No sabemos lo que tenemos hasta que no lo perdemos


Antes de empezar con mi historia, ahí va quien soy:


Mi nombre es Rosa, pero mi familia y mis amigos me llaman Ros. Tengo 24 años, 1,70 de estatura, ojos grandes marrones y, según la gente de mi entorno, una cara agraciada y un gracioso palmito. Estudié la carrera de Biología. Tengo novio desde los 20 años. Él es un chico guapísimo, de 28 años, alto, moreno, ojos rajados, y una complexión atlética. Ha estudiado la carrera de Arte, Diseño y Decoración, y siempre ha sido un trabajador incansable, tanto que casi desde que terminó su carrera tiene su propio negocio. Bueno, la verdad es que es uno de esos hombres a los que se les puede conceptuar como un buen partido para cualquier mujer, sea del estatus económico y social que sea


Cuando mi novio me presentó a su amigo, sentí una de las mejores sensaciones de mi vida. Noté, desde el primer segundo en que nos vimos, que había química entre nosotros. Como si me rodease un fuego, sentía que mi cuerpo ardía permaneciendo a su lado. Hablar con él, o sólo verle, e incluso de lejos, percibía que experimentaba unas sensaciones extrañas.

Luchaba para que no fuese real lo que me estaba ocurriendo. Yo quería a mi novio, pero últimamente nuestra relación se había enfriado, por eso quizá sentía atracción por su amigo. Ansiaba pasar tiempo con él, intentaba verle, intentaba buscarle, me hacia la encontradiza para coincidir con él. No había coqueteo entre nosotros, pero el simple hecho de estar cerca de él me hacía sentirme bien, no tanto como en el cielo, pero bien

Un viernes por la noche, en que estábamos mi novio, él y yo hablando en la barra de un bar, me dijo de pronto, incluso con énfasis:

____¡Me encanta ese gesto que haces al levantar las cejas!

Me entusiasmaron sus palabras, como si en ese par de segundos hubiese sido mi novio y me hubiera dicho eso ante mucha gente. Me pregunté: '¿qué hago con mis cejas? ¿Cómo las levanto?'. Pero esto era lo de menos, lo más importante era que se fijase tanto en mi cara como para ver los movimientos de mis cejas. Y, claro, me sentí halagada.

Cada vez que nos encontrábamos o nos despedíamos, llevaba mi boca a sus mejillas para besarle, pero él desviaba su cara para hacer coincidir su boca con la mía, como queriendo besármela, y esto era algo que me excitaba y a la vez me desconcertaba. Pero yo sabía que no podía hacer nada al respecto. Y a fuer de ser sincera, tampoco sabía si le gustaba o era sólo una idea mía.

Pasó el tiempo y cada vez mi novio me contaba menos cosas de su amigo. Aunque yo, astuta, disimulaba porque igual se había percatado de que me atraía.

Pero cada vez le veía menos, hasta que llegó un día en que dejé de verle. Seguía con mi novio, pero soñaba con su amigo, pensaba en su a migo, y todo lo que pensaba y soñaba se ceñía a lo sexual. Quería verle a toda costa. Me estaba percatando de que me estaba enamorando de él.

Todas estas cosas juntas, y demasiadas veces, hacían verme que tenía que romper con mi novio. Y rompí con él, pero entendía que esto significaba no estar más con el hombre del que tanto me había enamorado.

Una noche estaba conectada a la red, y el amigo de mi novio conectaba conmigo. Me dijo: '¿nos vemos? Hace ya mucho que no sé nada de ti'. Grité al cielo. Era una sensación excitante saber que quizás sentía algo por mí. Mi ¡SÍ! para vernos fue tan impetuoso que no sabría explicarlo, desembocando en un estado de nervios, sobre todo cuando llegó la hora de seleccionar la ropa que iba a ponerme.

Nos vimos, bebimos cervezas y hablamos durante horas, pero como amigos. Incluso me pidió consejos acerca de qué podría hacer con una chica que le gustaba. Pero, de pronto, me preguntó: ¿te apetece venirte a mi casa a ver una película o a seguir charlando?

Las cinco cañas que me tomé ayudaron a decidirme, pero la realidad era que estaba deseando que me pidiese eso. Por supuesto, acepté.

No bien entramos a su casa se abalanzó sobre mí y me besó con pasión. Y después... el mejor sexo que recuerde, excepto los primeros años con mi novio que, sin duda, son insuperables.

Pasaron tres horas y le dije que tenía que irme. Entonces me dio un apretado beso en la boca, y  después salí de su casa.

Al otro día me telefoneó preguntándome si le había dicho algo al que ahora es mi ex. Le dije que era nuestro secreto y que no iba a romper la amistad que mantenían.

Pasaba el tiempo y me llamaba algunos días, pero sólo para follar. Nunca me decía cosas románticas, ni salíamos a pasear, ni a tomar copas, ni al cine... Sólo me decía que le encantaba cómo se la mamaba. Y yo, tonta que es una, también me gustaba que me dijese eso.

Al cabo de un mes, y por esas cosas de la vida, me volví encontrar con mi ex, el cual me pidió que volviésemos a intentarlo.

Y en ello estábamos cuando una tarde me dijo: 'mi amigo me contó que follaste con él. Sorprendida, no sabía qué decir, por lo que no tuve otra que confirmárselo. Pero lo que más me dolió era que su cabrón e hipócrita amiguito del alma le contó con todo lujo de detalles todas las cosas que hacíamos en la cama.

Aun todo eso no entendía por qué mi ex, que es un señor, en todo el sentido de la palabra, y apetecible para toda mujer, quería seguir siendo mi novio. Hasta que una noche, en una significativa conversación, me percaté palmariamente de que lo que quería era vengarse. Y se vengó. ¡Vaya si se vengó!


Como era un hombre que valía muchísimo en todos los aspectos, a partir de aquella conversación, que significó nuestra ruptura definitiva, se las ingenió con paciencia, tacto y persuasión para acostarse con casi todas mis 'amigas', e incluso con la guarra de mi hermana pequeña, de dos años menos que yo





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Re: MI BLOC, QUE NO BLOG

Mensaje  achl el Dom Jul 29, 2018 7:08 pm







Nos pilló mi abuela


Yo sólo tenía 16 años, pero aquel chico me miraba atrevidamente, directo a mis tetas, a mi culo, a mi entrepierna… Tendría 25 años, guapo, alto, rubio, macizo. No era un modelo, pero tenía una masculinidad y un atractivo que me atraía. Me sentía cohibida por su presencia, por lo que terminaba siempre bajando la cabeza, acelerando el paso hacia la vivienda y sintiendo sus ojos pegados a mi culo. Latía con fuerza mi corazón, pero no podía dejar de fantasear en cómo sería follar por primera vez con aquel desconocido, mientras mi tanga se humedecía

Llevaba diez días de vacaciones en la casa de mi abuela. Luego de comer, venía el jardinero, tres veces a la semana para regar y arreglar las flores del jardín. Si bien sus manos eran fuertes, tenían sutileza para cuidar las flores, a las que parecía acariciar.

Sobre las diez, mi abuela me enviaba a que le llevase un vaso de zumo, que él bebía de un solo sorbo, sin dejar de mirarme. Siempre intentaba entablar alguna charla en forma amable, pero mi timidez me impedía quedarme mucho rato a su lado, y sólo le había dicho cosas como: 'hola', 'me llamo Alicia', 'me manda mi abuela', o 'adiós'. Me inquietaba que pensase que era una nena tonta que le miraba despectivamente por ser supuestamente de una escala inferior. Pero no era esa mi forma de ser.

Era mi último día de vacaciones y estaba decidida a hablar algo más con él. Quería decirle algunas cosas. Por ejemplo, que no era una niñita de papá, quizá algo tímida. Mi abuela dejaba preparado el zumo, mientras salía a hacer la compra. Mi corazón se agitaba cuando llegaba el jardín. Tenía una mirada rara cuando le daba el vaso. No le llegaba a hablar, cuando él me cogía de la cintura hasta pegarme a su pecho y besarme. Sus carnosos labios hacían que yo abriese los míos. Su lengua se metía famélica buscando la mía, y sus manos me recorrían espalda, caderas y muslos. Mi pequeño cuerpo parecía perderse en aquel hombretón. Nos tumbábamos en el verde y él empezaba a besarme el cuello. Me desabrochaba los botones de mi blusa y encontraba unos puntiagudos pezones, que devoraba a su antojo. Hasta ahí era lo máximo que antes había hecho con un chico, pero aquel era un hombre que iba a por todo y yo estaba decidida a darle todo.

Mientras su lengua chupaba mis pezones, mis manos subían mi vestido blanco y me bajaban el tanga. Seguía acariciando la tibieza de mi frondoso pubis y la humedad de mi gruta. Se bajaba los ceñidos vaqueros que oprimían su espectacular anatomía, para encontrarme con un torso moreno y una polla boscosa y dura cual roca por la pasión del momento. Me separaba yo las piernas para que él se me echase encima. Ponía su polla justo a la puerta de mi coño. La emoción de ser poseída por primera vez me desbordaba. Estaba nerviosa, pero también deseosa. Antes de metérmela me preguntaba si era virgen. '¿Tanto se me nota?', pensaba. Le decía que no, pero creo que él lo imaginaba, como demostraba su delicadeza en desvirgarme.

Había oído y leído sobre el sexo, pero sentirlo era otra cosa. Gemía de dolor, pero aguantaba estoica sus vaivenes viriles. Me deseaba y yo a él. Mi cuerpo de hembra se iba acoplando ante aquel macho, y mi carne juvenil, poseída por aquel hombre, era un mar de sensaciones que se iba desatando para pasar del dolor a la lujuria.

