Se llama copla democrático

Mi libro "Atormentado cuando voy a morir"

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Re: Mi libro "Atormentado cuando voy a morir"

Mensaje  achl el Mar Oct 11, 2016 12:04 pm



vanidad del mi profesor no desfallecía, evitaba toda dificultad con superfluas divagaciones, lo que me hacía perder un tiempo vital. Entonces corté por lo sano. Sabía que esto era algo que nunca me iba a perdonar y que le daba pie para criticar a aquel mediquillo que todo se lo debía a él. Pero también sabía que me recordaría con cariño y que su ego se había esponjado más de una vez a costa mía.

Por timidez, tal vez, y no por ganas, continuó pues don Teodoro impartiéndome clases de Ciencia.

En el Instituto obtenía siempre buenas notas, y por eso conservaba la beca que me concedían. Administraba con celo mis propinas, que bastaban para enjugar matrículas, libros y material escolar.

Mi escaso vestuario se proveía de los trajes viejos de Don Isidro, que era delgado, y si no, Pepi me los aviaba. En el tajo que en la trastienda me servía de cuarto, con cajas viejas de madera me hice mesa, silla, armario y lecho. Pepi se las arregló para rellenar mi colchón y para confeccionar unas sábanas con retales que apañó, no sé de dónde. Y con esos endebles recursos iba tirando. Pero, evidentemente, avanzando…

Cuando me inicié a cursar el Quinto curso, el secreto que tan celosamente ocultaba salió a la luz. Y fue por culpa de Don Isidro quien, ufano de su obra, hacía lenguas de mis talentos, y llegó a un punto en que no podía soportar por más tiempo en silencio su buen hacer.

Una mañana, Petra, revolvió toda la trastienda hasta dar con el escondite en que guardaba mi tesoro: mis libros y mis apuntes. Ese mismo día, luego de comer, mientras cruzaba el salón para bajar de nuevo a la tienda, me ordenó con voz autoritaria:

____¡¡Pibe, aguárdese!!

Estaba indignada. Miró a su esposo.

____¡Dime vos qué acontece! -le dijo imperativa a Don Isidro, sentado frente a ella.

El tendero dio un respingo y después respondió con una pregunta:

____¿Qué acontece de qué?
____¡No vaya vos de longui! ¡Vos sabés qué aludo!

achl

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Re: Mi libro "Atormentado cuando voy a morir"

Mensaje  achl el Mar Oct 11, 2016 12:13 pm



Lupe, con ojos malévolos, seguía la escena. Y Veva miraba a su padre y a mí, entre divertida y desdeñosa, con una risita en los labios.

____¿Te refieres los estudios de Alex? –respondió, al fin, con voz torpe-. Si es eso, no hay nada de particular. Alex está tratando de buscarse un futuro y seguro que lo logrará –añadió.

____¡Lo que logrará es que lo bote, que es lo que debí hacer el primer día! ¡Venirme tú a mí con tapujos! El tendero tira la plata con el primer roto que se cuela en mi casa, y aluego pinta llorón para dar calderilla a su humilde esposa. ¡Y tú, pibe! -señaló con un dedo sobrado de anillos-, ¡vete ya a la puta calle! ¡¿Parlo suficiente palmario?!
____¡Bien, madre, bien! Sólo falta que este pordiosero nos salga ilustrado –terció Lupe, con aspereza en la voz.

Me dolieron aquellos insultos, y tuve que sellar mis labios para no replicar. Petra me fulminó con la mirada. Veva lanzó su risita habitual, y Lupe me miró con burla y, ante tamaña humillación, desvié la cabeza.

____¡De acuerdo, de acuerdo! -exclamó Don Isidro-. Lo voy a despedir. Pero os advierto algo: Alex ha trabajado incansable en esta casa. Sin Alex, hace tiempo ya que andaríamos pidiendo limosnas. Ha levantado el negocio con su trabajo. ¿Y sabéis lo que ha cobrado? Nada. Tiene ya dieciocho años, duerme en un agujero inmundo, y ni se ha quejado ni nunca me ha pedido dinero. Sus estudios se los paga él mismo con las propinas que consigue a diario. Soy viejo ya y si me falta Alex…
____¡Alex, Alex, Alex! Por los Clavos Sagrados, como si no hubiese en el globo nadie más que Alex –protestó Petra, pero con cierto aire conciliador en la voz…
____Otra persona que hiciera lo que hace él, cobraría lo que no da la tienda –añadió astuto Don Isidro, percatándose del súbito cambio en su mujer-. En fin, si os empeñáis, lo despido. Pero no olvidéis que sois vosotras las que lo habéis exigido –concluyó, y después que me miró de reojo.
____¡Un momento, un momento! Yo no he dicho nada aún -terció Veva, de pronto-. Y mi opinión es que si Alex quiere estudiar, por qué negárselo. No es un crimen. Además, si es tan útil y honesto como dice mi padre, lo que debe hacer es asignarle un sueldo y dejarse de tanto cacareo.
____¡Pero hijita! -protestó Petra, mirando a su hija.
____¡Ni hijita ni porras; lo dicho! –añadió Veva, haciéndome un gesto obsceno con la lengua.

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Re: Mi libro "Atormentado cuando voy a morir"

Mensaje  achl el Mar Oct 11, 2016 12:20 pm



Me percaté de que Don Isidro trató de añadir algo más, pero las palabras no acudían a sus labios. Carraspeó, entre estupefacto e inquieto.

Todos los presentes, salvo Veva, quedamos pasmados. La miré y me devolvió la mirada, pero con su acostumbrada risita.

En fin, sea como sea gané. Por de pronto, desaparecieron de la trastienda los trastos y con ellos la suciedad, suciedad contra la que hasta entonces no había podido luchar Pepi. Me compraron cama, colchón y otros muebles. Fueron reparadas y pintadas las paredes. Me asignaron un sueldo de quince duros, cuyo se me antojó una fortuna. Me dieron más horas libres para estudiar. Se anuló la tarea de leerle por las noches a Petra, y hasta pude darme el lujazo de pagarme un profesor de Ciencia, quien me allanó las dificultades de la Álgebra, la Física y la Química. Y a corto plazo, dejaría de padecer también la humillación de aceptar propinas.

Con el paso del tiempo, abandonaría 'Chotis': la labor alcahueta del mostrador, el cesto de los repartos... Sí, dejaría todo eso con satisfacción, sin mirar atrás, sin volver a acordarme de aquellas personas con las que había compartido parte de mi vida. Ni las quería ni las odiaba, sólo permanecía con ellas por interés. Tenía techo y pan y, como había sufrido por carecer de ambas cosas, cumplía, incluso con creces, para no perderlas de nuevo.

Lo que no sabía era por qué no había pedido antes un mejor trato del que acababa de brindar un cálculo premeditado de Veva. Pero no quería pensar en eso. Me sentía seguro, algo que aprendí de mi padre, aunque en él, casi todo se iba en palabrería. Me veía capaz de continuar el camino trazado. Nada pedía porque nada necesitaba. De nuevo seguía avanzando. Pero era tan ingenuo que solamente pensaba en mi fuerza de voluntad, sin caer en la cuenta de que la vida se deja caer con algunas cosas, imprevisibles, inevitables…

En 'Chotis', nadie parecía alegrarse de mi ascenso y nadie reparó en felicitarme. De Don Isidro y Pepi no hablo.

