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Mi libro "Atormentado cuando voy a morir"

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Mi libro "Atormentado cuando voy a morir"

Mensaje  achl el Lun Oct 10, 2016 9:37 pm




ATORMENTADO CUANDO VOY A MORIR




A modo de prólogo

La vida y la muerte se encuentran tan próximas la una de la otra que, apenas nos dé por tirar la toalla, inmortalizarán ese consabido pacto inexorable


Los abigarrados sucesos acontecidos en la vida del doctor en Medicina Alejandro Ceballos Palacín, 'Alex', protagonista de esta obra, son prendas suficientes para definir palmariamente a un hombre atormentado. La infancia, la juventud, la adultez, el amor _en su algidez y posesividad_, la castidad exacerbadora, y sobre todo el poco caletre para saber navegar en el mar de la vida, dieron macabramente al traste con una todavía joven existencia en la que se presumía, mínimamente, longevidad.

De este bagaje, abundante en hiel y en absoluto singular, saqué la idea para escribir Atormentado cuando voy a morir, un libro que contempla pasajes toscos, pero sin que dejen de estar patentes en esa parte de la sociedad que se siente identificada con ellos, que, por suerte o por desgracia, la viña del Señor es un maremágnum, haberla hayla.

Todo ello comienza, matizando, en una niñez gélida, poco feliz; una muchachez alborotada, por la vida y por sí misma; una adultez primitiva y fanática; y, más que nada, una forma de conducirse del tal 'Alex', que no se acierta a poner en pie si obedece a algunas de éstas tendencias, o a todas, si hay predestinación, o si su subconsciente era el mejor de sus fans.

Pero es preciso puntualizar que de mi libro he tratado de extraer la parte positiva, y es por ello que se me antoja que la andadura de 'Alex' puede ser enciclopédica, modestia si cabe aparte, para toda esa gente que se halla inmersa en una vorágine similar, sabiendo de antemano, no obstante, que en el difícil caminar de la vida surgen, súbitamente, todo tipo de cosas, muchas de ellas inesperadas, que no se saben o no se pueden digerir.

Aun todo eso, como humano y como autor de este libro, tengo que ser tolerante en comprender el estado de ánimos del lector. No siempre se está en disposición _por ignorancia, por la poca edad, por malos entendidos o porque se ‘cierren las persianas’ en los momentos claves_, para saber elegir el lado bueno o el menos malo de las cosas, que en definitiva es lo que contribuye, decisivamente, en aumentar el grado de experiencia en las personas.

Acabo añadiendo que quienes esperen encontrar en este libro la imbécil apología de la jactancia o el elogio de las bajas pasiones, que a Dios gracias nos habitan, que no lo abran; que no lo abran quiénes no recelen de las trampas de la vida, y tampoco quiénes digan que no ha cometido un error. Yo, de mis errores, me siento muy orgulloso por sus lecciones provechosas, pero no así de mis aprendidas y ejercidas virtudes para culebrear en la selva de la vida. No obstante, no voy a caer en la fácil tentación de alabar los unos o de censurar las otras.

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Re: Mi libro "Atormentado cuando voy a morir"

Mensaje  achl el Lun Oct 10, 2016 9:39 pm




1

No he sido un hombre feliz. Es que ni siquiera he llegado a saber concretamente en qué consiste la felicidad. A lo largo de mi vida he tenido la ocasión de conocer a gente de diversos pelajes y he podido comprobar que el bienestar moral puede aglutinarse en torno a las cosas más inverosímiles y contradictorias. Infinitos son los cebos que el hombre se pone para cazar esa utopía de la felicidad. A mí, siempre me han parecido artilugios con que nos pescamos nosotros mismos, de una forma ingenua, incansable, agotadora, como el ratón queriendo atrapar al gato. Al menos, yo siempre me he sentido con la sensación de estar luchando contra fuerzas invencibles.

He sido un hombre de pasiones bien delimitadas: he amado y he odiado con todas mis fuerzas. Pero no creo que ninguna de estas cosas puedan ser venero de satisfacciones; en el amor me ha faltado generosidad, y en el odio, consecuencia.

Un compañero de mi Facultad, de nacionalidad italiana, decía que yo era un retrógrado. Y tenía toda la razón. Soy un hombre de pasiones primarias, por tanto no haré recaer sobre nadie la culpa de mis descalabros. Yo mismo me los he ido labrando. El título de doctor en Medicina, que ostento, y la extensa cultura, a juicio de algunos, que he podido almacenar, apenas si han influido en mí. Aun todos esos postizos intelectuales, sigo siendo un cavernícola.

No obstante mi atavismo, y quizás, precisamente, a causa de él, no deja de haber en mí un margen de nobleza y posibilidades. Soy bruto, no malo. He bordeado el ámbito de una existencia mejor, acaso feliz. En estos últimos años he llevado una vida loable, heroica casi, pero me han traído a ella el remordimiento y la impotencia. El rasgo se empequeñece a mis ojos y no puedo verme sino como lo que soy: un infeliz y un cobarde.

Es curioso comprobar la opinión que merecemos a algunas personas. En este hospital hay un practicante que tiene de mí un concepto tan elevado que me da risa. Del hecho que haya

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Re: Mi libro "Atormentado cuando voy a morir"

Mensaje  achl el Lun Oct 10, 2016 9:41 pm



dedicado las últimas velas de mi vida en cuidar a los enfermos infecciosos, saca las más peregrinas conclusiones.

____¿Pero no ve usted que esto que hago no es más que una forma de suicidio? -le dije, en una ocasión.

Me miró, incrédulo, y alzó hacia el cielo sus manos trémulas. Debía pensar que estaba riéndome de él o que hacía gala de una falsa modestia. Pero se equivocaba. No tengo nada de qué vanagloriarme. En realidad, todo lo que hacen los hombres es tan insignificante y tan mezquino que la vanidad sólo puede alojarse en la mollera de un inconsciente o un necio. Repugna el ver las de maniobras extrañas que son capaces de hacer algunas personas para dar a entender que las cosas que hacen o dicen son normales, cuando ellas saben que no lo son.

Apenas si llevo escrito un folio y veo lo difícil que resulta hablar de uno mismo. Creo que los hombres adoptan ante sus avatares una de estas dos actitudes: o aligeran el fardo de sus culpas, pasando a pies puntillas, cándidamente, sobre sus peripecias, con cierto determinismo cómico, o se vuelcan en sus errores con torpe complacencia. Y en una y en otra, disfrazados de piel de cordero o haciendo trofeo de sus propias miserias parecen llevar oculto, bajo el faldellín de su conciencia, como un denominador común, el anatema bíblico Vanitas Vanitatis. Siempre he sido sincero y ahora también lo soy, pero la sinceridad sólo me ha granjeado fama de bruto. Lo que en realidad soy: un hombre con cierta cultura, pero que prescinde de toda influencia libresca cuando rebosa en él o cuando acude al fondo primitivo de los sentimientos. Amén de todo eso me han acusado de impúdico. Y con razón. Nunca he comulgado con los prejuicios con los que se disfraza nuestra sociedad. ¡Los detesto! En ellos naufraga todo impulso noble y se quiebra, empequeñece y afemina todo gesto viril. Siempre me he mostrado desnudo y, por eso, vulnerable, a merced del primer mercachifle de la cortesía y de las buenas formas que se presenta.