Me cogía con sus muslos y los atenazaba con mis piernas, y él se abría paso en lo angosto de mi himen. A sovoz me decía que era toda una mujer, una linda hembra, mientras yo no podía más de placer y sentía un calor envolvente de los pies a la cabeza. Mis gemidos aumentaban y él me la metía con más fuerza. No podía evitar gritar ante mi primer orgasmo a la vez que por mis mejillas corría lágrimas. Tampoco tardaba él en correrse. Sentía su leche caliente caer dentro de mí, que se mezclaba con la sangre por el desgarro de mi himen. Cuando acabamos me preguntaba si me había dolido y yo le decía que no. Lo abracé agradecida mientras en la boca nos besábamos. Inmediatamente después empezábamos a vestirnos. Pero algo ocurría que me sacaba de golpe del regusto que aún seguía sintiendo.

Mis gritos y mis gemidos habían llegado a orejas de mi abuela, que no podía creerse lo que estaba oyendo. Se iba presurosa hacia el jardín, y en el verde veía a su nieta semi desnuda junto al hombre que la había hecho mujer por primera vez, al que miraba y le decía que estaba despido, no sin antes propinarme a mí un cachete en la cara. Pero nunca le contó a mis padres lo que me había ocurrido, y con el paso de los años me perdonaba, volviendo a ser su nieta preferida.

Pero me llevaba una decepción, porque luego de salir él de la casa me comunicaba mi abuela que estaba casado y con dos hijos, con lo que mi deseo por volver a tener sexo con él se iba al garete. ¡Y Menos mal que no me había dejado embarazada!


Ahora tengo 24 años y con frecuencia recuerdo con nostalgia a aquel mocetón, que fue  mi primer hombre, el mismo que me había regalado mi iniciación en el sexo. Siempre le desearé lo mejor





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Re: MI BLOC, QUE NO BLOG

Mensaje  achl el Dom Jul 29, 2018 7:44 pm






Nuestra realidad cotidiana


Entro a la cocina y veo que ella trastea en la cubertería y en los vasos. Está guapísima con ese tanga y ese delantalito blanco. Robo una manzana del frutero y la muerdo. Cruje, chorrea un jugo dulce, levanto cada gota con la punta de la lengua. Luego, me apoyo en el marco de la puerta. Ella va mirando de reojo todo lo que hago. Doy otro mordisco a la manzana...



____¿Me convidas a un bocadito, guapo?

Muerdo un pedacito de manzana, y mi boca lo transporta hasta su boca. Nuestros labios se pegan, se funden. ¡No se pueden separar! Su boca pide guerra, y sus ojos son más grandes que nunca; me da vértigo mirarme en ellos, pero no puedo apartar los míos. Sus ávidas manos rodean mi cuello y mi nuca. Hechizado, la cojo entre mis brazos. No sé si la manzana se cae o la dejo caer. Sólo sé que su boca está en mi boca, sus ojos están en mis ojos, su alma está en mi alma, mi corazón está en su corazón. Todo lleno de amor. Su cuerpo se aprieta contra el mío: me roza, me toca. Su pasión me llega a través de la ropa. Se me para el tiempo...

____¿Qué hay de almorzar? -le pregunto entre besos. Pero no sé por qué le hice ésa pregunta.
____¿No lo estás viendo, chiquillo? –responde.

Sonrío, porque es cierto. ¿Existe mejor almuerzo que este? Su mano corre en mis vaqueros. Busco sus tetas empinadas. Me baja el cierre, me abre la cremallera y sus dedos envuelven mi polla. Mientras chupo sus pezones rígidos, gime, y echa la cabeza hacia atrás. Tiro de un hilillo y creo que me he cargado otro tanga. Pero esto no importa ahora.

Acaricio, beso y succiono sus labios vaginales. Ahora los mordisqueo; una humedad tibia, tirando a caliente me empapa la boca y las manos. Sus piernas se cierran contra mi cintura y me atraen. Guía ella mi polla; su polla, como suele decirme y yo me encorvo hacia su dilatado coño, mi coño, como suelo decirle.

Entro en su nido como un fuego, y siempre con esa misma sensación de quemarme en su interior y en los suspiros de ambos. Sus tetas rozan las mías. ¿En qué momento me abrió la camisa? Beso su cuello, sus hermosos hombros. Les paso la lengua, los chupo, los muerdo. Sus diez uñas de gata salvaje pintan unas líneas de escalofríos en mi espalda. Me muevo de extremo a extremo. Voy hasta el fondo, esperando su reacción. Y ella lo sabe...

____No la saques, porfi. Sigue así…

Su voz, su aliento en mi cuello, su lengua…

____¡Toda adentro para ti! -le digo, ronco, y empujo más y más...

De nuevo, sus diez uñas se clavan en mi espalda. Me atraen. Le acaricio el culo, los muslos, las tetas… Se desmelena…

____¡Fóllame con fuerza, hazme lo que quieras…!

Entonces me muerde el hombro. Es un mordisco fuerte y chupado, que me dejará marcas y que luego revisará satisfecha. Entro y salgo, cada vez más excitado y más rápido. Mis dedos se enredan en su pelo. Y mis brazos, como palanca de acero, apretándola fuertemente contra mí.

____¡Dámela! -dice, de pronto, sus dientes clavados en mi carne.
____¡Dame tu leche ya…!
____¡Es tuya! ¡Ahí la llevas…!

El primer espasmo me paraliza de placer. Jadea; jadeo ahogado que tan bien reconozco: jadeo del éxtasis, cuando el orgasmo la arrastra, oleadas tras oleadas. Clavado hasta el fondo, empujo las nalgas con la primera descarga. Como si me pasasen una varilla al rojo por el meato de mi polla. Estallo en su vagina empapada. Nuestros jugos se mezclan y chorrean: sexo adentro, sexo afuera...

El delirio dura… ¡qué sé yo! Jamás llegaremos a saber si un minuto o un siglo. Sólo sé temblamos, que nos sacudimos de placer, que quedamos abrazados, abajo nuestros párpados, nuestras respiraciones anhelantes. Pero, poco a poco, nos vamos recuperando, aunque algún ramalazo de disfrute nos cruza de vez en cuando. Y, de pronto, vuelve a ser mi niña, acurrucada en mi pecho. Beso su pelo, su frente, busco sus labios…

____Te quiero.
____Y yo también te quiero.

Nuestras voces suenan colmadas. Apenas retiro mi sexo del suyo, hago una copa con la mano y recolecto ese íntimo jugo que rezuma. Pegajoso y tibio, se lo acerco y luego se lo vuelco en su cara, en sus pechos...

____¡Oh, qué maravilla! -me dice, y luego lo esparce con los ojos cerrados y cara de satisfacción, por tan nutriente vitamina facial.

Poco después, nuestras lenguas se acarician y probamos juntos el placer salobre y dulce de la pasión.

____¿Me llevas a la ducha, guapo? –me dice, mimosa.
____Estaba esperando esa pregunta –le respondo, embelesado.

Entonces, vuelve a enlazar mi cintura con sus piernas y mi cuello con sus brazos. La levanto por las nalgas, y nos vamos al cuarto de baño, con la seguridad de que allí culminaremos lo no terminado aún. Y así un día y otro día, y un mes y otro mes, y ya llevamos dos años juntos haciéndolo así...

Bajo el agua tibia nos vamos mojando nuestros cuerpos con esa gracia de dos amantes que se aman. Nos frotamos los cuellos, las espaldas, las nalgas y las piernas. Sobre la marcha hago que ella se dé la vuelta hacia mí y la estrecho amorosamente contra mi cuerpo. Le enjabono las tetas y también esos vellos cortitos y negros que protegen su nido, y mientras, el agua tranquilizadora, y en nuestro caso, milagrosa, va rociando nuestros dos cuerpos.


Concluida nuestra reconfortante ducha, de nuevo hacemos el amor, pero más apasionadamente que la vez anterior, Bueno, igual de apasionadamente me dice ella




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Re: MI BLOC, QUE NO BLOG

Mensaje  achl el Dom Ago 26, 2018 6:36 pm






Autoestima por las nubes


Buscó afanosamente en la bibliografía el mejor de los seudónimos, para que no se supiese que su nombre era Anacleto


Buscó imágenes en Internet que representase un señor guapo y gallardo, para ocultar el hecho de que era un individuo bajito, feo, tartajoso, bizco, cojo, manco y extremadamente canijo.

Aprendió a manejar perfectamente bien el corrector de texto, para que sus faltas de ortografía, consecuencia de su escasa escolaridad, no fuesen obvias en el momento clave del escrito de presentación

Hizo fotocopias de cientos de poemas de amor, de autores ignotos, para que las señoras que los leyesen lo considerasen un gran poeta.

Plagió la foto de un modelo italiano, fallecido, para enviársela a las damas del Internet, que querían verlo al menos en fotografía.

Mostró durante meses su falsa imagen al mundo del Internet, hasta que una hembra de su misma ciudad le pidió que se conociesen en persona, y él, previas reiteradas disculpas, le propuso una cita con mil mentiras, hasta que no tuvo más remedio que comparecer.

Se conocieron en un pub, indicándose previamente cómo irían vestidos.

Ella tampoco se acercaba absolutamente en nada a lo que él esperaba.