Al final del primer mes, el tendero, entre acriminador y risueño, me dijo: ‘'joder Alex, ahora ganas más que yo!’. Pero no tardó en incluir mi sueldo en el apartado de las fieras y en separar de él sus sobresaltos de cicatero. No obstante, pude comprobar que a partir de ese entonces se comportaba conmigo con más justicia, con más equidad…

Como final de este capítulo añado que encontrándonos solos en

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Re: Mi libro "Atormentado cuando voy a morir"

Mensaje  achl el Mar Oct 11, 2016 12:39 pm



el salón Pepi y yo, la pobre muchacha largó tímidamente la plática más larga que jamás había pronunciado, al menos delante mía:

____Te lo mereces, Alex. Tú no serás un pringado como yo.


Después, se llevó el delantal a los ojos y se volvió de espalda. Siempre había sido yo un hombre bastante duro, poco propenso a conmoverme por nadie ni por nada, pero en esa ocasión sentí un crispamiento de ternura

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Re: Mi libro "Atormentado cuando voy a morir"

Mensaje  achl el Mar Oct 11, 2016 12:53 pm



3

Aquellas tres señoritas aceptaron a regañadientes mi ascenso. Pero era se me antojaba raro que fuese precisamente Veva la que descargaba en mí su aversión. Era demasiado ingenuo para entender que su actitud obedecía a ‘algo muy estudiado’. Todo el tiempo me trataba como su criado, abrumándome con reconvenciones estúpidas y órdenes humillantes. Se burlaba del ‘estudiantillo’, como me motejaba con desdén, pero el mismo desdén le devolvía en las ocasiones que se me presentaban.

Ese año aprobé el Quinto y parte del Sexto. Don Isidro hizo por este motivo una exagerada apología de mis talentos. Las tres señoritas escuchaban indiferentes sus palabras, y yo me sentía molesto por ese extemporáneo entusiasmo del tendero.

Veva, uno de aquellos días, aprovechó un momento en que nos quedamos solos para decirme, despectivamente:

____Abróchame el zapato.

La intención de humillación era tan deliberada que no tuve más remedio que mirarla, retador.

____¡Abróchame el zapato ya, imbécil! –repitió enérgica, insulto incluido.

‘Alex, rodilla en tierra, obedeció’. Pero se me antojaba tan desproporcionada la exigencia que no me sentí ofendido. ‘¿Por qué tengo que dar beligerancia a semejante estúpida?’, pensé.

Cuando me levanté, me pasó una de sus manos por una de mis mejillas y me miró largamente de una manera provocadora…

____¡Bobo, que eres un bobo! –exclamó, y empezó a caminar contoneándose.

La guerra que Petra me había declarado era sin cuartel, pero más franca. Me odiaba y toda coyuntura era buena para regañarme, a la vez que recordarme la supuesta protección que me dispensaba. Aun eso, veía en la actitud de las tres señoritas no sé qué de sobresaltos. Era evidente que me necesitaban, pero yo me reía de su impotencia.

____Déjalas -me dijo Don Isidro, luego de uno de esos episodios. Y siguió hablándome-: mientras yo viva, estás seguro, y cuando

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Re: Mi libro "Atormentado cuando voy a morir"

Mensaje  achl el Mar Oct 11, 2016 1:00 pm



falte, si además de tontas que son no se vuelven locas, rezarán para que no te vayas. ‘Las de arriba’ piensan que me dominan, que soy un calzonazos. ¡Andan frescas! Les tengo miedo, eso es innegable, pero en definitiva las hago pasar por el aro. Las dejo que griten, que se explayen…, y si es eso lo que les gusta, allá ellas. Pero como no tienen ni pizca de caletre es fácil manejarlas. Soy débil, y por eso no tengo mucha fuerza. Pero no pienses que éste pensamiento es mío, aunque es una gran verdad. Si tuviera un poco más de valor las sometería. Claro que entonces no sería tan débil. Bueno, bachiller Alex, me estoy haciendo un taco... jajajajaja.

Cuando Don Isidro hablaba de su esposa y sus hijas, las llamaba 'las de arriba’. Para él eran, espiritual y topográficamente, una divinidad superior, a cuya se sentía sometido por el miedo, más que por el cariño. En el ámbito de la tienda, él podía tomar decisiones, pero el piso gravitaba sobre su cabeza y a menudo le veía mirar hacia el techo, con los ojos llenos de amargura. Disfrutaba con lo que creía grandes logros sobre la trinca, como que nos admitiese, ‘sin peros’, a Pepi y a mí, pero esto no era sino una modalidad del aglutinante que podía unir a aquellas cuatro personas: la explotación y la tacañería.

Hubo una etapa en la que tengo que reconocer que Lupe me importunó poco. Tenía algo más perentorio en que ocuparse. Se iba a casar. Todo ocurrió de pronto. Un prenda del barrio, chulo, mujeriego y gandul, rompió la relación que mantenía con Veva. Se llamaba Felipe y ‘El Tuno’ lo apodaban. Era un individuo despierto. Se percató de que Veva picaba alto y que sus amoríos con ella no iban a ninguna parte. Pero la tienda de ultramarinos debía antojársele un filón, y por eso dirigió sus tinos hacia Lupe, cuya, en su red fácilmente cayó.

Debido a esa inminente boda, los días previos 'Chotis' parecía un infierno. Las trifulcas, los gritos y las peleas se repetían a diario. Don Isidro mostraba todo el tiempo una risita irónica. No quería intervenir en nada relacionado con esa unión. Hablando conmigo se restregaba las manos y me decía, en actitud cómica:

____¡Qué, el Olimpo anda revuelto, ¿no? jajajajajaja…!

Mientras subíamos a almorzar o a cenar, el pobre tendero ponía cara de circunstancias:

____Sí, esta boda es un disparate -respondía así a una pregunta de su esposa.

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Re: Mi libro "Atormentado cuando voy a morir"

Mensaje  achl el Mar Oct 11, 2016 1:25 pm



Pero cuando bajábamos de nuevo, se abría conmigo:

____¿Crees que me importa que se case con ese Felipe o con cualquier otro? ¡Pues no! Petra pide mi opinión por pedirla, pero yo pinto poco para ‘las de arriba’. ¿Qué es lo que espera Petra? ¿Qué se case con un señorito? ¡Anda fresca! La única persona de mérito que ha entrado en esta casa ha sido tú. Y tú nos dejarás. Y harás bien. ¿Y después qué? Con Felipe o sin Felipe, la tienda se irá al carajo -hizo una breve pausa y adoptó una pose pensativa. Luego, añadió-: mira, Alex, desde que me casé no he tenido un segundo de felicidad, y es por eso que ahora me divierta que mi mujer y mis hijas se peleen. Las tres son perturbadoras por igual.

Uno de aquellos mediodías, mientras almorzábamos el matrimonio, sus hijas y yo, Lupe miró a su madre y, amenazadora, le dijo:

____¡Madre: o me dejas casarme con él o me voy a vivir con él! ¡Tú decides!

Petra le dio un fuerte cachete. Después simuló desmayarse, cayendo al suelo y arrastrando tras sí el guarreado hule. Y con él, los platos a medio vaciar. Y entre todos esos desperdicios, mezcló su mar de confusiones.