El practicante, llamado Felix, dice que soy ‘todo temperamento; demasiada pasión para nuestra época’. Y un colega del hospital confesó que Felix dice de mí que, en otro siglo, podía haber sido

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Re: Mi libro "Atormentado cuando voy a morir"

Mensaje  achl el Lun Oct 10, 2016 9:43 pm



un puntal de la santa iglesia: un San Ignacio de Loyola o un San Agustín. ¡Tiene gracia! Si hubiera dicho un Barbarroja habría estado más cerca de la verdad. Me siento con mejor predisposición para bandolero que santo. Y lo digo sin ninguna jactancia, pues ya quedan lejanas las vanidades peyorativas de los veinte años y a estas alturas resulta desalentador llegar a conclusiones tan poco halagüeñas

Felix es un hombre vulgar: bajito, calvo, delgado, desdentado… Ignoro su edad, que debe frisar en los setenta. Pero aun su baja estatura y a lo encanijado que está, desarrolla una actividad pasmosa: se mueve en el hospital como un zarandillo: sube y baja y está a la vez en todas partes. Todos los colegas decimos de él que parece que tiene el don de la obicuidad.

Aún no le conozco del todo; tan pronto me sorprende con algo absurdo, como con un buen sentido ‘sanchopancesco’. Algunas veces se muestra ingenuo y candoroso, cual niño, y otras, agudo y perspicaz. Los años aún no han empañado el brillo en sus ojos: se mueven con una extraordinaria viveza o se acurrucan en las cuencas, sumidos como puntos fulgentes. La bondad de este anciano es inefable, y pienso que el rasgo más saliente de su carácter es la modestia. Lo vemos sobresalir entre nosotros, a fuerza de querer ser, de sentirse insignificante.

Nunca había conocido antes a nadie que reúna sus virtudes. Durante meses he hablado a diario con él, lo he sentido a mi lado, como una sombra, como un algo útil, más que como una persona. Me ha costado comprender que había depositado en él mi escaso caudal de afecto, el rescoldo que quedó de aquel incendio voraz, del deseo que un día me acometió de darme íntegro. ¡Sí, de darme íntegro! Y eso que no soy nada altruista, tocante a mi intimidad.

Ahora me alegra saber cuáles son los sentimientos que albergo para con Felix. Se pone a mi lado, cual perrito fiel. Si quisiera, podría acariciarle. Me estremece pensar que, cuando muera, conservará mi recuerdo y llorará sobre mi tumba. Es un hombre muy religioso, y no sé si habrá obrado milagro, pero creo que los santos debían ser como él. Cuando entra en mi cuarto y veo su

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Re: Mi libro "Atormentado cuando voy a morir"

Mensaje  achl el Lun Oct 10, 2016 9:44 pm



figura ridícula y su cara de pajarillo, sonrío pensando que el día de mañana puede estar en los altares. Y no es que me burle de él, al contrario, nadie, excepto mi madre, me ha inspirado tanto cariño y respeto. Pero me hace gracia pensar que puede pasar de insignificante a intercesor del Dios imponente, Señor de los ejércitos y Juez inflexible. ¡Pobre Felix! ¡Y qué apuros iba a pasar!

Hace ya medio siglo que presta sus servicios en este hospital y es feliz aquí, donde sólo un consumado misionero vocacional podría serlo. Pero pienso que su felicidad radica en el hecho de repartir su ternura entre estos pobres desgraciados. Es de una bondad dulce, nunca empalagosa.

Aunque no soy vanidoso, ya lo dije antes, no puedo apartar de mi cabeza un sentimiento de petulante satisfacción al ver que me distingue con su afecto. Es que en Felix hay ese sentimiento maternal, de protección, que inclina a toda madre hacia el más díscolo de sus hijos. Su simple presencia me conmueve y me proporciona las pocas alegrías que he vivido en este, ¿sepulcro? Cuando se me acerca y pone sobre mi frente febril su mano sarmentosa, experimento un bienestar completo.

A veces siento un deseo de preguntarle la causa de su venida a este hospital, pero no lo hago porque seguro que la ha olvidado, si es que hubo otra, aparte de su apertura de corazón.

Pensando, no sé aún por qué me he puesto a escribir. Y debo reflexionar sobre esto. Sí, ¿por qué? Lo único que puedo decir es que hasta ahora me está siendo placentero. Es una experiencia interesante adentrarse en el terreno inédito del mundo interior y sorprender los ecos que dejaron en él las peripecias de la vida. Creo que los hombres viven hacia fuera y sienten terror frente a la introspección. Me he sentido desmoralizado en estos últimos días, pero mientras siga teniendo fuerza para seguir escribiendo, las horas transcurrirán con más rapidez. Empero, estoy seguro que debe haber un incentivo más poderoso que obliga a escribir estas, ¿memorias?, llamémoslas así puesto que de alguna forma han de llamarse.

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Re: Mi libro "Atormentado cuando voy a morir"

Mensaje  achl el Lun Oct 10, 2016 9:47 pm



Sí, yo he visto en una mujer la posibilidad de ser feliz. Pero por esa mujer he llegado a la situación en que ahora me hallo. No fue culpa suya. Yo destrocé el ídolo con mis manos. Quizás por eso es que me haya decidido a escribir, para justificarme. En realidad, no sé si lo que deseo es que me perdone. Aunque esto no le debe costar porque le era indiferente y nunca me amó. Es probable que ahora sea feliz. Pero esto es una cosa que no se la deseo.

‘¡Ojalá que no seas feliz! ¡Ojalá que no!

He permanecido varios días sin coger la pluma, y mil veces ha cruzado mi cabeza la idea de romper lo que llevo escrito. Me he sentido nervioso, insoportable, incluso he reñido ásperamente a Felix por no sé qué bobada. Mi médico temía que iba a darme un nuevo acceso de fiebre, y yo también lo temía. Veo que intentan ocultarme mi gravedad, pero sé que no voy a vivir mucho más. Los médicos dicen que para que pueda seguir viviendo es vital que lo desee. Pues bien, ¡no lo deseo! Me hallo cansado, solo, triste, desamparado, y de un tiempo a esta parte me duermo con el deseo de no volver a despertar. En realidad, creo que el sueño de la muerte es el mejor regalo para una existencia así, como la mía.

De nuevo he vuelto a escribir. Y ahora sé qué me obliga, por qué lo hago y para quién. He pensado sobre ello en los últimos días. Debería estar avergonzado por los hechos que protagonicé, pero no lo estoy; defraudado y dolorido por su ineficacia, sí. 

Quiero que este escrito llegue a tus manos y que vuelva a raspar tu espíritu. No necesito que me perdones, no es tu perdón lo que necesito. Solamente hay algo que me enerva y me llena de dolor: tu olvido. Quiero vivir en ti como un remordimiento, y es por eso que deseo que me odies. ¡Sí, lo deseo un millón de veces!

Dos cosas significativas han gravitado sobre mi vida con una fuerza inescrutable: la herencia de la sangre, y la amargura de

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Re: Mi libro "Atormentado cuando voy a morir"

Mensaje  achl el Lun Oct 10, 2016 9:48 pm



una lucha desigual contra el medio en que me he desenvuelto.