Y ya, sin ninguna clase de maquillaje cibernético, cara a cara, se sentían de pm y decidían amarse para siempre tal y como eran



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Re: MI BLOC, QUE NO BLOG

Mensaje  achl el Dom Ago 26, 2018 6:43 pm





Corazones destrozados

Penoso se nos está haciendo el trayecto a través de este triste y difícil camino. Extenso es el cuaderno de nuestras acumuladas penas. Los ojos enrojecidos por tantas lágrimas de seda, ahora de percal, nos duelen. Nuestros corazones lloran con desespero por tanto amor dado, inútilmente…

Puedo jurar sin riesgo a pecar que olvidarnos mutuamente es el mayor de nuestros anhelos, y que lo que más deseamos es dejar de sentir nuestros brazos rodeando nuestros cuerpos, y también borrar todas las huellas de nuestras caricias y de nuestros besos, además de no volver a sentir nunca más nuestras bocas que, en un pretérito relativamente próximo, surcaban nuestros sexos. Olvidarnos por completo para siempre de nuestros olores entre todos los olores. Y por último, navegar cada uno por su lado para así olvidar los sabores antes catados y ahora perdidos…

¡Cuantísimas dañinas mentiras escupen nuestros labios al hablar de lo que sentimos en este horrible compás sin espera! ¡Cuantísimas ganas tenemos por escapar a toda vela de todos los mástiles, antaño reales pero hogaño inexistentes, que todavía elevan nuestros corazones!


En estos momentos finales de enorme sufrimiento y dolor, a mí sólo me sirve como único consuelo el imaginarme que también tú vas a llorar a canales por nuestro amor perdido


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Re: MI BLOC, QUE NO BLOG

Mensaje  achl el Dom Sep 02, 2018 10:24 pm







Operación Canaria Negro


Aquella noche de sábado, Lis y Mar se arreglaban y se acicalaban con sus mejores prendas para irse de fiesta, como cada sábado. ‘Al fin y al cabo, a sus 18 años, tienen que vivir sus vidas’, como decía la madre de Lis, una conocida ex cabaretera en las noches calientes canarias. Droga, alcohol y libertinaje eran parte de sus vidas. Y sexo por dinero, un motivo más para sus alocadas aventuras


Ambas procedían de familias humildes, que vivían en Santa Cruz. Desde niñas, habían asistido al mismo colegio, aunque sólo Mar había terminado la ESO. Si bien las dos se habían embarazado a temprana edad, fruto del ‘descuido’, era Mar la más centrada de las dos; trabajaba en una tienda de ropa de caballeros, a cuya iban donjuanes engominados que la invitaban a salir, y así ver si podían catar algo de su espectacular palmito, exhibido, para disfrute del género masculino, en una minifalda que no tapaba casi nada, y una blusa ceñida con un pecaminoso escote. Pero ella sólo tenía ojos para el padre de su hijo, sin importarle que fuese un puto drogadicto, que la inició en la droga. La sedujo y la enamoró a los 16 años y siempre hallaba el modo para encamarse con ella, sin saber, o lo sabía pero no le importaba, que ‘su novio’ tuviese sexo con otras e incluso con otros.

Lis, en cambio, no trabajaba fuera de su casa. Convivía con su hijo y con su madre, la cual era mantenida por un adinerado platanero, maduro y casado, que se jactaba con sus obreros de ‘ser el único dueño de la raja de la madre de Lis', que ésta trabajaba a veces como azafata en eventos, pero también follaba con el platanero, aunque sólo por dinero.

Aquel día se había tirado toda la tarde follando con el platanero, y estaba harta ya, pero él siempre se iba 'satisfecho'. Casi de niña, había aprendido cómo complacer a los hombres, dándoles lo mejor de su anatomía y sus técnicas amatorias, vestida con lencería fina, regalo extra de sus clientes. Los 150 euros que el platanero le dio aquella tarde los usó para comprar comida y ropa para su hijo, loable por su parte el hecho de que tornase una transacción putera en una necesidad.

A las diez de la noche, Lis y Mar se fueron a tomar una copa, fumar porros y danzar. Y como Lis había tenido bastante sexo esa tarde, quedando lesa por la brutalidad del platanero, incentivó a Mar a darse ‘un homenaje’ con alguno de los machos que siempre la invitaba a follar. Pero el destino no quiso esto, lo que quiso fue que pasasen la noche más desenfrenada de sus vidas; sexo, drogas y alcohol, eran la razón de tal desenfreno. Noche que tardarían en olvidar, si es que llegaban a conseguirlo…

Hacía un poco de frío aquella noche, así que decidieron vestir vaqueros muy ajustados en lugar de las infartantes minifaldas que solían usar.
Tacones de aguja, amplios escotes y espaldas al aire, además de sensuales figuras, hacían de ellas un auténtico espectáculo, que invitaba a girarse a los hombres, e incluso a mujeres, para recrearse y para decirse para sí: ¡jo, qué dos hembras!

Iban en busca de un taxi que las llevase a la discoteca, cuando un Ferrari deportivo, que las venía siguiendo, frenó justo al lado de ellas. De pronto, se bajaron los cristales opacos, y un tipo mulato, tirando a negro, estiró su largo y musculoso brazo y siseó. En realidad, eran dos: altos, fornidos y vestidos deportivos, pero elegantes. Uno iba al volante, y el otro iba en el asiento trasero.

Acostumbradas a que las puteasen y a rechazar propuestas de hombres deseosos de sus curvilíneos palmitos, dispuestas estaban a seguir su ruta, pero acudieron al siseo, por simple curiosidad. El tipo mulato las saludó, primero, y después les dijo: ‘hola, bellezones, ¿queréis ganaros una buena pasta?’.

Mar pensó que era atrayente la oferta, pero que imaginaba que buscaban putas. A Lis, en cambio, se le iluminaron los ojos; un cóctel de tíos cachas, más pasta gansa, era el no va más. Mar, conociendo muy bien a Lis, se adelantó en responder: ‘no gracias, no somos putas; váyanse’. El mulato no se arrugó, y mostrando un fajo de billetes de 100 dólares, le dijo... ‘sólo queremos pasarlo bien; tenemos seis de estos para ustedes’. Aquella frase sonó como la mejor música en los oídos de una ingenua Lis. Después de todo, el mulato estaba buenísimo, y fuese lo que fuese, había follado con tantos tíos a cambio de regalos, o de pagos de facturas, que no se sentía  una puta. Miró a Mar adivinando su respuesta: ‘olvídalo’. ‘Venga, tía, es un buen dinero y si el otro está tan bueno como éste, pasamos un rato con ellos y más tarde nos vamos a la discoteca’, le dijo, persuadiéndola. Mar a punto estaba de irse sola, pero cuando el otro mulato, con una planta impresionante, salió del coche y les ofreció 1.000 dólares, motivada por ese dinero, que igual le servía para satisfacer algunos caprichos, aceptó y decidiéndose también porque de pronto le entró curiosidad de averiguar por sí misma ese mito de los negros, en cuanto al tamaño de su miembro.

Se subieron al Ferrari y sobre la marcha tomaron rumbo a un motel, a las afueras de Tenerife. Con aquellos mulatos, de unos 35 años, hablaban en español. Les dijeron que eran puertorriqueños y que estaban en Canarias de vacaciones; que buscaban chicas para pasarlo bien. Lis, más osada, se inició en el cuello del que iba al volante. Mar, más previsora, les dijo que antes les diesen el dinero prometido. El mulato que iba detrás sacó de un bolso mil dólares para una y mil dólares para la otra, cuyas, gratamente sorprendidas al comprobar que eran mil por cada, se miraron sonrientes sin decirse nada y se guardaron el dinero. Pensarían que habían hecho un buen trato y que se prestarían gustosas a sus clientes sexuales.

Mientras Lis le decía al que conducía cómo se llegaba al motel, el de atrás sacó una botella de ron del mismo bolso y ofreció un trago a cada una. Mar pensó que era justo lo que necesita para soltarse. El mulato que iba a su lado miraba su apetitoso canalillo.

En aquel maldito bolso había prácticamente de todo: dinero, ron, whisky, vasos de plástico, cocaína, preservativos, pastillas, viagra, sialis, vibradores, consoladores, cámaras de vídeo… Aquellos mulatos trabajaban para una multinacional de la pornografía.

El primer trago le vino bien a las dos. Lis quería acelerar la cosa, largando pronto a su súbito amante. Tenía práctica en con quien se acostaba, y en un abrir y cerrar de ojos les cortaba el rollo, así que su plan era terminar enseguida, y a la disco. Y no porque no le gustasen aquellos mulatos, no, los dos estaban para comérselos, pero por ciertas experiencias anteriores, sabía que esa mezcla de sexo, alcohol y dinero no deriva en nada bueno. Quería ver cómo se iba dando la noche, y de paso cómo le iba a Mar con el otro que, por cierto, ya estaba besándole en la boca.

Lis nunca había besado en la boca a un negro. Pensaba que esos labios gruesos y esa trituradora lengua parecían devorar. Pero se dejó querer y poco a poco le iba gustando, hasta el punto que se dijo para sí: 'si todo esto sale bien, igual puedo seguir alquilando mi cuerpo a mulatos macizos como estos'.

La boca del mulato buscaba ahora sus tetas. Desatado el sujetador, con ávida lengua mordisqueaba los pezones. Lis, siempre tan osada, llevó una mano a la polla de su acelerado amante que vio cómo su socio de batallas lo estaba pasando de puta madre: conducía con una mano, mientras la otra hurgaba en el coño de Mar, cuya ya había separado sus muslos. ‘Ese dedo suyo’, casi de la largura y anchura de su enorme falo, lo utilizó para la ocasión; pero por la fuerza que lo movía, parecía que iba a atravesar sus vaqueros.

Llegados al motel, el mulato del bolso presentó su DNI y pidió una suitte. Subieron en el ascensor hasta la misma. Esa suitte era la indicada para las pretensiones puertorriqueñas: dos camas enormes, dos sillones, jacuzzi, dos cuartos de baño, espejos en paredes y techo... Lis y Mar se fueron a uno de los baños y mientras tanto uno de los mulatos instaló tres cámaras inalámbricas, ocultas, sin haber dicho a las chicas que iban a ser grabadas en todo momento.

Mientras Lis ‘se lo lavaba’ en el bidé, y Mar hacía lo propio en la bañera, le dijo: ‘tenemos que follárnoslos enseguida si queremos disco’. Mar asintió, pero en realidad lo que deseaba era disfrutar al máximo de su guapo y cachas mulato.  