El resto del día lo pasó lloriqueando y quejándose de hipotéticos males que ‘la iban arrojar al hoyo’. Pero Lupe no se ablandó y le exigió una respuesta categórica, que su madre no tuvo más remedio que dar, salvando apenas un jirón de su autoridad. Le dijo, de forma cruda y aparentemente clara, pero sosegada:

____Te sacramentarás, pero desde el momento en que botes de mi casa hacia la ermita, será para no volver más bajo mi manto. Ya os apañaréis tú y ese chulo de verbena.
____¡Tranquila, madre Calcuta! Mi novio es lo suficiente hombre como para no tener que mendigar protección a nadie -contestó.

Veva soltó su risita y, sin poderse evitar, las dos hermanas se enzarzaron en una agria lid verbal, que esa vez no terminó en golpes porque Lupe se sentía feliz por haberse impuesto su santa voluntad.

Aceptadas, pues, las condiciones de esta clase de armisticio, empezó a reinar en la casa una paz relativa, ya que las tiranteces no disminuían. Bastaba una palabra cualquiera, una alusión cualquiera, para que el equilibrio desapareciese y cayera de nuevo la borrasca.

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Re: Mi libro "Atormentado cuando voy a morir"

Mensaje  achl el Mar Oct 11, 2016 1:28 pm



A los dieciocho años acabé el Bachiller. Este acontecimiento y los que vinieron más tarde, marcaron una importante etapa en mi vida...


Ahora, desde la lejanía, que no sé por qué ha de parecerme tan lejana, siendo relativamente próxima, me llena de estupor verme…

Me das lástima y risa, pobre Alex. Eres un chico espigado, bien parecido, pero tus ojos miran de una forma insolente. Te hallas muy seguro de ti, te sientes pleno de fuerzas, y todo porque has pasado algunas crujías de hambre y frío y porque has terminado unos estudios. Ya sé que no ha sido fácil, que ha sido doloroso y triste no poder contemplar el cielo, el ver crecer las flores: gozar de la vida. Pero te engañas si por eso piensas que has sufrido y que puedes ver con seguridad tu futuro. Ahí te encuentras, Alex, trémulo de ansiedades, asomado apenas al umbral de la vida. Te sientes con un derecho que aún no sabes qué es, pero que ya te atreves a reivindicar: la felicidad. La sangre te salta en tus venas con un gozo y un sentimiento. Tienes las pupilas encendidas de ansiedad y el mundo se te ha quedado tan pequeño que a duras penas puedes contener la huella en tu piel. No te preocupes, no te voy a preguntar el motivo de esto. Aspiras a una vida mejor y te crees capaz de alcanzarla. Pero de ese mejor, apenas tienes conciencia, sólo sabes que es distinto. Y yo puedo decirte que no va a ser mejor. Pero es bueno soñar, y ahora quisiera dejarme llevar por tus sueños de la juventud. ¡Llévame de la mano, iluso muchacho! Tienes en tus manos el amuleto de la felicidad y lo estás ignorando. ¡Sueña! ¡Soñemos! ¡Lo necesitamos! Vamos a tropezar, pronto y juntos, de cara con el dolor. Recién terminaste el Bachiller y estás deseoso de iniciar una carrera. Serás médico. Lo deseas y crees que nada puede impedirlo. Serás un señor; tú, el hijo del marinero y 'la Franchuti', el peón de la fábrica de atún, el recadero de 'Chotis'. Te dirán señor doctor. No, si ya sé que no lo haces por figurar, que tú no eres vanidoso. Eres sencillo y te sientes así, y hasta ahora nada has hecho por lo que se pueda decir lo contrario. ¿Pero qué sabes tú de la vida? Eres tan bisoño que da ira ver tu cara erguida. ¿Qué sabes tú? Vas a conducirte como un rufián y lo estás ignorando. Resulta triste verte. Te ves con fuerza. ¡Mentira! ¡Mentira cochina! Las fuerzas se volverán contra ti. ¿Y para qué han de servirte si no puedes vencerte a ti mismo? ¡Respóndeme! ¡¿Para qué?! ¡No, no sujetes mi mano! ¡Déjame! ¡Quédate tú ahí con tus dieciocho años en flor, con tu aureola de ensueños!’.

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Re: Mi libro "Atormentado cuando voy a morir"

Mensaje  achl el Mar Oct 11, 2016 1:39 pm



La buena nueva que recibí por entonces era que mi situación en 'Chotis' había cambiado nuevamente. Y esta vez de una manera sorprendente.

Don Isidro y don Teodoro me acompañaron a recoger la papeleta de mi último examen. Cuando cerramos la tienda, nos fuimos en busca de mi profesor, y después los tres nos encaminamos hacia el Instituto. Cuando llegamos pudimos ver que todavía no habían terminado los recuentos, por lo que debimos esperar mas de una hora. Me encontraba aturdido entre una marabunta de estudiantes que atestaba el vestíbulo.

Por fin, un bedel apareció con papeles sobre una bandeja. Era un vejete feliz. Sonreía mientras a punto estaba de caerle encima una masa humana. Escuché mi nombre y me abrí paso entre el gentío. Luego regresé junto a mis bienhechores, llevando en alto mis notas con aire triunfal, como una antorcha. Don Isidro me las arrebató y él y mi profesor me abrazaron, y sin embargo no me emocioné. Mi entusiasmo se volvió deleznable cual pompa de jabón. Me sentía cerrado. Había sufrido en mis años estudiantiles, y en ese momento parecía como si un espíritu maligno estuviese riéndose y machacándome con esos: ‘¡esto es todo, Alex! ¡Esto es todo, Alex! ¡Esto es todo, Alex...!'.

____Llegarás adonde yo no pude –dijo mi profesor, de pronto-. Tienes carácter, muchacho. Me percaté de ello apenas te conocí –añadió.

Salimos a la calle y empezamos a caminar sin rumbo fijo. Allí atrás quedaba el Instituto, envuelto en una tremolina de risas, llantos, gritos…

____Es aún pronto para regresar –dijo, de pronto, Don Isidro-. Os propongo un paseo. ¿Te gustaría celebrarlo? ¿Echar un traguito...? –me preguntó, mirándome.
____No –respondí, secamente.
____Como quieras –me miró, frunciendo los párpados. 

Estaban felices y tenían ganas de celebración, pero se limitaban a hablar; y hablaban alegres. Se dirigían a mí, pero les respondía escueto, sin prestar atención, sin siquiera saber qué me habían preguntado. No se percataban, sobre todo Don Teodoro, que era un orador terrible, de esos que no escuchan a nadie y que sólo hablan de sí mismos. Oía su voz: ‘yo… yo… yo…’. Un sonsonete monótono, sin una nota más alta que la otra. Adormecedor.

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Re: Mi libro "Atormentado cuando voy a morir"

Mensaje  achl el Mar Oct 11, 2016 1:44 pm



Estábamos ya a finales de junio. Había un cielo indeciso, pero enseguida reventó en estrellas. Me sentía conmovido, sin saber por qué. ‘Ahí está mi cielo’, pensé. En ese instante cruzamos la Gran Vía. No sabía cómo habíamos llegado allí. El trasiego de gente era grande. El bullicio me llegaba, aturdiéndome. Pero en esa ocasión no me sentí, como en otras, desplazado. ‘Este es mi mundo’, pensé de nuevo, y me dio alegría pensar eso. Nunca había sentido desapego por mi pueblo, ni tampoco por la gente de clase baja, pero mi afán por cambiar de ambiente no debía tener más origen que un refinamiento en cuestión de higiene, de olfato, y acaso acaso, de índole intelectual.

Los tres llegamos a Lavapiés alrededor de las diez de la noche. Nos despedimos de don Teodoro, que nos había acompañado hasta la puerta de la tienda. Luego, Don Isidro me precedía mientras subíamos hasta el piso.

