Se llama copla democrático

Mi libro "Atormentado cuando voy a morir"

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Re: Mi libro "Atormentado cuando voy a morir"

Mensaje  achl el Miér Oct 12, 2016 5:13 pm



de la nada. Tomé obligada nota y desde aquel momento, Antonia enriqueció grandemente, y a más no poder, mi sensibilidad, cuya, noblemente aceptó que saber rectificar a tiempo, sobre todo de cara al interior, es cosa de inteligentes.

Otra de aquellas tardes hablamos acerca de Carolina.

____Es un poco desconcertante -empecé.
____¿Eso es todo lo que piensas?
____No.
____Ya, ya veo que no has pensado bien de ella.

Me miraba y sonreía burlona y regocijada. Mi inexperiencia con mujeres debía antojársele divertida y poco peligrosa.

____En efecto –dije, recordando la retención que hizo de mi mano, las miradas con que me fulminaba y las historias que había oído contar acerca de ella.
____No obstante, de nuevo te has equivocado. Reconócelo. Vives poco o nada hacia fuera.

Pensé que sus suposiciones eran gratuita. Pero ahora, no. Yo construía mi mundo de una forma parcial, apoyándome en el primer dato de la realidad que hería mi sensibilidad

____Pero es que hay cosas tan evidentes que no necesitan de meditación para llegar a una conclusión -insistí, no obstante.
____¡Hablas de las personas como si fueran teorema; algo matemático, y por ello, de fácil demostración! –protestó, airada.
____No irás a decirme que Carolina es más que eso –repliqué.
____¡Es un ser humano y tiene inmensas posibilidades! ¡¿Te parece poco?! –seguía airada.
____Si tú lo dices…
____Veo que eres un hombre muy seguro de sí –me miró.
____Pues sí –respondí y añadí-: el mundo exterior no es más que una serie de impresiones vaciadas en la sensibilidad. 
____Eso último que acabas de decir es injusto para los demás -se calmó.
____Yo no me impongo. Que me juzguen como quieran. Me da igual. Pero defenderé mis criterios contra el mundo.
____Entonces tendrás problemas actuando así.
____Ya he empezado a tenerlos. Y no me importa. En realidad, yo

achl

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Re: Mi libro "Atormentado cuando voy a morir"

Mensaje  achl el Miér Oct 12, 2016 5:23 pm



no necesito a nadie. Me fabrico mi propio mundo y lo vivo. Nada pido a los otros y, según qué y para qué, nada concedo.
____Perdona que te diga, pero lo que acabas de decir es absurdo -sonrió.

A su sonrisa se unió nerviosismo. La miré a los ojos. Desvió la vista. No obstante, al poco, me devolvió la mirada y agregó: 

____Sin embargo, tus razonamientos tienen atractivo para mí. 
____¡¿Sí?! ¿Es eso cierto? ¡Entonces…!

Me interrumpió, precipitadamente.

____¡Sí… sí…! Pero ahora estábamos hablando de Carolina.

No insistí. Y supongo que hice mal.

____Es una infeliz –y añadió-: la acusan de ‘ligera’. Perfil fácil de cargar, difícil de llevar y casi imposible de descargar.
____¿Y no lo es?
____¡Por supuesto que no! Encuentro sarcástica su ligereza. Desde que estoy en este pueblo he oído decir, y después lo he comprobado, que Juan es un vicioso. Se gasta todo el sueldo en bares, en juegos y en putas. La pobre de Carolina debe de estar pasándolo fatal.
____Quién lo diría…
____Sorprende porque siempre viste peripuesta y con cierto lujo. Pero excuso decir lo que esto significa en un pueblo en el que se habla mal de todo el mundo, incluso sin motivo.
____Bah, tontería. La maledicencia sin motivo es la más justificada.
____No te comprendo… -me miró.
____Pues está claro. Si no hay motivo ahora, puede haberlo mañana. La profecía es una de las cosas que disfruta de más adeptos, y para el ignorante contar con ella puede brindarle pocas oportunidades tan placenteras como la confirmación de un... ‘ya lo decía yo…’.
____Sí, es posible que tengas razón. Pero, en todo caso, me da lástima Carolina. Sospecho que lo único que quiere es dar celos a su marido, despertar su dormida ternura, salvar billetes de la mesa de juego, dar a entender que su braga es mejor. Es un pequeño drama, pero produce angustia pensarlo. Carolina es una mujer intachable, y aun sus coqueterías, apuesto que le es fiel a su esposo.
____Sin embargo, en el pueblo corren historias…
____¿¡Y qué incluso si son verdad?¡ ¡¿Te atreverías a decir lo que es lícito y lo que no lo es?! –de nuevo, su voz sonaba airada.

achl

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Re: Mi libro "Atormentado cuando voy a morir"

Mensaje  achl el Miér Oct 12, 2016 5:37 pm



____¿Yo? ¡Desde luego que no!
____Ni nadie que no sea un fariseo o un incordiador. ¿Es un crimen matar en la guerra? ¿Por qué entonces tanto aspaviento? Carolina lo que trata es redimir a su esposo; salvándose ella, sí, pero salvándole a él.
____Pero… ¿y su marido?
____No tiene dignidad. Sólo le importan sus juergas, y que su esposa haga lo que le venga en ganas. Los escándalos no le quitan el sueño. Pensé que te habías dado cuenta ya.
____Pues no. Como sabes, llevo poco en el pueblo y corto el trato con él –contesté y añadí-: pero en cuanto al escándalo, tiene su elección: prefiere hacer víctimas que reparar entuertos.

Me miró a los ojos, como impresionada.


Esas charlas me producían mortal desasosiego. Necesitaba hablar con Lola horas, días, semanas, meses, años… quizás toda una vida no bastase para formularle todas las preguntas que me abrasaban. Además, todo yo: ojos, nariz, orejas… esperaba no sé qué taponadas respuestas que estaban en sus ojos, su nariz, sus orejas…

Insisto en que Lola me rehuía desde mi llegada al pueblo. Pero merodeaba en los alrededores de su casa y la escuela. Me desmoronaba en el barrio obrero, al que iba con frecuencia. A veces conseguía hablar con ella unos minutos, pero siempre acompañada. La necesitaba. Tenía sed de ella, mortal sed, y no iba a morir en su oasis teniendo tanta fuerza para llegar. Me bañaría en su agua, aunque tuviera que ahogarme

Recuerdo ahora las palabras de Ruiz; decía que en la vida de Lola había un misterio, cuyo se podía ver en el sobresalto de sus ojos y en la alteración de su voz. Pero si esa pesadumbre era real, indispensable sería que necesitase pasear a solas, sofocar su angustia, lejos de miradas incisivas. Pero entonces no caía en la cuenta de que si esto era así, forzosamente debía resultarle incómoda mi presencia



Mis previsiones se cumplieron, aunque a medias: salía poco de su casa, y si lo hacía era acompañada de ‘una amiga oficiosa’, que pasaba a recogerla. Por tanto, si inquietud atormentaba su espíritu, era en su propia casa, donde podía dejar volar sus pensamientos, a plena libertad.


Y mientras tanto, los números del calendario iban cayendo con una lentitud desesperante. Me dolían los nervios de ansiedad, de impaciencia. Tenía la sensación de estar perdiéndome algo irrecuperable: horas de felicidad. Una de aquellas tardes estuve tentado de aparecer por su casa, sin razón aparente, y obligarla a escuchar lo que tenía que decirle. ¿Y qué era lo que tenía que decirle? Pero un resto de cordura apareció, no sé de dónde y en mi estado, y me dijo que esta medida heroica podría resultar contraproducente

achl

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Re: Mi libro "Atormentado cuando voy a morir"

Mensaje  achl el Miér Oct 12, 2016 7:47 pm



11

No sé si debo achacar al estado de excitación en que me hallaba debido a mis relaciones con Lola, el violento enfrentamiento que tuve con el alcalde, al poco de mí llegada al pueblo.

Ya he dicho en varias ocasiones que el alcalde se me indigestó a la primera de cambio. Y en general detestaba con todas mis fuerzas a toda aquella gentuza que hacía de Lola blanco de sus invectivas y que la llevaba y la traía sin cesar.

En las tertulias vespertinas, en la casa de Ruiz, a las que yo acudía, tenía la oportunidad de escuchar a cada instante hacer un panegírico de Lola; la alababan hasta la saciedad. Pero antes, luego de almorzar, iba al Café. Allí se jugaba a casi todo, incluso fuerte. Nunca tomaba parte en los juegos, sólo miraba. Me divertía observar los ardides de los jugadores. Por supuesto, faltaría más, hablar sobre Lola era obligado. Sin motivo, salía a la palestra, cada vez que les apetecía, entre risas maliciosas, guiños malintencionados y alusiones hirientes. Tenía que hacer un esfuerzo para no liarme a mamporros contra aquellos palurdos. Y así se producía día tras día, invariablemente

Una de aquellas tardes, antes de entrar en el Café, en el umbral de la puerta oí la voz de Ruiz. No había nada de especial en lo que decía, pero su tono de voz no ocultaba irritación. Y Ruiz no era de esos que se irritan tan fácilmente.

____¡Qué sí, hombre, que sí! ¡Ya me has dicho esto mismo otras veces! ¡Pero las conclusiones que tú sacas son una barbaridad! -éstas eran las palabra que se podían oír claramente que decía Ruiz.

Entré y me acerqué a una gruesa columna del local, a escasa distancia de la mesa de los voceríos, sin ser visto, y me oculté detrás de ella. Ruiz jugaba a las cartas con el propietario del Café, el registrador, el alcalde, y un tal Sixto, un funcionario de Ayuntamiento.

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Re: Mi libro "Atormentado cuando voy a morir"

Mensaje  achl el Miér Oct 12, 2016 8:03 pm



____¡¿Cómo que son una barbaridad?! –respondía el alcalde, y añadía-: ¡lo que quiero decirte es que me la han impuesto por cojones! ¡La protege, 'y de qué manera, algún pez gordo’, y cuando se es tan guapa y se tiene ese cuerpo, como la maestra, ya se sabe 'cómo se pagan ciertos favores'!
____¡Lo que usted está diciendo no es una barbaridad, sino una infamia! ¡Y le hablo de usted porque usted no se merece mi tuteo! –tercié con acritud, a la vez que salía de mi escondite, ante la sorpresa general.

La conversación cesó como por encanto. Todos lo que estaban en la barra del bar y los sentados en las otras mesas, dirigieron sus miradas hacia aquella mesa. El alcalde palideció hasta el punto de ponerse blanco, verde, rojo... Finalmente, se levantó de su silla, me miró de arriba abajo, y me dijo, tartajeante. 

____¡¿Qué… es… lo… que… di…ces tú…, di...go... us…ted…?!

Antes que pudiera responder, un hermano del alcalde, de cara feroz y en actitud agresiva, incluso navaja en mano, corrió hasta la mesa de la discordia.