Mi abuelo materno nació, y vivió en su juventud y en parte de su adultez en Santander. Era un hombre con una fuerza tan grande como su brutalidad. Se ganaba la vida como peón. Pero no le gustaba trabajar. Era adicto al vino, a las mujeres y a las peleas de taberna. Y los otros hombres le temían. A los treinta años se enamoró de una moza, que todavía no tenía los veinte. Pero su amor era agresivo. Ella le odiaba, y sus padres nunca habrían autorizado su boda. Pero él la acosaba con la procacidad de un sátiro. Los hermanos de ella, tres mozos más jóvenes que mi abuelo, un día le dieron una paliza hasta dejarlo malherido. Esa noche se escondió detrás de un árbol y, cuando al alba salieron sus agresores para acudir a su trabajo, entró en la casa y mató a la moza a puñaladas. Después huyó al monte y de él a Francia. Anduvo romero y vagabundo durante dos lustros, de ciudad en ciudad y de pueblo en pueblo. Trabajaba en las minas, en la construcción, y en todo lo que le iba surgiendo para sobrevivir. A los cuarenta años, quebrantado por los rudos trabajos y, sobre todo, por su vida de borrachera y crápula, tuvo la gran suerte de colocarse de portero en el ‘Hotel París’. Mi madre tenía una foto suya que yo miraba pasmado mientras era niño. Usaba entonces una barba larga, para tapar una herida que le cruzaba la cara y unos enormes mostachos. Vestido con el uniforme del hotel, había en él no sé qué de general revolucionario. Al año se casó con una camarera del hotel, guapa y más joven que él, pero a menudo perdía la dignidad ante su marido.

Pasados diez años del crimen, regresó a Santander. La noticia se propagó porque un mes antes de partir había escrito una carta a un ‘amigo’, que la divulgó. Ni siquiera llegó a ver el pueblo. Los hermanos de la difunta lo abordaron en el camino y lo mataron a garrotazos como a un perro. Decían por allí que se defendió cual tigre hasta su último aliento. ¿Y de qué le sirvió?

Mi abuela materna era una mujer enfermiza, pero muy corajuda. Refería mi madre que ejercía un cierto dominio sobre su marido (Sansón y Dalila). Era muy religiosa, y a su constancia y celo se debió que su hija entrase en un colegio de monjas, pese a las ideas anticlericales de su esposo. Murió tres años después de

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Re: Mi libro "Atormentado cuando voy a morir"

Mensaje  achl el Lun Oct 10, 2016 9:49 pm



que mataran a mi abuelo.

Contaba quince años mi madre cuando se quedó huérfana. En el hotel le procuraron un empleo, y al cabo de un tiempo conoció a un industrial catalán, que estaba en París con su esposa en viaje de negocios, y que se la llevaron a Barcelona para trabajar como institutriz de sus hijos. La primera impresión que nuestra nación dejó en el ánimo de mi madre fue que los españoles éramos todos de la misma catadura. Impresión, ‘muy a la francesa’, que todavía hoy perdura.

Mi madre se llamaba Josefa. En el pueblo le decían 'la Franchuti', por el acento. Ése apodo me sonaba más que el diminutivo 'Fefi' que le puso mi padre, que como era marinero y paraba poco en casa, tenía la posibilidad de escuchar nombrarla más de aquélla forma. 

Falleció cuando yo tenía ocho años. La consumió la miseria del hogar y la nostalgia del marido ausente casi todo el tiempo. Me quedan pues pocos recuerdos de ella, que son los únicos retazos risueños que la vida me ha dejado. Era alta, guapa, elegante y con clase, además de que tenía una bonita voz. En el colegio de París había adquirido algunos conocimientos, de dudosa utilidad, pero le servían de refinamiento. Sabía dibujar a la acuarela y al óleo, tocaba piano y violín, hablaba y escribía perfectamente el francés, y manejaba un amplio vocabulario del inglés.

Me contaba cosas de su infancia. Sobre todo del clima exquisito del colegio francés, al que asistió en su niñez y en parte de su adolescencia. Su tono era nostálgico, pero nunca se quejaba. Amaba apasionadamente a su marido y todas sus calaveradas debían antojársele soportables.

El matrimonio catalán se portó muy bien con ella, pero como hizo todo lo posible por impedir que se casase con mi padre, no siguió manteniendo relación con ninguno de los cónyuges.

Mis abuelos paternos procedían de Santander. A mi abuelo le llamaban ‘El Quemado’, debido a que tenía un ojo fruncido por

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Re: Mi libro "Atormentado cuando voy a morir"

Mensaje  achl el Lun Oct 10, 2016 9:51 pm



la cicatriz de una quemadura que se hizo de niño. Era alto, bien plantado, correcto en el hablar, pero un poco socarrón. Gozaba de prestigio en el pueblo. Era pescador y consiguió ser patrón de pesca, con su propio barco.

Mi abuela era una mujer pequeñaja, pero vivaracha. Perdió tres de los diez hijos que parió. Pero conservó buen humor. Lo poco que le quedó de tantos sinsabores era una llantera fácil y una suspiradera, que escapaban incluso entre la risa. Era vanidosa, y muy anciana ya y casi ciega, no consentía ir a misa sin llevar sobre la cabeza su pañuelo de colorines de los años mozos, del que decía, con cierta ostentación y dicharachería, ‘mi pañuelo para pescar novio’.

Mi padre era un tipo singular. Había en él una extraña mezcla de rusticidad y de sentimientos delicados. Era un ingenuo; y, sin duda, el mejor amante y el peor marido a la vez. Tenía un buen humor y era ocurrente, pero poco o nada reflexivo y previsor. Sus facciones eran correctas, sólo la nariz desentonaba, por su envergadura. Todo él era un fanfarrón, pero no reñía con nadie. Mi madre, que sí era excitable, a veces se ponía nerviosa y casi agresiva. Lo amaba tanto que cuando se sentía sola quería pelea, en busca de ‘las reconciliaciones’. Mi padre la miraba por encima del hombro y le decía, sonriendo:

____A ver si te callas ya de una vez, 'Franchuti'.

Este apodo, del que no podía apearse y que tenía la virtud de ponerla de malauva, le parecía ultrajante a la vez que halagador en los labios de mi padre. Y luego de que esto ocurría, rompía a reír, colgándose del cuello de su esposo; cupida, sumisa y feliz.

Mi padre conoció a mi madre en Barcelona, durante una escala de cuatro días que su barco hizo en la ciudad catalana. Él y otros marineros habían 'empinado el codo' más de la cuenta. Por una calle desembocaron en Las Ramblas, cantando a grito pelado. Mi madre pasaba en ese momento frente a ellos.

____¡A que no tienes huevo de dar un apretón a ésa! –le dijo uno de los otros marineros, señalando a mi madre.

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Re: Mi libro "Atormentado cuando voy a morir"

Mensaje  achl el Lun Oct 10, 2016 9:53 pm



Lo miró, erguido, y después siguió tambaleante a mi madre y la cogió de la cintura. Ella lo empujó con fuerza y lo increpó en español y en francés: ‘¡Vete a la mierda, cachondo!’. ‘¡Bète la merde, cochon!’.