Una vez en el salón, Don Isidro anunció a su familia, con voz excesivamente triunfal:

____¡¡Petra, Lupe, Veva!!... !!Ante ustedes tenéis a un nuevo bachiller!!

La esposa del tendero nos envolvió en una mirada de desprecio. Después, dijo:

____Ni que este pibe fuera de tu misma roja.
____Bueno, lleva ya muchos años con nosotros y es natural que se le tenga cariño –dijo Veva, fulminando a su madre, y añadió-: con su Bachiller terminado ha ratificado lo que decía papá. Además, todos, incluida la criada, estamos orgullosos de haberle dado nuestra protección.
____Papá es probable, pero tú… Este fervor y este entusiasmo tan súbito por Alex, es extraño. Ignoro lo que mamá y tú habéis estado tramando, pero, desde luego, afortunadamente para el propio Alex, no es tan tonto como habíais pensado –replicó Lupe, con acritud, pero en mi defensa.
____¡Y a ti qué coño te importa! ¡Mira la que va a hablar! ¡Para ti el mundo se reduce a ese desecho que te he dejado! –respondió Veva.

Y en esa ocasión, sí llegaron a las manos, siendo separadas por su padre. Entonces aproveché aquel alboroto para tratar de escabullirme. Detestaba con todas mis fuerzas esas peleas barriobajeras. Pero antes de cruzar el umbral me detuvo una voz, que ya me era asquerosamente familiar: la voz de Petra.

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Re: Mi libro "Atormentado cuando voy a morir"

Mensaje  achl el Mar Oct 11, 2016 1:50 pm



___¡Pibe, deténgase! Desde hoy mismito yantarás con tus amos y sus pibitas. A tal señor…

Su tono, además de desagradable, era interesado y forzado. Ni siquiera se molestaba en disimular.

____Gracia, Doña Petra, pero…
____¡Ni pero ni fríjoles en tequila! ¡Es una orden!

Me ubicaron entre Lupe y Veva. Y enfrente de mí, Don Isidro me enviaba miradas furtivas, en las que entraban en igual medida la sorpresa y la alegría. Y ya, en todas las comidas, no dejaba de confabularse conmigo.

Comía sin mirar a ninguna de aquellas personas. No me sentía cohibido, molesto y contrariado sí en una vecindad que no me era grata. Prefería descargar mi mirada en la imagen poco agraciada pero llena de bondad de Pepi. Bajo la luz roja de la horrorosa lámpara que colgaba del techo, veía a Don Isidro, a su esposa y a sus casi treintonas hijas, y nunca los había sentido tan lejanos.

Un día, en que estábamos almorzando, Pepi, que de siempre se había preocupado de que comiera bien, me preguntó, antes de retirar la sopera.

____¿No te sirves un poco más, Alex?
____¡¿Es que nunca vas a aprender modales?! ¡¿No sabes cómo tratar a un señorito?! –le dijo Veva, recriminándola.
____Lo siento, señorita Veva –contestó, y, sin llevar consigo la sopera y a todo correr, llorando se fue hacia la cocina.

Aquello me sentó tan mal que a punto estuve de ir tras la pobre muchacha. Pero no lo hice y aún hoy me avergüenzo de ello. Más tarde le supliqué que siguiera tuteándome, como siempre. Y le hice saber que no me identificaba con ninguna de aquellas estúpidas. Empero, a pesar de mis disculpas y mis ruegos, nunca más pude conseguir su tuteo.

____Usted es ahora un señorito –me decía, una y otra vez.

A la semana de éste ácido episodio, ordenaron realizar nuevas obras en mi cuarto. Lo transformaron tirando paredes y abriendo una amplia ventana lateral. Pintaron y dotaron el nuevo recinto con muebles del mismo estilo y material que la cama: mesilla, ropero y escritorio. Instalaron un lavabo de losa blanca, lujosamente

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Re: Mi libro "Atormentado cuando voy a morir"

Mensaje  achl el Mar Oct 11, 2016 1:52 pm



adornado con diversas flores de plástico de diferentes colores. Y las órdenes para tan sorprendentes novedades las impartió, con pasmo de Don Isidro y mío, Petra, que, en realidad, era la que partía el bacalao en aquel ‘dulce hogar’.


Y aunque seguía siendo un ingenuo, incapaz de tomarle el pulso a las cosas -la vida me había enseñado miseria, pero no picardía-, las reiteradas deferencias de que era objeto por parte de Petra levantaba en mi ánimo todo un cúmulo de sobresaltos

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Re: Mi libro "Atormentado cuando voy a morir"

Mensaje  achl el Mar Oct 11, 2016 5:07 pm



4

Me matriculé en la Facultad de Medicina, y me matriculé como alumno oficial. Nadie cuestionó en 'Chotis' cuando pedí más horas de las mañanas para asistir a las clases. Petra me miró, atónita, pero se mordió los labios y no replicó; no estaba por la labor de ‘entorpecer’. Veva, con su risita. Lupe se encogió de hombros; todo le parecería fútil ante al magno acontecimiento de su boda. Don Isidro adoptó un gesto cómico, pero en su cara se podía ver el asombro, el mismo asombro que le causó el hecho de que ‘el criado’ de la casa impusiera su voluntad sobre la trinca.

Pero no le di importancia a mi nuevo triunfo. Estaba decidido a continuar mi camino y no reparaba en los obstáculos, y si los había, no los veía. Por tanto, ningún tipo de vanaglorio estaría justificado.

A primeros de octubre empecé a asistir a las clases. Me levantaba a las seis, como de costumbre. Luego de asearme, atendía mis obligaciones en la tienda. A las ocho, cuando Don Isidro bajaba, me lanzaba a la ‘selva’: Progreso, Magdalena, Antón Martín… Por todas las partes se veían obreros y vendedores ambulantes. ‘Todo el mundo de trafagones’. Bajaba por Atocha. El aire era fresco ya. El ancho cielo en lo más alto, el arbolado ocre. Estaba contento, pero mi alegría apenas era un gorrión que había encontrado algo de comer. Me costaba tomar decisiones y llevarlas a cabo, pero eso no me importaba.

Era aquella una etapa movidita en 'Chotis'. Lupe se iba a casar el diez de octubre y, aunque Petra lo aceptaba a regañadientes, ‘quería, por el estupendo parecer, una sacramentación bárbara’. Desde luego, toda la incoherencia junta vivía en la casa de los Salazar Bari.

En aquel entonces me preocupaba la amistad que el tendero dispensaba a ‘La Sevillana’. Todo empezó meses atrás. No le di ninguna importancia. Conocía sus veleidades y lo inocuo, desde el punto de vista pecuniario, de sus amoríos. Además, vivía encerrado en mí, sólo preocupado por mis propias cosas, y no reparaba en el exterior. Pero lo que estaba ocurriendo entre Don Isidro y ‘La Sevillana’ era ya tan evidente que, como mínimo, sorprendía.

