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Mi libro "Atormentado cuando voy a morir"

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Re: Mi libro "Atormentado cuando voy a morir"

Mensaje  achl el Mar Oct 11, 2016 6:59 pm



Se incorporó de un aparatoso brinco, encendida de rabia.

____¡Fuera de mi cuarto, maricón! -gritó.

Me eché a reír, y después me giré y empecé a caminar hacia la puerta. Una zapatilla se estrelló contra mi espalda, y unos insultos, voz en grito, me persiguieron hasta la planta baja.

Todo esto me resultaba insultante, así que empecé a buscar un nuevo empleo que me liberase de tan detestable cercanía. Los enigmas de las deferencias de Petra eran ya tan claros, que no ofrecían dudas. Pero yo no sentía atracción por Veva.

Cuando terminé el Bachiller, Petra pensaría que con el tiempo podría ser un buen partido para su hija. Creo que éste y no otro era el único motivo del súbito interés de Veva por mí. Como era autoritaria y déspota, lograría la aquiescencia de su madre, que si en un principio la apoyaba de malas ganas, después le seguía el juego. Veva tenía en aquel entonces veintiocho años y seguía siendo una mujer guapa y espectacular de cuerpo, y se mantenía atenta, pero a medida que transcurrían los años, iba perdiendo la esperanza de pescar un ‘señorito’ que colmase sus ansias de figurar.

Al inicio me tendría como en reserva, pero mi salida de 'Chotis', dejaría en su ánimo todo un pozo de sobresaltos. Pero al verme regresar quería impedir, por todos los medios, una nueva deserción Me quería sólo para ella, sujeto bajo la soga más indeclinable para un adolescente: la carne. Me vería fácil de moldear, y se había precavido de mi pasividad poniéndome varias veces a prueba. Y mi agresividad cuando el episodio de los 50 duros no dejó en su ánimo más convencimiento que era un animal bravo, fácil, por eso, de domar. Me supeditaría a su deseo y ahí estaría ella para conseguirlo, cual domadora.

Primero me enseñaría el látigo y luego tendería la mano para que se la lamiera, incluso creería que me sentiría afortunado por ser el objeto de sus predilecciones. Mi actitud, reservada y huidiza, la interpretaría como timidez y quizá como el temor y el acato que un criado debe tener ante los favores de su amo.

En fin, parecía resuelta a derribar el muro de mis indecisiones con las únicas armas con las que concedía eficacia su obtusa mentalidad: el sexo. A la vuelta de los años, sería médico y ella habría saciado su afán desiderativo de darse tono.

achl

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Re: Mi libro "Atormentado cuando voy a morir"

Mensaje  achl el Mar Oct 11, 2016 7:05 pm



No creo que en la mollera de Veva hubiese más intención que la que acabo de exponer. Pero lo que ocurrió en aquella nochevieja me inclina a pensar si alguna vez me amó...

Aun noche tan señalada, luego de cenar me fui a mi cuarto para estudiar. Felipe llevó a Lupe al Ritz, a disfrutar de un cotillón. A Pepi le regaló Petra un pequeño lote navideño, y ésta, Veva y yo, permanecimos en la vivienda.

La cena fue exquisita y cordiales las conversaciones. Felipe solía tener unos prontos graciosos y esa noche estaba especialmente inspirado. Nos hizo reír a carcajadas.

Me hallaba un poco mareado, no por haber bebido mucho, sino por la diversidad que ingerí. Faltaban sólo cinco minutos para las doce, cuando Veva se asomó a la escalera y me llamó:

____¡Alex, ¿no vienes a tomar las uvas con nosotras?!

Me sentía pesado y soñoliento, debido al alcohol y a la digestión, y no podía estudiar con total provecho. Por eso accedí, no gustoso, pero accedí…

Ya arriba, Veva sintonizó la radio, y después llevó a la mesa tres copas con las doce uvas de rigor, y varias botellas, entre cava y licores. Cuando llegó la hora, tomamos las uvas al son de las campanadas del reloj de la Puerta del Sol, casi atragantándonos y riéndonos. Petra me deseó suerte en el nuevo año y me besó y me abrazó aparatosamente. Pero Veva aprovechó tan apropiada coyuntura para besarme en los labios, lengua incluida. Y en esa ocasión, no sentí asco…

Bebimos cava, coñac, anís, menta. Pero me sentía bien. Todo se me antojaba amabilidad en las mujeres. Veva tocó de nuevo la radio y sonó una música lenta. Se acercó a mí, contoneándose…

____¿Bailamos? –me preguntó, con labios devoradores.
____Lo siento. No sé bailar –le respondí.
____Pues déjate llevar. 

Me decidí, entre sonrisas. Ella guiaba mis torpes pasos: ‘así, así’. Apretaba sus pechos, sus muslos, su cara contra mí, y yo tenía ya una excitación nunca antes experimentada. No había terminado aún esa pieza, cuando pudimos oír el timbre de la puerta de la tienda.

achl

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Re: Mi libro "Atormentado cuando voy a morir"

Mensaje  achl el Mar Oct 11, 2016 7:23 pm



____¡Sigan, sigan! No se detengan; la mamá bajará a ver quién inoportuna esta bárbara velada -dijo Petra, y enseguida se fue hacia la escalera.
____¡Qué fatalidad, Petra! –oímos decir a una de las vecinas que solían contarles los chismes del barrio a las tres señoritas.
____¿Qué acontece pues?
____¡La Almudena, la del número 69, que está en las últimas!
____¡Señor, Jesús, María y José! Ahorita mismito arranco –subió rápidamente, a la vez que seguía recitando jaculatorias.

Llegó hasta nosotros, que ya habíamos dejado de bailar.

____Mala folla, pibes. Debo ir ahorita mismito a llorar a la Almu, que está grogi. Pero no se inquieten. ¡Sigan, sigan! La mamá hará la vuelta lo más deseguidita que pueda.

Quedamos a solas los dos: la impureza y la castidad juntas. Veva ‘de aquella manera’, con ojos de gata en celo. Y yo, turbado, y ‘mosca’ también por la extemporánea salida de Petra. ¿Acaso premeditada?

De pronto, volvió a sonar la música.

____¿Bailamos, o…? –me preguntó Veva.
____Me he venido abajo -me disculpé.

Me sentía inquieto. Al fin y al cabo, sólo era un muchacho con poco más de veintiún años y sin más experiencia sexual que la fugaz y puramente mecánica del burdel. Me había dejado llevar por Dini y… Fue algo detestable, que me dije que no volvería a repetir. Sin embargo…

Veva llevaba puesto un vestido largo de seda roja, transparente y muy ajustado, cerrado por delante mediante una larga fila de botones, algunos de ellos sin abrochar. Su actitud era resuelta, y su mirada… se la pueden imaginar…

Me cogió del brazo, decidida.