Al cabo de unos diez minutos, las chicas salieron del baño, y ya estaban los mulatos listos para ‘la acción’. Pero antes, entre los cuatro, se bebieron media botella de ron, al tiempo que cada chica y su chico se desvestían y se metían mano. El calor del ron era el perfecto desinhibidor.

Acababan de desnudarse, cuando uno de los mulatos dejó en la mesilla la botella y chilló: ‘¡venga, chicas, a lo que veníamos!’. Y, sin más, empezó a manosear por todos lados el cuerpo de Lis, parándose en su culo. Sobre la marcha, le abrió bruscamente los muslos para poner a cien su clítoris. En ese momento, Lis pensó que por la pasta que soltaron les pedirían todo. Su mulato se bebió otro trago y se dejó caer boca arriba sobre la cama, esperando, sin duda, la boca de Lis para mamarle la polla.

Mar estaba ya en la otra cama. El otro mulato era más sensible: la besaba con ternura, mientras la llevaba en brazos al jacuzzi, donde no cabían los dos debido a la envergadura de él. Mar no paraba de mirar y remirar su falo verticalizado, hasta que decidió lamer el glande; aquella empinada polla parecía un periscopio asomándose en el jacuzzi.

Acarició su pecho negro hasta llegar a su miembro, que cogió con las dos manos y trataba de metérselo en la boca, sin éxito. Lis, también estaba en sabrosa degustación. Su mulato le cogió la cabeza y la condujo hasta sus 25 centímetros de carne; sentía una boa en su garganta. Antes de seguir, apartó a Lis y dijo: ‘¡ahora tomaremos algo un poco más fuerte!’. Entonces sacó de aquel bolso (Mary Poppins), una cajita plateada, y le dijo a las dos que se acercasen. Aquella cajita contenía cocaína pura. Hizo unas rayas sobre la mesilla, y las chicas, su compañero y él esnifaron, algo que no era nuevo para ellas, porque en la discoteca ya la habían probado, auspiciada por el padre del hijo de Mar. El mulato de Lis sacó del bolso una tercera botella de ron, pero como estaban en camas separadas, alargó su largo brazo y cogió del bolso, sobre la mesilla, cuatro vasos de plástico.

Llegado a ese punto de aquella sesión, las dos muchachas estaban medio borrachas y medio drogadas, pues desconocían que todo el ron ingerido contenía restos de drogas y un potente incentivo sexual, usado sólo para sementales, y esta explosiva mezcla fue la que causó un efecto fulminante en ellas, que no podían sostenerse, y sin poderlo evitar se tumbaron en sus camas moviendo las manos como llamando a sus machos para que las follasen y así poder sofocar aquella terrible calentura.

Poco antes, el mulato que instaló las cámaras las graduó para grabar cada detalle de cada rincón de las camas. Seguidamente, ambos cubrieron sus pollas con finos y resistentes forros. Luego, ‘cada oveja con su pareja’. El otro, asumiendo su papel de actor porno, penetró a Lis, que gozaba de lo lindo. Mientras el de las cámaras se fue a devorar la almeja de Mar, que se retorcía de gusto, pero le pedía que la penetrase de una vez. Entonces, cambió la boca por su tranca, y entera se la metió; Mar gritaba con más dolor que placer. Luego, misionero, y Mar, rugiendo, se corrió. A cuatro patas se acoplaron bien, fusionando genitales. Mar lo sentía entero y a punto de otro orgasmo estaba. Una de las cámaras filmó unos primeros planos de la gruta húmeda de Mar, recién bombeada por aquel torpedo, y el estado en el que quedó su vagina. A una seña del otro, retiró su polla del coño de Mar, se levantó y se fue en busca de la vaselina, que la tenía, ¡cómo no!, en el mismo bolso. Primero, se la aplicó en su pollón y en su dedo, engrasando después en el ano de Mar, que aceptó gustosa aquella invitación. Mar ya había catado el anal, pero no con una polla tan grande y gorda, por lo que le resultó inevitable sentir dolor. A punto de explotar, sacó su verga del ano de Mar y se quitó el condón, saliendo, cual disparo, espeso y abundante semen contra cara y senos de la chica, cuya pasó el dedo sobre una de sus tetas y cogió un poco, se lo llevó a la boca, lo saboreó y se lo tragó. Otra cámara trabajaba a destajo: grabó el vaivén de la tranca en el ojete juvenil de Mar, grabó el poner a su mulato el condón con la boca, los quejidos reales... Y todo ello quedó listo en un vídeo que entre lo dos mulatos armaron.

Seguidamente, el turno de Lis. El mulato, recién satisfecho, fijó de nuevo una cámara mientras engrasaba con su saliva el agujero negro de Lis, que a la vez tenía un consolador metido en su famélico coño y que lo sostenía cuando era encajada por retaguardia. Gemidos rugidos, y performances anales en un vídeo se encontraban ya. Sintiendo tan peculiar aleación, seis primeros planos de un enorme falo plastificado y lleno de semen, era lo penúltimo que retuvo en su ensamblaje aquella cámara lujuriosa.

Luego de otro trago, los mulatos decidieron cambiar de pareja, y esta vez sin condón, con la idea de subir el tono del film. ‘Parejas lujuriosas, ovejas sueltas’. Cada mulato por separado penetrando cada uno a cada una, y las chicas abrían instintivamente las piernas. Y para remate final, hicieron un flamante limpiado a tan impresionantes pollas.

Un reloj ficticio pero piadoso, puesto imaginariamente en los genitales de aquellas dos bestias, entregadas sin pudor y sin control al sexo, marcó que con casi seis horas de Operación Canaria Negro era suficiente. Las chicas, luego de los exhaustivos limpiados, quedaron rotas, pues si a esa intensa sesión de sexo, añadimos las drogas, el alcohol y los extras, la cosa no era para menos.

Después de todo eso, a los dos mulatos nos les hubiese importado seguir, pero se ducharon y se vistieron, recogiendo sus bártulos y dejando a sus víctimas durmiendo, pero antes de salir de aquella suitte, las taparon con las sábanas. Finalmente, aunaron los vaqueros y los bolsos de las chicas y luego perfumaron, con un perfume caro, el cuarto. ¿Y de dónde cogió ese perfume el mulato del bolso? Jajajaja...

Una vez abonado el alquiler de la lujosa habitación, antes de salir, rumbo a los aparcamientos, el mulato actor porno le dijo al otro que por qué no subían de nuevo a la suitte y recogían el dinero con el que habían pagado los servicios de las dos chicas. El otro, jefe de La Operación Canaria Negro, le respondió concreto y relativamente conciso: ’no, porque correría la voz y en lo sucesivo tendríamos muchos problemas para enrolar en nuestras filas a nuevos yogures; además, he echado una ojeada al vídeo y ha sido todo un éxito, por lo que la multinacional va a ganar con esto centenas de miles de dólares más de los invertidos en las dos muchachas’


___________________________________________________________



Deducción

Y así, de ese modo tan vil, tan embaucador y tan traicionero, a Lis y a Mar, dos chicas liberales, atrevidas, atractivas, guapas y con buenos cuerpos, pero dos adolescentes dieciochoañeras, al fin y al cabo, las convertían en carnes frescas en alquiler, para lucro económico de los que se esconden y nunca dan la cara.

Cuando Lis y Mar se percataron de que habían sido utilizadas por una red pornográfica muy poderosa, llenas de rabia quisieron poner el asunto en manos de la policía. Pero las frenó ‘un algo’ que les llegó de improviso: un paquete que contenía una cuantiosa suma de euros para cada una, bajo la amenaza de que si no la aceptaban y por contra denunciaban el caso, ‘las consecuencias podrían ser letales para las dos’.

Las ya consolidadas actrices pornográficas, las chicharreras Lis y Mar, aun ganando mucho dinero diariamente, indefensas siguen estando. Mientras tanto, el rulo porno sigue pisando fuerte para que sigan siendo deseadas en el mundo de corrupción contra la juventud de ambos sexos, después de visionar el vídeo, filmado una lujuriosa noche de sexo, droga y alcohol en una suitte de lujo de un motel de lujo…


A modo de moraleja

Se comenta por todas partes lo horrible que es el mundo de la droga, y realmente lo es, pero no se habla tanto del mundo del porno; sobre todo de la encarnizada busca y captura contra jóvenes, de ambos sexos, que carecen de un mínimo imprescindible para poder sobrevivir.

¿Hasta cuándo el argentino Francisco y los mangantes e irresponsable dirigentes mundiales permanecerán con la venda frente a semejantes atrocidades?
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Re: MI BLOC, QUE NO BLOG

Mensaje  achl el Dom Sep 02, 2018 10:34 pm







Probé y me gustó



Era una noche confusa pero intrigante. Veníamos planeando este viaje desde seis meses atrás. Mi amiga no venía nunca a visitarme, pero porque era de un pueblo muy distante del mío, aunque de tanto insistir accedió. La invité a pasar un finde conmigo. En mi casa tenemos suficiente espacio, y cuando mi hermana mayor se casó y se mudó, usamos su cuarto para estos casos, de modo que no había problemas por falta de camas. Mi amiga informó a su madre de que se venía a mi pueblo y a mi casa tres días y dos noches

Su visita fue lo más novedoso para mí en muchísimo tiempo. Mi amiga es una mujer clásica, pero tiene un toque sensual que no sabría definir; quizá su culo redondo, que parece decir ‘tócame’ o quizá sus tetas empinadas, o quizá su exótica cara. Claro que hasta ahora no sabía yo que es bisexual, pero con una experiencia como esta es cuando te percatas, porque aun teniendo amigas en común con la misma tendencia sexual, jamás pensé que mi amiga acabaría siendo igualmente lesbiana y heterosexual

Apenas entró a mi casa se bañó y se cambió de ropa. Se puso una camisa negra ajustada, un minivaqueros y una sudadera gris, lo que la hacía estar frita de calor, y más teniendo en cuenta el trajín de su largo viaje en bus.