‘La Sevillana’ era una corista que actuaba en ‘Pasapoga’, cuasi cabaré. cuasi teatro. Su arte consistía en aligerarse de ropa: alta, rolliza, vellos en bigote... No era fea y sabía sacar partido a una

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Re: Mi libro "Atormentado cuando voy a morir"

Mensaje  achl el Mar Oct 11, 2016 5:33 pm



opulencia que rebosaba. Sin esfuerzo caminaba con un contoneo que hacía vibrar sus carnes fofas y almohadilladas, y el tontorrón del tendero la miraba extasiado, obteniendo la corista pingües dividendos de tan rendida admiración. Sostenían misteriosos conciliábulos, cuchicheaban e intercambiaban frases picantes, mientras ella lo embriagaba con su atmósfera de perfume barato y exudación ‘albañilera’. Y el putón del tendero le iba detrás haciéndole monadas, cual perrito faldero.

Al principio, los dispendios hacia la rellenita ex corista del cupido hombrecillo no iban más allá de una lata de conservas, un bote de leche o una docena de huevos. Pero más tarde le despachaba hasta ¡5 duros! sin cobrar. Y con los despilfarros de Don Isidro y su familia, 'Chotis' estaba al borde de la quiebra.

Naturalmente, no era yo el indicado para poner orden en aquel maremágnum, y ni me importaba siquiera. Aunque Don Isidro me había iniciado en la senda que seguía, no estaba obligado a él. Sin escrúpulos me había explotado, y seguía haciéndolo. Y de las tres señoritas, mejor no hablar, pues sólo recibía de ellas un trato injusto. Porque esa tardía solicitud reaccionaria era demasiado insólita como para juzgarla desinteresada. Es por esto que rectifico que la pasión de Don Isidro por ‘La Sevillana’ me producía más curiosidad que preocupación.


Esto, desde la lejanía, obliga a pensar que el arcano del hombre es indescifrable. Vivimos de reflejos, y toda clase de vicisitudes depende de las circunstancias



Don Isidro era, esencialmente, un hombre ruin, y sin embargo un día dejó de usufructuar mis propinas y se resignó a asignarme un sueldo, y esto se explica porque yo era el instrumento con el que él ejercía venganza contra los tres seres que siempre le habían despreciado. Era sensual, pero tímido e irresoluto, y ‘la Sevillana’ debió sustraerle la timidez y enloquecerle, hasta el punto de que podía encresparse como un gallo con espolones. El infeliz debía sentirse bravucón, y por esta petulancia le hubiese regalado a la ‘La Sevillana’ 'Chotis' entero. No obstante, esa fue la primera vez que se pasó de la raya. Le observaba, mientras aquella exhibicionista sevillana aparecía por la tienda: lo atraía, jaquetona, con un desplante de tetas, una apertura del muslamen, entre aberturas, aquí y allá, y un revuelo de carnaza.

A veces me decía que iba a visitar a don Teodoro. Desaparecía, por el reto con su pasión senil, y toda catástrofe era previsible.
Una noche, mientras cenábamos, Petra, con su desagradable y peculiar americanismo, preguntó a su esposo:

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Re: Mi libro "Atormentado cuando voy a morir"

Mensaje  achl el Mar Oct 11, 2016 5:38 pm



____¿Asentó ya esa Banca tunanta en el saldo de mi haber la plata del préstamo?

Don Isidro guardó silencio durante unos segundos. Y después respondió.

____Sí. Ya tengo el cheque en mi poder. Mañana haced el favor de bajar a la tienda alguna de vosotras mientras voy a cobrarlo. La que se decida, no es necesario que baje temprano. El Banco está abierto hasta la dos.
____¡Bajaré yo! –exclamó Lupe, de pronto.
____No olvide vos que la plata la preciso todita íntegra –advirtió su mujer-. Debo comprar para la Lupe la túnica casadera y una porción de aditamentos –agregó.
____Ya lo sé, Petra, ya lo sé… 

Al otro día, al regreso de la Facultad, entré en la tienda minutos antes del cierre. Me chocó la actitud del tendero. Estaba como atontado. Le dirigía la palabra y respondía con monosílabos, sin mirarme y sin siquiera prestarme atención.

Le vi sacar unos billetes de su cartera y a la vez meterlos en la caja. Empezó a deambular, hurgando en la tienda, mientras yo me fui a despachar a las últimas clientas.

Inmediatamente después de cerrar la tienda, ya solos los dos en el local, me dispuse a hacer el arqueo.

____¡¡Sobran 50 duros!! -grité.
____¿Cómo? –respondió preguntando cuando llegó hasta la caja-. Deben sobrar 100. Los 100 que cobré en el Banco esta misma mañana –añadió.

No obstante su aparente tranquilidad, en su frente empezó a aparecer un extraño sudor…

____No sé… No sé… -me dije en un susurro, a la vez que quedé con la mirada fija, como dudando…

Repasé de nuevo todo, y seguidamente volví a sumar y verificar el contenido de la caja.

____Sólo 50 –dije, categórico, mirándole.
____¿No te habrás equivocado en los cambios con esas últimas clientas? Yo mismo deposité el dinero en la caja cuando tú entrabas a la tienda.

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Re: Mi libro "Atormentado cuando voy a morir"

Mensaje  achl el Mar Oct 11, 2016 5:44 pm



Se metía los dedos en su mugriento cogote. Se ahogaba…

____Mire, aquí están los tres cobros que hice, y ninguno de ellos llega a 4 duros. ¿Cómo iba a equivocarme en 50?

____Claro… –respondió con una voz tan aplatanada que daba pena.

Pero la intención de herir era tan patente que me resistía a pensar en una maldad deliberada.

Entre los dos rebuscamos en el suelo. Miraba de reojo aquel cuerpecillo miserable, el rostro pálido y despavorido, las manos temblorosas... un aspecto que daba náuseas.

____¡¿No es ya horita de yantar?! -se oyó, súbitamente, la voz de Petra, desde el llano de la escalera que daba al piso.
____¡Es que ha ocurrido una desgracia! –le dijo su esposo.
____¡¿Cuál desgracia pues?!
____¡Faltan 250 pesetas de la caja!
____¡¿Qué faltan quéééé…?!

Un rayo es lento para como bajó aquel esperpento de mujer.

Entre los tres registramos todo el local del modo más estúpido, mirando con nerviosa inspección en los sitios más inverosímiles.

____Ya apunté a vos que algún día tenía que acontecer –le dijo Petra a su esposo, pero mirándome con retintín.

La alusión, con mirada incluida, no dejaba lugar a duda.

____¿Y qué es lo que tenía que acontecer? -tercié, agresivo y desafiante, usando su mismo lenguaje.

____Vos lo está viendo. ¡Esto! -me miró, con ojos acusadores.

Se encontraba encendida y sudorosa por el esfuerzo que acababa de hacer en la infructuosa búsqueda. Percibí una tufarada de axilas y pies. Sus ojos vacunos iban adquiriendo un brillo malévolo. Reventaba de satisfacción por poder ser al fin grosera conmigo.

____¡¿Quiere usted hablar sin rodeos?’ –me erguí.
____Al que se pica, chili come.
____¡Por favor, Petra! -terció, suplicante, Don Isidro.
____¡Qué favor ni que difunto! '¿No dejó vos la plata en la

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Re: Mi libro "Atormentado cuando voy a morir"

Mensaje  achl el Mar Oct 11, 2016 5:50 pm



caudales?! ¡¿Y no fue este roto el último que uñetó en ella?!

Entonces, mi mano cogió una pesa de un kilo, que había en el mostrador, y la lanzó contra Petra. Pasó a escasos centímetros de su cabeza y fue a estrellarse contra el escaparate, con gran estrépito de cristales rotos y latas desperdigadas. Petra quedó unos instantes muda. Al poco, se repuso y empezó a gritar:

____¡¡Asesino!! ¡¡Asesino!! ¡¡Vos sos asesino!!

De repente, Don Isidro se cruzó entre los dos, con los brazos en alto, moviéndolos.

