Se llama copla democrático

Mi libro "Atormentado cuando voy a morir"

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Re: Mi libro "Atormentado cuando voy a morir"

Mensaje  achl el Lun Oct 10, 2016 10:24 pm



Mi tía se quejó de la brutalidad de Nistal, y el Prior le dijo que pondría remedio. Y así fue. Nistal no volvió a pegar a ningún otro alumno más, pero siguió poniéndose en su picota a Nico y a otros ‘del mismo lote’, superándose en inventar nuevas burlas y nuevos ‘juegos’.

Nadie lo esperábamos, pero por única vez 'Lopadres' salió de su mutismo y ensimismamiento y juró que iba a romperle la cabeza al profesor. Dani le paró los pies a su padre diciéndole que no se vería muy sudado para darle al maestro lo suyo, no bien pudiera caminar.

Y en efecto, así fue. Un día por la noche, Dani en posesión ya de todas sus fuerzas, nos llamó aparte a Nico y a mí. 

____Mañana por la tarde, luego de que salga ese tío del colegio, camino de su casa, le voy a dar hasta en los zapatos -nos dijo, ‘con premeditación, alevosía y nocturnidad’.

En ese momento me sentí bien por ser espectador y, en cierto modo, partícipe del espectáculo que estaba a punto de abrirse el telón y comenzar.

Para llegar hasta la casa Nistal había que continuar la carretera asfaltada unos cien metros y se dejaba para entrar en un carril, entre maizales, alcanzando una vereda que conducía a un lugar con pocas viviendas. Nosotros tres nos ocultamos en los maíces. Ocurría esto en mayo y ya se hallaban altas las cañas. Me sentía muy hombre. Acepté y me fumé mi primer cigarrillo, ofrecido por mi primo Dani, que por excepción se mostraba amable conmigo. Nico reía a causa de mis toses. A Dani le veía tan sereno que no tenía más remedio que admirar su valor. Yo no era cobarde, ni me importaba pelear con quien fuera, pero no tenía la seguridad de mi primo Dani.

Vimos venir caminando a Nistal, con las manos en los bolsillos y silbando. Mis nervios se iban poniendo tensos.

____¡Ahora! –dijo de pronto Dani, y nos plantamos en medio del camino. Nistal avanzaba, pero nos vio y se detuvo frente a

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Re: Mi libro "Atormentado cuando voy a morir"

Mensaje  achl el Lun Oct 10, 2016 10:26 pm



nosotros. De pronto, su cara empalideció, e hizo un amago como de querer huir; amago que frustramos, cortándole el paso.

____¡A ver si el señor maestro tiene cojones de pegarme ahora que no tiene nada que ver conmigo! -gritó Dani, desafiante.

La cara de Dani se puso súbitamente sombría. Se remangó las mangas de la camisa y los músculos se marcaban bajo la piel renegrida.

Nistal, nervioso, dio unos pasos atrás, a la vez que se quitó la chaqueta, desgarrando la camisa en el intento por recogerse las mangas.

____¡Ya te daré yo, bravucón! -vociferó.

Se arrancó la corbata de un tirón. Sus manos, velludas pero bien cuidadas, vibraban, y en su frente empezó a aparecer gotas de sudor. Tenía miedo.

Fue como una lucha callejera. Sin que se dieran apenas golpes de refilón, caían enroscados al suelo, rodando entre una nube de polvo. Se golpeaban, a la vez furiosamente y torpemente. Se arrancaban pedazos de piel con las uñas, y las caras quedaban surcadas de rayas, de las que enseguida empezaba a brotar la sangre. No hablaban. Sólo se oía el balanceo de los maizales, bajo un continuo toma y daca de aquellos cuerpos, y un jadeo de las respiraciones. Los seguía como hipnotizado, espantado de la furia con la que se pegaban.‘¡Se van a matar!’, le dije a Nico, pero no respondió, sino que jaleaba con son ronco, apretadas las mandíbulas por la emoción, y sólo algunas palabras de apoyo escapaban de su boca. Inclinaba el busto con un envaramiento nervioso, estiraba los brazos, lanzaba al aire puñetazos... Seguía las peripecias de la pelea como si tomara parte en ella o como si quisiera hacer llegar a su hermano efluvios de sus fuerzas. Aun mi aturdimiento y mi nerviosismo pude ver que mis dos primos estaban compenetrados para las peleas…

Al principio llevaba ventaja Nistal, más avezado que Dani, le golpeaba la cara con los puños. Dani se defendía con más arrojo

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Re: Mi libro "Atormentado cuando voy a morir"

Mensaje  achl el Lun Oct 10, 2016 10:27 pm



que eficacia. Hasta ese justo momento. Pero la juventud se iba imponiendo, y, aunque Dani tenía el rostro ensangrentado y cubierto de hematomas, no se quejaba. De pronto, me pareció ver que en los ojos de Nistal habían sombras de terror; jadeaba, agotado por el esfuerzo. Y ahí estaba mi primo, defendiéndose y atacando como si el agotamiento no le hiciese mella en él. Diría que si el maestro no pedía clemencia era por el temor a que su alumno lo matase si lo veía débil o derrotado

Mientras uno quedaba encima, el otro lo apartaba clavándole las uñas en el cuello. Bajo esa presión agobiante de los dedos, los rostros adquirían una deformidad de pesadilla. Vi que cada vez era menor la resistencia del adulto; los puños jóvenes golpeaban como martillo, hinchándose la cara de su rival, sucia de sangre, de polvo, de sudor. Sencillamente, repugnante.

Finalizando la pelea, una mano de Dani hacía presa del cuello de Nistal. Echado sobre el suelo y aporreando con la otra mano, vi cómo Nistal pataleaba convulsivamente y movía los brazos en el aire. Se le hinchaban las venas del cogote, surcándoselo como negros gusanos. La boca del maestro parecía un agujero oscuro. Y de pronto, una saliva sanguinolenta escapaba de sus labios…

No sé cómo fue que el maestro cogió la mano que le golpeaba y con la fuerza que proporciona la desesperación clavó los dientes en el nudillo del dedo índice…

Dani lanzó un único quejido de dolor.

____¡Suélteme el dedo o le ahogo, cabrón! -gritó, a la vez que no cesaba de apretarle el cuello…

De pronto, sentí un asco horrible. El líquido de la pituitaria de la nariz de Nistal se unió a la sangre que fluía del dedo de Dani que junto con las respiraciones anhelosas, formaban unos gorgoritos repugnantes.

Enérgico, pero con cara de dolor, Dani se inclinó sobre el rostro de Nistal. Y, súbitamente, se oyó un quejido ronco. Nistal, inerte, había soltado su presa. ¿Acaso muerto?

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Re: Mi libro "Atormentado cuando voy a morir"

Mensaje  achl el Lun Oct 10, 2016 10:28 pm



Dani, trabajosamente, se puso en pie, a la vez que lanzó al aire una porción de saliva semi sólida. Horrorizado, desvié los ojos. ¡Le había arrancado una oreja de un solo mordisco!

Inmediatamente después, nos adentramos en el maizal. Ya allí, en forma instintiva volvimos la cabeza: Nistal no estaba muerto, sólo sin sentido panza arriba sobre el suelo, Empezamos a correr y mientras corríamos, Dani se iba envolviendo en un trozo de su camisa hecha jirones, el dedo medio cortado de cuajo y que más tarde tuvieron que amputarle.

Al día siguiente se personó en la casa de mis tíos una pareja de la Guardia Civil, y se llevó a Dani. Lo juzgaron en el Tribunal de Menores de Santander, y fue condenado a permanecer durante un año en un correccional.