____Los franchutis tienen una manera de hablar que no hay Dios que los entienda -decía al llegar a ese punto de su relato, que le oí narrar tantas veces.

Después de la vergonzante actitud de mi padre, mi madre buscó el auxilio de un guardia, y mi progenitor fue detenido y puesto a disposición del juez, quien lo condenó a treinta días de encierro. Diez por cada delito imputado: ‘borrachera, atentado contra la moral y escándalo en la vía pública’ Y como su barco levó anclas perdió su empleo. Ya en la cárcel, pasó todo el tiempo pensando en cómo vengarse.

Cuando lo soltaron, indagó a través de un funcionario carcelario la dirección de la mujer ultrajada, alegando que iba a pedirle perdón. Y con las mismas, se fue a buscarla.

Un mes después se casaron.

Amó a su mujer con todo su ser. Además, sentía adoración y gratitud por ella. Mi madre, después de todo, por su educación y por el medio en que había vivido, tanto en el colegio de París como en Barcelona, era una señorita al lado del zafio marinero, que admiraba sus modos distinguidos -de señoritanga, decía él-, sus dibujos, sus conocimientos de música, de idiomas. ¡Y qué sé yo! La veía como un portento. Y el que mi madre lo amase, fue decisión de la suerte. Pero mi padre no se veía en situación de inferioridad; amaba a su esposa y era correspondido. El amor ejercía en ellos una especie de boomerang. Además, mi padre era un hombre muy seguro de sí.

Como era de prever, ya casado seguía siendo tan irresponsable como siempre. Ganaba un sueldo exiguo, que el vino, el juego ‘yy…’ reducían a la mitad, y con la otra adquiría para su mujer una serie de chucherías, más ostentosas que útiles. Cuando

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Re: Mi libro "Atormentado cuando voy a morir"

Mensaje  achl el Lun Oct 10, 2016 9:56 pm



venía a casa, con permiso, traía un lote de regalos, y 'Fefi' se lo agradecía ‘con grandes muestras’. La veía feliz y no se le ocurría pensar que con ‘esas sus genialidades’ nos mataba de hambre. También para mí adquiría costosos juguetes. Recuerdo haberme quedado dormido más de una noche abrazado a un magnífico mecano o un novedoso scalextric, a la vez que oía cómo rugían mis tripas. Pero me envidiaban los hijos del tendero más rico del pueblo, y esto mitigaba mi ‘pequeño’ sinsabor.

Mi madre nunca le hacía objeción alguna; ‘si su esposo era un inconsciente, ella era una chiquilla’. Esperábamos a mi padre como a un rey mago, y eso a él le hacía ilusión, a la vez que mi madre olvidaba, súbitamente, todas sus penas apenas se veía estrujada entre los brazos de su amante marinero.

En una ocasión en que el barco en que faenaba mi padre hizo una escala de diez días en Marsella, se fue a París a comprar, en la ciudad natal de su esposa, una copia en nácar y en miniatura de La Torre Eiffel. La pobre 'Fefi' nunca dejó ya de hablar de la delicadeza de su esposo, ni pensó que ‘esa delicadeza’ había supuesto el sueldo de un mes. Pero la apoteosis de mi padre fue una vez en que habiendo ganado a las cartas una buena suma de dinero la invirtió íntegra en comprar un piano. Mi madre fue en esa ocasión, mes antes de morir, la mujer más feliz del globo. Se abrazó a mi padre y, trémula de emoción y amor, la vimos llorar sobre su pecho.

____¡Bueno, bueno, 'Franchuti', ya está bien! ¿No tienes mejor sitio que mi camisa para limpiar tus narices? –le dijo.

Ni que decir que todo el pueblo desfiló por mi casa para ver el piano. Yo estaba tan contento que hasta olvidé mi hambre; me sentía inflado. Y en cuanto a mi madre, para qué hablar. Por única vez estuvo a punto de perder las composturas e irse a la greña con una insidiosa que se atrevió a decirle:

____¡Sí, hija, sí! ¡Tu hombre mucha chulería y mucha fantasía, pero os va a matar de hambre!

Mientras mi padre andaba foráneo, se escribían como novios.

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Re: Mi libro "Atormentado cuando voy a morir"

Mensaje  achl el Lun Oct 10, 2016 9:58 pm



Las cartas iban y venían, cupidas, copiosas. Las conservo todas. El estilo de mi madre era inconfundible: barroco, florido. Pero bajo la hojarasca podía pulsarse la arteria de una conmovedora ternura. Por contra, mi padre escribía vulgarmente encabezando cada línea de igual modo: ‘querida 'Fefi', también te diré que…’. Y no sé qué singular encanto primitivo tenía ésta frase que a mi madre entusiasmaba. Le contaba trivialidades de su vida en el mar, las escalas que hacían, y el amor que sentía por ella, que en las cartas de mi madre era el tema principal. Se notaba que mi padre hacía esfuerzos por usar el mismo tono pomposo que su mujer, pero al final de sus misivas, la pasión le desbordaba y salían de su pluma frases crudas y desgarradas que encendían de rubores y ansiedades a su esposa, a juzgar por el estado en que quedaba después de leerlas.

En fin, no sé si esto es corriente, pero mis padres se amaron como el primer día los nueve años que estuvieron casados. Es verdad que en ése tiempo estarían juntos un año, puesto que los viajes de él eran largos y los permisos cortos y puede que esté aquí el origen de un entendimiento permanente, pues no hay mejor forma de llevarse bien con alguien que no se ve más que de año en año. Pero acerca de esto tengo pocos elementos de juicio, porque era aún muy niño cuando murieron y escasos los datos que más tarde he podido reunir. No obstante, me inclino a pensar que, dentro de su simplicidad, eran, en este aspecto, dos seres de excepción. Y aún diría que yo he heredado parte de ese primigenio impulso amoroso, del que a veces, sólo a veces, me he sentido orgulloso.

Mi madre, hasta sus últimos latidos, vivió para el recuerdo de mi padre. Naturalmente, permanecía ausente mientras agonizaba. Pero, de pronto, una mañana, se incorporó, cual resorte, y dijo, con voz repentinamente enérgica:

____¡Alex -mi nombre, Alejandro, le sugería tal apelativo-, sal a recibir a tu padre! ¡¿No ves que ya ha llegado?!

Después, con esfuerzo, se bajó de la cama, para tocar el himno que había estado ensayando hasta que enfermó. Llegó al piano antes que la mujer que la cuidaba pudiera evitarlo, se apoyó en

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Re: Mi libro "Atormentado cuando voy a morir"

Mensaje  achl el Lun Oct 10, 2016 10:01 pm



él y entre llorosa y alegre, dijo: ¡cher mari, mon chèri! Después se llevó la mano al pecho y se desplomó. Cuando nos acercamos para levantarla, ya no respiraba. Acababa de morir.

Mi padre tardó un trimestre en conocer la fatal noticia. No se la quiso creer hasta que dos meses después su barco arribó en el puerto del pueblo. Yo era muy pequeño para darme cuenta de las cosas, pero, así y todo, todavía no he conseguido olvidar lo que me impresionó la expresión en su rostro.

Entró en nuestra casa con una cara extraña, una cara que nunca le había visto antes. Me acerqué cohibido, pero él me apartó, sin hablar. Al poco, empezó a caminar, como sonámbulo. Llamaba a mi madre con una voz tenue, con musicalidad: ’Feeeeeeefiiiiiiiii, Feeeeeeefiiiiiiiii…’. 