____¡Petra, Petra! ¡Por Dios, Petra!
____¿Qué es lo que pasa? –preguntó, de pronto, Veva desde el llano de la escalera, al escuchar el alboroto.
____¡Alarma a los guardias, pibita! -le dijo su madre, jadeando.
____¿Pero puede saberse qué es lo que pasa? -insistía, mientras bajaba hasta la tienda.

Al llegar, Petra, sin dejar de mirarme, le contó a su hija en pocas palabras lo ocurrido.

____Así que el gatito ya ha empezado a enseñar las uñas, eh? -soltó su risita, y agregó-: pero en cuanto a ese dinero, no seas ridícula, madre.
____¡Avise a los guardias, Veva; ahora se lo pido yo! –grité.
____¡Pues claro! -terció la chilena, sonriendo, nerviosa-. ¡Aún se da aire el mangón este! ¡Yo mismita los voy a alarmar! –añadió.
____¡No, por favor! –terció e nuevo Don Isidro, más nervioso aún que su mujer. 
____No lo hagas madre; es probable que después te arrepientas –le dijo Veva, al ver descomposición en la cara de su padre.
____¡¡Cállense todos!! –gritó y salió. 

Por un momento pensé que Veva, que quizá sabía algo, iba a pararla. Pero no. Los guardias aparecieron y les pedí que me registrasen. Esposado salí de la tienda. Don Isidro avisó a Don Teodoro, que a su vez llamó a un catedrático del Instituto, y los tres aparecieron por comisaría para deponer en mi favor.

Enseguida se me dejó en libertad. Pero salí con el espíritu gacho por tan extraordinaria confusión. Había estado a punto de matar a una persona. Si aquella pesa no se hubiese desviado, en ese momento era reo de asesinato. Me daba miedo pensarlo. Un

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Re: Mi libro "Atormentado cuando voy a morir"

Mensaje  achl el Mar Oct 11, 2016 6:01 pm



miedo irracional. Pero en lugar de penetrar en el quid de aquella brutalidad y de ponerme en guardia contra ella, traté de olvidar, quitarle importancia. Me aterraba pensar que tuviera que odiarme, que despreciarme, pero relegué el recuerdo al baúl de los actos inconfesables, a la vez que dejé que flotasen las ideas nobles, los movimientos generosos; en definitiva, toda esa apariencia convencional con la que ganamos la estimación ajena. Pero no me percaté de que lo que realmente importaba era otra cosa: ese sedimento de salvajismo que podía desatarse de pronto, ganar la superficie barriendo todo lo demás.

Después de ese agrio incidente, no quise volver más a 'Chotis', y a Dini, mi colega italiano de estudios, le pedí por favor que fuese a la tienda para recoger mis pobres enseres.

De nuevo me hallaba sin recursos. Entonces busqué y encontré una fonda módica, y allí fui a parar. Un duro diario. Todo incluido. Compartía habitación con tres huéspedes más. Eragrande, pero, aun así, estábamos apiñados.

Sólo había dos camas, que iban siendo ocupadas por riguroso orden de antigüedad. El otro y yo, dormíamos en un asqueroso colchón sobre el suelo. La higiene era nula. Tufaba la atmósfera a colillas, sudores y chinches. Las cuatro paredes estaban adornadas con esos diminutos insectos zumbadores, despatarrados a golpe de zapato. Resulta prolijo añadir que las comidas eran escasas y además mal condimentadas.

Hice poca amistad con mis colegas de cuarto. Uno de ellos era periodista y estaba tan delgado que casi se transparentaba. Tenía ojos celestes y cutis blancucho, y su lengua era viperina. No escribía mal, pero todos sus artículos se nutrían de habladurías bajunas y enconadas. Debido a uno de ellos, recibió una paliza. Otro era fotógrafo del ‘Ya’, y un cínico de cuidado. Se había colado allí, furtivo de no sé cuántas fondas sin pagar. Vivía como por arte de birlibirloque, sin más fuente de ingresos que el sablazo, pero se codeaba con gente de algún relieve; es decir, era un paleto con cierta cultura y con toda la marrullería aldeana. Un día después, cuando ya no estaba en esa pensión, le vi muy trajeado por Princesa. Pero no me sorprendió su cambio de suerte. Una vez me llevó al Senado y pude ver que estrechaba la mano a un senador, aunque a eso no le di mayor importancia, pues toda esa plebe, para mí, era de la misma calaña que mi vecino de cuarto. Había conseguido no sé qué enchufe. Pero eso era lo de menos, porque tenía el mismo talante de seguridad, de optimista desfachatez de sus años de miseria. Si lo hubiese sorprendido sableando, ninguno de los dos

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Re: Mi libro "Atormentado cuando voy a morir"

Mensaje  achl el Mar Oct 11, 2016 6:07 pm



nos hubiésemos sorprendido. Tenía esa extraña habilidad de los malabaristas de la existencia y se dejaba llevar por ella con feliz despreocupación, seguro e indiferente al mismo tiempo de su caída o encumbramiento. Desde luego, ciertas personas son incambiables.

A los otros huéspedes no los traté. Uno de ellos era cobrador de tranvías o algo así. Pero nunca mediaba en las conversaciones y sonreía reservón.

Uno de aquellos días, algunos después de mi salida de 'Chotis', recibí una visita de don Teodoro, que me habló más solemne que nunca.

____Vengo en misión harto penosa –éste fue su saludo.
____¿Qué es lo que ocurre? –le pregunté.
____Don Isidro me ha dicho que te suplique que vayas a verle.
____¡Estaría bueno! ¡Ni muerto!
____Te advierto que es un moribundo el que me lo ha pedido .
____¿Cómo?
____Desde que saliste de 'Chotis', luego de lo que pasó, que por supuesto apuesto por tu honradez, no ha vuelto a ser hombre. Cayó en cama y ahora está con un pie en el otro barrio.
____Siendo así, no tengo más remedio que ir. Pero no sé qué pinto de nuevo en esa casa…
____Me alegro que te decidas volver, sobre todo por ti...-hablaba nervioso, lo que me hacía pensar que sabía algo más…

Cuando llegamos a 'Chotis', en efecto, a Don Isidro le quedaba poco de vida. Su esposa, sus hijas y su futuro yerno rodeaban la cama. Al verme, el infeliz me envió una mirada de gratitud. En sus ojos pude ver que estaba esperándome para contarnos algo. Y así fue.

____Ahora que estáis todos aquí -comenzó, penosamente-, tengo que decir que Alex no cogió los 50 duros de la caja. Fui yo. Ahora no importa por qué y para qué, aunque Alex quizás se lo imagine. Perdóname, Alex.

Me cogió la mano y la apretó con las pocas fuerzas que aún le quedaban. Después se quedó tranquilo, relajado, como si con su confesión hubiera purgado todos sus pecados.

Petra clavó los ojos en su marido. Rebullía, inquieta, conteniendo a duras penas un deseo de arrancar de los labios del moribundo ‘lo que Alex imaginaba’. Evidentemente, ignoraba las relaciones que Don Isidro mantenía con ‘la Sevillana’. ¡Ni falta que le hacía!