____¡Vamos ya, bobo! ¿A qué esperar?
____Debo seguir estudiando -respondí nervioso, no obstante, deseoso. Y terriblemente excitado…

Sonrió, dejando ver sus blanquísimos dientes. Sus negros ojos se clavaron en los míos. Su cuerpo vibraba. Mi cuerpo vibraba…

achl

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Re: Mi libro "Atormentado cuando voy a morir"

Mensaje  achl el Mar Oct 11, 2016 8:00 pm



____¡Vamos, ya…! -repitió, lamiendo su boca mi cuello.

Sentí que me envolvía una niebla densa y brillante, y no era sólo por el alcohol. Mi sangre parecía arrastrar objetos luminosos y cortantes que herían con una extraña angustia placentera. Mis manos temblaban, como en una sensación de desmayo. Y sus ojos estaban allí, negros, profundos, pero llenos de luz a la vez. Me tambaleaba el borde de su sima. Su rostro, desencajado de deseo, agolpaba sangre en los labios. No dimos un solo paso. No hablamos. Inhiestos. Quietos. Mudos... Su aliento quemaba mi cara con una ventolera de pasión, y sus labios seguían trémulos, ávidos… No se oía ya la música. Sus ojos, sus labios, su olor… Y aquella loca gravedad de los cuerpos, aquel abrasador peso de ansiedad..., como estatuas candentes, recién salidas del molde Y, de repente, sus besos comenzaron a sorber la sangre de mis venas, como una ventosa. Aquella mujer salvaje, vehementemente desgarró mi pantalón, y mis partes nobles crecían en sus manos y más en su boca, como un universo. Finalmente, sin poder ni querer evitarlo, mi miembro cayó cautivo en su sexo; y yo, borracho de alcohol, de pasión, de deseo, de placer, de inmenso placer.... ¡¿De amor?! ¡Noooo!

‘Después’ quedó en mi boca un gusto desagradable. De nuevo, empezó a sonar la música. Aquella luz roja, aquella chorrera de botones, aquellos muslos degollados por las medias… Sentía un asco igual al del burdel. Derrotado por el ciego imperativo de la carne. De repente, el salón se volvió oscuro, bronco. Veva, rojos los labios, seca la voz, inyectados en sangre los ojos, voceaba, como en un quejido:

____¡Alex…! ¡Alex…! ¡Más…! ¡Más…!
____¡¡Cállese!! -grité.

Ni aun ‘así’ quería tutearla. Me vestí como pude, y salí del salón. Me precipité escaleras abajo, sin mirar. Me puse el abrigo, y la calle acogía al pecador. Pero no sabía si lo que sentía eran remordimientos o vergüenza por haber caído en la red de Veva, perversa hembra. Lo que sí sabía era que estaba aturdido y que no podía evitar que el recuerdo de lo que acababa de pasar se pegase a la piel como algo viscoso. La humana debilidad pesaba con la impotencia de siglos. La serpiente y la mujer habían vencido otra vez Pero debo reconocer que en aquella ocasión, la manzana era más apetitosa que nunca…

Después entré precipitadamente en un bar. Ya en la barra, pedí, bebí y pagué anís y más anís, y coñac y más coñac. De pronto, al oír un bullicio, salí a la calle; un río humano, que avanzaba por la calle Carretas, me arrastró en su marea y me desembocó en el mar de gritos, en el oleaje humano de la calle Princesa. Borrachos, de ambos sexos y de todas las edades: hombres, mujeres, muchachos, muchachas, incluso ancianos y ancianas me besaban y abrazaban, eructando bodrio y peleón. Una y otra vez, me hacían beber a la fuerza, derramando vino en mi pecho, y bebí hasta casi perder el sentido. Más tarde, alegre y desinhibido, berreé con todas mis fuerzas. Y ya no pensé más en Veva. Su recuerdo lo había enterrado. La posibilidad placentera de la carne, no. El goce que se puede arrancar de ese conjunto de sangre, nervios y músculos, no.


El alba blanqueó las últimas estrellas. Un nutrido grupo gritaba, con voz ronca ya. Corría el río celeste de un nuevo día. Aparecían ráfagas azules y violetas, hasta que la luz adquiría un color oprimente. Nos cruzábamos con personas con el cabello alborotado, pálidas debido al trasnoche y las libaciones. Caras desencajadas en las que la luz violácea dejaba no sé qué de angustioso de caras de ahogados. Caras ahogadas en el piélago oscuro de la noche, que poco a poco iban siendo sacadas a la orilla seca de un nuevo amanecer

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Re: Mi libro "Atormentado cuando voy a morir"

Mensaje  achl el Mar Oct 11, 2016 9:08 pm




5

Siguiendo los consejos de don Teodoro, visité al catedrático que declaró en mi favor mientras me hallaba detenido, debido a la ‘sorprendente’ desaparición en 'Chotis' de los 50 duros.

Era un señor setentón, pulcro, versallesco y servicial. Vivía con su esposa. Hablaba de ella con ternura. Hacía cincuenta años que permanecían casados y parecía seguir queriéndose con un amor inalterable. Me la presentó; una gran señora, vestida con un traje negro, guarnecido de discretos dibujos. En todo el rato que estuvimos juntos sonreía apaciblemente. Toda ella era un primor. Los dos eran unos oradores terribles. Mientras el uno tenía la palabra, el otro quedaba expectante, aguardando  el momento en que se detuviese para largar su contenida verborrea, y sin embargo, increíble, se escuchaban complacidos Me miraban con ojos purgativos, como diciéndome: ‘perdone usted nuestra verborrea; perdone usted, paciente muchacho’.

Cuando me dejaron el uso de la palabra, les expliqué lo que de mi caso podía explicarse sin mengua del decoro, y se deshacían en condolencias. El marido me dijo que lo acompañase a visitar a un primo suyo, propietario de una academia del Bachillerato. Llegamos con tanta oportunidad que aceptó mis servicios como profesor, asignándome un sueldo de 60 duros. Y esta vez sí sentía que progresaba.

Durante las mañanas seguía yendo a la facultad. Y durante las tardes me entregaba cinco horas a mi nuevo trabajo.

Desde luego, mi experiencia como profesor no ha sido lo mejor que me ha pasado. Resultaba agotador tener que luchar contra una panda de chiquillos, desaplicados y revoltosos.

Apenas terminaba en la academia, iba a cenar a una tasca de la calle de Hortaleza, próxima a la casa en que había alquilado un cuarto. Después me encerraba con mis libros y estudiaba hasta la madrugada. Cuatro o cinco horas de sueño eran suficientes para reponer mis fuerzas.

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Re: Mi libro "Atormentado cuando voy a morir"

Mensaje  achl el Mar Oct 11, 2016 9:20 pm



A los veinticuatro años terminé la carrera. No estaba muy satisfecho de cómo había transcurrido esa etapa de mi vida; tan enfrascado como estaba y tan tenso y, sin embargo, y ahora lo comprendo, tan vacío.


Desde mi lecho de muerte observo mi vida oscura, como si hubiese vivido bajo tierra, ignorando todo, cual gusano que pudiera pensar que el mundo se reduce a la manzana que está royendo, sin sospechar que hay otro mundo maravilloso, y sin presentir que lleva dentro la mariposa que adquirirá lozanía al contacto con el reluciente sol de la primavera.

En todos esos años, era extraño el día que acudía a un cine o a un sitio de recreo; puedo contarlos con los dedos de una mano y aún sobrarían. Mi única diversión consistía en pasear los domingos, pero sin entregarme a la belleza del paisaje, pues siempre me hacía acompañar de un libro; como una cruz sobre mis hombros, placentera de llevar, pero ignorando que ya estaba haciéndose pesada y que terminaría por aplastarme.