En aquel curso saqué adelante todas las materias, incluida la Gramática, en la que incluso obtuve un ‘diez’. Nico logró un ‘seis’ en gimnasia, pero del resto fue cateado. Y como el aprobar era requisito sine quam para seguir, la carrera de Nico, como antes la de Dani, se truncó. Y con la de ellos, la mía. Y puesto que ya no había ‘razón razonable’ para regresar de nuevo al colegio, ese verano me colocó mi tía en la fábrica de conservas de atún del pueblo. Ganaba un real diario. Mi primer ‘sobre’; pobre, pero sudado.

Pasado el año volvió Dani de 'su cárcel’. Nos contó que lo había pasado mucho mejor que en el colegio. Por entonces, Nico había empezado ya a salir al mar y Dani siguió enseguida la difícil vida de pescador.

Doce años contaba yo cuando ocurrió la tragedia. Era un día infernal. A las diez empezó a llover. Más tarde seguía lloviendo, e incluso con más fuerza. A casa de mis tíos llegué empapado y tiritando. Escampó, pero sólo mientras almorzaba. Al salir, para regresar al trabajo, caí sin querer un vaso al suelo, que se hizo añicos. Me encogí, esperando el bofetón, pero mi tía no hizo ni dijo nada. En la cocina quedaron todos los platos sin fregar. Mi tía se hallaba en un tajo, con las piernas estiradas y la espalda sobre la pared, cruzadas las manos nervudas y sucias sobre el

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Re: Mi libro "Atormentado cuando voy a morir"

Mensaje  achl el Lun Oct 10, 2016 10:30 pm



vientre. Toda ella en una actitud de abandono y aplatanamiento. No había nadie más en la casa. Mi tío y sus hijos estaban en el mar y mis primas se fueron a su colegio, luego de comer.

Crucé, encogido, nuestra calle. El viento soplaba con furia. Me tambaleaba mientras caminaba. Las ráfagas me llevaban en volandas en la carretera, que en rápida inclinación descendía hacia la playa y en cuya proximidad se hallaba la fábrica. El mar estaba alborotado. El viento agolpaba negros nubarrones, como caballos salvajes. Las olas saltaban encabritadas, y un alud de espuma barría el malecón. Frente a él, las olas se desgarraban y batían el muelle contra las rocas. Las gaviotas emitían sonidos metálicos. En aquel paisaje se estaba mascando, con dientes de ogro, la tragedia. Tragedia que no tardaría en llegar…

En el trayecto hacia la fábrica vi personas mayores que miraban espantadas el mar; clavadas en los pies, inmóviles como estatua Presentían. Ya habían sido testigos directos de otras catástrofes de similares calibres.

____'¡Es la galerna, es la galerna!', decían, y el terror ponía mis pelos de punta.

Entré en la fábrica. Ni que decir que nadie dio golpe esa tarde. Todos los que allí trabajábamos teníamos algún deudo en el mar.

____'Se habrán refugiados en algún puerto, en el de Santander quizás' -aventuró una voz optimista.

Desde la cristalera de la fábrica se veía claramente la punta del malecón, que hacía las veces de puerto y en el que en un estero maloliente se depositaba el pescado. Los obreros nos apiñamos tras los cristales. Enfrente, se podía ver un expectante grupo de pescadores. Pude divisarlo, a duras penas, abriéndome paso con la vista entre las piernas de un compañero del trabajo que, por añadidura, no paraba de moverse de un lado a otro.

Allá a lo lejos, cerca de la línea del horizonte, el mar, provocador y rebelde aparecía cubierto de crestas coronadas de espuma.

De pronto, comenzó a llover con intensidad. El viento empezó a

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Re: Mi libro "Atormentado cuando voy a morir"

Mensaje  achl el Lun Oct 10, 2016 10:31 pm



entonar una melodía fúnebre en las tensas cuerdas del agua.

A las cinco se suspendió el trabajo en la fábrica. Escampó, pero el gris era negro ya, y el viento corría a una velocidad de vértigo Abandonamos la fábrica en un tropel correntón.

Acompañado de mis primas, que habían venido a buscarme, nos dirigimos hacia el malecón. Con un ruido ensordecedor, enormes olas golpeaban y hacían levantar surtidores de diez metros. La mayor de mis primas, de pronto, empezó a llorar.

____No va a pasar nada -le dije, con la idea de tranquilizarla, por más que no lo conseguía, debido a lo que estaba viendo y a mi tono de voz, poco tranquilizador.

También tenía miedo. Pero había en mí una morbosa curiosidad: ‘a la vez me complacía y defraudaba que ocurriese la tragedia'.

Corrimos los tres juntos hacia un pinar, que se inclinaba por la furia del viento, que silbaba desapacible entre las copas.

En la playa, la resaca parecía enrollar las aguas del Cantábrico, cual gigantesca alfombra. Mar adentro, se agitaban, continuas y violentas, las olas como caldo espeso. Dantesco.

Mujeres, hombres y hasta niños, y mi tía al frente maldecían. Mi tía emitía gritos histéricos, casi cómicos: 

___¡¡Mi Dani, mi Nico y mi hombre van en un mismo barco!!

A las seis de la tarde se vio el primer barco: Meme. Era noche ya y los otros no tardaron en aparecer; ocho en total: Pat, Cari, Pat1 Andrea, Macarena, Can y Julio. Bailaban sobre las aguas cuales pedazos de corcho. El mar los acogía, pero volvía a sacarlos en la cresta de una ola con un fácil juego de prestidigitación. Todos aguardaban, junto a la barra. Luego, uno a uno, danzando en el lomo de una goliat ola, iban poniéndose en el punto más alejado del malecón. Y ya allí quedaban cabeceando, pero a salvo.

La tragedia ocurrió en un santiamén; quizás un fallo del patrón, quizás los nervios, esto es algo que nunca se sabrá. Lo cierto es

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Re: Mi libro "Atormentado cuando voy a morir"

Mensaje  achl el Lun Oct 10, 2016 10:33 pm



que uno de los barcos se quedó rezagado, como esperando el momento propicio para iniciar la salvación. Parecía recibir en mis músculos la tensión de los marineros que lo tripulaban, y creía que de un momento a otro iba a ver, entre la furia del viento, al patrón decir: ¡avante! Pero lo que vi fue cómo un golpe de mar lo inclinaba de banda y que poco antes que pudiese recobrar su posición horizontal, una ola malvada lo tumbaba y pasaba por encima de él dejando su frente blanco de espuma pulverizada.

En el mar, en el malecón y en el pueblo resonó un alarido que se alzó hacia el cielo plomizo como un torrente de angustia. Junto al siniestrado, se podían ver bultos indefensos. A cada envite, el mar, iracundo, los barría y se quedaban muñequeando. Sacando fuerzas de flaquezas, volvían a emerger, pero de nuevo eran sumergidos.

Algunos marineros nadaban con dificultad hasta la orilla. Las mujeres, y mi tía al mando, en una escena patética pero plena de valor, se arrancaban sus faldas, con los dedos atrofiados de ansiedad, y las anudaban en un cordón que flameaba en el aire, esparciendo un olor doméstico. Se metían en el agua hasta el pecho, llorosas, desmelenadas, braceantes, agarrándose unas a otras para no ser presas de la resaca. Pero el cordón se empapó y no había forma de manejarlo. Entonces, una de las mujeres lo dejó escapar, ingenuamente, y mi tía, voz en grito, le dijo que los hombres no abandonan sus resabios ni en momentos graves. Otra mujer quería recuperarlas, pero intervino de nuevo mi tía insultándola con palabras terribles. Finalmente, desaparecieron las faldas mar adentro. ¡Pues no era nadie la 'Lopadres' para intimidar!