Pasado un tiempo, que no sé precisar, nos fuimos al cementerio. A mi madre la habían enterrado en el suelo. Hierbas y ortigas crecían exuberantes junto a un sepulcro incipiente. En una cruz, pintada en negro, podían verse seis letras churretosas: JOSEFA. Sobre ellas colgaba todavía el recuerdo marchito de una ajada y descolorida corona de flores.

Mi padre miraba todo con ojos espantados. El sol hacía pleno en su cara. Su gorra, que no había pensado en quitársela, dejaba después una cinta blanca en su frente. Corrían lagartijas sobre una losa próxima. Por el ventanuco del osario, lleno de despojos, entraba a raudales una luz solar. Una calavera se doraba entre horripilantes huesos, salpicados de tierra y verdín. Mis ojos se desperdigaban en todo lo que había a mis alrededores: losas de los ricos, de lujosos mármoles blancos, grises o negros; musgos guarreados; altos cipreses sonoros de pájaros; el cielo estival rubricado de golondrinas y vencejos. Pero yo no quería mirar al hombre que había a mi lado, que como estaba roto de dolor y ya conocía sus reacciones, empezaba a sentir un miedo especial. Y así fue. De pronto, empezó a gritar en forma terrible. Mezclaba los insultos con las frases más tiernas, y todo ello dirigido a mi madre.

____¡Esto es traición! ¡Sólo una zorra 'franchuti' podía hacerme esta putada! ¡¿Cómo voy a vivir ahora sin ti, 'Fefi'?! ¡Tenías que ser 'franchuti' para comportarte así! ¡¿Por qué no esperaste a que al menos hubiese estado a tu lado?!

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Re: Mi libro "Atormentado cuando voy a morir"

Mensaje  achl el Lun Oct 10, 2016 10:03 pm



Entonces yo no tenía capacidad para comprender ésas y otras frases tan gráficas, y aún hoy me llenan de estupor cuando las recuerdo.

Luego se golpeaba la cabeza: ‘¡maldita mi puta suerte!’. Gritaba con voz ronca y crispadora. Parecía el quejido de un animal. Se tiraba al suelo entre convulsiones y náuseas. Entonces pensé si no sentiría dolor por las ortigas y las piedras. Pero rompí llorar.

Me miró furioso, con los ojos rojos inyectados en sangre-: ¡fuera de aquí, llorón! –me dijo, finalmente.

Escapé de allí a todo gas, sin dejar de llorar. Esa misma noche vinieron a contarme que lo habían sacado del camposanto en un lamentable estado de postración, y que luego, algo repuesto, se fue a la ciudad para comprar una losa azul mar. Supuestamente, estaría en Santander hasta que terminasen de pulirla, porque al otro día, él mismo la colocó sobre la tumba. Todo el pueblo fue al cementerio para verla. Ira y pasmo era lo que reinaba entre los asistentes despues de leer lo que mi padre hizo grabar en ella:

AQUÍ YACEN LOS RESTOS DE FEFI Y PEDRO, EL ÚNICO
HOMBRE QUE SE ACOSTÓ CON ELLA. MUERTOS EL...

La fecha cincelada era la de la muerte de mi madre. El cura del pueblo no permitió semejante atrocidad. Josefa Munitis Risi, así quedó para la eternidad, esculpida la fecha correspondiente.

Como era de prever, se produjeron comentarios de todo tipo. La mayoría pensó que al pobre Pedro le había comido el cerebro la muerte de su esposa. El cura temía que se suicidara, e intentó persuadirle. Pero mi padre, sin consideración, del cementerio lo echó a empujones, con cara y modos de pocos amigos.

Pero no creo que pensase en matarse, al menos en ese día. Y la muerte que tuvo lo confirma. Era optimista y en su ánimo debía prevalecer el convencimiento de que cuando se quisiera morir, se moriría. Y se acabó. Su filosofía de la vida era bien sencilla.

Después de rezar sobre la tumba, llorando a mares, se fue a la tasca y bebió vino hasta perder el sentido. Un amigo lo trajo a la casa. Pero este episodio se repitió algunos días consecutivos. En las noches le escuchaba hablar, con voz lastimera, llamando a

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Re: Mi libro "Atormentado cuando voy a morir"

Mensaje  achl el Lun Oct 10, 2016 10:05 pm



mi madre.

Una mañana después de eso, con la cabeza bien despejada, fue a la iglesia. Ya allí, le dijo al cura.

____Quiero confesarme.

Pero no bien recibió la absolución, se encaró con el sacerdote.

____¡Ahora ya estoy en paz con Dios¡ –miró hacia el cielo-. ¡¿No es esto lo que predican ustedes?! ¡Por lo tanto, ya no hay nada de qué temer!

____Sí, Pedro, sí. Ya estás en paz con Dios. Y eso es bueno para ti. Ahora te será más llevadera la muerte de…

____¡Eh, pare el carro, curita! -lo interrumpió, y añadió-: ¡si ya estoy en paz con Dios, se acabó la conversación! ¡Lo único que ahora me importa es mi hijo y reunirme con mi mujer!

Desde que murió mi madre hacía las comidas en la casa de una prima de mi padre, pero seguía durmiendo en la mía. Me hallaba desayunando una mañana, cuando mi padre entró, impetuoso. Mi tía estaba enferma, por lo que no había ido a trabajar ese día.

____¡Ven a mis brazos, hijo! –fui corriendo hacia él. Al recibirme, me levantó y me apretó con tanta fuerza que me hizo daño.
____¡Cuídamelo! –miró a mi tía, dejándome de nuevo en el suelo, y añadió-: ¡tú sabes que hago largos viajes y uno de ellos podría ser el último! ¡Además, me debéis muchos favores!
____¿No somos de la misma sangre, después de todo? Descuida, primo, aquí le trataremos como a un hijo propio -contestó.
____¡Si yo vivo, cuidaré de que así sea, pero si la espicho y no lo cuidáis, por mi 'Fefi' que vendré a vengarme! ¡Así que ya puedes ir diciéndoselo a esos trozos de carne de tu marido y tus hijos!

Mi tía empezó a refunfuñar, pero mi padre se fue hacia la puerta de salida a la calle, no sin antes darme otro abrazo. Luego salió de la casa, con expresión de satisfacción.

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Re: Mi libro "Atormentado cuando voy a morir"

Mensaje  achl el Lun Oct 10, 2016 10:07 pm



Mi tía alzó la voz: -¡y el fantasmón ese!-. Y yo empecé a llorar, sin saber por qué. Bueno, en realidad tenía un presentimiento…

Al día siguiente, a primera hora de la mañana, el sepulturero lo encontró muerto, de bruces sobre la tumba de mi madre.