Soñaba despierto con entregar mi vida a la medicina, curar el dolor humano, vivir una vida apacible, rodeada de libros. Me llenaría mi profesión y la ejercería con filantropía, y todavía me quedaría tiempo para contemplar la Naturaleza.

Pero a veces sentía una sensación de vacío, como si algo en mi interior estuviese desencantándome. ¿Qué era entonces aquello que moraba en mí? ¿Qué pirueta del azar quería la vida que dibujase allí? ¿Qué posibilidad dejaba para lo imprevisto? No lo sabía. Hasta que no llegó el momento, no sabía que era 'aquello tan inesperado' que estaba luchando por asomarse a mi inquietante horizonte inédito
.


Mi sueldo en la academia, que nunca pasó de los 60 duros, sólo me daba para comer y para pagar el alquiler de mi cuarto. La penuria de tiempo entonces, como antes en 'Chotis', obligaba a seguir llevando una vida austera, que me causó perjuicios y que finalmente terminaría conmigo. Me volví taciturno. No podía mantener una relación con nadie, me faltaba tiempo, y degeneré de tal modo que más tarde me faltaba incluso el deseo. Aunque nunca fui un petulante, veía anodinas las conversaciones de los

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Re: Mi libro "Atormentado cuando voy a morir"

Mensaje  achl el Mar Oct 11, 2016 9:25 pm



demás. No atinaba a comprender que en el trasiego humano los primeros contactos se resienten, forzosamente, de falta de interés. Una amistad no es el cociente de una charla puntual, pero como no comprendía esto, me condené al aislamiento, preso en mis propios pensamientos; los que me causaron serias secuelas, cuando, más adelante, liberado ya de los perentorios cuidados de esos años, sostuve relaciones de amistad. Siempre he parecido desconcertante, brutal casi, a todas las personas que me han tratado.

El amor no representaba ningún problema para mí. Soy hombre de pasiones primarias, ya lo dije antes y, por eso, casto; casto y violento como un animal en celo. Creo que el hombre primitivo debía ser así, hasta que la civilización lo malogró convirtiéndolo en un concupiscente animal racional, como un perro salvaje, en un chucho faldero.

Yo veía el amor desde una óptica médica, y rechazaba toda esa parafernalia amorosa con que se ve adornada una unión, para mí, puramente fisiológica y sin más ringorrango que el instinto al servicio de la conservación de la especie. Mi aparente templanza sólo tenía éstos orígenes: lo apremiante de mis ocupaciones, que me impedía pensar en los asuntos amorosos; la brusquedad de mi idiosincrasia, que ponía coto al mínimo indicio de amistad; la compulsión ardorosa de mi alma bajo un pozo de amargura, que los años habían ido dejando y, acaso, aquel sabor agridulce de algo intenso pero brutal que quedó de mi episodio con Veva. Cuando amé por primera vez, el fuego que había en mi interior debió quemar la costra de mi indiferencia, y, con el paso de los años, la iría sacudiendo como con la fuerza de un ciclón. He vivido loco de amor, pero inexpertamente, quemándome yo y quemando a los demás en mi incendio.

Algunas veces pensaba en mi abuelo, que mató por amor; en la extraña ternura de mis progenitores; en mi madre, que murió de consunción, sin una sola queja en los labios; y en mi padre, que quedó muerto sobre la tumba de su esposa, ‘sorprendentemente’ de muerte natural: muerte de amor.

Todo esto me desconcertaba. Sin embargo, a menudo pensaba

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Re: Mi libro "Atormentado cuando voy a morir"

Mensaje  achl el Mar Oct 11, 2016 9:33 pm



si había algo más allá de la frontera de carne que era la mujer…

Pienso que huelga decir que en la facultad hice pocos amigos. Durante los recreos, que mis colegas dedicaban a un merecido ocio, me refugiaba en un libro, a falta de tiempo para estudiar. ‘Placer amargo, dulce placer’.

En todos los años de carrera llegué a conseguir afectos sinceros y ácidas enemistades, pero nada hacía por fomentar los unos, o evitar las otras. Ignoraba si entre mis compañeros había alguno que mereciera algo más que un saludo. Para mí no eran sino una copia de la chiquillería de mi etapa en la academia. No obstante, en la actualidad, algunos de ellos ostentan destacados puestos, y con frecuencia salen sus nombres en los periódicos, acompañados de significativas fotografías.

¡Es curioso! Mientras éramos estudiantes, sólo destacaban por su sobonería o su padrinazgo, y todo bajo un mismo denominador de cierre de mollera. Los veía mendigar lecciones a los más listos, contar chistes a los profesores, gallear a costa de los relieves que habían podido sustraer de la bondad o del descuido ajeno. Pero también los habían responsables, que machacaban las materias en sus casas, como si golpeasen acero. ‘Sin embargo todo eso, al final del curso, todos obtenían buenas notas’.

Sólo una amistad mantuve en la facultad, y era una mujer: Luz. Me amaba, pero yo sólo la apreciaba. No sabía si incluso me hubiese propuesto matrimonio de haber permanecido en la capital, luego de acabar la carrera. Pero entonces mi cabeza no abarcaba esa clase de preocupaciones.

Dini, que me había cogido cariño, opinaba de mí que tenía un extraño atractivo para con las mujeres. Pero tal apreciación era como mínimo gratuita, y mi fracaso sentimental lo confirma. Era alto, atractivo, culto… De acuerdo. Pero de carácter reservado, incapaz de pronunciar palabra insinuante a una mujer. En realidad, estaba a mil años luz del más inoperante Don Juan.

Luz también cursaba medicina. Ingresamos los dos el mismo día en la facultad. Era la única mujer en nuestra clase, y sorprendía verla allí. Quería especializarse en puericultura y cirugía. Tal vez esté ya casada y con hijos, en cuyos aplicará sus conocimientos

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Re: Mi libro "Atormentado cuando voy a morir"

Mensaje  achl el Mar Oct 11, 2016 9:41 pm



profilácticos. No, no, elimino esto. Luz no se merece que diga eso de ella. La observábamos mientras se encontraba en el quirófano, manejando con soltura el bisturí sobre un cuerpo de goma; no se distraía y admirábamos su entrega.

Luz era una guapa y con estilo: rubia, ojos verdes y boca con dientes alineados, un poco separados, que, sin embargo, daban a la cara un cierto hechizo de frescura e ingenuidad. Con piernas torneadas y con cabellera abundante: un cuerpo ¡oh! Vestía exquisitamente. Y por si todo esto fuera poco, su familia gozaba de un envidiable estatus social y financiero. Al principio, apenas si era para mí un compañero más con quien cambiaba algunas palabras, pero los otros se disputaban su compañía y siempre la veía rodeada de un montón de admiradores.

Nunca llegué a saber el móvil que la llevó a que estrechásemos relaciones. Tal vez mi indiferencia era lo más atrayente por descubrir... Y visto así, ¿por qué no iba yo a embobalicarme, como los otros, ante tan apetitoso bombón? Y esto era algo que pedía una urgente aclaración.