____¡Repito que lo que usted acaba de decir es una infamia! –y seguí gritando-: ¡y le exijo que retire sus palabras, o que las demuestre con algo más que con suposiciones gratuitas!

El alcalde ‘comprendió’ que había cometido un desliz, y estaba dispuesto a rectificar, sin, por supuesto, abandonar su habitual pedantería, aunque más calmado.

____Le advierto que, primero, yo no hablaba con usted. Además, usted no tiene por qué tutearme. ¿Entendido? Y segundo: lo que antes he dicho ha sido una broma en una charla entre amigos, y usted no lo es mío.
____¡Ni quiero serlo! ¡Pero eso no importa ahora! ¡Entre amigos o en público, usted se ha comportado como lo que es, un rufián!

Ruiz se levantó del tirón y se puso en medio de nosotros. Pero no pudo evitar que el hermano del alcalde se abalanzase contra mí. Entonces, sin pensar, cogí una botella que había en la mesa

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Re: Mi libro "Atormentado cuando voy a morir"

Mensaje  achl el Miér Oct 12, 2016 8:13 pm



y la estampé contra su cabeza. Retrocedió tambaleante, tropezó y cayó al suelo. El asombro general era tan grande que nadie hablaba. Instantes después, me giré en redondo, a la vez que Ruiz forcejeaba con el alcalde, que galleaba y vociferaba, y salí del local.

Dos horas y media más tarde, Ruiz se presentó en mi casa. En ese momento me halló en mi despacho. Estaba poniendo en orden el fichero de mis enfermos.

____¡Muchacho, o eres un inconsciente o tienes una sangre fría que espanta! –éste fue su saludo.
____¿Por qué? –seguí con mi tarea.
____¡Y lo preguntas! ¡Terminas de descalabrar a un tipo, que he debido darle cuatro puntos, y tú te estás ahí tan tranquilo, como si no hubiese ocurrido nada! ¡Increíble!
____¡Y qué! –dejé la tarea y lo miré-. Si le he dado un botellazo a ese ha sido en defensa propia. Lástima que no lo haya recibido su hermano, que era quien lo merecía.
____No te comprendo, doctor Ceballos. Creía que tenías interés en que te asignaran la titularidad del puesto de médico en este pueblo- se calmó un poco.
____¡Claro que tengo interés; y ahora más que nunca!
____¡Entonces, no sé de qué vas! –gritó, de nuevo-. ¡¿Es que el chocar con el alcalde es la mejor forma para conseguirlo?!
____¡¿Y qué querías que hiciera, doctor Ruiz?! ¡¿Cagarme?! ¡¿O permitir que insultase impunemente a Lola?! ¡¿No crees que ya iba siendo hora de que alguien le parase los pies a ese caciquillo de mierda?! –respondí, en igual tono que él.

Pasados unos minutos de nuestros relampagueantes cruces de frases, los ánimos se calmaron. Ruiz me habló tranquilamente.

____Hubieras podido hacerle rectificar sin llegar a estos extremos. Mira, Alejandro, si tomas tan a pecho los chismes de tascas. tendrás que andar a porrazos todo el rato -me cogió del brazo y siguió hablando-: cuando se viene de la capital, como tú y yo, a un pueblo, hay que saber lidiar algunos toros que en las grandes urbes ya han sido lidiados. Además de ser un buen profesional en medicina,

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Re: Mi libro "Atormentado cuando voy a morir"

Mensaje  achl el Miér Oct 12, 2016 8:26 pm



que lo eres, debes usar psicología con este tipo de gente. Creo que no es tan difícil de entender.
____¿Es que me lo censuras?
____¿Censurártelo? ¿Yo? ¡Ni hablar! Me ha encantado –retiró su brazo y empezó a gesticular con las manos-: y si en vez de un chichón le hubieras hecho un lote entero a cada hermano, mejor. Y no sería el único que se iba a alegrar. En este pueblo, casi todo el mundo detesta al alcalde y a su caterva, pero de ahí a que te aplaudan… Después de todo, tú acabas de aterrizar en estos pagos y todavía no sabes de qué va el manejo, pero yo llevo ya aquí algunos años. Mira, Alejandro –su voz era aconsejadora-, desde que llegué a este lugar me impuse una máxima: ‘mejor alcaldillo conocido, que alcaldón por conocer’. A partir de ahora, el alcalde y los suyos te acorralarán, y lo máximo que puedes esperar de la gente que te apreciamos es que no unamos nuestras voces a las de ellos.
____Ahora soy yo el que no te comprende...
____Que no me comprenderías lo sabía desde el primer segundo que hablé contigo. Pero eso no viene a cuento ahora. Lo que importa en estos momentos es que tienes que resolver un difícil marrón. Y si no estás dispuesto a tragar bilis, mejor será que hagas el petate y te largues.
____¡No, no me iré! ¡El padre de Ríos tiene influencias, y si logro la plaza, el cabrón del alcalde tendrá que mamar!
____¡Alejandro, nunca te había oído decir un tacos! Te debo uno. Pero ahora relájate y pon tu memoria a trabajar. ¿Recuerdas lo que te hicieron en tu pueblo, siendo un niño, según me contaste? ¡Y eso que era tu propia familia! -hizo una pausa, me miró, y agregó-: hazme caso, Alejandro, no cometas más tonterías. Para tu interior, puedes odiar al alcalde cuanto quieras, pero reconcíliate con él. Te conviene.

Quedé unos instantes pensando. Finalmente, contesté:

____Tienes toda la razón. De otra manera sería dar demasiada importancia a ese hijo de… Perdón. Ya se me iba a escapar otro ta...
____Estás nervioso, Alejandro -me interrumpió-. Y, por tu bien, espero y deseo que las cosas no vayan a mayores, en lo que respecta al alcalde. Pero ahora tenemos que ver lo que dice Lola.
____¿Lola?

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Re: Mi libro "Atormentado cuando voy a morir"

Mensaje  achl el Miér Oct 12, 2016 8:35 pm



____Sí,. sí, Lola. Me figuro que no le va a gustar que la hayas puesto en evidencia. ¿Recuerdas que te conté que a causa de Lola iba a pasar algo desagradable? Bueno, pues ya lo estás viendo. Acaba de empezar…
____No creo que ninguna mujer pueda sentirse ofendida por algo así.
____¿Qué no? Aquí son mal vistas las quijotadas; sólo sirven de comidilla. Ni te imaginas las de historias que son capaces de inventar estos paletos a costa de un suceso como el que acabas de protagonizar. Sí, Alejandro, Lola no verá con buenos ojos el que te hayas entrometido en su vida. Y creo que no tenías ningún derecho a hacer eso.

A punto estuve de insultarle, de… pero opté por callar. Después de todo, él medió decisivamente para que las relaciones médicos políticas del pueblo no fueran a peores. Seguía demostrándome que podía contar con él, que era amigo.

Salimos juntos a la calle y nos despedimos cordialmente, como siempre, y luego nos fuimos cada uno por nuestro lado para realizar nuestras respectivas rondas.

Me sentía mal. No podía creer que hubiese obrado de una forma torpe, ni mucho menos criticable. Y me preocupaba el hecho de lo difícil que me iba a resultar, a partir de entonces, convivir con aquella plebe.

Como aquella tarde sólo tenía que visitar a dos enfermos, acabé pronto. Aún no había anochecido y me dirigí hacia la plaza. Iba llegando ya, cuando vi que Ruiz venía a mi encuentro, con un caminar rápido. Parecía nervioso…

____¡Te estaba buscando! -me dijo, fatigado, mirando a todos lados, como acezante.
____Pues aquí estoy. ¿Qué pasa?
____¿Pasar? –preguntó, y añadió-: no, nada en especial. Sólo que Juan y Antonia quieren que vayamos a su casa para tomar café. Eso es todo. ¡Pero vamos ya! ¡Qué están esperándonos!
____¡Pues vamos ya! –respondí, sorprendido y percatándome de

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Re: Mi libro "Atormentado cuando voy a morir"

Mensaje  achl el Miér Oct 12, 2016 8:44 pm



su alteración.

Y en efecto. El matrimonio aguardaba en su casa. Sobre la mesa del salón, había ya una cafetera y cuatro tazas. Tomamos café y luego charlamos hasta la hora de irme para cenar. Pero yo barruntaba algo: ese nerviosismo de Ruiz, esa súbita invitación de Juan y Antonia…

A las diez menos cuarto me levanté de la silla, con la idea de despedirme. Antonia se percató de mi maniobra y, por eso, preguntó a Ruiz y a mí.

____¿Por qué no os quedáis a cenar?
____No puedo –contesté yo.
____Esa es una magnífica idea. ¿No te parece, Alejandro? –terció Ruiz, mirándome.
____Pero es que dije a Socorro que iba a estar en casa a las diez. Ya tendrá preparada mi cena y…
____No te preocupes por eso -me interrumpió Juan, que añadió-: voy a enviar un recado a Socorro y otro a la mujer de Pepe.

Había nerviosismo en los seis ojos que me miraban, así que pensé que mis sospechas iban tomando cuerpo. Me ocultaban algo… Hasta que no pude más y les dije:

____¿Queréis decirme de una vez qué es lo que pasa?
____Pero… -Juan miró a Ruiz, como preguntándole si me había dicho el por qué de habernos reunido en su casa.
____¡No soy un niño y no me gusta...! –empecé a enfadarme.
____Mira, Alejandro –ahora era Ruiz quien me interrumpía-, los hermanos del alcalde se han llevado toda la tarde buscándote. Van armados. Y te advierto que son capaces de todo -y añadió, con cara seria-: hace dos años, sin mediar palabra alguna, le dieron una brutal paliza a un granjero, lindero de una de sus fincas, por el simple hecho de que una de sus vacas bebía agua en la alberca de ellos.

Sonreí, desdeñoso.

____¡Ah, era eso! ¡Cuánto os gustan los melodramas!
____¡No seas estúpido! –replicó Ruiz, enérgico-. ¡Los hermanos del alcalde mataron a ese hombre!
____Es verdad, Alejandro -terció Antonia-. Quedaron libres de toda culpa porque eliminaron todas las pruebas, pero nadie duda que eran ellos. Son peligrosos y malas personas. Y debes andarte con mucho cuidado.

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Re: Mi libro "Atormentado cuando voy a morir"

Mensaje  achl el Miér Oct 12, 2016 9:19 pm



____Agradezco vuestro interés por mí, pero es absurdo tomar tantas precauciones –les dije.
____¡Todo lo absurdo que quieras, pero si no te quedas, nosotros te acompañaremos a tu casa! –dijo, de nuevo, Ruiz.
____¡De eso nada! ¡Sería el colmo de los colmos que tuviera que necesitar 'gorilas' en un pueblo sin circo! –sonreí de nuevo.
____¡El circo lo pueden montar ellos cuando menos lo esperes! –insistió Ruiz.
____¡Quieras o no, te acompañaremos! –concluyó, Juan.
____¡Os advierto que soy bastante mayorcito y responsable de mis actos, y no estoy dispuesto a tolerar ninguna intromisión, ni por supuesto intervención directa! -me sulfuré.