De pronto, una de mis primas me cogió del brazo: ‘recemos’, me dijo y nos miramos horrorizados. Y no sé por qué nos dio miedo su dicho. Nos cogimos los tres de las manos y oramos cada uno para sí, con la cabeza caída sobre el pecho y sin dejar de mirar de reojo lo que iba ocurriendo en el mar.

Tres valientes pescadores de los otros barcos, recién salidos del peligro, prepararon una lancha motora y fueron en auxilio de sus compañeros. Uno se tiró al agua para tratar de salvar a otro que

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Re: Mi libro "Atormentado cuando voy a morir"

Mensaje  achl el Lun Oct 10, 2016 10:34 pm



iba hundiéndose poco a poco. Desde la orilla les gritaban, con todas las fuerzas de sus pulmones y señalando con las manos, de una forma aparatosa:

____¡¡Allí, allí!! ¡¡Ya estás cerca!! ¡¡Allí, allí…!!

Finalmente, treinta desdichados se hundieron. Producía mucha impotencia y mucha angustia ver a esa treintena de personas que desaparecía para siempre bajo las profundas y frías aguas del océano.

Dani, no obstante, llegó a nado hasta la orilla. Traía puestos su impermeable negro y sus botas de suela de madera. Entre su camisa desgarrada podía verse su pecho herido. Mi tía se agarró a su cuello, lanzando gritos y propinándole sonoros besos, que sonaban a teatreros.

____¡Ya, madre, ya! ¡Déjeme respirar! -la apartó, ruborizado. 
____¡¿Y tu padre y tu hermano?!
____No los he visto –respondió, con voz ahogada.
____¡Esos pobres desgraciados! ¡Virgen del Carmen, piedad!

La lancha motora de auxilio del pueblo y una que había llegado de Santander, ambas con potentes focos plancharon el lugar del siniestro hasta el alba. Mi tía y mis primas fueron a esperarlas al malecón; yo me quedé en la playa llorando y arrodillado sobre la arena. Sentía desolación. Amanecía cuando me inicié a caminar. Me cruzaba con sombras indecisas: mujeres en enaguas, con los pelos alborotados; hombres nerviosos; niños llorando y llamando a sus madres desesperadamente; ancianos y ancianas con total desorientación… 

Hacia el final del trayecto de la casa de mis tíos, vi un hombre echado en el suelo. Me incliné sobre él. Lo reconocí enseguida. Era un redero, gallego, viudo, al que apodaban ‘Franco’. Llevaba muchos años en el pueblo. Había perdido en aquella tragedia a su hijo, que representaba toda su familia. No me vio, no le hablé y despavorido empecé a correr, nuncio de mi propio miedo.

Cuando llegué a casa vi a mi tía despatarrada sobre el suelo de

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Re: Mi libro "Atormentado cuando voy a morir"

Mensaje  achl el Lun Oct 10, 2016 10:35 pm



la cocina. Mi tío y Nico estaban en la lista de los desaparecidos. Pero mi tía ya había ahogado sus penas en ‘su mejor consuelo’: el aguardiente, a recaudo en la mísera despensa.

____Ahora el difunto –como ya decía, refiriéndose a mi tío-, sabrá que yo tenía razón.

Repetía esa frase con total convicción, recordando, sin duda, las abstinencias a las que la había sometido su marido.

Dani no había vuelto aún, y mis primas gimoteaban y cogían la mano de su madre y la besaban. Mi tía manoteaba en el aire y rechazaba los besos. El hogar estaba apagado, y una noche más -en esta ocasión por algo razonable-, me fui a dormir sin llevar nada a mi vientre.

El cadáver de Nico apareció en la ría, dos días después. Y una semana más tarde, el de 'Lopadres' en la playa 'el Sardinero', casi devorado por los peces. Pudieron identificarlo gracias al cinturón que aún llevaba: el de su etapa en la ‘mili’, y en el que había marcado con agujeritos los meses del servicio militar, ‘con mi maravilloja navaja –como él decía-, que me jirve pa tó’.

Luego de semejante hecatombe, familiar y general, mi tía pasó los primeros días entre el delirio más aparatoso y ese milagroso líquido incoloro, ‘que le devolvía la paz’, hasta que su ‘herida’ se restañó como por encanto con las 15.000 pesetas que le habían tocado de una suscripción pública, realizada en favor de los familiares directos de las víctimas.

Volvió a casarse de nuevo, al mes de enviudar, con un canoísta, borracho compulsivo y más joven que ella, al que debían tentar los 3.000 duros. Pero no sé a ella qué la pudo llevar de nuevo al matrimonio; quizás su afinidad por los borrachos, o quizás por su petulancia ingenua, frívola y agresiva a la vez, que no quería privarse del gustazo de decir ‘mi hombre…’.

La boda, desde luego, tuvo que ver. Se celebró en intimidad, a despecho de la novia, que quería figurar. Su futuro marido, que sólo veía justificados los despilfarros si eran suyos, se opuso con

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Re: Mi libro "Atormentado cuando voy a morir"

Mensaje  achl el Lun Oct 10, 2016 10:37 pm



fuerte resistencia. Mi tía transigió, bajo juramento, con tal de que la llevase a la localidad de Torrelavega, ‘para poder hacer mi viaje de novios’, decía.

Las comidas y las bebidas eran abundantes, tanto que al final se hallaban tan llenos y tan beodos, que perdieron el bus que debía llevarlos a Torrelavega. Mi tía cogió un cabreo descomunal. Por nada del mundo iba a renunciar a su ‘luna de miel’, por lo que acordaron ir a pie.

Los oí cuando regresaron al alba. Estarían exhaustos. Apenas llegarían a Torrelavega, hallarían todo cerrado –serían las tres de la madrugada-. Quizás permanecerían en Torrelavega una hora, para descansar un poco, y enseguida emprenderían el viaje de regreso. Este episodio fue durante meses comidilla del pueblo. Pero mi tía se sentía orgullosa de haber hecho su viaje de novios como una ‘señorona’.

El nuevo amo de la casa era chato, tosco de pelo, de ojos… de todo. Y su boca era repulsiva. Durante los primeros días, hacía todo lo posible por ignorarme. Aunque yo, por ese instinto de conservación, trataba de halagarle. Empero, mi entrega topaba contra su brutal desdén.

Un día, cuando ya había transcurrido tres de la boda, de pronto se quedó mirándome, como si fuese la primera vez que me veía. En sus punzantes ojos se podía ver el reproche, la indiferencia…

____¿Quién es este bicharraco? -le preguntó a mi tía, a la vez que me levantó en vilo, cogido de las orejas.
____¿Es que no le conoces?
____¡Limítate a contestar lo que te pregunte! -respondió, airado.
____Es el hijo de 'la Franchuti'.
____¿Y qué hace aquí?
____Como su padre -que en paz no descanses, pensó, a la vez que miró hacia el cielo- era primo mío…
____Pero… ¿es hijo tuyo o no?
____¿No te estás enterando que es el hijo de 'la Franchuti'? 
____¡¿Y tú no te enteras de que me contestes sólo a lo que te pregunte?! ¡No me obligues a que te rompa el hocico y...!f

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Re: Mi libro "Atormentado cuando voy a morir"

Mensaje  achl el Lun Oct 10, 2016 10:38 pm



____No te pongas así, hombre. No, no es hijo mío –no le dejó terminar la frase.
____Entonces… ¡a la puta calle!

Seguía haciendo presa de mis orejas retorciéndolas brutalmente. Apreté los dientes, para no soltar chillidos, y me ponía sobre un pie o sobre el otro alargando el cuello hasta casi descoyuntarme. Luego me arrastró hasta la puerta de la calle, y de una patada en el trasero me envió a la acera. Me quedé llorando en el suelo, mientras él reía a carcajada. Pero mi tía ni siquiera se asomó. Lo cual no me sorprendió.