No soy petulante por decir que para Luz fueron mis primeros reproches serios. Era lista e inteligente, pero no estudiaba gran cosa. Y era por eso que me pedía que le explicase algunos puntos de las materias que cursábamos. La primera vez lo hice gustoso, pero tanta reiteración cansaba, porque de los estudios me llevaba a dar mi opinión sobre infinidad de cosas, haciéndome perder un tiempo vital para mí. Pero, sin embargo, no tardaba en acostumbrarme a su voz cantarina y cálida, a las caricias de sus ojos, de suavidad aterciopelada; al movimiento de manos, de dedos alargados y casi translúcidos; al torrente de su risa, fresca y espontánea; a su actitud, noble y sana... Durante un tiempo caí en la ingenuidad de creer que mi relación con Luz no tenía más sustentáculo ni más perspectiva que una amistad. Absurdo. Entre gente joven, de mismo o diferente sexo, aunque no comulgo con las corrientes homosexuales, un buen porcentaje está abocado al conflicto amoroso. Y esto es algo que está comprobado estadísticamente, sin que nadie pueda decir lo contrario.

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Re: Mi libro "Atormentado cuando voy a morir"

Mensaje  achl el Mar Oct 11, 2016 9:50 pm



A causa de mi poca frecuentación con mujeres, tenía, y pienso que no he cambiado en esto, poca experiencia con ellas. Luz me sorprendía a veces con unos enfados que llegaban a durar diez días. No me preocupaba. Ya se le pasaría. Se me antojaba una de esas nenas de espíritu vidrioso, mimadas; gente de vida fácil que nunca había sufrido miseria y que buscaba contratiempos, agigantando ridículas minucias para acaparar la atención. Y en efecto, como no le hacía caso, volvía a mí con docilidad. Pero el principal motivo de sus enfados tenía origen en su empeño de que permaneciese en Madrid, una vez terminada la carrera, para ejercerla, y mi negativa a pensar siquiera en esa posibilidad.

Detestaba permanecer por más tiempo en Madrid. No quería seguir pisando sus calles, de tan ácidos recuerdos. Las calles de Madrid me dolían como heridas abiertas. Que se quedasen mis otros colegas, los burguesitos pimpantes, que abrirían consulta, deslumbrante en cristales y niquelados, para dar caza a la estúpida alondra de la vanidad; que se quedasen para mimar la gente rica y poner cara circunspecta ante sus achaques, y auscultar sus billeteras. Yo me iría a un pueblo andaluz que tuviese un cielo y un campo amplios, y no un campo en conserva como Madrid, y un cielo encajonado y cuarteado por los edificios, en conserva también. Madrid era un parche azul enmarcado en cemento. Sabía bien lo que le esperaba a un pobre como yo, que debía aferrarse a la medicina para comer. Conocía algunos médicos que vivían en los barrios periféricos, ocupados día y noche, sin tiempo para estudiar, para ampliar sus conocimientos, para destacar. Vivían fracasados. Quería irme a un pueblo, en el que podía ser alguien, y no una rata más en las cloacas de la capital.

Pero Luz no cedía. Su padre tenía influencias: la clínica de algún ínclito médico, un puesto en hospital. Su padre tenía poder. Tal vez. Pero no podía comprar mi ansia de huir de Madrid. Madrid era el cesto de los repartos, la humillación, el frío, la miseria, un tumor pegado al alma. Yo no necesitaba a Luz. ¿Ayudarme por qué? No quería volver a llevar la gorra servil y tender de nuevo la diestra de las propinas difamantes. Quería empezar de cero. Había luchado y sufrido para eso. Siempre había querido apartar de mi mente lo que mi mente quería apartar. Y esto era algo que siempre lo había conseguido.

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Re: Mi libro "Atormentado cuando voy a morir"

Mensaje  achl el Mar Oct 11, 2016 10:00 pm



Pero tardé en percatarme de que Luz se había enamorado de mí. Parecía increíble. ¿Qué clase de amor era el suyo? ¿Cómo el de Veva? ¡No! La miraba a los ojos: los empañaba el tejido de una ternura que me recordaba a mi madre. Algunas veces era cariñoso con ella, y sus ojos se acunaban, pero los míos no se excitaban, no brillaban... 

Muchas mañanas, sentados en un banco del patio de la facultad, repasábamos juntos las láminas del cuerpo humano. Luz estaba a mi lado con su fragancia de carne joven. Mirábamos los desnudos; ella temblaba, y el rubor encendía sus mejillas. Después se quedaba pálida, pero anhelosa; y yo, hermético, y sorprendido de un amor de tímidos deseos. Ella también estudiaba medicina. por lo que no ignoraba nada. Hablábamos de ello como entre hombres. Científicamente, pero como entre hombres ¿Y luego? Claridad en su mirada. Y sobresaltos también. 

Veva y yo, en la cueva oscura, unidos por el fuego del sexo y separados por el hielo del corazón. ¿Y Luz? ¿Bastaban el azahar, los acordes de la música y la alcoba de la virgen al amparo del sacramento? Ciertamente me preocupaba. El amor y el corazón: tópicos. Y toda esa charlatanería sobre la amistad, la comprensión e incluso la respetabilidad... surperfluidad literaria, requiebros de plumas partidistas.


Desde mi inminente sepulcro, me río y río yo ahora de este mi racionalismo, mi torpeza. Amo a una mujer, y esa mujer está muy por encima de toda esa basca. ¿Absurdo? ¿Por qué si la amo? Y yo también estoy muy por encima. Yo, un miserable, un cobarde, y hasta un rufián. Y la amo con todos los tópicos de amor, corazón y respeto, como un ser civilizado. Pero con la carne también.



Pero cuando conocí a Luz estaba lejos de comprender todo esto. Y la hice sufrir, sin duda. ‘Por ti seré una desgraciada’, me dijo una vez, y me dio pena escucharle decir eso. He sido egoísta, lo sé. He vivido en mí, sólo atento a mi dolor, lo sé. No me ofrezco a los demás. Cada uno con su carga de pesadumbre. Pero a Luz le hice daño. Y es por eso que me siento reo en su recuerdo, con la misma desolación que me acomete ver mi vida tan implacablemente vacía.

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Re: Mi libro "Atormentado cuando voy a morir"

Mensaje  achl el Mar Oct 11, 2016 10:07 pm



A pesar de eso, creo que no me hubiera casado con Luz ni en el supuesto de haberme quedado en la capital. No me gustaba su ambiente, y menos todavía su dinero. No quería ser el marido de una mujer rica; un marido de baja extracción.

Esos burgueses inflados: hombres de grandes tripas y nimias cabezas, mujeres de pocas ocupaciones y de voluminosas tetas. Y sus retoños, tan miserablemente vacíos. Es posible que esta opinión sea parcial e injusta. Me faltan datos para juzgar, ya que mis contactos con esa gente eran nulos. Pero la juzgo. Y la juzgo porque, en definitiva, no era sino una proyección, en una escala más alta, pero con los mismos resabios de la sociedad burguesa contra la que topé en el pueblo donde fui a parar, después de mi salida de Madrid. Una proyección exacta de aquel notario, aquel burgués, aquel hombre bueno a la burguesa, que me venció. No, no puedo ser ecuánime.