La alteración de mis palabras los dejó aturdidos. Pero reaccioné a tiempo y pensé que mi tono no había sido correcto. Me apresuré en pedir disculpas.

____Siento la manera de expresarme. No tengo otra. Y repito que agradezco vuestra ayuda. Pero quiero arreglar este asunto a mi forma. Después de todo, es cosa mía.
____¡Por Dios! –terció, de nuevo Antonia, compungida-. ¿Es que no te das cuenta que tu imprudencia te puede costar la vida? –añadió.
____¡Venga ya mujer! Esa peste no se atreverá -contesté, entre divertido y desdeñoso, a la vez que le hice una pequeña caricia en la mejilla.
____En otras circunstancias aplaudiría tu valor. Pero exponerte sin necesidad a una cosa así, es una insensatez –concluyó Ruiz.
____Insensato sería esconderme como un cobarde y que me faltase valor para hacer frente a la chulería de unos paletos -y sin decir nada más, me fui solo hacia la puerta de salida a la calle.

Salí de la casa y empecé a caminar. Desemboqué en la plaza. La gente del pueblo se había retirado ya a cenar. No encontré a nadie en el camino hacia mi calle. No había mucha luna. El negro río de la noche arrastraba un caudal deslumbrante de estrellas. De unos soportales salían un halo de luz mugrienta. La calleja que conducía a mi casa estaba medio a oscuras. A lo lejos, ardía su única bombilla. Con pasos firmes seguí avanzando. Las calles que iba dejando atrás parecían enviar un efluvio de inquietud. Pero, en realidad, tenía más curiosidad que miedo. A la puerta de mi casa, dos tipos aguardaban. Los reconocí enseguida: eran los dos hermanos del alcalde. Uno de ellos llevaba un aparatoso vendaje en la cabeza. Me armé de valor.

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Re: Mi libro "Atormentado cuando voy a morir"

Mensaje  achl el Miér Oct 12, 2016 9:23 pm



____Queremos hablar con usted unas palabras, doctor justiciero –me dijo el de la cabeza vendada, cuando me paré frente a ellos y los miré desafiante.
____Pues yo ninguna palabra –respondí, tranquilamente.

El que había hablado se llevó la mano al bolsillo del pantalón, pero el otro, de más edad, la sujetó con un rápido movimiento. Le dijo:

____¡Quieto, imbécil!
____¡Déjele usted! –le dije-. Puede que hasta consiga asustarme –añadí, burlón.

Pero antes que pudiera darme cuenta, recibí un golpe en la cara. Retrocedí, y sin estar repuesto todavía, se me echaron encima los dos. Un objeto puntiagudo se apoyó en mi vientre… 

Aunque me percaté enseguida de que la cosa iba en serio y de que los temores de los amigos que acababa de dejar eran más que justificados, no me inmuté. Está claro que no me atraía la idea de recibir un puñalón en el vientre, pero estaba dispuesto a demostrar a aquellos criminales que no les tenía miedo. Antes me hubiera dejado matar con una despreciable sonrisa en los labios. Pero suponía que mi aparente serenidad era lo que me salvó. Bueno, ‘también’ la oportuna aparición de don Maximino, el cura del pueblo…

Aquel canoso cura, casi anciano ya, tenía una extraña habilidad: aparecía y desaparecía de todos los sitios en los momentos más oportunos, y a veces, como en mi caso, de forma milagrosa.

…que entró en la calle, medio corriendo y dando voces. 

Ahora, medio muerto en mi lecho, pienso que aquel providencial ‘guadiana’ se debía al celo de Ruiz por mí, aunque el propio Ruiz me lo negaba.

Me soltaron apenas oyeron al sacerdote.

____¿Por qué no continúan? Estando ahora aquí con nosotros don Maximino hasta puedo tener confesión y responso gratis -les dije con sorna y provocación.

Me sentía agresivo, con un deseo juguetón de burlarme de mis agresores. Tal vez la muerte rondaba detrás de los rostros de aquellos matones, pero podía jugar al toro con ella, sin miedo.

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Re: Mi libro "Atormentado cuando voy a morir"

Mensaje  achl el Miér Oct 12, 2016 9:39 pm



El incidente no tuvo mayor repercusión; la voz íntima fue de crítica o elogio, pero la voz del pueblo, recriminatoria para los tres. Lola agradeció 'mi gesto caballeroso’, como ella decía, con palabras pronunciadas con cierta ironía: ‘en adelante, no deben afectarte tanto los chismes barriobajeros; estas cosas suelen ocurrir en todas partes’.

Pero el desengaño de mi primera quijotada no me había servido de escarmiento. No he sido un hombre que sepa andarse con paños calientes. Y ese revés era el inicio de un montón que me acarreó no pocos contratiempos. De nada había servido que Ruiz apelase a mi cordura. Sinceramente, sin hipocresías, ni sinuosidades y sin tolerancia, abortaba todos los problemas que se presentaban en el pueblo y me volvía iracundo contra la injusticia. Mi situación llegó a hacerse insostenible; sólo la soportaba por estar cerca de Lola, pero a costa de un derroche de energías.

Creo que de no ocurrir los graves hechos que determinaron mi salida del pueblo, hubieran terminado por echarme. Pensé en las palabras de Ruiz acerca de las mentiras e intrigas que podía urdir la caciquería pueblerina para herir la sensibilidad ajena. Pero, en modo alguno, quiero hacer aquí y ahora un latoso relato de las impertinencias de aquellos lugareños, de las disputas que tuve con ellos, y de las diferencias que nos separaban. Sólo diré que mi vida de relación acabó por circunscribirse a los funcionarios, y de ellos, a los que eran ‘aves de paso’, porque los nativos o los que habían decidido quedarse de por vida, se unieron al partido de la mayoría. Sólo Ruiz, con su sutil ductilidad, me brindó, hasta el último momento, aunque con sus prevenciones y reservas, su aprecio y compañía. Pero bajo la actitud cautelosa corría la vena de un cariño leal y sincero, cuyo no podía ejercer abiertamente, obligado por las circunstancias; circunstancias no siempre achacables a mi presencia en el pueblo.

Pero estos reveses no influyeron apenas en mí. Tenía otras cosas perentorias en que pensar. Estaba habituado al aislamiento y podía prescindir de la gente. Lo que no atinaba a entender era cómo siendo blanco fácil de la aversión popular, no descargaban en mí el odio, y en cambio se ensañaban con Lola. No comprendía que mi postura honesta en las desavenencias locales llegara a producirles admiración, ni que tuvieran miedo a mi desparpajo dialéctico o a mi agresividad verbal.

Y ese lote de púas contra Lola, sólo se sustentaba en su enemistad con el alcalde, quien arrastraba a un rebaño de borregos zurcidos a las exigencias de los intereses creados. Pero esto no justificaba tolerancia conmigo y animadversión contra Lola. En fin, tenía que comulgar con la conclusión de Ruiz: veían a Lola como alguien especial, diferente a ellos. 


¿Qué hacías allí? ¿Qué buscabas? ¿Qué era lo que querías llevando a los hogares palabras cálidas y corazón ausente?


Debía estimular a la gentuza del pueblo el descubrir que, tras la plétora de la mujer, tras su aparente equilibrio, se escondía la codicia, y quizás que estaba representado una comedia. Habían tenido por un dechado lo que no era sino impostura, algo muy fácil de derrotar, y no reparaban en que cada uno de ellos podía ser reo de un delito de hipocresía. Y aunque yo podía haber mentido, era más placentero sepultar al ídolo y quedarnos todos iguales, todos bajo un mismo caldo de ignominia. Y era por eso que se cebaron contra Lola. Yo, en cambio, era un hombre con muchos defectos, capaz, como ellos mismos, de ser desleal. Me tomaron como cómplice en iniquidades cuando atropellé a Lola, y eso les gustó. Pero pronto me di cuenta de que desde entonces era más vigilado. Nada había que no hiciera que no fuese mirado con lupa. Pero lo que más les dolía era que yo no les prestaba ninguna atención.


Mi aparente rectitud la tomaron como una farsa. Pensaban que todos éramos lobos de una misma camada; y no se equivocaban: ¡lo éramos! En cambio a Lola, hasta los episodios que daban lugar a nuestras relaciones, la veían como alguien invulnerable. Pero uno de aquellos turbulentos días la piedra del escándalo golpeó su cuerpo, y sonó a hueco; hueco y bronco como un timbal de guerra, que anunciaba, por fin, la hora del ataque

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Re: Mi libro "Atormentado cuando voy a morir"

Mensaje  achl el Miér Oct 12, 2016 9:52 pm



12

Había llegado al pueblo sevillano a mediados de agosto, y aún hubo días de un calor sofocante. Parecía que sólo era posible abrirse brecha a machetazos limpios, como en la selva, rajando una densa pared de luz. A primeros de septiembre, no obstante, empezaba a soplar un aire que levantaba el calor del suelo, como a faldas. La bruma llenaba los lechos, como una música jocunda, y la tierra gritaba extasiada con los labios húmedos de agua, ebria de su propio perfume de tierra mojada.

Al primer soplo otoñal, las pocas acacias que quedaban en el pueblo se estremecían frioleras, y sus hojas dejaban en el suelo sus últimos círculos de oro. Todos los cosechadores rezagados precipitaban la recogida del trigo. Entonces el pueblo trepidaba recorrido de carros. El cielo llenaba su vasija de nubes, grises y blancas, que desbordaban el redondo horizonte sobre la tierra, como leche en ebullición. En los anocheceres quedaban quietas mientras duraba el crepúsculo, cuyo se iba descomponiendo en una deslumbrante orgía de colores. No me cansaba de contemplar aquella maravilla.

Una de aquellas tardes, antes de hacer mi ronda, me dirigí hacia las ruinas del pueblo. Gozaba cruzando bajo sus arcos. Esparcía la mirada sobre el paisaje, verde y seco a la vez, de los campos sevillanos. Ese paisaje, junto con las ruinas, parecía una réplica exacta de mi carácter.

A esas horas, las calles estaban solitarias. La gente se hallaba prensando la uva rubia y la negra uva que traían esa pelusilla cándida y sedosa de los bocoyes madre. Baco latino rondaba ya turbio y torvo por las bodegas.