La mayor de mis primas, que me había cogido cariño, salió a la calle. Se puso junto a mí, en cuclillas y en actitud cariñosa. 

____No llores más, primo.
____¿Y quién te ha dicho a ti que yo estoy llorando? –respondí, tratando de secar mis lágrimas con la manga de la camisa.
____¿Qué vas a hacer ahora? –me preguntó.
____Me voy ya de este pueblo. Y me voy a Madrid.
____¿Tienes algún dinero?
____Un real.
____Espera un momento entonces.

Entró en su casa y regresó unos minutos después.

____Ven -me dijo.

La acompañé hasta la esquina de la calle.

____Toma. Esto son todos mis ahorros. Te deseo mucha suerte -puso una peseta en mi mano, que guardé mirando receloso a todas partes.
____¡Te juro por mis padres que te enviaré cien como ésta! –la miré con ojos de agradecimiento.

Alejando despacio se fue mi prima, sin siquiera decirme adiós. Anduvo unos pasos, pero se volvió y me besó. Después echó a correr. Quedé turbado, indeciso, sin saber qué hacer. Me hallaba a mis trece años en una situación francamente difícil. Jamás me

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Re: Mi libro "Atormentado cuando voy a morir"

Mensaje  achl el Lun Oct 10, 2016 10:39 pm



había asustado por nada, y esa vez, quizá debido a la insensatez de la edad, tampoco. De nuevo rompí a caminar sin rumbo fijo. Vi una pequeña piedra en la mitad de la calle y le di una patada. Me hice daño, pero pensaba que debía contener el dolor y seguí, sin siquiera cojear. Era la hora de la comida y las calles estaban vacías. El sol las bañaba y su luz reconfortaba. Era un reluciente día del mes de enero.

Como mi carácter era introvertido, no se me pasó por la cabeza la idea de acudir a alguien; al cura o al alcalde, por ejemplo. Mis pasos me llevaron instintivamente hasta el cementerio, donde reposaban los restos de las dos únicas personas que me habían querido. Pero, ya dentro, mi valor y heroicidad se resolvían en lágrimas. Por primera vez me sentía miserablemente solo. Pero fue una flaqueza fugaz. Mi subconsciente, ya estaba empezando a tomar determinaciones…

Abandoné mi pueblo, sin despedirme de nadie. Anduve carretera arriba, gallardo y casi alegre. Me sentía muy hombre.

Ya dije que era un reluciente día de enero, pero mi sensibilidad no estaba lo suficientemente desarrollada como para recoger la belleza de las cosas, si no era por el goce que trasminaba, como un reflejo inconsciente, la hermosura de la Naturaleza.

Llegué a Torrelavega, entre dos luces, y me encaminé hacia la estación de Renfe. Ya allí, a un funcionario de la ventanilla pedí un billete, destino Madrid. El hombre me improperó agriamente cuando desaté un nudo que había hecho en un pedazo de trapo, que me servía de monedero y de pañuelo, y mostré mis cinco reales. Evidentemente, insuficientes. Aquel inesperado revés me desconcertó. En ese momento no había para mí más ciudad que Madrid, ni otro punto de destino.

Paseé la vista mirando cuánto se ofrecía a mis ojos. ‘Pero no, no era mi estilo’. Opté por subir al tren, antes que partiera, y a ver qué ocurría…

Después de todo, tuve suerte. Dos señoras, junto a las que fui a ponerme tímidamente en pie, me hicieron algunas preguntas y probablemente apiadadas de mí se erigieron en mis protectoras.

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Re: Mi libro "Atormentado cuando voy a morir"

Mensaje  achl el Lun Oct 10, 2016 10:41 pm



Cuando llegó el revisor, me metieron debajo de sus asientos. Tan mal había escuchado hablar de los revisores que mi imaginación infantil los convertía en ‘comeniños’. Me hallaba asustado y no quería salir de mi escondite. En él dormí, tragué polvo y devoré algún que otro bocado que, de vez en cuando, me alargaban mis bienhechoras.

Nunca he vuelto más por mi pueblo, pero ahora quisiera volver. Lo recuerdo con nostalgia, y me gustaría, sí, me gustaría mucho, que mis restos descansasen en el pequeño camposanto, junto a los de mis padres. Me colma de ternura el pensar en esa posibilidad. Cantarían sobre mi tumba la lluvia y el viento y oiría el rumor incansable de las olas del mar. La lluvia. Y el viento. Y el mar. Los evoco con reverencia y amor de dioses lares. El sol se desparramaría benevolente sobre mi tumba, y se nutrirían de ella las ortigas y los cipreses. Será una flaqueza, una cobardía, pero ahora siento pena de mí y me cuesta soportar un deseo de llorarme. He sufrido y voy a morir solo. Encarnizadamente me revuelvo contra mis recuerdos, y por eso quizá sea éste uno de los móviles que me incitan a escribir. Es placentero rememorar el pasado al lento correr de mi pluma. Me gusta alzar la cabeza y quedarme ensimismado, volcándome sobre mi pretérito, en él desparramándome…

Recuerdo el mar de olas bravías, las galernas, las tempestades... Los férreos truenos hacían vibrar las citaras de mi cuchitril y los resplandores de los rayos lo iluminaba. Alzaba mis manos sucias y las bañaba en la luz espectral de las descargas eléctricas. Me levantaba de mi catre y pegaba la nariz en el helado cristal de la ventana. El viento silbaba en las calles. Arreciaban las lluvias. La tendalera de la ropa golpeaba contra los barrotes...

Algunas veces se oía, sorda, espeluznante, la sirena de un barco que había quedado prisionero en el traidor bajío de la barra, y ya en toda la noche no dejaba de oírse su quejido, trágico, como un animal herido de muerte. Al amanecer podía verse el siniestrado inclinado de banda y las olas ensañándose con él; les golpeaban los flancos, les barrían de proa a popa, pero no tardaba en llegar el remolcador de Santander, vomitando densas columnas negras debido al derrote de sus motores. Luchaba en vano contra la arena. Al menos cuarenta y ocho horas de agonía, hasta que las olas rompían el casco y esparcían su esqueleto sobre la playa.

Pero todo ese lejano dolor: las injustificadas palizas de mi tía, los porrazos de mi tío, los golpes de mis primos, la corta ración de bazofia… todo, no tiene valor ni logra borrar la visión apacible de mi pueblo. Y hasta las angustias posteriores, que tanto daño me hicieron, me llegan plenas de nostalgia. Como si ahora, en que está cerca mi muerte, la vida, con una generosidad que no quiero creer que es tardía y cruel, se echase sobre mis pies para lamer mi mano y apaciguar la marea de mi espíritu.

Todo es muelle en este atardecer. Un resplandor rosáceo entra por la ventana de mi cuarto y se posa tan delicadamente en la colcha que no me atrevo a tocar por temor a que se me quede entre los dedos, como el polvillo de las alas de la mariposa.

Este silencio me sobrecoge. Pronto entrará la noche y vendrá Felix, cogerá mis medicinas, oiré un gorgoteo y me alargará la cuchara. Luego se irá dejando una sonrisa en la penumbra.

Sí, todo es amable hoy. Los recuerdos me llegan limpios y mi soledad es como un murmullo acariciador de pequeñas olas.

Me desconciertan estas sensaciones porque no soy un hombre blandengue. Pero no quiero engañarme, me encuentro solo, desamparado, y no siento rubor por confesar mi flaqueza.