Mi padre trajo una caja de cervezas, y pronto nos tomamos una cada una. El resto lo dejamos para una mejor oportunidad. Habían dicho en la tele que la temperatura por las noches en el fin de semana iba a subir, así que ya teníamos con qué sofocar los calores nocturnos.

El primer día pasó con total normalidad; botellín en mano hablábamos de nuestras cosas íntimas, como buenas amigas que somos, nos poníamos al tanto de los chismes, cosa habitual vía móvil. Me contó que había tenido una relación con un chico tres años menos que ella, pero que lo habían dejado para estar con una madura. A él le escoció esta separación, pero enseguida se recuperó. Mi amiga tiene 23 años y yo 21.

El segundo día, en cambio, fue al principio desconcertante. Y no sabía por qué todo el tiempo me sentía excitada, extraño porque no era mi etapa hormonal y faltaba una semana para que me bajase la regla. Aun esto, sentía un desconocido palpitar en mi vagina, y más aún cuando veía a mi amiga ligerita de ropa, sin entender por qué…

Aquella noche era la segunda y última que se quedaba a solas conmigo Al día siguiente debía cumplir con una visita a mi familia, a la que había prometido acudir, de modo que una vez que cenamos, nos atrincheramos en el cuarto de mi hermana, y allí tomarnos unas cervezas y conversamos. Bebimos cinco botellines cada una y como era de prever hacían su efecto, pero estábamos alegres, no borrachas. Tumbadas en un colchón sobre el suelo y viendo televisión, pasamos unas cuantas horas. Vestía yo un mini pantalón y una blusa fina; y ella, una minifalda y una blusa, igual de fina, pero su escote era atrevido, insinuante. Y las dos, descalzas y desinhibidas, hablábamos y nos reíamos del mundo...

Mi amiga cogió de repente otro botellín y se lo llevó a la boca. Me quedé mirando como bebía, hasta que cayó un poco de cerveza en su canalillo. Y ahí empezó todo. En un arrebato y sintiendo un insistente palpitar en mi clítoris, del canalillo me puse a lamer gota a gota. Me miró a los ojos, pero se dio cuenta de que desvié los míos y los llevé a sus tetas, cuyos pezones se transparentaban enteramente por la blusa mojada de cerveza; estaban empinados y parecían duros…

____No tiene perdón de Dios quien desperdicie, aunque una sola gota de cerveza -dije, como disimulando.

Sonrió, pero acto seguido se volcó adrede cerveza sobre sus pezones, loca volviéndome. De inmediato, se les remarcaron en su blusa. Tiré entonces de ella, la tendí en el colchón y busqué su boca con la mía. Me la ofreció y nos besamos largamente y con una pasión inusitada. Lamía su lengua la mía enloquecedoramente. ‘Te cogí’, se diría para así a la vez que rasgaba mi blusa, levantando los brazos en línea recta para que sacase mis tetas. Enorme sorpresa en los ojos de ella cuando vio que eran más grandes de lo que imaginaba. Yo no llevaba sostén y los pezones los tenía deseosos, como pidiendo guerra...

Después de devorarme a su antojo las tetas, su boca bajó despacio hasta mi coño, al cual lamió desesperadamente por todos lados, deteniéndose y recreándose en mi clítoris. Pero mis manos no se quedaron quietas: una le acariciaba las piernas, y la otra tocaba su redondo culo. Pero quiero hacer saber que mientras su fogosa boca lamía mi clítoris, los rugidos que salían de mi boca eran más placenteros que los que recuerdo que había tenido con mi ex novio y con varias otras esporádicas relaciones masculinas que me habían surgido.

Nos explayamos a la carta, soltando rugidos de lobo. La miré entre feliz y pasmada. No sabía qué era lo que me había puesto así ni que ella hubiese planeado esto, pero lejos de rechazarlo, me gustó. Lamí su coño todas las veces que me vinieron en ganas, con total disposición por parte de ella, y que yo veía que estaba gozando hasta la extenuación.

____¡Ni te imaginas lo que me pone el que disfrutes de mi total desnudez! -exclamó, como en un agradecimiento.

Como su vagina estaba completamente abierta y empapada, me decía mi amiga que continuase y que no parase. Cerraba los ojos y se entregaba nuevas sensaciones que sabíamos las dos que iban a venir. Con vaivenes rápidos alternados con suaves hice mío su coño con succiones que ni yo misma sabía que pudiese hacer. Mis manos se iban a sus duros y erectos pezones, a la vez que ella lamía los míos. Luego de haberle provocado no sé cuantos orgasmos seguidos se incorporó y, besándome pasionalmente, me dejé desnudar completamente; estaba caliente como nunca, algo que ella advirtió, y por eso hizo la misma maniobra que yo con ella, pero con más maña, más sabiduría lésbica, arrancándome aullidos inhumanos...

Y así nos mantuvimos hasta las tantas de la madrugada, que luego de dos orgasmos más cada una, el cansancio y el sueño hicieron su aparición y las dos nos quedamos rendidas y profundamente dormidas.

A las seis de la tarde del otro día, fui a despedirla a la parada del autobús. Al despedirnos, sólo cambiamos sonrisas y miradas cómplices. Triste pero feliz, mientras caminaba de regreso a mi casa, iba pensando:


Para salir un  poco de una monotonía fastidiosa y agobiante en este retrógrado pueblo, donde se critica todo y la mayoría de las veces sin motivo ni razón, por lo que sería mal visto practicar sexo con un hombre no estando casada con él, en ocasiones se hace necesario y casi obligado follar con una mujer, y mejor si ésta es una amiga, para así no levantar sospecha




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Re: MI BLOC, QUE NO BLOG

Mensaje  achl el Dom Sep 02, 2018 10:40 pm







Rita la recatada

Rita era una mujer de 37 años: casada, guapa, alta, rubia, ojos verdes, además de un buen estatus económico. Hasta aquí todo muy bien. Pero, el 'pero' que a veces no trae nada bueno consistía en que no podía disfrutar sexualmente de su marido por haber padecido él, 5 años y meses atrás, un gravísimo accidente que lo mantenía en la cama, y vivo aún a base de medicamentos, pero todo su cuerpo quedó afectado, siendo uno de los medicamentos el que le producía impotencia viril, para desgracia propia y para desgracia de su siempre enamorada esposa que, sin comerlo ni beberlo, también ella sufría la imperecedera impotencia de él

Estaba intranquila aquella tarde. Le dio las medicinas a su marido, y éste se durmió en el acto porque los efectos secundarios actuaban como un rápido somnífero. Y esto era siempre así, invariablemente, durante aquel larguísimo período, casi eterno.

Merced a su situación desde el accidente, tenía períodos de 8 horas libres para hacer lo que le viniese en ganas. Pero no se sentía a gusto por estar tan desocupada y porque no acertaba a organizarse de una forma que la dejase satisfecha. Y tantos años así, la tenía trastornada. Sólo el amor que le profesaba a su esposo la ayudaba a sobrellevar su Gólgota. Y por si esto fuese poco no tenía hijos el matrimonio, aun habiéndose casado 11 años atrás, cuando él era fértil más de 6 años. Porque de haber tenido al menos uno, éste llenaría en parte el hueco que dejaba su esposo, prácticamente ausente.

Sin embargo, dejaba estos lazos de tiempo para hacer tranquilamente las tareas de su casa, mientras veía sus novelas en la tele. A veces escuchaba música, leía algún libro o confeccionaba alguna prenda en su máquina de coser, sin el temor de perturbar el reposo de su marido, que tampoco era necesario, porque éste perdía toda noción al ingerir los medicamentos. En realidad, la monotonía era el odioso motor de su vida, que si le sumamos a ésta que no tenía amigas, las cosas eran complicadas para ella.

Imbuida varias horas en la lectura de un libro, había apagado muy tarde la luz aquella noche. Avanzó hasta algo más de la mitad, y se prometió terminarlo durante el próximo descanso médico de su marido, descanso suficiente para incluso comenzar a leer un nuevo libro, o hacer cualquiera otra cosa o varias a la vez.

Aquel día, no obstante, no bien su marido se durmió intentó leer, pero no se concentraba. Dejó el libro sobre la mesilla y se recostó entrelazando los brazos por detrás de la nuca. No podía sacar de su cabeza lo que le había ocurrido en la cocina después de almorzar.

Al ser anormalmente un día muy caluroso de otoño y estando averiado su aparato del aire acondicionado, dejó la puerta de salida a las escaleras abierta, con la idea de que corriese un poco de aire. La fiebre sexual de su cuerpo, sumada a la alta temperatura ambiental, iban haciendo de ella un calefactor excesivamente perturbador.

Mientras fregaba, su vecino de puerta se le acercó por detrás y, sin mediar provocación, la cogió de la cintura y presionó su pene contra el culo de ella, que sintió entre sus convulsas piernas la vigorosa masculinidad. Pero todo fue tan inesperado y precipitado que no le dio tiempo a reaccionar. Imaginándose el vecino que cedía presionó más y le dijo a lo bestia que la iba a follar allí mismo. Indignada, empujó con fuerza al vecino y luego se apartó unos metros del fregadero.

Al alejarse, el vecino vio cómo sus nalgas succionaban el delantal entre las piernas. Rita alzó desafiante la cabeza, haciéndose inalcanzable al deseo del intruso, al que echó a patadas e insultos de su casa, cerrando después la puerta por dentro con llave y cerrojo.

Sofocada y malhumorada se persignó en el trayecto hacia su dormitorio. Una vez en él, se echó en la cama junto a su marido que, al verla en este estado, apartó la mirada de la televisión y le preguntó, con dificultad en la voz, como secuela inequívoca de su estado físico.