De pronto, aparecía a la puerta de su casa un tipo con los pies descalzos, pegajoso de mosto, sonoro de moscas. Machacaba una anciana contra el suelo unas espigas. Corría en pos de una mula un zagal. Las torres de las iglesias, se pigmentaban de un color rosáceo, y todavía resplandecían los muros encalados, como con luz propia. Un rebaño de ovejas saciaba su sed en una ría próxima, desparramando sobre el agua hebras de lana.

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Re: Mi libro "Atormentado cuando voy a morir"

Mensaje  achl el Miér Oct 12, 2016 10:03 pm



Trotaba en un camino una yegua. Y allá, a lo lejos, en el horizonte, un bosque de encinas parecía un espejismo.

Me detuve. Lola estaba allí, quieta, en uno de los caminos que llevaba al pueblo. Miraba el horizonte. Me puse detrás, sin ser visto. El crepúsculo estaba en su punto más culminante. La tierra mordía el inmenso disco del sol, haciéndolo sangrar por sus venas. El azul comenzaba a palidecer y se volvía violáceo. La luna, apenas bebé, trepaba poco a poco en el firmamento y se contrapesaba con el sol.

Lola se volvió en redondo, sobresaltada.

____¿Molesto? –le pregunté, tímidamente.
____Por supuesto que no. Sólo me asusté. No te había visto.
____Es una maravilla este crepúsculo -seguí hablando.
____Sí que lo es. Pero sobrecoge.

Nuestros ojos se cruzaron. Giré la cabeza hacia mis alrededores: una vaca holandesa, paradójica en tierra de calores, se acercó a la ría, inclinó la testa y empezó a beber. Se podían oír los cantos agudos de los grillos, que rompían el silencio.

____No llego a acostumbrarme a estas sensaciones del Sur. Son demasiado intensas para mí. Admiran y duelen –añadió Lola, en un suspiro.
____Todo lo que admira duele –argumenté.
____¿Por qué? –me preguntó, volviéndose hacia mí mirándome.
____No sabría explicártelo. Pero en ti misma hay ese dolor de admiración.

No se dio por aludida, y guardó silencio. Al poco, dijo:

____Nunca había visto antes un firmamento tan rico en matices como este. No creo que haya en todo el mundo algo así.

Levantamos las cabezas y miramos hacia el cielo, que parecía pintarrajeado de rojo, azul, dorado, verde, gris… Chorreaban los colores como en la paleta de un pintor. Había algo en ese cielo que oprimía. El aire parecía a la vez pesado y frágil, cual lámina de acero. Olía próximo el olor de Lola. El perfume del campo se unía al suyo... ¡me embriagaban! Miraba de reojo su silueta. Su cuerpo desnudo ante mis ojos... ¡me ahogaba la emoción!

____Me gustaría saber cosas sobre tu vida –dije de pronto, sintiendo que empezaba a cambiar el color en mi cara. 
____¿Qué te gustaría saber cosas sobre mi vida? –preguntó con mis mismas palabras, mirándome de arriba abajo y en una actitud, entre sorprendida y retadora.
____Si es indiscreto lo que acabo de preguntar, discúlpame –me apresuré en añadir, sin poder recuperar el color en la cara.
____Es más sorprendente que indiscreto –respondió.
____No veo lo sorprendente. Eres amiga. Como si uno quiere saber cosas de otro que le profese afecto. Eso es todo –empecé a recuperarme.
____De mi vida, nada tengo que contar –dijo, evadiéndose.


Rehuía esa charla, que yo llevaba a un terreno confidencial, de forma torpe y sin razón aparente que lo justificase. Para mí, la justificación era el amor que sentía por ella, la impaciencia, el deseo de aprovechar aquel encuentro que la suerte me había brindado. A causa de mi vida austera, propendía a fijarme sólo en mis propios sentimientos, y por mis escasas relaciones femeninas, no era adicto a palabras sinuosas. Además, con esa perfecta y deliberada ingenuidad con la que disfrazamos nuestros propios móviles, estaba muy persuadido de que necesitaba saber de su vida, tener suficientes elementos de juicio si los vaticinios de Ruiz se cumplían.


¡Mentira! ¡Mentira cochina! ¡Me interesaba tu vida porque estaba loco de amor por ti, porque pensaba que el camino hacia tu corazón iba a seguir los mismos derroteros que el de tu intimidad y porque el amor no era sólo complacencia de sexo, sino entrega de arcano espiritual!

____Pues creo que sí tienes mucho que contarme -insistí, recuperando del todo el color en la cara.
____¿Yo? ¿A ti? –contestó, mirándome de nuevo de arriba abajo,

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Re: Mi libro "Atormentado cuando voy a morir"

Mensaje  achl el Miér Oct 12, 2016 10:11 pm



con ojos desdeñosos.
____¿Y a quién mejor?
____Tu presunción es ridícula –respondió, y añadió-: repito que nada tengo que contar de mi vida, pero ni a ti ni nadie.

Empezó a caminar acelerada, con la intención de irse.

____¡Espera! –me crucé y seguí hablando-: no es sólo curiosidad lo que dictan mis palabras. Quiero saber de tu vida porque…
____Mejor será que no sigas -me interrumpió.
____¿De qué es de lo que tienes miedo?
____¿Miedo? ¿Yo? No tengo miedo de nada.

El color en mi rostro, moreno al principio de la conversación, y blanco después, iba cambiando a rojo indignación. 

____¡Sí, tú!
____¡Repito que no tengo miedo de nada!
____¡No te creo!
____¡Me ofendes!
____¡Tú sabrás!
____¡¿Sabré qué?!
____¡Tu actitud!
____¡¿Qué actitud?!
____¡La que estás mostrando!
____¡No sé de qué me hablas!
____¡Lo sabes muy bien!
____¡¿Qué pretendes?!
____¡¿Pretender…?!
____¡Que qué quieres de mí!
____¡Hummm…! ¡Nada!
____¡¿Lo dejamos entonces?!
____¡Cómo quieras!

Exclamaciones e interrogaciones se iban cruzando en tono impulsivo y en forma de zigzag, como fintas de espadachines. Pero, a los pocos instantes, recuperamos la calma.

____Lo siento -me disculpé, siendo yo el primero en romper el silencio que se había creado después de nuestra guerra verbal. Y añadí-: pero ya te dije una vez que la hipocresía era necesaria, y agregué que apoyaba su necesidad, porque era algo de lo que yo carecía. Pero ahora he caído en mi propia trampa. Jamás pensé que iba a expresarme con tantos rodeos. Y también pensé que tú eras capaz de dar un verdadero sentido a una sinceridad, aun cruda siendo.

El aire fresco que ya empezaba a soplar, dejaba en los brazos de Lola el sarpullido de un escalofrío.

____Vámonos ya. Hace frío –ésta fue su respuesta.

Croaban las ranas en la ría. Pasamos junto a ella y dejamos su borde lleno de enigmas sin descifrar. En el horizonte podía verse un resplandor áureo, probablemente el que quedó descarriado al sol mientras se alejaba. Sobre las torres de todas las iglesias, los nidos, que ya habían abandonado las cigüeñas, se recortaban nostálgicos. Trepando en el cielo iba la noche, dejando caer una capa oscura sobre la Tierra, que no mucho más tarde reventaría de estrellas.

____Paso de hablar de mi pasado, Alex. ¡Deseo odiarlo y olvidarlo con todas mis fuerzas! –me dijo, de pronto, nombrándome por primera vez por ése apelativo que ya le había dicho una vez que me era muy entrañable porque lo parió mi madre: ‘la ternura por antonomasia'

Entonces la escuché sin pestañear. Inútil. Desde ese momento me convencí de que nunca iba a saber nada de su pasado.

____Pues todos estos pueblerinos quieren conocerlo –le dije, con una insistencia casi molesta.
____Estos pueblerinos no son más curiosos que otros. ‘En todos lados cuecen habas’ –sonrió, por primera vez en esa tarde.

Aproveché su súbito y aparente humor para volver a la carga. 

____¿Por qué no te confías a mí? Soy tu amigo y quiero ayudarte. Ruiz y yo pensamos que te amenaza un peligro. Tú misma lo temes. Y me asusta tanta unanimidad. Puedes dar por seguro que los chismes me traen sin cuidado. Sé cómo hacerles frente y estaré siempre de tu lado si alguien pretende molestarte. Has dicho antes que deseas odiar y olvidar tu pasado, incluso con énfasis. Y yo me pregunto por qué. No acierto a entender qué amargura hay en él y qué relación puede guardar entre eso y tus temores…

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Re: Mi libro "Atormentado cuando voy a morir"

Mensaje  achl el Miér Oct 12, 2016 10:18 pm



____Tu exquisita verborrea es casi una acusación. ¿Pero qué piensas tú de lo que dicen de mí?
____¡Que es falso! Pero si algo te aflige, quisiera saberlo para acompañarte. Creo que tu pasado no encierra más oscuridad que la que han labrado esas mentes podridas. Y es necesario que estés en guardia. Porque no sé si lo sabrás, pero tú eres pura obsesión para esa gentuza. Y en muchos sentidos. Y contra todo esto puedo yo luchar.

Quedó pensativa unos momentos. Seguíamos la senda bañada por la luna, cuya luz alumbraba nuestras caras. Y la cara de Lola tenía un mucho de ingrávido y fantasmal.

____¿Y si te equivocases? –me preguntó, súbitamente, al cabo de unos segundos, mirándome a los ojos.
____Pienso que no. Pero aun cuando tu pasado fuera borrascoso, me interesa por ser tuyo. Y esto es algo que estoy dispuesto a demostrarte.
____Eso último que acabas de decir es casi una declaración en toda la regla –respondió, burlona.
____Puedes quitar el ‘casi’.

Dejó escapar una risa, cuya caía limpia y sonora en la penumbra y en la soledad de la calle.

____No le veo la gracia -agregué, confundido.
____Perdón -se disculpó, ahora con una cándida sonrisa en los labios. Y añadió-: pero es que todavía no hace tres meses que nos conocemos, y ya se te ocurre de pronto…
____Estos ochenta y ocho días… -la interrumpí y miré mi reloj calendario unos segundos. Luego, añadí-: …nueve horas y treinta y dos minutos, exactamente, son toda mi vida.
____...algo así. Empiezas a hablar en tono serio -seguía sin escuchar-, con aire protector y de repente. Estoy por creer que has tenido pocas novias –aventuró, sonriendo de nuevo.
____Ninguna –contesté, y agregué-. Y siento que mi actitud te parezca ridícula y no pueda ofrecerte una experiencia mayor.
____¡Ya te he pedido perdón! –se enojó-. Pero si te vas a sentir mejor, te lo vuelvo a pedir: ‘perdóname, Alex’…

Y después de aquella extemporánea 'complacencia’ hacia mi persona, comenzó a acelerar el paso. La alcancé y nos acompasamos. En nuestro rápido caminar, iba quedando atrás un taconeo en la calle solitaria. Mi interior ya había empezado a reírse de sí mismo y luego de mí, diciéndome: ‘¡cuán iluso has sido, Alex, que habías llegado a pensar, e incluso a creer, que iba a confiarse a ti!’