Mi pueblo se halla ubicado en lo más alto de un rápido talud. Avalanchas de pinos y eucaliptos se deslizan en las laderas hasta la orilla del mar, que salpica los troncos de agua salada. Durante los inviernos, la lluvia abre hondos cauces en el suelo arcilloso, y durante los veranos, un río de niños merodea en el declive, trazando infinitos senderos. Próximo al faro, que ofrece amable su luz a los navegantes, cual afectuosa mano, está el acantilado. Las olas levantan surtidores de espuma, socavando incansable las piedras. Había un insólito lugar donde los niños pasábamos horas oyendo el resoplar de los hoyos a cada golpe de agua. Una cueva solitaria y oscura, distante un kilómetro de la playa, estaba poblada, para mí, de fantasmas y brujas.


Durante toda mi vida he sentido un orgullo especial por llevar prendido en el lado menos oscuro, en el más transparente de mis recuerdos, la nostalgia de mi pueblo. Risueña, sí, pero dolorosa y acuciante cual rehilete desgarrador

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Re: Mi libro "Atormentado cuando voy a morir"

Mensaje  achl el Lun Oct 10, 2016 10:43 pm



2

Llegamos a Madrid al filo de la diez de la noche. Mis protectoras me regalaron 30 monedas de cobre y se despidieron de mí con esa indiferencia del viajero que ha hecho una efímera amistad, para pequeños favores, o para distraer la murria de las horas de tren. Y también, cómo no, con ese insolente egoísmo burgués que sólo ve en el paria fuente de sobresaltos para la bolsa, o para las digestiones.

Sin ningún equipaje, pronto me agregué al tráfago de la capital, mirando todo con cara de asombro. Pero mi pasmo cedió ante otras exigencias mínimas más perentorias. Pasé algunas crujías de hambre y de frío. No tenía experiencia para mendigar. En las colas de las sobras miserables de los ranchos de los cuarteles, los indigentes con mayor rango de antigüedad me expulsaban violentamente. Entonces anduve hurgando en los cubos de la basura en busca de desperdicios. Durante las noches me acogía en algún soportal, pero las pasaba tiritando. Una de esas noches empezó a nevar.

Al día siguiente, la ciudad ofrecía un espectáculo, cuya belleza, naturalmente, no podía apreciar. Barrenderos con escobas púas dirigían la nieve hasta las alcantarillas. Los transeúntes tenían que ir esquivándola. El frío era mortal de necesidad. Ya había visto nevar en mi pueblo, pero con menor intensidad.

Luego de esa nevada, comenzó a caer una llovizna helada. Las gotas se me clavaban como alfileres. Me detuve en una parada de tranvías. Una mujer, harapienta y desnutrida, pedía limosnas a la gente que esperaba en la cola. Tendría unos cuarenta años, con el cabello de un color indefinido que escapaba del pañuelo que le cubría la cabeza. Entre los rotos de su falda, podía verse una piel costrosa. Con los pies introducidos en la nieve, que ya iba derritiéndose, alargaba la mano maquinalmente, moviendo apenas los labios, y la retiraba sin mirar a quien la dirigía.

Iba de un lado a otro con la cabeza gacha. Pero, súbitamente, se arrojó al suelo y cogió un mendrugo de pan, que flotaba entre lodos e inmundicias. Lo refregó apenas en su ropa y empezó a devorarlo, sin retirar los ojos de su presa. Sentí un indescriptible horror, un asco súbito por la vida, un deseo de rebelarme contra no sabía qué, y unas ganas desesperadas por llorar...

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Re: Mi libro "Atormentado cuando voy a morir"

Mensaje  achl el Mar Oct 11, 2016 11:01 am



Viví como de milagro durante un espacio de tiempo que no sé precisar. Estaba tan extenuado, tan hambriento y tan sediento que hasta perdía la noción de todo.

Pasados dos o tres días, una mañana, desfallecido y famélico, sufrí un desmayo a las puertas de una tienda de ultramarinos. Cuando medio me repuse, un tipo menudo, que estaba junto a mí, sonreía mostrando unos dientes sucios de nicotina. Entonces paseé la mirada en mis alrededores: algunas otras cabezas se inclinaban sobre mí.

____¡Venga, despejen! -dijo el tipo que me ayudó a incorporarme y, amable y cordial, metió bajo mi sobaco una mano que me hacía cosquillas.

Seguidamente, me llevó a la trastienda de la tienda.

____¿Estás mejor, muchacho? –me preguntó.
____Sí señor.
___¿Estás enfermo?
____Un poco.
____Ah, ya conozco yo esa clase de enfermedad. Gazuza, ¿eh? -sonrió. Sin duda, satisfecho de su perspicacia.
____¿Cómo? –le pregunté, ignorando el significado de la palabra que acababa de pronunciar.
____Quiero decir, hambre.
____Sí señor.
____Espera un momento entonces.

Me dejó solo unos minutos, y cuando regresó puso en mi mano un bocadillo de mortadela. Me lo comí casi de dos bocados.

____¿Cómo te llamas?
____Alex.
____¿Alex? ¿Qué clase de nombre es ese?
____Alejandro. Pero también Alex. Mi madre era francesa.
____¡Diablos! Pues eres todo un personaje -se tocaba la barbilla, como pensando.
____¿Dónde vives?
____Donde puedo y me dejan.
____Pero tendrás padres, familia… No te habrás escapado de tu casa, ¿verdad?
____Oh no, señor. Mis padres murieron, y mis tíos, con quienes hasta hace poco vivía, me echaron de su casa. Por este motivo salí de mi pueblo y me vine decidido a Madrid, para tratar de buscarme la vida.

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Re: Mi libro "Atormentado cuando voy a morir"

Mensaje  achl el Mar Oct 11, 2016 11:08 am



Se rascaba la cara huesuda, con barba de varios días, y movía la cabeza de un lado a otro.

____Conque Alex… Bueno, veré lo que puedo hacer por ti. Por de pronto y para empezar, lávate un poco la cara y las manos, si es que el agua no te da miedo.
____Sé nadar –respondí.

Sonriéndose me llevó consigo a un rincón de la trastienda. Había allí, entre cajas viejas y trastos, una pila de hierro con un grifo, y un retrete que apestaba a orina. Un trapo, negro de suciedad, colgaba de una alcayata a medio caer.

Y así fue como entré en 'Ultramarinos Chotis', situado en una calle maloliente de Lavapiés.

Desde su elevado mostrador se podía ver un trasiego variopinto: mendigos, obreros, prostitutas, celestinas, macarras… Miseria y pecado. Ni más ni menos que toda esa basca deambulaba por aquel lugar.

El dueño de la tienda era el mismo hombre que me recogió del suelo; se llamaba Isidro Salazar. Me hizo sufrir una gran humillación, pero no puedo guardarle rencor. Me dio acogida cuando estaba a punto de morir de hambre o frío, y siempre me dispensó su protección aunque a su modo. Pero, con el paso del tiempo pude comprobar que la ejercía de la única forma que podía y le dejaban

Don Isidro era un tipo tacaño, y retorcido como la gente débil. Aun flaco, tenía una vitalidad inagotable. Era tímido y pendenciero a la vez. Cuando veía en tienda a alguna pelandusca se le encandilaban los ojos. Quizá no haya otra persona que sea capaz de dar un sentido tan poéticamente sensual a palabras tan triviales como: ‘¿es que no se va a llevar usted un kilito de mi azúcar?’. Su clientela, gente de pocos miramientos, se reía de él en su propia barba. Expresión nunca mejor usada, ya que solía llevarla de una semana. Se afeitaba y se bañaba, invariablemente, los domingos por la mañana, mostrando entonces un aspecto cómico, como de polluelo mojado.

Caída la tarde de ese primer día de mi entrada en 'Chotis', luego de cerrar la tienda, don Isidro me dijo:

____Alex, ahora tienes que armarte de valor –quedé sorprendido, sin entender su apelación a mi estado de ánimo.
____Es muy probable que haya tormenta ‘ahí arriba’ -añadió,

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Re: Mi libro "Atormentado cuando voy a morir"

Mensaje  achl el Mar Oct 11, 2016 11:11 am



señalando el techo con una mano levantada y su dedo índice en vertical.