____¿Te… pa…sa… al…go…, mi… a…mor…?
____Nada. Sólo estoy un poco cansada -mintió. No quería preocuparle.

'¿Hago mal con no contarle lo que me ha sucedido? Pero si se lo contase, podría hundirle más aún'. Se dijo para sí.

El corazón a toda vela, el cuerpo trémulo y la respiración jadeante, hacían crecerle los pechos, con el riesgo de soltarse las finas tiras del sujetador.

Cerró los ojos, con idea de relajarse. Inútil. Le venía una imagen de manos sujetándola por la cintura, sentía una dureza varonil en su culo, sentía su propio desconcierto y su nerviosismo al intentar escapar de unas garras, sentía un caminar presuroso rumbo a su pieza...

Como una media hora después recuperó un poco la calma, le dio un beso en los labios cerrados a su marido y le secó el sudor en torno a las cejas.

Pensó que tenía que hacer algo para quitar relevancia a lo ocurrido, pero a más empeño por olvidarlo, más nerviosa se ponía.

Leer le resultaba imposible, por lo que se dispuso a preparar la cena, pero recordó aquello y como aún no se había tranquilizado del todo para irse a la cocina de nuevo, se puso a revisar la ropa sin planchar.

Puso la mesa de planchar y se sentó al borde de la cama. Miraba el suelo, como queriendo hallar una respuesta en él. Quería olvidarlo, pero no lo lograba. Tenía en la piel lo ocurrido y, cuando lo recordaba, un escalofrío la recorría de pies a cabeza. Esa ambigüedad entre la indignación y... '¡No, no puede ser...!', se decía para sí.

Trataba por todos los medios ignorarlo, pero sabía que había sentido algo inédito en ella. Cuando el vecino le puso las manos en la cintura, tuvo la tentación de abrir las piernas y de cerrar los ojos a modo de entrega. Una fuerza inevitable la llevaba a caer al vacío. Pero podía más su voluntad y su fidelidad de señora casada.

'¿Y si...? ¡No, por Dios...! ¡No!..., pensó.
'¿No será que estaba desvariando?', pensó de nuevo.

Sin embargo, posible era un desvarío. Tanto tiempo desvelándose por su marido, la tenía estresada. Aun habiéndose tranquilizado, volvía a caer en la confusión, sintiendo que un temblor recorría todo su cuerpo.

'No pienses en tontería, Rita', parecía escuchar de su conciencia.

Se entregó a la inacción de pensamiento y cuerpo. No pensaba en nada. Pero de pronto, la conciencia volvía a la carga con la imagen de la cocina. Se sorprendía al pensar en la posibilidad de echar un polvo, y así sofocar su fuego. Lo normal era dejarse llevar por lo que sentía, pero la torturaba su estado de señora íntegra. Follar, aunque con un extraño debido a sus circunstancias, siendo algo carnalmente bueno y necesario también, era pecado mortal. Y ella era creyente y practicante.

Se puso en pie intentando esquivar al espejo; pero, sin poderlo evitar, vio su imagen como un reto. Era guapa y con buen cuerpo, y con el delantal pegado y corto, dejando a la vista sus largas y torneadas piernas hasta el comienzo de las nalgas, le parecía apetitosa para todo hombre. Su escote entreabierto dejaba ver la mitad de las tetas, cuyos pezones empitonaban contra el tejido del sujetador, humedecido por la transpiración. De aquel cuerpo resbaladizo chorreaba voluptuosidad y lujuria.

Inocente a los estragos que podría ocasionar en los hombres, sus curvas invitaban al atrevimiento. Y aquella desnudez del triangulo, que se veía a través de la fina tela del tanga, clamaba lo suyo...

Evitaba mirarse al espejo, porque, de hacerlo, desnudaría los deseos ante quien no guardaba secretos, porque todo lo sabía respecto de ella. '¡No, Dios mío, no!', se decía llevándose horrorizada las manos a la cabeza.

Cuando logró mantener la vista fija de su propio rostro ante el vidrio, sus confusos pensamientos se tornaron racionales: todo aquello era producto de... no se atrevía a pronunciarlo y menos aún reconocerlo. Pero sabía sin decírselo que tenía mucha parte de culpa de lo que le estaba sucediendo, independientemente de lo que había ocurrido en la cocina.

'La verdad es que llevo mucho tiempo sin sexo', se justificaba ante los ojos que la escrutaban despiadadamente. Sentía que su cuerpo le exigía más que velar con amor al esposo enfermo, y por eso las fuerzas atávicas de su cuerpo, inconscientemente traducían en coqueterías lo que su razón no quería reconocer. Pero los hombres sabían leer el idioma de las maneras y los movimientos femeninos, eran maestros en traducir las turbaciones de las mujeres, y eso era lo que leía en ella el vecino. Amaba a su marido y no era su culpa sentir ganas de sexo con él, que por su penosa situación y sin posibilidad de recuperación, pagaba las mismas consecuencias.

Y así quedaba siempre su presión interna, no pudiendo acabar lo que sus intentos buscaban. Terminaba afiebrada, airada y con mal genio y todo se le tornaba hostil. Pensaba que un día más sin catar polla y que llevaba ya más de cinco años así. Y esto, a sus 36 años, la tenía desquiciada.

Las tierras en barbechos se expresan con sus malezas, que, coquetas, se apoderan de todo el sol. Le vino a la mente tan inoportuno pensamiento, y más inoportuno aún en esos tiempos tan sufridos por ella.

Pero, de pronto, su conciencia la sorprendía diciéndole que no era malo sentir un deseo carnal. Follar no implicaba pecado alguno, porque, al fin y al cabo, era un ser humano, una mujer de carne y huesos. Pero al asimilar semejante pensamiento, era rea de un vértigo tan incisivo que tenía que sentarse de nuevo en el borde de la cama por el temor a caerse.

'Dame fuerza, amor', decía en voz baja al marido, sabiendo que si gritaba, no podía oírla y menos aún escucharla.

Su cuerpo se enfriaba y temblaba, pero por dos razones distintas: miedo al pecado y miedo a la infidelidad. Abrió un cajón de su armario y sacó de él una Biblia, leyó un pasaje y luego rezó tres Padrenuestro y tres Ave María. Deducía que si pensaba tanto en ello era por... '¡No, Dios mío, no!'.

Cuando volvió a mirarse en el espejo estaba más calmada; en cierto modo veía a la Rita de siempre; una mujer sexuada sólo por su marido. Bebió un poco de agua, se puso bien el delantal y, al disponerse a irse de nuevo a la cocina, se auto animó: 'serénate, Rita, si vuelve a molestarte le dices que tú no eres una cualquiera, y que lo perdonabas, y que aquí no ha pasado nada y que seamos buenos vecinos'.

Su discurso la templó lo suficiente para irse a la cocina tal y como estaba vestida: tanga, sujetador y delantal, y seguir con el fregado de la vajilla.

Apenas comenzó un ruido de platos y de agua caer, escuchó unos pasos acercándose. El corazón se le disparaba, la sangre le pintaba las mejillas y la respiración se le entrecortaba. Lo sentía próximo y sin explicarse cómo había entrado al piso si estaba cerrada la puerta con llaves y cerrojo. Notó que la habría estado expiando, que le pedía disculpas, que en definitiva la culpa de todo la tenía Dios por haberle dado tanta hermosura. Sonrió y giró la cabeza para verle. Y en su sonrisa se incluía disculpas, y aquí no ha pasado nada. Haciendo negativas con la cabeza, volvió al fregado.

____No puedo retener mis impulsos ante una mujer guapa. No tengo gen que me proteja de un cuerpo tan voluptuoso –escuchó esas palabras.

Ante semejante insinuación, lo sentía detrás. La cercanía le agarrotaba las manos, cogía insegura platos y vasos. Su sexo era fuego puro cuando él la ciñó de la cintura.

Mientras rumiaba una respuesta, el miembro de él presionaba sus nalgas. Un mareo fugaz la dejó indefensa, pero se recuperó y recordó su discurso. Iba a decir la primera palabra, cuando el vecino se adelantó:

____’Carpe Díem’. El lenguaje de tu cuerpo habla el mismo idioma que el mío, que me está diciendo que te posea.

Volvió a sentir el vértigo que la acercaba al vacío en forma incontrolable. La cogió de las caderas y a la vez deslizó su mano derecha por debajo del delantal. La acarició hasta las rodillas, y después trepó para meter la mano cual cuña por debajo del tanga, hecho que respondía a sus vaticinios, por lo que podía obviar los preparativos porque la condescendiente humedad era más que suficiente.

____Estoy en la puerta del Paraíso -dijo él, mordisqueándole el cuello.

Cerró los ojos, mientras él seguía loando su belleza y esperando luz verde aunque roja, porque su mano había aterrizado en el mismísimo coño. Él imprimió más empeño a su osadía. Rita no se resistía ya y, considerando el tiempo necesario para haberse defendido con dignidad, dio rienda suelta a su animalidad. Él la tenía atrapada entre su cuerpo y el fregadero

Luego de estimular la entrada con su saliva, dirigió su glande al punto de convergencia. Lo sentía presionar en busca de su flor, pero no sabía qué hacer con sus manos, pues, en ese momento y en virtud de cómo estaban las cosas, el fregado pasaba a un segundo plano.

Como quien se coge a débil rama para no caer al barranco, Rita cogió con firmeza un rodillo, de esos de cocina, a la vez que, por su forzada postura, aparecía su vagina por la tira del tanga, mientras su vecino le insistía en que no actuase en contra su deseo.