Los pasos de aquella enigmática maestra, firmes, enérgicos y rítmicos, parecían sellar burlas irónicas, cuyas iban claveteando el silencio: ¡tap... tap... tap…!

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Re: Mi libro "Atormentado cuando voy a morir"

Mensaje  achl el Miér Oct 12, 2016 10:34 pm



13

Aun la tirantez del principio de nuestra conversación de aquella tarde, no me sentía defraudado. Qué me importaba su pasado, después de todo, sóo valía el presente. Que se guardase su secreto, si es que lo había, no pensaba en él. También olvidé los temores de Ruiz. Nada desagradable podría ocurrir porque yo estaría con Lola. Y esto era lo que importaba: estar con Lola. Ya ni siquiera la atosigaba con amor; la amaba yo, y bastaba. Como si fuera algo pasivo en lo que se pudiese ejercer la fuerza de la voluntad; Lola en la meta, Alex en el camino. Sólo había que avanzar, como cuando acabé mi carrera. Mi deseo la había clavado en el tiempo, y nadie podría impedir que la alcanzase. No, tampoco era eso lo que sentía. En realidad, me pertenecía, sólo faltaba tomar posesión de ella. Como cuando dos novios se casan y esperan la noche de boda para consumar el sacramento. Sólo faltaba esa noche. ‘Noche que no tardaría en llegar…’.

Eran aquellas unas semanas inolvidables. Felices no, porque a veces me consumía la impaciencia, y otras veces las dudas.

Los siguientes días de después de nuestra última conversación, seguía nerviosa, pero no tardaba en tranquilizarse y hablarme en tono cordial, cariñoso incluso. Cuando en los atardeceres paseábamos en la carretera se ponía en un extremo del grupo de señoras, iba su lado a solicitud suya. Los días eran cortos ya, pero no hacía frío. El otoño fue benigno en aquel año, según Ruiz. El sol bajaba al horizonte, limpio de rayos, acuñando al rojo vivo la moneda de cada anochecer; se hundía en la hucha del Poniente, dejando un cielo gris. Subía la noche chisporroteante hasta lo más alto, y luego escapaba, como un silbido, entre los agujeros blancos de las estrellas y se hacía menos transparente, hasta que, al final, quedaba latiendo echada sobre la tierra, como un toro...

Parecía feliz; sus risas, el metal de su voz… Movía las manos, y el aire se llenaba de luz. Rozaba su hombro el mío, y mi sangre se ponía en pie. Su risa, su voz, su hombro..., y todo yo surcado de ríos, de soles, cruzado de escalofríos. Miraba el cielo y daba las gracias por ese gozo doloroso. Estaba junto a mí, su piel sobre mi piel, como un sol. Y así de caliente. Y así de luminosa. Y así de lejana. Me entraban ganas de estrecharla entre mis brazos y también de golpearla hasta darle muerte si se iba de mi vida. Y, después, llorar. Su risa tableteaba agridulce mi vientre. Se volvía hacia mí, me hablaba así, me miraba así, me rozaba así... y yo quería gritar con esos... ‘¡basta ya, basta ya, basta ya…!’.

Apenas cerraba la noche, regresábamos al pueblo. Nos recibía un vaho tibio y dulce. Pasaban brutas las mulas, mugían alegres las vacas, sacudían nerviosas las ovejas sus esquilas. Las calles, antes rubias, ahora blancas. Entrábamos en casa de Ruiz a jugar unas partiditas. Y la noche nos acompañaba, cortés, hasta la puerta. Pero se detenía de pronto, como cortada de tajo por la luz eléctrica.

Tutes y briscas hasta la hora de cenar. A Lola le atraía jugar. Lo disimulaba, pero no le gustaba perder, como si fuera infalible. Yo nunca ganaba, no ponía atención, no confiaba en la suerte. Topar con Lola no era suerte. Estaba escrito. Soy lo antónimo de futurista, pero conocer a Lola era mi destino. Inexorable. Como la muerte desde que nacemos.

Ruiz ofrecía a todos un vinito. Alguna vez, Lola y yo cenamos en su casa, y después de irse los otros, al anochecer, el anfitrión, la anfitriona y yo, acompañábamos a Lola hasta la suya.

Algún domingo o festivos mientras hacía mi ronda, cuando me veía se despedía de con quién estuviera hablando y se venía conmigo. Caminábamos a solas los dos. Y nadie más. Sólo las calles para pisarlas, el cielo de cobijo y el deseo como antorcha. Solos, como Adán y Eva en el Paraíso. Yo, dichoso, y Lola... creer necesitaba que también.

Naturalmente, quería que nuestros encuentros menudearan. La veía venir hacia mí y me pasmaba su sencillez, la majestuosidad con que llevaba los ojos, la boca, las piernas… Como si no fuera sólo sangre y carne, como si no arrastrase en pos de sí el paisaje, la tierra toda, como si todo lo que ya existía no hubiera nacido y sólo en ella podía estar…

Mientras paseábamos, sus ojos jugaban viendo la impaciencia con que los míos los buscaban. A partir de aquel entonces, todo comenzó a ir bien, e incluso la gente del pueblo barajaba ya pronóstico sobre la fecha de la boda. ¡De mi boda con Lola! Ruiz me golpeaba en la espalda, como diciéndome: ‘¡qué suerte la tuya!’. Y los otros amigos, nos dejaban libre el camino para que Cupido hiciera su trabajo en favor de la maestra y el médico del pueblo. Todo era celestial confabulación.

Un atardecer de un viernes, que no habíamos salido a pasear en la carretera, la esposa de Ruiz me preguntó, con 'un estudiado’ aire irónico.

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Re: Mi libro "Atormentado cuando voy a morir"

Mensaje  achl el Miér Oct 12, 2016 10:47 pm



____¿Quieres acompañar solo a Lola a su casa? Es que vienen de Sevilla mis padres, a pasar el fin de semana con nosotros, y a Pepe y a mí nos gustaría ir a la carretera a esperarlos,
____¡Sí! -contesté tan impetuoso que Ruiz, su esposa e incluso la propia Lola tuvieron que volver la cara para ocultar la risa.

Y a partir de esa noche, sólo yo la acompañaba.


¿Por qué no me dejaste gozar del gozo?


Felices también, las noches nos acogían en el cuenco de sus oscuras manos. Hablábamos, sonreíamos, reíamos… Pensaba: ‘¡está a mi lado!’. Tenía que clavar las uñas en las palmas para cerciorarme de que no era un sueño.

Algunas veces, tropezaba en la calle, pavimentada con chinos, debido a los tacones de los zapatos. La sujetaba por la cintura. Me daba las gracias. Pero había timidez en sus labios. Y emoción también. Se disparaba mi sangre, golpeaba mis sienes, pero una mano férrea apresaba de golpe todos mis nervios, hasta que los soltaba y empezaban a vibrar, llenando mi cuerpo de ecos, de esos: ‘¡Lola te quiero, desde la punta del pelo hasta la planta de los pies!’.

Pero su emoción apenas duraba un segundo. Aun eso, volvía a sonreír. Me esforzaba, sin éxito, en seguir su compás. Quería pedirle que guardase silencio. Decirle: ‘déjame que me llene de tu presencia, mi carne te oye; déjame que te piense ahora que estás a mi lado’. Me volvía hacia ella y la miraba. Me devolvía la mirada, risueña. Íbamos por las aceras iluminadas, y su cara se bañaba en la luna: blanca. Íbamos por las aceras en sombra, y se encendía mi pecho: fosforescente. Sus manos de dedos ágiles tenían algo de azorado y caliente. Sus manos, sin quizá ella saberlo, conocían los secretos de mi carne. Mientras se giraba hacia mí, la miraba a los ojos, y los suyos parpadeaban, como con sueño…

____¿Por qué me miras así? –me preguntaba. 
____¡Porque te quiero! ¿No te has dado cuenta ya? 
____Pero no hace falta que te pongas tan serio.
____No lo puedo evitar. Me impresionan tus ojos.

Pensaba en las palmaditas de Ruiz, en sus palabras de parabién, en la actitud condescendiente y cariñosa de los otros amigos. Y también, en los chismes de los malsines del pueblo. Pero nada de eso me importaba ya.


Me pertenecías, sólo faltaba que fueras mía
¿Por qué no nos ayudaríamos a ser felices? 


En las noches de luna y clavel, las estrellas espolvoreaban sobre el pelo de Lola una difusa claridad blanca, como rocío. La cogía del brazo mientras cruzábamos las calles. Me daba las gracias, pero enseguida se zafaba. Me envolvía el timbre de su voz, sus risas… Olían a sol. Eran como una luz, en cuyo resplandor me desvanecía.

Jamás dudé que Lola no llegase a ser mía. ¿Entonces? Sólo una cosa, aparte de aquella agridulce intensidad de mi contenida pasión, me atormentaba.


¿Me amabas tanto como yo? ¿Me amabas siquiera? O eras mía como una esclava, como un botín de guerra, pasivamente, y sólo en mí el deseo


Una de esas noches, mientras nos despedíamos a la puerta de su casa, retenía su mano, después de estrecharla, no la retiraba, y seguía hablando amable. No lo comprendía. Si hubiera sido una mujer fácil.... Pero no, no lo era. ¿Cómo explicar esto entonces? Le complacía mi asiduidad, se dejaba enamorar, le atraía esta posibilidad. ¿Qué era entonces lo que faltaba?

Una noche deseaba hablarme de su pasado. Ya no me importaba, pero tal vez en su pasado podía estar la clave de su actitud conmigo y de lo que ocurrió más tarde. No comprendía. Siempre torpe. No sabía si iba a pensar que iba a actuar hostilmente contra ella, si en realidad su pasado fuera borrascoso. Debía haberla escuchado y probablemente nuestra relación hubiese cristalizado.


En este momento, aun con mi cáncer y mi soledad a cuestas, me da por pensar, ingenuamente, que las cosas ya no tienen remedio, pero entonces traté de arreglarlas.

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Re: Mi libro "Atormentado cuando voy a morir"

Mensaje  achl el Miér Oct 12, 2016 10:57 pm



___Sólo me importa el presente. El pasado, muerto está. Y bien muerto que está. No soy de esa clase de personas que le gusta rebuscar. Eso es algo que no conduce a nada. Tú eres para mí la vida, tú eres para mí la felicidad, y nadie quiere perder la vida y la felicidad. Y yo no las voy a perder.

Le hablaba de ese modo, tranquilamente, como si no hubiera dejado de hacerlo en todo el tiempo. Pero ella me escuchaba de igual manera: tranquilamente.