Y la hubo. ¡Vaya si la hubo!

La esposa de Don Isidro se llamaba Petra Bari; era una mujer rolliza, farota, de genio agresivo y de lengua expedita. Con unos ojos marrones inexpresivos, y una boca grande, guarnecida de poderosos dientes, que daban al rostro algo de caballuno. Con abundante pelo, teñido de negro, que recogía sobre la nuca en un historiado moño. Había nacido en Chile, pero seis años de su juventud los pasó en México. Era adicta a los trajes de colores detonantes y a las joyas, buenas o malas, e iba siempre, incluso haciendo alguna tarea en su casa, pintarrajeada y cargada de alhajas y bisuterías.

El matrimonio tenía dos hijas, de veinte y de dieciocho años, bautizadas como Guadalupe y Genoveva, pero las corruptelas familiares los dejaban en Lupe y Veva.

Lupe se parecía en lo físico a su padre: desvaída, delgada, de baja estatura, introvertida… pero con el genio intemperante de su madre. En cambio, Veva, aunque tenía a veces unos prontos detestables, era una mujer entrante: guapa, alta, torneada, ojos grandes y negros, boca de labios carnosos y sensuales y dientes muy blancos. Un buen conjunto. Cuando caminaba en las calles, su contoneo provocaba una letanía de requiebros chocarreros, que parecían no desagradarle, a juzgar por sus risas.

____¿De dónde sacaste este roto? –preguntó Petra a su marido, no bien me echó la vista encima.
____Habrá sido uno de los gestos filarmónicos de papá -terció Lupe, desdeñosa.
____Tú cállate, nenita, y a ver si aprendes a llamar las cosas por su nombre. Se dice filantrópico –replicó su padre. 

Don Isidro procedía de una familia de la clase media-alta. Había cursado algunos estudios y era resabiado y suficiente.

____Ya saltó el marisabidilla éste –dijo, sarcástica, Petra, que no podía soportar la petulancia de su esposo. Y siguió recriminando mi presencia: 

____Imagino lo botarás a la puta rua.

Petra, aun habiendo llegado a España antes de cumplir los trece

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Re: Mi libro "Atormentado cuando voy a morir"

Mensaje  achl el Mar Oct 11, 2016 11:17 am



años, tenía el prurito de usar en el hablar ciertos americanismos chilenos y mexicanos. Además, estaba suscrita a la revista de chismes ‘Tuya’, que la nutría de literatura amorosa, y a ‘El Caso’, de donde bebía ávidamente relatos espeluznantes de crímenes y de amores y desamores violentos. Y de una y otro abastecía su ‘exquisito’ vocabulario. Y del hecho de ser forastera, tomaba pie para criticar a todos los españoles, empezando por su esposo, blanco infalible de sus invectivas.

____Haría lo que dices, pero da la casualidad de que hace tiempo que necesito un chico para los recados, y Alex, que éste es su nombre, y no ‘roto’, me viene muy bien -respondió el marido.
____¿Tan bien como aquel valentón volantón que hurtaba plata de mi caudales?
____Lo mismo decías de la criada y hace cinco años que nos sirve con un celo… Si no fuera por mi filantropía, estaríais cambiando de criada cada día, porque para aguantar en esta casa… 
____¡Basta! –exclamó la chilena.
____Papá quiere sacar los pies del plato -terció Veva.
____Tú cállate, nenita –intentó imponerse, igual que con Lupe.
____¡Basta ya! –añadió Petra, en tono agresivo-. Dije y repito hasta romperme las cuerdas que no me va este roto.
____Pues déjame que te diga que me extraña, porque Alex no es un cualquiera. Su madre era francesa y viene de familia de alcurnia –aventuró astutamente Don Isidro, mirándome.
____¿Es de ley tal trapo? -preguntó mirándome la grosera mujer, mostrando un súbito interés por mi ascendencia.
____Sí -contesté, mintiendo por interés personal y siguiendo la pauta marcada por Don Isidro.
____Entonces… siendo como ambos dos pintáis, que se inicie a cuajar. Pero a la primera y única, me vas a oír, Isi.

Luego de tan amable bienvenida, me alojaron en un tajo húmedo de la trastienda, donde se agolpaban cajas vacías y se veían pasar a todas horas grandes ratas. Las paredes habían perdido su enlucido y el agua que goteaba de ellas formaba sobre el suelo una masa pestosa de polvo y suciedad. Mi colchón era endeble, y sólo tenía un hule para taparme. Así y todo, como podía llenar la tripa y el recuerdo de un cuarto con cama limpia que había disfrutado mientras vivían mis padres era ya algo lejano, me daba por satisfecho y aún me sentía afortunado

Jamás, hasta entonces, había visto a mujeres tan abúlicas como las tres señoritas de aquella casa. Se hacían servir el desayuno en la cama y ya no la dejaban hasta la hora de almorzar. Se pasaban todo el día sin hacer nada, embutidas en largas batas

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Re: Mi libro "Atormentado cuando voy a morir"

Mensaje  achl el Mar Oct 11, 2016 11:25 am



grasientas, deshechas de monotonía. Devoraban novelas rosa y recibían misteriosas visitas de amistades lenguaronas que las tenían al corriente de todos los chismes del barrio.

Pepi, la criada, una chica de dieciséis años que la miseria la llevó un día como a mí a las puertas de 'Chotis', debía multiplicarse para atender los caprichos de sus malévolas amas: ‘Pepi, dame esa revista, y la tenía al lado; ‘Pepi, estira mi almohada’, y estaba sobre ella; ‘Pepi, dame el abanico’, y se hallaba en la mesilla de noche. Situaciones desquiciantes para la pobre chiquilla que, a cambio, las atendía sin un mal gesto en la cara.

Para aquellas tres señoritas, el desiderátum de la distinción consistía en hacerse servir por la criada, incluso un papel que se les hubiese caído al suelo. Era cruel lo que hacían, pero la buena del Pepi nunca protestaba. 

Pepi era feílla, de un color cetrino, hasta parecer que padecía de ictericia; introvertida y de mirada huidiza. Los dos comíamos en la cocina, y ella siempre ponía en mi plato los mejores bocados. El cariño que me tenía no lo reflejaba con palabras. Apenas si pude arrancarle una docena en todos los años que estuvimos juntos en aquella casa. Pero estando a su lado, sentía cómo mi alma se sumergía en un ámbito purificador, que parecía caer de su imagen, de sus tímidos ojos, llenos de bondad.

Casi todos los atardeceres, las tres señoritas se acicalaban para asistir al mejor cine, o a algún café de lujo. Pienso en el impacto que debían causar su modo de hablar grueso, sus frases soeces y su exquisita toilètte.

Los domingos por la mañana iban al Paseo de la Castellana, punto de encuentro de la ramplonería madrileña, con la intención de pescar a algunos de los pijos que lo frecuentaban. Y por las tardes, la caza se circunscribía a uno de esos domingueros pik'up de hotel cutre y destrellado, donde por una peseta la entrada, gaseosa incluida, promiscuaban busconas y damiselas de alto vuelo, al retortero del estudiante provinciano, 'lameculo engominado', macarra de putas, u hortera de barra de lujo. Y el coto de las noches era el tramo desde la calle de Alcalá hasta Cibeles. Por supuesto, a don Isidro no le veían presentable y no le permitían acompañarlas. Pero esa repulsa hacía feliz al tendero, a la vez que también le servía de pretexto para sus ‘propias iniciativas’.