Cuando acabamos el último curso, Luz y otros colegas estaban ensayando una obra de teatro con la que iban a celebrar el acto. Me ofrecieron un papel. No lo acepté. Ya hacía uno bastante el tirititero en la vida como para además tener que subirme a un escenario. Por otra parte, se suponía que un tipo como yo podía servir para cualquier cosa menos para farsante. Por el contrario, accedí a asistir a un ensayo. Y ese fue mi único contacto con esas gentes que aparecen en los ecos de la alta sociedad, con anuncios publicitarios de cremas y mejunje para rejuvenecer el cutis, depilatorios de axilas y sofisticados artilugios para mantener la línea. 

Pero, cumpliendo con mi palabra, accedí a asistir, aunque forzado e incluso en una actitud insolente. Lo más sorprendente era que daba muestra en todo momento de una serenidad de la que creía que no era capaz.


Siempre hay que ser insondables, caiga quien caiga.


Ese ensayo se llevó a cabo en la casa de una escopetada dama, ‘mamá’ de uno de mis compañeros, del mismo o superior estatus que el de los padres de Luz.

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Re: Mi libro "Atormentado cuando voy a morir"

Mensaje  achl el Mar Oct 11, 2016 10:17 pm



Luz salió a mi encuentro cuando me vio entrar a través de un largo pasillo alfombrado. Estaba guapísima. Encajaba a las mil maravillas en aquel marco ostentoso.

____Alex, besa las manos a las señoras –lo primero que me dijo, pero casi imponiéndomelo.

Me fastidiaron esas palabras. Después de todo, yo no era uno de ellos. ¿Por qué entonces? Por unos instantes pensé si sería para pasar de contrabando. Pero en mi cabeza flotaba todavía que hacía poco tiempo manos como esas me daban propinas, que me veía obligado a aceptar para vivir. Pero tengo que confesar que entonces no sentía idea reivindicadora de clase. Simplemente, me asqueaba todo aquello: doncellas con cofia, criados con librea, chóferes, boato, aparatosidad, hipocresía…


Ahora, postrado en mi lecho, no sé definir mis sentimientos de entonces. Aquel fue uno de los momentos más desconcertantes en mi vida. Me sublevaba aquel insolente panorama.



Naturalmente, no besé ninguna mano. ‘Las jactanciosas mamás de los flamantes médicos’, con los dedos cargados de pedruscos keration brutus y en oro de 24 kilates, miraban con desdén mis pobres atuendos. Me divertía pensar que para ellas la calidad de la persona era inseparable del coste del traje. Entonces empecé a aburrirme. Estaba como olvidado en un rincón, y forzosamente no podía ser de otra forma, puesto que con ninguno de aquellos 'niños de papá' había hecho amistad y no les era grato mi trato. Aun así me sentí firme, pero ni yo les interesaba a ellos ni ellos me interesaban a mí; por lo tanto, nada pintaba yo en aquella suntuosa mansión.

Y después de todo, no se celebró ningún ensayo, lo que me hizo pensar que era una burda escusa para organizar bailes íntimos y para anunciar futuros enlaces y comunicados de la alta sociedad Sin descartar, por supuesto, ‘ciertos devaneos del pijo de turno, al que si era apellidón o banquero se le permitía todo, sin siquiera ser censurado, achacando sus deslices a los vínculos con la azul, o al cava'.

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Re: Mi libro "Atormentado cuando voy a morir"

Mensaje  achl el Mar Oct 11, 2016 10:23 pm



Aquellas mamás sonreían dichosas y meneaban las cabezas con aires altivos. Todas las parejas hacían buena pareja. Y las casarían. Y a echar hijos al mundo. Y a expandir la ramplona tradición…

Luz, de tarde en tarde, se acercaba para hablar conmigo. Pero apenas era requerida, se iba de nuevo. Aunque odiaba aquel ambiente, había sido educada para desenvolverse en él. Y debía cumplir.

Después de la última visita que me hizo, paseé la vista y pude ver que había algunas señoritas, todas ellas elegantes y con 'ropa de marca’; y algunas, aunque educadamente, me miraban, entre curiosas y admiradas. Posiblemente por mi pobre indumentaria o por mi aspecto físico.

Pero llegó un punto en que ya no podía más y abandoné aquella casa. Y la estúpida burguesía seguiría con su no menos estúpido caletre.

Luz me alcanzó cuando estaba en la puerta de salida al jardín.

____¿Es que te vas? -me preguntó, sorprendida.
____Sí –respondí.
____¿Y ni siquiera te despides? –ésta fue su segunda pregunta.
____¿Crees quizá que notarán mi ausencia? –le respondí con ésa pregunta.
____Sería una grosería de tu parte que te vayas así –dijo, en un tono casi molesto.
____Me tiene sin cuidado. Pero así corroboraré la penosa impresión que he causado.
____¡No tienes ningún derecho a decir eso! ¡Nadie te ha juzgado mal! –finalmente, me gritó.
____Entonces se han equivocado. Además de estúpidos, ciegos.

Me giré en redondo y salí presuroso hacia la puerta de salida a la calle.

Hasta el lunes o el martes, no lo recuerdo ahora, de la primera semana de prácticas, Luz y yo apenas si cambiamos una palabra, pero por pura formula. Nos mirábamos como dos extraños.

Uno de aquellos días, no obstante, en uno de los recreos me sentía

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Re: Mi libro "Atormentado cuando voy a morir"

Mensaje  achl el Mar Oct 11, 2016 10:29 pm



obligado a darle una explicación. Pensaba que no era culpable personalmente ante ella, pero era reo del ‘gran delito’ de haber atropellado sus convencionalismos sociales. Pero en cuanto a mis resquemores, los veía tan desproporcionados que me daban risa.

____Fue una estupidez por mi parte, lo reconozco -le dije, después de romper el hielo-. Pero hiciste mal en trasplantarme a un ambiente que no era el mío. Me encontraba desplazado.
____No sabía yo que eras tan soberbio.
____No lo soy, pero hay ciertas cosas que repugnan al buen sentido. Llevarme a mí a tu escala es como vestir a un paleto con chaqué –le dije-. Además, algunas complacencias proletarias de tu clase social no acarrean a los favorecidos sino un gran ridículo o una gran humillación –añadí.
____Pero tú eres lo suficiente inteligente como para estar muy por encima de esas insignificantes pequeñeces de mira.
____Y ellos son lo suficiente estúpidos para juzgar la calidad de la persona por el apellido, el atuendo, o el saldo de su cuenta corriente -y agregué-: sé que no me comporté bien y que por respeto a ti debí haber actuado de otra manera, pero tú debes admitir que pecaste de tacto al llevarme, al menos hasta no haberme comprado un traje igual o mejor que cualquiera de los que pude ver en tus amigos –terminé con ésa ironía.

No obtuve respuesta, pero ya nos habíamos emparejado luego de asistir a la última clase. La facultad se iba quedando solitaria. Los estudiantes rezagados la iban abandonando en ese instante. Un bedel, pipa en boca y derrengado sobre la jamba de una de las puertas de la salida, me saludó muy cordial, incluso sonriendo. Me confundiría con otro, sin duda.