____Quiero hablarte de mi pasado porque… dijo, de pronto.
____Hasta ahora has callado con todos -la interrumpí, y seguí en mis trece-, y debe ser triste no poder hablar de algo así. ¿Pero, por qué a mí? Soy al que menos puede importar. Al pueblo, sí. Estás a mi lado, y todo lo que no sea esto, no me importa. Si por ti deseas hablar, habla; pero si no, no digas nada.

Me giré hacia ella y la agarré de la cintura. Levantó la cara y me miró. ¿Esperando? ¿Deseosa? La miré, esperando, deseoso, y la atraje hacia mí con suavidad y con deseo también. Era el momento. Se ofrecía. Llevé mi boca a la suya; temblaba, temblábamos y todo el firmamento temblaba, sofocado de estrellas. A los ojos la miré largamente, y luego la besé en la boca, una, dos, tres veces. Mi hipófisis estaba al límite del límite. Pero ahí quedó todo...


En este momento, escribiendo estas memorias, no encuentro palabras para explicar lo que me ocurría entonces. No hay palabras inmediatas. Mi cara, mis manos… todo yo, apoyado en el infinito.


Y ya no volví a besarla hasta que no ocurrió lo que ocurrió. Y ella tampoco se ofrecía. No le di mayor importancia. Ya tendría una nueva oportunidad. Pero, sin embargo, esperaba que las cosas iban a cambiar. No cambiaron. Seguía hablándome en el mismo tono superficial de antes. Creía que sólo bastaba con eso, pero a cada instante barría mi pecho un aire de desazón.


¡Si me amabas, ¿por qué permitías que una inquietud fulminase la única posibilidad de felicidad que me brindaba la vida?!


Hasta el mismo día de mi muerte me amargará la amargura de no haber gozado hasta la extenuación la ventura de aquellas maravillosas semanas. Gozar por el sólo regalo de su presencia, de las caricias de sus manos abandonadas, de las miradas de sus bellos ojos grises…


Pero los acontecimientos que tuvieron lugar más tarde, vinieron a confirmarme que no me había equivocado.


¡Tú no me has querido nunca!


¿Por qué no alcancé la felicidad entonces, entonces que creía tenerla a tiro de piedra? ¿Por qué mi forma de ser y de actuar con quien más iba a cebarse era conmigo mismo? ¿Por qué...?

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Re: Mi libro "Atormentado cuando voy a morir"

Mensaje  achl el Jue Oct 13, 2016 11:10 am



14

De todo lo que ocurrió desde la llegada al pueblo de Víctor López no tengo conciencia plena, y temo que lo escriba en adelante va a resultar confuso e inconexo. El estado de nervios en que me hallaba, dificulta reconstruir los hechos de una forma racional y ordenada. Pero sí recuerdo perfectamente bien el día en que López llegó para cubrir la vacante de notario.

El otoño se había ido ya, sin pena ni gloria, y el invierno entró de pronto, con frío y lluvia. Nos reuníamos, como siempre, en la casa de Ruiz, en torno a la mesacamilla, para jugar unas partiditas. A veces, cuando no hacía mucho frío, paseábamos en la carretera. Las hojas de los árboles se hallaban ribeteadas de un hilillo de hielo. Llegaba a dudar si había hecho calor alguna vez.


Ahora recuerdo con cariño y nosltalgia aquel sol estival, casi hiriente, de las mañanas domingueras. Escuchábamos misa de doce. No era yo de los más practicantes, y pienso que alguno más, como Ruiz, tampoco, pero íbamos al templo con esa despreocupada docilidad rutinaria de las fuerzas vivas. Intenso era el calor. Ardía el escaso cemento de las aceras de las calles: 'sentencia de la pésima administración local'. Entrábamos a la capilla después del último toque de campana Del calor del exterior, al frescor de la capillita de las monjas. Las siervas de Dios eran pobres. Y su capillita también. Se levantaba al fondo un tímido altar. Las monjas se encontraban en un pequeño anfiteatro de madera, en lo más alto de la parte delantera, tras las espesas celosías de la clausura. Cantaban con voz falsete, al acorde de un órgano cutre y desafinado. Ignoro por qué extraña asociación de ideas la capillita recordaba a algunas casas del pueblo que, como éstas, sus paredes lucían un rojo chillón, que allí le llamaban ‘chachipiruli’. Sobre sus endebles muros, habían algunos cuadros en purpurina y varias litografías de María. Aguardaban afuera en la plaza los feligreses, en amena espera conversadora, la última campanada. Esto era una cosa que la imponía la tradición desde tiempo inmemorial.


Pero yo había empezado a hablar de López.

Le vi por primera vez mientras se bajaba del autobús, levantándose el cuello de su abrigo y poniéndose unos guantes negros de cuero. Enseguida se ocupó de su equipaje, y luego saludó, entre presuntuoso y amable, a todas las personas que habían ido a recibirle. Daba la sensación de un hombre metódico y muy seguro de sí. Era un poco más bajo que yo; rubio, delgado, y con facciones más agradables que correctas: ojos azules, nariz fina y dientes desiguales. Usaba gafas con montura de carey. Era inteligente y se jactaba de una sólida cultura. Su juicio era a la vez ponderado y ecuánime. En su trato con aquellos pueblerinos, sabía ser enérgico o blando, según circunstancias. No toleraba nada que fuese contra de su decoro, y se encogía de hombros ante los tiquismiquis locales. Su actitud, hábil, le granjeó respeto y estima entre toda la gente del lugar. Era un conversador infatigable, raramente ameno, y sus criterios se encontraban a igual distancia de lo común que de lo original.

No obstante sus buenas prendas, no llegué a estimarle ni a considerarle siquiera. Un pálpito me puso en guardia contra él desde el primer momento. Presentía el rival. Había en él mucho de escurridizo, de poco sincero, aun sus formas circunspectas. Oyéndole hablar, nadie habría dudado de su sinceridad. Pero en mí, tan torpe en juzgar a mis semejantes, quedaba un extraño pensar, como un tilín abejorrero, como si callase algo, como si lo que callaba era más trascendente que lo que decía. Otra cosa que chocaba del ‘impecable dios de la fe’ era su presuntuosidad, cuya ejercía con aires de ponderación desdeñosa. Pero no podía escapar de la mirada atenta y penetrante de un espectador tan enconado y tan al loro como éste médico suscribiente.

López era un individuo al que complacía ser conocido, destacar en todo ámbito y ambiente, incluso ruin; estar en la primera fila, presidir los actos públicos, ir al frente de las procesiones, dirigir una comisión que debía recibir a altas personalidades y dejar oír su parla, elocuente en verdad, con cualesquiera de ésos motivos Su familia era rica, pero de baja extracción. Había asistido a los mejores colegios, incluso en el extranjero, y sabía usar y probablemente abusar de las prerrogativas de ser el único heredero de una fortuna. Acabó la carrera con brillantez, siendo el número uno en su promoción, y pensaba encumbrarse pronto. Era millonario, y no necesitaba trabajar, pero quería sumar al brillo de su dinero el lustre de un cargo oficial que empavonase su ego hasta borrar

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Re: Mi libro "Atormentado cuando voy a morir"

Mensaje  achl el Jue Oct 13, 2016 11:26 am



su imagen de sangre plebeya. Se avergonzaba de sus orígenes y hasta traba vería en ellos para ser el día de mañana gobernador, o algo así, en alguna ciudad provinciana, incluso en Madrid. Pero aun mis reparos, sólo podía hacer elogio de él. Lo que le negaba era que fuera de la suficiente talla como para enamorar a Lola.

No me importaba que diese pie para que se dijera de mí que era petulante. Quizá ahora la vida de Lola transcurre feliz, junto a López. Pero yo podía haberle dado más en un minuto que López en toda la vida. Puede que Lola sea ahora una autoridad en alguna capital de provincia. Una triste y respetable señora; ¡sí, una triste y respetable señora!, noble y virtuosa, cargada de hijos y de amistades enojosas, a la vez que crucificada, en sempiterna admiración a su esposo, con una gratitud, cuya conveniencia le habrá recordado más de una vez. Porque en el supuesto de que López, en su vanidad de humano superior, haya permitido a su esposa guardar su pasado y no haya indagado sobre lo que le ocurrió conmigo, no es sino una repugnante generosidad de hombre comprensivo con una afectación falsamente cristiana y con la desdeñosa ejemplaridad de su vida, recta, con altibajos y concesiones. Es decir: una especie de cabrón consentido.

No, no era López de esas personas que perdonan fácilmente. Se habría casado con Lola porque la amaba. De acuerdo. Pero después de los primeros compases de pasión, amargaría la vida a su esposa con injustificados recelos. López era uno de esos tipos que se erigen a sí mismos como un archivo de rectitud, modelos a seguir, uno de esos implacables hombres buenos.

Lo que nunca le perdonaré a López es que haya convertido la vida de Lola en algo vulgar. ¡Dios, se puede mutilar El Giraldillo, en un acto de locura, o incendiar La Catedral, en una ansia por figurar, o arrojar La Torre del Oro al Guadalquivir, por esnobismo! ¡Pero no se puede convertir en una casa de vecinos!

Ignoro qué vida reservaba yo a Lola. Sólo sé que sería distinta. Quizá poco lujosa; menos razonable, tal vez, ¡pero más hermosa, seguro! No obstante, Lola hizo bien en elegirle. Aunque López no sabía ver el oro espiritual y físico que había en Lola, hizo bien en elegirla.


¡Mentira, mentira cochina! ¡No supiste elegir, ni había en ti oro espiritual! ¡Estatus, sí! ¡Dinero, sí! ¡Sólo estatus y dinero! ¡Eras hielo! ¡Ni a López ni a mí nos has querido nunca! ¡De mí sólo te importaba mi honestidad, cubrir la mierda de tu pasado con una vida respetable, de la que iba a ser la tapadera! ¡Y de López, sólo su estatus y su dinero! Sólo en eso pensabas! ¡Oh amada mía, esposa nunca mía! ¡¿Qué era lo que secaba la fuente de tu ternura?! ¡¿Qué pasado te atormentaba?!


Mi cáncer se ha agravado. El recuerdo de las veleidades de Lola me ha trastornado, y esto es mortal de necesidad para mí. Mi médico me ha dicho que deje de escribir, pero no le hecho caso. Escribiendo, el tiempo pasa más rápido y en cierto modo, estoy aprovechando lo que me queda de vida en algo que me satisface. Durante las noches me siento fatigado, pero tranquilo también. En estas últimas semanas he repasado mi vida y ahora la escribo. En realidad, no es tan intenso. Las palabras apenas si son un tartamudeo irrisorio, pero la novedad resulta atrayente.