Pero, aun las previsiones de Petra, las niñas no pescaban novio ni a la de tres. A Veva no le faltaban pretendientes, pero eran

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Re: Mi libro "Atormentado cuando voy a morir"

Mensaje  achl el Mar Oct 11, 2016 11:31 am



tipos vulgares del barrio. ‘Cuasi rotos’, como decía la chilena con desprecio. Aunque Veva estaba contagiada de la megalomanía materna, no le hacía asco a los devaneos, porque era una mujer de pasiones plebeyas, sensual; y Lupe, que ni siquiera en este terreno lograba atención, oteaba, envidiosa, atenta, los manejos de su hermana, para después contar a su madre el más mínimo barrunto de amorío. Por este y otros motivos, el piso de los altos de 'Chotis' salía de su habitual marasmo. Las tres se insultaban como verduleras, y de los gritos pasaban a las manos. Los chillidos sonaban en la calle: ‘ya están las chilenas a su aire’, decían las vecinas que estaban al loro del repertorio fraseológico de Petra e hijas. Y esos altercados acababan siempre con un patatús de Petra, que se despatarraba en el santo suelo, mientras sus hijas, sin ocuparse de ella, se encerraban en sus respectivos cuartos, dejando que la pobre de Pepi, horrorizada, se ocupase por la desvanecida mujerona.

Y de las excentricidades de mis amas me llegaban a mí no pocas salpicaduras. A diario tenía que trotar por las calles de Madrid en busca de entradas de cines, cigarrillos, revistas y otras superfluidades, con las que la estúpida vanidad o la soez glotonería, socavaban el parvo negocio del tendero, amenazando con reducirlo a la más absoluta de las miserias.

Mi trabajo en la tienda era lastimero. Sacaba los pies de la cama a las seis de la mañana, y no desayunaba hasta que no llegaba Pepi. Barría la tienda, desempolvaba y aviaba los estantes y el escaparate, desembalaba cajas… A las ocho bajaba don Isidro, y entre los dos despachábamos unas horas detrás del mostrador. Después salía a llevar a domicilio los encargos. Hasta dos reales diarios de propina reunía, que entregaba al tendero y que me los ‘administraba’ comprándome, de tarde en tarde, alguna prenda de vestir usada en 'El Rastro'. Pero los domingos me ‘daba’ para mis gastos un real en calderilla. Aún recuerdo la ceremonia que empleaba mientras me hacía la entrega: se metía la mano en el bolsillo y sacaba de una en una las monedas, sobándolas entre el índice y el pulgar con un extraño movimiento que no atinaba a comprender si era delectación, o el temor de que saliesen dos pegadas.

Don Isidro era un hombre peculiar, en lo que a su administración se refería. De los beneficios semanales de su tienda, apartaba una cantidad que destinaba: ¡al entretenimiento -enfatizaba la frase con aire de listeza- de las fieras! Era lo que llamaba, recordando una novela de Jacinto Benavente, ‘La comida de las fieras’. Otra cantidad iba para el negocio, y para sí apenas reservaba un duro

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Re: Mi libro "Atormentado cuando voy a morir"

Mensaje  achl el Mar Oct 11, 2016 11:37 am



que administraba con tacañería, ‘esforzándose’ en atender sus gastos con mis propinas y con el dinero que sisaba del peso de los productos que él vendía. Llevaba un control increíble de los gramos que sustraía. Pero, en realidad, tenía pocos vicios. Su vicio era el ahorro, y su ley suntuaria, solamente tenía aplicación en Pepi y en mí; es decir, en el ámbito en el que contaba con la aquiescencia de su esposa. Y resultaba sorprendente que los despilfarros de su familia no le amargasen la existencia. Sus pequeñas inclinaciones eran el tabaco, el vino y sobre todo el gulusmeo sensual. Al principio, pensaba que con las mujeres no iba más allá de las miradas, pero con el tiempo me iba percatando de que el suavón andaba al loro, pescando todo lo que podía en el río revuelto de las busconas que iban por la tienda: ‘una pesca de bragas secas, un toque suave, un mojar de braga, cerrar la bolsa, abrirla y vaciarla vino después’.

Fumaba en pipa roñosa, que mantenía en la boca como un chupete, y con el mismo engaño, pues la encendía de higos a brevas. El labio inferior le colgaba, deformado por el peso de la cachimba, y en sus comisuras había siempre una costra de nicotina. El vino lo bebía con moderación, salvo los domingos por la tarde, en que se reunía con sus amigos para jugar al mus y llegaba a la casa alrededor de las once de la noche, de buen humor y con los ojillos brillantes.

Durante las tardes, el trabajo en la tienda era escaso, pero me ocupaban las tres señoritas y acababa hecho trizas. Aun así, a veces la chilena me obligaba en las noches a que le leyese uno de esos esperpentos rosa, que ya empezaba a odiar antes de poder juzgarlo como literatura. El cansancio era brutal, pero ella me espabilaba con un tirón de orejas. Había noches en que me acometía un deseo de llorar, de pedirle por Dios que me dejase irme a dormir, pero me contenía porque siempre me ha repugnado inspirar compasión. He sido duro con todas las personas que me han rodeado, pero en nadie he aplicado tanta dureza como en mí mismo.

Al año y pico de entrar en 'Chotis', mi vida cambió de improviso. Algunas veces trataba de aglutinar los pensamientos que me invadían, pero no lo conseguía. Me hallaba tan cansado y tan ocupado, mañana, tarde y noche, que ni siquiera podía pensar. Llevaba una vida maquinal. Pero lo que más se pegaba a mi cerebro era el temor, obsesión casi, de que Petra me ordenase que me quedase en el salón con ella para leerle alguna de sus revistas.

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Re: Mi libro "Atormentado cuando voy a morir"

Mensaje  achl el Mar Oct 11, 2016 11:42 am



Los domingos tenía las tardes libres. Me iba al Retiro, a la Ribera del Manzanares, al Zoo. Empleaba mi real en caramelos, pipas u otras golosinas y me lo zampaba todo. Ansiosamente esperaba esas tardes de ocio. Nada me parecía entonces tan maravilloso como hacerme ovillo en el césped de algún parque, bajo la acaricia del sol, sin preocupaciones, sin sobresaltos, sin temor a nadie y nada. No quería pensar, sólo descansar, dormir, soñar.... ¡vivir…!

A veces descendía por la calle Carretas hacia la calle de Alcalá y la Gran Vía; los cines, las cafeterías, los coches, las tiendas..., siendo algo tan próximo, parecía de otra galaxia, remota, inaccesible para mí. Pero aunque entonces no me percataba, tenía la certidumbre de que había en mí, en potencia, un deseo de entrar en ese mundo. Había días en que pensaba que no estaba tan lejos ese mundo. Aunaba fuerzas para cuando llegase mi oportunidad. Mi cerebro trabajaba incansable…

Y lo que es la vida y sus circunstancias. Esa oportunidad se me presentó de la forma más inesperada. Entre las cajas que había en la trastienda, hallé unos libros, apolillados y mohosos. Eran Tratados de Medicina. Los conceptos técnicos escapaban a mi comprensión, pero me gustaba leerlos, ver sus fotos, entrar en el misterio del mecanismo humano…

Una mañana en que Don Isidro bajó a la tienda antes de lo que en él era habitual, me sorprendió leyendo uno de ésos libros.

____¡¿Qué haces?! -me preguntó, en un tono airado.

Sorprendido, oculté el libro detrás de mí.

____¡Dámelo! -gritó, percatándose de mi maniobra.

Se puso a ojearlo, como tomando tiempo para pensar. Al poco, calmado ya, me miró con ojos vivarachos y me dijo:

____¿Te gusta la Medicina?
____Sí señor
____Estos libros pertenecían a mi abuelo. Él era médico, y mi padre fue un prestigioso cirujano. ¡Dios, si les hubiera hecho caso…!