____¿Y cómo podías pensar que yo quería humillarte? –me dijo, de pronto, en forma de pregunta. 

Quise responder, pero de pronto se volvió hacia mí y me besó en la boca. Y ese beso, evidentemente, era más pasional que testimonial.

____¡Luz! –exclamé, sorprendido.

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Re: Mi libro "Atormentado cuando voy a morir"

Mensaje  achl el Mar Oct 11, 2016 10:40 pm



Pero antes de que pudiese superar aquella sorpresa, ya había empezado a caminar: cabeza gacha y cara ruborizada.


Sí, el recuerdo de Luz abre mi alma a un oasis de ternura. Ella, Pepi, y mis padres, por supuesto, allá a lo lejos, como un retazo de sol en los años jóvenes, en que uno nada comprende. Amor fue lo que me dejó Luz en su primer balbuceo sentimental, como algo delicado, como una rosa roja. Mi madre solía decirme: ‘guarda celosamente el recuerdo de la mujer que te ame, que es el mejor regalo que jamás te haya hecho’. Y era verdad. Mi madre tenía toda la razón.


¡Pero tú abrasaste mi amor! ¡Tú tiraste la rosa en el volcán! ¡Tú estás consiguiendo que odie mi ansia de amar!


Ahora pienso en ti, Luz. ¿Dónde andarás? Era duro contigo, pero blando también. Tú lo ignoras, pero acaricio tu recuerdo con mi único ademán embebido; mi único ademán de esa triste rosa roja. Pero tenía que ser así. Estaba escrito.


A veces, sin esperarla, recibía una visita de don Teodoro. Se sentaba a mi lado y hablaba cansinamente. Le respondía con monosílabos, casi sin prestar atención, repasando mentalmente mis lecciones. Pero insistía, una y otra vez, en sus méritos, sus conocimientos, su capacidad y su experiencia para impartir la enseñanza…

Una tarde vino a visitarme. La expresión en su cara no podía disimular la frialdad de hombre fracasado que no tiene más fuente de gozo y amargura que el regodeo de sus propias miserias.

____Vengo en triste misión.

Me puse en guardia. Siempre que aparecía así y hablaba así, solemne y enigmático, no era para nada bueno.

____¿Qué ocurre?
____Pepi –respondió, con una parquedad inusitada.
____¿Qué le ocurre a Pepi? -le pregunté, empezando a preocuparme.
____Se encuentra enferma. Me ha enviado un recado pidiéndome que venga a decírtelo.
____¿Muy enferma?

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Re: Mi libro "Atormentado cuando voy a morir"

Mensaje  achl el Mar Oct 11, 2016 10:47 pm



____Sí. Está ingresada en el hospital de las Hermanas de la Caridad
____¿Desde cuándo?
____Hace más de un mes. Está tuberculosa, ¿comprendes…? Y según los médicos que la están atendiendo, le quedan pocos días de vida.
____¿Y cómo es que usted no me ha avisado antes?
____No lo sabía -se escudó-. Ya te dije que 'Chotis' había dado en quiebra, y que Petra, sus hijas y la pobre de Pepi desaparecieron del mapa. Y de Pepi no he vuelto a saber de su paradero hasta esta mañana. ¿Comprendes…?
____Vamos a verla –le dije, a la vez que cogía mi chaqueta.

Mientras íbamos caminando me contó, por enésima y una vez, el cierre por quiebra de 'Chotis'. El principal culpable había sido, naturalmente, Felipe, pero las tres señoritas contribuyeron en gran medida.

Según mi profesor se acababa de enterar, Veva se había tirado a la prostitución, y estaba hecha una verdadera pena. Lupe y su madre pedían limosnas, ejerciendo su labor de pedigüeñas en Cuatro Caminos. A ése respecto, Petra le había dicho al emisario Don Teodoro, con su odioso americanismo: ‘toda cosa es bárbara para yantar antes que el indecoroso lastre de laborar’. El chuleta de Felipe había desaparecido. Y la infeliz de Pepi no dejó a sus amas hasta no ser reclamada por una ama más inflexible, pero quizás más piadosa: la muerte.

Apenas una semana más resistió. Iba a verla todos los días. Me sentaba junto a su cama, le tomaba el pulso, le hablaba. Ella no abría los labios, pero me miraba rebosante de gratitud. Estuve a su lado hasta su último aliento. Las miradas de sus cálidos ojos se posaban en mí con una expresión tierna. No podía hilvanar palabras mientras agonizaba. La emoción había paralizado mi cerebro y mi garganta. El último día de esa semana, caída la tarde, se incorporó, de pronto, cogió una de mis manos, la besó y la retuvo, en un gesto de bondad. La agonía de la muerte le dio a la vida la última oportunidad de hablar, y Pepi la aprovechó para decirme, con voz firme, pero apagada:

____Pronto será usted médico, señorito Alex...

Soltó la mano y quedó quieta y rígida. Muerta.


Aparte de mis llantos de la niñez, esa fue la única vez que lloré como adulto. Y lloré con ternura; la misma ternura que había podido arrancar de la persona que acababa de morir. ‘Cuando se nos muere un ser querido, es cuando más necesitamos creer que hay cielo’, pensé. Aquel inmaculado ángel, con cara y cuerpo de mujer, no merecía tan horrible final. ¡Y sólo tenía veintisiete años!

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Re: Mi libro "Atormentado cuando voy a morir"

Mensaje  achl el Mar Oct 11, 2016 10:56 pm



6

Los recién casados entraron en el vagón del tren cuatro horas después de que saliéramos de Madrid. La novia representaba más edad que el novio: ¿treinta y muchos, quizás? Vivían en no sé qué pueblo de Ciudad Real, y se dirigían al Sur, en luna de miel. Ella parecía una pueblerina con resabios de señorita marisabidilla. Su físico era vulgar: estatura baja, gruesa, cara ancha, poco pelo, ojos inexpresivos y boca con labios finos. Él tendría alrededor de veintiocho: alto, rubio, manos callosas, y su rostro delataba que era algo infantil. Parecía ahogarse dentro del traje azul marino, poco holgado para su bien desarrollado torax. A cada momento se inclinaba sobre su esposa, rendido a ‘sus encantos’.

____¡No seas imbécil! -le increpaba.

Empecé a sentirme mal. Aquella impertinente mujer le hacía advertencias ‘¡no hagas eso, no hagas lo otro, no te pongas así, no te pongas asao!’. Y cada frase la acompañaba con insultos. De pronto, seguro que era para dejar descansar la lengua, se enfrascó en la lectura de una revista del corazón, mientras el joven miraba con cándido sonreír el techo del vagón, cubierto de hollín.

También yo me iba distrayendo leyendo un periódico, y así iba matando el aburrimiento de las horas del tren.