La muerte de mi padre dio que hablar. El forense pidió que se le hiciese la autopsia, ‘para salvar su responsabilidad’. El cura no quiso aceptar que se hubiese suicidado un hombre que acababa de confesar sus culpas. El alcalde no sabía a qué carta jugar. Y como el cadáver no presentaba señales exteriores de violencia, algunos decían que se había envenenado, pero la mayoría lo achacaba a las borracheras diarias y a la falta de nutrición, ya que en los últimos días no se le vio probar bocado. Por lo tanto, este misterio, en misterio quedó. E ignoro cómo lo arreglaron, pero Pedro Ceballos Mol fue a yacer junto a Josefa Munitis Risi, sin pasar por la autopsia. Y el parte de defunción, que conservo, dice así: ‘muerto de muerte natural’. Y esto era lo más acertado: muerte natural, lógica, inevitable, porque el marinero se sentía fuera del mar de la vida, justo desde el mismo momento en que la nave 'Franchuti' naufragó.

Mis nueve años me hallaron, pues, huérfano y lloroso. Hasta entonces no había sido demasiado feliz. Mis padres me querían. Cierto. Pero a esas edades el amor tiene un campo limitado y materialista, y los besos y las caricias no bastaban para olvidar el hambre. Mientras mi padre estaba en casa, nos manejábamos sin exceso, pero bien. Pero al partir él, se agotaba el remanente que se había podido salvar de sus despilfarros, y nos comían las necesidades. Mi madre trabajaba hasta las tantas, dejándose la vista en la aguja, cosiendo para la gente, y yo merodeaba en la playa y el malecón a la pesca de lapas y mejillones, a la vez que asaltaba las huertas, y también hundía la zarpa descuidera en los cestos con pescado, mientras descargaban las grandes embarcaciones.

Cuando falleció mi padre, se liquidaron nuestros pobres enseres, para sufragar su entierro. Y el piano, que tanta felicidad dio a mi madre, aunque la precariedad no entiende de utopías, se vendió para enjugar los gastos que habían originado la enfermedad y la

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Re: Mi libro "Atormentado cuando voy a morir"

Mensaje  achl el Lun Oct 10, 2016 10:08 pm



muerte de ella. 

Entonces me fui a vivir a casa de mis tíos. Ya allí, con la ración más corta y nada de juguetes, me faltó además el lenitivo de un algo cariñoso. Era una carga para ellos y diario me refregaban el bodrio que me daban. Y si no me impedían la entrada en su casa era por temor a las críticas del pueblo. Además, mi tía era muy supersticiosa. Las amenazas de mi padre la tarde antes de su muerte, dejó en su ánimo un cúmulo de singulares sobresaltos. Mientras me zurraba, con su habitual brutalidad, me decía entre golpe y golpe: ‘no creas que le temo al fantasmón de tu padre’. Pero algunas noches se despertaba gritando, cual loca. Y a mi tío, esos ataques de histeria eran de las pocas cosas capaces de sacarle de su imperturbabilidad: le sacudía un fuerte mamporro que tenía la virtud de curarla de toda clase de espanto. Pero ella seguía lloriqueando, porque era taimada y le gustaba hacerse la víctima. Empero, no tardaban los dos en dormirse y en roncar, plácidamente.

Mi tío en su juventud era pescador en las costas de Huelva, y después siguió con ese oficio en las costas de Santander. Salía todas las mañanas antes del alba, y regresaba entrada la tarde, apestando a pescado, a tabaco y a peleón. Era insensible como un tronco; si mi tía, alguno de sus hijos o yo le importunábamos nos atizaba un soplamocos con mano encallecida sin molestarse siquiera en abrir la boca. Mí tía tenía siempre a uno de sus hijos de centinela en la puerta de la casa hacia la calle. Apenas oía... ‘¡ya viene mi padre!’, se apresuraba en poner la olla sobre la hornilla de la cocina. Cenábamos todos en total silencio; sólo nos acompañaba un sonoro sorber; una escala musical de diversos tonos, desde el más retumbante de mi tío, el no menos de mi tía, hasta el tenue de los chiquillos, y todos ello se entrelazaba entre la más grosera de las armonías.

Ya cenados, si el amo venía de buen humor, liaba unas hebras de tabaco en una hoja de papel de fumar, y mi tía, tenazas en mano, aguardaba paciente la frase sacramental:

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Re: Mi libro "Atormentado cuando voy a morir"

Mensaje  achl el Lun Oct 10, 2016 10:10 pm



____Carmen, la brasa. (*)

Obedecía enseguida dejando la brasa en la mano callosa de mi tío, que encendía su cigarro mientras chirriaba la zarpa sudorosa y la epidermis nielada de suciedad. Otros marineros hacían esa maniobra de forma similar, pero más espectacular: ya prendido el cigarro, dejaban correr la brasa sobre la palma de la mano, sin ninguna muestra de dolor. Todo un gesto de ‘lobo de mar’. A mí me llenaba de asombro y curiosidad esa operación y tenía por un dios menor al que la hacía.

Mientras mi tío fumaba su cigarrillo, mi tía fregoteaba los platos. Y los niños chillábamos y nos peleábamos como fieras. Y mi tía, feliz de que ‘su hombre’ estuviera de tan buen humor, nos reñía suavemente.

____Parar ya, diablillos. ¿No veis que molestáis a vuestro padre?

Pero cuando mi tío venía enojado, se levantaba sin hablar y se iba a la cama sin fumar. Y mi tía se daba prisas en fregar, y si alguno de los niños alzábamos la voz, cogía las tenazas y nos santiguaba, sin soltar palabra.

Pero mi tío no obraba así por petulancia o por prurito de amo de la casa, sino porque era un bestiajo; cara ancha, de enrojecidas mejillas e impasible cual careta de cartón: el típico sujeto al que es difícil saber su estado de ánimo. Los ojos fruncidos obligaban al párpado superior a montar más de lo normal sobre el globo ocular, lo que además de impedirle ver bien, contribuía en dar a la cara una expresión de estupidez.

Cuando en la tasca bebía demasiado, se le soltaba la lengua y hablaba de la Guerra de África, donde, ignorando la existencia del peligro, se comportó como un héroe. Y también de su vida en el cuartel de Regulares, en la ciudad de Ceuta, en el que, según me enteré más tarde, completó con otros cuitados el...


(*) Made in Manolo Chávez; recuerdo familiar, fuera del contexto de este libro. Sólo es una evocación de la forma tan lacónica de expresarse el antes citado, hermano de este autor

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Re: Mi libro "Atormentado cuando voy a morir"

Mensaje  achl el Lun Oct 10, 2016 10:12 pm



...pelotón de los torpes. Como tenía una zancada lenta y pesada, como un oso, le costaba llevar el paso. Pero ni su heroicidad en el frente le enorgullecía ni su torpeza le ruborizaba. Solamente se jactaba de ser listo. ‘A loj padrej –decía, aspirando la ‘S’, a lo andaluz, por el mismo prurito de bellaquería, y en plural para poner de relieve una veteranía que traspasaba todos los límites de una posibilidad individual-, naide je la da con quejo’. Y así, de esta pueril vanidad, nació el apodo de 'Lopadres', con el que le motejaban los otros soldados y los altos mandos, además de la gente del pueblo, al regreso del servicio militar.