Cuando alzó el rodillo para intimidarle, él le abrió bruscamente el delantal, haciendo volar los botones. La rodeó con los brazos sin percatarse de que ella tenía el rodillo en la mano, la giró quedando cara a cara. Pero por la rapidez del giro no le dio tiempo a cerrar los muslos, y fue entonces que él interpuso entre ellos su virilidad.

Mantenía los brazos por delante, sujetándose con una mano a la base del fregadero y la otra fuertemente asida al rodillo. Él, desafiante y furioso, se quedó mirándole las tetas, pero como la empujaba hacia atrás, no podía asestarle el golpe definitivo, por lo que se retuvo, mientras él le estimulaba los pezones con la lengua.

Luego la cogió de la cintura y la empujó suavemente hacia el fregadero. Acercó su erecta y dura polla, que, abriéndose paso, se coló en el punto neurálgico. Y entonces vino una sorpresa; él vio por última vez una cara altanera; por su lado, ella sintió por primera vez la penetración del macho cabrío, porque, cuando empezaba a presionar la polla, venciendo la leve resistencia de los labios vaginales, alzó el rodillo por detrás de la espalda visualizando el golpe rumbo al cráneo. Fue entonces que él presionó más sobre la intimidad de ella invadiendo su territorio bendito con su virilidad. Gritó ella de placer al sentir que aquel trozo de carne sin huesos avanzaba más allá de lo que nunca había coronado su esposo. Dos embestidas más y ella sintió en su interior ese caldo eléctrico que da y proporciona vidas, soltó el rodillo, que al caer destrozó platos y vasos.

____¡Ahh! -gimió ‘una necesitada Rita’ con la mirada perdida, al recibir tan enajenado ritmo de empuje.

Dejando caer la mano con la que había sostenido el rodillo, dio otro grito y se abrazó al hombre que de nuevo la había hecho mujer. Buscó con su boca la de él, besándola y devorándola. Y en tamaña foto se mantuvieron durante largos segundos.

Luego de culminar, Rita abandonó el lugar del pecado y se fue a la ducha. Y el vecino se aligeró en salir de la casa. Ella, ya duchada, acabó de fregar. Su marido permanecía dormido. Se tumbó a su lado mirando el techo. Su cara iba experimentando una extraña metamorfosis; empezando por una sonrisa contenida, pasando por una leve preocupación, para culminar en desesperación al recordar que, por lo inesperado y porque hacía mucho tiempo que no lo usaba... ¡no había tomado ningún anticonceptivo!

____Ho…la, a…mor -la saludó el marido cuando despertó.
____Hola -contestó medio ausente colocándose las manos abiertas sobre su vientre, palpitante, inquietante...

No nos obcequemos con lo que nos vaya a deparar el destino. Lo que único que vale es el día a día. Puede que Dios nos conceda más inviernos, o puede que éste que azota el mar contra las rocas de los acantilados sea el último, pero mientras sigan golpeando las olas, desechemos pensar en el tiempo que nos queda. Si perdemos el tren que se nos presenta en cualquier vía, el tiempo se nos escapa. Aprovechemos el hoy y no nos refugiemos en la incertidumbre del mañana





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Re: MI BLOC, QUE NO BLOG

Mensaje  achl el Dom Sep 02, 2018 10:47 pm






Se ponen a hablar de sexo


Anoche, de madrugada ya, Loli (una amiga ninfómana de Alex), el propio Alex (maricón), Fran y yo, en uno de los reservados de nuestra habitual discoteca, hablamos sobre el sexo


Empezó Alex diciendo que hacía ya casi una semana que no le metían nada en su agujero negro, que ya era hora de culear de nuevo y que 'aquellos que se ofrecían a él, no eran para su culo’.

Yo confesé, sin rubor, que me la casco a diario. Y algunos días, dos o tres veces. Pero sin problemas. Todo el mundo debería sobársela con frecuencia.

Loli, al loro, me miró a los ojos, divertida. Incluso diría que le gustaba o le interesaba el asunto. Me preguntó:

____¿Y si tuvieses una pareja estable seguirías cascándotela?
____Por supuesto que sí.
____Sabrás entonces que eso es una manera más de infidelidad.
____Pues tu padre estaría de acuerdo -medió Alex diciendo que el padre de Loli es psicólogo, especialista en el sexo.
____¡Mi padre está loco!
____Pero, por lo general, los psicólogos saben lo que dicen.
____¡Y qué...!

Loli vuelve a dirigirse a mí.

____Oye, ¿y por quién?
____¿Por quién qué?
____¡Qué por quién te la machacas!
____Por todas. Más tarde o más temprano, todas caen.
____¿Qué todas caen? ¡Jajajajaja! -Loli se ríe a carcajadas.
____Sí, y en tu caso, me corro más rápido.

Ahora, Loli sonríe sin dejar de mirarme a los ojos. Como un acto reflejo, empieza a rodear el vaso con dos de sus dedos. No aparta la vista del vaso. Se bebe un sorbo de cerveza y sigue mirándome a través de la curva del vidrio. '¿La tendrá de este tamaño?', se preguntaría para sí.

____Y eso no es todo... –intervengo yo de nuevo-
____¿Qué no es todo? ¿Qué más haces? -preguntó de nuevo Loli.
____¿De verdad te interesa?
____Interés, lo que se dice interés no es la palabra. Sólo siento morbo.
____Bueno, a veces pruebo el semen.
____¿El tuyo?
____De quién si no.
Los ojos le bailaban a la ninfómana. Y Alex seguía expectante la conversación.

____Pues yo no lo pruebo, yo me lo trago -dijo Alex.
____¡Ahora o nunca! -añadió Alex, mirándome.
____¡Cierra la boca, imbécil! -le dijo Loli sonriendo nerviosamente. Y, mirándome, agregó-: oye, no sabía yo que tú eras tan morboso.
____Pues ya ves...

Alex hace entrechocar los hielos en su vaso. Miró a Loli y le dijo:

____¿Os dejo solos?
____A Loli le encantaría -respondo mirando a Alex, e intentando rozar un muslo de ella por debajo de la mesa.
____¡La verdad es que sí! -exclamó Loli mordiéndose el labio inferior.

La voz de Loli sonó líquida, lúbrica, como fabricada por el manantial de su clítoris. Dos ojos ninfómanos me atraviesan de parte a parte durante segundos eternos.

Se hace un silencio lujurioso. Alex se revuelve incómodo en su silla. Cupido prepara una flecha de carne. Siento que acabo de follarme a Loli. 'Sí, esto es lo que viene siendo un polvo mental', pienso.


Y mi polla cada vez más dura. Paso directamente a la acción cogiéndole una teta a Loli. Después la tumbo en el suelo y cambio el polvo mental por uno real, mientras Alex nos observa y Fran se masturba




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Re: MI BLOC, QUE NO BLOG

Mensaje  achl el Dom Sep 02, 2018 10:53 pm





Seduje al hermano de mi novio


Acababa de cumplir los treinta años, y antes de casarnos decidimos mi novio y yo mudarnos a un piso más grande, pero para compartir gastos, su hermano pequeño también se vino a vivir con nosotros. No le conocía, y por eso me daba corte. Pero pensé que tenía que abrirme, pues, en definitiva, iba a ser mi cuñado, y esta era una buena manera de empezar a estrechar y a consolidar unas relaciones con mi futura familia

La primera vez que le vi, quedé gratamente sorprendida. Tenía 25 años y era un tío bellísimo, con un cuerpo espectacular y un trato exquisito. Sentí un cosquilleo por ahí abajo cuando me lo presentó mi novio. Llevaba vaqueros ajustados, luciendo apretado culo y bulto, y un polo ceñido que hacía resaltar sus pectorales. Se notaba qué se lo curraba en el trabajo y en el gimnasio. Era maquinista de excavadoras.

A veces veía cómo buscaba mujeres en páginas de contactos, y pensaba que un tío así no necesitaba navegar para encontrar una chica.

Una tarde estábamos solos en la casa, así que me pareció que era justo el momento para insinuarme. No quería liarme con él pero quería tirármelo. Me vestí provocativa: mini vaqueros, camisa generosa, que dejaba ver buena parte de mis hermosas tetas, y sin bragas ni sujetador.

Me fui al salón, donde estaba echado en el sofá viendo la tele, y me puse junto a él. De pronto, me agaché simulando coger algo, poniendo mi culo Intencionadamente en su cara, como dándole luz verde para que me metiese mano. Aunque pareciese molestarle, le gustó. Le miré a los ojos y, como loba en celo, le pregunté:

____¿Hay algo que te guste de mí?
____Todo, pero eres la novia de mi hermano -y sonrió pícaramente.

La devolví ese tipo de sonrisa y le dije:

____Ya, pero como vamos a ser familia, sería ideal que nos conociéramos un poco más, ¿no crees?

Llevé mis ojos a su paquete y vi que estaba poniéndose duro.

____Parece que qué tu polla se está inflando. ¿Me dejas que la toque?

No contestó, pero yo, muy caliente, le quité los vaqueros. En calzoncillos su bulto se veía descomunal. Empecé a tocárselo.

____Qué osada eres, pero me gusta lo que me estás haciendo -dijo.

A medida que lo iba masturbando, me besaba el cuello y me cogía las tetas. Pero de pronto me levanté y le ofrecí mi húmedo coño para que pudiese gozar de él. Cual perrito, lo empezó a chupar magistralmente. ¡Qué bien lamía el cabrón! No quería que parase. Me estaba volviendo tarumba.

Enseguida alcancé un orgasmo, por lo que debía premiar a tan esmerado lamedor, por eso empecé a comerle la polla, arriba, abajo y adentro. Y se corrió. Y me bebí toda su leche. ¡Y estaba deliciosa!

Muy excitados ambos, me puso a cuatro patas. Su polla me estaba haciendo ser más puta que nunca. Entraba y salía de mi coño. Aquella sensación era mágica y no tardamos en corrernos los dos a la vez.