El traqueteo del tren pespunteaba el silencio. Pasaban rápidos los palos del teléfono y la electricidad, y subían y bajaban los cables, culebreando en el paisaje. El vaivén iba acunándome, y las ideas llegaban soñolientas a mi cerebro, desparramándose en él, como una ola cansina de la canícula sobre la playa. Pensaba que quizás ella era una paleta rica que había aceptado como marido a aquel gañán, ante la amenaza de soltería. Y lo pensaba con obstinación, sintiendo que las ideas se escurrían como libro entre dedos torpes de sueño. Viajábamos a pleno día, bajo un sol de sentencia. Las ventanillas de nuestro vagón iban abiertas, y las cortinillas que tamizaban los rayos solares, sumían nuestro compartimento en un ámbito sofocante. El meneo del tren, que comenzaba a deslizarse sobre una pendiente, zarandeaba los

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Re: Mi libro "Atormentado cuando voy a morir"

Mensaje  achl el Mar Oct 11, 2016 11:10 pm



cuerpos, como a muñecos. Flameaban las cortinillas, dejando pasar a intervalos chorros de luz que mostraban el paisaje entre guiños. Se caían mis párpados sobre mis ojos. Volvía a subirlos, haciendo un gran esfuerzo, como si quisiera levantar una pesa de diez kilos con una mano sin nervios y sin músculos. ‘Sí, por eso le humilla y le desprecia’. Las ideas se pegaban a mi mente como las patas de las moscas en una de esas tiras glutinosas de papel cazamoscas. ‘Porque para ella, él representa el recuerdo enojoso de sus petulancias desvanecidas, del novio que se burló, del creído señorito que la dejó plantada’. Todos esos pensamientos revoloteaban en mi interior hasta que acababan por escapar, como una bandada de pájaros. Pasados unos minutos, me quedé vacío. En mis oídos sólo sonaba un frufrú agitado.

De pronto, me zarandearon, sin escrúpulos.

____¡Billete!

Ante mí, el revisor, con esa estúpida expresión de no haberse saciado aún de interrumpir el sueño fugaz del viajero. Lo suyo era picar los billetes, y poco más debía importarle.

Despierto ya, repasé lo que había pensado y, como un reflejo, me vino a la mente Luz, que no me habría echado en cara su dinero, pero que lo tenía, y tenía además una educación y unas relaciones diferentes a las mías. Me hubiera sentido, como mi vecino de viaje, en una situación embarazosa. Pero creo que yo tenía la sensibilidad que a él posiblemente le faltaba. No hubiese podido soportarlo. Y todo eso contribuía a alegrarme de no haberme apeado del tren cuando aparecieron mis dudas…

Luz me había acompañado a la estación, y en todo el tiempo que permanecimos en el andén, hablamos de trivialidades. Hasta que sonó la señal de salida...

____¿Me escribirás? -me preguntó, anhelosa.
____Desde luego -respondí, casi indiferente.
____¿Cuándo regresarás? –me preguntó, de nuevo.
____Ni idea –contesté, en el mismo tono anterior.

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Re: Mi libro "Atormentado cuando voy a morir"

Mensaje  achl el Mar Oct 11, 2016 11:16 pm



En ese momento, puse el pie sobre el estribo de mi vagón y a la vez tendía la mano hacia Luz, quien, tartamudeante y nerviosa, me cogía el brazo y me decía, en una exclamación:

____¡Alex, por fa…vor! ¡No… te…. va…yas…!
____Pero…
____¡Al menos, no te vayas así! ¡Necesito que me digas…!

Sus palabras eran interrumpida por el ruido del tren. Chirriar de hierros y crujir de maderas lo recorrían de punta a punta, como un escalofrío.

____¡Por favor, Alex! ¡Te quiero…! –añadió, de pronto.

El vehículo longaniza empezó a ponerse en movimiento.

____¡Es un disparate, Luz…!
____¡Alex! ¡Te lo suplico, Alex!

Daba unos pasos seguidos, sin dejar de hacer presión sobre mi brazo.

____¿Ya no me tienes miedo? –le pregunté, súbitamente.

Ignoro por qué razón le hacía ésa estúpida pregunta, tras la que, sin duda, debía esponjarse la vanidad de una persona amada.

____¡No, no te tengo miedo, pero estaba segura de que ibas a labrar mi desgracia! –respondió.

Pero de pronto, aflojó los dedos y soltó mi brazo. Al poco, el tren empezó a alejarse.

Luz quedó clavada en medio del andén, mirando desde sus bellos ojos, llenos de lágrimas. Entonces traté de luchar contra un sentimiento. No lo conseguí, e inicié un movimiento para bajarme del tren. Pero parecía que una mano férrea frenaba mis piernas. Miré atrás. Luz estaba en el mismo lugar, levantada la mano con un adiós que apenaba. Flameaban pañuelos, y la imagen de

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Re: Mi libro "Atormentado cuando voy a morir"

Mensaje  achl el Mar Oct 11, 2016 11:20 pm



Luz se iba desvaneciendo entre una masa informe. De repente, el tren realizó una pronunciada curva a la derecha. Ya no veía a Luz. La había perdido. Y la había perdido para siempre.


‘No, no le escribiré’. Pensé mientras iba hacia mi compartimento. ‘¿Para qué? ¿Por qué? Mi capacidad de tortura no llega a esos extremos. No quiero abrigar falsas esperanzas’. Sentado ya en mi asiento, empecé a sopesar los pros y los contra, bajo un criterio egoísta, y no era precisamente una relación sentimental lo que entraba en mis planes entonces. Sabía que las cosas del querer pasaban factura. ¡Y bien que lo sabía! Pero eso no me importaba en ese momento. Seguía firme y decidido. Intentaba persuadirme a mí mismo de que nada iba a detenerme ya. A través de la ventanilla del vagón podía verse el campo, y esa imagen me reconfortaba

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Re: Mi libro "Atormentado cuando voy a morir"

Mensaje  achl el Mar Oct 11, 2016 11:31 pm



7

Llegamos a Sevilla con un retraso de tres horas sobre el horario previsto. El calor era asfixiante; fuego puro subía desde el suelo. Un autobús, viejo y destartalado, que repartía los viajeros, tenía su penúltima parada en el apeadero de partida de otro que era el mío. Pero ya hacía casi dos horas que había salido. En vista de lo cual, dejé mi equipaje en consigna y me lancé a la calle. Nada había tan insufrible como esas larguísimas esperas en una ciudad provinciana en la que no se conocía a nadie ni se tenía nada qué hacer. Para ir restando tiempo al tiempo, entré en un taberna y pedí un vino y un periódico, y leí, sin enterarme de casi nada, hasta los anuncios.

Un rato después, me hallaba de nuevo en la calle. Pregunté a una mujer, que había por allí, si sabía de alguna fonda cercana. Me dijo ‘ahí, pensión Murillo’. Apenas llegué, a un tipo cano que había detrás de un mostrador le alquilé un cuarto para esa noche. Entré en él y me refresqué un poco. Luego fui a una peluquería a que me cortasen el pelo. Al cuarto de hora, otra vez al calor. Anduve un buen rato en las calles de Sevilla, entrando en todas las iglesias que hallé al paso, disfrutando en el frescor de sus naves y deteniéndome ante lienzos e imágenes.

Pasadas dos horas, fui a conocer la Facultad de Medicina, y en su ambigú compré y comí un bocadillo. Anochecido ya, cené en la primera tasca que vi. Y ya sin más nada qué hacer, me aburrí soberanamente. Aun cansado, o acaso por eso, no tenía sueño, así que decidí ir a un cine. La película era pésima y salí de la sala antes que acabase. Pero como ya estaba harto de pasar calor, me encaminé de nuevo hacia mi fonda. Ya en mi cuarto, me encontré con una cama dura y unas sábanas sucias, que habrían cobijado sabe Dios cuántos otros huéspedes. Esa noche dormí poco y mal.