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Re: Mi libro "Atormentado cuando voy a morir"

Mensaje  achl el Mar Oct 11, 2016 6:14 pm



Pero tenía mis dudas sobre Lupe y Veva. Podrían estar al tanto por Felipe, que se movía en ambientes nocturnos. Empero, nunca hablé de ese asunto con ninguno de ellos. Ni con nadie.

____¡Alex! –exclamó de pronto Don Isidro-. El negocio va mal. Y tú lo sabes. Ven de nuevo y ponte al frente. Ten piedad de ellas. ¡Por Dios te lo pido, Alex! –añadió, visiblemente fatigado.

Petra miró a su esposo con desdén. Lupe y Felipe cruzaron una mirada de burla. Y Veva, con un descaro indecente, soltó su risita. Y ante tan halagüeñas perspectivas, mi decisión era fácil.

Súbitamente, Don Isidro empezó a respirar anhelosamente y sus dedos se iban aflojando; retiré mi mano de la suya. Pero, de pronto, se incorporó, envarado, con los ojos muy abiertos, y, sin dirigir la mirada a nadie, dijo:

____¡La tien…da, Alex! ¡’Las de arri…ba’ no…! –y de nuevo cayó en el lecho, se quedó rígido y dejó de respirar. Muerto.

Por unos instantes pensé en mi padre. Probablemente por las palabras que dijo a mi tía el día antes de morir. Pero regresé a esa actualidad, y fui testigo de excepción del llanto extremoso e hipócrita de la chilena, de sus falsas muestras de dolor y del patatús con que culminaron sus jeremiadas. Las hijas llevaron sendos pañuelo a los ojos para ocultar que no lloraban. Aquellas tres inconscientes señoritas recibían la muerte de su protector con glacial indiferencia.

Don Teodoro, muy sudoroso y con un caminar rápido, llegó a los pocos minutos de haber fallecido su amigo de siempre.

___¡Tenía una clase..., tenía una clase...! ¿Comprenden? -se disculpó, pero nadie le echó cuenta. Ni siquiera le miraron. La sensibilidad era algo desconocido en aquel hogar de pacotilla.

En vista de lo cual, mi profesor no dijo nada más. Sólo se acercó hasta la cama, donde yacía el difunto, y lo besó en la frente, a la vez que rezaba. Después se quedó en un rincón, cohibido, pero circunspecto, a respetable distancia de la familia. En realidad, era la única persona que había sentido la muerte de Don Isidro.

Y yo, ante tan insultante panorama, no tardé en despedirme. Mi presencia en aquella casa no estaba ya justificada, una vez que Don Isidro había muerto. Y como la indiferencia de los familiares directos, frente a la pérdida de un ser tan allegado, me producía

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Re: Mi libro "Atormentado cuando voy a morir"

Mensaje  achl el Mar Oct 11, 2016 6:20 pm



desazón, traté de marcharme aunque educadamente:

____Ahí tienen mi dirección por si puedo serles útil en algo -dije, por pura formula, a la vez que dejé un papel escrito en la mesa. Empecé a caminar hacia la escalera.

Veva me detuvo...

____¿Cómo que si puedes sernos útil? Ya has escuchado la última voluntad del difunto, y esta siempre se respeta.
____¡La fetén! -ironizó Felipe, terciando, de pronto-. ¿A qué viene eso de la última voluntad, si puede saberse? Un viejo que estaba dando las últimas boqueás no era de fiar. ¡Vamos, sigo yo! Si hace falta un hombre, aquí hay uno, que no es manco, aunque suene mal que yo lo diga.
____¡Tú lo que eres es un chulo de mierda -le dijo Veva.
____¡Tú sí que eres una chula de mierda y además una envidiosa! Mi novio no tiene por qué callarse. De modo que tira por donde quieras –se adelantó en responder Lupe, mientras Felipe sonreía. 
____No hace falta que riñan -tercié, asqueado, al comprobar que se estaba fraguando una nueva pelea entre las dos. ¡Y esta vez ante el cadáver de su padre!-. No pienso quedarme. Don Isidro hacía todo lo posible para que así fuese, pero ninguno de ustedes me merecéis la pena –agregué.

Veva, furiosa, me fusiló con la mirada...

____¿Pues ya te puedes ir a la mierda! ¡Desagradecido, aprovechado, hijo de puta, cabrón...!

Me giré en redondo, sin decir adiós. Escuché a mi espalda pasos presurosos. Era Veva, con la intención de golpearme. Al mediar don Teodoro, recibió un mordisco en la cara. Finalmente, Don Teodoro y yo bajamos juntos hasta la calle.

Al otro día, Petra se presentó en mi fonda. Su actitud era humilde y conciliadora, ‘sorprendentemente’. Pero observé que se esforzaba en dar a su voz un tono cordial. Para ella debía ser el colmo de la humillación tener que suplicar a un excriado. Pero como entonces, para no variar, estaba en situación precaria, sin dinero y sin trabajo, sólo por estas razones, poderosas por otro lado, accedí a volver para hacerme cargo de la tienda.

Y apañé las cosas de la siguiente manera: Felipe atendería la tienda durante las mañanas, mientras yo asistiría a mis clases, y Lupe le ayudaría. Por las tardes estaría yo. Se me asignó un sueldo de

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Re: Mi libro "Atormentado cuando voy a morir"

Mensaje  achl el Mar Oct 11, 2016 6:27 pm



20 duros al mes, además del yantar, y cargaba sobre mí toda la responsabilidad. Esta vez, y sabía por qué, no me convencía mi progreso. Felipe ganaría igual que yo. Viviría en el piso luego de casarse, aun la amenaza de Petra a Lupe. Esta premisa era el quid de la componenda, y Petra debía aceptar, sin rechistar.

Todo iba bien al principio. En contra de lo que suponía, Felipe trabajaba con esmero y sin ‘distraer’ dinero de la caja. Su actitud cambió luego de su boda, que se celebró en intimidad -más por falta de recursos monetarios que por guardar luto al difunto- a despecho de Petra y Lupe, a la semana siguiente de mi regreso a aquella nueva Torre de Babel.

Felipe era alto, de facciones correctas, pero menos guapo de lo que él se creía. No era maricón, en el sentido peyorativo de la palabra, pero sí era un poco femenino. Uno de esos tipos que causan furor entre las mujeres de ‘cierta clase’. Usaba camisa y ropa interior de seda y vestía con una elegancia rebuscada. Producía la sensación de algo adornado, pero plebeyo. Ni era torpe ni era cobarde. Su listeza la ocupaba en conquistas fáciles y en ardides para no trabajar; y su valor, en bravuconerías. Además de todo eso, tenía una sandunga hortera y sabía sacar partido a su parla nutrida en sitios arrabaleros, y a algunos chistes, recogidos aquí y allá, en momentos puntuales.

Tan pronto se vio casado, descargó en su esposa el trabajo que a él le correspondía; ella no se quejaba porque veía en su marido el dechado de la distinción. Prevaliéndose de eso, se pasaba todo el tiempo ganduleando y bromeando con las clientas de 'Chotis'. Salía todas las noches y volvía a las tantas. Por este desmadre, descubrí que sustraía dinero de la caja, y a veces cantidades fuertes. Decidí no decirle nada aguardando a pescarlo in fraganti. Pero esa pesca nunca se produjo. Y yo no esperé más. Antes de que pudiera ocurrir, abandoné 'Chotis'. Y esa vez para siempre.