Quedó durante unos minutos pensativo. Después, con cara de circunstancias, añadió:

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Re: Mi libro "Atormentado cuando voy a morir"

Mensaje  achl el Mar Oct 11, 2016 11:47 am



____Son ya más de las ocho. Hay que abrir ya la tienda. Vamos.

En los días siguientes no hablamos más del asunto, pero pasada una semana, luego de contar el dinero de las ventas del día, de hacer el arqueo y de cerrar la tienda, Don Isidro me preguntó:

____¿Te gustaría estudiar?

____¡Sí! -respondí con tanta determinación que todavía hoy me sorprende. Parecía como si llevase toda la vida esperando que se me hiciese ésa pregunta, pero la idea no había pasado por mi mente ni en sueño.
____De acuerdo. Vas a comenzar el Bachiller, pero ojo con que se enteren ‘ellas’ -levantó la mirada hacia arriba.
____De mis labios no saldrá palabra alguna.
____Eso espero. Desde hoy mismo guardarás tus propinas –dijo, y añadió-: con ellas podrás pagarte las matrículas y comprarte los libros y los materiales necesarios –hablaba como con prisa.
____Si señor. Así lo haré –le contesté, sin pensar en que estaba obligado a agradecérselo. 

Don Isidro era de esa clase de personas que aceptaba lo bueno y lo malo con la misma impasividad.

____Ve mañana a visitar a don Teodoro. Él puede darte algunas clases. Ya hemos hablado de ello –agregó, de nuevo.
____¿Qué ya han hablado? –quedé perplejo.
____Don Teodoro ya sabe lo que hay que hacer –concluyó.

Visité a don Teodoro en esa misma mañana, aunque Don Isidro me dijo que lo hiciese en la siguiente. Tenía alquilado un cuarto en una casa de la calle Atocha. Hacía su compra y se preparaba su propia comida. Ya le conocía porque le llevaba algunas latas de conserva, que encargaba previamente a mi amo, con quien le unía buena amistad que se remontaba a los años jóvenes. Había hecho el Bachillerato y tres años de profesor del mismo. ‘Que no pude terminar por la penuria económica’, me había dicho en varia ocasiones.

Era un hombre alto, blancucho, cargado de espaldas, de sesenta años, y sus manos eran grandes y sudorosas, desagradables de estrechar, ya que las dejaba caer como un peso muerto. Su complejo de inferioridad era obvio. Invariablemente, en sus labios siempre había una misma respuesta: ‘yo no… Yo no puedo…’. Como todo apocado, era pedante y agresivo a la vez con las personas de su entorno. Hablaba mal de todo el mundo, y contra más

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Re: Mi libro "Atormentado cuando voy a morir"

Mensaje  achl el Mar Oct 11, 2016 11:54 am



encumbrado, mejor. A principio, al escucharle exaltar sus excelencias y ponderar su cultura, le decía: ‘por qué no hace usted…’. Me interrumpía, replegándose: ‘yo no... yo no puedo…’. Y quedaba desfallecido y con los ojos espantados.

____De manera que quieres estudiar el Bachillerato -me dijo esa mañana, con voz complaciente.
____Sí señor.
____En ese caso, sabrás que hace falta dinero para eso…
____Gano dos reales diarios, de mis propinas.
____Ganas tanto como yo: pura mierda. ¿Sabes cuánto te voy a cobrar por las clases? ¿No te lo ha dicho don Isidro?
____No señor.
____Nada. Don Isidro es mi mejor amigo desde hace muchos años y si él se interesa por ti… ¿Comprendes…?
____No del todo, señor.
____Pues está claro. Me caes bien, Alex. Pareces un chico listo y creo que nos entenderemos –y añadió-: tú llevas encargos de comestibles a algunas casas, ¿no es así?
____Sí señor.
____Pues entonces búscame más alumnos. ¿Comprendes…?

Me daba pena ver a aquel hombre pidiendo ayuda a un mocoso como yo. Y, sorprendentemente, hablaba con voz humilde.

____Sólo cobro un duro al mes. Enseñanza garantizada. ¿Comprendes…? No lo olvides. Porque, desde luego, quien sepa enseñar como yo, pocos -se irguió, y añadió-: ya sabes, te daré clases gratis y tú me consigues alumnos. ¿Comprendes…? ¿Te conviene?
____Sí señor.

Luego de decirme eso, guardó silencio. Al poco, añadió:

____Pero si no me traes más alumnos, da igual. De todas formas te daré clases sin cobrarte una sola perra gorda.
____Sí señor.

Estaba orgulloso por sentirse generoso, como un alguien importante. Y su muletilla… ‘¿comprendes…?’, formaba parte de su suficiencia.

Ese año le procuré la friolera de seis alumnos más. Y esto tenía que achacarlo a la casualidad, no a la suerte. Don Teodoro estaba loco de contento, y yo no sabía por qué no me lo decía. Se atribuía él todo el mérito. Disfrutaba diciendo que era un buen profesor. Y lo era,

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Re: Mi libro "Atormentado cuando voy a morir"

Mensaje  achl el Mar Oct 11, 2016 11:59 am



no se le podía negar, pero le gustaba divagar por el prurito de deslumbrar a sus alumnos, o los aburría con relatos de miserias e inquinas de un hombre fracasado. 

Acudía a sus clases una hora al día, aprovechando las salidas que Don Isidro, guiñándome un ojo, me ordenaba con hipotéticos encargos. Pronto me di cuenta de que mi amo estaba tomando partido por mí, y yo se lo agradecía con más entrega, tanto en la tienda como en los estudios.

Estudiaba incansable, robándole todo el tiempo a mi ocio, a mi descanso. Recitaba las lecciones en voz alta mientras trotaba en las calles de Madrid, con el cesto de repartos sobre las costillas.

Aprobé el Ingreso. Y esto fue un jueves. El sábado siguiente, Don Isidro, feliz, me llevó al cine. Creo que veía en mí una especie de venganza contra las tres mujeres de su casa. Estaba decidido a demostrar lo que hubiese podido ser su hogar, bajo su control directo.

Luego del cine fuimos en busca de Don Teodoro, y los tres juntos merendamos en una cafetería lujosa. Mi profesor lanzaba gritos, tronaba de vanidades: ‘¡en tan poco tiempo que he tenido para prepararle!’. De nuevo él se atribuía el éxito. Pero yo estaba tan contento que no me importaba su vanidad. 

Cuando regresamos a 'Chotis', Don Isidro me regaló cinco pesetas, que no tuve reparo en aceptar. Pero vi que pronto se arrepintió. Quedó titubeando, como reprimiendo un deseo de decirme que se las devolviese.

Pero no quiero seguir contando mis esfuerzos de aquellos años: agotadores: heroicidad agria, pero productiva. Enflaquecí hasta el extremo de perder diez kilos. La escasez de tiempo era una amargura que mis ansias por aprender multiplicaba. Deseaba acabar enseguida, para liberarme de la pesadilla tortuosa que estaba viviendo consciente. No cabía duda de que los estudios eran para mí un medio, no un fin, una posibilidad de escapar del ambiente de 'Chotis', para lograr una vida mejor. Quizá la que tantas veces había soñado. Y tenía prisa, y temor también de que me pudiesen abandonar las fuerzas.

Con el paso de los años me di cuenta que los conocimientos de don Teodoro eran someros en la parte de Ciencia, y a partir del Tercero tuve que habérmelas solo con las Matemáticas, sin más ayuda que el libro y lo que mi cabeza iba sugiriendo. Y aunque la

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Re: Mi libro "Atormentado cuando voy a morir"

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