El día siguiente fue igualmente tedioso; pero, por fin, a las cinco me subí al autobús que debía llevarme a 'mi pueblo’, embutiéndome entre una mujer, que llevaba un niño en los brazos, y un vejete canijo de aires cachondos que hablaba en un lenguaje bronco, pero con tan buen sentido que pasmaba.

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Re: Mi libro "Atormentado cuando voy a morir"

Mensaje  achl el Mar Oct 11, 2016 11:37 pm



El viajecito, desde luego, se las traía. El asfalto, blanco de sol y agujereado como cráter, era como una pesadilla en el ardiente paisaje de los campos sevillanos. El autobús daba tumbos en los baches de la carretera, y el sol hacía de las suyas a través de las desguarnecidas ventanillas. Avanzábamos a paso de tortuga en una atmósfera de polvo y candela. El sudor pegaba la ropa a mi cuerpo.

Hicimos muchas y largas paradas. Cuando menos se esperaba, aparecía un pueblo blanco, que parecía deshabitado. Se palpaba el hambre, y la miseria y la desigualdad. Míseros adobes junto al esplendor de cortijos de boatosas portadas, con hierro heráldico o ganadero en su arco, como en desafío, en guardia. Adobes que predisponían a la evocación de la caridad, la piedad. Adobes que raspaban el alma.

Acudía gente en cada parada: chavalas endomingadas, de caras tímidas, ensoñadoras del forastero: príncipe azul con vitola de médico, de abogado...; ancianas en enaguas, chavales broncos, ancianos renegridos; niños, montones de niños, de ambos sexos, desharrapados, que miraban con cándida insolencia. Algunos de ellos devoraban con los ojos la razón de su pasmo. Nunca antes me habían mirado con tan impertinente desfachatez. Llegué incluso a sentirme molesto y con ganas de reprender a aquella contumaz chiquillería.

Arribamos, por fin, a mi destino sobre las diez de la noche. Entre el gentío de pasajeros y familiares que habían subido al autobús, me abrí paso. Bajé de aquel horno y quedé en la carretera. Siluetas oscuras y caras raramente blancas, extasiaban junto al autobús: risas, abrazos, besos, llantos, chillidos, estrechar de manos, preguntas, respuestas… Todo un río de los sentimientos humanos se explayaba a la carta en aquel infame asfalto.

De pronto, un tipo de aspecto campechano se me acercó.

____¿Es usted Alejandro Ceballos Munitis?
____El mismo –respondí.
____Gusto en conocerte. Al menos al tacto –dijo y sonrió cordial-. Soy Pepe Ruiz, el forense de este pueblo –añadió.

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Re: Mi libro "Atormentado cuando voy a morir"

Mensaje  achl el Mar Oct 11, 2016 11:41 pm



____El gusto es mío –correspondí, estrechando la mano que me tendían.
____¿Han bajado ya tu equipaje? –me preguntó, de pronto.
____No lo sé. Pero creo que…
____Espera –se dirigió hacia la parte trasera del autobús.
____Pero no te preocupes. Ya iré yo a…

De nuevo, no me dejó terminar la frase. Seguimos a una mujer, ataviada completamente de negro, que iba delante de nosotros con mis maletas.

____Te esperábamos ayer –me dijo, súbitamente.
____Y así era como estaba previsto. Pero el tren llegó a Sevilla con retraso y perdí ese autobús –señalé con la mano.
____Pienso que habrás tenido un viaje detestable –agregó.
____Y piensas bien. Pero ya hice otro peor.
____Olvídalos. Ahora te sobrará tiempo para descan…
____¿Qué tal es este pueblo? –le pregunté, interrumpiéndole.
____Como casi todos los del Sur. ¿No conocías Andalucía?
____Nunca antes había estado por aquí. Nací en un pueblo de Santander y, aparte de él, sólo conozco Madrid, en donde he vivido desde los trece años.
____Pues entonces… te compadezco.
____¿Por qué?
____Ya hemos llegado a tu casa –anunció de pronto, pero sin contestar a mi pregunta.

La mujer enlutada abrió la puerta con sus propias llaves.

____¿Quieres pasar? –le ofrecí.
____Otro día. Ahora lo que necesitas es descansar. ¡Bienvenido a bordo, doctor Ceballos! –sonrió.
____Gracias por todo –respondí, devolviéndole la sonrisa.
____No las merece, hombre –sonrió de nuevo.

Nos despedimos y entré en mi nueva casa.

El zaguán, de suelo negro y de techo alto, se alumbraba con una bombilla de pocos vatios, churretosa por las defecaciones de las moscas. Una escalera de madera y de anchos peldaños, llevaba

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Re: Mi libro "Atormentado cuando voy a morir"

Mensaje  achl el Mar Oct 11, 2016 11:51 pm



al piso superior. En la planta baja había puertas a derecha e izquierda, y un largo pasillo desembocaba en un espacioso jardín-corral.

La mujer de negro quedó en el umbral de la puerta, quieta, sin hablar, esperando sin duda mis órdenes. Le hice un gesto como de que pasase al interior.

____Usted debe ser Socorro –le dije, pronunciando el nombre con precaución, a la vez que temeroso por si alguna vez lo emitía con énfasis, pudiese originar un malentendido.
____Jí, jeñó dojtó. Don Pedro Río me tuvo a ju jervijio hajta que je fue a Madrí y er tabién hajía broma con mi nombre. Pero ujté nojapure por ejo, camí no me molejta.
____¿Cómo ha podido adivinar mis pensamientos?
____Por ju cara de ujté. La mijmita der prime día de don Pedro. Pareje que lajtoy viendo.
____Eso lo explica todo. Es usted muy observadora.
____Grajia, jeñó dojtó.
____De nada. Pero ahora vamos a lo principal. Seguirá usted haciendo lo mismo que cuando estaba don Pedro, si no le ordeno otra cosa. ¿De acuerdo?
____Jí, jeñó dojtó.
____Haga usted el favor de llevar mi equipaje a mi cuarto. Ah, y no voy a cenar esta noche.
____Jí, jeñó dojtó. Locujté mande.

Me precedió en la escalera. Crujían los peldaños, pero eso no me importaba. En mi oído sólo sonaba la muletilla de Socorro: ‘señor doctor', muletilla que era como el eje de mi nueva vida: ‘señor doctor’. Parecía ya lejano aquel imberbe que trotaba por las calles de Madrid, con un cesto sobre las costillas.


Mi pobre Alex. Odiabas tanto ese pasado tan próximo… como si te diese golpes en tus entrañas.


Entré en mi cuarto; era amplio y con suelo de cemento. Una ventana ancha con postigo se abría hacia la calle. La cama era pomposa y alta. Un ropero de doble hoja y una mesita de noche elevada, suponían todo el mobiliario. Me lavé la cara y las manos y me cepillé

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Re: Mi libro "Atormentado cuando voy a morir"

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