Mi tía era una tarasca con genio agresivo, pero trabajadora e incansable, cual mula: alta, flaca: un fardo de huesos. Cutis blancucho, salpicado de pecas, y unos pelos, entre negros y canos, en los que nunca entraba el peine. Se rascaba la cabeza a dos manos, y descargaba su genio intemperante y agresivo en las vecinas, cuyas tenían miedo a su dialéctica procaz y a sus fuerzas, que podían medirse a las de un hombre, aun lo flacucha que era. Acarreaba pescado en la playa, el malecón, y luego lo vendía en las calles del pueblo. Limpiaba casas y aceptaba todo tipo de faenas, trabajando desde el amanecer hasta la noche. Sólo tenía una flaqueza: el aguardiente, y un único motivo de sobresalto y temor: 'Lopadres' y esto último la ponía a cubierto de lo primero. Sin perjuicio de que alguna vez comprase algún otro licor, al que daba cupidos chupetones, y que ocultaba ante los ojos de 'Lopadres'. Era mujer muy vanidosa. Desparpaba porque tenía marido y un vientre fecundo. Se le llenaba la boca cuando decía ‘mi hombre’. Mientras se encontraba embarazada –según más tarde pude saber- se ataba el delantal por debajo del pecho y repantingaba el cuerpo hacia atrás, proyectando un vientre deforme. Caminando en las calles del pueblo se regodeaba con insolencia mientras la miraban algunas solteras, o algunas otras mujeres que ella sabía que eran estériles.

Mis tíos tenían cuatro hijos: dos varones y dos hembras, en dos años escalonados, desde los ocho a los catorce. Los mayores, del sexo masculino y crueles como diablos, me trataban todo lo peor que podían, y su madre los alentaba. Siempre andaba yo minado de cardenales y chichones. Pero con mis primas estaba en mejor armonía debido a que soportaba, mañana, tarde y

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Re: Mi libro "Atormentado cuando voy a morir"

Mensaje  achl el Lun Oct 10, 2016 10:14 pm



noche, que me trajesen de mandilete protector. Iba con las dos a la playa, antes incluso de morir mis padres, y desde que vivía en la casa de mis tíos, nos pasábamos allí todo el día. Pescábamos quisquillas en los hoyos que iba dejando la bajamar, cangrejos y sardinas en la playa, bígaros en las rocas, lapas en el malecón y mejillones en las marismas, y nos lo zampábamos to crudo, a lo bestia, y algunos entraban en nuestras bocas pataleando. Y con todos estos aperitivos, ‘de gente pudiente’, íbamos apaciguando nuestra hambre.

A la escuela fui a intermitencia, un día sí y otro no. Además de hacer rabona cada dos por tres. A leer y escribir aprendí casi de milagro. 

En un pueblo junto al nuestro había un colegio de frailes, cuyos daban enseñanza gratuita a los hijos de familias humildes que demostrasen interés en los estudios. Los frailes aquellos eran muy rígidos. Mi tía logró, a costa de llenar de pescado el buche del maestro de mi pueblo, un informe favorable para mis primos y para mí, y, sin más, nos hizo ingresar. Desde luego, en lo que a mí respecta no veía ningún altruismo en su gesto sino que como mi maestro afirmaba que yo tenía capacidad para los estudios, confiaba en que con mi ayuda podían salir adelante sus dos hijos Se pirraba por verlos colocados el día de mañana en una oficina de Santander o de Laredo, donde habían hijos de marineros que iban y venían al pueblo en fiestas locales o en vacaciones y con dinero. Como decía mi tía: ‘desampedrando las ruas, maqueaos de señoritingos y con desparpajo de cartera’. 

Yo tenía en ese entonces diez años, y mis primos, Dani y Nico, dieciséis y catorce. Dani y Nico eran corruptelas familiares de Daniel y Nicomedes.

En el aula que nos ubicaron, los niños de más edad no eran más altos que yo, y los grandullones de mis primos se convirtieron en el hazmerreír de la chiquillería. Especialmente Dani, que era un zanquilargo desgarbado y sin un adarme de inteligencia. Pero ninguno de los tres poníamos interés en los estudios. Aunque yo, sin grandes esfuerzos, me situaba entre los diez primeros de la clase, en una gris medianía en la que estaba a cubierto de la

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Re: Mi libro "Atormentado cuando voy a morir"

Mensaje  achl el Lun Oct 10, 2016 10:15 pm



envidia de los más inteligentes y de los correctivos que les imponían a los más torpes. En cambio, mis primos no pasaban de los últimos puestos, por más que yo les ayudaba en lo que buenamente podía, acuciado sin cesar por mi convenida tía.

Confieso que al principio me reía de la torpeza de aquel par de troncos, que tan mal se portaba conmigo. Cuando a final de mes nos daban las notas, mi tía los vapuleaba en la mañana, y por la tarde, 'Lopadres' les atizaba tales soplamocos como para dejar leso a un buey. Semejante espectáculo, que yo lo veía como mi venganza personal, me agradaba.

No obstante, una de aquellas mañana durante el recreo estaba en el patio jugando al fútbol con los grandullones del Quinto; le quité el balón a uno de ellos y le hice un regate. Le cabreó tanto que echó a correr tras mía derribándome al suelo de una patada en el trasero. Me levanté, hecho una fiera, y quise ‘darle’, pero como era más alto y fuerte que yo me desarmó con los primeros puñetazos. Sangrando por la nariz y la boca y llorando de rabia y dolor me lancé una y otra vez contra él, de manera que me dejó que no había por dónde cogerme. Cogí una piedra que vi por allí y traté de tirársela, pero me atrapó la mano y me arrastró por el patio, sin que ninguno de los otros alumnos presentes hiciese el más mínimo intento por prestarme auxilio. Finalmente, tuve que abandonar el campo de batalla, herido, furioso y lloroso.

Cuando entramos en la clase -mis primos habían permanecido allí castigados-, Dani me preguntó qué me había pasado. Se lo conté, sollozando aún.

____Tú tranquilo primo. Ya le daré yo a ese cabrón cuando esta tarde salgamos del colegio –me respondió.

Aquella vez, como alguna otra más, me asombró ver cómo Dani, que seguía zurrándome por lo más baladí, hacía causa común conmigo, siempre que la agresión partía de alguien que no fuese él o su hermano.

Ya en la calle, Dani y el otro hastial, que tampoco era manco, se dieron una paliza de solemnidad. Ganó mi primo, y yo me sentí

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Re: Mi libro "Atormentado cuando voy a morir"

Mensaje  achl el Lun Oct 10, 2016 10:17 pm



orgulloso. Al regresar a la casa de mis tíos, sucios de polvo, de sangre, y con la ropa desgarrada, mi tía la emprendió a golpes con nosotros, e incluso con Nico, que en nada había intervenido y que prácticamente se estaba enterando de lo ocurrido por la severa reprimenda que recibimos de su madre. Y por la noche, mi tío, por añadidura borracho, ratificó la expeditiva actitud de su mujer con una de esas bofetadas de cuello vuelto que tenía la virtud de curar de ardores bélicos durante una temporada.

Pero aun sin suceder ese episodio justiciero de Dani, y otros que dejaban en mí un reconcomio de simpatía hacia mis primos, el ensañamiento del que eran objeto por parte de dos integrantes de aquel colegio, había inclinado mi ánimo hacia aquellos dos ‘cerrados de mollera’. Uno de los que más se pasó fue Ñito, ‘el niño prodigio del colegio': un pigmeo empollón, acusica y sobón. No era más inteligente que mis primos, pero poseía una de esas prodigiosas memorias que tan frecuente es privilegio de cretinos Había conseguido el número uno de su clase y se burlaba de Dani y Nico de una forma encarnizada, prevaliéndose de que ni siquiera le tocasen debido a su corta edad -diez años-, a lo enano que era y al prestigio que rodeaba su pedante persona, puesta de ejemplo de buena estudiante por el profesorado del colegio; por el señor Nistal, especialmente.