Sin embargo, ya no sé si es por Lola que escribo. Y tampoco sé quién era el culpable. Quizás los dos. Pero dejemos esto ahora. No quiero tentar a la suerte y se agrave todavía más mi cáncer. Lo que realmente quiero es terminar pronto mis memorias. Quiero apagar de una vez por todas todos los fuegos que queman mi garganta

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Re: Mi libro "Atormentado cuando voy a morir"

Mensaje  achl el Jue Oct 13, 2016 11:43 am



15

Debo reconocer noblemente que López me brindó su amistad desde nuestra primera conversación. Le gustaba hablar de filosofía, literatura, arte… y, aunque me di cuenta pronto de que más que entusiasmo había en él la vanidad de un hombre culto, recibía un esparcimiento de espíritu con nuestras charlas.

Algunas tardes nos reuníamos en el Café. Mientras Ruiz y otros ‘se jugaban los cuartos’ al mus, López y yo nos enfrascábamos en el ajedrez. Un juego que él me enseñó y que me era ameno. Excuso decir que me ganaba casi siempre. Yo jugaba de una forma espontánea, pensando poco antes de mover una pieza. Él, en cambio, lo hacía metódicamente, e incluso se hizo de un libro de nuevas jugadas porque le fastidiaba que e ganase, aunque eso ocurriera en pocas ocasiones. Yo le sorprendía con mi forma de jugar, incoherente, anormal. Pero lo que realmente ocurría era que comía mis piezas en un periquete, o yo me zampaba las suyas, sin dejarle resollar.

Al margen de eso, Lola había producido en López una profunda impresión. Hablamos de ella una tarde, luego de nuestra partida de ajedrez. En esa conversación estaba presente Ruiz, que lo acababan de ‘desplumar’. Ruiz dejaba entrever, por la manera de iniciarse en la conversación, que ya le había dicho a López todo lo que me había contado a mí sobre Lola.

____Lo que debe hacer esa chica es casarse –empezó a hablar Ruiz, mirándome significativamente, barruntando una reacción en López-. Y así la dejarán en paz de una puñetera vez -agregó.
____Pero eso no le va a ser fácil -respondió López, con aires de hombre razonable, produciéndose el presentimiento de Ruiz.
____¿Cómo que no le va a ser fácil? -tercié, sorprendido.
____Hombre, no hay que ser muy inteligente para comprender que no le deben faltar pretendientes, pero de ahí al casamiento…
____¡¿Quééé?! -insistí, sin comprender su reticencia.
____Hombre, una mujer guapa que hace un enigma de su vida, según me contó Pepe… Y no es que dude de su honorabilidad, no, tampoco es eso, pero el misterio que rodea su pasado no es un incentivo halagüeño para un hombre que se acerque a ella con las mejores intenciones. El matrimonio es una cosa tan seria que no se debe fundamentar sólo en motivos de belleza y simpatía. Por grandes que éstas sean.
____Pues yo creo que el solo hecho de casarse con Lola, es razón suficiente como para compensar a uno de muchas otras cosas -dijo Ruiz, sonriendo.
____¡Ni que fuera un portento! -exclamó López.
____Es que para tu forma de ver las cosas, Lola sólo es una mujer guapa y simpática –dije.
____Puedo admitir incluso que sea una mujer extraordinaria. Pero esto no cambia el aspecto del problema –se pasó la mano por la barbilla, y luego añadió-: cada mujer es extraordinaria para cada hombre enamorado de ella.


Desde mi lecho, con mis penúltimas fuerzas, me atrevo a opinar que López se expresaba en un lenguaje sensato, pero, para mí, era poco menos que ininteligible. No, por mucho que López haya querido antes o quiera ahora a Lola, jamás llegará a ver lo que era tan obvio: una mujer que llenaba el universo, que desplazaba a las estrellas.


Sin embargo la aparente indiferencia de López hacia Lola, aún no había pasado una semana de su llegada al pueblo, cuando le vi cortejándola. Indudablemente, para un tipo como él, seguro de sí, con esa seguridad molesta de quien no ha tenido ningún obstáculo en la vida, mi relación con Lola, que ya tenía todos los visos de noviazgo, era una dificultad baladí. En unl principio no me preocupaba; seguía afrontando el dilema de mi enamoramiento como si fuésemos los dos únicos seres en la Tierra.

Nunca me paré a pensar que Lola pudiera amar a otro hombre. ¡De cuánta perspicacia hacía gala aquel monigote con gafas que llegó a llamarme un hombre de cavernas! En una sociedad bárbara, le hubiera reventado la cabeza y me hubiese llevado a la mujer como trofeo, pero en una sociedad civilizada, como la nuestra, todas las ventajas estaban de su parte.

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Re: Mi libro "Atormentado cuando voy a morir"

Mensaje  achl el Jue Oct 13, 2016 12:03 pm



Perdidas ya todas mis esperanzas, incluso de seguir viviendo, me cuesta creer que López pueda amar a Lola, pertenecerle siquiera. Me estoy derrumbando por momento, mi sangre es un hervidero de bichos, despido un olor nauseabundo, de cadáver, y voy a morir solo, desterrado, desamparado, y sólo por Lola, lejos de Lola, y no obstante necesito creer que su amor por López es una pesadilla de la que aún puedo despertar.


Mi relación con Lola seguía entonces como siempre; notaba que mi amor le hacía poca mella. Pero ya no tenía prisa. Y hasta mi impaciencia llegó a calmarse, acechando una felicidad próxima. No pensaba que podía cruzarse ningún impedimento en el camino de nuestra felicidad que la sola presencia de Lola trascendía. Pero, paso a paso, y con pies firmes, avanzaba el notario en la misma senda. Y con los ojos puestos en la misma presa. Yo, el primero, detrás; el polvo de las pisadas de aquel mequetrefe salpicaba mi cara. A mí, el lobo, je.

Pero llegó un día en que mi paciencia ya no podía más; se puso tirante y saltó como cristal. Ésa era una virtud que yo no poseía. Había soportado estoicamente todos mis avatares en la vida, pero ni humilde ni resignado. De niño, mi rebeldía fluía por los cauces de los estudios: callaba y sufría, pero jactancioso, erguido frente a todo.


Ahora, con más tiempo para pensar, aun mi estado, recuerdo que el maestro de mi colegio, donde aprendí a leer y escribir, me castigó una de aquellas colegialas mañanas. Lo acepté, sin una sola queja, altivo el mirar incluso. Pero después me propinó un fuerte tirón de oreja, a la vez que me gritó: ‘¡rebelde!’. Sentí un deseo de llorar, pero me aguanté, como aguanté cuando me herí en un pie mientras salía de mi pueblo, como aguanté mientras me pegaba mi tía. No lo entendía entonces. Ahora sí. Y mi maestro tenía razón. Mi salida del pueblo, mi actitud con don Teodoro, mi indiferencia por el amor que Luz me brindó y que rechacé, mis trifulcas en el pueblo donde fui a parar, para ejercer mi carrera. ¡Todo rebeldía! Pero rebeldía como palos de ciego: contra lo malo y contra lo bueno. No sabía si hubiera llegado a enamorar a Lola actuando en forma racional. Lo que ahora sí sé es que me había conducido improcedentemente. Me rebelé contra un cúmulo de cosas, me cegué… Eso era todo


Una de aquellas tardes, después de examinar a cuatro enfermos en mi consulta, me quedé solo. Pensé entonces que por qué parecía haberse puesto todo, súbitamente, en contra mía. Los amigos, seducidos quizá por el fácil parloteo de López, o impresionados, que era lo más probable, por su dinero, le bailaban las aguas y celestineaban sus requiebros hacia Lola, creyéndole más merecedor que yo de su cariño. Pero todo esto era previsible que ocurriese, porque mi adultez, exacerbada por algunos contratiempos inesperados, iba enajenando las pocas amistades que había podido mantener.

Hasta con Ruiz reñí un tarde: estábamos en su casa jugando a las cartas, y él me gritó porque había cometido un fallo. Respondí bruscamente. Lola y López estaban sentados juntos, y esto me tenía fuera de mí. Ruiz replicó con un sarcasmo, y entonces le insulté y después abandoné la tertulia que tantas satisfacciones me había proporcionado, antes de la llegada al pueblo de López.

Al día siguiente, busqué a Ruiz, para pedirle perdón. Cuando lo hallé, con una afectuosidad aparatosa pero sincera, me abrazó y me dijo que olvidase el incidente, como él lo había olvidado ya. Su esposa, en cambio, aunque amable seguía siendo conmigo, no me perdonó. Perdía pues con ella la mejor aliada que siempre había tenido para llevar a buen puerto mis relaciones con Lola

No podía más. Veía a Lola y a López mirarse, reírse, hablarse… Me hacían daño sus miradas, sus risas, sus palabras, y sentía un deseo terrible de cometer una locura.

En esa época tuve algunas disputas, sin nugún sentido: me enfrenté a uno para cobrar una iguala, que ni siquiera me importaba, pero me exasperó tanto que acabé por amenazarle y a verme abocado al bochorno de un juicio de faltas. El tesorero del Ayuntamiento, siguiendo órdenes del alcalde, se negó a pagarme varias dietas, por asistencia médica a enfermos de una aldea próxima a nuestro pueblo. Fui denunciado por no haber pagado la tasa de mi aparato de radio, aunque todo el mundo estaba en mis mismas circunstancias. En fin, me acosaban por todas partes.

Una madrugada, sobre las tres de la mañana, me avisaron para que fuese a curar a un sujeto que vivía a las afueras del pueblo. Era un tipo pudiente. Su padre había muerto la semana anterior de pulmonía. Me sentó mal el tener que acudir a una hora tan intempestiva para curar un simple forúnculo. Pero no puse traba. ‘Tus obligaciones antes que nada, Alex’, me iba diciendo mientras iba caminando hacia su casa. Y ya en ella, me desinfecté las manos con alcohol, sajé el grano y vendé la zona dañada. Una vez que acabé, le pregunté por un sitio donde lavarme las manos. Pero aquel tipo empezó a insultarme. Me acusó de haber sido el culpable de la muerte de su padre. No le eché cuenta. Sabía que tanto él como su hermano tenían fama de chiflados. Opté por no lavarme las

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Re: Mi libro "Atormentado cuando voy a morir"

Mensaje  achl el Jue Oct 13, 2016 12:23 pm



manos y lo que hice fue limpiar el bisturí con algodón y alcohol. Estábamos solos en la cocina, cuando de pronto, se envalentonó, pasando de los insultos a las amenazas, incluso llegó a zarandearme en los hombros. Me sulfuré y le grité, con voz amenazadora:

____¡Si vuelve usted a ponerme una mano encima, le hinco este bisturí en los huevos! ¡Y va en serio! –alcé el instrumento. 