Pero todavía nos quedaban fuerzas para seguir, así que decidió jugar con mi culo. Besos negros lo lubricaban, y sin yo esperarlo, metió su miembro. Al principio me dolía bastante, pero me lo hacía tan delicadamente que sólo gusto sentía. Y mi coño, al loro mojándose a más no poder.

Así fue mi primer polvo con mi cuñado. Follábamos esporádicamente, pero luchaba en cada polvo para no enamorarme de él. Y en mi lucha, como para convencerme a mí misma que no estaba haciendo nada malo, pensaba...


A la familia, siempre hay que tenerla contenta


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Re: MI BLOC, QUE NO BLOG

Mensaje  achl el Miér Sep 05, 2018 5:17 am



Te llaman AMOR



Te llaman AMOR y desde siempre vienes apropiándote de todo lo bello que palpita sobre la Tierra. Te mezclas con la embriagadora fragancia que va soplando el viento para hacernos soñar. Estás en la inmensa gama de colores que las flores nos regalan en la primavera. Te dejas escuchar en los cantos de los grillos durante todos los anocheceres. Te conviertes en el murmullo del arrollo que pone música a la prosa de este eternamente enamorado, que en su nuevo mundo se quiere perder para siempre


Eres el sabor de un abrazo que nunca puedes olvidar, eres el calor de un beso que se graba a fuego en el alma. Brillas en el destello de una mirada que se clava en el corazón, siempre. Eres el protagonista de las únicas historias que el mundo quisiera recordar. Si no existieras, no habría nacido éste, que osa a verter unas líneas sobre este papel para sincerarse contigo, sumándose a los elogios que ya has recibido, porque los que has de recibir, otros se sumarán, mientras aprovecho el abrazo que me das para decirte que para mí no llegas tarde, y para agradecerte el que me hayas curado las viejas heridas que habían en mi corazón.

Podría escribirte hasta perderme en la lejanía de lo escrito, y siempre tendría algo que decirte. Nos conocemos desde que yo era un niño, y en la mirada de mi madre te descubrí, y desde entonces quería ser tu amigo y caminar de tu mano por una ruta desconocida, de la que me hablabas en mis sueños, pues sólo soñando podía verla. Me hiciste caminar a ciegas, mirando a través de tus ojos lo hermoso que era todo en el mundo irreal, donde la luna dibujaba rostros y nombres que aceleraban mi corazón. El eco de las montañas me hablaba con una voz dulce de mujer; los lagos y los mares azules servían de espejo a los enamorados que querían mirarse, mientras yo dejaba de ser un niño sin conseguir despertarme. Ingenuo, no me daba cuenta de que empezaba allí un mundo de fantasías, que para toda la vida me apartaría del real, para seguirte a ti.

¡Cuántos brindis se han hecho por ti, AMOR! Todos los animales te los hacen sin hablar. Las flores en tu nombre nos hacen sentir. Y hasta las olas del mar te cantan sin saber cantar.

¡Cuántos elogios te ha dedicado la humanidad, AMOR! Línea tras línea, escribiría cientos de ellos. Aunque nadie quiera leerlos, es una forma de volver a desempolvar unos romances que rozaban la locura, y es que todo lo que tenga qué ver contigo no tiene relación alguna con la cordura. Esto lo entendí desde el día que pronuncié por primera vez tu nombre, AMOR, y me encontré con que no eras el mismo que yo había conocido en los brazos de mi madre.

Pero no te importaban mis años ni lo que podría saber de ti. Por tu cuenta me enfrentaste a pruebas que cambiarían mi vida y mi ser. Me pusiste, casi con los libros bajo el brazo, a los pies de una mujer. De cómo me hiciste sentir y por lo que pasé, qué te voy a contar a ti que tú no sepas de mí. Si eras tú mi flaqueza, y ella la causa de mi delirio, los dos habíais preñado mi interior de sueños jamás imaginados, para verme convertido en un hombre mayor, vestido de niño, que se aislaba del mundo para no avergonzarse de sí mismo y para pensar sólo en sus sentimientos, a la vez que daba riendas sueltas a una imaginación que llenaba mi cabeza de paisajes y escenas, sin ninguna conexión con la realidad.

Me has hecho desear todo lo que podía imaginar y guardar mis pasiones como un delito en el fondo de mis silencios. Me llevaste por la serena senda de un pequeño pueblo, cabizbajo, como un anciano rechazando a sus amigos, despreciando mi edad y una vida que parecía haberse parado de repente para mí.

AMOR, ésta linda mujer, de ojos negros y labios carmesí, que yo podría ser su padre, me la has presentado con tu cara más dulce, y ya nunca puedo escapar de ella. Me tomaste como la diana de todas tus flechas perdidas, y entre las que me daban de lleno y las que me rozaban la piel, siempre ganabas tú, y a mí me hacías reo de un AMOR que me abrasa las entrañas, que me sabe a miel, y me has apartado de otros que me dejaron un sabor a hiel. Me siento morir cada día para resucitar al día siguiente. Me has hecho rebosar de una felicidad eterna, y a la vez te has permitido que me rebose entero.

Sonando a hueco mis pasos, retumbando el eco del silencio en mi mente me abjuro en sendas perdidas, entre el AMOR puro, buscando mis huellas que me ayuden a volver a empezar con el corazón ardiendo en mi pecho, y las reminiscencias macerando en mi cabeza semejante locura, que de no llamarse AMOR serían la de un loco. Así, has ido haciendo de mí un romántico sin fecha de caducidad. AMOR, has conseguido que en mi interior nunca se haga viejo el adolescente, mientras se hace mayor el hombre que mira la gente.

Imprudente fui al confiar en que a mis años te conocía, para no caer de nuevo en tu red, pero hoy, reo de tus ardides, miro hacia atrás y veo que nada ha cambiado desde el día aquel que siendo un chaval me enamoré. Sé que tan sólo ha pasado el tiempo, y esto lo nota quien me ve, y hasta yo lo podría notar si en el espejo de la edad me quisiera ver. Pero, ¿para qué?, si poseído por ti, vuelvo de nuevo a ser el que antes fui. Mis sentidos se confunden igual, la fantasía sigue siendo mi mundo y no cuentan los años allí, ni se apaga el volcán que ardía ayer como arde hoy. Yo que creía haber encontrado mi rincón, donde poner mi sillón para leer, escribir y tomar el sol. Yo que tenía, por fin, un espacio por mí elegido para buscar y rebuscar en mi memoria, me encuentro ahora con tu visita, tan inesperada como tan oportuna, y llegas para presentarme a una Bella Luna, con nombre de mujer, en un cielo azul, una Bella Luna que no conocía, pero que ya no puedo vivir sin ella ni tampoco sin su guía.

Dicen que del AMOR al odio hay un paso y que moran los dos en la misma celda. Pues tú sabrás, AMOR, lo que has hecho con tu compañero de cuarto, porque no le conocí ni ganas de mí.

En tal caso, si algún día odiase (que lo dudo mucho) a alguien sería a ti, ya que sin respetar mis canas y burlándote de mí, has traído a mi calma ese dulce desasosiego, y a un corazón que latía sereno, lo has puesto a galopar. Un galope que retumba de nuevo en mis oídos, lo oigo como en años atrás. Si lo pienso me da miedo, es por esto que no lo quiero pensar y prefiero agradecerte eternamente que tú estés aquí, que tú me hayas vuelto a rescatar, que me traigas la inspiración a mi mente para contarle a mi Bella Luna todo lo que le quiero contar. Te pido, te ruego, te suplico que no te vayas, que sigas siempre vivo en mí.


Gracias, AMOR, por no respetar mis canas, por no hacer caso a mi edad. Gracias por devolverme a mis sueños, y así yo vuelva a soñar, y nada en el mundo te agradecería más que no me dejaras nunca despertar



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Re: MI BLOC, QUE NO BLOG

Mensaje  achl el Jue Sep 06, 2018 5:50 pm








Lo que pudo haber sido y no fue



Veo qué partes de mi vida
y me duele la mirada,
quisiera retenerte,
pero todo es inútil.

No fuimos lo que realmente
quisimos ser.
Y concluimos en lo inminente:
tu partida…

Tantas promesas,
tantas ilusiones,
cayeron de la mesa
como decepciones.

Es ya muy tarde,
aunque sienta que te amo,
ya nada es igual.
Somos diferentes.

A pesar de todo…
te agradezco
que cambiases mi vida
con tu amor y tu entrega.

Mis lágrimas
limpiarán tu recuerdo,
para tenerlo siempre intacto
en mi corazón.
Duele verte partir...
Pero más duele
que quedemos
con el corazón partido.

Te amo
por el resto
de mis latidos.





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Re: MI BLOC, QUE NO BLOG

Mensaje  achl el Jue Sep 06, 2018 5:55 pm









María Magdalena


La Magdalena ya se ha marchado
de Cristo perdonada a peluquera,
a mis llamadas no ha contestado,
para mí, es una cualquiera

Ahora, que va de quicio en quicio,
me dice que su carnal servicio
es exactamente de media hora,
entonces le ofrezco deshoras,
por media más de beneficio

Descarto ser su cliente vitalicio,
fornicar no lo hago por vicio.
A ella le gusta y grita apretando
y dice, al ver mi enorme mango:
'¡venga, para mí ya, zumbando!'

Eso mismo se lo dirá a cualquiera,
pero yo, indiferente de veras,
lo único que en verdad necesito
es ésta, mi serpentina-pito,
como mi único requisito

Tengamos sexo y ritmo, al son
de coplas y de sevillanas.
Será canción de dedicación
para todos los nostálgicos,
pero tú y yo, sólo con ganas,
porque ambos somos prácticos

Tú tienes ya mi dinero,
tú a mí me vendes placer,
yo por ti nunca muero,
tú estás buena a más no poder.
Pero nunca te diré te quiero





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