____¡El día menos pensado se va a enterar ese niñato! -oí decir a Dani, que añadió-: ¡como hay Dios que le daré lo suyo!

El otro que los acosaba, con ojeriza inhumana, era el profesor antes citado, el señor Nistal, que impartía clase de Gramática a Primero de Comercio, lo que nosotros cursábamos. Era un tipo de ascendencia italiana, estatura media, cuarentón, petulante y de cierta cultura, además de poner en práctica una perversidad para martirizar a su alumnado. Sobre todo a los que, como Dani, soportaban sin inmutarse, estoicamente, sus golpes, sus insultos y sus bromas de pésimo gusto.

Aunque ninguno de mis primos era un cobarde, ni tenían apenas sensibilidad ni un sentido del ridículo, entraban temblando en su clase. Nistal empezaba siempre con la misma frase, que todo el alumnado, menos lógicamente Dani y Nico, aguardaban con

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Re: Mi libro "Atormentado cuando voy a morir"

Mensaje  achl el Lun Oct 10, 2016 10:19 pm



risas y burlas.

____Caros alumnos. Hoy vamos a escuchar un auténtico curso de la gramática. A ver…, a ver… ¡'Lopadres' mayor!

Comenzaba a oírse una explosión de risa.

Dani se levantaba, amedrantado y nervioso.

____¿Quieres explicar a tus compañeros qué es el artículo?

____El ar…tí…cu…lo… El… ar…tí…lo... -tartamudeaba.
____En efecto, signorino. Eso es lo que te he preguntado.

Nueva borrasca de risas.

____El… ar…tí…cu…lo… -volvía a tartamudear.
____Bueno. En vista de lo cual, buscaré una ayuda. A ver si salís de este apuro. Veamos… veamos… ¡'Lopadres' menor!

Los hacía sufrir. Luego les ordenaba que se pusieran en medio de la clase y les ponía una corona, hecha con papeles sucios.

____Caros alumnos, todo tiene al cabo su recompensa. Hasta la ciencia, tan menospreciada de ordinario. Ved aquí, para gozo, a estos dos doctos, coronados por sus propios méritos.

Al poco, previo acuerdo, pedía un voluntario para que explicase a mis primos lo que no habían sabido responder.

____¡Yo, señor maestro, yo! -se ofrecía enseguida Ñito.

Sucedíase entonces un espectáculo odioso. Y siempre era así. Y tanta reiteración resultaba ya chocante. 

____¡Tráemelos aquí, Ñito! -respondía el maestro.

Y Ñito, con una risita malévola en los labios, se empinaba, cogía a cada uno de la oreja y los llevaba junto a la tarima, donde se hallaba la mesa del maestro.

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Re: Mi libro "Atormentado cuando voy a morir"

Mensaje  achl el Lun Oct 10, 2016 10:22 pm



____Grazie, Ñito. Y ahora, diles lo que es el artículo.
____El artículo es... –soltaba la retahíla, sin dejar atrás una coma.
____¡Repetidlo! ¡Mamelucos!

Esa escena transcurría entre carcajadas, y las dos víctimas se entregaban, sin siquiera poder exhalar aliento.

____¡No lo han oído! ¡Díselo otra vez! ¡Bajad la cabeza, burros!

Naturalmente, no podían decir palabra. Estaban excesivamente nerviosos y humillados.

____Patatín, patatán. Por un oído me entra y por el otro me sale. ¡Grítaselo! ¡Y vosotros, ¡imbéciles!, abrid las orejas, y a ver si se os queda en vuestras cabezas de cernícalo! –insistía Nistal.

A veces Nistal se cansaba de lo mismo, y entonces les ordenaba que se pusiesen de rodillas con los brazos en cruz. Luego rulaba cerca de ellos vigilante, y si algún brazo perdía la horizontalidad, les golpeaba con el puntero. Pero como mis primos eran fuertes, el ocaso no se producía no bien quería el maestro. En vista de lo cual, acudía al recurso de poner varios libros en cada mano, sin poder bajarlas ni para rascarse. Había visto varias veces a mis primos derramar lágrimas. Pero no temían los golpes, les dolían ver humilladas sus fuerzas.

Otras veces, el maestro no venía de humor, lo que representaba una suerte para mis primos, pues sólo se atenía a sacudirles en las costillas con el puntero, hasta que saltaba hecho añicos. No recuerdo ya el número de los que rompió contra las espaldas de mis primos.

Ahora, no acierto a entender por qué estupidez congénita o complejo de inferioridad no se sublevaban contra tan frecuentes abusos de autoridad…

Un mañana, no obstante, cuando menos lo esperábamos, se produjo la venganza. Estábamos jugando al toro en el patio, y vi a Dani apartarse del grupo y luego entrar en la clase. Regresó enseguida. De pronto, Ñito, con la cabeza gacha, como un toro

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Re: Mi libro "Atormentado cuando voy a morir"

Mensaje  achl el Lun Oct 10, 2016 10:23 pm



en el albero, salía detrás de él embistiendo a aquel improvisado lidiador.

____¡Eh, toro! ¡Eh toro! –Dani lo citaba así.

Ñito corría hacia él, y Dani le esperaba con las manos en la espalda. Pero cuando una de las veces iba a topar, levantó dos cosas largas y las dirigió, con un movimiento rápido y enérgico, hacia la cara de Nito, a la vez que el niño lanzó un grito de dolor. Dos palilleros colgaban de las mejillas de aquel ‘empollón’.

Nistal, que rondaba próximo, se acercó al grupo; dejó a Ñito en manos de un fraile, para que lo llevase a la enfermería, y ordenó a Dani que le siguiera. Los dos se encerraron en nuestra clase y, acto seguido, Nistal le propinó una soberana paliza que mi primo aguantó pasivamente y sin una queja en los labios.

Nico y yo merodeábamos cerca de la puerta y, cuando cesaron los golpes, pudimos escuchar la respiración anhelosa de Nistal y unas palabras recriminatorias. Y, seguidamente, la voz quebrada de Dani:

____Usted me ha zurrao alguna vez con razón, porque no me sabía la lección, pero hoy no tenía ningún derecho a hacerlo por vengarme de Ñito. ¡Y cómo hay Dios, que usted también me las va a pagar!

Así era la ética de Dani. ¡Igualito, igualito que su padre!

Nistal le atizó un último bofetón y acto seguido salió de la clase, despechugado y sudoroso. Poco después, Nico y yo entramos y hallamos a Dani en un estado lamentable. Tan tremenda fue la paliza que recibió, que no murió porque tenía la resistencia de un toro.

Apoyándose en Nico y en mí y haciendo un gran derroche de voluntad, por sus propios pies llegamos a la casa de mis tíos.

Quince días estuvo en cama, debido a la paliza. Al día siguiente, mi tía fue al colegio y allí le notificaron que quedaba expulsado.

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Re: Mi libro "Atormentado cuando voy a morir"

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