Y fue también por culpa de Veva. Desde que regresé, era demasiado cariñosa conmigo. Habría preferido la Veva burlona, desdeñosa, irónica y despectiva de antes. Me empalagaba su solicitud. Y lo peor era que su madre le hacía palmas. Me resultaba odioso oírles cantar a cada instante mis excelencias con ridículas hipérboles. Siempre vestía muy provocativa, y todas las noches subía a cenar con su ropa al desgaire, dejando ver una buena parte de sus encantos. Y yo me mostraba indiferente ante tan burda estratagema, pero ella parecía no darse cuenta.

Todas las tardes bajaba hasta la tienda y se ofrecía para ayudarme. Me sorprendía su entrega, pero su compañía no me

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Re: Mi libro "Atormentado cuando voy a morir"

Mensaje  achl el Mar Oct 11, 2016 6:34 pm



era grata. Parecía una de esas grandes y pegajosas gatas. Ya dije que era guapa y exuberante, y en la tienda, encendida por el trabajo, y ardiente, cual animal en celo, hubiera sido apetecible para el macho más exigente. Pero a mí sólo me producía una invencible sensación de asco.

Una de aquellas noches, en que me hallaba estudiando, como era costumbre en mí luego de cenar, bajó a oscuras a la tienda. De pronto, empezó a hacer ruidos entre las estanterías.

____¡¡¿Quién anda ahí?!! –pregunté, en voz alta.
____¡¡Soy yo, Veva!! ¡¡Mamá me ha encargado que le suba una lata de calamares en su tinta, para el almuerzo de mañana!! -gritó, al amparo de su madre.
____¡¡¿Y por qué no enciende usted la luz?!!
____¡¡Veo bien así, no te preocupes, ya la encontraré!!

Di por buena su respuesta y de nuevo me concentré en lo mío. Pero, pasados unos minutos, se oyeron unos quejidos.

____¡¡¿Qué le ha pasado ahora?!! –le pregunté, de nuevo, a la vez que salía de mi cuarto.
____¡¡Qué me he hecho un corte!!

La luz del local se prendía en la parte superior de la escalera de acceso al piso, y junto a la puerta de salida a la calle. La claridad que desprendía mi cuarto cortaba de cuajo la oscuridad, y Veva estaba junto al mostrador, ‘sorprendentemente’ en la penumbra Me acerqué a ella.

____¡Cómo me duele! -dijo, melosa, apoyándose en mi hombro.
____A ver -hice presa de su brazo, sin contemplaciones, y la llevé a mi cuarto. Sonreía, mirándome.

Tenía un pequeño corte en un dedo, en la cara opuesta a la uña, pero, según la herida, parecía haberse hecho intencionado.

____No es nada -le dije, y agregué-: échese un poco de alcohol y sanará enseguida.
____¿Me lo quieres echar tú?
____Voy atrasado en mis estudios y no quisiera perder tiempo, pero si no hay más remedio… -de malas ganas cogí el bote del alcohol, que estaba en el primer estante. Después me acerqué de nuevo hasta donde Veva y vertí unas gotas sobre una moña de algodón y la adherí unos segundos sobre el dedo dañado.
____Ya está. Y ahora, si no le importa, seguiré estudiando –me

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Re: Mi libro "Atormentado cuando voy a morir"

Mensaje  achl el Mar Oct 11, 2016 6:47 pm



dirigí de nuevo a la estantería, deje el bote con alcohol y regresé a mi cuarto.
____¿Estabas estudiando? –me preguntó, de pronto.
____Sí –respondí.
____¿Puedo quedarme aquí contigo?

No aguardó mi permiso. Se tiró de golpe en la cama, rechinando el somier. Luego posó la cabeza sobre la almohada.

____Tiene que ser aburrido estudiar, ¿no?
____No, no lo es –empezaba a enfadarme.
____¿Sabes algo? Me gustaría que me tuteases. Ahora eres tanto como yo, y serás médico pronto. ¿Por qué no me tuteas?
____Porque no –respondí, con relativa calma.
____¿Es que no te inspiro confianza? –seguía con preguntas.
____Es probable –la miré.
____Lo que es probable es que me tienes miedo –contestó, a la vez que soltó su acostumbrada risita.
____No estaría justificado –la amenacé con la mirada.
____¿Por qué entonces no te acercas más a mí ? Yo no te voy a comer. No soy una ogresa.
____La escucho perfectamente bien desde aquí –ya empezaba a estar harto de tanta pregunta.
____¿Sabes que has vuelto a esta casa porque se lo exigí a mi madre?
____¿Tengo que agradecérselo? –de nuevo la miré.
____No. Fue un impulso -se chupó con regodeo la poca sangre que salía del dedo, a la vez que me miró con sus procaces ojos, bellos, realmente.
____Sí, un impulso. Como esta herida –agregó.
____¿Es que se ha cortado usted adrede? –quise confirmar mi sospecha.

Se levantó de pronto, impetuosa, dejando escapar su furia.

____¡¿De qué te sirve tanto estudiar?! -añadió, en forma de pregunta. Y tras lanzarme una mirada furibunda, salió de mi cuarto.

Días después, cuando me senté a la mesa para desayunar, Petra me dijo que Veva se encontraba enferma.

____Ahorita no está pa hospital, y segurito que vos sabés boticarla.

Entré en su cuarto con su madre. Pero ésta, so pretexto de salir para hacer no sé qué, nos dejó solos. Acicalada la hallé: cabello

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Re: Mi libro "Atormentado cuando voy a morir"

Mensaje  achl el Mar Oct 11, 2016 6:53 pm



suelto sobre la almohada con estudiada pose, labios pintados de rojo, rímel en los ojos... Se quejaba, mimosa. Le tomé el pulso. Normal.

____Tenga. Póngaselo en una axila –le acerqué un termómetro.

No obedeció. Por contra, bajó despacio la sábana para ponérselo en una ingle. Lucía camisón rojo, tan sucinto que dejaba ver las bragas, rojas también. Desvié la mirada.

Pensé que se estaba riendo de mí. Debía parecerle graciosa mi actitud, que atribuiría al rubor.

Me fui hacia la cocina, para hacer tiempo.

____¡Doctoooor Aleeeeex, iuuuuuu! –me llamó, juguetona-. ¡Veeen! ¡Que poco cariñoso eres con tus enfermos! ¿Es así cómo los vas a tratar?
____Eso es cosa mía. Además, todavía no soy médico –dije, apenas entré de nuevo en su cuarto.

Después de recoger de su mano el termómetro y de leer la temperatura, pensé que habría refregado la parte del mercurio. Marcaba 58 grados. Obviamente, inexistente.

____¿Tiene usted calentura? -le pregunté con ironía, para comprobar hasta dónde quería llegar.
____¿Tú qué crees? -se pasó por los labios la punta de la lengua.
____¡Le ruego compostura, y como, en realidad, no tiene fiebre, regreso a mis obligaciones! –me enfadé.
____¡Pues yo me encuentro mal!
____¿Qué es lo que le duele? ¿Dónde le duele?
____Aquí –respondió y, acto seguido, bajó de nuevo la sábana y comenzó a sobarse un muslo.
____En ese caso, mejor será que le den unas friegas –desvié de nuevo la mirada.
____¿Me las quieres dar tú?
____Que se las dé su madre. Además, eso no es grave. 
____¿Cómo lo sabes?
____Todo el mundo lo sabe. 
____¡¿Es que no me vas a examinar?!
____¿Para qué? Usted no está enferma.
____¡¿Quieres decir que estoy mintiendo?!
____Eso parece.

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Re: Mi libro "Atormentado cuando voy a morir"

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