No bien dije eso, se oyó un ruido de pasos, proveniente de otro lugar de la casa. Era el hermano, que entró en la cocina, armado de palo, amenazante. No sentí miedo. Asco sí. El que debe sentir alguien se ve acosado sin razón. Estaba decidido a defenderme a bisturitazos limpios antes de permitir que me paleara. La puerta de la cocina se abría hacia el jardín, y sin pensarlo salí, pero me seguían y me iban insultando; los mantenía a raya. El bisturí en mano debía intimidar. Al fin, pude huir hasta la calle a través del portal abierto. Hubiera dado lo que fuese por hallar a alguien allí; alguien en quien fundamentarme para presentar una denuncia contra aquellos locos. Pero la calle estaba desierta. El único que se veía venir próximo era 'el Filo, ‘el borracho del pueblo’, que a duras penas podía caminar, y menos hablar. 

Aquella fue una etapa para olvidar. Tenía ganas, necesidad casi, de andar a golpes con quien fuese, de dar salida a mis furias No sabía si aquellos palurdos me lo notaban ya, pero me evitaban, escurridizos, lanzando dardos desde el inevitable fondo de sus bellaquerías. Lucha agotadora, lucha insoportable. Sólo la presencia de Lola era importante para mí.

Al principio, ya con López en el pueblo, cuando a eso de las nueve y media se deshacían las tertulias, acompañaba a Lola a su casa, como venía siendo costumbre. Pero una de esas noches, en que por excepción nos reunimos en la casa de Juan, al poco de mi revés con Ruiz y sin habernos despedido aún, Lola propuso que todos diésemos un paseo antes de marcharnos a nuestras respectivas casas. Accedimos. Y luego, todos también, la acompañamos a la suya. Igual proposición se renovó la noche siguiente, aun siendo tan poco propicia para pasear como la anterior. Y desde entonces, se pasease o no, todos en grupo íbamos hasta la casa de Lola.

Coincidía esta actitud de Lola con su asiduidad con López. Lo que me llevaba a conjeturar que en sus súbitos deseos no había más intención que desplazarme de su intimidad. Consecuentemente, volvía otra vez a repetirse ese juego exasperado en el que Lola había estado a punto de romper mis nervios: si acudía al paseo o a las tertulias antes que López, ella ya estaba refugiada por la esposa de Ruiz o la de Juan, cuyas la protegían con hiriente desfachatez, y si me retrasaba, había emparejado ya con López, bajo risitas complacidas de todos, compinchados.

Luego de esas desesperantes situaciones, merodeaba por los alrededores del colegio, de su casa, del barrio obrero, pero ya no se deshacía de interlocutores inoportunos,

Entonces, a pesar mío, cometí una de las más grandes torpezas. De sobra sabía que no podía luchar contra López. De antemano sabía que en esa lid llevaría las de perder. He sido un hombre que no he titubeado en ningún duelo, pero las fintas de salón no iban conmigo. López era un sujeto con careta, un virtuoso en batallas incruentas, y es por eso que me vencería con su urbanidad y su donaire de torerillo de salón. En cambio, en mí sólo la violencia encajaba en el marco de mi idiosincrasia.

Una mañana les vi juntos paseando en la carretera. Quizás el encuentro no era premeditado, o quizás sí, pero, en todo caso, olvidando ambos sus ocupaciones. Me hacía daño. Aunque yo también había paseado con ella, en un tiempo no lejano, zafándonos de nuestras respectivas obligaciones. Habíamos estado solos los dos, teniendo a mi lado su voz. Y la había besado. Una tarde noche dejé mi alma en sus labios, la sellé con ellos.


Pero después López… ¡¿Es que él la va a besar?! ¡Él, él! Tengo que respirar, abriendo la boca porque falta aire a mis pulmones. En este justo momento acabo de soltar un grito que abrasaba mi garganta al recordar aquel episodio. Entonces debí hacerles ver que que estaban locos. ¡Locos los dos! ¡Lola por no comprender mi amor, y López por retar a mi furia!


Esa tarde fui al Café. Como a los diez minutos entró López. Me acerqué a él y le dije que era necesario que hablásemos. Sin recibir respuesta, salimos juntos del local y juntos también nos encaminamos hacia las afueras del pueblo.

____Tú dirás -me dijo, envarado.
____Es poco lo que tengo que decirte: ¡deja en paz a Lola!
____¿Quééé? –preguntó, perplejo. Y añadió-: creo que esa exigencia no te corresponde a ti, sino a la propia Lola –añadió.
____Es que yo la acompañaba todos las noches a su casa.
____Los dos sois solteros y es natural que así sea. Pero no veo por qué yo no pueda gozar de iguales prerrogativas. Lola es una mujer libre

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Re: Mi libro "Atormentado cuando voy a morir"

Mensaje  achl el Jue Oct 13, 2016 12:56 pm



y por eso puede elegir a sus amigos, y yo he tenido la suerte de que mi amistad le sea grata. A mí, desde luego, la suya lo es. Y por más que me esfuerzo, no llego a comprender en qué fundamentas tu inaudita petición.
____¡¿Tampoco comprendes que estoy enamorado de ella?!
____Eso sí, ¿ves? Lo había comprendido. Y puedes creerte que he tenido tu misma ocurrencia; también yo me he enamorado de Lola.
____¡Me tiene sin cuidado!
____¡Cómo que te tiene sin cuidado! Abrigas la desproporcionada y absurda idea de que te deje el camino libre hacia ella, e iguales sentimientos te parecen en mí desdeñable. No sé qué es lo que pasa por tu cabeza, pero creo que debes tener una explicación para esto.
____¡La tengo, pero da igual! ¡Lo que te repito es que la dejes en paz de una vez!
____¡Y yo insisto en que es ella, sólo ella, la que puede pedirme semejante cosa!

Le vibraban de tal forma las aletas de la nariz, que las gafas le bailaban de un modo ridículo. Pero no podía controlarme. Sentía unas ganas locas de cogerle del cogote y de apretarlo hasta hacerle jurar que en adelante no iba a cruzar palabra alguna con Lola.

____¡Además –se apresuró en añadir-: no voy a aceptar, bajo ningún concepto, esta imposición!
____¡¿Qué es lo que estás diciendo?! -dije, perdiendo totalmente las formas y zarandeándole de los hombros-. ¡Lola es mi novia, y juro que ni tú ni nadie me la va a quitar! –agregué.

Muy sorprendido, desprendió con fuerza mis manos, se arregló el cuello de la camisa, y la corbata, y luego me miró, incrédulo, y respondió:

____Siendo así, es muy extraño que no me lo haya dicho. Pero, no te preocupes que hablaré con ella –respondió, sereno ya, a la vez que se dio media vuelta y empezó a caminar.

Quedé desarmado. Estuve a punto de salir tras él y decirle que lo último que había dicho no era verdad, que me había dejado llevar, que estaba ciego. Pensé en mil disculpas. Pero permanecí quieto. ‘¿Por qué dar explicaciones a un tipo imbécil? Al fin y al cabo, Lola es mía. Contra él, contra todo, incluso contra la propia Lola’ –pensé de nuevo y seguidamente empecé a caminar, rumbo al pueblo.

No estaba tan ciego, no obstante, para ver que lo había echado todo a perder. Terminaba de poner en bandeja a Lola un móvil con el que podía cortar de cuajo los hilos que la unían a mí. Ella no sabía ver que había encendido en mí un amor y que después de cercenarlo iba a seguir viviendo con más fuerza, creciendo hasta terminar por devorarla. Tampoco yo lo veía. Todavía era un ser civilizado para obrar tan torpemente. ¿Qué debí haber hablado antes con ella? ¿Hablar? ¿Y qué era lo que tenía que decirle en estas circunstancias? Me sentía indefenso. Si hubiésemos sido lobos y sólo se tratase de luchar, de ser el más fuerte, de incluso de morir... Pero no, había que hablar. ¡¿Hablar? ¡No! ¡¿Morder? ¡Sí! ¡Destrozar a López, sí! Ver en aquella oscuridad, en aquella ceguera. No se podía decir a un ciego mira esto. Y yo estaba ciego ante Lola, ante López, ante todos. No los veía. Estaban cubiertos de hipocresías, de dobleces. Sí, el lobo acorralado por perros domésticos. Cobardes perros domésticos.

A pesar de mi enfrentamiento con López, esa tarde no falté a la tertulia. En los ojos de Ruiz había pena. No la necesitaba, pero me gustaba porque él no pertenecía a aquella jauría. Los demás nervioseaban, mirándome de reojo, como oliendo la presa. ‘Ya se han enterado, ya han hablado entre ellos; tienen ese mirar bajo de los perros domésticos y ese gruñir sordo y lento de los perros traicioneros y mordedores’, pensé.

No jugamos a las cartas esa tarde. Todos estaban confabulados. Y mudos. La mujer de Ruiz, en cambio, le hablaba a Lola, en voz baja. Haciendo un esfuerzo pude oír lo que decía, además de ver el desprecio que reinaba en el amniente. Menos en Ruiz. ¿Por qué? ‘Irás con él a solas esta noche hasta tu casa y le hablarás; zanjarás de una vez para siempre este embarazoso asunto; él no tiene ningún derecho a seguir molestándote…’.

No obstante esa palabras, fuimos todos juntos. El frío era intenso. El suelo, escarchado, parecía cristal. El Sol había huido ya de la Tierra y se encontraba en lo más alto. El cielo estaba poblado de estrellas. El viento se quebraba en las esquinas, como chasquidos de carámbanos; silbaba, cortante, dejando la oscuridad llena de heridas blancas. Recorridos unos metros, intencionadamente me quedé rezagado.

Lola se me aproximó y me habló: árida, displicente, telegráfica: ‘nunca pensé en ser tu novia, ni siquiera te amo; que me besaste como amigo, de acuerdo; que me acompañaste hasta mi casa algunas noches, de acuerdo: sólo amistad; no tienes derecho a más; tus pretensiones no sólo me molestan, cuestionan mi reputación’.

Cuando acabó, respondí, yéndome el alma en ello: rudo, brutal, y telegráfico también. La amenacé. La ira y el amor en mis labios. Le dije que la necesitaba. Y que la perdía. Que no podía amar a López ni a ningún otro, que era mía, sólo mía. Que lo pensase. Que no iba a cejar en mi lucha…


Astuta, pero hablándome suave, me dijo: ‘no seas así, Alex, quiero que seamos amigos’. Entonces no lo comprendía. Pero ahora sí lo comprendo. Como la domadora que da un terrón de azúcar al tigre. Tenía miedo, y además mentía: ojos secos, sin muestras de sentimientos... Miedo, mentira e hipocresía. ‘No seas así, Alex, quiero que seamos amigos’. Me dejaba sus palabras como limosna, para apaciguarme. El látigo y el azúcar, como Veva. Lo mismo que Veva. Pero más lista, más pérfida. Y más amada también. Pero me apaciguó, no obstante

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Re: Mi libro "Atormentado cuando voy a morir"

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